Duelos De Amor Y Lealtad
Gran Comedia
PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA:
- IRÍFILE, DAMA.
- TOANTE, GALÁN.
- DEIDAMIA, DAMA.
- LEONIDO, GALÁN.
- LAURA.
- CENÓN, GALÁN.
- ISMENIA.
- ANTEO, CRIADO.
- DORIS.
- ALEJANDRO, REY.
- FLORA, VILLANA.
- SOLDADOS PERSIANOS.
- CÓSDROAS, VIEJO.
- SOLDADOS FENICIOS.
- MORLACO, GRACIOSO.
- MÚSICOS Y ACOMPAÑAMIENTO.
Jornada Primera
Tocan cajas y trompetas y, fingiéndose dentro la batalla, sale después de las primeras voces Irífile con espada desnuda, cimera de plumas y bengala.
Unos
dentro.
¡Viva Persia!
Otros
dentro.
¡Tiro viva!
Unos
dentro.
¡Arma, arma!
Otros
dentro.
¡Guerra, guerra!
Todos
dentro.
¡Guerra, guerra!
Leonido
dentro.
¡Al arma!
Cenón
dentro.
¡Al arma!
Unos
dentro.
¡Viva Tiro!
Otros
dentro.
¡Viva Persia!
Unos
dentro.
¡Guerra, guerra!
Otros
dentro.
¡Al arma, al arma!
Toante
dentro.
Por más que la suerte adversa
se nos declare, el morir
es desdicha, mas no afrenta.
Volved, pues, volved, soldados,
a la lid.
Morlaco
dentro.
¡Salve el que pueda
la vida!
Toante
dentro.
¡Valedme, cielos!
Uno
dentro.
Si el caballo le despeña,
sin general, ¿qué esperamos?
Otros
dentro.
¡Al monte!
Unos
dentro.
¡Al valle!
Otros
dentro.
¡A la selva!
Todos
¡Vitoria por los de Tiro!
Sale Irífile.
Irífile
Miente, alevosa, la lengua,
que, infamemente industriosa,
desmaya con lo que alienta;
que aún estoy yo viva… Pero
¿adónde —¡ay de mí!— me lleva
el despecho? Pues, por más
que desatentada quiera
seguir la voz de Toante,
Cajas.
no puedo, según le empeña
su valor. Dígalo el ver
que, en fuga sus tropas puestas,
cobardemente la espalda,
destrozadas y deshechas,
vuelven sin él. Mas ¿qué dudo,
ir en su alcance, si es fuerza
que vivo o muerto a su lado
Irífile viva o muera,
si le halla muerto, en sus brazos,
y si vive, en su defensa?
Al entrarse, salen Leonido y soldados.
Leonido
¿Dónde, valiente persiana,
vas, cuando tus huestes dejan,
por ampararse en los montes,
desamparadas las tiendas?
Irífile
Donde muriendo y matando,
desesperada y resuelta,
me encuentre mi fama viva
antes que la tuya muerta.
Soldados
Si ese es tu intento…
Leonido
¡Tened
las armas, nadie la ofenda!
Y tú, invencible beldad,
sin que ni mates ni mueras,
date, no digo a prisión,
sino a cuartel, en que veas
que los fenicios, que el hado
a África ha arrojado, intentan
más mantenerse en la paz
de huéspedes que en la guerra
de conquistadores.
Irífile
Antes
que a ese partido me venza,
me ha de vencer el acero;
y, así, que me lidien deja
tus soldados hasta que
la vida a sus manos pierda.
Leonido
En vano te precipita
el valor, porque, aunque quieras
tú morir, no querré yo
sino que vivas, que fuera
deslustre de mi vitoria
el baldón de tu tragedia.
Date, pues, otra vez digo,
a mi fe y palabra atenta,
no a prisión, sino a hospedaje
de noble estimación.
Irífile
Esa
generosa acción de dar
vida a quien no la desea
no es piedad. Huiré de ti
en busca de quien no tenga
clemencia tan sospechosa
que deja de ser clemencia.
Leonido
Seguirete yo, porque,
aunque le halles, no te ofenda,
yendo yo en tu salvaguardia.
Éntrase Irífile; síguenla todos, vuelve por la otra puerta y sale Cenón al paso.
Cenón
¿Adónde, persiana bella,
desmandada de tu gente,
tan sola, el pavor te lleva?
Irífile
Poco ha que respondí
a aquesa pregunta mesma
que adonde muera matando,
y, así, no estrañes que sea
siendo una la pregunta
una también la respuesta.
Cenón
De tan bizarra osadía
baste que cumplas la media,
que es matar, mas no morir,
hallándome en tu defensa.
Sale Leonido y soldados.
Leonido
En su seguimiento traigo
yo ofrecida esa fineza,
y, así, me toca el cumplirla,
pues me tocó el ofrecerla.
Cenón
Ya son mis empeños dos:
uno, haber llegado ella
a mi vista; otro, que tú,
Leonido, en su amparo vengas.
Y, así, pues todo tu duelo
es asegurarla y queda
segura conmigo, puedes
dar a tu puesto la vuelta.
Leonido
Eso es desairarme más,
Cenón, que obligarme, en prueba
de que hubo menester
tu amparo para mi ofensa.
Cenón
Si esa razón no me basta,
valdreme de otra.
Leonido
¿Qué es?
Cenón
Esta.
Pónela detrás de sí.
Yo no sé más de que viene
huyendo de ti y que, al verla,
librarla ofrecí, con que
el primero en quien me empeña
a defenderla eres tú.
Leonido
Válgame tu razón mesma:
huir de mí y seguirla yo
¿no es precisa consecuencia
de que ya fue prenda mía?
Cenón
No, que la garza que vuela
no es del halcón que la sigue,
sino del que hace la presa.
Leonido
La corza que herida huye
es del dueño de la flecha
que va en su alcance.
Cenón
Dejemos
metáforas aquí necias
y vamos a realidades.
Leonido
Vamos.
Irífile
(Deidades supremas,
¿quién se vio trágico asumpto
de tan rara competencia?)
Cenón
Desde aquel infausto día
que, huyendo las iras fieras
de Jove, desamparamos
a Fenicia, patria nuestra,
en la peregrinación
de ir buscando en las ajenas
terreno que nos admita,
Deidamia, en quien se conserva
de nuestros reyes la estirpe,
a ti el gobierno te entrega
de la tierra, a mí del mar.
Y, pues que por tuya queda
de esclavos y de despojos
toda la campaña llena,
¿qué mucho será que lleve
yo de mi socorro en prueba
sola una esclava?
Leonido
Esa esclava
vale más que toda Persia.
Cenón
Pues mira cómo ha de ser,
que no he de volver sin ella
yo al mar.
Leonido
¡Desta suerte!
Riñen los dos.
Irífile
(¡Cielos!
¿Quién se vio en lid tan opuesta
que igualmente le esté mal
el vencido que el que venza?)
Leonido
Conmigo ven.
Cenón
Ven conmigo.
Sale Deidamia y las damas.
Deidamia
Pues ¿qué novedad es esta,
que la batalla campal
en civil batalla trueca?
Leonido
(Feliz soy, pues en favor
mío estar Deidamia es fuerza.)
Cenón
(Infeliz soy, si Deidamia
a saber la causa llega.)
Deidamia
Cuando afable la Fortuna
—quizá apurada de penas,
que, ya quebrantando mares,
que, ya penetrando selvas,
en nosotros ha cumplido—
tan otro el semblante muestra,
que no pudiendo impedirnos
el que tomásemos tierra
en esta africana playa
todo el poder de los persas,
y no pudiendo tampoco
impedirnos el que en ella
vamos fundando ciudad
tan regularmente excelsa
que, aun no murada, ha podido
ponerse tan en defensa
que, tres veces asaltada
y tres defendida, ostenta,
según los cautivos que
para su labor nos deja,
que más viene a fabricarla
su orgullo que a demolerla;
cuando el común alborozo
de la juvenil belleza
en este templo que a Apolo
edificó la fe nuestra
como a nuestro tutelar
dios, hoy añadir intenta,
en honor de la fortuna,
al culto bailes y fiestas,
¿los dos, en cuyos dos polos,
en fe de la fama vuestra,
nuestra peregrinación,
ya que no descansa, alienta,
solicitáis que, ofendida
de ver cuánto se desdeñan
de sus favorables auras
las prósperas influencias,
la ingratitud castigando,
al pasado ceño vuelva,
tomando por instrumento
la disensión, que es quien trueca
tal vez aplausos a ruinas,
tal victorias a tragedias?
¿Qué monarquías, qué imperios,
qué conquistas, qué proezas
en ambas campañas no
perdió la desavenencia
de sus cabos, sin ver cuánto
valen más en mar y tierra
dos flacas fuerzas unidas
que desunidas mil fuerzas?
¿Será justo que se cuente
que cuando —a decirlo vuelva—
favorable la Fortuna
mueve su inconstante rueda
de adversa en próspera, somos
nosotros quien contra ella
forcejamos a que no
haya de ser sino adversa?
¿Qué importa que el enemigo
huya vencido, si deja
montada discordia que
desde allá en su nombre os venza?
Volved, pues, volved, valientes
caudillos, a la primera
jurada fe de valeros
unos a otros; no se entienda
que lo que gana el valor,
el mismo valor lo pierda.
Y sepa yo qué ocasión
os mueve, para que sepa,
ya que es razón el oírla,
si la hay para componerla.
Leonido
Entre los varios despojos
que montes y valles pueblan,
esa invencible persiana
quedó por mí prisionera.
De mi piedad ofendida,
antes a morir resuelta
que a darse a partido, huyendo
de mí…
Cenón
Llegó, donde al verla
seguida dél, me empeñó
a que yo la favorezca.
Leonido
Solicitando cobrarla…
Cenón
Obligado a defenderla…
Leonido
…en fin, como presa mía…
Cenón
…yo no, sino como presa
tuya, que mi intento solo
fue ser yo a quien tú le debas
tan peregrina hermosura
puesta a tus pies.
Leonido
Si dijera
eso, entonces claro está
que de mi acción desistiera,
que tú sola ser mereces
dueño de tan alta prenda;
mas no dijo sino que
no había de volver sin ella
al mar.
Deidamia
(¡Oh aleve, qué mal…!
Pero no es esta materia
para aquí.)
Cenón
De mi intención
no había yo de darle cuenta
valiéndome de disculpas
que pusiesen en sospecha
mi valor en no ampararla.
Deidamia
Pues, siendo de esa manera,
(disimule hasta mejor
ocasión en que hablar pueda,)
compuestos estáis los dos,
pues, quedando su belleza
por mi prisionera, tú,
Leonido, haces lo que hubieras
hecho antes, y tú, Cenón,
logras también la fineza
de mirar tan peregrina
hermosura a mis pies puesta.
Irífile
Y no ya de mi fortuna
quejosa, que no le queda
acción a la queja el día
que, esclava de tu belleza,
ha enmudecido la dicha
el gemido de la queja.
Deidamia
Alza del suelo; a mis brazos,
hermosa persiana, llega;
y, pues cartas de favor
que dio la naturaleza
a la hermosura, bien como
primer sobrescrito dellas,
no he de tenerlas cerradas
sin ver lo que me encomienda,
ven al sacrificio agora;
después irás donde sepa
qué tratamiento te debo
conforme a las nobles señas
de tu valor y tu traje.
Y vosotros, pues os deja,
yendo ella conmigo, iguales
y airosos la competencia,
proseguid en la jurada
alianza, sin que sea
quizá otra vez escarmiento
lo que agora es advertencia.
Leonido
Yo a tu orden atento…
Cenón
Yo
siempre humilde a tu obediencia…
Deidamia
Bien está. Acudid a vuestros
puestos y, pasando muestra
los nuevos esclavos que hoy
en nuestro servicio quedan,
a los que los han ganado
los dejad, con ley expresa,
como hasta aquí, que a ninguno
dejen salir por las puertas
y que, encerrados de noche
dentro de sus casas mesmas,
hayan de acudir de día
a la precisa tarea
de las murallas de Tiro,
pues basta que, cuando vengan
de paz a canjearse algunos,
sus dueños el precio adquieran,
de suerte que, a un tiempo iguales
afán e interés, los tengan
la fábrica como esclavos
y el soldado como hacienda.
Y agora, porque no el aire
infestado se convierta
en el destemplado crisis
de contagiosa epidemia,
id todos, y el mar sepulcro
de los cadáveres sea.
(¡Así lo fuera de quien
ingrato…!) Persiana bella,
sigue mis pasos.
Irífile
Sí haré,
ufana de que no pueda
mi estrella hacerme infeliz,
pues, a pesar de mi estrella,
todo un sol me alumbra. (¡Ay,
Toante, lo que me cuestas!)
Vanse las dos y todas las damas excepto Laura.
Leonido
(¡Laura!
Laura
¿Qué quieres?
Leonido
Fiar
de ti, prima, una fineza,
con la disculpa de que es
oficio para discretas.
Laura
Ya te he entendido.
Leonido
Después
hablaremos.
Laura
Norabuena.)
Vase.
Cenón
(Si tal vez el ceño dice
lo que no dice la lengua,
enojada va Deidamia.
Tras ella iré, hasta que tenga
—bien que a costa del dolor
de que tal cautiva pierda—,
esforzando la disculpa,
lugar de satisfacerla.)
Vase.
Leonido
¡Qué breve es la edad del gozo!
Bien dijo quien dijo que era
efímera de las flores,
que con el alba despiertan
y fallecen con la sombra.
Dígalo yo, pues apenas
me vi dueño de una dicha,
cuando hubo contra ella,
sobre invidia que la turbe,
poder que la desvanezca.
A nadie admire la prisa
con que su pérdida sienta,
que, siendo instante el ganarla
y siendo instante el perderla,
argumento es de que a siglos
Amor los instantes cuenta.
¿Qué tiempo fue menester
para ver una belleza
tan hermosamente heroica,
tan heroicamente excelsa??
Ninguno; luego ninguno
habrá menester mi pena,
si para verla bastó,
para sentir el no verla.
Si yo hubiera de decir
mi sentimiento, dijera…
Toante
dentro.
¡Ay de mí, infeliz!
Leonido
Mas ¿quién
hurta el suspiro a mi queja?
Por si fue acaso, o si fue
vaticinio, a escuchar vuelva.
Cósdroas
dentro.
Tened, soldados, piedad,
y no deis, antes que muera,
sepulcro a un vivo.
Soldados
dentro.
El caduco
vaya.
Sale Cósdroas vestido de cautivo y como arrojado cae a los pies de Leonido, y después cuatro soldados que llevan a Toante como desmayado.
Leonido
¿Qué voces son estas?
Soldado
Esto, señor, es hacer
lo que el bando nos ordena.
Cósdroas
No es sino exceder el bando
con injusta saña fiera,
pues, antes de ser cadáver,
vivo a echarle al mar le llevan.
Soldado
¿Qué más cadáver que ver
que ni respira, ni alienta,
agonizando?
Leonido
Cobardes,
¿qué inhumanidad más que esa?
¿Quién os dijo que la ira
pudo ser nunca obediencia,
si anticipada al mandato
pasa de justa a violenta?
A un hombre que aún vive darle
por muerto es acción tan fuera
de razón natural como
dudar que en la más estrema
ansia le abrevia mil siglos
quien un instante le abrevia.
Toante
¿Quién, ya que tiene el sentido,
aliento —¡ay de mí!— tuviera
para…? No puedo, no puedo
hablar.
Leonido
En vano te esfuerzas.
Dejadle en los brazos de ese
venerable anciano. Llega;
carga con él y, pues no,
por más que tu dueño sea,
de los nobles de Fenicia
tendrás albergue en que puedas
cuidar dél, llévale al mío,
adonde con la asistencia
de mi gente —muera o viva—
vea el mundo que la ajena
crueldad suele despertar
tal vez la propia clemencia.
Cósdroas
Mil veces tus plantas beso,
y no con menor terneza
que la de padre, que es mi hijo
y, viendo que en la primera
ocasión me perdí, vino
también a perderse en esta
por buscar mi libertad.
(Su lustre y nombre desmienta:
si muere, porque no el lauro
de que dél triunfaron tengan,
y, si vive, porque no,
en sabiendo quién es, sea
imposible su rescate.)
Vase, llevando a Toante en brazos.
Leonido
Vosotros de otra manera
entended los bandos, viendo
que la deidad que os gobierna
siempre manda lo mejor.
(Tú, déjate ver —¡oh bella
persiana!— porque los ojos
siquiera el desquite tengan,
mientras no ven tu hermosura,
de lo que lloran tu ausencia.)
Vase.
Soldado
Pues este se nos escapa,
otros en su lugar vengan.
Descubren a Morlaco echado en el suelo.
Soldado
Aquí hay uno que sin duda
está muerto.
Soldado
Cosa es cierta,
pues ni alienta, ni respira.
Morlaco
(Harto el fingirlo me cuesta,
respirando hacia otra parte.)
Soldado
Cógele tú de esa pierna;
yo le cogeré de estotra,
y vaya arrastrando.
Soldado
Espera,
que yo ayudaré de un brazo.
Soldado
De otro yo, y desta manera
llegará más presto al mar.
Llévanle entre los cuatro.
Morlaco
No haré tal, que, pues me aprietan
amarrado a cuatro potros,
decir la verdad es fuerza.
Los Cuatro
¡Por Dios, que está también vivo!
Déjanle caer.
Morlaco
Niégoles la consecuencia,
que ya no estoy sino muerto,
según de golpe me sueltan.
¡Ay de mis espaldas! ¿Quién
vio que el que iba sin molestia
en silla de manos en
silla de costillas vuelva?
Soldado
¿Qué es esto? ¿Pues cómo, estando
tan sano y bueno, te quedas
entre los muertos?
Morlaco
Muy poco
sabe usted destas pendencias,
pues hacer la mortecina
se le hace cosa nueva.
Yo soy Morlaco; asentado
aqueste principio, sepan
que aun ánimo para huir
no tuve; y, como es prudencia
que se valga de la maña
a quien le falta la fuerza,
muerto me fingí, esperando
queditito a que anochezca
para escapar sin ser visto.
Mintiome la estratagema,
pues vustedes —Dios les guarde—,
dando conmigo, me llevan
a ser pescado del mar,
siendo así que de la tierra
lo soy desde que han en mí
cogido una linda pesca.
Los Cuatro
Vaya a dar muestra el morlaco.
Morlaco
Si de que soy gentil pieza
he descubierto la hilaza,
¿a qué fin he de dar muestra?
Soldado
A fin de que por esclavo
asentado mío lo sea,
pues yo el primero le vi.
Soldado
Yo el primero de una pierna
le así.
Soldado
Yo de un brazo.
Soldado
Yo
de otro.
Morlaco
Buen remedio tengan.
Los Cuatro
¿Qué remedio?
Morlaco
Hacerme cuartos.
Voy a avisar a que venga
el portero de despojos
por asadura y cabeza.
Soldado
Claro está, que a hacerle cuartos
irá, pero de moneda,
en viniendo a rescatarle.
Morlaco
Muy linda esperanza es esa.
¿Quién ha de haber que por mí
dé un cuatrín?
Soldado
Cuando eso sea,
se quedará siempre esclavo;
y, pues no ha de haber pendencia
entre nosotros, juguemos
cúyo ha de ser.
Los Tres
Norabuena.
Morlaco
Voy por los dados.
Soldado
Después
irá; ahora no se detenga.
Los Cuatro
Venga al registro.
Morlaco
Que soy
pellejo de vino, adviertan,
presentado, y ir no debo
a derechos ni a derechas,
que también soy zurdo.
Soldado
Vaya
el mandria…
Soldado
La mosca muerta…
Soldado
El bergantón…
Soldado
El gallina… Péganle.
Morlaco
¡Ay, que sin duda me pelan!
Música
dentro.
Sea norabuena,
norabuena sea.
Morlaco
¡Mal haya el alma y la vida
que de mi dolor se alegra
diciendo una y otra vez,
alegres de que me muelan…!
Música
dentro.
Sea norabuena,
norabuena sea.
Llévanle, y salen las damas que pudieren, cantando y bailando, con guirnaldas de flores y, detrás, Deidamia, Irífile y Flora.
Flora
Canta.
Que de la Fortuna
la deidad suprema
en ser inconstante
tan constante sea…
Música
Sea norabuena.
Flora
Canta.
Que de sus mudanzas
resulte que vuelvan
hoy en alegrías
de ayer las tristezas…
Música
Norabuena sea.
Flora
Canta.
Que los que han tomado
en África tierra
al gran dios Apolo
altares ofrezcan…
Música
Sea norabuena.
Flora
Canta.
Que, de los fenicios
vencidos los persas,
celebren sus triunfos
jóvenes bellezas…
Música
Norabuena sea.
Flora
Canta.
Que a su noble templo
coronadas vengan
de lilios, claveles,
rosas y azucenas…
Música
Sea norabuena.
Flora
Canta.
Que dellas guirnaldas
a Deidamia tejan,
para que en su nombre
reine, triunfe y venza…
Música
Norabuena sea.
Deidamia
No sea norabuena,
pues… (mas ¿qué voy a decir?
Enmiende mi sentimiento,)
pues no es lícito el contento
de ver matar y morir.
Si, desiguales, los hados
son tan cruelmente piadosos
que no saben que hay dichosos
sin saber que hay desdichados,
¿por qué adquiridos despojos
que constan de otros agravios
los han de aplaudir los labios
sin lágrimas en los ojos?
Y, así, pues ya el sacrificio
en cultos de la Fortuna,
viva imagen de la luna,
dio de nuestro celo indicio,
no a sangre fría festivo
dure el gozo y, al mirar
tanto estrago, haga lugar
lo heroico a lo compasivo,
que ni es valiente ni honrado
quien complacido en su horror
se gloria. (Bien mi dolor,
en lástima disfrazado,
se ha sabido desmentir.)
¿Qué esperáis? Retiraos, pues.
Todas
Fuerza obedecerte es.
Flora
Mas no dejar de decir,
según el contento ha sido,
que el imaginar me ha dado
qué es lo que traerá pillado
de campaña mi marido.
Canta
Que de la Fortuna
la deidad suprema
en ser inconstante
tan constante sea…
Música
Sea norabuena.
Vanse.
Deidamia
No sea norabuena.
Y, ya que en este jardín
que de mi palacio fue
primer fábrica quedé
contigo, persiana, a fin
de saber, como antes dije,
quién eres, para saber
qué hospedaje te he de hacer,
¿qué esperas?
Irífile
Aunque me aflige
pensar que mi libertad
impida el saber quién soy,
por serlo, obligada estoy
a decir siempre verdad.
Irífile, hija heredera
de Aristóbolo nací,
por cuya muerte adquirí
a Ceilán, esa primera
ciudad que a tres vientos hace
tres frentes, pues, singular
atalaya de la mar,
entre Asia y África yace.
Viendo que tu poderosa
armada arrojaba en tierra
tanta gente y que la guerra
a impedirlo era forzosa,
levas hice, presumiendo
que a mí solo mi poder
me bastaba para hacer
que al mar volvieses huyendo.
Engañome mi denuedo,
pues, dos veces rechazada
mi gente y fortificada,
sin ver la cara del miedo
la tuya, no solo no
me dejó esa playa bella,
mas fue delineando en ella
nueva ciudad; conque yo
a Ciro, de Persia rey,
escribí que, puesto que era
Ceilán vanguardia y frontera
del reino, era justa ley
defenderla. Él, liberal,
o forzado o receloso,
ejército numeroso
me envió, y por su general
a Toante…—no te espante Llora.
que el dolor la voz impida,
que una pena repetida
son dos penas—. A Toante
—vuelvo a decir—, su valido,
a quien quise acompañar,
porque, viniendo auxiliar,
viese que el haber pedido
favor no era en mí temor,
sino fuerza: bien lo abona
el que, saliendo en persona
a campaña, mi valor
vería en ella. Con que, habiendo
en batallones e hileras
hecho frente de banderas,
tú, al opósito saliendo
de tus muros, la batalla
me presentaste. Yo, que
con el retén me quedé
para, en siendo tiempo, dalla
calor, viendo que volvía
deshecha y desordenada
mi gente, desesperada
me empeñé, por si podía
reducirla; pero en vano,
que, una vez introducido
el desmán, solo ha podido
recobrarle el soberano
Marte, de las lides dios.
Y, pues en duelo oportuno,
para no ser de ninguno,
fui prisionera de dos,
permite que no prosiga
lo que ya sabes, porque
no sé qué angustia, no sé
qué congoja, qué fatiga,
qué desmayo, qué aflicción,
qué pasmo, qué ira o despecho
me está a pedazos del pecho
arrancando el corazón,
con impulso tan violento,
en dos mitades partido,
que, con llevarse el sentido,
no se lleva el sentimiento.
¡Ay, infelice de mí!
Cae desmayada en los brazos de Deidamia.
Deidamia
¡Laura, Ismenia, Doris, Flora!
¿No hay quien me escuche?
Salen.
Las Cuatro
Señora,
¿qué nos mandas?
Deidamia
Que de aquí
me retiréis el pavor
que, al ver cuán mortal está,
esa persiana me da.
Las Dos
¡Qué lástima!
Otras Dos
¡Qué dolor!
Deidamia
¿Qué esperáis? Corred veloces;
a mi cuarto la llevad,
y de su salud cuidad
como de la mía.
Al entrar con ella, sale Cenón.
Cenón
¿Qué voces,
hermosa Deidamia, fueron
las que disculpan entrar
hasta aquí? Mas ¿qué pesar
es el que mis ojos vieron?
Deidamia
Si ellos le vieron, ya no
tendré yo qué referiros,
pues se anticipó a deciros
lo que no os dijera yo
por escusaros el susto
de que eclipse su luz pura
tan peregrina hermosura,
sobre el pasado disgusto
que ajena os causaba el vella,
y el de llegar yo a estorbar
la propuesta de que al mar
no habíais de volver sin ella.
Cenón
Ya, señora (¡estoy sin mí!)
satisfice (¡mal me aliento!)
con que (¡muerto estoy!) mi intento
fue ser (¡qué ansia!) para ti
digna esclava la persona…
Deidamia
Proseguid.
Cenón
(¡Pena tirana!)
…de esa Palas africana,
de esa persiana Belona,
que con la espada en la mano
mataba, sin lo que hería,
con tan alta bizarría,
con valor tan soberano,
que, si para ti, yo, cuando…
Deidamia
Turbado estáis, no advirtiendo
cuán necio vais destruyendo
lo mismo que vais saneando.
Disculpa tan descortés,
que para ella bien buscada
y para mí mal hallada
está, no es disculpa, pues
habéis a un tiempo los dos
sentido y juicio perdido.
En cobrando ella el sentido
y en cobrando el juicio vos,
podrá ser…Pero ¿qué digo?
Que no podrá ser que yo
vuelva a escuchar a quien no
supo consultar consigo
la dicha de quien alcanza…
esperanza no diré,
porque un no desdén ni fue
ni pudo ser esperanza.
Y, así, sin ella y sin mí
quedad para…Mas no quiero
ni aun decir para qué (pero
yo me vengaré de ti.)
Vase.
Cenón
Si al ver beldad tan ajena
de sí y de mí alguno culpa
que no esforcé la disculpa
ni disimulé la pena,
pruebe a verse en la dudosa
lid de un alma combatida
de una hermosura perdida
y otra hermosura celosa:
verá cómo no se deja,
en duda de lo mejor,
ni desmentir el dolor
ni desvanecer la queja,
y no diga…—¡ay de mí!— pues…
Sale Leonido.
Leonido
Decidme… (No conocí
a Cenón como le vi
de espaldas; ya fuerza es
proseguir.) Qué causa ha sido
la que a Deidamia ha obligado
a unas voces…
Cenón
(¡Otro enfado!)
Leonido
…que a lo lejos se han oído?
Cenón
No lo sé, y, pues que los dos
una duda padecemos,
de otro saberla podemos.
Leonido
Id con Dios.
Cenón
Quedad con Dios.
Vase.
Leonido
¿Qué puede haber sucedido?
¿De quién saberlo podré?
Sale Cósdroas.
Cósdroas
¡Albricias, señor!
Leonido
¿De qué?
Cósdroas
De que, habiendo piedad sido
de tu generoso pecho
dar vida a un casi difunto,
no dudo que es digno asunto
ver logrado el bien que has hecho
para dar albricias dél.
Leonido
Dices bien y yo las mando.
Cósdroas
Apenas se albergó, cuando,
de la caída cruel
que le privó del sentido
muerto el caballo, cobró
aliento; y, aunque se halló
en varias partes herido,
ninguna mortal, con que,
la sangre restituida,
viene a darte de la vida
rendidas gracias.
Sale Toante de cautivo.
Toante
Si sé
lo que te debo, señor,
¿qué mucho que haya querido,
aún no bien convalecido,
adelantar el honor
de verme humilde a tus pies,
ilustrada mi persona
con el traje que me abona
dos veces esclavo, pues
dos veces esclavo soy
el día que a pagar me atrevo
una vida que te debo
con una alma que te doy?
Leonido
Alza del suelo a los brazos
y cree de mí que diera
cuanto posible me fuera
porque no acaso estos lazos
usara solo contigo,
sino con todos, en fe
de que nuestro ánimo fue
más ser huésped que enemigo.
No nos quisisteis creer
y, poniéndoos en recelo,
por nuestra inocencia el cielo
tres veces quiso volver.
Toante
¿Quién pudiera imaginar
que no viniese de guerra
viendo que arrojaba en tierra
tan grande ejército el mar?
Leonido
Quien plática hubiera dado
hasta saber qué ocasión
nuestra desembarcación
para haber puerto tomado
en el África tenía.
Toante
Yo me holgara de sabella
por si resultaba della
algún convenio algún día,
que ser tu esclavo no quita,
antes añade, que sea
sujeto a quien se le crea
lo que decir me permita
tu noticia.
Leonido
Aunque me halla
de otro cuidado pendiente
esta materia, que intente,
ya que la toqué, apuralla
es bien, que otra vez contigo
podrá ser que no me veas
tan familiar, que, aunque seas,
sobre mi esclavo, mi amigo,
no por eso he de querer
que vivas privilegiado
del trabajo que ha obligado
a los demás a poner
en regular perfección
esos muros.
Cósdroas
Yo, porque
no faltemos dos, iré
a esperarte allá, Estratón,,
mientras habláis. (No será
sino a prevenir no nombre
nadie a Toante por su nombre.)
Vase.
Leonido
Entre las varias provincias
del Asia, al oriente el reino
de Fenicia fue primera
colonia de sus imperios.
Fértil y rica duró
largos siglos, poseyendo
en tranquila paz sus reyes
la quietud de su gobierno.
Júpiter, quizá ofendido
de que ofreciese en sus templos
más sacrificios a Apolo
que a él, en agradecimiento
de ser la estación primera
que iluminaban sus bellos
rayos, o quizá ofendido
—que sería lo más cierto—
de que la felicidad
nos tuviese en ocio envueltos,
y el ocio en vicios, dispuso
castigarnos, advirtiendo
que los bienes de la tierra
no sean olvidos del cielo.
Júpiter, en fin, o bien
celoso, o bien justiciero
—que el averiguar no es fácil
a los dioses los decretos—,
airado se mostró. ¿Quién
duda que, una vez el ceño
arrugado, sequedades
anuncie? Y, así, el primero
azote fue retirar
las lluvias, con que, no amenos
ya, los campos espiraban
mustios, áridos y yertos.
Al hambre de algunos años
sucedió la peste, abriendo
el aire en quebradas grietas
la tierra, como diciendo:
«No todo es rigor, mortales;
piedad hay, pues el supremo
dios que os envía las muertes
os abre los monumentos».
A estas dos fatalidades
varios temblores siguieron,
que, como todo hecho bocas
estaba el terrestre centro,
de su destemplada fiebre
cada gruta era un bostezo,
a cuya respiración
no solo se estremecieron
los muros, pero los montes
caducaron; con que, viendo
fuego y agua que se alzaban
con la ruina tierra y viento,
se encapotaron las nubes,
y, los párpados abiertos,
llovieron sus cataratas
todo lo que no llovieron.
¿Quién creerá que un embrión, mismo
aborto de un mismo seno,
tan contrario nazca que
llore agua y escupa fuego?
De inundaciones lo digan
asolados varios pueblos,
varias fábricas de rayos,
de relámpagos y truenos;
de suerte que, combatidos
de todos cuatro elementos,
a puros lamentos era
toda Fenicia un lamento.
Dispuestos, pues, a salvar
las vidas o, por lo menos,
ya que no fuese a salvarlas,
a dilatarlas dispuestos,
en esas naves que antes
eran todo el caudal nuestro,
pues ellas de nuestros frutos
trajinaban los comercios,
abandonando la patria
mujeres, niños y viejos,
recogimos las reliquias
que pudimos, reduciendo
a portátiles tesoros
lo más precioso del reino
en perlas, plata, oro y joyas,
bien que la de más aprecio
fue Deidamia, en quien hoy sola
dura el último consuelo
de que nuestra real estirpe
vuelva a cobrarse, supuesto
que esto y más cabe en la escena
de los teatros del tiempo.
Hechos, pues, al mar, sin más
norte o rumbo que haber puesto
la posesión en el agua
y la esperanza en el viento,
tomamos en los playazos
de Sidón el primer puerto.
No pudiendo en él sufrirnos
lo estéril de sus desiertos
y de sus ascalonitas
los bárbaros tratamientos,
reconocido el paraje,
volvimos al mar, poniendo
en el África las proas;
con que, habiendo descubierto
de las dos cumbres de Atlante
los homenajes soberbios,
que en descollados celajes
nuestra aguja eran ya, habiendo
en una pequeña lancha
ofrecídome el primero
yo a reconocer el sitio,
le hallé al propósito nuestro,
por sus árboles, frondoso;
por sus frutales, ameno;
por sus cristales, fecundo;
templado, por su terreno;
por su soledad, baldío;
y, en fin, por un paso estrecho
que hay entre el monte y el mar,
defensable para hacernos
fuertes en él, si por dicha
o por desdicha en recelo
entrasen sus moradores,
como lo dijo el suceso,
pues, apenas en la tierra
hubimos las plantas puesto,
cuando, sin querernos dar
plática en ser nuestro intento
estar a su protección,
fueron marciales estruendos
lo primero que escuchamos,
trompas y cajas diciendo…
dentro golpes como de fábrica y cantan sin instrumentos a compás del golpe de las azadas.
Música
dentro.
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!
Leonido
Mas proseguir no es posible,
tanto porque lo que desto
resultó ya tú lo sabes,
pues sabes que dos encuentros
nos dieron lugar a que
esos muros fabriquemos
con el renombre de Tiro,
que en el sirio idioma nuestro
significa estrecho paso,
cuanto porque a lo que veo,
de las fortificaciones
va Deidamia recorriendo
la labor, a cuya vista
los esclavos prisioneros,
porque alivie sus tareas,
enternecido su pecho,
al son de zapas y palas,
destemplados instrumentos,
su llanto entonan. Y es fuerza
asistirla, por si veo
entre las que la acompañan
una beldad de quien tengo
pendiente alma y vida. Tú
procura mezclarte entre ellos
porque no te hallen ocioso
sobreguardas e ingenieros,
en tanto que yo les mando
tengan mejor tratamiento
hoy contigo.
Vase.
Toante
Mal podrán
hallarme ocioso, si es cierto
que con todos y mejor
que todos, repetir puedo…
Él Y Música
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!
Toante
Mejor que todos, con todos
dije, y dije bien, supuesto
que yo solo en un cuidado
todos los de todos tengo.
¡Ay, bella Irífile mía!
¡Quién supiera si, al ver puesto
tu ejército en fuga, habías
tú con sus reliquias vuelto
a Ceilán! Que, como tú
viva escapases del riesgo,
aunque lo demás fue todo,
todo lo demás fue menos.
Vive tú y muera yo —¡ay triste!—
esclavo, cautivo y preso;
que no he perdido el honor,
pues las desdichas es cierto
que, aunque le ajen, no le injurian.
Si tú vives, nada pierdo,
aunque pierda la esperanza
de volverte a ver, diciendo,
entre tantos tristes, ya
que no soy más que uno dellos:
Él Y Música
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo…
Sale Irífile.
Irífile
(¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo…)
Él Y Música
(…que a la fortuna representa el tiempo!)
Irífile
(…que a la fortuna representa el tiempo!)
(En tanto que va Deidamia
las líneas reconociendo
de las murallas —¡ay triste!—,
tomando yo por pretexto
en mi pasado desmayo
la falta de los alientos,
atrás me quedé, por ver
si, por ventura, entre estos
míseros, tristes cautivos,
hablar con alguno puedo
que me diga de Toante;
que, como yo sepa —¡ay cielos!—
que él vive, morir esclava
¿qué importa? Que no hay suceso
tan fatal que otro que pudo
ser mayor no le haga menos.
De cuantos miro a ninguno
a declararme me atrevo.
Si habías de acobardarme,
¿para qué, piadoso afecto,
me animabas?)
Toante
(¿Para cuándo
que era dijo algún ingenio
astrólogo el corazón
si, cuando me importa el serlo,
no me sabe adivinar
qué habrá la fortuna hecho
de Irífile?)
Irífile
(¿Para cuándo
se dijo que hace en el viento
caso la imaginación
si, cuando más lo pretendo,
representarme no sabe
qué habrán los hados dispuesto
de Toante?)
Toante
(Y, pues no tienen
mis penas otro consuelo…)
Irífile
(Y, pues no tiene otro alivio
la lid de mis sentimientos…)
Toante
(…sino la voz,…)
Irífile
( …sino el llanto,…)
Toante
(…por si el aire sus acentos
llevare donde los oiga,…)
Irífile
(…por si llegaren sus ecos
a donde pueda escucharlos,…)
Los Dos
(…diga en el común lamento…)
Música Y Ellos
(¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!)
Toante
(¡Ay, Irífile!)
Irífile
(¡Ay, Toante!)
Toante
(Mas ¿qué aprensión…)
Irífile
(Mas ¿qué afecto…)
Toante
(…me hace creer…)
Irífile
(…dudar me hace…)
Toante
(…—¡qué ilusión!—...)
Irífile
(…—¡qué devaneo!—...)
Toante
(…que me han nombrado?)
Irífile
(…que he oído
mi nombre?)
Toante
(Cierto…)
Irífile
(…o no cierto.)
Toante
(Dejarme quiero engañar…)
Irífile
(Dejarme burlar intento…)
Toante
(…persuadiéndome…)
Irífile
(…pensando…)
Vuelven y vense.
Toante
…que a esta parte…Mas ¡qué veo!
Irífile
…que a este lado…Mas ¡qué miro!
Toante
¿Si es delirio del deseo?
Irífile
¿Si es frenesí del desmayo?
Toante
Mal me animo.
Irífile
Mal me aliento.
¿Toante?
Toante
¿Irífile?
Irífile
¿Aquí tú?
Toante
¿Tú aquí?
Irífile
¿Qué es esto?
Toante
¿Qué es esto?
Irífile
Si entrambos nos preguntamos,
¿quién habrá de respondernos?
Toante
Pues, porque otro no responda,
esto es que, el caballo muerto,
del golpe y de las heridas
caí sin sentido en el suelo.
Por muerto al mar me arrojaran
si ya no el prudente celo
de Cósdroas, por encubrirme,
que era su hijo diciendo
con el nombre de Estratón,
no moviera el noble pecho,
con mi lástima y su llanto,
de un fenicio caballero
de quien esclavo quedé
a darme la vida.
Irífile
¡Cielos!
¿Qué escucho? ¿Tú esclavo? ¡Oh, nunca
venido hubiera tu esfuerzo
por auxiliar de mis armas!
¡Nunca hubiera el signo nuestro
en confrontadas estrellas
dominante influjo puesto,
en fe de que, en dando fin
a la guerra, esposo y dueño
serías de Ceilán y mío!
¡Oh, nunca…!
Toante
Cese el despecho,
que es fuerza sentir que haya
dictamen al tuyo opuesto,
pues, si estuviera en mi mano,
no solo lo que padezco,
mas todo cuanto posible
padecer me fuera, es cierto
no lo trocara al dejar
de haberte visto, creyendo
que tan gran dicha no había
de comprarse a menos precio.
Si esto y más diera por verte,
¿qué será verte de nuevo,
asegurada la vida
de tanto temido riesgo?
Dime, ¿has por dicha venido
a tratar algún convenio
de paz con Deidamia?
Irífile
¡Oh, quién
callar pudiera cuán presto
la alegre cuenta de un triste
dice gozo y es tormento!
Toante
¿Luego medios no te traen?
Irífile
No, que en mis males no hay medio.
Toante
Pues ¿cómo estás aquí?
Irífile
Como,
por ir en tu seguimiento,
prisionera fui de dos
capitanes, cuyo empeño
llegó a componer Deidamia,
siendo ajuste de su duelo
que yo por esclava suya
quede y…
Toante
Suspende el acento,
que a tanto alcance no tiene
caudales el sufrimiento.
¿Tú prisionera? ¿Tú esclava?
¡Oh, nunca hubieran mis hechos
empeñádome a venir
en tu favor! ¡Nunca, haciendo
recíproca consonancia
de nuestros astros el cielo,
te hubiera visto en el mío
favorable, pues hoy pierdo,
solo en perderte, no ya
lid, fama y libertad, pero
honor, vida y alma! ¡Oh, nunca
hubiera…!
Irífile
Cese el despecho,
que mudaré de opinión
si mudas tú de argumento,
pues tampoco yo…
Deidamia
dentro.
Por esta
parte también mirar quiero
qué defensas hay.
Irífile
Deidamia,
los muros reconociendo,
hacia aquí se acerca.
Leonido
dentro.
Yo,
por lo que en ella hay, me alegro
de que ahí te acerques.
Toante
Con ella
viene mi piadoso dueño.
Cósdroas
dentro.
Pues llega Deidamia, vuelva
el músico llanto nuestro.
dentro la música y fuera los dos.
Todos
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!
Irífile
Que no nos hallen hablando
será bien; no despertemos
alguna malicia. Adiós.
Toante
Adiós, mas dime primero,
en tan deshecha fortuna,
¿qué hemos de hacer?
Irífile
¿Qué podemos
hacer, si solo nos queda
un remedio?
Toante
¿Qué remedio?
Irífile
Que esperemos y suframos.
Toante
Pues suframos y esperemos.
Adiós otra vez.
Irífile
Adiós.
Toante
¡Qué pena…
Irífile
¡Qué sentimiento…
Toante
…la que no deja otro alivio…
Irífile
…el que no da otro consuelo…
Toante
…que vivir callando…!
Irífile
…que morir diciendo…!
La música y los dos a un tiempo.
Todos
¡Ay de quien nace a ser trágico ejemplo
que a la fortuna representa el tiempo!
Jornada Segunda
Salen Deidamia y Laura, solas.
Deidamia
Esto ha de ser.
Laura
Ya, señora,
que fías de mí tus ansias,
permíteme que te diga
que, para que vea mudanza
en tu semblante Cenón,
te ofendes con poca causa.
Deidamia
Si sabes que en las fortunas
que vamos corriendo varias
los ancianos que me siguen,
los nobles que me acompañan,
me han representado el sumo
desconsuelo en que se hallan
de que en mí la sucesión
falte de su real prosapia,
a efecto de que yo elija
esposo, necesitada
a haber de ser uno dellos;
si sabes que en esta instancia
fue a quien menos ofendida
escuché, menos airada,
y aun menos sorda, a Cenón,
no porque le di esperanza,
mas porque no la negué
—que en mujeres de mi fama
el no desdén es favor—,
¿cómo, poniendo tan alta
la mira en que ser oído,
sino respondido, basta,
poca causa te parece
empeñarse en la demanda
de otra dama?
Laura
Si creyó
que, afligida, se amparaba
dél, ¿cómo escusarlo pudo?
Deidamia
¿Y decirme a mí en mi cara
la peregrina hermosura
de esa divina persiana
tocaba al empeño?
Laura
No,
pero, él noble y ella dama,
la libre cortesanía
es lisonja, no alabanza.
Deidamia
Está bien, mas ¿el decir
que no había sin llevarla
de volver al mar sería
también lisonja?
Laura
Eso salva
el ser porque no creyesen
que de cobarde dejaba
el empeño, siendo así
que traerte tal esclava
era su intención.
Deidamia
¡Ay, necia!
Que, a no ser disculpa hallada,
acaso fuera disculpa,
mas, si al querer esforzarla
él fue quien perdió el sentido
siendo ella la desmayada,
¿cómo ha de ser verdadera
con tantas señas de falsa?
Si le vieras qué turbado
quedó, sin color, sin habla,
al verla llevar, qué torpe
se tropezó en las palabras
y qué grosero paró
en pintarme cuán bizarra,
espada en mano, había visto
una Belona, una Palas,
nunca tú por él volvieras.
Y, en fin, si no sabes, Laura,
que, con razón o sin ella,
hay cierta pasión tirana
que se aparece al sentirla
y se huye al explicarla…
(Más he dicho que juzgué.)
Y, en fin, vuelvo a decir, Laura,
si no sabes que hay un cierto
rencor, una cierta saña,
que sé cómo se padece
y no sé cómo se llama,
no me culpes de que invente
tan nunca vista venganza
que, empezando al primer viso
en heroica acción hidalga,
villana y no heroica acción
sea en el segundo.
Laura
Estrañas
cosas propones: ¿a un tiempo
hidalga acción y villana
puede haber?
Deidamia
Sí.
Laura
¿De qué suerte?
Deidamia
Desta suerte —oye y sabrasla—:
lo primero es que de vista
la pierda y, no bien vengada
con esto, he de hacer que cuando
venga a saber della…
Laura
Calla,
que viene gente.
Sale Cósdroas.
Cósdroas
Si pueden,
en fe de nieve, mis canas
osar a tocar esotra
nieve de tus manos blancas,
te ruego me lo permitas
y oigas…
Deidamia
Pues ¿qué esperas? Habla.
Cósdroas
En el lleno de la luna
de marzo, que es cuando ufana
parte imperios con el sol,
pues días y noches iguala,
acostumbra Persia hacer
—como, en fin, nocturna hermana
de Apolo, su auxiliar dios—
sacrificios a Diana,
y, fiando tus cautivos
sus afectos a mi anciana
edad, por mí te suplican
que a la obra en que trabajan
les des este día de asueto
y puedan en una casa
yerma, la que les señales,
entrar en ella sin armas
y, poniéndola a la puerta
bastante gente de guardia,
juntarse todos a hacer
el sacrificio a su usanza.
Deidamia
Si con tan pequeño alivio
sus sentimientos reparan,
vuelve, anciano, y di que yo,
desde luego, hago la gracia.
Cósdroas
Vivas los años, señora,
de aquel pájaro de Arabia,
y aun más que él, pues, sin morir,
a nuevas edades nazcas.
Direlo a todos porque
te den todos alabanzas.
Vase.
Deidamia
Aunque otra cosa pidiera
más difícil, la otorgara
por echarle de aquí.
Laura
¿Qué
diré yo, que tengo el alma,
más que de un hilo, pendiente
de tan nueva, de tan rara
venganza, como perderla
de vista y no ser venganza?
Deidamia
Claro está, porque la ausencia
ya deja con esperanza
de volverse a ver, y aun esta
tan del todo he de atajarla
que, cuando venga a saber
della, sea para hallarla
en ajeno poder.
Laura
¿Cómo?
Deidamia
Yo he de decir…
Morlaco
dentro.
¡Que me matan!
Laura
Otro estorbo.
Morlaco
dentro.
¡Aquí de Baco,
dios de carpetas y mantas
que penden ante tabernas!
Flora
dentro.
A los filos desta estaca,
infame, has de morir.
Deidamia
Mira
qué voces son esas, Laura.
Laura
Flora, aquella jardinera
que, con Fineo casada,
él en tu ejército sirve
y ella en tus jardines labra,
corriendo tras un cautivo
viene.
Sale Morlaco y Flora tras él con un palo.
Morlaco
¡Tu amparo me valga!
Deidamia
¿Qué es esto?
Morlaco
Sin ser pastel,
fui de a cuarto en la pasada
refriega; echada la suerte,
aunque para mí fue echada
a perder, a ganar fue
para el amo de esa ama,
que, según es regañona
y mal acondicionada,
pensé ser ama que cría,
y no es sino ama que mata.
Apenas vengo de estar
trabajando en la muralla
cuando, para que descanse,
traer agua y leña me manda,
que son mis dos enemigos,
pues mi bebida es el agua
y mi comida, la leña.
Tan fiera, tan inhumana
es que, a falta de asno, hay día
que a mí a la noria me ata.
¡Mira si hay desdicha como
suplir de un asno las faltas!
Deidamia
¿Esto de ti ha de decirse?
Flora
Si, cuando de la campaña
esperaba que trajese
Fineo una buena alhaja,
esa buena alhaja fue
con la que se vino a casa;
si, sobre no ser sujeto
de quien se tenga esperanza
de canje, pues por aquel
talle, por aquella cara,
¿quién ha de dar una negra,
cuanto y más dar una blanca?,
y, en fin, si, sobre esto, no es
de provecho para nada,
pues, sin ser cochero, hace
al revés cuanto le mandan,
¿qué mucho que le castigue
y que…?
Deidamia
¡No más! ¡Basta, basta!,
que estoy muy de veras yo
para burlas tan cansadas.
Trátale, Flora, mejor,
no oiga yo que le maltratas
otra vez.
Morlaco
Si desde hoy
no enmienda sus paparrabias,
mañana vendré a quejarme.
Flora
También sabrá irse mañana
a mis manos el garrote
y el garrote a tus espaldas.
Vanse los dos.
Laura
Prosigue antes que nos venga
otro embarazo.
Deidamia
¿En qué estaba?
Laura
En que la primera acción
ha de ser el ausentarla.
Deidamia
Eso toca a la acción noble,
que yo he de hacer.
Laura
Luego pasa
a que la ha de hallar ajena.
Deidamia
Eso toca a la villana,
que has de hacer tú.
Laura
¿De qué suerte?
Deidamia
Yo tengo de poner, Laura,
a Irífile en libertad.
Tú, en viéndola libre…
Laura
Aguarda,
que aún no habemos acabado
con los que nos embarazan,
y ella viene.
Deidamia
Ella no importa,
y antes juzgo que adelanta
nuestra plática, supuesto
que es lo que a ti te contara
lo que he de decirla a ella.
Y, así, en mis voces repara,
con que escuso repetirlo
hablando a un tiempo con ambas.
Déjala llegar.
Sale Irífile.
Irífile
(En estos
jardines, si no me engaña
la imaginación, he visto
desde una de esas ventanas
de la torre a Toante; y, pues
a ellos hoy Deidamia baja,
como que vengo en su busca,
veré si mi suerte avara
que le hable me permite,
que de sola una palabra
componer muchos consuelos
suele Amor. Pero Deidamia…)
Deidamia
¡Irífile!
Irífile
¡Gran señora!
Deidamia
¿Cómo, di, en Tiro te hallas?
Irífile
Si, siendo una esclava humilde,
como a huéspeda me tratas,
¿cómo he de hallarme? Muy bien,
y nunca más bien hallada
que aqueste rato que estoy
puesta, señora, a tus plantas.
Y, así, viendo desde el muro
que en estos jardines andas,
a ellos bajé, solo a fin
de saber si algo me mandas.
Deidamia
Muy contra ese rendimiento
era lo que yo trataba
con Laura ahora.
Irífile
Sepa yo
lo que tratabas con Laura,
por si alguna culpa es mía
que solicite enmendarla.
Deidamia
Yo, Irífile, desde el día
primero que en esta playa
tomé tierra, en protección
de su dueño imaginaba
ser admitida a merced
de algunos feudos o parias.
Antes que tomase voz
de en qué paraje me hallaba,
me saludaron los ecos de tus trompas y tus cajas,
con que, hallándome imposible
de volver al mar a causa
de que las naves traían,
de navegación tan larga,
atormentados los buques
y rotas velas y jarcias,
nos hubimos de poner
en defensa. He hecho esta salva
en fe de que nunca quise
la guerra, pues lo que pasa
desde aquí ya tú lo sabes.
Dejo desde aquí doblada
la hoja y voy a que tus nobles
prendas, tu hermosura y gracia
me tienen compadecida,
en una parte a tus ansias
y, en otra, a mis conveniencias
atenta, pues, si lograra
el quedar en paz contigo
y, remitidas las armas,
en conforme vecindad
viviésemos, ajustadas
capitulaciones que
estuviesen bien a entrambas
fuera el más glorioso fin.
Y, así, he resuelto te vayas
libre a tu ciudad y en ella
me pagues la confianza
que hago de ti, que no quiero
capitular con ventaja
teniéndote prisionera,
sino que a tu arbitrio hagas
lo que te dicte tu noble
sangre y honor, lustre y fama.
Laura
(Ya he visto la noble acción;
ahora la no noble falta.)
Irífile
Mil veces, señora, beso
tu mano, por piedad tanta
como usas conmigo, y cree
que allá he de ser más tu esclava
que aquí, que aquí lo es la vida
y allá lo ha de ser el alma.
Cuanto a capitulaciones,
persuádete a que te hallas
más dueño de Ceilán que
de Tiro, con fe y palabra
de firmarlas como tú
las envíes, o las altas
deidades, a quien testigos
hago, con sus soberanas
influencias me destruyan
el día que proceda ingrata
a tanto favor.
De rodillas.
Deidamia
¿Qué haces?
Irífile
Volverme a echar a tus plantas
en fe de que dueño mío
has de ser siempre.
Deidamia
Levanta,
y, porque en resoluciones
de tan grave circunstancia
no todos son de un sentir
y será posible que haya
partidos votos, no es bien
que desto se entienda nada
hasta estar ejecutado,
que es muy grande la distancia
que hay de saber que se hizo
a consultar que se haga.
Y, así, yo te avisaré
para que en secreto salgas
la noche que de las puertas
estén con orden las guardas
de que, sin reconocerla,
dejen salir una escuadra
en cuyo convoy irás
oculta y asegurada.
Y ahora, porque no me des
desto, Irífile, las gracias,
quédate a pensar contigo
en qué obligación te hallas
y piensa que hay que pensar
más de lo que piensas. (Laura,
ya hice yo la hidalga acción,
ven a hacer tú la no hidalga.)
Vanse las dos.
Irífile
Oye, escucha…Sin oírme,
airosa volvió la espalda.
Sin duda alguna, me quiere
por su deudora Deidamia,
pues no quiere que agradezca,
que el que agradece ya paga.
Generosa anda conmigo;
fuerza es que yo satisfaga
con igual fineza. ¡Oh, quién
todo esto participara
a Toante! Daré vuelta
al jardín, por si me engaña
o no el pensar que le vi.
Sale Toante.
Toante
¡Irífile!
Irífile
¿Quién me llama?
Toante
Quien en aquel breve espacio
que le permite esta azada
mirar al cielo te vio,
y, a hurto de afán y labranza,
de paso saber desea
cómo estás, cómo lo pasas.
Irífile
Como noble prisionera.
No te pregunto a ti nada:
ya veo cuán afligido…
Toante
Para lo que otros afanan,
aun esto es lo mejor.
Irífile
¿Cómo?
Toante
Como mi dueño a las guardas,
sobrestantes e ingenieros
mi buen tratamiento encarga.
Y, así, al jardín me aplicaron,
que al fin es labor más blanda.
Irífile
Gente viene. ¡Oh, quién pudiera
decirte que el cielo trata
mejorar nuestras fortunas!
Mas son tantos los que pasan
por aquí, tantos los que
nos ven, que temo que hagan
reparo en ver a los dos
hablar, y más si a oír alcanzan
cualquier razón que aventure
un gran secreto.
Toante
Pues haya
industria contra esa fuerza:
yo estaré abriendo esta zanja,
conduto de aquella fuente,
que es lo que hoy hacer me mandan.
Paséate por estas calles
como que al descuido andas
cogiendo flores y siempre
que pases por aquí habla
una palabra, no más;
yo juntaré las palabras
después y sabré lo que
decir quieres.
Irífile
Bien lo trazas.
Toante
Pues a la deshecha.
Irífile
Pues
a la industria. Atiende y cava.
Retírase Toante en medio del tablado, sale Cenón a una puerta, Leonido a otra, quedándose al paño, y paséase Irífile.
Cenón
(¡Qué triste y qué pensativa
de uno en otro cuadro anda
Irífile!)
Leonido
(¡Qué suspensa
y sola Irífile pasa,
hablando como entre sí,
de una estancia en otra estancia!)
Cenón
(Entre estas redes oculto
por el temor de Deidamia…)
Leonido
(Por la nota de la gente
escondido entre estas ramas…)
Cenón
(…pues hablarla no es posible,
conténteme con mirarla.)
Leonido
(…me contentaré con verla,
pues no me es posible hablarla.)
Irífile
(Largo he tomado el paseo
por desvanecer la causa.)
Toante
(¿Qué es lo que querrá decirme?
Sin duda es dicha, pues tarda.)
Cenón
(Hacia aquí viene.)
Irífile
(De aquestas
flores sobre esotras haga,
para mayor disimulo,
un ramillete.)
Cenón
Repara
que, aunque tan varias las ves,
rojas, azules y blancas,
cualquiera es ya maravilla
en llegando tú a tocarla.
Irífile
¿Quién está aquí?
Cenón
Quien con verte
está engañando sus ansias.
Irífile
Volveré por otra parte.
Cenón
¿Quién a huir te obliga?
Al pasar junto a Toante diga el medio verso, y así los demás, que él repite.
Irífile
Deidamia.
Toante
(«Deidamia» al pasar me dijo.)
Irífile
Ya que aquellas no me agradan,
corto otras flores.
Al otro lado.
Leonido
Advierte
que, aunque las mires tan varias,
cualquiera es la siempreviva,
si con mi fe la comparas.
Irífile
¿Quién aquí escondido?
Leonido
Quien
sus sentimientos engaña
con solo verte.
Irífile
(Los pasos
me ha cogido mi desgracia.
Si quiero por otra parte
echar, no le digo nada.
¿Qué haré? Mas menos importa
—pues él a verlos no alcanza—
que ellos me cansen, que no
que a él no le avise.)
Leonido
¿Qué estrañas
el ardid de amor?
Irífile
No estraño
sino presunción tan vana.
Si, porque fui prisionera
tuya, creyó tu ignorancia
que, sobre las persuasiones
de tu necia prima Laura,
a esto atreverte podías,
creyó mal, que, aunque contraria
fortuna en prisión me pone,
para aborrecer, mi fama me pone en mi libertad.
Pasa.
Toante
(«Me pone en mi libertad»
dijo agora.)
Irífile
(Fuerza es que haya
de dar con ellos por no
alejarme.)
Cenón
(Albricias, alma,
que, pues vuelve hacia aquí, es cierto
que mi acecho no la cansa.)
Bien merecen mis finezas
el que vuelvas a escucharlas
segunda vez.
Irífile
No merecen,
mientras para acreditarlas
no veo algún amante estremo.
Cenón
¿Qué estremo habrá que no haga?
Irífile
Si esperas que yo le diga,
enviarme a Ceilán trata.
Pasa.
Toante
(«Enviarme a Ceilán trata».)
Leonido
Dicha fuera, ya que vuelves,
volver menos enojada.
Irífile
Pues ¿qué has hecho para que
yo me desenoje?
Leonido
Nada
puedo hacer mientras no sé
dónde ir pueda mi esperanza.
Irífile
A disponer dignos medios.
Pasa.
Toante
(«A disponer dignos medios».)
Leonido
(Esto es sentir que yo haya
fiado a Laura mi amor.)
Cenón
Si mi dicha fuera tanta
que enviarte a Ceilán pudiera,
no dudes que te enviara.
No está eso en mi mano.
Irífile
Pues Pasando.
ten paciencia, sufre y calla.
Toante
(«Ten paciencia, sufre y calla».)
Leonido
Si dónde hallar dignos medios
supiera, yo los buscara,
mas no los hallé mejores.
Irífile
(En tanto que él no los halla,
vanidad mía, no sientas
lo que Leonido te agravia,)
que yo volveré por ti.
Pasa.
Toante
(«Que yo volveré por ti».)
Cenón
¿Cuándo, di, podrán mis ansias
alentar?
Irífile
Si lo consigues,
luego que de Tiro salga.
Pasa.
Toante
(«Luego que de Tiro salga».)
Irífile
(Ya le dije lo que pude;
que él lo haya entendido falta.)
Vase.
Cenón
Dejó Irífile el paseo.
Mi vista la siga hasta
que tropiecen mis temores
en los celos de Deidamia;
bien que, entre dos hermosuras,
una celosa, otra ingrata,
mejor me será volverme
al mar huyendo de entrambas.
Vase.
Leonido
Tomó Irífile otra senda
y, al seguirla, me acobarda
tanto su ceño que no
me atrevo a mover las plantas.
Toante
(Ya se fue. ¡Oh, si yo pudiese
recopilar las palabras
que destroncadas me dijo!
Si fuesen estas: «Deidamia
me pone en mi libertad;
enviarme a Ceilán trata
a disponer dignos medios.
Ten paciencia, sufre y calla,
que yo volveré por ti
luego que de Tiro salga».
¿Libre Irífile? ¡Qué dicha!)
Leonido
¿Con quién allí Estratón habla?
Toante
¡Oh, quién, Deidamia, pudiera
construirte por tan alta
generosa acción un templo
en cuyas piadosas aras
mármoles, jaspes y bronces
te consagrasen estatuas,
en cuyo obsequio…!
Leonido
¿De qué
das a Deidamia esas gracias?
Toante
(Destemplome el alborozo.
¿Qué diré?)
Cósdroas Y Música
dentro.
Viva Diana,
y, pues hoy tenemos
para su alabanza
las vidas cautivas
y libres las almas,
venid, venid
a sacrificarla.
Toante
Esas voces te respondan
por mí, pues ellas declaran
el justo agradecimiento
que a Deidamia debo, a causa
de habernos dado licencia
de que nos juntemos para
celebrar a nuestro modo
un sacrificio.
Leonido
¿Qué aguardas
para ir con los demás
que se van llamando en altas
festivas voces?
Toante
No quise
concurrir con ellos hasta
tener tu licencia.
Leonido
Pues
ya la tienes y ya tardas,
que se van juntando todos.
Toante
Iré, pues que tú lo mandas,
con todos diciendo:
Él Y Música
dentro.
Viva Diana,
y, pues hoy tenemos
para su alabanza las vidas cautivas
y libres las almas,
venid, venid
a sacrificarla.
Vase.
Leonido
¡Con qué poco se contenta
un triste que, como halla
no esperada la alegría,
cualquiera que encuentra, ensalza!
¡Ay de mí, que no la tengo!
Si supiera al ampararla
quién era Irífile, nunca
conviniera yo en dejarla
ni aun a Deidamia, aunque todo
su respeto aventurara.
¡Que la viese en mi poder
y la dejase! ¡Oh, mal haya
ocasión y honra, que nunca,
si se pierden, se restauran!
¡Quién en su poder la viera
otra vez!
Sale Laura.
Laura
¡Al cielo gracias
que te hallé, que ando en tu busca
todo el día!
Leonido
Pues ¿qué hay, Laura?
Laura
¿Óyenos alguien?
Leonido
No.
Laura
Pues
oye tú lo que me encargas
(aunque dijera mejor
lo que me encarga Deidamia.)
Habiendo de mí fiado
que amas a Irífile bella
y que procure con ella
introducir tu cuidado,
no te quiero encarecer
si lo hice o no, que no quiero
galardón ni gracias, pero
tampoco quiero perder
la más felice ocasión
de servirte. Yo he sabido,
por no se qué que he entreoído,
que tiene resolución
Deidamia de que a Ceilán
libre vuelva, en esperanza
de que, haciendo confianza
della, las paces podrán
capitularse mejor.
Y, porque, si esto se sabe,
podrá causarse algún grave
escandaloso rumor,
quiere en secreto envialla
y, sin llegarte a decir
para qué, te ha de pedir
gente para convoyalla.
Pues, de tierra general,
te toca que el orden des
a cualquiera escuadra, y pues
se viene ventura igual
a las manos, nombra a quien
te sirva en no defendella
y a quien, saliendo tras della,
robarla pueda también,
que, una vez en tu poder,
ella y los suyos vendrán
en que seas de Ceilán
dueño, llegándolo a ser
suyo casando los dos,
que es el único remedio.
Este es el aviso; el medio
tú le has de poner. Adiós.
Vase.
Leonido
Oye…Pero ¿para qué
saber más della procuro,
si, de mi fama seguro,
sé lo que basta, pues sé
que fue mía en la batalla?
Y, ya que por mía no quede,
cualquiera su prenda puede,
donde la encuentre, cobralla.
Y, así, beldad soberana,
pues te gané y te perdí,
vuelva a ganarte, que a mí
no ha de obstar…
Todos Y Música
dentro.
Viva Diana,
y, pues hoy tenemos
para su alabanza las vidas cautivas
y libres las almas,
venid, venid
a sacrificarla.
Leonido
Hacia aquí el tumulto viene
de los esclavos. Iré
donde más a mano esté,
si es que pedirme previene
Deidamia la escuadra, ufana
de que hace una generosa
acción, bien que sospechosa
la saldrá.
Vase.
Salen todos los cautivos que pudieren, Toante, Cósdroas, Morlaco y músicos.
Todos
Viva Diana,
y, pues hoy tenemos
para su alabanza las vidas cautivas
y libres las almas, Bailan.
venid, venid
a sacrificarla.
Toante
Pues ya, Cósdroas, el pretexto
que en tu idea has fabricado
a todos nos ha juntado,
dinos, ¿a qué fin es esto?
Cósdroas
¿Está cerrada la puerta?
Uno
Las guardas que se quedaron
por de fuera la cerraron.
Cósdroas
Pues, para que no esté abierta,
sin el nuestro, a su albedrío,
id, cerradla por de dentro.
Morlaco
Si yo con la estaca encuentro
de mi ama, bien confío
que nadie la romperá,
que es durísima en estremo.
Cósdroas
Que escucharnos pueden temo.
Otro
Ni oírnos ni entrar pueden ya.
Todos
Sepamos, pues, para qué
nos juntas.
Cósdroas
Para deciros,
mirándoos unos en otros,
tan pobres, tan abatidos
y tan míseros que ¿dónde
están los persianos bríos
que en Asia y África os dieron
tantos blasones antiguos?
Y, si no es bastante espejo
veros en vosotros mismos,
volved a ese muro, a ese
campo los ojos, y, tinto
uno en sangre y otro en llanto,
veréis que os dicen a gritos:
«Aquí los que fallecieron
peleando se han construido
en cada flor, una pira,
en cada hoja, un obelisco;
y allí, los que se toleran
infamemente cautivos,
en cada piedra, un padrón,
y en cada azada, un delito».
Que al trance de una batalla
se muestren menos benignos
los hados y que, llevando
adelante sus motivos,
tenaces, si dan en ser
ya opuestos o ya propicios,
sea una vitoria de otra
batallado silogismo,
ya lo vimos muchas veces;
pero pocas veces vimos
que el laurel del vencedor
sea argolla del vencido
con tan grande infamia como
ver que unos advenedizos,
arrojados de su patria,
de esos mares peregrinos
y huéspedes destos montes,
hollando espumas y riscos,
a avasallarnos en ella
a la nuestra hayan venido
tan afortunados que
no nos dejen albedrío
a que en nuestro desempeño
osemos abrir caminos
que ilustren con intentarlos,
cuando no con conseguirlos.
Si os mantiene la esperanza
de que seréis socorridos
de Ciro, ya esa espiró,
que hoy un mercader que vino
a traer con pasaportes
no sé qué canjes, me dijo
que Alejandro, a quien la fama
da el Magno por apellido
—pero ¿qué mucho, si es
del Grande Filipo hijo,
que hijo de Filipo el Grande
el mundo avasalle invicto? —,
que el Magno Alejandro, pues
—segunda vez lo repito—,
entra por Persia, con que,
puesto en su opósito Ciro,
acudir al propio daño
más que al ajeno es preciso.
Ya ni aun aquella lejana
esperanza de su auxilio
os queda, con que obligados
os halláis a reduciros
a duradera prisión,
en tan penoso ejercicio
como el gusano de seda,
que, labrando de sí mismo
la cárcel, muere encerrado
en el hilado capillo
que fabricó su tarea
de su sustancia hilo a hilo.
Pues, siendo así que a un gusano
somos hoy tan parecidos
que con nuestro propio afán
en esos muros de Tiro
nuestras cárceles labramos,
seámoslo en romper altivos
de tan violenta prisión
las cadenas y los grillos:
¿él no renace con alas
de sí propio tan distinto
que al que se encerró gusano
salir mariposa vimos?
¿Pues por qué, por qué nosotros,
con más razón, más instinto,
no habremos de cobrar alas?
Muramos, ya que morimos,
de ardiente encendida fiebre,
no de yerto pasmo frío.
Direisme que con qué medios,
por más alas, por más bríos
que criemos, nos podemos
alentar a competirlos?
Ellos de las armas son
los dueños, sin permitirnos
ni aun para el uso común
de la vianda un cuchillo.
Todos acerados arcos
y flechas, todos bruñidos
arneses y escudos tienen,
cuando desnudos vivimos
nosotros, sin más defensa,
al invierno ni al estío,
que estos serviles ropajes
que, sin decoro ni aliño,
toscos nos urdió el telar
sin primor del artificio.
Esto diréis y respondo
que para eso se previno
que a quien le falta la fuerza
se guarnezca del arbitrio.
A su política atentos,
los estranjeros fenicios,
más que en la campaña muertos,
¿no nos conservaron vivos
en la esclavitud a causa
de que el tenernos rendidos
miraba a dos conveniencias,
dejándoles, a dos visos,
o ya el canje o ya el sudor,
fortificados o ricos?
Esta ansia de prisioneros
y sed de esclavos ¿no hizo
que nuestro número crezca
más que el suyo, pues es visto
que ninguno hay sin esclavo
y muchos a cuatro y cinco?
Pues ¿quién nos quita, ya que
de día al trabajo acudimos
y de noche cautelados
cada uno al domicilio
se va de su dueño, que
cada uno pueda, valido
del silencio de la noche,
del prestado parasismo
del sueño y sus mismas armas,
gloriosamente atrevido,
matarle en su mismo lecho?
Con que, casero enemigo,
vendrá a tener más ventaja
que él tuvo, pues más distrito
que hay del desnudo al armado
hay del despierto al dormido.
Mueran, pues, en indefenso
callado motín, sin ruido,
reservando solamente
las mujeres y los niños
que no pasen de diez años,
para que en nuestro servicio
ellas vivan y ellos crezcan,
con que, poniendo advertidos
a Irífile en libertad
y a Deidamia en su servicio,
con las preciosas riquezas
que de Fenicia han traído
quedaremos no tan solo
libres, vengados y ricos,
pero absolutos señores,
eligiendo a nuestro arbitrio
rey que nos gobierne, pues,
siendo de nosotros mismos,
es fuerza en paz y justicia
mantenernos, advertido
que podremos deponerlo,
pues pudimos elegirlo;
con que, dueños de nosotros,
sin reconocer dominio
a nadie, daremos nombre
al nuevo reino de Tiro,
en cuyo muro y en cuyas
láminas de piedra escrito
leerá la fama a la historia
de los venideros siglos:
«esta es la venganza que,
osados, fuertes y altivos,
en su esclavitud tomaron
los persas de los fenicios».
¿Todos calláis? Pues ¿no hay quién
responda?
Uno
Si suspendido
está Toante, ¿quién quieres
que hable antes que él?
Toante
Pues yo digo,
ya que he de hablar el primero,
que ¿quién será tan indigno
persa, tan vil, tan cobarde
que, al verse tan oprimido,
se acuerde de que hubo ofensas
y se olvide de que hay bríos?
Y, así, yo seré el primero
que, olvidando beneficios
y acordándome de agravios,
le dé muerte a Leonido.
Y el que no diga lo propio,
sin que de aquí salga vivo,
muera a nuestras manos.
Todos
¡Muera!
Morlaco
Yo, con ser norial borrico,
no solamente lo juro,
mas lo voto y lo porvido
con circunstancia agravante,
pues no solo al dueño mío
mataré, pero a mi dueña.
Ved si a todos me anticipo,
pues ser mata-dueñas es
más que ser mata-vestiglos,
aunque me llamen después
licenciado mata-asnillos.
Cósdroas
Señalar el día nos falta,
la hora y el punto fijo,
porque como en todos sea
a un tiempo el susto, es preciso
que no puedan socorrerse
unos a otros.
Uno
Atrevidos
impulsos son más vehementes
cuanto son menos remisos.
Si lo dilatamos, Cósdroas,
podrá ser que algún indicio
en la astrología del pueblo,
que suele ser adivino
de sucesos, que contados
se saben antes que vistos,
nos descubra. Y, así, es bien
no dar al tiempo un resquicio.
Otro
Eso en una parte; en otra,
ser posible que el activo
calor de hoy esté mañana,
ya que no resfriado, tibio
pide más prisa. Y, pues ya
anochece y prevenirnos
no hemos menester de más
que de nuestro precipicio,
esta misma noche sea,
y la hora, cuando en filo
de su mitad la divida
la luna en dos equilibrios.
Todos
Ha dicho bien.
Cósdroas
Pues no hay
sino ejecutar lo dicho.
La seña será las trompas
y cajas que ya previno
mi celo, porque, asaltados
todos juntos de improviso
dentro y fuera de sus casas,
sea todo un confuso abismo.
Y ahora, quitando a la puerta
el fiador que la pusimos,
volved para que nos abran
a entonar más alto el himno:
Música Y Todos
Viva Diana,
y, pues hoy tenemos
para su alabanza
las vidas cautivas
y libres las almas,
venid, venid
a sacrificarla.
Dentro
Ya abrir las puertas podemos.
Cósdroas
Salgamos agradecidos
al favor, sin mudar nadie
semblante, color ni estilo.
Música Y Todos
Y, pues hoy tenemos
para su alabanza
las vidas cautivas
y libres las almas,
venid, venid
a sacrificarla.
Vanse, y detiene Toante a Cósdroas.
Toante
¡Cósdroas!
Cósdroas
¿Qué quieres?
Toante
Que, pues
ya todos van divididos
a sus casas, industriados
de lo que han de hacer, conmigo
te vengas hacia la mía,
porque tengo en el camino
que hablarte a solas.
Cósdroas
¿Qué esperas?
Toante
¿Acuérdaste que Leonido
me dio la vida?
Cósdroas
Yo fui
el instrumental testigo.
Toante
¿Sabes que en mi esclavitud,
más que mi dueño, mi amigo,
sobre aliviar mis fatigas
fuera de su casa, hizo
en ella tal confianza
de mí que, siendo preciso
venir tarde algunas noches
del jardín adonde asisto,
a causa de que Deidamia
bajaba a su ameno sitio,
mandó que me diesen llave
no solo de aquel postigo
que cae a mi albergue, pero
maestra de su cuarto mismo,
a fin de lo que gustaba
tal vez conferir conmigo?
Cósdroas
Sí, lo sé.
Toante
¿Sabes también
que soy quien soy?
Cósdroas
Yo el que finjo
que no lo eres soy.
Toante
Pues ¿cómo,
sabiendo que por él vivo,
sabiendo su tratamiento,
su confianza y cariño,
y finalmente que soy
quien soy, has de mí creído
que vida, trato y fe puedo
pagar con un homicidio?
Cósdroas
Tú fuiste quien mi consejo
aprobaste.
Toante
Muy distinto
es cumplir yo con la patria
que haber de cumplir conmigo.
Leonido no ha de morir
a mis manos; dame arbitrio
cómo podré tus intentos
carear con sus beneficios.
Cósdroas
No dándole tú la muerte,
pero no quedando él vivo,
que, general de sus armas,
es mucho para enemigo
si vivo queda.
Toante
¿Cómo eso
puede ser?
Cósdroas
Ya lo imagino.
Yo juntaré de los nuestros
algunos que irán conmigo
diciendo que allí el esfuerzo
—por ser principal caudillo,
donde hay guardia y hay familia—
conviene. Y, así, eximido
tú de la nota de ingrato
con que el tumulto lo hizo,
pones en salvo tu honor.
Toante
No pongo si lo permito,
que en lo mal hecho aun es menos
hacerlo que consentirlo,
que uno dice bien vengado
y otro publica malquisto.
Cósdroas
Eso es reventar de honrado.
Toante
Esto es ser agradecido.
Cósdroas
Es ser no fiel a la patria
por ser con un hombre fino.
Toante
Es ser fiel y fino a un tiempo,
pues ya voté los designios
de la patria en su favor
y ahora consulto los míos.
De ingrato no ha de acusarme.
Cósdroas
¿Qué muerto al matador vino
a residenciar de ingrato?
Toante
El que quedó en mi fe vivo.
Cósdroas
Bastante disculpa es
decir que el motín lo hizo.
Toante
Si eso sin saberlo yo
me lo hallara sucedido,
decías bien.
Cósdroas
¿Quién, si no tú,
lo sabrá?
Toante
¿Qué más testigo?
¿Para ser yo ruin no basta
saberlo yo de mí mismo?
Cósdroas
Pues prevente a embarazarlo.
Toante
Pues prevente tú a cumplirlo.
Cósdroas
Sí hare, que menos importa
que un común un individuo,
y quizá habrá cómo salve
tu honor y mi patria.
Toante
Dilo.
Cósdroas
¿Para qué, si es tu disculpa
no saberlo? Y no hay camino
mejor de que no lo sepas…
Toante
¿Qué?
Cósdroas
…que irme yo sin decirlo.
Vase.
Toante
¿Quién, cielos, en confusiones
tantas como yo se ha visto?
Cuando pendiente de que
si se habrá Irífile ido
a Ceilán estoy, bien como
troncadamente me dijo,
nueva duda me combate,
y tan grande como ha sido
ser a mi patria traidor
o traidor al dueño mío.
Si le digo que conviene
guardar su vida, le digo
de quién; si lo callo, ¿cómo
le he de decir el peligro
de que ha de guardarse? ¡Cielos,
alumbradme en tanto abismo!
Y dije bien, «alumbradme»,
pues, cuando ya el umbral piso
de mi albergue y paso al cuarto,
Entra por una puerta y sale por otra.
solo y a obscuras le miro.
Sin guardia está estotra puerta
y cerrada: ¿si han oído
algo los que se quedaron
fuera y, trayendo el aviso
para reparar el daño
a juntar la gente ha ido
Leonido, a este fin llevando
familia y guardia consigo?
¡Ah, discurso! ¿A lo peor
siempre? El más vehemente indicio
desto es ver si retiraron
también las armas. Preciso
es, para verlo, traer luz,
que no he de fiar al tino
tan grande experiencia.
Vase.
Salen Irífile, Leonido y Anteo.
Irífile
¡Cielos,
favor!
Leonido
Cesen los suspiros,
que en brazos vas de quien más
te estima a ti que a sí mismo.
Irífile
¡Ay de mí, infeliz!
Leonido
Anteo,
pues solo de ti me fío,
a cuya causa esta noche
familia y guardia retiro,
quédate a esta puerta y nadie
—pues no ha de haber más testigo
que tú— entre aquí, mientras yo
un instante, un improviso,
me dejo ver de Deidamia
en prueba de que no he sido
yo el agresor deste robo.
Vase.
Anteo
Parte seguro, que fijo
a esta puerta me hallarás.
Pónese a la puerta.
Irífile
Valedme, dioses divinos,
que no sé ni dónde estoy
ni lo que me ha sucedido,
pues solo sé que me hallo
en un ciego laberinto.
Sale Toante con luz.
Toante
Reconoceré si están
las armas. Pero ¡qué miro!
Irífile
Luz ha entrado. Mas ¡qué veo!
Toante
¡Otro asombro!
Irífile
¡Otro prodigio!
¡Toante!
Toante
¡Irífile!
A la puerta Anteo escuchando.
Anteo
(¡Aquí luz!
¿Y «Toante» ella no dijo?
Oiga y calle.)
Toante
Pues ¿qué es esto?
Irífile
Volvernos a aquel principio
en que ambos nos preguntamos
y en que ambos nos respondimos.
Toante
¿Cómo?
Irífile
¿Entendiste bien cuanto
mi voz al pasar te dijo?
Toante
Sí.
Irífile
Pues habiendo —¡ay de mí!—
de las murallas salido
con el convoy que Deidamia
me dio, nos salió al camino
una tropa; huyó la mía,
con que, un soldado al estribo
y otro a la rienda, el caballo
de ambos gobernado vino
donde a obscuras me han dejado
y donde, habiéndote visto,
no sé cómo aquí estás.
Toante
Como
es la casa de Leonido,
mi amo.
Irífile
¿De Leonido?
Toante
Sí.
Irífile
¡Ya es más mi mal sucedido
que fue imaginado!
Toante
¿Cómo?
Irífile
Como el primer dueño mío
fue Leonido y de su amor…
Toante
No, no tienes que decirlo,
que ya me lo han dicho antes
mis desdichas, pues me han dicho
que se guardaban los celos
para el último martirio.
Darle la vida pensaba,
a mi vida agradecido;
agradecido a mi muerte,
no lo he de hacer, pues ya es visto
que delito sobre celos
es disculpado delito.
¡Muera Leonido! Mas ¡ay!,
que es muy desigual partido,
que sé yo que él me ha obligado
y él no que a mí me ha ofendido.
¿Quién vio contrato en que es fuerza
valer yo más que yo mismo?
¡Viva Leonido y yo muera!
Pero ¿qué digo?, ¿qué digo?
¡Oh, mal haya tanto honor!
¿Será de mi fama digno
decir que dejé a mi dama
a otro amante, consentidos
mis celos? Eso no. ¡Muera
con todos cuantos fenicios
hoy han de morir!
Anteo
¿Qué es eso
de morir todos…
Toante
(¿Qué he dicho?)
Irífile
(¡Otro susto, cielos!)
Anteo
…si antes
que llegues a presumirlo
sabrá Leonido quién eres,
que estás con nombre fingido
y eres de Irífile amante?
Toante
No harás tal, que yo, rendido
a tus pies, te rogaré
que lo que un despecho dijo
no es para que dello hagas
aprecio y…
Anteo
No hay que impedirlo,
que todo lo ha de saber.
Toante
Haz lo que yo te suplico
antes que otro te lo mande.
Anteo
¿Quién será?
Toante
Tu acero mismo.
¡Muere a mis manos!
Quítale la espada y mátale, y cae medio dentro del vestuario.
Anteo
¡Ay, triste!
Toante
Ahora, si pudieres, dilo.
Irífile
¿Qué has hecho?
Toante
Cerrar con puerta
de acero nuestro peligro.
Y, ya que a los pies del lecho
de Leonido a caer vino,
mientras que no se declare
aun otro mayor prodigio,
vente tú conmigo.
Sale Leonido.
Leonido
¿Dónde
Irífile ha de ir contigo?
Y más cuando usando ingrato
de la entrada que has tenido
a este cuarto, veo ese acero
en tu vil mano teñido
en roja sangre. ¿Qué es esto?
Toante
Volver por tu honor, el mío
y el suyo. En mi albergue estaba
cuando oigo un triste gemido
de mujer pidiendo al cielo
favor. Tomo luz, movido
de la novedad, y entro
adonde un soldado miro
con Irífile…No sé
cómo me atreva a decirlo,
por no decir que luchando.
Y, porque llegué a impedirlo,
me atropelló de manera
que me obligó a que a los filos
muera de su acero. Mira,
él en tu casa atrevido,
ella ofendida en tu casa,
yo en tu casa agradecido,
si hice bien o no en salvar
su honor, el tuyo y el mío;
con que, viéndola confusa,
sin saber cómo aquí vino,
la dije, como tú oíste,
«vente, Irífile, conmigo»
para volverla a Deidamia.
Leonido
¡Oh, traidor! ¡Oh, fementido
Anteo! No ya enojado,
Estratón, agradecido
a tu valor, con los brazos
te pago el justo castigo
del agraviado respeto
de ese hermoso dueño mío.
Y, pues que ya de mi amor
y mi secreto te hizo
capaz el acaso, bien
de tus buenas prendas fío
que nunca digas…
Voces
dentro.
¡Arma, arma! Cajas.
Leonido
¿Mas qué asalto no previsto
tan súbito al arma toca?
Unos
dentro.
¡Socorro, cielos divinos!
Otros
dentro.
¡Dioses, favor!
Otros
dentro.
¡Piedad, cielos!
Leonido
En general alarido
clama toda la ciudad.
Dentro
¡Guerra, guerra! Cajas.
Irífile
¡Oh, hado impío!
¿Hasta dónde ha de llegar
el rigor de tu destino?
Leonido
¿Qué aguardo que no voy?
Toante
Mira…
Deteniéndole.
Leonido
Quita.
Toante
Teme tu peligro,
pues yo dél te aviso, y hago
no poco en darte el aviso.
Todos
dentro.
¡Traición, traición!
Unos
dentro.
¡Arma, guerra!
Cósdroas
dentro.
¡Mueran todos los fenicios!
Leonido
Pues ¿qué es esto?
Toante
Solevado
tumulto de los cautivos,
que a esta hora no habrá dejado
alguno a su dueño vivo,
sino yo.
Golpes dentro.
Cósdroas
dentro.
¡Romped las puertas!
Toante
Y, pues se acerca el conflicto,
procúrate retirar
en el más oculto sitio,
mientras muero en tu defensa
si no basto a reducirlos
con que en casa no estás.
Leonido
¿Yo
retirarme? Solo, altivo,
entraré a tomar mis armas,
que, si el trenzado arnés ciño,
el templado escudo embrazo
y el ardiente acero esgrimo
antes que, rota la puerta,
entren, saldré a recibirlos.
Éntrase.
Toante
No harás, que impedirlo yo
sabré.
Leonido
dentro.
¿Cómo has de impedirlo?
Toante
Cerrándote, pues la llave
está puesta en el pestillo.
Cierra.
Leonido
dentro.
¿Qué haces, traidor?
Toante
Ser leal,
y, porque voces ni ruido
no te descubran y sepas
cuán seguro estás conmigo,
Toante soy, no Estratón. Mira
si tu vida solicito,
pues, para serte traidor,
no hubiera mi nombre dicho.
Ponte tú ahora a mis espaldas.
Irífile
¿Qué intentas?
Toante
Ver si consigo,
de él esclavo y de ti amante,
ajustar, leal y fino,
duelos de amor y lealtad,
viendo que a él de todos libro
y a ti dél.
dentro golpes.
Cósdroas
dentro.
Cayó la puerta.
¡Entrad y muera Leonido!
Salen Cósdroas y todos los cautivos.
Toante
Detente, Cósdroas, que ya,
de tu razón convencido,
mudé parecer y, al verle
sobre su lecho dormido
—que, a fuer de buen capitán,
se recostaba vestido—,
le di la muerte. Llegad;
ved que, al postrer parasismo,
con las ansias de la muerte,
al pie del lecho caído
en tierra está.
Señala dentro.
Morlaco
Atún de réquiem,
en ella yace tendido.
Cósdroas
En efecto, eres quien eres,
¿pero quién aquí ha traído
a Irífile?
Toante
De Deidamia
—que vengar en ella quiso
el sobresalto de todos—
huyendo, a ampararse vino
de mí. No aquí te la dejes;
llévala, Cósdroas, contigo.
Vete tú con ellos.
Irífile
Pues
¿no vienes tú?
Toante
Ya te sigo
(y advierte que honor y vida
me va en callar lo que has visto.)
Irífile
(Juramento hago a los dioses
de que nunca he de decirlo.)
Cósdroas
Ven, bella Irífile, donde,
puesta Deidamia en retiro
y tú en libertad, digamos:
«¡Viva por los persas Tiro
y Toante, no ya Estratón,
que dio la muerte a Leonido!»
Todos
¡Viva por los persas Tiro!
Vanse; queda solo Toante, abre la puerta y sale Leonido.
Toante
Mira si bien te he pagado
la vida que te he debido.
Y ahora, hasta ponerte en salvo,
sabré tenerte escondido
como Toante en mi fe y como
Estratón en tu servicio.
Asegúrate de mí,
que a todo ese cristalino
coro de los altos dioses,
a quien pongo por testigos,
hago jurado homenaje
con todo solemne rito
de que, aunque importe a mi vida,
no descubra el que estás vivo.
Leonido
Tarde he sabido quién eres;
pero dime, ¿qué se hizo
Irífile?
Toante
(¿Ahora te acuerdas
della cuando yo me olvido?)
Hallándola aquí el tumulto,
como a su dueño, consigo
se la han llevado.
Leonido
¿No hubieras
escondídola conmigo?
Toante
No era fácil. A esconderte
vuelve, no seas de alguien visto,
mientras yo desde ese muro,
antes que sea conocido,
echo al mar ese cadáver.
Leonido
En fin, ¡tú no más has sido
leal entre tantos traidores!
Toante
En agravios conocidos
no es la venganza traición,
por más que digan a gritos
unos:
Dentro
¡Clemencia, piedad!
Toante
Otros:
Dentro
¡Nadie quede vivo!
Toante
Y aun otros desde el mar:
Cenón
dentro.
¡Leva
la áncora, despliega el lino
y huyamos, pues vemos que es
toda la ciudad prodigios!
Toante
Y todos juntos:
Todos
dentro.
¡Arma, arma!
Otros
dentro.
¡Socorro, dioses divinos!
Otros
dentro.
¡Cielos, favor!
Todos
dentro.
¡Guerra, guerra!
Toante
Pues de ecos tan distintos
podrá componer la fama
otro en que diga a los siglos
que hubo esclavo tan leal
que, celoso, amante y fino,
le dio la vida a su dueño
cuando en los muros de Tiro
tomaron justa venganza
los persas de los fenicios.
Jornada Tercera
Tocan cajas y trompetas y sale marchando por una parte Alejandro y soldados y por otra Cenón.
Cenón
Si merece, señor, un derrotado,
náufrago peregrino,
que a merced del destino,
que a discreción del hado,
por varios casos a tus plantas vino,
besar, postrado a ellas,
la menos fija estampa de sus huellas,
humilde te suplico
me des audiencia.
Alejandro
¿Cuándo yo no aplico
el oído igualmente
a amigo y enemigo, si prudente
sé que tal vez consigo
del enemigo aun más que del amigo?
Y, así, sepa quién eres,
adónde es tu derrota y qué me quieres.
Cenón
Magno Alejandro, a quien aclama el mundo,
segundo al gran Filipo sin segundo,
Cenón soy, héroe un tiempo de Fenicia,
a quien Júpiter…
Alejandro
Ya de esa noticia
capaz estoy, y sé que, destruida,
quedó desierta.
Cenón
De los que la vida
por el mar escaparon…
Alejandro
Ya sé también que en África arribaron.
Cenón
…uno fui, que al tomar en ella tierra…
Alejandro
También sé los progresos de esa guerra.
Cenón
…triunfantes, pues, de Irífile y de Ciro…
Alejandro
…fabricasteis la gran ciudad de Tiro.
Hasta aquí sé de vuestros hechos graves.
Cenón
Pues oye desde aquí lo que no sabes:
habiendo por derecho de armas sido
del vencedor la vida del vencido,
la natural piedad hizo costumbre
que estén en cautiverio o servidumbre;
con que, apresando algunos persas vivos,
los conservamos solo de cautivos
en el nombre, supuesto
que en lo demás les era manifiesto
que al que canjearse trate
no le impidiese el dueño su rescate,
y el que no le tenía,
devengase la costa que le hacía
en la pública fábrica del muro;
con que, no maltratado y bien seguro,
de nadie queja alguna
le quedaba, si no es de su fortuna.
En este, pues, recíproco contrato
de que me sirva, pues que no le mato,
conjurados, hicieron tan notable
traición, motín tan fiero y execrable,
tan bárbaro despeño,
como dar cada cual muerte a su dueño.
Que el preso busque, a riesgo del despecho,
la libertad, es natural derecho,
mas no es derecho natural que sea
con tan torpe traición, tan vil, tan fea,
como romper con alevoso ultraje
la contratada ley del homenaje.
Si de algún fuerte puesto apoderados,
si de escondidas armas prevenidos,
declarados lidiasen atrevidos
y, sus hados trocando a nuestros hados,
atrevidos venciesen declarados,
heroica empresa fuera;
mas con ira, y tan duramente fiera
como contra su dueño
conspirar el esclavo
y en la quietud pacífica del sueño,
como antes dije, cruel, sañudo y bravo
darle a su salvo muerte, es tan enorme, tan atroz, tan fuerte
insulto, que te empeña en su castigo,
a cuyo fin por tierra y mar te sigo;
pues por humanas y divinas leyes
toca a la real vindicta de los reyes
conocer del doméstico enemigo
que el fuero humano al inhumano pasa
sin que le valga a un desarmado pecho
ni el seguro sagrado de su casa
ni el no violado albergue de su lecho.
En una noche, pues, en tanto estrecho
Tiro se vio que no hubo en toda Tiro
calle sin llanto, casa sin suspiro,
plañendo, sin cuidar de otros haberes,
padres y esposos, hijos y mujeres,
al verse, sin tener recurso a nada,
Deidamia presa, Irífile aclamada,
y no en común clamor tanto te obligue
como en particular el que se sigue:
yo, que en el mar me hallaba,
por ser el que la armada gobernaba,
de algunos que en sus casas no durmieron
porque de guardia aquella noche fueron
supe, echándose al mar antes del día,
que desta alevosía
el estruendo mayor había salido
de la infelice casa de Leonido.
Leonido, de la tierra
general, que en los trances de la guerra
hallando a un persa herido,
sin aliento, sin voz y sin sentido,
en su casa albergado,
asistido y curado
hasta cobrar la vida,
cabeza del motín, fue su homicida,
según lo que entendieron
de las confusas voces los que oyeron
decir al pueblo errante:
«¡Viva, no ya Estratón, sino Toante,
pues dio la muerte al general Leonido!».
De suerte que Toante, con fingido
nombre, convalecidas sus fatigas,
movió el motín, pagando…
Alejandro
No prosigas,
que, aunque el traidor tumulto
me mueve por lo estraño del insulto,
más por tener un hombre tan aleve
que da la muerte a quien la vida debe.
Corra la voz y marche,
herido el bronce y castigado el parche,
el campo, no en alianza ya de Ciro, tome a Tiro la vuelta,
que mi piedad, en cólera resuelta,
ha de dar en su último suspiro
nombre a la roja púrpura de Tiro
cuando navegue, en vez de undosa plata,
bajel de piedra en ondas de escarlata,
no tanto ya por su alevoso trato,
cuanto por mantener en sí a un ingrato,
pues por mayor vitoria habré tenido
ver a mis pies a un desagradecido
que cuantas la memoria
esculpirá en sus láminas mi historia,
porque ¿qué triunfo, qué laurel, qué palma,
como el de un homicida
que da la muerte a quien le da la vida
y de su ingratitud sus triunfos labra?
A Tiro, pues, y pase la palabra.
Todos
A Tiro, pues, y pase la palabra.
Vanse tocando caja y clarín y sale Flora huyendo de Morlaco.
Flora
La furia, Morlaco, aplaca.
Morlaco
No hay qué llorar ni gemir,
que hoy, infame, has de morir
a los filos desta estaca.
Flora
Cuando mi vida te enoje,
¿por qué con palo me das?
La mano baste y no más.
Morlaco
Amiga, a quien dan, no escoge.
Flora
¿No basta en el cuerpo? Ya
que tan airado te ves,
no en la cabeza me des.
Morlaco
Todo, Flora, se andará.
Flora
Ten ese golpe. ¡Ay de mí!
Morlaco
Ya este que se llegó a ver
en alto, fuerza es caer,
que no he de quedarme así.
Va a darla, ella huye y da en el suelo.
Flora
Dél me procuré escapar.
Morlaco
Si con este no te toco,
vaya estotro, que tampoco
así tengo de quedar.
Flora
¿No basta que a mi marido,
porque dormido le hallaste,
como un gallina mataste?
Morlaco
No basta, pues no has sabido
matar otra y cada día
que a comer y a cenar entro,
el nombre «gallina» encuentro
en tu boca y no en la mía.
¿Qué cosa es que un hombre honrado
de holgarse a su casa venga
y en ella una esclava tenga
tan poquísimo cuidado
que no halle la mesa puesta,
ni agua ni leña traída,
ni guisada la comida?
Flora
¿Qué comida traes tú?
Morlaco
Esta. Pégala.
Buen modo de agradecer
que desde que su amo soy
no conozca que está hoy
mucho más moza que ayer.
Flora
¿Más moza? Eso me alboroza.
Morlaco
Claro está, porque ¿qué dama
que envejece siendo ama
si se entra a servir no es moza?
Y, pues piedad no pequeña
es que cuanto sirvas más
tanto más moza serás,
veme por un haz de leña:
haya leña, ya que no
haya qué cocer con ella.
Flora
¿Cómo puedo yo traella?
Morlaco
A cuestas, como hacía yo.
Y, si el tener las costillas
doloridas te acobarda,
ven, echarete la albarda
con todas sus angarillas.
Y, para hacer más notoria
mi piedad, no diré yo
que traigas agua, sino
que la saques de la noria.
Flora
¿Yo noria? ¿Yo albarda?
Morlaco
Y presto;
no de otra suerte lo diga.
Flora
¿Yo albarda y noria?
Morlaco
Sí, amiga.
Flora
¡Justicia de Dios!
Sale Irífile.
Irífile
¿Qué es esto?
Flora
Es ser en el desconsuelo
que toda Fenicia llora
el mío mayor, señora,
pues me da por amo el cielo
quien matarme a palos quiera.
Irífile
¿Cómo así a Flora se trata?
Morlaco
Como quien a estaca mata,
es justo que a estaca muera.
Si cualquiera camarada
en la casa en que quedó
por dueño todo lo halló
cumplido, y yo no hallo nada
más que esa fiera, esa rara
serpiente deste vergel;
y, si no, dígalo aquel
talle con aquella cara;
si, cuando a otros mesa franca,
ajuar y dinero alegra,
hallo yo una verdinegra
por quien no daré una blanca,
¿qué mucho que vengar quiera
en que ella me sirva a mí
lo que yo a ella la serví?
Irífile
Cobarde, ¿de esa manera
te vengas de una mujer?
¿No la basta su dolor,
sino hacerle tú mayor?
¡Hola!
Salen dos soldados.
Soldado
¿Qué mandas?
Irífile
Poner
en un cepo a ese villano
mientras un trato le den
de cuerda, que ver es bien
que quiso el cielo no en vano
convalecer mi fortuna,
pues es para hacer justicia
de quien con torpe malicia
intente violencia alguna
en la casa que adquirió.
¿Qué esperáis? Llevadle, pues.
Morlaco
Humildemente a tus pies…
Flora
Mentehumilde a tus pies yo…
Morlaco
…lograr tengo…
Flora
…he de deber…
Morlaco
…que el cepo…
Flora
…el trato y la cuerda…
Morlaco
…la ira temple.
Flora
…el furor pierda.
Morlaco
¡Miren la buena mujer!
Irífile
¿Tú lo pides?
Flora
Yo lo ruego.
Cepo, trato y cuerda, tres
penas muchas son. Haz, pues,
que le ahorquen desde luego,
que es una no más. Aquesto
mi llanto ha de merecer.
Morlaco
¡Miren la mala mujer!
No hagan tal, que yo protesto
tanto enmendarme, señora,
que no solo he de ofenderla,
pero ni oírla ni verla.
Irífile
Eso basta por agora,
pero has de advertir que sea
para que no vuelva a mí
con la queja. Idos de aquí.
Flora
Como la enmienda no vea,
a que te ahorquen volveré.
Morlaco
Mientras me ahorcan o no,
volveré a mi estaca yo.
Vanse y sale Toante.
Toante
Que se fuesen esperé
para hablarte a solas, ya,
bella Irífile, que puedo
sin aquel pasado miedo
lograr la ocasión que da,
bien que a costa del rigor,
mejorada nuestra suerte.
Irífile
Solo la mejora es verte
y hablarte sin el temor
que en verte y hablarte había
cuando el recato de todos
andaba buscando modos
de explicarse. Y, pues el día
llegó de que, vencedores,
dueños de Tiro seamos,
será bien que confiramos,
Toante, los medios mejores
para establecer su nuevo
dominio.
Toante
¿Qué puede haber
en eso que establecer,
si a coronarte me atrevo
hoy reina de Tiro, a cuyo
fin he dispuesto que esté
junto el pueblo para que
te aclame?
Irífile
El afecto tuyo
estimo, como es razón,
mas no lo intentes.
Toante
¿Por qué?
Irífile
Porque me empeñas en que
desdeñe su aclamación,
porque ¿cómo, Toante, cómo,
si Deidamia fabricó
la ciudad y della yo
una vez posesión tomo,
podré pagarla después
la gran deuda en que me puso
cuando enviarme dispuso
libre a Ceilán? Que, aunque es
verdad que no conseguí
por la traición de Leonido
haberme a mi salvo ido,
ya a lo menos recebí
su generosa hidalguía,
y no es de la mía disculpa
que sea de otro la culpa
para que ella no sea mía.
Toante
Esa es pequeña objeción,
pues, con tenerla en decoro
y en estimación, no ignoro
cumples con tu obligación.
Irífile
No cumplo, que, si ella a mí
en estimación me tuvo
y en decoro y luego anduvo
tan liberal como vi,
¿qué haré por ella en tenella
en estimación también y en decoro si no ven
que paso a igualarme a ella
en otra gloriosa acción?
Pues no corren paridad
ponerme ella en libertad
y tenerla yo en prisión.
Toante
Poco mis finezas amas,
pues que no estimas su fe.
Irífile
¿Ahora, Toante, sabes que
también hay duelo en las damas?
¿Quieres verte convencido?
Si a ti Leonido te dio
la vida, a mí me ofendió,
y, siendo así que, escondido,
por una piedad le amparas
y por un agravio no
te vengas dél, ¿cómo yo,
si en mí la piedad reparas,
sin el agravio podré
faltar a esta obligación?
Toante
Duelos de damas no son
tan escrupulosos que
las desdoren.
Irífile
Sí son cuando
son las damas como yo,
y persuádete a que no
acepte de Tiro el mando
que tus favores me dan,
pues, si a Deidamia no miro
quedar por reina de Tiro,
la coronaré en Ceilán.
Sale Deidamia al paño.
Deidamia
(«¿Pues si a Deidamia no miro
quedar por reina de Tiro,
la coronaré en Ceilán?»)
Toante
Si a eso obliga el ser quien eres,
a esto ser quien soy provoca:
yo iré a hacer lo que me toca
y tú harás lo que quisieres.
Vase.
Deidamia
(¡Oh fuerza de lo bien hecho!
Que, aun siendo con intención
doble, es tal tu perfección
que al fin resulta en provecho.
No me dé por entendida.)
Irífile
¿Deidamia?
Sale ahora.
Deidamia
Llegando a ver
desde esa torre que andabas,
señora, en este vergel,
por si tienes qué mandarme,
en busca tuya bajé,
ya que besar no merezca
tu mano, a estar a tus pies.
Irífile
¿Qué haces?
Deidamia
Aprender de ti,
humildemente cortés,
aunque murmuren las flores
que su oficio les hurté,
lo que va de ayer a hoy,
pues tú me enseñaste a ser
fiel prisionera.
Irífile
Levanta,
que, si aprendiste lo fiel,
yo podré poco o de Tiro
reina has de ser.
Unos
dentro.
No ha de ser.
Otros
dentro.
Sí ha de ser.
Irífile
¿Qué estruendo es este?
Deidamia
No apures su acento, que es
oráculo contra mí
y es fuerza ser cierto.
Toante
dentro.
Aunque
lo resistáis, la habéis hoy
de aclamar y obedecer.
Todos
dentro.
Antes perderemos todos
las vidas.
Ruido de armas dentro.
Toante
dentro.
¿Qué esperáis, pues?
Todos
dentro.
¡Muera Toante, que nos quiere
avasallar!
Sale Toante riñendo con algunos soldados, Morlaco, y Cósdroas deteniéndolos.
Cósdroas
Detened
el furor; puedan mis canas,
ya que a este tiempo llegué,
reportaros.
Irífile
¿Qué es aquesto,
soldados? ¿Así perdéis
la obediencia en la milicia,
la más inviolable ley?
¿Contra vuestro general
armas tomáis?
Todos
No lo es
quien fe y palabra nos rompe.
Irífile
¿Qué palabra ni qué fe?
Soldado
Con tu licencia, señora,
por todos responderé.
Morlaco
O yo, puesto que soy ya
hombre de decir y hacer.
Soldado
¿Tú, villano?
Morlaco
Pues ¿no soy
mata-dormidos también?
Soldado
La primer proposición
que hizo Cósdroas para que
nos alentásemos todos
a tan gran venganza fue
que habíamos de quedar
libres, sin reconocer
vasallaje a nadie, haciendo,
con Tiro en nuestro poder,
nuevo reino aparte; contra
cuya prometida ley,
Toante propone que seas
tú nuestra reina, sin ver
que, para quedar esclavos
de quien electivo rey
no sea de nosotros mismos,
mejor nos está volver
los que auxiliares venimos
en tu socorro con él
sin él y sin tu socorro
a serlo segunda vez
de Ciro, con que logrado
nada habremos, sino haber
hecho un estrago sin fruto,
pues no nos permite ser
la autoridad de lo libre
disculpa de lo cruel.
Cósdroas
Es verdad; yo lo propuse
así, y es fuerza que esté
de parte de mi propuesta
y de su razón. Y, pues
no mal servida, señora,
coronada de laurel,
vuelves libre y vitoriosa,
vengado el fatal desdén
de tu rota y tu prisión,
a tu primero dosel,
no a tus auxiliares culpes
que se quieran mantener
en lo que ganaron libres
y vitoriosos también.
Toante
Primero que yo…
Irífile
Tampoco
respondas tú; yo lo haré.
Toante
Pues, si has de responder tú
y lo que has de responder
sé ya, no lo quiero oír,
por no obligarme a tener
queja de ti en que desistas
de mi intento. Y, así, habré
de huir el desaire de ahora
hasta enmendarle después.
Vase.
Irífile
Pensaréis que me ha ofendido
vuestro empeño; pues sabed
que, mucho más que sentir,
me ha dado que agradecer,
pues, aunque quisierais todos
aclamarme, es mi altivez
tan mía que no admitiera
aun más supremo interés
a la vista de Deidamia,
conque suyo es el laurel.
Admitidla a ella, que yo,
gozosa…
Cósdroas
La voz detén,
que, de haber de admitir otra,
tú nos estabas más bien.
Todos
Rey que elijamos queremos.
Morlaco
Sí, que es gran dicha tener
rey que hiciera la elección,
aunque no naciese rey.
Irífile
(¡Oh, vulgo, espejo de tantas
lunas, cuantas al primer
viso su parecer miran
y adoran su parecer!
¿Quién te podrá resistir?)
Deidamia, conmigo ven,
que, ya que no sea bastante
a que obediencia te den,
partiré a Ceilán contigo.
Vase.
Deidamia
(¿Quién, cielos, se llegó a ver,
huido Cenón con la armada,
en el mar sin un bajel,
sin un vasallo en la tierra
y en tierra y mar a merced
de una piedad engañada,
pues, ignorando el doblez,
no venga lo que hice mal
y premia lo que hice bien.)
Vase.
Cósdroas
Para atajar semejantes
competencias, fuerza es
abreviar con la elección.
Y, así, los ojos poned
en quién ha de preferiros.
Soldado
Supuesto que no ha de ser
Toante, a quien, por general,
le tocaba preceder,
respecto de que ya estamos
todos sospechosos dél,
excluido una vez, ¿quién duda
que me toca suceder
en su segundo lugar,
pues las tropas goberné
de Irífile y de Ceilán
antes que él viniese a ser
auxiliar caudillo suyo?
Soldado
Ese pretexto más es
contra ti que en tu favor,
pues no es justo anteponer
el natural al estraño
que la vino a socorrer.
Soldado
Sí es en fueros de dominio,
pues al natural, más fiel
que al estraño, mirará
el que le ha de obedecer.
Soldado
¿A qué huésped no se da
el primer lugar?
Soldado
Al que,
queriéndoselo él tomar,
no aguarda a que se le den.
Soldado
El socorrido es deudor
al que se empeñó por él.
Soldado
Pagarse uno de su mano
no es socorro, es interés.
Unos
Es razón.
Otros
Es tiranía.
Cósdroas
Mirad.
Todos
¿Qué habemos de ver?
Cósdroas
Que, a vista de monarquía
que está por establecer,
mover cuestión que las armas
hayan de ajustar, más es
empezarla a destruir
que acabarla de vencer.
Haya medio que os ajuste.
Todos
¿Qué medio?
Cósdroas
El que yo os daré,
sin excepción de personas,
igual a todos.
Todos
Di, pues.
Cósdroas
La primer fábrica altiva
que se labró en Tiro fue
un templo a Apolo, bien como
tutelar patrón, a quien
siempre encargó sus progresos
de los fenicios la fe,
y, supuesto que ha querido
que venga a nuestro poder,
claro está que nos querrá
agradecidos, con que
a él debemos acudir
para que nos diga él
a quién en su nombre quiere
que le aclamemos por rey.
Soldado
¿Cómo nos lo ha de decir,
si mudo oráculo es
y no responde?
Cósdroas
Con una
señal que no puede ser
de otro sino suya.
Todos
¿Cómo?
Cósdroas
Lo primero habéis de hacer
sacrificios a sus aras,
suplicándole que os dé
rey de su mano; y, fiando
que os oiga, salir después
todos a la falda de ese
monte excelso, a cuyo pie
yace un valle que capaz
de albergar a todos es,
tan igual, que superior
ni inferior ninguno esté.
Aquí velaréis la noche
invocando al sol, de quien
ya sabéis que, árbitro Apolo,
gobierna el carro, y aquel
que le salude el primero,
dél permitiéndose ver
antes que de los demás
mañana al amanecer,
claro está que el elegido
vendrá entre todos a ser,
pues a él primero que a todos
le ilustra su rosicler,
con que ninguno podrá
queja del otro tener,
pues, influida de Apolo,
la luz del sol será el juez.
Todos
En tan prudente consejo
fuerza es venir todos.
Cósdroas
Pues
empiece la aclamación
desde luego y, sin perder
tiempo, al templo vamos, donde
en religioso tropel
digamos, tal vez festivos
y enternecidos tal vez:
Ven, sacro Apolo, ven,
y, oráculo sin voz, dinos a quién
laurel y luz han de ceñir, poniendo
tú la luz y nosotros el laurel.
Todos Y Música
Ven, sacro Apolo, ven,
y, oráculo sin voz, dinos a quién
laurel y luz han de ceñir, poniendo
tú la luz y nosotros el laurel.
Repiten todos la música y vanse.
Córrese una cortina y se ve a Leonido sentado junto a un bufete.
Leonido
Cielos, ¿qué lejanas voces,
ya dulcemente festivas,
ya confusamente altivas,
pueblan los vientos veloces
con tan nueva confusión
que, sonando en todo Tiro,
deste escondido retiro
la voluntaria prisión
han podido penetrar
sin que me den a entender
si las entona el placer
o las lamenta el pesar,
puesto que mezclarse ven
los desiguales acentos
de voces y de instrumentos
diciendo ni al mal ni al bien…?
La música dentro, a lo lejos.
Él Y Todos
Ven, sacro Apolo, ven,
y, oráculo sin voz, dinos a quién
laurel y luz han de ceñir, poniendo
tú la luz y nosotros el laurel.
Sale Toante abriendo una puerta y trae luz y una cestilla en las manos.
Leonido
Seas, Toante, bien venido
que, aunque siempre he deseado
la deshora en que el cuidado
tuyo entra a verme, hoy ha sido
con más ansias.
Toante
Como entrar,
Leonido, de día no puedo,
hasta que la noche el miedo
me asegure con dejar
la familia recogida
—y hoy a causa de una grande
novedad es fuerza que ande
desvelada—, la comida
antes no pude traer.
Siéntate y come.
Leonido
Primero
que alimente el cuerpo, espero
de otro manjar mantener
el alma. ¿Qué novedad
es la que te ha detenido?
Que unas voces que han podido
romper de esta soledad
la clausura en confusión,
Toante, me han puesto. Ya ves
cuán mal adivina es
la vaga imaginación
de un triste, y que el pensamiento
es verdugo tan cruel
que, aunque uno confiese, él
prosigue con el tormento.
Dime, pues, la novedad;
rescátame a mí de mí.
Toante
A Irífile pretendí
poner en la majestad
de reina de Tiro.
Leonido
¿Eso
más te debo? Agradecida
el alma, segunda vida,
Toante, deberte confieso,
pues empeñarte por ella
no dudo sería en favor
de aquel trance que mi amor
te descubrió.
Toante
(¡Dura estrella
es la que a un noble le obliga
a estar en neutralidad
lidiando amor y lealtad!)
Leonido
Prosigue.
Toante
No que prosiga
pretendas, porque, si ha sido
pensar que reina se vea,
sentirás que no lo sea.
Leonido
¿Cómo?
Toante
Como habiendo oído
todos mi proposición,
quieren sin razón ni ley
fundar reino cuyo rey
ha de ser a su elección.
Y no aquí la novedad
para; otra hay que, si la historia
la encomienda a la memoria,
pondrá en duda su verdad.
Leonido
¿Qué es?
Toante
En bandos divididos
sobre si le han de nombrar
del ejército auxiliar
o natural, persuadidos
de Cósdroas en cuanto fueron
las públicas elecciones
motivos de sediciones,
todos se comprometieron
en que Apolo haya de ser
árbitro y que su rey sea
el primero que le vea
mañana al amanecer, a cuyo fin van diciendo,
por si aquí no lo oyes bien:
Él y la música a lo lejos.
Él Y Todos
Ven, sacro Apolo, ven,
y, oráculo sin voz, dinos a quién
laurel y luz han de ceñir, poniendo
tú la luz y nosotros el laurel.
Toante
Mas ¿por qué te has suspendido?
Leonido
Por informarme mejor.
En fin, ¿el que el resplandor
del sol vea amanecido
primero será rey?
Toante
Sí.
Leonido
¿Qué harás por mí cuando seas
tú el primero que le veas?
Toante
¿De qué suerte?
Leonido
Escucha.
Toante
Di.
Leonido
Mas déjamelo pensar,
que el concepto que se ofrece
muy luego, tal vez padece
de no saberse explicar.
Al anochecer el sol,
cuando las sombras venciendo
van y las luces huyendo,
¿no es el último arrebol
que de nuestros ojos falta
aquel que las cumbres dora?
Toante
Sí.
Leonido
Luego, al contrario agora,
si en la eminencia más alta,
cuando nos va anocheciendo
hiere su luz, claro está
que en la más alta herirá
cuando venga amaneciendo,
porque, si en un horizonte
es la cumbre lo postrero,
también será lo primero
la cumbre deste otro monte.
Y, así, cuando otros a oriente
miren del valle en la falda,
vuelve tú a oriente la espalda
con la vista en occidente,
que, si a despuntar comienza,
subiendo para bajar,
no puede al valle llegar
si no es que la cumbre venza,
con que al brujulear su lumbre
todos para saludalle,
antes que ellos en el valle
le habrás visto tú en la cumbre.
Toante
Aunque pensaba, ofendido
de ese bruto vulgo infiel,
no ir a concurrir con él,
de tu ingenio iré advertido
por dos razones: la una,
dado caso que yo sea
el primero que le vea,
por mejorar tu fortuna
el día que, coronado,
partiendo el laurel contigo,
te declare por mi amigo;
la otra, por verme vengado
del desaire en que me vi
cuando a Irífile pensé
coronar.
Yéndose.
Leonido
Oye, pues fue
ese tu intento, por mí
no Irífile ha de perder
la acción que ya se tenía,
que industria que ha sido mía
contra ella no ha de ser.
Y, pues por darte la vida
la vida me diste, si hoy,
Toante, un reino te doy,
¿quién duda que, repetida
la deuda, repetirás
también su igual recompensa?,
que a mí el reino me das piensa
si a Irífile se le das.
Por mí y por ti a Tiro adquiera,
pues por más fácil arguyo
dar un don cuando sea tuyo
que no cuando no lo era.
Toante
(¡Que oiga esto y que calle! Sí,
que no enmienda mis recelos
el hablar, pues darle celos
no es quitármelos a mí
y es deslucir mi lealtad,
pues, si a un tiempo —¡pena fiera!—
vida con celos le diera,
¿dónde estaba la piedad?)
Leonido
¿Qué dices?
Toante
(¡Estraña lucha!)
Que, pues la noche vencida va, no el ir tarde lo impida.
Adiós.
Leonido
Adiós, pero escucha:
pues que sabe, como quien
presente estuvo, que vivo,
sepa que de ti recibo
lo que a ella ofrezco, que es bien
que de aquel amante arrojo
que ciego me despechó
perdón la pida, y que yo
te fío su desenojo.
Satisfazla tú por mí.
Toante
Cuanto a mí me toca haré,
y doy palabra…
Leonido
¿De qué?
Toante
…de que, si consigo…
Leonido
Di.
Toante
…la corona que los dos
nos prometemos, con ella
corone a Irífile bella.
¿Quieres más?
Leonido
No.
Toante
Pues adiós.
Vanse, y salen los hombres y mujeres que puedan, y canta la música.
Todos
Ven, sacro Apolo, ven,
y, oráculo sin voz, dinos a quién
laurel y luz han de ceñir, poniendo
tú la luz y nosotros el laurel.
Cósdroas
Cese ya la aclamación
tantas veces repetida,
pues se acerca la ocasión
de que aplaudáis la venida
del sol con nueva canción.
Coro
Luciente alma del día,
que, en campos de zafir,
de otro cenit buscando
vienes nuestro cenit;…
Coro
…gran corazón del cielo,
que, en ese azul viril,
si un nadir obscureces,
luces otro nadir…
Coro
…arrebolando luces
de nieve y de carmín,…
Coro
…abrevia el curso, pues
te invocan a ese fin…
Coro
…la aurora con llorar,…
Coro
…el alba con reír.
Sale Toante.
Toante
«¿La aurora con llorar,
el alba con reír?».
Bien dicen, pues al sol
siempre alumbrar le vi,
a unos para gozar,
a otros para sentir.
Y, pues todos a oriente
para verle venir
atentos están, yo,
al contrario, seguir
de Leonido el consejo
intento.
Todos estarán mirando a una parte y Toante se pone a mirar a otro lado.
Cósdroas
Proseguid.
Coro
La aurora con llorar,
al ver que has de salir
a hacer mil desdichados
para hacer un feliz;…
Coro
…con reír el alba, al ver
que traes al repartir
las dichas una a una,
las penas mil a mil.
Coro
Y, pues el bien y el mal
siempre pende de ti,…
Coro
…bien viene que tus rayos
salgan a recebir…
Coro
…la aurora con llorar,…
Coro
…el alba con reír.
Soldado
¿Pero no hacéis reparo
en un hombre que allí
al oriente la espalda
nos quiere persuadir
que él solo no desea,
desconfiado de sí,
ver al sol?
Soldado
Si la luna
me deja percebir
sus señas, es Toante.
Cósdroas
¡Toante!
Toante
¿Quién llama?
Cósdroas
Di,
¿por qué al sol ver no quieres
siendo solo el que aquí
al oriente no miras?
Toante
Porque para regir
un reino no el acaso
es el que ha de elegir.
¡Bueno será que vea
al sol un hombre ruin
y ese os mande! A los dioses
no se deben pedir
precisos los decretos:
ellos sabrán por sí
obrar, hallando a quien
haya de preferir.
Y, si por mi justicia
quieren volver, aquí
me hallarán.
Todos
¡Qué jactancia
tan vana!
Morlaco
Proseguid,
y dejadle en su tema,
que, si yo a descubrir
llego al sol, se verá
quién es rey o ruin.
Coro
¡Oh tú, fénix, que en blanda
hoguera de rubí,
si para morir naces,
mueres para vivir!
Coro
¡Oh, tú, que siempreviva
flor del mejor pensil,
sabiendo qué es nacer,
no sabes qué es morir!
Coro
Desmarañada al peine
de plata y de marfil,…
Coro
…esparces la madeja
del fino oro de Ofir.
Los Dos Coros
Ya que árbitro te esperan
deste nuevo país,
la aurora con llorar,
el alba con reír…
Toante
Suspended la voz, pues
ya no hay que repetir
la invocación, pues ya
salió el sol, a quien vi
yo el primero de todos.
Todos
¿Dónde le has visto, si
apenas el lucero
se deja ver?
Toante
Allí.
Volved, volved los ojos
al nevado perfil
de aquel opuesto monte:
veréis que su cerviz,
en dorado reflejo
de arrebol carmesí,
con soñolienta luz
de madrugado abril,
ve el carro coronado
de rosa y de jazmín,
y veréis juntamente
que, cuando pretendí,
despechado, no verle,
el verle es un decir
que el más glorioso lauro,
el triunfo más gentil,
no es de quien le pretende,
de quien le rehúsa sí.
Cósdroas
¿A quién tanta evidencia
deja de concluir
siendo tan clara como
la luz del sol?
Morlaco
A mí,
pues nadie negará
que yo primero vi
que él al sol.
Cósdroas
¿Tú, villano?
¿Cuándo?
Morlaco
Cuando nací,
treinta años antes que él.
Cósdroas
Quita, bárbaro, vil,
y vosotros llegad
y a sus plantas rendid
la debida obediencia
en que todos venís
juramentados.
Soldado
(¡Que hubo
de ser Toante —ay de mí—
el dichoso!)
Soldado
(¡Que fuese
Toante el que a conseguir
llegase el lauro!)
Soldado
(Pero
preciso es el fingir.)
Soldado
(Mas disimular fuerza
es.)
Cósdroas
¿Quién ya resistir
tan especial decreto
podrá?
Todos
De ese sentir
todos a él nos postramos.
Toante
(¡Oh, popular civil
aplauso, cuántas veces
tu necio discurrir
atribuye a misterio
lo que no es sino ardid!)
A todos con los brazos
reciba, y creed de mí
que no rey, sino amigo
os he de ser.
Cósdroas
Decid
todos en altas voces:
¡viva Toante, feliz
primero rey de Tiro!
Todos Y Música
¡Viva, y en su confín
suene su nombre, dando
al céfiro sutil
el eco su trompeta,
la Fama su clarín!
Pónele el laurel.
Cósdroas
El laurel que tenía
ya prevenido aquí
sus sienes ciña; en tanto
vosotros repetid
en su festivo aplauso:
Todos
¡Viva Toante, feliz
primero rey de Tiro!
Música
¡Viva, y en su confín
suene su nombre, dando
al céfiro sutil
el eco su trompeta,
la fama su clarín!
Dentro cajas.
Dentro
¡Arma, arma! ¡A tierra, a tierra!
Alejandro
dentro.
¡A sangre y fuego publicad la guerra!
Unos
¡Qué asombro!
Otros
¡Qué confusión!
Toante
¿Qué es esto?
Sale Irífile.
Irífile
Infelices persas,
esto es llegar el castigo
de vuestras iras violentas,
y tan cercano —¡ay de mí!—
como mi dolor os muestra,
que, habiendo el Magno Alejandro
sabido la saña fiera
de una esclavitud traidora,
sin más noticias resueltas,
a castigar el insulto
viene tan a toda priesa
que, en adelantadas marchas,
a vista de Tiro llegan
tan avanzadas sus tropas
que son las primeras nuevas
de su venida los ecos
de sus cajas y trompetas.
Cajas.
Dentro
¡Guerra, guerra! ¡Al arma, al arma!
Toante
Cuando ellas no lo dijeran,
lo dijera aquel influjo
que, al repartir las viviendas,
a espaldas de la alegría
aposentó la tristeza;
bien que a mí no me perturban
los riesgos en que me empeña
el conseguido laurel.
¡Ea, valerosos persas,
no bien vista nuestra acción
al mundo ha sido, pues sea,
ya que no bien vista, bien
mantenida, que no queda
a lo temerario otro
recurso que el que se vea,
junto al rencor que lo obra,
el valor que lo sustenta.
¡A ocupar, pues, el fragoso
paso que en la siria lengua
dio nombre a Tiro!
Unos
dentro.
¡Arma, arma!
Toante
…que delante…
Otros
dentro.
¡Guerra, guerra!
Toante
…de todos voy.
Sale Deidamia y las damas.
Deidamia
¿Dónde has de ir,
si ya vencida la estrecha
línea del monte, de esotra
parte a los muros se acerca?
Toante
Pues ¡a los muros, amigos!
Vea Alejandro que esa fuerza
que fabricamos esclavos Cajas.
defendemos libres. Bella
Deidamia, Irífile hermosa,
recogiendo las dos esas
mujeres que el nuevo acaso
esta noche tuvo fuera
de la ciudad, retiraos
al templo, en cuya defensa
seguras estéis, en tanto
que yo en vuestro amparo muera
tan a toda costa que
vuelva vencido, aunque venza
este ejército, por más
que en él Alejandro venga
contra el primer rey de Tiro
con todo el poder de Grecia.
Vase.
Tocan caja y clarín.
Irífile
¿Qué es retirarme? Contigo
vine a quedar prisionera:
pues ¿por qué a quedar triunfante
contigo no iré?
Vase.
Deidamia
Tras della
ninguna vaya.
Soldado
Sin duda
Jove hoy de Apolo nos venga
en la elección de Toante.
Todos
Él castigue su soberbia.
Vanse.
Morlaco
Flora, adiós, que voy a dar
muerte en su persona mesma
a Alejandro.
Flora
¿Tú?
Morlaco
Sí.
Flora
¿Cómo?
Morlaco
¿Qué dificultad es esa?
No más de con que me pongan
juntico a él cuando duerma.
Vase.
Laura
Cuando todos en las armas
corren a tomar las puertas,
¿te quedas tú en la campaña?
Otra
¿Qué solicitas?
Otra
¿Qué intentas?
Deidamia
Pagar a Irífile, Laura,
la agradecida fineza
de una piedad engañada,
que fue falsa y salió cierta.
Por ella a empeñarme voy
en tal acción.
Dentro
¡Guerra, guerra!
Deidamia
Mas luego lo sabrás. Todas
haced lo que yo.
Cenón
dentro.
Por esta
surtida es por donde el muro
tiene menos resistencia.
Alejandro
dentro.
Pues a escala vista y cuerpo
descubierto entren por ella
a un tiempo incendio y asalto,
sin que piedra sobre piedra
quede en Tiro que no arda
en encendidas pavesas
que lleve el aire, sin que
decir sus cenizas puedan:
«Aquí fue Tiro».
Sale Alejandro, Cenón y soldados, y halla arrodilladas a Deidamia y las demás mujeres.
Deidamia
Invencible
magno, heroico, augusto césar…
Alejandro
¡Qué miro! ¿Cómo decías,
Cenón, que esta parte era
la menos fuerte teniendo
beldades que la defiendan?
Cenón
Esta, señor, es Deidamia.
(¡Oh, cuánto estimo que vea
que soy quien con su socorro
en su busca he dado vuelta!)
Deidamia
(¿Cenón no es aquel? ¡Oh, cuánto
de haberle visto me pesa!)
Alejandro
(Agradecida de que
en su desagravio venga,
quiere esforzar mi venganza.)
Deidamia
Magno, invicto, augusto césar,
a cuyos triunfos es todo
el orbe poca palestra,
Deidamia soy, principal
parte ofendida de Persia,
pues que soy quien sus vitorias
labró para sus tragedias.
Bien pensarás que, obligada
de que a castigarlas vengas,
vengo a tu campo con cuantas
desamparadas bellezas
huérfanas dejó la ira;
pues no, que, a tus plantas puestas,
no a que te irrites venimos,
sino a que te compadezcas.
¡Piedad, piedad, señor! En ti se vea…
Todas
¡Piedad, piedad, señor! En ti se vea…
Deidamia
…cuán hija del valor es la clemencia.
Todas
…cuán hija del valor es la clemencia.
Alejandro
¡Que se quejen las mujeres
de que los hombres las niegan
el uso de letras y armas!
¿Qué más armas, qué más letras,
para que doctas persuadan,
para que imperiosas venzan,
que humedecidas razones
de blandas lágrimas tiernas?
Alza, Deidamia, del suelo,
que tu piadosa terneza
de las hijas de Darío,
con quien yo lloré, me acuerda,
y tanto con su memoria
mis altos afectos truecas
que he de perdonar a Tiro
por ti; mas, porque no tenga
ejemplar una traición
sin castigo, será fuerza
que entre tu ruego y mi enojo
partamos la diferencia.
¿Quién es Toante, un aleve
que con ingratitud fiera
dio muerte a quien le dio vida
y fue del motín cabeza?
Deidamia
El que hoy han jurado rey
por no sé qué vana, ciega
superstición de que el sol
antes que a otros le amanezca.
Alejandro
Pues, como me entregue Tiro
a ese hombre y a mi presencia,
reo de su ingratitud,
preso y aherrojado venga,
perdono a Tiro. Cenón,
haciendo con un trompeta
llamada al muro, el indulto
de mi parte manifiesta
con el pretexto de que,
si a Toante no me entregan,
pondré fuego a la ciudad.
Vase Cenón y dentro hacen llamada.
Deidamia
Aunque es forzoso que sientan
haber de dar a prisión
a quien han dado obediencia,
el interés de las vidas
no dudo que parte sea,
y aun todo, para que diga
el pueblo en voces diversas:
Dentro
¡Vivamos todos y Toante muera!
Sale Cenón.
Cenón
¡Qué notable confusión!
Alejandro
¿Qué es eso, Cenón?
Cenón
Apenas
tu indulto el pueblo oyó, cuando,
a lo que entender se deja,
entre varios pareceres
prevaleció el de que muera
uno y no todos y, así,
con él a tu vista llegan.
Salen Cósdroas y los demás soldados trayendo preso a Toante y Irífile como deteniéndolos.
Irífile
¿No es mejor morir, cobardes,
peleando que con la afrenta
de vivir a merced de otro?
Cósdroas
Dete el pueblo la respuesta:
Todos
¡Vivamos todos y Toante muera!
Toante
¿A qué amaneciste, sol,
si fue para que anochezcas
antes de la edad de un día?
Irífile
A que yo dos veces sienta
el que la dicha no goces
y la desdicha padezcas.
Soldado
Este, señor, es Toante,
que Tiro a tus pies entrega.
Alejandro
Decid el áspid que abriga,
aterido entre la hierba,
simple seno, para que,
cobrado el calor, lo muerda.
Deponedle del laurel,
que con majestuosas señas
nunca delincuentes no
es bien que en juicio parezcan.
Cósdroas
Yo le puse y lo le quito.
Perdona, Toante, que es fuerza.
Quítale Cósdroas el laurel.
Alejandro
Ahora, porque nadie juzgue
que, coartada, mi paciencia,
habiendo indultado a todos,
en uno solo se venga,
sabed que no sedicioso,
sin que el perdón le comprenda,
le castigo, sino ingrato,
que es delito tan sin venia
que, público en su probanza,
ha de serlo en mi sentencia.
Dime, fiero, dime, aleve,
según que tu fama cuenta,
¿diote Leonido la vida
en algún trance de guerra?
Toante
Sí, señor.
Alejandro
¿Llevote donde
albergado convalezcas?
Toante
No debo negarlo.
Alejandro
¿No hizo
de ti tan gran confidencia
que te trató como amigo,
en su casa y fuera della,
más que como esclavo?
Toante
Sí.
Alejandro
¿Tú, con traidora cautela,
calidad fingiendo y nombre,
pagaste tantas finezas,
víbora humana del siglo,
con darle la muerte?
Toante
(¡Oh, fuerza
de aquel jurado homenaje
a las deidades supremas
de no descubrirle nunca
aunque una y mil vidas pierda!)
Alejandro
¿Ahora callas? Pero no
me espanto de que enmudezcas,
que de un ingrato el suplicio
más sensible es la vergüenza.
¿Matástele? Habla.
Toante
No sé,
que tal confusión me cerca
que no sé si le maté
o si no le maté.
Alejandro
Esa
más parece a mi pregunta
enigma que no respuesta.
Llevadle donde un acero
su sangre alevosa vierta.
Irífile
No le llevéis hasta que
yo a hablar por él me resuelva.
Alejandro
¿Quién eres tú, que oponerte
a mis decretos intentas?
Irífile
No es oponerme pedirte,
señor, que a mi voz atiendas.
Irífile soy, y no
en su disculpa me empeña
ni el que enviado de Ciro
auxiliar a Ceilán venga
ni el que yo pude tener
parte en acción tan sangrienta,
sino saber que, de otras
culpas absuelto, por esa
no debe morir.
Toante
Sí debo.
No a disculparme te atrevas
contra le fe que juraste.
Irífile
Duelos de damas no fuerzan
tan escrupulosos que
ni las desdoren ni ofendan.
Toante
Sí hacen, cuando son las damas
como tú.
Alejandro
¿Qué competencia
es esa, fuera del trance
en que te hallas?
Toante
No es muy fuera,
pues consta su ejecución,
señor, de que no la creas
lo que te diga, porque
el venir en su defensa
sin duda en obligación
la habrá puesto de que quiera
inventar en mi disculpa
alguna industria que…
Irífile
Espera,
y, puesto que mi verdad
está ya puesta en sospecha,
no creas lo que yo digo,
pero cree lo que tú veas.
Manda que por un instante
la justicia se suspenda,
y sígueme: vean tus ojos
lo que iba a decir mi lengua.
Vase.
Alejandro
Oye, aguarda. Suspended
la ejecución y tras ella
venid todos. Apuremos
qué duda o verdad es esta.
Vase.
Toante
¡Oh, secreto en la mujer,
qué fácilmente te arriesgas!
Mas, como yo no lo diga,
no rompo mi fe.
Soldado
Sus huellas
es bien que sigamos todos.
Vanse, llevando a Toante.
Alejandro
dentro.
¿Dónde, Irífile, me llevas?
Irífile
dentro.
A la casa que antes fue
de Leonido y hoy hospeda
a Toante.
Alejandro
dentro.
¿A qué fin?
Irífile
dentro.
Manda
que derriben esa puerta,
que oculta de unos canceles
está.
Alejandro
¿Qué esperáis? Rompedla.
dentro golpes y sale Leonido.
Leonido
¡Valedme, dioses! Sin duda
algún criado que acecha
la deshora en que Toante
cada noche a verme entra,
de mí ha sabido y, habiendo
dado a sus persianos cuenta
de que vivo, a darme muerte
vienen.
Todos
dentro.
Ya cayó la puerta.
Irífile
Entra, señor, y entrad todos.
Salen Irífile y todos; y los que traen a Toante.
Leonido
¡Mas qué miro! ¿No es aquella
Irífile?
Irífile
Cierra el labio
y advierte que en la presencia
de Alejandro estás, Leonido.
Leonido
¿Pues qué novedad es esta?
¿Vos, señor?
Todos
¡Qué es lo que vemos!
Alejandro
¿Qué hay que a todos os suspenda?
¿Quién es este hombre?
Todos
Leonido.
Alejandro
Pues ¿cómo desta manera
aquí encerrado estás?
Leonido
Como
—que a ti acción indigna fuera
ocultarte la verdad—
aquí Toante me reserva
de aquel general peligro
agradecido a la deuda
de la vida que le di
en otra ocasión y…
Irífile
Espera,
que cuanto desde aquí digas
será relación superflua,
pues basta saber que aquí
te guarda, sirve y sustenta
más esclavo ahora que antes.
Mira si es mi verdad cierta.
Alejandro
Y mi admiración al ver
tan bien pagada fineza.
¿Por qué tú no lo decías?
Toante
Porque, para que estuviera
seguro de mi lealtad,
juré a todas las supremas
deidades no descubrirle,
aunque mil vidas perdiera,
hasta que, para ponerle
en salvo, ocasión se ofrezca.
Alejandro
De tal valor y lealtad
a admirarme otra vez vuelva.
Irífile
Pues obre esa admiración
conforme a esta consecuencia:
todos hemos visto cómo
tu siempre justicia recta
castiga a un ingrato; ahora
saber a todos nos resta
cómo, a oposición de ingrato,
a un agradecido premia.
Alejandro
Dices bien: restituyendo
el laurel a su cabeza
y confirmándole yo
rey de Tiro, dando fuerza
al vaticinio de Apolo.
Leonido
Antes que a sus sienes vuelva,
la industria de ver al sol
fue mía, y fue ley expresa
que, adquirido el reino, había
de darle a Irífile bella.
Toante
Pues ¿habrá más de cumplirla?
Y, así, yo con tu licencia
en Irífile renuncio
el laurel.
Irífile
Yo con la mesma
también, señor, en Deidamia,
y no tanto por ser ella
señora de Tiro, cuanto
por pagarla otra fineza
que usó liberal conmigo
cuando era su prisionera.
Laura
(Si hablara yo, ¡cuál quedara
mi ama! Mas detente, lengua,
que mejor es que lo noble
en su opinión se mantenga
que no lo villano.)
Leonido
Puesto
que por mí el laurel aceptas
de la mano de Toante
y tú a Deidamia le entregas
por una deuda, justo es
pagarme a mí esotra deuda.
Irífile
Lo que pasó entre los dos
no lo sé yo; sé que llega
a mí el laurel de la mano
de Toante, y, así, es fuerza,
si tú se le diste a él,
que él a ti te lo agradezca,
y yo a quien me le dio a mí.
Dale Irífile a Toante la mano.
Toante
Leonido, ya ves que esta
no es dicha para partida,
sino para que se infiera
cuán leal contra mi amor
te serví, lidiando, a fuerza
de celos, duelos de amor
y lealtad.
Leonido
Solo pudiera
consolarme que igual dicha
pare en ti.
Irífile
Pues, porque veas
que donde queda el laurel
es donde la acción te queda,
suplicaré yo a Deidamia
te dé a ti la mano.
Cenón
Esa
esperanza antes fue mía.
Deidamia
El que en el riesgo me deja
y va a buscar quien me ampare
justo será que la pierda.
Esta, Leonido, es mi mano.
Dale Deidamia la mano a Leonido.
Morlaco
Flora.
Flora
¿Qué?
Morlaco
La tuya venga,
que laurel para ti habrá.
Flora
¿Dónde es posible le tengas?
Morlaco
En un barril de escabeche.
Alejandro
Tan obligado me deja
el haber visto en los cuatro
tan nobles correspondencias
que de la guerra los triunfos
no hacen falta a mi grandeza,
que el hacer paces también
suelen ser triunfos de guerra.
Todos
Y todos agradecidos,
a tus pies, en mil diversas
voces, diremos, pues son
esas tus mejores señas:
Todos y la música, unos cantando y otros representando a un tiempo.
Todos Y Música
El poderoso Alejandro,
magno, augusto, heroico césar,
hijo de Filipo el Grande,
viva, reine, triunfe y venza.
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- Zitationsvorschlag für diese Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Duelos de amor y lealtad. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbsp.0