No siempre lo peor es cierto
Gran Comedia
Personas que hablan en ella:
- Don CARLOS
- Don JUAN Roca
- Don DIEGO Centellas
- Don PEDRO de Lara, viejo
- FABIO, criado
- GINÉS, criado
- Doña LEONOR
- Doña BEATRIZ
- INÉS, criada
Jornada Primera
Salen don CARLOS y FABIO, vestidos de camino
Carlos
¿Diste el papel?
Fabio
Sí, señor;
y con notable alegría
dijo que al punto vendría
a esta posada.
Carlos
Y Leonor
¿habráse ya levantado?
Fabio
Aun no ha abierto su aposento.
Carlos
Pues llama en él, porque intento
darla parte del cuidado
con que a asegurar me atrevo
su vida y su honor aquí,
por lo que me debo a mí,
no por lo que a ella la debo.
Llama, pues; que ya es hora
de que despierte.
Sale doña LEONOR
Leonor
Eso fuera
si yo, don Carlos, durmiera;
pero quien padece y llora
desdenes de una fortuna
tan crüel, tan inclemente,
tan a todas horas siente
que no descansa en ninguna.
¿Qué me quieres?
Carlos
Informarte
de cómo en tan triste suerte
trata mi amor defenderte,
ya que no es posible amarte.
Sabrás...
Leonor
No prosigas, no;
pues sea justo o no sea justo,
basta saber que es tu gusto
para obedecerle yo.
Que, aunque en pena semejante
atento te considero
a la ley de caballero,
primero que a la de amante,
en mí no hay más elección,
más gusto, más albedrío
que el tuyo; siendo éste el mío,
¿para qué es la relación?
Carlos
¡Oh, qué bien esa humildad,
hermosa Leonor, viniera,
si de voluntad naciera,
y no de necesidad!
Leonor
A quien ya le ha persuadido
la apariencia de un engaño
tarde o nunca el desengaño
pondrá su queja en olvido;
y más cuando él de su parte
tan poco hace por creer
que pudo o no pudo ser.
Carlos
No trates de disculparte;
que no has de poder, Leonor.
Leonor
Haz una cosa por mí,
por ser la última que aquí
ha de deberte mi amor.
Carlos
Sí haré; sal de ese cuidado.
Dime, pues, lo que deseas.
Leonor
Escúchame, y no me creas
después de haberme escuchado.
Carlos
Con aquesa condición,
sí haré. Prosigue, pues; di.
¿Qué es lo que quieres de mí?
Leonor
Solamente tu atención.
Carlos
Aguarda. ¡Fabio!
Fabio
¿Señor?
Carlos
Si viniere el caballero
que llamaste, entra primero,
porque se esconda Leonor.
Vase FABIO
Prosigue ahora.
Leonor
Ya sabes,
Carlos mío... Mal empiezo,
pues yendo a decir verdades,
hube de empezar mintiendo.
Descuido fue; ¡ay Dios! ¡Cuál debe
de andar mi amor acá dentro,
pues, de cuanto arroja fuera,
hasta el descuido es requiebro!
Ya sabes, digo otra vez,
la ilustre sangre que tengo,
por la estimación que has visto
en mis padres y en mis deudos.
También sabes que por mí,
Carlos, no la desmerezco,
aunque quieran mis desdichas
deslucir mis pensamientos.
¡Oh, cuánto en esta materia
cobarde estoy, conociendo
que contra mí hasta la misma
verdad sospechosa tengo!
Pues quien me viere venir
peregrinando a otro reino
en poder de un hombre mozo,
y dé este con tal despego
tratada que las finezas
que a su ilustre sangre debo
aun no las debo yo, pues
él se las debe a sí mesmoþ
¿cómo creerá que sin culpa
tantas desdichas padezco,
cuando al primero que obligo
es el primero que ofendo?
Pero ¿qué importa, qué importa
que en lo aparente y supuesto
se conjuren contra mí
estrella, fortuna y tiempo,
si en la verdad han de hallarse
todos de mi parte, haciendo
lo que el sol con el eclipse,
que, aunque borre sus reflejos,
aunque perturbe sus rayos,
no por eso, no por eso
deja, a pesar de las sombras,
de salir después, venciendo
la vaga interposición
que ya le juzgaba muerto?
Y al fin contra cuantas nieblas
mi esplendor deslucen, pienso
coronarme victoriosa;
y hasta llegar este efecto,
hoy, a pesar de sus iras,
a atar el discurso vuelvo.
En la corte, patria mía,
–¡oh, pluguiera al mismo cielo
hubiera sido al nacer
mi cuna y mi monumento!–
Carlos, me viste una tarde
que, a San Isidro saliendo
con unas amigas mías
por amistad o por deudo,
llegaste a hablarlas y, dando
licencias el campo–atento
a mi hermosura dijera,
si pensara que la tengo–
de galán y de entendido
juntaste los dos extremos,
haciendo la cortesía
capa del atrevimiento.
Continuaste desde entonces
en mi calle los paseos,
en mi reja los suspiros,
de día y de noche siendo
la estatua de mis umbrales
y la sombra de mi cuerpo.
Solicitaste crïadas
y amigas, que son los medios
comunes de amor, a quien
debiste que tus afectos
oyese, para escucharlos,
si no para agradecerlos.
¡Cuántos días te costó
de finezas y desvelos
que leyese un papel tuyo!
Tú lo sabes; y así quiero,
dejando empeños menores,
ir a mayores empeños.
Enterada yo de que
fuesen, Carlos, tus intentos
tan lícitos que aspiraban
sólo a fin de casamiento,
admití, menos crüel
que debiera, tus deseos;
pero con aquel seguro
bastante disculpa tengo
en lo ilustre de tu sangre,
lo honrado de tus respetos,
lo galán de tu persona
y lo sutil de tu ingenio.
Ya nuestra correspondencia
entablada, en el silencio
de la noche, porque a él solo
se fïaba el amor nuestro,
nos hablábamos por una
reja de mi cuarto; y viendo
que no dejaba de ser
escándalo a los que, necios,
de sus cuidados se olvidan
por cuidar de los ajenos,
tratamos que desde entonces
entrases al aposento
de un criado, donde yo
hablarte podía sin miedo.
De esta vil curiosidad
que tantos daños ha hecho,
pues los peligros de afuera
enmienda con los de adentro,
una noche que veniste
más tarde que otras–no quiero
hablar, que no es ocasión,
en si otro divertimiento
más gustoso te detuvo,
pues al fin yo le agradezco
la novedad de venir
al daño y no venir presto–
entraste en mi casa, y cuando,
quejoso mi sentimiento,
desconfïada mi fe,
te esperaba con aquellos
dulces desaires de amor
que entre confianza y miedo
hacen el cariño más
porque le descubren menos,
apenas una palabra
pude hablarte, cuando siento
dentro de mi cuarto ruido
y a saber quién era vuelvo.
Tú, pensando que sería
desdén estudiado, a efecto
de castigar tu tardanza,
me seguiste, cuando–¡ay cielos!–
vi–¡mátame mi memoria!–
que–¡con qué dolor me acuerdo!–
un–¡con qué pena lo digo!–
hombre–¡ahógame mi aliento!–
embozado–¡qué desdicha!–
hacia mí...
Sale FABIO
Fabio
Aquel caballero
que enviaste a llamar aguarda
ahí fuera.
Carlos
Éntrate allá dentro;
que no quiero que te vea
hasta después.
Leonor
¡Que hasta en esto
hube de ser desdichada,
pues, aun para este pequeño
alivio de hablar siquiera,
hubo de faltarme tiempo!
Carlos
Hoy verás cuánto es en vano
querer disculparte.
Fabio
Presto,
si has de esconderte; que entra.
Carlos
Tú salte allá fuera luego;
A LEONOR
y tú escucha lo que hablamos.
Leonor
¡Qué poco a mi estrella debo!
Carlos
Menos debo yo a la mía,
pues lo que me dio la he vuelto.
Escóndese doña LEONOR y vase FABIO. Sale don JUAN
Juan
¡Don Carlos, primo!
Carlos
Los brazos
me dad, don Juan.
Juan
Aunque tengo
para negarlos razón,
conmigo acabar no puedo
que valga la queja más
que vale el gusto de veros.
¿Vos en Valencia, don Carlos,
y no en mi casa? ¿Qué es esto?
Pues ¿cómo se hace este agravio
a amistad y parentesco?
Carlos
La queja, don Juan, estimo,
como es justo; pero tengo
la disculpa tan a mano
que habéis de olvidarla presto.
¿Cómo estáis?
Juan
Para serviros
siempre, a todo trance expuesto.
Carlos
¿Vuestra hermana y prima mía?
Juan
Salud goza; mas dejemos
el cumplimiento, por Dios;
que es un hidalgo muy necio.
¿Qué venida es esta, Carlos?
¿Qué hay en la corte de nuevo?
Carlos
¿Qué ha de haber? Desdichas mías,
de que en vano voy huyendo;
pues dondequiera que voy
allí, don Juan, las encuentro.
Juan
Con eso que me habéis dicho
me habéis crecido el deseo
de saber qué causa os trae
tan despulsado el aliento.
Carlos
Yo vi una hermosura, y yo
la amé, don Juan, tan a un tiempo
todo, que entre ver y amar
aun no sé cuál fue primero.
Rendido ostenté finezas,
constante sufrí desprecios,
fino merecí favores,
celoso lloré tormentos;
que éstas son las cuatro edades
de cualquier amor; pues vemos
que en brazos del desdén nace,
crece en poder del deseo,
vive en casa del favor
y muere en la de los celos.
Entraba de noche a hablarla
de un criado al aposento
que corresponde a su cuarto;
escuchamos pasos dentro,
volvió ella, y yo tras ella,
o recelando o temiendo
que fuese su padre, cuando
vimos un hombre cubierto
que de su cuarto venía
a hurto sus pasos siguiendo.
¿Quién es? dijo. Él respondió:
Quien sólo quiso ver esto.
Yo nada hablé, porque a vista
de mi dama y de mis celos
remití toda la voz
a la lengua del acero.
Saqué la espada y, cerrando
los dos, a morir resueltos,
quiso, no sé bien si diga
piadoso o crüel, el cielo
que de una herida cayese
en la tierra, para hacernos
iguales las suertes; pues
nos vimos a un punto mesmo,
muerto de la herida él,
y yo del agravio muerto.
Bien pensaréis que ésta es sola
mi desdicha y que el suceso
para en que yo delincuente
me vengo a Valencia, huyendo
del rigor de la justicia.
Pues no, don Juan, pues no es eso;
que ahora empieza el más extraño,
el más notable, el más nuevo
lance de amor que jamás
dio la cadena a su templo.
Al ruido de las espadas,
de la dama los extremos,
dieron las crïadas gritos;
despertó su padre a ellos;
consideradme a mí ahora,
sobre declarados celos,
conjurando contra mí
su familia a un noble viejo,
desmayada aquí mi dama,
y allí mi enemigo muerto.
En este trance me hallaba
cuando ella–¡ay de mí!–volviendo
del desmayo, me pidió
su vida amparase. ¡Ah cielos,
qué bien hace la mujer
que, habiendo de hacer un yerro,
lo fía de buena sangre!
Dígalo yo, pues en medio
de su traición y mi agravio
dispuse acudir primero
al reparo de su vida
que no al de mi sentimiento.
Sígueme presto, la dije;
y haciendo muro mi pecho,
salí con ella a la calle,
donde las alas del miedo
nos ampararon de suerte
veloces que en un momento
en cas de un embajador
tomamos seguro puerto.
Envié a llamar un criado
que, informado de secreto
de todo, volvió a decirme
que el hombre era un caballero
forastero, que en la corte
estaba a seguir un pleito,
cuyo nombre, aunque le oí,
por ahora no me acuerdo;
que la herida en la cabeza
le privó el sentido, pero,
aunque con poca esperanza
de vida, no estaba muerto,
sino en otra casa, adonde
le llevó un alcalde preso;
que, habiendo sabido que era
yo el agresor del suceso,
mi hacienda estaba embargando.
Ya añadió después a esto
que el padre, como hombre al fin
prudente, advertido y cuerdo,
ni querella ni otra alguna
diligencia había hecho,
porque su venganza sólo
librada tenía en su esfuerzo.
Yo, viéndome, pues, cercado
de penas y en un empeño
tan grande como amparar
la causa de ellas, resuelvo
salir de Madrid, adonde
pueda vivir por lo menos
sin temor de la justicia,
ni de su padre y sus deudos.
Y así, lleno de pesares
y de obligaciones lleno,
acordándome de vos,
de vos a valerme vengo.
Yo, don Juan, traigo conmigo
aquesta dama, a quien tengo
de salvar la vida a costa
de todos mis sentimientos.
En dejándola segura,
pues ésta es en todo riesgo
mi primera obligación,
podrán mis desdichas luego
acudir a la segunda;
pues la segunda que tengo
es huir de esta enemiga
que como noble defiendo,
que como quejoso obligo,
como enamorado quiero
y como ofendido huyo;
y en dos contrarios extremos,
acudiendo a las dos partes,
de amante y de caballero,
enamorado la adoro
y celoso la aborrezco;
cuyas dos obligaciones
tan cabal la acción han hecho
que desde Madrid aquí,
si no es hoy, juraros puedo
que no la hablé dos palabras;
porque no quise que en tiempo
ninguno de mí dijese
la fama que pudo menos
mi valor que mi apetito;
que es hombre bajo, que es necio,
es vil, es ruin, es infame
el que solamente atento
a lo irracional del gusto
y a lo bruto del deseo,
viendo perdido lo más,
se contenta con lo menos.
Mirad vos cómo en Valencia,
con otro nombre supuesto,
podrá vivir esta dama,
en qué casa, en qué convento,
en qué retiro, en qué aldea,
donde vereis que la dejo
lo poco que traer conmigo
pude para su sustento;
que a mí me basta esta espada;
pues al instante, al momento
que ella asegurada quede,
yo tengo de ir de ella huyendo.
A Italia a servir al Rey
me pasaré, donde al cielo
le pido que la primera
bala acierte con mi pecho,
porque con mi vida acaben
de una vez tantos recelos,
tantas penas, tantas ansias,
agravios y sentimientos,
que como noble las huyo
y como amante las siento.
Juan
Es tan nueva vuestra historia,
tan raro vuestro suceso
que sólo puede admirarse,
dejándoselo al silencio.
Y hablando, no en el pasado,
pues ya no tiene remedio,
sino en lo presente, vamos
lo que ha de ser previniendo.
Donde mejor esta dama
estará es en un convento;
mas tiene el inconveniente
de haber de estarla asistiendo,
cuando tan pobre os halláis,
sin renta y con alimentos;
que, aunque mi alma, mi vida,
mi ser y honor, todo es vuestro,
mi hacienda está de manera,
don Carlos, que no me atrevo,
porque no sé si después
podré cumplirlo, ofrecerlo.
Y así en mi casa presumo
que habrá de estar, donde creo
que...
Carlos
No paséis adelante;
que, aunque la oferta agradezco,
no me es posible aceptarla,
ni que, estas cosas sabiendo,
dé ese cuidado a mi prima.
Fuera de que no es respeto
llevar mi dama a su casa;
que, aunque por su nacimiento
mereciera bien su lado,
estos extraños sucesos
ajan mucho las noblezas.
Juan
Oíd, que para todo hay medio.
A una doncella de casa
mi hermana habrá poco tiempo
que puso en estado, y hoy
está sin ella. Yo tengo
una dama, amiga suya,
a quien sirvo y galanteo
para casarme, y a quien
podré fïar el secreto.
Pidiéndole yo a esta dama
que la envíe a casa, dejo
asegurada la parte
de que mi hermana, sabiendo
quién es, lo tenga a disgusto.
Y aunque el desdoro confieso
de que entre con este nombre,
puede tolerarse, siendo
en lo público crïada
y señora en lo secreto;
pues yo he de estar a la mira,
siempre a su servicio atento.
Carlos
El medio no era muy malo
para asegurarla; pero
no me atreveré, don Juan,
yo a decirlo y proponerlo
a Leonor, porque...
Sale doña LEONOR de donde estaba escondida
Leonor
Detente;
que yo responderé a eso.–
Señor don Juan, no tan sólo
como crïada sirviendo
en vuestra casa estaré
honrada y gustosa, pero
como esclava que compráis
de aquesta fineza a precio;
porque no habrá para mí,
si es que para mí hay consuelo,
otro alguno, sino sólo
saber que ha de ser mi dueño
cosa tan propia de Carlos;
y así, humilde a esos pies ruego
facilitéis esta dicha.
Y pues os he estado oyendo,
y en la relación que él
de mis fortunas ha hecho
parece que estoy culpada
y que apelación no tengo,
porque a vuestra casa no
llevéis ni aun el más pequeño
escrúpulo de que soy
tan fácil como parezco,
plegue a Dios que él me destruya
con su poder, y los cielos
me falten, si yo a aquel hombre
embozado y encubierto
ocasión le di jamás
para tanto atrevimiento,
si ya no es darle ocasión
a un hombre darle desprecios.
Juan
Vuestra hermosura, señora,
al paso que vuestro ingenio,
os acredita conmigo;
y no ya por Carlos quiero
hacer la fineza, si es
fineza la que os ofrezco,
sino por vos. Que la escriba
mi dama a mi hermana quiero
un papel que vos llevéis.
Esperad, que al punto vuelvo.
Vase
Leonor
Ya, don Carlos, que ha llegado
el plazo de tus deseos,
pues ya te verás sin mí,
una cosa sola espero
que añadas a las finezas
que hasta este instante te debo.
Carlos
Déjame, Leonor, por Dios;
no apures mi sufrimiento,
porque no sé que te adoro
hasta que sé que te pierdo.
Pero dime, ¿qué me quieres
pedir?
Leonor
Que si en algún tiempo
te llegare el desengaño
de la culpa que no tengo,
me has de cumplir la palabra
que me diste.
Carlos
No sólo eso
ofrezco a ese desengaño,
Leonor, pero hacerte ofrezco
víctima el alma y la vida.
Pero ¿cómo me enternezco
de esta suerte? ¿Tú no eres
la que aquel hombre encubierto
en tu aposento tenías?
Pues ni aun desengaños quiero
tuyos, sino huir de ti,
ya que segura te dejo.
Leonor
Vete, vete; que algún día
volverán por mí los cielos.
Carlos
Si esa esperanza no hubiera,
me hubiera yo, Leonor, muerto
a manos de mi dolor.
Leonor
Si airado una vez, si tierno
otra vez me hablas, ¿por qué,
más al mal que al bien atento,
no te pones de mi parte
y crees, Carlos, que puedo
estar sin culpa?
Carlos
Porque
temo que en cualquier suceso
siempre es cierto lo peor.
Leonor
Pues yo en mi inocencia espero
que ha de haber suceso en que
no siempre lo peor es cierto.
Vanse. Sale doña BEATRIZ leyendo un papel, y tras ella INÉS
Inés
Aparte
(Leyendo mi ama un papel,
tan triste y confusa está
que mil deseos me da
de saber lo que hay en él.
Una vez le aja furiosa,
y al cielo elevada mira,
otra llora, otra suspira.)
Beatriz
¿Hay suerte más rigurosa?
Inés
Aparte
(A leer vuelve. ¿De qué nace
ya el agrado y ya el furor?
Sin duda que es borrador
de alguna comedia que hace.)
Beatriz
Bien dicen que una crüel
pluma áspid es de ira lleno,
de quien la tinta es veneno
en las hojas del papel.
Dígalo yo, pues a mí
muerte su traición me dio.
¿Quién creerá mis penas?
Inés
Yo.
Beatriz
Inés, ¿tú estabas aquí?
Inés
A esta cuadra salí ahora
y, viendo la confusión
que tiene tu corazón,
te he de suplicar, señora,
digas qué causa te obliga
a tan grande extremo.
Beatriz
Es tal
que, por aliviar el mal,
es fuerza que te la diga.
Bien te acuerdas que don Diego
Centellas me galanteó
mucho tiempo.
Inés
Sí.
Beatriz
Y que yo,
agradecida a su ruego,
a su amor y a su fineza,
le correspondí.
Inés
Muy bien.
Beatriz
Bien te acordarás también
que, aunque es tanta su nobleza,
no se declaró jamás
con mi hermano, hasta salir
con pleito que a seguir
fue a la corte.
Inés
Lo demás.
Beatriz
Pues Ginés, un criado suyo,
que de mí obligado vive,
aquesta carta me escribe,
de que claramente arguyo
que, en Madrid enamorado,
el pleito a que fue es de amor.
La carta dirá mejor
su traición y mi cuidado.
Lee
„Cumpliendo, señora, con la
obligación de lo que ofrecí, que fue
avisar de todo, hago saber a Vuestra Merced que en
casa de una dama de esta corte dejó por
muerto a mi señor un caballero de una
herida, de que estuvo dos días sin sentido
y preso. Ya, gracias a Dios, está mejor y
libre, y de partida para esa ciudad, adonde...“
No leo más, porque confieso
que me ahogan las ansias mías.
Inés
¿Qué más, señora, querías
leer, después de leído eso?
Beatriz
¿Este es el pleito a que fue
don Diego?
Inés
Era necesario;
que siempre es pleito ordinario
de Madrid amor.
Beatriz
No sé
con qué estilos, con qué modos
pueda explicar mi dolor.
Inés
Quien vio partir al señor
–¡oh, fuego de Dios en todos!–
ofreciendo maravillas,
y como los alfareros
de amor, no sólo pucheros
hacen, sino cantarillas;
y al fin duran sus extremos
hasta que otra cara ven.
Pero, pícaros, también
nosotras lo mismo hacemos.
Y al cabo de la jornada
bien sabe mi santo Dios
que estamos en paz, y no os
quedamos a deber nada.
Beatriz
De rabiosos celos muerta
estoy.
Inés
Tienes mil razones.
Beatriz
Y durarán mis pasiones
hasta que... Pero ¿a esa puerta
Inés, no han llamado?
Inés
Sí.
Beatriz
Pues llega; mira quién es.
Inés
Aparte
(¡Ay de ti, pobre Ginés,
si otro escribiera de ti
que en Madrid descalabrado
mi casto honor ofendías!)
Beatriz
Locas confusiones mías,
ya que a ver habéis llegado
efectos de una mudanza,
haced, pues todo es del viento,
que me lleve el pensamiento
quien me llevó la esperanza.
Diera, por ver a la dama
que pudo empeñarle así,
el alma y la vida.
Salen INÉS y doña LEONOR vestida pobremente con manto
Inés
Aquí
está; entrad.
Beatriz
Inés, ¿quién llama?
Leonor
Quien, si merece, señora,
besar vuestra blanca mano,
podrá desmentir, no en vano,
sus fortunas desde ahora,
pues de su golfo crüel
puerto toma en vuestro cielo.
Arrodíllase
Beatriz
Alcese, amiga, del suelo.
Leonor
Aparte
(¡Que mal me ha sonado el "él"!)
Beatriz
¿Qué es lo que quiere?
Leonor
Este aquí
carta de creencia es.
Beatriz
¿Cúyo es?
Leonor
De Violante.
Beatriz
Aparte
(¡Inés,
qué buena cara!)
Inés
Aparte
(Así, así.)
Leonor
Aparte
(Fortuna, ¿a qué más extremo
puedes haberme traído?
Y aun lo que lloro no ha sido
tanto como lo que temo.)
Beatriz
Violante me escribe aquí,
sabiendo que una criada
que he tenido está casada,
que en su lugar...
Leonor
Aparte
(¡Ay de mí!)
Beatriz
...la reciba, porque tiene
bastante satisfacción
que su virtud y opinión
a mi servicio conviene;
de que agradecida quedo
a la intercesión.
Leonor
Los pies
me da otra vez.
Beatriz
¿De dónde es?
Leonor
Soy de tierra de Toledo.
Beatriz
Pues ¿a qué a Valencia vino?
Leonor
Con una dama, señora,
de la virreina, que ahora
ha muerto. Y así previno
mi suerte buscar a quien
servir pueda en la ciudad.
Beatriz
Su buena gracia, en verdad,
y su persona también
me agradan. ¿De qué servía?
Leonor
De doncella de labor.
Inés
Aparte
(Eso sí; que fuera error
esotra doncellería.)
Leonor
Yo la tocaba, y no dudo
que daros gusto sabré
en esta parte, porque
abril inventar no pudo
flor que yo de tal manera
no imite, que ese cabello
competir hermoso y bello
le haré con la primavera.
Enaguas, valonas, tocas
no habrán menester salir
de casa para lucir;
pues como yo sabrán pocas
aderezallas ni hacellas
del uso que más se tray.
No hay labor blanca, no hay
puntas sutiles y bellas
que no haga con perfección
tanta que dirás, no en vano,
que allí no anduvo la mano
sino la imaginación.
Bordo razonablemente
broca, cañamazo y gasa.
Beatriz
Lo que ha menester mi casa
me ha venido cabalmente;
y así puede desde luego
quedarse en casa; que aunqué
dueño mío y de ella fue
mi hermano, a dudar no llego
que, siendo esto gusto mío,
él no lo embarazará.
Leonor
Que no se disgustará,
señora, en quien es confío;
que hacer a un triste feliz
es de nobles como él.
Beatriz
¿Cómo se llama?
Leonor
Isabel.
Beatriz
Quítese el manto.
Sale don JUAN
Juan
¡Beatriz!
Beatriz
¡Hermano don Juan!
Juan
¿Qué hacías?
Beatriz
Una fineza por ti
haciendo estoy.
Juan
¿Cómo así?
Beatriz
Porque sabiendo que habías
de agradecer, como amante,
dar gusto a tu dama bella,
recibí aquesa doncella,
por ser cosa de Violante.
Juan
La buena cortesanía
y la malicia agradezco.
A LEONOR
Y así esta casa os ofrezco,
por vos y quien os envía;
porque si para los dos
tal encomienda traéis,
vos a Beatriz serviréis,
pero yo os serviré a vos.
Leonor
Guárdeos el cielo, señor,
por la merced que me hacéis.
En mí una esclava tendréis.
Juan
Aparte
(¿Qué te parece, Leonor,
de la casa y Beatriz bella?)
Leonor
Aparte
(Que solamente con esto
que hoy la he debido, se ha puesto
en paz conmigo mi estrella.)
Juan
Beatriz, hablarte quisiera
en una cosa que hoy
por mí has de hacer.
Beatriz
Tuya soy.
Idos las dos allá fuera.
Hablan don JUAN y doña BEATRIZ en secreto
Inés
Usted, señora Isabel,
me conozca por crïada,
por amiga y camarada;
que uno y otro seré fiel,
como su mucho valor
solamente haga una cosa.
Leonor
¿Qué es?
Inés
No serme escrupulosa
en un tantico de amor.
Leonor
Esa caduca costumbre
ya espiró. Y si verdad digo,
también traigo yo conmigo
mi poca de pesadumbre.
Inés
Como eso tu voz me diga,
desde aquí de mejor gana
seré amiga más que hermana.
Leonor
Y yo hermana más que amiga.
(¡Que hable yo así! Cielos, ¿quién Aparte
aquesto creerá de mí?)
Vanse las dos
Beatriz
¿Carlos en Valencia?
Juan
Sí;
mas publicarlo no es bien,
porque de secreto pasa
a Nápoles; y esto ha sido
causa de que no ha venido
a servirse de esta casa.
Mas vendrá al anochecer
a verte, y lo que quisiera
que por mí tu amor hiciera
es prevenir y tener
algún regalo que hacelle.
Beatriz
Digo que yo trastearé
mis escritorios; veré
qué hay en ellos que ofrecelle;
que, aunque estoy desalhajada,
para cosas semejantes
habrá bolsas, lienzos, guantes;
y de la ropa excusada
que hay por estrenar, verás
un azafate que creo
que le acredite el deseo.
Juan
Notable gusto me das.
Beatriz
Esto y la cena de mí
fía.
Juan
Pues yo vuelvo luego.
Adiós.
Beatriz
Aparte
(¡Oh traidor don Diego,
quién se vengara de ti!)
Vase
Juan
A Carlos quiero avisar
el efecto que ha tenido
el papel; y aunque haya sido
su mayor cuidado estar,
lo que ha que está, tan secreto
que ninguno puede velle,
esta noche he de traelle
conmigo a casa.
Vase. Salen don DIEGO y GINÉS, de camino
Diego
En efeto
gran gusto es volver un hombre
a ver la patria, Ginés.
Ginés
Y más cuando ha estado tan
a pique de no volver.
Diego
Convaleciente me vi
y libre apenas, porqué
contra mí no hubo querella,
cuando al instante traté
de ausentarme de Madrid,
por el recelo de que
los parientes de Leonor
muerte a su salvo me den.
Ginés
Si esto de morir es burla
pesada para una vez,
¿qué será para dos veces?
Tú hiciste, señor, muy bien.
Diego
¿No es don Juan aquél que sale
de su casa?
Ginés
Sí.
Diego
Ginés,
todo parece que hoy
me va sucediendo bien.
Ginés
Pues ¿qué maula te has hallado?
Diego
¿Es poca dicha saber
que, estando ahora don Juan
fuera de casa, podré
ver a Beatriz?
Ginés
¿De Beatriz
te acuerdas?
Diego
¿Cuándo olvidé
yo su gran belleza?
Ginés
Cuando
por otra, que yo miré,
te dieron en la cabeza,
o de tajo o de revés,
un tanto con que por tanto
no vuelves acá otra vez.
Diego
Eso de servir un hombre
en ausencia otra mujer
es licencia concedida
al amante más fïel.
Ginés
Lo mismo hacen ellas.
Diego
Llega,
y pregunta por Inés
y dila que estoy yo aquí...
y advierte una cosa...
Ginés
¿Qué?
Diego
Que del pasado suceso
a nadie noticia des,
y más en cas de Beatriz.
Ginés
¿Eso había yo de hacer?
Cree que hoy no sabrá de mí
más de lo que supo ayer,
que no la vi de mis ojos.
Diego
Llega, pues; llama.
Llama GINÉS a la puerta. Sale INÉS
Inés
¿Quién es?
Ginés
Señora Inés, un criado
de toda vuesa merced,
que tan amante y rendido
se viene como se fue.
Inés
¡Ginés mío! ¿No me das
un abrazo?
Ginés
Y dos y tres;
que no soy yo miserable.
Inés
¿Cómo has venido?
Ginés
Después
lo sabrás muy por extenso;
que no hay tiempo ahora, porqué
mi señor te quiere hablar.
Inés
Luego ¿ha venido también?
Diego
Sí, Inés, y con mil deseos
de verte a ti y de saber
cómo está Beatriz.
Inés
Pues buena
la hallarás, sabiendo...
Sale BEATRIZ
Beatriz
Inés,
¿quién llamaba, que con tanta
conversación estás?
Diego
Quien
peregrino y derrotado
de la tormenta crüel
de una ausencia en que, rendido
el zozobrado bajel
de amor a uno y otro embate,
sufrió uno y otro vaivén,
hasta que, tranquilo el mar,
con el bello rosicler
de los amigos celajes,
toma puerto a vuestros pies,
adonde consagra humilde
la tabla, que tumba fue
en el templo de su amor,
al ídolo de su fe.
Beatriz
Aparte
(¡Que mientan así los hombres!
Mas disimular es bien.)
Aunque más, señor don Diego...
pero luego os lo diré.
Aparte
(Inés, mira que no salga
a aquesta cuadra Isabel;
que no es bien que el primer día
mis penas sepa.)
Inés
Aparte
(Haces bien.)
Ginés, después nos veremos.
Ginés
Como nos veamos después,
yo haré verdad el refrán
de "un poco te quiero, Inés."
Vase INÉS
Beatriz
Aunque más, señor don Diego,
–vuelvo a decir otra vez–
Aparte
(¡Qué mal se encubre el dolor!)
encarezcáis ni pintéis
de la ausencia las tormentas,
significar no podréis
las que he padecido yo,
siempre amante y siempre fiel.
Diego
Aparte
(¡Albricias, que nada sabe!)
Ginés
Aparte
(¿Cómo lo había de saber?)
Beatriz
¿Cómo en la corte os ha ido?
Diego
Como ausente de vos, pues
no hay gusto en ausencia amando,
si no es uno.
Beatriz
¿Cuál?
Diego
Volver
a vista de lo que se ama.
Beatriz
Aparte
(¡Que falso conmigo esté!
Un áspid tengo en el pecho
y en la garganta un cordel.)
¿En qué estado el pleito queda?
Diego
Como estaba le dejé,
porque mi poca salud
me trae a convalecer.
Beatriz
¿De qué achaque?
Diego
De no veros.
Beatriz
Pues ¿no hay en Madrid que ver?
¿No son bizarras sus damas?
Diego
Como a ninguna miré,
no puedo dar voto en ellas.
Beatriz
¿Ninguna?
Diego
Di tú, Ginés,
la fineza que en mí viste.
Ginés
Tanta fineza vi en él
que le vi muerto de amor.
Beatriz
Sí; mas no dices de quién.
Diego
¿Quién fuera, que tú no fueras?
Beatriz
Luego ¿vos no sois aquél
que, trocando en criminal
el civil pleito a que fue,
a sala de competencias
le llevasteis, donde, al ver
en estrado, no en estrados,
vuestra causa una mujer,
en vista os condenó a muerte,
de que ministro crüel
fue cierto competidor?
Ginés
Aparte
(¿Cómo lo había de saber?
¡Hémosla hecho buena!)
Diego
Aparte
(¡Muerto
estoy!)
Ginés
Aparte
(¿Qué miras? Aun bien
que yo no he hablado palabra.)
Diego
Aparte
(¿Qué es esto que escucho?)
Ginés
Aparte
(Es
tu suceso de "pe" a "pa,"
sin quitar ni sin poner.)
Beatriz
Todo se sabe, don Diego;
y pues las razones veis
que tengo para ofenderme
de un traidor, aleve, infiel,
falso, engañoso, inconstante,
atrevido y descortés,
que me pasa por finezas
los agravios, no me habléis
otra vez en vuestra vida,
si no intentáis que otra vez
os dé a entender mi valor,
que hay en Valencia también
dama por quien pueda darse
la muerte a un hombre sin fe.
Diego
Mirad...
Beatriz
Mirad vos, don Diego,
que es tarde, y no será bien
que me cueste hoy el pesar
más que me costó el placer.
Idos pues.
Diego
Hasta dejaros
desengañada de que...
Juan
dentro
¿Cómo no hay aquí una luz?
Beatriz
¡Ay infeliz! Este es
mi hermano.
Ginés
Pues ¿el hermano
cómo lo había de saber?
Sale INÉS
Inés
Señora, mi señor sube.
Diego
¿Qué quieres que haga?
Beatriz
No sé.
Inés
Yo sí. Entrad en esta cuadra,
donde escondidos estéis
hasta que podáis salir.
Beatriz
¡Qué infeliz soy!
Inés
Entrad pues.
Ginés
Yo tomo de buen partido
que dos mil palos me den.
Escóndense don DIEGO y GINÉS
Beatriz
Cierra la puerta hacia acá,
porque no los puedan ver.
Inés
Ya está la puerta cerrada.
Juan
dentro
Siendo ya al anochecer,
¿no hay luces en casa?
Salen don JUAN y don CARLOS por una puerta, y doña LEONOR con luces por otra
Leonor
Aquí
las luces están.
Carlos
Aparte
(Al ver
que es quien trae la luz Leonor,
ciego con la luz quedé.)
A BEATRIZ
Dadme, señora, a besar
la mano, si merecer
Aparte
(¡Ay Leonor! ¿Tú en este estado?)
puedo tanta dicha.
Beatriz
Aunqué
con rendimientos, don Carlos,
desenojarme intentéis
del agravio que a esta casa
habéis hecho, no podréis.
Carlos
Ya de ese agravio, señora,
con don Juan me disculpé.
El me disculpe con vos,
pues ya lo estoy yo con él.
Y aunque a vuestra casa hoy
no vengo a honrarme, creed
que en ella, para serviros,
mi alma y vida tenéis.
Juan
Ya tengo dicho a mi hermana
las razones que tenéis
para no honrarnos despacio.
Beatriz
Pues ya que de paso es
la dicha, dadme licencia
a que de paso también
os sirva como pudiere,
mal prevenida mi fe.
Aquí no estáis bien; entrad
en mi cuarto. ¡Hola, Isabel!
Alumbra a mi primo.
Aparte
(¡Cielos,
lástima de mí tened.)
Vase
Leonor
Supuesto, señor don Carlos,
que he llegado a merecer
serviros hoy, ¿qué mayor
dicha, qué mayor placer?
Carlos
¡Ay, Leonor! Si yo pudiera
dejarte servida, cree
que no quedaras sirviendo.
Leonor
Yo quedo, Carlos, más bien
que merezco, pues que soy
tan desdichada mujer
que no merezco de ti
que algún crédito me des.
Carlos
¿Creyó alguno lo que oye
primero que lo que ve?
Leonor
Sí.
Carlos
Pues hizo mal.
Juan
Mirad
que con extremos no deis
alguna sospecha en casa.
Carlos
¿Quién puede dejar de hacer
extremos, viendo a Leonor
en el traje de Isabel?
Vanse todos menos INÉS. Salen al paño GINÉS y don DIEGO
Ginés
Inés, ¿podremos salir?
Inés
No, que están al paso.
Ginés
Pues
¿qué hemos de hacer?
Inés
Esperar
que el huésped se vaya.
Ginés
¿Quién
es este huésped?
Inés
Un primo
de casa. Yo volveré
a sacaros; y si cierra
mi amo la puerta, saldréis,
cuando ya esté recogido,
por ese balcón.
Ginés
¿Bal-qué?
Inés
Balcón.
Ginés
Por no saltar yo,
aun no danzo el salterén.
Inés, disponlo de suerte
que yo salga por mi pie,
si es posible.
Diego
De cualquiera
suerte lo dispon, Inés.
Ginés
Como tú ya estás, señor,
enseñado a que te den,
piensas que el salir no es nada.
Inés
Cerrad la puerta y no habléis.
Diego
Quién se vio en igual aprieto?
Ginés
Yo, sin qué ni para qué.
Inés
Gran cochiboda hay en casa.
¡Quiera Dios que pare en bien!
Jornada Segunda
Salen don CARLOS y FABIO
Carlos
¿Está todo prevenido?
Fabio
Ya la ropa y las maletas
tengo aparejadas, sólo
falta que las postas vengan.
Carlos
Más falta.
Fabio
¿Qué es?
Carlos
Que don Juan
que hoy he de partirme sepa,
para que de él me despida.
Fabio
Pues ¿no sabe que hoy te ausentas?
Carlos
No; ni él ni Leonor lo saben;
que anoche aun no tenía esta
resolución.
Fabio
Pues yo iré
a avisarle.
Carlos
Aguarda, espera;
que él parece que ha tenido
de mi pensamiento nuevas,
pues a la posada viene
antes casi que amanezca.
Sale don JUAN
¿Tan de mañana, don Juan?
Pues ¿qué madrugada es ésta?
Juan
Lo mismo puedo deciros.
¿Dónde vais con tanta priesa?
Carlos
Anoche, cuando volví
de vuestra casa, en aquesta
posada supe que hay
en Vinaroz dos galeras
de Italia, y perder no quiero
la ocasión de irme con ellas,
porque no veo la hora
de hacer de Leonor ausencia;
que, aunque yo por verla muero,
muero también por no verla.
Y ya que queda segura,
tengo por la acción más cuerda
volver a todo la espalda.
Y así, con vuestra licencia,
don Juan, pienso partir hoy.
Juan
Si yo, don Carlos, pudiera
o concederla o negarla,
fuera muy gran conveniencia
de mi dolor poder antes
negarla que concederla.
Carlos
¿Cómo?
Juan
Como me importara
deteneros en Valencia
unos días alma y vida.
Carlos
¡Fabio!
Fabio
¿Señor?
Carlos
Cuando vengan
las postas, despediráslas.
Vase FABIO
Ved, don Juan, con cuánta priesa
son vuestros preceptos, antes
que preceptos, obediencias.
¿Qué hay de nuevo?
Juan
¿Estamos solos?
Carlos
Sí.
Juan
Pues cerrad esa puerta.
Cierra la puerta don CARLOS
Carlos
Ya lo está. ¿Qué es esto?
Juan
Es
una desdicha, una pena
tan grande, Carlos, que solo
vos podéis de mi saberla
como mi amigo, porque
soy mitad del alma vuestra,
y como mi sangre, Carlos,
por ser en los dos la mesma.
Mirad cuánto de un día a otro
muda la inconstante rueda
de la fortuna las cosas.
Ayer en vuestras tragedias
venisteis de mí a valeros,
y hoy en las mías es fuerza
que yo me valga de vos.
¡Oh cuán villana, cuán necia
es mi desdicha, pues cobra
con tanta priesa la deuda!
Carlos
¿Desde anoche acá hubo causa
que a tan grande extremo os mueva?
Juan
Después que anoche salisteis
de mi casa, porque en ella
ni vos quisisteis quedaros
ni yo quise haceros fuerza,
y después que con instancias
no dejasteis que viniera
con vos, traté recogerme;
y recorriendo las puertas
de mi casa, que es en mí
costumbre y no diligencia,
en mi cuarto me entré, donde
mil ilusiones diversas
me desvelaron –de suerte
que entre confusas ideas
apenas dormir quería,
cuando dispertaba a penas–
cuando oigo –¡tiemblo al decirlo!–
que en una cuadra de afuera
una ventana se abría.
Presumiendo que por ella
alguna criada hablaba,
quise averiguar quién era,
abriendo, sin hacer ruido,
de mi ventana la media;
pues, oyendo una razón
o tomando alguna seña,
sin escándalo podía
poner en el daño enmienda.
A nadie en la calle vi,
con que casi satisfechas
mis dudas se persuadieron
a que el viento hacer pudiera
el ruido. Pero ¡qué poco
dura el bien que un triste piensa!
Pues por el balcón a este
tiempo vi que se descuelga
un hombre. Acudí volando
a tomar una escopeta,
y por prisa que me di,
ya otro y él daban la vuelta
a la calle, a cuyo tiempo
cerraron, porque aun aquella
o tibia o fácil o vana
imaginación siquiera
de que eran ladrones no
me quedase, viendo que eran
cómplices del hurto iguales
los que huyen y el que cierra.
Quise arrojarme tras ellos,
mas, viendo con cuánta priesa
y ventaja iban, hallé
que era inútil diligencia.
Conocer quién era quise
la que vestida y despierta
a aquellas horas estaba,
y abriendo –¡ay de mí– la puerta
de mi cuarto, el de mi hermana
cerrado hallé; de manera
que llamar a él no era más,
pues todas en mi presencia
habían de alborotarse,
que, equivocando las señas,
el semblante de la culpa
ponérsele a la inocencia
y advertir para adelante;
siendo la acción menos cuerda
que hace un ofendido, cuando
no está en términos la ofensa,
darla a entender con decirla
para no satisfacerla.
Yo no he de hacer en mi casa
novedad; de la manera
que hasta aquí me vieron todos
me han de ver, tan sin sospecha
que hasta mi mismo semblante
sabré hacer que el color mienta.
Pero para este recato
tener un amigo es fuerza
afuera, si estoy en casa,
o en casa, si estoy afuera.
Pues si he de fiarme de otro,
¿de quién con mayor certeza
que de vos que, como dije,
sois mitad del alma mesma,
y como deudo y amigo
os toca tanto mi afrenta?
Y así, para averiguarlo,
oíd lo que mi pecho intenta.
Dentro de mi cuarto yo
tengo una cuadra pequeña
con libros y con papeles,
donde jamás sale o entra
criado alguno. Aquí escondido,
don Carlos...pero a la puerta
llaman.
Llaman dentro
Carlos
Esperad. ¿Quién es?
Fabio
dentro
Yo soy, señor; abre apriesa.
Carlos
Si ves que tengo cerrado,
¿por qué llamas?
Sale FABIO
Fabio
Porque sepas
una grande novedad,
de que importa darte cuenta.
Carlos
¿Qué es?
Fabio
Estando de esta casa
esperándote a la puerta,
llegó de camino el padre
de Leonor, a ver si en ella
posada había.
Carlos
¿Qué dices?
Fabio
Lo que he visto; considera
si es cosa para que oculta
un instante te la tenga,
y más habiéndole dicho
que sí, y apeádose ahí fuera,
donde te ha de ver, si sales.
Carlos
¿Hay desdicha como ésta?
Sin duda en mi seguimiento
y de Leonor a Valencia
viene.
Juan
¿Conóceos él?
Carlos
Sí.
Juan
Pues mira tú cuándo pueda
A FABIO
salir de aqueste aposento
don Carlos, sin que le vea,
y avisa.
Fabio
Ahora podrá;
que él en el cuarto se entra
que le han dado.
Juan
Pues salgamos
de aquí una vez; que allá fuera
veremos qué hemos de hacer.
Carlos
Salgamos, don Juan, apriesa.
Juan
Vamos a mi casa, adonde
ya es de los dos conveniencia
estar en ella escondido.
Carlos
¡Qué de temores me cercan!
Juan
¡Qué de cuidados me afligen!
Carlos
¡Ay, Leonor, lo que me cuestas!
Vanse. Salen doña BEATRIZ e INÉS
Beatriz
Inés, nada me digas;
que a más dolor mi sentimiento obligas.
Inés
Pues, habiendo salido
del empeño de anoche tan sin ruido
que, sin que en casa nadie lo sintiera,
a don Diego y Ginés echamos fuera,
¿qué es lo que ahora te aflige?
Beatriz
Tú de mi llanto mi pasión colige.
¿Qué importa que saliesen,
sin que mi hermano ni Isabel los viesen,
si después mis desvelos
quedaron sin temor, mas no sin celos?
¿Viste, Inés, en tu vida
desvergüenza mayor que la fingida
confianza y tristeza
con que a significarme la fineza
que ausente había tenido
llegó don Diego, habiendo yo sabido
cuanto le había pasado
en Madrid, de otra dama enamorado?
Inés
Él no nos oye ahora,
y así por él he de volver, señora.
¿Qué querías que hiciera
en Madrid, que es el centro y es la esfera
de toda la lindura,
el aseo, la gala y la hermosura,
un caballero mozo
que le apunta el dinero con el bozo
y está, cuando más ama,
cincuenta y tantas leguas de su dama?
Ya pagó su pecado
bastantemente en cas de aquella moza,
puesto que, sin venir de Zaragoza,
vino descalabrado;
y así, aunque Amor en tu opinión le culpa,
en la mía la ausencia le disculpa.
Beatriz
No son mis celos, no, tan poco sabios
que no sepan, Inés, que los agravios
que tocan en el gusto y no en la fama
tienen perdón en quien de veras ama;
y si verdad te digo,
diera por verle disculpar conmigo...
No sé lo que me diera.
¡Loca estoy, muerta estoy!
Inés
Aguarda, espera;
que si ése es tu deseo,
yo te lo cumpliré, pues nada creo
que embarazarnos puede
que, cuando te entre a ver, aquí se quede.
No hay ya que hacer extremos,
pues que la escapatoria [nos] sabemos.
Beatriz
Sí, pero no quisiera
que mi amor tan rendido conociera,
Inés, que imaginase
que yo sobre mis quejas procurase
a sus disculpas la ocasión.
Inés
A todo
remedio hay.
Beatriz
¿De qué modo?
Inés
De este modo;
yo le diré que estás tan enojada,
tan ofendida y tan desesperada
que una y doscientas veces me has mandado
no admitir papel suyo ni recado;
mas que, no obstante, sólo por hacelle
gusto, me he de atrever...
Beatriz
¿A qué?
Inés
A ponelle
donde te pueda hablar; con que consigo
tres cosas: la una, que él se vea contigo;
la otra, que tú rogarle no parezca;
y la otra, que él a mí me lo agradezca.
Beatriz
Inés, yo estoy celosa; cuerda eres;
harto he dicho; haz tú allá lo que quisieres;
y en esta parte más no discurramos,
porque Isabel no entienda lo que hablamos.
Sale doña LEONOR con unos lazos en una bandeja
Leonor
Aquestas son, señora,
las flores que mandaste hacer.
Beatriz
Ahora
gusto, Isabel, no tengo para nada;
yo las veré después.
Leonor
¡Qué poco agrada
quien sirve sin estrella!
Beatriz
Menos agrada quien amó sin ella.
Vase
Leonor
¿Qué es esto, Inés? ¿Qué tiene nuestra ama?
Inés
Esto es, amiga, reventar de dama.
Tiene una hipocondría
con que de una hora a otra cada día
muda mil pareceres.
Oye, ve y calla, si agradarla quieres.
Vase
Leonor
Harto oigo y harto veo
y harto callo también. Loco deseo,
¿para qué neciamente
persuadirme procuras que aquí, ausente
de mi casa, mi patria y padre, puedo
perder ya más a mi desdicha el miedo,
si está tan cerca el daño
que es locura aguardar el desengaño,
y me pone tan lejos la esperanza
que es locura tener la confïanza
en lo instable del tiempo? Pues decía
uno que enfermo de mi mal estaba:
¡Ay triste del que fía
su cura al tiempo!, porque examinaba
que es remedio, aunque sabio, tan incierto
que ya el mal le había muerto
cuando a curarle el médico llegaba,
matando mil para uno que sanaba.
¿Quién jamás se habrá visto
–¡mal el dolor, mal la pasión resisto!–
en tan mísero estado
como yo, sin haber –¡ay de mí!– dado
ocasión a fortuna tan tirana,
pues nunca fue...?
Sale don JUAN
Juan
Isabel, ¿qué hace mi hermana?
Leonor
En su cuarto, señor, –¡oh pena fuerte!–
está.
Juan
Pues hablaréte de otra suerte,
si sola estás. ¿Qué hacías, Leonor bella?
Leonor
Lo que siempre: quejarme de mi estrella.
¿Has visto a Carlos?
Juan
Sí; porque no fuera
justo...
Leonor
¿Qué?
Juan
Que sin verle se partiera.
Leonor
Luego ¿ya se ha partido?
Juan
Sí, Leonor.
Leonor
¿Sin haberse despedido
de mí? ¡Qué poco a sus finezas debo!
Juan
No, Leonor, con afecto ahora nuevo
dejes tu entendimiento
fácilmente llevar del sentimiento.
Yo estoy en guarda tuya,
y no sin causa tu discurso arguya
que, de mí defendida,
por ti he de aventurar honor y vida.
Leonor
No dudo esa fineza
de tu valor, tu sangre y tu nobleza;
y porque sepas cuánto, don Juan, fío
de tan hidalgo y noble ofrecimiento,
puesto que el pecho mío
no es posible negarse al sentimiento,
dame, señor, licencia
para que en tanta pena, en dolor tanto
me retire a llorar de tu presencia;
que no es razón que descortés mi llanto
pierda a tus confïanzas el decoro.
No llore yo, sabiendo tú que lloro.
Vase
Juan
Aparte
(¡Qué cuerdamente decía
aquel sabio que entre el ver
padecer y el padecer
ninguna distancia había!
Díjela que se había ido
Carlos, que encerrado ya
dentro de mi cuarto está,
porque él y yo hemos querido
que nadie sepa este grave
empeño; porque en efeto
ninguno guarda un secreto
mejor que el que no le sabe.
Fuera de que, estando aquí
hoy el padre de Leonor,
para todos es mejor.)
¡Carlos!
Sale don CARLOS
Carlos
¿Estáis solo?
Juan
Sí;
que no entrara acompañado.
Carlos
¿Habéis hablado a Leonor?
Juan
Sí, Carlos; y de su amor
y de su virtud me han dado
bastante satisfacción
sus lágrimas. Ha sentido
pensar que os habéis partido
con tan discreta pasión
que he llegado a persuadirme,
aunque el indicio la culpa,
que ella está, Carlos, sin culpa.
Carlos
Poco tenéis que decirme
en eso; pero aunque yo
el desengaño deseo,
mientras no le toco y veo,
¿tengo de creerle?
Juan
No.
Carlos
Luego hablar de él es error,
supuesto que en mis recelos
han de ir borrando los celos
cuanto pintare el amor.
¿Dijisteis que había venido
su padre?
Juan
No; que no fuera
justo que más la afligiera
de lo que está.
Carlos
Bien ha sido.
¿Y qué mandasteis a Fabio?
Juan
Que en la posada esté, pues
él conocido no es,
para que leal y sabio
siempre a la mira estuviese
del padre, y que procurase
penetrar cuanto intentase.
Carlos
Medio muy frívolo es ése;
que claro es que él no dirá
a nadie a lo que ha venido.
Juan
Con todo eso... Mas ¿qué ruido
es éste?
Dentro hay ruido, y don CARLOS mira por la cerradura de la puerta
Carlos
Ser cierto ya,
don Juan, el lance mayor
que sucedernos pudiera.
Quien sube por la escalera
es el padre de Leonor.
Juan
¿Qué decís?
Carlos
Que yo por esa
llave le vi y conocí.
Juan
¿El padre de Leonor?
Carlos
Sí.
Juan
Pues retiraos apriesa
vos a esa cuadra, que yo
a recibirle saldré,
y lo que intenta sabré.
Carlos
Deteneos, eso no;
que no es, adonde Leonor
y yo estamos, venir él
lance tan poco crüel
que permita mi valor
dejaros.
Juan
Pues siempre os queda
libre el paso a acción igual,
no anticipemos el mal;
dejémosle que suceda.
Escuchémosle primero;
retiraos de aquí.
Carlos
Sí haré;
pero a la mira estaré.
Escóndese; abra la puerta don JUAN, y sale don PEDRO, vestido de camino
Juan
¿A quién buscáis, caballero?
Pedro
Suplícoos que me digáis,
pues por caballero os toca
honrarme, si don Juan Roca
en casa está.
Juan
¿Qué mandáis?
Que yo don Juan Roca soy.
Pedro
Que vuestros brazos me deis,
pues que vos sólo podéis
ser de mis fortunas hoy
puerto, a cuya confianza
todas mis penas entrego,
cuando a vuestra casa llego
a lograr una esperanza,
seguro de que ha de hallar
mi infeliz tirana estrella
todo cuanto busco en ella.
Carlos
Al paño
(¿Qué más se ha de declarar?)
Juan
Aparte
(Sin duda que ya ha sabido
que don Carlos y Leonor
están aquí.) Yo, señor,
a mi suerte agradecido
estoy, cuando así me honráis.
Pero es fuerza padecer
mil dudas hasta saber
quién sois y qué me mandáis.
Pedro
Sentaos y quién soy, señor,
de aquésta sabréis primero;
Dale una carta
luego sabréis lo que espero
fïar de vuestro valor.
Juan
Del marqués mi señor es
la carta.
(¡Dudando estoy!)
Pedro
Leed, sabréis de ella quién soy,
y mi pretensión después.
Juan
El señor don Pedro de Lara, mi pariente y
amigo, va a esa ciudad en seguimiento de un hombre
de quien importa a su honor satisfacerse. Mi poca
salud no me da lugar a acompañarle, pero
fío que, donde vos estáis, no le
hará falta mi persona. Y así os
pido, que su ofensa es mía y su
satisfacción corre por mi cuenta. Dios os
guarde. El Marqués de Denia.
Lo que me escribe el marqués
mi señor habéis oído;
lo que yo respondo a esto
es que aquí para serviros
me tenéis a todo trance.
Pedro
¡Guárdeos Dios! que así lo fío
de las noticias que traigo
y de las partes que miro
en vos, con cuyo resguardo
solo y secreto he venido,
en confïanza no más
desa carta; porque dijo
el marqués que en vos tendría
mi honor valedor y amigo
por muchas obligaciones
que a su casa habéis tenido.
Juan
Todas las confieso, y todas
veréis en vuestro servicio
empleadas igualmente.
Pero para esto es preciso
saber, señor, la ocasión
que a Valencia os ha traído.
Aparte
(Apuremos de una vez
todo el veneno al peligro.)
Pedro
Yo lo diré, si es que yo
puedo acabarlo conmigo.
Noble soy, don Juan, y sobre
ser noble estoy ofendido.
Mi enemigo está en Valencia;
tras él vengo; harto os he dicho.
Juan
Y yo lo he entendido todo
tan bien ya como vos mismo.
Pedro
Discreto sois, y así sólo
quiero que estéis prevenido
para cuando yo os avise
de que de vos necesito.
Levántase
Juan
Esperad; que falta más.
Pedro
Decid ¿qué falta?
Juan
Advertiros
de que yo tengo en Valencia
deudos, parientes y amigos;
y así, sin saber quién es,
don Pedro, vuestro enemigo,
ni el marqués puede mandarme
cosa contra el valor mío,
ni yo ofrecer favor que
resulte contra mí mismo.
Pedro
De vuestra sangre y cordura
ha sido reparo digno
y, aunque sea contra mí,
os lo agradezco y estimo;
y para que no dejemos
el escrúpulo indeciso,
¿qué tenéis con un don Diego
Centellas?
Juan
Ser conocido
mío no más.
Carlos
Aparte
(Éste es
aquel competidor mío.)
Pedro
Según eso, ya el reparo
es ninguno.
Juan
Así lo afirmo.
Pedro
Pues éste una noche –¡ay triste!
¡con qué dolor lo repito!–
quedó por muerto en mi casa,
con que no pudo mi brío
satisfacerse; que fuera
villano rencor, indigno
de mi valor, emplear
en un cadáver los filos
de mi vengativo acero;
pero no tan vengativo
que vida no diera muerto
a quien diera muerte vivo.
Llegó justicia, y yo alcé
la mano al instante mismo
a venganzas y querellas,
porque no fuera bien visto
que hombre como yo tratara
de vengarse por escrito.
Entre el alboroto huyó
una hija mía... Al decirlo
me embaraza la vergüenza.
¡Mal haya el primero que hizo
ley tan rigurosa, pacto
tan vil, duelo tan impío,
y entre el hombre y la mujer
un tan desigual partido
como que esté el propio honor
sujeto al ajeno arbitrio!
Huyó, digo, de mi casa,
y aunque de aqueste delito
fueron dos los agresores,
a este con dos causas sigo.
La primera, que no sé
del otro; y así es preciso
que aquél, de quien sé primero,
pruebe primero el castigo.
La segunda, que, viniendo
ahora por el camino,
que un caballero venía
recatado y prevenido
con un criado y una dama
en mil posadas me han dicho;
y por las señas es ella;
que, habiendo él convalecido
y ella faltado, es muy fácil
presumir que se ha valido
de él en su fuga; y así,
con este segundo indicio,
más irritado le busco
y más osado le sigo,
para que así se reparen
las ruinas del edificio
de mi honor, que está por tierra,
o para que vengativo
haga que aun éstas no queden,
sin que los incendios vivos
de mi pecho les abrasen.
Y pues mi agravio os he dicho,
y ya no hay inconveniente
en ayudar mis designios,
después volveré a buscaros;
que ahora de vos me retiro
a hacer otra diligencia
de que os vendré a dar aviso,
como a quien ya desde aquí
mi amparo ha de ser y asilo,
no tanto porque a ello os mueva
la carta que os he traído,
cuanto por la obligación
en que os pone haberme visto
dar lágrimas a la tierra
y dar al cielo suspiros.
Vase. Sale don CARLOS
Carlos
¿Quién en el mundo se vio
en las dudas que me miro?
Juan
Vamos recorriendo, Carlos,
lo que nos ha sucedido.
Carlos
Vos tenéis en vuestra casa
a la dama de un amigo.
Juan
Hija de un hombre que hoy
a valer de mí se vino.
Carlos
El amigo está también
en vuestra casa escondido.
Juan
Y a efecto de que me ayude
a vengar agravios míos.
Carlos
El enemigo que aquél
busca es también mi enemigo.
Juan
Y yo, de todos prendado,
no sé a qué me determino;
de Leonor, porque es mujer;
de vos, porque sois mi primo;
por el marqués, de don Pedro;
y de mi honor, por mí mismo.
¿Qué puedo hacer?
Carlos
Resolveros
a que el tiempo ha de decirlo,
obrando en los lances como
se vinieren sucedidos.
Juan
Pues si habemos de esperarlos,
Carlos, no hay que prevenirlos;
que ellos vendrán; y hasta entonces
vos, en mi cuarto escondido,
sed de mi honor centinela,
en tanto que yo advertido
haga la deshecha fuera
de que sin cuidado vivo.
Carlos
Aparte
Pues adiós. (¡Piadosos cielos...!)
Juan
Aparte
Adiós, pues. (¡Cielos divinos...!)
Carlos
Aparte
(¡...sacadme de tantas penas!)
Juan
(¡...negadme a tantos peligros!)
Vanse cada uno por su puerta, y don CARLOS se cierra por dentro. Salen don DIEGO, y GINÉS cojeando
Diego
Tú has de ir.
Ginés
Yo no he de ir.
Diego
¿Por qué?
Ginés
Porque la más singular
razón que hay para no andar
es tener quebrado un pie.
Diego
¡Válgate Dios, qué notable
estás!
Ginés
Para entre los dos
me acuerda el "válgate Dios"
cierto cuento razonable.
En un pozo un portugués
cayó. Al verlo dijo un hombre:
¡Válgate Dios! Y él de abajo
le respondió: "¡Já nao pode!"
Fácil es la aplicación,
y a propósito ha venido,
si es lo mismo haber caído
de pozo que de un balcón.
Diego
¿Yo también no salté, y no
me hice daño?
Ginés
Pues ¿qué quieres,
si tú quebradizo no eres
y soy quebradizo yo?
Diego
Tu poca maña condeno.
Ginés
Estreno, señor, de pies,
malo para uno es
lo que para otro es bueno.
Con hambre y cansancio un día
a una posada llegó
cierto fraile, y preguntó
a la huéspeda qué había
que comer? "Si una gallina
no mato," le dijo ella,
nada hay. "¿Quién podrá comella,"
respondió con gran mohina,
acabada de matar?
Tierna estará, replicó
la huéspeda, "porque yo
sé un secreto singular
con que se ablande." Y cogiendo
la polla, que viva estaba,
vio que los pies la quemaba,
con que a nuestro reverendo
muy blanda le pareció,
y aunque el hambre pudo hacello,
atribuyéndolo a aquello,
en la cama se acostó.
Estaba la cama dura,
tanto que le tenía inquieto;
y él, cayendo en el secreto,
pegarla a los pies procura
la luz. Dijo, al ver la llama,
la huéspeda: "¿Padre, qué es
eso?" Y el dijo: "Nuestra ama,
porque se ablande la cama,
quemo a la cama los pies."
Así no te dé mohina
que en los dos haga el secreto
su efeto, porque en efeto
tú eres paja y yo gallina.
Diego
Por más que tu voz me diga,
no has de escaparte, Ginés,
de ir a ver a Inés.
Ginés
¿Inés
no es una fiera enemiga
que anoche, con mil rigores,
tras tenernos a un rincón,
nos vació por un balcón
al fin, como servidores?
¿Yo suyo, y tú de su ama?
Pues ¡vive Dios, de no vella
en mi vida...!
Diego
Antes por ella
se aseguró vida y fama
de Beatriz, y agradecido
debo a la fineza ser.
Ginés
Yo no, que aun agradecer
no puede un hombre caído.
Diego
Ya es notable tu extrañeza.
Ginés
Pues ¿no quieres que me enoje,
señor, si a los dos nos coge
tu amor de pies a cabeza?
Diego
Por mí has de ir allá.
Ginés
Yo iré;
pero por partido tomo
traerte mal despacho.
Diego
¿Cómo?
Ginés
Como voy con muy mal pie.
Diego
En esta esquina te espero.
Ginés
Poco tendrás que esperar,
si sólo a Inés has de hablar.
Diego
¿Por qué?
Ginés
Porque, a lo que infiero
del traje, el brío y el talle,
es ella la que salió
de su casa.
Diego
Ella es, y no
quisiera hablarla en la calle.
Dila que en este portal
estoy, que se llegue aquí.
Retírase junto al paño. Sale INÉS con manto
Inés
Aparte
(Desde la ventana vi
a don Diego, y aunque es tal
mi temor, le hablaré; pues,
fiada en la industria mía,
mi ama echadiza me envía.)
Ginés
¿Qué importa, traidora Inés,
lo tapadillo, si el brío
va diciendo a voces que eres
coliflor de las mujeres?
Inés
¿Qué es aquesto, Ginés mío?
Ginés
Esto es cojear.
Inés
Ya lo veo.
Pero ¿de qué achaque es?
Ginés
De un achaque tuyo, Inés.
Inés
Mientes como un cojifeo.
Ginés
Mi achaque fue tu balcón;
luego claramente arguyo
que es mi achaque achaque tuyo.
Inés
Negara la conclusión,
a no ir en cas de Violante
a un recado; y no quisiera
que contigo hablar me viera
nadie de casa.
Ginés
Al instante
que te hable mi señor
en esta parte, no más
que una palabra, te irás.
Inés
Aqueso fuera peor;
que si mi ama supiera
que le hablaba, me matara.
Llega don DIEGO
Diego
¿Por qué, Inés?
Inés
Porque es tan rara
su cólera y es tan fiera
la ira que tiene contigo,
que no tomar me ha mandado
papel tuyo ni recado.
Diego
Pues, INÉS, ¿tanto castigo
para quien la adora?
Inés
Darte
quisiera ahora...
Diego
¿Por qué? Di.
Inés
...porque no adores aquí
y ofrezcas en otra parte.
Ginés
Si cesa la indignación
con decir los enojados:
Mandaré a cuatro criados
que os echen por un balcón
y ella, con mandarlo a una
sola criada, nos echó
tan a la letra que yo
voy cojeando, ¿mi fortuna
qué más quiere?
Diego
¿Tú también
eres, Inés, contra mí?
Inés
Esto que te digo aquí
sé allá disfrazar más bien;
que sabe Dios si me cuesta
más de dos pesares ya
disculparte.
Diego
Pues si está
tanto en mi favor dispuesta
tu voluntad, haz, Inés,
que sólo un instante vella
pueda yo.
Inés
En eso está ella.
Diego
Y fía de mí, después
de esto, que ahora te da
mi amor la satisfacción.
Dale un bolsillo
Inés
Para mí excusadas son
estas cosas.
Ginés
¡Claro está!
Inés
Y porque veas que tengo
gana de servirte, haré
una cosa: yo diré
que ya del recado vengo,
y pues ya empieza a cerrar
la noche, y mi amo está fuera,
tú a sólo que yo entre espera;
que, dejándome al entrar
la puerta abierta...
Diego
¡Ay Inés!
¡Hoy nueva vida me das!
Inés
...entrarte tras mí podrás,
y obre fortuna después.
Diego
Dices bien, y yo te sigo.
Ginés
¡Ay Inés, lo que te quiero!
Inés
¿Habla vusted, caballero,
con el bolsillo o conmigo?
Ginés
Con quien quisieres que sea;
mas ponle a mi parte nombre.
Inés
Quita; que no hablo yo a hombre
que sé de qué pie cojea.
Diego
Sígueme, Ginés.
Ginés
¿Yo?
Diego
Sí.
Ginés
¿Adónde?
Diego
Conmigo ven.
Ginés
El diablo me lleve, amén,
si yo pasare de aquí.
¿Qué me quieres encerrado?
Si es por saltar uno más,
en la calle me hallarás,
y haz cuenta que ya he saltado.
Diego
Ese temor me ha advertido
que irme solo es lo mejor.
Ginés
Es muy cuerdo ese temor,
y haz cuenta que ya he partido.
Vanse. Salen doña BEATRIZ y doña LEONOR
Beatriz
Haz que pongan unas luces,
Isabel, en esa cuadra,
y espera, en tanto que yo,
de la labor enfadada,
me divierto en esta reja
un rato.
Leonor
Haré lo que mandas.
Aparte
(Malo es servir, y peor
servir con desconfïanza.
Recatándose de mí
siempre Beatriz e Inés andan;
una salió fuera y otra
aquí debe de esperarla.
Quiero dar lugar, pues sé
en qué estos secretos paran,
a que hablen; yo me acuerdo
cuando solía en mi casa
tener el mismo recato
y la misma confïanza
de unas y de otras que entonces
me servían. ¡Basta, basta,
memoria! Y pues ahora sirves,
Leonor, oye, mira y calla.)
Vase. Sale INÉS
Inés
No dirás que me he tardado.
Beatriz
Por saber lo que te pasa
con don Diego, estoy, Inés,
esperando en esta sala.
¿Qué ha habido?
Inés
Que el papel
no ha echado perder la traza.
Tras mí viene, sin que entienda
que tú, señora, le llamas.
No hay sino hacer ahora el tuyo,
mostrándote muy airada,
y conmigo la primera.
En otro tono
Beatriz
Inés, mira quién andaba
ahí afuera.
Inés
¡Ay, señora! Un hombre...
Beatriz
¿Quién así...?
Sale don DIEGO
Diego
Quien a tus plantas,
hermosa Beatriz, ofrece
una y mil veces el alma.
Beatriz
¿Qué es esto, Inés?
Inés
Yo, señora,
la puerta dejé cerrada.
Beatriz
Mientes; que ésta es traición tuya.
No has de estar una hora en casa.
Diego
¿Para qué riñes a Inés,
Beatriz, si yo soy la causa
de tu enojo? En mí tus iras
se rompan y se deshagan;
que yo no quiero más premio
que sólo darte venganzas.
Beatriz
Señor don Diego, bien estas
demasías excusadas
pudieran estar, sabiendo
cuánto es hoy vuestra esperanza
para conmigo imposible.
Diego
Siempre lo fue; que mis ansias
nunca, Beatriz, presumieron
que mereciesen lograrla.
Beatriz
Sí; mas nunca menos que hoy.
Diego
¿Por qué?
Beatriz
Porque es muy contraria
política del amor
que merezca quien agravia.
Diego
Disculpar esa sospecha
pretendo.
Beatriz
Mal disculparla
podréis.
Diego
Quizá bien.
Beatriz
Don Diego,
la hora es muy aventurada.
Aquesa puerta está abierta,
muy dispuesta mi desgracia.
Idos, no queráis perderme.
Diego
De dos suertes, ya que alcanza
esta ocasión mi deseo,
no tengo de despreciarla.
En oyéndome, me iré.
Beatriz
Inés, esa puerta guarda,
ya que es fuerza que le oiga,
a precio de que se vaya.
Vase INÉS
Diego
Yo salí, Beatriz hermosa,
de Valencia...
Vuelve a salir INÉS muy asustada
Inés
¡Ay, desdichada!
Beatriz
¿Qué es eso?
Inés
Mi señor viene.
Beatriz
¡Triste de mí!
Inés
Ea, ¿qué aguardas?
Del aposento de anoche
hoy el sagrado nos valga.
Diego
¡Qué desdichado que ha sido
siempre mi amor!
Escóndese
Beatriz
¡Qué tirana
ha sido siempre mi estrella!
Inés
¿Qué te turbas y desmayas?
No temas; que mi señor
no trae recelo de nada,
pues entra en su cuarto antes
que en el tuyo.
Beatriz
¡Ay, Inés, cuánta
es mi pena!
Salen don CARLOS y don JUAN a la puerta
Juan
Aparte
(Yo venía,
Carlos, como digo, a casa
cuando vi que un hombre en ella
entró. En la calle me aguarda,
y por ventana ni puerta
dejes que ninguno salga.)
Carlos
Aparte
(Entra, y fía que seguras
tienes, don Juan, las espaldas.)
Vase
Juan
¡Beatriz!
Beatriz
¿Hermano?
Juan
¿Qué hacías?
Beatriz
Aquí con Inés estaba.
Juan
Está bien.
Beatriz
¿Adónde vas?
Juan
¿Es novedad que en mi casa
entre yo donde quisiere?
Beatriz
No lo es, pero extraño...
Juan
¡Aparta!
Beatriz
...el modo de hablarme.
Juan
¡Quita
de delante!
Beatriz
Aparte
(¡Peña extraña!)
Diego
Al paño
(Hacia este aposento viene.
Salida tiene a otra cuadra;
quiero ver si más seguro
lugar mis recelos hallan.)
Entrase
Juan
Aparte
(De esta suerte he de salir
de una vez de dudas tantas.)
Entra tras don DIEGO, sacando la espada
Beatriz
Para entrar al aposento
–¡ay de mí!– la espada saca.
Inés
Muertes de hombre ha de haber.
Beatriz
Inés, la suerte está echada.
Inés
Y echada a perder, señora.
Beatriz
Sin vida estoy y sin alma.
Inés
Pues cualquiera de ellas es
importantísima alhaja,
¡huyamos!
Beatriz
Aun para huir
aliento y valor me falta.
Inés
Don Diego del aposento
salió, pues que no se halla
en él.
Leonor
dentro
¡Ay de mí infelice!
Beatriz
Pasando de cuadra en cuadra,
dio adonde estaba Isabel.
Ella de verle se espanta,
y huyendo de él, hasta aquí
viene. A este lado te aparta.
Retíranse las dos. Sale doña LEONOR con luz y, tras ella, don DIEGO
Leonor
Hombre que más me pareces
sombra, ilusión o fantasma,
¿qué me quieres? ¿No bastó
el echarme de mi casa,
sino también de la ajena?
Diego
Mujer que más me retratas
fantasma, ilusión o sombra,
¿mis desdichas no me bastan,
sin las que tú ahora me añades,
pues segunda vez me matas?
Pero no; pues hoy...
Sale don JUAN
Juan
En vano,
aunque el centro en sus entrañas
te esconda, podrás...¿Don Diego?
Diego
Detened, don Juan, la espada;
que, aunque vuestra casa está
en esta parte agraviada,
no vuestro honor; y si puedo
satisfacer con palabras
al empeño, mejor es;
pues es cosa averiguada
que es la venganza mejor
no haber menester venganza.
Juan
Aparte
(Don Diego Centellas es.
Con Leonor está. Aquí hallan
mis sospechas el mejor
desengaño. ¡Albricias, alma!
Que, aunque ésta es desgracia, es
más tolerable desgracia.)
Beatriz
Aparte
(Suspenso el acero al verle
se quedó; oye lo que hablan.)
Diego
Yo, don Juan, amé en la corte
a Leonor, que es esta dama,
en cuya casa una noche
me sucedió una desgracia.
Vine a Valencia y, teniendo
noticia que en vuestra casa
estaba...
Leonor
Aparte
(¡Ay de mí!)
Diego
...esta noche
me atreví a entrar aquí a hablarla.
Beatriz
Aparte
(¡Qué buena disculpa, Inés,
si ahora Isabel conformara
con ella! Haz señas que diga
que sí, que es ella la dama.)
Hace INÉS señas a doña LEONOR
Leonor
Don Juan, cuanto aquí has oído
es verdad. Don Diego es causa
de mi fortuna, y por quien
desterrada de mi patria,
de mi padre aborrecida,
de mi esposo despreciada,
en este estado, este traje
vivo, sirviendo a tu hermana.
Inés
Aparte
(La seña entendió.)
Beatriz
Aparte
(Y lo finge
tan bien que aun a mí me engaña.)
Leonor
Pero diga él si yo aquí
ni allá le di...
Juan
¡Calla, calla!
Leonor
...ocasión...
Juan
¡No te disculpes!
Aparte
(¿Hay mujer más desgraciada?)
Inés
Aparte
(Mucho la debes, señora,
pues se culpa por tu causa.)
Beatriz
Aparte
(Sólo que lo haya creído
mi hermano es lo que nos falta.)
Juan
Aparte
(¿Qué haré? Que, aunque esté seguro
yo, que lo esté Carlos falta.)
Sale don CARLOS, y quédase al paño
Carlos
Habiendo en la calle oído
ruido acá dentro de espadas,
dejo la puerta y a hallarme
vengo, don Juan...
Aparte
(Mas las armas
tienen suspensas los dos.
Desde aquí oiré lo que tratan;
que quizás será su honor
conveniencia a la desgracia.)
Diego
Ésta es vuestra ofensa; y pues
a ser agravio no pasa,
mirad si os estará bien
o remitirla o vengarla.
Juan
Don Diego, vuestras disculpas
convienen con señas varias
que yo tengo de Leonor.
Carlos
Aparte
(¿Qué escucho? ¡Pena tirana!
A Leonor nombró y don Diego.)
Juan
Pero una pregunta falta.
¿Es ésta la primer noche
que aquí habéis entrado a hablarla?
Diego
Aparte
(Malicia trae la pregunta;
por sí o por no, he de salvarla.)
No; que anoche entré por esa
puerta y por esa ventana
salí. Sabida la culpa,
¿qué importa la circunstancia?
Juan
Importa más que pensáis.
Carlos
Aparte
(¡Contra mí es contra quien paran
los celos de don Juan, cielos!)
Beatriz
Aparte
(Ya que lo ha creído, salga
yo ahora.) Pues ten de mí,
don Juan, la desconfïanza,
y mira lo que me envía,
para servirme, tu dama.
A LEONOR
Aparte
(Perdona, amiga, y prosigue.)
Leonor
Aparte
(No entiendo lo que me mandas.)
Juan
No es tiempo deso, Beatriz;
pues aunque con señas tantas
me satisfaga don Diego,
estar Leonor en mi casa
por orden de quien a ella
la envió, a mí no me saca
de la obligación en que
me pone mi sangre hidalga;
y así, aunque por ella venga
y no por ti, eso me basta
para que el atrevimiento
castigue yo.
Sale don CARLOS
Carlos
Aquesa instancia,
pues me toca a mí el sentirla,
también me toca el vengarla.
Leonor
Aparte
(¿Qué miro? ¿Carlos aquí?
¡Esto sólo me faltaba!)
Diego
Pues ¿quién sois vos, que queréis
tomar ahora la demanda?
Carlos
Bien pudierais concocerme;
que razones tenéis hartas.
Yo soy aquél que por muerto
os dejó, y ahora trata
acabar lo que empezado
dejó entonces.
Leonor
Aparte
(¡Pena extraña!)
Diego
Antes pienso que venís
a que yo tome venganza
hoy de todo.
Juan
A vuestro lado,
Carlos, estoy.
Diego
No me espanta
la ventaja de los dos.
Ginés
dentro
Aquí son las cuchilladas.
Entrad todos.
Sale GINÉS y gente
Todos
¿Qué es aquesto?
Beatriz
Aparte
(Inés, esas luces mata,
por si podemos así
excusar desdichas tantas.)
Apaga INÉS la luz, y riñen
Ginés
Nadie tire, estando a oscuras.
Juan
Ved todos que ésta es mi casa.
Ginés
Encienda usted una luz,
y lo verán.
Leonor
¡Qué desgracia!
Diego
Aparte
(La puerta hallé. Esto no es
volver al riesgo la cara,
sino fïar a mejor
ocasión mis esperanzas.)
Vase
Beatriz
Aparte
(A mi cuarto me retiro
llena de confusas ansias.)
Vase
Inés
Aparte
(Tan buena hacienda hemos hecho
que, de puro buena, es mala.)
Vase
Ginés
Señor, ¿dónde estás? Que ya
el cirujano te aguarda.
Carlos
¡Muere, traidor!
Ginés
¡Muerto soy!
Que mandarlo vusted basta.
Aparte
(El diablo que más espere
a que de veras lo hagan.)
Vase
Uno
Muerto está uno; por si viene
justicia, de aquesta casa
salgamos; huyamos todos.
Vase la gente
Juan
¡Hola! Aquí unas luces saca.
Mas yo por ellas iré.
Vase
Leonor
Aparte
(De confusa y de turbada,
tropezando en mis desdichas,
de aquí no muevo las plantas.)
Carlos
El puesto he de sustentar;
que, aunque siento que se vayan
todos, no he de faltar yo
de donde saqué la espada.
Sale don JUAN con luz
Juan
Ya hay luz aquí.
Leonor
¡Carlos, tente!
Juan
¿Solos los dos?
Carlos
¿Qué te espanta?
Porque si yo a mi enemigo
no puedo volver la espalda,
hallándome con Leonor,
con mi enemigo mi hallas;
pero enemigo de quien
la vitoria es huir.
Quiere irse, y detiénele don JUAN
Juan
Aguarda.
Carlos
Déjame que, en seguimiento
de esotro, huyendo a éste, salga.
Juan
Ya no hay tras quién.
Leonor
¡Quién pudiera
rasgarse el pecho, y que hablara
el corazón con acciones
y no la voz con palabras!
Carlos
Fuera el corazón también
traidor; que ser tuyo basta.
Leonor
Fuera leal, por ser mío.
Carlos
Bien el lance lo declara
que acabo de ver –¡ay, fiera!–
cuando no consideraras
las finezas que me debes,
consideraras que estabas
en casa de don Juan.
Leonor
Pues
¿qué culpa contra mí hallas
en las locuras de un hombre?
Carlos
Ninguna. Ahorremos demandas
y respuestas. –Primo, amigo,
pues tan felizmente acaba
para ti aquella ocasión
que detuvo mi jornada
cuanto infeliz para mí,
adiós; que, aunque con infamia
salga de Valencia, es fuerza
que de ella esta noche salga.
Diga mi enemigo que huyo;
que no quiero honor ni fama.
A esa mujer, porque en fin
la quise bien, te la encarga
mi amistad, no para que
la tengas más en tu casa,
sino para que la dejes
que en cas de don Diego vaya;
logre él felice su amor,
y ella gustosa... Mas nada
digo. Adiós, don Juan.
Leonor
¡Ay, cielos!
Espera, Carlos.
Carlos
¿Que aun hablas?
Leonor
Si yo supe...
Carlos
No prosigas.
Leonor
...que aquí...
Carlos
No me digas nada.
Leonor
No...pues yo...si... Hablar no puedo.
Vista y aliento me faltan.
¡Jesús mil veces!
Desmáyase
Juan
Cayó
en mis brazos desmayada.
Carlos
Tenla, don Juan. ¡Ay Leonor!
Que te adoro, aunque me matas,
y es muy distinto sentir
tu traición que tu desgracia.
Juan
En lágrimas y gemidos
se le han vuelto las palabras.
Esperad, Carlos, a que
entre al cuarto de mi hermana
con ella.
Carlos
Sí, don Juan, id;
algún remedio se le haga.
Mas dejadla que se muera,
pues para otro amor se guarda.
Juan
Después veremos los dos
lo que hemos de hacer.
Entrala
Carlos
¡Mal haya
rendimiento tan postrado,
pasión tan avasallada,
afecto tan abatido
y voluntad tan postrada!
A más quejas, más amor;
a más agravios, más ansias;
a más traición, más firmeza.
Mas ¿qué me admira y espanta?
Que quien no ama los defectos
no puede decir que ama.
Jornada Tercera
Salen don CARLOS y don JUAN
Carlos
¿Volvió del desmayo?
Juan
Sí;
pero volvió de manera
que pienso que mejor fuera
no haber vuelto.
Carlos
¿Cómo así?
Juan
Como al instante que allí
restauró el perdido aliento
fue tan grande el sentimiento
que de tenerle ha tenido,
que a un tiempo cobró el sentido
y perdió el entendimiento,
según los extremos son
que hace confusa y turbada.
Carlos
¿Qué dice?
Juan
Que es desdichada,
sin oírla su razón.
Carlos
¡Oh mal haya mi pasión!
Juan
Vos ¿qué habéis determinado?
Carlos
Dos cosas he imaginado,
y sólo, don Juan, quisiera
que nadie me las oyera
sin estar enamorado.
¿Queréis que os diga, don Juan,
sobre tantas confusiones,
fantasías e ilusiones
como a mí vienen y van,
cuáles son las que me dan
más gusto, cuando las toco,
cuáles las que me provoco
más a ejecutarlas?
Juan
Sí.
Carlos
No os habéis de reír de mí,
pueso confieso que estoy loco.
Si en este estado pudiera
yo conseguir que a Leonor
todo su perdido honor
don Diego satisfaciera,
que honrada y en paz volviera
con su padre a su lugar,
fuera la más singular
venganza, y a esta mujer
la sabré hacer un placer,
cuando ella espera un pesar.
Leonor está enamorada,
don Diego lo está también;
dígalo el lance. Pues bien,
¿qué pierdo yo? Todo y nada.
Y así, en pena tan airada
como tengo y he tenido,
sólo éste me ha parecido
que despicarme sabrá;
ganemos a Leonor , ya
que a Leonor hemos perdido.
Juan
Es vuestra resolución
tan honrada como vuestra;
y bien en su efecto muestra
ser hija de una pasión
tan noble.
Carlos
Pues ¿a su acción
qué medio, don Juan, pondremos?
Juan
No sé, porque si queremos
a don Diego hablar yo y vos,
por lo mismo que los dos
el casamiento tratemos,
él no lo hará; que no fuera
justo que un hombre otorgara,
por más que él lo deseara,
lo que el galán le pidiera
de su dama; de manera
que otra persona ha de haber.
Carlos
Pues lo que se puede hacer
es que a su padre digáis
cómo a Leonor ocultáis,
y él lo podrá disponer.
Juan
Tiene eso un inconveniente.
Carlos
¿Qué?
Juan
El empeño de los dos;
fuera de que entonces vos
no hacéis la acción.
Carlos
Cuerdamente
decís. ¿Quién habrá que intente
esta plática mover?
Juan
Ya sé yo quién ha de ser.
Veréis que todo lo allana.
Carlos
¿Quién?
Juan
Doña Beatriz mi hermana,
que es en efecto mujer,
con quien, lo uno, no habrá
duelo en la proposición,
y lo otro, es debida acción
suya el honrar a quien ya
dentro de su casa está
declarada por quien es.
Carlos
Bien pensáis.
Juan
Escondeos, pues,
mientras yo a tratarlo llego.
Carlos
¿Yo? ¿Por qué?
Juan
Porque don Diego
ni el padre os vea hasta después.
Carlos
¿Yo esconderme?
Juan
Es deshacer
toda nuestra pretensión.
Carlos
Yo lo haré, con condición
que nadie lo ha de saber
sino vos.
Juan
Así ha de ser.
Carlos
Pues id con Dios.
Aparte
(¡Ay, Leonor,
cuánto debes a mi amor,
pues te da, fiera homicida,
sobre un agravio la vida,
sobre otro agravio el honor!)
Escóndese y cierra por dentro
Juan
Si a conseguir esto llego,
a nadie le está mejor,
pues quedo bien con Leonor,
con su padre y con don Diego;
y vengo a mirarme luego
sin el empeño a que he estado
por don Carlos obligado;
y así tengo de esforzar
esta acción, hasta quedar
gustoso y desengañado.
Sale doña BEATRIZ
Beatriz
¿Está don Carlos aquí?
Juan
No, Beatriz.
Beatriz
Pues yo a tu cuarto
sólo a buscarle venía.
Juan
Cuando le dio aquel desmayo
a Leonor, le dejé aquí,
y aquí al volver no le hallo.
Aparte
(Ni aun mi hermana ha de pensar
que se ha escondido don Carlos.)
Beatriz
Sin duda que su valor
tras don Diego le ha llevado.
Juan
Yo, por no saber adónde
hallarle podré, no salgo
tras él. Mas tú ¿qué le quieres?
Beatriz
Decirle, don Juan, que, cuando
por amante y por rendido
no fuese, por cortesano
y caballero tuviese
de su dama, que llorando
está, lástima.
Juan
¿Qué dice?
Beatriz
Que con sólo hablar a Carlos
consuelo tendrá.
Juan
Pues si él
no está aquí, y solos estamos,
una cosa a tu cordura
he de fiar, Beatriz.
Beatriz
Harto
será que fíes de mí
nada, porque quien te ha dado
ocasión para que de ella
desconfíes, don Juan, tanto
que presumas que ha podido
ocasionar el cuidado
con que anoche entraste en casa,
parece que es muy contrario
que fíes y desconfíes
a un mismo tiempo.
Juan
Excusado
será, Beatriz, que yo haga
dese sentimiento caso,
sabiendo tú cuánto estimo
tu virtud y tu recato;
y, en fin, tú sola, Beatriz,
podrás hoy de riesgos tantos
como amenazan las vidas
de don Diego y de don Carlos
–y aun la mía, pues es fuerza
hallarme en el duelo de ambos–
librarnos.
Beatriz
¿Yo, de qué suerte?
Juan
De esta suerte; oye y sabráslo.
Yo intento, por ser quien es
Leonor, cuidar del amparo
de su honor y su opinión;
pero si llego a tratarlo
yo con don Diego, no sé
lo que hará, y es empeñarnos,
para haber de conseguirlo,
haber de llegar a hablarlo.
Y así a ti, Beatriz, te toca;
que a las mujeres es dado
tratarlo con suaves medios,
no a nosotros, y más cuando
la mujer está en tu casa.
Y son tu primo y tu hermano
comprendidos en el riesgo,
razones que me la han dado
para que llames...
Beatriz
¿A quién?
Juan
A don Diego; y procurando
darle a entender cuánto está
ofendido tu recato
de que a tu casa se atreva,
proponerle que, pues tantos
peligros debe a esta dama,
se disponga a remediarlos;
que, como con ella case,
a todos deja obligados.
Y esto ha de ser sin que entienda
que nosotros le rogamos,
sino que sale de ti.
Beatriz
Digo, don Juan, que has pensado
bien y que yo lo haré así.
Juan
Pues yo voy a ver si a Carlos
hallo. Tú, si al tuyo vuelves,
haz que cierren ese cuarto.
Beatriz
Yo le cerraré.
Vase don JUAN
¿A qué más
puedo llegar, pues me hallo
obligada a ser yo misma
tercera de mis agravios
y cómplice de mis celos?
¿Qué puedo hacer? Pero vamos
al examen, celos míos;
y pues le da libre el paso
hoy en su casa a don Diego
quien ayer lo estorbó tanto,
sepamos de él qué responde.
Salgamos o no salgamos
de una vez de este delirio,
desta pena, de este encanto.
¡Inés!
Sale doña LEONOR
Leonor
¿Señora?
Beatriz
Leonor,
¿tú respondes?
Leonor
Si has llamado
a una criada, ¿qué mucho
que responda quien lo es tanto?
Sale don CARLOS al paño
Carlos
Aparte
(La voz de Leonor oí;
y así la puerta entreabro,
por verla convalecida
de aquel penoso letargo.)
Beatriz
Si ayer, Leonor, mi ignorancia
te tuvo en aquese estado,
hoy mi advertencia, Leonor,
te pone en lugar más alto.
Mi amiga eres.
Aparte
(Mi enemiga
diré mejor.)
Leonor
Si he llegado
a perder, señora, el nombre
de criada tuya, no en vano
de la ventura que pierdo
me libra el honor que gano.
Tu esclava soy, y te pido,
si puede merecer algo
quien vino a tu casa sólo
a causar asombros tantos,
me trates como hasta aquí.
Beatriz
¿Cómo puedo, Leonor, cuando,
por ser quien eres, y estar
en mi casa, darte trato
esposo?
Leonor
En eternidades
prospere el cielo tus años.
Pero Carlos no querrá,
que es tan celoso...
Beatriz
No es Carlos.
Leonor
Pues ¿quién?
Beatriz
Don Diego Centellas.
Leonor
No te empeñes en tratarlo;
que antes me daré la muerte
que dé a don Diego la mano.
Beatriz
Luego ¿tú nunca has querido
a don Diego?
Leonor
Aspid pisado
entre las flores de abril,
víbora herida en los campos,
rabiosa tigre en las selvas,
crüel sierpe en los peñascos
no es tan fiera para mí
como él lo es.
Beatriz
¡A espacio, a espacio!
Que, aunque le desprecies quiero,
no que le desprecies tanto.
Carlos
Aparte
(¡Ah traidora! Ella me vio
esconder, pues así ha hablado.)
Beatriz
Yo pensaba que te hacía
lisonja; que quien ha estado
por ti a la muerte en Madrid
y aquí te viene buscando
no entendí que te ofendía.
Leonor
Pues si supieras bien cuánto
me ofende...
Beatriz
Yo lo veré
presto, para que salgamos
de este oscuro laberinto
él, tú, yo, don Juan y Carlos.
Vase
Carlos
Aparte
(Fuese Beatriz, y Leonor
–¡ay cielos!– sola ha quedado.
Llorando está. Mas ¿qué importa,
si es tan equívoco el llanto
que, aunque está llorando veo,
no por quien está llorando?
Leonor
Ahora sí, piadosos cielos...
Carlos
Aparte
(¡Ah, celos!)
Leonor
...que sólo podrán mis labios...
Carlos
Aparte
(¡Oh, agravios!)
Leonor
...quejarse al viento mejor...
Carlos
Aparte
(¡Oh, amor!)
Leonor
¿quién le dirá a mi dolor
la razón que ha de culparme?
Carlos
Aparte
(Yo lo dijera, a dejarme
celos, agravios y amor.)
Leonor
¿Cuándo yo ocasión he dado...
Carlos
Aparte
(¡Fiero hado!)
Leonor
...a mi desdicha importuna...
Carlos
Aparte
(¡Cruel fortuna!)
Leonor
...que así el honor atropella?
Carlos
Aparte
(¡Dura estrella!)
Leonor
Pues ¿cómo, si nunca de ella
di ocasión, me da castigos?
Carlos
(No sin causa hay enemigos
hado, fortuna y estrella.)
Leonor
Quien inocente se mira...
Carlos
Aparte
(Es mentira.)
Leonor
...en la ciega confusión...
Carlos
Aparte
(Es traición.)
Leonor
...de tan conocido daño...
Carlos
Aparte
(Es engaño.)
Leonor
...¿cuándo, amor, el desengaño
verán otros que tú ves?
Carlos
Aparte
(Nunca; que todo eso es
mentira, traición y engaño.
Sin duda están contra mí
hoy los cielos conjurados,
pues me tienen persuadido
a que sabe que oigo cuanto
diciendo está. Mas ¿qué importa?
Que aqueste metal humano
el mismo sonido tiene
cuando es fino y cuando es falso;
y así, pues basta el oírlo,
¿para qué es examinarlo?)
Leonor
¡Ay, Carlos, si tú me oyeras!
Carlos
Aparte
(¡Ay, Leonor, si...!)
Llaman
Aparte
(Mas llamaron
a la puerta. A cerrar vuelvo
yo la mía.)
Leonor
¿Que, aun hablando
sin efecto, no faltó
quien viniese a embarazarlo?
Veré quién es, por si puedo
quedarme sola otro rato.
¿Quién es?
Sale don PEDRO
Pedro
¿El señor don Juan
está en casa? ¡Cielo santo!
¿Qué miro?
Leonor
Ahora salió.
Mas ¿qué veo?
Pedro
Estoy turbado.
Éntrase Leonor donde está don CARLOS
Carlos
No temas, Leonor; que yo
te recibiré en mis brazos.
Pedro
Cerró la puerta tras sí.
Mas qué importa, si yo basto,
en defensa de mi honor,
a dar asombros y espantos
al mundo? Caiga en el suelo;
que después de hecha pedazos,
haré lo mismo de aquella
tirana que...
Sale doña BEATRIZ por otra puerta
Beatriz
¿En este cuarto
golpes y voces? ¿Qué es esto?
Pedro
Es un furor, es un pasmo,
una desesperación,
un horror, una ira, un rayo,
que ha de abrasar cuanto encuentre
que intente ponerse al paso.
Beatriz
Pues ¿cómo este atrevimiento
en mi casa? ¿Quién ha dado
ocasión para que así
haya podido empeñaros
una cólera?
Pedro
Una fiera
que aquí se oculta.
Beatriz
Esperaos.
¿Es Leonor?
Pedro
Pues ¿quién pudiera,
sino ella, obligarme a tanto?
Beatriz
Aparte
(¡Esto nos faltaba sólo!
¿Otro amante, y de estos años,
tras don Carlos y don Diego,
que pusiese en paz a entrambos?)
Pues bien, aunque vos tuvieseis
razones, que yo no alcanzo,
para buscarla ofendido,
¿os atrevéis temerario
a entrar aquí?
Pedro
Si; que yo
en mí la disculpa traigo
para mayores extremos;
y así perdonad, si os trato
sin más atención, señora.
Beatriz
En esta casa es engaño
pensar que no habrá...
Sale don JUAN
Juan
¿Qué es esto?
Beatriz
¿Qué ha de ser? Aqueste anciano
caballero en busca viene
también de Leonor, y ha dado
en que ha de romper las puertas
de esta casa.
Juan
¡Paso, paso,
Beatriz! Que el señor don Pedro
ni te ha ofendido, ni ha errado;
porque, como dueño de ella,
a todos puede mandarnos.
Pedro
Señor don Juan, no gastemos
cumplimientos excusados;
ni soy dueño, ni ser quiero
más que un forastero, que hallo,
cuando fïado de vos,
a veros vengo y hablaros,
en vuestra casa a mi hija.
Cerrada está en ese cuarto.
Abrid vos o abriré yo,
echando la puerta abajo.
Beatriz
Aparte
(¿Su padre es?)
Juan
Aparte
(¿Cómo saldré
de lance tan apretado?
Ya él la vio. ¿Qué he de decirle?)
Pedro
¿Qué pensáis? Determinaos.
Juan
Por cierto, señor don Pedro,
–mucho haré si de esta salgo–
muy buen agradecimiento
es ése de mi cuidado;
pues desde ayer, que me hice
de vuestras fortunas cargo,
busqué a Leonor, y la traje
a mi casa, donde al lado
la halláis de mi hermana, adonde
satisfaceros aguardo
de suerte que a vuestra casa
volváis contento y honrado.
Mas si de esto os disgustáis,
de todo alzaré la mano.
Pedro
Dadme, don Juan, vuestro pies,
y perdonadme que, airado
al verla, razón no tuve
para discurrir a tanto;
que no sabe discurrir
en su dicha un desdichado.
Arrastróme la pasión;
mas ya, a vuestros pies postrado,
os hago dueño de todo.
Arrodíllase
Juan
¿Qué hacéis, señor? Levantaos.
Pedro
Y vos perdonad, señora,
el disgusto que os he dado.
Soy noble; estoy ofendido.
Beatriz
A haber, señor, alcanzado
quién sois, de otra suerte hubiera
pretendido reportaros.
Juan
¿Llamaste a don Diego?
Beatriz
Sí;
Inés fue ahora a llamarlo.
Juan
Venid conmigo, señor
don Pedro, para que vamos
a hacer una diligencia
importante en este caso.
Leonor con Beatriz segura
queda.
Beatriz
Y yo, señor, me encargo
de dar cuenta de ella.
Pedro
Basta
quedar con vos. (¡Cielo santo,
venga la muerte, si llego
a ver mi honor restaurado!)
A BEATRIZ
Juan
Aparte
(Yo no sé dónde le lleve.
Habla tú a don Diego en tanto,
porque en esa diligencia
está mi dicha.)
Vanse don JUAN y don PEDRO
Beatriz
Aparte
(Y mi daño.)
Leonor, abre; yo estoy sola.
Leonor
dentro
Con ese seguro salgo.
Carlos
dentro
Ni a Beatriz, Leonor, le digas
que aquí estoy.
Leonor
No haré.
Sale doña LEONOR
Beatriz
De extraño
lance tu vida escapó.
Leonor
En esta cuadra sagrado
hallé.
Beatriz
No fue poca dicha
dejarla abierta mi hermano,
que nunca suele dejar
de ella la llave.
Leonor
No en vano
diré mil veces que en ella
mi vida está –que está Carlos–.
Beatriz
Leonor, puesto que tu padre
nuestros sustos ha llegado
a aumentar, como si acá
no nos tuviésemos hartos,
lo que antes de ahora te dije
trataré con más cuidado.
Leonor
También lo que te dijeron
antes de ahora mis labios
dirán con más causa ahora.
Beatriz
Eso es tema.
Leonor
Esotro agravio.
Beatriz
Ahora bien; cierra esa puerta
y ven, Leonor, a mi cuarto.
Leonor
Ya yo te sigo.
Beatriz
Aparte
(¡Ay, don Diego,
con cuánto temor te aguardo!)
Sale don CARLOS de su escondite
Leonor
Carlos, pues me da ocasión
de hablarte este breve rato,
óyeme.
Carlos
Leonor, si en mí
aun es fineza el acaso,
puesto que siempre nos vemos,
tú ofendiendo y yo amparando,
¿qué me quieres? Dejamé
hasta que llegue otro acaso
de darte la vida yo
y de hacerme tú otro agravio.
Leonor
Eso no llegará nunca,
mas esotro ya ha llegado.
Carlos
¿Cómo?
Leonor
Sabe que Beatriz
me da la muerte, intentando
que me case con don Diego.
Si generoso y bizarro
a cada riesgo una vida
me has de dar, aquésta aguardo.
Háblala tú.
Carlos
¡Bueno es eso!
Siendo yo mismo el que trato
el casamiento, ¡pedirme
contra mi herida el reparo!
Leonor
¿Tú lo quieres?
Carlos
Yo lo quiero.
Leonor
¿Tú lo trazas?
Carlos
Yo lo trazo;
a cuyo efecto escondido
estoy, por no embarazarlo
ni encontrarme con don Diego
o con tu padre.
Leonor
No alcanzo
la razón.
Carlos
Yo sí.
Leonor
¿Qué es?
Carlos
Ser
mis respetos tan honrados,
tan nobles mis pensamientos
y mis celos tan hidalgos,
que ya, Leonor, que te pierdo,
quiero ver si tu honor gano.
Leonor
¿Cómo mi honor?
Carlos
Pretendiendo
que el escándalo que ha dado
–dejo aparte los sucesos
de Madrid, en que no hablo–
el entrar don Diego a verte
a casa que yo te traigo,
el salir por un balcón
una noche, otra encerrado
hallarle, Leonor, contigo,
cese con darte la mano;
fineza última que puede
hacer un enamorado,
por ver con honor su dama,
ver su dama en otros brazos.
Leonor
¡Mi bien, mi señor, mi dueño...!
Carlos
¡Mi mal, mi muerte, mi agravio...!
Leonor
Si la noche del balcón
le vi, me confunda un rayo;
y si la que habló conmigo
lo supe...
Carlos
Todo eso es falso.
Leonor
Si lo fuera, no dijera
lo que con Beatriz he hablado.
Carlos
¡Ah, traidora! Que sabías
que yo lo estaba escuchando.
Leonor
¿Yo? ¿De qué?
Carlos
De haberme visto
esconder. Bien lo ha mostrado
venir, cuando entró tu padre,
de mí a valerte.
Leonor
¡Fue acaso!
Mas quiero que no lo sea,
cuando tú me estás rogando
que con él case, ¿a qué efecto
te había de estar engañando?
Carlos
Pregunta eso a cuantas damas
engañan a dos, sabráslo.
Leonor
No como yo.
Carlos
Todas sois...
Beatriz
dentro
¡Leonor!
Leonor
Beatriz ha llamado.
Carlos
No digas que estoy aquí,
si es que por mí has de hacer algo.
Leonor
No haré. Al fin ¿no me creerás?
Carlos
No; porque dice un adagio:
Siempre es cierto lo peor.
Leonor
Yo le enmendaré, mudando:
No siempre lo peor es cierto.
¡Oh, lo que me cuestas, Carlos!
Vanse. Salen doña BEATRIZ y don DIEGO
Diego
Beatriz, enviarme a llamar,
y a estas horas no temer
que entre en tu casa, y poner
guarda a tu cuarto, y pasar
en el de tu hermano a hablarme,
muchas prevenciones son.
¿Es fineza o es traición?
¿Es darme vida o matarme?
Beatriz
No extrañéis, señor don Diego,
ver aquesta novedad,
ni que con tal brevedad
a veros y hablaros llego
a estas horas y en mi casa,
ni que este cuarto haya sido
el que para esto he elegido;
que avisándome que pasa
Violante esta tarde a verme,
no es bien que os vea; y así
intento hablaros aquí.
No, no tenéis que temerme,
porque ya sois tan seguro
para conmigo, que puedo
perder a mi amor el miedo
tanto, que sólo procuro
ser hoy del vuestro tercera,
ya que no es posible ser
más, habiendo otra mujer
que para marido os quiera.
Diego
Cuando, llamado de vos,
aquel papel recibí,
una duda concebí;
entrando aquí, fueron dos;
tres al escucharos son.
Dejad que al remedio acuda,
si he de añadir una duda,
Beatriz, a cada renglón.
Sale don CARLOS al paño
Carlos
Aparte
(Temor, no sé lo que arguya
de esto, y es fuerza escuchar
si vienen éstos a hablar
en mi pena o en la suya.)
Beatriz
Mucha gana de dudar,
señor don Diego, tenéis,
supuesto que no entendéis
tan fácil modo de hablar.
Y para que a vuestro amor
ningún escrúpulo quede
de que entenderme no puede,
declárome más. Leonor
por vos su casa ha dejado,
padre, honor, vida y reposo;
a don Juan tenéis quejoso;
don Carlos está agraviado;
yo estoy de vos ofendida,
o por mi casa o por mí;
de Leonor el padre aquí
está también. Vuestra vida
corre gran riesgo; y es llano
que otro remedio no espero
que dar venganza a su acero
o dar a Leonor la mano.
Vos la amáis, ella os adora;
todos andan por mataros,
y es el remedio casaros.
¿Habéislo entendido ahora?
Diego
Necio fuera en no entenderos
cuando tan claro me habláis;
y si licencia me dais,
trataré de responderos.
Beatriz
Decid, pues.
Carlos
Aparte
(¿Qué es esto, cielos?
¿Don Diego y Beatriz se amaban?
¿Unos celos no bastaban?
¿Para qué son otros celos?
Más quiero oír; que fingido
esto no será, supuesto
que Beatriz no hablara de esto
donde yo estaba escondido.)
Diego
Mucho quisiera, Beatriz,
poder en aqueste instante
de amante y de caballero
dividirme en dos mitades;
porque no sé a cuál acuda
de dos afectos que, iguales,
al intentar responderos,
me sitian y me combaten.
Si como amante pretendo
daros la respuesta, es fácil
presumir que hace mi amor
de las mentiras verdades.
Y así, como quien soy sólo,
solicito hablaros antes,
pues antes, Beatriz hermosa,
fui caballero que amante.
Pensad que no hablo con vos;
que no quiero en esta parte
de vuestros celos, Beatriz,
ni de mi amor acordarme.
De mí mismo, de mi honor,
de mi obligación, mi sangre
me acuerdo sólo; y así
presumid que otro me trae
ese recado, y que a otro
respondo.
Carlos
Aparte
(¡Empeño notable!)
Diego
Yo vi en Madrid a Leonor.
Su hermosura pudo darme
ocasión de que asistiese
de día y de noche en su calle.
Vi, miré, pasé, escribí,
pero con desdenes tales
me trató que ya no eran
desdenes sino desaires.
Hice tema del amor,
sintiendo que me tratase
sin aquella estimación
con que las mujeres saben
despedir lo que no quieren;
que hay algunas de tal arte
que aun de los mismos desprecios
agradecimientos hacen.
Este le faltó a Leonor,
de suerte que yo, al mirarme
tan desvalido, acudí
al medio siempre más fácil,
que son las crïadas. Una,
poniéndose de mi parte,
gracias a no sé qué alhaja,
me dijo: "De lo que nacen
los desprecios de Leonor
es de que tiene otro amante."
Celos tuve, y aquí vuelvo,
contra lo propuesto, a darte
licencia de que seas tú
la que me oye, por mostrarme
honrado a tus ojos; pues
no lo es el que al infame
consuelo se da de que
otro lo que él pierde alcance.
Añadió que de secreto
con él trataba casarse,
cuyo seguro les daba
lugar para que se hablasen
de noche en su casa. Yo,
por poder, Beatriz, vengarme,
quise verlo; siendo sólo
mi ánimo que ella llegase
a saber que yo sabía
su amor, porque no ostentase
conmigo la vanidad
de no merecerla nadie.
Escondióme la crïada
de su cuarto en una parte
oculta, donde ver pude
que ella de allí a poco sale
hacia otro aposento. Quise
seguirla, por si alcanzase
a oír alguna razón
que repetirla adelante.
No seas tú aquí, que no quiero
que venganza tan cobarde
sepas de mí, como hacer
de las mujeres ultraje.
Sintióme ella; volvió a ver
quién era, y al mismo instante
entró don Carlos, de cuyo
encuentro el suceso sabes,
y así no quiero decirle.
Al fin, pues, de mucho lances
vine a Valencia, y por Dios,
–¡si en esto miento, El me falte!–
que no supe que en Valencia
Leonor estaba. Bastante
satisfacción es, Beatriz,
saber tú que vine a hablarte
la noche que fue forzoso
por ese balcón echarme.
Capaz de todo el suceso,
celosa, Beatriz, me hablaste,
y yo, por satisfacerte,
a verte volví ayer tarde.
Entró don Juan a este tiempo;
que parece que le traen
siempre a ocasión mis desdichas.
Intentando retirarme,
di con Leonor, y aunque pudo
el verla, y verla en tal traje,
suspenderme, me cobré
tanto que, por disculparme,
culpé a Leonor. Sobrevino
a tan no pensado lance
don Carlos. Pues si tú misma,
Beatriz, que es esto así sabes,
¿cómo me pides, Beatriz,
que yo con Leonor me case?
¿Mujer que me aborreció,
mujer que dio a mis pesares
ocasión con sus rigores,
mujer que con otro amante
vino a Valencia, y mujer
que, aunque en tu casa la hallase,
fue buscándote a ti, es justo
que me la proponga nadie?
Si tú en esta audiencia mía
a mejor empleo aspiraste,
y los celos de Madrid
tomas ahora por achaque,
múdate muy en buen hora,
Beatriz, pero no me cases;
que no es mujer para mí
mujer que tú me la traes.
Carlos
Aparte
(Cielos ¿qué escucho? ¿Quién vio
tan evidente, tan grande
desengaño? ¡Ay, Leonor mía!
Verdades son tus verdades.)
Beatriz
Y ¿qué es lo que hacer intentas
con enemigos tan grandes?
Diego
¿Qué enemigos?
Beatriz
Yo, Leonor,
Carlos, don Juan y su padre.
Diego
De todos ésos, Beatriz,
sino a ti, no temo a nadie.
Beatriz
¿Por qué a mí?
Diego
Porque me advierte
muchas cosas ver que hables
tú en esto.
Salen INÉS y GINÉS, cada uno por su puerta
Ginés
¡Señor!
Inés
¡Señora!
Beatriz
¿Qué es lo que tienes?
Diego
¿Qué traes?
Inés
Mi señor viene; que yo
le he visto ahora en la calle.
Ginés
Y es lo peor que con él
viene de Leonor el padre.
Diego
¡Que destinado nací
a desdichas semejantes!
Beatriz
Por mi hermano no importara
que aquí te viese y te hablase;
por don Pedro sí.
Ginés
Ellos son
de los dos más puntüales
padre y hermano que he visto.
No hay cosa en que no se hallen.
Diego
A esta cuadra me retiro,
mientras a su cuarto pase.
Ginés
¿Esto ha de ser cada día?
Carlos
Aquí no puede entrar nadie.
Diego
¡Un hombre está dentro, cielos!
Beatriz
¿Hombre? ¿Quién?
Ginés
Abindarráez
que por no quedarse hoy
sin posada, llegó antes.
Diego
No te hagas ahora de nuevas,
que el traerme aquí a rogarme
que me case con Leonor
bien muestra que quieres darle
satisfacción a quien es
de que tú mis bodas haces;
y ¡vive el cielo...!
Beatriz
Don Diego...
Sale doña LEONOR
Leonor
Señora, ¿quién hay que cause
estas voces? Mas ¿qué miro?
Beatriz
No sé quién es.
Diego
Pues yo darte
el gusto de que lo sepas
quiero; porque, aunque me maten
todos cuantos contra mí
hoy solicitan vengarse,
he de ver quién es un hombre
tan reportado o cobarde
que a los ojos de su dama,
llamándole otro, no sale.
Sale don CARLOS
Carlos
Eso no; que yo de atento
puedo desvïar un lance,
de cobarde no.
Leonor
Desdichas,
¿hasta cuándo habéis de darme
siempre que sentir?
Salen don JUAN y don PEDRO
Juan
¿Qué es esto?
Pedro
¡Qué confusión tan notable!
Un enemigo buscaba,
y dos tengo ya delante.
Traidor Carlos, vil don Diego,
si no puedo en dos mitades
dividirme, para daros
dos muertes a un tiempo iguales,
poneos de un bando los dos,
para que de un golpe os mate.
Juan
Teneos todos; que [sí] puede
de la razón el examen
mediarlo sin el acero,
componerlo sin la sangre.
¿Haos dicho Beatriz, don Diego,
el más conveniente y fácil
medio?
Diego
El más dificultoso
me ha dicho; que es que me case
con Leonor, y no he de hacerlo.
Pedro
Ya, don Juan, no hay más que aguarde.
Pues no basta la razón,
baste el acero.
Carlos
Dejadle.
Pónese don CARLOS al lado de don DIEGO
Juan
¿Tú le defiendes, diciendo
que no? Siendo así, ¿cómo haces
tú la fineza?
Carlos
Don Juan,
si dijera que sí, darle
yo muerte vieras.
Juan
¿Por qué?
Carlos
Porque de uno en otro instante
mejora tanto mi amor
que es fuerza que yo me case
con Leonor.
Juan
¿Y sus agravios?
Carlos
Yo no satisfago a nadie.
Bástame a mí estarlo yo.
Llega, Leonor, a tu padre.
Leonor
Señor...
Pedro
No me digas nada;
que como mi honor restaure,
en albricias de esta dicha
perdono tantos pesares.
Juan
Pues ¿no me diréis, don Carlos,
qué novedad visteis?
Carlos
¿Daisme
licencia de que lo diga?
Juan
Sí.
Carlos
Pues dejad que me pase
a vuestro lado.
Pónese CARLOS junto a don JUAN
¡Don Diego!
Beatriz
Aparte
(El dice lo que oyó.)
Carlos
Dadle
la mano a Beatriz.
Diego
Y el alma.
Juan
Pues ¿cómo?
Carlos
Esto es importante,
don Juan; con que ya sabréis
de qué mi mudanza nace;
pues si, donde está Leonor
y Beatriz, él entra y sale,
y yo caso con Leonor,
fuerza es que él con Beatriz case.
Juan
Dichoso yo que, aunque tuve
recelos, no supe antes
el agravio que el remedio.
Ginés
¿Están hechas ya las paces?
Pues, Inés, boda me fecit,
para que con esto nadie
desconfíe de su dama;
que, aunque la experiencia engañe,
no siempre lo peor es cierto.
Perdonad sus yerros grandes.
Fin de la comedia
- Lizenz
-
CC0 1.0 Licence
Link zur Lizenz
- Zitationsvorschlag für diese Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. No siempre lo peor es cierto. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbmf.0