No hay cosa como callar
Comedia Famosa
Personas
- DON JUAN.
- ÁLVAREZ, escudero.
- BARZOQUE, gracioso.
- DON PEDRO.
- DOÑA MARCELA.
- DON DIEGO.
- INÉS, criada.
- ENRIQUE, criado.
- DOÑA LEONOR.
- DON LUIS.
- JUANA, criada.
- CELIO, criado.
- Acompañamiento.
Jornada Primera
La escena, en Madrid y en un camino.
[Calle]
Salen DON JUAN, con hábito de Santiago, en la capa y con venera, vestido de negro, y BARZOQUE de camino.
Barzoque
Señor, ¿qué melancolía
o qué suspensión es esta
con que te hallo? ¿Tú tienes
sentimientos, ni tristezas?
¿Tú suspiras? Ahora digo
que hace bien el que se ausenta,
que halla muchas novedades
en pocos días de ausencia.
¿Qué es esto, señor?
Don Juan
No sé,
y la causa de mi pena
es no saber quién la causa.
Barzoque
¿Pues cómo?
Don Juan
Desta manera.
Después que fuiste, Barzoque,
a hacer unas diligencias,
a que te envió mi padre,
de cobranzas de su hacienda,
tan troncado me hallaras,
que de toda la soberbia
con que de Venus y Amor
traté los rayos y flechas,
aun las ruinas no han quedado;
porque postrada y deshecha,
de una y otra tiranía
sólo en mí quedó por seña
el padrón, que dice: «Así
Amor y Venus se vengan.»
Oyendo en San Jorge misa
el pasado día de fiesta,
vi una mujer... Dije mal,
vi una deidad lisonjera,
tan hermosa, que no hizo
cosa la Naturaleza
en tantos estudios docta,
sabia en tantas experiencias,
con más perfección; parece
que quiso esmerarse en ella
su inmenso poder, sacando
del ejemplar de su idea
logrado todo el concepto,
como en desengaño o muestra
de que ella mesma tal vez
sabe excederse a sí mesma.
Todas cuantas hermosuras,
o nuestra vista celebra,
o nuestro gusto apetece,
fueron borradores désta
porque así como un ingenio
cuidadoso se desvela,
cuando a públicas censuras
dar algún estudio piensa,
que hecho fiscal de sí mismo,
un pliego rasga, otro quema,
y mal contento de todo,
esto borra, aquello enmienda,
hasta que ya satisfecho
del cuidado que le cuesta,
da el borrador al traslado,
y da el traslado a la imprenta;
la Naturaleza así,
viendo las varias bellezas
que hasta entonces hizo, todas
las enmendó sabia y diestra,
borrando désta el defecto,
y la imperfeción de aquélla,
hasta que en limpio sacó
una hermosura tan bella,
que más que todas divina
y más que todas perfecta,
fue una impresión sin errata
y un traslado sin enmienda.
Barzoque
Bastante hipérbole ha sido;
pero aunque más la encarezcas,
hasta ahora no me has dado
ninguna gana de verla.
Don Juan
¿Por qué?
Barzoque
Porque tú conmigo
tienes en esta materia
perdido el crédito.
Don Juan
¿Cómo?
Barzoque
Como en siendo cara nueva,
siempre es superior; que en ti
la mejor es la postrera.
Don Juan
Yo te confieso que he sido
tan señor de mis potencias,
de mi albedrío tan dueño,
que no hay mujer que me deba
cuidado de cuatro días;
porque burlándome dellas,
la que a mí me dura más,
es la que menos me cuesta.
Pero no hay regla, Barzoque,
tan general, que no tenga
excepción; y esta mujer
que digo, temo que sea
desta regla la excepción.
Barzoque
Dime ya quién es.
Don Juan
Aquesa
es mi pena, que no pude
saberlo.
Barzoque
¿No la siguieras?
No estaba yo aquí, que a fe
que al instante te trajera
sabido, no sólo el nombre,
la calidad y la hacienda,
pero la fe del bautismo.
Don Juan
No quedó por diligencia.
Barzoque
Pues ¿por qué?
Don Juan
Por un acaso.
Barzoque
¿Y qué fue?
Don Juan
Yendo tras ella,
con deseo de saber
su casa, al tomar la vuelta
que hace la calle del Prado,
vi trabada una pendencia.
Eran tres hombres a uno,
que con brío y con destreza
de los tres se defendía,
Si para tres hay defensa.
No dudo que le mataran,
aunque tan valiente era
si yo, cumpliendo animoso
de mi obligación la deuda,
no me pusiera a su lado.
Viose socorrido apenas,
cuando con mayor esfuerzo
los embistió de manera,
que dio con uno en el suelo.
Llegó gente, fuele fuerza
retirarse, y yo con él,
hasta dejarle en la iglesia;
de suerte que, por dar vida
a otro, quedé yo sin ella,
pues no seguí a la mujer.
Barzoque
Y el caballero, ¿quién era?
Don Juan
Tampoco le conocí;
que aunque dello me dio muestras
de agradecido, al instante
hice de la calle ausencia,
por no hacerme yo en la herida
cómplice.
Barzoque
¡Prevención cuerda!
Y volviendo a la mujer,
me he holgado saber que sea
principio de amor tan tibio
la causa de tu tristeza.
Don Juan
¿Por qué?
Barzoque
Porque tú sabrás
divertirla, pues apenas
habrás visto otra mañana,
cuando no te acuerdes désa.
Don Juan
Podrá ser; pero yo dudo
que haya cosa que divierta
afecto tan poderoso,
tan rigurosa violencia,
como ahora siento en el alma.
Barzoque
¿Sólo una vez que se deja
ver una hermosura, puede
enamorar con tal fuerza?
Don Juan
La muerte da un basilisco
de sola una vez que vea;
la víbora da la muerte
de una sola vez que muerda;
la espada quita la vida
de sola una vez que hiera,
y de una vez sola el rayo
mata aun antes que se sienta.
Luego, siendo basilisco
amor, víbora sangrienta,
blanca espada y vivo rayo,
bien puede dar muerte fiera
de una sola vez que mire,
de una vez que haga la presa,
de una vez que se desnude
y de una vez que se encienda.
Barzoque
Y Marcela, a todo esto,
¿qué dice, señor?
Don Juan
Marcela
es dama de cada día:
ni entra ni sale en la cuenta.
Todo ocioso cortesano,
dice un adagio, que tenga
una dama de respeto,
que sin estorbar, divierta;
y ésta se llama la fija,
por que a todas horas sea
quien de las otras errantes
pague las impertinencias.
Barzoque
¡Bueno es esto, para estar
ella tan vana, que piensa
que no hay hombre hoy en el mundo
más enamorado!
Don Juan
Esa
la maña es, que ella lo piense,
y que a mí no me acontezca.
Y por que mejor lo digas,
sabe que, como me es fuerza,
por haber sido soldado
(pues con el Duque de Lerma
a Italia pasé y a Flandes),
ir a esta jornada, ella,
muy dama, por hacer todas
las caravanas de ausencia,
esta venera me ha dado
para que memoria tenga
y dentro un retrato suyo.
Barzoque
Dame para reír licencia.
Don Juan
Pues ¿de qué te has de reír?
Barzoque
De que las Marcelas tengan
vanidad de retratadas.
¿Qué deja, señor, qué deja
a una Infanta de Catay,
tratada casar en Persia?
Mas ¿dónde vamos ahora?
Don Juan
A hacer una diligencia
perdida, por ver si puedo
saber quién la dama sea.
Barzoque
¿Cuál es?
Don Juan
Ir al puesto mismo
donde la vi la primera
vez, por si por dicha hoy,
que también es día de fiesta,
vuelve a él; que yo no dudo
que vive por aquí cerca.
Barzoque
¿De qué lo infieres?
Don Juan
De que
una mujer como aquélla,
a pie no fuera muy lejos.
Barzoque
Si en este barrio viviera,
donde vivimos nosotros,
¿no era fuerza conocerla?
Don Juan
No, que puede haber muy poca
que a él se haya mudado; fuera
de que aquí nada se sabe.
Barzoque
Dices bien, si consideras
que en Madrid partos y medos
viven una casa mesma,
sin saber unos de otros.
(Salen al paño por la puerta de mano izquierda MARCELA e INÉS.)
Marcela
Tápate, por que no pueda
conocernos.
Inés
No podrá,
aunque nos hable y nos vea.
Marcela
Es tal su divertimiento
estos días, que me fuerza
a seguirle, por saber
dónde sale y dónde entra.
Inés
A la puerta de San Jorge
se ha parado.
Marcela
Pues en esta
deste portal nos entremos
nosotras.
[Éntranse.]
Don Juan
Barzoque, espera,
no entres en la iglesia.
Barzoque
¿Estoy
yo excomulgado?
Inés
Él se acerca.
¿Si nos conoció?
Marcela
No sé.
Ponte detrás desta puerta,
por si no nos vio.
Don Juan
A este umbral
nos paremos.
Barzoque
Pues ¿qué intentas?
Don Juan
He visto, si no me engañan
los delirios de mi idea,
todo el sol cifrado a un rayo,
y todo el cielo a una esfera.
Aquella que sale (¡ay cielos!)
del templo ahora, es la mesma
que vi; repetido el daño,
no es posible que me mienta.
Y para que no repare
alguien que vamos tras ella,
dejándola antes pasar,
es mejor que no nos vea.
[Éntranse en otro portal DON JUAN y BARZOQUE.]
Marcela
Inés, ¿oístelo?
Inés
Sí.
Marcela
No fue vana mi sospecha.
(Salen LEONOR, dama; JUANA, criada, y ÁLVAREZ, escudero.)
Leonor
Álvarez.
Álvarez
Señora.
Leonor
Haced
traer la silla.
Álvarez
Voy por ella.
Juana
Para ir a casa, ¿has mandado,
señora, estando tan cerca,
traer silla?
Leonor
No voy a casa,
Juana, ahora; que aunque sea
contra el gusto de mi hermano
tomarme aquesta licencia,
a verle a su retraimiento
voy; tú da a casa la vuelta.
Álvarez
Ya está aquí la silla.
Leonor
Abridla.
Barzoque
[A su amo.]
En una silla se entra.
Leonor
[Para sí.]
Amor y honor ¿qué queréis?
Dejadme, que ya estoy muerta,
pues de mi amante y mi hermano
lloro a un tiempo dos ausencias.
[Vanse LEONOR, JUANA y ÁLVAREZ.]
(Sale DON JUAN al tablado, y las dos [MARCELA e INÉS] tras él.)
Don Juan
¿No es, Barzoque, más hermosa
que yo supe encarecerla?
Barzoque
Las cosas que no me tañen,
nunca me detengo en verlas.
Déjeme ver la criada.
Vaya. ni es mala, ni buena:
mediocre es.
Don Juan
Dicha he tenido.
Barzoque
¿Qué aguardas? Vamos tras ella,
no haya otra pendencia antes
de saber su casa.
Don Juan
Es fuerza
que imán de rayos, tras sí
arrebatado me lleva,
girasol de su hermosura.
(Al irse a entrar, le detiene MARCELA.)
Marcela
Pues vuesarced se detenga;
que el girasol, con la vista
sola sigue la belleza
del sol; pero no se mueve.
Don Juan
[Aparte.]
¡Vive el Cielo, que es Marcela!
Barzoque
[Aparte.]
¿No lo dije yo? Peor
es esto que la pendencia.
Don Juan
Marcela, pues ¿qué venida
por estos barrios es ésta?
Marcela
Es venir a averiguar
la causa de las tristezas
destos días, y hela hallado
a precio de una experiencia.
Don Juan
Huélgome, porque hasta ahora
yo no he sabido cuál sea,
y diciéndomela tú,
será más fácil vencerla.
Marcela
Pues si no lo sabes, es,
Don Juan, para que lo sepas,
haber visto el sol cifrado
a un rayo, el cielo a una esfera.
Barzoque
[Aparte.]
¡Muertos somos si oyó aquello
del retrato y la venera!
Don Juan
Barzoque, mira si dije
yo bien. ¡Que seas tan necia,
que no eches de ver que había
conocídote, y que a esta
puerta me puse a hablar eso,
en venganza de que vengas
siguiendo en aquese traje
mis pasos!
Barzoque
Y por más señas
del haberos conocido,
desde que entrasteis en esta
calle, vinisteis andando
hasta aquí.
Marcela
¿Hay tal desvergüenza?
Pues tú, pícaro, ¿también
te burlas de mí?
Don Juan
No seas
terrible, que por tu vida...
Marcela
Di la tuya.
Don Juan
¿No es la mesma?
Que te había conocido.
Marcela
¡No está mala la deshecha!
Don Juan
En tanto, Barzoque, que
yo desenojo a Marcela,
ve a ver si hallas a aquel hombre
que ha de aceptar esa letra.
Barzoque
Yo voy.
Marcela
No quiero que vayas.
Don Juan
Importa la diligencia.
Marcela
No le dejes ir, Inés.
Inés
Yo le tendré. Infame, espera.
¿Y aquello de lo mediocre,
y no ser mala ni buena
la criada?
Barzoque
Todo eso
¿en la disculpa no entra?
Por tu vida, que es la mía
(así en mal fuego la vea
arder), que te conocí.
Marcela
Don Juan, aunque más pretendas
persuadirme, es imposible:
yo sé bien que las tibiezas
destos días han nacido
de nueva pasión, que fuerza
tu voluntad a que faltes
a tantas nobles finezas
como me debes.
Don Juan
No sé
que haya razones que puedan
satisfacerte; y es cosa
muy temeraria que quieras
hacer verdad tu mentira
a costa de mi paciencia.
Marcela
¿Que es mi mentira verdad?
Si es la que miente tu lengua.
Don Juan
Mira que estás en la calle,
no des voces. Esas quejas
suenan en casa mejor;
vete por tu vida a ella,
que yo voy tras ti.
Marcela
Si es
despedirme con tal priesa
por ir siguiendo el imán
que arrebatado te lleva,
vete, vete; que no quiero
que imagines ni que entiendas
que he de sentir el desaire.
Barzoque
[Aparte, a DON JUAN]
Cuidado con la venera
que éste es paso de pedirla.
Don Juan
Pues como tú no lo sientas,
yo me iré; no porque tengo
que seguir, mas porque veas
que no he de sentir el tuyo
tampoco yo.
Marcela
Pues espera,
que por sí o por no, no quiero
que por ahí te vayas.
Don Juan
Suelta,
Marcela.
Marcela
Ingrato...
(Sale DON PEDRO.)
Don Pedro
Don Juan.
Don Juan
Señor.
Don Pedro
Pídele licencia
a esa dama, porque importa
el que conmigo te vengas.
Marcela
Ya, sin pedirla, la tiene
[Aparte, a DON JUAN.]
En tu vida no me veas,
ni me hables. Vamos, Inés.
[Aparte.]
De rabia y celos voy muerta.
(Vanse.)
Don Juan
¡Qué buena ocasión perdí!
Barzoque
Pues ¿qué importa que se pierda,
como no se haya perdido
el oro de la venera?
Don Juan
¿Qué es, señor, lo que me mandas?
Don Pedro
Aunque reñirte pudiera
haberte hallado, Don Juan,
sin recato ni prudencia
hablando en la calle a voces,
lo que te quiero es que sepas
que ya el señor Almirante
partió a Vizcaya, y es fuerza
que salgas hoy de Madrid,
y aun por la posta, quisiera,
porque en el sitio te halle,
cuando llegue, Su Excelencia.
Lo que había detenido
tu partida sólo era
esperar a que Barzoque
viniese; ya está la letra
socorrida, nada falta;
y así a toda diligencia
es menester salir hoy;
que no es justo, estando puesta
pena de traidor a quien,
habiendo servido, deja
de salir, que comprendido
tú en el bando, te detengas
ni un instante.
Don Juan
Ya tú sabes
cuánto estoy a tu obediencia
sujeto siempre; y aunque
te parece que me encuentras
mal divertido, una cosa
son cortesanas licencias
y otra obligaciones justas.
Don Pedro
¡Cuánto estimo esa respuesta!
Vente, pues, conmigo, donde
una cantidad me truecan
de dinero, porque tú
lo recibas. Las maletas
puedes poner tú entretanto,
Barzoque.
Barzoque
Voy a ponerlas.
Don Juan
Pues si vas a casa, toma:
estos papeles te lleva,
que son los de mis servicios
(que por descuido o pereza,
desde que fui a registrarme,
andan en la faldriquera),
y ponlos entre la ropa.
Barzoque
Harélo corno lo ordenas.
[Vase.]
Don Pedro
Ven, Don Juan, porque a vestirte
luego de camino vuelvas.
Don Juan
[Aparte]
Ignorado amor, perdona
si antes de saber quién seas,
me ausento de ti; que no
será tu olvido mi ausencia.
[Vanse.]
[Sala en casa de un embajador.]
(Salen DON DIEGO y ENRIQUE, criado.)
Enrique
Si desa manera das
lugar a tu pensamiento,
aunque quieras no podrás
pararle; que el sentimiento
discurriendo crece más.
Don Diego
El más recibido error
que hay en el mundo, en rigor,
ser ese consuelo suele,
que es decir a quien le duele
que no piense en su dolor.
No es lo más que yo he sentido,
pues suya la culpa fue,
el haber a un hombre herido,
ni que él de peligro esté,
estando yo retraído;
pues con ausentarme, hallado
estaba el medio al cuidado.
Mi pena es más inhumana:
tener, Enrique, una hermana
moza, hermosa y sin estado.
Ésta es toda mi pasión,
que no, Enrique, la ocasión
que en este trance me ha puesto.
Enrique
Yo espero en Dios que muy presto
mejore tu confusión,
que ese hombre sanará,
con que muy fácil será
las amistades hacer.
Don Diego
Don Luis se ofreció a saber
qué declaró y cómo está;
mas como anda de partida,
lugar quizá no ha tenido:
con que mi pena atrevida
hoy me tiene suspendido
entre su muerte y su vida,
Enrique
Don Luis es tu amigo; espera
en su amistad verdadera
que aunque de partida está,
con la respuesta vendrá.
Don Diego
En esa sala de afuera
ruido siento; sal a ver,
Enrique, quién puede ser.
Enrique
Ya serán intentos vanos;
que de una silla de manos
ha salido una mujer
tapada, y entra hasta aquí.
Don Diego
¡Qué es lo que mis ojos ven!
¿Mujer a buscarme a mí?
(Sale LEONOR.)
Leonor
Y mujer que os quiere bien.
Don Diego
¡Leonor, hermana! ¿Tú así
vienes? Pues no te he rogado,
en papeles que he enviado,
que esta fineza no hicieses,
ni a verme, Leonor, vinieses?
Leonor
¿Cuándo obedeció el cuidado,
y más cuidado de amor?
Y viniendo desta suerte,
¿qué importa?
Don Diego
Nada, en rigor,
más de poder alguien verte
en casa de un embajador;
y no sabiendo que he sido
yo el que a ver hayas venido
Leonor
De todo estoy avisada,
y en una silla y tapada
nadie me habrá conocido.
¿Cómo estás?
Don Diego
¿Cómo he de estar?
Con mil cuidados, Leonor,
que tras sí trae un pesar.
Leonor
Ya sucedió, ya es error
que en él me quieras hablar,
aunque vengo a hablar yo en él,
no fiando mi pasión
a un papel; porque el más fiel
es, en efecto, un papel,
que habla sin alma ni acción;
y así, a la voz se remita
lo que mi amor solicita.
Una merced a pedirte
vengo, que no ha de salirte
muy de balde la visita.
Don Diego
Pues ¿qué me quieres?
Leonor
He oído
que ese hombre que has herido
hoy muy de peligro está:
fuerza ausentarte será;
y así, lo que yo te pido
es que de toda mi hacienda
te socorras, o se venda,
o se abrase, porque no
te vea en una cárcel yo.
Y porque mejor se entienda
el fin de mi pensamiento,
es pedirte que te alejes,
con ser lo que yo más siento,
y solamente me dejes
con que viva en un convento.
Don Diego
Sabe Dios que no he tenido,
Leonor, cuidado mayor
que tú en lo que ha sucedido;
pero oyéndote, Leonor,
mi mayor consuelo has sido.
Mira tú dónde estarás
más a tu gusto y mejor;
porque yo no quiero más
hacienda, vida ni honor
que saber que quedarás
en un convento sin mí,
ya que tan infeliz fui
en lo que me sucedió.
Pero, vive Dios, que no
lo pude excusar, pues vi
que por muy leve porfía
que jugando había tenido
con un hombre el mismo día,
siguiéndome había venido
con otros en compañía.
Pareme, y cuando llegaron,
tres las espadas sacaron:
saqué la mía. No sé
cómo tal mi dicha fue,
Leonor, que no me mataron;
y no dudo que logrado
su intento hubieran, primero
que yo me hubiera librado,
si a este tiempo un caballero
no se pusiera a mi lado.
Jamás, hermana, sospecho
que vi igual valor. ¡Qué airoso,
qué en sí, de sí satisfecho,
desempeñó generoso
la roja insignia del pecho!
Yo, cuando me vi valido,
con aquel que había reñido
cerré sin ningún recelo,
y di con él en el suelo.
Llegando más gente al ruido,
me entré en San Jorge, amparado
siempre de aquel caballero,
que nunca dejó mi lado,
hasta que dijo: «No quiero,
pues vos estáis ya en sagrado,
hacerme cómplice yo;
adiós quedad.» Y salió
de la iglesia. Agradecido
al socorro recibido,
saber quise el nombre, y no
pude, porque llegó en esto
Justicia. Queriendo entrar,
cerraron las puertas presto;
y yo, por no me quedar
a alguna violencia expuesto,
no quise parar allí;
y así a la noche salí,
y vine donde ahora estoy
con tantas desdichas hoy,
que...
Enrique
Don Luis entra hasta aquí.
Don Diego
Tápate, Leonor, la cara,
no te vea.
(Vase ENRIQUE. Sale DON LUIS, de camino.)
Don Luis
Si pensara
hallaros entretenido,
tan necio y inadvertido,
antes de llamar, no entrara.
A daros cuenta venía
de lo que vos me mandáis;
pero necedad sería
divertiros, cuando estáis
con tan buena compañía.
Pésame de que no sé
si dar la vuelta podré;
que puesta a caballo ya
está la gente que va
conmigo; sólo os diré
que con el herido he estado,
y que está mucho mejor;
que el escribano, obligado
de mí también, me ha enseñado
la causa...
(Sale ENRIQUE.)
Enrique
El embajador
mismo a la puerta llegó
deste cuarto preguntando
por ti.
Don Diego
Pues justo es que no
vea mujer aquí cuando
tal merced me hace; así, yo
a ver qué manda saldré
a esotra pieza. No os vais,
Don Luis, amigo, sin que
todo aqueso me digáis.
Don Luis
Vamos los dos.
Don Diego
¿Para qué?
Si él quiere hablarme, es error.
Aquí os estad.
Enrique
Ya él te espera.
Don Diego
[Aparte a ella.]
Agradecedme el favor.
Y de ninguna manera
tú te descubras, Leonor.
(Vanse DON DIEGO y ENRIQUE.)
Leonor
[Aparte]
A obedecer no me obligo
el precepto que me das
[Alto.]
¿No habláis más que eso conmigo?
Don Luis
Nunca yo suelo hablar más
con la dama de mi amigo.
Leonor
Es muy justo proceder,
muy conforme a vuestra fama;
pero hablad, llegando a ver
que no sólo soy su dama,
pero no lo puedo ser.
(Descúbrese. Todo esto lo dice con prisa, mirando adentro.)
Don Luis
Señora, mi bien, Leonor,
contigo sí; que mi amor
tan digno es como tú sabes,
y es fuerza que más le alabes
de fino que de traidor.
Parecerá error, primero
guardar a tu amor decoro
que a su honor; no así lo infiero
del fin con que yo te quiero,
y la fe con que te adoro.
pues no haber hasta ahora dado
parte de nuestro deseo
a Don Diego, lo ha causado
no ser dueño de un honrado
mayorazgo que pleiteo.
Con que la disculpa es llana;
pues si se atiene al efecto,
no ha sido intención villana
el hablar con más respeto
a su dama que a su hermana.
Leonor
¿Ya en fin de camino estás?
Don Luis
Sí, pues tú ocasión me das.
Leonor
¿Acaso te he dicho yo,
Don Luis, que te asustes?
Don Luis
No;
pero eso me obliga más.
Leonor
¿Cómo así?
Don Luis
Como mi amor,
atento sólo a quererte,
se ha valido del honor;
porque para merecerte
no hallo tercero mejor.
Él es el que me ha mandado
que acuda a la obligación
de caballero y soldado;
que al fin, servicios de honrado,
méritos de amante son.
Mal sin opinión pudiera
servirte yo.
Leonor
Dices bien;
pero yo, Don Luis, quisiera
que esa fineza también
menos a mi costa fuera.
Y por no gastar en vano
este pequeño lugar
(pues, aunque te estimo, es llano
que en mi casa no has de entrar
no estando en ella mi hermano),
sólo decirte es mi intento
que tal fe mi pecho encierra,
que cuando, al honor atento,
tú, Don Luis, vas a la guerra,
yo me quedo en un convento.
Sólo tú la causa ha sido
con que a pedirlo he venido;
y puesto que a mi tristeza
tú debes esta fineza
más que al lance sucedido
a mi hermano en la pendencia
de que el mismo amor es juez,
haya igual correspondencia:
vuelva siquiera una vez
por su opinión el ausencia.
Don Luis
Yo haré que el mundo repare
que hay ausencia que se ampare
de olvido en mi retraída,
pues Dios me quite la vida
el día que te olvidare.
Leonor
La misma palabra dió
mi fe; y si tan grande dicha
no la mereciera yo...
Don Luis
¿Qué?
Leonor
Será por mi desdicha,
pero por mi culpa no.
(Sale DON DIEGO.)
Don Diego
Venía el embajador
a decirme que ha tenido
un papel de un gran señor,
que siempre ha favorecido
mis fortunas su valor,
en quien le dice quién soy
y cómo en su casa estoy,
que me favorezca; y él,
a su obligación fiel,
vino a ofrecérseme hoy.
Esto es lo que me ha querido.
Decid, vos, ¿qué habéis sabido
de mis desdichas?
Don Luis
Hablé
a un amigo, que lo fue
también de ese hidalgo herido;
y acompañándole yo,
a su casa me llevó.
Vile en extremo alentado.
Después, habiendo buscado
al escribano, me dió
la causa; y en conclusión,
calla en su declaración
quien le hirió, diciendo que
sobre el encontrarse fue
muy acaso la cuestión.
Con esto, Don Diego, adiós,
y creed que, aunque me alejo,
el amistad de los dos
es tal, que al dejaros dejo
mi vida y alma con vos.
[Vase.]
Don Diego
¡Qué amigo tan verdadero!
Leonor
Bien lo muestra su fineza.
Don Diego
Leonor, pues que considero
mejorada mi tristeza,
que no hagas novedad quiero.
Leonor
Yo no tengo voluntad.
[Aparte.]
¡Oh, si esto fuera verdad!
Don Diego
Yo te lo estimo y ahora
vete, hermana, que ya es hora;
prevenirte es necedad
de que con recato estés;
que las ventanas y puertas
a todas horas...
Leonor
No es
menester que tú me adviertas;
que soy quien soy. Dame, pues,
los brazos, y cree de mí
que en mi vida he recibido
pesar como el que ahora aquí
despidiéndome he tenido.
Don Diego
Todo lo creo de ti.
[Vanse.]
[Sala en casa de DON PEDRO]
(Salen DON JUAN, BARZOQUE, DON PEDRO y CELIO, con luces.)
Don Juan
¿Está todo puesto ya?
Barzoque
Ya, señor, todo está puesto;
sólo falta de ponerte
tú a caballo.
Don Pedro
Mira, necio,
si se olvida algo.
Barzoque
Ahora iré
la memoria recorriendo.
Mi amo aquí está, yo aquí estoy,
las mulas allí están; bueno,
cabales hasta aquí estamos,
tantas mulas como dueños.
Las maletas allí están,
la sombrerera y el fieltro.
Don Juan
¿Fieltro llevas en verano?
Barzoque
Quizá volveré en invierno.
El quitasol.
Don Pedro
¿Quitasol,
yendo de noche?
Barzoque
Por eso
que quien de noche camina,
le ha menester, pues es cierto
que hace calor, y no están
las posadas tan a tiempo,
que no dé un poco de sol;
y cuando no sirve desto,
¿hay más que hacer del que fue
quitasol, quita-sereno?
Las botas grandes...
Don Juan
¡En julio
botas!
Barzoque
Éstas que yo llevo.
yo he de calzarlas.
Don Pedro
¿Ahora?
Barzoque
Pues ¿para cuándo se hicieron
ellas, sino para cuando
hay mayores sedes?
Don Juan
¿Luego
son de vino?
Barzoque
Pues.
Don Pedro
¿Y cuántas?
Barzoque
Dos, por igualar el peso.
Don Pedro
Si escuchamos a este loco,
no saldrás, a lo que entiendo,
de aquí hasta el amanecer
Barzoque
Nada se olvida, en efecto.
Vamos..., si bien no sé qué
escrúpulo acá me tengo
de que se me olvida algo,
que dudando y discurriendo,
me acuerdo de cierta cosa,
y qué cosa no me acuerdo.
Don Juan
Dame tu mano, señor.
Don Pedro
De nada, Don Juan, te advierto;
tus obligaciones sabes.
Adiós, pues, y ¡plegue al cielo
te traiga con bien!
Don Juan
No sé
si te lo otorgue, que temo
no volver vivo.
[Aparte.]
¿Qué mucho,
si antes de partir voy muerto?
Ausencia, pues te llamaron
remedio de amor y celos,
pues me ves morir de amor,
dame, ausencia, tu remedio.
[Vase.]
Don Pedro
Alumbrad.
Barzoque
Dame los pies.
Don Pedro
Barzoque, sólo te ruego
cuides mucho de tu amo.
Barzoque
Una y mil veces lo ofrezco.
[Aparte.]
¿Qué quieres de mí, memoria?
Déjame, todo lo llevo.
Nada dejo de importancia.
pues las dos botas no dejo.
[Vase.]
Don Pedro
Obligaciones de honor,
mucho me debéis, pues tengo
valor para ver partir
a tan conocido riesgo
un hijo; y siendo yo mesmo
quien más su peligro temo,
fui quien más para el peligro
le animo que le detengo.
Pero vaya, mozo es,
sirva al rey; pues es tan cierto
que es la sangre de los nobles,
por justicia y por derecho,
patrimonio de los reyes.
Celio
Hola.
Señor.
Don Pedro
Vamos, Celio,
con luz corriendo ahora
de Don Juan al aposento
por esa puerta que cae
a mi cuarto, y a ver luego
si la que cae a la calle
cerrada está.
Celio
De eso vengo,
y está cerrada; si bien
que hayas de reñirme temo
un descuido.
Don Pedro
Pues ¿qué ha habido?
¿Qué se ha olvidado? Di presto.
Celio
Pedir, señor, a Barzoque
la llave della.
Don Pedro
Pues ¿eso
qué importa, que él se la lleve,
si yo llave maestra tengo?
Y pues hay aquí recado
de escribir, escribir quiero.
Llégame bufete, silla
y luces.
Celio
¿Ahora, siendo
más de medianoche ya,
quieres escribir?
Don Pedro
No puedo
excusarlo, porque son
unas cuentas... Mas ¡qué veo!
Los papeles de Don Juan
(¡qué gran descuido!) son éstos;
mira si alcanzarle puedes.
Celio
¿Cómo he de alcanzarle, habiendo
tanto tiempo que partió?
Don Pedro
Pues luego al punto, al momento
busca en qué ir hasta alcanzarle,
y dáselos, porque es cierto
que sin ellos no podrá
cobrar su ventaja y sueldo.
Celio
Hasta la mañana, ¿quién
me dará en qué ir?
Voces Dentro
¡Fuego, fuego!
Don Pedro
Mira que voces son ésas
tan cerca...
Leonor
[Dentro.]
¡Válgame el cielo!
Don Pedro
... de casa.
Celio
Yo voy a ver
dónde son.
Juana
[Dentro.]
Huyamos presto,
señora; piérdase todo,
pero no las vidas.
Voces Dentro
¡Fuego!
Don Pedro
¿Dónde será?
Leonor
[Dentro.]
Pues abierta
esta casa está...
Don Pedro
¿Qué es esto?
(Sale LEONOR, medio vestida.)
Leonor
Una mujer infelice,
a quien esta luz (mi pecho
me ahoga) trajo hasta aquí,
de sus desdichas huyendo.
Si sois, señor (¡muerta estoy!),
como mostráis, caballero,
amparadla (¡qué desdicha!),
pues basta saber (no puedo
hablar) que de vos se vale
en ocasión que (el aliento
me falta) su misma casa
le echa de sí.
Don Pedro
Deteneos,
sosegad, que habéis llegado
donde halléis, yo os lo prometo,
amparo y favor. ¿Qué ha habido?
Leonor
Que estando ahora...
Voces Dentro
¡Fuego, fuego!
Leonor
Esas voces os respondan.
En mi casa, en mi aposento
son.
Don Pedro
¿Qué casa es?
Leonor
La frontera.
Don Pedro
A ella acudiré, y ofrezco
poner cuanto yo pudiere
en salvo. Vamos corriendo.
(A CELIO.)
Llama todos los criados.
Vos aquí estad, mientras vuelvo.
(Vanse DON PEDRO y CELIO, y sale JUANA.)
Juana
¡Ay, señora, qué desdicha!
Todo se nos queda ardiendo.
Como me cogió salí.
Leonor
Mayor pudo sucedernos,
si dormidas nos hallara.
Ya que agradecerle tengo
a mi fortuna que tantas
penas me haya dado a un tiempo;
pues la ausencia de Don Luis,
de mi hermano el retraimiento,
desvelada me tenían
para que pudiese (¡ay cielos!)
la vida escapar, quizá
para mayores tormentos.
Juana
No sé cómo el fuego pudo
encenderse.
Leonor
No apuremos
cómo pudo suceder,
pues ya sucedió; y no quiero
ser ingrata a mi ventura,
acordándome en suceso
tan infelice de nada,
ni cómo pudo ser, puesto
que no perdiendo la vida,
todo es poco cuanto pierdo.
Juana
No dudo que nada pierdas,
que a lo que desde aquí veo,
todo a esta casa lo traen;
y si no me engaño, pienso
que es menos el fuego, pues
ya el ruido, señora, es menos.
[Sale DON PEDRO.]
(DON PEDRO. [Hablando con sus criados, que están dentro.])
Entrad a este cuarto toda
la ropa. ¡Gracias al cielo,
señora, que ha sucedido
felizmente! Todo el fuego
queda apagado; que fue
dicha socorrerle presto:
toda la hacienda también
está en salvo.
Leonor
Agradeceros
tan grande merced quisiera;
pero a empezar no me atrevo,
por no dejar desairado
tan noble agradecimiento.
Guárdeos el cielo mil años;
y supuesto que ya os debo
tal merced, dadme licencia
para recibirla, yendo
acompañada de vos
a mi casa.
Don Pedro
Deteneos,
y considerad, señora,
que aunque ya cesó el incendio,
no el humo, y a ahogaros basta
el que hay en vuestro aposento.
Demás, de que fue forzoso
para cortarle, en el suelo
el tabique derribar
de la alcoba; y fuera desto,
toda vuestra ropa está
en mi casa; y así, es cierto
que en la vuestra no podéis
entrar, señora, tan presto.
Leonor
Pues ¿qué he de hacer, ¡infelice
de mí!, que una amiga, un deudo.
donde pudiera albergarme,
ambos viven de aquí lejos?
Y a estas horas y desnuda
ir yo...
Don Pedro
Si el ser caballero
os asegura, señora,
de mi proceder, saliendo,
sobre la sangre, las canas
fiadoras de mi respeto;
y para decirlo todo
de una vez, si el ser Don Pedro
de Mendoza os asegura;
lo que yo ofreceros puedo,
este cuarto es, donde entrasteis,
tan apartado y tan lejos
del mío, que nadie tiene
que hacer en él. No está puesto
como merecéis; mas hay
una carne, por lo menos,
para pasar lo que falta
de la noche, hasta que siendo
de día, a la casa vais
desa amiga y dese deudo.
Y por más seguridad,
si no basta todo esto,
tomad la llave vos misma,
y cerraos por de dentro.
Leonor
La seguridad mayor,
señor, que yo tener debo,
es ser quien sois; pero no
quisiera yo, porque tengo
mucho que perder, que alguno,
por objeción de suceso
tan extraño, me pusiera,
o bien malicioso o necio,
el que me quedé una noche
fuera de mi casa.
Don Pedro
Un riesgo
tan preciso y tan forzoso
disculpa un atrevimiento,
y más tan lícito y justo.
Quedaos aquí y yo os ofrezco
del menor inconveniente
que de esto os resulte, haceros
satisfecha.
Leonor
¿Esa palabra
me dais?
Don Pedro
Sí.
Leonor
Pues yo la acepto.
Juana, vete a casa tú,
para que cuides de aquello
que allí quedó.
Juana
¿A casa yo?
Leonor
Sí, pues yo asegurada quedo.
Don Pedro
Ésta es la llave.
[Le da la maestra.]
Leonor
Señor,
no la tomo por recelo,
sino por poder decir
que me cerré por adentro.
[Vanse DON PEDRO y JUANA; LEONOR echa la llave.]
¿Qué quieres de mí, fortuna,
que en tantos lances me has puesto?
Dame más valor, o no
me des tantos sentimientos.
¿Quién creerá que en cuatro días
caben tan raros sucesos
como me han acontecido?
Y aun con todo, no me quejo
de ti, fortuna, porque
para adelante te quiero
por amiga; que aun te queda
cabal el poder, y temo
lo que puedo padecer,
aun más de lo que padezco.
(Siéntase en una silla.)
Rendida, dudo si diga
de mis desdichas al peso,
o a las señas de mortal,
en esta silla me siento,
tan dudosa, que no sé
si podrá el entendimiento
distinguir si el que me rinde
es el desmayo o el sueño.
¡Cielos!, no descanso os pido,
paciencia sí.
[Quédase dormida.]
(Salen DON JUAN y BARZOQUE, abriendo quedito una puerta.)
Don Juan
Abre más quedo,
no alborotemos la casa,
si está mi padre durmiendo,
ya que habiéndote dejado
todos mis papeles puestos
sobre el bufete, la llave
llevaste de mi aposento;
porque en un descuido, otro
pueda servir de remedio.
Barzoque
¡Vive Dios, que no he tenido
tal pesadilla y desvelo,
como el que llevaba, hasta
acordarme que eran ellos
lo que se olvidaba! Bien
que fue dicha ser tan presto.
Don Juan
¡Oh! Qué feliz fuera yo,
si como a Madrid me vuelvo
a buscar unos papeles,
volviera alegre y contento
a buscar una hermosura
que dentro del alma tengo!
Barzoque
¿Qué dieras, señor, por verla?
Don Juan
Diera el alma.
Barzoque
¡Caro precio!
Don Juan
Entra en la sala.
Barzoque
¡A esta hora
hay luz en ella! ¿A qué efecto?
Don Juan
Algún criado quizá
estará... Mas, ¡santos cielos!
Barzoque
¡Qué miro!
(Repara en LEONOR.)
¡Jesús mil veces,
Don Juan
¿De qué tiemblas?
Barzoque
De algo tiemblo.
pues es la mujer que está
sobre esa silla durmiendo
la misma que adoras.
Don Juan
Bien
la extrañeza del suceso
Puede dar admiración,
miedo no.
Barzoque
¿Cómo no miedo,
si cuando ofreces el alma
te la hallas en tu aposento,
en fe de que aceptó
la palabra el diablo?
Don Juan
Necio,
¿tan bien mandado es el diablo?
Barzoque
No lo es; pero puede serlo.
¿Quién querías tú que aquí
te la tuviese?
Don Juan
Sucesos
que ahora no se ofrecen.
Barzoque
Pacto
ha sido explícito, es cierto.
Don Juan
Llega esa luz.
Barzoque
¿Yo llegar?
Don Juan
¿Adónde te vas?
Barzoque
Huyendo
della y de ti. Con las mulas
y el mozo, señor, te espero,
si bien un diablo y un mozo
de mulas todo es lo mesmo.
[Vase.]
Don Juan
Ignorada deidad mía,
si eres en esta ocasión
el cuerpo de mi ilusión,
la alma de mi fantasía,
si sombra que helada y fría
mi imaginación formó,
¿cómo hizo en quien no te amó
mi imaginación efeto?
Luego no eres mi conceto,
pues te ve otro más que yo.
Pues siendo en mi devaneo
cuerpo con alma y sentido,
¿quién pudo haberte traído
al lugar donde te veo?
Conjuro de amor, no creo
haberle tal, que pudiera
atraerte aquí: de manera,
que aunque aquí te llego a ver,
no hallo razones de ser
fingida ni verdadera.
Pues ¿qué serás?; que rendido
a una duda y otra duda,
no hay desengaño que acuda
sino a quitarme el sentido.
Sueño debe de haber sido
cuanto estoy viendo y tocando;
aunque tampoco, mirando
que fuera impropiedad, siendo
tú la que aquí estás durmiendo,
ser yo el que aquí está soñando.
Aunque bien puede ser, sí;
que si de ser inmortal
el alma, es clara señal
el sueño, y yo te la di.
cierto es que aunque anime en mí,
en ti vive; y así, cuando
duermes tú, estoy delirando
yo: con que ser puede (¡ay Dios!)
con un alma estar los dos,
tú durmiendo y yo soñando.
Y puesto que sueños son
las dichas y los contentos,
soñémoslos de una vez
hermosa deidad...
(Despierta LEONOR.)
Leonor
¿Qué es esto?
Don Juan
Es un efecto de amor
no hallado acaso, aunque serlo
parece, pues es buscado
del mismo amor.
Leonor
¿Cómo, ¡cielos!,
así se rompe una fe
jurada? Ved...
Don Juan
Nada veo.
Leonor
...que yo en confianza vuestra...
Don Juan
Ninguna es la que yo os debo.
Leonor
...aquí me quedé.
Don Juan
Es en vano
disuadirme de mi intento.
Leonor
¿Vos sois noble?
Don Juan
No lo sé.
Leonor
Mirad que soy...
Don Juan
Nada advierto.
Leonor
...más que pensáis.
Don Juan
Poco importa.
Leonor
No, sino mucho; y primero
que logréis tan gran traición,
yo sabré romperme el pecho
con mis mismas manos.
Don Juan
Yo
estorbarlo.
Leonor
¿Cómo, ¡cielos!,
tan grande traición sufrís?
Don Juan
Como es de amor no te oyeron,
porque traiciones de amor
nacen con disculpa.
Leonor
Al viento
daré voces.
Don Juan
Taparéte
yo la boca.
Leonor
¡Piedad, cielos,
y no permitáis que venga
a dar de un fuego a otro fuego!
Jornada Segunda
Salen DON DIEGO y JUANA.
Don Diego
¿Y qué hace tu señora?
Juana
¿Ya no lo sabes tú? Suspira y llora,
que es lo mesmo que todos estos días
la divierte, señor.
Don Diego
Tú que debías
saber (como que siempre acompañada
de ti está, aún más amiga que criada)
la causa de que nace su tristeza,
¿también la ignoras?
Juana
Sí, que la extrañeza
con que a mí me ha tratado
también en esta parte, su cuidado
saber no ha permitido
de qué causa, señor, haya nacido.
Don Diego
¿Pues no es fuerza, al mirar sus ansias sumas,
que cuando no la sepas, la presumas?
Juana
Mi pecho sólo sabe
que la ocasión, señor, penosa y grave
de su melancolía,
dos meses ha que dura, pues el día
nació que a verte fue a tu retraimiento.
Don Diego
Aquese sentimiento,
cuando deso naciera,
ya al verme libre a mí cesado hubiera;
pues habiendo sanado
aquel hombre que herí, y efectuado
con él las amistades,
trocara los rigores en piedades;
pues en cualquiera aprieto,
cesando la ocasión, cesa el efecto.
Juana
Lo que en el mismo día también pudo
su sentimiento ocasionar, no dudo
que fue, señor, el fuego
que en casa se encendió.
Don Diego
También lo niego,
que si deso naciera,
muriendo el fuego, la pasión viviera.
La hacienda ni la vida
no peligró, una y otra defendida
por la piedad y estilo lisonjero
de aquel anciano y noble caballero,
que en su casa hospedada
la tuvo aquella noche: luego en nada
esas dos ocasiones han causado
su mal; y más habiéndose mudado
de la casa a otro día,
por el azar que dice que tenía
con ella.
Juana
Pues en vano
decir más que eso puedo yo.
(Sale LEONOR.)
Leonor
[Aparte.]
Mi hermano
aquí está. ¡Oh!, ¡quién pudiera
de sus ojos faltar!, pues de manera
me acusan mis desdichas, que no puedo
verle la cara sin vergüenza y miedo.
Propio temor de un pecho delincuente
pensar que todos saben lo que él siente.
Don Diego
Leonor, hermana mía,
pues ¿por qué sin hablarme se volvía
tu divina belleza?
Leonor
Por no darte pesar con mi tristeza.
Don Diego
Eso no es excusarle,
sino antes aumentarle,
añadiendo a tu gran melancolía
el rigor con que tratas la fe mía.
Merezca, por tus ojos,
saber la causa yo de tus enojos.
Leonor
Si de causa naciera,
¿a quién con más cariño lo dijera?
Toda melancolía
nace sin ocasión, y así es la mía;
que aquesta distinción naturaleza
dio a la melancolía y la tristeza;
y para ella, los medios son más sabios
llorar los ojos y callar los labios.
Don Diego
Otros hay.
Leonor
¿Qué?
Don Diego
Aliviarla
y ya que no vencerla, desecharla.
¿Quieres aquesta noche
salir a ver la máscara, en un coche,
que hace Madrid en generosas pruebas
de cuánto estima las felices nuevas
de la mayor victoria
que ha de durar eterna a la memoria
del tiempo, en duras láminas grabada?
Leonor
No, que no puede divertirme nada
la común alegría;
que antes la pena mía
halló para afligirme nuevos modos,
viéndome triste, estando alegres todos.
Don Diego
Pues ¿qué podrá alegrarte?,
¿qué podrá divertirte, qué aliviarte?
No me trates ahora como hermano,
trátame como amante, pues es llano
que lo soy, ya que no de tu belleza,
de tu virtud. ¿Qué singular fineza
no hará por ti?
Leonor
¿Tú quieres hacer una,
que es la que más te estime mi fortuna?
Don Diego
Mi amor con imposibles acrisola.
Leonor
Pues la mayor será dejarme sola.
Don Diego
¡Qué pasión tan tirana!
Mas si en esto te sirvo, adiós, hermana.
[Vase.]
Juana
¡Gracias, señora, al cielo,
que presto cesará tu desconsuelo,
pues ya vendrá Don Luis!
Leonor
Está advertida
que a Don Luis no me nombres en tu vida;
que ya expiró en mi pecho
todo cuando antes fue. Nada sospecho
que en mi pecho ha quedado,
porque hasta las cenizas han volado
de aquese ardor violento;
búscalas, y hallaráslas en el viento.
Juana
Siempre creí...
Leonor
No creas
nada, sino la pena que en mí veas;
y si quieres saber cuánto es severa,
haz una cosa.
Juana
¿Qué es?
Leonor
Irte allá fuera,
que estorbas a la grave pena mía
la soledad, y no haces compañía
Juana
Fuerza es obedecerte.
[Vase.]
Leonor
¡Oh!, ¡cuánto estimo verme desta suerte,
pues pueden sin testigos mis enojos
desahogarse! Hablad, labios; llorad, ojos.
Solos estáis, decid vuestros agravios,
quejaos al cielo, pues, ojos y labios;
que aunque juré callar, siendo testigo
el cielo, no es hablar hablar conmigo.
¿De un fuego huyendo a otro fuego
fui?... Tente, memoria, tente;
que pues yo no lo olvido,
no es bien que tú me lo acuerdes.
Pensé al principio que fuera
el fiero agresor aleve
de mi honor, mi huésped, ya
persuadida inútilmente
a que el ser traidor e injusto
fuese conjunto al ser huésped.
Quise dar voces; no pude,
que a un mismo tiempo fallecen
mi aliento y mis fuerzas. Dudo
a cuál de los accidentes
desmayada entre sus brazos...
¿Qué frase habrá más decente
que lo refiera? Ninguna,
porque la más elocuente
es la que, sin decir nada,
el más rústico la entiende.
Volví del desmayo, cuando
el que (aquí el dolor se aumente)
más osado estuvo, más
cobarde la espalda vuelve.
¡Oh infames lides de amor,
donde el cobarde es valiente,
pues el vencido se queda
mirando huir al que vence!
Más animosa yo entonces
(propia acción de los que tienen
poco valor, alentarse
en sintiendo que los temen)
por conocer mi enemigo,
quise (¡ay de mí) detenerle,
y echando la mano al cuello
diciendo: «Traidor, deténte»,
así una banda, de quien
estaba esta cruz pendiente.
Abrióse el asa, y dejóme
con ella, al tiempo que sienten
ruido en el cuarto y a él llaman.
A abrir fui, por que me diesen
favor, cuando a un tiempo mesmo
el que huye y el que viene,
aquél se va y éste entra
por dos puertas diferentes.
Desengañéme yo entonces
de que Don Pedro no fuese
cómplice en traición tan grande,
al verle entrar; y de suerte
la vergüenza me trocó
la acción, que estimando que entre
por que vengue mis agravios,
no le dije que los vengue;
porque viendo al agresor
ya de mis ojos ausente,
y que no era entonces fácil
alcanzarle y conocerle,
quise más callar, porque
si yo una vez lo dijese
y ninguna lo vengase,
era afrentarme dos veces.
Volví a mi casa, porque
no vi la hora de verme
sola, para preguntarle
a este testigo quién fuese
su dueño; y cuando pensé
que debiera responderme:
«Noble es, conocer sabrá
la obligación que te tiene»,
no sólo (¡ay de mí!) es aquesto
lo que me dice y me advierte;
mas tan al contrario es,
que me dice claramente:
«Noble es, pero tan traidor,
que no a ti sola te ofende.»
Y es verdad, pues un retrato
que la venera contiene
me da a entender que no he sido
yo sola (¡oh traidor, aleve!)
la quejosa. ¡Oh muda imagen!,
dime quién es y quién eres;
que yo sola por las dos
tomaré y...
Marcela
[Dentro.]
¡Jesús mil veces!
Inés
[Ídem]
¡Válgame el cielo!
Leonor
¡Qué escucho!
¿Qué voces, qué ruido es éste?
Enrique
[Aparte.]
¡Qué desdicha!
Don Diego
[Ídem.]
Acude, Enrique;
basta estar dentro mujeres.
[Sale JUANA.]
Leonor
¿Qué es eso, Juana?
Juana
Es un coche,
que sin cochero y con gente,
más que de paso ha venido
la calle abajo, y en ese
hoyo que a la puerta está
abierto para una fuente,
se volcó, y no dudo que
cuantos van dentro se hiciesen
mucho daño. Mi señor,
que a la puesta estaba, al verle,
acudió a favorecer...
Mas no hay para qué lo cuente,
pues con una dama en brazos,
él y Enrique hasta aquí vienen
[Salen ENRIQUE y DON DIEGO, que sacan a MARCELA desmayada.]
Don Diego
Hermana, den tus pesares,
si es que hay pesares corteses,
treguas al dolor, y acude
piadosa, noble y prudente
a favorecer la vida
de una hermosura; pues debes,
por hermosa y desdichada,
favorecerla dos veces.
Leonor
En vano, hermano, me pides
que acuda piadosamente,
pues quien sabe de pesares,
más fácil se compadece.
[Sale INÉS.]
Inés
Ninguna criada honrada
caer donde cae su ama puede,
pues todos se duelen della
y nadie de mí se duele.
Leonor
Juana, entra a prevenir
un catre donde se acueste.
[Vase JUANA.]
Don Diego
Enrique, acude tú al coche.
[Vase ENRIQUE.]
Leonor
Tú, hermano, pues no hay más gente,
dese camarín alcanza
agua de azahar, por si vuelve
rociándole el rostro.
Don Diego
¡Cielos!
No malogre un accidente
tanta copia de jazmines,
pues ya huyó la de claveles.
Inés
[Aparte.]
¿Que esté yo descalabrada
y nadie de mí se acuerde?
[Vase DON DIEGO.]
Leonor
Hermosa dama, si acaso
el acaso que sucede
os dejó...
[Aparte.]
Pero, ¡qué miro!,
o mi discurso aparentes
formas a mis ojos finge,
o el original es éste
desta copia. Sí, y no sólo
en la beldad se parecen,
pero en el estar sin vida
es su retrato dos veces.
Ella es la que...
[Sale DON DIEGO.]
Don Diego
Ya está aquí.
el agua.
Marcela
¡Cielos, valedme!
Leonor
Ya no es menester, pues ya,
hermano, en su acuerdo vuelve.
Inés
Así volviera en el mío
yo.
Don Diego
Si albricias me pidieses,
la vida diera en albricias.
Marcela
Admirada dignamente
de hallarme aquí, no sé cómo
mi agradecimiento empiece;
y así, entre los dos habré
de repartirle igualmente;
mas con una distinción:
que si mi vida se debe
a algún valor, será vuestra
la acción; y si acaso fuese
milagro el mirarme viva,
vuestro el milagro; de suerte,
que hallándome entre los dos,
mi vida a los dos se ofrece,
como a noble a vos, y a vos
como a deidad excelente.
Leonor
De los agradecimientos
que vuestra voz nos promete,
no es justo que yo, señora,
por entendida me muestre,
pues no soy yo la deidad;
y así a mi hermano se deben,
como a quien os socorrió,
esos favores corteses.
Marcela
Guárdeos el cielo mil años;
que ya gozosa de verme
merecedora de tales
dichas, mi vida agradece
el peligro en que me he visto.
Don Diego
No agradezcáis desa suerte
acción que, sin conoceros,
hice por vos; pues no tiene
que agradecer quien acaso
obligada llega a verse.
Si bien, por no malograr
a quien tan bien encarece
la obligación, os suplico
deis lugar para que en este
breve cielo a tanta luz
y esfera a tanto sol breve,
se os sirva.
[Sale JUANA.]
Juana
Ya está, señora,
prevenido donde puede
descansar.
Marcela
Dadme licencia
de que tal merced no acepte;
que no es posible quedarme
a recibirla; que tiene
en mi estado tanta dicha
algunos inconvenientes.
Leonor
Pues merezcamos saber
quién sois, para que no queden
dudas de vuestra salud,
sin más noticias de quiénes
informarnos; que no dudo,
según lo que mi alma siente
vuestros sucesos, que ya
me importa precisamente
saber quién sois.
Marcela
Pues yo soy
la obligada, a mí compete
saber de la vuestra; así,
porque en ningún tiempo llegue
tanta nobleza a ganarme
de mano en tantos corteses
cumplimientos, perdonadme
callar quién soy.
[Sale ENRIQUE.]
Enrique
Ya allí tienes
el coche puesto, señora.
Inés
El demonio que en él entre.
Don Diego
No vais en él, esperad.
Marcela
No es posible detenerme.
Quedad con Dios.
Leonor
Él os guarde;
y creedme que de suerte
me he holgado veros con más
vida que os vi, que parece
que retratada quedáis
a vivir conmigo siempre.
Marcela
Y yo siempre agradecida
a tan piadosas mercedes,
esclava vuestra seré.
Y vos, caballero, hacedme
merced de quedaros.
Don Diego
Yo
he de ir sirviéndoos.
Marcela
De aquese
cuarto no habéis de salir.
Don Diego
A mi pesar, obediente,
me quedo.
Marcela
Vamos, Inés.
[Vanse MARCELA e INÉS.]
Leonor
Enrique.
Enrique
Señora.
Leonor
Hacedme
gusto de saber quién es
y en qué parte vive.
Enrique
En breve
lo traeré sabido.
Don Diego
Enrique.
Leonor
[Aparte.]
Si mi hermano le detiene,
la ocasión he de perder
de saber quién es.
Enrique
¿Qué quieres?
Don Diego
Sabe quién es esta dama,
su casa y qué nombre tiene.
Enrique
[Aparte.]
Sí haré. El servir a dos amos
fácil fuera desta suerte,
mandando una misma cosa
los dos.
Leonor
[Ídem.]
¡Cielos, concededme
alguna luz de saber
quién aquel tirano fuese
de mi honor!
Don Diego
[Ídem.]
Permitid, cielos,
que yo a saber quién es llegue
aquesta hermosa homicida.
Leonor
[Ídem.]
Y hasta entonces, alma, vuelve
a padecer y callar.
Don Diego
[Ídem.]
Y amor, hasta entonces cesen
los labios.
[Alto.]
Adiós, Leonor.
Leonor
Él te guarde.
Don Diego
[Aparte.]
Amor, concede
alivio a mi pena.
Leonor
[Ídem]
Honor,
treguas a mi llanto ofrece.
[Vanse.]
[Inmediaciones de una venta o posada en el camino de Madrid a las provincias del Norte, a media jornada de dicha capital.]
[Salen DON LUIS, DON JUAN y BARZOQUE.]
Don Luis
Aquí no hemos de parar
más que sólo a dar cebada.
Don Juan
Que no se perdió jornada,
dijo un adagio vulgar,
por dar cebada y oír misa.
Barzoque
Al contrario digo yo;
pues cuando más me importó
el caminar más aprisa,
siempre perdí la jornada
por esas dos cosas; pues
lo que más detiene es
el oír misa y dar cebada.
Don Luis
Barzoque, al mozo decid
que acabe: que es tarde, veis.
Don Juan
Notable priesa tenéis
por entrar hoy en Madrid
Don Luis
¿Quién (después de haber cumplido,
Don Juan, con su obligación,
hallándose en la ocasión
mayor que España ha tenido;
y habiendo alcanzado ya
licencia para volver;
al fin, llegándose a ver
que media jornada está
de Madrid) no deseó
verse entre deudos y amigos,
haciendo a todos testigos
de tantas venturas?
Don Juan
Yo,
que amigos y deudos tengo,
y no se me diera nada
que empezara la jornada
ahora.
Don Luis
Pues yo, aunque vengo
tan gustoso, por traer,
Don Juan, vuestra compañía,
volar, no correr, querría.
Don Juan
Yo, ni volar ni correr.
Don Luis
¿Estáis, por dicha, olvidado
de lo que es Madrid?
Don Juan
No estoy;
mas no tengo en Madrid hoy
cosa que me dé cuidado.
Don Luis
Pues cuando no le tengáis
en lo particular puesto,
por lo general (supuesto
que en él tan bien visto estáis
de damas y caballeros),
¿no os da gana a volver?
Don Juan
No,
porque de uno y otro yo
no necesito; y haceros
un argumento podré.
Si por caballeros, ¿dónde
mayor nobleza se esconde
que la que en Irún dejé?
Si por damas, cosa es llana
que a mí lo mismo me inclina
angosta una vizcaína,
que ancha una castellana.
Don Luis
¡Oh!, ¡quién se hallara, Don Juan,
tan libre, que hacer pudiera
donaire de la severa
ira de amor! No me dan
mi deseo y mi cuidado
licencia a mí para hablar
de burlas.
Don Juan
Eso es mostrar
que estáis muy enamorado.
Don Luis
Tanto lo estoy, que quisiera
poder volar con las alas
de amor; y no fueran malas
para llegar a la esfera
adonde apenas llegó
pensamiento que rendido
no volviese, porque ha sido
del mejor sol que ilustró
el día de luces bellas,
el mundo de resplandores,
la primavera de flores
y todo el cielo de estrellas.
Don Juan
Una pregunta hacer quiero.
Esa dama que adoráis
¿poseéis o deseáis?
Don Luis
Deseo, sirvo y espero.
Deseo un dulce favor,
sirvo un hermoso desdén
y espero lograr un bien,
premio de mi firme amor;
porque es el alto sujeto
que idólatramente adoro,
beldad de inmenso decoro,
deidad de sumo respeto.
Para casarme he servido
una dama, cuya pura
perfección de la hermosura
honesta Venus ha sido.
Imán de tan alta estrella,
a verla vuelvo, y constante
es un siglo cada instante
que tardo en volver a vella.
Don Juan
Aunque tan fino os halláis,
¿queréis olvidarla?
Don Luis
No,
ni que haya, presumo yo,
tal remedio.
Don Juan
¡Oh cuánto estáis
templado a lo antiguo!
Don Luis
Pues,
¿qué medio hay para olvidar
una hermosura?
Don Juan
Alcanzar
esa hermosura. Ésta es
la cura, Don Luis, más cuerda;
porque ¿quién tan importuna
pasión tuvo, que de una
lograda ocasión se acuerda?
¿Por qué pensáis que Macías
enamorado murió?
Porque nunca consiguió.
Yo quise bien ocho días,
y sané luego al momento;
porque aun antes que supiera
casa, nombre ni quién era
la tal dama, en mi aposento
la hallé una noche dormida,
sin saber quién la llevase
allí, ni qué la obligase
a ser tan agradecida:
donde entregando al olvido
de mi memoria el cuidado,
yendo muy enamorado,
salí muy arrepentido.
Don Luis
Pues ¿cómo sin saber que
vos la amabais, os buscó
esa dama?
Don Juan
¡Qué sé yo!
Don Luis
¿Quién la trajo?
Don Juan
¡Yo qué sé!
Ni de saberlo he cuidado.
Barzoque
¿Cómo es posible, señor,
que eso cuentes sin temor?
Que yo, de haberlo escuchado
ahora, aunque lo temblé
entonces, vuelvo a temblarlo.
Don Luis
¿Por qué?
Barzoque
Porque, sin dudarlo,
un diablo súcubo fue.
Don Juan
Calla, necio.
Barzoque
¿Quién pudiera
ser quien en casa se hallara
al tiempo que él en voz clara
dijo que por verla diera
el alma, y luego la vio,
sino el demonio vestido
de mujer?
Don Luis
Tan suspendido
el suceso me dejó,
que os tengo de suplicar
muy despacio me contéis
cómo fue esto.
Don Juan
Si tenéis
gusto, volverá a empezar
todo el caso. Estadme atento,
que estimaré divertiros
Don Luis
Mucho me holgaré de oíros,
porque es extremado el cuento.
Don Juan
Yo vi cierta dama, cuya
beldad me agradó fiel.
Barzoque
Que para agradarse él
bastó que no fuese suya.
Don Juan
Seguirla quise, y no pude
por un grande impedimento.
Barzoque
Aqueso no importa al cuento.
Don Juan
Volví a ver si al templo acude,
donde la vi la primera
vez.
Barzoque
Volvió, que aunque sagrado,
era diablo bautizado.
Don Juan
Siguiéndola, a ver quién era,
otro acaso sucedió,
que lo embarazó también.
Barzoque
Por quien se dijo más bien:
«Otro diablo que llegó.»
Don Juan
Llegó en esto mi partida:
ausentarme determino;
cuando, yendo mi camino,
éste, que siempre se olvida
de lo que más importó,
se acordó que había dejado
mis papeles. Enfadado,
volví a Madrid, y por no
alborotar, quise entrar,
con llave que yo tenía
en mi cuarto; luz había,
y apenas volví a mirar
quién estaba allí, cuando a ella
la vi en mi cuarto dormir.
Barzoque
Acabando de decir
que daría el alma por ella.
Don Luis
¿Cómo en tan raro suceso
no preguntasteis quién fuese,
ni quién allí la trajese?
Don Juan
¿Quién me metía a mí en eso?
Si ella se quería ocultar,
¿preguntarla no sería
quien era, descortesía?
Don Luis
Pues ¿qué hicisteis?
Don Juan
Sin hablar,
maté la luz.
Don Luis
¿Para qué?
Don Juan
Para que ella no supiera
tampoco allí quién yo era.
Don Luis
Pues ¿por qué, Don Juan?
Don Juan
Porque
no se pudiera alabar
jamás de que me gozó;
que también tengo honor yo,
y soy mozo por casar.
Fuera de que el principal
intento fue, que esto hiciese,
que mi padre no supiese
que yo había vuelto, pues tal
prevención me aseguraba
de la queja que podía
tener la libertad mía,
si allí por su orden estaba;
pues ahora podré negar
en todo tiempo que fui
el hombre que entró hasta allí.
Don Luis
Eso no quiero apurar,
sino saber si después
supisteis quién era.
Don Juan
¿Yo?
Don Luis
¿Ni quién la llevó allí?
Don Juan
No.
Don Luis
¿Y ahora no os mueve, pues,
la curiosidad siquiera
de saber quién es, y allí
la tuvo?
Don Juan
En mi vida fui
curioso; y antes quisiera
no preguntarlo jamás,
ni que nadie me llegara
a decirlo; que estimara
el no saber della más,
porque estoy ya muy cansado
de saber cómo se llama
y dónde vive mi dama,
qué porte tiene y qué estado;
y así, sólo me desvela
pensar que lo he de saber,
porque me muero por ser
caballero de novela,
y que se cuente de mí
que una infanta me adoró
encantada, de quien yo
no supe más.
Barzoque
Y yo sí.
Don Luis
Y ella, ¿qué porte tenía?
Don Juan
Tal, que si algo en este estado
me hubiera de dar cuidado,
su ofendido honor sería.
Don Luis
Y en fin, ¿en qué paró?
Don Juan
En que
antes que me conociera
volví a cerrar por defuera,
y en el cuarto la dejé.
Don Luis
Y ¿no sacasteis, decid,
los papeles vuestros?
Don Juan
No,
porque para negar yo
el haber vuelto a Madrid,
fue importante no traellos,
que pudiera ser que ya
los hubiesen visto allá.
Y no importó, pues con ellos
un criado me alcanzó,
a quien mi padre enviaba.
Don Luis
Y ese criado ¿contaba
algo de esa dama?
Don Juan
No,
ni yo se lo pregunté,
por que en malicia no entrara
de haber vuelto.
Don Luis
¡Cosa rara!
Y ahora, ¿qué habéis de hacer?
Don Juan
¿Qué?
Entrar muy disimulado
en casa.
Don Luis
¿Pues ella ya
de ese lance no se habrá
a vuestro padre quejado?
Don Juan
¿Para cuándo es el negar,
sino para ahora? Si bien
hay un testigo con quien
el delito comprobar
pueden.
Don Luis
¿Cuál?
Don Juan
Una venera,
que del cuello me arrancó,
con un retrato. Mas no
importa, pues cuando quiera,
en tales señas fundada,
convencerme, yo diré
que es mentira, porque fue
dejármela allí olvidada.
Don Luis
¡Buen desenfado tenéis!
Y la dama retratada,
viendo que de la jornada
sin el retrato volvéis,
¿no se quejará?
Don Juan
Eso es cosa
que ha de darme más placer.
¿Hay cosa como tener
uno a su dama quejosa?
Fuera de que ¿ha de faltar
una compuesta mentira
que ablande toda esa ira?
Barzoque
. ¿Luego tú piensas tornar
a hablar a Marcela?
Don Juan
Sí.
Barzoque
¿No te acuerdas que quedó
muy desairada, y que no
querrá ella hablarte a ti?
Don Juan
Ríete de eso, que nada
hay que tenga una hermosura
más rendida y más segura
que tenerla desairada.
Esta noche me verás
ir a visitarla y vella.
Barzoque
¿Cómo?
Don Juan
Como si con ella
reñido hubiese jamás.
Don Luis
En toda mi vida he estado,
Don Juan, más entretenido
que este rato que os he oído.
Don Juan
¿No es raro cuento?
Don Luis
Extremado.
Barzoque
Ya el mozo allí nos espera.
Don Luis
Vamos, Don Juan; que no veo
la hora que mi deseo
llegue a abrasarme en la esfera
del sol que adoro.
Don Juan
Ni yo
la hora de verme en mi cama,
que es la más hermosa dama
y más cómoda, pues no
pide pollera ni coche,
y en un rincón encerrada
todo el día está, y no enfada
con gozarla cada noche.
[Vanse.]
[Sala en casa de MARCELA.]
(Salen MARCELA e INÉS.)
Inés
Aquel criado, señora,
que nuestro coche siguió
desde el sitio en que cayó
hasta casa, vuelve ahora
con un recado.
Marcela
Pues di
que entre.
(Sale ENRIQUE.)
Enrique
Mi señor Don Diego
de Silva, con este pliego
me envía.
Marcela
Mostrad. Dice así:
(Lee.)
«El deseo de saber de vuestra salud sea disculpa de mi
atrevimiento, para lograr la dicha de haberla yo amparado, con
la certeza de haberla vos conseguido. Yo fuera a saber de ella,
si me juzgara merecedor de oírlo de vuestra boca. Suplícoos me
respondáis, o me deis esta licencia. Dios os guarde.»
Diréis al señor Don Diego,
hidalgo, cuánto he estimado
de mi salud el cuidado;
y que está de más el ruego
con que me pide licencia
de verme en mi casa, pues
a término tan cortés
debo igual correspondencia,
que yo seré la dichosa
en que quiera honrarla y vella,
para que se sirva della.
Enrique
[Aparte.]
Guárdeos Dios. Extraña cosa no
fue la afición que cobraron
mi amo y mi ama a esta mujer,
pues los dos, hasta saber
casa y nombre, no pararon.
[Vase.]
Inés
¡Cuánto, señora, estimara
que aqueste Don Diego fuera
el que venganza te diera
de Don Juan, y que te hallara
vengada de su desdén!
Marcela
No esperes ventura igual;
que basta tratarme mal
para que le quiera bien.
Y aunque tan justo sería
que hallase en mí novedad,
una cosa es voluntad
y otra cosa cortesía.
¿Cómo puedo a un caballero
que la vida, Inés, me dio,
dejar de admitirle yo
a visita?
Inés
Pues primero
que ésa nos venga, ya ahora
otra tenemos.
Marcela
¿Quién es?
Inés
¿Una tapada no ves
entrarse hasta aquí, señora?
Marcela
¿Quién será?
Inés
Ella lo dirá.
[Sale LEONOR, tapada.]
Leonor
[Aparte.]
Cielos, a mucho me atrevo;
mas buena disculpa llevo
en mi favor, que es que ya
tengo poco que perder,
perdido lo más; y así,
sola y disfrazada aquí
vengo a si puedo saber
el nombre de aquel traidor.
Ánimo, agravios, pues puedo
perder a mi honor el miedo
que antes me diera mi honor.
Marcela
¿Qué es, señora, lo que aquí
buscáis, que desa manera
entráis?
Leonor
¿Sois, saber quisiera,
vos Doña Marcela?
Marcela
Sí,
que a nadie jamás negué
mi nombre.
Leonor
¡Airoso desvelo!
Y pues estáis en el duelo
tan bien vista, sabed que
tengo un negocio con vos
a solas.
Marcela
¡Salte tú, Inés,
allá fuera! Decid, pues;
ya estamos solas las dos.
Leonor
A mí me importa...
Marcela
Primero
que la importancia digáis,
es justo que os descubráis;
que si es desafío, no quiero
daros ventaja, y es cierto
que en vos será acción indigna
tirar detrás de cortina,
estando yo en descubierto.
Leonor
Ventaja en mí no se halla
que os pueda dar temor tanto,
que la cortina de un manto
no es cortina de muralla.
Y la que siguió tan bien
la metáfora, no dudo
que sepa también que pudo
entrar de rebozo quien
aventurero es; y así,
descubrirme yo no quiero,
pues la ley de aventurero
me comprende.
Marcela
Pues decí.
Leonor
A mí me importa saber
de un galán muy desta casa
(que aunque su amor no me abrasa,
me ofende su proceder),
que tanto ha que no entra en ella,
por saber si habla verdad
en algo su voluntad.
Marcela
Mi reina, mal respondella
puedo a eso; que hay a ese umbral
muertos de amor cada día
tantos hombres, que sería
imposible saber cuál
es el que a usarced ha dado
satisfacción de que ya
no me ve; y puesto que está
aquel discurso pasado
tan fresco, vuélvome a él.
Si entra buscando a ese hombre
quier en la fuerza, dé el nombre,
porque no ha de entrar sin él.
Leonor
Aunque nombrarle pudiera,
no le hago tanto favor
como nombrarle, y mejor
lo dirá aquesta venera.
¿Conocéisla?
Marcela
Sí, y si tiene
un retrato, será ella.
Leonor
En mi mano habéis de vella,
que en la vuestra no conviene.
¿Es éste?
Marcela
¿Quién os lo dio?
Leonor
El galán que le traía.
Y decid, por vida mía
(¡qué hable desta suerte yo!),
¿qué tanto habrá que no os ve,
y cómo os ha dicho a vos
que se llama? Que a las dos
nos engaña (yo lo sé
muy bien sabido), mudando
el nombre por disfrazar
sus traiciones.
Marcela
Si apurar
queréis mi paciencia, cuando
me estáis matando de celos,
contadme de aquese ingrato
que os entregó ese retrato,
cómo a vos os dijo...
Leonor
[Aparte.]
¡Cielos!
Sálgame esta industria bien.
Marcela
... que se llamaba. ¡Qué ira!
Leonor
Don Alonso de Altamira.
Marcela
Pues mintió.
Leonor
Es traidor.
Marcela
Que a quien
le di esa venera yo
por favor con mi retrato,
aunque me mintió su trato,
su nombre no me mintió.
Leonor
¿De qué lo inferís?
Marcela
De que
le conozco bien y así
no pudo engañarme a mí.
O, decidme, ¿cuándo fue
cuando ese retrato os dio?
Leonor
Ayer.
Marcela
Pues ¿cómo, si está
fuera de Madrid?
Leonor
Quizá
de donde estaba volvió
a verme a mí de secreto.
[Aparte.]
Bien deste aprieto salí,
y ya sé que no está aquí.
Marcela
Él os engaña, en efecto.
Leonor
Quizá sois vos la engañada.
¿Quién os dijo a vos que era?
Marcela
Hasta cobrar la venera,
no tengo de hablar en nada.
Leonor
¿Qué es cobrarla?
Marcela
¿Pues había
de haber yo llegado a vella
en vuestra mano, y sin ella
quedar? Desaire sería
notable; y no sólo ya
el retrato, cosa es clara,
me habéis de dar; mas la cara
os he de ver.
Leonor
No será
fácil vuestra pretensión.
Y reportaos, porque
a sola una voz que dé,
vendrá quien por un balcón
os eche; que soy quien soy,
y en efeto, tengo que irme
con él, y sin descubrirme.
[Aparte.]
Temblando de miedo estoy.
Marcela
¿Veis todo eso? Pues es vano
el miedo en que me habéis puesto,
y he de ver...
Leonor
Mirad...
(Quiere descubrirla, y estando asidas las dos, sale DON DIEGO.)
Don Diego
¿Qué es esto?
Marcela
¡Señor Don Diego!
Leonor
[Aparte.]
¡Mi hermano!
Don Diego
Con la licencia, señora,
que me disteis, he venido
a veros, porque sin ella
no fuera tan atrevido.
Marcela
Pésame, señor Don Diego,
que haya a tan mal tiempo sido,
que un enojo no me dé
licencia de recibiros
con el agrado que debo.
Don Diego
También es fuerza sentirlo
yo, no tanto por la falta
de esa merced a que aspiro,
cuanto porque vos estéis
disgustada. Pues ¿qué ha sido?
Leonor
[Aparte.]
¡Cielos, doleos de mí,
que en tanto empeño me miro!
Marcela
Esta señora tapada
a mi casa se ha venido
a decirme mil pesares,
trayendo un retrato mío
para blasón de sus celos.
No me embarazo en decirlo,
porque no os debo hasta ahora
ningún respeto. Hela dicho
que me deje mi retrato;
a que ella me ha respondido
que llamará a quien me eche
por un balcón.
Don Diego
Aunque ha sido
culpado siempre en un hombre
el meterse inadvertido
en disgustos de mujeres,
no cuando con este estilo
habla, fiada quizá
en alguien que trae consigo
a reñirla sus pendencias;
y así, puesto que he venido
a tan mal tiempo, partamos
en los dos el desafío.
Averiguad vos con ella
vuestras cosas; que advertido
yo callaré, hasta que haya
con quien pueda hablar; pues se hizo
para damas el respeto
y para hombres el castigo.
Marcela
Pues perdonadme si os pongo
en empeño tan preciso,
que no lo puedo excusar.
Leonor
[Aparte.]
¡Quién en tal riesgo se ha visto!
Marcela
Señora, la del balcón,
o al instante descubríos,
porque he de saber quién sois,
o aquese retrato mío
me habéis de dar.
Leonor
[Aparte.]
¿Cómo, cielos,
saldré de tanto peligro?
¿Daréla el retrato? ¿Cómo,
si no tengo otro testigo
de abono? Pues ¿qué he de hacer?
Que también, si lo resisto,
mi hermano ha de conocerme.
¡En qué confusión me miro!
Marcela
¿Qué discurrís? ¿Qué pensáis?
O el retrato, o descubriros.
Don Diego
Yo no os digo que deis,
ni que os descubráis os digo;
mas que si habéis de llamar
esa gente que habéis dicho,
sea presto.
Marcela
¿Qué esperáis?
Leonor
[Aparte.]
Aquí hay solos dos caminos:
o decir quién soy o dar
el retrato: esto es preciso.
Pues piérdase por ahora
lo que ya se está perdido;
no lo que por perder resta.
Los Dos
¿Qué elegís, pues?
Leonor
Esto elijo.
(Da el retrato a MARCELA y vase.)
Don Diego
¡Extraña mujer!
Marcela
No puedo
encarecer cuánto estimo
aquesta merced.
Don Diego
Ni yo
el desengaño que he visto;
que ha sido ventura hallarle,
y hallarle tan al principio.
Yo me huelgo haber llegado
en ocasión que serviros
pude; y aunque fue mi intento
algún cuidado deciros
que ya me debéis, habrá
de callarle, cuando os miro
tan empeñada en cobrar
un retrato, que ha tenido,
según se deja ver, dueño
más venturoso que fino.
Quedad con Dios, y mirad
si es que en otra cosa os sirvo.
Marcela
Esperad.
Don Diego
Perdonad, que es
el estado en que me miro,
presto para pedir celos,
y tarde para sentirlos.
[Vase.]
Marcela
¿A quién en el mundo, cielos,
esto hubiera sucedido?
(Dentro, DON JUAN y BARZOQUE.)
Don Juan
No me detengas, Barzoque.
Barzoque
El seguirle es desatino.
Don Juan
Vive el cielo, que te mate.
Barzoque
Ya es tarde.
[Sale INÉS.]
Marcela
Inés, ¿qué ruido
es ése?
Inés
Al tiempo, señora,
que Don Diego se iba, vino
Don Juan.
Marcela
¿Qué Don Juan?
(Salen DON JUAN y BARZOQUE.)
Don Juan
Yo soy,
que sabré mejor decirlo.
Pues ¿somos tantos Don Juanes,
que dudas cuál haya sido?
Marcela
[Aparte.]
Si él viene pidiendo celos,
¡a muy buen tiempo ha venido!
Don Juan
Yo, pues que llegando ahora
a Madrid, sin haber visto
mi casa, vine a la tuya
(¡oh mal haya amor tan fino
y tan mal pagado amor!),
cuando salir della miro
un caballero. No pude
verle el rostro, ni él el mío,
porque le cogí de espaldas.
Seguirle, pues, determino
para saber a qué fin
entra aquí, cuando conmigo
este borracho se abraza,
y no me deja seguirlo.
Volvió la calle: de suerte,
que ya de vista perdido,
lo que no pude con él
he de averiguar contigo.
Marcela
[Aparte.]
Esto es bueno para estar
yo como estoy.
Barzoque
[Ídem]
Esto mismo
hacen las mozas gallegas:
entrar riñendo al principio,
por que no las riñan.
Don Juan
¿Quién,
en ausencia mía, ha tenido
licencia de visitarte?
Marcela
[Aparte.]
Mucho he de hacer si resisto
la cólera; pero importa.
Ese hombre no ha salido,
Don Juan, de mi cuarto; y bien
pudieras con otro estilo
desengañarte primero,
que entrar tan inadvertido
barajando el alborozo
de verte.
Don Juan
¿Cuándo han tenido
los celos paciencia?
Marcela
Cuando
son a tan poca luz vistos.
Don Juan
Siempre el que ama teme. Dame
los brazos, que aunque haya sido
la satisfacción tan tibia,
en fin, es tuya y la estimo.
¿Ahora te retiras?
Marcela
Sí.
Porque echo menos...
Don Juan
¿Qué? Dilo.
Marcela
...en tu pecho la venera,
que con un retrato mío
te di. ¿Qué es della, Don Juan?
Don Juan
Yo te diré qué se hizo,
que si no fuera por ella
no volviera a Madrid vivo.
Marcela
¿Cómo?
Barzoque
[Aparte.]
Va de enredo
Don Juan
Estando
en la jornada, hacia el sitio
que ocupábamos salió
de emboscada el enemigo.
Avanzámonos a él,
y en el encuentro, preciso
fue quedar yo prisionero,
que es lo mismo que cautivo.
Al Príncipe de Condé
me llevaron, y él previno
que pues era caballero,
tratase el rescate mío,
haciendo trueque con otro
caballero muy su amigo,
que había prendido un navarro.
Marcela
Algo deso acá se dijo.
Don Juan
Ahí verás tú que no miento.
Díjele que los partidos
se tratarían mejor
volviendo hacerlos yo mismo.
Que me diese, pues, licencia,
habiendo antes recibido
homenaje de volver
a la prisión; y él lo hizo,
como en prendas le dejase
banda y venera, testigos
de mi nobleza, y de que
le cumpliría lo dicho.
Húbesela de dejar;
vine al tiempo que se hizo
la rota; con que no fue
posible entonces cumplirlo.
De suerte, que tu retrato
le tiene en rescate mío
el Príncipe de Condé.
Marcela
Yo pensara que había sido
la Princesa, según fue
la soberbia con que vino
a traérmele. ¿Es aqueste,
señor Don Juan?
Barzoque
¡Jesucristo!
Don Juan
¿Qué es esto, Barzoque?
Barzoque
Es
el demonio que anda listo.
Marcela
¿Veis que sois un embustero,
y que encubierto y fingido,
disimulando quién sois,
habéis a Madrid venido
a ver a una dama antes
de ahora?
Barzoque
[Aparte.]
El diablo se lo dijo.
Marcela
A esto no hay satisfacción;
y así, de mi casa idos,
que en mi vida no he de veros.
Don Juan
Oye, escucha.
Marcela
No he de oíros,
hasta vengarme, Don Juan,
de vos, por los propios filos.
[Vase.]
Barzoque
Todo se sabe, señor.
Don Juan
¿Quién puede habérselo dicho?
Barzoque
Tu demonio, que es, sin duda,
chismoso, sobre lascivo.
Don Juan
¿Quién será aquella mujer
que contó que yo había sido
el que había vuelto encubierto,
y a Marcela se lo dijo,
callándoselo a mi padre?
Barzoque
Yo bien sé quién será.
Don Juan
Dilo.
Barzoque
Es el diablo.
Don Juan
Que te lleve,
por tan grandes desatinos.
Jornada Tercera
Salen LEONOR, con manto, y JUANA, sin él.
Leonor
Juana, quítame este manto,
quítame aqueste vestido
presto.
Juana
¿Qué te ha sucedido,
que a casa con temor tanto
vuelves, y aún con mayor llanto
que saliste?
Leonor
No lo sé.
Sólo te prevengo que
no digas, Juana (¡ay de mí!),
que hoy disfrazada salí
ni un punto de aquí falté,
a nadie, y más a mi hermano,
porque me puede costar
la vida.
Juana
En cuanto a callar,
ya sabes tú que es en vano
prevenirme, pues es llano
que soy la primer criada
pitagórica, enseñada,
sólo a callar; mas de modo,
que nada en callarlo todo
hago, porque no sé nada.
Y así, si quieres saber
cuánto secreto hay en mí,
dame qué callar, y di:
¿qué es lo que ha querido ser,
disfrazada una mujer
como tú, haber hoy salido,
con tan humilde vestido,
en una silla alquilada,
sin criado ni criada?
¿Adónde, señora, has ido
desta suerte?
Leonor
¡Ay Juana mía!
Tanto mi mal se acrisola,
que he ido a perder una sola
esperanza que tenía
mi grave melancolía
para poderse aliviar.
Juana
Bien me la puedes fiar.
Leonor
No puedo.
Juana
¡Extraño rigor
el tuyo es!
Leonor
[Aparte.]
Ya, en fin, honor,
no tenemos que esperar
remedio en nuestro cuidado;
pues no sólo hemos perdido
la ocasión, que había ofrecido
quizá por descuido el hado,
para haberos informado
de un traidor; mas (¡qué rigor!)
perdido hemos (¡qué dolor!)
de una vez (¡qué tiranía!)
sólo un testigo que había
de hablar en nuestro favor.
Y pues que ya la desdicha
tan deshecha sucedió,
callemos, honor, tú y yo;
que no ser de nadie dicha
una desdicha, ya es dicha;
y para obligarte a dar
el sepulcro singular
de mi pecho a mi dolor,
honor, en trances de honor,
no hay cosa como callar.
Calle yo, y calle mi pena,
pues ignorada...
Juana
Aunque ahora
te enojes, tengo, señora,
de darte una norabuena.
Leonor
¿Norabuena a mí? ¡Qué ajena
della, Juana, vivo yo!
Juana
Don Luis...
Leonor
Calla, y si pensó
tu voz con eso alegrarme,
el pésame puedes darme,
que la norabuena no,
que es otro acreedor a quien
mi llanto ha de gradüar.
(Sale DON LUIS.)
Don Luis
Si el mayor gusto es llegar
uno donde quiere bien,
el mayor pesar también,
aunque el llegar haya sido
donde bien haya querido,
si mal allí le han tratado;
que ninguno es bien llegado
donde no es bien recibido.
¿Qué es esto, Leonor? ¿Qué enojos
te da mi nombre al oírle,
que salen a recibirle
las lágrimas de tus ojos?
Otros fueron los despojos
que mi amor imaginó
de albricias; pues siempre vio
amor ser deuda debida
el llanto de una partida,
pero de una vuelta no.
Desde el punto que llegué,
a verte a otra casa fui
y el breve tiempo (¡ay de mi!)
que en hallar ésta gasté,
el mayor término fue
de mi ausencia: yo estimara
no haberla hallado; durara
toda mi vida mi ausencia,
pues me mata hoy tu presencia,
y ella nunca me matara.
Que si llanto y brazos vi
cuando de ti me ausenté,
y sin los brazos halló
el llanto cuando volví,
mejor la ausencia es; y así,
o iguala en tan breves plazos,
Leonor, lágrimas y brazos;
o porque yo vivir pueda,
con las lágrimas te queda,
pues te quedas con los brazos.
Leonor
Señor Don Luis, mis sentidos,
si tienen hoy admirados,
los brazos tan recatados,
los ojos tan atrevidos,
de efectos tan confundidos,
no tengo la culpa yo;
que si el llanto se ofreció,
y con los brazos me quedo,
es que a ellos mandarlos puedo,
pero a las lágrimas no.
Que si en pena, en dolor tanto,
dominio en el llanto hubiera,
lo mismo, Don Luis, hiciera
que de los brazos, del llanto,
por declarar mejor cuánto
oíros he sentido y veros;
no porque en males tan fieros
yo de quereros dejé;
que quizá es esto porque
nunca dejé de quereros.
Enigma parecerá
confesar que os quiero, y ver
que el veros siento: esto es ser
confusión mi pecho ya;
y puesto que no se da
a entender, sólo quisiera
que una fineza os debiera,
y es a creer obligaros
que hago por vos en no amaros
más que en amaros hiciera.
Y así, os suplico me hagáis
merced de que me olvidéis,
que en vuestra vida me habléis,
que jamás no me veáis.
Y porque no presumáis
que es mudanza, sabe Dios
que este apartarnos los dos
es constancia y es firmeza,
y es...
Don Luis
¿Qué?
Leonor
La mayor fineza
que yo puedo hacer por vos.
[Vase.]
Don Luis
Si tú, divina Leonor,
enigma a tu pecho llamas,
siendo tú quien de tu pecho
hoy los secretos alcanza,
¿qué haré yo, que los ignoro,
viendo acciones tan contrarias,
como hacer favor la pena,
y fineza la mudanza?
Juana, ¿qué es esto?
Juana
¡Qué diera
por respondértelo Juana,
pues lo supiera!
Don Luis
Tu voz
aun más que la suya engaña.
Juana
Engañada me vea yo,
si tal engaña.
Don Luis
¡Ay tirana!
No has de poder persuadirme
que otro amor desto no es causa.
Juana
Mi señor.
Don Luis
Pues disimula.
Juana
Ya digo que no está en casa.
(Sale DON DIEGO.)
Don Diego
¡Don Luis!
Don Luis
¡Oh amigo!
Don Diego
Los brazos
me dad.
Don Luis
Y en ellos el alma;
que hasta veros, no creía
que en Madrid, Don Diego, estaba.
Y así, por cumplir mejor
con la ley de amistad tanta,
vine al instante a buscaros,
informado en la otra casa
de dónde os habíais mudado;
y preguntándole a Juana
por vos estaba.
Don Diego
Los cielos
os guarden; que aunque me pagan
esas finezas las que
debéis a amistad tan rara,
quedo obligado de nuevo.
Juana
[Aparte.]
Voy a decir a mi ama
cómo le halló aquí su hermano,
para que ella esté avisada
de decir que no le ha visto.
[Vase.]
Don Luis
Como os dejé en la desgracia,
porque estabais retraído,
cuando yo me ausenté, el ansia
de saber el fin me trajo
tan puntual.
Don Diego
Ya, a Dios gracias,
se acabó todo, porque
sana la herida y firmadas
las paces, libre salí;
sólo lo que al lance falta,
para que esté cabal, es
conocer a quien con tanta
nobleza me socorrió;
que aunque diligencias varias
hice, nunca quién fue supe.
Vos ¿cómo de la jornada
venís?
Don Luis
Como quien se ha hallado
en la mejor, la más alta,
más heroica y más lucida
facción que ha tenido España.
Decid vos, ¿qué hay en Madrid
de nuevo?
Don Diego
Bien poco, o nada.
[Sale LEONOR, que se queda escuchando.]
Leonor
[Aparte.]
Temerosa que mi hermano
a Don Luis en esta sala
hallase, por si algo oyó,
vengo a escuchar lo que hablan.
Don Diego
Todo como lo dejasteis
lo hallaréis.
Don Luis
Propuesta es falsa,
porque nadie que se ausenta,
las cosas que deja halla
como las deja.
Don Diego
Por eso
lo digo, que es cosa clara
que hallar mudanza un ausente,
ha sido no hallar mudanza,
porque no hay cosa más firme
en Madrid.
(Sale JUANA.)
Juana
Una tapada
por ti pregunta, señor.
Don Luis
No quiero estorbaros nada.
Dadme licencia, Don Diego,
y adiós os quedad.
Don Diego
Mañana
yo os buscaré, y hablaremos
despacio.
Don Luis
[Aparte.]
¡Ay Leonor tirana!
¿Qué mudanza ha sido ésta?
Mas ¿qué me admira ni espanta,
si quien va a decir mujer
ya empieza a decir mudanza?
[Vase.]
Don Diego
¿Adónde mi hermana está?
Juana
En su cuarto retirada.
Don Diego
Pues di a esa dama que entre.
[Vase JUANA.]
Leonor
[Aparte.]
Ver tengo quien es, que el alma
recela, no sea resulta
de aquella historia pasada
del retrato.
Don Diego
¿Quién será
quien me busca?
(Sale MARCELA)
Marcela
Una criada
vuestra.
Don Diego
Señora Marcela,
¡tanto favor!, ¡merced tanta!
¿Vos en mi casa?
Marcela
A ella vengo
a hablaros una palabra
que os importa.
Leonor
[Aparte.]
¡Quiera el cielo
no sea de mí (¡estoy turbada!),
si acaso me siguió y supo
quién era!
Marcela
Porque obligada
de vos tantas veces, no
quiero parecer ingrata.
[Aparte.]
No es sino porque así espero
tomar de Don Juan venganza.
Don Diego
Pues ¿qué mandáis?
Leonor
[Aparte.]
Ella viene
de todo (¡ay de mi!) informada.
Marcela
Yo, señor Don Diego, os debo
la vida en una desgracia,
y la libertad en otra,
deudas bien precisas ambas
para que al precio de alguna
fineza intente pagarlas:
la vida, cuando del coche
me entrasteis en vuestra casa;
la libertad, cuando...
Leonor
[Aparte.]
¡Ay cielos!
Marcela
...de vos en la mía amparada,
cobré aquel retrato mío
de aquella encubierta dama,
que ha sido carta de ahorro
de una voluntad esclava.
Habiendo, pues, advertido
en el retrato la causa
que para no visitarme
tenéis; y habiendo en el alma
sentido que la tengáis,
he intentado remediarla
con pediros por merced
me veáis en ella a cuantas
horas del día quisiereis;
y por que disculpa no haya
en el dueño del retrato
para no hacerlo, en esta banda
pendiente le trae, porque
él mejor os satisfaga
de que no tiene más dueño.
Cuerdo sois: cosas pasadas,
aunque disgustan, no ofenden.
Quedad con Dios, que esto basta.
Don Diego
Espera, hermosa Marcela:
no satisfecha te vayas,
persuadida a que me obligas
con lo mesmo que me agravias.
Yo confieso que agradezco
la acción, en cuanto a que traigas
el retrato por testigo
que para otro no le guardas;
pero confieso también
que darle en tan rica banda
es dádiva, y no favor,
dando a entender que me pagas
el jornal de mis servicios,
acción en un noble baja.
Las prendas de estimación
no han de venir engastadas,
y quien ha de pedir celos
no ha de recibir alhajas.
Y así, la banda, señora,
vuelve, porque a mí me basta
el retrato sin el oro.
Marcela
Yo no tengo de llevarla.
Don Diego
Yo no he de quedar con ella.
Marcela
Obligaréisme a dejarla
sobre esa silla.
[Déjala y vase.]
Don Diego
Deténte,
espera, Marcela, aguarda.
(Vanse los dos; la banda queda sobre una silla, y sale LEONOR y tómala.)
Leonor
¡Cielos! La venera es ésta,
testigo de mi desgracia;
vuelva a mi poder, pues no
hago delito en tornarla;
que su hacienda cada uno,
dondequiera que la halla,
la puede quitar.
(Vase y sale DON DIEGO.)
Don Diego
No quiso
aguardar que la bajara;
llevarésela esta noche.
Pero ¿cómo de aquí falta?
¿Quién la quitó desta silla?
¡Hola!
(Sale JUANA.)
Juana
Señor.
Don Diego
¿Fuiste, Juana,
quien una banda de aquí
quitó?
Juana
No, ni en esta sala
entré.
Don Diego
Pues falta de aquí.
Juana
Aquella tapada infanta
se la llevaría, que a eso
sólo vienen las tapadas
en cas de los hombres mozos.
Don Diego
Ésa es disculpa extremada.
¡Si ella a darla vino!
Juana
Pues
arrepentida de darla,
la quitaría ella mesma;
que no se da más distancia
entre el dar y arrepentirse
de lo que da, cualquier dama.
Don Diego
¡Vive Dios, que la has tomado!
Juana
Yo soy mujer muy honrada,
con un primo familiar,
y en tres años que aquí en casa
estoy, no se ha echado menos
un alfiler ni una paja.
Mírenme toda, señores.
Don Diego
Tantos extremos no hagas,
que todos son contra ti,
y ¡vive Dios!...
[Saca la daga.]
(Sale LEONOR.)
Leonor
¡Tú la daga
para una criada!
Don Diego
Sí,
si es ladrona una criada.
Juana
¡Justicia del Cielo! ¡Yo
ladrona!
Leonor
Pues ¿qué te falta?
Don Diego
Una banda de oro y una
venera, que ahora estaba
sobre esta silla
Leonor
No creas
que la haya tomado Juana.
Don Diego
Pues ¿quién pudo ser, si ella
sola entró aquí?
Leonor
Antes pensara
que yo la pude tomar,
que ella.
Juana
El diablo lleve mi alma,
si yo la he visto, señora.
Leonor
No llores por eso, calla,
y éntrate allá dentro.
Juana
¡Yo
ladrona!
[Vase.]
Don Diego
Con esas alas,
tus criadas son señoras.
Si no entró persona en casa
(que estaba a la puerta yo),
¿quién de aquí pudo quitarla
del brazo de aquesta silla?
[Vuelve JUANA.]
Juana
Maldita y excomulgada
yo muera...
Leonor
Calla, te digo,
y éntrate allá dentro, Juana.
Una destas mujercillas
que a verte vienen...
[Vase JUANA.]
Don Diego
Repara,
ya que lo has sabido, en que
antes la mujer tapada
que aquí estuvo me la dio;
y no queriendo tomarla,
la dejó sobre esta silla.
Fui tras ella, y mientras, falta.
[Vuelve JUANA.]
Juana
Pues con un sapo en la boca
y un canto a los pechos vaya...
Leonor
A ti digo que te estés
allá adentro.
[Vase JUANA.]
Don Diego
Y no, hermana,
siento la banda perdida,
sino un retrato que estaba
en la venera.
Leonor
Pues ¿cómo
a ti en venera te daban
retrato? Nunca él se hizo
para ti.
Don Diego
Es historia larga,
porque yendo a visitar
a aquella que desmayada
yo saqué del coche...
Leonor
Bien
me acuerdo.
Don Diego
La hallé empeñada
en cobrar cierto retrato
suyo, de una oculta dama
que había ido a darle celos.
Leonor
¿Que hay mujeres en quien pasan
esas cosas?
Don Diego
Viendo, pues,
que la había hecho amenaza
de que gente llamaría,
yo me dispuse a ampararla,
por no ser partido. En fin,
dio el retrato la tapada;
y yo, viendo en los principios
de mi amor y mi esperanza
el desengaño, me vine,
si verdad te digo, hermana,
despedido de servirla;
no puedo decir amarla.
Ella, obligada a mi trato
o a mi término inclinada
(que si inclinaciones fueran
méritos, no lo contara),
me buscó; y satisfaciendo
la queja, en una extremada
bandilla de oro el retrato
me trajo.
Leonor
No ha sido tanta
la pérdida que te obligue
a esos extremos; que dama
que ayer a uno se le dio
y hoy te le dio a ti, mañana
para otro te lo pidiera;
y así, que hurtado le hayan
quizá es conveniencia tuya.
Don Diego
¡Qué buenos consuelos halla
mi pena, cuando por él
diera la vida y el alma!
Leonor
[Aparte.]
No fuera la vez primera
que tanto precio costara,
pues yo las perdí por él,
y por él pienso cobrarlas.
[Vanse.]
[Calle]
(Salen DON JUAN y BARZOQUE.)
Barzoque
Toda la corte está llena
de que eres muy entendido,
y yo en mi vida te he oído
decir una cosa buena.
Don Juan
¿Por qué lo dices ahora?
Barzoque
Porque acabas de decir
que a ver a Marcela has de ir.
Don Juan
¿Y eso es malo?
Barzoque
¿Quién lo ignora?
Porque ¿hay mayor necedad,
ni es posible, que ir a ver
enojada una mujer?
Don Juan
No hay ley en la voluntad.
¡Qué bien el Fénix de España
dijo: En mi pena se infiere
que el que piensa que no quiere,
el ser querido le engaña!
Todo el tiempo que viví,
Barzoque, correspondido
de Marcela, el ser querido
me engañó; nunca creí
que la amaba enamorado,
hasta que probé su olvido.
Barzoque
Nunca ama un favorecido
tanto como un despreciado.
Don Juan
No es eso, sino que quien
seguro el favor alcanza,
creyendo a su confianza
no sabe que quiere bien
hasta que viene a faltar,
introducido el temor
una vez, se ve el amor.
Y ¿quién me ha metido en dar
sofísticas agudezas?
Yo pensé que no quería
a Marcela, cuando vía
en ella tantas finezas;
y hoy que su retiro veo,
la quiero; y basta querella,
sin que ande a caza por ella
de razones mi deseo.
Barzoque
Y ésa es la mayor, si infiero
que otra el amor no ha tenido,
que «yo olvido porque olvido,
y yo quiero porque quiero».
Y así, dejada por llana,
pues querer pudiste ayer
y olvidar hoy, y querer
hoy para olvidar mañana,
vamos a cómo hablarás
a mujer que te cogió
en tal mentira.
Don Juan
Eso no
es lo que yo siento más,
sino pensar que mujer,
que su retrato la ha dado,
Barzoque, y que la ha contado
el que yo la volví a ver,
ya me tiene conocido.
Barzoque
¿Eso dudas? ¡Bueno fuera
que el diablo no conociera
a quien tanto le ha servido!
Don Juan
¿Hasta cuándo aquesa vana
necedad has de creer?
Barzoque
Hasta que la vuelva a ver,
en tratable carne humana.
Don Juan
¿Qué intento sería, en efecto,
dime, el de aquella mujer
que a Marcela hizo saber
de mi venida el efecto,
y su retrato la dio,
sin que a mi padre dijera
nada, ni a mí verme quiera,
puesto que me conoció?
Barzoque
¿Quieres pagarme, señor,
todo cuanto te he servido
mal o bien? Pues sólo pido
que no hables más deste amor.
Vamos a ver a Marcela,
aunque ella enojada esté,
y aunque a uno y otro nos dé
cualquiera alhaja que duela,
y no hablemos más en esto;
que tiemblo de discurrir
en ello.
Don Juan
En fin, a morir
estoy, Barzoque, dispuesto,
antes que consienta que
Marcela, aunque la ofendí,
para vengarse de mí,
celos con otro me dé.
Y aquel hombre que salía
cuando a su casa llegué,
me da pesar. No apuré
el lance, porque creía
la verdad de la disculpa;
pero habiendo visto ya
que ella tan resuelta está
a no hablarme, de su culpa
me persuado; y así, juez
he de ser de su cuidado.
Barzoque
Di que estás enamorado,
y acabemos de una vez.
Don Juan
Ya lo he dicho.
Barzoque
Ella e Inés
¿no son aquellas dos?
Don Juan
Sí.
Barzoque
A su casa por aquí
vendrán.
[Salen MARCELA e INÉS con mantos]
Marcela
¿No es don Juan?
Inés
Sí.
Don Juan
Pues.
¡Señora Marcela!...
Marcela
Vamos,
Inés.
Don Juan
¡Vos fuera a estas horas!
Marcela
Sí, que las grandes señoras
de noche nos visitamos.
Don Juan
¿De dónde venís?
Marcela
No sé
Don Juan
Pues yo saberlo he querido.
Marcela
Una visita a hacer he ido
al Príncipe de Condé,
y pedirle aquel retrato
que vos le dejasteis
Don Juan
Bien
se venga vuestro desdén.
Marcela
Más merece vuestro trato.
Don Juan
No es tan malo como vos
queréis que el amor le crea.
Marcela
Que lo sea o no lo sea,
importa poco a los dos:
a vos, porque una tapada,
que fue quien me le dio aquí,
os quiere mucho; y a mí,
porque no se me da nada.
Ven, Inés.
Don Juan
Barzoque, ven.
Marcela
¿Dónde vais?
Barzoque
Ved lo que pasa.
Don Juan
Y ¿dónde vos?
Marcela
Yo, a mi casa.
Don Juan
Pues yo voy allá también
Marcela
¿A qué?
Don Juan
A que gran grosería
fuera el dejaros.
Marcela
Mirad
que unción de la voluntad
llaman a la cortesía
en sus últimos alientos.
Don Juan
Por eso es justo que quiera
que ya que se muere, muera
con todos sus sacramentos.
Marcela
No habéis de pasar de aquí.
Don Juan
Tengo de hablaros, que espero
desenojaros.
Marcela
No quiero
desenojarme.
Don Juan
Yo sí;
que, hecho un yerro, disculpalle
es justicia y es razón.
Oíd mi satisfacción.
Marcela
Mirad que estáis en la calle,
señor Don Juan.
Don Juan
Algún día
os dije yo aqueso a vos.
Marcela
Barajóse entre los dos
la suerte, y llegó la mía.
Barzoque
Desierta la boca y tuerta
tenía un rico mercader,
y un sastre acertó a tener
tuerta la boca y desierta.
Buscando iba bocací
el sastre, y cuando llegó
al mercader, preguntó:
«¿Tiene usarced bocasí?»
Él, presumiendo que aquello
burla era, con gran rigor
dijo: «Boca-así, señor,
tengo, ¿qué quiere para ello?»
El sastre, muy indignado,
creyó que las remedaba,
y en tuertas voces le daba
quejas de su desenfado.
En tuertas voces también
el mercader se ofendía:
uno y otro presumía
que el defecto era desdén,
hasta que gente que allí
a despartirlos llegó,
los dos igualmente vio
que tenían boca-así.
Si entrambos de una manera
tuerto el corazón tenéis,
si un defecto padecéis,
no haya vara ni tijera,
sino consolaos los dos
uno a otro, haciendo aquí
amistades ante mí,
y entraos a casa con Dios.
Marcela
Yo no he de entrar en la mía,
si la calle no dejáis.
Don Juan
Si en eso resuelta estáis,
ya se cansó mi porfía.
Id con Dios, que no entraré
en ella en toda mi vida.
Marcela
Yo voy muy agradecida
a tanto favor.
Inés
No sé
para qué le dejas ir,
si lo has de sentir después.
Marcela
Aunque su rigor, Inés,
tanto me has visto sentir,
ya cesó el dolor cruel
al punto que él me buscó,
porque a él le buscara yo,
si no me buscara él.
(Vanse las dos.)
Don Juan
¿Has visto, Barzoque, igual
rigor en tu vida?
Barzoque
Sí.
En Diocleciano leí
otro, que debió ser tal
como éste, cuando mató
a un presbítero inocente...
Don Juan
¡Qué humor tan impertinente
cuando estoy muriendo yo!
Barzoque
Ya ella en su casa se ha entrado.
Don Juan
Si el día, que en sombra va
muriendo, alguna luz da,
dos hombres dentro han entrado.
Barzoque
De que doy fe.
Don Juan
A vistos celos,
callar infamia sería.
Barzoque
Mira que no es cortesía
estorbar.
Don Juan
¡Viven los cielos,
te mate!...
Barzoque
Mira primero
que son dos.
Don Juan
¿No somos dos
nosotros?
Barzoque
No, vive Dios,
que yo soy humano cero.
Don Juan
Por Dios, que está ya la puerta
cerrada.
Barzoque
A crer te resuelve
que el diablo mesmo se vuelve
si la halla así.
Don Juan
Pues yo abierta
la veré.
Barzoque
Pues ¿has de hacer
tú lo que el diablo no hiciera?
[Éntrase DON JUAN y da golpes.]
Don Diego
A quien de aquella manera
llama, yo he de responder.
Marcela
Salir no habéis.
Don Diego
¿Cómo no?,
y más si llaman así
por saber que entré yo aquí.
¿Quién llama a esta puerta?
[Salen DON DIEGO, ENRIQUE y MARCELA, que se queda junto a su casa.]
Don Juan
Yo,
que a saber vengo quién es
quien tanta licencia tiene,
que aquí de visita viene.
Marcela
Baja unas luces, Inés.
Don Diego
No las bajen; que si ha sido
su intento saber quién soy,
yo así la respuesta doy.
Don Juan
Y es lo que yo he pretendido.
[Sacan las espadas y riñen los cuatro.]
Marcela
¡Ay de mí, infeliz!
Barzoque
[Aparte.]
¡Qué diera
yo porque alguno llegara!
Enrique
¡Muerto soy!
Don Diego
¡Desdicha rara!
Alguacil 1
(Dentro.)
Llegad todos.
Don Juan
¡Pena fiera!
(Salen ALGUACILES y un ESCRIBANO.)
Alguacil 2
¡La Justicia!
Barzoque
¡Huye, señor!
Don Juan
Fuerza es, habiendo un herido
y la justicia venido.
Barzoque
A ver cuál corre mejor.
Escribano
Seguid aquél, que aquél fue,
pues que corre, el delincuente.
[Vase la justicia.]
Don Diego
Yo he de alcanzarle.
Marcela
¡Deténte,
Don Diego!
Don Diego
¡Suelta!
Marcela
Porque
habiendo un muerto o herido,
a estos umbrales dejar
a una mujer, es faltar
a quien eres.
Don Diego
Atrevido
te pondré en salvo, después
que haya, Marcela, vengado
la muerte dese criado.
Marcela
Contigo he de ir, que no es
justo que yo quede aquí
a una violencia dispuesta.
[Aparte.]
¡Ay Don Juan, lo que me cuesta
querer vengarme de ti!
[Vanse.]
(Salen DON LUIS y JUANA.)
[Sala en casa de DOÑA LEONOR.]
Don Luis
Juana, esto has de hacer por mí.
Juana
Sí hiciera, mas no me atrevo,
que es cruel su condición.
Don Luis
Solamente hablarla intento,
por apurar de una vez
de aquel enigma el secreto.
Ve presto; avísala, Juana.
Juana
No es posible que yo a eso
me atreva sin una industria.
Don Luis
¿Cuál ha de ser?
Juana
Ya la pienso.
Ve a dar por ahí una vuelta;
que estarte en la calle quedo,
podrá ser que se repare.
Yo me dejaré ahora abierto
este cuarto, y me estará
con ella en el suyo, haciendo
la deshecha. Tú podrás
entrarte entonces resuelto
a hablarla, y yo disculparme
con que no sé nada, siendo
un descuido el que me riña,
y no una traición.
Don Luis
Tu ingenio
lo ha trazado bien. Yo voy.
Juana
Y yo lo tendré dispuesto.
Don Luis
[Aparte.]
Saber tengo cómo vienen
juntos favor y desprecio.
[Vase.]
Juana
Ve aquí por lo que no puede
hacer una en este tiempo
una obra buena. ¿No había
siquiera un diamante viejo
con que decir: «Toma, Juana»?
Mas ya el Dante no hace versos
(Sale LEONOR.)
Leonor
¿Con quién hablabas?
Juana
Conmigo,
señora, que también tengo
yo mi don de soliloquios.
Leonor
Trae luces.
Juana
Allí las dejo.
[Entrándose por ellas y sacándolas.]
y ya están aquí.
Leonor
¿Qué hablabas?
Juana
Estaba un discurso haciendo
sobre quién sería el ladrón
de aquella banda. ¡En mal fuego
de San Antón vea la mano
abrasada!
Leonor
Quedo, quedo,
Juana, que las maldiciones
para nada son remedio.
Alguacil
[Dentro.]
Por aquí fue.
Un Alguacil
[Ídem.]
En esta vuelta
se perdió.
Leonor
¿Qué será aquello?
Juana
Ruido en la calle, señora.
Leonor
Abiertas las puertas veo.
Juana
¿Qué es esto, Juana?
Un descuido
Don Juan
[Dentro.]
Pues correr más no podemos,
ni resistirnos de tantos
como nos siguen, y abierto
está aquí, Barzoque, aquí
nos entremos.
(Salen DON JUAN y BARZOQUE.)
Leonor
¿Qué es esto?
Don Juan
Un desdichado es, señora.
Barzoque
No son sino dos.
Don Juan
[Aparte.]
¡Qué veo!
Barzoque
¡Jesucristo!
Leonor
Proseguid
Don Juan
[Aparte.]
No podré, porque... Estoy muerto.
Juana
[Ídem]
Si ahora se entra Don Luis,
¡buena hacienda habemos hecho!
Leonor
¿Qué ha sido?
Don Juan
[Aparte.]
No tengo vida.
Leonor
Hablad.
Don Juan
[Ídem]
Fáltame el aliento...
Barzoque
[Ídem a él.]
Disimula tú, pues ella
disimula.
Don Juan
[Ídem a BARZOQUE.]
Ya lo intento.
Un gran disgusto dos calles
de aquí he tenido... Sospecho
que queda un hombre (no sé
lo que digo) herido o muerto...
De la justicia seguido
(mortal estoy), venía huyendo
cuando, al volver desta calle,
vi luz, y...
Don Diego
[Dentro.]
Entrad aquí dentro;
que en quedando vos en salvo,
le buscaré.
Marcela
[Ídem.]
¡Muerta vengo!
Don Juan
Éstos son los que me siguen.
Leonor
Retiraos a este aposento;
que yo les diré que aquí
no entrasteis; que daros debo
favor, ya que por sagrado
mi casa tomasteis.
Don Juan
[Aparte al criado.]
¡Cielos!
De un peligro he dado en otro.
Barzoque
Yo y todo.
[Escóndense los dos, quedándose detrás de una puerta.]
[Salen DON DIEGO y MARCELA.]
Don Diego
Hermana.
Leonor
¿Qué es esto?
Don Diego
Desdichas mías; que apenas
hoy libre de una me veo,
cuando he tropezado en otra.
Malherido a Enrique dejo,
sin haber podido dar
muerte al agresor, que huyendo
se escapó por esta misma
calle...
Juana
[Aparte a LEONOR.]
¿Si es el que tenemos?
Leonor
Calla, Juana, que no es bien
añadir empeño a empeño.
Barzoque
[Aparte al paño.]
Hermano dijo.
Don Juan
Sin duda
nos descubre.
Don Diego
Y en efecto,
como es siempre obligación
de un noble en cualquier aprieto
la dama, aquí la he traído.
Tenla aquí, mientras yo vuelvo
así por cuidar de Enrique
como por mirar si puedo
vengarle. Marcela, ya
en salvo estás.
Marcela
Deteneos.
Leonor
No salgáis, señor.
Don Diego
Dejadme.
(Sale DON LUIS.)
Don Luis
Deme amor atrevimiento
para llegar. Mas ¿qué miro?
Don Diego
¿Quién va? ¿Quién es?
Don Luis
Yo, Don Diego.
Don Diego
¿Don Luis?
Don Luis
Sí.
Don Diego
¿Pues a estas horas
aquí?
Don Luis
[Aparte.]
Dadme industria, cielos,
que me disculpe.
Don Juan
[Ídem.]
Don Luis
aquél es.
Don Luis
Buscándoos vengo,
porque en la conversación
se dijo ahora del juego,
que habíais tenido un disgusto.
[Aparte.]
Decir que allá lo dijeron
es disculpa sin peligro.
Don Diego
¿Ya se supo allá tan presto?
Don Luis
Sí. ¿Qué ha sido?
Don Diego
Pues habéis
venido aquí a tan buen tiempo,
venid conmigo, que allá
lo sabréis.
Don Luis
Siempre fui vuestro.
(Vanse DON DIEGO y DON LUIS.)
Don Juan
Hasta las mentiras tienen
buena o mala estrella.
Leonor
[Aparte.]
¡Cielos!
¿Qué es lo que pasa por mí?
Escondido un hombre tengo,
en quien concurren las señas
del hábito de su pecho
y el ser de Marcela amante,
pues por ella ha sido el riesgo:
apuremos de una vez
al vaso todo el veneno.
Don Juan
[Al palio.]
¿Has visto, Barzoque, igual
lance en tu vida?
Barzoque
No, cierto.
Don Juan
En casa estoy de una dama
a quien ofendida tengo,
enemigo de su hermano.
y la causa de todo esto,
que es Marcela, por testigo.
Leonor
Decidme vos, ¿qué suceso
ha sido éste?
Marcela
De turbada,
no os he hablado en tanto tiempo.
Estando ahora en mi casa
vuestro hermano, un caballero,
a quien ha días que di
la libertad de mi pecho,
llamó con celosos golpes;
que no saben llamar quedo.
Salió Don Diego a la calle,
y sucedió todo esto
que él ha contado: la causa
de tan infeliz suceso,
aunque he sido yo, no he sido
yo sola.
Leonor
Pues ¿quién en ello
tuvo más parte?
Marcela
Una dama,
que abrase un rayo del cielo.
Leonor
[Aparte.]
¡Buena ando yo en maldiciones!
Marcela
Que a mi casa a pedir celos
con un retrato, que yo
le di a aquel ingrato mesmo,
fue. Yo, ofendida, intenté
vengarme de su desprecio.
Leonor
Y él ¿quién es?
Marcela
Él es Don Juan
de Mendoza, de Don Pedro
de Mendoza hijo: ¡así fuera
leal como es caballero,
constante como es ilustre!
Barzoque
[Aparte.]
Ya me holgara, según pienso,
que fuera diablo y no dama.
Leonor
[Ídem]
Ya, honor, todo lo sabemos,
pues sólo quien hijo fuera
de Don Pedro, entrara dentro
de aquel cuarto aquella noche.
¿Qué he de hacer? Si aquí lo tengo,
podrá mi hermano venir,
y no es remediar el riesgo.
Si le dejo ir, no tendré
ocasión, como ahora tengo,
para vengarme después.
Mas ¿qué es vengarme? Que en esto
mi honor no pide venganza.
En esto al fin me resuelvo.
[Alto.]
Marcela, aquí no estáis bien.
Retiraos allá dentro;
que si alguien viene, mejor
es que yo esté sola.
Marcela
Eso.
quise suplicaros.
Leonor
Juana,
ve con ella y ni un momento
te apartes della.
Juana
No haré.
Marcela
Fortuna, ¿qué ha de ser esto?
[Vanse MARCELA y JUANA.]
Leonor
[Aparte.]
Llevemos por bien el daño
en los principios, y luego,
si no basta, honor, muramos.
Don Juan
[Ídem.]
En gran peligro estoy puesto.
Barzoque
Pues que sola ella ha quedado,
sal ahora.
Don Juan
Eso resuelvo.
Salgamos de aquí una vez.
[Salen los dos.]
Barzoque
Dices bien.
Don Juan
Yo os agradezco
la vida que me habéis dado.
Quedad con Dios.
Leonor
Deteneos,
que aunque deseo que os vais,
también que no os vais deseo.
Barzoque
[Aparte.]
Pues a mí no me detienen,
saldré a la calle, y corriendo,
iré a avisar a mi amo
del lance en que a Don Juan dejo.
[Vase.]
Don Juan
Cuanto quisiereis decirme
oiré después, que no es tiempo
ahora.
Leonor
Sí es, por si después
no hay ocasión.
Don Juan
Decid presto.
Leonor
¿Sabéis quién soy?
Don Juan
Sé que sois
una deidad, a quien debo
la vida en esta ocasión.
Leonor
¿Y no me debéis más que eso?
Don Juan
No, porque aunque en mi memoria
varios discursos revuelvo,
y algo quiera confesar,
bien a negarlo me atrevo,
pues un testigo que sólo
podéis tener, ya no es vuestro.
Leonor
Sí es, Don Juan que esta venera
y retrato, yo le tengo.
Don Juan
[Aparte.]
¿Dónde iré yo que no halle
aquesta venera, cielos?
Leonor
Fuera de que el cielo mesmo...
Don Juan
Cuanto a decir vais entiendo.
Leonor
Pues, señor Don Juan, que os deis
por entendido agradezco,
ahorrándome la vergüenza
para haceros un acuerdo.
La vida vuestra y mi honor
en dos balanzas a un tiempo
puestas están. Pues yo miro
por vuestra vida en tal riesgo,
mirad por el honor mío
vos igualmente; advirtiendo
que soy mujer que pudiera
vengarme, y que no me vengo
por que a escándalo no pase
lo que hasta aquí fue silencio.
Yo no soy mujer que andar
tengo con mi honor en pleito;
yo no tengo de dar parte
a mi hermano ni a mis deudos;
que soy mujer, finalmente,
que moriré de un secreto,
por no vivir de una voz;
que, en fin, hablar no es remedio.
Vida y honor me debéis.
Pues dos deudas son, bien puedo
pedir dos satisfacciones...
Una solamente quiero:
y es que si a pagarlo todo
no os disponéis, noble y cuerdo
paguéis la parte en callarlo;
que una clausura, un convento
sabrá sepultarme viva,
quedándome por consuelo
solamente que cayó
mi desdicha en vuestro pecho.
Con esto, idos; no mi hermano
vuelva, donde sólo temo
un lance que a hablar me obligue,
siendo mi honor mi silencio.
Don Juan
Vuestra cordura, señora,
vuestro gran entendimiento,
el mayor consuelo hallaron
en callar; y yo os lo ofrezco,
porque no puedo ofrecer
más; que claro es que no tengo
de casarme, porque pude
hallaros en mi aposento
una noche, habiendo sido
quizá causa del suceso
que a dejar os obligó
vuestra casa...
Leonor
Deteneos,
no digáis más; que en pensarlo
miente vuestro pensamiento:
que el honor que me debéis,
tan terso y claro...
(Salen DON DIEGO y DON LUIS.)
Don Diego
¿Qué es esto?
Don Juan
[Aparte.]
¡Ah quién pudiera encubrirse!
[Embózase.]
Leonor
[Ídem.]
¿Otra desdicha? ¿Otro aprieto?
Don Diego
¡Hombre embozado en mi casa!
Don Luis
¡Hombre con Leonor riñendo!
Don Diego
¿Qué aguardo, que no le doy
muerte?
Don Juan
No temáis; primero
[Poniéndose delante de LEONOR.]
moriré yo, que os ofendan.
Don Luis
[A DON DIEGO.]
A vuestro lado estoy puesto.
[Aparte.]
Cumpliendo con la de amigo
la obligación de los celos.
Don Juan
Don Luis, mirad que soy yo
con quien reñís; y si vuestro
valor, por venir con él,
os obliga a que Don Diego
(que a mí me debe la vida,
si de otra ocasión me acuerdo)
valgáis, primero acredor
soy yo de vuestros esfuerzos,
pues de algún suceso mío
parte os he dado primero;
y quien lo fió de vos
entonces, ya os hizo empeño
de que le valgáis ahora.
[Desembózase.]
Don Diego
¡Qué es lo que miro!
Don Luis
¡Qué veo!
Don Juan
[Aparte]
¿Éste es quien me dio la vida?
Don Luis
[Ídem.]
¡Don Juan es el que me ha muerto!
¿Qué he de hacer en tan extraño
lance de amistad y celos,
de amor y honor?
(Salen MARCELA y JUANA.)
Marcela
Nuevo ruido
hay, ¿qué será?
Don Diego
Caballero,
yo confieso que me disteis
la vida, y que os la debo;
pero nadie pagar debe
más que recibió; con esto
os digo que si os hallara
hoy en ocasión que hacerlo
pudiera, mi mesma vida
os diera; pero no es precio
para una vida un honor;
y aquéste yo no os le debo.
En mi casa os he topado,
y he de saber a qué efecto
entráis en ella a estas horas.
Don Juan
Aunque no es ley de buen duelo
dar, con la espada en la mano,
satisfacción, darla quiero;
que donde honor es lo más,
todo lo demás es menos.
Con quien en cas de Marcela
reñisteis, soy yo. De aquesto
testigo es Marcela mesma.
En esta casa entré huyendo
de la justicia.
Don Diego
Aunque sea
eso verdad, que lo creo
porque vos lo decís, yo
no me doy por satisfecho;
que entrarse a ampararse un hombre
no es entrarse a hacer extremos
que obliguen a una mujer
a decir «que es puro y terso
el honor que la debéis».
Don Luis
Decís bien, y con vos vengo.
Sin matarle no cumplís.
(Aparte.)
Por matarle yo, le aliento.
Don Juan
¿Es eso haberos yo dicho
mi secreto?
Don Luis
Sí, y por eso
a Don Diego he de amparar.
(Salen DON PEDRO y BARZOQUE.)
Don Pedro
[A la puerta.]
¿Dónde quedó?
Barzoque
Aquí.
Don Pedro
Entra dentro.
Don Juan, a tu lado estoy.
Don Juan
Ya contigo nada temo.
Marcela
¡Qué pena!
Leonor
¡Qué confusión!
Juana
¿En qué ha de parar aquesto?
Don Pedro
Caballeros, yo y mi hijo
hemos de salir resueltos,
si se nos pone delante
todo el mundo; aunque primero
quisiera saber qué causa
ha dado para un extremo
tan grande como obligaros,
siendo los dos caballeros,
a que ambos riñáis con él
encerrados; porque pienso
(según ese criado ha dicho)
que ha sido acaso el suceso;
y por sucesos acaso
no riñen ilustres pechos
con uno en su misma casa,
entre mujeres, habiendo
campo. Dos a dos estamos.
Hagamos cabal el duelo.
Don Diego
Señor Don Pedro, que sea
vuestro hijo ese caballero.
Con ser vos a quien mi hermana
y yo obligación tenemos,
y que vos queráis hacer
desafío cuerpo a cuerpo,
no es bastante a dejar yo
de darle la muerte, habiendo
sido el hallarle embozado
en mi casa...
Don Pedro
Si él huyendo
de la justicia entró aquí,
ya vos no reñís por eso,
sino por la primer causa;
y ésta más debiera, es cierto,
remitirse, cuando en vuestra
casa le halléis, si es que infiero
que haberla tomado él
por sagrado, había de haceros
que al que allá fuera matarais,
le ampararais aquí dentro.
Don Diego
Hay más causas: que Leonor,
mi hermana, es...
Leonor
Yo diré eso;
que aunque el silencio adoré,
ya no es deidad el silencio;
que hablar en tiempo es virtud,
si es vicio el hablar sin tiempo.
Y no sólo, si me oís,
vos habéis de defenderlo,
pero aun contra vuestro hijo
habéis de ser.
Don Pedro
¿Cómo puedo?
Leonor
¿Os acordáis?...
Don Pedro
¿De qué?
Leonor
De una
palabra...
Don Pedro
Sí, bien me acuerdo,
y daré muerte a Don Juan,
puesto al lado de Don Diego,
como importe a vuestro honor.
Leonor
Pues estad todos atentos.
Aquella infelice noche
que hubo en mi casa un incendio,
y que por estar enfrente...
Don Juan
[Aparte, a ella.]
Tente, aguarda, que no quiero
saber más. Porque si yo
cobarde estuve, temiendo
la ocasión que allí te tuvo,
ya la sé, y así pretendo
que ninguno sepa más
que yo. Todo ese suceso,
ni mi padre, ni tu hermano,
ni ninguno ha de saberlo,
porque si en trances de honor
dice un discreto proverbio:
No hay cosa como callar,
de lo que hablé me arrepiento,
y no quiero saber más,
pues que no puedo hacer menos.
[Alto.]
Ésta es mi mano, Leonor.
Don Luis
[Aparte.]
Supuesto que a Leonor pierdo,
y ya es mujer de un amigo,
callemos, celos; que en esto
No hay cosa como callar.
Don Diego
[Aparte.]
No alcanzo nada al secreto;
mas pues está remediado
mi honor, que es lo que pretendo,
No hay cosa como callar.
Don Pedro
Yo he pagado lo que debo,
Leonor, a mi obligación.
Marcela
[Aparte.]
Y yo escarmentada, viendo
casado a Don Juan, callar
sólo ha de ser mi consuelo.
Barzoque
Cada uno a su negocio
está solamente atento,
olvidados de un criado
que está herido, porque desto
se saque cuán malo es
ser criado pendenciero.
Y pues que yo soy criado
de paz, solamente os ruego
que consideréis, señores,
que de los yerros ajenos
No hay cosa como callar;
perdonadnos, pues, los nuestros.
FIN DE «NO HAY COSA COMO CALLAR»
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