El José de las mujeres
Comedia Famosa
PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA
- EUGENIA, dama
- FILIPO, su padre
- SERGIO, su hermano
- JULIA, criada
- CAPRICHO, gracioso
- ELENO, viejo
- DEMONIO
- AURELIO, galán
- CESARINO, príncipe
- MELANCIA, dama
- FLORA, criada
- MÚSICOS
- SOLDADOS
- ÁNGELES
- CRIADOS
- GENTE
Primera Jornada
Corre una cortina y descúbrese Eugenia escribiendo en un bufete en que habrá escribanía, luces y libros.
Eugenia
«Nihil est idolum in mundo,
quia nullus est Deus, nisi unus».
¡Oh, nunca mi vanidad
viendo que los hombres son
por armas y letras dueños
del ingenio y del valor,
me hubiera puesto en aquesta
estudiosa obligación
de darles a entender cuánto
más capaz, más superior,
es una mujer el día
que, entregada a la elección
de los libros, mejor que ellos
obran, discurre veloz!
Vuelve a escribir y déjalo.
¡Oh, nunca, digo otra vez,
mi soberbia presunción
hubiera solicitado
rescatar de su rigor
esta esclava libertad!
Pues cuando más vana estoy
de ser en Alejandría
de aquesta regla excepción,
leyendo cátedra en ella
de Filosofía, un error,
dicho quizá acaso, vuelve
atrás toda mi ambición,
deshaciéndome la rueda,
bien así como al pavón,
que apenas es flor de pluma
cuando ni es pluma ni flor.
Escribe otra vez.
¡Oh, nunca, vuelvo a decir,
ya que hubiese sido yo
tan altiva, hubiese sido
mi padre gobernador
de Alejandría, supuesto
que de serlo procedió,
no sin misterio, la causa
de una y otra confusión!
Porque como vino edicto
de Galieno, emperador,
para que ningún cristiano
viviese en la población
y comercio de las gentes,
echándolos al horror
de los montes a vivir
como fieras, pues lo son,
de los libros que dejaron
y mi padre les quitó
para entregarlos al fuego,
reservé éste, cuyo autor,
que aun no le nombra, absoluta
sienta esta proposición:
Lee.
«Nihil est idolum in mundo,
quia nullus est Deus, nisi unus».
Nada -dice- que en el mundo
los ídolos nuestros son,
porque no hay en cielo y tierra
más dioses que solo un Dios.
¿Pues cómo, cielos, pues cómo
niega esta nueva opinión
a Júpiter, a Saturno,
a Marte, a Venus y al Sol?
Y dado caso que hubiera
uno a todos superior,
¿cómo era posible estar
ignorado? Esta razón
a su ignorancia concluya:
o hay tan gran deidad o no.
Si la hay, ¿cómo no hay noticia?
Si no la hay, ¿cómo hay cuestión?
Por entrambas partes corre
el silogismo, y, aunque hoy
pueda mi ingenio atreverse
a hallarle la solución,
no la he de fiar de mí.
Arroja la pluma y bajan de lo más alto dos sillas que tomen las dos cabeceras del bufete; en la una vendrá el Demonio, vestido de estrellas, y en la otra Eleno, viejo venerable, vestido de carmelito descalzo. Ella quiere huir y ellos la detienen.
¿A quién, pues, de mi temor
podré consultar la duda?
¿Quién de tanta confusión,
si es que la hay, en nombre suyo
sabrá responderme?
Los Dos
Yo.
Eugenia
¡Válgame el cielo! ¿Qué he oído?
Sin duda que la aprehensión,
del aire, con quien hablaba,
ha formado cuerpo y voz.
Eleno
No temas, bello prodigio.
Demonio
No huyas, bella admiración.
Eugenia
¿Cómo puedo no temer,
ni cómo huir puedo, si estoy
de los dos tan asombrada
como presa de los dos,
siendo así que a vuestro tacto
volcán es el corazón,
A Eleno.
pues tú le cubres de hielo
Al Demonio.
y tú le enciendes de ardor?
Eleno
Siéntate, y temor no tengas.
Demonio
Sosiégate y ten valor.
Eugenia
Segunda vez la respuesta
misma que os he dado os doy:
¿cómo puedo, cómo puedo
hasta que sepa quién sois?,
¿cómo habéis entrado aquí,
y cómo a una misma acción
venís los dos tan opuestos,
que traéis entre los dos
A Eleno.
noche y día, siendo tú
Al Demonio.
la sombra y tú el resplandor?
Eleno
Bellísima Eugenia, docta
sibila de Egipto, yo
de esos míseros cristianos,
a quien persigue el rencor
de Filipo, padre tuyo,
el más infelice soy;
si bien mi estado entre ellos
me da más estimación
que yo merezco, por ser
eliota, religión
a quien el profeta Elías
nombre en el Carmelo dio;
el mío es Eleno, y es
el sacerdocio mi honor.
Puesto en oración estaba,
cuando tuve inspiración
de tus dudas, y por que
no se resuelva tu error
en decir que dios de quien
faltan noticias no es Dios,
en nombre suyo he venido,
cortando el aire veloz,
a darte noticias de él.
Demonio
Yo, bello sabio, blasón
no solamente de Egipto,
mas de todo el orbe, soy
de más alta jerarquía,
espíritu superior.
No de los montes, adonde
–igual el bruto veloz–
vive el cristiano, he venido;
de más ilustre región
desciendo, pues todo el coro
de los dioses me envió
a desengañarte de esa
errada, ciega opinión,
como ministro que sabe
dar a sus estatuas voz.
Eleno
Ya estás conocido. Y tú,
si se resuelve a cuestión
la verdad desta verdad,
verás si es deidad o no.
Eugenia
Ya que de aquel primer susto
cobrando el aliento voy,
tocar la experiencia quiero
de una y otra admiración.
Siéntase
¿Qué autor es aqueste?
Los Dos
Pablo.
Eugenia
Pues ya sabido el autor,
vamos a que aquí, según
entiendo la letra yo,
a los de Corintio escribe
que adoren un solo Dios,
porque todos los demás
mentidos ídolos son.
¿Puede esto ser verdad?
Eleno
Sí.
Eugenia
¿Luego un Dios hay sólo?
Demonio
No,
que Júpiter en el cielo,
en el abismo Plutón,
Neptuno en el mar, Saturno
en la tierra, en la región
Venus del aire, en el fuego
Apolo, en el negro horror
de las sombras Proserpina,
Marte en el supremo honor
de las armas, y Mercurio
de las letras, división
hicieron del universo,
y a cada uno se le dio
la parte en que a su deidad
tocaba la protección.
Eleno
¿Cómo pudiera en el cielo,
en la tierra ni en el sol,
en el mar ni en el abismo
haber igual duración,
si de muchas voluntades
se compusiera su unión?
Mayormente siendo indignos
entre sí, como lo son,
pues Júpiter tantas veces
en bruto se transformó;
Venus, pública ramera,
delitos hizo de amor,
adúltero siendo Marte,
siendo Mercurio ladrón,
Saturno voraz, Neptuno
vario, homicida Plutón
y Apolo lascivo: pues
hay razón contra razón
de que ser dios y pecable
implica contradición.
Demonio
Esas son fábulas viles
que el ocio infame inventó.
Eleno
¿Cómo lo niegas, si tú
lo sabes mucho mejor,
pues ya viste de más cerca
aquel eterno esplendor,
jeroglífico perfecto
en quien el Padre ostentó
el poder, la ciencia el Hijo
Tiembla el Demonio.
y el Espíritu el amor,
siendo en sus personas tres
y siendo en su esencia un Dios?
Demonio
Yo..., cuándo..., si...
Eleno
¿Ya enmudeces?
Eugenia
Suspende, anciano, la voz,
que antes que de tu argumento
llegues a la conclusión
de él, en sus principios quiero
tomar la réplica yo,
ya que, habiéndome trocado
los afectos el temor
A Eleno.
que te voy perdiendo a ti,
Al Demonio.
a ti cobrándote voy.
Si eres deidad, como dices,
¿cómo un hombre te arguyó
con razón, a que no sabes
responderle con razón?
Demonio
Como no quiero quitar
a tu docta ocupación
de la fe el mérito, que es
creerlo por decirlo yo;
pues, si yo te descubriera
lo que alcanzo y lo que soy,
¿qué hicieras en adorarme?
Y así, no quiero que hoy
sepas más de mí de que
inmensos los dioses son.
Eleno
Ni yo quiero que de mí
sepa más tu confusión
de que es uno solamente.
Demonio
Prosigue su adoración.
Eleno
Su adoración deja, y busca
al que es verdadero Dios.
Eugenia
¿Qué dios verdadero?
Eleno
Cristo.
Demonio
Huyendo su nombre voy.
Desaparecen los dos. Ella se levanta arrojando el bufete, y salen Filipo y Sergio, Julia y Capricho, y otros con hachas.
Eugenia
dentro
¡Oye, aguarda, escucha, espera!
Filipo
De Eugenia es aquella voz.
Sergio
Llegad todos.
Todos
¿Qué ha sido esto?
Eugenia
Mal podré decirlo yo,
si yo, que podré decirlo,
absorta y confusa estoy.
Deste aposento, ¿dos sombras
no has visto salir, señor?
Capricho
¿Dos sombras? Pues ¿qué se hicieron
los cuerpos de ambas a dos?
Filipo
De tus estudios, no en vano,
temí que la suspensión
te había de quitar el juicio.
Eugenia
Pues engáñete el temor,
que antes le ha de iluminar
tanto, que en obligación
ponga a los dioses de que
uno y otro embajador
me envíen a responderme
en las dudas en que estoy.
Hacen burla todos.
Sergio
¿Los dioses?
Eugenia
Sí.
Sergio
Calla, calla,
no des crédito a ilusión
tan imposible.
Eugenia
¿Imposible,
habiéndolos visto yo?
Filipo
¡Qué lástima!
Sergio
¡Qué desdicha!
Julia
¡Qué pena!
Capricho
¡Qué compasión!
Eugenia
Pues que no queréis creerme,
¡oh, tú, ardiente exhalación,
oh, tú, exhalación caduca,
volved, volved por mi honor!
Filipo
Ella está loca.
Sergio
Tú tienes
la culpa.
Capricho
Tiene razón
que le sobra. ¿Para qué
es bueno que sea, señor,
catredática una dama?
Cosiera, ¡cuerpo de Dios!,
o hilara; que una mujer
no ha menester, que es error,
más filosofías que rueca,
almohadilla o bastidor.
Vengan libros, vuelvan libros,
sin mirar que, aun las que son
bobas, saben más que el diablo.
Filipo
Sosiega, hija, y el color
restituye a tus mejillas.
Sergio
No hagas caso de aprehensión
tan vana.
Eugenia
En fin, ¿no queréis
darme crédito los dos?
Pues yo haré que me creáis,
cuando de aquesta pasión
llevada, siga de aquellas
sombras la huella veloz
hasta que averigüe cuál
me dice verdad o no.
Vase.
Filipo
No la dejéis sola; id
tras ella, que no hay valor
en mí para ver sus ansias.
Sergio
A mí también me faltó.
Filipo
¿No la sigues tú, Capricho?
Capricho
Claro está que, si lo soy,
habré de seguir locuras,
y más siendo la mejor
de los Caprichos seguir
las que loquihermosas son.
Vase.
Filipo
¡Ay, infeliz de mí! ¡Cuántas
veces mi vida temió
aquesta desdicha!
Sergio
Mal
lo dice la permisión
que para su estudio has dado.
Filipo
¡Ahora conozco mi error
más estos libros, que han sido
la causa! ¡Válgame Dios!
Toma un libro.
Sergio
A Filipo
¿Qué has visto en ellos, que así
te has turbado?
Filipo
A Sergio
Otra mayor
desdicha. Los fundamentos
estas epístolas son
de la ley de los cristianos.
Ellos, vengando el rigor
con que los persigo, han sido
deste delirio ocasión,
validos de sus encantos.
Toma Filipo el libro y Sergio una hacha, y despide los criados.
Sergio
Idos de aquí. Al vivo ardor
desta llama se consuma
la sacrílega traición
de sus intentos.
Filipo
Bien dices.
Aquesta llama veloz
le abrase. ¡Valedme, cielos!
Al irle a quemar, vuela de la una mano el libro y de la otra el hacha, y al mismo tiempo suenan cajas y sale Aurelio con bastón.
Sergio
¡Qué asombro! Y el ronco son
de cajas y de trompetas
aumenta la turbación
en que estábamos.
Filipo
Ve, Sergio,
a ver quién con el albor
primero marchando viene.
Sale Aurelio.
Aurelio
Dame tus plantas, señor.
Filipo
A Sergio
Disimula y nadie entienda
lo que ha pasado a los dos.
Sergio
(Por eso, y ver a Melancia,
será ausentarme mejor;
no es sino por no mirar
de mis celos la ocasión).
Vase.
Filipo
Seas, Aurelio, bien venido.
Aurelio
Ya queda en ejecución
puesto cuanto me mandaste:
un solo cristiano no
hallarás en cuantos pueblos
tiene la jurisdición
de la gran Alejandría,
de que eres gobernador.
A los montes desterrados
salieron, donde el horror
de sus asperezas sea
vivo sepulcro desde hoy
de sus vidas.
Filipo
Mucho estimo
tu cuidado y tu atención,
y si no te lo agradezco
con igual demonstración,
digna de tu celo, es
porque llegas a ocasión
que a un sentimiento rendido,
muriendo de pena voy.
Vase.
Aurelio
¿Qué causa pudo obligar
a Filipo, ¡cielo justo!,
a que nueva de tal gusto
escuche con tal pesar?
De otra suerte recibido
creí que de sus brazos fuera,
oyendo cuanto mi fiera
saña el nombre ha perseguido
de los cristianos, a quien
aborrece. Mas, ¡ay, cielos!,
¿si son por ventura celos?
Que esto acredita también
que, siendo Sergio mi amigo,
se fue sin hablarme. ¡Ah, Dios!
Alguien, sin duda, a los dos
les ha puesto mal conmigo,
diciéndoles que yo he amado
a Eugenia. Y si alguno ha habido,
aqueste criado ha sido,
que es de quien yo me he fiado.
Sale Capricho.
Capricho
Apenas supe que habías
venido, cuando a arrojarme
llego a tus plantas.
Aurelio
Pagarme
de otra suerte no podías
lo que te estimo, si bien
llegas, Capricho, a ocasión,
que está lleno el corazón
de sentimientos.
Capricho
¿De quién?
Aurelio
No sé, mas Filipo aquí
y Sergio me recibieron
de suerte que a entender dieron
que están quejosos de mí.
Sin duda que de mi amor
algo han sabido.
Capricho
No es
aquesa la causa.
Aurelio
Pues
¿cuál puede serlo?
Capricho
El dolor
de un accidente que aquí
con fiero mortal exceso
a Eugenia dio.
Aurelio
Peor es eso.
¿Accidente a Eugenia?
Capricho
Sí.
Aurelio
¿Cuál pudo a tanta hermosura
atreverse? ¡Ay, suerte airada!
Capricho
No te aflijas, que no es nada,
pues no es más de una locura
de buen gusto. Da en decir
que los dioses superiores
la envían embajadores;
mas ya vuelta a reducir,
confiesa que fue ilusión
de algunas melancolías
que ha padecido estos días.
Aurelio
¿No hubiera, ¡ay de mí!, ocasión
de poder hablalla y vella?
Capricho
No, que ahora en su cuarto está,
pero pienso que saldrá
muy presto a la esfera bella
deste jardín, porque en él
está para hoy prevenida
una academia lucida,
festejo que se hace a aquel
hijo del emperador
que ha venido a Alejandría,
de la emperatriz la impía
ira temiendo y rigor,
por ser, según incapaz
el vulgo el sentido yerra,
hijo habido en buena guerra
y no es sino en mala paz.
Ha estado malo estos días,
y de Egipto la nobleza,
el ingenio y la belleza,
con músicas y poesías
le divierte, siendo así
que es Sergio el que ha convidado,
quizá con otro cuidado.
Aurelio
¿Qué cuidado?
Capricho
Ya que a ti
no te importa, podré bien
decillo: a Melancia bella
ama, y por hablalla y vella
hace estos festejos.
Aurelio
¿Quién
creerá que -aunque yo a Melancia,
que a un tiempo serví y amé,
en viendo a Eugenia, olvidé,
conocida la distancia
que hay de hermosura a hermosura-
no deja de haberme dado,
ya que no celos, enfado
su amor?
Capricho
¡Extraña locura!
Aurelio
¿Eslo mucho?
Capricho
Ella pudiera
decirlo, que viene aquí.
Salen Melancia y Flora.
Melancia
¿No es Aurelio, Flora?
Flora
Sí.
Melancia
Verle ni hablarle quisiera.
Echa por estotro lado.
Aurelio
¿Por qué os volvéis?
Melancia
Por no veros,
que es para mí azar haberos
en esta casa encontrado.
Aurelio
Quien en ella ver espera
un gusto, y un pesar ve,
no me espanto...
Melancia
¡Bien a fe!
¿Si vuestra voz me pidiera
celos ahora?
Aurelio
No sería
gran novedad.
Melancia
Es verdad;
no fuera gran novedad,
mas fuera gran bobería.
No tanto porque de mí
ya tenerlos no podéis,
cuanto por lo mal que haréis
en malograrlos aquí,
habiéndolos menester
para otra parte. Mas esto
no es del propósito; y puesto
que yo no tengo de hacer
duelo con estilos necios
de términos poco sabios
ni han de ser vuestros agravios
venganza de mis desprecios,
quedad con Dios.
Aurelio
Esperad,
que aunque en la mujer celosa
siempre ha estado sospechosa
a dos luces la verdad,
que me habléis más claro intento.
Melancia
¿Esto no habéis entendido?
Aurelio
No.
Melancia
Pues va en otro sentido,
que es metáfora de cuento.
Muy fino un galán servía
a una dama, en cuyo amor
ver mereció algún favor;
mas viniendo a Alejandría,
a otra hermosura rendido,
a su encanto
se mudó; mas no me espanto:
estaba favorecido.
No sé en este nuevo amor
qué tal su fortuna fue,
porque solamente sé
que cierto competidor
en su ausencia ha merecido
que ella trate de alegrarle,
divertille y festejalle.
¿Habeislo ahora entendido?
Aurelio
Sí, mas ha sido el intento
vuestro; ¡cuán villano es!
Melancia
Eso no entiendo yo.
Aurelio
Pues
va en metáfora de cuento.
Cierta dama, persuadida
a que un galán que la amaba
otra hermosura miraba,
tanto de quién es se olvida
que admite segundo amor
sin ver cuán viles desvelos
son vengar ajenos celos
a costa de propio honor:
pues en quien la calidad
con la hermosura se iguala,
el primero amor es gala
y el segundo es liviandad.
No sé que favorecido
el nuevo galán esté,
porque solamente sé
que en su casa ha introducido
festines que ella no ignora
por quién son, y se disculpa
echándole a otra la culpa.
¿Habeislo entendido ahora?
Capricho
No está muy dificultoso
uno ni otro.
Melancia
Bien quisiera
responderos, si no viera
cuánto es aquí sospechoso
hablar más tiempo los dos.
A la academia id.
Aurelio
Sí haré.
Melancia
Pues allá responderé.
Aurelio
Yo también.
Melancia
Adiós.
Aurelio
Adiós.
Vanse las dos.
Capricho
Pardiez, quien te hubiera oído
pedir tan fundados celos
creyera, ¡viven los cielos!,
que es verdad que lo has sentido.
Aurelio
Pues ¿quién te ha dicho que no?
Capricho
Tú mismo, pues tú me has dicho
que amas a Eugenia.
Aurelio
¡Ay, Capricho!, ...
Capricho
¿Cuál es de los dos, tú u yo?
Aurelio
...que, aunque un amor a otro amor
cubrió de sombras y hielos,
han avivado estos celos
cenizas de aquel ardor.
Capricho
Según eso, ¿no has sentido
los celos de Eugenia?
Aurelio
¿Quién
te lo ha dicho, si también
me ves perdiendo el sentido?
Capricho
¿Por dos a un tiempo?
Aurelio
Si fueran
dos gustos, dudaras bien;
pero dos pesares, ¿quién
duda que caber pudieran
en un pecho? En fin, yo muero
de ambos celos; es preciso:
de la una, porque me quiso,
de la otra, porque la quiero.
Todo lo siento, que todo
es a mis penas común.
Capricho
¡Gracias a Dios que hallé un
enamorado a mi modo!
Tener dos es linda gala.
¿Lo que hace no me diría
quien tiene una sola, el día
que le envía noramala?
Aurelio
¿Por qué tú no me dijiste
esta novedad que ha habido?
Capricho
Porque no la había sabido.
Aurelio
¡Qué de cosas piensa un triste!
¡Oh, si tú hicieras por mí
una fineza!
Capricho
¿Qué es?
Aurelio
La puerta abrirme, después,
del jardín.
Capricho
¿Yo? Pero allí
viene Julia y, aunque viene
en un papel divertida,
no es bien que lo oiga.
Aurelio
Mi vida
otro reparo no tiene
que despecharse a morir.
Capricho
Cómo te sirvo verás.
Aurelio
Pues yo haré por ti que más
no hayas menester servir.
Vase, y sale Julia leyendo un papel como que le estudia.
Capricho
Con darme una cuchillada
cumples la manda, porque
no sólo no serviré,
mas no serviré de nada.
Pero ahora que caigo en ello:
¿no es bueno que me ha pegado
sus celos, y que me ha dado
gana aquel papel de vello?
¡Ah, cielos! ¿Cúyo será
papel que a Julia divierte,
y que con él, ¡trance fuerte!,
haciendo visajes va?
Julia
¿Que no pueda, ¡hay tal rigor!,
aprenderlo?
Capricho
Yo estoy loco.
Celos, vamos poco a poco;
pisemos quedito, honor.
Llega por detrás y quítale el papel.
Julia
No es posible, ¿hay cosa igual?
Capricho
Suelta, ingrata.
Julia
Aguarda, espera.
Capricho
¡Oh, quién matarte pudiera
sin hacerte mucho mal!
¿Qué papel es éste?
Julia
¡Ay, cielos!
No le rompas, mira que es
una letra.
Capricho
¿Letra? Pues
ya no quiero tener celos;
ya todo el susto y espanto
en gusto y placer troqué.
Julia
Pues vuélvemela.
Capricho
Sí haré,
pero en sabiendo de cuánto.
Lee.
«Aquel tu desdén severo
que con tal rigor me trata...».
Pues ¿cómo es aquesto, ingrata?
¡Tú letra y no de dinero!
Vuelvo a mis penas airadas.
Julia
¿Que es de música no ves?
Capricho
Porque de música es
te he de matar a patadas.
¿Esto tomas? ¡Rigor fiero!,
¿pues no ves que es bobería
dádiva hacer la poesía?
¿Y entre músico y cajero
la distancia no penetras,
y que cuando más blasonan,
unos las letras entonan
y a otras entonan las letras?
Julia
El príncipe Cesarino
hoy aquesta me envió
que a Eugenia le cante yo;
y es el pensar desatino
de mí que pueda traición
hacer a tu amor ninguna.
Llora.
Capricho
¡Ah! ¡Qué dulce cosa es una
honrada satisfación!
Con eso me has cautivado.
Toma, Julia, tu papel,
y toma el alma con él.
Julia
¿Estás ya desenojado?
Capricho
Así, así.
Julia
¿Quiéresme?
Capricho
Más...
Julia
Encarece.
Capricho
Más te quiero
que al real de a ocho postrero
en gastando los demás.
Dentro guitarras.
Julia
Yo te quiero más a ti...
Pero después lo diré,
que no es ocasión, porque
los instrumentos oí,
a cuyos compases vemos
que todos los del festín
van ya saliendo al jardín.
Capricho
Pues la música ayudemos.
Sale la música cantando y el acompañamiento que pudiere de hombres y mujeres. Luego Aurelio, Sergio, Melancia y Flora; detrás Cesarino y Eugenia, a quien todos van dando unos papeles; mientras canta la música, se van sentando y Eugenia en medio.
Músicos
Venid al riesgo, venid,
pues tan dichoso es el riesgo;
que ingenio y belleza en Eugenia divina
dan vida de amores y matan de celos.
Cesarino
Ya que la grave tristeza
que mi corazón padece,
por divertirla merece
a todos esta fineza,
Eugenia, que es a quien toca,
dé a cada uno su lugar.
Eugenia
(Disimulemos, pesar,
no nos tengan más por loca).
Ya, noble academia ilustre,
en cuyo apacible duelo
gala y hermosura hacen
lid con el entendimiento;
ya que por hoy olvidados
graves heroicos sujetos,
desahogos al estudio
le busca el divertimiento;
ya, pues que en este certamen
queréis que el lugar primero
tenga amor, entretenido
con la música y los versos,
en la academia pasada
se dio por asunto a Sergio
que respondiese a una dama
que, sobre agravios y celos,
le mandó a su amante hacer
una fineza...
Levántase Sergio, toma el papel haciendo reverencias, vuelve a sentarse y lee, y todos hacen lo mismo.
Sergio
A ese intento
escribí aqueste epigrama,
y hablé con mi mismo afecto:
«Que te sirva, Lisarda, me ha pedido
este traidor descuido de tu agrado;
harto es que sea para ser mandado
quien no fue para ser obedecido.
Mas no tan presto injurias de tu olvido
traten tan como ajeno mi cuidado;
que para cortesías de olvidado
aún hay en mí rencores de ofendido.
Deja que borre el tiempo las señales
de aquella esclavitud; que, si me deja
las prisiones, veraste obedecida:
que, mal convalecida a tus umbrales,
me ha de durar el ruido de la queja
lo que el dolor me dure de la herida».
Cesarino
Bien cortesano epigrama.
Eugenia
Yo le llamara grosero,
no cortesano.
Sergio
¿Por qué?
Eugenia
Porque en cualquier sentimiento,
villanamente se venga
el que se venga en pudiendo.
Sergio
Ni es villanía ni es
venganza aquesta, supuesto
que es obedecer, que es solo
ruindad y no rendimiento.
Eugenia
Siempre en favor de la dama
han de estar los privilegios
de la cortesía.
Sergio
Es verdad,
mas ha de dar tiempo el tiempo.
Eugenia
¿Luego ahí está la venganza?
Sergio
Yo lo niego.
Eugenia
Yo lo pruebo.
Capricho
En llegando a haber porfía
pongan paz los instrumentos.
Músicos
Que ingenio y belleza en Eugenia divina
dan vida de amores y matan de celos.
Eugenia
Aurelio, aunque vino tarde,
tomando el asunto él mesmo,
trujo este epigrama.
Aurelio
Y es
de su discurso el sujeto
un amigo, importunado
a desengañar los celos
de un ausente. (Así he de hablar
a Eugenia y Melancia a un tiempo).
«Licio, la obstinación de tu porfía,
mariposa solícita del daño,
morir quiere a la luz del desengaño.
Tuya es la culpa, la obediencia es mía.
Mucho fía de sí quien de sí fía;
saber que Lisis, con traidor engaño,
memorias ya de un año y otro año
en los olvidos sepultó de un día.
¡Oh, cuánto avaro está el dolor contigo,
pues aun la queja no se atreve a dalla
de mí, de Lisis, ni de ti tampoco!
Que tú celoso, ella mujer, yo amigo,
nos halla disculpados, pues nos halla
a mí fiel, a ella fácil, y a ti loco».
Melancia
(Esto por mí y Sergio dice).
Sergio
(Por mí y Melancia dice esto).
Cesarino
(Conmigo y Eugenia ha hablado).
Eugenia
(Con Cesarino sospecho
que habló y conmigo. Daré
a entender que no le entiendo).
Mal el amigo disculpa
la acción de los tres, supuesto
que un amigo nunca tuvo,
aunque se precie de serlo,
licencia de hablar tan claro.
Aurelio
Habiendo dicho primero
que fue porfiado, sí tuvo.
Eugenia
¿No es hacer un pesar?
Aurelio
Eso
no es no ser fiel el amigo.
Eugenia
¿Qué es?
Aurelio
Ser el amante necio.
Eugenia
¿Y si hubiese sido engaño?
Aurelio
Eso niego yo.
Eugenia
Eso pruebo.
Músicos
Que ingenio y belleza en Eugenia divina
dan vida de amores y matan de celos.
Eugenia
Por que alternándose vayan
con la música los versos,
se dio a Julia por asunto
que trujese un tono nuevo
para hoy estudiado.
Julia
Oíd.
Cesarino
¿Oyes, Julia?
Julia
Ya te entiendo.
Cantando.
«Aquel tu desdén severo
que con tal rigor me trata,
no se alabe que él me mata,
que yo soy el que me muero».
Eugenia
¡Buena letra!
Melancia
¡Y mejor tono!
Cesarino
Ya que os ha agradado, quiero
tomarme licencia yo,
puesto que asunto no tengo,
para decir una glosa
que hizo a esa copla un enfermo
que de un dolor y un agravio
estaba dos veces muerto.
Eugenia
Eso es honrarnos a todos.
Aurelio
(Estaré a la glosa atento).
Cesarino
«Aquel tu desdén severo,
que con tal rigor me trata,
no se alabe que él me mata,
que yo soy el que me muero.
De cuantos al sentimiento
de una ciega voluntad
encarecen el tormento,
yo solamente verdad
hago el encarecimiento,
pues yo solamente muero,
a manos de mi albedrío,
siendo causa deste fiero
mortal accidente mío
aquel tu desdén severo.
Cuantos a verme han venido
hacen de mi mal desprecio.
Necio me dicen que he sido,
y es verdad; que sólo es necio
quien se da por entendido.
Harto el corazón recata
su pena; mas todos ven
en lo a espacio que me mata
que es desdén tuyo desdén
que con tal rigor me trata.
¡Qué alegre celebrarás
mi muerte! Pues por que no
blasones della jamás
y pueda alabarme yo
de hacerte ese gusto más
a tu rigor, Clori ingrata,
has de ver que otro dolor
la ejecución le arrebata,
solo por que tu rigor
no se alabe que él me mata.
En esto me he de vengar,
mi homicida no has de ser;
mas ¡cuál debo yo de estar
el día que es mi placer
no morir de tu pesar!
Yo muero, porque yo quiero
hacer elección mi estrella;
mas sepa Clori primero
que no es quien me mata ella,
que yo soy el que me muero».
Eugenia
¡Bien explicado dolor!
Cesarino
Si vos lo entendéis, es cierto
que lo será, pues por vos
se hizo.
Capricho
Lo que yo agradezco
el acto es de contrición
con que se estaba muriendo.
Eugenia
Tras vos, ¿quién podía atreverse
a decir nada, no siendo
quien apadrinado tenga
de su hermosura su ingenio?
Y así habrá de ser Melancia.
El asunto que la dieron
fue aconsejar una amiga
qué hará con un caballero
que, porque le hizo un agravio,
volvió a servirla de nuevo.
Melancia
(Porque era el asunto éste
dije que viniera a Aurelio).
«Dices, Laura, que Fabio está ofendido,
y que ofendido vuelve enamorado
a buscar en aquel ardor pasado
las ya muertas cenizas de tu olvido.
Bien puede ser que sea de rendido,
mas yo temo que sea de obstinado;
porque amor, una vez desengañado,
sólo vuelve a no ser lo que había sido.
No creas a sus labios ni a sus ojos,
aunque a sus ojos veas y a sus labios
mentir caricias, desmentir tristezas.
Porque, Laura, finezas sobre enojos,
finezas pueden ser; mas sobre agravios
más parecen venganzas que finezas».
Eugenia
Cuerdo consejo de amiga.
Aurelio
No solamente no es cuerdo,
pero es lo contrario.
Melancia
¿Cómo?
Aurelio
Como no deja el recelo
de un temor acrisolar
finezas al rendimiento.
Melancia
Finezas del ofendido
temas son.
Aurelio
No son, pues vemos
mil perdonados agravios.
Sergio
No de la parte de adentro.
Aurelio
Melancia responderá.
Sergio
Yo también; que un argumento
campo abierto es para todos.
Aurelio
Es verdad; pero yo quiero,
en tan menores materias
como estas de amor y celos
argüir con una dama,
no con vos.
Sergio
Pues yo pretendo
que las arguyáis conmigo,
no con ella.
Aurelio
Para eso
no es buen puesto el de un jardín.
Levántanse todos empuñando las espadas, alborotándose. La música canta y al mismo tiempo representan.
Sergio
Cualquiera parte es buen puesto
para responder a quien
hable con atrevimiento.
Cesarino
¿Pues cómo así?
Capricho
A los músicos ¿Qué esperáis?
Ahora de atajar es tiempo.
Músicos
Que ingenio y belleza en Eugenia divina
dan vida de amores y matan de celos.
Aurelio
Yo sustento lo que digo.
Sergio
Yo lo que hago sustento.
Eugenia
¡Aurelio!
Melancia
¡Sergio!
Cesarino
Mirad
que yo...
Sale Filipo.
Filipo
¡Apartad! Pues ¿qué es esto?
Los Dos
Nada, señor.
Filipo
¿No bastaba
que tales divertimentos
hayan quitado antes de ahora
a Eugenia el entendimiento,
sino a todos?
Cesarino
No, Filipo,
os precipitéis tan presto;
que duelos de ingenio nunca
lo son.
Filipo
Por vos me detengo,
para no dar con los dos
a todo el mundo escarmientos.
¡Quitaos, quitaos de delante!
Aurelio
Ya te sirvo.
Sergio
Y yo obedezco.
(Muriendo de celos voy).
Vase.
Aurelio
(Y yo de amor y de celos).
Vase.
Filipo
Seguidlos vos, porque a mí
no me está bien el hacerlos,
por juez ni por padre, amigos.
Cesarino
Decís bien: yo voy tras ellos,
quedaos vos. Julia...
Julia
¡Señor!
Cesarino
¿Abrirás la puerta luego
del cuarto, como me has dicho?
Julia
Sí.
Cesarino
Pues al instante vuelvo.
Vanse los dos.
Melancia
Vamos, Flora.
Flora
¿De qué vas
tan triste?
Melancia
Haber sido siento
causa yo deste alboroto;
si bien en parte me huelgo
que lo haya Aurelio sentido.
Vanse las dos, el acompañamiento y los músicos.
Capricho
(Pues que ya va anocheciendo,
la puerta abriré al jardín,
como le he ofrecido a Aurelio).
Vase.
Filipo
Ya que hemos quedado solos,
hablarte más claro intento
que pensé, pues es preciso
que evitando estos empeños,
y aun otros mayores, ponga
en tu vida más remedio.
Eugenia
¿Remedio en mi vida?
Filipo
Sí.
Sí ingrata, sí aleve, puesto
que sé...
Eugenia
¡Ay, infeliz!
Filipo
...que son
todos tus divertimientos
los libros de los cristianos,
a quien sabes que aborrezco.
Eugenia
¿Yo, señor?
Filipo
No te disculpes,
sino persuádete...
Eugenia
¡Ay, cielos!
Filipo
...a que libros y papeles
dejo entregados al fuego,
ya que aquí la vanidad
de tu estudio, de tu ingenio,
tus cátredas y academias,
dio fin; o quizá habrá tiempo
que, siendo juez y no padre,
me haya de pesar de serlo.
Vase.
Eugenia
¡Válgame Dios, qué de cosas
pasan por mí! Y aun no siento
ver en el concurso de ellas
el número que padezco
tanto como no saber
graduarlas en mi pecho
para darlas el lugar
que han de ocupar acá dentro.
Si bien, digo mal, que aquella
duda que en el alma tengo
es la primera y postrera
que afecte mi pensamiento.
¡Oh, quién pudiera a su estudio
volver! En vano lo intento,
pues donde dejé papeles
y libros, sombras encuentro.
Aquí quedaron, y aquí
aun señas no hay. Mas, ¡ay, cielos!,
Llega al bufete, que ha de estar desocupado, y dando vuelta se ven en él libros, papeles, escribanía y luces como primero.
del modo que los dejé,
otra vez a hallarlos vuelvo.
Pues ¿qué aguardo? Aprovechar
quiero la ocasión y el tiempo.
Quien me da esta luz me dé
la luz del entendimiento.
Siéntase a escribir, y sale por una parte Julia y Cesarino, y por otra Capricho y Aurelio.
Julia
A Cesarino
Escribiendo como suele
está: no hagas ruido.
Cesarino
(El riesgo
apenas pisar me deja
las sombras de su silencio).
Capricho
A Aurelio
Entra quedo, que ya aquí,
como suele, está escribiendo.
Aurelio
(Los pasos que da el valor
parece que los da el miedo).
Julia
A Cesarino
A mí no me toca más
que dejarte aquí.
Vase.
Capricho
A Aurelio
Yo quiero
hacer la desecha agora,
pues ya a su vista te dejo.
Vase.
Cesarino
(Cuanto atrevido venía,
cobarde al mirarla tiemblo).
Aurelio
(¿Quién creerá que ya es en mí
temor el atrevimiento?).
Ella escribe y ellos se acercan.
Eugenia
Si es sólo un Dios, como afirma
Pablo, ¿cómo tanto tiempo
deja que anden ignoradas
sus noticias? Aquí, cielos,
fue donde yo preguntando
anoche esto mismo al viento,
me respondieron dos sombras.
¿No habrá, pues el trance es mesmo,
quien me responda ahora?
Los Dos
Sí.
Cesarino
Mas ¡qué miro!
Aurelio
Mas ¡qué veo!
Eugenia
¡Ay de mí, que, aunque sois sombras,
no sois las que yo deseo!
Pues ¿cómo así, Cesarino,
cómo desta suerte, Aurelio,
habéis entrado hasta aquí?
Mas no lo digáis, no quiero
que me lo diga la voz,
pues me lo dirá el volveros
por donde venisteis.
Aurelio
Yo,
verás cómo te obedezco
en yéndose Cesarino;
que no he de volverme huyendo
por haberle aquí encontrado.
Cesarino
Yo tampoco; y así espero
para obedecerte sólo
que él no se quede aquí dentro.
Eugenia
Si eso es lo más a que llega
la atención de vuestro duelo,
compuestos estáis los dos
con iros los dos a un tiempo.
Cesarino
Eso no; no ha de quedar
igual conmigo.
Aurelio
Desprecio
no hagáis de quien con quedarlo
aún no ha de quedar contento.
Cesarino
¿Vos conmigo?
Aurelio
¿Por qué no?
Cesarino
Porque os echaré del puesto.
Aurelio
¿De qué suerte?
Cesarino
Desta suerte.
Aurelio
También sabré defenderlo.
Sacan las espadas y cae Aurelio muerto a la parte del tablado que pueda abrirse un escotillón a sus espaldas, y Eugenia cae desmayada al otro lado. Descúbrese el Demonio en lo alto, donde caerá de rápido a esconderse por el escotillón.
Eugenia
¡Ay, infelice de mí!
Mirad que...
Aurelio
¡Valedme, cielos!
Cae muerto.
Cesarino
Ahora sí que podré yo
ausentarme, no sintiendo
ver que le dejo contigo,
pues que sin vida le dejo.
Vase.
Eugenia
Aun para poder dar voces
ánimo ni valor tengo;
mas ¿qué mucho, si me faltan
alma, vida, ser y aliento?
Desmáyase.
Desciende rápido el Demonio. Levántase Aurelio asombrado, al mismo tiempo que cae el Demonio.
Demonio
De aquestas perturbaciones
causa soy; y pues que tengo
licencia de Dios, así
desde hoy perseguirte pienso;
que en este helado cadáver
introducido mi fuego,
en traje has de ver de amigo
a tu enemigo encubierto.
Bien sé que es cárcel estrecha
a mi espíritu soberbio
la circunferencia breve
de aqueste mundo pequeño,
de quien, ya señor del alma,
vengo a poseer el cuerpo;
pero, aunque lo sea, he de estar
hoy bien hallado aquí dentro,
sólo porque en orden es
a pervertir tus intentos.
No has de saber de ese Dios
que anda rastreando tu intento,
o, ya que lo sepas, no
has de tener –por lo menos
sin zozobras y pesares,
persecuciones y riesgos,
fatigas, ansias y penas–
parte en sus merecimientos.
Vase por el escotillón.
Desaparece el cuerpo de Aurelio, vuelve Eugenia en sí y salen todos.
Eugenia
Aurelio, yo de tu muerte
no fui causa; no sangriento
contra mí... ¡Padre, señor,
hermano, Julia!
Todos
¿Qué es esto?
Filipo
¿Has vuelto ya a tu locura?
Julia
(¡Muerta estoy!).
Capricho
(¡Temblando vengo!).
Eugenia
No, que esta no es ilusión;
Cesarino ha muerto a Aurelio.
Sergio
¿Dónde?
Eugenia
Aquí.
Filipo
Pues ¿cómo aquí
no está uno ni otro?
Eugenia
Esto es cierto.
Sale Cesarino y quédase al paño.
Cesarino
(Mal en ausentarme hice,
sin cuidar de que primero
poner en salvo me toca
a Eugenia que a mí. ¿Qué veo?
Su padre son y su hermano;
estaré a la mira atento).
Filipo
Sosiégate, que esto es
como allá los mensajeros
de los dioses.
Eugenia
Muerto, digo
que a Aurelio he visto.
Sale el Demonio con la forma de Aurelio.
Aurelio
¿Qué es esto,
señor?; que oyendo las voces
me atreví a entrar aquí dentro.
Filipo
Mira, mira tus locuras,
¿no dices que le había muerto
Cesarino?
Eugenia
Sí, señor.
Sergio
Pues ¿cómo vivo le vemos?
Cesarino
Al paño
(¡Ah, cobarde! De temor
sin duda hizo el fingimiento.
Mas, pues disimula, yo
también disimular quiero).
Sale.
Filipo, ¿qué ruido es este?
Filipo
Estar Eugenia sin seso;
que habías muerto a Aurelio dice.
Cesarino
¡Qué pena!
Aurelio
¡Qué sentimiento!
Eugenia
Cesarino, antes de ahora,
¿tú no has entrado aquí dentro?
Cesarino
¿Yo aquí?
Julia
(Bien haya tu alma).
Eugenia
¿Tú tampoco entraste, Aurelio,
antes de ahora a este cuarto?
Aurelio
Yo no.
Capricho
(Bien haya tu cuerpo).
Eugenia
Pues, señor...
Filipo
Nada me digas,
si no es que tus devaneos
solicitan que perdamos
todos el entendimiento.
Vase.
Eugenia
Sergio...
Sergio
Calla, y si estás loca,
no es bien que todos lo estemos.
Vase.
Eugenia
Cesarino...
Cesarino
Bien quisiera
responder; pero no es tiempo.
Vase.
Eugenia
Aurelio...
Aurelio
De tus agravios
este es el lance primero
con que tengo de empezar
a apurar su sufrimiento.
Vase.
Eugenia
Julia...
Julia
No me digas nada.
Vase.
Eugenia
Capricho...
Capricho
Yo nada entiendo.
Vase.
Eugenia
Todos me dejan por loca;
pues dejándolos yo a ellos
por más locos, verá el mundo
de la suerte que me vengo.
Vase.
Segunda Jornada
Sale Aurelio.
Aurelio
¿Para qué, soberano
Autor, en este calabozo humano,
cuyas cenizas frías
aviva el fuego de las ansias mías
mi soberbia encerraste?
¿Para qué encarcelaste
mi espíritu sañudo
en los estragos de un cadáver mudo
y hiciste que este mísero, este yerto
polvo de Aurelio muerto
conmigo viva? ¿A efeto solamente
de que de Eugenia prevertir intente
obras y pensamientos
turbando sus disignios, sus intentos?
Abriendo a un tiempo mismo
y cerrando las puertas del abismo,
me alargas y me acortas la cadena.
Dígalo el ver de confusiones llena,
para sí cuerda y para todos loca,
esa rara mujer a quien provoca
de su padre unas veces el despecho
y el fervor otras veces de su pecho
a que, dejando de mujer el traje,
de su casa se ausente
sin que yo penetrar, aunque lo intente,
pueda su pensamiento
ni con mi intento divertir su intento.
Pero ya, desatado
de mi cerviz el yugo, que ha llegado
parece a tus orejas
la voz de la justicia de mis quejas,
pues que, libre y sin miedo,
seguir su alcance puedo
a tiempo que ella penetrando el monte
pasa de un horizonte a otro horizonte.
Hacia esta parte viene;
saldrela al paso, pues que no detiene
ya mi furor quien su favor esconde
aquí de mi poder y industria.
Vuélvese el teatro, que ha de haber sido de tafetanes, y queda todo de hierba, con una gruta en medio. Sale Eugenia vestida de hombre.
Eugenia
¿Dónde,
grande espíritu mío,
sin ley, sin elección, sin albedrío,
mis pasos encaminas por montañas,
tanto a mi pie cuanto a mi vista extrañas?
¿Quién me dirá si aquesta pavorosa
estancia la Tebaida es religiosa,
que de albergar a los cristianos trata?
¡Ah del monte! ¿No hay nadie en él?
Llega Aurelio y agárrala.
Aurelio
Sí, ¡ingrata!, ...
Eugenia
(¿Qué es lo que miro?).
Aurelio
(Cielos,
finja mi ardor ceremoniosos celos).
...que yo desde Alejandría
vengo toda aquesta negra
noche siguiendo tus luces
a pesar de sus tinieblas,
sin darme por entendido
de tu traición y mi ofensa,
hasta que el amante hallase
que tantos riesgos te cuesta,
por si de una vez pudiesen
a vista tuya mis penas
vengar mi muerte fingida,
haciendo la suya cierta.
Pero viendo que ya el alba
desemboca sus cautelas,
no puedo disimular
más tiempo ya, si mi fiera
pasión se arroja a saber
qué transformación es esta.
¿Dónde va en aqueste traje
tan ajada tu belleza,
tan postrado tu decoro?
¿Dónde, di, dónde te lleva
Cesarino, que no dudo
que él esta acción te merezca?
¿Qué dices? Habla, responde.
Eugenia
No puedo, porque, suspensa,
me ha embargado el corazón
todo el uso de la lengua;
si bien a despecho suyo,
desatar sabrá la estrecha
helada prisión por que
un instante más no tengas
de mí tan bajo concepto,
que presumas que amor sea
de aqueste disfraz la causa;
y pues los hados me fuerzan
a valerme de ti, escucha.
Aurelio
(Ahora sabré lo que piensa).
Eugenia
Yo desde mis tiernos años
divinas y humanas letras
estudié.
Aurelio
Ya sé que has sido
pasmo de todas las ciencias.
Eugenia
En ellas encontré un día
una proposición cerca
de que hay sólo un Dios.
Aurelio
También
sé que es loca opinión necia
de los cristianos.
Eugenia
Pues yo,
en su docta inteligencia
desvelada, vi una noche...
Aurelio
...dos sombras que con estrellas
y con horrores quisieron
dar a tus dudas respuesta.
Eugenia
¡Muy por extenso informado
estás de todas las señas!
Aurelio
¡Qué mucho es saberlo yo,
si tú a todos se lo cuentas!
Eugenia
En fin, el uno de parte
de los dioses...
Aurelio
...darte intenta
a entender que sus deidades
fueron en número inmensas.
Eugenia
El otro...
Aurelio
...que sólo un Dios
es criador de cielo y tierra.
Eugenia
Sí, y esa proposición
fue la que me hizo más fuerza.
Aurelio
¿Por qué?
Eugenia
Porque entre los dos
la cuestión empezó apenas,
cuando a la razón del uno
el otro enmudece y tiembla.
Aurelio
Y aun tú también, tú también
temblaras y enmudecieras,
si supieras con quién hablas.
Eugenia
¿Qué duda puede ser esa?
¿No hablo con Aurelio?
Aurelio
Sí;
pero Aurelio de manera
estima los dioses que,
a saberlo tú, supieras
que la ofensa de ese joven
tanto de Aurelio es ofensa
como si él y Aurelio aquí
fuesen una cosa mesma.
Pero prosigue, prosigue,
que quiero saber qué tenga
que ver con este disfraz
ese suceso.
Eugenia
Ahora entra
la causa de él, porque yo
desde aquel instante, llena
de mayores confusiones,
discurriendo más atenta
en la causa de las causas
que la filosofía enseña,
vine de un discurso en otro,
llegué de una en otra idea
en claro conocimiento
de que es preciso, y es fuerza,
que un principio sin principio
el cargo y dominio tenga
de un fin sin fin, y que solo
a un Hacedor se le deban
las dos grandes monarquías
de los cielos y la tierra.
Esto, pues, por una parte;
por otra, ver que me tengan
por loca y que como a tal
mi padre me encierre y prenda,
quemándome cuantas tablas,
libros y papeles eran
mis familiares amigos,
me ha puesto osada y resuelta
en obligación de que
haga de todos ausencia
y, en busca de un nuevo Dios,
en este traje trascienda
las entrañas de los montes,
desmintiendo así las señas
de mi fuga. Y pues de ti
solo, aquí no se reserva
mi intención, porque tus celos
han hecho que tras mí vengas
en albricias de que han sido
falsos, que no es muy pequeña
lisonja para un amante
saber que sus celos mientan,
te he de pedir que por mí
haga tu amor dos finezas.
Una que, pues has tenido
cargo del romano César
para la persecución
de los cristianos, y es fuerza
que por su alcance noticias
de aquesta montaña tengas,
me encamines a la estancia
que los ampara y alberga
por que como centro ya
de mi vida halle la cueva
de aquel anciano. La otra
que, pues fío a tu nobleza
toda el alma de mi pecho,
no digas dónde me dejas.
Estas dos acciones tengo
de deber a tu clemencia,
si ya no es que tú también
mejorar religión quieras
y oyendo que hay sólo un Dios
conmigo a buscarle vengas,
que, si esto haces...
Aurelio
No prosigas,
y aunque es en los nobles deuda
precisa la confianza,
la que haces de mí no llega
a ponerme en ocasión
ingrata de obedecerla,
pues que no la hace de mí
la elección, sino la fuerza.
Y así, no solo a callar
ha de obligarme mi lengua
ni a guiarte mi noticia,
pero viendo que me entrega
esta ocasión tu hermosura,
no tengo aquí de perderla.
¡Vivo yo, que has de ser mía
antes que ausentarte puedas
de mis brazos!
Eugenia
Mira, Aurelio,
la temeridad que intentas.
Aurelio
Como esas temeridades
ha intentado mi soberbia.
Eugenia
¿No las habrá conseguido?
Aurelio
(Es verdad, y aunque sé que esta
tampoco he de conseguirla,
pues yo no puedo hacer fuerza,
sino persuadir no más,
con todo eso, he de emprenderla:
ultrajaré por lo menos
su beldad). Tómale la mano.
Eugenia
¡La mano suelta,
que eres de hielo y me abrasas!
Aurelio
No has de librarte....
Eugenia
¡Qué pena!
Aurelio
...sin que primero...
Eugenia
¡Qué asombro!
Aurelio
...a no buscar te resuelvas
aquese Dios.
Eugenia
No haré tal.
Aurelio
¿Pues cómo librarte piensas?
Eugenia
En fe suya, pues le busco.
Aurelio
¡Muy tardo socorro esperas!
¿De qué suerte ha de librarte,
si en mi poder estás?
Baja Eleno y arrebátala lo más veloz que pueda; abrázase con ella y vuelan.
Eleno
De ésta;
que con la espada de Elías
los eliotas pelean.
Ven, heroica mujer, donde
de serlo el nombre desmientas;
parezca varón quien obras
tan varoniles intenta.
Y tú, bárbaro, no digas
que en mi religión la dejas,
que hasta que ella se descubra
ninguno ha de conocerla.
Desaparecen los dos.
Aurelio
¿Para esto me desataste,
Señor, la helada cadena
en que me tenías? Mas ¿cuándo
la libertad que me entregas
no viene atada a las líneas
de tu suma omnipotencia?
¿Pero por qué me acobardo
de que este prodigio sea
tan estraño, si de él pueden
sacar también mis cautelas
estraños delitos? Esto
lo dirá la fama en lenguas
porque agora Cesarino
al monte en mi busca llega;
solamente le faltaba
este duelo a mi paciencia.
Ruido dentro y sale Cesarino.
Cesarino
Huélgome de haberte hallado.
Aurelio
Pues ¿qué me quieres?
Cesarino
Que en esta
sola retirada estancia,
que por una parte cerca
el Nilo y por otra parte
lo intrincado destas peñas,
veamos los dos cuerpo a cuerpo
si te vale la cautela
de fingir tu muerte, ya
que mayor causa me esfuerza,
a solicitarla, pues
lo que antes fue competencia
ha de ser venganza agora.
Aurelio
Aunque responder debiera
que para fingir mi muerte
hubo más causas que piensas,
y aunque debiera también
al arrojo con que llegas
dar, sin oír más razón,
con el acero respuesta,
con todo eso he de pedir
a mi cólera paciencia
–(esto es parecer humano)–
para saber con qué nueva
causa, qué nueva razón,
venganza es la competencia
de los dos.
Cesarino
¿Eso preguntas
sabiendo que diligencias
de un celoso cosa no hay
que no apuren, que no inquieran,
porque el haber de sentirlas
le facilita el saberlas?;
pero, aunque has de morir, quiero
que con el consuelo mueras
de saber, traidor, que es
por haber robado a Eugenia
esta noche de su casa.
Aurelio
¡Eugenia ha faltado della!
Cesarino
No disimules conmigo,
pues el saber que tú seas
quien, disfrazado, de noche
en su cuarto sale y entra,
y el saber también que estabas
en esta inculta maleza
escondido, todo cuanto
era duda hizo evidencia.
No vengo por ella, así
no te pregunto por ella,
que de otros brazos no quiero
que ni aun a mi vista vuelva.
Sólo lo que solicito
es vengarme de la ofensa
de ella en ti. Y, pues yo la pierdo,
perdámosla todos. Ea,
saca la espada, que temo
que su hermano y padre vengan
también en tu alcance, y quiten
a mis celos esta empresa
de darte yo muerte.
Aurelio
Aunque
sé que es vana diligencia
querer darme muerte a mí,
pues no es posible que muera
un infeliz, no he de dar
más satisfación que aquesta.
Riñen.
Cesarino
¡Ah, qué ventajoso riñes,
como riñes en defensa
de tu dama!
Aurelio
Ahora verás
que el fingir mi muerte fiera
no fue temor.
Sergio
A esta parte
se oye el ruido.
Filipo
En la maleza
se oculta.
Aurelio
Gente he sentido.
Cesarino
¿Qué importa? Si antes que vengan
te daré muerte.
Aurelio
No es fácil
morir ni matar. Yo...
Dentro Sergio a una parte y Filipo a otra, y salen luego Filipo al lado de Cesarino y Sergio al de Aurelio, hallándose afirmados padre y hijo.
Sergio
Espera,
Cesarino, no le mates.
Filipo
Tente, Aurelio, no le ofendas.
Sergio
¡Señor!
Filipo
¡Sergio!
Sergio
Pues ¿qué es esto?
Filipo
Si es nuestra duda una mesma,
de tu dolor para el mío
puedes hacer consecuencia.
En busca de Cesarino
vengo: no dude la lengua,
pues mi afrenta saben todos,
en referiros mi afrenta.
Julia me ha dicho, obligada
de las amenazas fieras
de mi cólera, que él es
quien ha festejado a Eugenia,
y que él, sin duda, habrá sido
quien se ha atrevido a esconderla;
y así, por que no le mate
Aurelio sin que yo sea
el todo de mi venganza,
me ves puesto en su defensa.
Sergio
Aunque, como dices, es
una aquí la causa nuestra,
es tan otra, que yo vengo
buscando a Aurelio con esa
razón misma; pues me ha dicho
un criado que él a Eugenia
ha servido, y es sin duda
que él de tu casa la ausenta.
Aurelio
¿Yo, Sergio?
Cesarino
¿Filipo, yo?
Filipo
Nada diga vuestra lengua;
que con la espada en la mano
no hay demandas y respuestas,
y más en trances de honor.
Sergio, pues que las sospechas
que tú traes y yo tengo
son de los dos, los dos mueran;
Pónense los dos a un lado.
que menos importará
que uno inocente padezca
que no que otro haya culpado.
Sergio
De tu honor es la sentencia.
Mueran los dos.
Aurelio
Cesarino, ...
(¡oh, quién encender pudiera
nuevos rencores en todos!)
...quede por ahora suspensa
nuestra lid y defendamos
las vidas.
Quiérese poner al lado de Cesarino y él se aparta, de suerte que Aurelio quede solo.
Cesarino
Aguarda, espera;
que más quiero que me mate
que no que tú me defiendas.
¡Filipo!, ¡Sergio!, escuchad
una palabra siquiera,
pues hago más en decirla
que vosotros en saberla.
Filipo
¿Qué dices?
Cesarino
Que ni concedo
ni niego que verdad sea
que amé a Eugenia, que no es bien
que en uno y otro os ofenda,
pero, si competidores
de su divina belleza
Aurelio y yo fuimos y hoy
riñendo a los dos encuentra
vuestro enojo, no está claro
que día que falta ella
es uno el que hace el agravio
pues es otro el que le venga.
Luego, habiendo sido yo
quien le ha buscado en aquesta
parte de que sois testigos,
viéndome salir a ella
después de él, el ofendido
soy, no el traidor. Válgame esta
razón para que prosiga
el duelo empezado y sea
yo quien le dé.
Filipo
Eso no,
que, aunque aquesa razón pueda
templar mi saña contigo,
no con él, y necio fuera
el que fiara su honor
de otro acero.
Sergio
Pues no queda
razón contra Cesarino,
muera Aurelio.
Pónese al lado de Aurelio.
Cesarino
Aurelio muera.
Salen los que pudieren.
Sergio
Los dos a tu lado estamos.
Filipo
Esperad.
Sergio
¿Qué es lo que intentas?
Filipo
Sergio, defender su vida,
que de honor es la materia;
más vale una paz indigna
que una venganza sangrienta.
Aurelio, pues contra ti
todo resulta, parezca
mi hija y será tu esposa.
Aurelio
Yo no puedo decir de ella,
no puedo, no puedo.
Filipo
Mira
tu peligro.
Aurelio
A Dios pluguiera
pudiera morir yo.
Filipo
¿En qué
te fías?
Aurelio
En mi inocencia.
Sergio
Si ves que por una parte
el Nilo con su soberbia
te corta el paso, y por otra
tantos aceros te cercan,
¿cómo piensas escapar
la vida?
Aurelio
Desta manera.
Sagrada deidad del Nilo,
a quien Egipto venera,
favorece a un desdichado
que hoy a tus orillas llega,
inocente y perseguido,
a que por su causa vuelvas.
Sube a una peña y déjase caer dentro del teatro. Huye, y todos tras él entrando por una puerta y saliendo por otra. Suena toda la música y suspéndense todos en la acción que se hallan.
Filipo
A las ondas se ha arrojado.
Todos
En ellas muera.
Músicos
No muera,
parad, suspended, remitid la violencia
que es justo que el cielo le ampare y defienda.
Cesarino
¿Qué extrañas sonoras voces
dentro de las ondas suenan?
Filipo
Del Nilo los cocodrilos
se han convertido en sirenas.
Músicos
Parad, suspended, remitid la violencia,
que es justo que el cielo le ampare y defienda.
Filipo
En la acción que nos cogió
la música absortos deja
nuestros sentidos.
Cesarino
Y no
solo al oído lisonjea,
pero también a la vista.
Suenan las chirimías y, después de haber habido algunas llamas, descúbrese un peñasco con un cocodrilo y en él el ídolo, que le puede hacer el que hizo al Demonio.
Sergio
Es verdad, pues, nuevo Etna,
del agua llamas aborta
un peñasco.
Filipo
En su eminencia
nuestro ídolo en la espalda
de un cocodrilo se asienta.
Músicos
Parad, suspended, remitid la violencia,
que es justo que el cielo le ampare y defienda.
Demonio
Canta
Bárbaros habitadores
destas sagradas riberas,
los dioses, enamorados
de ingenio y beldad de Eugenia,
la eligieron para sí,
de suerte que hoy es su ausencia
rapto de amor de los dioses,
a cuyo lado se asienta;
y puesto que no es humano
quien la trasladó a otra esfera,
labrad a su nombre altares,
dad aras a su belleza,
para mayor culto suyo
y de Aurelio en ofensa.
Cúbrese la apariencia.
Músicos
Parad, suspended, remitid la violencia,
que es justo que el cielo le ampare y defienda.
Vanse.
Sergio
¡Qué prodigio tan extraño!
Filipo
¡Qué maravilla tan nueva!
Sale Aurelio.
Aurelio
Mirad, mirad si los dioses
han vuelto por mi inocencia...
(...y por mi malicia yo,
pues sacarán mis cautelas
hoy una idolatría más
de las virtudes de Eugenia).
Filipo
No en vano, Eugenia decía
que las deidades supremas
bajaban a visitarla.
Sergio
La locura fue la nuestra,
no la suya.
Cesarino
Sólo puede
ser consuelo de perderla,
ganarla para los dioses.
Aurelio
(Así entre esta gente ciega
esta nueva idolatría
venganza me dará della).
¿Qué esperáis? Repetid todos:
¡Viva la deidad de Eugenia!
Todos
¡La deidad de Eugenia viva!
Sale uno con una carta.
Uno
Aquesta carta es del César.
Filipo
Para saber lo que dice
me dé el contento licencia.
Lee.
«He sabido la persecución con que habéis
arrojado de Alejandría los cristianos;
pero, no contento con ella, os mando que
de nuevo volváis a perseguirlos, reduciéndolos
a prisiones, con permisión de que cualquiera
que prenda un cristiano pueda tenerle por esclavo, y...».
No leo más; ¡a qué buen tiempo
hoy aqueste edicto llega,
pues ya el honor de los dioses
me toca desde más cerca!
Aurelio, ya que mi enojo
por tantas razones cesa,
toma aquesta carta y vuelve
con más poder y más fuerza
a perseguir los cristianos.
Aurelio
Tú verás mi diligencia,
y desde aquí he de partir
sin dar a la ciudad vuelta.
Ah, señor, no la limites
ya que me das tal licencia.
Vase.
Filipo
Venid a la ciudad todos
a celebrar tan suprema
dicha.
Sergio
(Para mí dos veces
lo es: por su honor y la ausencia
de Aurelio).
Cesarino
Eugenia, pues yo
te di adoración cuando eras
humana, hoy que eres divina,
templos daré a tu belleza.
Unos
¡La deidad de Eugenia viva!
Otros
¡Viva la deidad de Eugenia!
Vanse y sale Capricho.
Capricho
¡Gloria a Baco, que llegué,
aunque de temores lleno,
a estas montañas!; no es bueno,
que cansa el andar a pie.
Mi aliento lo diga, pues
de haber hasta aquí llegado
estoy, sin porfiar, cansado;
si bien, con todo, a mis pies
debo ser agradecido,
pues por ellos desta suerte
me he librado de la muerte,
según estaba ofendido
Sergio conmigo, y dispuesto
a no hacerme ningún bien.
Pero sepamos, ¿a quién
le cuento yo todo esto?
¿Hay semejante locura?
¡Que hablando conmigo venga
y otro cuidado no tenga
hallándome en la espesura
destas bárbaras crueldades,
destos ásperos retiros,
aquí, donde mis suspiros
pueblan estas soledades!
Pero allí una gruta veo,
que sella una puerta estrecha,
de mimbres y juncos hecha;
haber gente en ella creo
que dé a mis dudas respuesta
y consuelo a mis desgracias.
¡Ah de la cueva!
Sale Eugenia vestida de monje.
Eugenia
Deo gratias.
Capricho
¡Deo gratias! ¿Qué lengua es esta
y qué traje?
Eugenia
¿Qué pretende,
hermano, llamando así?
Capricho
Ver si la comedia aquí
se hace de La dama duende,
que ese hábito y esa cara
todo lo dan a entender.
Eugenia
(¡Ay de mí! ¿Qué llego a ver?;
mucho en mi vista repara,
y es Capricho. Mas ¿qué temo?,
ya la merced concedida
de Dios, de que conocida
no he de ser en el extremo
de este venturoso estado
a que me trujo mi suerte).
¿Qué se admira y se divierte?
Capricho
No se espante, padre honrado;
que pasan cosas por mí
estupendas, y quisiera
por que en términos pudiera
hablar hábiles, que aquí
me dijese qué lugar
es este.
Eugenia
Escúcheme, pues
quiere saberlo; esta es
la Tebaida singular
de Egipto, donde escondidos
se recogen los cristianos,
que los césares romanos
tienen hoy tan perseguidos.
Capricho
Ya lo sé, mas nunca vi
aqueste traje, y por eso
desconocerle confieso.
Eugenia
Es el hábito que aquí
los religiosos usamos,
que con acciones más pías,
por la religión de Elías,
eliotas nos llamamos.
Dígame ahora si aquí,
de Dios acaso inspirado,
a estos montes ha llegado.
Capricho
(Quiero decirle que sí,
pues con eso recibido
con más agrado seré,
y comeré y beberé
lo que Dios fuere servido).
Yo, padre, que estar pudiera
siéndose hijo todavía,
ilustrado de la pía
luz del cielo verdadera
de que Mercurios y Bacos,
Apolos, Martes y Ceres,
Saturnos y Jupiteres
son grandísimos bellacos,
vengo un nuevo Dios buscando,
que todo lo nuevo aplace,
por ver si más bien me hace.
Eugenia
De su inspiración dudando
estoy, y creo que viene
por espía.
Capricho
Aqueso no;
y para quitarle yo
el recelo, si le tiene,
le he de decir la verdad.
Yo en la grande Alejandría
al gobernador servía.
Eugenia, cuya beldad
en ingenio y hermosura
vivo rayo era de amor,
hija del gobernador,
loca estaba, y su locura
paró...
Eugenia
¿En qué?
Capricho
...en dejar su casa
y irse con un caballero
que la había amado primero.
Eugenia
(¿Esto por mi vida pasa?
¿Esto se cuenta de mí?).
Capricho
Yo, que fui de dicho amor
agente o procurador,
traslado a su hermano di
de cómo antes la servía;
y habiéndole dicho yo,
no lo que sabía, sino
aún más de lo que sabía,
me dejó encerrado y fue
a buscarle, amenazando
mi persona para cuando
diese la vuelta. Yo, que
vi que de rota batida
iba el lance en grande aprieto
y que a mi vida, en efeto,
la quiero como a mi vida,
me arrojé del cuarto, y luego
-si hay en frases de delito
Villadiegos en Egipto-
tomé las de Villadiego.
Y, puesto que mi derrota
aquí me trujo, quisiera...
Eugenia
¿Qué?
Capricho
...que Su Eliotez me diera
el hábito de eliota.
Eugenia
No puedo yo hacerlo, mas
podré disponerlo bien
con el prelado.
Sale Eleno.
Eleno
¿Con quién
tanto tiempo hablando estás,
Ángelo?
Eugenia
Este peregrino,
de ese golfo de los males
derrotado, a los umbrales
de nuestra región vino,
donde vivir desde hoy
solicita.
Eleno
Diga, hermano...
Capricho
Sí haré.
Eleno
¿Es gentil o cristiano?
Capricho
Pues ¡qué sé yo lo que soy!
Eleno
Dígalo, porque, si es
gentil, en nuestra ley quiero
catequizarle primero.
Capricho
¿Cate qué, padre?
Eleno
Esto es...
(¡Qué inocencia!).
Capricho
(¡Ay, ansias mías!).
Eleno
...que, si el hábito desea
y es gentil, fuerza es que sea
catecúmeno unos días.
Capricho
¿Cate cúmeno?
Eleno
Esto es quien
la ley aprende.
Capricho
Pues ¿no
basta eliota, sino
cate cúmeno también?
Eleno
(¡Qué sencillez!). Si le ha dado
la dilación desconsuelo,
yo quiero, atento a su celo,
que desde luego adornado
de nuestro hábito se vea;
que con él aprenderá.
Al pie de ese risco está
muerto un monje. (Si desea
serlo él, el temor resista).
Cave en esa tierra dura
y, en dándole sepultura,
de su túnica se vista,
quitándose ese profano
vestido. Aquesto ha de hacer.
Capricho
(Aún peor es eso que ser
catecúmeno un cristiano.
Mas para estar encubierto
me importa). Oye, padre, ...
Eleno
¿Qué?
Capricho
...diga al muerto que se esté
queditico como un muerto.
Vase.
Eleno
¿Cómo, prodigio divino,
te va en nuestra religión?
Eugenia
Suaves sus preceptos son;
bien muestran que su ley vino
de mano de Dios escrita.
Cosa en ella no se ve
que puesta en razón no esté.
Eleno
Es justa en todo.
Eugenia
Es bendita.
Porque ¿hay cosa más honesta
que amar a un Dios que amó tanto,
no jurar su nombre santo
y santificar su fiesta,
honrar a quien nos da el ser,
al prójimo no matar,
no hurtar, mentir ni desear
los bienes ni la mujer?
Y aunque parece que aquí
repugna lo natural,
a faltar precepto igual,
¿quién desconfiado de sí
en el mundo no viviera,
pues vaga en el mundo hallara
la generación y amara
lo que no sabía qué era?
Luego en aqueste precepto,
más áspero al parecer,
aún hay más que agradecer
que en los demás; y en efecto,
tales todos ellos son
que pudo habérnoslos dado
la misma razón de estado
cuando no la religión.
Eleno
Tú, en fin, los caminos ciertos
del vivir y el morir ves.
Sale Capricho de donado.
Capricho
(Muchísimo mejor es
desnudar vivos que muertos.
¡Oh, cuál huele el habitillo!).
Eleno
¿Qué es eso, hermano?
Capricho
Que fui
y en todo le obedecí.
Eleno
De oílle me maravillo.
Pues ¿cómo tan brevemente,
sin que más tiempo dilate,
lo hizo todo?
Capricho
Soy un cate-
-cúmeno muy deligente,
y ya que tú el serlo notas,
venga del arca la llave
para saber a qué sabe
el pan de los eliotas.
Eleno
Nosotros no lo comemos;
de hierbas nos sustentamos
y de frutas de estos ramos.
Capricho
Pues ya que pan no tenemos,
¿vino siquiera no habrá?
Eleno
¿Cómo a pedirlo se atreve?,
que por acá no se bebe.
Capricho
Pues mal hacen por acá.
¡Muy bueno! ¡Con hambre y sed,
y catecúmeno llego
a estar, sin vino y pan!
Suenan dentro cajas.
Aurelio
Dentro Fuego
a todo el monte poned.
Capricho
(¿Y esto más?).
Eleno
¡Ay, infelice!,
que esta temerosa voz
que rompe el aire veloz
los tormentos nos predice
de nueva persecución.
Eugenia
Pues al paso los salgamos,
y a ofrecer las vidas vamos.
Capricho
(¿Y esto más?).
Eleno
Aunque esa acción
te agradezco, entra; que aquí
el rigor nos hallará,
si de Dios dispuesto está
nuestro martirio.
Eugenia
Por ti
me he de guiar; mas por Dios
mil vidas perder quisiera.
Vanse los dos y, al querer entrar Capricho, cierran la puerta.
Capricho
(¿Y esto más? ¡Dejarme fuera!).
¡Padres! Cerraron los dos.
Padres míos, atended,
que soy un eliota lego
y catecúmeno.
Salen Aurelio y soldados.
Aurelio
Fuego
a todo el monte poned.
Arda en voraz elemento,
si arder los peñascos pueden,
y destos viles no queden
ni aun cenizas para el viento.
Soldado 1
Allí un cristiano...
Capricho
(¿Ay de mí!).
Soldado 1
...he visto.
Aurelio
(Aunque sé quién es,
dudar me ha importado). Pues
¿qué aguardáis con él? O aquí
dalde la muerte, o esclavo
viva, pues le tray su suerte
la esclavitud o la muerte.
Capricho
La resolución alabo,
mas yo cristiano no soy.
Soldado 2
¿Qué eres, si en tal traje estás?
Capricho
Catecúmeno no más,
fresquecito, puesto de hoy.
Aurelio
¿Cómo que no eres has dicho
cristiano, si hábito adquieres
de religioso? ¿Quién eres?
Capricho
Soy el padre fray Capricho.
Soldado 1
En Cristo cree. ¡Muera presto!
Capricho
Aunque aqueste hábito visto,
no creo en Cristo. ¡Juro a Cristo!
Aurelio
¿Pues qué ha querido ser esto?
Capricho
Decirme tú: «Nunca vos
serviréis para vivir».
Y así yo, por no servir,
me vine a servir a Dios.
Por ti aquí he venido a dar,
y pues tú, a quien serví yo,
me has hecho cristianar, no
me hagas hoy descristianar.
Aurelio
Capricho, ¿qué haces aquí?
Capricho
Huir de Sergio, tu cuñado.
Aurelio
Ya todo eso se ha acabado.
Quita el hábito, y así
no estés más.
Capricho
Sí haré, en verdad,
aunque ante aquestos señores
se quede en paños menores
Quítase el hábito y queda desnudo.
mi catecumenidad.
Y pues tu piedad me ha dado
la libertad y la vida,
sea una y otra agradecida.
Aquesta cueva ha encerrado
dos eliotas.
Aurelio
Echad
la puerta al punto en el suelo
y, pues lo permite el cielo,
aquí a los dos me sacad.
Abren la puerta y entran los soldados y Capricho.
(Bien sé que es Eugenia; pero
habiéndola concedido
Dios que de nadie haya sido
conocida, su severo
decreto obedezca yo,
por que del favor que alcanza
no caiga en desconfianza).
Capricho
dentro
Pagaránmelo, pues no
me quisieron recoger,
los siervecitos de Dios.
Salgan afuera los dos.
Sácanlos arrepujándolos.
Sale Eleno.
Eleno
Sí haremos, porque el placer
nuestro está y nuestra ventura
en padecer y sentir.
Sale Eugenia.
Eugenia
¿Quién, si no soy yo, a morir
salió de la sepultura?
Capricho
Llegad.
Eleno
¿Tú me prendes?
Capricho
Sí.
Eleno
Que eres apóstata nota.
Capricho
¿Y eso más, sobre eliota
y catecúmeno?
Soldado 1
Aquí
llegad; echaos a los pies
de Aurelio.
Eleno
Y en ellos puestos
los dos a morir dispuestos,
la muerte pedimos.
Aurelio
Pues
por no haceros ese gusto
de que contentos muráis,
quiero que esclavos seáis,
del decreto usando justo
del César; y así, a ese viejo
con los demás le llevad
prisionero a la ciudad;
que al joven para mí dejo,
ya que de toda la presa
tan solamente elegí
ese esclavo para mí.
Eleno
¡Ay, hijo, cuánto me pesa
que dividan a los dos!
Abraza a Eugenia.
Eugenia
Si es por temer y dudar
que yo he de prevaricar,
mi esperanza tengo en Dios.
Eleno
Su bendición y la mía
te alcance.
Échale la bendición y vuélvense a abrazar.
Aurelio
Apartaldos, pues,
y aqueste lazo, que es
la mayor ofensa mía,
rómpale mi indignación.
Divídenlos.
Eleno
Que arrancas, mira, en el lazo
del corazón un pedazo.
Eugenia
Y a mí todo el corazón.
Aurelio
Apartad, pues, a los dos.
Eugenia
Dejadme besar su mano.
Eleno
A mí abrazarle.
Aurelio
Es en vano.
Eleno
¿Tú me llevas?
Capricho
Sí, pardiós.
Eleno
Que eres apóstata nota.
Capricho
¡Hombre, que quieres hacer
de mí apóstata, tras ser
catecúmeno eliota!
Llevan a Eleno.
Aurelio
Tú avisa a toda la gente
que anda en el monte esparcida,
que toda al instante unida
dar vuelta a la corte intente;
que no quiero proseguir
por hoy la presa, pues hoy
contento con ésta estoy.
Capricho
Así lo voy a decir.
Vase.
Aurelio
Y no es el triunfo pequeño
ni bien poco singular,
que no me puedas negar,
esclavo, que soy tu dueño.
Eugenia
Sí puedo, sí puedo, pues
es opinión recebida
que no es dueño de la vida
quien del alma no lo es.
Aurelio
¿Quién pudo hacer que te vieras
hoy en desdichas tan raras?
Eugenia
Quien pudo hacer que me hablaras
y que no me conocieras.
Aurelio
(Para que empiece mi ira
a hacerla prevaricar
así, la pienso obligar
a decir una mentira).
¿Quién eres, cristiano?
Eugenia
Soy
quien soy.
Aurelio
Habla claramente.
Eugenia
Yo soy quien soy solamente.
Aurelio
Di quién eres.
Eugenia
Soy quien soy.
Aurelio
(Desconfío del poder
que tuve hasta aqueste instante
pues que ya no soy bastante
a que mienta una mujer.
Pero ya que mis desvelos
no la obligan a mentir,
la he de obligar a sentir
el desprecio de los celos).
Ya que quien eres ignoro, ...
Eugenia
A Dios en mi pena alabo.
Aurelio
...sabe que a ser vas esclavo
de una hermosura que adoro, ...
Eugenia
Feliz yo, si ahí acaba
el mal de la pena mía.
Aurelio
...que, aunque es verdad que fingía
yo que otra mujer amaba,
si ahora la verdad confieso,
fue por solo su riqueza,
no por su ingenio y belleza.
Eugenia
¿Qué me importa saber eso?
Aurelio
Mucho, pues te digo así
que en la casa donde vas
a mi dama servirás.
Eugenia
¿Y qué me importa eso a mí?
Aurelio
Nada, en fin, te importa nada.
Eugenia
No.
Aurelio
(¿Qué espero, si a mentir
no la obligo, ni a sentir
el mirarse despreciada?).
Vanse.
Salen Melancia y Sergio.
Melancia
Estrañas cosas me cuentas.
Sergio
Si fueran menos estrañas
o menos para mí honrosas,
no viniera yo a contarlas,
y más a ti, con quien más
desean mis esperanzas
verse lucidas.
Melancia
En fin,
que nuestro ídolo declara
que fue rapto de los dioses.
Sergio
No solo sobre las aguas
del Nilo lo dijo, pero
después habló en sus estatuas;
y haber yo vuelto a tus ojos
para más crédito basta,
pues nunca volviera a ellos
sin honor o sin venganza,
que es especie de traición
la que hace un hombre a su dama
el día que, poco airoso,
se atreve a verla ni a hablarla.
Melancia
Según eso, habiendo Julia,
de tu padre amenazada,
venido a mi casa, puedo
desde hoy tenerla en mi casa.
Sergio
¿Por qué no?
Melancia
¿Y Alejandría
a la nueva deidad traza
muchas fiestas?
Sergio
Sí, y en tanto
que Cesarino consagra
un templo a su imagen donde
juzga mi padre las causas,
porque sus dos honras quiere
que juntas se miren ambas
poniendo en el tribunal
el retrato, el pueblo trata
su nombre aplaudir con fiestas,
músicas, juegos y danzas.
Una máscara esta noche
se ha de hacer, y a mí me aguarda
Cesarino, porque quiere
que en ella a su lado salga.
Esta es la causa de que
tan presto, hermosa Melancia,
me ausente de ti.
Melancia
Bien dices;
Con desdén.
hora es ya de que te vayas,
pues ya la noche cubriendo
viene al sol de sombras pardas.
Sergio
Aunque era el irme preciso
y yo lo facilitaba,
que tú no me lo dijeras
hubiera estimado el alma.
Vase.
Sale Julia.
Julia
A que se fuera esperé
Sergio, por que no me hallara
aquí antes que tú le hablases.
Melancia
Ya, Julia, puedes en casa
del enojo de Filipo
vivir segura.
Julia
Tu blanca
mano beso y, pues me dan
tus favores confianza,
quiero decirte que he oído,
de aqueste cancel guardada,
la plática de los dos
y he visto que, si no ingrata,
desdeñosa por lo menos,
das a entender que te cansa.
Melancia
Es verdad. Y aunque no vuelva,
deseo también.
Julia
¿Pues qué causa
ha habido de ayer acá
para hacer esa mudanza?
Melancia
Bien grande, Julia, la ha habido,
y si no, escucha y sabrasla.
Yo amé a Aurelio y, ofendida
de los celos que me daba
con Eugenia, darle quise
celos con Sergio; venganza
inútil y sin provecho,
pues en la esfera del alma
raíces de primero amor
mal de un corazón se arrancan.
Y siendo así, que fue solo
por vengarme de su hermana,
que cese el efeto es fuerza
pues ha cesado la causa.
Julia
Según eso, ¿Aurelio es
el que confiesas que amas?
Melancia
El que confieso que amé,
que no soy tan poco vana
que he de volver a admitirle
ahora, porque Eugenia falta.
Sale Flora y tras ella Aurelio y Capricho.
Flora
Aurelio aguarda licencia
de entrar a verte.
Aurelio
No aguarda,
porque solamente quiso
pedirla para tomarla,
gozando desta ocasión
antes que a palacio vaya.
Melancia
Pues, señor Aurelio, ¿qué
novedad hay que aquí os traiga?
Aurelio
La novedad es dudarlo
vos.
Melancia
¡Ah, sí! No me acordaba
de que ya Eugenia es divina,
pero yo, aunque soy humana,
no tanto que me presuma
buena para suplir faltas.
Idos con Dios, y...
Aurelio
Advertid
que vengo hoy a vuestra casa
tan otro del que pensáis,
que puedo por cosa clara
decir que, aunque este es el cuerpo
de Aurelio, no es esta el alma.
Dígolo porque no vengo,
hermosísima Melancia,
como juzgáis, a tomar
de algunas quejas venganza.
A serviros sólo vengo,
pienso que con una alhaja
que es sólo digna de vos;
y así, en vos he de emplearla.
El emperador que esclavos
sean los cristianos manda,
y uno, por ser raro estremo
de la hermosura y la gracia,
os he traído; de que
tan corto servicio os haga
me dad licencia. Capricho,
aquese esclavillo llama.
Melancia
Esperad, no le llaméis.
Aurelio
Haz lo que mi voz te manda.
Julia
Capricho, ¿dónde has estado?
Capricho
Esas son historias largas:
catecúmeno, eliota
y apóstata he sido.
Julia
Calla,
que, habiendo ido verso suelto,
vuelves esdrújulo.
Capricho
Basta,
que esdrújulo soy y todo.
Voy por el esclavo.
Vase Capricho y con él Julia.
Melancia
Aguarda,
no vayas por él.
Aurelio
¿Por qué?
Melancia
Porque no quiero obligada
quedar de vos, ni aun en cosa
que es de tan poca importancia.
Aurelio
Velde, y despedilde luego.
Melancia
Él no ha de quedar en casa.
Aurelio
¡Tanto rigor!
Melancia
No es rigor.
Sale Eugenia de esclavo.
Eugenia
¿Qué es, señor, lo que me mandas?
Aurelio
Besa a Melancia la mano.
Eugenia
Sí haré, de muy buena gana.
Aurelio
¿De muy buena gana?
Eugenia
Sí,
(que solo verme humillada
y abatida es mi deseo).
Aurelio
(Creció mi desconfianza;
que rendirse una mujer
a otra mujer es hazaña
no vista. Mas della no
blasones, que antes que salgas
deste acto de humildad,
el de soberbia te falta).
Eugenia
De rodillas.
¡Felice mil veces yo,
que estar merecí a tus plantas!
Melancia
¡En mi vida vi hermosura
más peregrina y más rara!
Aurelio
(Pues ya empieza a arder el fuego
de mi cólera y mi rabia,
avivemos sus cenizas).
Levántala.
Tu infelicidad es tanta,
cristiano, que no mereces
tener por dueño a Melancia.
Vete de aquí.
Melancia
No tan presto
me toméis esa palabra;
que una cosa es ser cortés
y otra es estar enojada.
Quédese en casa el esclavo.
Eugenia
Otra vez beso tus plantas.
Estando de rodillas, suenan atabalillos y cascabeles.
Melancia
¿Cómo te llamas?
Gente
dentro
¡Eugenia,
nueva deidad soberana,
viva!
Todos
¡Viva Eugenia!
Eugenia
¡Cielos,
qué escucho!
Melancia
¿De qué te espantas?
Eugenia
¿Qué voces son éstas?
Melancia
Son
que el nombre de Eugenia aclaman.
Eugenia
Pues, ¿quién es Eugenia?
Melancia
Es
una nueva deidad sacra
que los dioses trasladaron,
por ser tan hermosa y sabia,
a su coro.
Eugenia
¿Esa es Eugenia?
Los Dos
Sí.
Eugenia
(¡Qué invencible ignorancia
del mundo, no saber nunca
lo que adora o lo que ultraja!
Dígalo yo, pues al tiempo
que allí mi persona ensalzan
aquí la derriban, siendo
allí deidad, aquí esclava,
allí libre, aquí cautiva,
allí divina, aquí humana,
allí en altares y aquí
de una mujer a las plantas.
Tápase los ojos.
¡Señor, Señor, no mi celo
desvanezca esta alabanza!).
Gente
dentro
¡Viva Eugenia, Eugenia viva!
¡Nueva deidad soberana!
Aurelio
(¿Nada, invencible mujer,
a hacerte tropezar basta?
¿Ni aquí la humildad, ni allí
la soberbia?).
Julia y Capricho salen.
Capricho
A Aurelio
Pues ¿qué aguardas,
señor, ...
Julia
A Melancia
Señora, ¿qué esperas, ...
Capricho
...que a ver la fiesta no bajas
a la calle?
Julia
...que a mirar
no sales a la ventana
la máscara que lucida
por nuestros umbrales pasa?
Capricho
Ven, verás, nobleza y plebe
toda vestida de gala.
Julia
Ven, verás la ciudad toda
cubierta de luminarias.
Aurelio
Sí iré. (Pero por volver
a este asombro las espaldas).
Melancia
Sí iré. (Pero por templar
un nuevo ardor que me abrasa).
Aurelio
Adiós, Melancia. (¡Qué pena...
Melancia
Adiós, Aurelio, ¡qué ansia…
Aurelio
...es la que llevo en el pecho!).
Melancia
...es la que tengo en el alma!).
Todos
¡Viva Eugenia, Eugenia viva!
Eugenia
(Cielo, en confusiones tantas,
volved por mi causa vos,
pues volvéis por vuestra causa).
Tercera Jornada
Salen Julia y Capricho.
Julia
Escóndete, porque viene
mi ama hacia aquí y, si te ve,
me ha de dar muerte.
Capricho
¿Por qué?
Julia
Porque mandado me tiene,
Capricho, que ni de ti
ni de otro que sea criado
de Aurelio admita recado
ni papel; y siendo así
que esta disculpa, que pudo
serlo hasta aquí, ya es disculpa
con visos de mayor culpa,
retírate.
Capricho
Dónde dudo
esconderme, ya que quieres
que no me vea.
Julia
Detrás
de aquese cancel podrás.
Capricho
Demonios sois las mujeres.
Mas ¿qué amante sin dinero
hay, ni puede haber, ni ha habido
sin achaque de escondido?
Escóndese Capricho y sale Melancia.
Melancia
(¿Qué injusto, qué cruel, qué fiero
rigor es lo que en mí
se ha apoderado, de suerte
que fuera con él mi muerte
menor mal?). Vete de aquí.
Julia
No te rebullas, Capricho;
ni hables, ni chistes, ni tosas,
ni estornudes.
Vase.
Capricho
Al paño
Cuando yo
catecúmeno era, aún no
me mandaban tantas cosas.
Melancia
¿Qué es lo que pasa por mí?
¿Cómo, pensamiento mío,
te rindes a una bajeza
tan grande –¡tiemblo al decirlo! –
como...
Capricho
Oigamos, que no puede
esto dejar de ser lindo.
Melancia
...al más vil, al más humilde,
al más pobre y abatido
sujeto del mundo tanto
que es lo menos haber sido,
entre cristianos y fieras,
cortesano de esos riscos,
y aun dellos lo ínfimo, pues
eliota fue?
Capricho
¿Qué he oído?
Yo soy éste; que las señas
todas convienen conmigo.
Sale.
Muy facilísimamente
a salir me determino;
que no ha de hacello ella todo.
Va saliendo Eugenia.
Melancia
¡Qué de cosas imagino
en viéndome a solas! Pero
cuando acercarse le miro
a mí, a nada me resuelvo.
Capricho
(¿Cómo de espaldas me ha visto
acercar? Pero el amor
es lince).
Eugenia
A tus pies rendido,
señora, he de merecerte
un favor que te suplico.
Melancia
¿Qué quieres? (Disimulemos,
alma).
Capricho
(Por Baco divino,
que no lo decía por mí,
sino por el esclavillo).
Eugenia
Yo, señora, yendo agora
adonde Flora me dijo,
llena de mil alegrías
toda la ciudad he visto;
la causa pregunté, y supe
que son dos; una, que vino
para Cesarino hoy
del César, su padre, edicto
en que le manda que él
en Alejandría el oficio
de pretor y juez posea,
habiendo el cargo cumplido
Filipo; la otra es, señora,
que hoy el propio Cesarino
consagra al nombre de Eugenia
el suntuoso edificio
que la ha labrado, poniendo
la imagen suya en el sitio
adonde juzga las causas
su padre, porque así quiso
juntar al culto de Eugenia
la autoridad de Filipo.
Yo, que al fin como cristiano
me ofendo de tales ritos
–(no es, ¡cielos!, sino no ver
que añada un retrato mío
al mundo esta idolatría)–,
no quiero verlos ni oírlos;
y así, postrado a tus plantas,
De rodillas.
humildemente te pido
que de casa no me mandes
salir hoy.
Melancia
Aunque yo he dicho
que en casa fueses de Aurora
por si quisiese ir conmigo
a ver las fiestas, no solo
que no vayas te permito,
pero yo tampoco quiero
salir ya.
Eugenia
¿Qué te ha movido?
Melancia
El poco gusto que tengo.
(No es sino el quedar contigo).
Eugenia
Antes, por eso debieras
gozar de sus regocijos.
Melancia
Fiestas de muchos, a un triste
más es congoja que alivio.
Eugenia
Si yo en este poco tiempo
que ha, señora, que te sirvo
hubiera, por piedad tuya,
que no por mérito mío,
granjeado algún agrado
en tus afectos, te afirmo
que le empleara solamente
en saber de qué han nacido
tus males, por si pudiera
aliviarlos con sentirlos.
Melancia
Ninguno en tan poco tiempo
pudiera, ni en muchos siglos,
granjear, ¡ay de mí!, en mi agrado
más que tú; y aun, si te digo
verdad, ninguno pudiera
de las penas que reprimo
saber más presto la causa.
Eugenia
¿Yo?
Melancia
Sí.
Eugenia
¿De quién?
Melancia
De ti mismo.
Eugenia
¿Cómo?
Melancia
Como fuera fácil
(¡cuánto disimulo y finjo!),
si quisieras entenderlo,
escusarme a mí el decirlo.
Eugenia
No sé más de que estás triste
y de que yo solicito
tus gustos; y así, por que
goces de tantos festivos
aplausos, de la merced
que te supliqué desisto.
A avisar a Aurora voy
para que vaya contigo,
(aunque yo a un peligro salga
huyendo de otro peligro).
Vase.
Melancia
Oye, aguarda, escucha, espera.
¿Qué es lo que me ha sucedido?
¡Yo neciamente, ay de mí,
declarada! Yo...
Capricho
Estornuda
(¡Maldito
sea el tabaco y quien le toma!).
Melancia
¡Cielos!, ¿qué es esto?
Capricho
Capricho.
Melancia
¿Qué haces aquí?
Capricho
Estornudar.
Melancia
¿Cómo estás aquí?
Capricho
Escondido.
Melancia
Pues yo... (Mas no, de otra suerte
ha de ser; y mientras pido
favor a mi rabia, quiero
disimular). ¿Has oído
lo que yo aquí he hablado?
Capricho
Todo.
Melancia
Pues mira lo que te digo.
Yo de que aquí te escondieses
ni me ofendo ni me admiro;
que ya sé que es tu deseo
el ser de Julia marido.
Con ella te he de casar;
pero, si de lo que has visto
dices nada, he de matarte.
Capricho
Conque viene a ser lo mismo.
Melancia
La vida te va; y ahora,
en fe de lo que te estimo,
toma, en principio de dote.
Dale una sortija.
Capricho
No es muy pequeño principio,
pues ya, por lo menos, me haces
tu secretario de anillo.
Melancia
(Así engañarle presumo
mientras la vida le quito.
¡Y plegue a Dios que aquí paren
mis furores! Que apetitos
que en fácil caída empiezan
rematan en precipicios).
Vase.
Capricho
Cosas tiene este diamante
de ungüente, porque es cetrino.
Sale Aurelio.
Aurelio
(Ya de mi sembrado fuego
cogiendo voy por Egipto,
a pesar de tus virtudes,
nuevo asombro, el fruto en vicios;
ya no me podrás negar,
otra vez, nuevo prodigio,
ser causa de otros dos nuevos
graves insultos; pues miro,
por una parte, a tu culto
todo el pueblo reducido,
y por otra, a tu hermosura
postrado un desdén esquivo.
Eslabonándose a un tiempo
lo idólatra y lo lascivo,
sacando en ti y tu retrato
de una virtud dos delitos.
Y ya que uno ejecutado
dejo, de otro el fuego activo
vengo a avivar a esta parte
para que crezca el conflito;
y esto ha de ser deste modo).
Pues ¿qué haces aquí, Capricho?
Capricho
Aquí a buscarte venía.
Aurelio
No erraste mucho el camino,
pues claro es que habías de hallarme
donde muero y donde vivo.
¿Has visto a Melancia?
Capricho
No.
(Callar tengo, que es muy frío
esto de ser los criados
parladores de poquito).
Aurelio
(Este piensa que me engaña,
y ha de pagarme el motivo
de guardarme a mí secreto).
Entra, pues, entra conmigo,
que me importa hablarla y verla.
Sale Melancia.
Capricho
Ella sale a recebirnos;
no hay que entrar allá.
Melancia
Escuchando
en esta antesala ruido,
salgo a ver quién es.
Aurelio
¿Quién pudo
ser quien agora atrevido
pisase aquestos umbrales,
sino quien traiga consigo
la disculpa de sus celos?
Melancia
Dos veces estraño oíros;
la una, por ver que me pida
celos quien aborrecido
se mira de mí, y la otra
porque piensa que ha tenido,
sin tenerla de tenerlos,
licencia para pedirlos.
Aurelio
¿Tú a un esclavo quieres, di?
Melancia
Villano, tú me has vendido.
Capricho
No he hecho tal.
Aurelio
Pues ¿por qué niegas?
¿Impórtate el haber sido
más con Melancia leal,
infame, que no conmigo?
Capricho
¿Cuándo te lo dije yo?
Aurelio
Ahora, entrando a este sitio.
Melancia
¿Cómo lo supiera él,
no llegando de ti a oírlo?
Capricho
Cumpliéndose aquí el adagio
de «el demonio se lo dijo»,
que yo, por Cristo, he callado.
Aurelio
¿Por qué juras tú por Cristo?
Capricho
Por que me sirva de algo
catecúmeno haber sido.
Aurelio
En fin, yo lo sé porque
me lo ha contado Capricho.
Capricho
Basta; sin sentirlo yo,
sin duda, hube de decirlo.
Aurelio
Y no quiero más venganza
de tus desdenes esquivos,
de que sepas que lo sé,
por que sepas de camino
dónde vinieron a dar
tus altiveces, tus bríos.
Quédate para quien eres;
que yo con ir a decirlo
a todos, me he de vengar.
(Desta manera la irrito
más, porque a cualquier mujer
recatada en los principios,
en sabiendo que se sabe
su error, sin rienda ni tino
es caballo desbocado
que, habiendo el freno rompido,
no para hasta correr toda
la campaña de los vicios).
Vase.
Melancia
Por ti, villano, por ti
estos baldones he oído.
Capricho
¡Señor! Pues ¿así me dejas
en poder del enemigo?
Melancia
¡Vive el cielo que he de darte
muerte con tu acero mismo!
Quítale la espada.
Capricho
¿No es mejor darme, señora,
buen cuartel, pues te le pido?
Melancia
Muere, infame.
Salen Eugenia y Julia.
Las Dos
¿Qué es aquesto?
Melancia
Vengar los agravios míos;
primero en él, luego en todos.
Julia
Yo, temiendo tu castigo,
le escondí; perdón, señora.
Eugenia
Repórtate, te suplico.
Melancia
Cáesele la espada.
Al verte a ti, de la mano
el acero se ha caído,
porque contra ti no tengo
más armas que mis suspiros.
Idos todos de mi casa.
Julia
Yo obedezco.
Capricho
No replico.
Julia
Saldré a la calle de un salto.
Vase.
Capricho
Y yo iré al Cairo de un brinco.
Vase.
Eugenia
De que te hayas reportado
por mí, señora, te estimo.
Melancia
Aún más me debes, pues siendo
mi enojo por ti y contigo,
ha podido tu piedad
más que mi enojo ha podido.
Eugenia
¿Por mí tu enojo?
Melancia
Sí, pues
tú la causa de él has sido.
Eugenia
¿Y conmigo?
Melancia
Sí, pues tú
tienes la culpa, enemigo,
traidor, esclavo. Mas ¡ay
de mí! Mal digo, mal digo;
que no es causa de la pena
quien es de la pena alivio.
Y pues ya no hay qué perder
estando todo perdido
llegando otros a saberlo,
¿qué reparo yo en decirlo?
Desde el día, hermoso esclavo,
que te vi, de mis sentidos
fuiste dueño y...
Eugenia
No prosigas,
o harás que para no oírlo,
como el áspid al encanto,
me cierre entrambos oídos.
Melancia
Advierte, antes que te arrojes
a responder con desvíos,
que desde el amor al odio,
que al rencor desde el cariño,
aunque es ir de estremo a estremo,
es muy andado camino;
y más de mujer, que...
Eugenia
No
prosigas, otra vez digo;
que, aunque convertir presumas
los halagos en martirios,
toda la naturaleza
opuesta está a tus designios.
Melancia
¿No eres mi esclavo?
Eugenia
Sí soy,
mas no lo es...
Melancia
¿Quién?
Eugenia
...mi albedrío,
que él no puede ser esclavo.
Melancia
De amor sí pudo.
Eugenia
Es delirio.
Melancia
Es rendimiento.
Eugenia
Es engaño.
Melancia
Es favor.
Eugenia
Es desatino.
Melancia
Ásele de la ropa y las manos.
Oye.
Eugenia
Suelta.
Melancia
Escucha.
Eugenia
Aparta,
que es tu mano rayo vivo,
cuyo contacto, por que
no me inficione, el vestido
habré de dejarle en ella.
Vase.
Melancia
Pues ¿qué aguardan mis delitos,
ya declarados, que no
se despechan, atrevidos,
a hacer en Alejandría
escándalos y prodigios?
Aguarda, traidor esclavo;
que, pues de ti no consigo
los trofeos de mi amor,
los de mi venganza a gritos
conseguiré; y pues tu voz
aquí de mi encanto dijo
que era el áspid, yo seré
de tu vida el basilisco.
Vase.
Músicos
dentro
En este dichoso día
los triunfos de Eugenia bella
alegre los cuente el mayo con flores,
feliz los señale el sol con estrellas.
Suenan chirimías y descúbrese un trono, y debajo del dosel un retrato de Eugenia. Salen Cesarino, Filipo, Sergio y toda la música.
Filipo
Hoy, que es el último día
a mi cargo, y primero a mi alegría,
pues colocada esta inmortal belleza,
mi aplauso acaba donde a Eugenia empieza,
viendo que el César, próvido, previno
que en él me sustituya Cesarino,
por que así hallarse entienda
a mis descuidos la mejor enmienda.
Venid cuantos pendientes
vuestras causas tenéis, y estáis presentes;
que en honor quiero deste sacro bulto
hacer a todos general indulto;
y en tanto que perdones y querellas
iguales mezclan gustos y rigores,
los aplausos de Eugenia en voces bellas...
Músicos
...alegre los cuente el mayo con flores,
feliz los señale el sol con estrellas.
Melancia
dentro
Ni alegre los cuente el mayo con flores,
ni el sol los señale feliz con estrellas.
Filipo
Aguardad. ¿Qué triste acento,
piadosos dioses, es este,
que tan festiva alegría
en trágica acción convierte?
Sale Melancia, suelto el cabello.
Melancia
Hermosa nueva deidad
que, adorada de las gentes,
en supremo imperio gozas
más soberanos doseles;
Filipo, de Alejandría
pretor ilustre y prudente;
Cesarino, cuya sangre
mayores cargos merece;
heroico Sergio y, en fin,
vulgo de nobleza y plebe;
oíd todos, que de mi agravio
a todos os hago jueces.
Querella doy de un esclavo
cristiano, que...
Filipo
Aguarda, tente;
que, conforme a nuestros ritos,
querellarte de él no puedes
mientras, para hacerle el cargo,
no le tenga yo presente.
A Sergio.
Id vos, y decilde a Aurelio
que vaya al punto a prenderle,
puesto que él la comisión
contra los cristianos tiene.
Sale Aurelio y Capricho trayendo a Eugenia.
Aurelio
No es menester que a otro mandes
lo que a mi cargo compete,
que, informado del delito
de que le acusa y convence
Melancia, le traigo ya
preso.
Capricho
Y yo soy su corchete.
Aurelio
Arrójala al suelo y queda de rodillas.
Llega, vil esclavo, llega,
y postrado humildemente,
el cargo y la acusación
que te hacen escucha. (Este,
Eugenia, el último examen
será de tus altiveces).
Eugenia
(¡Dichosa yo, que a ver llego
persecuciones tan fuertes,
en satisfación de ser
quien esta idolatría aumente!).
Filipo
Prosigue agora, Melancia.
Melancia
Sí haré, si voz me concede
el llanto para que pueda
dolor decir tan vehemente.
Ese esclavo -que por ser
cristiano lo es dignamente
por editos de Galieno,
César nuestro, Augusto siempre-,
atrevidamente vano,
soberbio atrevidamente,
de la esclavitud rompiendo
la confianza que debe
ser sagrada en el criado
doméstico, mayormente
en el esclavo, por ser
domiciliario dos veces,
hoy, que por haber salido
a ver los aplausos de ese
simulacro que de Eugenia
la justa fama engrandece
toda mi familia, yo,
a causa de un acidente,
quedé en casa sola; entró
al más seguro retrete
de mis retiros, adonde,
traidor, atrevido, aleve,
profano, injusto, tirano,
fiero, obstinado y rebelde,
solicitó... Aquí la voz
se pasma, aquí se entorpece
la lengua, y el labio aquí
se tropieza balbuciente.
Y pues a tales delitos
disponen las justas leyes
que vivo muera quemado
quien tanto insulto comete,
justicia pido, justicia
y venganza juntamente,
primero al cielo, y después
a cuantos estáis presentes.
Capricho
(¡Buena gramática es
Melancia, pues quiere que éste,
ya que no es persona que hace,
sea persona que padece!).
Filipo
Levanta, esclavo, del suelo,
y responde, si es que tienes
qué responder en disculpa
de esta acusación. Y advierte
que de aquí al fuego no hay más
plazo que un instante breve,
pues aquél del sacrificio
servirá para encenderte.
Aurelio
¿No respondes?
Cesarino
¿Cómo callas?
Sergio
¿No hablas?
Melancia
¿Ahora enmudeces?
Eugenia
Sí, que mi mayor consuelo
librado tengo en la muerte.
Melancia y Cesarino
Pues muera, y más no le aguardes.
Aurelio y Sergio
Muera y más tiempo no esperes.
Filipo
Ea, llevalde.
Aurelio
(Así de mártir
no consigue los laureles;
pues no por la fe, sino
por un testimonio muere,
y aun en pecado, pues contra
la verdad no se defiende).
Eugenia
¡Qué alegre voy a morir! Sale Eleno.
Eleno
Pues no lo vayas y atiende,
que dejarte convencer
de una mentira evidente
es grave pecado contra
la caridad que se debe
uno a sí mismo; demás
de que así el mérito pierdes
del martirio, no muriendo
en orden de la fe. Vuelve,
y en obediencia te mando
que a voces digas quién eres.
Eugenia
Ya te obedezco. Dejadme,
tiranos.
Todos
Pues ¿qué pretendes?
Eugenia
Hablar; que si yo hasta aquí
callé, fue por que en mí hubiese
tiempo de hablar y callar;
y, pues el de hablar es éste...
Errado, engañado pueblo,
escucha, no por que intente
mi muerte escusar, sino
hacer más fácil mi muerte.
¿Cómo puede ser justicia,
ni cómo verdad ser puede
ley que perdona al culpado
y castiga al inocente,
siendo así que del delito
que me acusan y convencen
no es posible que yo sea
el agresor?
Todos
¿De qué suerte?
Eugenia
Siendo, como soy, mujer,
a quien el traje desmiente
de varón. No el escucharme
os suspenda y os altere,
que aún más adelante pasan
mis fortunas; y pues quieren
los cielos que los prodigios
de mi vida os avergüencen
y en vuestro idólatra error
os convenzan, aún no es este
el mayor asombro, pues
soy el original de ese
retrato a quien adoráis.
¡Eugenia soy! ¿Qué os suspende?,
¿qué os asombra?, ¿qué os espanta?,
¿qué os turba?, ¿qué os enmudece,
si ya no es que sea mirar
vuestra ceguedad, al verme
que de un trono que es altar
y tribunal juntamente,
pueda ser a un tiempo mismo
la deidad y el delincuente?
Acusada y venerada,
abatida y eminente,
me miráis en un instante;
pues ¿cómo se compadece
el estar allí adorada
y aquí condenada a muerte?
Mira tú a quién idolatras
y sentencias; tú, a quién quieres
y fiscalizas; tú, a quién
delatas y favoreces;
tú, a quién persigues y adoras;
tú, a quién estimas y ofendes,
y todos, todos mirad
a quién dais himnos alegres
y del sacrificio el fuego
ignoráis a qué se enciende,
allí para que me ahúme
y aquí para que me queme.
¡Mirad, mirad a qué dioses
adoráis, pues todos pueden,
teniéndoles por divinos,
ser acusados de infieles!
Y si a tanto desengaño
no abrís los ojos, no quede
piedra sobre piedra en todo
este edificio eminente.
Fuego del cielo le abrase.
Truenos, y empieza la tempestad.
Y, pues disponen las leyes
que el que acusa de un delito
padezca el daño que quiere
que padezca a quien acusa,
un rayo a Melancia ardiente
Disparan dentro.
abrase viva, por que
de su acusación aleve,
Otra vez los truenos.
de su falso testimonio,
su prisión y cárcel quede
triunfante en Egipto quien,
a pesar de tantas fuertes
persecuciones, ha sido
el José de las mujeres.
Vase, y con ella Eleno. Caen rayos y truenos y húndese el trono con dosel y retrato.
Melancia
¡Ay de mí! Abrasada muero
y rabiando justamente.
Húndese
Filipo
¡Qué asombro!
Sergio
¡Qué confusión!
Filipo
Hija, espera.
Sergio
Hermana, atiende.
Cesarino
¡Qué prodigio!
Vanse Filipo y Sergio.
Aurelio
De los cielos
se rasgan todos los ejes.
Cesarino
La máquina de dos polos
sobre nosotros se viene.
Todos
dentro
¡Viva el Dios de Eugenia! ¡Viva!
Cesarino
Aurelio, ¿qué estrago es este?
Aurelio
Mágicas de los cristianos.
Y pues que ya pretor eres
de Egipto, por el sagrado
honor de los dioses vuelve.
Mira que tras esa fiera
mujer va toda la plebe
confesando solo un Dios.
Síguela, pues, y no dejes
que crezca esta novedad:
castiga, amenaza y prende
cuantos la aclaman.
Cesarino
Sí haré;
y pues han vuelto a encenderse
las cenizas de mi amor
viéndola, yo haré de suerte,
si no se logren mis dichas,
que los dioses hoy se venguen.
Vase.
Aurelio
Yo por otra parte iré
acaudillando las gentes,
pues asistido de mí
Cesarino, sabré hacerle
ministro de mis venganzas,
a cuyo afecto ponerle
delante de ese tumulto
solicito, por que deje
de aclamar con voz activa
los honores que a Dios dan
cuando repitiendo van...
Vase.
Todos
¡Viva el Dios de Eugenia!
Sale Eugenia, Filipo, Sergio y Eleno.
Filipo
¡Viva!
Que yo el primero de todos,
viendo maravillas tantas,
hija, me arrojo a tus plantas.
Sergio
Y yo, por que de esos modos,
otros, a imitación mía,
tu Dios busquen soberano.
Eugenia
¡Ay, padre mío! ¡Ay, hermano!
¡Feliz mil veces el día
que con tan piadosa acción
llego a veros en mis brazos,
cuyos repetidos lazos
nudo de tres almas son!
Eleno
Todos decimos contentos
que tú amparo nuestro eres.
Sale Cesarino.
Cesarino
Oíd todos antes.
Todos
¿Qué quieres?
Cesarino
A Eugenia.
Sólo que me estéis atentos.
Prefecto de Alejandría,
sustituyéndole hoy
el puesto a tu padre, soy:
conque el horror deste día
que corra por cuenta mía
es fuerza, y los soberanos
dioses de asombros tan vanos
se ofendan, viéndote usar
contra ellos la singular
mágica de los cristianos.
Cuanto puedo hacer por ti
es ofrecerte mi mano,
si niegas aquese humano
Dios que engrandeces así.
Tu padre y tu hermano aquí
ya hechos cómplices están,
pues alabanzas le dan;
vuelve por ellos, y advierte
que de mi mano a su muerte
tan pocas distancias van
que sólo está en elegir
o mi mano o su castigo.
Eugenia
Pues por mí y por ellos digo
que elegimos...
Cesarino
¿Qué?
Todos
...morir.
Cesarino
Advierte...
Sale Aurelio.
Aurelio
¿Qué hay que advertir,
si ves toda Alejandría
para perderse este día?
(Desta suerte atajaré
que no convierta a la fe
más almas de su agonía).
Cesarino
Mujer, que en trance tan fuerte,
por ostentar tu valor,
entre tu muerte y mi amor,
tienes por mejor tu muerte,
que vas a morir advierte.
Eugenia
¡Dichosa mil veces yo!
Cesarino
Pues quitádmela de aquí,
que, si la miro, no sé...
Quédase suspenso.
cómo vencerme podré.
Eugenia
¡Padre!, ¡hermano!, ¡Eleno!
Los Tres
Di.
Eugenia
No prevariquéis por ver
mi muerte.
Eleno
Antes te ofrecemos
que contigo moriremos.
Llévanla.
Aurelio
Pues de otra suerte ha de ser
el sentir y el padecer
vuestro. A los tres los llevad
donde vean la crueldad
con que muere, por que así
muden de intento.
Llévanlos.
Filipo
Esta en mí
no es crueldad, sino piedad,
pues me da en qué merecer.
Cesarino
Furioso
¡Ay, infelice! ¡Qué fuego
es el que en mí a sentir llego
que me hace temblar y arder
a un mismo tiempo! Mujer,
¿qué me quieres? Tú has querido
morir; que yo no he tenido
la culpa de tu rigor.
Aurelio
¿Qué sientes?
Cesarino
Siento un ardor
de quien tú la causa has sido:
pues tú, bárbaro, de envidia,
si había en tus celos discurso,
me has quitado la ocasión
de reducirla a mi gusto.
¡Hola!
Sale Capricho.
Capricho
Aquesto de las holas,
aunque no sea criado uno,
el oleado toca a todos.
¿Qué me mandas?
Cesarino
Parte al punto
y di que a la ejecución
de Eugenia el rigor injusto
se suspenda.
Capricho
¡A muy buen tiempo!
Cesarino
¿Cómo?
Capricho
Como ya el verdugo,
rey de comedia enojado
con algún valido suyo,
la cabeza de los hombros
le ha dividido.
Cesarino
¿Qué escucho,
sin vengar en ti, cruel,
el dolor de tal insulto?
Saca la espada y tira al aire.
Muere a mis manos.
Aurelio
¡Plubiera
al cielo divino y justo
pudiera morir, y no
viera el honor de su triunfo!
Capricho
Huye Aurelio.
Tente, señor.
Cesarino
¿Librarte piensas, perjuro?
Aurelio
Desamparando el cadáver
que habité, ...
Húndese, y sale el Demonio, quedando un cadáver donde estaba Aurelio.
Demonio
...que hasta este punto
pudo durar la licencia
de estar en él.
Capricho
¡Abernuncio!
Cesarino
¡Ay de mí, infeliz!, ¡qué veo!
Capricho
Hacerse dos diablos de uno,
por apocarse.
Cesarino
¡Mortal
estoy!
Capricho
¿Qué dirá el difunto?
Cesarino
¿Quién eres, pálida sombra?
¿Quién eres, horror caduco?
Capricho
Por no ver este espectáculo
volviera a ser catecúmeno.
Descúbrese en un trono de nubes Eugenia con ángeles, y va subiendo arriba, y salen todos.
Músicos
Este es el triunfo de Eugenia,
que esotro no era su triunfo,
porque solamente el cielo
es el templo de los justos.
Eugenia
¡Feliz yo, que en galardón
de ansias, miserias y sustos
que padecí, de los cielos
a gozar la gloria subo!
Demonio
Infeliz yo, que en castigo
de testimonios y insultos
que intenté, de los infiernos
las eternas penas sufro.
Húndese y salen llamas.
Músicos y Todos
Este es el triunfo de Eugenia,
que esotro no era su triunfo,
porque solamente el cielo
es el templo de los justos.
Capricho
Dando con aquesto fin
al más prodigioso asunto
de El José de las mujeres,
perdonad los yerros suyos.
FIN
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- Zitationsvorschlag für diese Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. El José de las mujeres. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbh0.0