Personajes

  • ABENYUCEF, rey de Sevilla
  • SULTANA, seta de Mahoma
  • EL SANTO REY DON FERNANDO
  • EL PRÍNCIPE DON ALFONSO, su hijo
  • DON PELAY CORREA, maestre de Santiago
  • FERNÁN ORDÓÑEZ, maestre de Calatrava
  • DON PERIÁÑEZ, maestre de Alcántara
  • DON RAMÓN BONIFAZ, almirante
  • FERNÁN RUIZ, prior de San Juan
  • GARCI PÉREZ DE VARGAS, alférez real
  • DON ARIAS, arzobispo de Santiago
  • DON RAMÓN, obispo de Segovia
  • ÁNGEL PRIMERO
  • ÁNGEL SEGUNDO
  • TROPEZÓN, soldado
  • OTROS
  • UNA NIÑA, vestida de imagen
Tócase un clarín, y abriéndose en lo bajo del primer carro una tienda de campaña, se ve en ella Abenyucefdormido; y sale de otro, Sultana, mora
SULTANA
Valeroso Abenyucef,
cuya siempre heroica fama
rey de Sevilla te ilustra
y brazo de Alá te ensalza:
despierta al ronco clarín
de su bronce, y si él no basta,
al blando clarín despierta
de mi llanto.
ABENYUCEF
¿Quién me llama?
SULTANA
¿Quién quieres que sea, o quién puede
a estas horas en tu alcázar
entrar a correr cortinas
del pabellón que te guarda,
sino quien embajatriz
del profeta, entre fantasmas
del sueño, es con alma y cuerpo
ilusión sin cuerpo ni alma,
la ley que unos llaman seta,
descendiente de la esclava
Agar y Ismael, por quien
otros ismaelitas llaman,
y agarenas, a las gentes
que entre el África y el Asia
observan del gran Mahoma?
El Alcorán soy.
Levántase con asombro
ABENYUCEF
¿Qué causa
(o ya de mis morabitos
seas diabólica magia,
o ya de mi fantasía
vehemente aprehensión), en vagas
sombras, te obliga a que tomes
cuerpo y voz?
SULTANA
Oye, y sabrasla:
después que el tercer Fernando
de Castilla, en su alabanza
dejó a la Fama sin trompas,
dejó al céfiro sin alas,
por ser tales sus virtudes
que al uno y otro les faltan
o plumas para escribirlas
o voces para contarlas,
hallándose con dichosa
sucesión en la preclara
Beatriz (¡oh cuánto, ay de mí,
siento pronunciar de Austria!),
y de su madre a este tiempo
heredero en vida, a causa
de haber renunciado en él,
como reina propietaria,
la corona de León,
aun no contento con ambas,
habiendo hecho de sus huestes
en Toledo plaza de armas,
piensa arrancar de una vez
tantas fuertes raíces cuantas
desde Rodrigo a Pelayo
y de Pelayo a él, echadas
tiene el África en Europa,
siendo así que, el que más tala
sus semillas si tal vez
las siega, no las arranca.
Pero, ¿qué mucho, qué mucho
viva en esta confianza,
si amado y temido a un tiempo,
le siguen todos con tanta
fe y lealtad que reina aún más
que en las vidas en las almas?
Sus ejércitos lo digan;
no hay vasallo que no haga
de la precisa obediencia
obediencia voluntaria.
¡Oh qué bien lidia el que lidia
con vanidad tan hidalga
como que su rey le vea,
sin que para el premio haya
menester traer a la corte
en papel sus esperanzas!
Dígalo otra vez y mil,
que en su vida dio batalla
que no venciese; en su vida
puso sitio sobre plaza
que no rindiese; enemigo
no tuvo, o facción contraria
en civil o campal guerra
que no postrase a sus plantas.
Con séquito y con fortuna,
¿quién duda que sus hazañas,
siempre victoriosas, puedan
haber pasado la raya
de Sierra Morena, entrando
a pesar de sus montañas
en los campos andaluces?
Córdoba, Jaén y Baeza
lo lloren, y de las tres,
aun más Córdoba que entrambas;
pues habiendo antes su rey
Almanzor corrido hasta
saquear de su gran patrón
la ciudad, que a su honor llaman
Santiago, y robado al culto
de su sepulcro la plata,
oro, joyas y ornamentos,
y sin perdonar las altas
torres de su homenajes,
traído hasta las campanas
a hombros de esclavos cristianos
agobiados de su carga,
él en venganza (si es
que es el castigo venganza)
poniendo a Córdoba sitio,
hizo después que la asalta,
que con los demás haberes
que victorioso restaura
esclavos moros en hombros
fuesen también a llevarlas.
Presto le pagó el favor,
pues trabándose batalla
al opósito que puso
Sierra Morena en su falda,
don Pelay Correa, maestre
de Santiago, a quien encarga
avanzadas de su grueso
las tropas de la vanguardia,
casi cedido el valor
a la superior ventaja
de los nuestros se vio cuando,
cambiando las nubes pardas
el encapotado ceño
a listas de nieve y nácar,
salió de entre sus fulgores
blanco caballo que en alas
del viento regía valiente
caballero de armas blancas
con la roja cruz que al pecho
bruñida púrpura esmalta.
Tan veloz a todas partes
corría a un tiempo la campaña
que aun el aire no sentía
la huella de sus estampas.
Puestas a su vista en fuga
nuestras árabes escuadras,
porque les faltaba el día
para el alcance, su clara
luz paró el sol a la voz
del maestre. Mas ¿qué me espanta?
si «¡María, ten tu día!»
dijo. Y quien a María clama
en nombre suyo, aun al sol
cuando le ruega, le manda.
Tres horas fueron las que
el día su edad alarga
y las mismas horas tres
las que en oración estaba
Fernando, de suerte que
concordes dos circunstancias
—Moisés segundo, y segundo
Josué— mientras oraba
el uno, el otro vencía,
sin que el santo texto en nada,
aun en pararse el sol, quede
deudor a la circunstancia.
Bien pudiera referirte,
que esta maravilla rara
vio sobre Jerez, Alfonso,
su hijo, otra vez en aladas
angélicas tropas; pero
esto que te diga basta
para que sepas cuál es
el riesgo que te amenaza
el día que hacia Sevilla
viene doblando la marcha.
Y siendo así que no ignoras
que joven rey a quien tantas
prerrogativas guarnecen
viene a buscarte a tu casa,
no solamente seguido
de soldados que le aman,
de maestres que le ilustran,
y prelados que le guardan
más cuando lidia el consejo,
que cuando arguye la espada,
sino de su mismo Alá
que le defiende, le ampara,
¿cómo tú entregado al sueño
en dulces delicias blandas,
perezosamente duermes
y ociosamente descansas?
¡Despierta pues, y despierte
contigo de la africana
nación el valor que cinco
siglos ha tenido a España
dominada de sus huestes
cautiva en su misma patria!
Y ya que cobrados otros
reinos, lloren sus desgracias,
de sus lágrimas enjugue
Sevilla el dolor; repara
que es Sevilla último resto
en que la Fortuna entabla
todo nuestro honor, bien como
fronteriza antemuralla
de Europa y Africa; y pues
en su defensa te habla,
por mí de tu gran profeta,
el espíritu que inflama
mi pecho, mi voz alienta,
mi forma anima, mi saña
enciende, abortando iras,
no esperes a que lo haga
ese repetido estruendo
que, articulado en lejanas
cláusulas, dice a compás
de sus trompas y sus cajas:
Dentro cajas, trompetas y voces
ELLA Y TODOS
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
ABENYUCEF
¡Oye, espera, escucha, aguarda,
bellísima ilusión!
SULTANA
¿Qué
me quieres?
ABENYUCEF
Que no te vayas,
ni desvanezcas tan presto
la luz de tu soberana
beldad, y puesto que seas,
como antes presumí, o magia,
o espíritu, o ilusión,
conserva tu semejanza
que si eres la ley que adoro,
justo es suponerte dama
a quien debo defender
con la vida y con la espada
sin que me pidan razón
mayor que la de guardarla.
Y así, para que lo veas,
no te ausentes, que batalla
muy ventajoso el que a vista
se empeña de lo que ama.
Verás, como tú me asistas,
cuán poco el poder me espanta
de Fernando, aunque consigo
tras las almenas y garras
de castillos y leones
maestres y prelados traiga.
SULTANA
Dices bien, y la licencia
usando que ya asentada
quedó de que alegoría
y historia no se embarazan,
mirando a ambas luces, yo
te asistiré.
ABENYUCEF
Pues ¡al arma!,
que contigo, siendo tú
mi bellísima sultana,
ni la hueste, ni la fe
de Castilla me acobarda.
SULTANA
En mí a tu lado verás
(pasándome de africana
mora a idólatra gentil)
lidiar a Belona y Palas.
ABENYUCEF
Pues ¡al arma!
UNOS
¡Guerra, guerra!
OTROS
¡Alto, y pase la palabra!
TODOS
¡Alto, y pase la palabra!
Con esta repetición, tocando arma en un carro y amarchar en otro, sale Garci Pérez De Vargas, con un estandarte blanco, pintada en él una imagende Nuestra Señora con el Niño en brazos, dorado el ropaje a flores, como suelen pintarse las que comúnmente se llaman de la Antigua, y a la otra parte unescudo con las armas de Castilla y León; luego don Pelay Correa, maestre de Santiago Fernán Ordóñez, maestre de Calatrava; don Periáñez, maestre de Alcántara; Fernán Ruiz, prior de san Juan, todos con botas y espuelas, bengalas y petos, yen ellos grabadas las cruces de sus órdenes; después don Arias, arzobispo de Santiago, y don Ramón, obispo de Segovia, el principe don Alfonso, y detrás el rey don Fernando.
REY
Castellanos y leoneses
caballeros, en quien carga
de eclesiástico y seglar
brazo hoy, la Iglesia sus armas:
esta es Sevilla, y este
el término donde acaba
España su tierra y donde
empieza su mar España.
Hércules, que la fundó
lo diga, pues en su playa
las colunas del Non Ultra
erigió, sin esperanza
de que ya hubiese más mundo
que ganar; ciega ignorancia,
pues si le hay o no le hay, Dios
sabe para quién le guarda;
(¡oh sea otro Fernando más
digno de vuestra alabanza!)
Viendo su apacible sitio,
tan fecundo por sus aguas,
tan ameno por sus frutos
y tan fértil por sus plantas,
a las orillas del río
Guadalquivir (africana
dicción que quiere decir:
Quivir, ‘grande’; y ‘río’, Guadal),
su gran fábrica fundó,
con tanta gente y con tanta
ambición que, presumiendo
que le había de hacer falta
el terreno, la una orilla
quiso que con la otra parta
la población; de manera
que de una parte Triana
y de otra Sevilla, se hacen
competencia tan bizarra
que fue menester que el río,
porque no se den batalla,
ponga paz entre las dos,
y para haber de ajustarlas,
capitulando comercios
en la cristalina valla
que las divide y las une,
sufrió una puente de barcas.
Julio César la eligió
para colonia romana
y coronada de torres
la guarneció de murallas.
El primer nombre que tuvo
fue Hispalis, así llamada
por Hispalo, primer hijo
de Hércules; mas las mudanzas
del tiempo, poseída a tiempos
de gentes y lenguas varias,
como vándalos y citas,
hunos y suevos, hasta
que visigodos y godos
—en quien por Rodrigo y Cava,
la española nación vino
a ser cautiva de Arabia—
de Hispalis el nombre antiguo
mudaron, dando en nombrarla,
en vez de Hispalis, Hispalia:
y de Hispalia, la africana
lengua gutural, Isbilia,
con que en frase castellana
puso el Isbilia a Sevilla,
que es el nombre que hasta hoy guarda.
Ésta pues, como antes dije,
siendo como es España
península que en dos mares
el océano rematan
y el Mediterráneo, siendo
de entrambos fosos cercada,
solo por los Pirineos,
contigua tierra con Francia,
es el término a que hoy
alto espíritu nos llama.
Y para que veáis que no
fundo en la ambición las ansias
de poseerla, atended
de mi pretexto a la instancia.
Tocad al Ave María,
que es siempre mi primer salva.
Toca la caja los nueve golpes, y todos se arrodillanante la imagen del estandarte
¡Virgen, a quien eligió
para sagrario y morada
por hija el Padre; escogida
el Hijo por madre intacta,
y el Espíritu por virgen
esposa, llena de gracia,
y por alto privilegio
la concebida sin mancha:
vos sabéis, como quien siempre
en todas mis esperanzas
fue de mis noches la estrella,
fue de mis días el alba,
que nunca intenté facción
que no fuese consultada
con vos, protestando siempre
que lo que me mueve a obrarla
no es interés de más reinos,
ni propio amor de más fama.
Dilatar de la fe el culto
y rescatar de tirana
esclavitud las iglesias
que hoy en mezquitas profana
impura bárbara ley,
restituyendo a sus aras
los sagrarios del más alto
sacramento, las estatuas
imágenes y pinturas
vuestras, son todas mis ansias.
Favorecedlas, señora,
que yo en esta confianza
seguro que en vuestro amparo
más la intercesión me valga
que el ejército, os le ofrezco,
pidiéndoos perdón de que haga,
siendo Dios causa primera,
aprecio en segundas causas,
que como pedir no debo
milagros, es fuerza que haya
humanos medios, que son
los que pongo a vuestras plantas.
Levántase
Con esta protesta, agora
vos, Garci Pérez de Vargas,
mi alférez real, arbolad
de esa imagen soberana
el estandarte en mi tienda.
VARGAS
Ya sé que es esta la escuadra
primera que he de ordenar,
señor, que te esté de guarda.
Vase
REY
Vos, Pelay Correa, gran maestre
de Santiago, ved si hay traza
de pasar con vuestra gente
el río, y de esotra banda
impedir las avenidas
del puente, mientras no traiga
Ramón Bonifaz (a quien
encargué que de Vizcaya,
como almirante a quien toca
gobernar el mar) la armada
que aprestar pueda.
CORREA
De mí
fía, que después que haya
buscado esguazo por donde
más Guadalquivir se ensancha,
o bien con vado o sin él,
ejecute lo que mandas.
Vase
REY
Vos, gran don Fernán Ordoñez,
maestre de Calatrava,
con vuestra hueste corred
desde Carmona a Tablada,
talando viñas y mieses.
y porque puede ser salga
el moro a impedirlo, vos
las surtidas de la plaza,
Peribáñez, con la gente
de Alcántara ocupad; y haga
vuestro valor, Fernán Ruiz,
gran prior de la cruz blanca,
desalojar los villajes
de toda aquesa comarca
de cuantos moros la habitan
porque vecindad no haya
que aceche nuestros designios.
CALATRAVA
Tú verás mi vigilancia…
ALCÁNTARA
Y mi celo…
PRIOR
Y mi deseo…
LOS TRES
… en cumplir lo que me encargas.
Vanse los tres
REY
Vos, don Arias, arzobispo
de Santiago, haced que haya
—pues por capellán mayor
os toca regir las almas
en el campo, como suele
el día que da batalla,
o el día que como hoy
pone sitio a alguna plaza—
general comunión.
SANTIAGO
Viendo
de tu ejemplar la enseñanza,
todos, a tu imitación,
se ofrecen sin repugnancia
siempre a lo mejor, que el rey
es espejo en quien retratan
los vasallos sus acciones.
Vase
SEGOVIA
¡Válgame el cielo! ¡Qué varias
imaginaciones son
las que mi juicio arrebatan!
PRÍNCIPE
Permite, señor, que humilde
a tus pies en confianza
de tu amor te dé una queja.
REY
¿Tú queja de mí?
PRÍNCIPE
Y fundada
en razón, pues cuando a todos
honras con mercedes tantas,
como emplearlos en puestos
que les den honor, en nada
me empleas, ¿tan mala cuenta
te di en Jerez, que no haya
merecido…?
REY
No prosigas
hasta ver qué reservada
facción guardé para ti:
esta es que de las murallas
con las compañías que están
en el retén de mi guardia,
vayas a reconocer
las defensas y me traigas
de sus fortificaciones
noticias, con asechanza
de qué parte están más fuertes
y de qué parte más flacas,
por si antes que se refuercen
me resolviese a asaltarlas.
PRÍNCIPE
De llegar hasta sus muros
te doy, señor, la palabra,
por más que toda Sevilla
al opósito me salga.
Vase
REY
¿Don Ramón?
SEGOVIA
Señor.
REY
¿Qué es esto?
Cuando están mis esperanzas
pensando que de Segovia
presto a Sevilla te traiga
por no apartarte de mí
¿tú, padre, de mí te apartas?
De las órdenes que he dado
¿qué es lo que te desagrada
que, oyéndolas tan suspenso,
ni me miras, ni me hablas?
¿En qué te he enojado? Atiende
que a tu obligación agravias
—pues te fío mi conciencia,
y de mi vida y mi alma
la paz, quietud y consuelo—,
y no me riñas mis faltas.
SEGOVIA
¡Ay señor, cuán al contrario
tu humildad discurre sabia,
de lo que corta discurre
de la mía la ignorancia!
REY
Pues, ¿qué es lo que discurrías?
SEGOVIA
No sé, señor.
REY
Muy mal tratas
mi amor; yo lo he de saber.
Por mi vida, que me hagas
este favor.
SEGOVIA
¿Si te enojas?
REY
De no enojarme palabra
te doy, y enmendar el yerro
que me adviertas.
SEGOVIA
Pues yo estaba,
no sin dos autoridades
que ocurrieron juntas ambas,
considerando, señor,
al ver a un rey en campaña
sujeto al hambre y la sed,
cansancio, estíos y escarchas,
a quien sigue cada uno
con su cruz y a quien él manda
que unos y otros se dividan
acudiendo a partes varias
con sus órdenes, y todo
a fin de sacar de esclava
servidumbre al pueblo, que es
un viso, un rasgo, una estampa,
viva imitación de aquella
inmensa bondad, que…
REY
Basta,
no lo digas, no lo digas,
que no es bien que porque caiga
otro en una alegoría
caiga yo en una jactancia;
y por hablar de otra cosa,
cansado estoy.
SEGOVIA
No me espanta,
que desde Jaén aquí
ha sido grande la marcha;
y aunque por la autoridad
de mi grado y de mis canas
puedo usar de la obediencia,
señor, que me tienes dada,
no ha de ser sino del ruego.
Ésta es tu tienda, descansa
siquiera un rato.
REY
Sí haré,
pues quieres tú.
SEGOVIA
A que no haya
rumor que te inquiete, voy.
Vase y el Rey se sienta en otra tienda de campaña
REY
¡Oh, Señor! ¡Cuánto deseaba
el verme con vos a solas,
perdonadme la tardanza
que, si no estaba con vos
en vuestro servicio estaba,
en orden a que Sevilla
sea vuestra! Vos, soberana
Virgen Madre, este deseo
amparad, que yo palabra,
si la gano, os doy de hacer
templo en ella que sea octava
maravilla, y dedicar
real capilla a vuestras aras
para mi sepulcro, donde
aun muerto esté a vuestras plantas.
Apenas «sepulcro» dije,
cuando mis sentidos grava
profundo sueño, bien como
dando a entender que, si tarda
la muerte, no tarda el sueño
que de su parte nos habla
cada día ¡Oh humano ser!
por real que seas, repara
que, si no mueres, no vives,
cuando piensas que descansas.
Quédase dormido, suenan las chirimías y ábrese un carro de nubarrones y estrellas, y vese en él un trono de serafines, en que vendrá sentada una Niña, vestida como pintan la imagen de los Reyesde la santa iglesia de Sevilla, con el niño en brazos y a sus lados dos ángeles, como que sustentan el trono; y cantando ellos, y respondiendo toda la Música, bajan hasta quedar en el aire, en medida proporción, según la distancia del tablado
ÁNGEL 1.º
Cantado
Aladas jerarquías…
MÚSICA
Dentro
Aladas jerarquías…
ÁNGEL 2.º
Cantado
… a quien toca hoy dejar…
MÚSICA
Dentro
… a quien toca hoy dejar…
ÁNGEL 1.º
… por campos de esmeralda…
MÚSICA
Dentro
… por campos de esmeralda…
ÁNGEL 2.º
… palacios de cristal…
MÚSICA
Dentro
… palacios de cristal…
LOS DOS
¡Volad, corred, venid!
MÚSICA
Dentro
¡Volad, corred, venid!
LOS DOS
… que baja a serenar…
MÚSICA
Dentro
… que baja a serenar…
LOS DOS
… diluvios de la guerra
el arco de la paz.
MÚSICA
Dentro
… diluvios de la guerra
el arco de la paz.
ÁNGEL 1.º
¡Volad, corred, venid!;
pues vuestra dicha es tal,
que vais en su servicio,
donde la reina va.
MÚSICA
Dentro
¡Venid, corred, volad!
ÁNGEL 2.º
¡Volad, corred, venid!,
siendo a su trono real,
si basa la cerviz,
el ala pedestal.
MÚSICA
Dentro
¡Venid, corred, volad!
ÁNGEL 1.º
¡Volad, corred, venid!
que hoy vuelve el cielo a dar,
si no el maná a la tierra,
la nube del maná.
MÚSICA
Dentro
¡Venid, corred, volad!
ÁNGEL 2.º
¡Volad, corred, venid!
y el camino sembrad,
con palmas de Setín,
de rosas de Senar.
MÚSICA
Dentro
¡Venid, corred, volad!
ÁNGEL 1.º
¡Volad, corred, venid!
y entre esas flores, dad
en todas azucenas,
pero en ninguna azahar.
MÚSICA
Dentro
¡Venid, corred, volad!
ÁNGEL 2.º
¡Volad, corred, venid!
porque con triunfo igual…
ÁNGEL 1.º
… que subir la vio el cielo,
la vea el suelo bajar.
LOS DOS Y MÚSICA
¡Venid, corred, volad;
volad, corred, venid!
que baja a serenar
diluvios de la guerra
el arco de la paz.
NIÑA
Fernando, de tu celo,
tu amor y tu piedad,
las ansias me han traído
a que te venga a dar
en ese misterioso
sueño interior señal
de que pudo tu fe
mover mi caridad.
Y porque la esperanza
nunca se quede atrás,
que la esperanza es siempre
la que adelante va,
pues crees y amas, espera,
que en Sevilla tendrá
su logro tu placer,
su premio tu pesar.
En honra de mi hijo
prosigue en restaurar
templo a la devoción
y al sacramento altar,
para que de mis coros
mejor pueda el compás
decir en alabanza
de tu piadoso afán…
NIÑA, ÁNGELES Y MÚSICA
Aladas jerarquías,
a quien toca hoy dejar,
por campos de esmeralda,
palacios de cristal.
¡Volad, corred, venid!,
que baja a serenar
diluvios de la guerra
el arco de la paz.
¡Venid, corred, volad!
Desaparece el trono y despierta al ruido de cajas, trompetas y voces
REY
¡Cielos! ¿Qué gloria en la tierra
es la que mis ojos ven?
DENTRO
¡Arma, arma!
REY
Pero ¿quién
lo perturba?
DENTRO
¡Guerra, guerra!
REY
¡Oh, cuán presto y cuán trocado
de un punto a otro me hallo! Pero
¿qué susto no es verdadero
y qué gozo no es soñado?
Las cajas, a una parte
¡Ah de la guardia! ¿Qué es esto?
¿Quién causa tanto rumor
y en tantas partes?
Sale don Arias, arzobispo de Santiago
SANTIAGO
Señor,
manda que socorran presto
a Pelay Correa, que no
habiendo tenido vado
por donde pasar a nado,
al esguazo se arrojó
y apenas de esotra orilla
pisó la tostada arena
cuando de morisma llena
se ve, y aunque resistilla
quiera, no es posible, que
es su número muy grande.
REY
¿Qué es que socorrerle mande?
Yo mismo en persona iré;
el que pudiere me siga.
Las cajas, a otra parte
DENTRO
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
REY
Mas yendo al agua, la tierra
a que vuelva a ella me obliga.
Ved qué es aquello.
Sale don Ramón, obispo de Segovia
SEGOVIA
Señor,
manda que a favorecer
a Alfonso vayan, que al ver
de la ciudad el valor
con que a la misma muralla
llegaba a reconocella,
tal gentío salió de ella
que en gran peligro se halla,
por más que en escolta estaba
para impedir la salida,
manteniendo la avenida
el maestre de Calatrava.
REY
¿Qué aguardo que no le doy
mi favor?
La caja y voces, a una parte
UNOS
¡Arma, arma!
REY
Pero
que viva Pelay no espero
si a socorrerle no voy;
primero me llamó él
y a él primero he de acudir.
La caja, a otra parte
DENTRO
¡Guerra, guerra!
SEGOVIA
¿Dónde has de ir,
cuando en trance tan cruel
Alfonso está?
REY
Dices bien.
Las cajas, a entrambas partes
SANTIAGO
Sí dice; pero de allí
grande es el riesgo.
REY
¡Ay de mí!
Que tú dices bien «también»;
y así socorrerle elijo,
ya que en tal trance me hallo.
SEGOVIA
¿No es más tu hijo que un vasallo?
REY
Cualquier vasallo es mi hijo.
UNOS
¡Arma, arma!
OTROS
¡Guerra, guerra!
REY
Mal con dos afectos lucho
cuando en dos partes escucho.
Voces en el carro de la nube; y dando vuelta se veen ella el almirante, don Ramón Bonifaz, y soldados
ALMIRANTE
¡Da fondo y a tierra!
TODOS
¡A tierra!
REY
Y aun decir pudiera tres.
ALMIRANTE
Echa el esquife a la playa,
y nadie conmigo vaya.
SEGOVIA
Sí; pero el tercero es
en tu favor, puesto que
sulca agua arriba una escuadra,
y en su bandera de cuadra,
a lo que de aquí se ve,
es tu armada la que llega.
SANTIAGO
Y no solo en ella viene
el socorro que previene
el cielo; mas turba y ciega
tanto a la gente que coge
fuera, que apenas la mira
cuando toda se retira,
y a la ciudad se recoge.
REY
Como una armada no da
muestras de lo que en sí encierra,
asusta cualquiera tierra
donde llega.
SEGOVIA
Con que ya
ni Alfonso, ni Pelay tienen
riesgos que causen temores.
REY
¡Ay Ramón, que estos favores
de superior mano vienen!
Mucho tenemos que hablar,
pero a solas y después.
Sale el Almirante, por una parte, y por otra el Príncipe
ALMIRANTE
Dame, gran señor, tus pies.
PRÍNCIPE
Y a mí tu mano a besar.
REY
Seas, Alfonso, bien venido.
Vos seáis muy bien llegado,
almirante, y si un cuidado
en dos partes dividido
me tenía, justo es
el que en dos partes divida
también el alma y la vida.
Dadme los brazos, y pues
dos nuevas saber espero,
y tan iguales las dos,
decidme, Bonifaz, vos
qué armada me traéis primero.
ALMIRANTE
La fábrica que he podido,
por venirte a socorrer,
con mayor presteza hacer.
Dos naves, señor, han sido,
de buen porte y tripuladas
de buena gente de mar.
Lo que a ellas pude agregar
fueron solo siete armadas
menores embarcaciones
con todo su competente
tren de bastimento y gente,
pertrechos y municiones.
Con que en Dios, señor, espero
que en este sitio seré
de algún servicio, porque
si la razón considero
de que en toda buena guerra
es principio militar
que el que es dueño de la mar
es el dueño de la tierra,
no dudo, si su bahía
de uno en otro borde corro,
que no entre aunque en su socorro
venga toda Berbería.
PRÍNCIPE
Lo que yo pude, señor,
del muro reconocer
es que, si todo el poder
del mundo y todo el valor
tuyo a asaltarla se ofrece,
casi imposible será,
según que en defensa está
y según que la guarnece
inmensa gente; con que,
aunque el socorro estorbar
pueda el almirante al mar,
no podrá a la tierra, en fe
de que le entra cada día
por la puente de Triana.
Y así, la esperanza es vana,
en tanto que la osadía
nuestra no intente cortar
este comercio, señor.
Sale don Pelay, maestre de Santiago
DON PELAY
Eso diré yo mejor,
que lo vengo de mirar
de más cerca, por la parte
que el río bate; y aunque no
el riesgo me retiró,
la obligación sí de darte
noticia de que aunque venga
el mundo es vana la acción,
mientras comunicación
Sevilla con Triana tenga,
porque para el bastimento
y reclutas de la gente,
la surtida de la puente
es tan grande impedimento,
que mientras ella durare
les durará el defendella;
y esto no es fácil, porque ella
la hallará quien la mirare
de tan cerca como yo,
que están de fuertes cadenas
tan amarradas y llenas
todas sus barcas, que no
las ha de poder romper
humana fuerza.
ALMIRANTE
Quizá
humana fuerza podrá,
y con tu licencia a ver
su disposición iré,
advirtiendo que no digo
que yo a romperla me obligo,
pero que lo intentaré.
Vase
REY
Alfonso, maestre, los dos
retiraos a descansar,
y sea el descanso dar
debidas gracias a Dios
de que una y otra vez
os ampara su fe pía.
Acordaos de «Ten tu día»,
vos; no olvides tú a Jerez,
que yo, de darme en vosotros
tal valor, lo haré también.
LOS DOS
Si Dios es contigo, ¿quién
ha de ser contra nosotros?
Vanse
REY
Don Arias, de vos fiar
quiero un cuidado.
SANTIAGO
Ya ves
cuánta es mi obediencia.
REY
Pues
al punto habéis de avisar
que los maestros que se hallaren
en Castilla y en León
que con mayor perfección
el noble arte ejercitaren
de la escultura me envíen,
porque los he menester.
SANTIAGO
La diligencia iré a hacer.
Vase
REY
Ahora es bien que de ti fíen
mis cuidados el cuidado
mayor que en mi vida tuve.
Después (¡ay padre!) que hube
al sueño el tributo dado,
que en su propensión advierte
ser, si no entero homicida,
medio ladrón de la vida,
media imagen de la muerte,
vi, pero no sé si vi…
soñé… no sé si soñé,
que ni ver ni soñar fue,
bien que soñar y ver sí,
que ese azul hermoso velo
se rasgaba y dél salía
nueva aurora, nuevo día,
nuevo sol y nuevo cielo.
Nuevo cielo en su arrebol,
nuevo día en su hermosura,
nueva aurora en María pura,
y en su hijo nuevo sol.
Con él en brazos me dijo:
«Presto tendrán tus pesares
fin, y de templos y altares
te dará el premio mi hijo».
Y pues ni a dudar me atrevo
ni a creer sin tu parecer,
dime si debo creer
lo mismo que dudar debo.
SEGOVIA
En esto de averiguar
revelaciones, señor,
suele padecer error
la virtud más singular,
que, como tan unas son
la apariencia y la verdad,
tal vez traje de piedad
se viste la tentación.
Y así, para conocellas,
no debemos acudir
a lo que son, sino ir
a lo que se saca dellas.
¿Hállaste muy consolado,
muy alegre y complacido?
REY
No, sino muy compungido
y muy atemorizado.
SEGOVIA
Desa compunción o ese
temor en ti, ¿qué quedó?
REY
Un dulce pesar que no
me pesa de que me pese.
SEGOVIA
¿Deseas volver a ver
lo que viste?
REY
No me creo
tan feliz. Lo que deseo
no es, padre, sino tener
tan presente lo que vi
que me obligue su esplendor
a más amor y temor
del que antes tuve; y así,
para enmendar mis defectos
y vivir de otra manera,
tener delante quisiera
siempre aquellos dos objetos
que me detengan a raya
aun el menor pensamiento
en su ofensa, a cuyo intento
dije a don Arias que vaya
a convocar escultores,
que fuera gran dicha mía
que un retrato de María
animase mis temores
siempre que su imagen vea.
Y más si copiase fiel
el primor de su cincel
el dictamen de mi idea.
¿Parécete que tendrá
esto algún riesgo? Que yo,
sin licencia tuya…
SEGOVIA
No,
no lo juzgo, pues no da
de sí esa viva aprehensión
más de que haya una escultura
en que adelantar procura
tu celo su devoción.
REY
Pues si tu consentimiento
a mi intención no se niega,
cielo y tierra oirán…
Tocan el clarín, y dando vueltas la nave, se ven en ella el Almirante y Soldados
ALMIRANTE
¡Despliega
todas las velas al viento!
SOLDADO
¡El áncora leva!
REY
¿Qué
faena es esta que en la armada
se escucha?
SEGOVIA
Desde aquí nada
se puede saber; iré
a ver lo que Bonifaz
intenta.
REY
Cree que no yerra,
que hay quien diluvios de guerra
serena en arcos de paz.
Vanse los dos. Suena el clarín, y dando una y más vueltas la nave, se ven en ella el Almirante, Soldados y Marineros
ALMIRANTE
Leva el áncora y vira,
ya que en pleamar Guadalquivir retira,
rechazada su rápida corriente
del reflujo, que entrar no la consiente
a mezclarse con él; y pues en vivas
aguas vuelven sus ondas fugitivas
contra su mismo curso el movimiento
a tiempo que las ráfagas del viento
también corren del mar, no es bien perdamos
esta ocasión. Larga la vela, y vamos
con las dos naves solas
a arbitrio de los soplos y las olas,
dejándonos llevar de la corriente
y el embate al abordo de la puente,
en cuyo choque es fuerza
o que la proa hacia nosotros tuerza
el ceño del destino
y en undoso sepulcro cristalino
todos a pique vamos,
o que de sus amarras la rompamos
la trabazón que unió náutico el arte.
¡Ea, soldados míos,
o morir o pasar de esotra parte!
¡Quédese aquel a quien le falten bríos
para seguirme, siendo yo el primero
que haga ejemplar de cuán glorioso muero!
TROPEZÓN
Mal de nosotros tu valor recela;
leva el áncora pues, larga la vela
que, yo el menor, pues Tropezón me llamo,
delante de mi amo
mostraré que es en riesgo de la vida
primero el tropezón que la caída.
TODOS
¡Ninguno ha de dejarte!
ALMIRANTE
¡A morir o a pasar de esotra parte!
TODOS
¡A morir o a pasar de esotra parte!
El clarín y las cajas en la nave, y dando vueltas,sale Sultana en el carro de enfrente, que será uncubo de muralla, sobre las más altas almenas, comomirando a lo lejos el mar
SULTANA
O morir o pasar de esotra parte
intente el castellano,
pues al puente proeja, bien que en vano;
en términos lo dejo de dudoso,
siendo el morir y el no pasar forzoso.
Sale al tablado Abenyucef
ABENYUCEF
Bellísima Sultana,
mejor diré «ley que inviolable adoro»,
ya que esa almena con tu soberana
beldad tal vez será Torre del Oro,
dime, puesto que a ella
curiosa a ver la armada te subiste
¿de qué fustas consiste
navegables, el río?
SULTANA
Mal, al vella,
puedo decirte más de que a su huella
rompe veloz con ligereza suma
en campos de cristal montes de espuma,
dos naves de más porte
que las demás, haciendo que su quilla
(sin temor que Triana y que Sevilla
desde sus muros sus disignios corte
a trabucos, deshechas
de sus piedras, sus dardos y sus flechas),
a vela desplegada
sin arrizar la más pequeña vela,
una en el agua es un neblí que nada,
otra en el viento es un delfín que vuela;
pero por más que despalmada anhela
por llegar la primera cada una
dellas, ha de vengarnos la fortuna
deshecha con que vienen,
donde su escollo en nuestra puente tienen.
Dígalo, ya a sus barcas abordando,
viento en popa veloces,
ser su faena repetir a voces:
Dando vueltas la nave, suenan con las voces cajas y trompetas, ruido de terremoto dentro della
TODOS
En la nave
¡Ampara, Virgen pura, a tu Fernando!
SULTANA
Mas, ¡ay!, que en vez de presumir que cuando
sus proas se rompieran
y desatadas en fragmentos fueran,
cascado el buque, atormentado el pino,
su ataúd la quilla, su mortaja el lino,
no solo desunida su embreada
fábrica al choque yace,
mas en la puente tanta brecha hace
que ella es la desunida y destrozada,
sin resistir que rompa su aviada
por encima de barcas y tablones
la amarra de troncados eslabones,
con que de esotra parte el agua arriba
diciendo va feliz:
TODOS
En la nave
¡Fernando viva!
ABENYUCEF
¡Ay de mí! Que rompida ya la puente
en Triana, cortado el bastimento,
y en Sevilla encerrada tanta gente,
en vano mantener el sitio intento.
SULTANA
Solo un remedio queda a tu tormento.
ABENYUCEF
¿Y cual es el remedio?
SULTANA
Que sea batalla el que ha de ser asedio,
si ha de cortar nuestro vital estambre
el embotado filo de la hambre
y entonces nuestro daño es nuestra gente,
hagamos lo preciso contingente
con ella misma y mátela primero
el no embotado filo del acero.
Salgamos en campaña
y el que venciere viva;
no a poca costa de su sangre España
pueda decir que altiva
arrancó las raíces
que tantos años cultivé.
ABENYUCEF
Bien dices:
vengue al desdén del agua el de la tierra.
SULTANA
¡Al arma, pues!
ABENYUCEF
¡Al arma!
TODOS
Dentro
¡Guerra, guerra!
Cajas y trompetas, y sale el Rey, el Príncipe y prelados, con los maestres y demás soldados
REY
Ved que rumor de arma en cuantas
avanzadas centinelas
hay, es el que se oye a vista
de tan extraña y tan nueva
gloriosa acción, que la Fama
la hará en sus bronces eterna.
Sale el prior de san Juan
SAN JUAN
Yo, como a quien correr toca
la campaña, daré della
la razón: desesperado
Abenyucef, de que pueda,
ya sin comunicación
proseguir en las defensas
de la plaza —pues por hambre
que haya de rendirla es fuerza—,
reducir a campal lid
el último esfuerzo intenta
a cuyo efecto arrojando
gente por todas sus puertas,
en doblados escuadrones
viene marchando a tus tiendas.
Dentro cajas y voces
ABENYUCEF
¡Viva el gran profeta!
TODOS
Dentro
¡Viva!
SULTANA
Su ley es la que os alienta.
UNOS
¡Guerra, guerra!
OTROS
¡Arma, arma!
REY
Amigos,
la heroica facción que espera
de vuestro grande valor
lograr mi fortuna es esta.
A su puesto cada uno,
y todos a la clemencia
de Dios y su Virgen Madre;
que yo, porque no se crea
que puse en salvo mi vida,
cuando aventuro las vuestras,
también a mi puesto iré,
que hoy ha de ser la primera
y será de la vanguardia.
La caja
PELAY
Supuesto que siempre della
tuve yo el cargo, y que ya
mi soldado te confiesas,
en tanto merecerás
en cuanto estés a obediencia,
que no merece el soldado
que no obedece, aunque venza.
Y así por orden te doy
que no salgas de tu tienda
más que a la orilla del río,
adonde de escolta tengas
todo el retén de tus guardias;
y esto por si te llegan
avisos de que permite
Dios la batalla se pierda,
no se pierda tu persona,
puesta en salvo en una de esas
embarcaciones.
CALATRAVA
Es justo,
¿qué importa, si tú te arriesgas,
el que se gane Sevilla?
Las cajas
ALCÁNTARA
Ni cuando Sevilla fuera
el mundo ¿qué monta el mundo
comparado a ti?
SAN JUAN
No quieras
que el resguardo de tu vida
haga que a ella sola atienda
nuestro valor y no cuide
de otra obligación.
REY
Aquesta
es la mía, que la cumpla
dejad y cumplid las vuestras.
Las cajas
VOCES
Dentro
¡Alto y pase la palabra!
REY
Mirad qué voces son esas.
Sale Vargas
VARGAS
Que el ejército no quiere
marchar si tú no te quedas.
Las cajas
VOZ
Dentro
¡Vive tú, señor, y todos
muramos en tu defensa!
REY
¡Oh española lealtad! Ya
que es preciso agradecerla,
Alfonso, al maestre acompaña,
y ve tú en mi nombre. ¡Ea
amigos! entre mí y mi hijo
partamos la diferencia,
a que padezca le envío
los peligros de la guerra,
ya que yo no voy.
PRÍNCIPE
Yo acepto
ir compañero en sus penas,
pues al lado de la roja
cruz quieres que las padezca.
SEGOVIA
¡Que aun no perdone a su hijo!
¡Oh rasgo de aquella inmensa
divina bondad de Dios!
UNOS
Dentro
¡Arma, arma!
TODOS
¡Guerra, guerra!
Vanse
UNOS
¡Viva África, muera España!
OTROS
¡Viva España, África muera!
Con esta repetición se finge la batalla dentro
REY
Señor, vuelve por tu causa,
pues ves que tu causa es esta,
que yo por mí no deseo
triunfos, laureles ni empresas,
sino por ti. Tu honor es
mi asumpto, y que a ti se vuelvan
los templos, aras y altares.
Y vos, soberana reina
de ángeles y hombres, pagadme
el desvelo que me cuestan
los escultores que están
labrando imágenes vuestras,
hasta que me honréis, Señora,
con una que se os parezca.
Dentro la batalla, cajas y voces
UNOS
¡Viva África!
OTROS
¡España viva!
SEGOVIA
Ya el ejército se acerca
en real marcha, haciendo frente
al enemigo.
Las cajas
SANTIAGO
Ya empieza
a trabar la escaramuza
la caballería ligera
en pequeñas tropas.
SEGOVIA
Ya
reforzándolas se empeñan
los armados batallones
de corazas, que es pavesa
la lid que de poca llama
en mucho incendio revienta.
Las cajas
REY
El son de trompas y cajas
en el corazón me suena,
como que me está diciendo…
TROPEZÓN
Dentro
Mal haya fortuna adversa
que a ser soldado me trujo.
Sale como arrojado del río
REY
Mas ¿quién allí se lamenta?
SEGOVIA
A lo que de aquí se mira,
un hombre que el agua echa
a la orilla.
REY
Llegaré
compadecido a su pena.
LOS DOS
¿Tú, señor?
REY
Pues ¿por qué no?
Que si mi piedad confiesa
la verdad, cuando allí veo
a un ejército en pelea
y aquí un vasallo en conflicto,
temo (y es bien que lo tema)
la maldición del vasallo
más (si con razón se queja)
que el ejército del moro.
Amigo, ¡anima y alienta!
¿Qué tienes? ¿Qué necesitas?
TROPEZÓN
Nada, estando en tu presencia.
Un soldado de fortuna
soy, señor, que en la sorpresa
de la puente, fui nombrado
para que saltase en ella
al tiempo que de las proas
no surtiese la violencia,
con orden de que intentase
con algunos mantenerla
mientras otros la cortaban.
Y como al chocar fue fuerza
que balancease la nave,
casi al un costado vuelta,
mal fijo el pie, me echó al agua,
de donde saliendo a tierra
me quejaba, no de ti,
mas de mi fortuna adversa.
REY
Cuando de mí te quejaras
quizá te lo agradeciera
por tener que perdonarte.
Toma, amigo, esta cadena,
ve a repararte y vestirte,
y acude luego a mi tienda;
según tu porte veré
en lo que ocuparte puedas
en mi servicio.
TROPEZÓN
Bien haya
rey que de su mano premia.
No solo iré a repararme,
pero a entrarme en la refriega
y perder por ti mil vidas;
hoy moros con tal presea
habéis de ser para mí
morillos de chimenea,
enjugándome en vosotros.
Vase
Las cajas
REY
¡Oh, quién alcanzar pudiera
a ver qué fortuna corren
mis armas!
SEGOVIA
El polvo ciega
de suerte que no es posible
distinguir la menor seña.
ABENYUCEF
¡A retirar, africanos,
Dentro
a los rastrillos y puertas,
no se pierda todo ya
que la batalla se pierda!
La caja
TODOS
A ellos, antes que los muros
los amparen y defiendan.
ABENYUCEF
¡Sultana!
SULTANA
¡Abenyucef!
ABENYUCEF
Sigue
mi retirada.
SULTANA
Aunque quiera
no puedo, porque el caballo
desbocado me despeña
sin saber dónde.
SANTIAGO
Hacia allí,
a lo que mirar se deja,
un africano jinete
huyendo viene.
REY
Si huyera
no viniera hacia nosotros.
SEGOVIA
Tan precipitado vuela
que tropezando veloz
en su misma ligereza,
su dueño arroja a tus plantas
Sale cayendo a sus pies Sultana
SULTANA
¡Ay de mí, infeliz! Que es fuerza
que en mi significación,
a dar a las plantas venga
de cristiano rey quien corre
sin ley, ni freno, ni rienda.
REY
¿Quién eres, que aunque a la vista
humana te representas,
horror me da tu semblante?
SULTANA
¿Qué mucho, si soy idea
de quien explicar pretende
que estar yo a tus plantas puesta
y estar victorioso tú
todo es una cosa mesma,
pues todo dice…?
TODOS
Dentro
¡Victoria
por Fernando, invicto césar
de Castilla y de León!
REY
Aunque tu enigma no entienda,
baste que entienda tu ruina,
en que se me representa
que del Alcorán la ley
en mi poder prisionera
por ahora esté.
SULTANA
Tiempo habrá
que intente el que no lo sea.
REY
Admítate agora yo
que conviene que estés presa,
que rey habrá que te arroje
expulsa cuando convenga.
Retiradla como a esclava
donde estuvo como reina.
SULTANA
¿Qué más como esclava, puesto
que los yerros de mi seta
me van saliendo a la cara?
Y más cuando todos llegan
diciendo…
Retíranla los dos, tocan chirimías, cajas y trompe-tas
UNOS
¡Fernando viva!
OTROS
¡Viva, reine, triunfe y venza!
TODOS
¡Danos, gran señor, las plantas!
REY
¡Quién un corazón tuviera
que partir con cada uno!
PELAY
Castigada la soberbia
de Abenyucef, en sus muros
tan derrotado se encierra
que ha dejado la campaña
de varios despojos llena.
ALMIRANTE
No sin envidia del río,
que él solo te dio en su esfera
broncos fragmentos.
REY
¿Qué importa,
si fueron preciosas prendas
de tu gran valor?
SAN JUAN
Los ojos
vuelve, verás una selva
donde anochecen claveles
las que amanecieron yerbas.
CALATRAVA
De marlotas y turbantes
es la playa primavera.
ALCÁNTARA
Y todo el valle una alfombra
de estandartes y banderas.
VARGAS
Bien como el monte una tumba
de cadáveres cubierta.
PRÍNCIPE
¿Qué es eso, señor, tú lloras?
REY
Sí, Alfonso, que es bien que sienta
ver tantas almas perdidas
al ver tantas vidas muertas.
¡Señor, haced que mi sangre
venza, pues queréis que venza!
En el carro del muro un clarín
VOCES
Dentro
Piérdase la fama, y no
con ella vidas y haciendas.
Otro clarín en el otro carro, respondiéndose
PELAY
Llamada del muro hacen.
REY
Dad a su clarín respuesta.
PRÍNCIPE
Ya la plática aceptada
está.
REY
Pues nada se arriesga,
retiraos, que yo mismo
veré lo que el moro intenta.
Retíranse todos al carro de enfrente, y el Rey se adelanta al de la muralla, saliendo a ella Abenyucef
ABENYUCEF
¡Ah del campo de Castilla
y León! ¡Ah de la excelsa
campal corte de Fernando!
REY
¡Ah de la altiva eminencia
de los coronados muros
de Sevilla!
ABENYUCEF
Con bien vengas.
REY
En paz estés. ¿A qué llamas?
ABENYUCEF
Di a tu rey que si desea
que a menos costa de sangre
(¡oh mal haya la violencia
de haber dejado en Sultana
la mitad del alma presa!)
que este sitio se concluya,
que a pactar las conveniencias
con sus poderes envíe
persona que las confiera.
REY
¿Quién eres?
ABENYUCEF
Abenyucef
es el que miras.
REY
Pues piensa
que lo que trates conmigo
el mismo valor y fuerza
tendrá que si lo trataras…
ABENYUCEF
Di…
REY
… con su persona mesma.
ABENYUCEF
Agora te he conocido
que aunque imaginadas señas
decían quien eres, me habla
más claro la reverencia
con que te miro; y supuesto
que la consecuencia hecha
está en Córdoba y Jaén,
Sevilla también como ellas,
quedará tu tributaria,
(pagando feudos y rentas,
y admitiendo tus presidios),
como una cautiva vuelvas.
REY
Sin hablar de la cautiva,
que es reservada materia
que no toca a lo historial,
pues solo toca a la idea
de explicar que la africana
ley quedó en España presa,
vamos a que con Sevilla
no corre la consecuencia,
que Sevilla es fronteriza
plaza de África y tenerla
me importa más arredrada
que las demás.
ABENYUCEF
Pues si esta
capitulación no admites
sigue el sitio.
REY
¡Norabuena!
ABENYUCEF
Pues ¡al arma!
REY
Pues ¡al arma!;
y para que te prevengas,
tengo que darte el asalto
mañana antes que amanezca.
VOCES
Dentro
No le dejes que se vaya
sin hacerle otra propuesta.
ABENYUCEF
¡Oh vulgo infame! ¡Qué mal,
monstruo de varias cabezas,
te dejas domar! ¡Fernando!
REY
¿Qué me quieres?
ABENYUCEF
Que me atiendas;
y entre ser tuya y ser mía
partamos la diferencia:
la mitad de la ciudad
te daré, obligado a hacerla
murallón que la divida,
y en cuanto a que sea frontera
de África, tendrás la parte
tú del mar, yo de la tierra.
REY
Traigo yo mucha familia
conmigo, mucha nobleza,
y habré menesterla toda,
porque no cabe en la media.
ABENYUCEF
¿Tampoco esto aceptas?
REY
No.
ABENYUCEF
Pues si tampoco esto aceptas…,
¡ven al asalto!
REY
¡Sí haré!
ABENYUCEF
Pues ¡a la guerra!
REY
¡A la guerra!
LAS VOCES
Ya fallecidos al hambre,
¿quién quieres que la defienda?
ABENYUCEF
¿Ni quién al motín de un pueblo
pudo hacerle resistencia?
¡Fernando! ¡Fernando!
REY
En vano
a llamar vuelves.
ABENYUCEF
Espera…
REY
Di…
ABENYUCEF
La ciudad será tuya
con que las vidas concedas
y que saquen sus vecinos
mujeres, hijos y haciendas,
dándoles embarcaciones
en que al África se vuelvan
los que no quieren quedarse
con su ley a tu obediencia.
REY
Eso concediera yo,
aunque ellos no lo pidieran,
que dar a merced las vidas
es piedad; dar las haciendas,
liberalidad; dar tiempo
a que algunos se conviertan,
religión; y siendo así
que en esto mi celo ejerza
liberalidad, piedad
y religión, bien se prueba
que ni son rigor mis armas
ni codicia mis empresas.
ABENYUCEF
Pues con esas condiciones
bajaré a abrirte las puertas.
Vase
REY
¡Oh Señor, y lo que os debo,
triunfante en la conferencia,
sin costa de almas perdidas!
Hijos, ya Sevilla es nuestra,
dadme en albricias los brazos.
TODOS
Tus pies nuestro centro sean.
SEGOVIA Y SANTIAGO
Y nuestro laurel tu mano.
REY
Mi mano fuera indecencia
sino para levantar
las colunas de la Iglesia.
Las chirimías
PRÍNCIPE
Las puertas de la ciudad
abren ya.
PELAY
Y al umbral dellas
Abenyucef sale.
REY
Dadme
imperial manto, diadema
y cetro; y todos vosotros
acompañadle a mi tienda
que el honrar al enemigo
(y más vencido), aunque sea
de otra ley, en ley de humano
duelo militar es deuda.
Vase el Rey, el Príncipe y Prelado
PELAY
Vamos al compás de cajas,
de clarines y trompetas,
diciendo: ¡Fernando viva!
TODOS
¡Viva, reine, triunfe y venza!
Con esta salva de cajas, clarines, chirimías y voces, llegan todos al carro del muro, y sale Abenyucef con una fuente, y en ella unas llaves doradas; cógenle en medio, y atravesando otra vez el tablado, llegan al carro de la primera tienda de campaña, donde se verá el Rey con manto imperial, corona y cetro; a sus lados los dos prelados, y el Príncipe
PRÍNCIPE
Ya el moro rey de Sevilla,
vencido y honrado llega,
señor, a tus pies.
ABENYUCEF
Invicto,
glorioso Fernando, estas
son de Sevilla las llaves,
triunfante en sus muros entra
de quien yo salgo rendido,
siendo tu gloria y mi pena
jeroglífico que diga,
cuando pintados nos vean
con ellas a ti en tus manos
y a mí a tus plantas sin ellas:
«Esto es Fortuna, mortales,
ved que hay próspera y adversa».
REY
Abenyucef, estas llaves,
aunque a mí me las entregas,
no soy yo quien las recibe
hoy, más que para volverlas
mañana, bien como alcaide
de rey que es solo el que reina.
Y ya que la posesión
dellas tomo, de la tierra
levanta, llega a mis brazos;
y el jeroglífico sea
decir, en vez de Fortuna,
en la inscripción de su letra:
«No hay más Fortuna que Dios».
No llores, no te enternezcas,
porque harás que llore yo
que aunque son leyes opuestas
nuestras leyes, no lo son
las de la naturaleza
que siempre a piedad obligan.
ABENYUCEF
Ya, señor, que me consuelas,
en fe de tu real palabra,
pues ser inviolable es fuerza,
te suplico que me des
embarcación y licencia
para que a África me pase
con el consuelo siquiera
de que, ya que voy vencido
tú hayas sido el que me venza.
REY
¡Almirante!
ALMIRANTE
Gran señor,
¿qué me mandas? ¿Qué me ordenas?
REY
Que de esas embarcaciones
des a Abenyucef aquellas
que haya menester para él
y toda su gente.
ABENYUCEF
Eternas
edades vivas.
REY
El cielo
te guarde.
ABENYUCEF
¡Ay, Sultana bella,
no te quejes de mi amor,
quedando en España presa
porque si de aquel sentido
hoy la metáfora acuerdas,
mi ley eres y conmigo
vas, aunque sin mí te quedas!
Vase
VARGAS
Ya que de la posesión
celebrada está la entrega,
cumpla, como alférez real,
yo de mi cargo la deuda.
Vase
REY
Arzobispo de Segovia,
entrad a mi lado, y sea
en vez del supremo alcázar,
nuestra visita primera
la mezquita, que hoy habéis
de consagrar en iglesia.
UNOS
¡Viva el gran Fernando!
TODOS
¡Viva!
PRÍNCIPE
Ya la plebe y la nobleza,
de ejército y de ciudad,
haciendo a su modo fiestas,
te aclaman su rey, diciendo
todos en voces diversas…
Vargas en el muro, arbolando el estandarte; y Música, y todos respondiendo, se entran todos alcompás de cajas y trompetas, y sale la Sultana,de cautiva
VARGAS
¡Victoria por don Fernando!
MÚSICA Y TODOS
¡Victoria por don Fernando!
VARGAS
¡Rey invicto, invicto césar!
MÚSICA Y TODOS
¡Rey invicto, invicto césar!
VARGAS
¡De Castilla y de León!
MÚSICA Y TODOS
¡De Castilla y de León!
VARGAS
¡Que viva, que reine, que triunfe y que venza!
MÚSICA Y TODOS
¡Que viva, que reine, que triunfe y que venza!
Las cajas y música y todos
SULTANA
¿Sevilla por don Fernando
de Castilla y León? ¡Oh pena,
oh ansia, oh ira, oh rabia, oh furia…,
que en corazón te engendras!
¿Por qué víbora te llaman,
si muerdes y no revientas?
¡Oh, nunca en humana forma
la retórica licencia
de que, siendo yo un supuesto,
otro a la vista parezca
que hubiera traído a España
victoriosa en otra era,
para irme dejando, plaza
a plaza, cautiva en esta,
hasta sacarme a la cara
los yerros de mi tragedia!
Y aun no aquí para mi injuria,
y aun no aquí mi agravio cesa,
pues anticipando tiempos
mis futuras contingencias
(que como espíritu bien
puedo mirarlas sin verlas),
veo que en Sevilla ya
no solo Fernando reina
quieto y pacífico –donde
la mezquita que ayer era
prédica de Mahoma, es hoy
de Cristo sagrada iglesia–,
sino que labra capilla
real para su entierro en prueba
de que aspira a mejor reino
rey que de morir se acuerda.
Y con tal afecto que
para colocar en ella
un retrato de María,
hace varias diligencias
hasta hallar quien se la copie
del ejemplar de su idea.
Pero ¿por qué esto me aflige,
me angustia y me desespera,
si antes debe confiarme,
que conseguir no lo pueda?
pues no puede haber quien la haga
tan bella que la parezca.
¿Qué artífice habrá en el mundo
que a retratarla se atreva,
cuando dicen los cantares
su soberana belleza,
encareciendo, porque
nadie tan feliz se crea?
Salen cantando los dos Ángeles de peregrinos, y el tono sea imitación de extranjeros que piden limosna
LOS ÁNGELES
Cantan
Tota es pulchra amica mea,
macula non est in te.
SULTANA
¿Qué escucho? Dos extranjeros
peregrinos que en su lengua
y a su modo la fatiga
del camino lisonjean
con su canto, han proseguido
de mi duda la respuesta,
pues en favor de que no
haya quien sus excelencias
bosqueje, dan por vencidas
todas las humanas fuerzas,
diciendo al intento mío
que ella sola es de sí mesma
espejo en que se retrata
de tan diáfana pureza
que no hay en él mancha alguna.
Alegre a escucharlos vuelva,
pues desconfiando a quien
labrar su imagen pretenda,
dicen…
LOS ÁNGELES
Cantan
Per Virginem Matrem
Dominus det nobis salutem, et pacem.
SULTANA
Mas ¡ay! que si es que en su nombre
a Dios el favor impetran
los artífices podrán
lograrlo, que nada niega
a quien diga en nombre suyo…
LOS ÁNGELES
Cantan
Da nobis virtutem contra hostes tuos.
SULTANA
Peregrinos, cuyo canto
como al áspid me penetra
los sentidos, ¿quién sois? ¿Dónde
vais? ¿Qué canciones son esas
que a un mismo tiempo me hablan
ya favorables, ya opuestas?
ÁNGEL 1.º
Pues no hablábamos contigo,
que no dan tus yerros señas
de adónde a parar camina
la peregrinación nuestra.
ÁNGEL 2.º
Si estás cautiva y errada,
y en busca vamos de aquella,
que, ni errada, ni cautiva,
primero instante la engendra…
ÁNGEL 1.º
… ¿cómo presumes tan loca…
ÁNGEL 2.º
… ¿cómo imaginas tan necia…
LOS DOS
… que pudo nunca contigo
hablar ni tono ni letra?
ÁNGEL 1.º
Canta
Y así no embarazar trata…
ÁNGEL 2.º
Canta
… nuestro camino porque…
LOS DOS
… mal que digamos dilata…
Cantado
Dignare me laudare te, Virgo Sacrata.
SULTANA
Pues ¿cómo…? mas ¡ay de mí!,
que aunque replicaros quiera,
no puedo, no puedo, que
entorpecida la lengua,
balbuciente el labio, helada
la voz, y la vista ciega,
sucede al pavor de oíros
el de veros; conque es fuerza
huir por no oíros ni veros,
torpe, helada, absorta, y yerta.
Vase
ÁNGEL 2.º
A mala tierra venimos,
pues lo primero que encuentra
nuestra peregrinación
es la tolerada mezcla
de infieles entre cristianos.
ÁNGEL 1.º
Ahora conviene el haberla;
y para nuestro consuelo
baste que en su recompensa
llegamos ya a los umbrales
del real alcázar que hospeda
al católico Fernando,
a quien hoy por excelencia
el pueblo «el Santo» apellida.
ÁNGEL 2.º
Esa es clara consecuencia
de que hoy le canonice
la voz del pueblo, en espera
de que habrá feliz reinado
que por la sede lo sea.
ÁNGEL 1.º
Ya que a sus puertas estamos,
porque en nosotros adviertan,
prosigamos el disfraz
nuestro, con todas las señas
de extranjeros peregrinos.
LOS ÁNGELES
Cantan
Tota es pulchra amica mea,
macula non est in te.
Sale Tropezón, como suspenso
TROPEZÓN
¿Qué dulces voces son estas
que van suspendiendo el aire?
LOS ÁNGELES
Cantan
Per Virginem Matrem,
Dominus det nobis salutem, et pacem.
TROPEZÓN
Y no solo al aire, pero
a todo humano discurso
que elevado al cielo pide
favor diciendo confuso:
LOS ÁNGELES
Cantan
Da mihi virtutem contra hostes tuos.
TROPEZÓN
Ya mi sentido arrebata
tras lo que oye, lo que ve.
Repara en ellos, y ellos pasan por delante dél
LOS ÁNGELES
Cantan
Dignare me laudare te Virgo Sacrata.
TROPEZÓN
Dos peregrinitos son
de soberana belleza,
y aun mejor se entran que entonan.
¿Oyen ustedes? Detengan
el paso.
ÁNGEL 1.º
¿Quién eres tú
para que nos le defiendas?
TROPEZÓN
Soy quien antes que portero
de cadena el rey me hiciera
de cadena portador,
con que ya en paz, y ya en guerra
es mi porte ser portero
y portador de cadena,
y así me importa portarme
con quien aporta a esta puerta.
Y pues a pedir limosna
vendréis, esperad en ella,
donde él a los demás pobres
la da de su mano mesma.
Y así en tanto que él no sale,
cantadme por vida vuestra,
porque cantáis de los cielos;
y aunque no entiendo la letra
basta que entienda la solfa.
ÁNGEL 2.º
No es limosna, sino audiencia
la que pedimos; y así
apartad.
TROPEZÓN
Sin mi licencia
no habéis de pasar.
Sale el Rey y el arzobispo de Segovia
REY
¿Qué es esto?
TROPEZÓN
Dos peregrinos que intentan
hasta tu cuarto entrar.
REY
Pues
¿cuándo mi cuarto se cierra
al peregrino, ni cuando
se le ha impedido la puerta?
¿No digo hasta el cuarto, pero
hasta sentarse a mi mesa?
Dadles limosna, arzobispo.
SEGOVIA
En mi vida vi presencia
más airosamente amable.
ÁNGEL 2.º
Aunque la limosna fuera
digno asumpto de nosotros,
porque otro en darla merezca,
no es hoy nuestra pretensión
limosna.
REY
¿Pues qué es?
ÁNGEL 1.º
Que atiendas:
los dos, señor, ejercemos
el arte de la escultura
y viendo cuanto procura
tu fe con dignos extremos
una estatua, pretendemos
entrar en obra tan pía
por la dicha que sería
tuya y nuestra merecer
que llegásemos a hacer
esa estatua de María.
REY
Los mayores escultores
no han mi idea retratado,
pues el que más la ha imitado,
solo la dio unas colores,
unas aguas o esplendores,
lejos de la perfección
que está en mi imaginación.
Y es mucho emprender vosotros,
mozos, lo que yerran otros
viejos en la profesión.
ÁNGEL 2.º
La edad muchas veces vemos
hacer a la vista engaños,
quizá tenemos más años
de los que te parecemos.
ÁNGEL 1.º
Todos ellos nos habemos
en este arte ejercitado
que, habiendo los dos llegado
sin padre y madre, señor,
a puertas de un escultor,
que es el que nos ha criado,
el arte nos enseñó.
REY
¿Y era buen maestro?
ÁNGEL 2.º
No había
igual a él; tanto que un día
una estatua fabricó
solo de barro, a quien dio
tal alma que en el vulgar
frase hablando, asegurar
pudo alguno que la ve
tan perfecta en todo…
REY
¿Qué?
ÁNGEL 2.º
Que aun no la faltaba hablar.
REY
Que gusto de oíros confieso.
¿Que tan primoroso era?
ÁNGEL 1.º
Tanto que tras la primera
otra fabricó de hueso,
y viva con tanto exceso
que casi sentir la hizo.
REY
¿Sentir?
ÁNGEL 1.º
Sí; pues quebradizo
metal, a un tronco tocó,
y del golpe se sintió
tanto que se le deshizo.
REY
¿Y de dónde sois?
ÁNGEL 2.º
Señor,
somos…
REY
¿Pues qué hay que os acorte?
ÁNGEL 2.º
… del alta Alemania, corte
del supremo Emperador.
REY
Y en fin, ¿queréis el primor
vuestro en esta obra ejercer?
ÁNGEL 1.º
¿Qué se pierde en emprender?
ÁNGEL 2.º
¿Y más cuando no queremos
más premio que el que tendremos
en darnos a conocer?
ÁNGEL 1.º
Solo lo que te pedimos,…
REY
Decid, que he de complaceros.
ÁNGEL 2.º
… porque, en fin, como extranjeros
de extraña patria venimos,
dar celos a esta sentimos.
ÁNGEL 1.º
Y así lo que deseamos
y humildes te suplicamos
es, que nadie llegue a ver,
ni a examinar, ni saber
cómo o cuándo trabajamos;
pues (sin que nadie nos vea,
ni hable, ni jornal nos dé),
encerrados hasta que
acabemos la tarea
hemos de estar.
REY
Así sea.
ÁNGEL 2.º
Pues lo que ahora falta es
que de tu idea nos des
noticias, para que de ella
copiemos la imagen bella
que hemos de labrar.
REY
Oíd pues:
Pensad con su hijo en brazos a María,
que en un trono de nubes se sentaba,
cuya alba y cuyo sol a un tiempo daba
luz a la noche, oscuridad al día;
temor y amor, grave y hermosa unía,
con ojos de paloma que miraba,
y su madeja al corazón postraba
con un solo cabello que le hería.
Desta idea formad la bella copia
(flor a flor, rosa a rosa, estrella a estrella),
que, aunque de original siempre se copia,
hoy sin original habéis de hacella,
que mal podía salir la imagen propia
de original que nunca cupo en ella.
Llévalos donde habrá una puerta
Con esto, en este aposento
que a ninguno corresponde,
podéis retiraros, donde
vos le traeréis el sustento,
y el material y instrumento
que ellos pidan.
TROPEZÓN
Yo seré
cuervo suyo, y les traeré,
si eso a mí cargo se toma,
todo cuanto no me coma
en el camino.
Vase
REY
Pues fue
esta vuestra pretensión
y ya esta otorgada, entrad,
y por de dentro os cerrad.
Abre la puerta
Pero dadme permisión
de que en alguna ocasión
sea yo solo el que vea
como os va de la tarea.
LOS DOS
Cuando quisieres podrás
venir, y quizá hallarás
el retrato de tu idea.
Vanse cerrando la puerta
REY
¿Habéis notado esto?
SEGOVIA
Sí.
REY
¿Qué juzgáis dello?
SEGOVIA
No sé
si me atreva a decir…
REY
¿Qué?
SEGOVIA
… que Dios anda por aquí.
REY
En toda mi vida vi
jóvenes de más belleza,
discreción y gentileza.
SEGOVIA
¿Maestro que fue su criador
sin padres; y este, escultor
de barro? Aquí hay más grandeza.
REY
Remitámoslo al efecto;
y aquesto aparte, sabed,
padre, que de extraña sed
padezco el penoso afecto,
y temo que me sujeto
a una grave hidropesía.
SEGOVIA
Marchas de uno y otro día.
REY
Cúmplase lo que Dios quiera,
mas sea ver, antes que muera,
en mi sepulcro a María.
Vanse y sale Tropezón, con una cestilla con algode comer, y una limeta con vino
TROPEZÓN
¿Cuál es una cosi cosa
tan extraña que no siendo
mentira ni verdad, es
verdad y mentira a un tiempo?
¿Danse por vencidos? Pues
sepan que el sentido desto
es la comida que yo
traigo a aquestos mancebos,
pues es verdad que la traigo
y es mentira que la llevo.
Come y bebe
Pruébolo con un bocado
y con un trago; ¿habrá ingenio,
que oyendo este silogismo,
me diga que no lo pruebo?
Pero bocado a bocado
y trago a trago, sospecho
que me los he de dejar
con lo que no me los dejo.
Lo bueno es bueno, esto baste;
pero si lo bueno es bueno,
¿un bocado más es más
que ser un bocado menos?
Mas entre estas y entre estotras
he llegado al aposento,
que es la primera posada
a que sentí llegar presto.
Dentro instrumentos
Cielos, ¿qué es esto que escucho?
¿Qué sonoros instrumentos
en él suenan? ¿Quién habrá
traídolos aquí, supuesto
que aun para su oficio no
los han pedido, ni hecho
elección de la materia
que han de labrar? Pero presto
lo sabré, pues han de abrirme
aunque no quieran hacerlo,
so pena de que no coman.
¡Ah señores arquitectos!
Llama a la puerta, salen a ella los Ángeles, toman la comida y, al ir él a entrar se cierran
ÁNGEL 1.º
¿Quién llama?
TROPEZÓN
Quien la comida
os tray.
ÁNGEL 2.º
Dádnosla y volveos.
TROPEZÓN
¿Pues no entraré yo a servirla?
ÁNGEL 1.º
Nosotros nos serviremos,
que estamos más enseñados
a servir hombres que ellos
a servirnos a nosotros.
Vanse
TROPEZÓN
Señores, ¿qué ha de ser esto?
¿Entrarse a trabajar sin
una herramienta un madero
y comer y tocar? Yo
también me hiciera lo mesmo.
Diré al rey.
Sale el Rey
REY
¿Qué has de decirle?
TROPEZÓN
Que no han hallado mal medio
de regalarse los dos
peregrinos extranjeros,
dure lo que les durare
la industria.
REY
¿Cómo?
TROPEZÓN
Comiendo.
Ellos, señor, no han pedido
nada que a su ministerio
toque; y si trujeron algo
consigo, instrumentos fueron
músicos, mas no, señor,
escultores instrumentos.
En vez de golpes se oyen
consonancias; y tras esto
toman muy bien las viandas
que les traigo, conque pienso
que no viene aquí muy mal
aquel repetido cuento
del que ofreció a un rey que hablase
un elefante, diciendo:
«Por lo menos, mientras duren
las liciones como y bebo;
y en tanto, elefante, o yo,
o rey, nos habremos muerto».
REY
¿O elefante, o yo,
o rey, nos habremos muerto?
Un docto y un loco en una
misma confusión me han puesto,
pues en escultor y barro
dijo uno que había misterio,
y otro que hay músicas donde
no hay labor; y añade luego
el cuento de ser mortales
desde el bruto al rey. ¡Oh acuerdo!
¿No me bastaba el de tantos
achaques como padezco?
Pero mal hago en hacer
caso de acasos, sabiendo
que acasos no pueden darse
en Dios; y pues el deseo
de saber en qué se ocupan
estos peregrinos bellos,
—aun antes de oír a este hombre—,
con tal prisa aquí me ha vuelto,
y tan solo por cumplirles
la palabra que pidieron
de que yo solo podría
venir a hablarlos y verlos,
llamaré a ver lo que hacen.
Dentro los instrumentos
¡Mas qué es lo que escucho, cielos!
Bien dijo, que al fin no hay loco
que alguna vez no esté cuerdo.
Atienda más, por si es
aprehensión.
TROPEZÓN
¿Cómo ha de serlo,
si ya al instrumento aplican
dulces voces?
REY
Oye atento.
Cantan dentro los Ángeles, y responde toda la música
ÁNGEL 1.º
Cantado
¡Magnifica, alma mía,
magnifica al Señor!
ÁNGEL 2.º
Cantado
Y el espíritu mío
tendrá su gozo, y su salud en Dios.
MÚSICA
Cantado
¡Magnifica al Señor!
REY
Ya no me atrevo a llamar
por no interrumpir su acento.
ÁNGEL 1.º
Cantado
Y pues por la humildad
que en su esclava miró.
ÁNGEL 2.º
Cantado
Beata me llamará
de una en otra la gran generación.
MÚSICA
Cantado
¡Magnifica al Señor!
REY
Verdad es, no es fantasía;
¿mas qué la pasma suspenso
lo mismo que ha de alentarme?
Peregrinos de los cielos,
abrid, yo soy.
TROPEZÓN
No responden,
en su canto prosiguiendo.
ÁNGEL 1.º
Y ya que me hizo grande
el poder del amor.
ÁNGEL 2.º
Que derribó al soberbio
y al humilde en su trono le exaltó.
MÚSICA
¡Magnifica al Señor!
Quiere abrir la puerta y no puede. Salen todos
REY
Ya la omisión es culpable
que nacida de buen celo
no es delito la osadía;
y pues ni oyen ni abrir puedo
la puerta, fuerza es que llame
gente. ¡Hola!
TODOS
Señor ¿qué es esto?
REY
No sé, romped esas puertas
y sepamos lo que hay dentro.
Dan golpes
TODOS
Ya abiertas, señor, están.
REY
Y no las del aposento
solas, pues puedo decir
que abristes las de los cielos.
Ábrense las puertas de todo el carro, y vese en un trono la misma Niña que hizo la imagen, inmoble,como si fuera estatua; y dos elevaciones, en que subirán los Ángeles cantando; el pan, y el vino estará en el plano del trono, como en forma de altar, y todos se hincan de rodillas
SEGOVIA
¡Qué maravilla!
SANTIAGO
¡Qué asombro!
PRÍNCIPE
¡Qué prodigio!
UNOS
¡Qué portento!
OTROS
¡Qué admiración!
REY
¡Qué milagro,
diréis mejor; pues que veo
despierto, la misma copia
de aquella que vi durmiendo!
Suben los Ángeles cantando con toda la Música
MÚSICA Y ÁNGELES
¡Magnifica, alma mía,
Magnifica al Señor!
Y el espíritu mío
tendrá su gozo y su salud en Dios.
Y pues por la humildad
que en su esclava miró
beata la llamará
de una en otra la gran generación.
Ya que grande la hizo
el poder de su amor,
que derribó al soberbio
y al humilde en su trono le exaltó.
¡Magnifica, alma mía,
magnifica al Señor!
Y el espíritu mío
tendrá su gloria y su salud en Dios.
Desaparecen
REY
¿Dónde están los peregrinos?
PRÍNCIPE
Su canto oímos, mas no vemos
más que tan sola la imagen.
SEGOVIA
Y las viandas por el suelo.
SANTIAGO
Y en el trono que labraron
solo el pan y el vino.
REY
¡Cielos!
¿No bastaba de María
ver el simulacro bello
por los ángeles labrado
sin materia ni instrumento,
sino también las especies
del mayor de los misterios
colocadas en sus aras?
Mas ¡ay! que si dijo en sueños
que presto se acabarían
mis fatigas, bien entiendo
que otorgarme su retrato
—por mano de ángeles hecho,
cuando mi entierro fabrico
para ponerle en mi entierro—,
y dejarme el pan y el vino
—sin que le gustasen ellos,
para que le guste yo
en viático alimento—,
es un decirme que diga
con Simeón en sus versos:
«Ya es hora, Señor, ya es hora
de deshacer este siervo».
Y cumpliendo la palabra
vuestra, pues mis ojos vieron
la salud que preparasteis
ante la faz de los pueblos
para gloria de Israel,
cumplidme el prometimiento.
Desmáyase en brazos de los dos obispos
PRÍNCIPE
¡Ay de mí! ¡Que desmayado
se ha quedado!
SEGOVIA
Más sospecho
que sea éxtasis o rapto.
UNOS
¡Señor?
OTROS
¡Señor?
PRÍNCIPE
Sin aliento
está, sin vista, ni voz.
ALMIRANTE
Entre todos le llevemos
a la cama.
PELAY
Ya parece
que vuelve en sí.
PRÍNCIPE
¡Albricias, cielos!
REY
Arzobispo de Segovia,
Al de Segovia
como a padre os encomiendo
a mi hijo, que esa imagen
se ponga sobre mi entierro
y que al instante vos mismo
me traigas los sacramentos.
Al de Santiago
Vos mandad a la capilla
que mientras yo esté muriendo,
el Te Deum laudamus canten.
Llévanle entre todos
PRÍNCIPE
¡Qué dolor!
ALCÁNTARA
¡Qué sentimiento!
VARGAS
¡Que ansia!
CALATRAVA
¡Qué pena!
PELAY
¡Que angustia!
SANTIAGO
¿Qué es esto, cielos, que es esto?
¿Cantar el Te Deum laudamus
en su muerte manda, siendo
así que solo se dice
aqueste cántico a aquellos
en quien ya la beatitud
está declarada?, pero
quizá es futuro presagio
de la suya, cuando el cielo
de su canonización
el tiempo cumpla.
Vase y sale Sultana
SULTANA
¿Qué tiempo
ha de ser ese si antes
—aunque hoy cautiva me veo—,
sabré amotinar mis gentes
y volver a hacerme dueño
de España; conque no hallando
a la invasión de mi incendio
y al rebelión de mi ira,
la fe altar, ara ni templo,
¿dónde ha de tener Fernando
beatitud, culto, ni obsequio?
Y no en vano aquesta ruina
adelante me prometo
sino muy luego si él falta,
que es solo de quien yo tiemblo.
Y que faltará no dudo,
pues en el último aliento
de su vida me parece
que yace, según el pueblo
en clamor está. Y no es
aqueste el mayor efeto
de su riesgo sino ver
la prisa con que en el pecho
el arzobispo le lleva
de secreto el sacramento,
si bien tantos le acompañan,
prelados y caballeros,
nobleza y plebe, que es ir
públicamente secreto.
Y pues con la confusión
nadie en mí repara, tengo
de asistir a todo el acto,
aunque me aflija ir oyendo.
LA MÚSICA
Dentro
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
SULTANA
Mas ¡ay de mí! que pasando
su Fe y Caridad a extremos
de la Esperanza que en Dios
tiene de gozarle, presto
al escuchar que ya viene,
deja de su cuarto el lecho
y sale al umbral vestido
de basto sayal grosero,
parda túnica que había
para su mortaja hecho
en vida, con un dogal
ceñida; y aún de ese, al cuello
echado el ramal. No extrañe
nadie no oírlo ni verlo,
pues fue así que pase así,
conque pasando de extremo
a extremo, a humilde buriel
la púrpura, el blanco acero
a rudo esparto ¿qué mucho
que a penitentes trofeos
se truequen los militares,
una y otra vez diciendo?…
MÚSICA
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
Sale el Rey como han dicho los versos, en brazos del Príncipe y arzobispo de Santiago que traerán dos luces en las manos
REY
Sacadme hasta los umbrales
del alcázar que bien debo
a tan soberano huésped
salir al recibimiento.
Y pues que ya viene, en tanto
que llega, clame mi ruego,
que él me escuchará de cerca
aunque yo le hable de lejos.
¿Señor, Vos en busca mía?
¿Vos a mi posada? ¿Siendo
tan no digno de que en ella
entréis? Aunque bien espero
en vuestra santa palabra,
no por mis merecimientos
sino por vuestra piedad,
que sea en el juicio vuestro
mi alma salva y perdonada
en cuya fe me presento
ante Vos, con tantas señas
de ya convencido reo.
Y en hacimiento de gracias
de darme aqueste memento
para pediros perdón
repitan mis muchos yerros.
ÉL Y MÚSICA
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
REY
El reino que Vos me disteis
a vuestras plantas os vuelvo;
perdonadme si no va
mejorado, que yo espero
en Vos que en Alfonso suplan
sus virtudes mis defectos.
De que no tan solo a Vos,
Señor, pido perdón, pero
a todos de haberles dado
con mi vida mal ejemplo;
Toma una de las luces
testigo sea esta llama
de que postrado os confieso
que merezco como ella
arder por siglos eternos.
Y si es vuestra voluntad,
primero es el honor vuestro
que la conveniencia mía;
arda yo, que yo me ofrezco
voluntario a lo preciso,
y porque no en el infierno
podré alabaros, Señor,
os diré agora que puedo.
ÉL Y MÚSICA
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
REY
Venid pues, y pues no os dio
horror, (siendo Vos el verbo
hijo del eterno Padre),
tomar por obra de inmenso
espíritu en virgen claustro
de humana sangre, alma y cuerpo;
no tengáis horror de entrar,
Señor, en mi indigno pecho
que, aunque al vientre de María
era ir de un cielo a otro cielo
y aquí de un cielo a un abismo,
por eso sois Vos, Vos mesmo,
y yo, yo mismo. Señor,
medid la distancia oyendo
que desde el profundo os clamo
una y otra vez, diciendo:
MÚSICA
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
PRÍNCIPE
Ya llega.
SANTIAGO
Señor, más digno
lugar es y más dispuesto
tu oratorio, en él le aguarda.
REY
Si a vos os parece eso,
llevadme a él entre los dos,
con que seré yo el primero
que incorporado con todos
vaya en su acompañamiento.
Y esta llama que tomé
para explicarme en incendios,
será antorcha que me alumbre
para explicarme en consuelos
cuando a sus plantas postrado
con todo, la voz del pueblo
añada el Te Deum laudamus.
MÚSICA
Te Deum laudamus.
ÉL Y MÚSICA
Te Dominum confitemur.
REY
Al cántico, sincopando
primero y último verso:
In te Domine speravi,
non confundar in aeternum.
MÚSICA
In te Domine speravi,
non confundar in aeternum.
Con esta repetición, llegando el Rey a la puerta izquierda del teatro, sale por la derecha todo el acompañamiento, y en medio el obispo de Segovia, y haciendo dos alas, atraviesa el tablado con mucha majestad, durando siempre la música; el Rey le espera a la puerta, y alumbrándole, se entra el primero, y todos tras él, quedando la Sultana sola
SULTANA
Aun con haber visto acto
tan extraño, no por eso
tengo de desconfiar
de que verme reina tengo
otra vez de España.
Salen los dos Ángeles
ÁNGEL 1.º
Pues
bien puedes, que tus intentos
tendrán otro rey que sepa
cortarlos y deshacerlos
arrojándote de España.
SULTANA
¿Qué rey?
ÁNGEL 2.º
Felipe Tercero
que de Fernando vendrá
a ser el catorce nieto,
que ha de arrancar tus raíces
de una vez.
ÁNGEL 1.º
Y el cuarto luego,
aumentando religioso
la devoción deste excelso
sacramento y de María,
en su casa el sacramento
colocará, y della hará
instancias para decretos
que la veneren sin mancha.
ÁNGEL 2.º
Con que Carlos, heredero
de tantas felicidades,
verá de Fernando el premio
cuando el décimo Clemente
declare, con misa y rezo,
su virtud canonizada.
SULTANA
Sí podrá, pero primero
oirá el mundo:
Salen todos con el Príncipe
TODOS
¡Alfonso viva!
PRÍNCIPE
¡Qué a costa del sentimiento
escucho vuestros aplausos!
TODOS
Todos, señor, le tenemos.
SEGOVIA
Pero la muerte del justo
más es para dar ejemplo
que dolor. ¡Alfonso viva!
TODOS
¡Viva por siglos eternos!
SULTANA
¡Ay de quien cautiva, es fuerza
que diga con todos ellos
que viva y reine, al mirar
que llorosos y contentos
repiten todos conformes,
en perdón de nuestros yerros!:
TODOS
Cuando el llanto en el gozo
resulta, es cierto
que se visten las penas
de los consuelos.

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Zitationsvorschlag für diese Edition
TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. El santo rey don Fernando (segunda parte). CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbpv.0