El Golfo De Las Sirenas
Zarzuela Famosa
Égloga Piscatoria

Personas que hablan en ella

  • ALFEO, pescador simple
  • SILENO, pescador galán
  • LAURO, pescador viejo
  • ASTREA, villana
  • CELFA, villana
  • ESCILA, cazadora
  • CARIBDIS, deidad marina
  • ULISES, galán
  • ANTEO, criado
  • DANTE, criado
  • CUATRO SIRENAS
  • MÚSICOS PESCADORES
  • MÚSICAS VILLANAS

LOA

Salen Alfeo, pescador rústico, y Celfa, villana.
Alfeo
Tiende estas redes al sol
y no me repriques, Celfa,
que vengo hecho un basilisco.
Celfa
¿Con quién, dime, es la pendencia?
Alfeo
Con el mar y la cabaña.
Celfa
Pues ¿qué tiene que ver, bestia,
la cabaña con el mar?
Alfeo
Fácil es la consecuencia:
vo al mar y pesca no hallo,
do a la cabaña la vuelta
y hállote a ti en la cabaña.
Pues ¿qué mucho que dar sienta,
viendo contra mí a las dos
en sus efectos opuestas,
con la mala pesca allá
y aquí con la buena pesca?
Celfa
Ya esperaba yo que fuese
alguna malicia vuesa.
Alfeo
Pues engañaisos, que nunca
fue malicia la evidencia;
fuera de que si adelanto
el enojo, no es con ella
soldemente.
Celfa
Pues ¿con quién?
Alfeo
Con todos cuantos poetas
dicen que ríe el aurora
y, si llora, llora perlas.
Con cuantos dicen que el mar
de plata la orilla argenta,
en cuyo regazo son
catres de flores las selvas;
los arroyos, instrumentos
de cristal; cítaras bellas,
los árboles de esmeralda;
las aves, capilla diestra
de la cámara del sol.
Enamorada caterva
que, reacia en el buen tiempo,
nunca del malo te acuerdas,
sal al campo, si eres hombre,
con todas tus copras llenas
de rosicleres y albores,
verás si mientes, cubierta
de ceños hallando al alba,
al sol de tupidas nieblas,
las aves mudas y tristes,
las flores mustias y yertas,
y al mar enojado, tanto
que hidrópica su soberbia
se quiere beber los montes.
Y si no, por que lo veas,
oye, Celfa, lo que dicen
aire, agua, fuego y tierra.
Celfa
Pues ¿qué dice el aire?
Coro Primero
Que el enero sus verdes imperios
le tala furioso con ráfagas tales
que en vez de que entonen sus aves y copas,
sus copas se quejan y gimen sus aves.
Celfa
¿Y qué dice el agua?
Coro Segundo
Que el enero sus campos de vidrio
en páramos vuelve de nieve y escarcha
que, en vez de que al alba le sirvan de espejos,
de helados embozos le sirven al alba.
Celfa
¿Y qué dice el fuego?
Coro Tercero
Que el enero sus luces hermosas
le apaga entre nubes de pálidos velos,
que, en vez de que al hielo sus rayos deshagan,
pasmados sus rayos tiritan al hielo.
Celfa
¿Qué dice la tierra?
Coro Cuarto
Que el enero sus flores y rosas
de suerte marchitas y mustias le deja,
que, en vez de que sean estrellas lucientes,
aun ser no permite eclipsadas estrellas.
Celfa
Y todos, ¿qué dicen?
Todos
Que porque el enero cruel los embiste,…
Coro Cuarto
…las flores se pasman,…
Coro Tercero
…los rayos tiritan,…
Coro Segundo
…las ondas se quejan,…
Coro Primero
…los pájaros gimen.
Celfa
¿Qué dicen?
Alfeo
¿Qué dicen?
Todos
Que porque el enero con ellos embiste,
las flores se pasman, los rayos tiritan,
las ondas se quejan, los pájaros gimen.
Sileno
dentro
Venturosos pescadores
de las sagradas riberas
del tinacrio mar.
Astrea
dentro
Hermosas
zagalas que en sus arenas
tantas veces de sus ninfas
vencisteis la competencia.
Salen por una puerta pescadores y por otra, villanas, Sileno y Astrea.
Pescadores
¿Qué nos quieres?
Villanas
¿Qué nos mandas?
Los Dos
Dadme albricias.
Unos Y Otros
¿De qué nuevas?
Sileno
Antes que yo las mías diga,
diga las suyas Astrea,
que la urbanidad más ruda
es cortés con la belleza.
Astrea
Aunque no lo sea la mía,
agradezco la licencia.
Desde aquel pardo peñasco
–en cuyos hombros se asienta,
no sin vanidad de noble,
rústica fábrica bella,
breve alcázar de los dioses
la vez que de sus esferas
descienden a nuestros valles–
hasta esa cerca pequeña
que verde, a pesar del tiempo,
todo el año se conserva
–advertid de dónde a dónde
digo, no perdáis las señas,
que importa saber qué son,
si la planta se os acuerda,
si se os acuerda el peñasco–,
desde el Pardo a la Zarzuela
discurría, apacentando
la siempre familia inquieta
de mis cabras, que golosas
de uno en otro álamo trepan
por que les pague la hoja
lo que les debe la hierba,
cuando de su ameno espacio
la enmarañada aspereza
miro discurrir a tropas
festivas, carrozas llenas
de hermosos coros de ninfas,
cuyas divinas bellezas
a desagraviar sin duda
vienen a la primavera,
restituyendo a los campos
cuantos matices grosera
de enero robó la saña,
pues les hacen que florezcan
de las destroncadas ruinas
que marchitó la violencia,
cada coscoja un clavel,
cada arista una azucena.
Vilas y, dejando al libre
uso de su ligereza
el desmandado rebaño,
procuré saber quién eran
y supe que eran de dos
deidades que iban tras ellas
sagrado obsequio; bien como
la rosa, del prado reina,
la maravilla, del prado
infanta, salen risueñas,
acompañadas de flores,
cuando alba y aurora dejan
el cielo de los matices,
el campo de las estrellas.
Sus nombres oí, pero soy
tal que ya no se me acuerdan.
Mas bien sé que el uno dellos,
significando que reina
en guerra y paz, se compone
de deidad de paz y guerra,
pues Diana el nombre acaba,
siendo Marte quien le empieza,
primero y último acento
dando los dos, de manera
que tomando a Marte el «Mar»
y a Diana el «Ana», encierra
el nombre de Mar y Ana
imperiosas excelencias.
Él se juntó en su principio,
con él conviene, mas echa
por otra parte, acabando
en no sé qué cosa tersa,
si ya cierta Margarita,
tan linda como ella mesma,
no la prestó para el caso
el atributo de perla.
En fin, sean las que fueren,
quien me entendiere me entienda,
fiando el sagrado solio
al respecto de la ausencia.
A nuestro mísero albergue
descienden, que la grandeza
tal vez se divierte afable
entre la humilde simpleza
de lo rústico, porque,
cotejando diferencias,
ver lo que son y no son,
les suele servir de fiesta.
Salid pues a recibirlas,
haciendo a la usanza nuestra
festejos a su venida.
Sileno
Y añade, para que sean
aún más dignos los festejos,
que, atravesando la selva
en un enfrenado bruto
tan ajustado a la rienda
que le sobraba el castigo
para estar a la obediencia,
el Apolo destos valles
–pues, como cuarto planeta,
por más que se emboce, no hay
traje en que no resplandezca,
cuidado haciendo el acaso
y descuido la fineza,
si hay fineza descuidada–
las sigue; que esta es la nueva
que yo os traigo, porque, estando
a la falda desa sierra
montado Adonis, le vi
bajar, haciendo deshecha
de que en su busca venía
el alcance de una fiera
que colmilluda pensaba
ser de otra Venus tragedia,
sin ver que a su rayo no hay,
por más que vuele ligera,
por más que ligera corra,
pluma o piel que se defienda.
Y pues, mejorando el día
tanta montaraz grandeza,
hace que los elementos
retiren sus inclemencias,
valeos del ejemplar,
oyendo sus asperezas
cómo en halagos convierten
aire, agua, fuego y tierra.
Villana Primera
Pues ¿qué dice el aire?
Coro Primero
Que ya sus gemidos son ecos suaves.
Pescador Primero
Pues ¿qué dice el agua?
Coro Segundo
Que ya son sus celos espejos de plata.
Villana Segunda
¿Qué dice el fuego?
Coro Tercero
Que ya son sus nubes templados reflejos.
Pescador Segundo
¿Qué dice la tierra?
Coro Cuarto
Que el que antes fue invierno es ya primavera.
Todos
Y todos, ¿qué dicen?
Todos Los Coros
Que a vista de tales deidades felices…
Coro Primero
…los pájaros cantan,…
Coro Segundo
…las luces se alegran,…
Coro Tercero
…las flores renacen,…
Coro Cuarto
…las ondas se ríen.
Todos
¿Qué dicen?
Los Dos
¿Qué dicen?
Todos Los Coros
Que a vista de tales deidades felices,
los pájaros cantan, las luces se alegran,
las flores renacen, las ondas se ríen.
Pescador
Ea zagalas, vosotras
venid, reduciendo a aquella
Zarzuela a pequeña zarza,
vuestras cabras por que sea,
si por ventura a su abrigo
quisieren pasar la fiesta,
de su cándido tributo
divertimiento la ofrenda.
Vosotros echad al mar
las redes para que tengan,
si les cansare la caza,
segunda holgura en la pesca.
Celfa
¿No será mijor, por que
tiempo el festejo no pierda,
que desde luego cantando
y bailando demos muestra
de nuestro alborozo?
Astrea
Bien
ha dicho.
Celfa
Pues Alfeo, empieza
tú la canción, pues que tú
eres quien todo lo alegra.
Alfeo
Eso no haré yo en verdad,
porque hay en las islas nuevas
deidades tan rencoriosas
que de otros cultos les pesa.
Si sabéis que Escila, envidia
de Anfítrite, pues, por ella
de Neptuno despreciada,
en estos montes se alberga,
semidea es destos montes,
cuya nociva belleza
es veneno de los ojos,
pues cuantos náufragos echa
a esta playa el mar la siguen,
venciendo el ceño, a esa cuesta
que en vez de alcázar remata
en una profunda cueva
donde el triste peregrino
que engañado una vez entra
muere despeñado al mar;
que así la pasada ofensa
de Anfítrite y de Neptuno
en sus huéspedes la venga;
si sabéis que hija de Aglauco,
marino dios, y una bella
sirena, Caribdis tiene
su adoración en aquellas
rocas que dentro del mar
sobre un escollo se asientan,
cuya regalada voz,
traidoramente halagüeña,
es veneno del oído,
de suerte que nadie llega
a oírla que arrebatado
de su acento no perezca,
siendo imperio suyo todo
el golfo de las sirenas
en venganza de su madre
a quien Aglauco desprecia;
¿por qué queréis enojarlas,
y más cuando tienen hechas
paces con los mercaderes
destas tostadas arenas,
en fe de los sacrificios
que llegamos a ofrecerlas?
Y así, id vosotros, que yo
no quiero nada con ellas,
ayudando a celebrar
las deidades estranjeras,
ni desa Mari-Diana
ni de esotra Mari-Tersa
por que Escila ni Caribdis
contra mí no se conviertan
en alguna Mari-Brava
que, como otra vez, me prenda
y sin comello y bebello
venga yo a pagar la fiesta.
Lauro
Aunque a esos riesgos nacimos
los que nacimos en estas
islas del tinacrio mar,
antes por la causa mesma
debemos a otras deidades
tener gratas.
Todos
Ven apriesa.
Alfeo
Juro a Baco, dios vinoso,
que era mijor para pera
que para dios, de no ir
si no me llevan a cuestas.
Échase en el suelo.
Celfa
No roguéis a un ruin, que yo,
a tan digna acción atenta,
su ausencia sopriré.
Alfeo
¿Cuándo
no soprís vos mis ausencias
y enfermedades? Mas ¿cómo
ha de ser?
Celfa
Canta.
Desta manera:
Las nuevas deidades
de nuestra ribera,
a desagraviar
a la primavera,
vengan norabuena.
Bajan todos.
Todos
Norabuena vengan.
Celfa
La alba destos montes,
que con su belleza
hace que a la tarde
el sol amanezca,
venga norabuena.
Todos
Norabuena venga.
Celfa
El sol que la sigue,
cuya luz suprema
aun más que en las vidas,
en las almas reina,
venga norabuena.
Todos
Norabuena venga.
Celfa
La aurora que a entrambos
igual sigue en muestra
de que participa
de entrambas grandezas,
venga norabuena.
Todos
Norabuena venga.
Celfa
Las ninfas hermosas,
las gracias discretas,
de aquella alba flores,
de aquel sol estrellas,
vengan norabuena.
Todos
Norabuena vengan.
Celfa
Y pues ya sus rayos
se ven de más cerca,
digan en su salva
fuego, aire, agua y tierra.
Dentro ruido como de terremoto.
Unos
dentro
Júpiter, piedad.
Otros
dentro
Neptuno, clemencia.
Alfeo
Levántase.
Aquél es otro cantar.
Todos
¿Qué es aquello?
Lauro
Si las señas
no desmiente la distancia,
con agua y viento forceja
contrastado allí un bajel.
Voces
dentro
Amaina, amaina la vela.
Uno
dentro
A la tierra.
Otro
dentro
Al chafaldete.
Otro
dentro
A la escota.
Todos
¡Qué tragedia!
Astrea
Pues nosotros no bastamos
a repararla, sus quejas
no oigamos, volved al baile
y, atravesando esa selva,
venid a salir al paso.
Lauro
Bien dice.
Todos
Prosigue, Celfa.
Vanse cantando y bailando.
Celfa
Las nuevas deidades
de nuestra ribera…
Voces
dentro
Júpiter, piedad;
Neptuno, clemencia.
Todos
…norabuena vengan,
vengan norabuena.
Voces
dentro
Júpiter, piedad;
Neptuno, clemencia.
Alfeo
Bien muestran lamento y canto
que de alegría y tristeza
este siempre voraz monstruo
de los siglos se alimenta.
Mas ¿quién me mete en moral
siendo almendro? Y así entre estas
y estotras, por no causar
a Escila y Caribdis queja,
de mi red allí cogiendo
los puntos a las carreras
–que si hay medias que son redes,
también redes que son medias–
diré sólo que si hubiese
esto de servir de fiesta,
aquí acabará la loa
y empezará la comedia,
diciendo los unos:
Voces
dentro
Norabuena vengan.
Alfeo
Los otros diciendo:
Vase.

ÉGLOGA PISCATORIA

Ulises
dentro
Amaina la vela
y, antes que viento de mar
dé con nosotros en esas
altas rocas, el esquife
los que pueda salve.
Uno
dentro
Sean
Ulises, Dante y Anteo
los primeros.
Ulises
dentro
Mientras vuelva,
pues nunca el voto es inútil,
repitan las voces nuestras.
Todos
dentro
Júpiter, piedad;
Neptuno, clemencia.
Salen en lo alto Escila, vestida de cazadora, y Caribdis, de sirena, cada una por su parte.
Escila
Qué bien parece a mi vista…
Caribdis
Qué mal a mi oído suena…
Escila
…el zozobrado huracán…
Caribdis
…la desesperada queja…
Escila
…de aquel bajel que, embestido…
Caribdis
…de aquella nave que, expuesta…
Escila
…de las ráfagas del viento,…
Caribdis
…a los bajos de la sierra,…
Escila
…corriendo viene fortuna.
Caribdis
…está corriendo tormenta.
Escila
¡Oh, mueran todos!
Caribdis
¡Oh, ninguno muera!
Escila
Que no hay para mis rencores…
Caribdis
Que no hay para mis soberbias…
Escila
…música como el gemido.
Caribdis
…dolor como la miseria.
Escila
Porque ¿qué mayor lisonja….
Caribdis
Porque ¿qué mayor ofensa…
Escila
…que ver que perezcan todos,…
Caribdis
…que ver que nadie perezca…
Escila
…aunque no sea a mis manos?
Caribdis
…y que a mis manos no sea?
Escila
Y así, alegre en su desdicha,…
Caribdis
Y así, triste en su tragedia,…
Escila
…es justo que la celebre…
Caribdis
…es preciso que la sienta…
Escila
…al ver que los trae el rumbo
al choque de aquestas peñas.
Caribdis
…al oír que ya no tienen
esperanzas sus faenas.
Escila
Pues los árboles troncados…
Caribdis
Pues rebujadas las velas…
Escila
…desarricadas las jarcias…
Caribdis
…enmarañadas las cuerdas…
Escila
…sin gobernalle el timón…
Caribdis
…la bitácora sin muestra…
Escila
…cascado crujiendo el pino…
Caribdis
…al tope la quilla vuelta…
Las Dos
…tumba ya del mar, el buque
desesperado lamenta:
Voces
dentro
Júpiter, piedad;
Neptuno, clemencia.
Escila
¡Oh, mueran todos!
Caribdis
¡Oh, ninguno muera!
Mas, ¡bien!, que de los que ya
bebiendo la muerte anhelan…
Escila
Mas, ¡ay!, que de los que animan
cercanías de la tierra…
Caribdis
…algunos salva el esquife…
Escila
…algunos la lancha alberga…
Caribdis
…conque lograré mis iras.
Escila
…pero ¿qué me desconsuela,
si morirán a mi saña,
ya que a su ruina no mueran?
Caribdis
Y así saliendo a la orilla…
Escila
Y así bajando a la selva…
Las Dos
…hallarán fuera del mar
más derrotada tormenta.
Escila
¡Oh, mueran todos!
Caribdis
¡Oh, ninguno muera!
¿Escila?
Escila
¿Caribdis?
Caribdis
¿Dónde
vas?
Escila
Mi misma duda es esa
y con más razón, pues yo,
trascendiendo desta sierra
a esta playa, no trasciendo
los términos de mi esfera;
tú sí, pues dejas la tuya,
que es el mar. ¿Qué hay que te mueva
a venir a tierra?
Caribdis
Ver
que algunas vidas reserva
de ese naufragio el esquife
y voy a acabar con ellas.
Escila
Pues bien te puedes volver,
que yo haré esa diligencia.
Caribdis
Mío fue su primer riesgo
y lo que mi patria empieza,
no lo ha de acabar la tuya.
Escila
Que es ya mío considera,
pues ya es de tierra el peligro.
Caribdis
Poco importa, si resuelta
le tomé a mi cargo yo.
Escila
¿Tú conmigo competencias?
Caribdis
¿Por qué no?
Escila
Porque te excedo,
ya que es una la acción nuestra
en ser bandoleras ambas
vengando ambas las afrentas
de Aglauco y Neptuno, cuanto
es la gran distancia inmensa
de la hermosura a la voz.
Caribdis
Pues ¿quién dio más preeminencia
al encanto de la vista
que al del oído?
Escila
La mesma
naturaleza, que puso
en la vista mayor fuerza.
Caribdis
Es error, mayor la puso
en el oído, si llegas
a considerar que solo
lo hermoso, que es parte ajena
del alma, es hechizo suyo,
mas la voz, que al alma entra,
es el veneno del alma.
Escila
Si ese el mayor riesgo fuera,
no les pusiera a los ojos
en los párpados defensa:
ponerles antemurallas
con que a lo hermoso defiendan
fue prevenir el peligro.
Caribdis
Es verdad; mas no ponerlas
a las orejas fue darse
por vencida de que era
contra superior poder
inútil la resistencia.
Escila
No fue sino lo que dijo
el Filósofo.
Caribdis
¿Qué?
Escila
Que eran
las orejas del humano
mundo tan viles rameras
que a ningún interés saben
tener cerradas las puertas.
Caribdis
También ser los ojos, dijo,
tan traidoras centinelas
que, en vez de avisar el daño,
son las que en casa le entran.
Escila
Aunque pudiera a razones
convencerte, por que veas
que no las estimo, quiero
que una sola te convenza.
Ven, pues, a tierra, que yo
te permito la licencia,
a precio de que decida
esta cuestión la experiencia.
Veamos cuál de las dos vuelve
con mayores triunfos de esa
gente que a merced del hado,
cuando los demás se anegan,
náufraga viene arribando
a la orilla.
Caribdis
Soy contenta,
mas con una condición.
Escila
¿Cuál es?
Caribdis
Que ninguna pueda
decirles de la otra el nombre,
dejando la competencia
a lo libre del arbitrio.
Escila
Norabuena.
Caribdis
Norabuena.
Escila
Pues ¿qué esperas?
Caribdis
Pues ¿qué aguardas?
Escila
A tierra, pues.
Caribdis
Pues a tierra.
Ea, encanto de la voz,
que tuya ha de ser la empresa.
Vase.
Escila
Ea, hechizo de la vista,
tu mayor victoria es ésta.
Vase, y bajando al tablado salen Ulises, Dante y Anteo.
Ulises
¡Ah, tierra!, aunque ya de tantas
fortunas siempre deshechas
fui asunto, nunca con más
rendido voto la arena
besé; ¡oh, madre común, cuánto
te debe el hijo que deja
tu regazo y a cobrarle
permite el hado que vuelva!
Dante
Aunque siempre fue piedad,
tal vez quieres que parezca,
más que cariño, ojeriza.
Anteo
Y si percibes las señas
deste inhabitado seno,
donde la vista no encuentra
verde hoja ni el oído
perdida voz que no sea
de inculta fiera bramido,
gemido de ave funesta,
hoy es cuando menos madre
nos recibe.
Ulises
Ved por esas
intrincadas breñas que
impiden hallar la senda
si por dicha hay población
o gente alguna.
Dante
En la quiebra
que hace allí un risco está un hombre.
Anteo
Pescador es según muestran
traje y ejercicio, pues
la red enjuga y remienda.
Ulises
¡Ah, pescador!
Sale Alfeo.
Alfeo
¡Cuánto va
que me busca Escila bella
o Caribdis para darme
las gracias de que no sea
yo del baile! ¿Quién me llama?
Ulises
Decidnos por vida vuestra…
Alfeo
Buenas Caribdis o Escilas,
si no que no son muy buenas.
Ulises
…a tres derrotados hijos
de la fortuna, ¿qué fiera
nos arrojó a estos umbrales?
¿Qué ignorada patria es esta?
¿Qué tierra? ¿Qué selva? ¿Qué isla?
¿Y qué deidades venera
por que acudamos al voto
que fue del naufragio ofrenda?
Alfeo
Gracias a Dios que llegó
el día de que yo hiciera
una relación, oíd.
Escila y Caribdis a las dos puertas del tablado escondidas.
Caribdis
(Desde esta parte encubierta…
Escila
(Oculta desde esta parte…
Caribdis
…pensaré con qué cautela…
Escila
…discurriré con qué industria…
Caribdis
…mi voz oigan).
Escila
…mi luz vean).
Alfeo
Esta patria es una patria,
pero ahora se me acuerda
de que no puedo ser largo;
me vo con vuesa licencia.
Ulises
Di qué patria y te irás luego.
Alfeo
Como más no me detengan,
esta patria es una patria,
esta tierra es una tierra,
esta isla es una isla
y esta selva es una selva
de tantísimo trabajo
que es la Tinacria desierta
donde –aquí que no nos oyen
ni es posible que oírnos puedan–
Caribdis y Escila son,
desde aquel escollo a esa
torre, que una legua hay,
dos deidades de la legua
que andan por montes y mares
robando, como si fuera
el mar la Calle Mayor
y estos peñascos sus tiendas.
Tan fieras son las dos que
me vo sin decir cuán fieras,
porque hay mucho que decir
y no cabe en hora y media.
Vase y encuentra con Escila; vuelve huyendo.
Ulises
Tenedle.
Anteo
¿A qué, si es un loco?
Escila
(¿Así, villano, me afrentas?).
Alfeo
(Vive el cielo que lo oyó
todo, mal haya mi lengua;
huiré por estotra parte).
Ulises
Ya que vuelves, oye, espera.
Alfeo
El diablo que espere ni oiga.
Vase a ir por la otra parte y encuentra con Caribdis.
Caribdis
(¿Que así, villano, me ofendas?).
Alfeo
(Aun peor está que estaba).
Escila
(Yo vengaré mis ofensas).
Caribdis
(Yo vengaré mis agravios).
Alfeo
(Hemos hecho buena hacienda).
Ulises
¿Qué tienes que huyes y vuelves?
Alfeo
¿Qué más quiere usté que tenga,
si no canto por servirlas,
hablando para ofenderlas?
Mas bien empreado está,
si en mí sus enojos vengan,
que sea día de trabajo,
pues no quiere ser de fiesta.
Vase.
Dante
Por loco que es, nos ha dicho
cuánto es nuestra suerte adversa,
pues entre Escila y Caribdis
nos hallamos, de quien cuenta
tantas crueldades la fama.
Ulises
¡Oh, tirana Venus bella,
siempre del griego enemiga!,
¿hasta cuándo tus ofensas
han de durar?, ¿hasta cuándo
tus rencores?
Anteo
¿Qué te quejas
de Venus, si en Circe tienes
otra enemiga más cerca?
Si en ella, Ulises, burlados
dejas ingenio y belleza,
¿qué mucho que contra ti
el conjuro de sus ciencias
altere montes y mares
y te traiga donde tenga
nuevos peligros tu vida?
Ulises
Pues por más que me acontezca,
importa menos que no
que se presuma ni entienda
que en la encantada prisión
de una hermosura discreta
Ulises envilecía
el antiguo honor de Grecia.
La voz más armoniosa,
ya suene sutil, ya cuerda,
¿es más, di, que una asonancia?
La hermosura más perfecta
y afable, mire ya esquiva,
¿es, di, más que una apariencia,
tan hija aquella del viento,
tan hija del tiempo ésta
que cualquier aura la gasta,
cualquier hora se la lleva?
Pues ¿por qué se ha de pensar
que en heroico pecho puedas,
perfeción que es accidente,
postrar valor que es esencia?
Mi vista y mi oído, ¿es justo
que a ajeno dueño me vendan?
No, ni es posible.
Escila
(¿Qué oigo?).
Caribdis
(¿Qué escucho?).
Ulises
Y así no teman
nuestros recelos que airados
muchos peligros me venzan,
mas, por que temeridad
esperarlos no parezca,
para que de aquí los tres
salgamos con mayor priesa,
sigue tú de aquel villano,
Dante, la perdida huella.
Tú, si hay población, Anteo,
mira desde esa eminencia.
Pues yo, para que podamos
hallarnos, me quedo en esta
parte, haciendo punto donde
a dar vuestras líneas vuelvan.
Dante
Ya te obedezco.
Anteo
Yo, y todo.
Dante
Mas la fortuna no quiera…
Anteo
Pero no permita el hado…
Dante
…que reconozcas…
Anteo
…que adviertas…
Dante
…la jatancia escarmentada…
Anteo
…castigada la soberbia…
Dante
…del que lo que oye no estima.
Vase.
Anteo
…del que lo que ve desprecia.
Vase.
Ulises
Siempre los sentidos fueron
vasallos de la prudencia
y no tienen contra mí
mi vista ni mi oído fuerza,
más que aquello que yo quiero
que livianamente tengan.
Escila
(Ahora lo verás).
Caribdis
(Agora
te lo dirá la experiencia).
Escila
¡Ay, infelice de mí!
Ulises
¿Pero qué voz es aquella?
Caribdis
(De mano me gana Escila,
mas yo esperaré que sea
mía la ocasión).
Escila
¿No hay quién
una infeliz favorezca?
Ulises
Mujer y afligida, ¿cómo
puedo faltar a la deuda
de ser quien soy?
Escila sale cayendo.
Escila
Peregrino
destos montes, cuyas señas
generosamente nobles
no es posible que desmientan
el valor, una infelice,
a quien una inculta fiera
–que siendo aborto del monte,
escándalo es de la selva–
andando a caza ha salido
al paso, a tus plantas puesta
te pide… Pero no puedo
proseguir, porque, suspensa
la voz desde el pecho al labio,
ni bien viva ni bien muerta,
con andarla cada día,
se le ha olvidado la senda,
y ya no es que el corazón
tímidamente no deja,
por que le haga compañía,
que salga, conque la lengua
torpe, balbuciente el labio,
ni uno espira ni otro alienta.
¡Ay de mí, infeliz!
Caribdis
(No en vano
cautelosa Escila intenta
que el valor de la hermosura
más con la lástima crezca.
Mas no le valdrá, pues hay
cautela contra cautela,
divirtiendo yo de oírme
las atenciones del verla).
Ulises
Beldad que con tus temores
compadeces y deleitas
y al revés de otras te afeitas,
que es quitándote colores,
¿contra una fiera favores
pides? Y aunque te asegura
mi honor, mira que es locura
querer que dé mi fineza
armas contra una fiereza
si me mata una hermosura.
Demás que si solicitas
que me resuelva a ampararte,
¿cómo he de poder yo darte
la vida que tú me quitas?
Mas, ¡ay!, que bien solicitas
ser la fiera mis despojos,
previniendo tus enojos
piadosamente tiranos,
por que ella muera a mis manos,
que no muera yo a tus ojos.
Pero ¿cómo puede ser
que ya la muerte resista?
Que a quien mata con ser vista,
¿qué falta le hace no ver?
Y así, bien puedes volver,
no tanto porque la fiera
debió de torcer ligera
la senda, cuanto por que
veas que tu triunfo fue
que ella viva y que yo muera.
Ni habla ni alienta ni mueve;
turbado a tocarla llego.
¿Quién creerá que todo es fuego,
cielos, donde todo es nieve?
¿Que haré? Dejarla es aleve
acción; cargar mis pesares
con ella, temeridades,
pues no sé que haya retiros
aquí…
Dentro Caribdis canta.
Caribdis
Aquí donde mis suspiros
pueblan estas soledades.
Ulises
¿Qué nuevo acento es aquel
que dejó mi voz en calma?
¿Si es de aqueste cuerpo el alma
que no se halla fuera de él
y sintiendo cuán cruel
desamparo sus donaires,
los repetidos desaires
que van ganando horizontes
enternecen…
Caribdis
Enternecen estos montes
y embarazan estos aires?
Ulises
Ella es, bien mi pensamiento
previno; que mal pudiera
decir lo que yo dijera
quien no, cómplice en mi aliento,
sintiera lo que yo siento.
Y pues mis dudas persuades,
dime, oh, tú, que las añades,
dónde que las busquen quieren
aquí…
Caribdis
Aquí donde necias mueren
mis vanas seguridades.
Ulises
Ya voy, espera, y no así
culpes tú el quedarte hoy,
que, si tras tu alma voy,
no es dejarte a ti por ti.
Escila
¡Ay, infelice de mí!
Ulises
Pero una duda a otra iguale,
aunque, si otra alma la vale,
todas quedarán desechas
a manos…
Caribdis
A manos de mis sospechas,
cada vez que el alba sale.
Hace que se va tras la voz.
Escila
Forastero (vuelva en mí,
no aquel acento veloz
con el imán de su voz
le quiera llevar tras sí),
dichosa en hallarte fui,
pues no dudo que amparada
contra aquella fiera airada
en mi desmayo sería.
Ulises
No es tanta la dicha mía
que te haya servido en nada.
Mi obligación satisfice
con solamente esperar,
que no me quiero alabar
de fineza que no hice.
Escila
Conque dos veces felice
a mi ser me restituyo,
pues constantemente arguyo
desempeñado tu brío
a costa de susto mío
sin la del peligro tuyo.
Y pues generoso un pecho
que noble se considera,
la fineza que se hiciera
iguala a la que se ha hecho.
Ven conmigo, satisfecho
de que en mi albergue tendrás
fiel galardón (pues verás
que al mar despeñado mueres).
Ulises
Bien se ve que deidad eres,
pues premio al intento das.
Pero, aunque tú no me dieras
la licencia, la tomara
yo, pues nunca te dejara
hasta que de incultas fieras
asegurada estuvieras.
Escila
No sé si lo crea.
Ulises
¿Por qué?
Escila
Porque al volver te miré
dejarme por el veloz
eco de no sé qué voz.
Ulises
Es verdad; pero eso fue
dar crédito a una locura,
pensando dejarte a ti
por ti, que a no ser así,
no quedara tu hermosura
sin mi asistencia segura.
Escila
Por mí y por tu honor lo creo.
(Cielos, ¿qué nuevo deseo
es aqueste con que lucho?
Que cuando atento le escucho,
cuando restado le veo,
me parece… Mas ¿qué digo?
¿Ni qué me ha de parecer
si con todos ha de ser
de mis rigores testigo?).
Sígueme pues.
Ulises
Ya te sigo.
Escila
Mas, no me sigas, espera.
Ulises
¿Qué te suspende y altera?
Escila
Pensar, si conmigo vas,
que el galardón no tendrás
que quisiera y no quisiera.
Ulises
Enigma es que, aunque pretendo
entenderla, no es bastante
mi discurso.
Escila
No te espante,
que yo tampoco la entiendo.
Ulises
Con todo eso, voy siguiendo
tus pasos.
Escila
Ven y no ven.
Ulises
¿Juntos, favor y desdén?
Escila
Sí; que desdén y favor,
uno es hijo de mi honor,
y otro…
Ulises
¿De quién?
Escila
No sé quién.
Pero sea de quien fuere,
basta saber de mí y de él
que piadoso y que cruel
tan confuso nace y muere
que quiere lo que no quiere.
Y pues a un tiempo me obligas
y me ofendes, por que digas
lo que en mis afectos puedes,
quédate, mas no te quedes;
sígueme, mas no me sigas.
Vase.
Ulises
¿Quién igual confusión vio?
¿Habrá quién pueda, ¡ay de mí!,
descifrar mis dudas?
Caribdis
Cantando dentro.
Sí.
Ulises
¿Seguiré sus pasos?
Caribdis
No.
Ulises
¿Quién me lo aconseja?
Caribdis
Yo.
Sale Caribdis con un velo en el rostro.
Ulises
Voz que llevas suspendidos
tras tus ecos mis sentidos
y, sin dejarte mirar,
me solicitas tapar
los ojos con los oídos,
¿por qué me aconsejas, di,
que aquella beldad no siga,
con tal dulzura que obliga
a que me vaya tras ti?
Caribdis
Por ver si consigo así
probar que es pasión más fuerte
el oír que el ver.
Ulises
Advierte
que competir es locura
una voz a una hermosura.
Caribdis
No es.
Ulises
Di cómo.
Caribdis
Canta.
Desta suerte.
Entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Aquel exterior sentido
que se agrada en lo que ve
nunca con verdad se rinde,
pues se agrada al parecer.
El que en lo que oye se agrada
tiene más de interior, pues,
pasando al alma, acredita
la realidad de su ser.
Quien alaba a una hermosura,
la dice «no hay más que ver»
y es verdad, porque no hay más,
en mirándola una vez.
Nunca crece a ser mejor,
pues la más hermosa tez
hará harto en ser mañana
tan linda como era ayer.
El objeto del oído
cada instante crece, en fe
de que siempre hay más que oír,
pues siempre hay más que saber.
De suerte que yendo uno
a menguar y otro a crecer,
al paso que uno se ilustra
fallece el otro, conque
entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
El sol o la material
luz le acreditan en quien
ven en su edad la hermosura,
pues le apagan ella o él.
Dígalo el que nadie a escuras
logró lo hermoso, porque
del rosicler de otra dama
se adorna su rosicler.
Lo entendido de la voz
ni aun del sol ha menester,
que lo discreto y afable
aun lucen sin luz también.
Perfección que de la noche
no está sujeta al desdén
ni pide favor al día,
quién duda que prueba…
Ulises
¿Qué?
Caribdis
…que entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Y si al desvanecimiento
apela el galán de que
fue dueño de una hermosura,
dígame, ¿quién no lo fue?
Porque si en el verla estriba
de su dicha el mayor bien,
el mayor bien es igual
a cualquiera que la ve.
El no ser vista una dama
no puede el recato hacer,
porque está sin gusto suyo
en otra mano el poder.
Pero el no ser oída sí,
porque no puede romper
sin gusto mío mi voz
de mi silencio la ley.
Luego, común la hermosura
dio a todos qué merecer
y no común el ingenio,
que aun no adora sólo aquel;
siendo así, deja en los ojos
lo vulgar de su placer
y yendo a lo no vulgar
del alma mostrando ven
que entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Vase.
Ulises
Oye tú, segundo enigma
destos montes, que a crecer
la confusión del primero
has venido con hacer
que neutral el alma dude
si dueño más suyo es
crueldad que busca piadosa
que piedad que huye cruel.
Tras cuál iré de los dos,
no sé, ¡ay, infeliz!, no sé,
que el hierro de mis sentidos
tiran con igual poder
el norte de lo que oyen
y el imán de lo que ven.
¿No me dijo una hermosura
con desmayada altivez
que la siga y no la siga?
¿No me dijo una voz, que
dulcemente armoniosa
me ha podido suspender,
que tras ella vaya? Sí.
Pues ¿qué dudo? ¿Oh, cuándo fue,
¡cielo!, argumento del mal
la duplicación del bien?
Sale Escila.
Escila
(Habiendo oído de Caribdis
la voz, vuelvo por saber
si va tras ella).
Sale Caribdis.
Caribdis
(No viendo
que me sigue, vuelvo a ver
si la hermosura de Escila
tras sí le lleva, y no sé
si con nuevo afecto, ¡ay, cielos!,
que el de la envidia).
Ulises
¿Que haré?
Pero aquí de la hermosura,
que no tiene más que hacer
que ser hermosa una dama;
cantar o no cantar es
habilidad y no hay
más habilidad que ser
hermosa; y así yo…
Escila
¿Dónde
vas?
Ulises
Si me das a escoger
entre quedarme y seguirte,
¿qué dudas? ¿Cuándo no fue
tan grosero el propio amor,
tan villano el interés,
que lo mejor para sí
no elija?
Escila
Sígueme pues,
que, aunque ignores tú y yo ignore
a qué vas, baste saber
que es a dejar la hermosura
coronada de laurel.
Ulises
Ella sola está.
Caribdis
Canta. ¡Ay de ti!
Ulises
¿De qué calmado bajel
se cuenta que fuese el aire
la rémora de sus pies?
Escila
¿Qué te suspende?
Ulises
Una voz
que traidoramente fiel
me ha amenazado, diciendo…
Caribdis
¡Ay de ti!
Escila
Conmigo ven.
Ulises
Sí, pero espérame, aguarda
un instante, hasta entender
qué quiere decirme.
Escila
Mira
que no me hallarás después.
Ulises
Pues sígueme tú hasta hallarla.
Escila
No está a mi vanidad bien.
Ulises
Pues quédate o no te quedes
o sígueme o no, saber
tengo con qué fin intenta
mis dichas desvanecer,
antes con sofisterías
y con lástimas después.
Escila
Pues yendo conmigo, ¿hay cosa
que te pueda entristecer?
Ulises
No, mas puédeme obligar
a que examine por qué
se lamenta en mis fortunas.
Sale Caribdis.
Caribdis
Porque miras y no ves.
Ulises
Pues entre ver y mirar,
¿qué distinción hallas?
Caribdis
Que
mirar lo hermoso es mirar
y ver el peligro es ver.
Escila
Aunque la oigas, no la escuches.
Ulises
¿Qué distinción tú también
hallas entre oír y escuchar,
que me las divides?
Escila
Que
el oír es sólo oír
y el escuchar, atender.
Ulises
¿Qué me quieres decir tú?
Caribdis
Que no te pares en ver,
sin que pases a mirar
que el más hermoso vergel
contiene tal vez al áspid
entre la rosa y clavel.
Ulises
Tú, entre el escuchar y oír,
¿qué quieres darme a entender?
Escila
Que no te creas del aire,
que el que espira al parecer
blandas auras, venir suele
inficionado tal vez;
no la escuches…
Caribdis
No la veas…
Escila
…y ven tras mí…
Caribdis
…y tras mí ven…
Escila
…a argüir,…
Caribdis
…a examinar,…
Escila
…a discurrir…
Caribdis
…a entender…
Las Dos
…que entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Ulises
De un mismo sentido entrambas
equívocas os valéis.
Que no hay que ver, dices tú;
confieso que verdad es,
habiéndote visto a ti;
tú dices que hay que oír, también
te lo confieso, pues hay
tu dulce acento; conque
concediendo a cada una
que hay que oír, no más que ver,
me concedo a mí el dudar
lo que tengo de creer.
Escila
Pues a mí el dudar me basta
para llegarme a ofender.
Caribdis
Para llegarme a sentir,
a mí me basta el temer.
Escila
Sigue pues su voz, que tú
me vengarás de ti.
Vase.
Ulises
Ten
el paso, que tras ti voy,
hermoso hechizo.
Caribdis
Haces bien,
pero tú me vengarás
de ti.
Vase.
Ulises
Los pasos detén,
dulce encanto, que tras ti
también voy, mas mal podré
siendo uno seguir a dos.
Las Dos
dentro
Conque diremos los tres:
Todos
Que entre vista y oído,
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Ulises
Oye tú, tú espera; cielos,
¿quién igual duda vio?
Sale Anteo y Celfa.
Anteo
Al pie
de ese monte, esa villana
que venía hacia aquí hallé
y te la traigo a que diga
lo que pretendes saber.
Dante y Alfeo salen.
Dante
Yo penetrando la selva
este villano alcancé
y segunda vez le traigo
a que te informe más bien.
Ulises
¡Oh, si pudiera uno y otro
mis dudas satisfacer!
Ven acá, dime, villana,
¿quién una hermosura es
cazadora destos montes?
Celfa
Si es una que yo encontré
volviendo hacia la cabaña
harta de bailar, dempués
que forasteras deidades
festejamos mal o bien,
Escila era.
Ulises
Calla, calla.
Celfa
¿De qué se enoja?
Ulises
De que
diciéndome que era Escila,
me dices que puede ser
traidora aquella hermosura.
Celfa
¿Qué hermosura no lo es?
Fuera de que ella ¿qué hace
más que, en dejándose ver,
llevar a su torre a un hombre
y dar en el mar con él?
Ulises
Sin duda, ¡ay de mí, infelice!,
deidad favorable fue
la que me avisó el peligro.
Dime tú, villano, ¿quién
es una oculta beldad
cuya voz a deshacer
vino la traición de esotra?
Alfeo
Yo cosa ninguna sé,
lo dicho dicho y no más.
Celfa
Si es una que yo escuché,
Caribdis era.
Ulises
La voz
suspende.
Celfa
¿Por qué?
Ulises
Porque
tal halago no es posible
que en sí pudiera esconder
de Caribdis las crueldades.
Celfa
¿Ahora sabe su merced
que el engañar con halagos
lo hace cualquiera mujer?
Ulises
¡Ay, infeliz!
Anteo
¿Qué suspiras?
Dante
¿Qué tienes?
Ulises
¿Qué he de tener,
si una hermosura que vi
y si una voz que escuché,
por dar dos muertes, han dado
una vida al conocer…
Las Dos
dentro
…que entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver?
Dante
¿No dices que los sentidos
tú solo sabes vencer?
Ulises
¡Ay, que es fácil de decir,
pero no fácil de hacer!
Y siendo así que me dan
dos muertes en que escoger,
muera a las mejores armas:
tras Escila hermosa iré,
que morir de una hermosura
es achaque más cortés.
Mas no, vaya tras Caribdis,
que más noble elección es
morir a manos del alma.
Dante
Mira…
Anteo
Advierte…
Ulises
¿Qué he de hacer?
Dante
Huir de aquí, que estos contrarios
huyendo se vencen.
Ulises
Bien
me aconsejáis, no se diga
de Ulises que envilecer
una voz o una hermosura
su valor pudo, después
que en Circe hermosura y voz
vencer supo; vamos, pues,
salgamos presto de aquí.
Pero ¿cómo puede ser,
si el esquife que nos trajo,
dando en la roca al través,
pedazos se hizo?
Anteo
En la playa
varados barcos hay.
Ulises
¿Quién
nos aprestará uno?
Dante
Este
pescador.
Ulises
Has dicho bien.
Alfeo
No ha dicho sino muy mal.
Ulises
Tu barco, amigo, prevén.
Llega a la orilla, que yo
te lo sabré agradecer
en echándome a otra playa.
Alfeo
Harto tengo yo que hacer
en lo que dije de Escila
y Caribdis sin querer
enojarlas con libraros.
Dante
Pues si no lo haces por bien,
morirás a nuestras manos.
Alfeo
Celfa, pues eres mujer,
ruégales tú que me dejen.
Celfa
Señores, no le llevéis,
que es tonto y no sabe más
que remar y conocer
los bajos de aqueste puerto
sin dar en ningún través
por más bravo que ande el mar.
Alfeo
Muy buenas señas, ¡pardiez!,
para dejarme; ¿qué dices?
Celfa
Digo lo que verdad es.
¿Sabéis otra cosa vos
que en dos paladas o tres
atravesar todo el golfo?
Alfeo
Que me destruyes, mujer.
Celfa
Por eso lo digo yo.
Anteo
De grado, villano, ven
o arrastrando irás.
Alfeo
Será
andar el mundo al revés
ser yo el arrastrado, siendo
el sentenciado vusted.
Celfa mía, que me llevan.
Celfa
Los tales habían de ser
y los cuales…
Los Dos
De aquí vamos.
Alfeo
Mátenme a coces y iré,
porque yo soy muy galante
en llevándome por bien.
Ulises
Llevadle y llevadme a mí,
que voy forzado también,
tanto que licencia os doy,
si me viéredes volver
el rostro, que los oídos
y los ojos me vendéis,
atado al árbol; y aun todo
no basta si oigo otra vez…
Las Dos
dentro
…que entre vista y oído
la ventaja es
que hay siempre que oír,
pero no que ver.
Vanse Ulises, Dante y Anteo.
Celfa
Aquel adagio que dijo
la ida del humo y aquel
de allá vayas y no tornes,
nunca han venido más bien.
Sale Caribdis.
Caribdis
(¡Qué mal descansa un rigor!).
Sale Escila.
Escila
(¡Qué mal sosiega un desdén!).
Caribdis
(Sin duda, pues no está aquí
ni en todo el monte se ve,
fue tras Escila).
Escila
(Sin duda,
pues ya no está aquí, que fue
tras Caribdis).
Caribdis
(Y no ya
lo siento por mi altivez
tanto como por mi envidia).
Escila
(Y no ya tanto cruel
lo siento como celosa).
Caribdis
(¡Oh, ira vil!).
Escila
(¡Oh, afecto infiel!).
Las Dos
¿Villana?
Celfa
¿Quién llama?
Las Dos
Yo.
Celfa
Conformaos las dos, porque,
llamada a un tiempo de entrambas,
ignoro a cuál responder.
Escila
A ella, que viéndola aquí
no tengo yo qué saber.
Caribdis
Viéndote a ti, yo tampoco.
Escila
Según eso viene a ser
una la duda; podrás
respondernos de una vez:
¿viste un derrotado huésped
del mar que ahora aquí dejé?
Celfa
Por señas de que me puso
en gran obligación.
Las Dos
¿Qué es?
Celfa
Dejarme sin mi marido,
porque apenas le nombré
quién erais, cuando por fuerza
le hizo aprestar su bajel
en que huyendo de las dos
se volvió…
Caribdis
La voz detén.
Escila
Calla, calla, que me has muerto
por darle la vida a él.
Celfa
¿Pues qué le dije yo más
de quién erais?
Escila
Cielos, ¿quién
creerá que muera yo a manos
de un desprecio? ¡Oh, nunca fiel
se hubiera dado a partido
mi siempre altiva esquivez!
Caribdis
El primero día que afable
me llegó a reconocer,
es el primero, ¡ay de mí!,
que me miró padecer
el desaire de una fuga.
Escila
Ya la barquilla romper
se ve desde aquí las ondas.
Celfa
Ahí que no os miento veréis.
Escila
¡Viven los cielos, villana,
que has de pagarme el haber
dicho quién soy!
Caribdis
Bella Escila,
ya que igual el rencor es,
pase nuestra competencia
a venganza, y para que
no quede ejemplar que hubo
quien nos venció, yo pondré,
pues que soy deidad del mar,
nuevos encantos en él
de las sirenas, haciendo
que armonioso el tropel
le entre en su golfo; pon tú,
pues que te llegas a ver
deidad de la tierra, escollos
en que choque; y pues aquel
villano de las dos dijo
lo que escuchamos tal vez
y ésta quién éramos, tú
te venga en ella, yo en él.
Escila
Yo desde estas altas rocas,
basas de ese azul dosel,
peñas arrojaré al mar,
aunque se desplome el ej
que en ellas estriba, haciendo
que el impulso del caer
le zozobre a los embates
de un vaivén y otro vaivén.
Y a esta villana…
Celfa
¡Ay de mí!
Escila
…en esa torre daré
la prisión que a él esperaba,
adonde encantada esté
para más pena hasta que haya
quien la libre.
Celfa
Mire usted
que para cantada soy
mala letra, pues se ven
cantar villancicos, no
villancicas.
Escila
Subiendo a la torre.
Fiera, ven
a esa cumbre en cuyo seno
miras del aire pender
una cueva que su luz
su despeñadero es.
Celfa
Mal agasajo para una
huéspeda como yo, aunque
por lo menos me consuela
el que Alfeo no lo ve,
y cantada o no cantada
al fin viviré sin él.
Vanse las dos.
Caribdis
Yo en tanto de las sirenas
el coro convocaré,
cantando y llorando a un tiempo,
supuesto que es menester
para que me oigan mezclar
el pesar con el placer
¡Hola, ahó! ¡Ah del golfo de las sirenas!
Todas
dentro
¡Hola, ahó! ¿Quién nos llama desde la selva?
Caribdis
¿Ya la voz de Caribdis, no hay quien conozca?
Todas
dentro
¿Quién conoce a quien canta, la vez que llora?
Pero dinos, ¿qué quieres de nuestra esfera?
Caribdis
Que el que apenas las sulque, las sulque a penas.
Aquel mísero bajel
–que, monstruo de dos especies,
siendo del aire delfín,
águila del mar parece–
de un forajido huésped
sagrado intenta ser, no siendo albergue.
Unas
dentro
Pues ¿qué mandas?
Otras
¿Qué quieres?
Caribdis
Que en calma sienta, llore, gima y pene.
Sirena Primera
Sienta.
Sirena Segunda
Llore.
Sirena Tercera
Gima.
Sirena Cuarta
Pene.
Caribdis
Entre Caribdis y Escila,
coronado de laureles,
es el primero adalid
que piensa que huyendo vence,
como si ser pudiese
quedar mejor el que huya que el que muere.
De una voz y una hermosura
triunfando va y os compete
por hermosas y por dulces
que el ejemplar le escarmiente.
Llamadle, detenedle.
Terremoto dentro y dice Escila, durando el ruido y la música.
Escila
Llamadle, detenedle,
que yo también guerra le haré de suerte…
Todas Juntas
…que en calma sienta, llore, gima y pene,
conociendo que el golfo de las sirenas
el que apenas le sulca, le sulca a penas.
Con el terremoto sale el barco y en él Ulises, Dante, Anteo y Alfeo remando.
Ulises
No costees, barquerol,
sino hazte al mar, que de tierra
nos hacen los montes guerra
con terremotos que al sol
turban, despeñando encima
del barco una y otra cumbre,
de su inmensa pesadumbre
la más eminente cima.
Alfeo
Peor será que, si lanzado
tomó el golfo vuestras penas,
aumente de las sirenas
la voz que ya se ha escuchado.
Ulises
¿Qué sirenas? Hazte al mar,
que esas sabré vencer yo.
Alfeo
Basta esto para quien no
tiene gana de remar.
Deja los remos y para el barco.
Alfeo
¿No dijeron que correr
el golfo en un punto puedes?
Pues ¿qué esperas?
El terremoto.
Alfeo
¿Luego ustedes
creyeron a mi mujer?
En su vida habló verdad
y esa es la mayor mentira
que en su vida dijo.
Dante
Mira
que es loca temeridad
pararte cuando se viene
sobre nosotros la sierra.
El terremoto.
Alfeo
Yo soy pescador de tierra,
y ir a terrado conviene,
tierra a tierra, tan despacio
que me entierre la terraza
de un terrado de la plaza
o un terrero de palacio
antes que de un terremoto
el temor que me sotierra
en los terraños de tierra
me dé sepulcro remoto
en el agua.
Ulises
Un loco es.
Alfeo
Y aún dos.
Anteo
¿Qué haremos?
Dante
Tomemos
nosotros, Anteo, los remos.
Alfeo
Y de mí, ¿qué harán después?
Dante
Agárranle.
Echarte, villano, al mar.
Anteo
Y el aligerarse gana
el barco.
Alfeo
Aunque so un Juan Rana,
miren que no sé nadar.
Ulises
Vaya al mar por embustero.
Alfeo
Mijor por eso era haber
arrojado a mi mujer
un poquitico primero.
Échanle al mar.
Los Dos
¡Hombre a la mar!
Alfeo
¡Qué pesar!
Pero que me echéis os dejo,
porque en llegando a ser viejo
¿qué hombre no es hombre a la mar?
Mas ¡ay, ahogado de mí!
Sale el pescado.
¿Qué pez horrible y cruel
que hacia aquí viene es aquel?
¿Si querrá tragarme? Sí
parece y pues escapar
no puedo, usté, señor pez,
me trague por esta vez,
mas no sirva de ejemplar.
Trágale y vase.
Ulises
Nada en mar y tierra vemos
que otro prodigio no sea.
Anteo
Vencido el mayor se vea,
conque el golfo atravesemos.
Reman ellos.
Música
dentro
No podréis, porque el golfo de las sirenas,
el que apenas le sulca, le sulca a penas.
Ulises
Suspéndese.
¿Qué nuevo sonoro canto
es el que habemos oído?
Los Dos
A todos ha suspendido
de su dulzura el encanto.
Ulises
¿Quién canta en el mar tan bien?
Sirena Primera
Quien…
Ulises
¿Cuándo otra vez me destierra…
Sirena Segunda
…de tierra…
Ulises
…de que yo escapar pretendo…
Sirena Tercera
…huyendo…
Ulises
…porque a mi honor le conviene?
Sirena Cuarta
…viene.
Dante
Misterio el eco contiene.
Anteo
No es eco, ¿no ves veloces
sirenas decir a voces…
Todas
Quien de tierra huyendo viene…?
Ulises
¿De quién pretendo yo huir?
Sirena Primera
De oír.
Ulises
¿Qué más intento vencer?
Sirena Segunda
Y ver.
Ulises
Pues ¿quién tiene por disgusto…
Sirena Tercera
…gusto…
Ulises
…que yo a mí me quiera dar…
Sirena Cuarta
…pesar?
Anteo
Sentido tray singular
el canto que nos persigue.
Dante
Sí, pues dice que se sigue…
Todas
…de oír y ver, gusto y pesar.
Ulises
Pues si me juzgué muriendo…
Sirena Primera
Viendo…
Ulises
…un peligro a otro añadiendo…
Sirena Segunda
…oyendo…
Ulises
…durar mi dolor cruel…
Sirena Tercera
…en el…
Ulises
¿no era morir y no amar?
Sirena Cuarta
…mar.
Ulises
Mas, ¡ay!, que para vengar
la fuga que haciendo voy,
en el mismo riesgo estoy…
Todas
…viendo y oyendo en el mar.
Ulises
Y así el que vencer intenta,…
Sirena Primera
Sienta…
Ulises
…el que una voz le enamore…
Sirena Segunda
…llore…
Ulises
…y el que una beldad no estima…
Sirena Tercera
…gima…
Ulises
…y pues remedio no tiene…
Sirena Cuarta
…pene.
Ulises
Sólo este medio conviene:
que quien librarse procura
de una voz y una hermosura…
Todas
…sienta, llore, gima y pene.
Ulises
Mas ¡ay, infeliz de mí!
¿Qué querrán mares y vientos?
En lo alto Escila y Caribdis.
Las Dos
Junta todos sus acentos.
Los Tres
¿Y cómo dirán?
Las Dos
Así:
Juntas Todas
Quien de tierra huyendo viene
de oír y ver, gusto y pesar,
viendo y oyendo en el mar,
sienta, llore, gima y pene.
Ulises
Pues si llorar y gemir
fuerza es, sentir y penar,
mejor es que acabe el mar
de una vez tanto sufrir
embates de la fortuna.
Los Dos
¿Qué haces?
Ulises
Arrojarme donde
quien tantas vidas esconde
añada al número una.
Y más si, después de oír
las sonoras amenazas
de esas hermosas sirenas
que a un tiempo cantan y encantan
tanto que aun los dos suspensos
dejáis sin remos la barca,
veo sobre aquella roca
la hermosura soberana
de Escila y sobre aquel risco
escucho las voces blandas
de Caribdis, las dos siendo
vivos imanes del alma.
Dante
Todos aquesos peligros
contra una industria no bastan.
Ulises
¿Qué es?
Dante
Que pues que ya en la vela
sopla favorable el aura
y de ella el barco impelido
no le hacen los remos falta,
cerrados oídos y ojos,
correr nos dejemos, hasta
que dé del hado el arbitrio
con nosotros a otra playa.
Las Dos
Agora, agora, sirenas,
repetid en voces altas.
Todas
Quien de tierra huyendo viene
de oír y ver, gusto y pesar,
viendo y oyendo en el mar,
sienta, llore, gima y pene.
Conociendo que el golfo de las sirenas,
el que apenas le sulca, le sulque a penas.
Ulises
¿Qué importa que yo las manos
ponga en los oídos y haga
fuerza a los ojos, si ojos
y oídos, ladrones de casa,
saben los rincones della
y, viendo impedir sus causas,
retiran al corazón
las especies y él las guarda
tan vivas que a los sentidos
volver el uso les manda?
Conque menos que arrojado
al mar ni el fuego se apaga
ni el corazón se sosiega
ni los sentidos descansan.
Anteo
Harás que de la licencia
que nos diste usemos hasta
pasar el golfo.
Ulises
¿Qué fue?
Dante
Que al árbol atado vayas,
vendados ojos y oídos.
Átanle y pónenle una banda en los ojos.
Ulises
¿A qué loco no le atan?
Bien hacéis; Escila hermosa,
suave Caribdis sagrada,
sirenas del negro golfo,
altos montes de Tinacria,
decid a voces que Ulises,
dándole el viento sus alas,
entre Caribdis y Escila,
atado y vendado, escapa
de vuestros riesgos por que
le quede al mundo enseñanza
que así se ven los estremos
de la hermosura y la gracia.
Caribdis
Seguidle, seguidle todas.
Sirena
¿A qué, si no sirve nada
contra quien ojos y oídos
de voz y hermosura guarda?
Caribdis
Pues si no bastan mis ecos…
Escila
Si mi hermosura no basta…
Caribdis
…contra quien vencerlas quiera…
Escila
…contra quien quiera postrarla…
Caribdis
…dando la rienda a la ira…
Escila
…soltando el freno a la rabia…
Caribdis
…caiga despeñada al mar…
Escila
…al mar despeñada caiga…
Las Dos
…muriendo como él había
de morir, en cuya saña
las funerales exequias
montes y piélagos hagan.
Arrójanse al mar.
Villanos
¿Qué segundo terremoto
la luz del sol nos apaga?
Astrea
Abajo el orbe se viene.
Pescador Primero
De todo ese azul alcázar,
los peñascos de su centro,
proceloso viento arranca.
Pescador Segundo
Sí, pues el mar a su esfera
parece que los traslada.
Pescador Tercero
Es verdad, que dos escollos
miramos sobre las aguas,
nunca hasta ahora descubiertos.
Todos
¿Qué será?
Sale Sileno.
Sileno
El cielo me valga.
Todos
¿Qué es esto, Sileno?
Sileno
Que,
mirando el mar en bonanza,
salí a pescar y a lo lejos
vi arrojarse despeñadas
al mar Escila y Caribdis
cuyo sepulcro de plata
construyen nuevos montes
en dos pirámides altas,
contra cuantos marineros
tocaren en esas playas,
pues quien escape de Escila,
tendrá en Caribdis borrasca.
Y no paró aquí el prodigio,
sino que la red que echada
tenía al mar, al recogerla
la sentí con tan gran carga
que de remolque ha venido
sin conocer lo que traiga.
Pescador Primero
Por que todos lo veamos,
ayudemos a sacarla.
Viejo
Marino monstruo que abre
la boca de sus entrañas,
arroja otro horrible monstruo
todo vestido de escamas. Sale Alfeo.
Alfeo
Gracias a Dios que he llegado
a la orilla; para, para,
cohete pez que me has traído
en ti como en una caja.
Todos estamos acá,
amigos.
Todos
¡Qué fiera estraña!
Astrea
¡Qué salvaje tan cruel!
Alfeo
Tú eres la fiera y tu alma,
y tú la salvaja, puesto
que aquí no hay otra salvaja
ni otra fiera. Pues prodigios
es hoy toda esta comarca,
huyamos todos.
Todos
Huyamos.
Sileno
Pues con dejar transformada
en escollos a Caribdis
y a Escila, queda acabada
la fábula y ahora viendo
arrojar en esta playa
aquese marino monstruo,
empieza la mojiganga.
Vanse todos y queda Alfeo solo.

MOJIGANGA

Alfeo
¿Qué mojiganga? Esperad,
oíd; ¡el cielo me valga!
Agora que caigo en ello,
¿dónde estoy? Que aquesta estancia
no es mi tierra, pues en ella
no había aquellas peñas altas
y había cierta mujer mía;
pero si ella de aquí falta…
Mas, que esté donde estuviere,
manos a labor y vaya
de náufrago peregrino
que derrotado se halla
sin saber cuándo ni cómo.
¡Ah de los montes!
Música
¿Quién llama?
Alfeo
Qué sé yo quién soy, porque
una marina tarasca
que me concibió en el mar
con dos cosas tan contrarias
como son aborrecerme
y meterme en sus entrañas
me ha malparido a esta tierra
donde, aunque he sido vianda,
ni soy carne ni pescado.
Música
Pues ¿qué quieres?
Otros
Pues ¿qué mandas?
Alfeo
Ya que ustedes me responden,
sea quien fuere, con tanta
melanoche o melodía,
¿qué tierra es?, que como en zarzas
en ella estoy.
Música
La Zarzuela.
Alfeo
¿La Zarzuela?
Música
¿Qué te espantas?
Alfeo
¿No he de espantarme si en este
instante en Tinacria estaba?
Música
¿Pues quién le quita que sea
la Zarzuela de Tinacria?
Alfeo
Algún crítico que ponga
en razón las mojigangas.
Mas, ya que lo saben todo,
¿saben quién soy yo?
Música
Juan Rana.
Alfeo
Gloria a Dios que di conmigo,
que ha rato que me buscaba
y no me podía encontrar.
Mas digan, si no se cansan,
en este bosque vustedes,
¿qué son, qué cantan, qué rabian
y a qué he venido yo a él?
Música
Tú lo sabrás si le andas.
Alfeo
Ve aquí que le ando y que no
lo sé.
Celfa
¡Ay, triste, ay, desdichada,
ay, mísera, ay, afligida,
ay, amarrida y cuitada,
y ay, encantada de mí!
Alfeo
¡Oh, tú, voz que a longe ayas!
¿Dónde estás y cúya eres?
Celfa
Los ojos al desván alza
deste monte, verás dónde
me dejó Escila encerrada
por último encantamiento
de su póstuma venganza,
hasta que haya caballero
que me libre, con tan rara
condición en la aventura
que lo primero que manda
es que cuando entre, un salvaje
venza; un dragón, cuando salga;
pena de que, si venciere
uno sin otro, se vayan
los encantados y él quede
en la prisión.
Alfeo
Grande infanta
sin duda es, que estos primores
las de las villas no gastan.
Celfa
No se me acuerda por ahora
bien de cómo me llamaba
en el sigro, pero sé
que estoy aquí con tal rabia,
con tal cólera, tal ira,
tal impaciencia y tal saña,
que todos los encantados
me llaman la Mari-Brava.
Alfeo
¿Mari-Brava y Zarzuela?
Celfa
Ahí
verás lo que el diablo enzarza.
De buena ventura eres
si desta prisión me sacas,
porque sacarás conmigo
cuantos encantados andan
por aquestos vericuetos.
Alfeo
Llevará Bercebú el alma
que tal sacara, que fuera
muy heroica patarata
que la que me prendió antaño
desprendiera hogaño.
Celfa
Gracias
a tu valor.
Alfeo
¿Pues de qué
las gracias son?
Celfa
De que tratas
tomar la demanda mía.
Alfeo
No hago tal, devota santa.
Por mi vida, ¿para qué
tomara yo su demanda?
Celfa
Encantados caballeros
y princesas encantadas
que andáis por aquestos montes
en diversas formas varias,
un aventurero dice
que quiere tomar las armas
por mi amor.
Alfeo
No dice tal.
Celfa
Yo que me lo entienda basta,
que esto de verse servidas
basta soñarlo las damas.
Venid todos, venid todas
a recibirle.
Todos
Deo gracias.
Alfeo
En toda mi vida vi
fieras tan buenas cristianas.
Todos
Desencantadorcito del alma,
mira aquí lo que desencantas.
Alfeo
Pues encantadorcitos del cuerpo,
veis aquí que me voy huyendo.
Uno
No irás tal, que ya empezado,
no puedes volver la espalda.
Alfeo
Sí iré tal, porque vendido,
la puedo volver.
Todos
Aguarda,
desencantadorcito del alma,
mira aquí lo que desencantas.
Alfeo
Pues encantadorcitos del cuerpo,
veis aquí que me voy huyendo.
Salvaje
¿Quién eres, oh, tú, que osado
hasta aquí mueves las plantas,
dándome a entender que quieres
entrar conmigo en batalla?
Alfeo
Para salvaje ese es mucho
discurrir, porque en mi alma
que no quiero tal.
Salvaje
Sí quieres,
pues de sus términos pasas
eso lo que tiene puesto
a los encantos que guarda
el grande cuento de cuentos,
Gasparilis de Aravaca.
Alfeo
Si es usté, ponga entre esotros
cuentos que cuenta que el que haga
guerra yo a usted es el cuento
de nunca acabar.
Salvaje
No basta
ya ese propósito; escucha,
tenía una dueña una enana…
Alfeo
Ya ese es viejo y no he de oírle.
Salvaje
¿Pues hay más de que otro vaya?
A cuatro o cinco chiquillos…
Alfeo
También ese tiene canas
y no te canses, que ese
ni otro alguno, si me matas,
no he de oírle.
Salvaje
Aqueso es
matarme tú con ventaja.
¡Ay, que me ha muerto!
Todos
Al salvaje
mató.
Alfeo
Él lo vendría de casa,
que yo no he llegado a él.
Salvaje
Tú me has muerto.
Alfeo
¿Con qué armas?
Salvaje
Con no oírme, que a un salvaje,
quien no le escucha le mata.
Todos
Con que ya volver podemos
a nuestras formas pasadas.
Desencantadorcito del alma,
mira aquí lo que desencantas.
Primera
Yo que fui en el modo tía,
era una arpía.
Primero
Yo que me asombro y me arrobo,
cogí un lobo.
Segunda
Yo, serpiente verdinegra,
era una suegra.
Segundo
Yo que fui un grande lebrón,
me hice león.
Tercera
Yo, tercera en quien peligre
trancado el honor, fui tigre.
Tercero
Y yo, atento a mi interés,
gato montés.
Cuarta
Yo que fui una dueña flaca,
era una urraca.
Cuarto
Y yo que un gran puerco fui,
soy jabalí.
Todos
Con que nuestras formas cobradas,
mira tú lo que desencantas.
Alfeo
Ya lo miro y ya reconozco
que hacéis el bosque cuadro del Bosco.
Primero
Tú a quien la vista debemos,
agora que bajes falta.
Celfa
Ya yo bajo en una nube.
Alfeo
¿Esa es nube o es banasta?
Todos
¿Qué se espanta,
si es nube de mojiganga?
Celfa
¿Quién es el que me ha librado?
Todos
Vesle aquí.
Alfeo
Humilde a tus plantas…
Mas ¡qué miro!
Celfa
Mas ¡qué veo!
¿Tú eres, fiero?
Alfeo
¿Tú eres, falsa?
Todos
¿Qué es eso?
Celfa
Que es mi marido.
Alfeo
Que es mi mujer y ¿qué sacan
deso? Que su libertad
no quiero, ni yo librarla.
Astrea
Pues buen remedio.
Alfeo
¿Qué es?
Astrea
Que pues de vencer te falta
el dragón de la salida,
escuses esa batalla
y que tú preso te quedes
y que ella libre se vaya.
Celfa
Yo soy contenta.
Alfeo
Y yo.
Primero
Pues
metámosle en la banasta.
Señores desencantados,
adviertan no hable palabra,
porque en el punto que hable,
dará una gran zaparrada.
Alfeo
No hablaré más que un marido
encantado.
Unos
Arriba vaya.
Otros
Vaya arriba.
Primero
¿Qué haces, mozo?
Segundo
Está la cuerda enredada.
¡Que se va el torno, Jesús
mil veces!
Tercero
¡Qué gran desgracia!
Juan Rana se ha hecho pedazos.
Cuarto
Acabemos sin Juan Rana.
Celfa
Sin marido y desencantada,
qué dos venturas, venturas tan raras.
Alfeo
No os veréis en ese gozo,
pícara desvergonzada.
Celfa
Que con marido y desencantada,
qué dos venturas, venturas tan raras.
Todos
Quedo, quedo, sed amigos.
Celfa
Sin marido y desencantada
qué dos venturas, venturas tan raras.
CC0 1.0
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