El gran príncipe de Fez
Don Baltasar De Loyola
Comedia Famosa
Personas que hablan en ella
- MULEY MAHOMET, príncipe de Fez
- EL REY, su padre
- MULEY, su hijo, niño pequeño
- ZARA, su esposa
- CIDE HAMET, viejo
- ABDALÁ, rey de Marruecos
- ALCUZCUZ, villano moro
- DON BALTASAR MANDAS, caballero de San Juan
- TURÍN, su criado
- DON PAULO LÁSCARIS, maestre de San Juan
- SOLDADOS Y MÚSICOS
- EL BUEN GENIO, de ángel
- EL MAL GENIO, de demonio
- LA VIRGEN
- LA RELIGIÓN
- SAN IGNACIO DE LOYOLA
- UN MORISCO
- ABRAHAM
- ISAAC
- UN ÁNGEL
Jornada Primera
Dentro cajas y trompetas. Y abriéndose una tienda de campaña se verá en ella el Príncipe, vestido a lo moro, leyendo en un libro sobre un bufete en que habrá aderezo de escribir con luces y algunos instrumentos matemáticos, como son astrologías, globos y esferas; y a su lado, Cide Hamet, viejo.
Voces
dentro
Alto y pase la palabra.
Príncipe
Déjame solo, que quiero
discurrir conmigo un rato.
Cide
Advierte, señor…
Príncipe
Ya advierto.
Mi maestro eres y no sabes
responder a mi argumento,
y así, he de ver si yo a mí
me respondo.
Cide
Mucho temo
que este entendimiento tuyo
te quite el entendimiento.
Vase.
Príncipe
En tanto que el numeroso
ejército en el silencio
de la noche de las marchas
cobra el fatigado aliento
para saludar mañana
los altos montes soberbios
que verdes vallas de riscos
son entre Fez y Marruecos
en venganza –o en castigo,
diré mejor– del pretexto
con que Marruecos a Fez
intenta negar el feudo
que hereditario han gozado
casi inmemoriales tiempos
por timbre de su corona
los blasones de su reino;
en tanto, digo otra vez,
que, guardándoles el sueño
avanzadas centinelas,
en zozobrado sosiego
descansan muchos dormidos
en fe de pocos despiertos,
yo, que general del Rey,
mi padre, a quien obedezco,
bien que contra mi dictamen,
por inclinarme mi genio
más a la paz del estudio
que de la guerra al estruendo,
acudiendo en una parte
a la ley de su precepto,
cuanto a las armadas huestes
que en nombre suyo gobierno,
y en otra a la inclinación
a que me llama mi afecto,
cuanto a mostrar que no embotan
a las plumas los aceros,
hurtándole a mi descanso
horas en tanto desvelo,
he de ver si, sin faltar
al encargado manejo
de las armas, acudir
también a las letras puedo,
en prueba de que no implican
amigos, valor y ingenio.
Pero ¿qué mucho que viva
a estas vigilias atento,
si una máxima, si un dogma
que en el Alcorán encuentro,
siempre que le leo, me hace
tan gran fuerza que ni duermo,
ni sosiego, ni descanso
el rato que no le entiendo?
Y así, dejando otros artes
de quien contra el ocio suelo
usar, por ser el inútil
vicio que más aborrezco,
como son las siempre doctas
matemáticas, siguiendo
a ellas la curiosidad
de varias lenguas, intento
hoy en más alta lección
ocupar el pensamiento,
corrido de que no halle
en el arábigo texto
del gran profeta de Alá
un raro sentido, siendo
así que hasta hoy no se ha hallado
morabito tan experto
que en su inteligencia no
me dé el lauro, conociendo
que en la ley fuera, a no ser
yo su príncipe, el maestro.
Cide Hamet lo diga, pues
lo es y cada día le venzo.
Lee en el libro.
«Del imperio de Satán
–dice– solamente fueron
María y el hijo suyo
tan divinamente exentos
que no pagaron el grande
tributo del universo».
Dos razones de dudar
ofuscan mi entendimiento
siempre –ya lo dije antes–
que a esta proposición llego,
corrido –también lo dije–
de que no la comprehendo.
La primera es no saber
qué tributo le debemos
al imperio de Satán
todos, pues debiera cuerdo
el Profeta, para dar
a la razón fundamento,
asentar qué imperio es este
y qué tributo, primero
que llegar a la exención
de los dos, pues, no sabiendo
qué imperio es, ¿qué prueba que haya
quien se libre del imperio?
Y cuando por asentado
principio omitiese el texto
que a Satán debemos todos
pagar tributo –ahora entro
en la segunda razón
de dudar–, ¿qué ley, qué fuero
libró a esta María y su hijo
y qué hijo y María son estos?
Que, aunque es verdad que no ignoro
que los cristianos tuvieron
a Cristo, hijo de María,
por su profeta, no creo
ni creeré, mientras que no
me lo diga algún portento,
que son ellos de quien habla
nuestra Escritura, supuesto
que no había de dar más lustres
a su profeta que al nuestro.
Y así, dejo en una parte
el no pensar que sean ellos
y en otra por asentado
principio el tributo dejo,
y voy a excepción en que
desta manera argumento:
si se pudieron librar
Hijo y Madre, sería cierto
ser en virtud de poder
o en virtud de privilegio.
Si de poder, ¿quién podía
tenerle contra el infierno
que no fuese Alá? Y si fue
de privilegio, es lo mesmo,
pues solo pudiera darle
quien pudo tenerle. Luego
sólo Alá, y quien Alá quiso,
tendrá igual predicamento.
Ser Alá no puede ser
sin gran repugnancia, puesto
que Alá es Dios, y Dios es ente
en sí y por sí de sí mesmo;
y quien dijo «Madre y Hijo»,
dijo humano nacimiento,
con que en la porción de humano
sólo cabe ser exento,
puesto que en la de divino
bien claro se estaba el serlo.
En llegando a esta razón
de que haya de dar supuesto
que como divino pueda
romper de Satán los fueros
y como humano gozar
el triunfo del rompimiento,
divino a un tiempo y humano,
tan rendido me confieso
a la duda que, por no
darla de mí el rendimiento,
que el sueño sea, y no ella,
quien me venza le agradezco.
A ti, ¡oh, imagen de la muerte!,
como sólo en quien espero
la solución de mis dudas,
mis sentidos encomiendo.
Quédase dormido, y salen luchando el Buen Genio, con alusión, en su vestido, de ángel, y el Mal Genio en el suyo de demonio.
Buen Genio
¿Dónde vas?
Mal Genio
¿Dónde he de ir,
si soy el réprobo genio
que, con permisión de Dios,
el albedrío previerto
de ese príncipe africano
cuando rendido le veo
más al sueño que a la duda,
investigando misterios
en que va tanto a mis iras
no entre en su conocimiento,
sino a infundirle ilusiones
que entre la duda y el sueño
le impidan el discurrirlos,
cuanto más el comprenderlos?
Buen Genio
Con tu misma razón, contra
tu misma razón intento
detenerte el paso, pues,
el genio elegido siendo
yo de Dios, que en su albedrío
también la inspiración tengo
–que Dios aun a los infieles
no les niega ángeles buenos–,
me toca que no confundas
con fantásticos objetos
de sus morales virtudes
los iluminados lejos.
Mal Genio
Ya sé que igualmente asiste
Dios al fiel y al infiel, pero,
aunque lo sé y sé también
que al más bárbaro, al más ciego,
a quien no llegó la clara
luz de su conocimiento,
no le queda a deber nada,
pues, como se adorne cuerdo
de las virtudes morales,
a ley natural atento,
aun de morales virtudes
le da temporales premios,
ya en vitorias, ya en riquezas,
ya en dignidades, ya en puestos,
ya en salud, ya en larga vida,
ya, en fin, en otros aumentos;
con todo, no has de negarme
hoy la acción que contra él tengo,
pues réproba seta sigue
y está en su aborrecimiento
según presente justicia.
Buen Genio
Es verdad, mas no por eso
he de perder la esperanza
que de sus mejoras tengo;
porque, siendo, como es,
aquese heroico mancebo
tan nada entregado al ocio,
tan todo dado al desvelo,
tan afecto a la justicia,
a la piedad tan afecto,
tan templado en los enojos,
tan humilde en los obsequios,
tan de la verdad amigo,
tan a la mentira opuesto,
tan prudente, tan afable,
tan liberal, tan modesto
y, en fin, tan contrario a cuanto
turba el natural derecho,
bien fío que ha de ilustrarle
Dios, por especial decreto,
tanto en bienes temporales
que pasen a ser eternos.
Mal Genio
Antes que de tanta causa
llegues a ver el efecto,
yo le sabré prevertir
con tal desvanecimiento
que, olvidado del estudio,
no ande acaudalando medios
para otras felicidades,
a cuyo fin, pues que tengo
ya inspirado al valeroso
Abdalá, rey de Marruecos,
que al opósito le salga,
lograré que de su encuentro
el triunfo le desvanezca
para que en su vencimiento
tengan premio esas virtudes
temporal, sin que su celo
a que sea eterno aspire.
Buen Genio
Ve, que yo a ese mismo tiempo
–representando los dos
de su buen genio y mal genio
exteriormente la lid
que arde interior en su pecho–
zozobraré tus aplausos
y turbaré tus trofeos,
sacando de sus azares
sobrenatural acuerdo
que a la primer causa acuda.
Mal Genio
Pues toca al arma, que presto
verás de la competencia
nuestra el fin, a Abdalá oyendo
y a sus gentes, bien que agora
sólo en lejanos acentos:
A una parte, dentro cajas y voces muy bajas, como que se oyen a lo lejos.
Una Voz
¡Muera el príncipe de Fez
y viva el rey de Marruecos!
Buen Genio
También oirás tú de estotra
parte, a fin de mis intentos:
A otra parte, atabalillos y chirimías y voces altas.
Voces
dentro
¡Viva nuestra invicta reina
y viva el príncipe nuestro!
Mal Genio
Pues al arma,…
Buen Genio
Pues al arma,…
Mal Genio
…y vea el mundo…
Buen Genio
…y mire el cielo…
Los Dos
…su interior y exterior lid,
unos y otros repitiendo:
Unos
dentro
¡Muera el príncipe de Fez
y viva el rey de Marruecos!
Otros
dentro
¡Viva nuestra invicta reina
y viva el príncipe nuestro!
Vanse los dos y despierta el Príncipe como despavorido.
Príncipe
¡Qué breve instante el descanso
se me permitió! ¿Qué es esto?
¿Qué nuevo rumor de armas,
de salvas qué rumor nuevo,
al primer albor del día
nombres y sombras rompiendo,
sobre que dormido vea,
quieren que sueñe despierto?
Si era arma, ¿cómo no hace
mi gente más movimiento,
dando a entender que yo sólo
debo de escucharla al viento?
Y si alegre salva, ¿cómo
no hay quien me diga a qué efecto?
¡Hola! ¿Nadie me responde?
Las chirimías y atabalillos.
Zara
dentro
Ninguno llegue primero
que yo a ganar las albricias.
Sale todo el acompañamiento que pueda y detrás Zara con espada, plumas y bengala, y Muley, niño, con bengala y espada.
Príncipe
Hermosa Zara, ¿qué es esto?
Zara
No desdeñes con la duda,
dulce esposo, amado dueño,
la fineza, pues no puede
ser sino el rendido afecto
de haber para tanta ausencia
faltado ya el sufrimiento.
Y siendo así, tú lo sabes,
que en las guerras que tuvieron
de Túnez las rebeladas
islas con mi padre fueron,
en los primeros albores
de mis anuncios primeros,
las trompetas mis arrullos
y las cajas mis gorjeos,
tanto que, muerto mi padre
y mi hermano infante tierno,
hubo de estribar en mí
de tanto escándalo el peso
sin que agobiase mi espalda,
sin que doblase mi cuello,
ni el tesón de sus violencias
ni de sus sañas el riesgo
hasta poner a mi hermano
en posesión de su reino,
¿cómo puedes ignorar
que aquel heredado aliento
en que nací y me crié,
alimentándome al fuego
de los cañones a rayos
y de la pólvora a truenos,
sea quien me facilite
venir en tu seguimiento?
Y así, viendo que tu padre
las levas que quedó haciendo
para reclutar tus tropas
y para doblar tus tercios
había de encomendarlas
a cabo cuyo denuedo
te acompañase en la lid,
te asistiese en el consejo,
¿quién como yo?, le propuse.
Y añadiendo el llanto al ruego,
a repetidas instancias
de mi amor, lo otorgó; pero
¿qué mujer entró llorando
que no saliese venciendo?
Con que a rehacer tus escuadras,
a guarnecer tus pertrechos
y, en fin, a morir contigo,
soy yo, Mahomet, la que vengo,
trayéndote, por que veas
cuánto tus huestes aliento,
a Muley Mahomet que, hijo
tuyo y mío, sea espero
nuevo Scandarbec de Europa,
de Asia Saladino nuevo,
cuyas tremoladas plumas,
imitándote en los hechos
como en el nombre te imita,
remonten su altivo vuelo
hasta desplumar las alas
del águila del imperio.
Niño
Cuanto mi madre de mí
se promete, te prometo
cumplirlo yo, y más agora
que humilde tu mano beso
por que el aliento del labio
dé al corazón más aliento.
Príncipe
Bien pensarás, bella Zara,
que a tan noble airoso estremo
de amor, no menos airoso
y noble agradecimiento
deba responder. Pues no,
que aunque es verdad que agradezco
la fineza, en ella nada
es, Zara, lo que te debo.
Zara
¿Nada me debes?
Príncipe
No.
Zara
¿Cómo?
Príncipe
Oye, si quieres saberlo.
Tan como esposo te estimo,
tan como amante te quiero
y tan como amante esposo
te idolatro que sospecho
que desde moro a gentil
apóstata mi deseo
hoy pasa, adorando a Palas
en la hermosura de Venus.
Testigo desta verdad
la ley sea, pues, teniendo
de ella permisión –¿quién duda
que sería al justo efecto
de que nuestra religión
siempre fuese en más aumento?–
para admitir más esposas
que una, ni aun el pensamiento
se atrevió a hacerte ese agravio,
disonándome el que siendo
un contrato natural
el del primer casamiento,
se ofenda con el segundo;
porque, ¿cómo esperar puedo
honesta fe de una esposa
que ve, al entregarme entero
todo un corazón, que yo
se le pago con el medio?
¿Ni cómo puedo tampoco,
traidoramente grosero,
sin que sea estelionato
de amor, a segundo dueño
dar lo que al primero di,
y más cuando en el primero
tan bien hallado está amor,
tan ufano y tan contento
como el mío, que a otro bien,
a otro cariño, a otro empleo
no aspira? Mira si dije
bien en que nada te debo,
pues quien lo que debe paga,
queda de la deuda absuelto.
Zara
Con dos razones la fina
cortesanía agradezco:
una, el desengaño, y otra,
que, siéndolo, llegue presto;
porque ya desconfiada
del no merecido ceño
en que nada me debías,
estaba entre mí diciendo…
Voces
dentro
¡Viva Abdalá, y Mahomet muera!
Zara
Miente el alevoso acento
que creyó que tal decía.
Príncipe
No hagas del acaso agüero.
Zara
¿Cómo no, si al escucharle
absorta y confusa tiemblo?
Las cajas.
Voces
dentro
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Príncipe
Agora no es devaneo,
supuesto que lo oyen todos.
¡Ah de la guardia! ¿Qué es eso?
Sale Cide Hamet, morabito viejo, con Alcuzcuz, vestido ridículamente de moro villano.
Cide
Las centinelas, señor,
que avanzadas en los puestos
están de las avenidas
a lo largo han descubierto
armadas tropas de infantes
y caballos. Sólo aquesto
supe hasta aquí, pero, en tanto
que batidores, que fueron
a tomar voz, informados
vuelven, por no perder tiempo
te traigo aqueste villano
que viene del monte huyendo,
de quien podrás informarte;
que, aunque rústico y grosero,
morillo al fin, baharí en traje
y lengua, con todo eso
te dirá lo que en él vio.
Alcuzcuz
¿Qué querer decir aquelio
de baril morilio? Habladle
ben; que mal por mal, ser menos
mé estar morilio baril
que estar vos morazo vejo.
Cide
Mirad cómo habláis, que estáis
en presencia del supremo
príncipe de Fez, Muley
Mahomet.
Alcuzcuz
A decir volvedlo,
que ser mocha algorobía
para aprendida tan presto.
¿Quién decir?
Cide
Muley Mahomet,
príncipe de Fez.
Alcuzcuz
Si un miedo
traer hasta aquí, ya son dos.
Príncipe
Llegad y no temáis.
Alcuzcuz
Eso
conmego cabado estar,
ma no cabado conmego.
Príncipe
¿Cómo?
Alcuzcuz
Como mé querer
liegar e no liegar vendo
que no saber cómo habladle
con debido catamento
a sinior Mulo Mahoma,
prencipio de Pez.
Hace que se va.
Príncipe
Teneos
y cobraos.
Alcuzcuz
Mal poder
cobrarme, si no me presto.
Príncipe
¿Cómo os llamáis?
Alcuzcuz
Alcuzcuz.
Príncipe
¿De dónde sois?
Alcuzcuz
De ese puebro
que entre Berruecos y Pez
no ser Pez ni ser Berruecos.
Príncipe
¿Dónde íbades?
Alcuzcuz
Por lenia.
Príncipe
¿De quién huís?
Alcuzcuz
Oír atento.
Me jomento e me mojer
de semana –ya saberlo
que a mojeres por semanas
servir a marido– hazendo
un haz de lenia estar, cuando
oír en repentidos ecos
el tan tan de los tabalos
y el tun tun de los trompetos.
Volver el ojos e ver
por todos los vericuetos
de esotro parto del monte
tantos de los cabalieros
e tantos de los infantos;
y delantándose de ellos
unos trompas. Ver tambén
que ir o matando o prendendo
otros leniadores. Mé,
que mirar peligro cerco,
jomento e mojer dejar
y escorrir. Y pus que liego
a pes de sonior Principio
de Pez, que mandar le ruego
volver jomento e mojer.
E si es mocho pedirle esto,
la mojer les perdonar
como volver el jomento;
que él ser solo y elia no,
que otras tres o cuatro tengo.
Voces
dentro
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Cide
Ya los batidores nuestros,
trabada la escaramuza,
La caja.
obligados del exceso,
vuelven tomando la carga.
Príncipe
Pues salgan a socorrerlos
las compañías de guardia,
mientras que con todo el grueso
yo al opósito les salgo.
Tú, Zara, en tanto que vuelvo
a tus ojos victorioso,
con Muley espera, haciendo
retén la gente que traes
para que en cualquier suceso
la retirada asegure.
¡Toca al arma!
Vanse y tocan cajas.
Zara
¿Cómo es eso
de que yo me quede, cuando
tú te empeñas? ¿A qué vengo
si no a vencer o morir
contigo? En mi seguimiento
vengan mis tropas, quedando
dos compañías a efecto
de hacer escolta a Muley,
a quien en la tienda dejo
con orden de que no salga
de ella. ¡Toca al arma!
Vase. Las cajas.
Niño
Viendo
que tú no guardas el orden
de mi padre, ya no debo
guardar yo el tuyo. Un caballo
me dad; que disculpa tengo,
no obedeciendo a mi padre
ni a mi madre obedeciendo,
que de mi padre seguí
y de mi madre el ejemplo.
Vase.
Todos
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Fíngese dentro la batalla, sonando siempre las cajas y trompetas.
Unos
dentro
¡Viva Fez!
Otros
dentro
¡Viva Marruecos!
Alcuzcuz
¡Bono andar el caramuza!
¿Qué tocarle a Alcozcuz? Pero
a Alcozcuz, que a degeridos
oler a estas horas penso,
¿qué tocar, sino escondido
estar, hasta ver soceso?
Que Alá mejorar el horas;
ben que en sus mejoras temo
que el mojer parecerá,
o no pacerá el jomento.
Vase.
Voces
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Cajas y trompetas, y salen los dos genios, cada uno por su parte.
Buen Genio
A poder tú estar contento,
¡oh, qué contento estarías
al ver cuánto en ese encuentro
se declara la fortuna
por Muley Mahomet!
Mal Genio
Es cierto,
pues con aqueso le pago,
como dijimos primero, Las cajas.
de sus morales virtudes
el merecido talento,
sin que a mejor premio aspire.
Buen Genio
No lo imagines, que esto
podrá ser, mudado el trance.
Mal Genio
¿Qué?
Buen Genio
Que algún mortal acuerdo
le llame a la primer causa.
Mal Genio
¿Cómo?
Buen Genio
Así.
Disparan dentro, y dice en lo alto el Príncipe los primeros versos; viene cayendo en los últimos, como despeñado.
Príncipe
¡Valedme, cielos!
Mal Genio
En la colina de donde
estaba distribuyendo
las órdenes, desmandada
bala el caballo le ha muerto.
Buen Genio
Y despeñado de estotra
parte del monte, cayendo
viene.
Mal Genio
¡Bien le favoreces,
si es muerto Muley!
Buen Genio
No es muerto.
Mal Genio
¿Adónde vas?
Buen Genio
A ampararle,
pues a mi cargo le tengo.
Mal Genio
Por que no te deba a ti
la vida, a mi pesar llego
también yo.
Con estos versos viene cayendo a un tiempo a dar en brazos de los dos.
Príncipe
Cruel fortuna,
feliz e infeliz a un tiempo,
¿cómo me das tan iguales
ansias y dicha? ¿Qué es esto?
Representa sin verlos.
Mal Genio
Dar tu mal genio las dichas.
Buen Genio
Y las ansias tu buen genio.
Príncipe
Parece que respondido
me hallo, mas de quién no veo.
Las cajas.
Abdalá
dentro
Pues su caudillo les falta,
¡a ellos, soldados!
Todos
dentro
¡A ellos!
Príncipe
Esto es peor, que Abdalá,
alentado en mi despeño,
creyendo que muerto caigo,
vuelve a embestir más soberbio
y mi gente, desmayada,
se pone en fuga diciendo:
Cide
dentro
Soldados, a retirar,
pues falta el príncipe nuestro.
Zara
dentro
¿Qué es retirar por su falta?
Debéis seguirme, pues quedo,
en venganza de su vida,
yo heredera de su esfuerzo.
Príncipe
¡La voz de Zara es aquella!
¿Y cómo, ¡ay, infeliz!, puedo
dejar en defensa suya
de dar la vida?
Niño
dentro
¿Qué es esto,
soldados? ¿Así dejáis
a vuestro príncipe en medio
de tanta enemiga hueste?
Príncipe
Mas, ¡ay de mí!, ¿qué es aquello?
¿No es la voz de Muley? Sí,
y él el que osado y resuelto
se atreve a morir matando.
¿Cómo a ampararte no llego,
matando y muriendo yo?
Zara
dentro
¡Aquí, soldados!
Príncipe
Mas, ¡cielos!
¿Cómo he de dejar a Zara?
A ella acudiré primero,
que es la mitad de mi vida.
Niño
dentro
¡Soldados, aquí!
Príncipe
¿Qué intento?
Que él es la mitad del alma.
Zara
dentro
¡Ay de mí!
Príncipe
Ya, Zara, vuelvo
a ti.
Niño
dentro
¡Ay de mí!
Príncipe
Y a ti y todo…
Pero en vano lo pretendo,
que a uno ni otra permite
que pueda acudir lo espeso
de tanta intrincada breña.
¿Quién se vio tirado acero
de dos tan fuertes imanes
que, por ir a ambos, suspenso
se esté, sin ir a ninguno?
La caja siempre.
Y pues del imán me acuerdo,
trayéndome a la memoria
la ambigüedad deste empeño
el sepulcro de mi grande
Profeta, que está en el viento
fijo, en fe de su atractiva
violencia, para él apelo.
Grande profeta de Alá,
Alégrase el Mal Genio y el Bueno se entristece.
solemnemente te ofrezco
y con voto revalido
a Meca, tu antiguo templo,
ir en peregrinación
si la maraña rompiendo
destos montes los socorro.
Vase.
La caja, y batalla dentro.
Voces
dentro
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Abdalá
dentro
¡A ellos, soldados!
Todos
dentro
¡A ellos!
Mal Genio
Mira a qué buena primera
causa le lleva el empleo
de tus ansias, pues el voto
a su mal profeta ha hecho.
Buen Genio
Aunque es religión errada,
ya es religión por lo menos
que de su Buen Genio da
indicios, mostrando en eso
la piedad de su engañado
corazón, pero dispuesto
para más perfectos votos.
Cajas.
Mal Genio
¿Cuándo han de ser más perfectos?
Buen Genio
Eso sólo Dios lo sabe.
Mal Genio
Pues quede el trance suspenso
agora de la batalla,
que, con verle vivo, ha vuelto
a encenderse más sañuda.
Buen Genio
Norabuena, y sea diciendo
unos y otros hasta que
más claro lo diga el tiempo:
Todos
dentro
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
¡Viva Fez! ¡Viva Marruecos!
Vanse.
Sale don Baltasar Mandas con la gran cruz de San Juan, bastón y banda, y Turín, soldado.
Baltasar
No te canses, que no has de ir.
Turín
Eso es, juro a Dios, querer
deslucir y deshacer
mi opinión. ¿Qué ha de decir
Malta de mí, si me ve
–¡pesar de quien me engendró!–
quedar en su corte y no
ir contigo cuando en fe
de tu sangre y tu opinión
hoy el gran Maestre fía
las costas de Berbería
y honor de la religión,
sino que debo de ser
algún mandria y que temblando
me quedo de miedo, cuando
sabes tú, u debes saber,
que en todas las ocasiones
que te has, ¡voto a Dios!, hallado,
siempre me has visto a tu lado
cumplir mis obligaciones?
Baltasar
Que siempre osado anduviste
y valiente, Turín, yo
lo confesaré; mas no
confesaré que cumpliste
tus obligaciones.
Turín
Pues
¿en qué falta me has hallado?
Baltasar
En que nunca es buen soldado
quien buen cristiano no es.
Si cuanto en tus labios noto
es maldición cada aliento,
cada voz un juramento
y cada palabra un voto;
si cuando te he menester,
y no es cárcel donde llego
a hallarte, es casa de juego
u de perdida mujer;
si en mi vida no te vi
rosario ni devoción,
de ti ¿qué satisfación
tener puedo? Y siendo así
que por haberte traído
de la patria he tolerado,
con verte mal inclinado,
el no haberte despedido,
por el prudente temor
que amenaza tu despeño,
pues quien es malo con dueño,
sin dueño será peor,
será bien, pues que conmigo
no has de ir, que te resuelvas
y que a Saboya te vuelvas,
porque en la empresa que sigo
–que es dar vista a las riberas,
en corso, de Berbería,
donde el gran Maestre me envía
general de seis galeras
y donde, aunque es justo el celo,
no hay seguridad alguna,
porque trances de fortuna
corren a cuenta del cielo–
de ti no son miedos vanos
pensar contra sus decoros
qué hará un cristiano entre moros,
que aun es moro entre cristianos.
Turín
Cuando de los dos, señor,
se haga comedia, será
el título que tendrá
”El amo predicador”.
¡Cuerpo de Cristo! ¿Por qué
eso has de temer de mí,
si toda mi vida oí
que el que bien jura bien cree?
Y cuando lo temas, di,
¿qué buena piedad será,
por que no reniegue allá,
querer que reniegue aquí?
Que a ratos perdidos juego,
es verdad; mas ¿te ha faltado
algo que haya yo jugado?
Y si a esotros cargos llego
de haber sacado la espada
y estado preso, ¿has oído
pendencia que no haya sido
bien reñida? Si me agrada
esta o aquella mujer,
¿es más visitar a alguna,
de tejas abajo, que una
pesadumbre de placer?
Y, en fin, propuesta la enmienda
de que desde hoy seré
menos malo y que pondré
a todos mis vicios rienda,
llévame, por Dios, contigo,
y si mejoras no ves,
podrás enviarme después.
O advierte, si no consigo
el ir como tu criado,
que soldado sentaré
plaza, o algún algo haré
con que vaya por forzado,
porque apartarnos los dos
yo a la tierra y tú a la mar,
no ha de ser. Y sin jurar,
no has de ir sin mí, ¡voto a Dios!
Baltasar
¡Buen modo de enmienda es ese!
Turín
La lisonja fue no más.
Baltasar
Si la palabra me das…
Pero la plática cese,
que sale el gran Maestre.
Sale don Paulo Láscaris con la gran cruz y acompañamiento de caballeros y soldados.
Maestre
Ya
que la escuadra prevenida,
tripulada y guarnecida
de gente y de chusma está,
no hay que esperar, Baltasar;
y más cuando de esa sierra
encrespan vientos de tierra
blandas espumas al mar.
Los avisos que he tenido
son que Túnez armar trata
a Alamí, el mayor pirata
que estos mares han tenido.
En su busca vais, y espero
que ponga a su orgullo espanto
vuestro valor y el de tanto
religioso caballero
como os acompaña. Muestre
vuestro espíritu gallardo
que sois, Mandas, saboyardo,
y es saboyardo el Maestre
que esta caravana os fía.
Volved, pues, por la opinión,
junto de la religión,
de vuestra patria y la mía.
Baltasar
Si en favor tan singular,
señor, mis dichas entablo,
como el de don fray Juan Pablo
Láscaris y Castellar,
maestre, cuando a dar vaya
muchas vidas que tuviera,
aun fueran pocas. Tercera
vez es esta que esa playa
general suyo me ve;
y aunque en las dos he tenido
la dicha de haber venido
con reputación, no sé
qué me dice el corazón,
que astrólogo suele ser,
de que en esta he de volver
aun con más reputación.
Turín
Sola una cosa podrá
hacer no suceda así.
Maestre
¡Oh, Turín! ¿Qué es?
Turín
Que a mí
no quiere llevarme allá.
Maestre
Pues ¿en qué le has enojado?
Turín
Sólo en reñir, en jugar,
enamorar y jurar;
que otra falta no me ha hallado.
Maestre
¡Qué virtud! Pues lisonjero
el mar no hay ola que mueva,
¡a zarpar! ¡Pieza de leva
dispare! Venid, que quiero
veros embarcar.
Baltasar
Los cielos
vida, gran señor, os den.
Maestre
Y a vos os traigan con bien.
Turín
¿Y en qué paran mis recelos?
¿Hay indulto o hay ultraje?
Baltasar
En que a ver la enmienda pruebe.
Turín
Me huelgo. ¡El diablo me lleve!
Vanse.
Unos
dentro
¡Buen viaje!
Otros
¡Buen viaje!
En una parte música y en otra cajas y trompetas; y salen luego el Rey, el Príncipe, Muley y Zara, Abdalá y otros.
Unos
¡Viva el gran Mahomet!
Música
¡Viva!
Unos
Y por sabio y valiente…
Música
Y por sabio y valiente…
Unos
…ciñan su augusta frente…
Música
…ciñan su augusta frente…
Unos
…sacro laurel, pacífica la oliva.
Música
…sacro laurel, pacífica la oliva.
Todos
¡Viva el gran Mahomet! ¡Viva!
Rey
Ya que en aquesta quinta
que bosqueja el abril y el mayo pinta,
adelantando gozos, al camino
salirle a recibir mi amor previno,
mientras Fez en triunfal carro le vea
digno a sus hechos, vuestra salve sea,
la militar mezclando y la festiva,
quien diga a voces: ¡Viva Mahomet!
Todos
¡Viva!
Caja y música.
Príncipe
Ya que, según su aviso,
de la quinta diviso
la siempre verde esfera
donde mi padre recibirme espera,
la aclamación festiva
no sea a mí, sí a Zara.
Todos
Caja y música.
¡Zara viva!
Unos
¡Viva la bella esposa…
Música
¡Viva la bella esposa…
Unos
…que valiente y hermosa,…
Música
…que valiente y hermosa,…
Unos
…de ambos estremos se corona altiva!
Príncipe
Bien suena el «¡viva Zara!».
Todos
¡Zara viva!
Zara
No a mí sola tampoco deis la gloria,
pues también de Muley es la victoria.
Unos
¡Viva el hermoso infante…
Música
¡Viva el hermoso infante…
Unos
…que no menos triunfante…
Música
…que no menos triunfante…
Unos
…es bien que nuestras ansias le reciban!
Todos
¡Viva Muley! ¡Y Zara y Mahomet vivan!
Rey
Dame, Mahomet, los brazos.
Valos abrazando como los va nombrando.
Tú, bellísima Zara,
llega también; y vos, ¡oh, prenda cara!,
pues sois el nudo que con dulces lazos
une un amor que estriba en dos pedazos,
llegad, llegad al pecho;
que, aunque parezca que es palacio estrecho
para tres voluntades,
llenan, pero no ocupan, las verdades
y lo son las de amor tan verdadero
que, dividido en tres, se queda entero.
Príncipe
Hasta besar, señor, tu invicta planta,…
Zara
Hasta volver triunfante yo a tus ojos,…
Niño
También yo, hasta ofrecerte mis despojos,…
Príncipe
…de tanto triunfo…
Zara
…de vitoria tanta…
Niño
…de tan alto trofeo…
Los Tres
…logré la dicha, pero no el deseo.
Abdalá
(¿Quién no creerá que al ver tan común gozo
mi desdicha se aumenta a su alborozo?
Pues no, que mi desdicha
aun es para callada más que dicha).
Príncipe
Abdalá es el que miras prisionero,
cuyo valiente espíritu guerrero,
cediéndole el valor a la fortuna,
llega a tus pies.
Abdalá
Donde, si tuve alguna
queja del hado, ya la he remitido;
que de tal vencedor ser el vencido
trae el dolor en traje de consuelo.
Rey
¿Qué es lo que hacéis? Alzad, alzad del suelo
y ocupad de mi lado
el superior lugar; que nunca el hado
pasar debe el desdén de la persona
al sagrado esplendor de la corona.
Y ya que tanto huésped generoso
el efecto me dice venturoso
del trance de la lid, saber quisiera
de qué manera fue.
Príncipe
Desta manera,
que, aunque ya mucho de ello habrás oído
de populares voces
que el vulgo suele adelantar veloces,
menos defecto ha sido
que noticias que quedan empezadas
prosigan repetidas, que ignoradas.
En ese monte que es
de Fez y Marruecos raya
restauraban tus soldados
las fatigas de la marcha,
cuando Zara de recluta
llegó –baste decir Zara
para que a decir no vuelva
que vi a Venus viendo a Palas–.
Apenas, pues, nos dio vista,
cuando a su festiva salva
sucedieron los estruendos
de las trompetas y cajas
de Abdalá, que, valeroso
en mi opósito, con gana
de reducir nuestro duelo
al trance de una batalla
valiente se opuso. Dejo
que, de la guerra galana
trabada la escaramuza,
bien como cuando levanta
poca chispa mucho incendio,
poco soplo gran borrasca,
fuimos empleando tropas,
fuimos empeñando escuadras,
hasta venir a entablar
todo el resto de las armas.
A los principios, rompida
la frente de su vanguardia,
iba a cantar la victoria,
cuando, de la ardiente aljaba
del arco de la fortuna
vibrada flecha, una bala
dejó mi caballo muerto
de suerte que de la alta
colina del monte al centro
me arrojó no sé en qué alas,
pues, cuando del precipicio
el golpe temí, jurara
que me recibía la tierra
amorosamente blanda.
El pavor de mi caída
tanto a mi gente desmaya
y tanto a la suya alienta
que, trocadas las balanzas,
el fiel, de infiel peso, hizo
que una suba y que otra caiga.
Mal reparado del susto,
mi gente vi desmandada
y puesta en fuga, sin que
tanto horror, confusión tanta
perturbase mis oídos
para que a ellos no llegara
la voz de Zara diciendo:
Zara
¡Traidora, infame canalla!
¿Qué es retirar, ni qué es
haber pasado palabra
de que tu príncipe es muerto,
si antes, ahora con más causa,
debes lidiar, pues es más
lustre, más honor, más fama,
hasta aquí por el blasón,
desde aquí por la venganza?
Príncipe
Dijo, y de pocos seguida,
cuando de muchos sitiada,
se empeñó en los enemigos.
Subir intenté a ampararla,
a pesar de lo intrincado
de breñas, troncos y zarzas
que el paso me impedían, cuando
con igual brío, igual saña,
Muley, en igual peligro,
de la otra parte en la falda
del monte repetía:
Niño
¿Así,
vasallos, se desampara
a vuestro príncipe en medio
de tanta hueste contraria?
Príncipe
Yo en dos partes dividido,
queriendo acudir a entrambas,
sólo con que entrambas viesen
que moría en su demanda,
por en medio de las dos,
venciendo de la montaña
el ceño, intenté subir;
mas su aspereza era tanta
que, a no proveer el cielo
de ese villano que estaba,
de miedo de tanto asombro,
escondido entre unas ramas,
que me dijese:
Alcuzcuz
Sonior,
si querer sobir, mis prantas
seguir; que mé saber senda
por donde a la cumbre salgas.
Príncipe
Sin él delante de mí
fuera imposible llegara
a la eminencia; fineza
que, para haber de pagarla,
quise que venga conmigo.
Hasta aquí pudo la fama
haberte dicho; oye agora.
Apenas, pues, de la alta
cumbre mi gente me vio
blandir de la cimitarra
la cuchilla, persuadiendo
más la acción que las palabras,
cuando el común alborozo
de verme vivo levanta
tal alarido en mi gente
que volvió desesperada
a cobrarse, a tiempo que
la de Abdalá, confiada
en ser suya la vitoria,
al pillaje se desmanda.
Desordenado él y yo
recobrado –¡oh, qué bien llama
el gentil a la fortuna
deidad de los hombres varia!–
pude, partiendo los dos
estremos que me arrastraban
iguales, hacer en medio
de ellos tan grande matanza
que, acudiendo a su socorro,
dejaron desmanteladas
de ambos costados las fuerzas,
con que pudo de uno Zara
y de otro Muley poner
en tal estrecho las guardias
de Abdalá que prisionero,
como ves, llega a tus plantas.
Pero, aunque ruinas y triunfos
tan de estremo a estremo pasan
que desde un instante a otro
llora uno lo que otro canta,
no en sus términos dejemos
el trance; que no hay humana
acción en que la divina
más absoluta no manda.
Dígalo el que en el conflito
de estar tan aventuradas
las dos vidas –¿quién vio nunca
hecha mitades un alma?–,
a nuestro grande Profeta
ofrecí, si me ayudaba
en defensa de una y otra,
de su sepulcro a la casa
ir en peregrinación,
donde en sus piadosas aras
sea una lámpara de oro
ardiente mudo epigrama
que jeroglífico diga,
cuando a sus cenizas arda:
«Mahomet, príncipe de Fez,
esta memoria consagra
por su hijo en el metal
y por su esposa en la llama».
Y así, pues queda Abdalá
donde te suplico hagas
con él capitulaciones
tan benignamente gratas
que parezca más que está
en su patria que en tu patria
–porque esto de usar, señor,
de superiores ventajas,
si en el opuesto es blasón,
en el rendido es infamia–,
dame licencia de que,
sin que en mi obligación haya
mora o pereza, a cumplir
el voto al punto me parta,
tomando desde aquí a Túnez,
pues en otros puertos faltan
por agora embarcaciones,
por tierra de mis jornadas
el itinerario, donde
Jacimé, hermano de Zara,
desde allí la embarcación
me asegure en confianza
de que Alamí me convoye,
bien como mayor pirata
que de Grecia a Berbería
ha estremecido las playas
del Adriático, a pesar
de todo el poder de Malta.
Rey
Cumplir, Mahomet, la promesa
justo es, pero no con tanta
prisa que antes no repares
fatigas que en la campaña
has tolerado, ya al sol
del agosto, ya a la escarcha
del diciembre.
Príncipe
Fuera error;
que fatigas continuadas
no hacen novedad. Y si hoy
el ocio las pone en pausa,
el descanso de hoy quizá
será pereza mañana.
Y para que no lo sea…
¡Cide Hamet!
Cide
¿Qué es lo que mandas?
Príncipe
Que mi partida dispongas
luego al punto.
Vase Cide Hamet.
Alcuzcuz
Si ser paga
de me servicio el me hacer
tu creado, que aliá vaya
me has de pormetir, porque
tener mochísima gana
de ver a sonior Mahoma,
por si otorgar un demanda
que mé tener que pedirle.
Príncipe
¿Qué es?
Alcuzcuz
Me mojer tener habla.
Me jomento ser un bestia,
no saber hablar palabra.
Y pos elia pregontando
y él no volver podrá a casa,
dejar que mojer se venga
y que jomento me traiga.
Príncipe
Di a Cide Hamet que conmigo
a Meca has de ir.
Alcuzcuz
¡Cosa santa!
Mojer, mé ir a Meca mientras
tú de Ceca en Meca t’andas.
Vase.
Zara
Ya que de tu padre el ruego
no te mueve, el mío me valga.
Morabitos doctos tiene
la ley, pretextos no faltan
con que a mayor recompensa
conmutes el voto.
Príncipe
¡Ay, Zara!
Que no hay morabito docto,
pues ninguno me declara
de nuestro Alcorán un dogma
tras cuyo sentido vaga
la imaginación. Mas esto
no es de aquí.
Niño
Otra cosa haga
por mí tu amor, que ni es ir
ni quedar. Espera hasta
solamente ver el triunfo
con que la corte te aguarda,
porque dicen que está llena
de arcos, músicas y danzas.
Príncipe
¡Que, como niño, la simple
sencillez de tu ignorancia
quiere que una vanidad
más que una devoción valga!
Sólo por huir de ella, hiciera
la ausencia.
Sale Cide.
Cide
Pues ya te aguarda
la gente que va contigo
puesta a caballo.
Rey
¿Con tanta
prisa ha de ser la partida
que aun una hora no descansas?
Príncipe
Si en tu obediencia, señor,
fue pronta mi vigilancia,
¿por qué has de querer que sea
en la del Profeta tarda?
Dame tu mano, y Alá
te guarde.
Rey
Poca esperanza
de eso le queda a una vida,
breve al gusto, a la edad larga.
Y por que el verle partir
dolor a dolor no añada,
vente tú, Muley, conmigo
para que suplas la falta
de verle con verte. Ven
tú, Abdalá, donde mi alcázar
más albergue que prisión
te sea.
Abdalá
Con honras tantas,
bien podré decir que hoy
por el trato y por las armas
me has cautivado dos veces.
(Y aun tres dijera si osara,
¡ay, bella Zara!, decirte
que, si otros la vida, el alma
tú has traído prisionera).
Vase el Rey, Abdalá y el niño.
Zara
En fin, Mahomet, ¿ni las canas
de un padre, el amor de un hijo,
ni de una esposa las ansias
a dilatar esta ausencia
siquiera unos días no bastan?
Príncipe
Más que estimo el verte fina
conmigo, siento que ingrata
con el cielo estés.
Zara
¿En qué?
Príncipe
En que, siendo tú quien causa
la deuda, seas agora
quien embarace el pagarla.
¿Tan poco don, Zara hermosa,
dulce dueño, esposa amada,
tan poco don es tu vida,
y más a quien la idolatra,
que no agradecido quieras
que esté a quien te la restaura?
Por ti me aparto de ti.
Zara
Si por mí de mí te apartas,
cumple con mi amor, y cumple
con tu hacimiento de gracias.
Príncipe
¿Cómo?
Zara
Llévame contigo.
Príncipe
Para ir tú a tierras estrañas,
tanto como a Salamina,
que es la corte en cuya estancia
el sepulcro del Profeta
yace en la feliz Arabia,
son menester prevenciones
ricas, costosas y varias.
Peregrinar tú no es,
sin gran lustre, sin gran casa,
familia y séquito, digna
acción de sangre tan alta.
Zara
¿Para todo has de tener
razones, todas contrarias,
y favorable ninguna?
Príncipe
No llores. Mira que agravias
al alba y al cielo: al cielo
porque su culto embarazas;
y porque la desperdicias
sus dulces perlas, al alba.
Zara
No te espantes de que sienta
más que otras esta mudanza.
Príncipe
Dime, ¿por qué?
Zara
Porque de ella,
si he de creer a la sabia
natural astrología
que sin estudios se alcanza,
no sé, ¡ay, infeliz!, no sé
qué es lo que me dice el alma.
Vase.
Príncipe
Yo sí, pues sé que me dice
que, a pesar de padre y patria,
de hijo y esposa, a cumplir
el voto que ya hice vaya,
no tanto porque le hice,
cuanto por la confianza
de que, obligando al Profeta,
saque en aquesta jornada
saber qué feudo es aquel
que todos a Satán pagan
y qué Madre y Hijo son
los que solo de él se salvan,
o ya en virtud del poder,
o ya en virtud de la gracia.
Jornada Segunda
Dentro salva de piezas y chirimías y, en habiéndose dicho los primeros versos, salen por una parte el Maestre con acompañamiento y por otra don Baltasar, Turín y soldados y con ellos el Príncipe, Cide Hamet, Alcuzcuz y otros moros cautivos.
Unos
dentro
¡A tierra, a tierra!
Baltasar
dentro
El esquife
a escala de popa llega,
y en orden la gente vaya
desembarcándose.
Todos
dentro
¡A tierra!
Uno
dentro
Ya las galeras entrando
vienen al puerto, y con ellas
un navío de remolque.
Maestre
dentro
Siga a su salva la nuestra,
y a recibillos al muelle
salgamos.
Unos
dentro
¡Al muelle!
Otros
dentro
¡A tierra!
Unos
dentro
¡Don Baltasar Mandas viva!
Otros
dentro
¡Don Baltasar viva y venza!
Unos
dentro
¡Al muelle, al muelle!
Otros
¡A tierra, a tierra!
La salva, y salen todos.
Baltasar
Dame, gran señor, la mano.
Maestre
Con bien, don Baltasar, vengas.
Baltasar
Quien viene de obedecer
órdenes tuyas, es fuerza;
que el lucimiento, señor,
en inferiores estrellas
no es más que mendigo rasgo
que se debe a la influencia
del sol que las ilumina.
Hablan los dos.
Príncipe
¿Quién creerá con cuánta priesa
la farsa de mi fortuna
va de próspera en adversa?
De vencedor el papel
ayer en mi patria era
el que me tocaba, y hoy
el de vencido en la ajena.
Pero si no hay más fortuna
que Alá, que es quien lo gobierna
como primer causa, y él
así lo quiere, ¡paciencia!
Alcuzcuz
¿Quién creerme ayer con mojer
y jomento y hoy sin elia
y sin él y sin las otras
tres o cuatro?
Cide
Calla, bestia.
Alcuzcuz
Caliar Mahoma, que tener
por qué caliar, pus su Meca
nos trocar en Malto.
Maestre
En fin,
¿cómo fue?
Baltasar
Desta manera.
Príncipe
Hasta en esto parecida
es a mi dicha mi pena,
pues, como yo el vencimiento
de Abdalá conté allá, cuenta
él el mío aquí. ¡Oh, Alá!,
qué bien corresponde esta
mortificación en digno
baldón de aquella soberbia.
Baltasar
Tercera vez, señor, de las galeras
de Malta general, en feliz día
de ella salí costeando las riberas
al africano mar de Berbería.
De agua y viento la paz de ambas esferas
tan tranquilo el pasaje me ofrecía
que a cuarteles bogando iba, en estremo
la vela hinchada y descansado el remo.
Mas como no hay segura confianza
en viento y agua, que de la fortuna
son girasoles, y ella, en su mudanza,
condicional imagen de la luna,
en tormenta trocada la bonanza,
fue fuerza de un través en otro y de una
punta en otra con náutica cautela
proejar el remo y amainar la vela.
Guiñando, pues, a costa del cuidado
y del sudor descantillando a costa
el rumbo, con la proa a otro costado
para no dar en la africana costa,
hubimos de arribar, golfo lanzado,
del ancho mar a la garganta angosta
donde con el Adriático termina
Mediterráneo el Faro de Mesina.
Aquí del mismo temporal traída
a nuestras manos árabe fragata
dio a voluntaria esclavitud la vida,
viendo que con rendirla la rescata.
De ella, pues, la noticia repetida
de que Alamí salir a otro día trata,
aún no en quietud la alborotada espuma,
volví a romper su verdinegra bruma.
Apenas los celajes de su puerto
desde el tope el grumete distinguía,
cuando, para no ser de él descubierto,
desarbolar mandé la escuadra mía;
que, al fin, en emboscadas del desierto
campo del mar, no tiene la osadía
más árboles, más riscos ni más breñas
que en las distancias desmentir las señas.
No mal me sucedió, pues sin recelo
a media tarde vi que el muelle daba
alto bajel al mar y hollando el hielo
a Levante la proa enderezaba.
Yo, hasta esperar que el negro obscuro velo
más me acercase, el rumbo que llevaba
seguí, desarbolado todavía,
que la boga el velamen me suplía.
Cerró la noche y, desplegando el viento
sus abatidas alas, a la breve
escasa luz de su fanal atento,
Norte la hice, que tras sí me lleve,
conque el primer albor vio en seguimiento
suyo cuánto combate contra él mueve
quien en su caza, a no distancia larga,
de ambos andenes recibió la carga.
Bien presumió que el viento que corría
sobre el destrozo que dejaba hecho
le zafase el cañón de mi crujía,
mas quiso Dios calmarle a poco trecho,
con que debajo de su artillería,
no velejando ya, vio a su despecho
troncar el árbol, rebujar el lino,
crujir la brea y rechinar el pino.
Muerto Alamí de un astillazo, ese
anciano dijo, sobre el borde puesto,
como en voz de motín: «El furor cese,
que a rendirse el bajel está dispuesto»,
con que subiendo a él supe que fuese
sin su orden esta vida su pretexto,
por ser de Fez quien ya es tu prisionero,
Muley Mahomet, su príncipe heredero.
Maestre
¡Otra y mil veces los brazos
en albricias de tal nueva
me da! Y pues también es justo
que al príncipe los ofrezca,
dime, ¿qué moro de aquesos
será, para que me entienda,
intérprete entre los dos?
Baltasar
Entre otras muy buenas prendas
que en él he reconocido,
una es saber varias lenguas,
fuera de que la toscana,
por lo mucho que comercian
con judíos de Liorna,
hay pocos que no la entiendan.
Maestre
No me atrevo, gran Mahomet,
a decir que con bien vengas
por no hacer ese desaire
al dolor que traer es fuerza;
pero atrévome a decir
que las fortunas adversas
son crisoles del valor,
argüida competencia.
¿Qué animo más generoso
fue, entre la paz y la guerra,
el que alcanzó gran vitoria
o el que toleró gran pena?
Y pues de entrambas fortunas
os tocan las experiencias,
poned de aquella el favor
a cargo del desdén de esta.
Príncipe
Cuando esa razón, señor,
no fuera consuelo, fuera
consuelo ser del Bautista
la religión que me venza;
no solo porque mi ley
le estima como a profeta
de Alá, sino por ser tales
de sus armas las empresas
que dan honor al vencido.
Y para gloriosa prueba
de mi valor, basta haber
lidiado en su competencia.
Maestre
La pesadumbre y el mar
fatigado os traerán y esta
no es estancia para que
sin descansar os detenga.
Venid a palacio, donde
albergue, y no prisión, sea
vuestro hospedaje.
Príncipe
Ya que hallo
tan cortesana clemencia
en vos, como, en fin, gran maestre
de religión tan excelsa
y ilustre, en mí el recibirla
os logre el blasón de hacerla.
Y así, pues vuestros favores
mi corto mérito alientan,
para pedir dos mercedes
os suplico una licencia.
Maestre
Antes de saber qué son
ambas, las concediera
mi voluntad; mas quien sabe
de sí que es el ofrecerlas
y cumplirlas todo uno,
no os disonará que quiera
saber qué son.
Príncipe
Que a un criado
le permitáis, la primera
es, dándole embarcación,
señor, que a la patria vuelva
a decir en el estado
que quedo para que vengan
a tratar de mi rescate.
La segunda es que, pues llega
mi fortuna, en esto solo
feliz, a que esclavo sea
del señor don Baltasar,
me dejéis a su obediencia.
Yo no he de ser más aquí
que otro cautivo cualquiera
por que, a ejemplar de mis ansias,
alivio las suyas tengan.
Y pues que nunca el cautivo
está mejor que en presencia
de su dueño, permitid
que en su familia lo sea,
donde como tal me mande
y como a tal le obedezca.
Maestre
¿Qué criado es el que ha de ir?
Príncipe
Este anciano.
Maestre
¡Oye!
Uno
¿Qué ordenas?
Maestre
Que al punto, bien guarnecido,
un bergantín se prevenga
que con mi salvoconduto
y con su blanca bandera
le lleve.
Uno
Venid conmigo.
Príncipe
Cide Hamet, a Zara bella,
a mi padre y a mi hijo
consuéleles tu prudencia.
Diles cómo quedo yo
cautivo y que… La terneza
con las memorias de Zara
un nudo ha puesto en la lengua.
Tú se lo dirás mejor.
Parte, pues.
Cide
Sí haré, aunque sienta
el haber, señor, de ser
portador de malas nuevas.
Vase.
Maestre
Ya el un ruego de los dos
habéis visto. Y aunque fuera
dando uno y negando otro
bien partida diferencia,
no lo he de hacer, y no tanto
por las razones propuestas
–pues don Baltasar sabrá
acudir a la decencia
con que os debe tratar–, cuanto
por el honor que interesa
en la propiedad de tal
prisionero. Y pues no queda
nada a mi atención que hacer
por ahora, dadme licencia
vos a mí de que a su casa
os acompañe.
Príncipe
No hiciera
bien tampoco en coartar yo
liberalidades vuestras.
Vos por vos me honráis.
Baltasar
Y a mí
ambos con una acción mesma,
tanto uno en pedir mis dichas
cuanto otro en concederlas.
Turín
¡Cuerpo de Cristo, con tanta
cortesana impertinencia!
Y pues no puedo tener
otra ocasión como esta
para hablar, aprovechando
el camino mientras llegas
a casa, sepa, señor,
¿cuándo será el día que tengan
algún premio mis servicios?
Maestre
Turín, bienvenido seas.
Turín
¿Cómo ha de ser bienvenido
–aunque de haber sido venga
de los primeros que entraron
el bajel, y en la contienda
de rendirse o no rendirse,
también lo fue en las defensas
de la cámara de popa–,
si nunca para sus medras
llega ocasión?
Baltasar
Quita, loco.
Maestre
Ni le riñas ni le ofendas,
que tiene razón. De aquesos
esclavos que de la presa,
después que a la religión
se dé lo que pertenezca,
se han de partir entre todos
los que se han hallado en ella,
un esclavo, Baltasar,
da a Turín; que, cuando venga
el rescate y comprendido
sea en él, poco habrá que pierda
en su precio como antes
o no le juegue o le venda.
Turín
¿Qué es vender o jugar moro,
dádiva tuya? Con ella
me han de enterrar… Bien que entonces
habremos de apartar sendas:
él hacia el infierno y yo,
quiera el demonio o no quiera,
hacia el cielo. ¡Voto a Dios!
Baltasar
¡Que oír estas locuras quieras!
Maestre
En algo le he de pagar
buen gusto y valor.
Turín
Si intentas
que llegue a logro la paga,
de contado el moro venga;
que librármele en mi amo
es lo mismo que en Ginebra,
porque es el cuento de cuentos
la cuenta de nuestras cuentas.
Maestre
Señala a Alcuzcuz.
Desde aquí este esclavo es tuyo.
Turín
Goces la supervivencia
de un lanzón en el zaguán
de una casa solariega.
Moro mío –no es requiebro,
sino dominio–, paciencia,
y servirme como un moro
desde aquí.
Alcuzcuz
Ser norabuena
vos mi poltrón.
Baltasar
Ya, señor,
que la corta, humilde esfera
de mi casa por el huésped,
no por mí, este honor merezca,
entrad, pues a vos os toca
darle, como dueño de ella,
de ella la posesión.
Maestre
¿Dónde
vais?
Príncipe
A dejaros la puerta
por que entréis primero vos.
Maestre
Eso no, que esta advertencia
en cualquier estado es bien
que a la real sangre se tenga.
Vuestra Alteza ha de pasar.
Príncipe
En pasando vuestra Alteza.
Maestre
Ambos cabemos, venid.
Príncipe
Sólo este honor recompensa
pudo ser de mis desdichas.
(¡Qué venerable presencia!).
Maestre
(¡Qué lástima que sea moro
príncipe de tales prendas!).
Vanse todos. Quedan Turín y Alcuzcuz.
Turín
Moro mío.
Alcuzcuz
Mío patrón.
Turín
Tras mí la ciudad entera
has de pasear, ¡vive Dios!,
para ver cómo me asienta
el verme servir un día
de cuantos serví.
Paséase muy grave y el moro tras él.
Alcuzcuz
Ser fuerza
seguir pasos y al volver
con zalá hacer reverencia.
Turín
¿Cómo es el nombre?
Alcuzcuz
Alcuzcuz.
Turín
Me huelgo, por si me aprieta
tal vez el hambre, comerme
de mi cautivo una pierna.
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
Sonior.
Turín
¿De dónde
eres?
Alcuzcuz
De un homilde aldea
que estar en Pez y Barruecos.
Turín
¿Y qué es lo que hacías en ella?
Alcuzcuz
Perder jomento y mojer
fue mi último diligencia,
de que el perder las demás
se seguir.
Turín
Pues ¿cuántas eran?
Alcuzcuz
Tres o cuatro.
Turín
(Lo mejor
es no haber hecho la cuenta.
¡Oh, si no fuera pecado
el usarse en esta tierra
adonde ni aun una sola
se permite a su nobleza!).
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
Sonior.
Turín
¿Y adónde
iba el tal príncipe?
Alcuzcuz
A Meca,
a ver a sior Mahoma…
Turín
(¡Oh, qué buena diligencia!).
Alcuzcuz
…por un bote que le hacer
de le haber en un refriega
en que se empeñó, guardado
su esposa.
Turín
(Ya no es tan buena,
que, por que no la guardase,
hubiera acá quien hiciera
voto aun al mismo Mahoma).
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
Sonior.
Turín
¿Y qué era
de lo que le servías?
Alcuzcuz
De
sabandija palaciega.
Turín
¿Qué oficio es?
Alcuzcuz
Comer y holgar.
Turín
¡Linda ocupación es esa!
Alcuzcuz
Sí, sonior, y acá saber
a ti servir en la mesma.
Turín
Dámela tú a mí y troquemos.
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
Sonior.
Turín
Por esta
calle ven, que es por adonde
toma el gran Maestre la vuelta
para ir a palacio y quiero
que viento en popa me vea
con esclavo de remolque.
Alcuzcuz
Guiar tú, mé seguir.
Turín
No sea
tan atrás, que podrá ser
que se trastuequen las señas
de ir conmigo. Cabo mí,
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
No estar decencia
cabo ti, sonior.
Turín
Yo quiero
honrarte; llega más cerca.
Alcuzcuz
Ben está aquí.
Turín
(¡Qué humilde!
Lástima es que no le muela
a palos por que a un bergante
como yo no haga zalemas).
Alcuzcuz
(¡Qué lástimo no ser moro
poltrón de tanta llaneza!).
Vanse.
Salen el Rey y Abdalá.
Rey
Habiéndome dejado
Mahomet en su partida
no sólo el agasajo de tu vida,
mas el de tu rescate encomendado,
justo es que mi cuidado
al uno y otro acuda.
Y así, supuesta entre los dos la duda
de si debe pagar o no el tributo
que como a reino que es más absoluto
a Fez Marruecos debe,
es bien, ya que esta plática se mueve
entre los dos, que entre los dos veamos
cómo ha de ser y que lo resolvamos.
Abdalá
Antiguo abuelo mío, que reinaba
cuando Marruecos solevado estaba,
pidió socorro a Fez; yo lo concedo
y concedo también que el gran denuedo
del rey que entonces era
le dio auxiliares armas, de manera
que, al favor del socorro agradecido,
el feudo le juró. Y habiendo sido
de terceros el daño, aunque ha pasado
de un estado a otro estado
la ley inmemorial, aún la ley vive
de que el mal poseedor nunca prescribe.
Y pues este pretexto
es el que en esta esclavitud me ha puesto,
en ella he de morir antes que venga
en que mi patria ese homenaje tenga.
Y así, en rescate puedes resolverte
a darme libertad u a darme muerte.
Rey
Muerte, muy torpe, indigna acción sería,
que el valor nunca mata a sangre fría;
ni libertad, en tanto
que no vuelva Mahomet.
Sale Zara.
Zara
Mucho me espanto
que lo que es bien que tu poder resuelva,
lo guardes para cuando Mahomet vuelva.
Por complacer con mi melancolía,
este jardín a solas discurría;
y viendo cuán privadamente hablando
aquí estabais los dos, adivinando,
no en vano, cuál la plática sería,
haciendo de esas murtas celosía,
me recaté. Y habiendo oculta oído
a la altiva jactancia de un rendido
que, aunque cautivo muera,
nunca ser tributario tuyo quiera,
me ofendo que des plática al rescate
y que entender no trate
que nunca espere verse, o muerto o vivo,
menos que tributario o que cautivo.
Abdalá
Más, Zara hermosa, en tan preciso empeño,
que mi desdicha, temeré tu ceño;
que esclavitud o vida o muerte, nada
importa más que verte a ti enojada.
(Y es verdad, porque tímido en estremo
su enojo más que mi desdicha temo).
Y así, pues todo esto
para en estar dispuesto
a morir prisionero
(y más tuyo) primero
que vivir tributario, no te ofenda
querer más padecer que el que se entienda
que concedí, por verme en tierra estraña,
lo que no concediera en la campaña.
Zara
¿Qué estraña tierra es donde asistido,
festejado y servido
te ves? ¿Qué más dijeras
si sujeto te vieras
a las penalidades de cautivo?
Y pues hablar tan vanamente altivo
nace de tratamiento
tal que no sabe de él el sentimiento,
para que el vasallaje en que estás veas,
desde hoy haré que tan esclavo seas
–el decoro perdone–
que, o bien tu sufrimiento te corone,
o bien el rencor mío
la altivez mortifique de tu brío,
hasta ver si desdeñas o codicias
la libertad.
Sale Muley.
Niño
Dame, señora, albricias.
Zara
¿De qué, Muley, que tan contento vienes?
Niño
De que noticias de mi padre tienes.
A ese balcón que cae al mar estaba
cuando vi que tomaba
tierra Hamet. Y es sin duda que de parte
suya vendrá.
Zara
¿Qué albricias puedo darte
si de tales noticias
aun vida y alma son cortas albricias?
¿Cómo, pues, no entra luego?
Sale Cide Hamet.
Cide
Ninguno estrañe ver cuán presto llego,
que soy vivo argumento en que se prueba
cuánto corre veloz la mala nueva.
Dame, señor, tu mano y de tus plantas,
señora, si merezco dichas tantas,
permite que rendido
la tierra bese.
Los Dos
Seas bienvenido.
Cide
¡Oh! ¡A los cielos pluguiera
fuera posible bienvenido fuera!
Zara
¿Qué venida es aquesta?
Los ojos sin la voz dan la respuesta.
Sin duda a grande daño me apercibo.
¿Vive mi esposo?
Cide
Sí, señora. Vivo
y sano y bueno queda.
Zara
Pues como él viva, ¿qué hay que turbar pueda
semblante y voz?
Rey
Pues bien, ¿qué ha sucedido?
Niño
¿Qué ha pasado?
Zara
¿Qué ha habido?
Habla, prosigue. Mira que un cuidado
menos mata sabido que dudado;
y a cuanto él no es faltar, me sobra el brío.
Cide
Tu esposo,…
Zara
Di.
Cide
…infeliz Príncipe mío…
Zara
¿Qué esperas?
Cide
…(el aliento me falta),
queda…
Zara
¡Acabemos ya!
Cide
…cautivo en Malta.
Apresado el bajel adonde iba
de aquesa religión que siempre altiva
infesta nuestros mares
y, añadiendo pesares a pesares,
llega a lograr el triunfo que hoy se mira.
Rey
Cae desmayado.
¡Ay, infeliz de mí!
Niño
¡Qué ansia! Llora.
Zara
¡Qué ira! Enfurécese.
Abdalá
Notando estoy atento
a qué puede llegar un sentimiento,
viendo con nuevas tales
tres afectos contrariamente iguales.
Su padre de dolor perdió el sentido,
su hijo se ha enternecido
y su esposa, irritado.
¿Quién juzgará a quién más le haya pesado?
Zara
¿Quién no lo juzgará si es evidente
que el desmayo no siente
y el llanto desahoga?
Luego a quien más aflige, más ahoga
de aquesa voz el pronunciado rayo
soy yo, pues que ni lloro ni desmayo.
Retiradme de aquí (¡dolor esquivo!)
este triste, infeliz, cadáver vivo.
Ve tú, Muley, a que se le prevenga
la curación que a su aflicción convenga
mientras quedo, a pesar del sufrimiento,
yo haciendo rostro a todo el sentimiento.
Llévanle y con él se va Muley.
Dime, Hamet, ¿y a la pena sucedida
habrá remedio?
Cide
A aqueso es mi venida,
pues es a que se trate
el precio disponer de su rescate.
Zara
¡Oh, qué medio tan necio!
Que es mi esposo y tener no puede precio
quien es esposo mío.
Mas ya que hemos de estar al desvarío
de que haya de canjearse el prisionero,
vuelve a no regatear cuanto es dinero.
Y si más que Fez vale te pidieren
y a mí para su esclava me quisieren,
mi esclavitud a su contrato obliga.
Abdalá
Óyeme a mí primero que lo diga.
Todo cuanto no di ni dar espero
nunca en mi libertad, emplear hoy quiero
en la suya, que una
cosa es que no me rinda a la fortuna
y otra agraviarse mi valor altivo
de ser cautivo ya de otro cautivo.
Vente conmigo, Hamet, donde con pliego
de crédito en Liorna partas luego
y da cuanto por él se te señale;
que por mucho que des, mucho más vale
quien a mí me venció. Vea el mundo y vea
Zara, sin que esto su amenaza sea,
gozar Mahomet de mi vitoria el fruto
como dádiva y no como tributo.
(¿Quién en el mundo, ¡cielos!,
calló su amor y sobornó sus celos?).
Vanse.
Zara
¡Aguarda! ¡Escucha! ¡Espera!
¿Quién acetar sin acetar pudiera
tan heroica hidalguía?
¡Cielos!, ¿qué debe hacer la altivez mía?
Pero, si hacer no puede
lo que debe, que es que Malta quede
a mi horror, a mi saña, a mi despecho
ceniza del incendio de mi pecho,
pavesa del Volcán de mi quebranto
y ruina del Vesubio de mi llanto,
fuerza es que a otros partidos
mis sentimientos rindan mis sentidos;
bien que es recio dolor, que es rigor recio
poner la vida de mi esposo en precio.
Vase.
Salen el Príncipe y don Baltasar.
Baltasar
Perdonad que a todas horas
no esté haciéndoos compañía,
porque es en mi obligación
forzosa que al Maestre asista.
Príncipe
Ya sé, aunque contra mí sea
el carecer de esa dicha,
que la voluntaria acción
ceder debe a la precisa.
Id en buen hora, que yo
acá con las penas mías,
si no bien acompañado,
mal solo, pondré este día
a cuenta de otros.
Baltasar
¿Qué es solo?
Pues ¿no hay en casa familia
a quien he mandado yo
que a todas horas os sirvan?
Príncipe
Mucha merced me hacen, pero
criados ya es cosa sabida
que estorban la soledad
y no hacen compañía.
Con ninguno, si no es
con vos, pueden mis desdichas
estar bien halladas.
Baltasar
Esa
es acción vuestra, esta mía.
¡Turín!
Sale Alcuzcuz.
Alcuzcuz
¿Sonior?
Baltasar
No eres tú
a quien llamo.
Alcuzcuz
En cortesía
deber la falta del dueño
el bon cautivo suplirla.
¿Qué querer?
Baltasar
¿Adónde está
Turín?
Alcuzcuz
No mandar que diga
dónde estar, que me encargar
no decir que en el vecina
casa con otros soldados
estar vendo unas cartilias
pintadas donde tener
no sé cuántas fegorilias:
oros para sus regalos,
espadas para sus riñas,
palos con que se sacuden
y copa con que se brindan.
Porque si mé lo decir,
dar palos en el barrigas.
Y así, me importar caliarlo.
Baltasar
(En fin, es cosa perdida
esperar enmienda de él;
mas sufra ahora la mohína
por que este moro no pague
su culpa). Lo que quería
a Turín no dejara era
solo al príncipe. Y pues mira
mi atención más bien hallada
que con él con tu venida
su soledad, queda tú
donde a su servicio asistas.
Perdonadme, a decir vuelvo,
que yo procuraré aprisa
venir y estarme con vos;
que, como verdad os diga,
no tengo rato mejor
que el que de vuestras noticias
y ciencias gozo. ¡Oh, si el cielo…!
Príncipe
Sólo en eso no prosiga,
os suplico, vuestra voz;
pues cuantas galanterías
conmigo usáis, desvanece
la proposición continua
desto de la ley.
Baltasar
Con Dios
quedad.
Vase.
Príncipe
Guarde Él vuestra vida.
¿Qué hay, Alcuzcuz?
Alcuzcuz
Muchos penos,
ben que todas sus fatigas
consolar haber caído
contigo en un casa misma.
Príncipe
¿Están muy desconsoladas
mis gentes con quien se aplican
por esclavos?
Alcuzcuz
Mochesimo.
Príncipe
Pues diles de parte mía
que, en volviendo Cide Hamet,
que juzgo que será aprisa,
he de tratar su rescate
antes que el mío. Divinas
esferas, ¡qué bien aquel
gran cortesano decía
contra el sentir de quien dijo
ser valientes las desdichas
en fe de atreverse a todos!
Pues al ver cuán de cuadrilla
lidian tan acompañadas
que nunca una sola lidia,
las motejó de cobardes.
Yo en mis fortunas lo diga,
pues contra una vida sola
no hay multitud que no embista.
Si de mis triunfos me acuerdo,
hallo acciones tan distintas
como que allá altivo cante
y que aquí cautivo gima.
Si voy a la religión,
hallo que piedad tan digna
como ver a mi Profeta
se ha convertido en mi ruina.
Si me acuerdo de mi patria,
me afligen sus agonías;
si de mi padre, sus canas;
si de mi hijo, sus caricias.
Sólo de quien no me acuerdo,
¡ay, hermosa Zara mía!,
es de ti, que el que se acuerda,
ya supone que se olvida,
y en mí es imposible, que eres
de mis ansias un enigma
que, sincopándolas todas,
tan todas juntas las cifras
que, dando cuerpo a la idea
y sombra a la fantasía,
no hay parte en que no te encuentre,
cuerpo y sombra de ti misma.
¡Oh, qué bien, ay, dulce esposa,
me dijiste a la partida
que del corazón aquella
natural astrología
que no se estudia te daba
de mi tragedia premisas!
¡Quién, viendo que no hay pequeña
circunstancia que no aflija,
arrancara la memoria
del lugar adonde habita
y de nada se acordara!
Mas, ¡ay!, ¿qué poder tendrían
las desdichas, si faltase
la memoria de las dichas?
¿Qué hiciera yo para que
tan rebelde, tan prolija
esta villana potencia
no a todas hora me siga?
Mas ¿qué puedo hacer? Si aquí
tuviera mi librería,
sólo el estudio pudiera
u apartarla u divertirla.
Mas ya que el leer me parece
que solamente podría
acompañarme, he de ver
–aunque materias distintas
de aquellas que tantas veces
desvelaron mis vigilias–
si otra cualquiera materia,
ya que no remedia, alivia.
Alcuzcuz, en esa cuadra
donde tal vez se retira
este ilustre caballero,
según su virtud indicia
a hablar con Alá, unos libros
he visto. Y pues no me priva
ningún idioma que entienda
su frase, ve, por tu vida;
tráeme uno de ellos.
Alcuzcuz
Di cuál.
Príncipe
Si aquí no hay elección mía,
¿cuál he de decir? Cualquiera.
Alcuzcuz
Pues mé dejar que le elija
cuál destos le llevar.
A la esquina del tablado ha de haber un bufete con libros, y por detrás sale el Buen Genio y señala uno.
Buen Genio
(Este).
Alcuzcuz
No saber qué causa inclina
más a este que a estotros.
Toma.
Príncipe
Llega aquí bufete y silla,
que está mejor luz.
Llégale a la punta del tablado bufete y silla, y él se sienta a leer.
Buen Genio
(Sí está,
y más si su llama activa,
alumbrándote en tus dudas,
es la que te solicita
tu buen genio; que no en vano
te ha reducido a que vivas
entre cristianos, adonde
tengas de su fe noticias).
Alcuzcuz
(Mientras él leer, pus no falta
le hacer, ir a ver querría
si ganar mi amo o perder
por le esperar al venida,
si perder, con gran tresteza,
si ganar, con alogría).
Vase.
Príncipe
¿De qué este libro será?
Leer quiero su inscripción: «Vida
de San Ignacio Loyola
–dice– de la Compañía
de Jesús fundador». Luego:
«Por el padre –dice– escrita
Pedro de Ribadeneyra,
de Sagrada Teología
lector». Gran varón debió
de ser a quien se dedica
todo este volumen. Pero
supuesto que esto no mira
más que a divertirme, ¿quién
a leerle todo me obliga?
Por cualquier parte le abro.
Llega el Buen Genio por detrás de la silla y abre el libro.
Buen Genio
(Sea por ésta. Y ya que en guía
de la verdad tu Buen Genio
te ha puesto, procura oírla;
que él procurará que sea,
si tus virtudes aplica,
con tal aprehensión que puedas
persuadirte a que esas líneas
llegan a tu oído más
pronunciadas que leídas).
Vase.
Príncipe
La parte por donde abrí
dice en el renglón de arriba
«tercer capítulo», y luego
su párrafo: «Yendo un día
de Manresa a Monserrate,
después que las galas ricas
de caballero y soldado
trocó a una pobre esclavina,
con un moro se encontró
de los que entonces había
tolerados en España.
Y como un camino iban,
trabaron conversación».
Más que acaso, maravilla
parece que en lo primero
que esta leyenda me dicta
de moro y cristiano sea
la plática. Lo que indican
u maravilla o acaso
veré. «Y hablando en distintas
cosas, vinieron los dos
a trabar una porfía
en que a decir vino el moro:».
Sale san Ignacio vestido de peregrino y un moro de morisco, como andaban en España. Y paseándose los dos por detrás de la silla, como que van de camino, representan sus versos y al mismo tiempo los lee el Príncipe con esta diferencia, que ellos los han de decir en voz alta y él en voz baja, como que los lee para sí.
Príncipe Y Morisco
«Por más que tu voz me diga
que pudo virgen doncella
sin detrimento y mancilla
concebir de su pureza
y que después de parida
permaneció virgen, yo
no he de creer, que se implican
virgen y madre».
Príncipe
A que Ignacio
respondió:
Él Y Ignacio
«No hace, si miras
que el rayo del sol penetra
la vidriera cristalina
y que pasando sus rayos
luce, resplandece y brilla,
quedándose la vidriera
clara, pura, intacta y limpia».
Príncipe
(Con tanta vehemencia esta
rara, nueva, peregrina
cuestión mi aprehensión tras sí
se lleva que juraría
que articuladas razones,
más que razones escritas,
son las suyas. Veamos cómo
el cristiano solicita
ajustar la paridad
de vidrio y sol).
Él Y Morisco
«No prosigas…»,
Príncipe
…dijo el moro…
Él Y Morisco
«…que ese ejemplo
nada explica».
Él Y Ignacio
«Mucho explica…»,
Príncipe
…Ignacio le respondió…
Él Y Ignacio
«…que si ese sol ilumina
por un vidrio, sin que el vidrio
se empañe, turbe o resista,
¿por qué no iluminará
Cristo, que es sol de justicia,
las entrañas de una madre,
sin daño o lesión, el día
que, Hijo de Dios, de su seno
desciende a que a la divina
naturaleza la humana
en sí la abrace y la admita?».
Príncipe
(¿Divina naturaleza
y humana propone unidas
en un supuesto? ¡Oh, si el moro
dijera lo que diría
yo si le oyera!). A que el moro
replicó:
Él Y Morisco
«Pues ¿qué precisa
causa a Dios pudo mover
para que se abrevie y ciña
su noble naturaleza
en la tosca villanía
de la humana?».
Príncipe
(Mi razón
de dudar fuera la misma).
A que Ignacio respondió:
Él Y Ignacio
«¿Qué más causa solicitas
que estar el género humano
sujeto a la tiranía
de Satán, a quien no hay
criatura que no le rinda
tributo, y ser el librarle
la causa de su venida?».
Príncipe
(¿Cómo es esto de tributo
a Satán? Ya aquesto mira
a aquella duda primera
en el Alcorán prevista.
Por si a la segunda pasa,
leo). A que el moro replica:
Él Y Morisco
«Pues Satán, ¿cuándo entabló
su tirana monarquía
sobre el hombre?».
Príncipe
Y él le dijo:
Él Y Ignacio
«Cuando, criándole en justicia
original Dios, perdió
por las traidoras insidias
de un áspid la gracia. Y como
estaba comprometida
en él la naturaleza,
quedó toda su familia
tributaria a su tirano
imperio. Bien nos lo explican
las humanas propensiones
que padece, pues no había
–siendo obra de su mano,
labrada a su imagen misma–
Dios de criarle imperfecto,
si no hubiese su malicia
viciado su ser, de que
resultó que hasta hoy le opriman,
sobre el horror de la muerte,
sed, cansancio, hambre y fatiga,
el humo de la soberbia,
el fuego de la avaricia,
el rebelión de la carne,
la cólera de la ira,
la embriaguez del apetito,
la carcoma de la envidia
y el plomo de la pereza.
Y siendo, como homicida
de todo el género humano,
en cierto modo infinita
su culpa, fue necesario
el que para redimirla
mérito infinito hubiese.
Y así, la sabiduría
de Dios dispuso que el Hijo
hecho hombre al hombre redima,
satisfaciendo por todo
el rigor de la justicia;
conque, habiendo de venir,
el Padre eligió una hija
que para madre del Hijo
y para esposa divina
del Espíritu, en primero
instante, en primera línea
de su animación primera,
fuese en gracia concebida
y a los contactos de madre
preservada y preferida;
siendo María y su Hijo
los que del feudo se libran:
su Hijo en virtud del poder
y de la gracia, María».
Príncipe
(¿Su Hijo en virtud del poder
y de la gracia, María?
¡Cielos! ¿Mi duda no es esta?
Veamos más). A que con risa
dijo el moro:»
Él Y Morisco
«¿Ves todo eso?
Pues ni me mueve ni anima
a creer que virgen madre
antes del parto conciba
virgen, virgen en el parto
permanezca y virgen viva
después del parto. Y pues tanto,
Ignacio, tu compañía,
ejercitándose maestra
de la cristiana doctrina,
en no sé que ocultos lejos
me asombra y me atemoriza,
huiré de ti».
Vase el morisco.
Príncipe
Conque, echando
el moro por otra vía,
quedó diciendo:
Él Y Ignacio
«Oye, aguarda,
que no es bien de mí se diga
que oí de María baldones
y no los vengué. Que siga
sus pasos y a puñaladas
le mate será acción digna.
Pero ¿dónde voy?, que ya
no es tiempo de bizarrías
y la milicia de Dios
no es la pasada milicia.
Él volverá por su causa
sin que sea yo homicida,
haciendo que de su seta
reyes crean algún día
que de aquel común tributo
María y su Hijo se libran:
su Hijo por naturaleza
y por la gracia, María».
Vase san Ignacio.
Príncipe
Que tienen alma los libros
ya lo oí, mas no tan viva
que en el corazón sus letras,
más que en el papel, se impriman,
sonándome en los oídos
calladas a un tiempo y dichas.
¡Cielos!, si del Alcorán
vuelvo al no entendido enigma,
aquella proposición
y esta, ¿no son una misma
y una misma mi razón
de dudar? Vuelva a inquirirla.
Sale el Mal Genio. Por detrás le muda las hojas del libro al contrario siempre de lo que él las abre.
Mal Genio
(No harás, sin que yo te borre
las hojas en que está escrita).
Príncipe
Pero el aire me ha trocado
el capítulo en que iba
leyendo. ¿Hacia aquí no estaba?
Mal Genio
(Antes que le halle y prosiga
en ajustar ambos textos,
ven, Cide Hamet, tan aprisa
que con mis alas parezca
que vuelas más que caminas.
Veamos si con el rescate
que le traes le prevaricas
el discurso y, no viviendo
entre cristianos, le privas
de que vaya de su ley
tomando nuevas noticias).
Príncipe
Por más que le busco donde
le dejé, no le hallo.
Sale don Baltasar.
Baltasar
Albricias,
Mahomet, a pedirte vuelvo,
bien que muy a costa mía.
Príncipe
¿De qué puede albricias dar
un cautivo tan sin dicha
que no la espera?
Baltasar
De que
ya de esa playa a la orilla
tierra toma el bergantín
que fue a tu patria.
Mal Genio
(Si inspira
el aquilón de mi aliento
en el buque de su quilla,
¿qué mucho que veloz vuelva?
¡Oh, sea para que impidan
las humanas conveniencias
discurrir en las divinas!).
Vase.
Príncipe
Perdonadme si grosera
incurriera mi alegría
acaso en el alborozo
de pensar que su venida
sea a sacarme de vuestro
dominio; que donde instan
una esposa, un padre, un hijo
y todo un reino no es tibia
la disculpa; mayormente
cuando en la esclavitud mía,
aunque el cuerpo libre, el alma
siempre ha de quedar cautiva.
Con esta salva licencia
me dad de que a la marina
llegar pueda.
Baltasar
Será en vano,
que para que no tardías
llegasen a vos las nuevas
y supiesen dónde habían
de hallaros, envié un soldado
que le sirviese de guía
al portador y con él
llega ya.
Sale Cide.
Cide
¡Felice día
que con salud vuelvo a verte!
Príncipe
¡Oh, Hamet! ¿Qué hay?
Cide
Por que prolija
no sea mi relación,
procuraré reducirla.
Zara y Muley quedan buenos.
Solamente en quien peligra
la salud es en tu padre.
Años son, no hay que te aflijas,
que el achaque de los años
se sabe sin que se diga.
(Callarele que la nueva
que llevé fue su homicida,
porque el saber que ya es rey
no crezca al precio la estima).
Unos y otros, no hay riqueza
en Fez que por ti no rindan.
Joyas y dineros traigo,
en que también participa
tu cuñado, el rey de Túnez.
Mas quien con más bizarría
se ha mostrado es Abdalá:
crédito abierto te envía
en Liorna, como estas
cartas dirán.
Príncipe
Sin abrirlas,
que al cautivo no le es dado
que las lea o las reciba,
mi rendimiento, señor
don Baltasar, os suplica
–bastantemente honestada
tengo antes desto la prisa–
que al Maestre y su consejo
las presentéis, y que admitan
la plática disponed,
sin que un punto contradiga
a lo que vos dispusiereis,
pues sólo en uno os avisa
mi atención.
Baltasar
¿Qué es?
Príncipe
Que si el precio,
ya en créditos o ya en ricas
joyas y dineros, no
basta para que consigan
libertad cuantos sin ella
están, desde mi familia
al más mísero grumete,
y por dicha o por desdicha
faltare para uno solo,
sea a mí; que me lastiman
las penalidades suyas
aun mucho más que las mías.
Baltasar
De todo advertido voy;
quedadlo vos que adquiridas
presas de la religión
son y que disminuirlas
no podré lo que quisiera.
Venid vos conmigo.
Vanse don Baltasar y Hamet.
Príncipe
Impía
imaginación, pues es
ya otro lo que discurrías,
déjame pensar un rato
en las amantes delicias
de volver a ver a Zara,
bien que no, como querría,
será presto, porque es fuerza
que el cumplimiento prosiga
del voto que hice al Profeta.
Uno
dentro
¡Antes perderás la vida!
Príncipe
¿Qué oigo?
Todos
dentro
¡Ténganse!
Uno
dentro
¡Que sufra
hacer tal superchería!
Príncipe
A la puerta cuchilladas
hay. Iré a ver si la riña
en voz de oráculo habla
conmigo.
Dentro cuchilladas y salen riñendo Turín y otros soldados, y unos y otros tirando de Alcuzcuz. El Príncipe entra por una puerta y sale por otra.
Turín
En vano porfías,
que no has de llevarte el moro.
Uno
Sí haré tal.
Alcuzcuz
Acude aprisa,
sonior, antes que me partan
por medio.
Príncipe
Pues ¿qué osadía
es esta? Cuando esta casa
no fuera porque la viva
vuestro general, porque
mi persona en ella habita,
¿no basta para tenerla
más respeto?
Uno
Aunque te indignas
con razón, la que yo tengo
podrá, si llegas a oírla,
disculparme.
Turín
La razón
es sólo la que…
Príncipe
Desvía,
que estoy yo aquí.
Uno
Porque yo…
Turín
Porque yo…
Príncipe
Nadie la diga,
que cualquiera es sospechoso.
Y si alguno ha de decirla,
ese moro la dirá,
que no es parte.
Alcuzcuz
Mal maginas,
que parte y aun partes ser,
pues temer que me dividan.
Jugando estar mi poltrón,
mé querer ver si perdía
o ganaba; él así como
mé entrar poner en mí el vista
y decir: «Sobre ese moro
cien escudos, que es su estima».
Mé correr. Decir aqueste:
«Topo», con que parecía
mi tabardillo, según
fue echando sobre mí pintas.
Cinconta escudos ganar,
cuando ofrecerse un rencilla
sobre ganarles el mano
y un mirón de los de encima
decir que mi amo perderla.
Responderle él que mentía,
sacar el espadas todos
y, mientras los apaciguan,
el que ganar mi metad
decir: «Cabo mí camina»,
e terar de me. Mi medio
amo, ya con gran mohína
decir: «No le has de llevar,
antes perderás el vida».
Decir el otro: «¿Que mé
sofrir tal soperchería?»
Con que de parte unos de uno
y otros de otro, repetida
la pendencia, unos y otros
de su medio moro tiran.
Peligro en que para quien
para sobre prenda viva.
Príncipe
Por que de don Baltasar
esto no llegue a noticia,
quiero componerlo yo.
Tomad aquesta sortija.
Más que el medio moro vale,
y idos de aquí.
Uno
Que te sirva
en eso y en todo es fuerza.
Vanse.
Príncipe
¿Posible es, Turín, que vivas
tan sin rienda, tan sin freno
que no adviertes, que no miras
tan buen dueño como tienes?
Turín
Hasta agora no sabía
el que también los señores
príncipes de Fez predican.
Príncipe
No te quiero responder
a tan libre y atrevida
desvergüenza sino solo
con dejarte por perdida
cosa.
Vase.
Turín
Alcuzcuz.
Alcuzcuz
So.
Turín
¿Qué es «so»?
Alcuzcuz
Como decirte solía,
cuando mi amo entero ser,
entero «sonior», partida
la mitad, a medio amo
basta medio «so».
Turín
En la riña
perdí el sombrero, y la espada
se me ha torcido. Allá arriba
sube, otra espada y sombrero
me trae.
Alcuzcuz
Esa es golloría,
querer que a medio poltrón
entero cautivo sirva.
Sombrero escoger o espada;
y pensar desde esto día,
no tocarme traer más de
la metad de lo que pidas.
Turín
¡Viven los cielos, infame,
vil canalla barrachina,
que te mate!
Embiste con él.
Alcuzcuz
Tu mitad
matar, mas dejarme viva
la otra metad.
Sale don Baltasar.
Baltasar
¿Qué es aquesto?
Alcuzcuz
¡Josticia, sonior, josticia!
Baltasar
¿De qué?
Alcuzcuz
De que me jogar
sólo el medio y aun porfía
que ser para él estafermo,
siendo para otro sortija.
Baltasar
¿Qué sortija?
Alcuzcuz
La que dar
Mohomet al mirar que había
por mí cochilladas, como
si fuera yo dama linda.
Baltasar
Esto no tiene remedio.
Turín, hoy parte a Sicilia
un bergantín; ahí tendrás
todo cuanto necesitas
para el camino. El rescate
queda en la contaduría,
ya hecho bueno, de ese moro.
Ve por él.
Turín
Advierte, mira…
Baltasar
No hay qué hablar.
Sale el Príncipe.
Príncipe
Señor, ¿qué es esto?
Baltasar
Volver con una alegría
y encontrar con un enfado.
Príncipe
¿Qué enfado?
Baltasar
Las demasías
de ese pícaro.
Turín
Por mí,
señor, le rogad.
Príncipe
¿Yo había
de interceder por un hombre
sin ley y de mala vida?
Antes le daré las gracias
porque os arroje y despida
de su casa.
Turín
¡Voto a Dios
que a no mirar…! Pero día
quizá habrá.
Príncipe
Y ¿qué hay?
Baltasar
Que el bajel
y la gente que venía
de mar en él con la gente
de toda vuestra familia
ajustado queda en…
Príncipe
Vuestra voz no me lo diga,
porque no quiero saber
qué tanto vale una dicha.
Baltasar
Pues hecho el canje, el Maestre,
por trataros con la estima
de príncipe libre ya,
vendrá a veros.
Príncipe
¿No sería
mejor que yo anticipase
el honor de esa visita
y que le viese primero?
Baltasar
Todo lo que es cortesía
me parecerá a mí siempre
lo mejor.
Príncipe
Pues sed mi guía
hasta palacio.
Baltasar
Venid.
Príncipe
(Confusa imaginativa,
déjame que por agora
sólo piense en mi partida;
que después habrá lugar
de volver a tus enigmas).
Vanse.
Turín
Ya ves, infame, que has hecho
que mi amo me despida
por ti.
Alcuzcuz
Bien ver vos, picaño,
que, libertad conseguida,
no ser mi amo. Horro, Mahoma,
me llamar.
Vase huyendo.
Turín
Poco la huida
servirá para que a azotes
yo no te mate.
Vase tras él y salen los dos genios.
Mal Genio
Bien miras
lo poco de que han servido
tus ejecutadas ruinas,
hasta reducirle esclavo
a que entre cristianos viva,
pues ya humanas conveniencias
le alejan de la divinas.
Mirando a dentro.
Dígalo el que yendo a ver
al Maestre, cuando él venía
a visitarle, se encuentran
y, uno y otro en cortesías
embarazados, no ven
la hora de que se despida;
con que para que se vaya
es tan de entrambos la prisa
que, aprestado el bajel, llegan
juntos hasta la marina
donde a despedirse vuelven
don Baltasar con caricias,
el Maestre con agasajos
y Mahomet con alegrías,
diciendo de mar y tierra
a un tiempo salvas y gritas:
Dentro chirimías y piezas.
Unos
dentro
¡Buen viaje!
Otros
dentro
¡Buen pasaje!
Otros
dentro
¡Desfierra el amarra y vira
al mar!
Mal Genio
Y no en esto sólo
mis vencimientos estriban,
mas, en levante la proa,
al rumbo de Salamina
vuelve en demanda del voto,
con que –aunque otra vez lo diga–
se ve que en sus conveniencias
ha olvidado tus noticias.
Buen Genio
No mucho, si en fe de cuanto
vehementemente aprensiva
aquella lección le lleva,
apenas pierde de vista
la tierra y en alta mar,
que le recibió tranquila,
se ve, cuando alborotada
sus crespas ondas enriza,
combatida de contrarios
vientos, a cuya improvisa
saña ráfagas y golfos
no tan sólo se amotinan,
pero el sol, por que el viaje
de su voto no prosiga,
al horror del terremoto
también sus rayos eclipsa.
Dentro ruido de terremoto.
Mal Genio
Si por los ángeles malos
tal vez Dios al mundo envía
las tempestades, a mí
no mal me tocan sus iras.
Iré a encenderlas de suerte
que, navegando su quilla
ondas de fuego, le sean
urna, monumento y pira.
El terremoto siempre.
Buen Genio
Si Dios, por ángeles buenos
tal vez también se apacigua,
yo pediré a sus piedades
que les ampare y asista
cuando dicen:
El terremoto, y con esta faena se descubre el bajel en que vendrán el Príncipe, Cide, Alcuzcuz y otros de marineros.
Todos
¡Piedad, cielos!
Unos
¡Amaina la vela!
Otros
¡Iza
el trinquete!
Otro
¡A la mesana!
Unos
¡A la escota!
Alcuzcuz
¡A la bolina!
Príncipe
Procura volver a tierra,
por si el puerto nos abriga.
Uno
Tres veces el gobernalle
del timón puse en su mira,
y tres el viento por proa
nos volvió al mar.
El terremoto siempre.
Príncipe
Suerte impía,
¿no basta ver contra mí
que airados los vientos giman,
que inquietos bramen los mares,
Enciéndese el mar, echando fuego entre las ondas.
que fieros aun no me admitan
los montes, sino que el fuego
también sañudo me embista?
¡Oh, cuántos flechados rayos
contra mí las nubes vibran!
De cuyo incendio, al caer
en agua sus culebrinas,
en vez de apagarse, abrasan,
pues las ondas encendidas
volcanes de fuego abortan,
etnas de llamas respiran.
¿No veis páramos de nieve
dar por espumas cenizas?
Uno
Nada vemos, sino sólo
que sueñas.
Unos
¡Amaina…!
Otros
¡Iza…!
Príncipe
Tan sobrenatural pasmo
sin duda quiere que diga
que no es bastante el Profeta
a quien mi fe peregrina
para ampararme. Y pues él
me desampara y olvida,
de su ingratitud apele
al favor de la divina
deidad que del feudo exenta
su mismo Alcorán publica.
¡María, mi vida ampara!
Buen Genio
(Sí hará, que nadie apellida
su piedad que no la halle
piadosamente benigna).
Ábrese una nube sobre el bajel y vese una niña vestida de Concepción en ella sobre un dragón.
Música
Templen vientos y mares,
templen sus iras,
pues de paz el iris
sale en María.
Príncipe
Si el fuego no veis, ¿no oís
dulcísimas armonías
en los vientos?
Todos
Nada oímos.
Príncipe
¿Luego no veréis que brilla
sobre las nubes el iris
de la paz, de quien la ninfa
verdadera y pura es
una bellísima niña
que coronada de estrellas
y rayos del sol vestida,
con la luna por coturno,
la frente de un dragón pisa,
diciendo su salva en fe
de que sobre ellos domina?
Él Y Música
Templen vientos y mares,
templen sus iras,
pues de paz el iris
sale en María.
Uno
Nada oímos.
Cide
Nada vemos
sino sólo que retira
sus sañas el mar.
Príncipe
¿Qué quieres
de mí, beldad peregrina?
La Virgen
Vuelve, Mahomet, vuelve a Malta,
donde te espera la dicha
de que salgas de una vez
de aquellas dudas antiguas;
pues el haberme invocado
basta para que consigas…
Ella Y Música
…que Cristo y María son
los que del feudo se libran:
Cristo por naturaleza
y por la gracia María.
Príncipe
¡A Malta, a Malta otra vez,
amigos!
Todos
Pues ¿qué te obliga?
Príncipe
No sé ni nunca sabré
si tan grande maravilla
es revelación o sueño,
pero sé que siempre diga…
Él Y Música
…que Cristo y María son
los que del feudo se libran:
Cristo por naturaleza
y por la gracia María.
Ábrense las apariencias.
Jornada Tercera
Dentro atabalillos y chirimías, y mientras se canta la primera copla, salen Cide Hamet y Alcuzcuz.
Música
Abrid las puertas, abrid.
Entrará por ellas quien
hoy en el de Baltasar
trueca el nombre de Muley,
mostrando que más estima tener,
que allá todo un reino, aquí el nombre de un rey.
Cide
Ven conmigo, Alcuzcuz.
Alcuzcuz
¿Dónde
con tanto priso?
Cide
A no ver,
a no oír, no imaginar
una pena tan cruel
como que a las puertas llaman
de la iglesia a que entre…
Él Y Música
…quien
hoy en el de Baltasar
trueca el nombre de Muley,…
Alcuzcuz
Pues ¿qué importa?
Cide
¿Eso dudas,
infame, cuando lo ves?
Él Y Música
…mostrando que más estima tener,
que allá todo un reino, aquí el nombre de un rey.
Cide
Si sabes que en ese golfo
corrimos tormenta, en que,
privado el juicio, creyó
Mahomet que a su parecer
navegaba ondas de fuego;
si arrebatado después
sabes que dijo que vía
bello arco de rosicler
y que la paz publicaba
purísima ninfa en él;
si sabes que este o bien sueño
o bien aprehensión o bien
delirio su corazón
poseyó con tal poder
que no sólo a Malta hizo
que diese vuelta el bajel,
sino que a voces en ella
publicando entrase que
de su error desengañado
venía a pedir su ley;
y, en fin, si sabes que a pocos
días que hubo menester
su ingenio para instruirse,
catequizado en su fe,
hoy se bautiza; y hoy,
porque le venció o porque
le agasajó o porque uso
entre los cristianos es
poner al esclavo el nombre
del dueño, el del gran Muley
trueca en el de Baltasar,
y el apellido también
de Mahomet, su real estirpe,
en el de Loyola, a quien,
por un gran varón, cobró
amor, la causa no sé,
¿cómo dudas que yo sienta,
sobre ser su maestro y ser
quien tan mal le doctrinó,
tan grande improperio ver
de nuestro Profeta? Y más
habiendo dado a entender
que el que quisiere seguirle
con él se quede y que el que
quiera volverse ya ahí tiene
la libertad y el bajel.
Y siendo así que de cuantos
criados salimos de Fez
ninguno quiere seguirle,
conmigo y con todos ven
a embarcarte.
Alcuzcuz
No hacer tal,
que mé criado suyo ser
a quien sacar de viliano
-como tú, señor, saber-
antes y haber rescatado
de no ir con Torín después.
Dictamen suyo seguir,
o mal haga o haga bien,
que esto es estar palaciego:
caliar o decir amén.
Cide
¿Qué importará que no vengas?
Tú, quédate, que yo iré
con los demás a llevar
otra mala nueva, aunque
siendo esta tanto peor,
no sé si me atreveré
públicamente a decirla
sin alguna industria.
Alcuzcuz
Pues
si aliá vas, por me pedirte
hacer un fineza.
Cide
¿Qué es?
Alcuzcuz
Es que si haber parecido
me jomento e me mojer,
a ambos decir que las manos
besar y quedar a ser
ni crestiano por el haz
ni moro por el envés,
sino así así, entre dos luces,
cristi-moro.
Cide
¡Oh, vil, soez,
infame casta baharí!
Pues quieres quedarte a ver
cuándo a la iglesia le llevan,
ya en cristiano traje, a ser
oveja de su rebaño,
que digan canto y tropel:
Alcuzcuz
Y aun por hacer lo que todos,
he de decir yo también:
Él Y Música
Abrid las puertas, abrid.
Entrará por ellas quien
hoy en el de Baltasar
trueca el nombre de Muley,
mostrando que más estima tener,
que allá todo un reino, aquí el nombre de un rey.
Vase Cide Hamet, y con esta repetición sale la música delante; luego caballeros con la gran cruz de San Juan: uno, con una fuente, y en ella un salero; otro, una vela; otro, un velillo de plata; otro, un mazapán, y detrás el Príncipe, vestido a la española, en medio del Maestre y don Baltasar. El Buen Genio delante de él, con un hacha encendida, y el Mal Genio detrás de todos como mirando a lo largo.
Maestre
Ya el abuja de tu norte
descuella aquel capitel.
Baltasar
Y desde aquí los umbrales
ya del gran templo se ven.
Príncipe
Pues antes que en su sagrado
me atreva a poner el pie,
pública satisfación
al mundo he de dar de que,
detestando los errores
en que nací y me crié,
a Cristo, hijo de María,
que hoy confieso y cuya ley
hoy recibo, perdón pido
de lo mucho que tardé
en responder a interiores
auxilios. Y para que
conste mi dolor y conste
mi confesión, atended,
atended todos a esta
protestación de la fe.
Buen Genio
(Di, pues quien te dicta y guía,
luz de tu Buen Genio es).
Mal Genio
(Con que el Mal Genio arredrado,
aún no se atreve a ir tras él).
Príncipe
La católica fe sólo llamamos
aquella con que sólo un Dios tenemos,
unidad en quien tres siempre adoramos,
trinidad en quien siempre uno creemos,
sin que desta unidad que veneramos,
ni desta trinidad que defendemos,
las personas confunda la ignorancia
ni el ciego error separe la sustancia.
Que una es del Padre la persona, es claro;
que una es del Hijo la persona, es cierto;
que una es del Santo Espíritu preclaro
la persona, la fe lo ha descubierto;
mas, aunque en las personas tres reparo,
en la divinidad sólo uno advierto,
que coeterna en los tres sin duda alguna
una es la majestad, la gloria es una.
De nadie el Padre allá en supremo grado
fue hecho, engendrado, criado ni nacido;
de nadie el Hijo fue ni hecho ni criado,
que engendrado no más del Padre ha sido;
el Espíritu ni hecho ni engendrado
sino de Padre y Hijo procedido,
tan coiguales los tres que en nadie infiero
mayor, menor, primero ni postrero.
Así, Señor, confieso, adoro y creo
vuestra divinidad y en este arcano
misterio, de la fe primer empleo,
divino os reconozco y soberano.
Y trascendiendo al singular trofeo
de unir al ser divino el ser humano,
confieso en vuestro Hijo el ser y el nombre
de verdadero Dios, verdadero hombre,
para que en dos naturalezas cuadre
ser hombre y Dios al que le cree humanado;
pues Dios por la sustancia fue del Padre
ante siglos y siglos engendrado,
y hombre por la sustancia de la Madre
nacido en siglo, habiéndose encarnado
en preservada, intacta, virgen bella,
antes, entonces y después doncella.
Con esta protesta y este
honor que los dos me hacéis,
en ser mi padrino vos, Al Maestre.
vos en darme el nombre, pues
lo Baltasar y Loyola A Baltasar.
en vuestra casa lo hallé,
bien como en la religión
de Juan el bautismo, en fe
que el suyo de agua, ya de agua
de Espíritu Santo es;
alentad mi confianza
para poderme atrever
a pisar esos umbrales
cuanto antes pueda, porque
apenas habré dejado,
como serpiente, la piel
de antiguo hombre, y de hombre nuevo
vestido la candidez
del elevado cristal
que, no haciéndome volver
al materno seno, me hace
que nazca segunda vez,
cuando para Roma parta
con las cartas que me habéis
el uno y otro ofrecido
a besar al Papa el pie
y, dándole la obediencia,
suplicarle que me dé
licencias y pasaportes
para que pueda volver
–en términos procurando
la deuda satisfacer
del perdido tiempo a Dios–
a predicar de su ley
la verdad, no solamente
al moro, pero al infiel
más remoto, desde aquí
sacrificando mi ser,
mi vida y alma a la llama,
al cuchillo o al cordel.
Maestre
Enternecido de oíros,
qué responderos no sé.
Baltasar
Pues, supuesto que a los dos
nos obliga a enmudecer,
no enmudezca el alborozo
de todo el pueblo. Volved
a las músicas y voces,
diciendo una y otra vez:
Todos Y Música
Abrid las puertas, abrid.
Entrará por ellas quien
hoy en el de Baltasar
trueca el nombre de Muley,…
Buen Genio
(Y añada a la aclamación
su Buen Genio:)
Él Y Música
…pues ya es
don Baltasar de Loyola
el gran príncipe de Fez,…
Todos Y Música
…mostrando que más estima tener,
que allá todo un reino, aquí el nombre de un rey.
Las chirimías, y con esta repetición se entran todos.
Mal Genio
¡Oh, cayera sobre mí,
al abrasado desdén
del último parasismo,
la enmarañada altivez
de esos montes! ¡Oh, cayera,
roto de su polo el ej,
sobre mí la inmensa lumbre
de todo ese azul dosel
para que, abriendo los mares
al despeñado vaivén
de tanto embate los senos
de su pavorosa tez,
me sepultara su abismo,
antes que llegara a ver
al Buen Genio contra mí
coronado de laurel!
Pero ¿qué me desconfía?
Que tarde se puede hacer
de buen moro buen cristiano,
¿común proverbio no fue?
Pues en su persecución,
andando siempre tras él,
prosiga mi saña. Pero,
¡ay, infeliz!, mal podré
seguirle ya; que, lanzado
de la gran virtud de aquel
exorcismo que el obispo
para admitirle le lee,
de él me ahuyenta, con que es fuerza
que me haya de valer
de otros medios. ¡Oh, si Dios,
ya que de infiel le hace fiel,
para acrisolarle más,
de la cadena cruel
que como a perro rabioso
me tiene atraillado el pie
me alargara un eslabón!
Veremos, como me dé
el inmenso poder suyo
para usar de mi poder
licencia, si persevera
o no, por más que por él
esos júbilos agora
se gloríen de que ya es…
Él Y Música
…don Baltasar de Loyola
el gran Príncipe de Fez,
mostrando que más estima tener,
que allá todo un reino, aquí el nombre de un rey.
Vase, y salen por una puerta Zara y por otra Abdalá, representando cada uno aparte, sin verse hasta después.
Los Dos
¡Oh, loca esperanza vana,
qué de siglos ha que estoy
engañando el día de hoy
y esperando el de mañana!
Zara
Por mí este antiguo concepto
sin duda que se escribió,…
Abdalá
Sin duda alguna fui yo
deste sentido el objeto,…
Zara
…pues siguiendo una esperanza,
no sé si muero o si vivo.
Abdalá
…pues, ni libre ni cativo,
sigo un bien que no se alcanza.
Zara
Qué efecto tendrá el rescate
de Mahomet, es mi cuidado.
Abdalá
Mi pena es el haber dado
armas con que otro me mate.
Zara
Cuanto más su aviso tarda,
más mi temor me atormenta.
Abdalá
Cuanto más mi amor me alienta,
más su desdén me acobarda.
Zara
Y así voy con ansia vana…
Abdalá
Y así con recelo voy…
Los Dos
…engañando el día de hoy,
y esperando el de mañana.
Vense los dos.
Zara
¿Abdalá?
Abdalá
¿Divina Zara?
Zara
¿Cómo sin ver…
Abdalá
(¡Ay de mí!).
Zara
…que yo…?
Abdalá
A presumir que aquí
estuviérades, no osara
a entrar en todo el jardín.
Zara
Aunque ofenderme pudiera
de encontraros en su esfera,
lo he de perdonar, a fin
de saber –pues ya tenéis
la licencia conseguida,
supuesto que, agradecida
a la fineza que habéis
en la libertad mostrado
de Mahomet, la he concedido,
sin tratar de más partido
que iros, por haberme dado
la muerte del rey poder
para que en su ausencia pueda
ser yo la que os la conceda–
qué os obliga a suspender
tanto tiempo la partida.
Abdalá
Si yo decir (¡pena fiera!)
lo que me obliga pudiera,
dichosa fuera mi vida.
Y supuesto que no puedo,
sólo, señora, diré
que quien me cautivó fue
Mahomet. Que en su ausencia quedo
esclavo vuestro, es verdad,
mas tanto en serlo me alabo
que mientras soy vuestro esclavo
no quiero más libertad.
¿Qué se dijera de mí,
si, usando vuestra licencia,
ausencia hiciera en su ausencia,
sino que si le serví
en algo cautivo fiel,
no la lealtad me obligó,
sino el interés, pues yo
me libertaba antes que él?
Venga Mahomet tan dichoso
como quien a veros viene,
que de él sólo me conviene
admitir en mi penoso
estado aquesa piedad.
Pues si él en mí os dio el imperio,
fue para mi cautiverio,
no para mi libertad;
y aun ésta no agradecer,
cuando él me la dé, pretendo.
Zara
Eso es lo que yo no entiendo,
o no lo quiero entender.
Y porque oíros y veros
no me dé qué discurrir,
o mañana os habéis de ir,
o mañana he de poneros
en una torre a esperalle;
que, si atento a esos reparos,
él libertad ha de daros,
no es bien que tan libre os halle
que su liberalidad
no tenga qué hacer después.
Y pues la libertad es
no querer la libertad,
escoged desto el partido
que menos peligro os cueste
De adentro echan un papel a sus pies.
y… Mas ¿qué papel es este
que a mis plantas ha caído?
Abdalá
Yo le levantaré, y yo,
bella Zara, le leeré.
Zara
Mostrad, que yo también sé
leer, y ¡ay de vos si intentó
por este medio…
Abdalá
¡Ay de mí!
Zara
…vuestra loca fantasía…!
Abdalá
No creáis que mi osadía…
Zara
Baste, baste. Dice así:
Lee.
«Al Rey, mi señor, en mano
de la Reina, mi señora.»
¿Al Rey y en mi mano agora
que él aún no ha venido? Vano
pensamiento, no me des
que temer y sospechar
que pudo Mahomet faltar
y que ya su hijo lo es.
«Sin Dios, sin razón ni ley,
vuestro padre (¡qué pesar!)
ya por el de Baltasar
trocó el nombre de Muley.
Y abandonando, tirano,
con acción tan afrentosa
patria, reino, hijo y esposa,
en Malta queda cristiano».
¡Cielos! Aunque de su vida
me vi al riesgo amenazada,
aun mayor que imaginada
es mi pena sucedida.
Pero mal hago en creer
que esto pueda ser verdad.
A voces.
¡Todas las puertas tomad
del jardín, hasta saber
quién entró en él, quién echó
aquí este papel!
Abdalá
Allí
un bulto está.
Los Dos
¿Quién aquí
ocultarse intenta?
Sale Cide Hamet.
Cide
Yo.
Yo, señora, que dudando
el que pudiese mi aliento
cara a cara pronunciar
tan desdichado suceso,
quise que fuese un papel
quien lo dijese primero
por que del primer dolor
en él quebrases el ceño,
escusándome el decirlo
la prevención de saberlo.
Zara
¿Luego es cierto lo que aquí
escribes?
Cide
¡Pluguiera al cielo
tan cierto fuera mi fin
como mi dolor es cierto!
Aquella melancolía
que le trujo tanto tiempo
desvelado de entender
de nuestro Alcorán un texto
creció a manía tan grande
que con el susto o el riesgo
de una tormenta llegó
–después que del cautiverio
dejó pagado el rescate–
a tan declarado estremo
de locura que creyó
navegar ondas de fuego
y que iluminadas nubes
desplegaban en el viento
arcos de paz, cuya ninfa
tenía a sus plantas puesto
feroz dragón; con que a Malta
volvió, donde entró pidiendo
el bautismo y…
Zara
Calla, calla,
no lo digas, que los ecos
de tu voz, avenenados
del tósigo de su estruendo,
son a mi vista y mi oído
el relámpago y el trueno
de un rayo que el corazón
me penetra tan violento
que sin ver fuera la llama
arde hecho cenizas dentro.
¿Mahomet a su ley aleve?
¿Mahomet tirano a su reino?
¿Mahomet infiel a su patria?
¿Mahomet a su hijo fiero?
¿Y fiero, infiel y tirano
y aleve a mi amor? ¿Qué espero
que, como pisado áspid,
la ponzoña no reviento
de la ira en que me abraso,
del furor en que me quemo,
talando montes y mares
las cóleras de mi incendio?
Tú, infame; tú, traidor, tú;
tú, aleve, caduco viejo,
tienes la culpa.
Cide
¿Yo?
Zara
Sí,
pues, habiendo sido maestro
suyo, lo que le enseñaste
le trujo absorto, suspenso
y atónito tantos días,
hasta dar en el despeño
de tan ciego precipicio,
de tan loco devaneo.
Bien digo que en ti resulta
la causa de tal efecto.
Y pues creciendo rencores
de un momento a otro momento
y de un instante a otro instante
pasan tan de estremo a estremo
que lo que hasta aquí fue amor
desde aquí aborrecimiento
es; no pudiendo vengar
la ira en él y el despecho
de un nuevo espíritu que
se ha revestido en mi pecho,
me vengaré en ti.
Sácale la espada. Abdalá se pone en medio y dicen todos dentro las voces y sale Muley y algunos.
Abdalá
¡Detente!
Cide
¡Ay, infeliz!
Todos
dentro
Corred presto
todos a su voz.
Muley
¿Hamet
aquí y tú airada? ¿Qué es esto?
Zara
¿Qué ha de ser? Que no tan sólo
sin el Rey, tu padre, ha vuelto,
pero perturbado el juicio
a los dogmas contra el cielo,
contra la ley, contra ti,
contra mí y contra sí mesmo,
cristiano le deja en Malta.
Muley
Pues ¿cómo, ¡ay de mí!, no vengo
tan gran desdoro en su vida?
Abdalá
Huye, Hamet.
Cide
¡Valedme, Cielos!
Vase.
Zara
¡Seguidle todos, seguidle!
Muley
¡Muera el traidor a su reino
y a su ley!
Vase.
Todos
¡Muera el traidor! Vanse todos tras él.
Abdalá
Tan acosado del pueblo
corre al mar que despeñado
a él se arroja.
Zara
Aun no con eso
vengada estoy.
Abdalá
Pues si otra
venganza quieres…
Zara
Sí quiero,
mas no que tú me la digas.
Vase.
Abdalá
Mahomet ya para ti muerto,
tú ofendida y yo constante,
sin mí te la dirá el tiempo.
Vase.
Sale Turín ridículamente vestido de soldado pobre con un brazo en una horquilla y una muleta en la otra mano.
Turín
Fortuna, sin circunloquios
desatemos la maldita,
que nadie a un pícaro quita
el don de los soliloquios.
De Malta bien pertrechado
de dinerillo y ajuar
me envió don Baltasar,
y apenas desembarcado
en Mesina puse el pie
cuando, esperando que hubiera
viaje que a Saboya fuera,
en una hostería alojé.
Recibí en ella un criado,
porque al fin, como venía
a lo mal que me servía
Alcuzcuz bien enseñado,
lloraba sus soledades.
Y así, dispuse que hubiera
quien de mi Alcuzcuz supliera
ausencias y enfermedades.
Comía conmigo a pasto
y yo, por ver si podía
de la malicia del día
sanear la costa del gasto,
tal vez a un garito fui,
cuya estación continué
si gané porque gané,
si perdí porque perdí;
hasta que un día, picado,
tan largo llegué a jugar
que estuve un tris de parar,
como al cautivo, al criado.
Él, como me vio perder
cuanto dinero tenía,
fue volando a la hostería
y dio al patrón a entender
que por estar mal servido
a otra mandaba mudar
la ropa, cuyo pesar
le dejó tan ofendido
que, cuando a casa llegué,
sobre si es bien hecho o no,
me habló muy mal; pero yo
muy bien le descalabré.
Llegó justicia al suceso
y, de esbirros rodeado,
me vi a un punto sin criado,
sin ropa y sin blanca, preso.
En este espacio el picaño
tuvo lugar de escapar,
con que yo, para pagar
al descalabrado el daño
y costas a la justicia,
hasta el vestido vendí
y a teja vana salí
como casa a la malicia.
Viendo, pues, que no tenía
más a mano otro ejercicio,
me metí a bribón, oficio
que se aprende el primer día;
pues con alzar el clamor,
torpe el paso y ronco el pecho,
se halla el hombre hecho y derecho
vagamundo del Señor.
Tunando, pues, deste modo,
por no volver deslucido
a la patria, me he venido
a dar en Roma por todo.
Aquí es de la Compañía
el colegio, en que frecuente
acude toda la gente
más devota cada día.
¡Y ella que viene! Cuidado
con mis ecos lastimeros:
¡Den, cristianos caballeros,
limosna a un pobre soldado!
Salen el Príncipe y Alcuzcuz, vestidos a la española.
Príncipe
Dicha ha sido haber tenido,
después que hechos a la vela
de Malta a Italia pasamos,
en Augusta tan apriesa
para Roma embarcación.
Alcuzcuz
Como ser hestoria nuestra
tan rara que parecer
tener cosas de comedia,
¿qué mucho que en componerse
de jornadas lo parezca?
Príncipe
Esta, Juan –dichoso tú,
cuya buena ley te alienta
no sólo a quedar conmigo,
mas a pasarla de buena
a mejor, pues de su gracia
quiso que aun el nombre tengas–,
esta, digo otra vez, noble,
antigua ciudad excelsa,
que, como Jerusalén,
también en montes se asienta,
es centro, dosel y silla
de la corte de la Iglesia.
Alcuzcuz
Y bien, ¿no saber, sonior,
a qué haber venido a elia?
Príncipe
A besar el pie al Vicario
de Cristo que hoy la gobierna,
que es el Décimo Inocencio,
y, dándole la obediencia,
suplicarle que me dé
pasaportes y licencias
para que, sacrificando
mi vida al martirio, pueda
llevar su fe donde más
a su honra y gloria convenga.
Alcuzcuz
Pues si a eso venir, ¿por qué
preguntar por el colegia
de Jesús antes que no
por su palacio?
Príncipe
Quisiera
que supiese antes de otro
quién soy, con que, para esta
prevención, es bien valerme
de anteriores diligencias.
Del Maestre y don Baltasar
cartas traigo de creencia
para diversas personas.
Y así, valiéndome de ellas,
la del Padre general
tengo de dar la primera.
Y por que más advertido
en lo que él escribe pueda
hablar yo, la leeré antes,
pues trae en falso la nema.
Pasa leyendo la carta, llega Turín y, sin reparar en él, le va mandando a Alcuzcuz que le dé limosna.
Turín
Caballero, deste pobre
soldado tened clemencia.
Príncipe
Da limosna a ese soldado
y en esta parte me espera
mientras salgo.
Éntrase leyendo.
Alcuzcuz
(¡Qué merar!
O mentir todas las senias,
o este estar Torín).
Turín
Hidalgo…
Alcuzcuz
(¡Quién saber fingir la lengua
hasta ver si él ser, guardando
el rostro al tomar el vuelta!).
Turín
¿Qué digo? Pues el señor
mandó que limosna diera,
¿qué aguarda?
Paseándose.
Alcuzcuz
Saber a quién,
que tener orden espesa
de dar menos u dar más
según el persona sea.
Turín
Pues alargue todo el orden,
que el que hoy a pedirla llega
pobre es de primera clase.
Alcuzcuz
Según el enforme tenga.
Turín
Pues si le ha de oír, escuche
y no la espalda me vuelva.
Alcuzcuz
Mé aguo en estando parado.
Cabo mí, soldado, venga.
¿Cómo es el nombre?
Turín
Turín.
Alcuzcuz
Me huelgo.
Turín
¿De qué se huelga?
Alcuzcuz
So yo muy gran servidor
de los Torinos de Persia.
¿Es de allá el buen Torín?
Turín
Soy
de Saboya.
Alcuzcuz
¿Y en qué guerras
ha melitado?
Turín
En Italia
primero y en las galeras
de Malta después.
Alcuzcuz
¿Galeote
o calafate?
Turín
(Este intenta
que antes que él me dé limosna
le rompa yo la cabeza).
Honrado soldado he sido
y soy.
Alcuzcuz
Pues ¿por qué se queda
si es honrado? Que el honrado
soldado sigue la hilera.
Turín
Me canso.
Alcuzcuz
Pues no se canse,
que gusto de que me vean
con soldado de remolque.
Cabo mí, Torín, no tema,
que pues yo le quiero honrar,
bien puede venir más cerca.
Turín
No puedo, porque estropeado
de un brazo estoy y una pierna
tengo baldada.
Alcuzcuz
Sería
de algún tratillo de cuerda.
Turín
No, sino muchos balazos
que he recibido.
Alcuzcuz
¿En qué empresas?
Turín
Preguntador limosnero,
en muchas y en la postrera
más que en otras.
Alcuzcuz
¿Cuándo fue?
Turín
Cuando se hizo prisionera
la persona de Mahomet,
príncipe en Fez.
Alcuzcuz
¿Qué me cuenta?
¿El mesmo Príncipe?
Turín
El mesmo
Príncipe. ¡Y a Dios pluguiera
se le hubieran mil demonios
llevado antes!
Alcuzcuz
¿Pues le pesa
de ello?
Turín
Sí.
Alcuzcuz
¿Por qué?
Turín
Porque
me tocó a mí de la presa
el más infame morillo
de cuantos venían en ella,
por quien salí desterrado
de la isla. ¡Oh, quién los viera
por acá para matarlos
a palos!
Alcuzcuz
Muy mal hiciera
y me pesara a mí mucho.
Turín
¿Cómo?
Alcuzcuz
Como me dolieran
sus lástimas.
Turín
Pues ahorremos
de demandas y respuestas
y vamos a la limosna.
Alcuzcuz
Vamos, pero haciendo cuenta.
¿No es usted el seor Torín?
Turín
Sí soy.
Alcuzcuz
¿Por mar y por tierra
no ha servido?
Turín
Sí he servido.
Alcuzcuz
¿Del Príncipe en la refriega
no se halló y está estropeado?
Turín
Sí estoy.
Alcuzcuz
Pues Dios le provea;
que no hay limosna que dar
a pobre de tantas prendas,
que por muchas que se vayan
habrá pocas que le vengan.
Turín
¿Agora sale con eso?
¡Voto a Dios que la muleta
y horquilla rompa en sus cascos!
Alcuzcuz
¿Con qué manos?
Turín
Con aquestas.
Da tras él a palos.
Alcuzcuz
¡Milagro, que le he sanado!
¿Quién en dos días creyera
que yo era santo? ¡Milagro!
Turín
¡Alcuzcuz!
Alcuzcuz
¿Qué alcuzcuceas?
Que ya no soy Alcuzcuz,
sino cristiana menestra.
Turín
Dame los brazos y dime,
¿qué transmutación es esta?
Alcuzcuz
Eso es largo de contar
y más al ver que ya llega
acompañado mi amo
de honrada gente, por seña
dando de serlo el que toda
es gente de capa negra.
Con el más anciano de ellos
en una carroza entra
y hacia otra parte camina.
Ven; verás lo que se huelga
de verte.
Vase.
Turín
¿Qué importará
que él se huelgue, si me pesa
a mí de verle a él? Que aún no
tengo olvidada la ofensa
de su mal tercio, por más
que cristiano en Roma vea
a quien dejé moro en Malta.
Y así, solo entre diversas
gentes que, corriendo voz
de quién es, por verle cercan
la carroza, introducido,
iré a ver si hay quien me sepa
decir por qué estraños modos
vino aquí.
Vase, y sale el Mal Genio.
Mal Genio
Nadie pudiera
mejor que yo, que lo miro
de más lejos y más cerca.
Apenas Juan Pablo Oliva,
general de esa suprema
religión, que siendo sola
una compañía, más guerra
hace al infierno que muchos
ejércitos, a leer llega
la carta del Maestre cuando
con dulces lágrimas tiernas
le recibe y le agasaja.
Y por que tiempo no pierda,
en la carroza que acaso
tenía un señor a sus puertas
al sacro palacio guía,
donde, pedida la audiencia,
humildemente postrado
el pie de Inocencio besa.
¡Con qué paternal cariño,
con qué amor, con qué terneza,
para llegarle a sus brazos,
le levanta de la tierra!
¡Y con qué afable consuelo,
oyendo el fin que desea,
que es dar la vida por Dios
para conferir materias
tan sagradas, más despacio
le dice que a verle vuelva!
Despedido, el general
en su colegio le hospeda,
sin que en religioso albergue
tratamiento de rey quiera.
Mas, ¡ay!, ¡cuán de paso admite
la cortesana clemencia!
Pues a oposición del voto
que hizo en otro tiempo a Meca,
peregrinar a Loreto
dispone, y con tanta priesa
que sin dar tiempo –mas ¿cuándo
el del dolor no se abrevia?–
por complacer de Loyola
al nombre con más fineza,
el traje de caballero
al de peregrino trueca.
Pero, aunque tantos estremos
de fe y religión debieran
desconfiar mis rencores,
desesperar mis violencias,
no me he dar por vencido.
Cide Hamet, al dar las nuevas
de su conversión, ¿no hizo
que todos contra él se vuelvan?
¿No se echó desesperado
al mar? De sus sañas fieras
¿no le socorrió la gente
de una fragata que en ella
de Liorna estaba? ¿No vino
a Italia y por varias sendas
a Roma, donde hoy se halla,
a riesgo de que le prendan
como a esclavo fugitivo?
Y, en fin, ¿con Turín no encuentra
y de sus dos derrotadas
fortunas no se dan cuenta,
en orden ambos de que
una y otra le aborrezcan?
Pues ¿qué instrumentos mejores
puede elegir mi soberbia
para quitarle la vida
como yo su saña encienda?
Mayormente cuando está
tan dispuesta la materia
que lo que se dicen es:
Salen Cide Hamet y Turín, hablando como con recato.
Turín
Yo no quise que me viera
tan pobre por no obligarle
a que de mí piedad tenga,
que no he de admitir piedades
de quien no he de olvidar quejas.
Aun una intercesión no
le debí.
Cide
De esa manera
tu rencor y mi rencor
pisan una línea mesma.
Y si quieres ayudarme,
verás que no sólo vengas
tu enojo, pero mejoras
tu fortuna.
Turín
Pues ¿qué intentas?
Cide
Yo he de dar satisfación
al mundo de que mis ciencias
no le volvieron cristiano.
Y pues como a maestro llegan
a culparme, como maestro
me toca su inobediencia
castigar. Y cuando esto
no baste, baste el que sea
morabito para que
desagravie a mi Profeta.
Y así, si me ayudas tú,
desmintiendo las sospechas,
con decir que soy tu esclavo,
de mi traje y de mi lengua,
pues halagándote yo
podré hacer que lo parezcas,
seguros tras él podremos
–haciendo de la cautela
lealtad con darle a entender
que es amor el que a él nos lleva–
darle a nuestro salvo muerte;
que para que no se entienda
el achaque que le mata,
sé yo de naturaleza
mil venenosos secretos
y alguno de tanta fuerza
que sin que llegue a gustarle,
tan sólo con que le huela
le privará de sentidos
hasta que la vida pierda.
Y en cuanto a que su homicidio
resulte en tu conveniencia,
de lo que sobró al rescate
aún tengo joyas y letras,
porque la priesa de echarme
al mar no dio tiempo a cuentas,
bastantes para que rico
y honrado a tu patria vuelvas,
donde haciendo un instrumento
de que libertad me entregas,
viviré libre y ufano
sólo con que en Fez se sepa
que fui el que desagravió
ley y patria, reino y reina.
¿Qué me respondes?
Turín
Si ves
de una parte mi miseria
y de otra mi sentimiento,
¿cómo dudas que cometa
esa especie de asesino?,
pues no hay peligro que tema
el que ya llegó a perder
el temor de su conciencia.
Sigámosle, pues, por donde
va; verás si hago cautela
de la traición.
Cide
También tú
verás el don que te espera
de mi mano.
Vanse los dos.
Mal Genio
Y yo veré,
ya que Dios me da licencia
de aquilatar este oro,
si, mientras los dos conciertan
quitarle la vida, puedo
hacer que también padezca
tales achaques el alma
que ya que ha de morir, muera
desesperado, mirando
lo que en Fez pasa en su ausencia,
que podrá fingir mi magia.
Vean el cielo y las estrellas,
hombres, fieras, peces y aves,
agua, aire, fuego y tierra
que ya que me venza un hombre
no a poca costa me venza.
Vase.
Sale el Príncipe y Alcuzcuz, de peregrinos.
Príncipe
Cansado vengo.
Alcuzcuz
Si ser
el horas que más el sol
fatigar con su rebol,
¿qué mucho?
Príncipe
Pues el placer
de aquesta selva florida
en su hermosa verde estancia
nos llama con su fragancia
y con su sombra convida,
aquí descansar podremos
un rato.
Recuéstanse los dos.
Alcuzcuz
¿Quién te diría,
cuando general te vía
de ejércitos tan supremos
y príncipe soberano
de Fez, que hoy en un camino,
a pie, solo y peregrino
te habías de ver?
Príncipe
Más gano
en este que en aquel pierdo.
Y pues te he dicho que no
te acuerdes tú, ya que yo
de nada que fui me acuerdo,
ve a otra cosa. ¿Turín era
el soldado que pidió
limosna?
Alcuzcuz
Sí.
Príncipe
¿Por qué no
le dijiste que me viera?
Que, aunque por su mal obrar
poco afecto me ha debido,
bastaba que hubiese sido
criado de don Baltasar
para que en cualquier estado,
por más pobre que me vea,
de mí en cuanto pueda sea
socorrido y amparado.
Alcuzcuz
Ya se lo decir; mas no
debió de te querer ver,
porque no dejar que hacer
nada a tus piedades yo.
Príncipe
Pues ¿qué hiciste con él?
Alcuzcuz
¿Qué
pude hacer más que miralle
manco y tollido y dejalle
sano y bueno?
Príncipe
¿Cómo fue
sanarle tú? Que sabello
es bien, pues de oírlo me espanto.
Alcuzcuz
Has de saber que era santo
y no había dado en ello
hasta que para su cura
la virtud se declaró.
Príncipe
Ya me espantaba que no
parase en una locura.
Deja necios disparates,
por si un espacio pequeño
treguas me permite el sueño.
Alcuzcuz
Como tú de dormir trates,
trataré yo de velar;
que en tierra en que haber bandidos,
no es bien que a los dos dormidos
mos coger; y así, por dar
cordelejo al sueño, haré
de las flores que promete
este selvo un romillete.
Vase.
Príncipe
Necia memoria, ya sé
que reino, hijo y esposa
dejé. Y pues lo mismo hiciera
si de todo el mundo fuera
la majestad, no penosa
me aflijas. Mas ¡ay!, que en vano
procuro echarte de mí.
Quédase dormido.
Mal Genio
Ya que rendido le vi
a propensiones de humano,
asombro y horror reciba:
sueñe quién es y quién era.
Cajas y trompetas.
Zara
dentro
¡Muera Mahomet!
Todos
dentro
¡Mahomet muera!
Zara
dentro
¡Viva Muley!
Todos
¡Muley viva!
Descúbrese un trono con gradas y dosel y en lo alto una estatua del Príncipe, lo más parecida que pueda, con los mismos vestidos de moro que sacó primero y con bastón de general, corona y cetro; al pie del trono Zara, Muley y Abdalá y acompañamiento.
Príncipe
Entre sueños.
¡Qué pesadez! ¡Ay de mí!
¡Qué angustia! ¡Qué sobresalto!
Zara
Nobleza y plebe de Fez,
ya os constó cuánto tirano
con su patria, cuánto fiero
con su ley y cuánto ingrato
Mahomet con su hijo y conmigo,
a la obligación faltando
de sangre, honor, lustre y fama,
después de haber rescatado
su persona mi fineza,
en Malta quedó, trocando
la real majestad de moro
al vil nombre de cristiano.
Y siendo así que en sus fueros
nuestra gran ley al que vario
la prevarica teniendo
honores de soberano
degradarle manda de ellos,
yo, la ceremonia usando,
delincuentemente reo,
haciendo el trono cadalso,
os le represento vivo
en ese muerto retrato,
corrida de que no tenga
vida que le quite el mármol.
Cumplid, pues, de vuestros ritos
la usanza.
Abdalá
Yo, pues me hallo
presente como ministro
militar, pues ser esclavo
hoy no quita que ayer fuese
general maestre de campo
de mis ejércitos, sea
quien, el puesto ejercitando,
le degrade del bastón
que fue mi ruina y su lauro.
Quita el bastón.
Muley
Yo, pues su delito fue
después de haberme engendrado
–con que ser no debe en mí
el baldón hereditario
y el reino sí–, del laurel,
como mío, le degrado,
quitándole de sus sienes
con la corona el aplauso.
Quítale la corona.
Zara
Yo, que en su mano le puse
del más ilustre y más alto
reino el cetro, pues le di
de mi alma y mi vida el mando,
por que el mundo vea que de él
en venganza de mi agravio
no sólo le privo, pero
aun del corazón le arranco,
de su mano el cetro quito.
Quítale el cetro.
Y mostrando en la mía cuánto
es imposible que a él vuelva,
mano y cetro –de un presagio
cumpliendo la voz que dijo
mal hurtada de mis labios:
«¡Viva Abdalá y Mahomet muera!»–,
los enajeno y reparto,
dándole el cetro a Muley,
dándole a Abdalá la mano.
Todos vosotros agora,
ya que no sois sus vasallos
y que sin reales insignias
no es traidor el desacato,
calles y plazas la estatua
arrastrad hecha pedazos.
Todos
¡Muera Mahomet, y Muley
y Abdalá vivan!
Las cajas, y despertando el Príncipe se cubre todo.
Príncipe
¡Qué pasmo!
¡Traidores, pues…! Mas ¿qué digo
ni qué me admiro ni espanto
de que haga su oficio el sueño,
representándome vago
en las últimas especies
con que dormí los engaños
que tal vez saben hacer
de la imaginación caso?
Y cuando fuesen verdad,
que ni lo dudo ni estraño,
en Fez mis agravios, ¿qué
importan ya mis agravios?
¡Pluguiera a vuestra piedad,
Señor, se acercara el plazo
en que por Vos padeciera
la persona y no el retrato!
Y si acaso el amor propio,
si es que hay propio amor acaso
en la parte de mis celos,
os ofendió involuntario
de no tener sentimiento,
de ese sentimiento os hago
sacrificio. Perdonad
si me atrevo a decir: cargo,
reino y compañía en un día
dejé; sin ellos, Señor,
¿qué haré?
Música
dentro
Buscar con fe pía,
para otro reino mejor,
otra mejor compañía.
Príncipe
Si yo juzgara de mí
méritos para tener
inspiración, bien aquí
pudiera darme a entender
que interiormente la oí;
pues en callada armonía
oigo ser a mi dolor
medio…
Él Y Música
…buscar con fe pía,
para otro reino mejor,
otra mejor compañía.
Príncipe
Otro mejor reino, ya
sé que es el reino del cielo;
mas ¿quién decirme sabrá
la mejor a mi fe y celo,
qué compañía será?
Alcuzcuz
dentro
¡De Jesús la virtud pía
me valga!
Príncipe
Dudar ya error
cuál es con tal voz sería…
Él Y Música
…para otro reino mejor,
otra mejor compañía.
Quédase el Príncipe suspenso y salen Cide Hamet y Turín deteniendo a Alcuzcuz, que traerá en la mano las flores que dicen después los versos.
Alcuzcuz
¡De Jesús, digo otra vez,
la virtud me valga!
Cide
Necio,
¿de qué te admiras?
Alcuzcuz
¿De qué
admirarme, cuando a veros
llego aquí a los dos?
Turín
Detente.
Alcuzcuz
En vano ser, que dar quiero
estas nuevas a mi amo.
Cide
No has de llegar tú primero
que nosotros.
Alcuzcuz
Sí hacer tal.
Deshácese de ellos, dejando a Turín las flores en la mano.
Turín
Al ir de los dos huyendo,
por asirle de la mano,
el ramillete que haciendo
estaba dejó en la mía.
Alcuzcuz
Sonior, sabe… Tan sospenso
estar que ni ver ni oír.
Cide
(Muestra, que no acaso creo
que la ocasión que buscamos
nos ha salido al encuentro).
Turín
(¿Cómo?).
Cide
(Como en estas flores
empezar a sembrar puedo
los confecionados polvos
de aquel tósigo violento,
por si acaso hay ocasión
de ofrecerlas en su obsequio).
Toma las flores y derrama en ellas unos polvos.
Alcuzcuz
Sonior, mira si soy santo,
pues con Hamet, sano y bueno,
viene Torín.
Turín
(Como tú
las inficiones, yo medios
buscaré de ir a su mano).
Cide
(Ya lo están).
Alcuzcuz
¿No hay oír?
Turín
(Lleguemos
con nuestra deshecha agora).
Los Dos
Danos tus pies.
Alcuzcuz
¡Bueno es eso!
Aún no me responde a mí,
con hablarle algo más recio,
¿y responderá a los dos?
Vuelve en sí.
Príncipe
¡Oh Señor, y cuánto os debo,
pues a un humilde gusano
reveláis vuestros secretos;
no sólo inspirando auxilios,
pero revelando riesgos!
Los Dos
Danos, gran señor, tus plantas.
Príncipe
¡Hamet, Turín! Pues ¿qué es esto?
Cide
Haber dejado por ti
patria, esposa, hijos y deudos,
y a ser discípulo tuyo,
corrido de ser tu maestro,
venir siguiendo tus pasos.
Turín
Como era un camino el nuestro,
nos encontramos en él;
que también yo, en seguimiento
tuyo, con los desengaños
de mi mala vida, vengo
ansioso de mejorar
mis costumbres con tu ejemplo.
Príncipe
No sabré encarecer cuánto
de ver a los dos me huelgo,
pues ya sé que tú a ser vienes
cristiano, Hamet, y tú luego,
Turín, de no buen cristiano
a ser menos malo, siendo
en las piedades de Dios
casi un beneficio mesmo
pasar de moro a cristiano,
que de mal cristiano a bueno.
Los Dos
(Si bien lo supieses…)
Príncipe
¡Dadme
los brazos!
Los Dos
A tus pies puestos
estamos.
Príncipe
¡Qué bellas flores!
Alcuzcuz
Para ti estaba yo haciendo
ese ramillete y él
quitármele.
Turín
Acaso creo
que fue dejarle en mi mano,
mas si era para ti, quiero
restituirle a la tuya.
Goza, pues, el blando aliento
de sus lirios, azucenas,
rosas y jazmines, puesto
que eran tuyas.
Príncipe
Dale el ramillete.
Muestra.
Cide
(Bien
sucede).
Príncipe
¡Cuánto agradezco
el don, no sabré explicar!
Turín
¿Por qué? ¿Un pobre don?
Príncipe
Por esto.
Este cárdeno lirio, enamorado
galán del blanco albor desta azucena;
esta púrpura rosa, que de ajena
sangre dio su matiz al encarnado;
este tierno jazmín, que no manchado
ni el ábrego ni el cierzo le dio pena,
símbolos son de quien, de gracia llena,
ni aun en primer instante vio al pecado.
Pues si nunca abrigaron en su seno
estas flores al áspid, ¿qué osadía
pudo juzgar que donde, de horror lleno,
no introdujo Satán su tiranía,
pudiese introducir otro veneno
la suya en atributos de María?
Y por que mejor veáis
que ni lo dudo ni temo,
no solamente al olfato
las flores aplico, pero
aun a los demás sentidos.
Ojos, labios y oídos tengo
de cebar en ella. ¡Ved
qué poco daño me han hecho!
Mas ¿cómo me ha de hacer daño
quien es de todos remedio?
Cide
¡Qué asombro!
Turín
¡Qué horror!
Príncipe
Y más
a la vista de su templo
que, estraño bajel del aire,
sulcó sus esferas, siendo
de la exención del tributo
no mal probable argumento;
pues quien sacó de cautiva
la casa, sería bien cierto
que no había de dejar
nunca cautivo a su dueño.
¡Gran Jerusalén de Europa,
salve! ¡Salve, alcázar bello
de la cristiana Sión!
¡Salve, misterioso centro,
que, solar de Ana y Joaquín,
en el instante primero
viste al alba sin mancilla
y en el segundo al sol mesmo
amancillado, pues viste
en ti ceñido lo inmenso,
medido en ti lo infinito,
en ti abreviado lo eterno,
y pasible lo impasible,
viendo en ti hecho carne el Verbo!
¡Salve otra vez y otras mil!
Y ya que a saludar llego
tus torres, sea pensando,
mejor dijera creyendo,
que la zarza incombustible
fuiste que, exenta del fuego,
ardió sin quemarse. Y pues
como a tal te reverencio,
para pisar tus umbrales
me descalzaré, poniendo
más los ojos que las plantas
en tus arenas. Y puesto
que a vista tuya favores
que no merezco merezco,
de la inspiración usando
que me ilustraba primero
y de la que rescató
mi vida después, prometo
en la mejor compañía
alistarme; pues habiendo
sido Ignacio a quien debí
el primer conocimiento
de mis confusos errores
y a quien por lo caballero,
por lo soldado y lo santo
cobré tan digno respeto
que con su ilustre apellido
mi real sangre honré, bien creo
que por adoptado hijo
de su religioso gremio
me reconozca y me admita,
en cuya milicia, siendo
su cuarto voto misiones
que lleven el Evangelio
a infieles gentes, no dudo
que ella logre mis intentos,
facilitándome ella
las licencias de Inocencio.
Y más si del sacerdocio
–pues ya de mi casamiento
aquel natural contrato,
el día que corra riesgo
la pureza de la fe,
le da por nulo y disuelto
la disparidad del culto–
a la dignidad me atrevo;
que si no dignos son todos
cuantos le gozan, bien puedo
entre los no dignos yo
osar a ser uno de ellos.
Y, en fin, Señor, protestando
que desde aqueste momento
no daré paso que no
sea en orden al deseo
de dar la vida por Vos,
a las puertas de Loreto,
patrimonio de María,
cuyo no pagado feudo
fue mi primer vocación,
humilde y postrado os ruego
me concedáis este don.
Y si fuere gusto vuestro
que en el camino la vida
pierda, admitid el afecto,
pues a mí me basta
buscar los medios
que en mejor compañía
dan mejor reino.
Vase.
Cide
¡Oye,…
Turín
¡Aguarda,…
Cide
…escucha!,…
Turín
…espera!,…
Cide
…que confuso…
Turín
…que suspenso…
Cide
…al prodigio de tu auxilio…
Turín
…de tu fervor al portento…
Cide
…no sólo tu muerte ya…
Turín
…no ya tu aborrecimiento,…
Cide
…solicitaré, traidor,…
Turín
…tirano, intentaré,…
Cide
…pero
tu ley ofrezco seguir.
Turín
…mi vida enmendar ofrezco.
Alcuzcuz
¿Quién le decir a mi amo
que venir, antes de verlo,
a ser menos malo el uno,
cuando el otro a ser más bueno?
Pero ¿quién a él lo decir,
si aun a mí decirme el viento?:
Él Y Música
¡Victoria, victoria
por el Bueno Genio!
Vanse los tres, y salen los dos Genios.
Mal Genio
¿De qué cantas la victoria,
si, aunque más auxilios veo
en tu alabanza inspirados
y en mi desdoro dispuestos,
si creo a las conjeturas
de mis ciencias –pues es cierto
que aunque gracia y hermosura
perdí, no perdí el ingenio–,
hallo en ellas que la muerte
le está amenazando presto,
conque nunca gozará,
por más que insten sus anhelos,
el renombre del martirio,
que es su más deseado premio?
Buen Genio
¿Cómo puede no gozarle
si ya le goza, supuesto
que si no es mártir por sangre,
es mártir por el afecto?
Mal Genio
¿Mártir por afecto y no
por sangre?
Buen Genio
Sí.
Mal Genio
Da un ejemplo.
Buen Genio
Muchos pudiera, mas uno
por todos del sacro texto.
Sube conmigo, pues no
se da ni lugar ni tiempo
entre los dos.
Mal Genio
Ya contigo
rompo la esfera del viento.
Suben los dos juntos en dos elevaciones de dos canales y, en estando arriba, se apartan en dos bofetones y se ve un monte. Después, cuando lo dicen los versos, se abre el monte y se ve en él a Abraham y Isaac en el sacrificio y a su tiempo baja el Ángel.
Buen Genio
¿Conoces aquese monte?
Mal Genio
Sí conozco; bien me acuerdo
de sus señas. Este es
Moria, a quien el nombre dieron
del Monte de la Visión.
Buen Genio
Ábrese el monte.
¿Y qué es lo que miras dentro?
Mal Genio
Lo que vi en él repetido
me parece que a ver vuelvo,
pues en la elevada cima
Abraham está diciendo:
Abraham
Ya, Señor, a Isaac, mi hijo,
os sacrifico yo mesmo.
Isaac
Y yo de mi voluntad
la vida a la vuestra ofrezco.
Buen Genio
¿Podrasme negar, al ver
alto el brazo, humilde el cuello,
el ser ya sacrificada
vida aquella?
Mal Genio
¿Cómo puedo?
Buen Genio
Pues mira cómo interpone
Dios entre cerviz y acero
nuevo decreto.
Sale el Ángel en el aire.
Ángel
Suspende
el golpe, Abraham, que el cielo,
aceptando de tu fe
el sacrificio, ha dispuesto
que la vida de Isaac supla
la víctima de un cordero.
Isaac
Yo, Señor, ya os di mi vida.
Abraham
Señor, ya visteis mi celo.
Los Dos
Y aunque no vierta su sangre
Isaac, sacrificio es vuestro.
Buen Genio
¿Estás convencido?
Mal Genio
Sí
y, aunque a mi pesar, confieso
que mártir sin sangre puede
ser mártir por el afecto.
Buen Genio
Pues no han de parar aquí
sus aplausos y trofeos.
Mal Genio
¿A qué más han de llegar
el día que a esto llegan?
Vuelve el sacrificio y vese en el respaldo de él la Religión, con corona y cetro imperial.
Religión
Esto
me tocará a mí el decirlo.
Mal Genio
¿Quién eres, prodigio bello?
Religión
Si no lo han dicho las señas
de imperial corona y cetro
y el nombre de Jesús, que
por timbre en mi escudo tengo
de los ejércitos grandes
que en el militante gremio
de la Iglesia sirven, soy
la Compañía a quien dieron,
por premio de sus servicios,
a Ignacio sus altos hechos.
Y el día que en mí se alista
ese príncipe estranjero,
es fuerza que a mí me toque
publicar de sus portentos
la segunda parte.
Los Dos
¿Cuándo?
Religión
Cuando superior decreto
dé licencia que a luz salgan
de misteriosos efectos,
de las muchas conversiones,
de su humildad, de su celo,
de su obediencia y su fe,
en cuyo dichoso tiempo
hablarán en su alabanza…
Salen unos moros, el Maestre y caballeros.
Moro
Fez, que le dio el nacimiento…
Caballero
Malta, que le dio el bautismo…
Uno
Sicilia, que le dio el puerto…
Otro
Roma, que le dio el abrigo
y las licencias…
Otro
Loreto,
que le dio la inspiración…
Religión
Yo, que le di en mi colegio
la ropa, estudios y ciencias…
Otro
…y Madrid el monumento,
diciendo todos…
Mal Genio
…y yo
con todos a mi despecho:
Todos Y Música
¡Victoria! ¡Victoria
por el Buen Genio
que en mejor Compañía
da mejor reino!
- Rechtsinhaber*in
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
- Zitationsvorschlag für dieses Objekt
- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. El gran príncipe de Fez. El gran príncipe de Fez. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbp1.0