Personajes
- EL RENCOR
- EL HOMBRE
- EL HEBRAÍSMO
- LA IDOLATRÍA
- EL ATEÍSMO
- LA APOSTASÍA
- LA GENTILIDAD
- LA FAMA
- LA IGLESIA
- EL ALBEDRÍO
- LA SOMBRA
- EL PRÍNCIPE
- SAN PEDRO
- SAN JUAN
- SAN ANDRÉS
- SANTIAGO, que es Diego Zagales
- ZAGALAS
- MÚSICOS
- ACOMPAÑAMIENTO
Ábrese el primer carro y se ve el Rencor sentado en un trono de peñascos corpóreos, echando llamas, con corona de áspides, manto de estrellas negro, plumas, bengala y banda negra. Adviértase que el carro ha de ser también de peñascos, cayendo el rastrillo al tablado para que baje a su tiempo por él
RENCOR
¡Rompa mi acento horrible
el cóncavo, al horror inacesible,
en que yace entre el opio y el beleño
esa confusa imagen! ¡Que, del sueño
del mortal parasismo,
dé la culpa del Hombre en el abismo
(cárcel estrecha a su soberbia altiva),
que duda si está muerta o si está viva
tan hija de los males
que ella es el mayor mal de los mortales!
Díganlo las sagradas
autoridades, que tan señaladas
señas le ponen, dando por más señas
la fiera que se oculta entre las breñas
de los montes y el río, a lo que creo,
de las funestas aguas del Leteo;
la harpía que se ceba en sangre humana;
la serpiente sañuda e inhumana,
basilisco que al fuego de sus ojos
hace rendir la vida por despojos;
la cicuta entre yerbas diferentes,
cuyo letargo embarga a los vivientes
haciéndoles caer en la desgracia
del Autor soberano de la gracia,
por quien su voz previno,
según Tomás, Ambrosio y Agustino,
que, huyendo, el Hombre venza la batalla
de su fiereza suma, pues se halla
seguro de su más nocivo hechizo,
pues solo con huir se le deshizo.
Mas, ¿por qué con sentencias hoy te hablo,
si con sola la voz que te dio Pablo
podré llamarte y dar tus señas ciertas?
Sal pues de aquese caos dejando abiertas
las entrañas del peso que ha tenido
ese pálido seno (¡qué oprimido!),
ese monte soberbio, que es su boca
monstruo dos veces, por peñasco y roca.
Mas ¿cómo no has salido
a mi ronco gemido,
oh, tú, confusa Sombra,
culpa en común del Hombre?
Ábrese el carro opuesto, que será una montaña levantada, en forma de concha el sobrecarro, y se ve la Sombra, como recostada, y sale del peñasco después del primer verso
SOMBRA
¿Quién me nombra?
Pero no me lo digas, pues ya veo,
si no es que es ilusión de mi deseo,
el trono en que te vio Juan en la cumbre
del abismo, con cuya pesadumbre
la espada agobia a su profundo seno,
lleno de horrores, de crueldades lleno;
de víboras ardientes coronado,
propias señas del padre del pecado;
por cetro, rama ardiente, adusto tronco
del delito de Adam, infausto y bronco;
por clámide imperial de sombras llena,
nube tejida de la luz ajena,
que anocheciendo al mundo
su tenebroso horror, siempre profundo,
deja la luz en calma. Y si al sol llega
alguna vez su noche, se despliega,
obscurece su faz, que, siempre hermosa,
árbitro es de la adelfa y de la rosa
cuando al aire y al agua ser presuma
nocturna niebla, denegrida bruma,
de tupidos vapores negro asiento,
trono infeliz de su soberbio aliento;
pues, apagada estrella,
cada acento que formas es centella
si, de la luz ensayo,
pronuncias trueno articulando rayo,
llamándote Rencor del Hombre fiero,
si a mí me llamo áspid lisonjero.
¿Para qué me has llamado?
¿Qué causa ha ocasionado
el esparcir tus destempladas voces
a los aires veloces?
Dime, ¿qué pena lucha
con tu inflexible ser, Rencor?
RENCOR
Escucha…
Pero, aguarda, primero
que descienda a la tierra, porque quiero
que vea el Hombre que si salto en tierra
Bajando al tablado
es para hacerle más continua guerra;
y más si se han juntado
Sombra y Rencor, que son culpa y pecado,
para tan nueva lid. Y pues lo ignora,
la causa que me mueve atiende ahora:
bien te acordarás de aquella
primera civil batalla
en que, comunero, puse
la celeste curia en arma;
bien te acordarás también
de aquella lucha pasada
en que vencí con un tronco
al hombre infiel y a la gracia;
y no extrañes que te acuerde
lo que sabes, pues te enlazan
para mis pesares siempre
los motivos y las causas.
Bien te acordarás de aquella
primera civil batalla
(vuelvo a decir) cuando puse
la celeste curia en arma
porque su Autor pretendió
que yo, postrado, adorara
una inferior criatura,
criada a su semejanza.
Propúsome su retrato
y yo, al ver cuánto me infama
el adorar a quien era
inferior a mí, mi rabia
y mi vanidad (que todo
se unió para que abjurara
su proposición) le dicen
cuánto más interesaba
en adorarme a mí, puesto
que era mi ser de más alta
jerarquía (cuanto va
de ser a no ser, pues se halla
ella humana y yo divino)
y opuestas las circunstancias
la adoración de mi ser
a su ser la trasladaban.
A esto se opuso un caudillo,
(Miguel pienso que se llama,
que quiere decir «defensa
de Dios») para que dejara
mi intento y proposición,
diciéndome delatara
mi intención. Yo entonces dije
que, inflexible, en mí no se halla
que lo que aprenda una vez
pueda desistir; y tantas,
las legiones que me siguen
y de la parte contraria
las que se alistan son, que
en civil guerra trabadas
bien pudieron decir muchos,
con inspiración sagrada,
que fueron de nueve tercios
las huestes que toman armas.
Pero ¡ay de mí!, que a una voz
suya (tiemblo al pronunciarla)
que dijo (muero al decirlo)
«¿Quién como Dios?», arrancadas
y desgajadas cual lluvia
de los polos, despeñadas
de ese alcázar cristalino,
hasta los abismos bajan
siendo, en globos, a racimos,
mariposas encarnadas;
y con ellas yo, ¡ay de mí!,
que cual serpiente arrugada
dice Pedro que me truje
de las estrellas, con saña,
la tercer parte, arrastrando
con la cola de mi escama.
Desde entonces… Desde entonces
en esa lóbrega estancia
vivo arrastrando cadenas,
que aun de oro fueran pesadas.
¿Qué mucho, ¡ay de mí!, qué mucho
si por última desgracia
de mi desesperación
el cielo quiere que haga
forzado lo que no quise
hacer voluntario, a causa
de que sea este baldón
la cifra de sus venganzas?
Dejemos en este estado
mi ruina, y vamos a que haya
(pues que mi ciencia me truje
y solo perdí la gracia),
afianzado en ellas mismas,
por primera circunstancia,
Hombre que, aunque peque, pueda
arrepentirse y que haga
que lo que el ángel no puede
el Hombre consiga. ¡Oh, sabia
esencia! ¿Quién es el Hombre
para que, como Job clama,
le magnifiques, Señor,
y que, su culpa borrada
en fe de arrepentimiento,
dueño de tus esperanzas,
heredero de tus dichas
y en fin esposo le hagas
de la Gracia, que perdió
por caer en tu desgracia,
y al ángel mismo le niegues
lo que a él concedas? ¡Qué varias
son mis confusiones, pues
de envidia el pecho se abrasa,
en ira arde el corazón
y en furor se enciende el alma!
¡Qué bien podré yo decir,
viendo el dolor que me mata,
que un puñal tengo en el pecho
y un cordel en la garganta,
y más si mis ansias todas
me atemorizan y espantan!
Después que de los profetas,
cumplida ya la palabra,
venga a pagar por el Hombre
el mismo Criador, ¡oh, caigan
sobre mí los montes, puesto
que mi inteligencia halla
que no de la original
culpa solo libertada
la humana naturaleza
del Hombre, mísera y baja,
triste, pobre y abatida,
humilde, tosca y villana,
sino que de la actual
culpa, también cuando caiga
en mortal culpa, que pueda
levantarse, porque nada
le disculpe! Y así Dios,
prevista ya de su alta
mente, en sombras y figuras
desde los profetas anda
haciendo que se lo expliquen
tantas veces pronunciadas
parábolas, tantas luces,
tantos sacrificios, tantas
circunstancias cuantas vio
la ley natural y cuantas
la ley escrita en Moisés
vio también. Y pues es clara
consecuencia, pues estamos
en la ley escrita, que haya
quién, en fe de alegoría
y realidad, sin que salga
del intento, careando
los dos sentidos, su estancia
nos lo diga; y también diga
su culto (res inmolada,
que con amargas lechugas
en la fiesta de la Pascua,
símbolo de penitencia,
comió el pueblo con sandalias
ceñidas, báculos puestos
en las manos), porque nada
le quede a mi duda, siendo
como es que significada
está en el mismo cordero
(pues que viático se llama
por salir de Egipto entonces,
de la esclavitud tirana,
el pueblo de Israel cautivo),
con tan viva semejanza
que ni cocido o guisado
quiso ser, porque quebrada
alguna porción del cuerpo
al puesto en cruz no imitara.
Y así, como quien ya dice
«Quiero por última paga
darle a mi pueblo en Egipto
una señal que adelanta
la significación mía
de cuando a otra vida pasa
el Hombre; que tenga aviso
de mi Pasión soberana
en el viático, que admita
si con afecto la abraza
después de la penitencia,
que primero satisfaga»,
y a la tierra caminando
de promisión fueron tantas
las maravillas de Dios,
que en el desierto declaran
su poder, como lo atestan
en las cuarenta posadas
(símbolo de otras cuarenta
que Elías peregrinaba
con el subcinereo pan
y otros cuarenta que sabia
pluma refiere, que son
cuarenta ayunos que aguardan
tras los cómputos del tiempo
futuras mis asechanzas).
Y volviendo a que dé al pueblo,
en las cuarenta posadas
que pasaron y en los siete
prodigios, luces tan raras
de otros siete sacramentos
que su piedad soberana
obre en abono del Hombre
(que al pensarlo yo desmayan
todas mis iras aunque
del dolor mis penas y ansias
me estremecen), con todo eso,
porque no ignores la causa,
óyelos a mi pesar:
por primero, pues, pasadas
las ceremonias y cena,
dígalo el pasar el arca
a vista de los gitanos
haciendo, por que pasara
el Bermejo Mar a un tiempo
dividiendo las rizadas
espumas, amontonando
sus líquidas ondas, vagas,
transpontines de cristal,
revellines de esmeralda
y, entre canceles de perlas,
montes de bruñida plata.
Dígalo entre sus lagunas
leño que endulza las aguas,
haciendo que todos beban
de sus saludables, claras
corrientes, porque ninguno
guste su ponzoña amarga.
Dígalo, herida, la piedra
al impulso de la vara
misteriosa de Moisés,
cambiando de sus entrañas
el eco ronco, a su golpe,
en manantiales el agua
porque aun el agua no falte.
Dígalo el ver que, si hay falta
en su pueblo de sustento,
en cándida lluvia bajan
sobre esmeraldas preciosas
hilos, que aljófar desatan
de las perlas que la Aurora
llora, si amanece el alba.
Dígalo que si del sol
la ardiente, encendida, saña
les molesta, envía nubes
que le templen y, si falta
su luz ardiente, farol
que sea norte en la opaca
niebla de la noche fría.
Y en fin, dígalo entre tantas
gentes los que del asombro,
despavoridos, se apartan
al ver que los que a Madián
siguen su castigo hallan
en las fieras mordeduras
de crueles víboras, cuantas
a los siete vicios fueron
castigos, porque notaran
que los hicieron desprecios
de los portentos y gracias
que el soberano poder,
ciencia, amor de Dios obraba.
Allí con siete castigos
expresaban su venganza
a los siete beneficios
que en el pueblo ejercitaba,
no hallando descanso alguno
aquellos a quien tocaban
las venenosas crueldades
de sus presas aceradas.
Y no hallando algún consuelo
después, hasta que elevada
ya en Tierra de Promisión
por Moisés su misma vara,
la serpiente de metal
en ella a todos los sana,
dando a entender que ella sola
es la que de avenenadas
iras libra, porque un áspid
con otro pierda la airada
ponzoña, por ser figura
del Justo, cuando clavada
su misma Persona sea
en la cruz enarbolada,
como estandarte de paz
que en la tierra deseada
al Hombre las manchas lave
con su sangre derramada,
haciendo que aqueste tronco
sirva de escudo a su flaca,
caduca y perecedera
complexión, porque expresadas
queden sus dichas en ver
que lo que erró cuando, ufana,
la Culpa de su victoria
cantó el triunfo, no sin varias
autoridades, y vea
que ha enmendado su desgracia,
conozca en un equilibrio
igual, en una balanza,
que lo que en un tronco pierde
en otro tronco la gana,
añadiendo a estos prodigios
no el de menor importancia
para lo que intento: pues
es el haber en las aras
del monte Sinaí escripto
a Moisés en las dos tablas,
buril el dedo de Dios,
para el pueblo su ley santa,
ampliando de dos preceptos
a diez aun las circunstancias
más leves, para que el hombre
observe lo que le manda;
y también, como ya dije,
de la actual culpa la mancha,
con el arrepentimiento
que haga en fee de ella, borrada
quede y con la penitencia
que haga también. ¡Oh, mal hayan
circunstancias que aun futuras
me angustian y sobresaltan!
Y pasando a otra experiencia,
también temo que se valga
aun para la original
de una mujer, pues (¡qué ansia!),
libre de (¡qué parasismo!)
la mancha de Adam (¡qué rabia!),
de mi veneno (¡qué pena!)
pueda (¡qué asombro!) librarla
y con alas (¡qué temor!)
de águila tanto elevarla
que volando hacia el desierto,
cuando yo infeste la baja
profundidad de la tierra,
tanto suba hasta su alcázar,
que aun no logre que en las ondas
del río, que forman vagas
del veneno introducido
en todos, ni aun sombras haga.
Y en lugar de que yo sea
quien llegue a morder su planta,
ella mi cerviz quebrante,
de suerte que ni aun mirarla
pueda, siendo, a sus pies puesto,
alfombra, porque ultrajadas
mis soberbias, sin tocarme
y sin poder yo tocarla,
sea ella la mujer fuerte
que vio Juan simbolizada
y sea yo aquel dragón
que todo el mundo inundaba
con el río que escupía
de sus fauces animadas,
y ella de la gracia sea
siendo yo de la desgracia.
Y no en vano antes de ahora
dije que mi ruina infausta
la dejásemos entonces
para volver a acordarla
al tiempo que a esta mujer
nombro, pues aun sin nombrarla
es tal la afrenta que siento
de este baldón, que me causa
tanta ojeriza y furor,
tanta pena y tanta ansia,
entre los muchos que digo
me atemorizan y espantan
y estremecen, porque veo
que cuando todos me pagan
feudo del común delito,
por tocarles su viciada
naturaleza, esta sola
es quien de todos se salva
no tocándole ni aun sombra.
¿Qué es sombra? Ni imaginada
vislumbre, la menor seña
de la original desgracia
del villanaje de Adán
y de su infeliz prosapia.
¡Oh, quiera el cielo no sea,
según es tan deseada
de profetas y sibilas,
lo que dicen cuando claman
que ha de dominar la tierra
el fruto de sus entrañas!
Cuando, adelante pasando,
prosiguen diciendo «abra
sus senos la tierra» y ella
produzca de sus cavadas
peñas al Salvador; luego
«venga el rocío del alba»
y en cándida, tersa, piel
vea que su lluvia cuaja
el vellón que Gedeón
logró ver, cuando batalla
presentó a los enemigos
del pueblo de Dios; y pasan
a decir «que la salud
venga al mundo». Luego exclaman
«lluevan las nubes al Justo»,
y dé ella, que ella es la vara
de Jesé, huerto cerrado
y pozo también de aguas
vivas, azucena, rosa,
estrella, ciprés y palma.
Dirasme ahora: «Rencor,
¿qué tiene que ver que haya
un tronco, una mujer fuerte,
manná, ley, cordero y vara,
para tus quejas, supuesto
que, si sucedidas, pasan
ya el tiempo? ¿Por qué ahora y no
entonces tu ira acobardan?».
Y responderete yo
que todo importa, pues sacan
mis mágicas conjeturas
de sus anteriores causas
el fin de mis sentimientos,
mis congojas y mis ansias.
Y pues rectóricos tropos
dispensan que adelantadas
o pospuestas las noticias
no te perturben las sacras
autoridades (a fin
de que medidas distancias
tiempo ni lugar ocupan
y, si translativas se hallan,
aun en realidades sean
permitidas), mi dañada
intención quiere que veas
en realidad lo que falta
de representable idea,
por si así mejor reparas
lo que pudiera decirte
después mi angustia irritada
en lo que ya te he propuesto.
Y más si añaden mis falsas
ciencias que mis conjeturas
van al fin encaminadas
de que conozcas que solo
temor y pavor me causan,
solo me asustan y alteran,
solo me afligen y espantan
en las sombras y figuras
de manná, cordero y vara,
y enarbolada serpiente,
mujer fuerte, tronco y arca
el que haya tiempo en que sea
(después de tomar humana
carne en una Virgen pura,
sin pecado, error ni mancha),
por corona de los siete
sacramentos que explicaban
las maravillas de Dios,
uno de ellos, donde el alma
y cuerpo asista debajo
de especies transubstanciadas
de pan y vino el que es rey,
según como David canta,
de la gloria y el señor
de las virtudes sagradas
y el que es de la gracia aumento
porque es el rey de la gracia,
llamándose eucaristía,
que es nombre que lo declara,
pues quien dijo eucaristía
dijo «el aumento de gracia».
Y que ha de convidar dice
con esta eterna vianda,
según Pablo, a todo el mundo,
dándole nombre, porque haya
quien desde el rico al mendigo
no desdeñe el aceptarla,
de «convite general»,
conque a todos los aguarda,
yendo con la nupcial veste,
de ropa talar y blanca
estola, para que puros
puedan en su mesa franca
aprovechar los auxilios.
Y aunque pobres y con llagas
leprosos, tullidos, ciegos,
sean, dice también vayan,
curando a todos no solo
del cuerpo sino del alma.
Y así, antes que el tiempo llegue,
quiero cautelar las ansias
que me afligen y atormentan
con una industria que trazan
mis astucias, para que
cuando venga, halle mudada
la informe naturaleza
del Hombre, llena de manchas,
y, por asqueroso, no
quiera llevarle a su casa;
y, si estoy desprevenido,
es fuerza lo logre. Y hasta
que le quite el que se lleve,
el corazón no descansa,
pues, présago, ya me advierte
con sus mudas aldabadas
lo que me ha de suceder
si aqueste mal no se ataja,
pues aunque venga después
su remedio, el que se halla
imposible del remedio,
más que le aprovecha daña,
por más que entonces la Fe
diga en la voz de la Fama
cuando convidando a todos
repitan sus consonancias…
Atraviesa la Fama cantando, con el clarín en la mano, en una águila, lo que se sigue. Canta
FAMA
Venga a noticia de cuantos
son y han sido en la animada
esfera del universo,
desde la zona abrasada
hasta la gélida zona,
cómo la Suma Palabra
del que es en la tierra y cielo
Criador de estrellas y plantas,
aves, brutos, peces, fieras,
hombres, ríos, fuentes, aguas,
montes, árboles, collados,
granizos, nieves y escarchas,
sol, luna, signos, planetas
y, en fin, de la imaginada
campaña de los afectos
y de todas las campañas
materiales de la tierra,
cuanto vuela y cuanto nada,
cuanto corre y cuanto ruge
en piel, en pluma y escama,
cómo llama a los mortales
el Príncipe, que los ama,
convidándolos a todos
a un convite, porque es tanta
la gracia que quiere darles
que es el convite de gracia;
y porque mejor lo entiendan
segunda vez mi embajada
diré al compás de mis voces,
sobre las plumas doradas
de esta águila, no sin grande
misterio…
SOMBRA
¿Haslo oído?
RENCOR
¡Calla!
FAMA
Venid, mortales, venid,
venid, venid sin tardanza
al convite general,
siendo el clarín de la Fama
voz de la Fe, con que inspira en su aliento
aliento a sus voces, voces a su llama.
Venid, pues, venid,
que da mesa franca
a aquel que viniere
a la voz que inflama,
y a todos convoca,
y a todos los llama,
desde el rico al pobre,
pues que no se hallan
en su noble cariño excepciones que
a aqueste desdeñan ni a aquel le señalan.
Y pues a todos ofrece
hoy su general vianda,
tened atendido que nadie se atreva
venir a su mesa con ninguna mancha.
Vestida la talar ropa,
ceñida la estola blanca,
será vianda de vida en eterno
a aquel que le coma y le beba en su gracia;
pero a aquel que no viniere
del modo que la ley manda
sepa que su juicio se come, atrevido,
y es río de sangre del señor de almas.
Y aunque vengan los mendigos,
ciegos y cojos aguarda
como no vengan tarde: el tiempo es ligero
y no le aprovecha al que al tiempo no alcanza.
Venid, pues con un bocado
al que crea su palabra
le sanará heridas, no solo del cuerpo
sino también las heridas del alma.
Y porque ninguno pueda
alegar nunca ignorancia,
porque no disculpe a los unos el tiempo
pasado y a los otros el que corre y pasa,
es bien que yo lo publique,
del mundo en sus cuatro estancias,
donde mi clarín, dejando lo bronco,
inspire el favonio ayudado de la aura.
Y así, pues en esta parte
lo publiqué por la vaga
región del aire, esta águila hermosa
sea el testigo más fiel de sus pausas,
repitiendo porque el mundo
conozca cuánto le ensalza:
venid mortales, venid,
venid, venid sin tardanza
al convite general,
siendo el clarín de la Fama
voz de la Fee, con que inspira en su aliento
aliento a sus voces, voces a su llama.
Desaparece
SOMBRA
¿Qué infieres de esto?
RENCOR
No sé;
pues, aunque intenté que hallara
mudado al Hombre, si llega
a escuchar sus voces blandas
(ya que llorando lamenta
su culpa y el llanto gana
tanto con Dios que le mueve
a que abrevie su jornada,
según me parece y veo;
que si oyen cómo los llama
las cuatro partes del mundo,
que a sus dulces consonancias
acudan, y el Hombre entre ellos),
no hemos conseguido nada
en nuestro abono.
SOMBRA
Primero
(si eso es solo lo que sacas
de sus voces) haré yo
que ninguno de ellos vaya
al convite que propone.
RENCOR
¿Cómo?
SOMBRA
Dime, ¿no se halla
en el Asia el Hebraísmo,
señor de las empinadas
torres de Jerusalem,
cuando domina en el África
el Alcorán, de quien toman
el nombre de Agar, esclava,
y de Ismael, hijo suyo,
por lo que a todos los llaman
ismaelitas y agarenos?
En la América ¿no manda
el bruto Ateísmo en quien
no hay más dios, ni más crianza
que comer y beber hoy
pues se ha de morir mañana?;
¿y en Europa el Gentilismo,
que con su adoración falsa
cada día en sacrificios
de treinta mil dioses pasan
los que adora? Luego al Hombre,
por más que llore la amarga
introdución de su culpa
en el mundo, sin jactancia
te ofrezco, que todos sean
despojo de tu cruel rabia;
que yo haré que tu autor vea,
con mis cautelas, que nada
le aprovecha su convite,
haciendo del Hombre tantas
culpas, que haré que cometa,
que borre su semejanza,
haciéndoles ídolo Bel
como David le nombraba,
si antes fue de dios imagen,
deshecha después y ajada.
RENCOR
Bien creo de tus astucias
que lo logres, aunque haya
(contra mi furor tirano)
para deslumbrar la Fama
mi vista, sobre aquella ave,
valídose de sus alas;
y más, si atiendo que dijo
que por testigo llevaba,
como si ya con sus plumas
signada y testificada
su invocación a su culto
fuese escrita y aun sellada.
SOMBRA
No importa, pues (si los dos
en sus cuatro partes varias,
disfrazados o invisibles,
asistimos), que se valga
de misterios, aunque unidas
Fe divina y Fama humana
nos pronostiquen que pueden
unirse, sin disonancia,
a la humana la divina.
Aunque precursor añada
que, para que tome cuerpo
si es que puede ser vianda,
como lucero del día
venga a anunciar ya que el alba,
en otra frase, honra al Hombre,
cuando como aquella escala
para que suba él por ella
es fuerza que Dios bajara.
RENCOR
Dices bien, y pues ya llega
a tomar puerto en el Asia
otra vez la Fama y siempre
resuena cuando ella canta
en todas partes el eco,
introduzcamos cizañas
y dudas entre ellos, pues
con que ninguno su estampa
siga logramos el triunfo.
SOMBRA
Vamos, aunque malogradas
sus voces sean, diciendo
a los que no la oyen nada.
Vanse y sale cantando la Fama como primero, y salen el Hebraísmo a lo judío, el Ateísmo de pieles, la Idolatría de indio y la Gentilidad de romano, con corona y cetro y manto imperial, y todos siguiéndola y escuchando. Canta
FAMA
Venid, mortales, venid.
Repiten
LOS CUATRO
Venid, mortales, venid.
Canta
FAMA
Venid, venid sin tardanza.
LOS CUATRO
Venid, venid sin tardanza.
Canta
FAMA
Al convite general.
LOS CUATRO
Al convite general.
Canta
FAMA
Siendo la voz de la Fama.
LOS CUATRO
Siendo la voz de la Fama.
Canta
FAMA
Voz de la fe, con que inspira en su aliento.
LOS CUATRO
Voz de la fe, con que inspira en su aliento.
Canta
FAMA
Aliento a sus voces, voces a su llama.
LOS CUATRO
Aliento a sus voces, voces a su llama.
ATEÍSMO
¿Qué nuevo pájaro, cielos,
la región del aire bate,
que ni entiendo sus acentos
ni veo quién los esparce?
GENTILIDAD
¿Qué nueva deidad es esta
que, aunque no me persuaden
sus acentos, no es posible
que yo entre mis voces halle?
HEBRAÍSMO
¿Qué nuevo pasmo hoy anima
la vaga región del aire,
que no sé si en mi Escriptura
hallaré quien a él iguale?
IDOLATRÍA
¿Qué nuevo enigma a los ojos
ciega con sus claridades,
que aunque sus cláusulas oigo
ignoro lo que declaren?
ATEÍSMO
Mas ¿quién me mete a mí en eso?
Y pues que no han de inquietarme
sus acentos, duerma yo
y coma, y cante o no cante.
GENTILIDAD
Pero si conmigo no habla,
prosiga de mis altares
y dioses los empezados
sacrificios; no dilate
su culto.
HEBRAÍSMO
Pero, si a mí
no me llama, es muy en balde
hacer juicio del acaso;
y así acuda a que no falte
a mi Sinagoga bella
mi siempre cariño amante.
IDOLATRÍA
Pero, pues que no me nombra,
es cierto que no me llame
a mí, y así acuda a que
de plata y oro desangren
las venas, que da la tierra
materia de que se hacen
los ídolos, que yo adoro
los sacrificios.
FAMA
Representa.
¡Que nadie
responda! Bien se conoce
que ignoran sus ceguedades
el bien que les participan
mis cláusulas y pasajes.
Y así, porque su ignorancia
se destierre, he de nombrarles,
a ver si esta última vez
su corazón de diamante
se mueve, viendo que a ellos
les dice mi acento suave:
Canta.
¡Ah de la abundante Asia,
ah de la África arrogante,
ah de la Europa invencible,
ah de América ignorante!
¡Hebreo que la dominas,
idólatra que la aplaudes,
gentil que la riges y que la gobiernas,
ateo que la vicias con tus liviandades!
HEBRAÍSMO
¿Quién llama al hebreo pueblo?
IDOLATRÍA
¿Quién al idólatra suade?
GENTILIDAD
¿Quién al gentil ha nombrado?
ATEÍSMO
¿Quién al ateísmo hace
que vuelva a sus voces?
Canta
FAMA
Yo.
LOS CUATRO
¿Quién eres, deidad, que antes
nos suspendiste y ahora
segunda vez nos atraes
a tu voz?
FAMA
La Fama soy
que de las voces se vale
de la Fee para deciros,
atentos a sus verdades
y a mis acentos, que solo
quiere que sus consonancias
sigan los que oyeren que
repiten sus voces altas:
Canta
venga a noticia de cuantos
son y han sido en la animada
esfera del universo,
desde la zona abrasada
hasta la gélida zona,
cómo la Suma Palabra
del que es en la tierra y cielo
Criador de estrellas y plantas,
aves, brutos, peces, fieras,
hombres, ríos, fuentes, aguas,
montes, árboles, collados,
granizos, nieves y escarchas,
sol, luna, signos, planetas
y, en fin, de la imaginada
esfera de los afectos
y de todas las campañas
materiales de la tierra,
cuanto vuela y cuanto nada,
cuanto corre y cuanto ruge
en piel, en pluma y escama
cómo llama a los mortales
el Príncipe, que los ama,
convidándolos a todos
a un convite, porque es tanta
la gracia que quiere darles
que es el convite de gracia,
y porque mejor entiendan
segunda vez mi embajada
repetiré cuando diga,
con Pablo y Juan, cuando claman:
venid mortales, venid
venid, venid sin tardanza
al convite general,
siendo el clarín de la Fama
voz de la Fee con que inspira en su aliento
aliento a sus voces, voces a su llama.
Venid pues, venid
que da mesa franca
Repite todo lo que cantó al principio, sin dejar verso ni la repetición de los seis versos de arriba, sin desaparecer hasta su tiempo
a aquel que viniere
a la voz que inflama,
y a todos convoca,
y a todos los llama,
desde el rico al pobre,
pues que no se hallan
en su noble cariño excepciones que
a aqueste desdeñan ni a aquel le señalan.
Y pues a todos ofrece
hoy su general vianda,
tened atendido que nadie se atreva
venir a su mesa con ninguna mancha.
Vestida la talar ropa,
ceñida la estola blanca,
será vianda de vida en eterno
a aquel que le coma y le beba en su gracia;
pero a aquel que no viniere
del modo que la ley manda
sepa que su juicio se come atrevido
y es río de la sangre del señor de almas.
Y aunque vengan los mendigos,
ciegos y cojos aguarda
como no vengan tarde: el tiempo es ligero
y no le aprovecha al que al tiempo no alcanza.
Venid, pues con un bocado
al que crea su palabra
le sanará heridas, no solo del cuerpo
sino también las heridas del alma.
Y porque ninguno pueda
alegar nunca ignorancia,
porque no disculpe a los unos el tiempo
pasado y a los otros el que corre y pasa,
es bien que yo lo publique,
del mundo en sus cuatro estancias,
donde mi clarín, dejando lo bronco,
inspire el favonio ayudado de la aura.
Y así, pues en esta parte
lo publiqué, por la vaga
región del aire, esta águila hermosa
sea el testigo más fiel de sus pausas,
repitiendo porque el mundo
conozca lo que le ensalza:
venid mortales, venid,
venid, venid sin tardanza
al convite general…
HEBRAÍSMO Y GENTILIDAD
¡Oye!
ATEÍSMO Y IDOLATRÍA
¡Aguarda!
HEBRAÍSMO
No prosigas,
que, aunque juntos y conformes
nos hallas, por las noticias
que en cuatro partes del orbe
sonaron tan repetidas
de ese convite, en llegando
a saber que sus delicias
paran en ser sus viandas
tan raras, tan exquisitas,
como que carne el pan sea
y el vino sangre, me admira
tanto la proposición
que me parece, al oírla,
dura plática, y así,
podrás, ciega fe, decirla…
¡Oh, Fama, que todo dices!,
¿qué eres? Aunque el ser implica
de dos compuestos, mirarse
en un supuesto en unida
hiposición. Mas dejando
aquesto aparte, prosiga,
que el Hebraísmo, que hoy
de la Asia ocupa la silla,
está con su Sinagoga
tan casado, que no estima
su banquete, y más si añades
que ocupada, se dedica
a ritos y a sacrificios
de ceremonias antiguas
de su Levítico, y no
ha de dejar sus caricias.
IDOLATRÍA
A tu ejemplar le podrás
decir también que la India
de América, en quien hoy reina
con su hermosa Idolatría
el Paganismo, ocupado
en desangrar de sus ricas
venas el oro y la plata
que a los cultos sacrifica
de sus ídolos, tampoco
quiere que a otras aras sirvan,
principalmente en dorada
copa que con sangre brinda.
ATEÍSMO
Dirasle que el Ateísmo
de viandas nada envidia,
pues nada que envidiar tengo,
que todo sobra en la mía,
y si he de morir mañana,
coma y beba mientras viva.
De parte del Alcorán
de África, aunque lo repitas,
podrás decirle lo mismo,
pues su respuesta se cifra
en que está tan bien hallado
con su secta, que argüirla
no quiere y es porque él siempre,
más que la arguye, la lidia.
GENTILIDAD
Mal hacéis en responder
tan, a la primera vista,
desazonados. ¿En qué
ofende quien con benigna
liberalidad, y a haceros
fiesta, a su casa os convida,
y más sin examinar
de viandas tan divinas
la razón?
TODOS
¿Qué razón puede
haber?
GENTILIDAD
No lo sé hasta oírla.
En oyéndola, quizá
podrá ser que yo os lo diga.
Y así, al Príncipe dirás
que su real banquete estima
la Gentilidad: de Europa
irá a él agradecida.
TODOS
¿Qué dices?
GENTILIDAD
Lo que veréis,
que no es justo que me rinda
sin saber a quién, y no
es posible que en la pía
afición con que nos llama
deje de haber escondida
virtud, y sin apurarla
es ceguedad, no justicia,
despreciarla. Y así, vuelvo
a decir que, agradecida
en que se acuerde de mí
cuando se alegre festiva,
iré a su convite.
FAMA
Yo
lo haré así, cuando te admita
que son muchos los llamados,
diré, aunque el dolor repita,
y pocos los escogidos.
Vase
HEBRAÍSMO
En fin, ¿en que irás porfías,
Gentilidad, a su mesa?
GENTILIDAD
Sí.
IDOLATRÍA
Pues ¿no adviertes…?
HEBRAÍSMO
¿No miras
que le basta el ser convite
para que al serlo se siga
el ser desdicha?
GENTILIDAD
Antes creo
que es dicha el serlo.
HEBRAÍSMO
¿En qué estribas
esa opinión? ¿Qué banquete,
si a las historias te aplicas,
en desdicha no paró?
GENTILIDAD
¿Pues hay historia que escriba
haber habido banquete
que no haya parado en dicha?
TODOS
¿Cómo? Si vemos…
HEBRAÍSMO
Dejadme
a mí la cuestión, y oídla
con atención y veréis
si la dejo convencida.
Sale el Rencor a lo judío, y la Sinagoga, que es la Sombra, también
SOMBRA
A buena ocasión llegamos,
pues que quiere concluirla
el Hebraísmo a razones
a la Gentilidad. Mira
si, inspirándole tú, puedes
hacer que el ir no consiga,
concluyéndola tú en él,
cuando yo, desvanecida,
tomando la forma y voz
de su Sinagoga misma,
pueda animarle al certamen,
que aquel que batalla a vista
de lo que ama siempre vence.
RENCOR
Yo haré que en él se revistan,
o visible o invisible,
todo el resto de mis iras.
HEBRAÍSMO
Pero, aguardad, que, si no es
del deseo fantasía,
mi Sinagoga ha venido
mientras. Salgo a recibirla.
SOMBRA
Habiendo sabido que
una nueva voz te avisa
de no sé qué que no entiendo,
la curiosidad me anima,
dejando mis sacrificios
y ceremonias antiguas,
a que en tu busca viniese.
HEBRAÍSMO
Pues oye lo que decía,
que con eso entenderás
sus acentos, si examinas
la réplica que tomaba
en lo que diciendo iba.
Al Hebraísmo
RENCOR
Habla, pues, que yo te aliento.
GENTILIDAD
¡Oh, quién supiera, oh, divina
Fe, razones congruentes
a más de lo que averiguan
las noticias!
Dice dentro la Fama a la Gentilidad por el lado que está
FAMA
Yo te inspiro;
prosigue.
HEBRAÍSMO
Mas aunque tibia
mi razón fuese, parece
que hay impulso que me rija.
GENTILIDAD
Mas parece, de un instante
a acá, que con fuerza activa,
al invocar a la Fe,
mi entendimiento ilumina.
HEBRAÍSMO
El primer convite que hubo
fue una manzana nociva,
que avenenada dejó
de Adán toda la familia.
GENTILIDAD
Por eso resultó de él,
que no me faltan noticias
para que vaya a entenderla,
que Cristo encarne en su limpia
Madre, que de ese veneno
su sangre al mundo redima.
HEBRAÍSMO
Sobre los hijos de Job
un banquete fue su ruina.
GENTILIDAD
Por eso Dios su paciencia
premió con dobladas dichas.
HEBRAÍSMO
El convite de Jacob
del mayorazgo a Esaú priva.
GENTILIDAD
Por eso hizo a Jacob dueño
de la Raquel peregrina.
HEBRAÍSMO
El convite de Josef
de hurto a Benjamín indicia.
GENTILIDAD
Por eso granjeó que Egipto
al pueblo de Israel admita.
HEBRAÍSMO
Al pueblo pervirtió el torpe
banquete de los moabitas.
GENTILIDAD
Por eso el blanco manná
todo el mal sabor le quita.
HEBRAÍSMO
El convite de Absalón
fue de Amón el fratricida.
GENTILIDAD
Por eso Salomón fue
quien a Dios templo fabrica.
HEBRAÍSMO
El repudio de Vastí
fue de Asuero en la comida.
GENTILIDAD
Por eso logró que Asuero
a la hermosa Ester elija.
HEBRAÍSMO
El banquete de Esther luego
la horca para Amán aplica.
GENTILIDAD
Por eso el cautivo pueblo
del rigor de Amán se libra.
HEBRAÍSMO
De Baltasar la cena hizo
que un dedo su muerte escriba.
GENTILIDAD
Por eso Daniel, profeta,
de Dios quedó en más estima.
HEBRAÍSMO
La vianda de Habacuc
a su leonera le guía.
GENTILIDAD
Por eso también en ella
los leones domestica.
HEBRAÍSMO
Al Bautista dio la muerte
el convite de Herodías.
GENTILIDAD
Por eso, canonizado
de mártir quedó el Bautista.
HEBRAÍSMO
La cena a que vas costó
azotes, clavos y espinas.
GENTILIDAD
Por eso resultó de ella
que en la pura, tersa y limpia
hostia del pan, a que voy,
Cristo triunfe, reine y viva.
HEBRAÍSMO
¿Qué importa, si es pan de muerte?
GENTILIDAD
Sí importa, que es pan de vida,
que es lo que voy a entender,
si es que la Fe que me anima
a ir a ella por el oído
mi entendimiento cautiva.
HEBRAÍSMO
¿Cómo? Mas no puedo hablar…
RENCOR
¡Habla! Mas también me quita
la respiración… ¡Qué ahogo!
SOMBRA
¿Cómo? Mas también me priva
mi mismo dolor mi acento…
UNO
¡Qué pasmo!
OTRO
¡Qué horror!
GENTILIDAD
¡Qué dicha!
TODOS
¿Qué será lo que atormenta
al Hebraísmo? ¿Quién, cielos,
lo dirá?
Dentro
APOSTASÍA
Indómita fiera,
cuando hasta el abismo corras,
a tu centro la carrera
encaminas.
TODOS
¿Qué será esto?
GENTILIDAD
A lo que de aquí se deja
ver desde lo alto del monte,
un caballo se despeña
y a su dueño a tierra arroja
sobre la menuda hierba
del valle.
APOSTASÍA
¡Valedme, cielos!
RENCOR
Con este acaso renuevan
mi antiguo furor mis iras,
pues el Apóstata llega
a embarazar que al convite
la Gentilidad hoy pueda
llegar, y si llega tarde
no importa que vaya.
ALCORÁN
Fuerza
es el ir a socorrerle.
Éntrase
JUDAÍSMO
Ya en mí mi ira otra vez vuelva.
SOMBRA
Vuelvan también mis pesares.
Sale el ALCORÁN con la APOSTASÍA de soldado en los brazos
ALCORÁN
Hombre, quien quiera que seas,
ven ya seguro del riesgo
en mis brazos.
APOSTASÍA
Harto es tengan
hombres, ni montes, ni brutos
para mí piedad.
ALCORÁN
Pues llega
ya a verte libre del susto,
toma descanso y alienta.
APOSTASÍA
¿Para qué? Si ya mi vida
por inútil me atormenta;
y una vida aborrecida,
¿qué se pierde en que se pierda?
TODOS
¿Pues quién eres?
APOSTASÍA
Un soldado
que, apóstata de la Iglesia,
aunque conoce que hay Dios,
algunos misterios niega,
y en común la Apostasía.
UNOS
Pues ¿qué quieres?
OTROS
Pues ¿qué intentas?
UNOS
¿Dónde vas?
OTROS
¿Dónde pasabas?
APOSTASÍA
Hacia vosotros la vuelta
tomaba de aquese monte,
para que con vuestras ciencias
me descifréis de un enigma
la confusa inteligencia;
y así, Hebraísmo…
HEBRAÍSMO
¿Qué mandas?
APOSTASÍA
Que, pues que saber deseas
lo que te dice mi anhelo,
de aquesta duda me absuelvas:
puesto que la fantasía
de retóricas licencias
da voz a lo imaginado,
en cuya prosopopeya
las más lejanas noticias
la imaginación abrevia,
¿qué música es la que en todo
el ámbito de la tierra
hoy se ha escuchado?
HEBRAÍSMO
Si antes
de ahora venido hubieras,
con atención escucharas
una cuestión, de su mesma
armonía dimanada,
que la Gentilidad ciega
defendía.
GENTILIDAD
Mira tú
quién el más ciego parezca:
tú no creyendo, u yo, aunque
por ahora lo dude o crea,
que eso no importa a que a él
de su pregunta respuesta
le des.
IDOLATRÍA
Dice bien.
HEBRAÍSMO
Si hubiesen
cumplido cómputo y cuenta
las semanas de Daniel,
tan universal materia
que sus albricias se extienden
a todo el orbe, dijera
ser armoniosa salva
que hacen el cielo y la tierra
al Mesías que yo aguardo.
APOSTASÍA
Para mí esa no es respuesta
cuando yo sé que ha venido,
bien que en parte me hacen fuerza
algunas proposiciones,
que no es posible que entienda
ni alcance mi ingenio.
IDOLATRÍA
No
fuera de ambos conveniencia,
ya que no bien avenidos
os tienen las leyes vuestras,
reduciros a la mía,
creyendo que de su esfera
alguna deidad de tantas
como yo adoro descienda
a solazarse en los Campos
Elíseos, cuyas amenas
márgenes son sus delicias.
LOS DOS
¡Qué proposición tan fuera
de la natural razón!
ATEÍSMO
No están más dentro las vuestras.
¿Que dios, Hebraísmo, puede
ser el que ha tanto que esperas?
¿Qué dios puede, Idolatría,
ser el que diviso tenga
su imperio con otros dioses,
ni qué dios al que tú niegas,
fugitiva Apostasía,
de su gremio la obediencia,
que ya la juraste?; y siendo
así que en uno la espera,
que la multiplicidad
en otro, en otro las ciegas
cuestiones de sus misterios
os traen discordes, ¿no fuera
mejor por el real camino
pisar la anchurosa senda,
no creyendo más dios que
la natural providencia
de las cosas, que se hicieron
ellas solas por sí mesmas?
HEBRAÍSMO
¿Por sí solas? ¿Cómo pudo
aquella prima materia,
a quien los profetas llaman
«nada», y «caos» los poetas,
disponerse por sí sola?
APOSTASÍA
Unas obras tan supremas,
sin criador, ¿cómo podrían
por sí hacerse?
IDOLATRÍA
Y si no hubiera
dioses que las asistiesen
criadas ya, ¿cómo pudieran
conservarse por sí solas?
ATEÍSMO
Yo no entiendo de materias
primas ni segundas. Solo
sé, sin fatigar la idea
ni atormentar el discurso,
que estas obras, por inmensas
y prodigiosas que son,
ahí nos las hallamos hechas
y ahí habemos de dejarlas,
habiendo gozado de ellas,
siendo mi vientre mi dios,
lo que coma y lo que beba,
dure o no dure la vida,
pues no hay más gloria ni pena
que nacer y morir.
HEBRAÍSMO
¡Calla,
loco!
APOSTASÍA
¡Suspende la lengua,
bárbaro!
IDOLATRÍA
¡Detén la voz,
hombre indigno de que seas
racional!
HEBRAÍSMO
No es racional
hombre el que el principio niega
a un dios, causa de las causas,
sino otra especie de fieras,
de insensatos racionales,
por quien dijo David que eran
los que allá en su corazón
con insipiente torpeza
dijeron que no había Dios.
APOSTASÍA
¿Y qué mayor evidencia
de que le hay que el haber quien
lo que dijiste supiera
tú a tu corazón? Y puesto
que al que los principios niega
no se le debe argüir,
dejémosle entre las breñas
de su desierta ignorancia,
para fiera de sus fieras.
IDOLATRÍA
Para bruto de sus brutos.
HEBRAÍSMO
Para bestia de sus bestias.
APOSTASÍA
Y cobrando cada cual
de nosotros la vereda
de su patria, a inquirir vaya
lo que se ha inferido de ella
acerca de aquellas voces
y a participarlo venga
a los demás.
HEBRAÍSMO
Dices bien,
pues de nuestra conferencia
sacaremos qué debemos
hacer cuando a decir vuelvan…
IDOLATRÍA
…sus cadencias…
HEBRAÍSMO
…sus acentos…
IDOLATRÍA
…sus voces…
HEBRAÍSMO
…sus consonancias…
Representando los cuatro y cantando dentro la Fama
LOS CUATRO Y LA FAMA
Venid, mortales, venid,
venid, venid sin tardanza,
al convite general,
siendo el clarín de la Fama
voz de la Fe, con que inspira en su aliento
aliento a sus voces, voces a su llama.
Con esta repetición se van los cuatro y quedan el ATEÍSMO, RENCOR y SOMBRA
ATEÍSMO
¡Qué contentos van de ver
que baldonado me hayan!
¡Como si a mí se me diese
de honores ni afrentas nada,
que son en aqueste siglo
dos inútiles alhajas
tan neciamente molestas
que, no tenidas, no faltan
y, tenidas, no aprovechan!
¡Viva yo y viva sin ansia
con solo mi gusto! Y luego,
sin que tristeza en mí haya,
ni aun alborozo, no mal
la poca pena que causa
en mí ir a saberlo, diga:
¿qué ave es esta que me cansa,
que el oírla no me alegra
cuando ellos van a buscarla
hoy? ¿O habla conmigo o no?
Si acaso conmigo habla,
vuelva a buscarme otra vez,
y otras mil, que yo en mi casa
no he de dejar mi poltrona
pereza porque me traiga
nuevas, o malas o buenas,
de cena, comida o vianda.
Y así, gozando el solaz
de mi regalo, que vayan
a buscarla, que yo no
quiero seguir su demanda.
Vase
RENCOR
Nada conseguimos, pues
aunque todas cuatro erradas
opiniones al convite
no van, me hace fuerza tanta
ver que la Gentilidad
vaya a él que se retrata
en mí (de todos los dogmas,
las setas y sus viciadas
intenciones) lo que aquel
padre de familias trata
cuando plantando la viña,
y el sembrador la labranza,
en una parte de todas
las cuatro, logre que caiga
en fértil tierra su voz;
que esto la siembra declara
que ni en tierra pedregosa
ni entre las hierbas amargas,
ni en los caminos, produzga
el grano de su palabra,
sino en tierra que esté esempta
de todas estas cizañas,
siendo heredera después
de la viña, pues señala
el sueldo cabal a aquel
que, creyendo, se adelanta
a todos. Y pues aunque
le da también al que halla
que vino a la tarde como
al que viene a la mañana,
pues el Hombre viene, en él
despiquemos lo que falta.
SOMBRA
Y más si atiendes a que,
pues es el que con él baja
a este valle su Albedrío,
y pues inclinado se halla
más al gusto que al pesar,
con músicas y con danzas
disfrazando las nocivas
penalidades que causan,
con otro disfraz pretendo
detenerle.
RENCOR
¿Pues qué aguardas?
¿Y pues aqueste, que yo
lleve también? No sin causa
me hallo con él. Yo también
impediré que su planta
dé paso. ¡Que no le quite
el mérito a la esperanza
de esperar que, del Mesías
(que los judíos aguardan
como si no hubiera ya
nacido y muerto a la saña
de ellos) esta misma cena,
o pospuesta o declarada,
explique de aquel prodigio,
para mayor enseñanza
de los que aquella no vieron
aunque crean y aunque varia
en los discursos esté,
ya que no en las circunstancias,
y así de lo antecedente
como de lo que ahora aguardan
en fee de la alegoría!
¡A ver, nuestras iras, cuántas
contra el Hombre te conspiran,
en el poder de mis armas!
Aunque otra vez se haya visto,
a nadie haga repugnancia,
que el repetir no es hurtar.
SOMBRA
Solo los necios infaman
lo que no entienden; supuesto
esto, ya adelante pasa
al fin de nuestro discurso
pues llegan diciendo…
Salen el Hombre y el Albedrío
HOMBRE
Anda
No te pares, Albedrío.
ALBEDRÍO
Si como señor me mandas,
¿cómo quieres que me pare?
HOMBRE
Buscando la soberana
voz que llamó a mi humildad
a que de miseria salga,
enriqueciendo mi culpa
con el blasón de su gracia,
en que puso a todo el mundo
la sombra de mi desgracia…
RENCOR
Ahora es tiempo.
SOMBRA
Pues con voces
de músicas y de danzas
que le salgan al camino,
de figuras animadas
que a nuestro conjuro vengan
y a nuestra obediencia salgan
de este triste calabozo
cuantos se encienden y cuantas
se abrasan y no se queman,
ahúman, pero no se abrasan,
y en atezados carbones
envidia a la noche causan,
diciendo, porque detengan
del Hombre la huella tarda:
Salen cantando y bailando algunos y algunas, todos de zagales y, entre ellos, también la Sombra de zagala
MÚSICA
Venid, zagalejas,
zagales venid,
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
Venid, venid.
Canta
UNA
Venid donde dé
en vario matiz
Vueltas
claveles el mayo,
rosa y alhelí.
Venid, venid.
Canta
OTRA
Venid donde corre
el viento sutil,
Corros
que el céfiro manso
supo introducir.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid donde el tacto
sabe distinguir
Hechas y deshechas
en catres de pluma
suave transportín.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid donde el gusto
quiso prevenir
Interpolados
con el licor dulce
el manjar feliz.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid, que la vista
aquí hace lucir
Lazos
una y otra bella
ascua del zafir.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid, que el olfato
logra discernir
de una y otra goma
el suave ámbar gris.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid, que el oído,
para divertir
en cláusulas tiernas
pronuncia el herir.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid, porque todo
es delicia aquí,
sin que nunca hagáis
caso del morir.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid y veréis
cómo todo, en fin,
con solo querer
podéis conseguir.
Venid, venid.
Canta
OTRO
Venid y volved
de nuevo a decir,
porque todo el mundo
lo llegue a inferir.
Venid, venid.
MÚSICA
Venid, zagalejas,
zagales, venid
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
HOMBRE
No las sigas.
ALBEDRÍO
¿Cómo no,
si ves que he llegado a oír
Él y música
que todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir?
HOMBRE
Por eso mismo, pues pienso
que me quieren impedir
mi jornada; mas el cielo,
pues es mi intento seguir
hoy las voces de la Fe,
creo volverá por mí.
SOMBRA
Vuelva otra vez el encanto
de mi voz.
RENCOR
Aqueso sí.
Veamos si el cielo le libra
de tu hechizo, pues en sí
lucha con su pensamiento
y con su Albedrío allí.
Luchan el Hombre y el Albedrío
MÚSICA
Venid, zagalejas,
zagales, venid
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
ALBEDRÍO
Aparta, deja que siga
su tropa, pues logro ir
Él y música
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
HOMBRE
¡Ay de mí!, que aunque mi fuerza
puede detenerte, en mí
luchan contrarios afectos,
dejándome, ¡ay infeliz!,
de no sé qué oculto hechizo
llevar, sin que a discurrir
llegue quién causa ese encanto.
Pero ¿yo me he de rendir
y no ir al convite, donde
el idólatra, el gentil,
el hebreo, el ateísmo
estarán en su confín,
y todos los demás que
llegaron su edicto a oír?
RENCOR
¿Pues duda? Porque no pase
a experiencia, pues así
me halla el acaso, no acaso
disponga en su frenesí:
¡que no logre su interpresa!
ALBEDRÍO
¡Que no me dejes seguir
sus voces, cuando repiten,
aunque las oigo de aquí:
Él y música
venid, zagalejas,
zagales, venid
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
HOMBRE
No, porque prevenir quiero…
Veense
RENCOR
No tienes qué prevenir
si atiendes a mis razones.
Dime, pues que percibir
pude de tu acento mismo
que te llevaba tras sí
una voz que de un convite
daba noticia, ¿a qué fin
quieres ir, cuando ya es tarde,
si atendiste a que, ¡ay de mí!,
al que llegaba después
no le podía servir?
¿No es mejor aquí quedarte,
adonde te han de servir
como señor y no adonde
como siervo has de asistir,
como dicen esas voces
que vuelven a repetir
Él y música
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir?
ALBEDRÍO
Dice bien; vamos adonde
den de comer, y dormir,
y beber, que es lo primero
por refuerzo del vivir,
que adonde con un bocado
te dejen…
HOMBRE
¿Quién eres? Di,
hombre que, aunque el traje hebreo
muestres, me das que sentir
solo de haberte mirado,
que me das a presumir
que está en ti todo el abismo.
RENCOR
No, no tienes qué inferir.
El hebreo pueblo soy,
que por solo ver y oír
que ibas allá, mi cuidado
de esto te quiso advertir,
y así las mesmas razones
que a otros les he dado, a ti,
como son el Ateísmo,
el Idólatra, el Gentil,
la secta del Alcorán,
el Apóstata y, en fin,
todos los demás, que no
asisten ni han de asistir
a su mesa, porque nunca
se meten en discurrir
cosas que, aun imaginadas,
ni vistas pueden sufrir,
como ser la carne el pan
y el vino, sangre. De mí
no presumas, que es por más
que porque puedas decir
que, cuando fino con todos
el Judaísmo, feliz
con su amante Sinagoga,
hizo a todos desistir
con sus razones y fuerza,
no te detuvo; y así
quiero decírtelo, puesto
que me diste (¿no es así?,
desde que ahora empecé
tu voluntad a argüir)
oído y consentimiento
a lo que te he dicho.
HOMBRE
Sí.
RENCOR
Aparte.
Albricias, que desde ahora
puedo decir que vencí.
ALBEDRÍO
Pues ¿qué esperas, si es que ya
a mí me pudo rendir,
para acudir donde dicen
en todo aquese confín…?
Pásase el Albedrío al lado del Rencor. Él y música
Venid, zagalejas,
zagales, venid
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
HOMBRE
¡Ay de mí!; que, ya vencido
tú, no puedo proseguir
el camino que seguía,
pues no sé ya adónde ir
sino adonde tú me llevas,
sin saber más que morir.
ALBEDRÍO
Pues ven, donde repitiendo
están cien veces y mil
Él y música
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
HOMBRE
Ya te sigo, ve guiando.
Vanse el Hombre y, tras él, el Albedrío
RENCOR
Mortales, esto advertid,
que vencido el Albedrío,
y la voluntad tras sí,
todas las demás potencias
y sentidos prevertir
hace en el Hombre y entonces
ya no acierta a discurrir,
sino hacia su precipicio
ir cayendo.
Dentro
HOMBRE
¡Ay infeliz!
Mira que esta senda errado
habemos.
ALBEDRÍO
Pues por aquí
vamos. Mas no… Por acá,
pues vuelven a repetir:
Ellos y música
venid, zagalejas,
zagales, venid
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
RENCOR
Y ya que mi vencimiento
he logrado, porque huir
de la red en que ha caído
no pueda, iré a prevenir
a la Sombra aunque el acento
suyo vuelva a proseguir:
Él y música
donde todo es solaz,
alegría, placer
y descanso al vivir.
Vanse, y sale el Príncipe de galán, solo
PRÍNCIPE
¡Oh, amor, a lo que me obligas,
pues me obligas a que haga
por ti tan grandes finezas
como sujetarme a tantas
penas como que, trayendo
la naturaleza humana,
Nazaret por ella al hielo
me vio; por ella mi patria
peregrinar a la ajena
y por ella esas montañas
fatigado del camino,
llena de sudor la cara;
con hambre afligirme el monte,
con sed rendirme Samaria!
Y aún no han de parar aquí,
pues hasta el fin he de amarla,
dando la vida por ella,
de que la prenda más alta,
la más explicada sombra
y la figura más clara
será a venideros siglos
ver que en las supremas aras
ponga la Sabiduría
a todos la mesa franca,
que en convite general
les doy de comer, porque haga,
siendo del alma y del cuerpo
alimento, las viandas
tan a dos visos que sea
pues, llorando, mi amor baja
en los achaques del cuerpo
o en los remedios del alma.
Y así, a puertas de esta hermosa
fábrica (que iluminada
más por los que en ella asisten
que no por lo que es) aguarda
mi afecto a ver si ya vienen
al convite, pues ya tardan,
los convidados, a quienes
invío a llamar, con la Fama,
la Fee, que idea en abono
de la Iglesia soberana
el que el Hombre… Mas, ¡ay, cielos!
que, al decir el Hombre, carga
sobre mis hombros un peso
que hasta la tierra me baja
sin duda. ¡Mas yo pregunto
lo que sé! Mas fuerza es que haya
de ajustarme el modo humano,
que divertido se halla.
Mas mi cariño sabrá,
como él me pide venganza
de sus enemigos todos,
postrárselos a sus plantas.
Y pues para que las mesas
se pongan en este alcázar
de la Iglesia y se celebre
el banquete, solo falta
que vengan los convidados,
como dije, que ya tardan.
Sale FAMA
FAMA
No tardan, que malas nuevas
siempre, señor, se adelantan,
pues, aunque mezclado el vino,
las víctimas inmoladas,
ácimo el pan y el cordero
entre lechugas amargas
estén, no hay para quién sean,
pues despiden mi embajada
entre las partes del mundo
las más, y desconsolada
vengo a tus pies.
PRÍNCIPE
¿Pues qué ha habido?
FAMA
Aunque no se oculta nada
a tu entender, con todo eso
responderé que en el África
el Alcorán y Ateísta,
tenaces en su obstinada,
rebelde, perversa, injusta
y contumaz pertinacia,
responden que no la admiten:
el uno, porque de nada
hace caso que no lidie;
el otro, porque no alcanza
que haya más dios que su vientre
y así no admite ni aguarda
aún las primeras noticias
de la fe con que le llamas.
Y aunque el gentil no del todo
rehúsa ni aprueba nada,
entre errores desconfío
que pueda llegar, sin que haya
desasídose ya de ellos.
Con distante circunstancia,
mas no con distante error,
que uno niega, otro idolatra,
en América responde
la Idolatría, ocupada
en los sacrílegos cultos,
de torpes deidades falsas.
En las provincias de Europa
(aunque dice que se halla
con ánimo de venir
la Gentilidad), las armas
tiene, de ellas, el rebelde
Apóstata hoy infestadas
las del norte. Para que
vuelva a tu gremio, no basta
el ver tu misericordia
y que le ponga en confianza
de su perdón, porque niega
los misterios que señalas
en el vino y en el pan,
y así vicia con dañadas
opiniones esos y otros
sacramentos. Y en el Asia,
impaciente el Judaísmo,
con más encendida saña
que todos prorrumpió en que
todos en desdichas paran
los banquetes que la ley
de su Levítico guarda
en su Escriptura, añadiendo
la unión divina y humana
que pueda haber sucedido
hasta ahora, porque él la aguarda
según su cómputo en otra
edad; y dudando que haya
pan, vino, manná, cordero
y, en fin, todo, sin más causa
que parecerle que implica
en tu mesa, con más rabia
se indignó, apadrinado
de oculta Sombra tirana,
que en fe de su Sinagoga
su dictamen aprobaba.
Y así me volví.
PRÍNCIPE
¡Oh, rebelde
perfidia! ¡Oh, ciega ignorancia!
¡Oh, torpe error! ¡Bien pudiera
de tanto desdén, de tanta
grosera acción (como ver,
Fama, que atrevidos hagan
desprecio de mi convite)
tomar de todos venganza!
Pero mi poder, por más
ofendido que se halla,
no luce en lo que castiga
tanto como en lo que aguarda.
¡Oh, generación de dura
cerviz, perversa y ingrata
a los beneficios! Pero
no por mirar que me faltan
para mi mesa los reyes,
los príncipes y monarcas,
dejaré de celebrar
mi cena con gentes varias.
Vuelve otra vez y corriendo
caminos, calles y plazas,
sin excepción de personas,
por más humildes y bajas
que sean, tú los convida,
sin que el ser les obste en nada
mendigos, ciegos, tullidos,
ni con miserias y llagas,
paralíticos, leprosos,
para que vean a causa
de mi piedad los magnates
del siglo que no hay distancia
de ellos a los pobres, como
tú, Fama, o Fe, me los traigas.
La Iglesia dispondrá al punto
para todos vestes blancas
que nupciales ropas sean,
porque no haga disonancia
su desnudez en mi mesa,
sentándose a ella con manchas
de actual achaque; que yo
en este umbral, a la entrada
del palacio de la Iglesia
los aguardo, porque salga
a quitarles el empacho
que traerán de que los llama
su rey, para que conmigo
se sienten supliendo faltas
suyas, para que con eso
lograrán verme la cara,
que no es bien llegue a mi mesa
nadie con desconfianza,
y a su cargo cada uno;
para que digas, ¡oh, Fama!
a los que se han excusado
por malicia o ignorancia
que lo que ellos por soberbios
pierden, por humildes ganan
los pobres, quitando a unos
las sillas cuando se ensalzan
los otros, y más si añado
a la letra que a mi casa
al que llega hambriento llene
de bienes y quite el ansia
a los ricos, pues vacíos
los deje. Y si acaso hallas
al Hombre procura que
te escuche. Mira que agravia
más que todos su Albedrío
mi poder. Para que nada
le quede que disculparse,
y si él pidiere de gracia
que le favorezca yo,
en mi nombre, de la osada
senda que sigue, desvía
su persona y, si le arrastra
su Albedrío, la sentencia,
desde ahora fulminada,
sea entregarle a la Sombra
y al Rencor, sin que le valga
humano remedio, pues
el mío le desampara.
Y así… Mas parte.
FAMA
¿Tú lloras?
PRÍNCIPE
¿Qué te admira? ¿Qué te espanta?
¿Que llore culpas del Hombre
mi amor?
Vase
FAMA
Puesto que me encargas
que vuelva al público edicto,
repetiré en voces blandas:
Canta
Venga a noticia de cuantos
son y han sido en la animada
Canta todo el recitativo y todas las coplas y repeticiones como la segunda vez y salen como oyéndole ANDRÉS, primero, luego PEDRO, JUAN y DIEGO, de pescadores
esfera del universo,
desde la zona abrasada
hasta la gélida zona,
cómo la Suma Palabra
del que es en la tierra y cielo
Criador de estrellas y plantas,
aves, brutos, peces, fieras,
hombres, ríos, fuentes, aguas,
montes, árboles, collados,
granizos, nieves y escarchas,
sol, luna, signos, planetas
y, en fin, de la imaginada
esfera de los afectos
y de todas las campañas
materiales de la tierra,
cuanto vuela y cuanto nada,
cuanto corre y cuanto ruge
en piel, en pluma y escama
cómo llama a los mortales
el Príncipe que los ama,
convidándolos a todos
a un convite, porque es tanta
la gracia que quiere darles
que es el convite de gracia,
y porque mejor entiendan
segunda vez mi embajada
repetiré cuando diga
con Pablo y Juan, cuando claman:
venid mortales, venid
venid, venid sin tardanza
al convite general,
siendo el clarín de la Fama
voz de la Fee con que inspira en su aliento
aliento a sus voces, voces a su llama.
Venid pues, venid
que da mesa franca
a aquel que viniere
a la voz que inflama,
y a todos convoca,
y a todos los llama,
desde el rico al pobre,
pues que no se hallan
en su noble cariño excepciones que
a aqueste desdeñan ni a aquel le señalan.
Y pues a todos ofrece
hoy su general vianda,
tened atendido que nadie se atreva
venir a su mesa con ninguna mancha.
Vestida la talar ropa,
ceñida la estola blanca,
será vianda de vida en eterno
a aquel que le coma y le beba en su gracia;
pero a aquel que no viniere
del modo que la ley manda
sepa que su juicio se come atrevido
y es río de la sangre del señor de almas.
Y aunque vengan los mendigos,
ciegos y cojos aguarda
como no vengan tarde: el tiempo es ligero
y no le aprovecha al que al tiempo no alcanza.
Venid, pues con un bocado
al que crea su palabra
le sanará heridas, no solo del cuerpo
sino también las heridas del alma.
Y porque ninguno pueda
alegar nunca ignorancia,
porque no disculpe a los unos el tiempo
pasado y a los otros el que corre y pasa,
es bien que yo lo publique,
del mundo en sus cuatro estancias,
donde mi clarín, dejando lo bronco,
inspire el favonio ayudado de la aura.
Y así, pues en esta parte
lo publiqué, por la vaga
región del aire, esta águila hermosa
sea el testigo más fiel de sus pausas,
repitiendo porque el mundo
conozca lo que le ensalza:
venid mortales, venid.
ANDRÉS
Venid, mortales, venid.
Canta
FAMA
Venid, venid sin tardanza.
PEDRO
Venid, venid sin tardanza.
Canta
FAMA
Al convite general.
JUAN
Al convite general.
Canta
FAMA
Siendo el clarín de la Fama.
DIEGO
Siendo el clarín de la Fama.
Canta
FAMA
Voz de la Fe, con que inspira en mi aliento
aliento a las voces, voces a su llama.
LOS CUATRO
Voz de la Fe, con que inspira en mi aliento
aliento a las voces, voces a su llama.
ANDRÉS
Sin duda que aquesta voz
con nuestra humildad hoy habla,
pues dijo que aunque mendigos
pobres, tullidos, con llagas
y con achaques actuales,
que son heridas del alma,
fueran, como no sea tarde,
y así siguiendo su estampa
el primero he de seguirla.
PEDRO
Y es verdad que te adelantas
a todos, pero también
nosotros vamos, sin que haya
duda en que habla con nosotros.
JUAN
Y cuando no imaginara
que con nosotros ha hablado,
puesto que a todos los llama,
también es fuerza que entremos
a hacer número.
DIEGO
Esa es clara
consecuencia, pues no fueran
todos, si alguno faltara,
y aunque todos no han de ir,
por las opiniones varias
que seguirán, a lo menos
vamos nosotros, y nada
nos perturbe.
Dentro
FAMA
¡Ay de mí!
Dentro
PABLO
¡Aunque huyas, sabrá mi airada
sed, pues te hallo con las señas
de la Fe de esa canalla
infame de los cristianos,
pues no disculpa a mi saña
el ser mujer!, ¡y en tu alcance,
aunque a Damasco pasaras,
te siguiera, porque llevo
de la Sinagoga amada
letras contra tus secuaces!;
¡y así, desde esta montaña
viviente te seguiré,
pues de su furia animada
no te librará la fuga!
FAMA
Dime, Saulo, ¿por qué causa
me persigues?
PABLO
¡Ay de mí!
Cae
Detén, detén la acerada
cuchilla, no la ensangrientes
en una vida postrada.
Al tercer cielo he llegado.
¡Oh, Fe, misteriosa y santa,
que has querido que este siervo
esté postrado a tus plantas,
cosa que no ha merecido!
Mas yo te doy la palabra
de volver, hasta que pierda
la vida, por tu demanda
contra lo que comencé.
Entran Pablo y la Fama
FAMA
Pues a mis brazos levanta,
noble atlante de la Iglesia;
y vosotros, pues que nada
de lo que habéis visto quita
el mérito, vamos hasta
el alcázar donde asiste
el Príncipe; y así en altas
voces, porque el Hombre pueda
oírlas, digan nuestras ansias…
TODOS Y PABLO
Todos digamos contigo,
porque logres lo que mandas,
Cantando la Fama y ellos representando
venid, mortales, venid,
venid, venid sin tardanza,
al convite general.
Salen el Hombre luchando con el Albedrío y la Sombra y el Rencor de zagales, acechando y siguiendo al Hombre
HOMBRE
¡Ven tras mí!
ALBEDRÍO
¿Pues no te agrada
aqueste divertimiento,
estas músicas y danzas,
estos convites y cenas,
estas flores, estas aguas,
estas ropas tan suaves,
y sobre las demás gracias,
las zagalas de la aldea,
cuyas hermosuras raras
nos deleitan y complacen?
HOMBRE
Más que me alegran, me cansan,
que es efecto del pecado,
después de pecar, que cansa.
¡Oh, Señor! Ya que escuché
segunda vez que me llamas,
si yo pudiera seguirla,
mas ¡ay infeliz!, que aunque anda
dando latidos el pecho
por ir tras ella, me embarga
la vergüenza del delito
que contra vos la tirana
Sombra en actual culpa hizo,
que contra vos mi inconstancia
cometió, y así, Señor,
no puedo mover la planta;
pero mi afecto os envío.
Obrad, pues, según la magna
misericordia, y no obréis
según mi infiel, depravada
malicia, para que pueda
ir allá.
FAMA
Aqueso te basta,
y así en nombre suyo yo
diré a los que me acompañan
que te lleven a su mesa,
porque lavado…
SOMBRA
¡No basta,
que en fe de la culpa es mío!
FAMA
¿Por qué, si ya confesada
su culpa está?
PEDRO
Y yo le absuelvo,
en fe también de palabra
de que la emienda será
cierta en él, y por fianza
quedo de ello, pues la Fe
iluminó nuestras almas,
desde el punto que la oímos
todos juntos, que hechos llamas
nuestros rudos corazones
diferentes lenguas hablan,
y así vamos con el Hombre
al convite.
ALBEDRÍO
Fuerza es vaya
yo con él también, aunque antes
le arrastré yo, y él me arrastra
ahora a mí.
RENCOR
A aqueste viejo
he de hacer que de mi rabia
pruebe el examen, pues no
pudimos hablar palabra
y se nos llevan al Hombre
sin poder tomar venganza.
Ásenle a Pedro
SOMBRA
Bien dices: ¡muera!
PEDRO
¡Ay de mí!
RENCOR
¿Vas tú también a esa franca
mesa?
PEDRO
Yo no.
SOMBRA
Pues entre su tropa varia
yo te vi.
PEDRO
No iba yo en ella.
RENCOR
¿Cómo no? ¿Ahora no acabas
de decir que el Hombre fuera
con vosotros? ¡Pena extraña!
PEDRO
A ninguno le conozco
de ellos… Mas ya me acobarda
mi delito. ¡Ay, infelice!
Vase
RENCOR
Negó y renegó.
SOMBRA
¿Qué extrañas
que renegase de miedo,
si tu furor le amenaza?
Y ya que el Hombre, según
vuela veloz esa Fama,
que ni sé si es Fee divina
ni sé si es que es Fama humana,
aunque de las dos compuesto
su ser, en las señas traiga
los indicios de la Fee
y el acento de mi amada
Fama (que quiere decir,
si del hebreo se saca,
buen olor de las costumbres
y integridad en el alma,
y, en griego, transmutación
y por eso siempre vaga
con las alas que le mueven,
de una parte a otra anda
transmutando de un lugar
a otro la breve distancia,
pues hace que sea breve
la veloz de ella), hoy con causa
nueva, pues si el pan y el vino
anuncia que, en transmutadas
especies, dice se vuelve
carne y sangre derramada
del Justo, bien con el nombre
conviene…
RENCOR
Déjame, calla,
que, por fin de mis pesares,
solo el que tú me acordaras
mis desdichas por consuelo
de mi dolor me faltaba;
pero ven, que he de asistir
a su festiva alabanza
y he de hacer… Pero ya el tiempo
lo dirá.
Vanse y sale el Príncipe
PRÍNCIPE
¡Qué mal descansa
el amor apasionado,
y más si, impaciente aguarda
alguna cosa de gusto!
¡Y tanto es el que me causa
el Hombre! Pero ya llega,
y me lo dirá la Fama,
que aunque lo sé, como dije,
me he de ajustar a que vayan
corriendo por naturales
modos las humanas causas,
ajustándome yo a ellas
por mi amor.
Salen la Fama, Andrés, Pedro, Pablo, Juan, Diego, el Hombre y el Albedrío
FAMA
Dame tus plantas.
TODOS Y ANDRÉS
Dame tus pies.
ALBEDRÍO
Y a mí y todo,
que ha días que lo deseaba.
PRÍNCIPE
¿Cómo te ha ido?
FAMA
Señor,
al punto que tu demanda
puse por obra, siguieron
mi voz los que aquí se amparan
de tu favor; luego Pablo
a la furia despeñada
de un caballo me siguió;
luego el Hombre.
PRÍNCIPE
¡Cuánto el alma
se regocija de verlos!
Entrad, pues, que destinadas
vestes tenéis.
HOMBRE
Yo, señor,
no te merezco honras tantas,
pues quien tanto te ha ofendido
para bondad suya basta
que toleres su miseria,
sin dejar de castigarla,
que no premiarle.
PRÍNCIPE
¡Hijo mío!
HOMBRE
La voz, gran señor, ataja,
que no merezco ser hijo,
y mercenario en tu casa
yo te serviré a la mesa,
y así a tus criados manda
que como tal me conozcan,
que será honra tan alta
para mí como si ahora
tomaras de nuevo humana
carne y en fin padecieras.
PRÍNCIPE
Llega a mis brazos, levanta,
y hagan, en señal de amor,
fiestas, pues hoy en mi gracia
está aquel perdido hijo
mío, que entre sus profanas
delicias se abstrajo tanto.
Al punto, al punto le traigan
la talar veste nupcial;
cíñanle la estola blanca,
y en suave pira, leve,
blanca res, limpia, sin mancha,
por él se inmole. Venid,
y Pablo entre tanto vaya
(pues yo por mi misma mano
le daré de la vianda)
a guardar la puerta. Pero
mejor será que guardarla
vaya Pedro, Juan y Diego.
LOS TRES
Haremos lo que nos manda.
PRÍNCIPE
Toma las llaves tú, Pedro,
y advierte que a quien la abras
la abro yo también, y adiós.
LOS TRES
A nuestra humildad ensalzas.
PRÍNCIPE
A Pablo le humillé y luego
mi piedad es tan hidalga
que viéndole ya caído
di, porque se levantara,
la mano, y vio el cielo abierto.
PABLO Y JUAN
Todo, diciéndolo vos,
es verdad, sin que dudarla
pueda ninguno, pues siempre
al humilde le levantas
y al soberbio le derribas.
ALBEDRÍO
Ven ustedes cuanto hablan:
pues todo es el Evangelio
con más o menos palabras.
PRÍNCIPE
Pablo, ve a escribir al punto
una epístola en que hablas
de esta cena a los hebreos,
dentro de mi mismo alcázar.
PABLO
Al instante te obedezco.
Vase
PRÍNCIPE
Tú, Juan, en siendo acabada
la cena (porque asistir
a ella, después de lavadas
las manchas, será primero,
y lavaros yo sin que haya
de dejar de ir a cenar
ninguno), por si se halla
de el sueño alguno vencido,
otro misterio le aguarda:
que le vea material
y fiel testimonio haga,
a más de creer como otros
que le vio sin que mudada
por eso la ceremonia
quede. Venid porque vaya
lavando los pies a todos
vosotros.
PEDRO
Señor, ¿tú lavas
los pies?
PRÍNCIPE
Sí. ¿De qué te admiras?
PEDRO
De que no merezco tantas
honras.
PRÍNCIPE
Todas las mereces.
Así tú no me negaras…
Pero, dejando esto aparte,
dime, Pedro, ¿tú me amas?
PEDRO
Tú, señor, sabes si yo
te amo.
PRÍNCIPE
Pedro, Piedra, tanta
es la afición que te tengo
que en ella ha de estar fundada
mi Iglesia.
PEDRO
Yo te lo estimo.
PRÍNCIPE
Diego y Andrés las batallas
de enemigos de la Iglesia
vencerán. Cuando la espada,
ya al lado de cruz y oliva,
ya de la mano empuñada,
sobre tribunal de fee
y sobre rayo con alma,
a unos fulmine sentencia
y a otros fulmine venganza,
ambos siempre vencedores
serán en lides contrarias,
aunque todas contra aquellos
que no la obedezcan ardan
(unos en fuego violento,
otros en cólera airada),
adornando a unos la cruz
roja, y del otro las aspas
quiten el honor del mundo,
pues el divino relajan.
A Juan también quiero darle
por premio la deseada
isla de Patmos, adonde
tenga gobierno y morada.
ANDRÉS
Mil veces tus pies adoro.
DIEGO
Yo otras mil beso la estampa
que pisas.
JUAN
Yo no merezco
ni estar a ellos ni adorarlas.
PRÍNCIPE
Pedro, cuidado (y vos Juan
y Diego, id). Para, si pasa
alguien, y ten entendido
que hago desde ahora la gracia
para él y sus subcesores,
como él quiera.
PEDRO
Pues me encargan
su custodia, yo te doy
de guardarla bien palabra.
PRÍNCIPE
Orad, y adiós.
FAMA
Pues nosotros
vamos cantando la gala
al Príncipe.
TODOS
Sea diciendo…
PRÍNCIPE
Tened, que para que abran
mejor será que yo diga
su invocación en voz alta.
¡Ah del palacio, que sobre
siete columnas descansa,
en fe de que siete son
las fundamentales basas
en que su fábrica estriba!
Dentro
MÚSICA
¿Quién a sus umbrales llama?
PRÍNCIPE
Vuestro Príncipe, que vuelve
glorioso de la campaña,
pues vuelve de amor vencido,
vencedor de su esperanza.
Abrid las puertas, levad
los puentes y, haciendo salva
a todo el cielo, a mi Padre
ofreced las alabanzas
de vuestra aclamación.
TODOS
Sea,
uniendo las dos sagradas
circunstancias, repitiendo
según el impíreo canta:
Todos y música
venga en hora dichosa
el Príncipe vencedor.
Bendito sea el que viene
en el nombre del Señor.
Alábele, Criador,
Jesucristo y Salvador,
y pues da a la culpa espanto,
Él es santo, santo, santo,
por poder, ciencia y amor.
Bendecid al Señor.
FAMA
Y después nuestra alegría
llegue diciendo en tu loor…
TODOS Y MÚSICA
El pan nuestro de cada día
dánosle hoy, Señor.
Vanse y salen como oyendo a lo lejos el Hebraísmo y por otra parte la Idolatría y la Apostasía hablando entre sí
LOS TRES
El pan nuestro de cada día
dánosle hoy, Señor.
HEBRAÍSMO
Decidme las dos.
LAS DOS
¿Qué quieres?
HEBRAÍSMO
De vosotras hoy espero
saber, por lo que he escuchado,
ya que la causa no veo,
¿qué segundas voces son
estas, que con sus acentos
segunda vez nos perturban
el aire y el pensamiento?
IDOLATRÍA
Yo no sé, que aunque dejando
por incapaz de consejo
al Ateísmo, quedamos
en que habíamos de vernos
los tres, para conferir
la causa de sus efectos,
y aunque tenía que hablaros
en no sé qué presupuestos
acerca de aquel convite,
no tuve hasta ahora tiempo
de buscaros, ocupado
en mis ritos; conque, habiendo
nueva razón de dudar,
os pido noticia de ello,
por ver si entiendo o alcanzo
de ello algún motivo.
HEBRAÍSMO
Eso
mismo me sucede a mí
también, pues saber deseo,
pasando a aquesta segunda
voz que corre, y así intento
saber qué pan es aqueste
que a voces le llama nuestro
tanta multitud.
APOSTASÍA
A mí
toca esa respuesta siendo,
como soy, quien de más cerca
ve el pan y duda el misterio,
y así asentado el principio
de haber sido a un mismo tiempo
convidados y excusados
cada cual con su pretexto,
de esto el Príncipe ofendido,
de nuestras respuestas viendo
que sin gentes no era bien
hacer su convite, él mesmo,
si ya no fue de nosotros
vengarse con el desprecio,
mandó que por los caminos,
calles, plazas y desiertos
se convidasen los más
pobres, míseros, sujetos,
desde el mendigo al leproso,
al paralítico y ciego,
y desde el manco al tullido;
y trujo, a lo que yo entiendo,
la misma que nos llamó,
dejando redes y remos,
cuatro humildes pescadores
y al Hombre también entre ellos
y a Saulo que, despeñado,
dio vista el mismo despeño
de la ceguedad que antes
tuvo, por ir persiguiendo
al pueblo de los cristianos,
cuyo tumulto corriendo
a sus umbrales, en altas
voces, repite…
Dentro
VOZ Y MÚSICA
El pan nuestro
de cada día, Señor,
dánosle hoy.
APOSTASÍA
Y pues a tiempo
llega el deseo de todos
en sus clamores envuelto,
sabed que el ácimo pan
y el mixto vino que ha puesto
su Sabiduría, careando
la autoridad en dos textos,
de la parábola en sombras
y en luces el Evangelio
a los ojos de la Fe,
que ven más mientras más ciegos,
quieren que incluyan tan alto,
admirable sacramento,
como que transubstanciado
sea carne el pan y luego
sangre el vino, maravilla,
milagro, asombro o portento,
que, sacramentario, yo
ni sé ni alcanzo ni entiendo,
y así, puesto en libertad
de conciencia, huyo su gremio
por no obligarme a tener
cautivo mi entendimiento.
HEBRAÍSMO
Haces bien y pues que ya
el gran prodigio sabemos
que en ese pan la Fe intenta
darnos a entender, ¿qué haremos
para alcanzar de él alguna
pequeña parte, en que haciendo
una y muchas experiencias
veamos qué contiene dentro?
IDOLATRÍA
Yo no sé.
APOSTASÍA
Ni yo tampoco.
HEBRAÍSMO
A mí se me ofrece un medio.
LAS DOS
¿Qué es?
HEBRAÍSMO
Que tú, como ladrón
que eres de casa, a quien menos
pueden descubrir o el traje
o el idioma, hoy entre aquellos
despreciables convidados,
disfrazado y encubierto
te introduzgas, de manera
que parezcas uno de ellos,
conque podrás de ese pan
alcanzar algún pequeño
bocado que traer contigo;
que si en mi poder le veo,
yo le sabré acrisolar
a exámenes tan violentos
que descubra sus quilates.
¿Qué dices?
APOSTASÍA
Que no me atrevo,
porque para ir al convite…
HEBRAÍSMO
Di.
APOSTASÍA
Ropa nupcial no tengo.
¿Por qué ha de tenerla el pobre?
Mejor va con sus remiendos
cuando va a pedir limosna.
Persuádele tú.
IDOLATRÍA
No quiero,
que es vil, es traidora acción
ir a engañar con pretexto
de doble amigo, y así
puedes tratar sin mí eso,
en que yo ni entro ni salgo.
Y no ha de decir el tiempo
que la Idolatría tuvo
(puesto que ahora es lo mesmo
que el Gentilismo, pues él
quiere pasar a otro imperio
el suyo, y tome a mi cargo,
sin que él intervenga en ello,
en sacrificios y altares
de los dioses, el obsequio
y el dominio que de Roma
me hace su absoluto dueño,
como cabeza de Europa)
parte en tan aleve intento.
Vase
HEBRAÍSMO
Pues diga de mí que yo
no solo la parte, pero
el todo tuve, y así
para ver si te convenzo
no quiero que me le des,
mas que me le vendas quiero.
¿Cuánto quieres que te dé?
Hagamos contrato el ruego,
por traerme solo un bocado
de ese pan. ¿Qué estás suspenso?
APOSTASÍA
¡Oh, interés! ¡Y lo que pesa
tu balanza!
HEBRAÍSMO
¿Cuánto, vuelvo
a decirte, por él quieres
que te dé?
APOSTASÍA
Treinta dineros.
HEBRAÍSMO
Poco me has pedido. Toma,
y pues ya desde aquí vemos
que en el cenáculo entrando
van en acompañamiento
del Príncipe los mendigos,
todos vestidos de nuevo
y convalecidos ya,
¿qué aguardas? No pierdas tiempo,
que ir sin ropa más hará
lástima que no desprecio
por no haberte a ti vestido.
APOSTASÍA
Dices bien, y ya con eso
no temo que en mí reparen,
y aunque reparen, ¿qué pierdo
en que ellos con su reparo
se queden, si yo me quedo
con mi dinero?
HEBRAÍSMO
Pues yo
a acercarme no me atrevo,
desde aquí estaré a la mira
para observar, a lo lejos,
de esta venta y compra el fin.
APOSTASÍA
Hacia la puerta me acerco.
Salen el RENCOR y SOMBRAS
SOMBRA
A RENCOR
A buena ocasión venimos,
pues el apóstata (viendo
que el Judaísmo le dio
por el pan el corto precio
de los siclos argentarios,
treinta —que así llama el Texto—),
hacia la puerta que guardan
los tres, Pedro, Juan y Diego,
llega ya.
RENCOR
A SOMBRA
Pues porque haga
mayor delito, primero
he de llegar a decirle
que no haga tal y, protervo,
cuanto más yo le persuada,
sé no ha de dejar de hacerlo.)
Dime, Apostasía, ¿cómo
te atreves a hacer desprecio
de ese pan que, puesto en venta,
quieras traerle sujeto,
porque el Judaísmo pueda
ver si es verdad el portento
de que sea carne? Dime,
si es verdad, ¿será bien hecho
que caiga en la desgracia
de todos hoy, que severo
con su justicia castigue
tan bárbaro atrevimiento
el Príncipe?; ¿y aun, si vee
el Judaísmo que es cierto,
tu locura la castigue
por su mano, y así luego
será mejor que lo dejes
y volverle su dinero,
que no que pierdas la vida?
APOSTASÍA
Dices bien, volverle quiero,
pues aunque no te conozco
he de tomar tu consejo,
aunque dude yo que sea
así.
RENCOR
Pero si me acuerdo,
para nupcial veste tú
lo tomaste. Y más si advierto
que a ti, que sea o no pueda
ser verdad, ¿qué importa? Luego
poco aventuras, llevando
sabido que cumples viendo
que, si no es verdad, consigues
con llevarle tu deseo
y al Judaísmo le pagas
lo que te dio (pues violento
hasta saber si se le traes
está); y si es verdad, por verlo
para que te certifiques
y dejarle satisfecho
a él de que le pagas, dando
a su ceguedad remedio
y a la tuya; pues no dudo
que estás más que todos ciego;
Aparte
y es verdad, pues le conoces
y le vendes por lo mesmo.
APOSTASÍA
Bien dices, y así no importa;
pero a llegar no me atrevo
a la puerta, por si acaso
las guardas que he descubierto
en ella no me permiten
el que yo pueda entrar dentro,
si me conocen.
RENCOR
No tienes
qué recelar, pues a tiempo
llegas de que están dormidos,
Descúbrese una puerta grande y en el umbral de ella a PEDRO, JUAN y DIEGO, durmiendo
después que acabadas fueron
las ceremonias de haber
lavado los pies, a ellos
y a los otros, ese que
los convidó, que aun no acierto
a nombrarle.
APOSTASÍA
La ocasión
me valga: a entrar me resuelvo,
pasando sin hacer ruido,
en el nocturno silencio
de la noche.
RENCOR
¿Qué te tardas,
si ya la cena han dispuesto
y la mesa aparejada
está?
APOSTASÍA
Ya voy.
RENCOR
Entra presto,
Éntrase la APOSTASÍA
pues ya logré que tu culpa
te labrase un escarmiento.
SOMBRA
Ya una vez dentro, él hará
que se logren tus intentos.
JUDAÍSMO
Aunque estuve retirado
hasta ahora y atendiendo
a si entraba, yo también
quiero entrar por ver.
Va a entrar y despiertan, y PEDRO saca un alfanje
PEDRO
Primero
(aunque me dormí, porqué
la edad disculpa mi yerro,
aunque me pesa que sea
tan frágil nuestro cimiento
que, de tierra quebradiza,
las propensiones del cuerpo
humano nos embarazan
del alma los pensamientos)
que entres allá, de tu vida
aqueste templado acero
cortará el vital estambre.
Dentro
PRÍNCIPE
¡No le mates! ¡Tente, Pedro!
PEDRO
Ya te obedezco, señor,
pues por maestro te venero
y dueño de mi albedrío,
y tú agradece este acento,
que en lugar de castigar
tu osadía mi denuedo,
a impulso de aquella voz
hoy con la vida te dejo.
JUDAÍSMO
¿Qué es lo que pasa por mí?
¿A quién sucederá, ¡cielos!,
tanto linaje de pena,
tal género de tormentos,
ultrajado y oprimido,
Señor, tu querido pueblo?
Dame alguna señal para
que conozca este misterio,
que dudo y que no conozco.
RENCOR
¿Señal pides? ¡Oh, perverso
pueblo! ¡Pues aun el demonio
se avergüenza de que, reo
el Hombre de alguna culpa
no se arrepienta con tiempo;
y, a poderlo hacer, lo hiciera
mejor que él, también habiendo
culpa, que el Hombre es quien puede,
no el demonio!
JUDAÍSMO
¡Pues mi aliento,
fatigado de desdichas,
tan atormentado tengo,
oh, si desde aquí pudiera
ver el acto! Mas ¡ay, cielos!,
que para cegar le viera,
puesto que desde aquí veo
entre inundación de rayos
al Príncipe, y que está en medio,
a un lado y otro sentados
los miserables desechos
de las cortes, pues mendigos
pescadores son; y entre ellos
ya toma la Apostasía
lugar, cuando repitiendo
en hacimiento de gracias
«Esta es mi Sangre y mi Cuerpo»
y bendición, porque alguna
circunstancia no eche menos,
cegando a tanto esplendor
y a tantas luces muriendo…
SOMBRA
Yo a tanto resplandor muerta…
LOS TRES
Y en fin nuestro sentimiento
repitiendo en lastimosas
voces hoy a pesar nuestro:
Descúbrese una mesa en lo alto de un carro, y en su cabecera se ve el Príncipe, sentado, y a una banda y a otra los seis, que son: el Hombre, cerca del Príncipe, y San Andrés y San Pedro; a la otra parte, San Diego y San Pablo y San Juan, durmiendo al pecho del Príncipe, como le pintan en la Cena; y a los lados del Príncipe, la que hizo a la Fama, con la vara de cruz en la mano, dormida, y la Iglesia al otro lado, sentadas , y el Apostasía, sentado hacia el tablado, advirtiendo que por el rastrillo ha de haber despeño para él , que ha de estar sin ropa, y todos los demás con ropas de velillo de plata; y el Albedrío detrás de el Hombre
TODOS Y MÚSICA
Aunque no somos, Señor,
por nuestros merecimientos
dignos de tantos honores,
perdonadnos por los vuestros,
ya que en vuestra santa palabra nos vemos,
sanos, perdonados, salvos y contentos.
PRÍNCIPE
Mirad, Fe y Iglesia, cómo
mi pobre familia se halla
en cuánta honra, en cuánto aumento,
convocada por la Fama;
y pues los llamados fueron
muchos y los escogidos
tan pocos, haré con ellos
la última fineza ya,
que a mi mesa los asiento.
IGLESIA
¿Qué mayor, señor, que aquella
que en tu amor divino vemos,
explicando las del alma
en las saludes del cuerpo?
FAMA
¿Y qué más que haber llamado
a todos por su provecho,
ofreciéndoles y dando
a todos igual remedio?
PRÍNCIPE
¡Ay de aquel que a enfermar más
le traen sus merecimientos!
APOSTASÍA
El Príncipe me ha mirado,
si no me engaño, con ceño,
pero ya una vez aquí,
nada dudo, nada temo,
que no es poca granjería
cenar y llevar dinero
solo a costa de decir
en el cántico con ellos:
Él y todos
Ya que en vuestra santa palabra nos vemos
sanos, perdonados, salvos y contentos.
HOMBRE
Dichoso yo, que llegué
a estar en tan alto puesto,
sobre ofenderte.
PRÍNCIPE
El que yerra,
si pide el perdón al cielo,
siempre le hallará piadoso.
FAMA
Yo que soy la Fe lo ofrezco,
pues que tu palabra nunca
puede faltar.
PRÍNCIPE
Y contento
con que se arrepienta y viva,
y no muera, me consuelo,
el pecador.
IGLESIA
Yo lo afirmo,
y a ti. Para su remedio,
siete antídotos le guardo
en mis siete sacramentos.
PABLO
Dichoso yo, que a tu vista
llegué, después que del trueno
de mi soberbia caí
al relámpago, que ciego
me dejó, aunque me dio vista
ver la luz.
ALBEDRÍO
Y mi amo, luego,
¿no se compara al leproso
y al ídolo, a lo que creo,
mudo, ciego y sordo, y aun
el diablo del Evangelio?
¿Y el que cene el Hombre aquí
algún curioso discreto
no pase por objección?
Pues diga a su entendimiento
y a la luz de la razón
si son descendientes ellos
del género humano y si
son hombres y, en respondiendo
«no» a cualquiera de las dos
preguntas, yo la concedo,
pues que no hay legislador
que lo dirá. Yo lo apuesto.
Juntará él las circunstancias
y, recogiendo su ingenio,
verán que el Hombre comulga
y que es hombre Juan y Diego,
Pedro y Pablo. Y más dirán,
¿que cómo Pablo, no siendo
de los doce, ni en la mesa
se halló? Y que yo no puedo
hallarme y, si es que me hallo,
¿cómo no como ni ceno,
estando donde están todos
los demás? Y así pretendo
salvar estas objeciones,
pues… Pero iré respondiendo:
con la primera me salvo
yo, pues, cenando mi dueño,
ceno, porque su albedrío
no consta de otra alma y cuerpo.
En lo de Pablo prosigo,
¿qué sabes si es que estuvieron
solos los doce o los trece
o los setenta y dos? Pruebo:
dime, ¿a Pablo no le dio
alguna vez su maestro
Pedro la comunión? Sí,
pues ya estaba este misterio
instituido cuando Pablo
predicaba: aquesto es cierto.
Y en esto hay sus opiniones,
pues dicen algunos buenos
que Pablo entró en el vacío
de Jacobo, cuando, muerto,
el de los doce fue el que
de protomártir el premio
llevó de todos y así,
aunque padeció el primero
fue después de muerto Cristo
y subídose a los cielos,
de quien es la semejanza
el Príncipe que estoy viendo.
Y ¿qué sabes si el Señor
le comulgó? Luego puedo
decir que tú no lo entiendes.
¿Y estar yo aquí? También quiero
decirte por qué: pues, dime,
¿el Albedrío sujeto
no está siempre al Hombre? Pues
si él aquí le tiene puesto,
¿qué mucho que esté yo aquí
y que hable más que un jilguero,
para que pueda mejor
ir tus dudas sacudiendo?
Y mira a lo que me obligas,
legislador majadero,
que haces que todos por mí
se estén ahora suspensos,
saliendo a lo literal
de alegoría, y volviendo
a ella ve, para enseñarte
lo que faltare advirtiendo.
PEDRO
Parece que se ha dormido,
reclinado en vuestro pecho,
Juan, señor.
ALBEDRÍO
Decid, ¿entiende
más Juan que vos de los sueños,
Pedro, que os dormís afuera
del lugar? ¿Y Juan, que dentro
de él se duerme? Pues mirad
que se ha conocido presto
que le enseñasteis a él,
pues fue vuestro compañero
en el campo o en la calle,
o en la puerta o en el huerto.
PRÍNCIPE
Porque más materialmente
vea otro grande misterio,
que se duerma le perdono,
como dirá su Evangelio,
pues no por eso dejar
de cenar tiene, y bien creo
que como es a quien yo amo,
en mi corazón se ha puesto
a dormir. Mas ¿qué he mirado?
¡Qué osadía! ¿Qué soberbio,
sobre no venir decente
a mi mesa (¡qué desprecio!)
meta la mano en el plato?
Levántase el Príncipe
IGLESIA Y FAMA
¿Dónde vas?
PRÍNCIPE
Sufrir no puedo
ya su atrevimiento grande,
y así voy donde pretendo
dar castigo a tan aleve,
sacrílego atrevimiento
como sentarse a mi mesa
sin desnudarse primero
el hábito de hombre antiguo
y vestido el de hombre nuevo.
Dime, amigo, ¿a qué veniste
aquí?
APOSTASÍA
¡De mirarle tiemblo!
PRÍNCIPE
¿Y cómo aquí…
APOSTASÍA
¡Qué pavor!
PRÍNCIPE
…entraste…
APOSTASÍA
¡Qué sentimiento!
PRÍNCIPE
…sin haber…
APOSTASÍA
¡Qué ansia!
PRÍNCIPE
…lavado…
APOSTASÍA
¡Qué parasismo!
PRÍNCIPE
…primero…
APOSTASÍA
¡Qué angustia!
PRÍNCIPE
…la blanca estola
en la sangre del cordero
que cruento sacrificio
fue para ser incruento?
APOSTASÍA
¿Cómo? Si no… Cuando yo…
Mudo estoy, a hablar no acierto.
¿Qué mucho, si el corazón
se me ha quebrado en el pecho?
PRÍNCIPE
Levanta de aquí, levanta,
que no es bien que tome asiento
el réprobo entre elegidos,
ni entre humildes el soberbio.
Llevadle arrojado de él
al más pavoroso centro
que en exteriores tinieblas
humo exhala, escupe fuego.
APOSTASÍA
¡Ay infelice de mí!
Cae despeñado y, cayendo y levantando, va a dar en brazos de el Hebraísmo
¿Adónde irá a parar, cielos,
mi precipicio?
HEBRAÍSMO
A mis brazos.
APOSTASÍA
Fuerza era dar en ellos,
que un despeño siempre fue
principio de otro despeño.
¡Mal hubiese mi codicia!
Toma, toma tu dinero,
que no le quiero por tuyo.
HEBRAÍSMO
Ni yo tampoco le quiero,
por haberle tú tocado.
APOSTASÍA
Pues arrojarele al templo
y iré adonde con mi vida
acabe el áspid que el pecho
muerde, el puñal que atraviesa
el corazón, el incendio
que las entrañas abrasa
y, en fin, el dogal que al cuello,
pues me está quitando el habla,
también me quita el aliento.
Vase y vuelve a sentarse el Príncipe en la cabecera
HEBRAÍSMO
Emplearele yo en un campo
de sangre, que cementerio
sea, porque no a los vivos
inficione su veneno.
FAMA Y IGLESIA
¡Qué asombro!
APÓSTOLES Y HOMBRE
¡Qué confusión!
FAMA Y IGLESIA
¡Qué prodigio!
APÓSTOLES Y HOMBRE
¡Qué portento!
IGLESIA
Siendo del Príncipe la ira
con el traidor, pone miedo
aun al leal.
FAMA
Bien lo dice
el quedar todos suspensos.
HEBRAÍSMO
Sino yo que, declarado,
oponerme a todos tengo.
RENCOR
Y yo, porque nunca pueda
el Hombre sanar de nuevo
de su culpa envejecida.
SOMBRA
Dígalo yo, pues aún pienso
que pueda ser mío siempre
que allá vuelva.
IGLESIA
Para eso
remedio habrá.
RENCOR
No le alcanzo.
SOMBRA
Yo tampoco.
HEBRAÍSMO
¿Qué remedio?
PRÍNCIPE
¿En fe de qué tu osadía
tiene tanto atrevimiento?
HEBRAÍSMO
En fe de aquella esperanza
de que no eres el que pienso,
y así no lo he de creer
sin que el cómputo primero
de Daniel se cumpla, y más:
si a mi discurso me vuelvo,
no creo nada que dices.
Sale la Gentilidad
GENTILIDAD
Por eso (yo que lo creo)
vendrá a su obediencia a ser
cautivo mi entendimiento
de la Fe por el oído.
Y postrado reverencio,
adorando en pan y en vino
el más alto sacramento,
milagro de los milagros,
portento de los portentos
de los prodigios de Dios
y de su poder inmenso.
HEBRAÍSMO
¿Qué sacramento, si allí
pan, vino y cordero veo
solamente?
FAMA
A mí me toca
(pues en la mesa le ha puesto
la eterna Sabiduría,
de la Fe divino objecto)
decirle lo que en sí incluyen
cordero, vino y pan, siendo
esta cena sombra y luz
de las bodas del cordero,
que en la Apocalipsi abrió
el libro de siete sellos.
PRÍNCIPE
Y más añadiendo que
celebro mi casamiento
con la Iglesia, porque así
no falte nada al concepto,
cuando en su celebridad,
sentado el esposo en medio
de la esposa y los humildes
que a falta de los soberbios
vinieron a su mandato,
donde en fiel recogimiento,
sustentados y vestidos,
vivan a expensas del cielo,
les diga: para que nunca
os falten los alimentos
que como a hijos debo daros,
en mi último testamento,
este cordero legal
que asado mandé poneros,
no guisado ni cocido
(porque sin quebrarle güeso
pueda, extendidos los brazos,
parecer que está en cruz puesto)
mi imagen es; este pan,
que en mis manos pongo haciendo
gracias a mi padre, es
mi carne; y mi sangre luego
este vino, conque nunca
os podrá faltar sustento
teniéndome siempre en ese
cáliz y hostia en alma y cuerpo,
Vuélvese el cordero y vese cáliz y hostia
con real asistencia, vivo.
HEBRAÍSMO
¿Quién asegura todo eso?
FAMA
La Fe, que ciega lo mira.
PRÍNCIPE
Mi caridad, advirtiendo
que esto es pan de caridad
y misericordia, puesto
que también aqueste pan
es de la piedad ejemplo,
con la esperanza de ser
ciudadano de los cielos
el que le comiere en gracia.
IGLESIA
La Iglesia, que halló el aumento
de gracia para sus hijos.
LOS CINCO
Sus hijos que, a los pies puestos
de poder, ciencia y amor,
le adoramos y creemos.
HEBRAÍSMO
¿Todo eso nos lo asegura,
a los siglos venideros,
obra tan grande fundada
en tan débiles cimientos
como unos mendigos, mal
convalecidos y enfermos?
¿Qué duración se promete
en su constancia?
RENCOR
¿Y qué efecto
podrá causar en el Hombre,
si vuelve a pecar, perdiendo
otra vez la gracia nueva
que tuvo?
SOMBRA
¿…quedando reo,
segunda vez de la culpa
que cometa?
PEDRO
¿Aqueste ejemplo
no habéis visto, que, si un árbol,
desde sus copas cayendo
a la tierra y humillado
se vee con el grave peso,
que el labrador, si descubre
el daño, procura luego
ir al reparo si él
está capaz de remedio,
y aunque muchas veces caiga
otras tantas a su asiento
le vuelve y luego le riega
porque cobre vigor nuevo
y, si se va, le encomienda
a otro que cuide dél, luego
suele dar aun mejor fruto
que el que dio, aunque árido y seco
se use y, algunas veces,
así arrancado del centro?
Pues si el Hombre es este árbol,
que aunque caiga busca el medio
en los auxilios (con que
Dios le avisa, si es que atento
con la penitencia y llanto,
que es el saludable riego,
quiere salir del pecado
voluntariamente haciendo),
aunque se vea oprimido
de su error, al punto mesmo
el labrador le endereza,
que es el ministro que, diestro,
al camino de la gracia
le conduzca. Llega a tiempo
siempre, como de enmendarse
lleve propósito hecho
y que el aumento de gracia
reciba, que es el supremo
pan que está sacramentado
debajo del blanco velo
de esta hostia, en donde está
presente en alma y en cuerpo
el mismo que le ha criado.
Pues, siempre que caiga, es cierto
que el Hombre si se arrepiente,
volverá a su antiguo asiento,
siendo capaz de la enmienda
siempre que él quiera; supuesto
que, si a su obediencia atiende,
es suave yugo su peso
y en su nombre por los siglos
de los siglos vive eterno.
FAMA
¿Qué te queda, si esto escuchas,
que dudar, rebelde pueblo?
¿Ni a ti, si el Hombre conoce
quién eres, siempre sabiendo
que el Hombre, en gracia, a su culpa
y a su enemigo encubierto
los vence, y aun vence al mundo,
logrando tres vencimientos
en los tres, siendo sus armas
otros tres santos misterios
que son estos tres que miras
el pan, el vino, el cordero,
tan solo con las especies
que conservan de todo ello?
HEBRAÍSMO
Todo; y así aunque a vivir
sin domicilio, sin templo,
sin Sinagoga, sin ara,
prófugo quede, primero
que lo vea y que lo adore,
iré de su vista huyendo.
Vase
RENCOR
Y yo, pues para quejarme
se me ha pasmado el aliento…
SOMBRA
Y yo, pues para decirles
mi pesar me ahoga mi pecho.
RENCOR
…con cúyo pasmo…
SOMBRA
…con cúyo
horror…
LOS DOS
…con cúyo sentimiento…
RENCOR
…a tanto golfo de luces…
SOMBRA
…a tanto abrasado incendio…
RENCOR
…mi rencor muere a mis manos.
SOMBRA
…desalentada fallezco.
RENCOR
…Y así huyendo de su vista…
SOMBRA
…Y así de su vista huyendo…
RENCOR
…aunque no pueda morir…
por tener mayor tormento…
SOMBRA
…aunque no acabe mi vida
con el dolor que padezco…
RENCOR
…tropezando con mis iras…
SOMBRA
…entre mis sombras cayendo…
LOS DOS
…pues no puedo conseguir
que sea mi prisionero
el Hombre, por más que intente
pues está en su guarda puesto
ese prodigio de amor…
SOMBRA
…muerta voy.
Vase
RENCOR
…rabiando muero.
Vase
GENTILIDAD
Dichoso, yo, que llegué,
aunque he venido el postrero,
a adorar tan gran milagro,
aunque el Hebraísmo ciego
le niegue, y puesto a sus plantas,
yo le venere.
PRÍNCIPE
Por eso,
tú, Gentilidad, serás
de su lugar heredero.
TODOS
Y todos en fe de que es
día de perdonar yerros,
en hacimiento de gracias,
una y mil veces diremos…
TODOS Y MÚSICA
Aunque no somos, Señor,
por nuestros merecimientos
dignos de tantos honores,
perdonadnos por los vuestros,
ya que en vuestra Santa Palabra nos vemos
sanos, perdonados, salvos y contentos.
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