Personas que hablan en ella

  • SEMÍRAMIS.
  • ASTREA.
  • LIBIA.
  • FLORA.
  • LICAS.
  • [IRÁN.]
  • FRISO.
  • LIDORO.
  • CHATO.
  • NINIAS.
  • LISÍAS.
  • [ANTEO.]

Jornada I

Músicos y soldados. Suenan cajas y trompetas y salen ASTREA con su espejo, LIBIA con una fuente y en ella una espada; FLORA con otra y en ella un sombrero, todos los músicos descubiertos; detrás de todos, SEMÍRAMIS, vestida de luto, suelto el cabello, como vistiéndose, y todas las mujeres sirviéndola.
SEMÍRAMIS
En tanto que Lidoro, Rey de Lidia,
áspid humano de mortal envidia,
viendo que yo, por muerte
de Nino, el Reino rijo, osado y fuerte,
opuesto a mis hazañas,
de Babilonia infesta las campañas;
Babilonia, eminente
ciudad, que en las cervices del Oriente
yo fundé, a competencia
de Nínive imperial, cuya eminencia
tanto a los cielos sube,
que, fábrica empezando, acaba nube.
En tanto, pues, que, ufano, altivo y loco,
mi valor y sus muros tiene en poco,
porque vea su ejército supremo
que su venida bárbara no temo,
cantad vosotros, y a las roncas voces
de cajas y trompetas que veloces
embarazan los vientos,
repetidos respondan los acentos;
que aquéllos querellosamente graves,
y lisonjeramente éstos suaves,
que me hablen es justo,
aquéllos al valor y éstos al gusto.
Las almohadas llegad, idme quitando
estas trenzas, irélas yo peinando.
Siéntase a tocar, todas sirviéndola con la mayor ostentación que se pueda.
MÚSICOS
Cantan.
La gran Semíramis bella,
que es por valiente y hermosa
el prodigio de los tiempos
y el monstruo de las historias,
en tanto que el Rey de Lidia
sitio pone a Babilonia,
a sus trompetas y cajas
quiere que voces respondan;
y confusas las unas y las otras,
éstas suaves cuando aquéllas roncas,
varias cláusulas hace
la cítara de amor, clarín de Marte.
Un clarín y salen LICAS por una puerta, y FRISO por otra.
LICAS
Esa trompeta que animada suena,
en golfos de aire militar sirena...
FRISO
Ese clarín que canta lisonjero,
en jardines de plumas ave de acero...
LICAS
De paz haciendo salva solicita
que hoy a un embajador se le permita
de Lidoro llegar a tu presencia.
FRISO
Y para prevenir esta licencia,
cubierto el rostro viene.
No sé el embozo qué misterio tiene.
SEMÍRAMIS
Decid que entre al instante,
que aunque me esté tocando, mi arrogante
condición no da espera
a que me aguarde quien hablarme quiera;
y más siendo enemigo.
Paréntesis haced vosotras, digo,
la acción un breve rato,
que no es ceremonioso mi recato.
Vanse FRISO y LICAS.
Entra LIDORO, con banda en el rostro y quítasela al hacer reverencia.
LIDORO
Hasta llegar a verte,
cubierto tuve el rostro de esta suerte,
por no desmerecer en tanto abismo,
¡oh, gran Reina de Siria!, por mí mismo
lo que a merecer llego
como mi Embajador.
SEMÍRAMIS
Y no lo niego,
pues si supieras que eras
tú de ti Embajador, de mí no fueras
dentro de mis palacios admitido;
pero, ya que has venido,
tratarte raso en todo intento
como a tu Embajador. Dadle un asiento
en taburete raso y apartado,
sin que toque en alfombra de mi estrado.
Di ahora lo que intenta,
Embajador, el Rey.
LIDORO
Escucha atenta.
Ya te acuerdas, Reina invicta
del Oriente, a cuyos hechos,
para haberlos de escribir,
coronista tuyo el tiempo,
da pocas plumas la fama,
poca tinta los sangrientos
raudales de tus victorias,
y poco papel el viento.
Ya te acuerdas de que yo,
disfrazado y encubierto
por la hermosura de Irene,
beldad que hoy muerta venero,
deidad que ausente idolatro,
y uno y otro reverencio,
serví a Nino, esposo tuyo,
que hoy, de la prisión del cuerpo
su espíritu desatado,
reina en más ilustre Imperio.
Y ya te acuerdas, en fin,
de que a esta ocasión vinieron
nuevas del Reino de Lidia,
mi feliz patria, diciendo
que Estorbato, Rey de Batria,
tornando por mí el pretexto
de la guerra pretendía
restituirme a mi Reino
y que yo le acompañaba;
porque para dar por cierto
el vulgo lo que imagina,
basta pensarlo, sin verlo.
Nino, embarazado entonces
en otros divertimientos,
hallándose bien servido
de mí en la paz, y queriendo
servirse de mí en la guerra,
de general me dio el puesto
para el socorro de Lidia.
¿Quién creerá que a un mismo tiempo
Arsidas contra Lidoro
se viese nombrado,y, siendo
Lidoro y Arsidas yo,
en dos contrarios opuestos,
allí Rey y aquí vasallo,
marchase contra mí mesmo?
A otro día, pues, que Nino
Reina te juró... (No quiero
acordarte de aquel día
los admirables portentos,
pues el cielo que los hizo
sólo sabrá inferir de ellos
si fueron de tu reinado
o vaticinios o agüeros;
y aun Menón también pudiera
decirlo, siendo el primero
que examinó tus rigores,
pues vivió abatido y ciego,
hasta que desesperado,
o con rabia o con despecho,
al Éufrates le pidió
su rápido monumento).
A otro día, pues, que Nino
Reina te juró (aquí vuelvo),
salí de Nínive yo,
marchando a los palmirenos
campos que, cuna del Sol,
me alojaron en su centro.
Aquí, cuando los de Lidia
tremolar al aire vieron
de Nino los estandartes,
cobraron ánimo nuevo,
como temor los de Batria;
pero después que supieron
que era yo quien los regía
se trocaron los afectos,
creyendo todos que fuera,
la parcialidad siguiendo,
traidor a la confianza
que Nino de mí había hecho.
Yo, pues, más que a mi interés
a mi obligación atento,
de lo neutral de la duda
me desempeñé bien presto,
porque llegando Estorbato
a verse conmigo en medio
de los campos, así
le dije: «De parte vengo
de Nino; esta gente es suya;
la confianza que ha hecho
de mí, engañado de mí,
satisfacérsela tengo;
que yo soy antes que yo,
y no monta Estado y Reino
más que mi honor». Quiso entonces
convencerme con pretexto
de que cobrar yo mi patria
no era traición; y, en efecto,
desavenidos los dos,
él osado y yo resuelto,
la batalla prevenimos,
en cuyos duros encuentros
llevé lo mejor, que como
jugaba entonces mi aliento
por otro, gané; que, en fin,
tahúr desdichado es cierto
que los restos gana cuando
no gana nada en los restos.
Volviose a Batria Estorbato,
desventurado y deshecho,
y yo en el nombre de Nino
a Lidia aseguré, haciendo
que solamente se oyese:
«¡Viva Nino, que es Rey nuestro!».
Llegaron entrambas nuevas
a sus oídos, y, viendo
de confianza y valor
en mí dos vivos ejemplos,
admirado y obligado
de mi lealtad y mi afecto,
uno y otro me pagó
con Irene, conociendo
que tantas nobles finezas
no se premiaran con menos.
Diome con Irene a Lidia,
mi misma patria, advirtiendo
que había de reconocerme
feudatario de su Imperio.
En esta tranquilidad
gozoso viví y contento
hasta que se subió a ser
astro añadido del cielo,
dejando en prendas de humano
a Irán, hijo suyo, bello
retrato de amor, con quien
sus soledades divierto.
En este intermedio quiso
el gran Júpiter supremo
que, súbitamente, Nino
también muriese. No puedo
excusar aquí el seguir
(perdóname si te ofendo)
la voz común, que en su muerte
cómplice te hace, diciendo
que, al verte con sucesión
que asegurase el derecho
de sus estados (pues Ninias,
joven hijo del Rey muerto,
afianzaba la corona
en tus sienes), tu soberbio
espíritu levantó
máquinas sobre los vientos,
hasta verte Reina sola:
fácil es de ti el creerlo.
Esta opinión asegura
el ver que hiciste, primero
que él muriese, que te diese
por seis días el gobierno
de sus Reinos, en los cuales,
a los alcaides que fueron
de Nino hechuras, quitaste
las plazas fuertes, poniendo
hechuras tuyas y, así,
en todos los demás puestos.
Siguiose a esto hallar a Nino
una mañana en su lecho,
sin que antes le precediese
crítico accidente, muerto.
Y aun no falta alguien que diga
que, en lo cárdeno del pecho
y hinchado del corazón,
fuese homicida un veneno,
tan traidoramente osado,
tan osadamente fiero,
que imagen ya de la muerte
hizo dos veces al sueño.
También de tu tiranía
es no menor argumento
el ver que teniendo un hijo
de esta Corona heredero,
y tan digno por sus partes
de ser amado, que el cielo
le dio lo mejor de ti,
pues te parece en extremo,
sin nada de lo que es alma,
en todo de lo que es cuerpo;
pues, según dicen, la docta
Naturaleza un bosquejo
hizo tuyo en rostro, en voz,
talle y acciones, y siendo
hijo tuyo, y tu retrato,
le crías con tal despego,
que de Nínive en la fuerza,
sin el decoro y respeto
debido a quien es, le tienes,
donde de corona y cetro
tiranamente le usurpas
la majestad y el gobierno.
De todos aquestos cargos,
como hermano del Rey muerto,
pues fui de su hermana esposo,
de quien hoy sucesión tengo
que a aquesta Corona aspire,
a residenciarte vengo.
Porque si es así que tú
diste muerte, y yo lo pruebo,
a Nino, tú ni tu sangre
habéis de heredarle, y entro,
como pariente mayor,
yo en el perdido derecho
de los dos; y como, en fin,
de los Reyes en los pleitos
es tribunal la campaña,
jurisconsulto el acero
y la fortuna el juez,
con armadas huestes vengo
de ejércitos numerosos,
que, inundando los amenos
campos hoy de Babilonia,
pongan a sus muros cerco.
Porque no ignoras la causa
que para esta guerra tengo,
como mi Embajador quise
hacerte este manifiesto.
Y así, en tanto que estos cargos
se articulan y de ellos
no te absuelves, te has de dar
a prisión, o yo, cumpliendo
con haberlos intimado,
podré, sin calumnia o riesgo
de tirano, publicar
el asalto a sangre y fuego
para que el cielo y la tierra
vean cuánto soy tu opuesto;
pues tú, como fiera ingrata,
quitas la vida a tu dueño,
y yo, como can leal,
le sirvo después de muerto.
SEMÍRAMIS
No sé cómo mi valor
ha tenido sufrimiento
hoy para haberte escuchado
tan locos delirios necios,
sin que su cólera ardiente
haya abortado el incendio
que en derramadas cenizas
te esparciese por el viento.
Pero ya que esta vez sola
templada me he visto, quiero
ir, no por ti, mas por mí,
a esos cargos respondiendo.
Dices que ignoras si fue
aquel eclipse sangriento
del día que me juraron
o favorable o adverso;
y bien la causa pudieras
inferir por los efectos,
pues, no agüero, vaticinio
sería el que dio sucesos
tan favorables a Siria
desde que yo en ella reino.
Díganlo tantas victorias
como he ganado en el tiempo
que, esposa de Nino, he sido,
sus ejércitos rigiendo,
Belona suya, pues cuando
la Siria se alteró, vieron
los castigados rebeldes
en mi espada su escarmiento.
Sobre los muros de Caria,
cuando estaba puesto el cerco,
¿quién fue la primera que
la plaza escaló, poniendo
el estandarte de Siria
en su homenaje soberbio,
sino yo? ¿Quién esguazó
el Nilo, ese monstruo horrendo
que es con siete bocas hidra
de cristal, en seguimiento
de la rota que le di
al gitano Tolomeo?
En la paz, ¿quién las dio más
esplendor, lustre y aumento
a las políticas doctas
con leyes y con preceptos?
Pues cuando Marte dormía
en el regazo de Venus,
velaba yo en cómo hacer
más dilatado el Imperio.
Babilonia, esa ciudad
que desde el primer cimiento
fabriqué, lo diga; hablen
sus muros, de quien pendiendo
jardines están, a quien
llaman pensiles por eso,
sus altas torres, que son
columnas del firmamento,
también lo digan, en tanto
número, que el Sol saliendo,
por no rasgarse la luz,
va de sus puntas huyendo.
Pero ¿para qué me canso
cuando mis obras refiero,
si ellas mismas de sí mismas
son las corónicas? Luego
recibirme a mí con salva,
al jurarme, todo el cielo,
padecer de asombro el Sol
y de horror los elementos,
pues siguieron favorables
a esta causa los efectos,
bien claro está que serían
vaticinios y no agüeros.
Decir que Menón lo diga
es otro blasón, si advierto
que ninguno pudo ser
mayor; pues ¿qué más trofeo
que morir desesperado
de mi amor y de sus celos?
En cuanto que di a mi esposo
muerte, ¿no es vano argumento
decir que, porque me dio
antes de morir el reino
por seis días, le maté?
¿No alega en mi favor eso
más que en mi daño? Sí, pues
si vivía tan sujeto,
tan amante y tan rendido
Nino a mi amor, ¿a qué efecto
había de reinar matando,
si ya reinaba viviendo?
Y cuánto le adoré vivo
como a Rey, esposo y dueño,
¿no lo dice un mauseolo
que hice a sus cenizas muerto?
Decir que a Ninias, mi hijo,
de mí retirado tengo,
y que siendo mi retrato,
parece que le aborrezco,
es verdad lo uno y lo otro;
que, como has dicho tú mesmo,
no me parece en el alma
y me parece en el cuerpo.
Y aunque tú que en lo mejor
me parece has dicho, es cierto
que en lo peor me parece,
pues sería más perfecto
si hubiera de mí imitado
lo animoso que lo bello.
Es Ninias, según me dicen,
temeroso por extremo,
cobarde y afeminado;
porque no hizo sólo un yerro
Naturaleza en los dos,
si es que lo es el parecemos,
sino dos yerros: el uno
trocarse con su concepto,
y, el otro, habernos trocado
tan totalmente el afecto,
que, yo mujer y él varón,
yo con valor y él con miedo,
yo animosa y él cobarde,
yo con brío, él sin esfuerzo,
vienen a estar en los dos
violentados ambos sexos.
Esta es la causa por que
de mí apartado le tengo
y por que del reino suyo
no le doy corona y cetro,
hasta que, disciplinado
en el militar manejo
de las armas y en las leyes
políticas del gobierno,
capaz esté de reinar.
Mas ya que murmuran eso,
parte, Licio, y di a Lisías,
ayo suyo, que al momento
Ninias venga a Babilonia:
verán su ignorancia, viendo
que es próvido en esta parte,
y no tirano, mi intento.
Y, ahora, a la conclusión
de tus discursos volviendo,
de que vienes de estos cargos,
Lidoro, a ponerme pleito,
ya que no me dé a prisión,
sólo responderte quiero
que eches bien de ver que aquí
has entrado a hablarme a tiempo
que estaba entre mis mujeres
consultando en ese espejo
mi hermosura, lisonjeada
de voces y de instrumentos.
Y así, en esta misma acción
has de dejarme, volviendo
las espaldas, pues aqueste
peine, que en la mano tengo,
no ha de acabar de regir
el vulgo de mi cabello
antes que en esa campaña
o quedes rendido o muerto.
Laurel de aquesta victoria
ha de ser, porque no quiero
que corone mi cabeza
hoy más acerado yelmo
que este dentado penacho,
que es femenil instrumento;
y, así me lo dejo en ella,
entre tanto que te venzo.
Y aunque pudiera esperar,
fiada en aquesos inmensos
muros, el asalto, no
me consiente el ardimiento
de mi cólera que apele
a lo prolijo del cerco.
A la campaña saldré
a buscarte, pues es cierto
que cuando no hubiera tanto
número de gentes dentro
de Babilonia, ni en ella
por Atlantes de su peso
estuviesen Friso y Licas,
hermanos en el aliento
como en la sangre, y los dos
generales por sus hechos
de mar y tierra, yo sola
hoy con mis mujeres pienso
que te diera la batalla,
porque un instante, un momento
sitiada no me tuvieras.
Y, así, vete, vete presto
a formar tus escuadrones,
que si te detienes temo
que la ley de Embajador
su inmunidad pierda, haciendo
que vuelvas por ese muro
tan breves pedazos hecho,
que sean materia ociosa
de los átomos del viento.
LIDORO
Pues si a la batalla intentas
salir, en ella te espero.
LICAS
Y en ella verás que tiene
vasallos cuyos esfuerzos
sus laureles aseguran.
LIDORO
En el campo lo veremos.
FRISO
Sí verás, tan a tu costa
que llores, Lidoro, el verlo.
LIDORO
Quien menos habla, obra más.
LICAS
Pues a obrar más.
FRISO
A hablar menos.
LIDORO
Toca al arma.
Vase.
LICAS
Al arma toca.
SEMÍRAMIS
Dadme ese bruñido acero,
seguidme todos, y tú,
Licas, ostenta hoy tu esfuerzo.
Mira que anda por hacerte
dichoso un atrevimiento.
LICAS
No entiendo a qué fin persuades
a mi valor, conociendo
ya mi valor.
SEMÍRAMIS
No te admires,
que yo tampoco lo entiendo.
Tocad al arma, y, en tanto,
vosotras tenedme puesto,
mientras salgo a la campaña,
el tocador y el espejo,
porque en dando la batalla
al punto a tocarme vuelvo.
Cajas y trompetas, dentro, ruido y vuelve LIDORO.
Dentro.
¡Arma! ¡Arma!
Vanse.
OTRO
¡Guerra! ¡Guerra!
UNO
¡Viva Semíramis!
TODOS
¡Viva!
OTRO
¡Viva Lidoro y reciba
la posesión de esta tierra!
Salen soldados.
SOLDADO I.º
Ya de los muros salieron
diversas tropas, y ya
tu gente dispuesta está.
LIDORO
¿Adónde, cielos, cupieron
tantas gentes? ¿Qué ciudad
tener pudo, sin espanto,
en sus entrañas a tanto
número capacidad?
Cuerpos tomaron sutiles,
sin duda, a tales combates
las arenas del Éufrates,
las hojas de los pensiles.
Del sol el rubio arrebol
las luces mira deshechas,
que las nubes de sus flechas
son noche alada del Sol.
DENTRO
¡Guerra! ¡Guerra!
LIDORO
Ya hacia allí
trabada la lid se ve.
A morir matando iré.
Vase, y dase la batalla.
LICAS
Dentro.
¿Dónde estás, Lidoro?
LIDORO
Aquí
me hallarás; que nunca yo,
aunque me siga la suerte,
la espalda volví a la muerte.
SOLDADO I.º
Dentro.
El Rey en la lid entró;
seguidle, no le dejéis.
Vuelve a salir herido, cayendo, y con él LICAS y FRISO; por otra parte, SEMÍRAMIS.
FRISO
Mía será esta victoria.
LICAS
Mía ha de ser esta gloria.
SEMÍRAMIS
Esperad, no le matéis.
FRISO
¿Tú le defiendes?
SEMÍRAMIS
Sí, que hoy,
más que verle muerto, quiero
de mis armas prisionero.
LIDORO
Rendido a tus pies estoy,
ya que mis desdichas son
tales, y ya que ninguna
vez se puso la fortuna
de parte de la razón.
SEMÍRAMIS
Haced que de la batalla
el alcance no se siga.
FRISO
Apenas de la enemiga
hueste en el campo se halla
más que la ruina, que en sumas
tragedias ya del Éufrates
las arenas son granates
y corales las espumas;
y, huyendo por los desiertos,
de tus rigores esquivos
los que han escapado vivos
van tropezando en los muertos.
SEMÍRAMIS
Que yo me diese a prisión
fue tu intento; y, siendo así,
será prenderte yo a ti
debida satisfacción.
Fiera ingrata me llamaste
hoy, cuando a ti can leal;
luego si con nombre tal
me ofendiste y te ilustraste,
tiranías no serán
que yo en esta parte quiera,
procediendo como fiera,
tratarte a ti como can.
De mi palacio al umbral
atado te he de tener,
allí has de estar, que he de ver
si me lo guardas leal
y vigilante desde hoy;
que si del can es empeño
el ser leal con su dueño,
desde aquí tu dueño soy.
LIDORO
Es verdad; pero aunque eres
tú mi dueño, y yo can sea,
no es justo que en mí se vea
esa lealtad que hallar quieres
maltratada, pues, si agravia
el dueño a su can, le pierde
el cariño y, al fin, muerde
a su dueño con la rabia.
A tus pies estoy rendido.
No con tan grande rigor
me trates.
LICAS
El vencedor
siempre honra al que ha vencido.
Esto por merced, señora,
de haberlo alcanzado yo,
te pido humilde.
FRISO
Yo, no,
que también le rendí ahora,
sino que su singular
error castigues, porque
nadie se te atreva en fe
de que les has de perdonar.
LICAS
Vence dos veces piadosa.
FRISO
El castigo es el vencer.
SEMÍRAMIS
Dices bien, y eso ha de ser.
LIDORO
Reina invencible y hermosa,
dame muerte, y no con tanto
oprobio quieras que viva.
SEMÍRAMIS
Poco mi soberbia altiva
se enternece de tu llanto.
A un villano haced llamar
que desde Ascalón tras mí
vino a Nínive, a quien di
el oficio de cuidar
de los perros de mi caza.
Sale CHATO con barba blanca.
CHATO
Aquí está Chato, señora;
que para seguirte ahora
el temor no le embaraza
de la guerra, porque ya
sabía que habías de ser
la que había de vencer,
según declarada está
en tu dicha la fortuna.
¿Y qué razones más llanas
que, estando lleno de canas
yo, no tener tú ninguna,
siendo los dos de una edad,
cuarenta años más o menos,
y con sucesos tan buenos
yo como tú?
SEMÍRAMIS
Levantad.
¿Qué sucesos?
CHATO
¿Pueden ser
más iguales que enviudar
los dos a un tiempo y quedar
sin marido y sin mujer?
Pero, ya que me he cansado,
sea para darme ahora
algún oficio, señora,
que me saque de aperreado.
¿Qué me mandas?
SEMÍRAMIS
Que del modo
que alimentar, Chato, sueles
mis sabuesos y lebreles
trates a ese hombre. De todo
su manjar ha de comer;
en mi zaguán han de vello
cuantos pasaren, y al cuello
traílla le has de poner.
Y tú como él, si no
le guardas, has de vivir.
CHATO
Pues si él se me quiere ir,
¿qué le tengo de hacer yo?
SEMÍRAMIS
Con aquesto a la ciudad
volvamos.
A LIDORO.
Ven tú conmigo;
que tienes de ser testigo
mayor de mi vanidad.
Al estribo te han de ver
de mi caballo.
LIDORO
¿Ya estás
vengada?
LICAS
Reina...
SEMÍRAMIS
No más.
FRISO
Bien haces.
SEMÍRAMIS
Esto ha de ser;
que si de can blasonabas,
quejoso no es bien te ofrezcas,
pues te hago que parezcas
lo mismo de que te alabas.
FRISO
Con nueva salva reciba
Babilonia victoriosa
a su heroica Reina hermosa.
Toca la música y éntranse todos.
TODOS
¡Viva Semíramis, viva!
CHATO
¡En buen cuidado esta vez
la fortunilla me ha puesto!
Sólo me faltaba esto
al cabo de mi vejez.
Si mi riesgo no remedia
el desvelo y el cuidado,
peor es esto que el soldado
de la primera comedia.
¡Guardarle yo, siendo así
que en mi vida guardé un cuarto!
Guárdele otro: ¿no hace harto
un hombre en guardarse a sí?
La música de chirimías.
¡Con qué grande majestad
vuelve a la ciudad triunfante
esta altiva, esta arrogante
hija de su vanidad!
Ya en su palacio la espera
toda la gente; yo quiero
ir allá, pues de perrero
me he convertido en perrera.
Sale SEMÍRAMIS, y ASTREA.
SEMÍRAMIS
A este umbral has de quedarte,
racional bruto. Y de aquí
ninguno pase.
ASTREA
Hoy en ti
a Venus se rinde Marte.
LIBIA
Dicha ha sido singular.
SEMÍRAMIS
Astrea, toma este acero.
Libia, el espejo, que quiero
acabarme de tocar.
El tono que se cantaba
cuando aquel clarín sonó
prosiga ahora, que yo
me acuerdo bien de que estaba
en oírle divertida,
y una batalla no es justo
decir que me quitó el gusto
que me tuvo entretenida.
Vuelva, pues, donde cesó,
y este bajel vuelva el bello
golfo a surcar del cabello
donde varado quedó.
MÚSICOS
La gran Semíramis bella,
Reina del Tigris al Nilo.
Cajas dentro.
[VOCES]
Dentro.
¡Viva Ninias, nuestro Rey!
¡Viva el sucesor de Nino!
SEMÍRAMIS
Oíd. ¿Qué confusas voces
son éstas? ¿Qué ha sucedido?
Licas, ¿qué es esto?
Sale LICAS.
LICAS
No sé,
porque solamente miro
desde aquestos corredores
todo el vulgo dividido
ocupar calles y plazas,
ya en tropas y ya en corrillos;
y, sin saber más, mi afecto
me trujo a hallarme contigo.
SEMÍRAMIS
Bien ese afecto me debes.
Aparte.
Pero yo miento: ¿qué digo?
DENTRO
¡Viva nuestro invicto Rey!
UNO
No dejemos ya regirnos
de una mujer, pues tenemos
Príncipe tan grande.
Sale FRISO.
SEMÍRAMIS
Friso,
¿qué es eso?
FRISO
No sé, señora,
porque solamente el ruido
a tu presencia me trae.
SEMÍRAMIS
Ya saberlo solicito.
Sale LISÍAS.
LISÍAS
Aguarda, detente, espera,
que pues que yo me anticipo,
señora, a besar tu mano
antes que Ninias, tu hijo,
sólo ha sido a darte cuenta
de la novedad que ha habido.
SEMÍRAMIS
Dilo, que aun para saberlo
no me importa ya el oírlo.
LISÍAS
Que viniese a Babilonia
Ninias, de tu parte Licio
me mandó, y a tu obediencia
pronto se puso en camino.
A Babilonia llegamos
donde el puente levadizo,
viendo tu mismo retrato,
nos dio paso sobre el río.
A palacio caminaba
el Príncipe, agradecido
a la dicha de llegar
a tus pies en tan propicio
día que tú, victoriosa,
triunfabas de tu enemigo.
Su hermosura ganó en todos
un afecto tan benigno,
que, no diciéndolo nadie,
todos dijeron a gritos...
[VOCES]
Dentro.
No una mujer nos gobierne,
porque aunque el Cielo la hizo
varonil, no es de la sangre
de nuestros Reyes antiguos.
¡Viva Ninias, nuestro Rey!
¡Viva el sucesor de Nino!
SEMÍRAMIS
Calla, calla, no lo digas,
pues ya esa voz me lo ha dicho,
y es hoy sentirlo dos veces
llegar dos veces a oírlo.
Al pueblo.
Desagradecido monstruo
que eres compuesto vestiglo
de cabezas diferentes,
cada una con su juicio.
¿Pues cuando acabo de darte
la victoria que has tenido,
de que soy mujer te acuerdas,
y te olvidas de mi brío?
TODOS
Dentro.
Sí, que Rey varón queremos.
OTRO
Dentro.
Habiéndole en edad visto
capaz de reinar, no es justo
que reines tú, que no has sido
sangre ilustre y generosa
de nuestros Reyes invictos.
SEMÍRAMIS
Es verdad; pero de dioses
desciende mi origen limpio.
Licas, de este atrevimiento
venganza a tu valor pido.
LICAS
Bien sabes de mí la fe
y lealtad con que te sirvo;
mas si el Príncipe es, señora,
de mi Rey natural hijo
y tiene razón el pueblo,
¿quién bastará a reducirlo?
FRISO
Yo bastaré, y de tu nombre
la voz tomaré, que estimo
más el ser vasallo tuyo.
SEMÍRAMIS
Yo te lo agradezco, Friso;
y Licas verá algún día
cuánto en mi gracia ha perdido.
Aparte.
(Estoy por decirlo; pero
vame mucho en no decirlo.)
Mas detente, que ya es justo,
en empeño tan preciso,
mudar de consejo y dar
a este vulgo más castigo
del que de mí habrá esperado,
si no del que ha merecido.
Formando cuerpo de tantos
que parciales y divisos
os alimentáis de solas
las novedades del siglo,
bien sabéis de mi valor
que pudiera reduciros
al yugo de mi obediencia
y de esta espada a los filos.
Pero quiero de vosotros
tomar, con mejor estilo,
mejor venganza. Esta sea,
pues no me habéis merecido,
que me perdáis. Desde aquí
ya del gobierno desisto,
de vuestro cargo me aparto,
de vuestro amparo me privo.
La viudez que no he guardado
hasta aquí para asistiros
guardaré desde hoy; y, así,
el más culto retiro
de este palacio será
desde hoy sepulcro mío,
adonde la luz del Sol
no entrará por un resquicio.
Ningún hombre me verá
el rostro, siendo mi hijo,
por serlo, de aquesta ley
el primero comprehendido;
y así, entrar no le dejéis
a él, ni a nadie, a hablar conmigo.
En sus manos le decid
que el cetro y laurel altivo
dejo, que dé a sus vasallos
ese gusto de regirlos
hasta que a mí me echen menos;
pues ya sólo el valor mío
siente que se me parezca,
porque no podrá el olvido
borrarme de sus memorias.
FRISO
Señora...
SEMÍRAMIS
Déjame, Friso.
LICAS
Advierte...
SEMÍRAMIS
Vos no me habléis.
LISÍAS
Mira que...
SEMÍRAMIS
Ya nada miro.
Quédate, pueblo, sin mí.
Todos me dejad conmigo.
Nadie venga; Rey tenéis,
seguidle a él.
Aparte.
Un basilisco
tengo en los ojos, un áspid
en el corazón asido.
¿Yo sin mandar? ¡De ira rabio!
¿Yo sin reinar? ¡Pierdo el juicio!
Etna soy, llamas aborto;
volcán soy, rayos respiro.
Vase.
LICAS
¡Qué ambicioso sentimiento!
FRISO
¡Qué sentimiento tan digno!
LISÍAS
¡Qué resolución tan ciega
y sin tiempo!
LICAS
Lisías, dinos
dónde el Príncipe quedó
viniéndote tú.
LISÍAS
No quiso
acabarme de escuchar
Semíramis.
FRISO
Ahora dilo.
LISÍAS
Viniendo a palacio, vio
ese eminente obelisco,
regular Atlante nuevo,
nuevo fabricado Olimpo,
mausoleo consagrado
a las cenizas de Nino.
Preguntó qué templo era,
y habiendo entonces oído
que era el sepulcro eminente
de su padre, así le dijo:
«Salve, depósito fiel
del mejor Rey que ha tenido
el mundo, si Amor no hubiera
borrado su nombre altivo.
Salve, y de mí no se diga
que la primera vez que miro
de tu urna las cenizas
no doy de mi amor indicios.
No he de llegar de palacio
a ver los umbrales ricos,
sin que primero vea el mundo
que, a mi ser agradecido,
es aquéste en Babilonia
el primer umbral que piso,
reverenciando postrado
hoy en su fin mi principio».
Y, echándose del caballo,
dentro entró, y al mármol liso
que muerto le deposita
y le representa vivo
besó la mano, pidiendo
de su culto a los ministros
le sacrifiquen, y él queda
asistiendo al sacrificio,
cuya acción piadosa más
pudo alterar los motivos
del pueblo. A buscarle vuelvo
y a decir cuánto ha sentido
Semíramis sus aplausos,
porque venga prevenido
a desenojarla. ¡Dioses,
doleos de su peligro!
ASTREA
Padre y señor, ¿de esa suerte
te vas y, habiéndome visto,
para besarte la mano
lugar no me has permitido?
LISÍAS
¡Ay, hija, no a mi amor culpes,
que esta novedad que admiro
ha embargado los afectos
hoy de todos mis sentidos.
Vase.
LICAS
Aunque Babilonia hoy
en confusiones y gritos
alterada, hermosa Libia,
cumpla con su nombre mismo
porque no excepta lugares,
tiempos ni personas; dijo
un sabio que amor y muerte
eran los más parecidos.
Y así, pues las novedades
que a todos han suspendido,
a mí me han dado ocasión
de hablaros, ose deciros:
¿cuándo seré tan dichoso
que merezca el amor mío
la suma gloria que espero
y el grande bien a que aspiro?
LIBIA
Ya vos sabéis cuánto, Licas,
a vuestra fe agradecido,
mi pecho os estima; pero
esa ocasión que habéis dicho
no he de darla yo. La Reina
es dueña de mi albedrío;
pedidme a la Reina vos.
LICAS
Con esa esperanza vivo.
FRISO
Yo, hermosa, divina Astrea,
ya que ninguna he tenido,
no os digo: ¿cuándo seré
felice? Que sólo os digo:
¿cuándo no seré infelice?
Pues favor no solicito
para ser amado, basta
el no ser aborrecido.
ASTREA
Tarde, Friso, porque en mí
esos desdenes esquivos
son naturaleza, y mal
podréis nunca reducirlos.
FRISO
Tan hallado estoy con ellos,
y por vuestros los estimo,
que con ellos no echo menos
el bien a que no me animo.
Las chirimías dentro.
DENTRO
¡Viva Ninias, nuestro Rey!
¡Viva el sucesor de Nino!
LIBIA
Ya de más cerca se escuchan
las voces, que dan indicio
de que ya el Príncipe llega;
y así, de esta cuadra idos
los dos.
LICAS
Aquí, a mi pesar,
de vuestra luz me despido.
FRISO
Yo no, Astrea, de la vuestra,
porque sé que en esto os sirvo.
ASTREA
No se va quien deja tantos
pesares de haberle visto.
FRISO
También vivo feliz yo,
pues padezco.
ASTREA
Si imagino
que mi desprecio estimáis,
ni aun desprecios tendréis míos.
LIBIA
Adiós, Licas.
LICAS
Él os guarde.
Vamos, porque es justo, Friso,
que al Príncipe le besemos
los dos la mano.
FRISO
Yo sigo
a Semíramis en todo;
y así, hasta que haya sabido
si en esto pude enojarla,
no le veré.
LICAS
Esto es preciso,
que es nuestro Príncipe.
FRISO
Ella,
nuestra Reina, a quien yo sirvo.
LICAS
Pues yo voy a verle.
FRISO
Y yo
de su vista me retiro.
Vanse los dos.
LIBIA
¿Hasta cuándo, hermosa Astrea,
ingrato tu pecho altivo
ha de negarle al amor
tributo?
ASTREA
Aunque ves que a Friso
aborrezco, no a mi pecho
acusen con desvaríos
de incapaz de amor. Bien sé
qué es querer, y, si te digo
la verdad, mis pensamientos
son más osados y altivos.
LIBIA
¿Cómo?
ASTREA
Hija soy de Lisías.
Con Ninias, Príncipe invicto,
me he criado...
Chirimías.
LIBIA
Ya entiendo...
Fuera de que ha interrumpido
tu voz la música.
ASTREA
Aquí
esperarán mis sentidos,
locos de amor, a su dueño.
Con chirimías, todo el acompañamiento detrás de NINIAS, vestido de camino, y a la puerta por donde entra estará LIDORO con cadena.
TODOS
¡Viva el sucesor de Nino!
NINIAS
De todos vuestros aplausos
hago a los cielos testigos
que, a disgusto de mi madre,
ni los escucho ni admito.
UNO
Tú eres nuestro Rey y tú
solamente has de regirnos.
NINIAS
Y ya que una obligación
de hijo en el templo he cumplido,
dejad que acuda a las otras,
a mi madre agradecido.
CHATO
Aparte.
Cuando niño, no era Ninias
a su madre parecido
tanto; aquel rostro y aquéste,
¿quién no dirá que es el mismo?
NINIAS
Tened, no paséis de aquí.
¿Qué lástima es la que miro,
cuando del real palacio
la primera losa piso?
CHATO
Aparte.
Ella es, vestida de hombre,
o yo he de perder el juicio.
NINIAS
Hombre, ¿quién eres?
LIDORO
Señor,
de la fortuna un delirio,
un frenesí de la suerte,
de los hados un prodigio,
y del humano poder
el escarmiento más vivo.
CHATO
Aparte.
Lo de un huevo a otro no es nada,
que hay huevos no parecidos,
que unos se dan a dos cuartos
y otros se pagan a cinco.
NINIAS
¿Qué delito así te ha puesto?
LIDORO
Haber infeliz nacido.
NINIAS
¿Delito es ser infeliz?
LIDORO
Y no pequeño delito.
NINIAS
Dime, ¿quién eres?
LIDORO
Lidoro,
Rey de Lidia; y este aviso,
pues te coge a los umbrales
de reinar, Príncipe invicto,
sirva de algo, observando
cuerdo, atento y advertido
que pasar de extremo a extremo
es de la fortuna oficio.
NINIAS
¿Tú eres el que a Babilonia
intentaste poner sitio?
LIDORO
Sí, señor, y tú y tu padre
alentasteis mis motivos.
NINIAS
Eso no entiendo ni quiero
entenderlo. Enternecido
me han dejado tus fortunas
y aun me ha parecido indigno
que así al vencido se trate.
Y si ahora no te libro
es porque no sé, si tienes
más culpa que ser vencido.
Y aunque la tengas, Lidoro,
palabra doy al empíreo
coro de los dioses que hoy
no pida, a los pies rendido
de Semíramis, mi madre,
en premio de que no admito
un reino, sino que tengas
la libertad que has tenido.
LIDORO
Como can estoy atado
y, así, como can me humillo,
halagándote los pies
humilde y agradecido.
Vase.
CHATO
No harás un bien sólo en librarle,
sino dos, porque no vivo,
ni como, ni bebo, ni
duermo ni hago otro ejercicio,
guardándole.
NINIAS
Pues ¿quién eres?
CHATO
Chato, aquél que cuando niño
solías jugar con él.
NINIAS
No te había conocido.
CHATO
Yo tampoco, porque estás
a tu madre parecido
más que antes; todo su rostro
cortado es aqueste mismo.
NINIAS
Dime: ¿cómo estás tan viejo?
y tan pobre?
CHATO
Como sirvo.
NINIAS
Yo me acordaré de ti.
CHATO
Y yo diré, si me miro
medrado, que como hay
un diablo a otro parecido,
un ángel a otro también.
Sale, con LICAS, FRISO.
FRISO
Aparte.
¡Que salir no haya podido
de palacio, sin que todos
vean que de él me retiro
pesaroso de este aplauso!
LICAS
En tanto, Príncipe invicto,
que al cuarto vas de la Reina
mi señora, te suplico
permitas besar tu mano.
LISÍAS
Licas, gran señor, ha sido
el vasallo que dio a Siria
más victorias.
NINIAS
Ya yo he oído
vuestro nombre, y conoceros
por vuestra persona estimo.
LICAS
Conoceréis el vasallo
que más desea serviros.
NINIAS
Alzad del suelo. ¿Un hermano
no tenéis?
LICAS
Sí, señor: Friso.
NINIAS
¿Pues cómo tan retirado
no llega a hablarme?
FRISO
Rendido
a vuestras plantas estoy.
NINIAS
Muy tarde y despacio ha sido,
y quizá algún día veréis
que, aunque no caigo advertido
en todo, lo entiendo todo,
y uno entiendo y otro estimo.
LICAS
¿Por qué?...
NINIAS
No hablo con vos, Licas.
FRISO
Yo quise...
NINIAS
Bien está, Friso.
¿Cuál es de mi madre el cuarto?
Salen ASTREA y LIBIA.
ASTREA
Aquéste, Príncipe invicto,
a cuyos umbrales yo
a besaros me anticipo
la mano.
NINIAS
Del suelo alzad;
que en mis brazos os recibo,
por deciros que el ausencia
en mí nunca engendra olvido,
porque vengo muy gustoso
a veros amante y fino.
ASTREA
Todo a mi fe lo debéis,
mas callar ahora es preciso.
NINIAS
Entraré a ver a mi madre.
LIBIA
Ella, gran señor, nos dijo
que nadie, ni aun vos, entrase
dentro de aqueste retiro.
NINIAS
Si quien no fuera una dama
aqueso me hubiera dicho,
respondiera de otra suerte;
pero a vos basta deciros
que esos preceptos se entienden
con todos y no conmigo.
LISÍAS
¡Qué prudencia!
LICAS
¡Qué cordura!
LIBIA
¡Qué severidad!
ASTREA
¡Qué brío!
Vanse y quedan FRISO y LICAS.
LICAS
¡Que hayas, Friso, procurado
el ser hoy del Rey mal visto!
FRISO
No es el Rey, porque hasta ahora
reina Semíramis.
LICAS
Digo
que en todo mi opuesto eres.
FRISO
Si tú no lo fueras mío,
no lo fuera yo, demás
de que si hacerme he querido
mal visto de Ninias, tú
de Semíramis.
LICAS
Yo sigo
la parte de la justicia,
que Ninias es del Rey hijo.
FRISO
Pues yo la de la fortuna,
que Semíramis ha sido
quien se ha sabido hacer Reina.
LICAS
Pues vamos por dos caminos,
tú verás en el fin de ellos...
FRISO
¿Qué?
LICAS
Que es mejor el mío,
pues que lleva la razón
de su parte.
FRISO
Ese es delirio.
Ten tú razón, yo fortuna,
y verás que no te envidio.

Jornada II

Suenan chirimías y atabalillos. Sale en lo alto del teatro, con un estandarte, LICAS, y por lo bajo salen FRISO y FLAVIO.
LICAS
Oíd, oíd, oíd, vasallos.
Ninias vive, Ninias reina.
Decid todos, ¡viva!
TODOS
¡Viva
siglos y edades eternas!
Enarbola el estandarte, vuelven a tocar y vanse LICAS y el acompañamiento, y quédanse FRISO y FLAVIO.
FRISO
Viva por que muera yo.
FLAVIO
Señor, ¿pues de esta manera,
en día tan celebrado
de la plebe y la nobleza,
tú sólo al concurso faltas
y de la jura te ausentas?
FRISO
Sí, Flavio; que aquestas voces
que ufanas y lisonjeras
publican que Ninias viva,
publican que Friso muera;
porque siendo para todos
de alegría, gusto y fiesta,
son para mí solamente
de pena, llanto y tristeza.
FLAVIO
¿Pues qué novedad, señor,
hay para que tú lo sientas?
FRISO
Si no lo sabes, escucha
lo que ha pasado en tu ausencia.
Vino a Babilonia Ninias,
y, ganando su belleza
un común afecto en todos,
o fuese natural deuda,
o heredero vasallaje,
o confusa o novelera
ceremonia de la plebe,
que ésta es la opinión más cierta,
su nombre vio repetido
y aclamado de las lenguas
del vulgo, cuyos acentos
llegaron a las orejas
de Semíramis que, airada
de ver que, reinando ella
tan victoriosa, aplaudiesen
ni aun a su hijo, en su ofensa,
y más día en que acababa
de darles la más sangrienta
victoria que vio el Éufrates
sobre sus ondas soberbias,
por vengarse así de todos,
irritada de la queja,
ofendida del agravio
y de la cólera, ciega,
del gobierno desistió,
diciendo a voces que ella
el cetro y laurel dejaba
en su hijo. ¡Oh, cuánto yerra
quien grandes resoluciones
toma aprisa!; pues es fuerza
que quien presto se resuelve,
presto también se arrepienta.
Yo, pensando, pues, que aquello
más efecto no tuviera
que una cosa dicha acaso
con cólera y sin prudencia,
quise llevar adelante
las empeñadas finezas
de su servicio, creyendo
que su ambición y soberbia
no había de querer jamás
darse a partido, y que, puesta
en castigar el motín,
se había de salir resuelta
con todo, quedando yo
en su gracia, viendo que era
el que solo no había dado
a su hijo la obediencia.
Entrambos discursos, Flavio,
me salieron mal, porque ella
llevar también adelante
quiso el rencor, de manera
que de la última cuadra
de aquesta fábrica inmensa,
para estancia suya hizo
clavar ventanas y puertas,
guardando desde aquel día
una viudez tan severa,
que el Sol apenas la ve,
si el Sol la ve, es a penas.
De todas las damas suyas
una sola sale y entra
a servirla, sin que otra
ninguna el rostro la vea.
Tanto que, entrando su hijo
a rendirla la obediencia,
le habló cubierta la cara
de un negro cendal, y, en muestra
de que gustaba que él
gobernase, la diadema
y el cetro de oro, que fue
de Nino, su esposo, herencia,
le dio, y para coronarse,
con tantas públicas muestras
como hoy hace Babilonia,
su permisión y licencia.
Si la habrá pesado ya,
no sé; pero bien se deja
conocer cuánto burlada
halla un hombre su soberbia
el día que por vengarse
de otro, en sí mismo se venga.
Yo, pues, que por ella estaba
declarado, y que con guerras
civiles pensaba ver
a Babilonia revuelta,
no besé a Ninias la mano,
o se la besé por fuerza.
Cuando vino a Babilonia,
informado de mi queja,
se mostró airado conmigo,
de suerte que a verse llega
hoy tan neutral mi fortuna,
que, por servir a la Reina,
no serví al Rey, siendo así
que a la que obligué se ausenta
y al que ofendí se corona;
y siendo de esta manera,
hoy que la nobleza y plebe
le jura y su mano besa,
y que mi hermano levanta
del mausoleo a las puertas
el estandarte por él,
huyo yo de su presencia,
porque esas festivas voces
son de mi fortuna exequias,
cuando repetidas dicen
en tantas confusas lenguas
DENTRO
Chirimías.
¡Viva Ninias!
TODOS
¡Ninias viva
siglos y edades eternas!
FLAVIO
Ya todas las ceremonias
se acabaron.
FRISO
Bien lo muestra
el grande acompañamiento
con que da a palacio vuelta.
FLAVIO
Señor, si de aconsejarte
merezco alguna licencia
no te extrañes con el Rey,
llega con todos, y deja
que obre su enojo; no tú
te anticipes. Considera
que quizá el verte tan fino
antes de ahora con la Reina
le obligará a que presuma
que con él lo serás.
FRISO
Esa
razón en un pecho, Flavio,
de sustancia y de prudencia
militada es; pero no
en el suyo, porque piensa
que, afeminado, de todo
se recata y se recela.
Pero tu consejo es bien
seguir y, puesto que llega
con tanto acompañamiento,
en él quiero que me vea
entre todos.
Sale todo el acompañamiento, LISÍAS, LICAS y NINIAS. Suena la música.
TODOS
¡Ninias viva
siglos y edades eternas!
NINIAS
Vasallos, deudos y amigos,
leal plebe, ilustre nobleza,
a cuyos grandes aplausos,
a cuyas raras finezas,
siempre agradecida, el alma
vivirá ufana y atenta;
ya que Semíramis quiso,
mi señora y vuestra Reina,
que yo os gobierne y que ciña
el laurel, por su obediencia
aún más que por mi deseo,
a todos hacer quisiera
merced y pagar a todos,
reconocido, la deuda
en que os estoy; y así, en tanto
que la ocasión se me ofrezca
de honraros a todos, quiero
empezar a que se vea
en mis mercedes el gusto
que he de tener en hacerlas.
Una palabra que di,
hoy ha de ser la primera
que cumpla; que a mi palabra
acudir antes es fuerza.
A Lidoro desatad
de aquella injusta cadena
en que está, y decid que, al punto,
venga libre a mi presencia.
LISÍAS
Señor, que con él piadoso
andes es noble clemencia;
mas no le des libertad
absolutamente; piensa
que es poderoso contrario,
y que, antes que la tenga,
es justo asentar con él
que te ha de dar la obediencia
y feudo que dio a tu padre.
NINIAS
Tú, Lisías, me aconsejas
siempre lo mejor, y yo
seguir lo mejor quisiera;
y así, por este consejo,
por tus canas y experiencia
juez mayor te hago de Siria
y gobernador de ella.
LISÍAS
Los pies te beso por tantas
honras y mercedes.
NINIAS
Deja
vanos agradecimientos;
más te debo. Tu prudencia,
en el mar de mi fortuna,
piloto ha de ser de aquesta
nave, pues será contigo
serenidad la tormenta.
Licas.
LICAS
Señor.
NINIAS
General
eres ya de mar y tierra.
LICAS
Tus invictas plantas beso
por tantas, por tan inmensas
mercedes; pero, señor,
de no aceptarlas licencia
me has de dar.
NINIAS
¿No es ser ingrato?
LICAS
No, gran señor, como adviertas
que del mar es general
Friso, mi hermano, y no fuera
justo que aceptara cargo
que a él le has de quitar por fuerza.
NINIAS
A Friso le hará merced
Semíramis, y con ella
no habrá menester más cargos
quien tiene los de la Reina.
FRISO
Señor, verme a mí tan fino
con su Majestad, debiera
advertirte que lo soy
con quien sirvo; y la experiencia
más es mérito que culpa.
NINIAS
Está bien.
A LICAS.
El cargo acepta,
que no es bien por complacer
a Friso que a mí me ofendas.
LICAS
Yo le acepto, gran señor,
porque mi hermano le tenga
teniéndole yo, pues sólo
depósito es mientras cesa
tu enojo.
FRISO
Aparte.
¡Qué presto, Cielos,
de mí su rigor me venga!
SOLDADO I.º
Señor, yo soy el soldado
que, al advertir tu presencia,
el primero te aclamó
Rey, y a quien debes esta
Majestad que eterna goces.
NINIAS
Medio talento en las rentas
y tributos de Ascalón,
que por la muerte violenta
de Menón se confiscaron,
quiero que de sueldo tengas.
SOLDADO I.º
Beso tus plantas.
FRISO
A mí
de ellos Semíramis bella
me hizo merced.
NINIAS
A este soldado
la hago yo, y es acción cuerda
premiar yo a quien me sirve,
si a quien tú sirves te premia.
LISÍAS
Señor, a hombre sedicioso,
aunque en tu favor lo sea,
no le honres, que es hacer
al delito consecuencia.
NINIAS
Advirtiéraismelo antes,
que esta merced ya está hecha.
LISÍAS
Con todo, de reformarla
me has de dar, señor, licencia.
Salen LIDORO y CHATO.
LIDORO
Vivas, ¡oh Príncipe augusto!,
en la verde primavera
de tu juventud lozana,
sin que el invierno se atreva
de los años a borrar
la flor más inútil de ella,
la edad del Sol, ese hermoso
lucero que, en blanda hoguera,
Fénix del Cielo, renace
entre sus cenizas mesmas.
NINIAS
Alza, Lidoro del suelo,
levanta, a mis brazos llega,
que quiero desagraviar
de mi madre las ofensas
con mis favores.
LIDORO
Bastantes
son los de tu gran clemencia,
para que ya la pasada
fortuna al cielo agradezca.
NINIAS
La libertad te ofrecí;
pero, antes que la tengas,
tengo que tratar contigo.
Y, así, de no hacer ausencia
sin mi gusto, la palabra
me has de dar, aunque te veas
libre de aquella prisión.
LIDORO
¿Qué importa estarlo de aquélla,
si con más seguridades
me prendes, señor, en ésta?
No la cadena le quita
al noble quien la cadena
le quita; antes se la pone
más fuerte, pues cosa es cierta
que la de la obligación
ni se lima ni se mella.
NINIAS
De paso ayer me dijiste
que el pretexto de la guerra
que a Semíramis hacías,
por mí y por mi padre era,
y quiero tener mejor
entendida esta materia.
LIDORO
Yo, señor, te la diré.
NINIAS
No ha de ser, Lidoro, en esta
ocasión; con más espacio
y menos gente saberla
quiero; mañana os dará
Lisías, Lidoro, audiencia;
y, ahora, porque acusarme
la murmuración no pueda
de que un breve instante tuve
la corona en mi cabeza
sin que como cosa mía
a mi madre se la ofrezca,
a su cuarto pasar quiero;
que, cuando ella no consienta
que la vea, habré cumplido
con llegar hasta sus puertas.
CHATO
Licencia estas luengas canas,
por ser canas y ser luengas,
para hablarte una palabra,
antes que te ausentes, tengan.
NINIAS
Di qué quieres. Ya te escucho.
CHATO
Señor, tu madre y mi Reina
me mandó que con Lidoro
tuviese muy grande cuenta,
porque el día que faltase
de la traílla o cadena,
me había de poner a mí
por viejo perrazo de ella.
Tú me mandas que le suelte,
y, así, un recibo quisiera
tener tuyo.
NINIAS
Pues si yo
te lo mando, ¿qué recelas?
CHATO
Que se le antoje reinar
otra vez, que todo es que a ella,
sin razón o con razón,
se le ponga en la cabeza,
y me diga: «Daca el preso».
Si tú agora me le llevas,
no se le podré dacar;
con que del talión la pena,
que es la del tanto por tanto,
no dudo que me eche a cuestas,
y me mande atar a mí.
NINIAS
¡Qué simplicidad tan necia!
CHATO
Señor, el viejo más simple
es compuesto de experiencias.
Mejor que tú la conozco;
pues tú puedes conocerla
como a quien parió, mas yo
como si yo la pariera.
Mandamiento de soltura
quiero.
NINIAS
El mandamiento sea
que te hagan una libranza
de cien escudos la renta.
Vase.
CHATO
Mil siglos estés de un lado
en la gloria sempiterna;
y, hasta entonces, ¡oh famoso
Monarca!, vivas dos suegras,
una sobre otra, que es
inmortal supervivencia.
Señor Lisías, ¿quién hace
estas libranzas de renta?
LISÍAS
Acudid a los oficios.
Vase.
CHATO
¿Sabéis vos a dónde sean,
señor Lidoro?
LIDORO
¿De qué
queréis vos que yo lo sepa?
CHATO
¿Sabéis vos hacer libranzas,
señor Frisón?
FRISO
Quita, bestia.
CHATO
¿Y vos, señor Licas?
LICAS
Loco,
aparta.
CHATO
¿Hay cosa como ésta?
Mas, qué me admiro si son
las mercedes palaciegas
jubileo, y no se ganan
sin hacer las diligencias.
Vase.
LICAS
Ya, Friso, que los dos solos
hemos quedado, tus penas
hoy con mis felicidades
alivio y reparo tengan,
bien así como dos plantas,
que los naturales cuentan
que son cada una un veneno,
y estando juntas se templan
de suerte, que son entonces
la medicina más cierta.
Si tú estás triste, yo alegre;
si de pérdida estás, piensa
que estoy de ganancia yo:
partamos la diferencia
entre los dos, porque así
tristeza ni alegría puedan
descomponernos, mezclando
mi alegría y tu tristeza.
Tu cargo me han dado; nunca
más tuyo ha sido, pues...
FRISO
Deja
de consolarme, porque es
decir, quien a otro consuela,
que siente; y yo en esta parte
no hay sentimiento que tenga.
Ni que tú seas dichoso,
ni que desdichado sea
yo, podrán hacer jamás
que, postrada mi soberbia,
ni aun con el semblante diga
que eso estime ni esto sienta.
Hijo de la guerra soy,
y sabrá darme la guerra
ocasiones en que Ninias
conozca que esta sangrienta
cuchilla es rayo tan fuerte
que ningún laurel respeta,
y podrá ser que amenace,
tal vez, el de su cabeza.
LICAS
Calla, calla, no pronuncies,
Friso, razón tan ajena
a tu obligación, tu sangre,
tu valor y tu nobleza.
Ninias es Rey natural
de Siria, y a su obediencia
has de estar más fino cuanto
más quejoso.
FRISO
Eso se cuenta
de muchas maneras, Licas.
LICAS
La pasión, Friso, te ciega,
y no quiero que te arrojes,
irritada la paciencia
con la oposición, a que
a decirlo otra vez vuelvas.
Tu hermano soy y tu amigo;
alma, honor, vida y hacienda,
todo es tuyo; mientras yo
felice soy, no te tengas
por infelice, pues tú
aún más que yo en mí gobiernas.
Esto ha de entenderse en cuanto
como quien naces procedas,
que si tropiezan tus pies
donde desbarre tu lengua,
ni tu hermano ni tu amigo
seré; porque considera
que también es esta espada
rayo que nada reserva,
y podrá ser que se manche
tal vez en tu sangre mesma.
Vase.
FRISO
Quien no teme a la fortuna
sus iras, ¿quieres que tema
tus amenazas? Pues yo,
aunque ruinas me prevengas,
he de buscar ocasiones
en que toda Siria vea
que sé vengar mis agravios
y sé sentir mis ofensas.
¿Batria rebelada siempre
no está? Pasaréme a ella,
y, como ladrón de casa,
haré a Babilonia guerra,
que hoy no hay defensa, pues hoy
Semíramis no gobierna.
Por ella y por mí las armas
he de tomar, porque vea
un joven Rey que vasallos
como yo no se desprecian.
La fama a voces dirá,
llena de plumas y lenguas,
cuando le pregunte el viento:
«¿Quién quitó de la cabeza
el laurel a Ninias?...».
FLORA en lo alto.
FLORA
Friso.
FRISO
¡Qué escucho! ¿Tan pronto empieza
ya la fama a publicarlo,
que aun no aguarda a que suceda?
FLORA
Friso.
FRISO
Mi nombre otra vez
escuché. ¿Si de mi idea
fue ilusión? Nadie se mira.
FLORA
Hacia aquesta parte llega.
FRISO
De aquel cuarto de las damas
una ventana entreabierta
está, y de allí me han llamado.
Oh tú, quienquiera que seas,
¿qué me mandas?
FLORA
¿Estáis solo?
FRISO
Sí, que nadie hay que hacer quiera
compañía a un desvalido.
Echa un papel.
FLORA
sea hacer lo que se os manda,
sin que ninguno lo entienda,
que os va el honor y la vida.
FRISO
¿Quién vio enigma como ésta?
Una mano solamente
vi que rompió de la reja
la clausura para darme
este papel. Cuyo sea
no sé, porque es en amor
tan desdichada mi estrella,
como en las demás fortunas;
o, si no, dígalo Astrea,
a quien, tan aborrecido,
he adorado. Fácil nema
a quien dio tantos secretos
nuestra confianza necia,
pues se fía de unas guardas
tan fáciles de romperlas,
di cúyo eres. No trae firma,
y dice de esta manera:
«Una mujer afligida
que poco a su estrella debe,
de vos a fiar se atreve
fama, ser, honor y vida.
Y pues se fía de vos,
venid a verla, que abierta
del jardín tendréis la puerta
esta noche. Guárdeos Dios».
¿Qué he de hacer en el empeño
de una confusión tan nueva?
Mas ¿qué pregunto? ¿La duda
no es de mi valor ofensa?
¿Cómo me puedo excusar
de la obligación y deuda
en que una mujer me pone,
diciendo que a mi nobleza
ser, honor y vida fía?
Y así, esta noche iré a verla;
que aunque no sepa quién es,
que es mujer basta que sepa,
y que se ampara de mí,
para que arriesgue por ella
también ser, honor y vida,
ya que la Naturaleza
les dio tales privilegios
sobre las acciones nuestras,
que, aun primero que a amarlas,
nos obliga a obedecerlas.
Vase.
Salen por una puerta LIBIA y ASTREA y, por otra, NINIAS, solo.
ASTREA
Ya que la Reina, ¡ay de mí!,
dejarse ver no ha querido
del Rey, y que él despedido
vuelve a pasar por aquí,
aquí Libia has de quedarte,
mientras yo a su majestad
llego a hablar.
LIBIA
De mi amistad
sabes que puedes fiarte.
ASTREA
Avisa si alguien viniera,
que no quiero que me vea
nadie con él.
NINIAS
Bella Astrea...
ASTREA
Más felicidad no espere
quien ha merecido aquí
llegar tu mano a besar.
NINIAS
Libia, escucha; ¿podré hablar
delante de Libia?
ASTREA
Sí.
NINIAS
Pues antes, divina Astrea,
que yo entrase aquí, sabía
que Semíramis no había
de permitir que la vea;
pero quise con aquella
ocasión entrar aquí
por verte, mi bien, a ti,
más que por hablarla a ella.
Pero ¿qué es esto? ¿En el día
que a ser más dichoso empieza,
son muestras de tu tristeza,
parabién de mi alegría,
tus lágrimas, al mirar
mis felicidades?
ASTREA
Sí,
que haber lágrimas oí
de placer y de pesar.
En mí no he llegado a ver
todo, pues, cuando te adoro
como Rey y amante, lloro
de pesar y de placer.
De placer, señor, por verte
dueño del mayor trofeo;
de pesar, porque me veo
indigna de merecerte.
Y así, entre gustos y enojos,
doy a lisonjas y agravios
el parabién con los labios
y el pésame con los ojos.
NINIAS
¿Pudiste nunca ignorar
que era Príncipe heredero
de Siria?
ASTREA
No, y a eso quiero
que responda un ejemplar.
Ninguno ignora, señor,
que su amigo o que su hermano
es mortal: aquesto es llano;
pero ninguno el rigor
de serlo llega a sentir,
tan anticipadamente,
que dé a entender que lo siente
hasta que le ve morir;
porque, en fin, hasta aquel día
no le pierde; así, aunque no
ignore, gran señor, yo,
que mi Rey eras, no hacía
tan anticipado acuerdo
como el que ahora haciendo estoy,
que si hoy llega el caso, hoy
es el día que te pierdo.
NINIAS
Aunque es verdad que en la calma
del morir se ve perdida
la acción de aquello que es vida,
no el ser de aquello que es alma.
Alma ha sido en mí mi amor,
luego no la habrá mudado
el haberse hoy elevado
a esfera más superior.
Y así, pues hoy llego a verme
tan rendido, no llegó
de llorarme el día, pues no
llegó el día de perderme.
No llores, mi bien, mi cielo,
mira que pesar me das.
ASTREA
¡Qué tarde, señor, podrás
mejorar mi desconsuelo
no siendo tan necia yo,
que no conozca, ay de mí,
que este día te perdí!
NINIAS
¿Por qué, Astrea?
ASTREA
Porque no
pueden dos desigualdades
tales poner proporción.
NINIAS
Amor es Dios, y no son
distantes dificultades
la de una ilustre vasalla
y de un Rey enamorado.
Y cree de mi cuidado
que si cobarde se halla
en declararse, es porque
no añada mi voluntad
novedad a novedad.
Yo, mi bien, me casaré.
Déjame entablar primero
en el Reino, que no ignoro
de la fe con que te adoro
la verdad con que te quiero,
Astrea; y cuán tuyo soy
sepa después tu amoroso
pecho, pues de ser tu esposo
mano y palabra te doy.
ASTREA
Y yo a tus plantas rendida,
por amor y por respeto,
una y mil veces la ace[p]to
con el alma y con la vida.
Arrodíllase, y él la alza.
NINIAS
¿Qué haces?
ASTREA
Este lugar tienen
por centro las glorias mías.
LIBIA
Licas, señor, y Lisías
entrando a esta sala vienen.
ASTREA
Pues que yo me ausente es bien,
por desvelar su sospecha.
NINIAS
Vete, que yo la deshecha
haré con Libia también,
dando a entender que ella fue
con quien hablaba yo aquí.
Vase ASTREA.
LIBIA
¿Pues no basta que de mí
te sirvas, señor, en que
te avise, sino querer
que padezca ahora yo
malicias de lo que no
he llegado a merecer?
NINIAS
Esto importa, y no te has de ir.
LIBIA
Suéltame, señor, la mano.
Advierte...
NINIAS
Porfías en vano.
Salen LICAS y LISÍAS.
LICAS
Aparte.
¿Esto es mirar, o morir?
LISÍAS
Señor...
LICAS
Aparte.
¡Qué extraños recelos!
NINIAS
¿Qué queréis?
LISÍAS
Licas y yo
venimos...
LICAS
Aparte.
¿Quién jamás vio
tan cara a cara sus celos?
LISÍAS
...buscándote, porque ha habido
una grande novedad.
NINIAS
El ingenio y la beldad
de Libia aquí divertido
me tenía con contarme
la tristeza con que está
Semíramis; tal que ya
aun a mí no quiere hablarme.
Decidme vos, ¿cuál ha sido
esa novedad?
LISÍAS
Señor,
Licas la dirá mejor,
que es quien la carta ha tenido.
LICAS
De Lidia un propio ha llegado
y Irán, señor, me previene,
de Lidoro hijo, que viene
con grande ejército armado
a ponerle en libertad,
cuya multitud extraña
la más desierta campaña
vuelve poblada ciudad.
NINIAS
¿Qué haremos para que haya
medio en tan grandes extremos?
¿No será bien que le demos
libertad y que se vaya?
LISÍAS
En ningún tiempo, señor,
te importa tenerle preso
más que ahora, que, a tanto exceso,
la seguridad mayor
la vida suya ha de ser.
NINIAS
Dices bien; mas yo quisiera
que guerra en Siria no hubiera.
LISÍAS
Pues no lo des a entender,
que aunque el natural temor
en todos obra igualmente
no mostrarle es ser valiente,
y esto es lo que hace el valor.
NINIAS
Venid conmigo los dos,
que los dos habéis de ser
los que habéis de disponer
el suceso. Libia, adiós.
Vanse NINIAS y LISÍAS.
LICAS
Aunque el Rey me espere, hablar
tengo; que celos que nacen
bastardos hijos de amar,
son tan vanos que se hacen
en cualquier parte lugar.
LIBIA
Pues antes que me hables, deja
que responda a la intención
con que tu labio se queja,
porque la satisfacción
salga al camino a la queja.
LICAS
¿Qué satisfacción, si ha sido
la queja de calidad
tal, que no le ha permitido,
supuesto que divertido
de tu ingenio y tu beldad
el Rey estaba, y yo vi
que tu hermosa mano aquí
fue, tiranamente aleve,
para él áspid de nieve
y de fuego para mí?
LIBIA
La razón de tus enojos
no te la puedo negar;
mas los celos traen anteojos
de aumento con que engañar
a la ambición de los ojos.
LICAS
¿Puede ser que engaño sea
lo que vi?
LIBIA
¿No puede ser?
LICAS
No, ni que yo te lo crea.
LIBIA
Pues si no lo has de creer,
no te lo diré...
LICAS
¿Qué?
LIBIA
...que Astrea
es a la que el Rey amó,
que hablaba con él aquí;
que como a su padre vio
venir, se retiró y yo
deshecha de su amor fui.
Viendo, pues, que tú venías
también, señor, con Lisías,
quise irme; pero en vano,
porque fue del Rey la mano
rémora a las plantas mías.
Esta es la verdad; si en nada
satisface mi beldad,
eso mismo te persuada...
LICAS
¿A qué, Libia?
LIBIA
A que es verdad,
supuesto que es desdicha.
LICAS
Libia, ni verdad la creo,
ni desdicha la dudo;
mas sólo saber deseo
si lo que escucho ser pudo
más cierto que lo que veo.
Aquello vi, esto escuché;
luego licencia tendré
de apelar a la experiencia.
LIBIA
Yo te doy esta licencia.
LICAS
No, no, yo la tomaré.
Lince ya en las pasiones,
las palabras, las acciones
del Rey es bien que yo vea,
y en sabiendo que es Astrea
dueña de sus atenciones,
más constante volveré.
A ella es razón que acuda,
que una celosa violencia
tarde de costumbres muda
y sufrirá la evidencia.
LIBIA
Yo me holgaré de que sea
crisol el amor de Astrea
que examine esta verdad.
LICAS
¡Con cuánta facilidad
hará que yo se lo crea!
LIBIA
¿Por qué?
LICAS
Porque estriba en ella
mi vida, porque se halla
mi felicidad en vella,
y porque voy a buscalla
con ánimo de creella.
Vanse.
Vanse.
Salen FLORA y FRISO.
FLORA
Pisa con silencio.
FRISO
Apenas
darán, entre sombras tantas,
mudas señas de mis plantas
las flores ni las arenas
de aquestos jardines; pues
bandos distantes se han hecho
todo el valor en el pecho,
todo el temor en los pies.
FLORA
No me pierdas, ven tras mí.
FRISO
Desde que al jardín llegué
desde que en su esfera entré,
y desde que te seguí,
grande espacio hemos andado,
y no sufre el corazón
padecer la dilación
de tan penoso cuidado
un instante más, porque
ya es un siglo cada instante.
No, pues, dos veces amante
quieras, señora, que esté.
Dime si eres quien mandó
que a verte viniese aquí
y el papel me arrojó.
FLORA
Sí.
FRISO
¿Y eres quien me llama?
FLORA
No.
FRISO
Pues no me dilates más
el declararme quién fue...
FLORA
Quédate aquí solo, que
presto, Friso, lo verás.
Vase.
LICAS
Confusa, pálida sombra,
del pasmo, el susto, el pavor,
madre infeliz cuyo horror
atemoriza y asombra,
dime dónde me ha traído
mi loca temeridad,
y a tu atezada deidad,
diosa del sueño y olvido,
un templo fabricaré
de negro jaspe funesto,
de triste ciprés compuesto
el altar, y en él pondré
de negro azabache una
imagen tuya, tan bella
que, trémulamente, de ella
sea lámpara la Luna,
en cuyas aras presumo
que arda, por más pompa y fausto,
sin llamas el holocausto,
por no dejar de hacer humo.
Dime, pues, dándome indicio
de que piadosa te ofreces
y de que el voto agradeces
mientras llega el sacrificio:
¿adónde estoy?, ¿quién me llamó
y quién esta mujer fue?
SEMÍRAMIS de luto, con luz y un velo.
SEMÍRAMIS
Yo, Friso, te lo diré.
FRISO
Pues, decidme, ¿quién fue?
SEMÍRAMIS
Yo.
FRISO
Ya es otra la duda mía,
viendo que en aqueste punto
a la noche le pregunto
y me lo responde el día.
¿Vos sois la que me llamáis?
SEMÍRAMIS
Yo os escribí aquel papel.
FRISO
¿Pues cómo decís en él
que honor, vida y ser fiáis,
señora, de mi valor
como mujer afligida?
SEMÍRAMIS
Porque mi honor, ser y vida,
ni es ser ni vida ni honor,
y de vos fiarlo intento,
porque sé que me servís
sólo vos.
FRISO
Bien lo advertís.
¿Qué mandáis?
SEMÍRAMIS
Estadme atento.
Yo... Mas primero que aquí
mi pecho os descubra osado,
decidme vos si restado
tendréis valor para...
FRISO
Sí.
SEMÍRAMIS
¿Pues cómo de aqueste modo,
antes de oír para qué,
me respondéis?
FRISO
Porque sé
que le tengo para todo.
SEMÍRAMIS
¿Y daisme palabra hoy?...
FRISO
Sí, señora.
SEMÍRAMIS
¿Antes de oír
de qué?
FRISO
Sí, que esto es decir
que para todo os la doy.
Y, porque confuso lucho,
cuanto imaginéis ofrezco
hacer, y, si oírlo merezco,
decid.
SEMÍRAMIS
Escuchad.
FRISO
Ya escucho.
SEMÍRAMIS
Yo, de Nino mujer y de él viuda,
reiné en Siria.
FRISO
Mi pecho no lo duda.
SEMÍRAMIS
Corrió voz que alevosa
muerte le di.
FRISO
La envidia es maliciosa.
SEMÍRAMIS
Con esta acción Lidoro
a Babilonia vino.
FRISO
No lo ignoro.
SEMÍRAMIS
Díjome que, cruel, tiranizaba
a mi hijo el laurel.
FRISO
Presente estaba.
SEMÍRAMIS
Por él envié al instante.
FRISO
Que vino sé también, pasa adelante.
SEMÍRAMIS
Vencí a Lidoro en singular batalla.
FRISO
Tu peine lo dirá, no hay que acordalla.
SEMÍRAMIS
Volviendo victoriosa,
hallé...
FRISO
Nobleza y plebe sospechosa.
SEMÍRAMIS
De Ninias esparcido el nombre al viento.
FRISO
Aun ahora parece que lo siento.
SEMÍRAMIS
Del aplauso ofendida...
FRISO
Ya lo sé, que el dolor nunca se olvida.
Hasta aquí sé de tus desdichas graves.
SEMÍRAMIS
Pues oye desde aquí lo que no sabes.
Si al corazón que late en este pecho
todo el orbe cabal le vino estrecho,
¿qué le vendrá un retrete tan esquivo
que tumba es breve a mi cadáver vivo?
Yo, Friso, arrepentida
de verme, tan a costa de mi vida,
en mí misma vengada,
vivo, si esto es vivir, desesperada.
Esta quietud me ofende,
matarme aquesta soledad pretende,
angústiame esta sombra,
este temor me asombra,
esta calma me asusta,
esta paz me disgusta,
y este silencio, en fin, tanto me oprime
que a un fatal precipicio me comprime.
Yo, pues, no quepo en mí, y con nueva cisma
solicito explayarme de mí misma.
Si con fiera arrogancia
me declaro, es faltar a la constancia
que prometí, del Reino haciendo ausencia,
y es poner el laurel en contingencia,
cuando con señas de mi esfuerzo viles
ahora mueva yo guerras civiles.
Y así, Friso, procuro
en la industria hallar medio más seguro;
pero, antes que la industria te declare,
dile a tu admiración que no se pare,
que volando en ajenas alas venga
cuando las suyas desplomadas tenga;
porque es preciso hallar, en esta parte
juntos, el hablar yo y el admirarte.
Ninias es mi retrato;
pues con sus mismas señas robar trato
la majestad que, sin piedad alguna,
ladrona me he de hacer de mi fortuna.
A este efecto ya tengo prevenidos
adornos a los suyos parecidos,
porque aun las circunstancias más pequeñas
no puedan desmentirnos en las señas.
A este efecto en aqueste vil retiro,
donde un suspiro alcanza otro suspiro,
del femenil adorno haciendo ultraje,
me he ensayado en el traje
varonil, porque en nada
me halle la novedad embarazada.
Este luto funesto
pudiera asegurártelo bien presto,
pues hipócrita es, que triste encubre
la vanidad que de modestias cubre.
A este efecto también me he retirado
con tanta autoridad, tanto cuidado,
por tener hecha ya la consecuencia
de que ninguno llegue a mi presencia.
La industria dije ya, pues oye el modo,
para que de una vez lo sepas todo.
Ya he dicho que ladrona
he de ser de su cetro y su corona;
para robo tan grave,
el paso me asegura aquesta llave.
No hay en todo palacio
tan retirado espacio
que no registre, y más el cuarto suyo;
pues por un caracol secreto, arguyo
que, ya vencido el miedo
con haberlo pensado, llegar puedo
del Rey al cuarto. Cuando
las sombras de la noche sepultando
su vida estén en el silencio mudo
de su sueño, no dudo
que, tapando su boca
con los fáciles nudos de la toca,
podré, ciego, traerle
donde el Sol otra vez no llegue a verle,
en su lugar quedando
yo, desmentido el sexo, gobernando.
Una dificultad hay solamente,
y es que dé voces; ésta fácilmente
la he de salvar con que un retrete tengo
que para prisión suya le prevengo
donde, aunque a voces con sus penas luche,
no es posible que nadie las escuche.
Para tan grande empeño
me he de valer de ti, después del sueño;
porque sola no fuera
posible que yo a tanto me atreviera;
que aunque es verdad que Licas me ha debido
más afecto que tú...
Aparte.
(Pierdo el sentido
cuando de ellos me acuerdo,
y aun el juicio es poco que no pierdo.)
Viéndote a ti más fino
conmigo, en la opresión de mi destino
de ti quise fiarme,
de ti, Friso, valerme y ampararme.
Mujer soy afligida.
Pues vivo sin reinar, no tengo vida.
Mi ser era mi Reino,
sin ser estoy, supuesto que no reino.
Mi honor mi imperio era,
sin él, honor no tengo; de manera
que a tus plantas rendida,
fío de ti mi honor, mi ser, mi vida.
FRISO
Si desde el mismo instante
que conocí tu espíritu arrogante
no me ofrecí a servirte,
fue, señora, por no dejar de oírte,
sacando en tan extraño
caso de cada voz un desengaño.
Tuyo soy, tuyo he sido,
de mi elección estoy desvanecido.
Y sólo te respondo,
cuando a quien soy osado correspondo,
que, pues la noche ya caduca baja
empañada en su lóbrega mortaja
declinando en bostezos y temblores
la primera lección de sus horrores,
hasta el cuarto, pasemos
del Rey, no porque nada efectuemos,
sino porque veamos
en qué disposición su gente hallamos,
para ir previniendo
el dónde, el cómo y cuándo.
SEMÍRAMIS
Ya te entiendo.
Y la respuesta sea
apagar esta llama: así se vea
cuánto, deslumbradas, mis locuras
aborrecen la luz y obran a escuras.
Ven ahora conmigo,
que yo te he de ayudar.
FRISO
Tus pasos oigo.
Aparte.
Cumpliose mi esperanza:
trujo el cielo a mis manos la venganza.
SEMÍRAMIS
Ven, no temas, que cuando no consiga
el intento, me basta que se diga
que lo emprendí. El concepto de mi idea
escándalo de todo el mundo sea.
Vanse.
LISÍAS, con luz, y CHATO.
LISÍAS
¿Cómo vos estáis aquí
a estas horas?
CHATO
Mi oficio es éste.
LISÍAS
¿Vuestro oficio allá en la caza
el ejercicio no tiene?
CHATO
Concedo.
LISÍAS
¿Pues cómo lo es
el entrar en el retrete
del Rey a esta hora?
CHATO
Escuchadme,
responderé en forma y breve:
alimentar es mi oficio
los perros.
LISÍAS
Pues bien, ¿qué tiene
que ver eso con entrar
aquí?
CHATO
Ahora lo veredes.
Mandome el Rey cien escudos;
ninguno escribirme quiere
la libranza; siendo así
que ha sido, señor, aqueste
un puesto que el Rey me ha dado,
¿buscarle aquí no conviene,
para darle cuenta de él
siempre que me la pidiere?
LISÍAS
¡Qué necedades! Por vida
del Rey...
Sale LICAS.
LICAS
¿Qué rumor es éste?
LISÍAS
Ese loco, ese villano,
que aquí se ha entrado.
LICAS
¿Qué quieres,
Chato, aquí?
CHATO
Lo dicho, dicho;
no he de decirlo dos veces,
que es contra el arte, y habrá
un crítico que lo enmiende.
LICAS
Vete de aquí.
CHATO
Yo me iré.
En palacio, finalmente,
toda es gente honrada, pero
mi libranza no parece.
Vase.
LISÍAS
¿Qué hace el Rey?
LICAS
Medio desnudo
quiso ver unos papeles,
y dormido se ha quedado
sobre ellos y el bufete;
que ésta es la señal que sólo
dan de mortales los Reyes.
Yo, aunque conozco que ya
es hora de recogerse,
no me atrevo a despertarle,
por el gusto con que duerme.
LISÍAS
Bien has hecho. La cortina
le corre, hasta que despierte
y llame.
LICAS
Confuso estoy,
Lisías.
LISÍAS
¿De qué?
LICAS
De verle
de un ánimo tan cobarde;
no sé cómo se lo enmiende.
En eso habemos de hablar.
LISÍAS
Salgámonos del retrete;
conferiremos los dos
cómo corregirse puede
este defecto, que en él
ha sido natural siempre.
LICAS
Decís bien, porque entre sueños
algunas veces se entiende
lo que se habla.
LISÍAS
Él llamará,
si despertare.
LICAS
Aparte.
¡Qué fuerte
pasión es la de los celos!
¿Si el Rey ama a Libia?
LISÍAS
Tente;
dejémosle reposar.
LICAS
¡Oh!, quiera el Ciclo que llegue
tiempo en que me desengañe
de dudas tan inclementes.
Vanse los dos y salen SEMÍRAMIS y FRISO.
FRISO
Rumor ninguno se oye
en todo el cuarto.
SEMÍRAMIS
Ya debe
de estar recogido.
FRISO
No hace;
que allí vestido se ofrece
en una silla dormido.
SEMÍRAMIS
Mucho extraño que le dejen
tan solo.
FRISO
Pues, por si acaso
ha sido descuido éste,
y no sucede otra vez,
logrémosle hoy que sucede.
SEMÍRAMIS
En un pensamiento estamos.
FRISO
Las grandes acciones suelen
hacerse acaso mejor
que cuando se piensan. ¿Quieres
que boca y rostro le tape
para que no conocerme
pueda ni pueda dar voces,
y a tu cuarto me lo lleve?
SEMÍRAMIS
Sí; toma aqueste cendal,
y mientras que tú lo prendes
cerraré esta puerta yo,
porque nadie a tiempo llegue
que nos estorbe; que, luego,
disculparé fácilmente
haberla cerrado, como
una vez la acción se acierte.
FRISO
Pues a cerrar tú la puerta,
y yo, señora, a prenderle.
SEMÍRAMIS
Fortuna, si a los osados
se dice que favoreces,
yo lo soy.
FRISO
Infeliz joven,
tu desdicha te condene
a esta prisión de mortal,
puesto que eres Rey y duermes.
SEMÍRAMIS cierra la puerta, FRISO entra dentro, suena ruido y cae el bufete.
NINIAS
Dentro.
¡Ay de mí!, ¿qué es esto?
FRISO
Dentro.
Es
un traidor leal, que ofende
a su Rey con la disculpa
de que a su Reina obedece.
NINIAS
¡Licas! ¡Lisías!
SEMÍRAMIS
En vano
con él aquí te detienes,
llévalo presto a mi cuarto.
Entra FRISO y NINIAS en los brazos y con vestido parecido, cubierto el rostro.
FRISO
¡Qué mal de mí te defiendes!
LICAS
Dentro.
Pasos y ruidos escucho.
LISÍAS
Dentro.
Dentro entremos.
SEMÍRAMIS
Gente viene.
LISÍAS
Dentro.
Cerrada la puerta está.
LICAS
Dentro.
¿Quién hay dentro que la cierre?
SEMÍRAMIS
Aparte.
Perdí la ocasión mejor,
puesto que no puede hacerse
tan sin ruido que allá fuera
no le sientan.
LISÍAS
Dentro.
¿Qué pretendes?
LICAS
Dentro.
Abrir la puerta y entrar
a ver qué rumor es éste.
Golpes.
SEMÍRAMIS
¡Ay de mí!, ¿qué puedo hacer?
Aunque no abra, es fuerza que entren,
pues ya la puerta derriban.
LICAS
Dentro.
¿Cómo a mi fuerza rebelde
tanto estás, porfiado cedro?
SEMÍRAMIS
Si me voy y cuando lleguen
no hallan a nadie, es hacer
que algo en mi daño sospechen;
si llegan a verme aquí
y a Ninias no, inconveniente
es mayor; todo el valor
y el ingenio lo remedie.
Desnúdase y queda en jubón.
Adiós, femenil modestia,
que de esta vez has de verte
desnuda de tus adornos,
aunque en los ajenos quedes.
Esconderé aquestas ropas;
depositadas se queden
debajo de aqueste lecho.
Entran todos.
LICAS
A ser el muro más fuerte,
te rindieras a mis golpes.
LISÍAS
Señor, ¿qué rumor es éste?
SEMÍRAMIS
Ninguno; al sueño rendido
estaba, y él, entre leves
fantasías, me obligó
a que alterado despierte,
y, así, con aquel furor,
tropecé y cayó el bufete.
LICAS
¿Luego aquí ninguno andaba?
SEMÍRAMIS
No.
LISÍAS
Pues dime: ¿cómo tienes
por de dentro aquesta puerta
cerrada?
SEMÍRAMIS
Como yo al verme
con el vapor de aquel sueño
cerré temerosamente;
propio efecto de un temor
obrar lo que antes ofrece.
LICAS
¡Que no pueda hacer contigo
que no digas que le tienes!
LISÍAS
Aunque a tu voz dar es fuerza
crédito, a mí me parece
que jurara que había oído
pasos y habla de más gente.
SEMÍRAMIS
Yo solo estaba.
Sale FRISO.
FRISO
Ya queda...
Aparte.
Mas, ¡ay de mí, qué imprudente
volví!
LICAS
Un hombre allí llegó,
y, al vernos, la espalda vuelve.
SEMÍRAMIS
¿Hombre aquí? No, no es posible.
LICAS
Ya es fuerza verlo. ¿Quién eres?
FRISO
Yo soy, Licas.
LICAS
¿Pues tú aquí?
LISÍAS
¡Grave mal!
SEMÍRAMIS
¡Empeño fuerte!
LICAS
Traidor hermano...
SEMÍRAMIS
Pues, Friso,
¿vos sois? Matadle, prendedle.
Aparte, a FRISO.
No temas, que hacer ahora
esta deshecha conviene.
LICAS
Yo sacaré de mi sangre
el escrúpulo...
FRISO
Detente;
que en sabiendo el Rey a qué
y por dónde entré, me tiene
que agradecer, no culpar.
LICAS
Dilo, pues.
FRISO
A él solamente
he de decirlo.
SEMÍRAMIS
Apartaos
todos porque solo llegue.
Friso, ¿dónde queda Ninias?
FRISO
Encerrado en el retrete
prevenido para él.
SEMÍRAMIS
¿Viole alguien?
FRISO
Solamente
Flora, de quien te has fiado.
¿Qué ha habido acá?
SEMÍRAMIS
Mil crueles
sospechas; pero ya todas
mi ingenio las desvanece,
porque ya ninguna toca
en lo principal, pues creen
que soy Ninias.
FRISO
Y di, ¿ahora
tengo de dejar prenderme?
SEMÍRAMIS
No, ya lo remediaré.
FRISO
¿De qué suerte?
SEMÍRAMIS
De esta suerte.
¡Oh, Friso!, dame los brazos,
pues hoy la vida me vuelves.
LICAS
¿Qué es aquello?
LISÍAS
El Rey le abraza.
SEMÍRAMIS
¿Qué os admira? ¿Qué os suspende?
Todo el enojo con Friso
en agrado se convierte.
Semíramis, que, en fin, es
madre y como así me quiere,
me envía con él un aviso,
en que me dice y me advierte
de quién me debo guardar
y de quién fiarme. A este
fin por su cuarto a esta hora
quiso que, secretamente,
bajase; y así, desde hoy
más atentos y prudentes
vivid todos, porque sé
quién me sirve y quién me ofende.
LICAS
Señor, ¿pues quién?...
SEMÍRAMIS
Esto basta
que os diga por ahora, y cesen
sospechas, que, aunque con todos
hablo, sólo uno me entiende.
Tomad esa luz, entrad
a acostarme.
Aparte.
El mundo tiemble
de Semíramis, pues hoy
otra vez a reinar vuelve.
Vase.
LICAS
¿Qué le habrá dicho?
LISÍAS
No sé.
LICAS
Mas si la Reina le advierte
algo, será de los dos.
LISÍAS
Temblando quedé de verle
airado.
LICAS
¡Extraña mudanza!
Friso, ¿qué secreto es éste
que al Rey has dicho?
FRISO
Bien grande.
LICAS
¿Pues no podré yo saberlo?
FRISO
¿No basta que sepas, Licas,
que, si cual noble procedes,
tendrás hermano y amigo
en mí? Pero, si no, atiende
que soy quien soy y este acero
sabrá a un hermano dar muerte.

Jornada III

Salen FRISO, por una puerta y, por otra, LICAS.
FRISO
Bien va sucediendo todo.
No hay en la Corte quien haya
entrado en malicia alguna
de pensar que Ninias falta.
No en vano Naturaleza
dejó una vez de ser varia
para gran fin; que, en fin, es,
aun en los errores, sabia.
LICAS
Extrañose el Rey anoche
conmigo, porque tirana
Semíramis le avisó
de no sé qué que no alcanza
mi discurso, siendo Friso
tercero de mi desgracia.
Lo que le dijo no sé,
porque aun de mí lo recata.
¿Qué será?
FRISO
¡Oh, Licas!
LICAS
¡Oh, Friso!
Quejoso estoy de que haya
en ti para mí secreto,
y más de tanta importancia.
¿Qué dijiste al Rey anoche
cuando entraste por la cuadra
de Semíramis? Que temo
que, de mí quejosa, traza
descomponerme con él,
según dijo su mudanza.
FRISO
Los secretos de los reyes,
Licas, tienen fuerza tanta,
que el silencio los ignora,
con ser él el que los guarda.
Un secreto me fió
Semíramis que llevara;
ya se me olvidó cuál era.
Lo más que la confianza
puede permitir que diga,
es decir que una palabra
sola de ti no la dije,
y esto que te digo basta.
LICAS
Que se lo digas o no,
poco, Friso, me acobarda,
porque como yo obre bien
lo demás no importa nada.
FRISO
Muchos obran bien, y son
sus fortunas desdichadas.
LICAS
La desgracia nunca es culpa.
FRISO
Sí, pero siempre es desgracia.
DENTRO
¡Plaza, plaza!
LICAS
Ya el Rey sale
dando audiencia.
[VOCES]
Dentro.
¡Plaza, plaza!
Salen algunos con memoriales; el SOLDADO I.º, CHATO y luego SEMÍRAMIS, y detrás, LISÍAS. Hincan las rodillas.
SEMÍRAMIS
Aparte.
Mil gracias te doy, oh bella
deidad, protectora mía,
al ver cuánto en este día
has mejorado mi estrella.
Una y mil veces por ella
mi vida a tu culto ofrezco,
que, pues que por ti merezco
ver que aplauso tan altivo
segunda vez le recibo,
segunda vez le agradezco.
Los que contra mí siguieron
ayer el bando, son hoy
los mismos de quien estoy
idolatrada. Pues fueron
tales mis dichas que vieron
estos aplausos, mudar
con industria singular
todos los puestos espero;
que si no hago lo que quiero,
¿de qué me sirve reinar?
UNO
Señor, un pobre soldado...
SEMÍRAMIS
El memorial; esto basta.
OTRO
Criado fui, señor, de Nino,
a quien serví edades largas.
SEMÍRAMIS
Está bien.
OTRO
Ante vos pido
justicia de quien me agravia.
SEMÍRAMIS
Yo lo haré ver.
Aparte.
¡Cuánto, Cielos,
esta vanidad me agrada!
¡Oh, qué gran gusto es mirar
tantas gentes a mis plantas!
SOLDADO I.º
Señor, Vuestra Majestad
me hizo merced que gozara
en tributos de Ascalón
un sueldo por mis hazañas;
Lisías, que está presente,
en el despacho repara.
SEMÍRAMIS
¿Por qué Lisías?
LISÍAS
Señor,
¿ya no te dije la causa?
SEMÍRAMIS
Sí; mas ya no me acuerdo bien,
como acudo a cosas tantas.
SOLDADO I.º
Yo, señor, lo diré. El día
que por Babilonia entrabas
tu nombre aclamé el primero,
repitiendo en voces altas:
«¡Viva Ninias, nuestro Rey!».
Y tomé por ti las armas;
por esto merced me hiciste.
LISÍAS
Y yo, que no se la hagas
estorbo a hombre sedicioso,
y que pudo allí ser causa
de perderse toda Siria,
al no haber con tal constancia
tomado tan grande acuerdo
como vivir retirada
Semíramis.
SEMÍRAMIS
¿Tú, en fin, fuiste
el primero que me aclama?
SOLDADO I.º
Sí, señor; y yo libré
de la injusta, la tirana
sujeción en que tenía
Semíramis nuestra Patria.
SEMÍRAMIS
¿Todo esto te debo?
SOLDADO I.º
Y diera
por ti la vida.
SEMÍRAMIS
¡Qué rara
lealtad! ¡Hola!
TODOS
Señor.
SOLDADO I.º
Hoy
grandes venturas me aguardan.
SEMÍRAMIS
Ese soldado llevad,
y de la almena más alta
le colgad para escarmiento
de cuantos en Siria hagan
sediciones y alborotos.
SOLDADO I.º
¿Pues, ayer, no me premiabas?
SEMÍRAMIS
Ayer premié, y hoy castigo;
que, si ayer una ignorancia
hice, hoy no he de hacerla;
diciendo una acción tan rara
que, de lo que errare hoy,
sabré enmendarme mañana.
Llevadle.
LISÍAS
Señor, advierte
que de un extremo a otro pasas.
SEMÍRAMIS
¿Cómo he de obrar, si a ti el premio
ni el castigo te agrada?
LISÍAS
Con el medio.
SEMÍRAMIS
Nunca fue
capaz de medio esta instancia.
U obro mal o bien: si obro
bien, ¿por qué el premio embarazas?
Y, si mal, ¿por qué el castigo?
Y, en fin, atiende y repara
que las públicas acciones
del vulgo debe premiarlas
o castigarlas el Rey;
que en sólo ellas no hay templanza.
LISÍAS
No conozco tus discursos.
SEMÍRAMIS
Neciamente los extrañas;
que ya no soy el que fui;
que el reinar da nueva alma.
Y, así, si piensas que soy
quien piensas, Lisías, te engañas,
porque ya no soy quien piensas,
sino otra deidad más alta.
LISÍAS
En todo te desconozco.
FRISO
Bien claro ha dicho la causa.
CHATO
Aparte.
(Muy bien despachado va;
no le arriendo la ganancia.
A mi libranza me atengo,
merecida por mis guardas
y mis canas.)
A FRISO.
A barrer
me da, gran señor, tus plantas,
puesto que barre y no besa
quien tiene escoba por barba.
SEMÍRAMIS
Chato, ¿pues cómo has dejado
de ser de Lidoro guarda?
CHATO
¡Bueno es eso! Si tú mismo
de la cadena le sacas,
¿cómo por él me preguntas?
SEMÍRAMIS
Dices bien, no me acordaba.
Aparte.
(En todo cuanto dejé
yo dispuesto hallo mudanza.)
¿Qué quieres?
CHATO
Que me confirmes
y firmes esta libranza.
SEMÍRAMIS
¿Qué libranza es ésta?
CHATO
Todo
se te olvida.
SEMÍRAMIS
¿Qué te espanta?
Tengo mucho que cuidar.
CHATO
Pues yo te traeré mañana
un poco de nacardina...
Y, ahora, ésta es la que mandas
que cien escudos de renta
se me sitúen, a causa
del tiempo que como un perro
a la Reina serví en tantas
fortunas, pues la serví
siendo monstruo en las montañas,
siendo dama en Ascalón,
siendo en las selvas villana,
siendo en palacio señora,
y en Nínive Reina. ¡Ah, cuánta
mala condición sufrí
en todas estas andanzas!
SEMÍRAMIS
¿Es mala?
CHATO
Mucho.
SEMÍRAMIS
Ya sé
que esto te ofrecí.
CHATO
A Dios gracias.
SEMÍRAMIS
Pero de aquesta manera
la firmo.
CHATO
¿Por qué la rasgas?
SEMÍRAMIS
Porque estas mercedes son
de los soldados que hayan
servido en la guerra, no
de los juglares que andan
en los palacios medrando,
hecho caudal la ignorancia.
Toma.
Dale con los papeles.
CHATO
¿Así, Cielos, se ofende
a la nieve de estas canas?
¿Para ver estos oprobios,
caduca vejez cansada,
duraste tanto? Llorad,
ojos, regando las blancas
hebras que de lienzo os sirven
en los ojos, de mortaja
en el pecho. ¡Oh, Rey lampiño!,
como no entiendes de barbas
no las honras. ¡A mis días
no llegarás!
SEMÍRAMIS
Calla, calla,
villano; y esa malicia
no se irá sin castigarla.
Llevadle de aquí, y atadle
a él como Lidoro estaba.
CHATO
¡Oigan! ¿Pues qué más hiciera
Semíramis, si reinara?
¿Por qué me han de atar?
SEMÍRAMIS
Por loco.
CHATO
Pues si tú mismo me mandas
que le suelte...
SEMÍRAMIS
No hice tal.
CHATO
Testigos hay en la sala
de que miente Vuestra Alteza,
aunque no me dé libranza.
Llévanle.
LISÍAS
Todo eres rigores hoy.
SEMÍRAMIS
No te admires; que aún te falta
mucho que ver. Friso, ¿cómo
en llegar a hablarme tardas?
FRISO
Como ocupado, señor,
en los despachos estabas...
SEMÍRAMIS
¿Para ti qué ocupación
puede haber?
Hablan entre sí.
FRISO
¿Cómo te hallas?
SEMÍRAMIS
Muy bien; que, en efecto, estoy
servida e idolatrada
de los mismos que quisieron
verse sin mí. Sólo falta
a mis grandezas el gusto
de hacerte merced.
FRISO
Tus plantas
beso mil veces.
SEMÍRAMIS
¿Qué quieres?
Pide.
FRISO
Si de ti llegara
a merecer una dicha,
ella sola fuera paga
de mis deseos.
SEMÍRAMIS
¿Qué es?
Dilo, ¿de qué te acobardas?
FRISO
Astrea, hija de Lisías,
es la deidad que idolatra
mi pecho.
SEMÍRAMIS
Ya te he entendido,
y presto verás con cuantas
veras trato con Lisías
que el desposorio se haga,
y a ella misma la diré
que es mi gusto.
FRISO
Edades largas
vivas.
LICAS
Aparte a LISÍAS.
De aquestos secretos
nacen mis desconfianzas.
LISÍAS
Y las mías; que no sé
qué áspid entre los dos anda.
SEMÍRAMIS
¿Hablaba Licas contigo?
FRISO
Sí, señora.
SEMÍRAMIS
¿De qué hablabais?
FRISO
De temores y recelos
que el ver tu ceño le causa.
SEMÍRAMIS
Hace muy bien en temer,
que ninguno mi venganza
primero examinará,
supuesto que su ignorancia
jamás entenderme supo.
Aparte.
¡Oh injusta, oh vana, oh tirana
pasión! Todavía te estás
en lo secreto del alma;
pero yo te venceré
con silencio.
LICAS
Aparte.
Entre sí habla,
mirándome, el Rey.
SEMÍRAMIS
Aparte.
Memoria,
nada me acuerdes.
LICAS
Aparte.
¡Mal haya
quien quiere vivir atento
al semblante de otra cara,
veleta del corazón
sujeta a cualquier mudanza!
FRISO
¿Diviértente otros empeños?
SEMÍRAMIS
De cuanto he hoy visto, nada
mayor cuidado me ha dado
que ver que Lidoro salga
de su prisión.
Aparte.
(¿Cómo, Cielos,
en esto hablaré, sin que haga
novedad para informarme?
Mas ¿qué me turba ni espanta?
Las generales preguntas
ni se advierten ni reparan.)
Lisías, ¿qué hay de Lidoro?
LISÍAS
Que, como tú, señor, mandas,
está en palacio, debajo
del homenaje y palabra
que te dio.
SEMÍRAMIS
Ya yo sé eso;
lo que pregunto es qué trata.
LISÍAS
Ha sabido cómo Irán,
su hijo, a Babilonia marcha
a ponerle en libertad,
y, al fin, para hablarte aguarda
la audiencia que le ofreciste.
SEMÍRAMIS
Pues al instante le llama;
que quiero saber qué intenta.
LISÍAS
Sí haré, mas, antes que vaya,
una advertencia, señor,
quisiera que me escucharas,
que esta licencia me dan
hoy mi edad y tu crianza.
SEMÍRAMIS
Di.
LICAS
Aparte.
Que no hable el Rey conmigo
ni una tan sola palabra.
LISÍAS
Señor, Lidoro está preso,
y en Babilonia que haya
es fuerza algún confidente
que avisos le lleve y traiga.
No sienta flaqueza en ti,
sino con valor le habla,
para que entre temeroso
el ejército que aguarda.
SEMÍRAMIS
Yo te agradezco el aviso,
y verás, Lisías, con cuánta
diferencia le hablo. Ve
por él.
LISÍAS
Aquí fuera estaba.
Vase.
SEMÍRAMIS
Aparte a FRISO.
¿Hay cosas como decirme
de Lisías la ignorancia
a mí que muestre valor,
Friso?
FRISO
Ignora con quién habla.
LICAS
Aparte.
Pues, por más que el Rey esté
conmigo airado, la extraña
aprensión de su temor
hará que las paces haga,
pues necesita de mí
en esta guerra que aguarda.
Salen LISÍAS y LIDORO.
LIDORO
Dame, gran señor, tu mano.
SEMÍRAMIS
Alza del suelo, levanta.
LIDORO
Ayer, señor, me dijiste
que te dijese la causa
que me obligó a hacer la guerra,
y aunque ésta sola bastaba
para venir hoy a hablarte,
otra novedad extraña,
que ahora he sabido, me trae
con más afecto a tus plantas.
Que por tu padre y por ti
aquella acción intentaba
contra Semíramis, dije,
y fue porque su tirana
condición a un mismo tiempo
a ti y a tu padre quitaba
el Imperio.
SEMÍRAMIS
Espera, espera.
No digas más, calla, calla;
que ya sé lo que me quieres
decir, y es mucha arrogancia,
muy sobrado atrevimiento
el decirme, cara a cara,
indignas malicias que
el vulgo a su honor levanta.
Semíramis es mi Reina,
mi señora y mi madre, y cuantas
sospechas de ella se fingen,
lo mismo a mí que a ella agravian;
porque soy tan hijo yo
de su deidad soberana,
que somos los dos un mismo
compuesto de cuerpo y alma.
Tu ambición te hizo buscar
proposiciones tan falsas.
Loco, bárbaro, atrevido,
ahora sé que te trataba
dignamente como a un bruto,
y aún era poca venganza.
LIDORO
Señor, yo..., si tú...
SEMÍRAMIS
No más.
A esotro discurso pasa
y éste a perpetuo silencio
te condena. Di, y repara...
LIDORO
¿Qué?
SEMÍRAMIS
Que habla mal de mí quien
mal de Semíramis habla.
Di.
LIDORO
Deja que cobre aliento;
que, airado, señor, espantas
más que aficionas afable.
LISÍAS
Aparte.
Bien el fingimiento entabla
del valor que le advertí.
FRISO
Aparte.
¡Qué imprudencia!
LICAS
Aparte.
¡Y qué mudanza!
LIDORO
Yo he sabido que mi hijo
hacia Babilonia marcha.
Si me das, señor, licencia
de que al camino le salga,
sus ejércitos haré
que no toquen en la playa
de Siria; que de volver
a tu prisión la palabra
doy, porque sólo pretendo
pagarte la confianza
que has hecho de mi valor.
SEMÍRAMIS
Con eso otra vez me agravias.
¡Bueno fuera que dijera,
después, de Ninias la fama
que se valió de tus medios
para que no le llegara
un rapaz a poner sitio
o presentar la batalla!
No sólo no quiero valerme
de conveniencias y trazas,
pero porque no se diga
que esta libertad que alcanzas
es temor, por complacerte,
a otra prisión más extraña
te he de reducir, y, luego,
en esas almenas altas
he de poner tu cabeza,
porque vea la arrogancia
de tu gente que la irrito
y no respeto. Y el alba
mañana apenas saldrá
por troneras de oro y nácar,
cuando en busca suya yo
marche; y cuando tu hijo traiga
animados los peñascos
de Lidia, y en las campañas
errantes ciudades sean
sus tropas y sus escuadras,
verás asustarse todos
a un crujido de mis armas.
LISÍAS
Aparte.
¡Qué bien fingido valor!
LICAS
Aparte.
¡Cielos!, ¿quién en Ninias habla?
FRISO
Aparte.
¡Qué confusos están todos!
LIDORO
Aparte.
¿Cobarde a este joven llaman?
Temblando de verle estoy.
SEMÍRAMIS
¿Lisías?
LISÍAS
Señor, ¿qué mandas?
SEMÍRAMIS
Que a Lidoro llevéis preso
a la más oscura estancia
de esta torre de palacio.
LIDORO
Mira, señor, cuánto agravias
tu valor, pues no hay acción
tan indigna, torpe y baja,
como dar para quitar.
Libertad me diste.
SEMÍRAMIS
En causas
que sobrevienen de nuevo,
no hay contrato.
LIDORO
Pues repara
que, si tú en prisión me pones,
del homenaje y palabra
libre estoy, pues ya no estoy
preso sobre confianza.
SEMÍRAMIS
Es verdad; ¿pero qué importa,
si te aseguran los guardas?
Llévanle.
LISÍAS
Dame mil veces los brazos,
que, con la vida y el alma,
te agradezco los esfuerzos
con que aquí a Lidoro hablas.
SEMÍRAMIS
¿He disimulado bien
el temor que me acompaña?
LICAS
¡Así no fuera fingido!
SEMÍRAMIS
No te aflija esa ignorancia,
que tan verdadero es
como lo dirán mañana
los militares estruendos
de trompetas y de cajas.
Ve tú a ver de su prisión
la torre, y a asegurarla;
y tú, Friso, a enarbolar
a las puertas del alcázar
mi real estandarte, como
general ya de mis armas.
FRISO
Tu mano beso mil veces;
mas ¿mi hermano?...
SEMÍRAMIS
¿Qué reparas,
si por complacerle a él,
soy yo, Friso, a quien agravias?
FRISO
Yo acepto el cargo; mas es
mientras tus enojos pasan.
SEMÍRAMIS
Pues ve a publicar el bando
al punto.
FRISO
Aparte, a LICAS.
No sientas nada
estar de pérdida, Licas,
pues estoy yo de ganancia.
Vase.
LICAS
Hasta aquí, señor, callé,
sin saber por qué me tratan
tan severos tus rigores;
mas oyendo lo que mandas,
puesta la boca en tu mano,
puesto el bastón a tus plantas,
acosado, el sufrimiento
es fuerza que al labio salga.
¿En qué, señor, te ofendo?
¿El laurel de tu corona
debe a ninguna persona
más tu Majestad que a mí?
¿El primer noble no fui,
señor, que, hasta coronarte,
se declaró de tu parte,
ayudando la razón?
¿Luego, en tu coronación,
no levanté el estandarte?
¿Yo tu nombre no aclamé,
no siguiendo ni ayudando
de Semíramis el bando,
cuya lealtad quizá fue
retiro suyo? ¿Al ver que
yo su parte no seguía,
no me honraste? ¿Pues un día
qué desengaños te da?
SEMÍRAMIS
De esos servicios quizá
nace la indignación mía.
LICAS
Enigmas son cuanto habláis.
SEMÍRAMIS
Pues no discurráis en ellas;
que es tarde para entendellas,
sino idos, que me dais
enojo cuando aquí estáis.
SEMÍRAMIS
Ya yo os obedezco; y, pues
tanta mi desdicha es
que os enoja mi presencia,
en albricias de mi ausencia
me dejad besar los pies.
De soldado os serviré
en la guerra que esperáis,
sin que mi rostro veáis;
y si vivo, que sí haré,
que soy infeliz, me iré
donde no dé más recelos.
Sólo os suplicaré,
Aparte.
(¡Cielos!,
apure mi confusión,
si aquestos enigmas son
por tener de Libia celos.)
que, ya que me enviáis quejoso,
me enviéis, señor, honrado;
quédese lo desdichado
con algo de lo dichoso.
Libia ha sido el dueño hermoso
que he idolatrado rendido;
Libia, el rayo que ha podido,
arpón de fuego, abrasarme;
y así, para desposarme
con ella licencia os pido.
SEMÍRAMIS
Aparte.
¿Quién vio más nuevo rigor?
¿Qué es esto que escucho, Cielos?
No avives, cierzo de celos,
cenizas de un muerto amor.
LICAS
Aparte.
Sentido lo ha; mi temor
no fue en vano.
SEMÍRAMIS
Ídem.
Ira cruel,
¿tengo de ver que fiel
otra ame el que mereció
afecto mío, aunque no
mereciese saber de él?
LICAS
Ídem.
Sólo este alivio prevengo
al influjo de mi estrella.
SEMÍRAMIS
Aparte.
Equivocaré con ella
los celos hoy que de él tengo,
pues de esta manera vengo
mis sentimientos.
LICAS
Señor,
¿qué me respondes?
SEMÍRAMIS
Que error
es que ese premio esperéis;
que soy yo a quien ofendéis
en tener a Libia amor.
Decir que era vuestra culpa,
Licas, no haberme entendido,
amor fue, y celos han sido
después de oída la disculpa.
Y pues uno y otro es culpa,
no tratéis de darme enojos,
si no queréis ser despojos
de mis iras, mis recelos;
que hijo soy de quien, por celos,
le sacó a Menón los ojos.
LICAS
Aparte.
¿Qué es esto, Cielos piadosos?
No en vano, ¡ay de mí!, no en vano
discurrí, al oír que no eran
de Semíramis engaños
los que con el Rey pudieron
facilitar mis agravios:
que celos de Libia eran.
Mas era argumento claro,
que, pues son envidia, fuesen
de la fortuna contrarios.
Vase.
Salen LIBIA y ASTREA, a quien SEMÍRAMIS se dirige y habla bajo, mientras se retira LICAS y sale FRISO.
FRISO
Aparte.
Ya que el bando publiqué,
vuelvo. Pero, amor, oigamos,
pues la Reina con Astrea
habla, hasta dónde mis hados
llegan.
SEMÍRAMIS
Friso me ha pedido,
bella Astrea, que tu mano
le conceda, premio digno
con que sus méritos pago.
ASTREA
¿Cómo tan presto te olvidas,
gran señor, de que te he dado
mi voluntad, alma y vida?
Pero de nada me espanto,
que no hay cosa más mudable
que amor con el nuevo estado.
SEMÍRAMIS
Aparte.
Sin duda el Príncipe a Astrea,
como juntos se criaron,
la festeja.
A ASTREA.
Ya advertido
estoy de cuán resignado
tu pecho está a mi obediencia;
y, así, con razón aguardo
que en esto me darás gusto.
ASTREA
Otra vez, señor, extraño
este precepto; y así,
no porque te haya mudado
de la corona el ascenso,
de la majestad el fausto,
quieras que viva muriendo,
que es preciso si me caso
con Friso, un hombre a quien yo
siempre he aborrecido tanto.
SEMÍRAMIS
Sabiendo que éste es mi gusto
¿cómo podrás excusarlo?
Tocan cajas.
Mas ¿qué es esto?
Sale LISÍAS.
LISÍAS
Ya, señor,
se descubren de los altos
homenajes de esas torres
los ejércitos formados
de Lidia, que, en numerosos,
vienen compitiendo a rayos
con las estrellas del cielo
y con las flores del campo.
SEMÍRAMIS
Toma en albricias, Lisías,
Abrázale.
por el gusto que me has dado
con esa nueva, que está
el corazón anhelando
hidrópico de victorias.
A recibirlos salgamos;
y si Semíramis hizo
paréntesis el tocado
de una victoria, hoy lo sea
la plática que tratando
estamos. Astrea y Libia,
en venciendo vuelvo a hablaros.
Toca al arma, gima el bronce,
suene el parche, los peñascos
se estremezcan, el Sol tiemble
luz a luz y rayo a rayo.
Vase.
LISÍAS
¿Qué nuevo espíritu ha sido
del que Ninias se ha informado?
Vase LISÍAS, quedan ASTREA y LIBIA, y, por distintos lados, salen FRISO y LICAS.
LICAS
A LIBIA.
En decir que el Rey te quiere
di ahora que yo te engaño.
FRISO
A ASTREA.
Cuanto has respondido al Rey
escuché, dueño tirano.
LIBIA
Pues, señor, mi bien, mi dueño,
¿qué culpa tienen mis hados?
ASTREA
Yo lo estimo; así otra vez
me excusas de confesarlo.
LICAS
¿Luego con esta disculpa
bien de tus ojos me aparto?
FRISO
Tú verás la estimación
que hago a ese desengaño.
LIBIA
Yo sabré morir sintiendo.
LICAS
Vivir sabré yo olvidando.
FRISO
Yo aborreciendo vivir.
ASTREA
Y yo padecer amando.
FRISO
Licas...
LICAS
Friso...
FRISO
¿Amor es esto?
A matar muriendo vamos.
ASTREA
Libia...
LIBIA
Astrea...
ASTREA
¿Esto es amor?
Vamos a morir llorando.
Tocan a marchar, y salen toda la gente que pudiere y, después, IRÁN, niño, con bastón de general, y ANTEO, viejo con bastón.
IRÁN
Babilonia, república eminente
que al orbe empinas de zafir la frente,
siendo jónica y dórica coluna
del cóncavo palacio de la Luna,
adonde colocados tus pensiles,
al Cielo se han llevado los abriles,
y con sus flores bellas
a rayos equivocan las estrellas:
que vengo a ser tu invicto Rey, no dudo;
y así, haciéndote salva, te saludo
como ya Corte mía.
¡Salve, pues, oh confusa Monarquía,
herencia justa de mi muerta madre
e injusta cárcel de mi vivo padre!
Que hoy, prevenido a bélicos combates
sobre el rápido curso del Éufrates,
libertad le he de dar, y desengaños
de que hay mucho valor en pocos años.
ANTEO
Señor, esa admirable
ciudad que ves, de gente innumerable
capaz ha sido, o ya propia o ya extraña,
y si dejas cubrirse la campaña
de la gran hueste suya,
es fuerza que tu ejército destruya.
Si por asalto quieres
intentarla, es razón que consideres
cuánto estarán seguros
en la grande eminencia de sus muros;
y así, el mejor acuerdo, el mejor medio,
sitiándola, es tomarla por asedio;
pues, una vez cercados,
el número de gentes y soldados
más presto facilita sus castigos,
pues ellos mismos son sus enemigos,
cuando, por tales modos,
sin pelear ninguno, comen todos.
IRÁN
En todo, ilustre Anteo,
tu voto he de seguir. Pero ¿qué veo?
ANTEO
Un hombre, desde aquella
torre, por una claraboya de ella,
escala haciendo, a lo que ya sospecho,
las fáciles alhajas de su lecho,
al campo se descuelga.
IRÁN
El lino ya, que de la reja cuelga,
al hombre va faltando,
y se viene a la tierra despeñando.
ANTEO
¡Precipitado anhelo
de desesperación!
Sale LIDORO cayendo.
LIDORO
¡Válgame el Cielo!
ANTEO
Ya puesto en pie camina,
haciendo desperdicio de la ruina.
IRÁN
Hacia nosotros viene.
ANTEO
Sin duda que, rendido, nos previene
avisos, a pesar de alguna envidia.
LIDORO
Decidme, moradores de la Lidia,
¿dónde, entre tropas tantas,
vuestro Príncipe está?
IRÁN
Puesto a tus plantas,
señor y padre mío,
sin alma, sin acción, sin albedrío,
porque absorto, confuso y elevado
el verte de esta suerte me ha dejado.
LIDORO
Una y mil veces sea
felice, hijo, el día que te vea
la fortuna en mis brazos,
lazos de amor.
IRÁN
Di nudos y no lazos,
pues que la muerte, al verlos,
no podrá desatarlos sin romperlos.
ANTEO
A todos da tu mano.
LIDORO
¡Oh, noble Anteo!
¡Oh, vasallos y amigos!
IRÁN
¡Que te veo!
LIDORO
En esta torre estaba
preso; la gente vi que se acercaba
al muro, y lima sorda de la reja
fue no sé si mi mano o si mi queja.
Por ella me he arrojado,
del homenaje ya desobligado,
sólo para avisarte
que, pues eres Adonis, no seas Marte.
Libre estoy, que es el fin que has pretendido;
no el ejército marche que has traído
un paso más, que, aunque Ninias reina,
temo que su prisión rompa la Reina
a esta ocasión, y es su belleza una
deidad que tiene imperio en la fortuna.
IRÁN
Habiendo tú llegado,
tú eres el general, yo tu soldado.
Da las órdenes tú, que yo, al saberlas,
sólo trataré ya de obedecerlas.
LIDORO
Pues marche en buen concierto
la vaga población de este desierto
la vuelta de aquel muelle que allí cierra
el paso con el río.
Tocan cajas.
[VOCES]
Dentro.
¡Guerra, guerra!
ANTEO
Ya no es posible, porque ya ha salido
de la ciudad la gente.
LIDORO
Prevenido
mi ejército la espere;
mas no la embista, si embestir no quiere
el suyo, pues que ya de la ofensiva
guerra la acción se trueca en defensiva,
al amparo esperando de esa sierra.
UNOS
¡Viva Ninias!
OTROS
¡Lidoro viva!
TODOS
¡Guerra!
Cajas y clarines.
Salen SEMÍRAMIS, LISÍAS, FRISO y algunos soldados.
SEMÍRAMIS
Príncipe joven, que a enterrarte vienes
donde el sepulcro de tu padre tienes,
¿cómo, si darle intentas
la libertad, sin dársela te ausentas?
IRÁN
Como ya se la he dado,
que para eso bastó el haber llegado;
y como he conseguido
el fin ya que a tu patria me ha traído,
volverme pretendía,
porque desprecio del vencerte hacía.
SEMÍRAMIS
¿Cómo, si en esa torre en infelices
prisiones yace, osadamente dices
que libertad le has dado? Es barbarismo.
IRÁN
¿Quieres ver cómo?
SEMÍRAMIS
Sí.
IRÁN
Dígalo él mismo.
LIDORO
Libre estoy, porque, habiendo
faltado el homenaje, bien entiendo
que pudieron gloriosos mis blasones
quebrantar de la torre las prisiones.
SEMÍRAMIS
Yo me huelgo de verte
libre para prenderte
segunda vez, y para que mi brío
tenga más que vencer, que, en fin, es mío.
IRÁN
Pues si esto te provoca,
embiste.
SEMÍRAMIS
Toca al arma.
LIDORO
Al arma toca.
LICAS
Hoy verás el valor que desconfías.
FRISO
Hoy verás el valor de quien te fías.
SEMÍRAMIS
Yo haré que el tiempo esta victoria escriba.
[VOCES]
Dentro.
¡Guerra!
Entran todos sacando las espadas.
UNOS
¡Viva Lidoro!
OTROS
¡Ninias viva!
Dase la batalla y sale CHATO con cadena.
CHATO
A perro viejo no hay
tus tus, dice allá un proverbio,
y yo acá también lo digo,
puesto que soy perro viejo.
Sin ser pescador, apenas
vi que andaba el río revuelto,
cuando dije: «La ganancia
es mía». ¿Qué hago? Tomo y vengo
y rompo aquesta cadena,
y de madre y hijo huyendo,
tan malo es uno como otro,
pasarme a otra tierra quiero.
Trabada está la batalla,
y, en tanto que los encuentros
se barajan, quiero yo
echar a esta suerte el resto.
Escondido entre estas peñas
he de esperar el suceso.
¡Cuerpo de Apolo conmigo,
y cuál anda allí el estruendo!
Y aun aquí, que, derramados,
los dos ejércitos veo
no dejar parte ninguna
que no ocupen. Pues no tengo
donde esconderme, la santa
mortecina hacer intento:
tiéndome de largo a largo.
SEMÍRAMIS
Dentro.
¡Ay de mí!
CHATO
Ya no me tiendo,
porque por aqueste monte
bajar despeñado veo
un hombre, y no es bien quitarle
que él haga el papel del muerto.
Cada uno a lo que toca
acuda.
Cayendo SEMÍRAMIS, sangriento el rostro, y flechas en el cuerpo.
SEMÍRAMIS
¡Valedme, Cielos!
CHATO
Y, así, acuda yo a esconderme,
y él a morirse.
SEMÍRAMIS
¡Ah, qué presto
has acabado, Fortuna,
con mi vida y con mis hechos!
CHATO
La voz quiero conocer,
aunque es verdad que no quiero.
SEMÍRAMIS
En fin, Diana, has podido
más que la deidad de Venus,
pues sólo me diste vida
hasta cumplir los severos
hados que me amenazaron
con prodigios, con portentos,
a ser tirana y cruel
homicida y de soberbio
espíritu, hasta morir
despeñada de alto puesto.
CHATO
Tanto miedo tengo que aun
para huir valor no tengo.
Tocan cajas y dicen dentro.
TODOS
¡Viva Lidia!
LIDORO
La victoria
seguid, que hoy es el día nuestro.
SEMÍRAMIS
¿Qué es vivir? Aunque no es mucho
que ella viva, si yo muero.
Mas lo poco que me queda
de vida, lograrlo pienso;
que a costa de muchas muertes,
morir bien vengada intento.
CHATO
No tropiece con la mía.
SEMÍRAMIS
¿Qué triste, ronco y funesto
son de prisiones se mezcla
con los marciales estruendos?
CHATO
Es la cadena de un galgo
que anda por aquestos cerros
a caza de liebres, y es
el galgo y la liebre a un tiempo.
SEMÍRAMIS
¿Qué quieres, Menón, de mí,
de sangre el rostro cubierto?
¿Qué quieres, Nino, el semblante
pálido y macilento?
¿Qué quieres, Ninias, que vienes
a afligirme triste y presto?
CHATO
Sin duda que ve fantasmas
este que se está muriendo.
SEMÍRAMIS
Yo no te saqué los ojos,
yo no te di aquel veneno,
yo, si el Reino te quité,
ya te restituyo el Reino.
Dejadme, no me aflijáis:
vengados estáis, pues muero,
pedazos del corazón
arrancándome del pecho.
Hija fui del Aire, ya
hoy en él me desvanezco.
Muere.
[VOCES]
Dentro.
¡Viva Lidoro!
Las cajas.
LIDORO
El alcance
seguid, pues que van huyendo.
Salen FRISO, LICAS, LISÍAS y soldados.
LICAS
Hoy es para Babilonia
infausto día.
FRISO
Los Cielos
conjurados se declaran
contra nosotros.
LISÍAS
No menos
que juzgamos es la ruina,
si en aquel pavés advierto.
LICAS
¡Qué desdicha!
LISÍAS
¡Qué tragedia!
FRISO
Mayor es de la que vemos;
que este cadáver...
Aparte.
Mas, ¡ay
infeliz!, no el sentimiento
me haga decir que yo supe
antes de ahora este secreto,
pues sólo puede salvarme
el sagrado del silencio.
LISÍAS
¡Ay, joven Rey, cuánto fue
trágico tu nacimiento!
Tocan y dice dentro LIDORO.
LIDORO
Pues en la ciudad se entran,
no paréis hasta entrar dentro.
LICAS
Tan gran desdicha, Lisías,
no tiene ya otro remedio
sino que en el mausoleo
a Ninias depositemos
y de su oculto retiro
a Semíramis saquemos,
pues sólo puede salvar,
o su fortuna o su esfuerzo,
nuestra patria de estas iras.
LISÍAS
En los hombros le llevemos.
Llevan LICAS y LISÍAS en los brazos a SEMÍRAMIS.
FRISO
Llevadle los dos, que yo
ánimo y valor no tengo,
pues, aunque le pierden todos,
soy yo sólo el que le pierdo.
Vase.
Salen ASTREA y LIBIA.
ASTREA
Huyendo la gente vuelve
a la ciudad.
LIBIA
En no siendo
Semíramis quien la anima,
siempre esperé mal suceso.
Sale CHATO.
CHATO
Tal es lo que pasa allá
que aquí a la prisión me vuelvo.
ASTREA
Chato, ¿qué es esto?
CHATO
¿Queréis
que lo diga todo y presto?
Pues es que todos, señoras,
han lo que yo hubiera hecho.
ASTREA
¿Qué es?
CHATO
Huir. Y que en el campo
queda...
LIBIA
Dilo.
CHATO
...Ninias muerto.
ASTREA
¡Ay, infelice de mí!
Máteme mi sentimiento.
Dentro.
[VOCES]
Grande Semíramis bella...
UNO
Sal de aqueste oculto encierro
a dar la vida a tu patria.
OTRO
Felice Reina, tus hechos
nos rescaten de tan graves
ruinas como hoy padecemos.
Salen LISÍAS, LICAS, FRISO y soldados.
LISÍAS
Entrad y romped las puertas
de su cuarto.
LICAS
Vuelva el cetro
a las manos de quien tuvo
en ellas todo el imperio
de la fortuna.
FRISO
Aparte.
¡Ay de mí,
que ella ha sido la que ha muerto!
LISÍAS
Abrid la puerta.
Abren una puerta como a golpes y sale NINIAS.
NINIAS
Tiranos,
¿no basta tenerme preso,
sino también venir hoy
a darme muerte?
TODOS
¿Qué es esto?
NINIAS
Vuestro Rey soy: ¿pues por qué
me quitáis la vida? ¿El Reino
no basta?
ASTREA
¡Cielos! ¿Qué oigo?
Rendida tus plantas beso.
LISÍAS
Vasallos, bien claro está
de entender tan gran suceso,
y que fue, pues Ninias vive,
Semíramis la que ha muerto.
LICAS
Su soberbia hizo, sin duda,
la traición de aqueste trueco.
Dentro LIDORO.
LIDORO
De Semíramis es éste
el gran palacio; entrad dentro,
que en ella ahora me falta
de vengar aquel desprecio.
Salen LIDORO, IRÁN, ANTEO y los soldados.
LISÍAS
No podrás en ella ya,
poderoso Rey, supuesto
que ella murió y Ninias vive.
LIDORO
Pues si vive a quien yo debo
la libertad que me dio,
y no fue él quien me dio luego
la segunda prisión, vean
que aquel favor le agradezco,
y esta victoria no sigo,
pues que las armas suspendo.
IRÁN
Yo también le reconozco
los favores que te ha dado.
NINIAS
Yo, agradecido a los dos,
pago a Astrea lo que debo
y perdono a quien estuvo
culpado en tenerme preso,
porque de La Hija del Aire
la historia acabe con esto.

Rechtsinhaber*in
Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La hija del aire. La hija del aire. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbsh.0