Personajes

  • LA VANIDAD
  • EL HOMBRE
  • EL DEMONIO
  • EL PARAÍSO
  • EL ESTÍO
  • EL OTOÑO
  • LA PRIMAVERA
  • LA TIERRA
  • LA RELIGIÓN
  • LA NATURALEZA
  • EL INVIERNO
Descúbrese la Vanidad en un caballo.
VANIDAD
Caballo desbocado
el Espíritu Santo me ha llamado
de la Sabiduría soberana
a mí, que soy la Vanidad humana,
que en confusos indicios
de ambición soy el vicio de los vicios,
cuando vertiendo espuma,
rayo sin resplandor, ave sin pluma,
veloz penetro el viento,
esfera de rigor y de tormento;
y no sujeta al freno
de humildad, es mi aliento mi veneno,
que a turbar se desata
el globo de cristal, orbe de plata
que es asiento felice
y escabelo de Dios (David lo dice);
del cielo desterrada
con la soberbia corro despeñada
en plumas de mi fuego,
y en el silencio de la noche llego
al piélago profundo
de la obscura prisión, centro del mundo,
velado reino donde
la luz se ciega, el resplandor se esconde.
Aquí, de la tiniebla
el príncipe, entre obscura y parda niebla,
noche lóbrega y triste,
palacios melancólicos asiste.
A su dosel me atrevo
con nueva furia, con aliento nuevo,
porque mi voz y su rigor asombre
a la imagen de Dios hermosa, al Hombre
que su favor recibe,
y cuando vivo en guerras en paz vive.
Príncipe soberano
a cuyo brazo fuerte, a cuya mano
el centro de la Tierra
preñado de portentos hace guerra
a esos puros cristales
que de imágenes constan celestiales,
si mi fuego te inflama
el pecho, ¡oye mis voces!
Sale el Demonio.
DEMONIO
¿Quién me llama?
VANIDAD
Quien propagar procura…
DEMONIO
¡Oh Vanidad, adoro tu hermosura!
VANIDAD
…tu imperio de las sombras de Occidente
al rosicler hermoso del Oriente.
DEMONIO
Mucha es tu gracia y tu belleza mucha.
¿Qué quieres, Vanidad?
VANIDAD
Atiende, escucha.
Yo, la Vanidad humana,
príncipe de la Soberbia,
en el horror de la noche
llego a llamar a tus puertas,
a despertarte del sueño
en que descansan tus penas
del letargo en que te duermes
y del frenesí en que velas.
Vengo en alas de mi fuego,
desbocada por esferas
de cristal, que es toda plumas
la Vanidad, y así vuela.
Tú, capitán general
de aladas inteligencias,
comunero de los cielos
que contra la omnipotencia
de Dios en su misma corte
enarbolaste banderas,
¿cómo descansas, si puedes
descansar, y no te acuerdas
de tu agravio? Un afrentado,
¿cómo es posible que duerma?
Gracia y belleza perdiste,
si bien guardaste la ciencia;
pues di, de tantos agravios,
¿cómo, cómo no te vengas?
¿Y de otro mayor, que agora
Dios del polvo de la tierra
hizo al Hombre y del imperio
que perdiste —¡qué bajeza,
qué agravio, qué sentimiento,
qué furia, qué horror, qué afrenta! —
le ha nombrado sucesor?
¿Y quieres que el Hombre sea
dueño del imperio tuyo?
¿Cómo? ¿Que a ti te prefiera
el barro, el polvo, el gusano,
siendo tú más pura y bella
criatura? ¿Quieres saber
a cuánto este agravio llega?
Pues oye casos futuros
que el cielo me representa,
que como yo subo tanto,
tal vez toco las estrellas
con la mano, y así sé
tan varios sucesos de ellas.
Uno, en fin, de este linaje,
lleno de honor y nobleza,
virtud, humildad y amor,
tendrá vida tan perfecta,
que de mí ha de hacer desprecios
siendo señor... Más no quieras
saber que saber que hay uno
que la Vanidad desprecia.
Grande duque de Gandía
en el reino de Valencia
será, y de la emperatriz
María, divina y bella,
el mayordomo mayor,
ilustrando su nobleza
las ilustrísimas casas
Medina, Esquilache y Lerma,
Alcañices y otras muchas,
y de toda esta grandeza
saldrá libre, reducida
a una vida tan estrecha
que, observante y religioso,
su virtud y penitencia
le hará levantar altares,
le hará consagrar iglesias,
le dará urna de plata
guarnecida de oro y perlas.
Francisco será su nombre;
ya de escucharlo me tiembla
el pecho, que han de ser cuatro
los que mis aplausos venzan:
en Asís, Paula y Javier,
tres soles tendrá la tierra;
el cuarto es Borja. Este siento
más que todos, porque es presa
siendo príncipe y señor
de la Vanidad, y es fuerza
que más que todos le llore,
que más que todos le sienta,
y así te vengo a animar
para que, moviendo guerra
contra Dios y contra el Hombre,
este mal no nos subceda,
pues cortándole los pasos
y haciendo que el Hombre pierda
la gracia, no logrará
la Fe estos blasones, estas
victorias la Religión
ni esta columna la Iglesia.
Y pues hoy vive un retrato
en el Hombre que nos muestra
estas acciones, en él
de tus agravios te venga.
Sal de prisa, toca al arma:
contra Dios y el Hombre guerra,
y pues Dios morir no puede
viva Dios y el Hombre muera.
Vase, dando vuelta la apariencia.
DEMONIO
Corre por el viento tú,
ave hermosa y lisonjera,
pues tu vanidad atada
de sus plumas se sustenta,
en tanto que rompo yo
otra región, otra esfera…
Mas ¡ay!, que aquesta es de fuego
si fue de vientos aquella,
y bien digo, fuego es
mi pecho, que en él se engendran
en cada aliento una llama,
cada voz una centella,
un rayo cada suspiro,
en cada acción un cometa,
siendo del fuego que espiran
los ojos Volcanes y Etnas.
¿Cómo? ¿Que el Hombre en la gracia
de Dios a mí me suceda
en la silla, y sufra yo
que él la goce y yo la pierda?
Emperatriz soberana
es la gran Naturaleza,
el Hombre su mayordomo
mayor, pues gasta y dispensa
sus tesoros (que sea grande
su maravilla lo muestra,
pues es obra de Dios grande,
«dux», que en la latina lengua
dice capitán o guía
y él lo es de la suprema
Naturaleza, y así
que es duque claro se prueba);
de esta emperatriz esposo
que la tiene y la sustenta
el Paraíso, que este es
emperador de la tierra.
Y así en esta alegoría
sucesos que me revela
el cielo se han de ver hoy
y porque en ellos se vea
también la rabia que a mí
de su honor se me acrecienta,
me vengaré en él primero,
por ser imagen perfecta
de aquel, y pues que la noche
turbadas velas despliega
y el sol en el occidente
baña las doradas trenzas,
todo será confusiones.
Príncipe de las tinieblas
me llaman, porque presumo
que tengo dominio en ellas.
Pues en esta misma noche
esa emperatriz o reina,
esa mujer poderosa,
esa gran Naturaleza
empiece a prevaricar
viendo en confusas ideas
del sueño su misma muerte,
que aunque no ha de morir ella
de esta vez, si bien dos muertes
de agua y de fuego la esperan,
perder la gracia es morir,
y yo he hacer que la pierda.
¡Ea, furias infernales,
sombras infundid diversas
en esa mujer; salid
y de las prisiones sueltas
todo sea confusiones
esta noche, horror y pena!
¡Al arma, furias, al arma!
Declarada está la guerra,
y pues Dios morir no puede,
viva Dios y el Hombre muera.
Vase y sale la Naturaleza huyendo como espantada, y sálenla deteniendo Primavera, Otoño, Invierno, Estío, el Hombre y el Paraíso.
PARAÍSO
¿Dónde vas de esta suerte?
HOMBRE
Oye, señora.
PRIMAVERA
Escucha.
OTOÑO
Mira.
ESTÍO
Advierte.
NATURALEZA
Dejadme todos.
PARAÍSO
¡Qué mortal desvelo!
Siéntate, oye.
NATURALEZA
¡Ay de mí! ¡Válgame el cielo!
PARAÍSO
Di: ¿qué accidente quiso
turbar tu luz?
NATURALEZA
Hermoso Paraíso,
emperador supremo,
gran mal, gran daño, gran desdicha temo,
pues pienso que concierta mi desgracia
que yo pierda la vida, que es la gracia,
y ausente de tus brazos
entre los dos se rompan dulces lazos.
Hoy en la noche he visto…
¡mal el dolor, mal el temor resisto!,
que aunque soy una imagen soberana
soy, ¡ay de mí!, naturaleza humana.
¡Mucha es mi pena, mi tristeza es mucha!
PARAÍSO
Pues ¿qué soñaste, en fin?
NATURALEZA
Atento escucha.
Antes que el cielo y la tierra
de su fábrica gallarda
mostrase la arquitectura,
Dios en sí mismo se estaba.
Quiso para su servicio
hacer un hermoso alcázar
donde tuviese su corte,
y con sola su palabra
hizo once esferas que son
once palacios de plata,
once muros de cristal,
once edificios de nácar;
y para partir con todos
obras de su mano largas,
al primero dio la luna,
nocturna luz que acompaña
las tinieblas de la noche,
imagen hermosa y clara;
al segundo dio una estrella,
que se imagina o se llama
Mercurio, que dice ciencias.
Venus, al tercero —varias
opiniones dicen que es
signo de amor; no se engañan
si amor en esto le nombran,
pues con él los cielos aman—.
Es el cuarto ese planeta,
monstruo de luz, que con tanta
belleza, padre del día
nace en los brazos del alba.
El quinto se atribuyó
a Marte, dios de las armas,
porque en todas las victorias
son de Dios las alabanzas.
Júpiter, el sexto; este
laureles promete y palmas.
A Saturno se encomienda
de la tierra la labranza,
que es el séptimo lugar,
cuyas sienes coronadas
de espigas le apellidaron
el gran padre de la humana
Naturaleza; el octavo
de hermosura más estraña
es el firmamento, donde
se esculpen, fijan y tallan
las estrellas, que del sol
reciben la luz prestada.
Luego el cielo de cristal
subcede a la esfera octava,
cristal por quien dividió
Dios las aguas de las aguas.
El décimo y primer móvil
está luego, donde manda
a una inteligencia Dios
que sea su alcaide y guarda.
Este sus polos gobierna
y a sus preceptos se causan
los movimientos que hacen
tan divinas consonancias.
El impíreo está después,
corte de este gran monarca,
silla de este grande rey,
dosel de esta soberana
majestad. ¿Quién fuera aquí,
para hablar en su alabanza,
aquella águila que en Patmos
vio tanto sol cara a cara?
Solo diré que con ser
aqueste lugar de tanta
veneración y respeto,
la soberbia y la arrogancia
de Luzbel osó poner
sus ejércitos en arma,
y angélicos escuadrones
se dividen: ya le aclaman
rey los rebeldes y ya
se da la cruel batalla,
ya se rompen las esferas,
ya los cielos se desatan,
ya los ejes se estremecen,
ya los velos se desgarran
y ya Luzbel, castigado,
al obscuro centro baja.
Para llenar Dios entonces
las sillas desocupadas
hizo al Mundo, y de él te hizo
emperador; soberana
reina a la Naturaleza,
y yo soy, dándonos tantas
variedades de hermosura,
más divinas por ser varias.
Cuatro elementos nos dio:
viento, fuego, tierra y agua;
el fuego, que nos alumbra;
el viento, que nos regala;
la tierra, que nos sustenta
y los ríos que nos bañan.
Uno nos da luz hermosa
desde la noche hasta el alba;
otro en céfiros suaves
respira alientos de ámbar;
la tierra nos rinde cortes
para las hermosas galas
y el agua en fuentes y arroyos
nuestra hermosura retrata.
Los cuatro tiempos del año
nuestros vasallos se llaman,
pues para nuestro servicio
se desvelan y trabajan.
Por mayordomo mayor,
a quien el gasto se encarga
de todos estos tesoros,
nos dio al Hombre, que en la estampa
sacó de su misma idea,
a su hechura y semejanza.
Todos los demás vasallos,
que son las aves que cantan,
que son los brutos que corren,
que son los peces que nadan,
como a superior le dan
obediencia; así en mi casa
es mayordomo, y él solo
gobierna, dispensa y manda.
De todo esto soy señora,
pero todo esto no basta
para que de mi tristeza
note rebelde la causa.
¡Qué importan tantos trofeos,
qué sirven victorias tantas,
si con ser emperatriz,
si la voz con que me llaman
por fin de estas dichas es
la Naturaleza humana!
Hoy en el sueño me he visto…
¡aquí el ánimo desmaya,
aquí la voz enmudece,
aquí el aliento me falta,
aquí el corazón presumo
que dentro del pecho llama,
y para romper la puerta
está batiendo las alas...!
Hoy, en fin, supe que puedo
perder la hermosura y gracia
de que agora soy señora,
porque entre oscuras fantasmas,
porque entre ideas confusas,
porque entre sombras heladas,
vi la Muerte, que quería
romper con una guadaña
mi pecho, diciendo: «Yo
triunfaré de tu arrogancia;
esa belleza que agora
te lisonjea y engaña
será mía y la verás
en las profundas entrañas
de la tierra consumida».
Rosas de púrpura y nácar
entonces serán, ¡ay triste!
pálida color de gualda.
Mira si es justo que llore
si por instantes me aguarda
un fuego que me consume,
un rayo que me amenaza,
un dolor que me sujeta,
un miedo que me acobarda,
un letargo que me vence,
un frenesí que me espanta,
un temor que me castiga,
un agravio que me mata,
y al fin un soplo que toda
esta hermosura bizarra
abrase, consuma, queme,
castigue, borre, deshaga,
pues me dijo aquella sombra
con voz triste, ronca y baja:
«¡Esa pompa, esa belleza,
verás tan desfigurada
que el que hoy te sirva no pueda
juzgar que eres tú mañana!»
PARAÍSO
Hermosa Naturaleza,
que aunque tan bella y ufana
el ser, en efecto, humana
amenaza tu grandeza,
en vano muestras tristeza
pues criatura hermosa eres
que a las demás te prefieres;
el Paraíso te adora
y estás en tu reino agora
donde gozas cuanto quieres.
El Hombre te sirve aquí
él tus tesoros gobierna;
yo te estimo, y es eterna
esta fe que vive en mí.
Si un pálido sueño así
te acobarda, teme el daño
de tan grave desengaño,
y pues sabes que mortal
eres, prevén, cuerda, el mal
y verás con tiempo el daño.
La gracia es eterna vida,
y de esta suerte se advierte
que es la culpa eterna muerte,
y si te deja vencida
del Paraíso excluida
serás. Así, el pecho lleno
de amor puro, diestro y bueno,
teme la eterna justicia,
que hay en las flores malicia
y hay en las frutas veneno.
Cantad vosotros, y aquí
el Hombre quede a ordenar
juegos que te han de alegrar.
A él obedeced por mí,
Tiempos, pues al Hombre di
el título superior
de mayordomo mayor.
Serene lluvias el cielo.
NATURALEZA
Triste voy, ¡válgame el cielo!
¿Yo puedo morir? ¡Qué horror!
Vanse la Naturaleza y el Paraíso y cantan.
MÚSICA
Sin mirar que es sombra vana
compuesta de otros favores
dormida está entre las flores
la Naturaleza humana.
Pasarase la alegría
de su primera hermosura
y vendrá la noche obscura,
que el sol vive solo un día.
HOMBRE
Ya el sol que los montes dora
despierta a la dulce salva,
y sale riyendo el alba
de ver llorar a la aurora,
risa y lágrimas agora
con que iguales en belleza
descubren gusto y tristeza,
y entre penas y alegrías,
dan las dos los buenos días
a la gran Naturaleza.
La aurora, que llora ufana,
con tristeza la saluda,
porque ni ignora ni duda
que es Naturaleza humana;
pero el alba, más lozana
con risa hermosa y divina
corre la veloz cortina
a su emperatriz, no en vano,
por ser rasgo de una mano
tan perfecta y peregrina.
¡Oh gran Dios, cuando no hubieras
hecho por el Hombre más
que darle el día, jamás
de él satisfecho te vieras!
¿Qué es ver en esas esferas
un fénix de rosicler
ser hoy el mismo que ayer,
que si en todo es de sentir
que nace para morir
él muere para nacer?
Mas ¿dónde mi pensamiento
me lleva? Amigos, cantad
y gozosos celebrad
nuestra reina y al contento
responda en ecos el viento.
Tú, dichosa Primavera,
suspende con lisonjera
voz el aire; y tú, pues eres
el Otoño y te prefieres
en esa verde ribera,
a la edad del año, frutas
trae que el Invierno conserva
a su pesar en la hierba
de aquesas rústicas grutas
nunca de lluvias enjutas.
Y tú, Estío, en la floresta
lecho de mieses apresta,
y hecho un pabellón de espigas
en él vence las fatigas
y rigores de la siesta.
PRIMAVERA
Todos te obedeceremos.
ESTÍO
Y todos a servir vamos
al Hombre.
OTOÑO
Flores tejamos
y de Jericó cortemos,
porque con ellas labremos
altares a la belleza
de la gran Naturaleza,
y para el Hombre también,
pues quiere Dios que le den
obediencia a su grandeza,
los cuatro tiempos del año,
sin que le cueste sudor
la miel, la fruta y la flor.
INVIERNO
¡No le llegue el desengaño
y se convierta en su daño
el favor que goza agora!
OTOÑO
En tanto que su señora
la Naturaleza vive
en gracia, y ella recibe
del Paraíso que adora
favores, le serviremos
obedeciéndole como
a su mayor mayordomo;
mas si fuera de él le vemos,
todos nos rebelaremos.
PRIMAVERA
Ya el sol al oriente asoma.
El dulce instrumento toma.
OTOÑO
Goce agora la edad nueva,
hasta que lágrimas beba
y pan de dolores coma.
Vanse cantando.
HOMBRE
En aquesta soledad
llorar sin cesar quisiera
al ver que es perecedera
la suprema majestad;
la pompa, la autoridad,
la soberbia, la grandeza,
el aplauso y la belleza,
todo es caduco, ¡ay de mí!,
y es verdad, porque yo vi
llorar la Naturaleza.
«Yo soy una sombra vana,
dijo, y débil caña soy,
y aquesta que es rosa hoy
será cadáver mañana».
¡Providencia soberana
de Dios! Mas si no se viera
caduca y perecedera
la naturaleza y nombre
del hombre, pienso que el Hombre
humano demonio fuera.
Salen el Demonio y la Vanidad.
VANIDAD
Solo está, llegar podemos,
ya que tan osados fuimos
que a pisar nos atrevimos
estos jardines supremos.
DEMONIO
No han sido grandes extremos
profanar sus claustros hoy,
pues que yo contigo voy,
déjame llegar a ver
si yo le puedo vencer
con soberbia, pues lo soy.
Háblanle, sin que él lo vea.
¿Qué temes? Hacerte puedo
tan eterno como Dios,
piérdele a la muerte el miedo.
HOMBRE
En mayores dudas quedo.
DEMONIO
Vanidad, favor te pido.
VANIDAD
Si acaso hubieras nacido
eterno y no lo supieras,
¡qué contento que vivieras!
HOMBRE
¿Dónde va tan divertido
discurso? ¿Qué eres no ves
mortal?
DEMONIO
Cuando sepas tal,
procura hacerte inmortal.
VANIDAD
O presume que lo es.
Venga la muerte después.
Vive a lo menos contento
este rato.
HOMBRE
No consiento
tan loca imaginación
porque es sombra y ilusión
desatada en humo y viento.
DEMONIO
¿Para qué te hizo señor
Dios, Hombre perfecto y bello,
si no te precias de sello?
¿No conoces que es error,
ingratitud, desamor,
aniquilar esa hechura
que Dios hermosear procura?
Sabe preferirte, sabe
lucirte, porque se alabe
el Criador en la criatura.
Rico serás.
HOMBRE
Pobre quiero
vivir.
VANIDAD
Serás adorado.
HOMBRE
Humilde ha de ser mi estado.
DEMONIO
¿No eres grande?
HOMBRE
Serlo espero.
VANIDAD
No habrá viento lisonjero
que no te estime y alabe.
HOMBRE
La humildad es más suave.
DEMONIO
¿Y no lo es la majestad?
VANIDAD
Sabe tener vanidad.
DEMONIO
Y tener soberbia sabe.
HOMBRE
¡Qué necio discurso fue
el que me está haciendo guerra!
En el centro de la tierra
de mí a mí me esconderé.
Mortal soy, y pues lo sé,
no importa la majestad,
aplauso y autoridad
a dejar de conocerme,
que no han de poder vencerme
soberbia ni vanidad.
Vase.
DEMONIO
Vencionos. ¿Quién nos dijera
que Hombre en la corte podía
burlando la deidad mía
vencernos de esta manera?
VANIDAD
Esta fue la vez primera
que a las puertas del señor
sufro desprecio y rigor.
DEMONIO
Escribir en ellas puedo:
«La Vanidad tuvo miedo
y la Soberbia temor».
¿Qué haremos para que pueda
tener efecto esta instancia?
VANIDAD
Para postrar su arrogancia
deshagámosle la rueda.
DEMONIO
Para eso es bien que pongamos
a su soberbia arrogante…
VANIDAD
¿Qué?
DEMONIO
…sus defectos delante.
VANIDAD
Pues de eso ¿qué fin sacamos?
DEMONIO
La más segura esperanza
si al que vencer no podemos
con soberbia le vencemos...
VANIDAD
¿Con qué?
DEMONIO
...con desconfianza.
VANIDAD
¿De qué manera?
DEMONIO
Si él ve
la Naturaleza humana,
que es su reina soberana
y su dueño hermoso fue,
vuelta en sombra y niebla oscura,
llena de horror y tristeza,
deslustrada su belleza,
marchitada su hermosura,
y aquel arrogante brío
helado, caduco y yerto,
y en efecto un cuerpo muerto,
pálido, sangriento y frío
dirá: «Mi dicha fue vana
desconfío de mi ser,
que si no es hoy lo que ayer,
no será lo que hoy mañana».
Entonces aspirará,
temeroso de su daño,
a inmortal, y nuestro engaño
mejor efecto tendrá.
VANIDAD
Pues ¿cómo muerte daremos
a la Emperatriz?
DEMONIO
Así.
Ahora pasan por aquí
los Tiempos, y todos vemos
que a divertir la tristeza
de su reina y las pasiones,
la llevan humildes dones
que ofrecen a su belleza,
que como está en gracia, todos
al Hombre han obedecido
y sus frutos han traído,
y yo con sutiles modos
de amistad, podré en alguno
introducir el veneno
de que mi pecho está lleno.
Sale el Invierno con un vidrio de agua.
VANIDAD
Pues aquí tenemos uno.
DEMONIO
¿Quién es aqueste?
VANIDAD
El Invierno.
DEMONIO
¿Y qué lleva?
VANIDAD
Un vidrio de agua.
DEMONIO
Propio don suyo.
VANIDAD
Pues fragua
en ella el veneno eterno.
DEMONIO
No puedo en agua.
VANIDAD
¿Por qué?
DEMONIO
Porque antes el agua pura
lavar la mancha procura
del veneno que yo dé.
VANIDAD
No te entiendo.
DEMONIO
Es un abismo
este, que yo no le entiendo,
que es sacramento estupendo
el del agua del bautismo.
Sale la Primavera con un azafate de flores.
VANIDAD
Aquí está la Primavera.
DEMONIO
¿Qué lleva?
VANIDAD
En varios colores
un azafate de flores.
DEMONIO
¡Oh, qué alegre y lisonjera!
VANIDAD
¡Ea! A las flores concede
el veneno.
DEMONIO
Áspid soy yo,
mas en esas flores no
esconderse el áspid puede.
VANIDAD
Tu temor me maravilla.
DEMONIO
¿Pues no me ha de dar temor
el haber visto una flor
allí que es flor sin mancilla?
No puedo a esta emperatriz
dar entre flores la muerte,
donde la imagen se advierte
de otra más alta y feliz.
¿Cómo han de admitir mi pena,
si son de esta reina hermosa
atributos lirio y rosa,
clavel, jazmín y azucena?
Sale el Estío con espigas.
VANIDAD
Pues ya ha llegado el Estío.
DEMONIO
¿Y qué lleva?
VANIDAD
Espigas lleva.
DEMONIO
Pues no puede aquí la prueba
verse del veneno mío.
VANIDAD
¿Por qué?
DEMONIO
Porque estas espigas
tienen un misterio en sí
que antes me fuerzan aquí
a repetir mis fatigas.
Está en los granos de oro
un gran tesoro guardado.
No puedo yo dar bocado
en ellas, porque tesoro
es su troj de quien se saca
vida, salud y sustento,
y ha de ser su sacramento
de mi veneno triaca.
No me acuerdes este día,
cuyo nombre, ¡qué temor!,
será el día del Señor.
¿Por qué aquí la ciencia mía
se turba cuando lo veo,
se eleva cuando lo miro,
se pasma cuando lo admiro,
se ciega cuando lo creo?
Porque es su gloria (¡qué furia!)
salud del hombre (¡oh, qué horror!),
vida eterna (¡oh, qué rigor!),
que en este pan (¡oh, qué furia!)
el mismo Dios disfrazado
se ha de dar, en que se advierte
que un bocado fue la muerte
y la vida otro bocado.
Sale el Otoño con manzanas.
VANIDAD
Pues el Otoño ha venido
con bellas frutas. ¿Aquí
pondrás tu veneno?
DEMONIO
Sí.
Entre frutas escondido
le pondré. Tú, Vanidad,
dale una hermosa manzana,
matices de gualda y grana,
que enamore su beldad.
VANIDAD
Vesla aquí.
DEMONIO
Yo en ella ya
voy disfrazado, de suerte
que si su hermosura advierte
el apetito, caerá.
VANIDAD
Todo es que la llegue a ver.
DEMONIO
Pues con ellos nos mezclemos,
para que disimulemos
la traición que hemos de hacer.
Tiempos del año, ¿dó bueno?
OTOÑO
Hola, Primavera, alerta,
que hay culebras en la huerta.
DEMONIO
Ya tu malicia condeno,
porque yo al ángel me igualo
que la guarda.
OTOÑO
¡Y hay que ver!
Vos bien podéis ángel ser,
mas seréis ángel muy malo.
DEMONIO
¿Qué lleváis aquí?
ESTÍO
Yo espigas.
Si queréis de ellas, tomad.
DEMONIO
¿Y vos?
PRIMAVERA
Flores.
DEMONIO
En verdad
que con tu hermosura obligas
a que la tengan las flores.
OTOÑO
No he visto en toda mi vida
culebra tan entendida.
DEMONIO
¿Tú, Invierno?
INVIERNO
Son mis favores
agua pura, helada y clara.
DEMONIO
El don como tuyo fue.
OTOÑO
¿Es muy malo? Pues yo sé
que más de uno la tomara.
DEMONIO
¿Qué llevas tú?
OTOÑO
Frutas llevo.
DEMONIO
¡Qué hermosas son! Ya mezclé,
cuando a la fruta llegué,
la manzana.
VANIDAD
No fue nuevo
el engaño en ti.
Sale el Hombre.
HOMBRE
Pues ya
habéis, ¡oh Tiempos!, llegado
todos mostrando el cuidado
cada cual de lo que está
a su cargo, la tristeza
de la reina divertid,
enamoralda, y decid
requiebros a su belleza.
Sale la Naturaleza, emperatriz.
OTOÑO
¡Vaya de música y fiesta,
que ya la reina ha salido!
DEMONIO
Con ellos introducido
lograré ocasión como esta.
PRIMAVERA
Canta.
¡Albricias, albricias pido!
TODOS
¿De qué, porque te las den?
PRIMAVERA
De que a aumentar nuestro bien
la emperatriz ha salido.
TODOS
¿Quién lo dice?
PRIMAVERA
Yo, que he sido
quien su beldad adoré,
que estrella del campo fue.
TODOS
Bailan.
Pues hagamos alegrías
y celebrando la paz estos días,
suenen las voces y canten las aves,
rían las fuentes y soplen los aires.
PRIMAVERA
Yo, que soy la Primavera,
te doy este hermoso don:
humanas estrellas son
y matices de esta esfera.
INVIERNO
Si de la siesta el calor
te fatiga, reina mía,
este vidrio de agua fría
podrá templar el rigor.
ESTÍO
Estas espigas cogí
para tus plantas, pues eres
tú la verdadera Ceres.
OTOÑO
Yo estas frutas para ti
he traído; come de ellas
pues que tan hermosas son.
DEMONIO
Aquesta es buena ocasión.
Brinda, Vanidad, con ellas.
VANIDAD
Yo, señora, el jardinero
de estos jardines he sido;
como tal, he conocido
el fruto más verdadero.
Esta manzana es sabrosa:
come de ella; templarás
tu tristeza, y aun serás
la más sabia y más hermosa.
NATURALEZA
La manzana que me ofreces
por sí es tan hermosa y bella
que me mueve a comer de ella.
HOMBRE
¡Mira bien lo que apeteces
que hay aquí fruta vedada!
Si del precepto te acuerdas
no la comas, no la muerdas.
NATURALEZA
Tu temor, Hombre, me enfada.
Si el jardinero me dice
que esta es la fruta más bella,
por dejar de comer de ella
dejaré de ser felice.
OTOÑO
Pues que mi don le agradó
mil fiestas hacer quisiera.
¡Va de baile!
DEMONIO
Mejor fuera
que hiciera la fiesta yo.
Cantan y bailan.
NATURALEZA
No celebréis mis gustos,
dejad las alegrías
y celebrad mortales
mis penas y fatigas.
OTOÑO
¿Qué letargo le ha dado
que parece que espira?
HOMBRE
¡Válgame Dios! ¡Gran daño
a mi ser pronostica!
NATURALEZA
¿Qué furia, qué veneno
esta fruta tenía,
que ya me abrasa el pecho
con rabia y con envidia?
DEMONIO
De aquí, pues ya vencimos,
Vanidad, te retira.
Vanse los dos.
HOMBRE
¿Qué sientes?
NATURALEZA
Que mi pecho
llamas de fuego espira.
¡Oh, qué dolor, qué muerte,
qué pena, qué desdicha,
qué veneno, qué rabia,
aquí estaba escondida,
que toda me enajena,
me priva de mí misma!
Las peñas con las aves,
las fieras que solían
obedecerme, todos
huyendo se retiran.
Mira, mira aquel monte,
cuya soberbia cima
en mis brazos parece
que ya se precipita.
La tierra se estremece,
y de mi planta herida
abriendo infaustas bocas
sepulcro me fabrica.
Ya las aves endechas,
no gozos, multiplican,
y huyendo el aire rompen;
solo no se desvían
las fieras, contra mí
dientes y uñas afilan.
La gran Naturaleza
ya se muere, ya espira.
Estos son parasismos
últimos de sus días.
Perdí, perdí la gracia;
perdí, perdí la vida.
Cae en una silla y sale el Paraíso.
PARAÍSO
¿Qué es esto?
HOMBRE
Emperador
del mundo, donde habita,
celestial Paraíso,
mi pena y mi desdicha:
ya mi Naturaleza
a la muerte rendida,
porque la majestad
no se excepta ni libra,
yace porque perdió
la gracia, que la vida
de la Naturaleza
era la gracia misma.
La culpa fue su muerte
y así, señor, la miras
a su rigor postrada
y a su culpa rendida.
PARAÍSO
Pues llévala a la tierra,
a cuyos brazos fía
su cadáver helado
que muerta ya y perdida
la vida, estar no puede
en la opulencia rica
de mis palacios. Yo,
viudo de su divina
belleza quedo ya,
que el cielo determina
que su muerte a los dos
nos aparte y divida.
Ya de mi Paraíso
es bien que se despida,
pues tarde volveremos
a vernos. ¡Qué desdicha!
Vase.
HOMBRE
Ya que quedo encargado
de llevar este día
a la tierra la muerta
Naturaleza mía,
Tiempos del año, todos
ayudad mis fatigas,
porque tan grande peso
los hombros me derriba.
OTOÑO
Tú, pues que su privanza
fuiste cuando era viva,
es tiempo que en la muerte
la lleves y la sirvas.
PRIMAVERA
Muy bien obedecimos
todos cuando tenías
en nosotros imperio.
HOMBRE
Hoy le tengo.
OTOÑO
Es mentira.
HOMBRE
Pues ¿qué queda, qué frutos
para el sustento y vida
del Hombre?
OTOÑO
Su trabajo.
ESTÍO
Su sudor.
PRIMAVERA
Su porfía.
HOMBRE
¿No habéis de obedecerme?
OTOÑO
Cuando llorando pidas
el sustento.
HOMBRE
¿Y qué habéis
de darme?
PRIMAVERA
Solo espinas.
INVIERNO
Yo, diluvios.
ESTÍO
Yo, piedras.
OTOÑO
Yo, solo hojas marchitas.
HOMBRE
¿Frutos no?
OTOÑO
Si nos riegas.
HOMBRE
¿Mieses?
ESTÍO
Si nos cultivas.
HOMBRE
¿Rocíos?
INVIERNO
Si nos labras.
HOMBRE
¿Flores?
PRIMAVERA
Si nos fatigas.
HOMBRE
Pues venid a mis brazos,
Naturaleza mía,
que yo os llevo a la tierra,
donde a los cielos pida
con lágrimas y quejas
la piedad de justicia,
y pondré en un dorado
ataúd, breve pira,
esta hermosura muerta
a manos de la Envidia
y con letras doradas
epitafios que digan:
«¡Perdió, perdió la gracia!
¡Perdió, perdió la vida!».
Cógela en brazos y vase.
INVIERNO
¡Qué buena carga lleva!
OTOÑO
¡Dejadle en su fatiga!
PRIMAVERA
Pues perdió la privanza,
sude, trabaje y gima.
OTOÑO
Ya empiezan sus afanes,
pues de ramos fabrican
un túmulo sus manos
y en una caja rica
el cadáver helado
esconde y deposita.
PRIMAVERA
Al hombro se le arroja
y ya con él camina
por cuestas y montañas.
OTOÑO
¿Dónde irá que no siga
su muerte, pues su culpa
en sus hombros estriba?
INVIERNO
De él todos nos venguemos.
ESTÍO
Démosle vaya y grita.
OTOÑO
Mejor es que tus voces
en triste acento digan
la muerte de su reina,
porque el dolor le aflija,
repitiéndole el caso.
PRIMAVERA
Pues dejadme escondida
entre estos verdes ramos:
direle sus desdichas.
Escóndese la Primavera, vanse los demás y sale el Hombre con un ataúd a cuestas.
HOMBRE
Venid en mi compañía,
Naturaleza infeliz,
pues que yo a la tierra os llevo
y vos me lleváis a mí,
pues caí de la privanza
en que pude competir,
si no en la esencia, en la gracia
al más puro querubín.
PRIMAVERA
Canta.
¿Dónde vas, el Hombre humano,
dónde vas, triste de ti,
que la tu querida reina
muerta está, que yo la vi?
HOMBRE
¡Válgame el cielo, qué voces
tan lastimosas así
mis penas y mis desdichas
gustaron de repetir!
PRIMAVERA
Canta.
La Naturaleza humana,
la gallarda emperatriz,
murió a manos de su culpa
en un hermoso jardín.
HOMBRE
Aun los vientos me aborrecen,
pues en su esfera sutil
forman voces porque ya
todos se vengan de mí.
PRIMAVERA
Canta.
Tanto se ha desfigurado
con la muerte, que el matiz
que fue hermosa maravilla
es ya cárdeno alhelí.
HOMBRE
¡Válgame el Cielo! ¿Tan fea
la dejó su culpa?
PRIMAVERA
Sí.
HOMBRE
Ved, pues, cómo vivís muertos
los que en pecado vivís.
PRIMAVERA
Canta.
Ese tesoro que llevas
a tu parecer feliz,
tú no le has de conocer
cuando le quieras abrir.
Vase.
HOMBRE
¡Déjame, voz; no me aflijas,
que no es victoria rendir
a quien está tan rendido!
Mas ¿dónde voy por aquí?
¡Qué ásperos montes y cuestas!
Temblando, la planta muevo.
Pero ¿qué mucho, si llevo
mi Naturaleza a cuestas?
Diferentes son aquestas
selvas de las que yo vi.
No hay tanta hermosura aquí;
entre espinas y entre abrojos
tropezando y dando de ojos
voy, ¡ay mísero de mí!
¡Qué mal, tierra, me recibes!
¿Pues así un hijo se trata?
La primera madre ingrata…
Mas, ¡ay!, que enojada vives,
y así con mi sangre escribes
mi delito. Estás airada,
mas de mi llanto bañada
y herida de mis veloces
suspiros, oye mis voces:
¡centro de la tierra amada!
Sale la Tierra.
TIERRA
¿Quién me llama?
HOMBRE
¿No me ves?
TIERRA
¿Qué me quieres?
HOMBRE
Que sepultes
y en tus entrañas ocultes
esta hermosura.
TIERRA
¿Quién es?
HOMBRE
De ella lo sabrás después.
TIERRA
Tu voz en callarlo yerra.
HOMBRE
Pues aquesta tumba encierra
una emperatriz: murió,
fue sombra, fue nada, y yo
vengo a entregarla a la tierra.
TIERRA
Yo no puedo recibir
caja cerrada sin ver
quién es, y aquí he de saber
cómo murió sin morir.
HOMBRE
Pues déjame, Tierra, abrir
este lastimoso estrago;
verás que en tus manos hago
depósito de belleza,
y con la Naturaleza
lo que me diste te pago.
Abre la caja y estará un esqueleto.
¡Válgame el Cielo!
TIERRA
¿Qué ves?
HOMBRE
Veo mis postrimerías.
TIERRA
¿No es esto lo que traías?
HOMBRE
No, que esto otra cosa es
de lo que fue.
TIERRA
Dime, pues:
¿Robáronte en el camino
el tesoro peregrino
que así el verle te da asombros?
HOMBRE
No, porque siempre en los hombros
cerrada esa caja vino.
Toma, tierra aquesa helada
figura, ese horror funesto,
ese rostro descompuesto,
esa hermosura borrada,
esa belleza eclipsada,
ese cadáver que yo
te entrego. Ufano se vio,
mas perdió Naturaleza
con la gracia la belleza.
TIERRA
¡Jura que es ella!
HOMBRE
Eso no.
Ni lo afirmo ni lo juro,
porque otra viene a ser
hoy de aquella que era ayer,
¡triste lance, caso duro!
Solamente te aseguro
que en mis hombros la he traído,
que en esa caja ha venido,
pero que es aquesta no,
que es otra de la que yo
he respetado y servido.
Ese cadáver helado
que traigo a la tierra yo,
árbol tan verde se vio
que fue copete del prado;
ese escriptorio robado
de riqueza estuvo lleno,
ladrón del trabajo ajeno
fue sin ley y sin disculpa
el veneno de la culpa,
¿y hay quien beba este veneno?
¿Ves esa frente arrugada?
A espanto provoca y mueve.
Pues linda de grana y nieve
fue a colores matizada.
¿Ves esa mejilla helada,
rosa ya sin ornamento?
Pues fue lisonja del viento
y borrola un soplo airado
del aliento del pecado,
¿y hay quien respire a este aliento?
¿Ves esas manos, que apenas
tienen forma ni armadura?
Pues de perfecta hermosura
un tiempo se vieron llenas,
de cinco hojas azucenas
fueron cinco lirios luego,
porque voraz, libre y ciego
semejantes triunfos tray
el fuego del vicio, ¿y hay
quien se caliente a este fuego?
Esa pelada cabeza
esfera de rayos fue;
aquesos cuencos en que
ves tan profunda tristeza
fueron ojos: la belleza
de uno y otro que ahora asombra
fue luz, pero ya se nombra
sombra el esplendor marchito
de la sombra del delito,
¿y hay quien descanse a esta sombra?
Esa boca helada y fría
fue un círculo de carmín,
caja de azahar y jazmín
en quien el aura bebía
néctar; esa bizarría
que hoy a la tierra se inclina
fue una columna divina,
fue un sumptuoso edificio,
caduca ruina del vicio,
¿y hay quien se exponga a esta ruina?
En fin, en fin, fue hermosura
esta espantosa fealdad,
este estrago fue deidad,
esta sombra lumbre pura,
esta desdicha ventura,
este olvido eterna fama,
esta arista verde rama,
esta tristeza alegría,
este silencio armonía
y aquesta pavesa llama.
Mas, ¿para qué sutilizas
tanto el discurso, si llego
a conocer que fue fuego
lo que agora aun no hay cenizas?
No más, que me atemorizas,
sombra vil, figura vana,
fantasma y sombra liviana.
Mortales, ¡llegad a ver
que quien no es hoy lo que ayer,
no será lo que hoy mañana!
TIERRA
¿Este tesoro infinito
me depositas y das?
HOMBRE
Yo, Tierra, no digo más
de que aquí te deposito
el cadáver que se ve.
TIERRA
Dame segura respuesta.
HOMBRE
La emperatriz truje.
TIERRA
¿Es esta?
HOMBRE
Esa truje, más no sé.
Esa tumba cierra y sella.
Lo que es te he concedido.
No te digo lo que ha sido,
que ya no sé conocella.
TIERRA
Al pie de este tronco, pues,
le daremos sepultura.
Pónela al pie de un árbol.
HOMBRE
Así diga en el arena:
«Aquí se guarda y oculta
muerta la Naturaleza
a las manos de su culpa
hasta que vuelva a la vida».
Salen el Demonio y la Vanidad.
DEMONIO
Eso será tarde o nunca.
HOMBRE
No será sino muy presto,
pues ya los cielos anuncian
tan seguras profecías
del que librarnos procura.
DEMONIO
¿Luego ya desesperado
no estás?
HOMBRE
Antes, en la suma
omnipotencia de Dios
esperanzas tengo muchas
de mi libertad.
DEMONIO
Agora
eres mío, y ya ninguna
persona descenderá
de ti de quien no presuma
tener victoria. Mis sellos
haré que en su rostro esculpan.
HOMBRE
Alguna vendrá que pueda
eximirse de la culpa,
y al irla a morder dragón
su planta divina y pura
te pondrá sobre la frente.
DEMONIO
Verdades, Hombre, me anuncias
pero hasta allá, en ti y en todos,
satisfaré mis injurias.
Mi sello pondré en tu frente.
HOMBRE
Por eso agua limpia y pura
me lavará.
DEMONIO
Ya comiste
aquella vedada fruta
en el árbol de la Muerte.
HOMBRE
Por eso otra me madura
en el árbol de la Vida,
que uno con otro se cura.
DEMONIO
Ahora en mi poder estás.
HOMBRE
¿Y no es posible que huya?
DEMONIO
¿Dónde?
HOMBRE
Al sagrado.
DEMONIO
¿Cuál es?
HOMBRE
La Iglesia.
DEMONIO
Cuando allá subas
que es monte del Testamento
esa sagrada figura,
allá te buscaré yo,
pues con vanidades sumas
te rendiré.
HOMBRE
No podrás.
DEMONIO
¿Qué procuras que procuras
huir de mí?
HOMBRE
Si mi delito
en esta parte me acusa,
en sagrado estoy; este árbol
el fruto me dé que busca
mi fe.
Abrázase con el árbol y vuélvese en cruz.
DEMONIO
¡Ay de mí! Que las ramas
unas con otras se cruzan
y forman la cruz, blasón
con quien la Iglesia se ilustra.
De verla el pecho se altera,
el cabello se espeluza,
los pies se convierten hielos,
la lengua en prisiones muda
se suspende. ¿Que un madero
sin carácter ni figura
perfecta tanto me asombre?
¡Que un leño de arquitectura
tan fácil que son dos líneas
tanto mis fuerzas destruya!
Horca vil, señal de muerte
infausta, triste y injusta...
pero miento, que mi lengua
es serpiente que procura
morderte; pero no puede
ella pronunciarte injurias.
Arco de paz celestial
a quien pulen y dibujan
esmaltes de sangre y nieve,
color verde, roja y rubia,
refugio de pecadores,
mucha es tu grandeza, mucha.
¿Qué me quieres? Déjame,
que ya voy a las profundas
cárceles donde publique
penas mías, glorias tuyas.
Vase.
VANIDAD
No en vano la cruz formó
sobre el cuerpo y sepoltura
donde la Naturaleza
estaba muerta y caduca,
porque la muerte y la vida
quiere Dios que estén tan juntas.
Vase.
HOMBRE
Iris que asoma entre eclipsados velos,
carácter a dos líneas reducido,
eclíptica de un sol que ha discurrido
dos rumbos de carmín, dos paralelos,
llave de los candados de los cielos,
prodigio que serpiente y vara ha sido,
palo que en el Jordán se vio temido,
volviendo en sangre cristalinos hielos,
sobre el cadáver hoy, y sepultura
tu lugar ¡oh, qué bien se determina!
¡Lávese el Hombre en la corriente pura
que destila este lago, esta piscina:
pues juntas cruz y muerte, Dios, procura
que estén juntos enfermo y medicina!
Entra la Religión que viene a estar sobre la Cruz.
RELIGIÓN
Yo, la Religión sagrada,
compañía que tú buscas,
vengo a decirte que el cielo
tus peticiones escucha.
En la Iglesia está el sagrado
que ya tu vida asegura.
Entra en ella, porque seas
de su edificio columna,
que tu vida y penitencia
tanto tu persona ilustra,
que por virtud y valor
será tu grandeza mucha.
El Hombre eres y de ti
descenderá quien con justas
adoraciones merezca
templos, altares y urnas.
HOMBRE
Y de aquesta alegoría
ha sido su viva hechura
un señor grande de España.
Perdonad si fueren muchas
sus faltas, porque el poeta,
aunque de serviros gusta,
no pudo en solos dos días
sutilizar más la pluma.

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