Personajes
- CONSTANTINO
- SILVESTRE, viejo
- LA GENTILIDAD
- MAJENCIO
- LA FE
- SAN PEDRO
- ZABULÓN
- SAN PABLO
- ASTREA, villana
- UN ÁNGEL
- TRES MUJERES
- SANTA ELENA
- LA NOTICIA
- UN NIÑO
- SOLDADOS
- MÚSICA
Dentro cajas y trompetas, y sale Silvestre, viejo venerable, vestido de pieles, huyendo como asombrado Dentro
UNOS
¡Arma, arma!
OTROS
¡Guerra, guerra!
UNOS
¡Viva el grande Constantino!
OTROS
¡El grande Majencio viva!
SILVESTRE
¡Ay de aquel cuyo peligro
consta igualmente de ser
o vencedor o vencido
cualquiera de los dos, puesto
que gentiles en sus ritos
de los dos, ¡cielos!, cualquiera
es mi mayor enemigo!
Y así, en tanto que la lid
los ocupa, solicito
ampararme de los montes.
¡Dame, oh tú que en los faliscos
de Roma yaces, oh sacro
Sorato, rústico abrigo
en tus más ocultos senos!
Sale la Gentilidad con espada, corona de laurel y bastón
GENTILIDAD
¿Dónde corres fugitivo,
mísero caduco anciano,
si ves que el marcial conflito
de tantas armadas huestes
como numerosas rijo
contra ti solo las muevo
y contra ti las alisto?
Pues reducir hoy al trance
de una batalla el dominio
de Europa y Asia, empeñados
del griego imperio y latino
en Constantino y Majencio
los dos laureles invictos,
solo es a fin de que acabe
de una vez tanto continuo
tesón de iras porque quede
el que quedare al adbitrio
de la fortuna triunfante
libre del duro ejercicio
para volver contra ti
las armas, como caudillo
que eres de ese infame bando
del crucificado Cristo.
Y porque mejor lo veas,
oye esas voces.
Dentro
CONSTANTINO
Divino
Júpiter, a tus altares
si a tanta invasión resisto,
en cristianos holocaustos
verás cuántas vidas rindo.
Dentro
MAJENCIO
Yo, Marte, ofrezco a tus aras
si el romano margen piso,
hacer de cristianas vidas
víctimas y sacrificios.
UNOS
¡El grande Majencio viva!
OTROS
¡Viva el grande Constantino!
SILVESTRE
Ya lo veo y ya lo lloro,
pero no me desanimo,
bárbara Gentilidad,
de que invoquen tus mentidos
dioses sus errados votos,
cuando sobre el Tíber miro
—abortando gente esa
vaga ciudad de navíos—
salir Constantino al paso
dejando solos los niños
y las mujeres en Roma.
Pues aunque yo sea el indigno
sucesor de Pedro, hoy
por la elección que en mí hizo
Melquíades, de la grande
Mantua Carpentana hijo
—a quien Madrid llamarán
quizá los futuros siglos—,
y aunque pueda, no sin causa,
temer que pecados míos
ocasionaran los cielos
a sus piadosos castigos,
no por eso ni por verme
de brutas pieles vestido,
sin más pontifical pompa,
más templo, más domicilio
que las quiebras de estos montes,
como dije, desconfío
que me falten suficientes
y aun eficaces auxilios
para resistir constante
los más embotados filos
de desnudez, hambre y sed,
cárcel, incendio y cuchillo.
Pues cuando vuelva la Iglesia
en aqueste primitivo
lustro de su tierna infancia
a proseguir los martirios
que dejaron empezados
en las Tebaidas de Egipto
Maximiano y Diocleciano,
vinculando en Constantino
o en Majencio sus rencores,
no podrán —por más que, impíos,
viertan de púrpura arroyos
que a poco espacio sean ríos,
y a no poco espacio mares—
sumergir en sus abismos
la barca de Pedro, pues
a pesar del siempre frío
aquilón que de poniente
brama a soplos, gime a silbos
trayéndonos todo el mar
—así Jeremías lo dijo—,
la podrá poner en salvo
el siempre aliento benigno
del Austria, que es la región
de donde el Señor nos vino,
según Habacuc, conque
nadando su buque en rubios
piélagos de humana sangre,
de ráfagas impelido,
podrá verse zozobrado
mas no verse sumergido,
por más que contrarios vientos
formen el eco en que he oído…:
Cajas
UNOS
¡El grande Majencio viva!
OTROS
¡Viva el grande Constantino!
GENTILIDAD
¿Por qué, si en esa esperanza
estás, sin valor, sin brío
vienes huyendo a los montes
a ser esqueleto vivo
de sus bóvedas?
SILVESTRE
Porqué
no es mi vida la que libro,
que bien sabe Dios que en cada
paso se la sacrifico,
sino la de tantos como
hoy con mi asistencia animo
a padecer desterrados,
pobres, tristes y afligidos,
en honra de mi Dios.
GENTILIDAD
Pues
si eres tú solo su asilo,
hoy les faltará, muriendo
a mi mano.
Empuña la espada la Gentilidad; Silvestre huye, poniéndose en un risco, da vuelta, y vese la Fe con una cruz en la mano y venda en los ojos
SILVESTRE
Otra vez digo
que no huyo a salvar la vida.
GENTILIDAD
¿Pues a qué?
SILVESTRE
A salvar conmigo
las reliquias de la fe
que huyendo a estos montes vino,
de tus cortes arrojada.
GENTILIDAD
Mal podrás si yo te sigo.
FE
Bien podrá si yo le amparo.
GENTILIDAD
¿Quién eres, bello prodigio
que en vez de cuchilla esgrimes
verde tronco en sangre tinto?
¿Quién eres que con vendada
vista discurres a tino
las enmarañadas sendas
de este humano laberinto,
de oídos y ojos trocando
los naturales oficios,
pues lo que no ven los ojos
quieres ver con los oídos?
¿Quién eres, digo? ¿Quién eres,
ciega luz de mis sentidos,
que no te conozco aunque
pienso que otra vez te he visto?
FE
Sí has visto, y aun otras dos:
una a los lucientes visos
de una estrella que guió
tres magos al pobre hospicio
de un portal, y otra a las claras
luces de aquel Sol que dijo
a Pedro que mate y coma
los inmundos, los nocivos
animales, que fue cuando,
con el misterioso aviso,
pasó la predicación
del pueblo de los judíos
al bando de los gentiles.
Mas como, aunque yo me miro
hoy con la venda, eres tú
la que estás ciega, no admiro
que beneficios tan grandes
dé tu memoria al olvido,
que es el achaque de que
muere cualquier beneficio.
GENTILIDAD
Aún no me has dicho quién eres,
pues aún no te he conocido.
FE
Sí he dicho, pues ser la Fe
venda y insignia te han dicho.
GENTILIDAD
Menos te conozco ahora,
mas ya que lo seas, ¿qué indicio
de inútil piedad obstentas
con salirme hoy al camino
en defensa de ese anciano?
Pues mal, cuando yo le sigo,
solicitas tú ampararle.
FE
No, fiera, lo solicito
porque el triunfo de su fe
no conste de tu homicidio,
sino por dar tiempo al tiempo
en que quizá el sucesivo
curso de uno y otro día
mejore el rigor esquivo
y salga con él triunfante
de estos montes que hoy habito
ciudadana de sus breñas,
cortesana de sus riscos,
a coronar de mis sienes
los ahora ajados rizos
de rosas que en Jericó
dejó el cándido rocío
de la más intacta aurora
en sus vírgenes capillos,
aljofaradas a perlas
y matizadas a lirios;
en cuya salida espero
que quede al futuro siglo
mudado el nombre al Sorato,
este bárbaro obelisco,
en el de “Silvestre Alcázar”
por Silvestre, a quien abrigo
en sus senos como padre
de mis desterrados hijos.
GENTILIDAD
Porque de esa escasa luz
aun no te alumbre un resquicio,
escucha, ya que no ves,
tú también los repetidos
ecos de ese horrible estruendo.
Cajas Dentro
CONSTANTINO
¡Júpiter, tu favor pido!
Dentro
MAJENCIO
¡Marte, tu favor invoco!
UNOS
¡Viva el grande Constantino!
OTROS
¡El grande Majencio viva!
FE
Ya lo escucho, y ya imagino
que me lo acuerdas a causa
de pensar que agradecido
el que quede vencedor
cumpla los votos que hizo
a tus falsos dioses, siendo
en profanos edificios
cristianas vidas cruentas
víctimas y sacrificios.
Mas si Constantino vence
podrá ser que más benigno
revoque el voto.
GENTILIDAD
¿De qué
lo indicias?
FE
Feliz lo indicio
de que ya Elena, su madre,
en Bretaña ha recibido
aquella indeleble marca
del carácter del baptismo,
y en fiel peregrinación
parte al soberano Olimpo
de la gran Jerusalén
en busca del sacro ligno
que fue antídoto al veneno
del árbol del Paraíso,
con cuyo ejemplar no dudo
que a sus instancias movido,
Constantino...
GENTILIDAD
Calla, calla
que al escucharlo, al oírlo,
tiembla el pecho, duda el labio,
fallece el aliento, el brío
se estremece, el corazón
flaquea, delira el juicio,
y en las fieras confusiones
con que voy a hablar y gimo,
una mordaza en la lengua,
en la garganta un cuchillo,
en las entrañas un áspid
y en la vista un basilisco,
Etna soy, rayos arrojo;
volcán soy, llamas respiro.
¿Elena (muero al pensarlo),
cristiana (rabio al decirlo),
en busca (¡qué sentimiento!)
del madero (¡qué delirio!)
que sepultado (¡qué pasmo!)
yace oculto (¡qué conflito!)
peregrina va (¡qué asombro!)
a Jerusalén (¡qué abismo!)?
Las cajas
¿Pero qué me desaliento?
¿Qué me ahogo, qué me aflijo
al ver en mi religión
sospechoso a Constantino,
cuando veo que su campo,
deshecho, roto y herido,
porque ya del mar la gente
toma tierra en sus distritos,
se pone en fuga, diciendo
los estruendos más distintos…:?
Las cajas
UNOS
¡El grande Majencio viva!
OTROS
¡Viva, y muera Constantino!
FE
Aunque de la lid le veo
salir dejando perdido
el trance de la batalla,
no por aqueso desisto
de mi esperanza.
GENTILIDAD
¿En qué puedes
fundarla?
FE
En ver a dos visos
hacerse de lo historial
alegórico sentido.
GENTILIDAD
¿De qué suerte?
FE
Oye, y oíd
cuantos a mi voz convido,
que a todos toca entenderlo
y a mí no más que decirlo.
En Constantino, que César
es de Roma, significo
al hombre en común, pues tiene
del orbe el mayor dominio.
Que será hijo de la Iglesia
fundo en ser de Elena hijo,
pues la Iglesia es la que va
buscando la cruz de Cristo.
Majencio, en síncopa “Mago”,
su más opuesto enemigo,
es aquel monstruo que usando
de sus mágicos hechizos
el nombre acredita, pues
siempre es fantástico el vicio.
Esa real lid en que ahora
se significa vencido
es aquella primer lid
del pecado en que cautivo
quedó; y pasando a actual
el original delito,
naciendo en él, creció en ti,
con que en claro silogismo
vienes tú a significar
su culpa. Escapar herido
hacia esta parte es venir
buscando quizá mi abrigo,
siendo como soy la Fe;
porque en la frase que sigo
yo sola no mudo nombre,
pues siempre soy la que he sido
y he sido la que he de ser;
conque juntos los sentidos
de historia y alegoría,
siendo el hombre Constantino,
esa lid, su lid primera,
esa ruina, su castigo,
es Majencio su demonio,
tú, su culpa y yo, su alivio.
GENTILIDAD
Porque veas que no temo
los misterios escondidos
de tu voz, a las dos luces
el argumento prosigo
animando contra ti
las escuadras. ¡Ea, altivos
espíritus —que hacer quiero
la metáfora— malignos!
¡Muera Constantino!
TODOS
¡Muera!
Yéndose las dos a sus carros
FE
Ve a buscar sus precipicios,
que yo iré a buscar sus dichas.
GENTILIDAD
Destruirale el poder mío.
FE
Ampararale mi celo.
GENTILIDAD
Desposeeranle mis bríos.
FE
Poseeranle mis piedades.
GENTILIDAD
Contagio son mis suspiros.
FE
Antídoto mis alientos.
GENTILIDAD
Ni los recelo ni estimo.
FE
Ni los dudo ni los temo.
GENTILIDAD
Pues ¡a prevenirle auxilios!,...
FE
Pues ¡a disponerle ruinas!,...
GENTILIDAD
que en su ofensa,...
FE
que en su abrigo,...
GENTILIDAD
en su oprobio,...
FE
en su reparo,...
GENTILIDAD
su persecución...
FE
su asilo...
GENTILIDAD
has de mirarme,…
FE
has de verme,…
GENTILIDAD
cuando escucho...
FE
cuando miro...
GENTILIDAD
decir el eco en estruendos..:
FE
repetir el aire a gritos…:
ELLA
fuera y todos dentro
¡El grande Majencio viva!
¡Viva, y muera Constantino!
Vanse las dos y sale Constantino en lo alto, en un caballo; baja al tablado cayendo, y el caballo se vuelve a subir
CONSTANTINO
¡Muera Constantino, pues
desigual el hado quiso
que siempre el ajeno triunfo
conste de propio peligro!
Menos piedad a los dioses
debo, oh alado hipogrifo,
que a ti, pues —cuando de tantas
flechas como a su albedrío
traen encomendado al dueño
ninguna encuentra conmigo—
tú despeñado me arrojas
desde la cumbre al abismo,
porque no deba a su genio
más piedades que a tu instinto.
Mas ¡ay! que aunque me despeñes
tampoco tu precipicio
conmigo acaba, mostrando
que caída no ha tenido
de que morir, quien no muere
cuando cae desde sí mismo.
Roto y deshecho mi campo
de la fuga se ha valido
sin que me quede esperanza
de que a mi voz reducido
vuelva a empeñarle de nuevo,
por la distancia que ha habido
donde él se ampara y yo caigo,
en cuyo intrincado sitio
a pie, fatigado y solo,
sin luz, sin senda y sin tino,
imagen soy del primero
padre, pues desposeído
del imperio de mi patria,
ni sé qué vereda sigo
ni qué nueva región es
la que sin mi propio adbitrio
me da a la elección del hado
la discreción del destino.
Y más si atiendo que cuando
abrojos y espinas piso,
sólo lo que lloro bebo,
sólo aliento lo que gimo,
que es alimento de un triste
el manjar de los suspiros.
¿De quién ¡ay de mí! podré
informarme? No diviso
huella que de bruta planta
no sea, no veo camino
que enmarañado no esté
de armadas zarzas y espinos,
voz no se escucha en el viento
que ya que no sea bramido
de inculta fiera, no sea
de funesta ave caistro.
Aun las hojas, los cristales,
ya en las copas, ya en los riscos,
alternando consonancias
de cláusulas y gemidos
hacen que todo sea pasmo,
todo horror, todo prodigio,
todo susto, todo pena,
todo asombro, nada alivio.
¿Quién a Constantino, cielos,
en tan desierto retiro
ayudarle podrá? ¿Quién
ampararle?
Dentro
MÚSICA
Constantino.
CONSTANTINO
¡“Constantino” dijo el viento!
Voz, si no es que yo te finjo
—porque suele ser la idea
idioma del afligido—,
si Constantino es quien pide
el favor, ¿cómo le has dicho
que Constantino podrá
valerse a sí? Y pues repito
yo la pregunta, repite
tú la respuesta. ¿Quién —digo—
a Constantino —otra vez—
valer podrá?
Dentro
MÚSICA
Constantino,
porque nadie vale más
al hombre que el hombre mismo.
CONSTANTINO
Oráculo de los montes
que con armonioso aviso
empezando por proverbio
acabas por vaticinio,
ya que me das la respuesta
no me niegues el indicio.
¿Yo a mí he de valerme?
MÚSICA
Sí.
CONSTANTINO
¿Con qué favor?
MÚSICA
El divino.
CONSTANTINO
¿No está en Júpiter, a quien
en la batalla he ofrecido
víctimas y altares?
MÚSICA
No.
CONSTANTINO
¿Pues dónde está?
Un Ángel en un iris con una cruz en la mano, y no hace más que salir y pararse en el aire
ÁNGEL
En este signo.
CONSTANTINO
¿Qué hermoso raudal de rayos
es aquel que en el vacío
del vago imperio del aire
sangra a luces el impíreo,
ardiente rasgo de nácar
que verde, rojo y pajizo
en mi deshecha fortuna
ser iris de la paz quiso,
desabrochando del seno
purpúreas hojas de vidrio
iluminadas a líneas,
tornasoladas a visos?
En segundo día, segundo
Sol añade al cristalino
campo azul, que en escarceos
de nunca vagados giros
a fuerza de rayos ciega.
Si fue de la luz oficio
siempre alumbrar, ¿con la luz
quién ha visto no haber visto?
Bien que a despecho de tanto
resplandor como resisto,
formada cruz veo de fuego
que en el diáfano zafiro,
cielo agregado de estrellas,
hermoso tropel de signos,
por nuevo astro, nueva imagen,
colocan. ¿Por dónde vino,
cómo o cuándo, a ser hoy trono
el que ayer era suplicio?
Si Elena mi madre, cielos,
como algunos han escrito,
a buscar va la cruz, ¿cómo
viene por nuevos caminos
la cruz a buscarme a mí?
Y pues yo no lo averiguo,
¿qué quieres decirme, oh raro
carácter? Que no he entendido
de tu sacra astrología
el soberano disignio.
Va pasando el iris despacio por el aire y canta el ángel Canta
ÁNGEL
Que pues nadie vale más
al hombre que el hombre mismo,
y solo puede amparar
Constantino a Constantino,
debajo de esta bandera
te alistes, con cuyo auxilio,
poniendo en orden tu gente
volverás a verte invicto.
Porque si tú a ti te vales
usando de tu albedrío…
MÚSICA Y ÉL
… en la señal de la cruz
vencerás tus enemigos.
CONSTANTINO
Breve exhalación, aguarda
y antes que desvanecido
tanto esplendor en pavesas
deje a escuras mis sentidos,
dime o inspírame: ¿cómo
de un inanimado ligno
tengo de ampararme?
ÁNGEL
Haciendo
que digan todos contigo
al entrar en la batalla…:
CONSTANTINO
Absorto estoy al oírlo.
Canta
ÁNGEL
“Por la señal de la cruz
que en líneas de fuego he visto,
líbranos, Señor, de nuestros enemigos”.
CONSTANTINO
Yo, yo lo haré; y reduciendo
los tercios que fugitivos
son en derrotadas tropas
perdonados desperdicios
del furor, volveré haciendo
que oiga todo este distrito
decir allí al vencedor,
repetir aquí al vencido
de tu música al compás
y de sus cajas al ruido…:
Cajas y música que canta el mote del Ángel y cúbrese la apariencia y sale Majencio vestido de romano
DENTRO
¡El grande Majencio viva!
TODOS
¡Viva, y muera Constantino!
CONSTANTINO Y MÚSICA
Por la señal de la cruz
que en líneas de fuego vimos,
líbranos, Señor, de nuestros enemigos.
Vase
DENTRO
¡El grande Majencio viva!
TODOS
¡Viva, y muera Constantino!
MAJENCIO
¡Ea, soldados, seguid
el alcance, que festivo
no tanto el aplauso vuestro
me engrandece porque dijo
que viva Majencio, cuanto
porque muera Constantino!
Que si allá la fantasía
de no sé qué discursivo
concepto quiere que sea
su más opuesto enemigo
no sólo en lo historial, pero
en lo no historial, su juicio
quiero complacer; y así
sañudos, fieros y impíos,
su alcance seguid sin que
le perdonéis compasivos
vida ninguna de cuantas
en su milicia han nacido.
Paguen todos de su dueño
la culpa de haber salido
de la corte en que se vio
a hacer batalla conmigo
a la campaña del mundo.
Conozcan todos que vino
de los campos del oriente,
también su patria, un caudillo
que en los de occidente supo
sujetarlos y rendirlos
no sólo vasallos pero
tan esclavos, tan cautivos
que sea el hierro de sus frentes
el padrón de mis registros.
SOLDADO
Ya en su seguimiento todos
se empeñan tan vengativos
que una vida no perdonan.
MAJENCIO
¡Cuánto me huelgo de oírlo!
Veamos si la astrología
de algún abrasado signo
mal entendido de mí
—con ser yo quien ha entendido
esos astros, de manera
que obedientes a mi adbitrio
tal vez los truje a mi mano
de sus claros epiciclos
arrancando los errantes
ya que no pude los fijos,
por quien de Mago, que quiere
decir ‘sabio’, el apellido
corrompió el nombre en Majencio—
cumple el influjo en que dijo
que sería Roma silla,
dosel, curia, imperio y sitio
de la corte de la fe,
pues una vez conseguido
este triunfo y una vez
entrando yo en ella invicto
claro es que no lo ha de ser.
Dentro Astrea, villana, y Zabulón
ASTREA
Sí ha de ser.
ZABULÓN
No ha de ser, digo.
MAJENCIO
¿Qué oigo? Mas sin duda acaso
sería, y así prosigo,
porque ¿quién podrá quitarme,
derrotado Constantino,
que Roma mi corte sea
y él mi vasallo?
ASTREA
El baptismo
ha de recibir.
ZABULÓN
Primero
le daré muerte.
MAJENCIO
Preciso
es ya hacer caso el acaso.
Mirad qué voces, qué ruido,
es ese.
SOLDADO
Allí una villana
que en los brazos trae un niño
huyendo viene de un hombre.
Sale Astrea con un niño en los brazos y Zabulón tras ella
ASTREA
Que ha de ser cristiano, afirmo,
hoy, aunque os pese.
ZABULÓN
Aunque os plazga
no ha de ser sino jodío,
que es quitarle su remedio
pues es quitarle el ser rico.
ASTREA
¿Habéisle parido vos?
ZABULÓN
Yo no sé si le he parido,
pero él no ha de ser cristiano.
ASTREA
Sí ha de ser.
SOLDADO
¡Teneos, digo!
MAJENCIO
¿Qué es esto?
ASTREA
Yo lo diré.
ZABULÓN
Eso no, yo he de decirlo.
ASTREA
Mujer de este simpre so.
ZABULÓN
De esta simpre so marido.
ASTREA
Dionos este hijo el cielo.
ZABULÓN
La tierra nos dio este hijo,
que aunque fuera paz de otros
es de nosotros litigio.
ASTREA
Porque yo, que so cristiana,
que lo sea solicito.
ZABULÓN
Porque yo, que soy hebreo
quiero que sea hebreíco.
ASTREA
Y aunque ha tanto que nació…
ZABULÓN
por temor de los edictos…
ASTREA
no le di hasta ahora la fe…
ZABULÓN
creyendo que Constantino,…
ASTREA
que es el más piadoso César…
ZABULÓN
de cuantos hasta hoy ha habido,…
ASTREA
alce la pena de muerte;…
ZABULÓN
pero viéndole vencido…
ASTREA
de ese diabro de Majencio,…
ZABULÓN
de ese Majencio maldito,…
ASTREA
que vino a turbar su tierra…
ZABULÓN
sin saber de dónde vino,…
ASTREA
y que el furor de su gente…
ZABULÓN
ni aun un albergue pajizo…
ASTREA
de las faldas del Sorato…
ZABULÓN
le dejó por escondido…
ASTREA
o le perdonó por pobre,…
ZABULÓN
antes que llegue el cochillo…
ASTREA
quiero que cristiano sea.
ZABULÓN
Y así echa por esos trigos…
ASTREA
buscando a Silvestre.
MAJENCIO
Calla,
villana.
ZABULÓN
Cuánto le estimo
que me la riña.
MAJENCIO
También
calla tú.
ZABULÓN
¿Es usted testigo
de alquiler, que han de pagarlo
el cristiano y el jodío?
MAJENCIO
Soy quien de vuestra cuestión
las voces han ofendido
con necios presagios.
ASTREA
¿Pues
yo que he hecho?
ZABULÓN
¿Yo que he dicho?
MAJENCIO
No sé, no sé, pero entrambos
pagaréis el vaticinio.
LOS DOS
¿Qué es batorrillo?
MAJENCIO
(Mas no
es bien mostrarme ofendido
por no ahuyentar los demás
hasta que al ver conseguido
el triunfo, acabe de un golpe
con todo este forajido
bando de la fe). ¡Quitaos
de mi presencia, idos, idos,…
ASTREA
Válamos Dios, ya nos vamos.
ZABULÓN
Válamos Dios, ya nos imos.
MAJENCIO
primero que mi furor
segunda vez vuelva a oíros!
Cajas Dentro
UNOS
¡Arma, arma!
OTROS
¡Guerra, guerra!
ZABULÓN
¡San Moisén!
ASTREA
¡San Jesocristo!
MAJENCIO
¿Qué nuevo alboroto es este?
ASTREA
Zabulón podrá decirlo.
ZABULÓN
Más mijor lo dirá Astrea.
Cajas
DENTRO
¡Viva el grande Constantino!
CONSTANTINO
No digáis que viva yo,
sino id diciendo conmigo:
Por la señal de la Cruz
que en líneas de fuego vimos…
MÚSICA
Por la señal de la Cruz
que en líneas de fuego vimos…
Dentro
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
¡Viva el grande Constantino!
Cajas
MÚSICA Y CONSTANTINO
líbranos, Señor, de nuestros enemigos.
MAJENCIO
¿Qué será una novedad
tan grande como que a un mismo
tiempo entre trompas y cajas
dulces músicas oímos?
Ved qué es eso.
Sale la
GENTILIDAD
Generoso
Majencio.
LOS VILLANOS
¿“Majencio” dijo?
ASTREA
Ay, que yo le llamé “diabro”.
ZABULÓN
“Maldito”, yo.
GENTILIDAD
Constantino,
habiendo sus desmandadas
tropas juntado, ha querido
volver al sangriento trance
de la lid, en fe movido
de una señal que en el cielo
dice esa canción que ha visto.
Salle al paso, antes que al verte
en su opósito remiso
cobre crédito una vaga
impresión, que quizá ha sido
encendida exhalación,
y ellos juzgan que es auxilio.
A cuyo efecto, bien como
allá con el arca vimos
clamar el pueblo, han mezclado
con el horror el cariño,
con el asombro el concento
y con el estruendo el himno.
MAJENCIO
Heroica Gentilidad,
si en mi favor el aviso
traes ofendida de que
sospechoso tu divino
culto en Constantino está
por Elena y por él mismo,
yo te haré vengada de ambos.
¡Al arma, soldados míos!
Dentro
¡Allí está Majencio, muera!
TODOS
¡Muera, y viva Constantino!
CONSTANTINO
Para que él muera y yo viva
vuelva la voz al principio.
MÚSICA
Por la señal de la Cruz
que en líneas de fuego vimos,
líbranos, Señor, de nuestros enemigos.
TODOS
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
¡Viva el grande Constantino!
ASTREA
En tanto que la batalla
los empeña, huir solicito.
Vase
NIÑO
Vamos, madre, no me maten
antes que tenga el baptismo.
Vase
ZABULÓN
Porque no me den con algo
a esta parte me retiro,
que basta ser jodío bobo
sin ser infeliz jodío.
Escóndese
GENTILIDAD
Yo entre los dos tengo, ¡ay cielos!,
pendiente el alma de un hilo.
Sale
CONSTANTINO
Ahora verás mi valor,
pues cuerpo a cuerpo te embisto.
MAJENCIO
Y tú el mío verás.
Riñen los dos y cantan
Pero
¿qué resplandor traes contigo
que me deslumbra?
SOLDADO
¿Qué es esto?
¿Tú tiemblas?
MAJENCIO
¿Qué mucho el frío
me dé, si ser el rugiente
león que sale a los caminos
buscando a quien devorar,
Pedro en su epístola dijo?
Mas ¡ay infeliz! que no
la causa de mi rugido
es la cición de la fiebre,
sino aquel astro que miro
que impreso en el aire forma
la viva imagen de Cristo.
¡Soldados, a retirar!
Vea el mundo a pesar mío
que el triunfo de vencedor
paso a infamias de vencido,
siempre que oigo armado al hombre
decir…:
CONSTANTINO
Repetid, amigos:
ÉL, TODOS Y MÚSICA
Por la señal de la cruz
que en líneas de fuego vimos,
líbranos, Señor, de nuestros enemigos.
Retíranse los de Majencio y los de Constantino tras ellos
GENTILIDAD
¿Qué mucho, ay de mí, que al mar
vuelva huyendo, si el vestiglo
es del mar, que vio de él Juan
salir gimiendo a bramidos
con faz de león? ¿Mas quién,
siendo él el león, ha visto
que padezca él la cuartana
y a mí me dé el parasismo?
Pero por más que en Constantino esté
tan declarada contra mí la fe,
centelleando vislumbres de su luz
ese vago carácter de la cruz
que en el aire se vio
no ha de valerla, que mañosa yo
sabré prevaricar
su auxilio, no dejándole juzgar
que se le debe a él
el restaurado honor de su laurel,
sino al voto ¡ay de mí!
que hacer primero a Júpiter le oí,
aplaudiendo su acción
la vanidad de mi superstición.
¡Hermosura gentil,
que en la estación de tu florido abril
pendiente en Roma hasta saber estás
si quedas libre o si cautiva vas!
Dentro
MUJERES
Qué pretendes nos di.
GENTILIDAD
Que albricias den
vuestras dichas, haciendo en parabién
de aquella amenazada esclavitud,
que el psalterio, la cítara y laúd
saluden con su métrica veloz
a Constantino en una y otra voz;
cante la gala a Júpiter por quien
vuestros hijos se ven
libres ya de aquel bárbaro adalid.
A recibirle, pues, todas venid,
y con tonos y bailes le llevad
al templo, donde deis a su deidad
las gracias, matizando su laurel
a tan glorioso fin,
con nieve la azucena y el jazmín,
con púrpura la rosa y el clavel.
Salen todas las mujeres con flores y instrumentos; una trae en una fuente una tiara, otra, un cetro de tres cru-ces, y otra, un manto carmesí
MUJER 1.ª
De nuestro afecto fiel
los extremos conozca, ya que allí
triunfante viene; y yo, pues siempre vi
que Roma consagró
una corona al que campal venció,
otra al de sitiador y otra después
al que a su patria libra, de las tres
una tiara imperial
labrada traigo.
MUJER 2.ª
Un cetro yo a ella igual,
hecho de tres también.
MUJER 3.ª
Yo la púrpura sacra.
GENTILIDAD
El parabién
empiece pues; y pues la culpa soy
en la clara metáfora que hoy
ve del mundo el teatro, yo le haré
borrar la culpa el mérito a la fe.
La caja y sale Constantino con los que pueda marchando
ZABULÓN
Ya que de uno a otro instante veo el pesar
vuelto en placer, al baile he de ayudar,
que no hay mujer ni hijo donde hay son.
TODOS
Vaya de fiesta, música y canción.
Cantan y bailan delante de él arrojando flores. Canta
1.ª
En hora dichosa venga
nuestro César vencedor
a dar las gracias al templo
de Júpiter nuestro dios.
TODOS
Venga en hora dichosa,
ciñendo su honor,
porque todo sea rayos,
de rayos del Sol.
Cruzado
CONSTANTINO
¡Qué bien suenan a mi oído
los aplausos, cuando atento
a mis victorias su acento
clarín de mi fama ha sido!
Aunque no sé si he debido
a Júpiter el favor.
TODOS
Venga en hora dichosa
ciñendo su honor,
porque todo sea rayos,
de rayos del Sol.
Corros
GENTILIDAD
Ya que a aquel templo eminente
de Júpiter soberano
te va guiando no en vano
la aclamación de tu gente,
es bien que cumplas el voto
que en la batalla le hiciste.
Y aunque en él le prometiste
piadosamente devoto
que de víctimas humanas
el sacrificio sería,
en tanto que llega el día
de cumplírsele en cristianas
vidas, en prendas le den
por ahora satisfación
el culto y la adoración,
pues fue el gran Júpiter quien
te dio aquel rayo que ves
brillar, ostentando ufano
que Júpiter soberano
el dios de los rayos es
que tus contrarios deslumbra,
pues no solo serlo arguye
cuando con ellos destruye,
pero también cuando alumbra.
Y pues Júpiter le encumbra
a la eminencia mayor…
TODOS
Venga en hora dichosa,
ciñendo su honor,
porque todos sean rayos,
de rayos del Sol.
Bandas
CONSTANTINO
Hermosa Gentilidad,
ya lo que te debo sé,
mas si imagen de cruz fue
la que vio la raridad
del aire, siendo una nube
iris triunfal de la cruz,
¿cómo creeré que la luz
de ajena deidad no tuve?
GENTILIDAD
Creyendo que exhalaciones
saben burlar aparentes
dando formas diferentes
sus fáciles impresiones.
¿Quién en arreboles que
transmontan los horizontes
tal vez ciudades, tal montes
no se persuade que ve?
¿Tal ondas del mar en cuyo
boreal objeto tal vez
finge el monstruo, el ave, el pez?
Luego claramente arguyo
que fue un acaso esa rara
cruz que viste, y bien no fuera
que a un dios el voto se hiciera
y que otro le iluminara.
Y así ven donde a su umbral
ciñas, con que su fe abonas,
corona de tres coronas:
mural, cívica y campal.
Toma la corona la Gentilidad y espérale con ella, y él va acercándose, y todas bailan
CONSTANTINO
Dices bien, y pues cumplir
a él debo el voto, no quiero
a imagen de un vil madero
la victoria atribuir,
y así podéis proseguir
al gran Júpiter el loor.
TODOS
Venga en hora dichosa
ciñendo su honor,
porque todo sea rayos,
de rayos del Sol.
Corro grande
MUJER 1.ª
En hora dichosa venga
nuestro César vencedor
a dar las gracias al templo
de Júpiter nuestro dios.
MUJER 2.ª
En hora dichosa venga
entre uno y otro blasón
feriando sustos de ayer
a seguridades de hoy.
MUJER 3.ª
En hora dichosa venga
a dar en satisfación
de sus triunfos sacrificios
a quien los triunfos le dio.
TODOS
Venga en hora dichosa
ciñendo su honor,
porque todo sea rayos…
Al irse a poner la tiara, empieza a temblar
CONSTANTINO
Suspended la voz
si ya vuestros dulces sonoros acentos,
festivos aplausos de mi aclamación
no glosan el metro, no trovan el ritmo
diciendo al mirar que abrasándome estoy
“que todo sea rayos, pues todos lo son”.
TODOS
¿Qué es esto?
GENTILIDAD
No sé, que solo se deja
mirar que le aflige algún grave dolor
pues como furioso sus manos se muerde
y el pecho se rasga.
TODOS
¡Qué gran confusión!
CONSTANTINO
¿Qué súbito, ¡cielos!, mortal accidente
es este, ¡ay de mí!, que al alma le dio
tan grave que pienso que dentro del pecho
se me ha hecho pedazos todo el corazón?
¡Piedad, que me hielo, piedad, que me abraso!
¿Quién vio en un instante, en un punto quién vio
Vesubio de fuego cubierto de nieve,
ardiendo del pasmo, pasmar del ardor?
Mete las manos en el pecho y sácalas ensangrentadas
Las manos que al pecho apliqué por alivio
—en cualquier congoja natural acción—
del pecho las saco cubiertas de lepra.
¡Oh, quién por no verlas con asco y pavor
los ojos cegara!
Mánchase con las manos la cara
Mas ¡ay!, que al contacto
que a ellas del pecho el daño pasó,
también desde ellas al rostro se pasa
según hasta el rostro se extiende el dolor.
¿Qué es esto, fortuna? ¿Tan presto a la dicha
de aquella victoria pagué la pensión?
¿Mas cuándo, ¡ay de mí!, el contento de ayer
anuncio no es del llanto de hoy?
Quitad la tiara, la púrpura y cetro
que ya no capaz jeroglífico son
de triunfo que en sí contiene tres y uno,
guardados quizá para dueño mejor.
ZABULÓN
¡Detente, señor, porque inficionado
a todos nos pones espanto y pavor!
MUJER 1.ª
¡Huid de su aliento!
MUJER 2.ª
¡Huid de su vista!
MUJER 3.ª
¡Qué estrago!
MUJER 1.ª
¡Qué pena!
MUJER 2.ª
¡Qué asombro!
TODOS
¡Qué horror!
CONSTANTINO
¡Oíd, esperad, no os asuste el mirarme,
amigos, vasallos!
ZABULÓN
Yo so Zabulón,
y los Zabulones vasallos ni amigos
de nadie en el mundo se cuenta que son.
CONSTANTINO
¿Por qué huyes de mí?
ZABULÓN
Porque tiene una cara
aún peor que esta mía, según la dejó
manchada el contagio, y si me le pega
por mala que es, será peor que peor.
Vase
CONSTANTINO
Los mismos, ¡ay, triste!, que el triunfo aplaudían
el daño recatan, con que otra vez soy
imagen segunda del padre primero,
pues todos me dejan.
GENTILIDAD
Sino sola yo.
CONSTANTINO
Pues si eres tú sola quien solo me asiste,
¿sabrasme decir del ansia en que estoy
la causa, pues eres, oh Gentilidad,
tan sabia?
GENTILIDAD
Sí, escucha.
CONSTANTINO
Prosigue.
GENTILIDAD
Atención.
Allá el Hebraísmo en el Génesis cuenta
que incrédulo estaba Moisés de su Dios,
pidiendo señal cuando Él le mandaba
hablar de su parte al rey faraón,
y entre otras señales de vara y serpiente
meter en el seno la mano mandó,
saliendo al sacarla cubierta de lepra;
después en Naamán también explicó
la lepra la culpa; y luego en María,
del mismo Moisés hermana y de Aarón,
pues al mormurarle se cubrió de lepra.
¿Y qué más lugar para explicación
de que signifique la lepra la culpa
que oír a Isaías también de su Dios
que “como leproso” sería reputado
adonde se entiende ‘como pecador’?
Pues si esto es así y que incredulidades
los dioses castigan con esa aflicción,
¿quién duda que aquella que acaso tuviste,
infiel presumiendo cruz la exhalación,
Júpiter castiga? Y aun en dos sentidos.
CONSTANTINO
¿Y cuál es el otro, ¡ay de mí!, de los dos?
GENTILIDAD
¿Víctimas humanas no fueron aquellas
que tú le ofreciste?
CONSTANTINO
Sí.
GENTILIDAD
Pues la razón
de que le dilates hoy el sacrificio
tratando primero tu coronación
es causa de que porque sangre derrames
te dé mal en que ella el remedio es mayor.
La lepra con sangre humana se cura
y darte la lepra es decir su atención
que tu conveniencia y su sacrificio
te dé a ti salud y a él adoración.
Haz pues que a sus aras en púrpura humana
derrame piadoso cuchillo el humor
de aquellos que aún tiernos infantes hasta ahora
su primer puericia la edad no vició,
con que se consigue que a Júpiter cumplas
el voto, y cogiendo el purpúreo candor
en vasos podrás bañándote en ellos
el culto sanear, sanar la infición.
CONSTANTINO
Bien dices y al punto en todo mi imperio
que el bando se eche al registro dispón,
pues menos importa que muera inocente
el número inmenso de infante escuadrón,
que no que faltando al voto no sane
de este asco, este asombro, este pasmo, este horror.
Vase
GENTILIDAD
¡Qué presto verás cómo yo te obedezco!
¡Noticia!
Sale la
NOTICIA
¿Qué quieres?
GENTILIDAD
Que pues que tu voz
es aliento que hurtado a la fama
discurre sutil de región en región,
bien como real pragmática hagas
de cajas al ruido, de trompas al son
que en ecos te oiga el confín del imperio
diciendo el edicto a voz de pregón:
que toda la infancia sus padres registren,
que así de los dioses conviene al honor,
y así a la salud conviene del César
(aunque a mis rencores dijera mejor).
Vase
NOTICIA
Tú verás en mi acento y sus ecos
cuánto hoy la noticia discurre veloz.
Canta
¡Hola! ¡Hau! ¡Ah del aire!
Dentro responden
CORO 1.º
¡Ah del aire!
CORO 2.º
¡Ah del aire!
NOTICIA
Oíd, escuchad, y a mi voz…
CORO 1.º
a mi voz…
CORO 2.º
a mi voz…
NOTICIA
clarín sean las aves ganando el silencio,…
CORO 1.º
clarín sean las aves ganando el silencio,…
NOTICIA
las copas sean cajas perdiendo el rumor.
CORO 2.º
las copas sean cajas perdiendo el rumor.
NOTICIA
¡Atención!
TODOS
¡Atención!
NOTICIA
Venga a noticia de todos
que el supremo emperador
manda que la tierna infancia
llegue a registrarse hoy,
porque de los altos dioses
así conviene al honor,
y a la salud de su vida
hacer piedad el rigor.
Sale Majencio vestido de marinero oyendo la música
MAJENCIO
¿“Porque de los altos dioses
así conviene al honor,
y a la salud de su vida
hacer piedad el rigor”?
NOTICIA
Y porque al compás de clarines y cajas
ninguno en su imperio ignore el pregón,
clarín sean las aves ganando el silencio,
las copas sean cajas perdiendo el rumor.
Cantan
TODOS
Clarín sean las aves ganando el silencio,
las copas sean cajas perdiendo el rumor.
Vanse
MAJENCIO
Aunque huyendo fui de aquella
señal que en el cielo vi,
vuelvo disfrazado aquí
menos temeroso de ella
al oír que Constantino
desperdiciando el favor
de la Fe, al neutral horror
de lepra y culpa previno
convalecer con cruel
medicina; y así puedo,
pues perdió al auxilio el miedo,
volver a verme con él,
bien que en traje diferente,
pues como fiera del mar,
marinero he de mostrar
que vencido infamemente
huyo del hombre en el día
que armado de la cruz me hace
la guerra y vuelvo el que nace
de su culpa mi osadía,
porque de este testimonio
contra él la razón se arguya
de que está en su mano que huya
o que se acerque el demonio.
Y pues le hui declarado,
he de intentar encubierto
dejarle a mis manos muerto
introduciéndome osado
en su palacio, con que
lograr mis triunfos no dudo,
pues ya leproso, ¿quién pudo
de mí librarle?
Dentro
MUJERES
La fe
pública de la justicia
nos quebranta Constantino.
MAJENCIO
Segundo acaso previno
proverbios a mi malicia
con que a arder vuelven mis llamas.
De este, pues, lo he de saber.
¿Adónde vas?
Sale Zabulón
ZABULÓN
Voy a ver
la procesión de las amas,
porque apenas se oyó el eco
de no sé qué pregón, cuando
obedeciendo su bando
cada cual con su muñeco,
madres y hijos mil a mil,
del gran palacio a la plaza,
van ellas con su mostaza
y ellos con su perejil.
Y así es bien que a verlo corra
sin temer dolor tan grave
que para uno que me cabe
de zapatos me lo ahorra,
malas noches, peores días,
ahítos, ojos, sabañones,
viruelas y sarampiones,
lombrices y alferecías.
Sale Astrea con el niño
ASTREA
¡Ay infelice de mí!
ZABULÓN
Dicho y hecho, mi mujer
es esta.
Dentro
UNO
No ha de valer
fuga ni ruego.
ASTREA
Si en ti,
marinero, hallar piedad
puede ¡ay de mí! una afligida,
salva en el mar esta vida
de la bárbara crueldad
que me sigue.
MAJENCIO
Mal podré
cuando yo el primero soy
que de tus entrañas hoy
el hijo te arrancaré
para entregalle al acero.
Al quitársele se retira
ZABULÓN
A muy buen puerto has llegado.
MAJENCIO
Pero ¿qué temblor me has dado,
oh infante, que al verte muero
de asombro, espanto y temor?
NIÑO
El agua que recibí
sin duda vuelve por mí.
MAJENCIO
Esa otra causa es mayor
para mi pena cruel.
ASTREA
Lleva, ya que no te muevas,
todo el corazón, pues llevas
el mejor pedazo de él.
MAJENCIO
Suelta, que aunque no mi intento
logra en éste la injusticia,
muerto antes que la malicia
le mude el entendimiento,
con todo me ha de servir
de introducirme con él,
como ministro que fiel
cumple el bando.
ASTREA
Antes morir
tengo. ¡Que a ti no te pese
de ver esto!
ZABULÓN
No, mujer,
que peor fuera querer
darme otro que quitarme ese.
Déjale.
ASTREA
Antes moriré.
NIÑO
Madre, no llore por mí,
que pues la fe recibí
por mí volverá la fe.
Vase Majencio con el niño
ASTREA
¿Cómo ¡ay infelice! puedo
al quitarte de mis brazos
no llorar, si en dos pedazos
dividida el alma quedo,
sujeta al mortal desdén
de ver que a Roma pasó
la persecución que vio
un tiempo Jerusalén?
ZABULÓN
Si cristiano no le hicieras
y jodío le dejaras
quizá más piedad hallaras
o más dichoso le vieras.
ASTREA
Esa fuera más esquiva
pena, que más quiero —es llano—
que muera mi hijo cristiano
que no que en otra fe viva.
Y así en ella esperaré
—como él mismo repitió—
que pues la fe recibió,
que vuelva por él la fe.
Vase
ZABULÓN
Esa esperanza te aliente
y a mí la de huir, que no
estoy seguro, pues yo
soy también un inocente.
Pero ¿por dónde he de echar?,
si palacio, calle y plaza
todo a tropas lo embaraza
el tumulto popular
de las mujeres, diciendo
a gritos por la ciudad…:
Vase Dentro
MUJERES
¡Misericordia, piedad!
Sale
CONSTANTINO
Cerrad al piadoso estruendo
de ese lamento las puertas
que no le quiero oír ni ver,
supuesto que no ha de ser
de efecto que estén abiertas
a la voz si no lo están
a la compasión.
Dentro
MUJER 1.ª
Entremos
todas; quizá los extremos
de nuestro llanto podrán
piedad hallar.
Dentro 2.ª
¿Mejor no
será que por todas una
hable?
Dentro
ASTREA
¿Quién en tal fortuna
tomará ese cargo?
Sale la Fe vestida de luto y suelto el cabello
FE
Yo,
yo, que madre más común
que todas soy y así debe
hablar por todas la que
más hijos que todas pierde.
Generoso Constantino,
cuyos sagrados laureles
manchados de sangre esconden
entre lo rojo lo verde,
la fe pública de Roma
—bien que ahora más parece
la oculta fe, pues no hay
quien de sus señas se acuerde—,
arrastrando luengos lutos
y tanto que porque llegue
a vestírselos el rostro
aun el rostro la obscurecen
las desmelenadas crenchas
que desaliñan la frente,
bien como madre común
de tus afligidas gentes
hoy a arrojarse a esas plantas
en nombre de todas viene
diciendo a voces si es
que a sus lamentos atiendes…:
ELLA Y MÚSICA
¡Piedad, señor, piedad,
que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes!
FE
Si el cielo, señor, por causas
que allá en sus archivos tiene
arcanamente escondidos
sin permitir que las lleguen
a rastrear humanos ojos
con el veneno te hiere
de ese inficionado achaque,
de esa pegajosa peste
que, símbolo del pecado,
mancha el cuerpo, el alma ofende,
¿qué culpa tienen, señor,
mis hijos? ¿Qué culpa tienen
tus vasallos para que
valga una vida mil muertes?
ELLA Y MÚSICA
¡Piedad, señor, piedad,
que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes!
FE
De algún contagio ya vio
el mundo cuánto se extiende
la infición, pues heredada
alcanza a sus descendientes.
Pero también vio, señor,
ya que en ti se represente
aquella general ruina,
que hubo quien el daño enmiende.
Que muera por todos uno
sentencia fue que obediente
al Padre la aceptó el Hijo
con ser el Rey de los reyes.
¿Pues cómo, señor, pues cómo
en este ejemplar pretendes
muriendo allá el no culpado
por los culpados, que truequen
aquí la acción tus edictos
y los no culpados lleguen
a morir por el culpado?
No, señor; no, señor. Cese
del bando la ejecución,
que es cruel inconveniente
que mueran todos por uno
cuando uno por todos muere.
ELLA Y MÚSICA
¡Piedad, señor, piedad,
que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes!
FE
Y puesto que los oídos
con menos afectos mueven
que los ojos, pues no tanto
lo que se escucha se cree
como lo que se ve —a cuya
causa el vulgo decir suele
que corazón que no ve
es corazón que no siente—,
ponte a ese mirador, donde
verás de nobleza y plebe
la lástima con que a todos
tus rigores comprehenden.
Ya en los pechos, ya en los brazos
verás arrancar pendientes
dos vidas en cada acción
con tan encontrada suerte
que es entre amor y tristeza
de hijo y madre indiferente
la que lo padece más,
la que menos lo padece.
Cuál primero que la quiten
del pecho el hijo pretende
que se vuelva a sus entrañas
según en ellas le prende.
Cuál que de esconderle trata
no lo consigue imprudente,
pues el llanto del que esconde
denuncia de ella, de suerte
que a la que le guarda madre
la declara delincuente.
Cuál de la fuga se ampara,
cuál de la ira se defiende,
cuál del desaliento yace,
cuál del desmayo fallece,
y cuál en fin más constante
persuade a todas que apelen
a tu piedad, reducidas
a que digan igualmente…:
ELLA Y MÚSICA
¡Piedad, señor, piedad,
que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes!
Sale la Gentilidad
GENTILIDAD
Ya tienes para el primero
sacrificio… (¡Mas qué quiere
la Fe aquí? Pero ¿qué importa,
si a sus desaires atiende,
que esté o no?) Ya tienes, digo,
en ese templo eminente
tres mil vidas destinadas
al cuchillo. ¿Qué hay que esperes
a que con el voto acabes
donde con la cura empieces?
CONSTANTINO
Gentilidad, tus finezas
mis desdichas agradecen;
mas de suerte mis piedades
aquesa lástima mueve
que sonando como llanto
como música divierte,
que quiero morir primero
que ver que mi vida cueste
hoy tantas vidas.
GENTILIDAD
¿Qué dices?
CONSTANTINO
Que no es justo que en mí lleguen
a morir todos por uno,
cuando uno por todos muere.
Y pues que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes,
volved al punto sus hijos
a sus madres, no se cuente
de Constantino que tuvo
las entrañas tan rebeldes
que no las enternecieron
lágrimas de las mujeres.
GENTILIDAD
¿Pues cómo…?
CONSTANTINO
Nada me digas
ni me arguyas ni me acuerdes
cuánto a los dioses importa,
cuánto a mi salud conviene,
que no hay culto donde hay ira
ni vida donde hay desdenes.
Mujer que yo no conozco
ni sé hasta ahora quién eres,
di a las demás que su llanto
hace que piadoso acepte
la apelación. Que sus hijos
cobren el materno albergue
de sus pechos y sus brazos,
que mis piedades no quieren
que mueran todos por uno
cuando uno por todos muere,
puesto que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes.
FE
Otra vez puesta a tus plantas
humilde digo que esperes,
si ahora no me conoces,
que presto has de conocerme
en fe de aquestas piedades.
Vase
GENTILIDAD
¡Furias mi furor aliente!
¡Ahora infiernos, ahora!
CONSTANTINO
Pues para que más se muestre
dirás a todas que al mismo
tiempo que su llanto vence,
vence mi mal, pues postrado
a su venenosa fiebre,
desperdiciado el remedio,
siento el daño más vehemente
porque crezca la piedad
al paso que el dolor crece
y tanto que fallecidas
las fuerzas al accidente,
titubeadas las razones,
las palabras balbucientes,
retirados los alientos,
los pulsos intercadentes,
todo expira, todo yace,
todo pasma y todo hiere.
Pero muera yo, ¡ay de mí!,
como muera de clemente
antes que de fiero viva
diciendo una y muchas veces:
no mueran todos por uno
cuando uno por todos muere.
¡Piedad, cielos, piedad,
que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes!
Cae y sale Majencio
GENTILIDAD
A un parasismo mortal,
helado letargo ardiente,
postrado cayó.
MAJENCIO
Porqué
yo disfrazado me acerque
a él, porque siendo este sueño
tan profundo que posee
todavía sus sentidos
inficionados, se muestre
cuánto se acerca el demonio
al hombre que en culpa duerme.
GENTILIDAD
Pues primero que se cobre,
ya que a tan buen tiempo vienes
valido de los disfraces
para que aquí oculto entres,
pase a muerte natural
esa condicional muerte.
Saca un puñal
MAJENCIO
Yo con este áspid de acero
le heriré el pecho.
GENTILIDAD
Con este
basilisco yo de bronce,
fuego a fuego haré que augmente.
Saca una pistola; al ir a darle los dos salen cada uno por su parte san Pedro y san Pablo teniendo a cada uno del brazo
MAJENCIO
¿Pues qué esperas?
GENTILIDAD
¿Pues qué aguardas?
SAN PEDRO
¡Tente, traidor!
SAN PABLO
¡Fiera, tente!
SAN PEDRO
Porque hombre que a la fe oye…
SAN PABLO
porque hombre que a la fe atiende…
LOS DOS
las columnas de la fe
de esta manera defienden.
GENTILIDAD
Pablo, que después que fuiste
de la Gentilidad huésped
cuando de romanos fueros
gozabas entre mis gentes,
te conozco, ¿qué me afliges?
MAJENCIO
Pedro, que desde que tienes
de sus tesoros las llaves,
tiemblo de ti, ¿qué me quieres?
SAN PABLO
Que veas cómo los cielos
la fe de Elena agradecen.
SAN PEDRO
Que mires que la piedad
nunca en el hombre se pierde.
GENTILIDAD
¿De qué modo?
SAN PABLO
De este modo.
MAJENCIO
¿De qué suerte?
SAN PEDRO
De esta suerte.
SAN PEDRO
¿Constantino?
SAN PABLO
¿Constantino?
CONSTANTINO
en sueños
Piadoso anciano, ¿quién eres?
¿Quién eres, divino anciano?
SAN PEDRO
Pedro.
SAN PABLO
Pablo.
CONSTANTINO
¿Qué pretendes?
SAN PEDRO
Pagarte con mejor baño
esa sangre que no viertes.
SAN PABLO
Busca a Silvestre en Sorato
y en el cristal de una fuente
lava esa lepra,…
SAN PEDRO
con que
verá el mundo claramente
que la lepra del pecado…
SAN PABLO
—pues la del cuerpo se entiende
ser hoy la culpa del alma—…
SAN PEDRO
aunque con sangre inocente
se curó una vez, con agua
se cura ya,…
SAN PABLO
porque cesen
los cruentos sacrificios…
SAN PEDRO
y los incruentos lleguen…
SAN PABLO
a mostrar que de la ley
de gracia…
SAN PEDRO
es el yugo leve,…
SAN PABLO
y para que al mismo tiempo…
SAN PEDRO
todo el mundo considere…
SAN PABLO
que en el agua está la vida…
SAN PEDRO
y no ya en sangre ni en muerte.
Vanse
GENTILIDAD
Estatua de fuego y hielo
quedé.
MAJENCIO
Yo, de llama y nieve.
CONSTANTINO
¡Oye, Pablo; Pedro, escucha!
Despierta
¡Mas ay de mí! ¿Cómo puede
ser viendo el bien cuando duermo
ver el mal cuando despierte?
¿Pero qué bien no es soñado?
Detente, culpa; detente,
pecado mío, que yo
aun persuadido a que sueñe
todavía he de creer
que el cielo me favorece,
o ya en fe de mis piedades
o ya en fe de las clementes
instancias de Elena, a quien
tanto llanto mi amor debe.
Y así huyendo de los dos
iré a buscar a Silvestre
a ver si vivo con agua
supuesto que no es decente
que viva un rey con sangre
de ignocentes.
Vase
MAJENCIO
Síguele, culpa, pues que
antes que a bañarse llegue
aún es tuyo, y podrá ser
que en este intermedio deje
de creer aquel aviso
que vio en sueños.
GENTILIDAD
Para ese
fin se me ofrece una industria.
MAJENCIO
¿Qué es?
GENTILIDAD
Que pues su pueblo al verle
salir tan desalentado
todo a seguirle se mueve,
hagamos que agradecido
a sus piedades le lleve
cetro, púrpura y tiara
y que sus triunfos le acuerde,
porque con la vanidad,
estando el pueblo presente,
no se atreva a declararse
cristiano.
MAJENCIO
Bien lo previenes.
GENTILIDAD
Pues sígueme.
MAJENCIO
Ya te sigo.
GENTILIDAD
¡Oh, nunca lleguen a verse…
MAJENCIO
¡Nunca lleguen a mirarse…
GENTILIDAD
ni de la fe los placeres…
MAJENCIO
ni las lágrimas de Elena,…
LOS DOS
siendo triunfos de…
Dentro
CONSTANTINO
¿Silvestre?
GENTILIDAD
Ya su voz suena en los montes.
MAJENCIO
Antes que en los cielos suene,
a conmover contra él
el pueblo vamos.
Vanse Dentro
CONSTANTINO
¿Silvestre?
Sale
SILVESTRE
¿Qué voz con mi nombre, cielos,
en estos montes transciende
las más escondidas grutas
de sus entrañas?
Dentro
CONSTANTINO
¿Silvestre?
SILVESTRE
¿Quién me llama?
CONSTANTINO
Constantino
es el que a buscarte viene.
SILVESTRE
¡Ay de mí! Que como ya
sé que sus contrarios vence
sin duda en fe de sus dioses
contra mí las armas vuelve.
¿Dónde me ocultaré? Pero
mejor será que le espere,
que si Dios sin merecerlo
coronar mi vida quiere
con el laurel del martirio,
¡venturoso yo!
CONSTANTINO
¿Silvestre?
SILVESTRE
¿Qué me nombras? ¿Qué me llamas?
Si es para darme la muerte,
aquí estoy.
Sale
CONSTANTINO
¿Eres tú?
SILVESTRE
Sí.
CONSTANTINO
Humilde a tus pies me tienes.
SILVESTRE
Acción y voz me has quitado
de labio y pecho. ¿Qué emprendes?
CONSTANTINO
Ser el primer César que
el pie al pontífice bese.
SILVESTRE
¿Qué es esto? ¿Lágrimas tú?
CONSTANTINO
Bien admiras que quien viene
a buscar agua dé agua
y que pida lo que ofrece.
A tus pies ¡oh padre! bien
como el sediento a la fuente
me arrojo, bien como ciego
a la luz, como doliente
a la salud y bien como
al perdón el delincuente.
Pedro y Pablo a ti me envían
para que en tu baño deje
estas leprosas escamas,
túnicas de la serpiente
que abrigué al pecho, porqué
la piel anciana renueve.
SILVESTRE
Pues, ¿qué quieres de mí? ¿Qué
pides?
CONSTANTINO
La fe.
Sale
FE
Aquí me tienes,
que la que allá ruega triste
aquí te recibe alegre.
CONSTANTINO
¡Feliz yo que de tus brazos…!
FE
No a ellos tan presto te acerques
antes que el baño recibas.
SILVESTRE
Sube conmigo a esta fuente
donde la ablución del agua
te sane, limpie y consuele.
Sale
GENTILIDAD
Llegad todos y en su busca
porque sus penas aliente
sus triunfos le acordad.
FE
Ya
su triunfo no más es este.
No adelante, culpa, pases.
GENTILIDAD
Pues ¿quién el paso me puede
impedir a mí?
FE
La acción
que ves.
GENTILIDAD
Aún no a ti te adquiere.
FE
Es verdad.
GENTILIDAD
Pues no me impidas
que antes que se bañe, llegue
a representarle estos
triunfos que a Júpiter debe.
FE
No debe sino a la fe
de Elena, que es quien merece
hallando la cruz hallar
las piedades que él adquiere.
GENTILIDAD
Cuando Elena halle la cruz,
¿qué misterio en sí contiene
un madero para que
en él sus auxilios pienses?
FE
¿Qué más misterio que ser,
si a sus prodigios atiendes,
el inmediato instrumento
de la redención?
GENTILIDAD
Detente.
¿Es más que un leño que pudo
ser horca de un delincuente?
FE
Más es, pues del primer árbol
se transplantó su simiente.
GENTILIDAD
No es más, pues vemos que tronco
en Gólgota nace y crece.
FE
Más es, pues donde Adán yace
es donde sus raíces prenden.
GENTILIDAD
No es más, pues de ningún fruto
adorna su pompa verde.
FE
Más es, pues sin fruto sana
la infición de la serpiente.
GENTILIDAD
No es más, pues de cedro, palma
y ciprés son sus especies.
FE
Más es, pues, siendo tres, dice
duración, victoria y muerte.
GENTILIDAD
No es más, pues ruda segur
para Salomón le hiere.
FE
Más es, pues nunca le labran
porque a otro fin aproveche.
GENTILIDAD
No es más, pues que por inútil
sirve del Cedrón al puente.
FE
Más es, pues Sabá le adora
y a pisarle no se atreve.
GENTILIDAD
No es más, pues de allí quitado
mandan que a un lago le echen.
FE
Más es, pues de esa piscina
los enfermos convalecen.
GENTILIDAD
No es más, pues sobre las aguas
lleno de cieno parece.
FE
Más es, pues parece cuando
para cruz han menesterle.
GENTILIDAD
No es más, pues la labran de él
por sucio, pesado y fuerte.
FE
Más es, pues esa elección
de mayor causa depende.
GENTILIDAD
No es más, pues como ya dije
de él un alevoso pende.
FE
Más es, pues restaura un mundo
con la sangre que en él vierte.
GENTILIDAD
No es más, pues que los judíos
le sepultan por no verle.
FE
Más es, pues lo hacen porqué
mirar su adoración temen.
GENTILIDAD
No es más, pues con otros dos
Elena a encontrarle viene.
FE
Más es, pues dice cuál es
la vida que a un muerto ofrece.
GENTILIDAD
No es más, pues hallado hay
pocos que le reverencien.
FE
Más es, pues le dará templo
que adornado le conserve.
GENTILIDAD
No es más, pues irá cautivo
a Persia sin defenderle.
FE
Más es, pues Persia verá
cómo a sus ídolos vence.
GENTILIDAD
No es más, pues su cautiverio
Cosdroas hará que se aumente.
FE
Más es, pues verá que Heraclio
a su adoración le vuelve.
GENTILIDAD
No es más, pues que tarde libre
saldrá de poder de infieles.
FE
Más es, pues aun entre ellos
estará estimado siempre.
GENTILIDAD
No es más, pues que allí a pedazos
procurarán deshacerle.
FE
Más es, pues aun hecho partes
no hay ninguna que le niegue.
GENTILIDAD
No es más, en fin, pues que en
el último fuego ardiente
se consumirá.
FE
Más es,
pues inanimado fénix
resucitará ese día
sin que el menor ligno deje
de cobrar y será puesto
por mayor astro celeste
donde por la eternidad
de Dios viva, triunfe y reine.
GENTILIDAD
Calla, calla, que a la voz
tuya y la acción de Silvestre
—que ya la materia y forma
de agua y palabras pretende
unir— la culpa desmaya,
la Gentilidad fallece.
Cae la Culpa y sale Majencio y todos los demás trayendo en fuentes los triunfos del principio
MAJENCIO
Llegad todos, y cantando
porque sus penas aliente
sus triunfos le acordad.
GENTILIDAD
Ya
es tarde.
MAJENCIO
Culpa, ¿qué tienes?
GENTILIDAD
No ser culpa, pues la voz
torpe, el labio balbuciente,
perturbada la razón,
flaco el espíritu, débil
el corazón muere al tiempo
que ese pontifical preste
obra el baptismo, porqué
vea hoy el mundo realmente
que cuando el hombre renace
la culpa del hombre muere.
Ábrese un carro que ha de ser un jardín con una fuente en medio, y de rodillas Constantino y Silvestre como que le ha baptizado, y una escalera portátil para bajar
MAJENCIO
Pues aunque muera una culpa
en mí la esperanza quede
de que a otra vuelva.
CONSTANTINO
Dichoso
yo, que apenas —más prudente
dijera “a glorias”— toqué
la agua que en mi pecho viertes
cuando de la inmunda lepra
sano quedé.
MAJENCIO
Aparte
(Fiero esfuerce
mi intento para adelante.)
¡Pues el César convalece,
en albricias de su vida
vuelva el regocijo alegre
de aquella coronación
que dejó el dolor pendiente!
Púrpura, cetro y corona
llegad todos a ofrecerle.
CONSTANTINO
Llegad, que yo aceptaré
sus dones más dignamente
para otro que para mí.
Vale poniendo las insignias como dicen los versos
Esta púrpura, Silvestre,
imperial ropa hasta aquí,
será desde hoy más decente
ropa pontifical. Esta
corona que tres contiene
por las tres victorias mías
será tiara de tus sienes.
Este cetro de tres cetros
tu báculo. ¡Que es bien lleguen,
porque al pontífice adornen,
a desnudarse los reyes!
GENTILIDAD
¡Que esto sufra! ¡Que esto mire!
MAJENCIO
Pues mal mi intento sucede,
huya de aquí por no ver
que pontífices empiecen
a tener pontificales
adornos.
CONSTANTINO
Y porque quedes
fuera ya de estas montañas
y tengas corte en que reines,
le doy al pontificado
la ciudad de Roma —atiende—
y para templo de Pedro
y de Pablo mi eminente
palacio.
FE
Pues para que
veas logrado lo que ofreces,
es bien que el triunfo anticipe
y que allí a mirar empieces,
abriéndose las entrañas
de esa peña, ruda siempre,
Ábrese una peña y vese en ella santa Elena en un altar con la cruz en la forma que la pintan
a Elena tu madre que
tan contenta llega a verse
de haber hallado el tesoro
que en su mano resplandece
y del que tú también logras
te viene a dar parabienes.
ELENA
Felice mil veces yo,
Constantino, y tú mil veces
felice, pues que logramos
yo hallar el tesoro alegre
de este divino madero
que depositado en este
monte con tan gran prodigio
a mi fe dio a conocerse,
y a ti dándote salud
de dos achaques crueles,
la lepra del alma y cuerpo,
porque con el baño quedes
marcado con la señal
de la cruz, constante siempre
en el rebaño de quien
es hoy el pastor Silvestre.
GENTILIDAD
¡Oh, quién no oyera sus voces!
MAJENCIO
¡Oh, quién su insignia no viese!
FE
Pues mayor dolor te espera,
y porque llegues a verle
en el triunfo de la fe
que en Constantino florece,
Aparece un templo y en medio de él un pirámide con el Santísimo Sacramento, y a los dos lados san Pedro y
SAN PABLO
mira cómo su palacio
es ya más sumptuoso albergue
de Pedro y de Pablo, y en
un pirámide excelente
el mayor de mis misterios
hoy al mundo resplandece
colocado, pues debajo
de las formales especies
de pan y vino se encierran
de Cristo sustancialmente
la carne y la sangre.
SAN PEDRO
Oíd,
que donde señala este
pirámide que del Sol
de justicia se guarnece
será donde se consagre.
SAN PABLO
Y donde estarán, Silvestre,
dos estatuas de los dos,
donde las extrañas gentes
peregrinas las visiten
y devotas las veneren.
CONSTANTINO
¡Qué felicidad!
MAJENCIO
¡Qué pena!
FE
¡Qué dulce vida!
GENTILIDAD
¡Qué muerte!
SILVESTRE
¡Qué paraíso!
MAJENCIO
¡Qué rabia!
ELENA
¡Qué descanso!
GENTILIDAD
¡Dolor fuerte!
SAN PEDRO
¡Qué alegría!
MAJENCIO
¡Qué tristeza!
GENTILIDAD
¡Qué aflicciones!
SAN PABLO
¡Qué placeres!
CONSTANTINO
Y porque el mío se explique
conmigo pedid a este
sacramentado Señor,
porque este tiempo se abrevie:
TODOS Y MÚSICA
Permita vuestra piedad
que el día dichoso llegue
en que el gran templo de Roma
sea el mayor de los fieles.
- Rechtsinhaber*in
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
- Zitationsvorschlag für dieses Objekt
- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La lepra de Constantino. La lepra de Constantino. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbmn.0