Dar Tiempo Al Tiempo
Gran Comedia

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

  • DON JUAN, galán
  • DON DIEGO, galán
  • DON PEDRO, galán
  • CHACÓN, criado de don Juan
  • GINÉS, criado de don Diego
  • CUATRO SOLDADOS
  • DON LUIS, padre de Leonor
  • LEONOR, dama
  • BEATRIZ, dama
  • JUANA, criada
  • INÉS, criada
  • UN ALGUACIL Y RONDA
  • ESCRIBANO
  • DOS CRIADAS

Jornada Primera

Salen don Juan y Chacón, vestidos de camino.
Chacón
¡Vive Dios que tienes cosas
notables!
Juan
Sígueme y calla.
Chacón
Seguirte, sí haré; callar
es mucho pedir; y basta,
puesto que tú la mitad
de las raciones no pagas,
hacer la mitad también
yo de lo que tú me mandas.
¿Es posible que después
de una jornada tan larga
como de Sevilla aquí,
aun un hora no descansas?
Pues luego, ¡es buena la noche!
Tu bolsa no es más cerrada
ni más negra mi ventura.
¿Dónde vas?
Juan
¿De qué te espantas,
si ya sabes que partí,
Chacón, sin vida y sin alma,
que con esta prisa vuelva,
donde la dejé a buscarla?
Chacón
Una bobería -perdona,
que no hallo nombre que darla
más decoroso- pensé
que hacías en salir de casa
a estas horas; ya son dos.
Juan
¿La otra?
Chacón
Que te persuadas
a que una dama en la corte,
discreta, hermosa y bizarra,
esté tan fina en ausencia,
que de ti se acuerde.
Juan
Calla,
villano; que ¡vive el cielo
que te mate!, si me hablas
en que se pudo mudar
mujer que lágrimas tantas
vi llorar en mi partida.
Chacón
Yo también; pero repara
que lágrimas de mujer
no son penas, sino alhajas,
que para servirse dellas
las tiene como en el arca.
Abre, y llora; cierra, y ríe.
Juan
Presto verás que te engañas
y que Leonor no es mujer,
sino deidad soberana.
Chacón
Sí será; pero tras eso,
no has visto en tres meses carta.
Juan
¿Qué mucho -si desde el día
que, la sentencia ganada
del pleito a que fui, no he estado
nunca en un lugar, a causa
de tomar las posesiones
del mayorazgo que se hayan
perdido? Ven y verás
con qué fineza me aguarda.
Chacón
Ya son tres las boberías,
y no es la menor que vayas
confiado en que a estas horas
no esté Leonor acostada
y su padre recogido.
Juan
Con llegar a su ventana
y hacer en ella la seña,
cumplido habré con mis ansias.
Chacón
Ya son cuatro.
Dale un rempujón.
Juan
Necio estás;
no me obligues a que haga
un disparate contigo.
Chacón
Por mayor no doy dos blancas.
¡Jesús mil veces!
Juan
¿Qué es eso?
Chacón
Caer, si el unto no me engaña,
en garapiña de lodo,
porque está frío que mata
y, entre líquido y cuajado,
ni es bebida ni es vianda.
Juan
A la luz de aquella tienda,
es de una fuente la zanja.
Levántase como mojado y con polvo.
Chacón
Pues harto es, purgando tanto
la tal fuente, estar tan mala
la calle.
Juan
Entra a sacudirte
en el portal de esa casa.
Chacón
¡Pardiós!, aunque me sacuda
más que moza mal mandada,
no me sacudiré el polvo.
Al irse retirando a un lado, echan agua sobre él de lo alto.
Criada
dentro
¡Agua va!
Chacón
Mientes, picaña;
que esto no es agua.
Juan
¿Qué ha sido?
Chacón
¿Qué ha de ser, pese a mi alma?
Cosas de Madrid precisas,
que antes fueron necesarias.
¡Vive Cristo...!
Juan
No des voces.
Chacón
¿Cómo no? Puerca, berganta,
si eres hombre, sal aquí.
Juan
No el barrio alborotes, calla.
Chacón
Calle un limpio.
Juan
¡Qué cansado!
Vuélvete volando a casa.
Chacón
¿Así y solo y a esta hora?
Juan
Sí; que no quiero que vayas
conmigo así.
Chacón
Lo que haré
será, ya que aquí me halla
este fracaso, llamar
donde me den una capa
que a guardar dejé, con otras
alhajillas de importancia.
Juan
Mas ¿qué es en casa de aquella
señora, cuya criada,
si bien me acuerdo, querías
antes de ir?
Chacón
¡No, sino el alba!
Juan
¡Pues bueno es tener de una
pícara tu confianza,
y querer que no la tenga
yo de una principal dama!
Chacón
Déjame llegar: verás
que a mí Juanilla me aguarda
más fina que a ti Leonor,
haciendo que a un silbo salga.
Silba y sale a la puerta una criada.
Criada
¿Eres tú?
Chacón
¡Mira qué presto!
Yo soy.
Criada
¡Albricias! Que nada
nuestra ama entendió, porque
ha andado muy mujer Juana.
Toma, y gózale mil años,
y hazle cristianar mañana,
que ha sido el parto terrible.
Dale un envoltorio, y cierra apriesa.
Chacón
Oye.
Criada
Adiós, adiós.
Chacón
Aguarda.
Juan
¿Qué te ha dado?
Chacón
Una criatura;
que en vez de darme otra capa,
viendo que esta tiene ya
perdido el miedo a las manchas,
la aplicó para mantillas,
y es lo peor que al entregarla
me pide albricias, y dice
que ha andado muy mujer Juana.
Juan
¡Y cómo que ha andado! Bien
la experiencia lo declara.
Chacón
¿Qué tanto, señor, habrá
que ya de la corte faltas?
Juan
Trece meses.
Chacón
¡Trece meses!
Pues voyle a echar en la zanja
que caí: no quiero hijo
trecemesino en mi casa.
Juan
Tente; que no es cristiandad
echar a perder un alma.
Chacón
Y echar a perder un cuerpo
una pícara bellaca,
¿es cristiandad?
Juan
Yo no tengo
de consentirte que hagas
tan grande inhumanidad.
Chacón
¿No es peor hacer una ingrata
una humanidad, que yo
una inhumanidad?
Juan
Basta;
que no lo he de permitir.
Chacón
Pues ya que desto te cansas,
espera; que aquí en la esquina
ha de vivir una santa
comadre mía y de todos,
que siempre sabe de amas
que acomodar, y ella puede
cuidar della hasta mañana,
y aun hasta el día del Juicio.
Juan
Pues ve volando a buscarla,
y mira que voy tras ti
para ver a quién la encargas.
Chacón
Venid, el trecemesino,
venid; que yo os doy palabra
de que mi venganza sea
más campanuda venganza
que la de aquel veinticuatro
de Córdoba u de Granada.
Vase.
Juan
Estrañas cosas suceden
en Madrid, y por estrañas
no molestan tanto como
por lo que aquí me dilatan
llegar a adorar, Leonor,
los umbrales de tu casa.
¡Oh, si fuera tan dichoso
que por la reja escuchara
tu voz siquiera!
Vuelve a salir
Chacón
Ya queda
mi trecemesino en guarda
por esta noche.
Juan
Pues vamos,
antes que otro estorbo haya,
al centro donde ya fueron
delante mis esperanzas.
Al irse a entrar, salen cuatro soldados.
Soldado 1
Hidalgos, cuatro soldados
muy hombres de bien...
Chacón
(Ya escampa).
Soldado 2
Ya ven el frío que hace...
Han menester una capa.
Juan
Yo también la he menester.
Chacón
Yo daré la mía barata,
solo con que vuesarcedes
hallen por donde tomarla.
Soldado 3
No alborotemos la calle,
ni fíen de su arrogancia;
que no les estará bien.
Chacón
Vuesarcedes, camaradas,
¿aconsejan, o capean?
Soldado 4
¡Cuerpo de tal, lo que garlan!
Juan
Ahora lo verán mejor.
Sacan las espadas y riñen.
Chacón
¿Qué va que me descalabran,
según ando de dichoso?
Salen don Pedro, don Diego y Ginés.
Pedro
Allí son las cuchilladas.
Diego
Lleguemos, por si podemos
estorbar una desgracia.
Ginés
¡Paz!
Todos
¡Ténganse!
Soldado 1
Aquí no hay
sino apelar a las plantas.
Huyen los soldados, y los dos caballeros detienen a don Juan.
Pedro
Teneos, pues van huyendo.
Juan
Sí haré; que a mi honor le basta
a quien por la capa viene
que se vuelva sin la capa.
El socorro os agradezco:
quedad con Dios.
Vase.
Chacón
Si se tardan
en huir, por vida del
trecemesino y de Juana,
según estoy de furioso
que huyera yo.
Vase.
Pedro
¡Buena traza
de hombre!
Diego
Y mejor desenfado.
Pedro
Pues estáis de vuestra casa
tan cerca, ¿queréis quedaros?
Diego
Antes que acostarme vaya,
quisiera dar una vuelta
a la calle de una dama.
Pedro
¿Queréis que vaya con vos?
Diego
No; que no es mi dicha tanta
que vaya a riesgo, porque
ni me escuchan ni me hablan:
con solo pasar la calle
se divierte mi esperanza.
Pedro
Con grande recato andáis
conmigo.
Diego
Más es desgracia
que recato, pues no tengo
en mi amor que fiaros nada.
Una dama galanteo
tan hermosa como ingrata,
y estoy tan a los principios,
que la mayor circunstancia
que puedo deciros es
que he de introducir mañana,
por industria de Ginés,
una criada en su casa.
Ved qué tendré, pues no tengo
hasta ahora ni una criada
de mi parte.
Ginés
Ni aun aquesa
debes de querer que haya,
pues no me has dado esta noche
lugar de llegar a hablarla.
Diego
Poco se pierde en un día.
Pedro
Puesto que ir solo os agrada,
id con Dios.
Diego
Quedad con Dios. Vase.
Ginés
(¿En qué habrá parado, Juana,
el susto con que quedaste
esta tarde?).
Vase.
Pedro
Albricias, alma,
que tengo una alma segura,
pues no va don Diego a casa,
y podré lograr siquiera
un punto mis esperanzas.
¡Qué cobardes son los pasos
del que es noble, cuando anda
de traición! Dígalo yo,
que idolatrando a su hermana,
su sombra tiemblo... Aunque bien
está el temor a mis ansias;
pues por no darle en la calle
sospecha, si en ella me halla,
el mismo temor se atreve
a hacerme la puerta franca.
Bien podré seguro, pues,
llamar.
Salen don Juan y Chacón.
Juan
A Dios gracias
que hemos llegado, a pesar
de sustos y penas tantas,
a la calle de Leonor.
Chacón
Y bien, de llegar, ¿qué sacas?
Juan
Si respondiere a la seña,
la dicha, Chacón, de hablarla;
si no responde, la dicha
de saber que está acostada
y que nada la desvela
en mi ausencia.
Chacón
Pues ¿qué aguardas?
Juan
Que se aleje un hombre que
agora la calle pasa.
Chacón
¿Qué es que se aleje? Antes pienso
que se acerca y que se para.
Llama don Pedro a la puerta, y sale Inés.
Juan
Escucha: ¿no llama?
Chacón
Sí;
y no es él por quien se canta
que «en vano llama a la puerta
quien no ha llamado en el alma»,
pues le han abierto.
Inés
¿Eres tú?
Pedro
Sí, soy yo.
Inés
¿En qué reparas?
Entra; que está mi señora
quejosa de ver que tardas
tanto esta noche que está
mi señor fuera de casa.
Éntranse, cerrando la puerta.
Juan
¡Vive Dios, que ha entrado dentro!
Chacón
No ha entrado.
Juan
¿Por qué me engañas?
Chacón
Porque Leonor no es mujer,
sino deidad soberana,
y no había de abrir a otro
mujer que lágrimas tantas
vi llorar a tu partida.
¿Agora de burlas hablas?
La puerta echaré en el suelo.
Chacón
Peor es esto que la zanja.
Advierte...
Detiénele Chacón.
Juan
No hay que advertir:
perdidas mis esperanzas,
piérdase todo.
Chacón
¿Qué enmiendas
con furias y con bravatas
desde la calle?
Juan
Si es noble,
ocasionarle a que salga.
Chacón
Pues haz para eso la seña,
con que tomarás venganza
dándole la pesadumbre
que él te da; pues cosa es clara
que tendrá de ti los celos
que tienes de él.
Juan
Bien reparas.
Temblando llego. Llama.
Sale don Diego y Ginés.
Ginés
En efeto,
¿su padre era el que llegaba?
Diego
Sí.
Ginés
¿Tan tarde estaba fuera?
Diego
Como eso harán mis desgracias.
Ginés
¿Si te conoció?
Diego
No sé;
pero ya tan cara a cara
llegué a conocerle a él,
que no dudo que me haya
conocido.
Ginés
¡Estraño empeño!
Llama otra vez don Juan, y dicen dentro Beatriz y don Pedro, abriendo y volviendo a cerrar.
Diego
No es éste menor. Aguarda:
¿no llama un hombre a mi reja?
Pedro
Tengo de saber quién llama.
Beatriz
¿Qué te importa? Sea quien fuere.
Juan
Que en la calle hay quien le aguarda,
decid a ese caballero.
Diego
¿Y el marco de la ventana
cerrar y abrir no has oído?
Pues ¿qué espera, pues qué aguarda
mi valor, que esto consiente?
Muera quien mi honor agravia.
Llega a don Juan, sacando la espada.
Caballero, esas paredes
tienen dueño que las guarda
y que sabrá defenderlas.
Chacón
(¡Otro moro que llegaba!
¡Ah, mujeres! Quien os quiere,
¡una y mil veces mal haya!).
Juan
A eso y a todo, mejor
sabrá responder la espada.
Riñen, y Ginés llama a la puerta.
Chacón
(Peor es esto, ¡vive Dios!,
que el «agua va», y no ir el agua).
Ginés
Abrid aquí, y sacad luces.
Diego
Pícaro, ¿para qué llamas?
¿No basto yo por mí solo?
Chacón
(Él llama como en su casa).
Inés
dentro
De mi señor es la voz
y en la calle hay cuchilladas.
Beatriz
dentro
Ve volando y saca luces.
Juan
(Gente viene y luces sacan:
no ser conocido importa.
Esto no es volver la espalda,
sino fiar a mejor
ocasión mis esperanzas).
Huye, Chacón.
Chacón
Eso haré
yo de bonísima gana.
Vanse.
Diego
Alcanzarlos tengo, aunque
el viento les dé sus alas.
Va don Diego tras ellos, y salen por otra puerta Inés con luz y Beatriz, deteniendo a don Pedro.
Beatriz
¿Qué es lo que intentas?
Pedro
Salir.
Beatriz
Advierte...
Pedro
Suelta.
Beatriz
Repara
que yo no tengo la culpa,
ni sé qué es esto.
Pedro
¡Ah, tirana!
¿No lo sabes? Pues yo sí.
Inés
(¿Quién vio confusiones tantas?).
Pedro
Esto es que el que con la seña
a esta hora a tus rejas llama
llegó a ocasión que tu hermano
pudo verlo, y los dos sacan,
según el lance lo dice,
a tu puerta las espadas;
y pues eres tal que tienes
uno en la calle, otro en casa,
la parte que a mí me toca
también saldré a sustentarla.
Beatriz
Advierte lo que aventuras
en que ahora a la calle salgas
estando en ella mi hermano.
Inés
Y tan cerca, si no engañan
los pasos, que sube ya.
Beatriz
Retírate a aquesa cuadra.
Pedro
No por ti, sino por mí,
lo haré; porque me acobarda
más ser don Diego mi amigo,
que mi enemigo quien te ama. .
Escóndese. Salen don Diego y Ginés.
Diego
(No pude alcanzarle).
Beatriz
(Cielos,
dad aliento a mis palabras).
Hermano, señor, ¿qué es esto?
¿Qué te ha sucedido?
Diego
Nada.
Beatriz
Pues ¿qué causa te ha obligado
a venir así?
Diego
La causa
ninguna ha sido. (¡Ay de mí!,
muriendo estoy por callarla
y muriendo por decirla;
que en sospechas de honra y fama
se desluce quien las dice
y se ofende quien las calla.
Pero entre los dos estremos
tomando el medio mis ansias,
haré lo mejor, que es
ni decirlas ni callarlas).
Dejad la luz, y idos fuera.
Quita la luz a Inés, y Ginés pónela sobre un bufete.
Vanse Inés y Ginés.
Pedro
(¡Cielos! La suerte está echada).
Diego
Días ha que a tus umbrales
encuentro de noche varias
sombras. No tendrás la culpa
tú, sino alguna criada,
claro está: trata prudente
de reñirla y enmendarla;
porque, si de aqueste aviso
efeto mi voz no saca,
lo que hoy digo desta suerte,
lo diré de otra mañana.
Beatriz
(Si en escrúpulos de honor
se culpa quien se acobarda,
esfuércese la voz mía
para que se satisfagan
don Pedro y mi hermano a un tiempo).
Quien te oyere tan preñadas
razones hablar conmigo,
pensara que he dado causa
para escuchar tantas necias
misteriosas amenazas.
Si tú vienes a esta hora
de festejar a tu dama
u del juego, y por ventura
te busca aquí el que allá agravias,
no con falsedad me riñas;
que ni yo ni mis criadas
hemos dado la ocasión.
(Aunque más esfuerzos haga,
estoy temblando de miedo).
Diego
No hables con soberbia tanta,
ni me eches a mí la culpa
que tú tienes: no me hagas
que, irritada la paciencia,
hoy de sus límites salga;
porque, si llego a decir
que he visto un hombre que llama
a tu reja, que he escuchado
el ruido de la ventana
por de dentro, podrá ser
que, la voz en la garganta
enmudecida, prosiga
con lo demás esta daga.
Empuña la daga.
Beatriz
¿Tú la daga para mí?
Que eres mi hermano repara,
don Diego, no mi marido.
Diego
Todo lo soy en mi casa;
y por que mejor lo veas,
fuera una vez de la vaina,
habrá de serlo tu pecho.
Saca la daga don Diego, Beatriz huye, y sale don Pedro teniéndole del brazo y, matando la luz, riñen.
Pedro
Eso no; que hay quien la guarda.
Diego
Seas quien fueres, tomaré
en ella y en ti venganza.
Pedro
A Beatriz
Toma la puerta; que yo
te guardaré las espaldas.
Beatriz
(Mal podré; que de temor
muevo un monte en cada planta).
Vase.
Pedro
(Ya, Beatriz salió: tras ella
iré sin volver la cara,
por que pueda a un mismo tiempo,
guardándome a mí, guardarla).
Vase.
Salen Ginés e Inés con luz.
Diego
¿Dónde te escondes, traidor?
Inés
¿Con quién riñes?
Ginés
En la sala
no hay nadie, señor.
Diego
Tras mí
ven, Ginés; tú esa luz mata,
que el empeño de la calle
se nos ha metido en casa.
Vanse.
Inés
(El diablo que pare en ella).
Vase.
Salen don Juan y Chacón.
Chacón
¿Que vuelvas aquí?
Juan
Mis ansias
me traen a ver si averiguo
algo desto que aquí pasa.
Chacón
Pues harto hay que averiguar...
Y más ahora, que una dama
que, a lo que se deja ver,
seda ruge y oro arrastra,
sale de en cas de Leonor.
Juan
Ella es. ¿Qué podrá obligarla
a salir así?
Chacón
¿Eso dudas?
Vendrá a darnos, cosa es clara,
con otro trecemesino.
Juan
A nosotros llega. Calla.
Sale Beatriz sin chapines, huyendo.
Beatriz
Caballeros, si por dicha
una mujer desdichada
moveros a piedad puede,
acudid a remediarla,
y no la desamparéis
hasta llegar a la casa
de una amiga que por puerto
eligen sus esperanzas.
Juan
A Chacón
(No me nombres; que, si sabe
quién soy, podrá de culpada
huir también de mí, y mejor
ha de ser asegurarla).
Señora, a cuanto mandéis
tenéis mi honor, vida y fama
seguras; que caballero
soy que sabré aventurarlas
en vuestra defensa.
Beatriz
Pues
cierta en esa confianza,
haced que nadie me siga.
Juan
Si ese miedo os acobarda,
ya está a la vista el empeño,
que un hombre de vuestra casa
sale.
Beatriz
(Si supiera que es
don Pedro, yo le llamara;
pero puede ser mi hermano).
Chacón
No todo el valor lo haga;
haga algo la fortuna.
De aqueste portal te ampara:
quizá pasará sin vernos.
Juan
Dices bien: aquí te aparta.
Retíranse al medio del teatro, poniéndola a sus espaldas, y sale don Pedro, luego don Diego, y uno echa por una parte y otro por otra.
Pedro
(La primera obligación
en todo trance es la dama,
y así, seguirla me toca;
que no dudo que a mi casa
irá a valerse de mí).
Vase.
Juan
Sin vernos, ya el hombre baja
la calle. Venid agora.
Chacón
Espera; que aún otro falta.
Diego
(Sin saber por dónde van,
tras ellos voy. Luces altas,
guiad mis pasos, si hay alguna
que influya honrosas venganzas).
Vase.
Juan
Por dos partes van.
Beatriz
Solo eso
debo a mi suerte contraria,
que es que los dos se dividan;
porque de los dos estaba
en cualquiera de los dos
pendiente honor, vida y fama.
Juan
(¡Que esto escuche!). Aunque pensé,
fiera, injusta, aleve, ingrata,
de mis ansias no cuidar
por acudir a tus ansias,
oyéndote, no es posible;
que valor al pecho falta.
Beatriz
¿Quién eres, hombre, que estás
aquí a doblar mis desgracias,
en vez de ampararlas?
Juan
Soy,
pues en mi poder te hallas,
quien de aquesos dos que dices
tomará justa venganza,
hurtándote a sus deseos.
Beatriz
Mira...
Juan
Ven conmigo y calla.
Llevándola como por fuerza, sale una ronda, pónese Beatriz detrás, y ellos como ocultándola.
Alguacil
La justicia, caballeros.
Chacón
(Esto solo nos faltaba).
Alguacil
¿Quién son?
Beatriz
(¡Ay de mí, infelice!).
Juan
Un forastero, que acaba
de apearse aquesta noche...
Alguacil
¿Y quién es aquesa dama?
Chacón
Mi mujer.
Alguacil
¿Adónde va
a esta hora con ella?
Chacón
A caza.
Uno
Pues ¿cómo con la justicia
a hablar se pone de chanza?
Chacón
Cecear suelo algunas veces,
y quise decir a casa.
Alguacil
¿Cómo sabremos que es...
Beatriz
(¡Hay mujer más desdichada!).
Alguacil
…mujer suya?
Chacón
Con creerme,
pues yo que lo diga basta.
Uno
Mejor será que lo diga
en la cárcel; que, alterada
toda esta calle, esta noche
ha habido mil cuchilladas.
Juan
Vuesarcedes, caballeros,
adviertan...
Alguacil
No hablen palabra,
sino vengan con nosotros.
Juan
…que es rigor: y, si no tratan
de hacerlo por cortesía,
lo harán...
La Ronda
¿Cómo?
Juan
…a cuchilladas.
Sacan las espadas.
Chacón
Ya van tres veces con ésta.
Danzantes somos de espadas,
que con cualquier mayordomo
vuelve de nuevo la danza.
Juan
Huid, señora; que ninguno
os seguirá.
Beatriz
(Ay, desdichada!
¿Dónde iré yo que no encuentre
riesgos, penas y desgracias?).
Vase.
La Ronda
¡Resistencia, resistencia!
Juan
Tú, dondequiera que vaya,
síguela.
Chacón
¡Gracias a Dios,
que algo que me esté bien mandas!
Vase.
La Ronda
¡Favor aquí a la justicia!
Juan
(Ya que ellos de aquí se alargan,
no han de conocerme a mí,
si volando no me alcanzan).
Vase.
Alguacil
Al escribano
Mientras que vamos tras él,
usted escriba la causa.
Vanse todos, y sale don Luis, caballero viejo, por una puerta, y Leonor con una luz, y pónela sobre un bufete.
Luis
¿Cómo no te has recogido,
siendo tan tarde?
Leonor
Señor,
como no sufre mi amor
que, no habiendo tú venido,
me recoja; porque fuera,
viendo en ti esta novedad,
descansar mi voluntad,
queja que de mí tuviera
mi mismo amor.
Luis
Dios te guarde;
que a fe que te pago bien
esa fineza, pues quien
a mí me tiene tan tarde
fuera de casa, el cuidado,
hija, es que tengo de ti;
porque, al fin, no hay otro en mí
sino solo el de tu estado.
(¡Pluguiera a Dios no le hubiera!,
y quizá le averiguara,
si el que a mí llegó esperara
a que yo le conociera).
Pide ausente un deudo mío
la memoria de mi hacienda,
y no dudo que pretenda
tu mano: ya se la envío;
y en ajustar los papeles
con quien va a verle, gasté
más tiempo del que pensé.
Leonor
(¡Ay, hados, siempre crueles
para mí!).
Luis
¿Cómo tan muda?
¿No respondes?
Leonor
Porque yo
en esas materias no
debo hablar, pues es sin duda
que con un sello en la boca
me han de hallar, por conocer
que a ti toca disponer,
y a mí obedecer me toca.
(¡Ay, infelice de mí!
¡Qué al revés de la voz siente
el alma! ¡Ay, perdido ausente!).
Luis
Bien creo... Mas ¿llaman?
Leonor
Llaman dentro.
Sí.
Luis
¡A estas horas! ¿Quién será?
Leonor
Yo ¿puedo sabello? (¡Muerta
estoy de temor!).
Luis
La puerta
yo mismo abriré. ¿Quién va?
Abre la puerta, y sale Beatriz alborotada.
Beatriz
Quien de vos vida y honor
viene a amparar infeliz.
Luis
¡Vos a estas horas, Beatriz,
desta suerte!
Beatriz
Sí, señor;
que mi desdicha importuna
es tal, que sólo pudiera
viniendo desta manera
convalecer de fortuna.
Leonor
Pues ¿qué, amiga, ha sucedido
que obligue a venir así?
Beatriz
Solo los dos, ¡ay de mí!,
podéis saber lo que ha sido.
Yo –empecemos por la culpa;
que en esta parte no quiero,
pues solo favor espero,
valerme de otra disculpa–
a un caballero, mi igual
en sangre, estado y valor,
tuve tan lícito amor,
cuanto infeliz; siendo tal
el fin de nuestro deseo
que ya casado estuviera
conmigo, si no tuviera
dos embarazos su empleo.
Uno es un pleito que tiene,
y hasta que salga con él,
por estar pobre –¡cruel
fortuna!–, el fin entretiene
de pedirme en casamiento
a mi hermano; y otro es
ser amigo suyo, pues,
si se declara su intento,
hasta estar acomodado
podrá ser que el sí le niegue
y, siendo su amigo, llegue
a vivir de él recatado.
Esta esperanza en los dos
y el ser, como he dicho, amigo
de don Diego, hizo conmigo
tan estraño empeño, ¡ay, Dios!,
que por escusar recelos
que en la calle podía dalle,
quitándolos de la calle,
en casa metí sus celos.
Conmigo esta noche estaba,
no estando en casa mi hermano,
cuando oyó –¡lance inhumano!–
que la calle alborotaba
ruido de espadas. Quién fue
quien a la reja llamó
ni con mi hermano riñó,
no lo sé; pues sólo sé
que entró en casa desatento
tanto y tan fuera de sí,
que la daga para mí
sacó. Mi amante, que atento
estaba a todo, salió,
matando la luz –por que
no le conociesen fue,
sin duda– y, viéndome yo
en lance tan empeñado
sola, a la calle salí,
donde encontré... Pero aquí
es el decirlo escusado;
pues solo basta decir
que dejando allá a los dos,
vengo a valerme de vos
por llegar a discurrir
en fortuna tan escasa,
que en ninguna parte puedo
parecer yo tan sin miedo,
señor, como en vuestra casa;
que, aunque pudiera buscar
la del dueño que elegí,
no ha de decirse de mí
que a los dos pude dejar
riñendo, y que fui a ampararme
de quien quizá traer podía
bañada en la sangre mía
la mano que había de darme;
ni que en riesgo semejante
mi obligación olvidé,
ni que mi casa dejé
por la casa de mi amante.
A la vuestra me he venido,
primero por mi decoro,
y luego porque no ignoro
que, de mi pena movido,
podréis vos terciar en ella
para que venga mi hermano
en un remedio tan llano
como mejorar mi estrella.
Esto a vuestros pies rendida,
una y mil veces, señor,
pido: doleos de mi honor
primero que de mi vida;
pues es tan justo mi intento,
que de vos solo amparada,
de aquí he de volver casada
a mi casa, o a un convento.
Luis
Quejoso y agradecido
a un mismo tiempo, Beatriz,
con vuestro llanto, infeliz
me dejáis; la queja ha sido
de que con trances de amor
tan empeñados vengáis
a casa donde miráis
más bien tratado el honor
de una hija sin estado;
y agradecido, de que
me eligieseis para que
fuese yo vuestro sagrado.
Y así, en partes dividido,
pues que ya la queja os di,
os daré el favor que en mí
confiada os ha traído.
Y puesto que el día ya
con su continua belleza
a vencer la sombra empieza,
no detenerme será
bien; que para tal cuidado
lo más presto es lo mejor.
Recógete tú, Leonor,
que mala noche has pasado;
que yo a hablar a vuestro hermano
voy, y a decirle que estáis
en mi casa, y que intentáis
dar a ese amante la mano.
Pero ya que he de llevalle
estas nuevas, será bien
llevarle el nombre también.
Beatriz
Permitid que ahora le calle.
Decidle que es caballero
en sangre a los dos igual,
noble, ilustre y principal,
que es el reparo primero.
Y asentada esta opinión,
errores de voluntad
suplan la comodidad,
pero no la estimación:
porque si, airado conmigo
sobre esto, dice que no,
no quiero haber hecho yo
de un amigo un enemigo.
Luis
Qué replicar no faltara,
si yo argüiros quisiera
que el callar de esa manera
es necia fineza rara;
pero basta que le lleve
quedar aquí, que después
habréis de decir quién es.
Y en tanto que espacio breve
gasto en esto, recogida
con mi hija quedaréis,
segura de que estaréis
amparada y defendida,
ya que a valeros de mí
venisteis.
Beatriz
Dadme los pies.
Luis
Alzad.
Leonor
Ven conmigo, pues,
a mi cuarto.
Luis
Escucha.
Leonor
Di.
Vase Beatriz y don Luis detiene a Leonor.
Luis
Ya ves, hija, lo que pasa
a quien da necios oídos
a pensamientos perdidos.
Mira fuera de su casa
una mujer que ha venido
buscándonos por sagrado;
mira un amante empeñado,
mira un hermano ofendido,
y mírala a ella en efeto
a riesgo, por un error,
de perder vida y honor.
Leonor
Está bien; pero ¿a qué efeto
de esa suerte hablas conmigo?
Luis
No te muestres enojada,
que no lo digo por nada...,
pero por algo lo digo.
Vase, abriendo la puerta y dejándola abierta.
Leonor
Sin duda que la porfía
que tiene don Diego, hermano
de Beatriz, pasando en vano
mi calle de noche y día,
donde con afectos tales
repite al viento sus quejas,
que –girasol de mis rejas,
estatua es de mis umbrales–
en mi padre ha despertado
alguna imaginación,
puesto que no acaso son
los avisos que me ha dado.
¡Ay, infelice de mí!
¡Qué lejos va su recelo
de la verdad!, pues el cielo
sabe que nunca le di
ocasión alguna. Bien
que no en vano me previene,
pues de quien guardarse tiene,
aunque no sabe de quién.
¿Cuándo, ¡cielos!, será el día
que vuelva a don Juan a ver?
Que yo sola pude ser
en la grande monarquía
de amor, cuyo imperio alcanza
toda la Naturaleza,
el blasón de la firmeza,
el baldón de la mudanza,
sin nunca apagarse en mí
incendio que arde y no abrasa.
Salen a la puerta don Juan y Chacón.
Juan
En fin, ¿es esta la casa
donde la dejaste?
Chacón
Sí.
Juan
Pues ya que anoche no pudo
mi sufrimiento apurar
Va entrando.
todo el veneno al pesar,
ya con el día no dudo,
sin hacer reparo en nada,
entrar donde está atrevido.
Vuelve, y vele Leonor.
Leonor
¡Don Juan! Seas bien venido.
Juan
Y tú, Leonor, mal hallada.
Leonor
Mal merecen tan esquivo,
tan necio estilo grosero,
el amor con que te espero,
la fe con que te recibo.
¡Tú, al fin de tan largos plazos
como lloran mis enojos,
vuelves sin gusto a mis ojos
y sin cariño a mis brazos!
Tú...
Juan
Detén la voz al labio;
la acción al brazo detén.
Leonor
Don Juan, mi señor, mi bien...
Juan
Mi mal, mi muerte, mi agravio...
Leonor
¿Qué es esto?
Juan
¿Qué me preguntas,
vil cocodrilo, engañosa
sirena, que cautelosa
halago y peligro juntas,
si preguntándote a ti
tu falso estilo traidor,
puedes saberlo mejor?
Mas ya que, traidora, aquí
das a entender que lo ignoras,
y con falsedades tantas,
parabienes que me cantas
son exequias que me lloras,
yo lo diré, no porque
presuma que no lo sabes,
mas por que en penas tan graves
sepas tú que yo lo sé.
¿Puede negarme el agrado
de esa fingida apariencia
que te has mudado en mi ausencia?
Leonor
Verdad es que me he mudado;
pero ¿qué agravio te he hecho
en mudarme?
Juan
¿Habrá tenido
–no digo yo el que haya sido
noble, pero el más vil pecho–
descaro de confesar
a un hombre que ya engañó,
que es verdad que se mudó?
Leonor
Pues ¿por qué lo he de negar,
si es verdad...
Chacón
(¡Qué bofetada!).
Leonor
…que me mudé...
Chacón
(¡Qué cachete!).
Leonor
…por mejorar...
Chacón
(¡Qué puñete!).
Leonor
…comodidad?
Chacón
(¡Qué patada!).
Juan
Según eso –yo estoy loco–,
tampoco negarás, no,
que alguien anoche llamó
tarde a tu puerta.
Leonor
Tampoco.
Juan
Y también, ¡ay, Dios!, que a quien
llamó, al instante que oyeron
como llamaba, le abrieron,
¿me confesarás?
Leonor
También.
Juan
Pues no quiera el sufrimiento
de mi celosa pasión
que hagas tú la confesión,
y que yo sufra el tormento.
Y, pues, ni el alivio das
de negar, por que siquiera
ese plazo más viviera
oyendo ese engaño más,
quédate, ingrata, tirana,
falsa, aleve, cautelosa,
varia, mudable, engañosa,
fiera, injusta, altiva y vana;
que ya no quiere mi amor
decirte lo más que hubo,
por no decirte que estuvo
a mi cargo tu temor,
cuando de tu casa huyendo
veniste donde hoy te hallé.
Leonor
Eso solo negaré,
porque eso solo no entiendo.
¿Yo de mi casa salí?
¿Riesgos ni peligros yo?
Juan
Pues ¿no veniste a ésta?
Leonor
No.
Juan
Pues tu casa, ¿es ésta?
Leonor
Sí.
¿No te escribí que me había
de esotra casa mudado
y que se la había dejado
a una grande amiga mía?
Ella es... Mas esto que voy
a decir no es bien prosiga,
sin que de que no se diga
palabra me des.
Juan
Sí doy.
Leonor
Pues ella es a quien pasó
anoche no sé qué empeño
con su hermano y con el dueño
que para esposo eligió.
Reconoce estas paredes;
y, si todo no lo olvidas,
señas verás conocidas
de quien informarte puedes
de que tu duda es error.
Yo vivo aquí.
Juan
No prosigas,
Leonor mía, ni me digas
más palabra en tu favor;
porque, cuando yo no viera
señas de verdad tan clara,
si a ti misma lo escuchara,
por mí mismo lo creyera;
con tal novedad premiado,
que yo solamente he sido
dichoso en haber sabido
que su dama se ha mudado,
pare el sentimiento a raya,
pues ya el gusto le prefiere.
Chacón
¡Ah, mujeres! Quien no os quiere,
¡una y mil veces mal haya!
Juan
Chacón, oye el desengaño,
si es que mi vida apeteces.
Chacón
Yo ¿no lo dije mil veces,
y que todo sería engaño,
cuando tu furia tirana
culpaba su proceder?
Porque Leonor no es mujer,
sino deidad soberana.
Juan
Claro está, y puesto que ha sido
dicha la pena pasada,
seas, Leonor, bien hallada.
Leonor
Y tú, don Juan, mal venido.
Juan
¿Qué es esto? ¿Tan presto el labio
trueca el agrado en desdén?
Leonor, mi cielo, mi bien...
Leonor
Don Juan, mi muerte, mi agravio...
Juan
Pues ¿qué es esto?
Leonor
Ser quien soy,
y ofenderme de que así
se haya tenido de mí
vil concepto, cuando estoy,
a costa de mil tristezas,
ansias y penalidades,
examinando verdades
y acrisolando finezas.
¿Yo a otro amante había de abrir
la puerta? ¿Yo cautelosa,
falsa, aleve y engañosa?
¿Yo de mi casa salir?
Juan
Agravio que no ofendió
no fue agravio, pues peor fuera
que tu mudanza creyera
y no la sintiera yo.
La carta que me escribiste,
Leonor, no la recibí,
y así, a la casa me fui
donde primero viviste
y donde fue el que llamó
lo primero que encontré.
Chacón
No fue; que primero fue
caer en una zanja yo.
Juan
Luego, que le abrieron vi
la puerta.
Chacón
También lo niego,
porque lo que vimos luego
fue un «agua va» sobre mí.
Juan
Después, con el desatino,
llegué a la reja.
Chacón
No hay tal;
que después en un portal
me nació un trecemesino.
Juan
Dando la vuelta a la calle,
vi salir una mujer...
Chacón
…que hubimos de defender
de la justicia.
Juan
Su talle,
su aflicción y su congoja,
que eras tú me persuadió.
Chacón
Y defendiéndola yo
a la sombra desta hoja,
con ella llegué hasta aquí.
Juan
Pues si, viniendo tras ella,
en tu casa, Leonor bella,
donde ella entró, te hallé a ti,
¿qué mucho que desatento
te haya visto y te haya hablado?
Lo que se dice enojado,
lisonja es, no sentimiento;
desaires que el pundonor
llora, el cariño agradece;
Yéndose ella, y él tras ella.
quien más siente, más merece
y, pues no hay duelo en amor
después de tan largos plazos
como lloran mis enojos,
pues vuelvo, Leonor, a tus ojos,
vuelva el cariño a tus brazos.
Chacón
Detiénela.
Ea, señora; lo esquivo
deja, haya aquello primero
de «el amor con que te espero,
la fe con que te recibo».
Leonor
No haré tal, porque ofendida
me tiene su sinrazón.
Antes de oírme, ¿era ocasión
culparme? En toda mi vida
me verá alegre la cara.
Juan
Mi Leonor, mi bien, mi cielo,
más te injuriara un recelo,
cuando menos te injuriara.
Leonor
Don Juan, mi padre está fuera,
y es fuerza que ha de venir
muy presto: para argüir
si mejor fuera o no fuera,
no es ésta buena ocasión.
Con desdén.
Vuélvete; que yo te oiré
después, y yo me veré
en si fue o no fue razón.
Ponésele delante.
Juan
No iré, sin que mi atrevido
error perdonado hayas.
Leonor
Ahora bien: por que te vayas,
seas, don Juan, bien venido.
Abrázale con desdén.
Juan
¿Por que me vaya no más?
Leonor
Y porque estoy con cuidado.
Yéndose cada uno por su puerta.
Juan
Yo me iré desconfiado
de no obligarte jamás;
mas consuéleme una cosa.
Leonor
¿Qué es, si decirla te agrada?
Juan
No te pierda de culpada,
y piérdate de quejosa.

Jornada Segunda

Salen don Pedro por una puerta y don Diego por otra.
Diego
¿Habrá hombre más infeliz?
Pedro
¿Habrá hombre más desdichado?
Diego
¡Que no haya una ingrata hallado!
Pedro
¡Que no haya hallado a Beatriz!
Diego
Sin duda que la siguió
el que su vida guardaba...
Pedro
Sin duda en la calle estaba
el que a su reja llamó...
Diego
…y él de mí la habrá ocultado
prudentemente advertido.
Pedro
…y él dichosamente ha sido
quien consigo la ha llevado.
Diego
(Mas ¿don Pedro no es aquel?).
Pedro
(Pero ¿no es aquel don Diego?).
Diego
(Temeroso a verle llego...
Pedro
(Receloso llego a él...
Diego
…porque imagino que es ya
a todos mi ofensa clara).
Pedro
…porque temo que en mi cara
leyendo su ofensa está).
Diego
(¡Qué cobarde es un honrado
cuando se mira ofendido!).
Pedro
(¡Qué cobarde un noble ha sido
cuando se mira culpado!).
Diego
(Mienta mi pena inhumana).
Pedro
(Finja mi desasosiego).
¡Tan de mañana, don Diego!
Diego
Don Pedro, ¡tan de mañana!
Pedro
A seguir he madrugado
una dama, por pensar
que fuera la había de hallar;
mas, no habiéndola encontrado,
salió mi esperanza vana,
salió burlada mi fe.
Diego
Muy otra mi pena fue.
Pedro
Pues ¿qué ha habido?
Diego
Que a mi hermana...
Pedro
(¡Ay de mí! ¿Qué irá a decir?).
Diego
…la ha dado esta noche tal
accidente, que mortal
ha estado, y por acudir
a su remedio, he salido
a buscarla yo el doctor
de más fama; que el amor
con que siempre la he querido
no me permitió a un criado
fiar esta diligencia.
(Así de su injusta ausencia
desvelar pienso el cuidado
que el no verla puede dar,
creyendo que no está buena).
Pedro
Mucho siento vuestra pena.
(Sin duda –¡fiero pesar!–
que cuando salí tras ella
y la calle en que iba erré,
él dio con ella, por que
pudiese vengarse della;
pues decir que está mortal
y que anda a buscar remedios,
todo es honestar los medios
de su muerte. ¿Qué haré en tal
confusión para librarla?
Pues de nuevo lo he debido
en albricias, que no ha sido
otro quien pudo ocultalla).
Justo es el desasosiego.
Diego
Tanto, que no estoy en mí.
Vuelven don Juan y Chacón.
Juan
¿No son ellos?
Chacón
Señor, sí.
Juan
Don Pedro, amigo don Diego,
mucho agradezco que sea
tan a un mismo tiempo el veros
que mi amistad ofenderos
no pueda con que a uno vea
antes que a otro; y pues han sido
tan iguales mis cuidados,
seáis los dos muy bien hallados.
Pedro
Y vos, don Juan, bien venido.
Diego
(Esforzaros, corazón,
y disimular conviene).
Pedro
(Alma, alentad; que no viene
don Juan a mala ocasión).
Diego
Aunque de veros me he holgado,
me pesa de que vengáis
en ocasión que me halláis
tan pendiente de un cuidado,
que por acudir a él
es fuerza, don Juan, dejaros.
Mas yo volveré a buscaros;
y, por si el hado cruel
lugar no permite darme,
sabed que me mudé aquí,
por si se ofrece (¡ay de mí!)
algo que poder mandarme.
Vase.
Juan
(¡Don Diego –¿qué es lo que a oír llego?–
vive en casa de Leonor!
Su hermana... Pero mejor
es callar). ¿Qué trae don Diego,
que parece que algún grave
dolor tiene?
Pedro
Y tan cruel,
que basta a matarme de él
la parte que a mí me cabe.
¡Ay, don Juan! Que habéis llegado
en ocasión, ¡vive Dios!,
que halláis muriendo a los dos
de tan contrario cuidado,
que una infeliz deidad bella
hoy entre los dos se halla,
él empeñado en matalla,
yo obligado a defendella.
Y siendo así que me vía
en una pena tan rara
que de cualquiera fiara
la poca ventura mía,
lo que haré considerad,
llegando vos a ocasión
que viene a hacerse elección
lo que era necesidad.
Beatriz, su hermana, es la dama;
yo, aunque él lo ignora, por quien
padece el mortal desdén
de su vida y de su fama.
Anoche nos sucedió
un empeño, que ahora fuera
muy largo, si os le dijera.
Su hermano entonces llegó;
en que, de mí defendida,
trata quitarla la vida:
a cuyo efecto, buscando
mil modos, fingiendo está
accidentes, con que va
los escándalos templando
de su muerte; y siendo así
que con mi vida su vida
ha de quedar defendida,
lo que habéis de hacer por mí
es, con alguna ocasión
sacarle un instante fuera,
para que desta manera
la tenga mi confusión
de sacarla del aprieto
que su vida ha amenazado.
Juan
(¡Miren por dónde he llegado
a saber todo el secreto,
sabiendo en un breve instante
quién ha sido, por mi error,
la huéspeda de Leonor,
el hermano y el amante!).
Pedro
Pues ¿cómo tan divertido,
cuando tanto empeño oís,
ni respondéis ni acudís
a darme favor? Si ha sido
ser vuestro amigo don Diego,
yo también, don Juan, lo soy;
y en un grado más, pues hoy
a valerme de vos llego.
No es hacer traición hacer
esto, pues de amigo a amigo
va, de más a más conmigo
la piedad de una mujer.
Ella os lo pide por mí;
duélaos su vida y su honor.
Juan
(¿Quién vio confusión mayor?
Si digo a don Pedro aquí
que ella en su casa no está,
es obligarme a decir
dónde está, que es no cumplir
la palabra que di ya
a Leonor; y aunque esto fuera
lo que menos importara,
es decirle –cosa es clara–
de quién lo sé; de manera
que, diciendo yo mi amor,
y él sus afectos siguiendo,
es dar con todo el estruendo
en la casa de Leonor.
Pues en tal duda dejalle
cuando se vale de mí
no es justo, haya un medio aquí
que lo diga y que lo calle).
Don Pedro, aunque hayáis culpado
en lance tan riguroso,
viéndoos vos tan cuidadoso,
verme a mí tan descuidado
presto me disculparéis
en sabiendo que esa prisa
no es por ahora tan precisa
como vos la disponéis,
pues no tenéis que empeñaros
en librar a Beatriz bella.
Pedro
¿Cómo, si los riesgos della
son tan ciertos, son tan claros,
que de su hermano oprimida
vive en suerte tan escasa?
Juan
Como ella no está en su casa
ni corre riesgo su vida.
Pedro
Yo mismo ahora le he oído
que en casa y enferma está.
Juan
Otros motivos tendrá
para que lo haya fingido.
Vos ¿queréis ver si es así?
Pues vedlo...
Pedro
Decid, por Dios.
Juan
…en que yo no voy con vos,
cuando vos os fiáis de mí.
Quiere irse, y detiénele.
Pedro
Tened; que, si asegurado,
bien que no del todo, quedo
hoy de un cuidado, no puedo
quedarlo de otro cuidado.
Y es tal el segundo ya,
que casi es más infeliz.
Si no está en casa Beatriz,
¿adónde Beatriz está?
Juan
Eso es lo que yo no sé.
Pedro
Pues ¿no sabéis cuanto pasa?
Juan
Saber que no está en su casa
no es saber adonde esté.
Pedro
Eso es decirme que un hombre
que todo el origen fue
de mi mal –de quien no sé
hasta agora ni aun el nombre–,
que hizo una seña a la reja
y con quien riñó después
su hermano, la oculta.
Juan
No es;
y de esa segunda queja
puedo aseguraros yo
mejor que de la primera,
pues amante suyo no era
el que a la reja llamó.
Pedro
Habladme claro, por Dios;
decidme, don Juan, quién fue.
Juan
Esto sé, esotro no sé.
Pedro
Amigos somos los dos,
¿por qué de enigmas usáis?
Advertid que deslucís
dos cosas que me decís
con una que me calláis.
Juan
¿Daisme licencia que yo
a quien me pregunte a mí
lo que vos me fiáis aquí,
pueda decírselo?
Pedro
No.
Juan
Pues sacaos la consecuencia,
porque quien de mí fio
estotro, tampoco dio
para decirlo licencia.
Pedro
Apuraros más no es bien.
Vos ¿aseguraisme aquí
que no está en su casa?
Juan
Sí.
Pedro
¿Ni otro la oculta?
Juan
También.
Pedro
Pues, aunque en parte me deja
vuestra amistad con mil sustos,
en albricias de dos gustos,
gracia os hago de una queja.
Juan
Yo lo admito; y consolado
id, pues callo lo que sé,
de que también callaré
lo que vos me habéis fiado.
Ven, Chacón.
Chacón
Ya voy tras ti...
Perdóname hasta después,
porque viene aquí Ginés
y quiero hablarle.
Vanse don Juan y don Pedro.
Sale Ginés, muy triste.
Ginés
¡Ay de mí!
Chacón
¡Ginés, amigo!
Ginés
Chacón,
perdona: que la estrañeza
de una pena, una tristeza,
no permite al corazón
desahogos para darte
la bienvenida.
Chacón
Pues ¿qué ha habido?
¿Qué tienes? ¿Qué ha sucedido?
Ginés
Sólo a ti podré fiarte
mi dolor. Sabrás, Chacón,
que ayer alegre vivía,
con presumir que tenía
en mi casa sucesión,
tal cual: y ya desconfío
desta dicha.
Chacón
¿De qué suerte?
Ginés
El trágico caso advierte
del primogénito mío.
Juana, cierta moza a quien
no hay poyos que no la apoyen,
me quiso.
Chacón
(¡Ojos que tal oyen!).
Ginés
La quise, ...
Chacón
(¡Oídos que tal ven!).
Ginés
…estaba...,
Chacón
¿Qué, te has turbado?
Ginés
…no hallo digna frase.
Chacón
Pues
¿dónde está una cinta, que es
la gala de ese tocado?
Ginés
Dices bien, encinta estaba;
y quedando de volver
yo anoche para saber
en qué su aflicción paraba,
mi amo no me dio lugar.
Una amiga y compañera
suya, de mi amor tercera,
oyó en la calle silbar;
y pensando que sería
yo, al primero que pasó...
Chacón
Prosigue.
Ginés
…el niño le dio.
Chacón
Fue muy gran bellaquería.
Ginés
¡Y como que fue!
Chacón
¿Pues no?
Ginés
¡Vive Dios, que, si supiera
quién es, mil muertes le diera!
Chacón
¡Qué bien hice en no ser yo!
Ginés
Buscárale, y mi furor,
dondequiera que le hallara,
el corazón le quitara.
Chacón
¿El niño no era mejor?
Ginés
¡Cargar con mi hijo! ¡Ah, cruel!
Chacón
Aunque con razón te quejas,
quisiera saber qué dejas
para quien cargó con él;
pues no ser de gusto arguyo
irse por todo el lugar
oyendo un hombre llorar
un niño que no era suyo.
Mas, si ese es tu sentimiento,
yo haré...
Ginés
¿Qué?
Chacón
…que dónde está
sepas.
Ginés
¿Cómo ser podrá?
Chacón
Fácilmente: escucha atento.
Yo tengo un íntimo amigo,
callado, prudente y fiel,
grande astrólogo; y, si a él
todo el suceso le digo,
lo sabrá sin discrepar
un minuto; verdad es
que será fuerza, Ginés,
que algo se le haya de dar.
Ginés
Alma y vida le daré.
Búscale luego, y en prueba
esta sortija le lleva.
Chacón
¡Y como que llevaré!
Ginés
Presto tus nuevas espero.
Vase.
Chacón
Pues que me agravian los dos,
honra mía, juro a Dios
que habéis de valer dinero.
Vase.
Sale don Diego.
Diego
Tanta mi vergüenza es,
que encerrado he de morir
sin atreverme a salir; Sale Ginés.
que nadie me vea. Ginés,
¿de dónde vienes?
Ginés
Señor,
no me riñas, porque vengo
de servirte.
Diego
¿En qué?
Ginés
Ya tengo
a Juana en cas de Leonor,
donde tus partes hará.
Diego
Calla, calla; no prosigas,
ni ya en tu vida me digas
nada de gusto, pues ya
no ha de haberle para mí.
Perdone, perdone amor,
que todo soy de mi honor;
y ya que una vez lo fui,
dos veces infeliz fuera,
si tan superior pesar
dejara al alma lugar
donde otra pasión cupiera.
Ginés
Pues a pensar que tu pena
esto no hubiera aliviado,
no se hubiera levantado;
que en verdad que no está buena.
Diego
¡Que no sepa dónde iría,
ni aquel amante quién es!
Ginés
Si entre el alboroto Inés
huyó, que es quien lo sabía,
¿de quién saberlo procuras?
Diego
Mira que he dicho que está
mala Beatriz, por que, ya
que lo callen mis locuras,
no lo publique tu labio.
Ginés
Siempre leal te serví.
Diego
¿Llaman a la puerta?
Ginés
Sí.
Diego
Mira quién es. ¡Oh! Un agravio.
¡Qué cobarde es! ¡Qué traidor!
Todo le asusta y altera.
Ginés
Peor es esto: el que está ahí fuera
es el padre de Leonor.
Diego
¿El padre de Leonor?
Ginés
Sí.
Diego
Sin duda me conoció
anoche. Lo más que yo
he menester ahora aquí
es que otro, de mí ofendido,
celos de su honor me pida,
cuando los tiene mi vida
de otro a quien yo no los pido.
Sale don Luis.
Luis
Tendréis a gran novedad,
señor don Diego, que venga
yo a visitaros.
Diego
Las dichas,
y más tan grandes como ésta,
siempre a quien no las aguarda,
la hacen. Unas sillas llega,
Ginés, aquí. Perdonadme
que os reciba en esta pieza;
que por ser este su cuarto
y estar mi hermana indispuesta,
no os suplico entréis adentro.
Luis
(Bien prudente es la advertencia:
huélgome de haberla oído).
Diego
Salte, Ginés, allá fuera
Vase Ginés.
Luis
Anoche os busqué.
Diego
No pude
prevenir dicha como esta,
y así no me estuve en casa.
Luis
Pues recado os dejé en ella.
Diego
A saberlo yo, os buscara.
(¿Quién vio confusión como esta?).
Luis
Materias, señor don Diego,
del honor, en quien profesa
sustentarlas como noble,
son tan sagradas materias,
que no se tratan, sin que
hayan de costar por fuerza
o vergüenza en quien las dice,
o en quien las oye vergüenza;
pero cuando este respeto
que se les pierde al moverlas
es por hombre de mis canas,
de mi sangre y de mis prendas,
parece que encomendada
llevan no sé qué licencia
que hace tratable el horror,
si no apacible la ofensa.
Esto viene a parar todo...
Diego
(¡Pluguiera a Dios no supiera
yo en lo que viene a parar!).
Luis
…en facilitar mi lengua
términos con que deciros
que permitáis que no os crea
decirme que mi señora
doña Beatriz adolezca,
cuando vengo de su parte,
dejándola yo muy buena
en mi casa con Leonor.
Diego
(Ya es esto de otra materia).
¡En vuestra casa Beatriz!
Luis
En mi casa, porque ella
es tan cuerda, tan prudente,
tan advertida y atenta,
que hizo elección de la mía,
así como faltó desta.
No digo yo que disculpo
haber, con causa o sin ella,
vuestra cólera irritado,
ni que vos con la ira ciega
os destemplaseis tampoco;
pero al fin cosas como estas,
que de una parte y de otra
no fáciles se sujetan,
ni en ella al uso del juicio,
ni en vos al de la prudencia,
ya sucedidas, no hay cosa
como acudir con presteza
al reparo que las calla
y no al golpe que las cuenta.
El que no llega a saber
que el honor, de un aire enferma,
es más dichoso que honrado;
pero el que sin culpa llega
a saber que hay accidentes
en su honor, y los remedia,
más honrado es que dichoso;
y en estas dos diferencias
ninguno lo es más, porque
igualmente airosos quedan,
el uno porque lo ignora
y el otro porque lo enmienda.
En fin, lleguemos al caso.
Doña Beatriz es tan cuerda
–ya lo dije–, que ya que hubo
de dejar tímida y ciega
su casa, se fue a la mía,
por que yo a deciros venga
que sin que nada supláis
en estimación –porque esta
ni es plática que ella usara,
ni medio que yo eligiera–,
perdonéis no sé qué yerro
de amor, tan dorado en ella,
que restaura en calidad
lo que pierde en conveniencias.
Este es el caso: entre ahora
el juicio de quien le media.
Si hoy en términos, don Diego,
vuestra elección estuviera,
lo mejor fuera mejor;
pero cuando no hay defensas
para que lo que ya está
sucedido no suceda,
no hay cosa como engañarse
uno a sí mismo, y que sea
la que obre la voluntad,
por que no lo haga la fuerza.
Del mal, el menos; y más
cuando prosigue ella mesma,
que, si de vuestro rencor
su rendimiento no llega
a dispensar en lo fácil,
postrada, humilde y sujeta
por mí a vuestros pies os pide
que solo la deis licencia
para elegir de un convento
por sepultura una celda.
Diego
Señor don Luis, yo os he oído
con deseo de que sean
hermanas de un mismo parto
la pregunta y la respuesta;
pero habiendo de ser mía
la una, y siendo la otra vuestra,
claro está que al conformarlas
han de disonar por fuerza;
porque no pueden unirse
en metáfora de cuerdas
la que templa la cordura
con la que el dolor destempla.
Pero ya que mitigado,
y no en poca parte, deja
arbitrios para que elija
lo mejor, muy mal hiciera
en no hacerlo, pues no hallara
disculpa, si en tanta pena
se desbocara el enojo,
teniéndole vos la rienda.
A mi hermana lo primero
es justo que la agradezca,
ya que su casa dejó,
que la dejó por la vuestra.
Y así en albricias, don Luis,
de una elección tan discreta,
quiero pagarla con otra...
Mas digo mal; que es la mesma,
pues, si ella de vos se vale,
yo también, y en competencia
suya a vuestras plantas pongo
honor, fama, vida, hacienda.
Todo es vuestro, nada mío.
Id, y de cualquier manera
que vos, señor, dispongáis
la plática, vengo en ella,
como antes que la voz corra
Beatriz a su casa vuelva.
Trátese con el decoro
igual y digno a sus prendas
el estado que ella elija;
que, a precio que no se entienda
que falta Beatriz de casa
ni que a mi disgusto intenta
tomar estado, yo quiero
anticipar la licencia:
mas debajo del pretexto
que en calidad, en nobleza,
en punto, en estimación,
un átomo, una apariencia
he de dispensar, porque
en tocando esta materia
importara mucho menos
que lo perdido se pierda,
que lo por perder; que un daño
o se olvida o se consuela,
o se acaba con la vida;
mas no cuando el daño queda
vinculado en una casa
a ser de su sangre herencia.
Luis
Una y mil veces los brazos
me dad; que de otra manera
estilo no hallo con que
tal valor os agradezca.
Quedad con Dios; que no veo
la hora de llegar con nueva
de tanto gusto.
Diego
Esperad;
que, por la quietud siquiera
del pensamiento de un triste,
será justa piedad sepa,
ya que la fineza hace,
por quién hace la fineza.
Luis
Tenéis razón, mas no puedo
decirlo yo; que discreta
Beatriz lo calla, por no
empeñaros en la ofensa
hasta la resolución;
y supuesto que es tan cuerda,
yo sabré quién es, y al punto
volveré con la respuesta.
Diego
¿No será mejor que vaya
yo con vos para saberla?
Luis
No; que hasta estar informado
yo de todo, no quisiera
que quien a Beatriz parece
digno, a vos no os lo parezca,
y estando en mi casa...
Diego
Oíd,
no prosigáis: fuera de ella
me quedaré.
Luis
En eso haced
vuestro gusto.
Vase.
Diego
(¿Quién creyera
que el que juzgué que venía
cargado de honrosas quejas
a darme por su honor muerte,
a dar vida a mi honor venga?).
Vase.
Salen Leonor y Beatriz.
Leonor
Mucho, Beatriz, me pesa
que, ya que mi amistad tanto interesa
hoy en tu compañía,
la triste, la mortal melancolía
que padeces sea parte
a deslucirme el bien de consolarte.
Trata, pues es en vano
esperar siempre lo peor; tu hermano,
de mi padre advertido,
no dudo que prudente,
darte el estado intente
que a todos está bien: conque habrá sido
el pasado disgusto
tercero felicísimo del gusto.
No siempre viene el día
de parte del pesar.
Beatriz
¡Ay, Leonor mía!
Que, aunque a despecho de mis dichas crea
que puede ser que sea,
como dices, tercero
el disgusto del gusto, no lo espero,
si doy crédito a una
presunción, hija al fin de mi fortuna.
Leonor
Pues ¿qué temes agora?
Beatriz
Que el dueño que ha de serlo, ¡ay de mí!, ignora
dónde estoy, y quedando persuadido
a que un aleve, un falso, un atrevido
que a mi reja llamó sin culpa mía
ser mi amante podía.
¡Oh, el cielo le destruya
con el poder de toda la ira suya,
dándole más fatigas
que padezco por él!
Leonor
No me lo digas.
Beatriz
¿Qué te va a ti en que alivie mis pasiones?
Leonor
Hácenme estremecer las maldiciones.
Beatriz
Estará sospechoso
de presumir, en vano,
que pude por el miedo de mi hermano
irme a valer de quien está celoso;
y como a este dudoso
concepto, ¡ay, Dios!, la presunción entregue,
cuando la nueva llegue
de que viene don Diego
en nuestro casamiento, podrá ciego
hacer reparo: en cuyo trance advierte
cuál es, Leonor, mi desdichada suerte,
pues aun de lo mejor que me suceda,
apelación a mis desdichas queda.
Leonor
No queda, pues el daño
resulta en uno y otro desengaño.
Beatriz
Si tú, Leonor, quisieras,
finezas a finezas añadiendo,
hacer una por mí, fácil pudieras
vencer el mal de que me ves muriendo.
Leonor
Servirte solo es lo que pretendo.
Beatriz
Pues dame...
Leonor
¿Qué?
Beatriz
…licencia
de que un papel le escriba,
por que dudoso dónde estoy no viva.
Leonor
Sí; mas ¿quién ha de hacer la diligencia,
si ves que una criada,
que es la que ir puede fuera solamente,
hoy vino a casa, y es inconveniente
tan presto hacerla sabidora?
Beatriz
En nada
repara quien desea.
Yo la hablé ya, y como ella gusto vea
en ti, dice que irá donde la diga.
Leonor
Tu pena, más que tu amistad, me obliga.
Haz lo que tú quisieres.
Beatriz
No, amiga; esclava soy, mi dueño eres.
Leonor
Ven, darete, Beatriz, mi escribanía. Vase.
Beatriz
¡Juana!
Sale Juana.
Juana
Señora mía.
Beatriz
Ya la licencia tengo.
Vase Beatriz.
Juana
Dame el papel: verás qué presto vengo.
Que, ya que me ha traído
Ginés aquí por su amo, justo ha sido
que también a su ama
sirva, supuesto que ella también ama;
y una y otra porfía
afectas son a la prebenda mía.
Salen don Juan y Chacón como con recato, hablando desde la puerta; don Juan se queda en ella y Chacón llega a Juana.
Juan
Entra primero tú: delante pasa,
hasta saber si está don Luis en casa.
Chacón
Allí está sola una criada.
Juan
Della
puedes saberlo. Retírase.
Chacón
¿Oye vusted, doncella?
Pero ¡qué es lo que veo!
Mentí como un sacrílego.
Juana
El deseo,
o sombras finge, o mi ventura ha sido.
Seas, Chacón, mil veces bien venido
donde un alma te espera enamorada.
Chacón
Tú, Juana, seas mil veces mal hallada.
Juana
Mal merecen estilo tan grosero
el amor y la fe con que te espero.
¿Tú me hablas de esa suerte?
¡Ah, mi bien, mi señor!
Chacón
Mi mal, mi muerte.
Juana
¿Qué es esto?
Chacón
¿Qué preguntas,
si eres un cocodrilo, una serena,
que para mayor pena,
trecemesinamente a un tiempo juntas
traición y halago? Mas, pues, no barruntas
lo que es esto, y fingiendo que lo ignoras,
exequias cantas, parabienes lloras,
yo lo diré. ¿Puedes negarme, ingrata,
falsa, aleve, cruel, fiera, mulata
–perdona el consonante,
cárgome de razón: paso adelante–,
lo que en tu misma casa a mí me pasa?
Juana
¿En qué casa, Chacón, si esta es mi casa?
Chacón
¿Esta es tu casa?
Juana
Desde que te fuiste,
por vivir en tu ausencia sola y triste,
quitada de ocasiones,
de malas lenguas y mormuraciones,
dejé la que tenía.
Criada soy de Leonor.
Chacón
¡Ay, Juana mía!
Perdona; que los celos
duelo no tienen, aunque tienen duelos.
Llega, señor, oirás el más estraño,
el mejor, el más dulce desengaño.
Juana
¿Deso tratas agora?
Chacón
¿He de tratar del reto de Zamora?
Seas, ¡oh, Juana!, el susto despedido,
bien hallada.
Juana
Tú seas mal venido.
Chacón
¿Tal pronuncia tu labio?
¡Ah, mi Juana! ¡Ah, mi bien!
Juana
Mi mal, mi agravio.
Chacón
¿Qué es esto?
Juana
Ser quien soy, verme ofendida... Sale Leonor.
Leonor
Toma, Juana, el papel: ve, por tu vida;
que por que no saliese ella acá fuera,
yo te le traigo.
Dala el papel.
Juan
Espera;
que antes que Juana con él
vaya donde tú la envías,
han de ver las ansias mías
lo que contiene el papel.
Quiere tomarle, y ella le retira.
Leonor
¡Siempre conmigo cruel,
don Juan, siempre sospechoso,
recatado y temeroso!
Cuando juzgo que previenes
más fino obligarme, vienes
a ofenderme más celoso.
Juan
Leonor, aunque mi albedrío
tenga de ti confianza,
ha de temer tu mudanza
el poco mérito mío.
Yo de ti no desconfío;
de quien desconfío es de mí;
y supuesto, siendo así,
que a mí me tomo, y no a él,
tengo de ver el papel.
Leonor
¿Le has de ver? Pues oye.
Juan
Di.
Leonor
Aqueste papel no es mío,
ni yo le escribo, ni sé
lo que en sí contiene, aunque
ves que soy la que le envío;
yo de tu mano le fío,
mas con esta condición:
que, si lees sólo un renglón,
de nuevo me he de ofender,
y si le vuelves sin leer,
creeré la satisfación
que tienes de mí; de suerte
que estar de nuevo ofendida
u de nuevo agradecida,
Dásele.
en tu mano pongo...
Juan
Advierte
que es un examen muy fuerte,
una experiencia muy nueva
y muy rigurosa prueba,
poner al que está mortal
en los labios el cristal
y decirle que no beba.
Darme, Leonor, el papel
a que en mi mano le vea,
y mandar que no le lea
es precepto tan cruel
como fuera darle a aquel
que ya en la prisión desmaya,
pisando la última raya
de la vida su aflicción,
la llave de la prisión
y decir que no se vaya.
Ver que a una criada le das
y no ver a quién le envías,
ver que a mi mano le fías
para volverle no más,
lo mismo, si atenta estás
a condición tan severa,
que si desde la ribera
al que agonizando hallaras
una tabla le arrojaras
con ley de que no la asiera.
Lo mismo es decirme aquí
que no es tuyo, y pretender
que lo que yo puedo ver,
sin verlo, lo crea de ti,
que si al que ardiendo, ¡ay de mí!,
en un incendio tirano
le persuadieras en vano
a que el fuego no apagara,
esperando que llegara
a socorrerle otra mano.
Y así, aunque lidien, Leonor,
en tan estraño precepto,
de una parte tu respeto,
de otra parte mi temor,
Ábrele.
perdona; que fuera error
que yo morir me dejara
sin que del cristal probara,
sin que la prisión rompiera,
sin que a la tabla me asiera
y sin que el fuego apagara.
«Porque no presumáis de mí
que no deseo hacer siempre lo mejor,
sabed que donde vine a favorecerme anoche,
fue en casa de Leonor; en ella...»
No hay que leer más; y, si yo
que no te ofendía creyera,
todo esto dicho le hubiera
a quien Beatriz lo escribió.
Leonor
En fin, ¿no te engañé?
Juan
No.
Leonor
¿Luego, ingrato eres?
Juan
Soy fiel.
Toma el papel.
Leonor
¿Yo el papel?
Ni verlo quiero.
Sale don Luis.
Luis
Yo sí.
Leonor
(¡Ay, infelice de mí!).
Juan
(¿Quién vio lance más cruel?).
Luis
¿Qué es esto, señor don Juan?
¡Vos en mi casa! ¿Qué es esto,
Leonor? ¡Enojada tú!
¡Porfiando uno, otro sintiendo!
Pero no, no lo digáis,
que pues he llegado a tiempo,
que este papel me lo diga,
de él lo sabré.
Juan
(¡Yo estoy muerto!).
Leonor
(¡Yo, confusa!).
Juana
. (¡Yo, turbada!).
Chacón
(Yo, si la verdad confieso,
estoy ahora como cuando
tengo muchísimo miedo).
Leonor
Para qué quieres, señor,
de aquese papel saberlo,
si mejor de mí podrás
saber la verdad. (Ea, cielos,
favor aquí).
Juan
¿Qué pretende
decir Leonor?
Chacón
Algún cuento.
Leonor
Beatriz le escribió a su amante,
que será ese caballero
que yo no he visto en mi vida
ni sé quién es; él, sabiendo
por él, que está aquí Beatriz,
traído de sus afectos,
dice que ha de entrar a hablarla;
y porque se lo defiendo,
diciéndole que es engaño
por lo que yo a mí me debo,
para convencerme él
me daba el papel, a efecto
de que le leyera yo,
y así me estaba diciendo:
«Toma el papel»; a que entonces
yo «El papel, ni verle quiero»
respondí, dándole al aire.
Juan
Lo que dices tú es lo mesmo
que dicen papel y acción.
Leonor
Ahí verás que yo no miento.
Chacón
¡Y cómo! (Así las verdades
son, de todas, las del pueblo).
Luis
Por cierto, señor don Juan,
vos no habéis andado cuerdo,
ni en atreveros a entrar
en mi casa, ni en poneros
en demandas con Leonor.
Juan
Señor, mi amor, mi desvelo
en amar a Beatriz es
justo, y...
Luis
Disculpas no quiero,
ni a todo lo que pudiera
estender mis sentimientos,
porque en efecto no es
ya de mi edad todo el duelo,
y más cuando de enmendar
trato los disgustos vuestros.
Para el fin de vuestras bodas
de hablar a don Diego vengo.
Él responde tan prudente,
tan advertido y atento
que, olvidado del disgusto,
sólo trata del remedio
de su honor; y aunque dudaba
en solo saber si el dueño
que eligió Beatriz tenía
en sangre merecimientos
que igualasen a la suya,
ya –siendo vos el sujeto
en quien tan calificados
quedan todos sus recelos
como en quien goza la altiva
sangre ilustre de Toledo–
no hay que reparar; y así
a decirlo a Beatriz entro,
por ganar yo las albricias
y por que sepa que dejo
toda su pena acabada.
Vos esperad; que al momento
a don Diego llamaré
para que alegre y contento,
hermano y amigo os hable.
Leonor
¿Tan presto quieres todo eso
atropellar?
Luis
Estas cosas
son mejor cuanto más presto. A ella.
No veo la hora de echar
de mi casa tan opuestos
lances a mi condición.
¡Muy bueno, en verdad, es esto,
Leonor, para tu recato!
Váyanse allá con sus celos
y su amor.
Vase.
Juan
¡Ay, Leonor mía!
¿Qué has hecho?
Leonor
¿Qué he de haber hecho?
Valerme de una disculpa,
y la disculpa me ha muerto.
Juan
Aún el empeño que falta
es peor, porque, en saliendo
Beatriz a verme, es forzoso
decir que no soy el dueño
de su amor; y cuando quiera
hoy por ti fingir el serlo,
es empeñarme a tratar
con don Luis el casamiento:
y en materia tan pesada
no he de mentir.
Leonor
Todo eso
puede enmendarse, don Juan.
Juan
¿Con qué?
Leonor
Con dar tiempo al tiempo.
Vete tú antes que ellos salgan,
y déjame a mí.
Juan
Mal puedo
yo en tanto riesgo dejarte.
Leonor
En yéndote tú, no hay riesgo.
Juan
¿Cómo, si don Luis a mí
nombra, y Beatriz a don Pedro,
puede dejar de quedar
todo el lance descubierto,
y resultar contra ti
la presunción del empeño?
Leonor
No viéndote a ti, es cuestión
de nombre esa; y en efeto,
dar tiempo al tiempo te importa.
Juan
A mi pesar te obedezco.
Chacón
Salgamos, señor, de aquí
una por una.
Leonor
Y sea presto;
que vuelve mi padre ya.
Juan
Adiós. Mas hay otro encuentro
para no poder salir;
que está a la puerta don Diego
de la calle, y es indicio
verme salir de acá dentro.
Leonor
Pues retírate a esta cuadra.
Chacón
Dios te depare embeleco
curioso y aprovechado.
Escóndense los dos.
Leonor
Juana, ...
Juana
Señora...
Leonor
…silencio;
que, aunque hoy es el primer día
que me sirves, ...
Chacón
¿Cómo es eso
de primer día?
Juan
¿Qué haces?
Leonor
…fío que guardes secreto,
y digas que el papel diste
a quien iba.
Juana
Yo lo ofrezco.
Leonor
Pues retírate de aquí;
que, quedando solo esto,
se hará mejor la desecha
a la disculpa que pienso
dar de haberse don Juan ido.
Vase.
Juana
¡Brava trama se va urdiendo!
Allí está en gran puridad
con Beatriz hablando el viejo;
don Juan, escondido aquí;
a nuestra puerta, don Diego;
Leonor, en obligación
de decir segundo enredo;
Chacón, celoso; culpada,
yo... ¿Ven vustedes todo esto?
Pues en qué para verán
solo con dar tiempo al tiempo.

Jornada Tercera

Chacón y don Juan a la puerta.
Chacón
Ya don Luis y Beatriz vienen
hacia esta parte.
Juan
Habla quedo.
Chacón
¿Qué ha de decirles Leonor
de habernos ido?
Juan
Oye atento. Retíranse.
Salen don Luis y Beatriz.
Luis
Esto dijo vuestro hermano,
prudente, advertido y cuerdo;
y, aunque pudiera, señora
doña Beatriz, mi respeto
ofenderse de que vos
tan de las puertas adentro
de mi casa hayáis escrito
que venga este caballero,
os lo perdono, porque
hago en perdonarlo menos
a vos que a él.
Beatriz
Yo, señor,
escribí el papel, diciendo
que en vuestra casa...
Luis
Está bien.
Beatriz
…por que supiera el acierto
de mi elección: no pensara
que yo pudiera...
Luis
En efecto,
ya él está aquí, y en la calle
vuestro hermano, que, en sabiendo
quién es, es fuerza que admita
de su honor el mejor medio:
conque a vuestra casa hoy
volveréis gustosa.
Beatriz
El cielo
os guarde; que honor y vida
he de confesar que os debo.
Salen Leonor y Juana.
Luis
Yo he de serviros. Leonor,
¿dónde está aquel caballero
que quedó aquí?
Leonor
No quisiera
decir lo que dijo, huyendo,
de volver, señor, a verte.
Luis
Pues ¿qué dijo?
Leonor
No sé cierto...;
que aunque él a ver a Beatriz
había venido, no a efecto
de tratar con tanta prisa,
señor, de su casamiento,
porque hasta estar su temor
informado y satisfecho
de quién era el que llamaba
a la reja, estando él dentro
de su casa, no pensaba
tratar de segundos medios;
que esto dijese a Beatriz
y a ti: que va de ti huyendo,
por no hablar desto contigo.
Beatriz
¡Ay, Leonor, no en vano fueron
mis temores! A quienquiera
que fuese, destruya el cielo.
Leonor
El bien puede, Beatriz mía,
ser muy grande caballero;
pero ni contigo fino,
ni conmigo ha andado cuerdo.
Juan
A Chacón
¿Qué te parece el engaño
para ir dando tiempo al tiempo?
Chacón
Yo, con lo del primer día,
a nada, señor, atiendo.
Luis
¿Que eso dijo, y que se fuese?
Tras él iré; que ya es duelo
de mi casa y de mi honor.
Mas ¿dónde voy? Que don Diego
en la calle está esperando
la respuesta; y si le llevo
el nombre, y le veo salir,
es preciso ir al momento
a buscarle, alborozado
de saber quién es; y es yerro,
no estando de parecer
estotro en el casamiento.
Pues dejarlo de decir,
cuando él espera a saberlo,
será ponerle en mayor
sospecha de que yo miento,
y más viéndole en mi casa.
¿Quién me ha metido a mí en esto
de andarme yo entre mocitos,
ajustando amor y celos?
Beatriz
Señor, si yo hubiera dado
la ocasión... Mas, ¡ay, cielos!,
mi hermano entra en esta sala:
de sólo mirarle tiemblo.
Pues ya sabéis vos quién es,
decídselo: aseguremos
lo principal de la duda;
que en esotro yo me ofrezco
a desengañarle, pues,
para quedar satisfecho,
sé que tengo de mi parte
la poca culpa que tengo.
Vase.
Sale don Diego y Ginés.
Diego
Perdonad, señor don Luis;
que el estaros tanto tiempo
en cosa tan fácil como
saber un nombre, me ha hecho
en sospecha entrar de que
no debe de ser tan bueno
como pensasteis; y así,
apurado el sufrimiento,
sin poder conmigo más,
entré donde ya no quiero
que me digáis nada, pues
el veros a vos suspenso
y el ver huyendo a Beatriz,
me han dicho...
Luis
¿Qué?
Diego
…que el sujeto
no es para que yo le sepa.
Luis
Engañaisos, ¡vive el cielo!;
que el detenerme yo, ha sido
informarme por extenso;
y el retirarse Beatriz,
temor, vergüenza y respeto:
y bien de uno y otro puede,
don Diego, satisfaceros
–(de dos daños el menor)–
ser...
Diego
¿Quién?
Luis
Don Juan de Toledo.
Diego
Dadme mil veces los brazos;
que no pudiera con menos
que con el alma y la vida
esa nueva agradeceros;
que, aunque don Juan es mi amigo,
y puedan mis sentimientos
en la parte de leales
formar queja de que siendo
quien es, lo mismo con que
le rogara yo, haya hecho
no lícita pretensión,
ya destas cosas no es tiempo.
Juan
Al paño (¿Quién creerá que mi alabanza
venga a ser mi sentimiento?).
Leonor
(¿Quién creerá que yo a mi amante
le trate otro casamiento?).
Chacón
(¿Quién creerá que es primer día
que está aquí Juana sirviendo?).
Diego
Y así, señora, decid
que salga Beatriz; que quiero,
sin culparla ya en la causa,
agradecerla el efecto.
Leonor
¿Para qué queréis que aquí
se embarace ahora de veros?
Ginés
Juana, albricias, que de aquella
perdida prenda, hoy espero
tener noticia.
Juana
Calla ahora.
Chacón
(¿Prenda perdida tenemos,
sobre primer día?).
Diego
A buscar
vamos a don Juan; y puesto
a sus pies, veréis que hago
la queja agradecimiento.
Luis
Tened, que antes que los dos
cara a cara habléis en esto,
es bien que delante vaya
yo a hablarle: que los terceros
ajustan mejor las paces.
Diego
De mis acciones sois dueño.
Luis
Pues venid tras mí a lo largo,
porque hasta ahora, no sabiendo
que le buscamos de paz,
se recatará de veros
como ofendido. (Esto es
por hablarle yo primero).
Seguidme, pues.
Vase.
Diego
Tras vos voy.
¿Adónde, ¡ay de mí!, pudieron,
hermosísima Leonor,
hallar mis nobles deseos
honor y vida, si no es
en vuestra casa, que es centro
del alma y región, al fin,
de sus glorias?
Leonor
Ni os entiendo,
ni sé por qué lo decís.
Mi padre espera: idos presto.
Diego
No os deis por desentendida;
que no es, no, mi amor tan necio,
que no haya sabido darse
a entender en tanto tiempo
como sabéis que os adoro.
Juan
(¡Qué escucho!).
Chacón
(Tan malo es esto
como mi prenda perdida).
Diego
Y pues el hado ha dispuesto...
Leonor
¿Qué ha de haber dispuesto el hado?
Idos de aquí.
Diego
…que temiendo
que por encontrarme anoche
don Luis me hablara en sus celos,
no me hable sino en mi honor,
muy bien prometerme puedo
que se mejoran mis dichas;
pues ya, por lo menos, tengo
el quereros de mi parte
y el que vos sabéis que os quiero.
Vase, y con él Ginés.
Salen Chacón y don Juan.
Chacón
(¡Oh, lo que ha de haber aquí
de celos y de más celos!).
Leonor
(¿Qué hará, ¡ay de mí!, con razón
quien sin ella estuvo ciego?).
Chacón
Juana, mucho hay que reñir.
Vamos a tomar los puestos,
que este es de mi amo, no mío.
Juana
Otro día nos veremos.
Vase.
Chacón
Pues juro a Dios que otro día
se ha de ver en nuestro encuentro
la más reñida batalla
de los partos y los medos.
Vase.
Juan
Leonor, ...
Leonor
(¡Ay de mí!).
Juan
…ya ves
que tu padre y que don Diego
van a buscarme, pensando
que yo soy de Beatriz dueño;
Beatriz piensa que el que estuvo
aquí es su amante don Pedro;
don Pedro es amigo mío,
a quien yo callé el secreto:
de modo que a todos cuatro
hoy por enemigos tengo.
Lo que resulta de todo
es quedar tú por lo menos
segura: conque no importa
quedar yo culpado, puesto
que nunca podré decir
lo que me tuvo aquí dentro;
pues siendo así que yo solo
soy el azar y el encuentro,
y dar tiempo al tiempo ha sido
la causa de todo aquesto,
yo procuraré, Leonor,
darle tanto tiempo al tiempo,
que ninguno me halle. Adiós.
Leonor
¡Ah, don Juan, que aquese esfuerzo
quieres que yo no le entienda
y, aunque no quieras, le entiendo!
Juan
Harto es que tú entiendas algo,
cuando te culpa otro afecto
darte por desentendida.
Leonor
Los cielos...
Juan
Aquí no hay cielos.
No me des satisfaciones:
antes de oírlas, las creo;
que eres quien eres, y no
se ha de tener mal concepto
de ti.
Leonor
Tan malo es, don Juan,
pedir un amante celos
sin ocasión, como no
pedirlos con ella.
Juan
Luego
–descuidástete, Leonor–,
ya confiesas que la tengo.
Leonor
Sí; mas no que yo la he dado.
Juan
Dices muy bien, porque aquello
del lance de anoche, y ir
tu padre a buscarle, haciendo
honor lo que él juzgó agravio
decir... Mas ¿qué te importa esto?
Él te quiere, y tú lo sabes.
Adiós, adiós, porque pienso
que si... Mas no pienso nada.
Adiós, Leonor.
Leonor
Si primero
no me oyes, no has de irte.
Juan
No oiré.
Leonor
¿Por qué?
Juan
Porque temo,
si te oigo, que he de creerte,
y haré muy mal, si te creo.
Leonor
¿Qué culpa es de una mujer
que la quieran?
Juan
¡Qué argumento
tan de todas: ser querida
no es culpa! Y es porque vemos
que son queridas, y no
qué ocasión dan para serlo.
Leonor
Yo no la he dado.
Juan
Eso basta.
Leonor
No basta; que has de creerlo.
Juan
Leonor, tu padre está fuera,
y es fuerza que venga presto;
don Diego vendrá con él,
y Beatriz está aquí dentro:
ya ves que no es ocasión
agora de detenernos.
Yo, yo me veré en si acaso
tengo razón o no tengo.
Leonor
Esas son palabras mías.
Juan
Buenas serán, por lo menos;
que eres muy discreta tú.
Leonor
No lo soy, mas lo parezco
esta vez bien a mi costa.
Juan
¿En qué?
Leonor
En sentir como siento.
Juan
¿Tú sientes?
Leonor
Sí.
Juan
¿Qué?
Leonor
El disgusto
que llevas.
Juan
Si yo le llevo,
¿qué tienes tú que sentirlo?
Leonor
Mucho.
Juan
Nada, es lo más cierto.
Leonor
No es, que yo, ...
Juan
Que tú, ...
Leonor
…constante
siempre, ...
Juan
…nunca firme, ...
Leonor
…puedo...
blasonar...
Juan
…puedes decir...
Leonor
…que...
Juan
…cuándo...
Leonor
…te amo.
Juan
…te pierdo.
Leonor
Deja hablar.
Juan
Deja sentir.
Los Dos
Yo..., tú..., mira, si...
Sale Beatriz.
Beatriz
¿Qué es esto?
Juan
Leonor lo dirá; que yo
ni quiero, ni sé, ni puedo.
Vase.
Leonor
Yo sí, yo te lo diré,
que puedo, que sé y que quiero.
Sabrás, ¡ay, Beatriz!, que tú,
por darme vida, me has muerto.
Beatriz
¿Yo?
Leonor
Sí.
Beatriz
¿Cómo?
Leonor
Escucha atenta;
que a ambas importa saberlo
Yo, Beatriz...
Sale don Luis, alborotado.
Luis
Beatriz, ...
Beatriz
Señor...
Luis
…a hablar a este amante vuestro
voy, como veis, vuestro hermano
siempre mis pasos siguiendo;
y habiendo agora en la calle
engañádole diciendo
que vuelvo por un papel,
a solo deciros vuelvo
que yo le divirtiré,
dándole algún tiempo al tiempo,
para que podáis en tanto
–ya lo que os culpaba, os ruego–
satisfacerle prudente
de aquellos pasados celos
que le llevaron de aquí:
y así, con todo el esfuerzo
posible la diligencia
haced, por que no lleguemos
a hablarle sin que él esté
antes de vos satisfecho;
porque si, habiéndome dicho
don Juan cuando entró aquí dentro
que vino por vos, agora
se vuelve atrás...
Beatriz
No os entiendo.
¿A qué don Juan me decís
que satisfaga?
Luis
¡Eso es bueno!
¿A qué don Juan ha de ser?
Leonor
(Todo está ya descubierto).
Beatriz
¿No he de preguntarlo, si
no lo sé?
Luis
¡Mejor es eso!
Don Juan de Toledo.
Beatriz
Pues
¿quién es don Juan de Toledo?,
porque yo no le conozco.
Luis
Hareisme perder el seso.
Don Juan de Toledo, ¿no es
el que yo encontré aquí dentro,
de vuestro papel llamado?
Beatriz
Que os equivocáis sospecho,
o que le tenéis por otro,
porque se llama don Pedro
Enríquez.
Luis
¡Muy bueno fuera
engañarme yo, por cierto,
y fui amigo de su padre
desde que era niño tierno!
Leonor
(Esto va malo).
Beatriz
¿Decís
del que yo escribí?
Luis
Del mesmo,
y del mesmo que a Leonor
aquí daba el papel vuestro:
mirad si puede ser otro.
Leonor
(Aquí es menester remedio).
Sale Juana.
Beatriz
Juana, ¿a quién diste el papel?
Luis
A Juana Ved lo que en mi casa tengo.
No os vuelva yo a hallar en ella.
Leonor
Di, ¿a quién le diste?
Juana
A su dueño
en la misma casa que
me dijiste.
Beatriz
¿Es cierto?
Juana
Cierto.
Leonor
¿Quién lo duda? Pues él vino
aquí con el papel mesmo.
Beatriz
Pues no se llama don Juan,
y padecéis algún yerro,
sino don Pedro, señor.
Luis
Perderé mi entendimiento.
Ven acá, Leonor: ¿no viste
que le hablé y me habló, no haciendo
novedad el conocerle?
Leonor
Sí, señor.
Luis
Pues ¿cómo puedo
yo engañarme?
Leonor
¿Qué sé yo?
Luis
Y mientras entré allá dentro,
¿no te dejó dicho a ti
lo que tú dijiste?
Leonor
Es cierto;
y que si él mismo no fuera,
no pudiera yo saberlo.
Luis
Claro está.
Beatriz
No está muy claro;
que Leonor...
Leonor
(Malo va esto).
Beatriz
Primero soy yo que nadie
en llegando a estos estremos;
¿sabes la verdad?
Leonor
Sí sé,
tú me la estabas diciendo;
yo la diré, pues me das
la licencia para ello;
y es, señor, que habiendo visto
en don Juan aquel recelo,
quiere ahora elegir al otro
de quien don Juan tiene celos,
que fue el que llamó a la reja;
y pues es este tu intento,
Beatriz, no sea engañando
a mi padre.
Luis
Eso es lo cierto.
Queríame dar parecer,
viendo en don Juan tal desprecio,
a costa de mi paciencia.
Leonor
Ella lo estaba diciendo.
Beatriz
¿Yo?
Leonor
Sí.
Luis
Ya él entró en mi casa,
y él es el que ya yo tengo
dicho a vuestro hermano, y él
ha de ser, ¡viven los cielos!,
vuestro esposo; así, tratad,
Beatriz, que esté satisfecho
cuando le hablemos, y ved
que lo más que yo hacer puedo
es, para que le habléis antes,
irle dando tiempo al tiempo.
Vase.
Beatriz
¡Ah, Leonor, que tú bien sabes
la verdad!
Leonor
Yo lo confieso.
Beatriz
Pues ¿por qué no la decías?
Leonor
Porque no me estaba a cuento.
Beatriz
¿Y el culparme a mí?
Leonor
. Porque
también yo era primero.
Beatriz
Pues sépala ahora.
Leonor
Conmigo
ven: sabrás todo el suceso,
mientras tomamos los mantos.
Beatriz
¿Los mantos?
Leonor
Sí.
Beatriz
¿Y a qué efecto?
Leonor
A efecto, pues que mi padre
nos da lugar para esto,
de ir yo contigo, Beatriz.
Beatriz
¿A qué?
Leonor
A deshacer un yerro.
Beatriz
¿Qué yerro?
Leonor
Tú le sabrás.
Beatriz
¿Cuándo he de saberle?
Leonor
Presto.
Beatriz
¿Cómo?
Leonor
Viniendo conmigo.
Beatriz
¿Dónde?
Leonor
Donde yo te llevo.
Beatriz
Dime, ...
Leonor
Tiempo no perdamos:
mira que, si le perdemos,
no podremos darle.
Beatriz
…¿a quién
tiempo hemos de dar?
Leonor
Al tiempo
que hemos menester, Beatriz,
para enmendar el empeño
de los celos de don Juan
y el engaño de don Pedro.
Vanse.
Juana
Yo también se le daré
a todos estos enredos;
que, pues que me echan de casa,
ya por decirlos reviento.
Vase.
Sale don Pedro.
Pedro
Mal descansa un desdichado,
mal un infeliz sosiega,
pues dondequiera que llega
encuentra con su cuidado;
y es que siempre acompañado
de la causa en que él se ceba,
siempre le parece nueva,
presumiendo al encontralla
que es allí donde la halla,
y es allí donde la lleva.
Dígalo yo, que en la calle
ni en casa es posible hallar
la espalda de mi pesar;
rostro a rostro he de encontralle
siempre, siendo al apuralle,
don Juan todo presunciones.
don Diego todo ilusiones,
don Luis todo diligencias,
Beatriz toda –¡ay de mí!– ausencias,
y yo todo confusiones.
¿Qué quiera ser haber ido
–que siempre a la mira he andado–
don Luis a donde encerrado
grande plática ha tenido
con don Diego, haber salido
los dos y, en su casa luego,
quedarse fuera don Diego,
hasta que después entró,
de donde a salir volvió
con don Luis, y sin sosiego
uno y otro platicando,
ver que entrambos juntos van
hacia en casa de don Juan,
a cuya puerta mirando,
parece que están dudando
sobre si es ella o no es ella?
No te pido, injusta estrella,
en la pena que me das
remedio; dame no más
el alivio de sabella. Retírase.
Salen don Diego y don Luis.
Diego
Esta es de don Juan la casa.
Luis
Notable prisa tenéis.
Diego
No os espante, pues sabéis
cuán de estremo a estremo pasa
a ser pródiga de escasa
mi fortuna. Entrad a hablalle;
que no veo la hora de dalle
gracias del que agravio fue.
Luis
Retiraos de aquí; yo iré.
(¡Plegue a Dios que no le halle!).
Vase.
Pedro
(Solo don Diego ha quedado.
Ea, apuremos, sospechas,
de una vez todo el veneno).
Habiéndoos con tanta pena
dejado, mal mi amistad
sufre que a veros no vuelva.
Decid, ¿cómo mi señora
doña Beatriz está?
Diego
Buena,
porque el accidente ha ido
mejorando a toda priesa;
tanto, que ha dado lugar
que, para que se divierta,
en cas de su grande amiga
Leonor esta tarde ir pueda;
y creo de la visita
–(cúrese en salud la ofensa,
por si acaso ha entendido algo)–
que hay mayor misterio en ella,
de que pienso que me deis
muy presto la norabuena.
Pedro
Decirme entero el pesar,
y el gusto, don Diego, a medias,
no es partido igual. ¿Qué ha habido
que ahora tan alegre os tenga,
y antes de agora tan triste?
Diego
Sucederme no pudiera
cosa de más dicha, más
gusto ni más conveniencia.
Pedro
¿Cómo?
Diego
Don Luis, ya sabéis
cuánto mi amistad profesa,
por la que tuvo a mi padre,
y cuánto es de Leonor bella
Beatriz amiga.
Pedro
Si sé.
Diego
Pues como los dos desean
siempre mi aumento, han tratado
dar estado a Beatriz.
Pedro
Sea
para bien porque, elección
suya y aceptación vuestra,
claro es que será acertada.
Saber el feliz quisiera
que mereció tanta dicha
para que en mí un criado tenga.
Diego
Don Juan de Toledo. Ved
si es justo alborozo verla
empleada en caballero
de su sangre y de sus prendas.
Pedro
Sí, por cierto.
Diego
Perdonad,
don Pedro, y dadme licencia
de quedar solo; que estoy
esperando una respuesta
que me ha de traer don Luis,
y no quiero que me vea
acompañado.
Pedro
Los cielos
os guarden.
Diego
Adiós.
Pedro
(¡Que fuera
yo tan bárbaro, tan necio,
que al oír de su boca mesma
que sabía que no estaba
en su casa, y que no era
posible decir adónde
por entonces, no cayera
en que al saber sus secretos
tan por menor, era fuerza
que allá en su pecho tuviese
alguna traición cubierta!
¿Quién pudiera en dos mitades
buscar a un tiempo a él y a ella:
a él para darle la muerte
y a ella para darla quejas,
que es como nobles celosos
de dama y galán se vengan?
Mas, ya que a los dos no puedo
buscar a un tiempo, no quieran
mis celos que de mí digan
que en dos iguales ofensas,
primero que de la espada,
eché mano de la lengua.
En quitándose de aquí,
daré a buscarle la vuelta).
Vase.
Diego
Mucho se tarda don Luis:
sin duda habla en la materia.
No sabré encarecer cuánto
alegre estoy de que sea,
ya que hubiese de caer
en otro dueño mi queja,
don Juan.
Sale don Juan.
Juan
(Si puedo en mi casa
entrar sin que alguien me vea,
yo me ocultaré de todos,
por que tiempo el tiempo tenga
para vencer los engaños,
ya que los celos no venza...).
Diego
Don Juan...
Juan
Don Diego...
Diego
¡Qué buen
encuentro!
Juan
(¡Mejor dijeras
qué mal azar!).
Diego
Aquí aguardo
a echarme a las plantas vuestras
por las honras que don Luis
me ha dicho que hacer desea
vuestra amistad a mi casa.
Juan
(¡A qué mala ocasión llega
sobre mis celos su engaño!).
Diego
Él en la vuestra os espera
para daros de mi parte
las gracias de honra como esta;
pero supuesto, don Juan,
que en la noble amistad nuestra
sobran los terceros, y es
tan mía la conveniencia,
ya que este encuentro me ha dado
la ocasión, que no la pierda
será bien, y a vuestras plantas
mi vida y mi honor ofrezca,
y con Beatriz toda el alma,
y con su hacienda mi hacienda;
porque no solo esto pienso
lograr desta conveniencia,
sino que, una vez pasando
a deudo la amistad nuestra,
me habéis de facilitar
las bodas con Leonor bella,
hija de don Luis, a quien
yo adoro.
Juan
(Ya no hay paciencia.
¿Qué haré? Que asentir en esto
es dar al engaño fuerza,
y fuerza a mis celos no
declararlos).
Diego
¡Tan suspensa
la voz, tan mudado el rostro
y tan callada la lengua,
respondéis no respondiendo
a quien tan rendido llega
y agradecido a postrarse
a vuestros pies!
Juan
(Esto es fuerza;
mejor es que de una vez
su engaño y mis celos sepa
don Diego). Antes que toquemos
en tan sagrada materia
como la de vuestro honor,
que esto a todo se reserva,
tengo que hablaros en otra;
y en informándoos della,
veréis si os estará bien
que volvamos a hablar desta.
Diego
Pues decid.
Juan
Yo ha algunos años
que sirvo a...
Sale don Luis.
Luis
¡Muy bien pudiera
esperaros todo el día!
Mas yo os perdono la pena
del esperar, por hallaros
convenidos de manera
que sobremos los terceros.
Diego
No sé cómo aqueso sea;
que antes don Juan me decía
que, antes que hablar de eso venga,
tiene otra cosa en que hablarme;
y, pues nada a vos se os niega,
lo oiréis también. Proseguid;
que no hay cosa que no pueda
saber don Luis.
Juan
Es verdad
–(sino solamente ésta)–,
pero, aunque lo sea, de mí
a vos el tratarlo es fuerza;
y, pues no soy hombre yo
que tengo de hacer ausencia,
o yo os buscaré, o buscadme.
Diego
Si estamos aquí, imprudencia
será buscarnos después.
Juan
No será, porque, aunque pueda
saberlo don Luis, no quiero
que de mi boca lo sepa.
Vase.
Diego
Yo voy tras vos.
Luis
Deteneos.
Diego
¿Vos queréis que me detenga?
Luis
Sí, que en materias de honor
más ha de hacer la prudencia
que no la cólera.
Diego
Hombre
que a decirme una vez llega
que ha muchos años que sirve
a mi hermana –que, aunque della
no dijo el nombre, le dijo
la acción antes que la lengua–,
¿se ha de ir desta suerte?
Luis
Sí,
y aunque él no quiere que sepa
yo la causa, ya la sé.
Diego
¿Vos?
Luis
Sí.
Diego
¿Qué es?
Luis
Por vida vuestra,
que no me la preguntéis,
y que mi amistad os deba
no ir tras mí, aunque voy tras él;
que yo os traeré la respuesta.
Vase.
Diego
¡Ay, hombre más infeliz!
¡Oh, aleve! ¡Oh, tirana! ¡Oh, fiera
hermana!; por ti...
Salen Ginés y Juana.
Ginés
Señor,
oye; que hay mucho que sepas.
Diego
¿Qué es?
Ginés
Juana te lo dirá;
que ya de casa la echan
de Leonor.
Diego
Pues ¿qué ha habido?
Juana
Ser chismosa no quisiera,
pero más entré en su casa
a servirte a ti que a ella.
Leonor no te favorece,
porque está de amores muerta
de un caballero.
Diego
¿Y quién es?
Juana
Don Juan de Toledo.
Diego
Cesa;
que entras mintiendo, y no quiero
que en todo lo demás mientas.
Juana
¡Pluguiera a Dios que ese gusto
hoy de más a más tuviera
sobre el parlar!
Diego
Pues ¿cómo
es posible que esto sea,
si ha de casar con Beatriz
mi hermana?
Juana
La historia es esa,
que entrando a ver a Leonor,
le halló su padre con ella,
y fingieron que iba a ver
a Beatriz, diciendo que era
el galán que la tenía
fuera de su casa.
Diego
Espera;
que de dos veces me matas,
pues honor y amor arriesgas,
sin duda esto iba a decirme,
y al llegar don Luis lo deja.
Mas siendo así, ¿quién, ¡ay, cielos!,
ya que don Juan no lo sea,
es de Beatriz el amante?
Juana
El nombre no se me acuerda.
¡Ah, sí! ¡Ah, sí!... Don Pedro Enríquez,
a quien yo llevar debiera
un papel.
Diego
Más no prosigas,
que vas dando muchas señas
y, según son todas malas,
sin duda son todas ciertas.
Juana
¡Y cómo que son!, y tanto,
si mejor quieres saberlas,
que aquesta tarde las dos,
disfrazadas y encubiertas
han salido.
Diego
¿Dónde van?
Juana
No sé; pero mi sospecha
es que a la casa de alguno
de los dos, por decir ellas
que van a enmendar un yerro.
Diego
¡Ay, que es forzoso que mientan,
porque antes van a hacer otro,
si a tanta costa le enmiendan!
Si en casa de don Juan quiero
esperar, temer es fuerza
que en cas de don Pedro vayan,
y de una en otra se pierdan;
pues dejar de remitillo
a tan cercana experiencia,
no es posible.
Sale don Luis.
Luis
Él no parece.
Diego
Yo estimo que no parezca,
y antes, don Luis, os suplico
que, si os cansaba mi priesa,
perdonéis ahora mi espacio;
y así en aquesta materia,
aunque le halléis, no le habléis.
Luis
¿Cómo no he de hablarle en ella,
siendo ya obligación mía?
Diego
Si el ser mía la hizo vuestra
y os pido no la tengáis,
¿qué haréis vos en no tenerla?
Luis
¡Tanta cólera primero,
y agora tanta paciencia!
¿Qué os va a vos y a vuestra hermana
en que yo mi juicio pierda?
¿Qué novedad hay, don Diego,
que atrás el intento vuelva?
Diego
No sé; mas yo lo sabré
y os vendré con la respuesta.
Luis
¿No será mejor que vaya
con vos a informarme della?
Diego
No; que no puedo decirla
yo, ni vos podéis saberla.
Vase.
Luis
¿Cómo no? ¡Viven los cielos!
Que no hay cosa que no pueda
saber yo, y he de saber
qué variedades son estas.
Vase.
Juana
Ginés, esto es hecho: vamos
de aquí.
Ginés
Vamos. Mas espera;
que viene Chacón allí.
Juana
¿Quién es Chacón? (¡Estoy muerta!).
Ginés
El mayor amigo mío.
Juana
Ven acá, no te detengas;
que después podrás hablarle.
Ginés
Antes quiero que te vea,
por que haga, hablándole tú,
mejor...
Juana
¿Qué?
Ginés
…la diligencia
del mal logrado; que este es
quien cuida de que parezca.
Sale Chacón, con un papelico, leyendo.
Chacón
(¿Papel a mí una tapada?
¿Qué será lo que contenga?
Porque como no sé leer,
no es posible que lo sepa,
por más veces que lo paso).
Ginés
¡Oh, Chacón amigo! ¿Era
hora de vernos?
Chacón
Pues ¿no?
Ginés
¿Qué hay de mi perdida prenda?
Chacón
Hay una gran novedad.
Ginés
¿Cómo?
Chacón
Sabrás...
Ginés
Tente, espera,
que quiero que lo oiga Juana,
por ser quien tanto interesa,
que, Chacón, es otro yo.
Juana
Una servidora vuestra.
Chacón
Vuesarced, señora Juana,
por su segundo me tenga.
Ginés
Prosigue ahora.
Chacón
Digo, pues,
que el tal astrólogo apenas
empezó a hacer la figura,
cuando empezó a ver en ella
que la moza a quien dio el niño
encargó con grandes veras
que al punto le cristianasen.
Ginés
Esas palabras las mesmas
son que ella dice.
Chacón
Ahí verás
que hay figuras que no mientan.
Siguiendo iba en su astrolabio
al hombre; y al ver quién era,
cátate aquí un alguacil
que, al ver la figura hecha,
quiso llevarle a la cárcel,
porque tiene grandes penas
esto de ser adivino;
y al fin, por que no entre en ella,
cien reales de plata voy
a buscar sobre una prenda.
Solo lo que siento es
que a la figura no vuelva,
porque, escarmentado, dice
que en su vida no ha de hacerla.
Ginés
¡Ay, Chacón! Pues es tu amigo,
di que lo demás me sepa,
y ves aquí los cien reales,
que no es justo que él los pierda.
Chacón
No por cierto; pero yo
los pondré... (en mi faldriquera).
Ginés
Ruégaselo, Juana, tú.
Juana
Haced por mí esta fineza.
Chacón
Por vos, ¿qué no haré? (Señores,
¿no es venganza más sangrienta
saque la sangre del alma
que no la del cuerpo, que esta...?).
Sale don Diego a la puerta.
Diego
Ginés, ...
Ginés
Señor...
Diego
…ven conmigo;
que quiero una diligencia
fiar de ti. Tú has de estar
en esta calle, y si entran
dos mujeres... Pero ven;
que allá lo diré.
Ginés
A Juana Aquí espera.
Vanse don Diego y Ginés.
Juana
Mejor será que me vaya.
Chacón
No será. Bien ves, ¡oh, fiera!,
en qué lance me habías puesto,
a no ser cuerdo; y si piensas
que lo dejo de cobarde,
no es sino por que no tengas
capaz de venganza mía,
mona, papagayo y dueña;
porque ¿quién ha de empeñarse
en una mujer a secas
que, en matándola a ella, está
toda su familia muerta?
Por esto lo dejo, y porque
Ginés no es hombre de prendas;
yo sí; u díganlo sortija
y bolsa; y en fin, no creas
que yo estoy tan desvalido,
que quien me ruegue no tenga;
que una tapada, con caños
de Carmona por más señas,
me dice en este papel
que vaya esta noche a verla,
y ha de cenar a tu costa.
Juana
Calla, infame, ingrato, cesa;
que uno es mudarme yo,
y otro que tú el respeto me pierdas.
Dame el papel.
Chacón
¿Yo el papel?
No haré.
Sale Ginés.
Ginés
¿Qué cólera es ésta?
Pero el papel lo dirá.
Juana
Yo lo diré más apriesa:
aquella sortija mía
que hurtaron con otras prendas
tiene Chacón.
Ginés
Yo fui quien
se la dio, ...y, aunque eso sea,
tengo de ver el papel.
Chacón
Yo me holgaré que le lea,
por saber yo cúyo es.
Ginés
«Marimuñoz de las Eras».
Lee
«Señor Fulano Chacón: desde la noche que dieron a V. m.
aquella criatura en mi calle, no ha vuelto a cuidar della;
no me obligue a que la lleve al hospital».
¿Qué es aquesto, falso amigo?
Chacón
Señor Ginés, ucé advierta...
Ginés
No hay que advertir: esa espada
saque.
Dale de cintarazos.
Chacón
¿Entre amigos pendencia?
Ginés
¿A mí estafas?
Chacón
Pues ¿hay más
de que el bolsillo le vuelva
y la sortija y el niño?
Ginés
Vamos, Juana, ...y agradezca,
que es un gallina.
Chacón
Sí haré.
Juana
Vaya uced donde le espera
para cenar mi señora
Marimuñoz de las Eras.
Ginés
¡Pícaro!
Juana
¡Ruin!
Los Dos
¡Hombrecillo!
Vanse.
Chacón
Ve aquí: por cosas como estas
pudiera perderse un hombre,
si no tuviera prudencia.
Mas ¿qué es aquello? Tres damas
tapadas en casa entran
y al cuarto suben: veré
quién son.
Vase.
Salen Leonor, Beatriz y una criada.
Leonor
La verdad es esta;
y puesto que a ti te toca
el que don Pedro la sepa,
y a mí que yo satisfaga
a don Juan, desta manera
solicitando las dos
de nuestro engaño la enmienda,
ve tú buscando a don Pedro;
que yo espero aquí a que vuelvas.
Beatriz
Bien lo has dispuesto. Conmigo
ven, Isabel, pues se queda
aquí Leonor. ¡Oh, los cielos
hagan que don Pedro crea
de sus celos la verdad
y de mi amor la fineza!
Vanse Beatriz y la criada.
Sale Chacón.
Chacón
Dama, ¿a quién buscáis? Si es
a mí, no tengáis vergüenza,
que fácil soy y barato,
y no me habréis dicho apenas
que adoráis mis pensamientos,
cuando al punto os favorezca.
Leonor
Don Juan, vuestro amo, ¿está en casa?
Chacón
No, señora.
Leonor
Pues es fuerza
que le busquéis.
Chacón
Y vos, ¿dónde
habéis de quedar?
Leonor
En esta
cuadra.
Chacón
Eso no.
Leonor
¿Por qué?
Chacón
Porque
hay tapada que se lleva
las sábanas por enaguas,
el cobertor por pollera,
en una manga un colchón
y un cofre en la faldriquera.
Leonor
Id a buscarle.
Chacón
Me holgara
de saber dónde, siquiera
por ver si con vos tenía
su achaque convalecencia.
Leonor
¿Cómo?
Chacón
Como dama de ese
tallazo, de esa presencia,
no hiciera mucho en curarle
de una bellaca dolencia.
Leonor
¿Qué mal tiene?
Chacón
Tiene dama.
Leonor
No la haré yo competencia,
que debe de ser muy linda.
Chacón
Como vos no seáis muy fea,
perderé por vos doblado.
Leonor
Mal debéis de estar con ella.
Chacón
¿Nunca oísteis lo de «tanto
quiero como me cuestas»?
Leonor
Pues ¿qué os cuesta?
Chacón
No dormir,
no comer, no traer cabeza
desde un embuste que dijo
de un papel.
Leonor
¡Qué! ¿Es embustera?
Chacón
Muchísimo; y siendo así
que es su cura esa belleza,
véala yo por mi consuelo:
descubríos.
Leonor
Norabuena.
¿Podré curarle, Chacón?
Chacón
Y aun matarle, que es la ciencia
de los que curan.
Leonor
Bien ves
cuál me has puesto.
Chacón
Si no hubiera
conocídote, señora,
¿hablara desta manera?
Leonor
Bien está. Busca a don Juan
y dile... Pero ¿quién entra?
Por que no me vean, haré
desta cortina defensa.
Escóndese.
Sale don Pedro.
Pedro
Chacón, ...
Chacón
¡Oh, señor don Pedro!
Pedro
…¿y tu amo?
Chacón
Ahora ha ido fuera
del lugar.
Pedro
¿Del lugar?
Chacón
Sí.
Pedro
(Mal vienen bodas y ausencia).
Mas cumpla mi obligación
una por una.
Chacón
¿Qué intentas?
Pedro
Dejarle escrito un papel
que tú le des cuando venga
o le envíes donde está.
(Mejor es desta manera
que acabemos de una vez,
y que yo le busco sepa).
Sale don Juan.
Juan
(No pude hallar a don Diego
y, por si él buscarme intenta,
quiero que me halle en mi casa.
¿Quién está escribiendo en ella?).
Don Pedro, ¿a quién escribís?
Pedro
A vos; y pues en presencia
sobra el papel, con vos tengo,
don Juan, que hablar.
Juan
¿Aquí o fuera?
Pedro
O fuera o aquí: elegid
vos el puesto que os parezca.
Juan
Para estas cosas, según
perdido el color, la lengua
turbada, me habláis, presumo
que es lo mejor lo más cerca.
Chacón, vete de aquí, y mira
que te cortaré las piernas
si hablas palabra.
Chacón
Una sola
decirte primero es fuerza.
Juan
Ni aun esa has de decir.
Chacón
Sabe
que está...
Juan
En nada te detengas.
Chacón
…Leonor...
Juan
Nada he de saber,
y más de Leonor; afuera
aguarda.
Chacón
Oye.
Juan
No hables,
o será desta manera.
Échale.
Ya estamos solos los dos.
Pedro
Echad la llave a la puerta.
Juan
Y después della, en el suelo.
Leonor
Al paño
(¿Quién vio confusión como esta?).
Juan
¿Qué es lo que queréis?
Pedro
Mostrar
que habéis con falsas cautelas,
mal caballero y amigo,
tratado la amistad nuestra,
pues cuando de vos me valgo,
fiándoos mi amor y mi pena,
vos traidoramente amáis
a Beatriz, y con certeza
de que yo soy quien la adora
tratáis casaros con ella.
Juan
Dos razones, fuertes ambas,
hay para que yo no pueda,
don Pedro, satisfaceros
de ese engaño: la primera
es que empuñado en la espada
estáis y, la mano en ella,
a ninguno satisfacen
caballeros de mis prendas;
la segunda es que, aunque yo
remitir el duelo quiera
en fe de nuestra amistad,
no lo he de hacer en ofensa
de otra dama, cuyo honor
la satisfación arriesga.
Y ansí, escusemos, don Pedro,
de demandas y respuestas.
Pedro
Decís bien; y pues la espada
ha de hablar, calle la lengua.
Riñen, y sale Leonor tapada.
Leonor
(¿Qué espero? ¡Ay de mí!). Teneos,
don Pedro; don Juan, espera.
Juan
¿De dónde, mujer, veniste
de su vida a ser defensa?
Pedro
Más fácil es de creer
tenerla vos por la vuestra.
Juan
¿Quién eres? ¿Cómo aquí estás?
Pedro
¿Quién eres? Y aquí, ¿qué intentas?
Leonor
A los dos responderé
de una vez desta manera;
Descúbrese.
pues viéndome, a ti te digo
quién soy y cómo aquí estoy;
y a vos, diciéndoos quién soy,
diré el intento que sigo;
y es que pues don Juan aquí,
cumpliendo su obligación,
no os da la satisfación
que puede por sí y por mí,
yo, atenta al silencio fiel
que fiáis de los aceros,
pretendo satisfaceros,
don Pedro, por mí y por él,
pues él a callar se obliga
cuando en tal lance se halla,
por lo mismo que él lo calla,
me empeña en que yo lo diga.
Quede él airoso, aunque aquí
quede desairada yo;
yo os satisfaga, que él no.
Juan
Ni aun tú has de hacerlo.
Leonor
Yo sí;
que, siendo mi fingimiento
toda la culpa infeliz
de Beatriz, por mí y Beatriz
hablo, no por ti. Oíd atento:
cuanta sospecha hay en vos,
señor don Pedro, es incierta,
por...
Chacón
dentro
Señor, abre esta puerta.
Juan
¡Vive el cielo!...
Chacón
Abre, por Dios;
lo que importa considera.
Leonor
Mira qué es.
Pedro
¿Por qué no abrís?
Abre, y sale Chacón.
Juan
¿Qué es lo que quieres?
Chacón
Don Luis
sube ya por la escalera,
y no dudo que haya oído,
según trae paso y color,
con las voces de Leonor,
de las espadas el ruido;
y aunque yo quiera negar
que en casa estás, no podré,
que abajo le han dicho que
estás aquí.
Leonor
¡Qué pesar!
Si él me oyó, mi fin previene.
Juan
¿Si es cierto buscarme a mí?;
¿qué querrá don Luis aquí?;
¿pues a mí qué hablar me tiene?
No te asustes; retirada
puedes, Leonor, esperar.
Leonor
Y, aun don Pedro, por no dar
sospecha que hubo otra espada,
también puede, ¡ay, infeliz!,
retirarse, para que
sin ti entre tanto le dé
satisfación por Beatriz.
Escóndense los dos.
Sale don Luis.
Luis
¿Pensaréis, señor don Juan,
viendo cuánta causa tengo,
que a hablaros de parte vengo
de don Diego? Pues no van
ahí mis intentos: error
pensarlo es; que, de ira lleno,
no habla en el honor ajeno
quien puede en su propio honor.
Por lo que me tocó a mí,
no por lo que toca a él,
os busco.
Juan
(¡Pena cruel!).
Leonor
Al paño
Pues mi padre habla por sí,
sin duda mi voz oyó.
Juan
Decirme, señor don Luis,
que por vos mismo venís
me da que dudar, que yo
nunca os di ni os pude dar
a vos causa.
Luis
Sí pudisteis,
puesto que a mí os atrevisteis.
Leonor
(¿Qué más se ha de declarar?).
Juan
(¿Qué es esto que por mí pasa?).
¿Yo a vos me he atrevido?
Luis
Sí,
puesto que se atreve a mí
el que se atreve a mi casa
y, estando en ella Beatriz,
aunque entrásedes por ella,
fue ofenderme el ofendella.
Juan
(Ya no es tan infeliz
mi suerte).
Luis
¿Qué cosa es,
habiendo llegado a hablarme,
volver la espalda y dejarme,
grosero antes y después?
Y así aqueste duelo es mío.
Hablemos claro, don Juan:
yo he de saber dónde van
vuestros fines.
Juan
Pues yo fío
de vos todos mis desvelos.
¿Casarais vos con mujer
de quien llegáis a saber,
muerto de amor y de celos,
que es otro al que quiere?
Luis
No.
Juan
Y no queriéndome a mí,
¿hago bien de huir della?
Luis
Sí;
mas ¿qué culpa tengo yo?
Si yo, siendo vos, me hallara
sin oírla ni sin vella,
no me casara con ella;
mas tampoco la buscara,
y más en casa en que había
decoro que aventurar...
Y en fin, vamos a parar
en el fin de la porfía.
Yo en mi casa os encontré,
y a don Diego dije ya
que sois quien la mano da
a Beatriz; y pues llegué
a hacer el empeño yo,
decidme también a mí,
¿no estoy obligado?
Juan
Sí.
Luis
¿Puedo así dejarlo?
Juan
No.
Luis
Pues mirad cómo ha de ser.
Juan
Tiempo al tiempo importa dar:
yo quiero por vos llegar
mi sentimiento a ceder;
y así, digo que, si ella
me quiere a mí, desde luego,
por vos, por mí y por don Diego,
estoy casado con ella.
Luis
¿Daisme esa palabra?
Juan
Sí.
Luis
Pues yo a hablarla volveré.
[...] Ruido dentro.
Ginés
dentro
Tente, señor.
Beatriz
dentro
¡Ay de mí!
Diego
dentro
No me detengas, villano.
Luis
¿Qué ruido es éste?
Juan
No sé.
Diego
dentro
Dejadme acabar con todas
mis desdichas de una vez.
Sale Beatriz.
Beatriz
¿No hay quien ampare mi vida?
(Mas ¡qué es lo que llego a ver!
Más mal hay, pues veo a don Luis
adonde a Leonor dejé).
Luis
¿Qué es esto, Beatriz?
Juan
Señora,
¿qué es esto?
Beatriz
Echarme a esos pies,
que siempre son mi sagrado,
y hoy con mayor causa, pues
por obedeceros vine,
señor, a donde me veis,
a cuya puerta mi hermano
me llegó a reconocer,
adelantándome yo,
mientras le tienen a él.
Juan
Retiraos a aquesa cuadra.
Luis
Vos, don Juan, reconoced
si Beatriz os quiere, puesto
que os viene a satisfacer,
que es lo que la dije yo.
Beatriz
Al paño
¿Quién está aquí?
Pedro
Al paño
Que temer
no tienes: yo estoy aquí,
que ya tu inocencia sé.
Sale don Diego, deteniéndole Ginés, Juana y Chacón.
Diego
Soltad, villanos.
Los Tres
Detente.
Diego
¿Dónde está una aleve...?
Luis
Ved,
don Diego, que estoy aquí.
Juan
Y ved que estoy yo también.
Diego
Porque estás tú, falso amigo,
será más fiera y cruel
mi venganza; que ya, ingrato,
todas tus traiciones sé.
Juan
Mejor sé las tuyas yo,
y he de vengarlas más bien.
Riñen los dos, y don Luis se pone en medio; Beatriz y Leonor detienen a don Pedro.
Pedro
Dejadme.
Beatriz
No has de salir.
Luis
Tened, don Diego; tened,
don Juan; que, como me oigáis,
todos quedaremos bien.
¿Vos no acabáis de decir...
Juan
¿Qué?
Luis
…que, como quiera ser
esposa vuestra Beatriz,
esposo suyo seréis?
Juan
Y otra y mil veces lo digo.
Luis
¿Vos no habéis dicho también
que, como con ella case,
sus yerros perdonaréis?
Diego
Y lo digo otra y mil veces.
Luis
Luego, compuestos os veis,
supuesto, don Juan, que vos
en casa a Beatriz tenéis,
que es señal que os quiere, puesto
que os viene a satisfacer;
y vos, hallándola en ella,
más remedio no tenéis
que dejarla donde quede
con su marido: con que
Beatriz, yo, don Juan y vos,
todos quedaremos bien.
Diego
Yo soy contento.
Juan
De suerte,
que, si doy la mano a quien
está en mi casa y en ella
se queda por mi mujer,
¿no podréis tener ninguno
queja de mí?
Los Dos
Cierto es.
Juan
¿Daisme esa palabra?
Los Dos
Sí.
Juan
¿Y perdonarla?
Los Dos
También.
Saca a Leonor, tapada, de la mano.
Juan
Pues descúbrete, Leonor.
Luis
¡Leonor! ¡Oh, aleve! ¡Oh, cruel!
¡Hija ingrata!
Juan
Si decís
a otro que este sólo es
el medio, viendo que está
hoy en mi casa, ¿por qué
el consejo no tomáis
para vos, que a otro ofrecéis?
Luis
Porque es traición. Pónese en medio don Diego.
Diego
Deteneos,
don Luis, pues ya vos os veis
respondido; porque yo
que una injusta hermana hallé
en su casa, soy quien debe
vengarse en ella y en él,
pues no la puedo dejar
con su esposo.
Sale don Pedro con Beatriz de la mano.
Pedro
Sí podéis;
que Beatriz esposa es mía,
pues desengañado sé
que ha sido su culpa el trueco
de una casa y de un papel.
Luis
Don Diego, aquí no hay más medio
que hacer del pesar placer.
Diego
Yo, por mí, digo que estoy
satisfecho.
Luis
Yo también.
Leonor
A su padre
Déjame besar tu mano.
Beatriz
A su hermano
Déjame echar a tus pies.
Juana
Pues que se vienen casando,
venga esa mano, Ginés.
Chacón
Todos quedan bien; mas yo
sin casar quedo más bien,
y pues que dar tiempo al tiempo
trocó el pesar en placer,
los defectos perdonad
de quien yace a vuestros pies.
FIN

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TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Dar tiempo al tiempo. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbjc.0