Los tres afectos de amor, piedad, desmayo y valor
Fiesta que se represento a sus Majestades en el Salon de su Real Palacio
Gran Comedia
Personas que hablan en ella
- Cloris, Dama.
- Laura, Dama.
- Nise, Dama.
- Ismenia, Dama.
- Rosarda, Infanta de Chipre.
- Seleuco, Rey, barba.
- Pasquin, Gracioso.
- Golilla, Gracioso.
- Libio, Principe de Gnido.
- Celio, Principe de Rodas.
- Flabio, Principe de Acaya.
- Anteo, Principe de Famagusta.
- Lelio, criado de Celio.
- Silvio, criado de Flabio.
- Musicos, y Acompañamiento.
Jornada Primera
Salen cantando Cloris, Laura, y Nise, cada una por su puerta, su copla, vestidas en traje de monte, y después Rosarda Infanta de Cipre.
Cloris
canta
Sobre el regazo de Venus
descansando estaba Adonis,
en las delicias del valle
de las fatigas del bosque.
Laura
Cuando un Sátiro, invidioso
de que tantas dichas goce,
de esta manera le dice
desde la cumbre del monte.
Nise
De que tan desvanecido
vives, o engañado joven,
por lograr una hermosura,
que no es tuya, aunque la logres.
Cloris
Si conoces que es su dueño
Marte, como no conoces,
que favores que son celos,
ni son celos, ni favores?
Laura
Ambos estáis desairados,
solo al eco de sus voces,
tú porque te escondes, y ella
porque estima a quien se esconde.
Nise
Oyó Adonis de sus dichas
los satiricos baldones,
y hablando con la Deidad,
así a la fiera responde.
Todas
Ya, madre del ciego Dios,
me es tu favor importuno,
que no es dicha para uno,
hermosura para dos.
Rosarda
Ya, madre del ciego Dios,
me es tu favor importuno,
que no es dicha para uno,
hermosura para dos?
Callad, callad, que pensáis
que dais alivio a mi pena,
y es la voz de la Sirena
cualquiera que articuláis:
cuyo encanto, de horror lleno,
herir, y alagar procura,
pues llama con la dulzura,
y mata con el veneno.
Y más al oír (ay Dios!)
porque no halle alivio alguno,
que no es dicha para uno,
hermosura para dos.
Sin saber por qué (ay de mí!)
oírlo siento, cuando estoy:
mas qué digo? dónde voy?
que aquesto no es para aquí.
Volved a cantar; mas no,
no cantéis, si no conmigo
seguid la senda que sigo
a este sitio, a quien debió
cuanto al Abril acrisola
sus primores: dónde vais?
dejadme no me sigáis:
no he dicho que quiero ir sola
Cloris
Señora, di tu pesar.
Rosarda
No tienes que proseguir.
Laura
Advierte.
Rosarda
Qué he de advertir.
Nise
Mira.
Rosarda
Qué puedo miran
Cloris
Considera.
Rosarda
Es vano intento.
Laura
Repara.
Rosarda
Es hablar acaso.
Nise
Que tu pena.
Rosarda
Yo la paso.
Todas
Que tu dolor.
Rosarda
Yo le siento:
dejadme, pues: qué porfía
tan necia!
Cloris
Aunque tú lo sientas,
todas dignamente atentas
a tan gran melancolía,
como estos días, señora,
te aflige más, que otras veces,
padecen lo que padeces,
y aún más quizá, pues no ignora
nuestro amor, que si decía
allá un Sabio, que entre el ver
padecer, y el padecer,
ninguna distancia había;
otro, que era más, probaba
ver padecer, por decir,
que quien tuvo que sentir,
alivio en sentir hallaba:
y quien via sentir no,
pues sentía lo que oía,
sin temprar lo que sentía
su mismo sentir, y yo
en fe de lo que he debido
a tus favores, de parte
de todas a suplicarte,
señora, me he preferido,
que nos digas la ocasión
de tan penosos extremos,
por sí, por dicha, podemos
con vida, alma, y corazón,
hallar un estilo, un medio
con que el dolor divirtamos.
Todas
Todas te lo suplicamos.
Rosarda
Yo lo estimo, más remedio
no puede hallar en ninguna
mi mal, pues ninguna, es llano,
tiene el volante en su mano
del eje de la fortuna:
fuera de que qué podré
deciros, que no sepáis?
cuando cómplices estáis
de mis desdichas, en fe
de que soy tan desgraciada,
que hago que aún otras lo sean;
mas con todo, porque vean
vuestras finezas, que nada
reserva mi hado infelice,
lo que sabéis os diré.
Sale Seleuco, y detiénese a la puerta.
Seleuco
Ya que a esta ocasión llegué,
he de oír lo que las dice.
Rosarda
Hija de Seleuco, Rey
de Chipre, nací, en tan mala
estrella, que fue mi dicha
víspera de mi desgracia.
Dígalo lo que vosotras
mismas sentís, pues en tanta
soledad, vivis conmigo
la austeridad de este Alcázar,
en cuyos paramos presa
desde mi primera infancia
me ha tenido mi desdicha,
sin que yo sepa la causa;
pues solo sé que vi apenas
del día las luces claras,
cuando mi padre dispuso
que fuese aquí mi crianza,
con tan corta esfera, que
al pie de estas peñas altas
solo permite que llegue,
siendo mi línea su falda;
pues tal vez, que divertida
en los trances de la caza,
excedí un átomo al coto,
lo embaraza ron las guardas,
que el Mar, y la Tierra giran
con tan grande vigilancia,
que no es posible, que nadie
sin peligro entre, ni salga;
y aunque es verdad que su amor
tan tiernamente me ama,
que en mi vida en su semblante
vi seña, acción, ni palabra,
que una caricia no sea,
una terneza, y una ansia
de que nada aquí me falte;
con todo eso, es cosa clara,
que en sola la libertad
todo lo demás me faltas
porque qué le importa al preso
que a la cadena que arrastra
le doren el eslabón,
si no le liman la aldaba?
desuerte, que en la penosa
despoblación de esta estancia,
sin que haya visto más gentes,
más Cortes, calles, ni Plazas,
más tratos, ni más comercios,
faustos, trajes, joyas, galas,
que a vosotras, y a la corra
familia que me acompaña
de rústicos labradores,
que en estos jardines andan;
racional bárbara vivo,
tan hija de estas montañas,
que aún siento, que para serlo,
me sobra el uso del alma;
porque qué desdicha, como
que no vea en esa vaga
Región de los airevabe,
que apenas la cubra el ala
la primera pluma, cuando
árbitro de la campaña,
laa prisiones de la noche
no rompa a la luz del alba?
Qué ansia, como que no encuentre
fiera, que apenas cobrada
la primera piel se vea,
que a buscar al Sol no salga?
Qué horror, como que no mire
pez, que la primera escama
arme apenas, cuando sulque
vivo bajel de las aguas?
Y qué rigor, como que
no halle flor, que el primer nácar
apenas rompa al capillo,
cuando ya goce del Aura?
Y que yo con más instinto;
con más razón, con más alma,
y con menos libertad
envidie, sin dar más causa,
que el delito del nacer,
ave, fiera, pez, y planta?
Bien hasta aquí a mis tristezas
disculpa el discurso halla:
pero aún no paran aquí,
que más adelante pasan;
pues viendo que ya tenía
mi desdicha tolerancia,
habiendo hecho la costumbre
naturaleza, no falta
quien al todo de mis penas
multiplique circunstancias,
que más, que alivien, aflijan:
o qué fácil es, que añada
la fortuna un daño a otro!
el hado una ansia a otra ansia!
Ayer un villano de esos
con quien es fuerza que hagan
compañía mis desdichas,
bien como el que ciego anda,
que para informarse, es fuerza,
que de cualquiera se valga,
me dijo, hablando en su rudo
labio la voz de la fama,
pensión de graves materias,
ver, que el vulgo las alcanza,
que cuantas veces (ay triste!)
a mi padre el Reino habla
en orden a darme estado;
viendo la suma importancia,
que ya en su ancianaredad tiene
dar sucesor a su patria;
pues si dejara sin él
en tanto interes, dejara,
no digo por mí, sino
por su Corona, empeñadas
todas las que en su contorno
el Archipiélago baña,
por ser de ellas la más rica,
más deliciosa, y más varia:
con lágrimas les responde,
sin que entender pueda nada
del amor con que me cela,
y el temor con que me guarda:
y aún más dijera, según
su política villana
discurrir quiso, si yo,
previniendo que intentaba
aconsejarme la fuga,
no le volviese la espalda.
Esta noticia, anadiendo,
como dije en mis desgracias,
no solo mal a mal, pero
ira a ira, y rabia a rabia,
tanto me lleva tras sí
tanto tras si me arrebata,
tanto tras si me atropella,
y tanto tras si me arrastra,
que mil veces he querido,
furiosa, y desesperada.
que ese piélago, que fue
a Venus cuna de plata,
túmulo de nieve sea
a mi fortuna; y es tanta
mi desesperación, que
de venganza de que hayan
declaradose mis quejas,
tan nuevamente me matan,
que enajenada de mí,
desde aquesas peñas altas
tengo de arrojarme al Mar,
por ver si con esto acaban
de una vez tantos temores,
tantos sobresaltos, tantas
confusiones, y desdichas,
penas, tristezas, y.
Al irse a entrar, sale el Rey Seleuco.
Seleuco
Aguarda,
que habiendo, como otras veces,
venido a verte, Rosaura,
y llegando en ocasión,
que pude entre aquestas ramas
haber oído tus despechos,
es fuerza que a las instancias
del Reino, y tuyas responda,
y que, a más no poder, abra
de la cárcel del silencio
prisiones, que Alcaide guarda
el corazón: oye, pues,
que ya que en público agravian
tus quejas a mi amor, quiero
que en público satisfagan
a la razón de tenerlas,
la disculpa de causarlas.
Yo, Rosarda, heredé joven
este Reino, en paz tan blanda,
que, fin que me divirtiese
el manejo de las armas,
pude entregarme a las letras,
llevándome, entre otras varias
facultades, mas, que todas,
curiosa la Judiciaria.
Esta estudié, con tan grande
cariño a ciencia tan alta,
como frisar con los Dioses,
pues lo futuro adelantan,
que no hubo en todo ese
delineado Globo a Mapas,
Astro, ni errante, ni fijo
de cuantos su azul campaña
a imágenes iluminan,
y a caracteres esmaltan,
que obedientes al precepto
de líneas, compases, tablas,
Astrolabios, y cuadrantes,
no registrase las causas
en los influjos que inclinan
de los efectos que aguardan,
Esto asentado, pasemos
a que casé con Isdaura,
de Famagusta Princesa,
vivimos nuestra dorada
edad en el desconsuelo
de no tener hijos, hasta
que Venus, titular Diosa
de Chipre, de cuya estatua
venera ese Templo, que
sobre la cima descansa
de este monte, enternecida
de mirar siempre sus aras
entre antorchas, que las lucen
las víctimas que la manchan,
contigo, Rosarda hermosa,
premio nuestras esperanzas.
Naciste, tan desde luego
prodigiosa, que hecha humana
vívora, el materno albergue
de las piadosas entrañas
que te hospedaron, pagaste
inculpablemente ingrata,
dando en precio de una vida,
una muerte (dolor, basta,
y pues que yo no la olvido,
qué tienes tú que acordarla?)
A este primero presagio
sucedio observar, que estaba
en oposición del Sol
la Luna, eclipsando abara
la misma luz que mendiga,
y retrogrado en la casa
de Venus Saturno, con
malévolo aspecto, infausta
Constelación, que me hizo
de todo punto apurarla.
Hallé, al pronunciarlo, el labio
se turba, el aliento falta,
balbuciente titubea
la lengua, y perdida el habla,
el corazón en el pecho
despavorido, se arranca.
Hallé, digo, que teniendo
en tu oróscopo contraria
influencia en tu hermosura,
tu peligro amenazaba
de violenta muerte, siendo
tu gracia ella, y tu desgracia.
Sangriento fiero homicida
contra ti traidoras armas
previene; y aunque es verdad
que no siempre su palabra
cumple el hado, y que el prudente
sobre las estrellas manda:
con todo eso, el amor propio
de la ciencia que uno trata,
le hace que crea infalible
lo contingente; a esta causa;
viendo ser tu perfección
tu peligro, retirarla
quise a los ojos del Mundo,
pues no vista, es cosa clara,
que no tiene la hermosura
riesgo, bien como tirana
imagen del basilisco,
que con ponzoña del alma,
cuando a ella la miran, muere;
y cuando ella mira, mata.
En fin, pues, por ovviar,
como he dicho, la amenaza
del Astro que a ti te sigue,
y el temor que a mí me espanta,
te retiré a aquestos montes;
pero viendo cuanto clama
por ti el Reino, y cuanto importa
dar sucesión a mi patria,
por una parte; y por otra,
cuanto tu apeteces vana
en el fausto que te sobra,
la libertad que te falta;
abandonando, a despecho
de mi ciencia siempre sabia,
el temor, he de poner
en tu mano tu esperanza.
Usa, pues, de tu albedrío,
en tu libartad te hallas
desde este instante: y porque
ya de tu estrella informada,
lo estés de todo, sabrás
que tres Príncipes tu blanca
mano a un tiempo solicitan
con mil repetidas cartas.
Libio, Príncipe de Gnido,
de cuya gloriosa fama
lleno el Mundo, le pública
siempre invencible en las armas,
es el uno; el otro es
Flabio, Príncipe de Acaya,
que inclinado a los estudios,
ha merecido alabanza
de ser el más claro ingenio
de estas Islas comarcanas,
que el Archipiélago moja:
Celio de Rodas, y Candía
también heredero, adquiere
perfección igual a entrambas;
pues en dotes personales,
convienen, que no se halla
más galán joven; demodo,
que en la elección que te aguarda,
igualmente se compiten
ingenio, valor, y gala.
Yo, pues, que más que tu hado,
previne, que si te daba
a uno; a los dos ofendía,
y que era granjería vana
perder dos, por ganar uno
sin que resolviese nada,
mañosamente entretuve
hasta aquí sus esperanzas.
Pero ya que es fuerza que,
a pesar de dudas tantas,
saliendo a luz mi secreto,
a luz tu persona salga,
dueño he de hacerte de todo,
que no quiero ser en nada
cómplice de tu fortuna.
Y así, para que tú hagas,
ya, que a salir te resuelves,
dando mi ciencia por falsa,
la elección, haré a los tres
la entrada a mi Corte franza.
Vengan, pues, a merecer
por si mismos, que una Dama,
aunque honra cuando elige,
cuando despide no agravia.
Quéjese de su fortuna,
y no de mí, el que se vaya
desairado, pues poniendo
yo en tres iguales balanzas
el lícito galanteo
con que en Palacio se ama,
los tres méritos, no quedo
deudor a sus confianzas.
Piensa tu contigo ahora,
si te está mejor, Rosarda,
conservarte en tu retiro,
o salir de él, ya que salgas,
a contingencia del hado,
y a ser tu hermosura rara
certamen de amor, y celos;
que a mí, como puesto haya
en tu mano tu albedrío,
en tu elección tu esperanza,
y en tu arbitrio tu fortuna,
de todo mi amor me salva,
Y porque no te resuelvas
aprisa en duda tan ardua,
para responder, te doy
término de aquí a mañana.
Rosarda
Oye, que dudas, señor,
que conmigo en esta larga
prisión crecieron, no tengo
necesidad de pensarlas:
temeroso de un peligro,
con que mi vida amenazan
violentamente los Cielos,
en estos montes me guardas:
pues qué peligro, o violencia
será posible que haya
mayor, que la prisión mía,
con que el dolor adelantas?
Es bueno, que porque el hado
no ejecute en mí su saña,
la ejecutes tú, sin ver,
que porque el daño no haga,
antes ya, que él, me sepultas,
aún primero, que él, me matas?
Demás, que razón no es
que facultad, que es tan varia,
que si en un punto disuena,
yerra infinitas distancias,
sea tan creída, que
una pena imaginada,
antes que en mí sea precisa,
en ti sea voluntaria.
Deja que el fracaso venga,
y no al camino le salgas,
que es desgracia desde luego
el esperar la desgracia.
No digo que no la temas,
mas no que la creas; mal haya
ciencia, que ignorada es ciencia,
y sabida es ignorancia.
Y pasando a la elección,
aunque debiera excusarla,
pues solo es tuya, la acepto,
no tanto, porque inclinada
haya de elegir a uno,
cuanto porque altiva haya
de despreciar a dos, que
aunque experiencia me falta,
no tanto, que no conozca
imperiosa mi arrogancia,
que debe de ser sin duda,
en juego de amor ganancia,
que en una mano las quejas
doblen el resto a las gracias:
fuera.
Seleuco
No de más razones
tu resolución se valga;
para qué quieres que sobren,
si las que has dicho me bastan?
y así, a responder al Reino,
y a las amantes instancias
de los tres, y a prevenir
que al punto a la Corte vayas,
me adelantaré. Sagrado
volumen, que de doradas
letras encuaderna el Sol,
miénteme una vez de cuantas
verdad me dijiste.
Vase.
Rosarda
Ya,
amigas, felice acaba
nuestra esclavitud.
Cloris
A todas
nos da en albricias tus plantas.
Rosarda
Venid donde con vosotras
mis lucimientos reparta,
porque todas, prevenidas
de adornos, joyas, y galas,
a la Corte vais.
Laura
Aunque es
acción liberal, y franca,
no tienes que darnos más,
que Corte a solas nos basta.
Rosarda
Tanto la deseas?
Laura
No digo
contenta alegre, y bizarra;
pero en romería, a su estruendo
fuera, desnuda, y descalza,
con lo de el sapo en la boca,
y el dogal a la garganta.
Rosarda
El buen aire de tú siempre
esparcido gusto, Laura,
nunca ha de faltar: venid,
diciendo todas ufanas
aquel repetido hinmno,
que a Venus sus Coros cantan.
Todas
Cantan.
A la madre del Amor,
a la Deidad soberana,
favor cuantos aman, piden,
y piedad cuantos no aman:
diciendo en voces varias.
Unos
dentro
Cielos, piedad.
Otros
Favor Cielos.
Rosarda
Oíd, qué es esto?
Otros
dentro
A la mesana.
Otros
A la escota.
Otros
Al chafaldete.
Unos
Iza.
Otros
Vira.
Todos
Amaina, amaina.
Rosarda
Qué nuevo estruendo es aqueste?
Sale Libio, vestido de villano.
Libio
A lo que de aquí se alcanza
en los léjanos celajes
con que el Horizonte empañan
aguas de color de nubes,
y nubes de color de aguas,
impelido de las ondas,
y el viento, que le contrastan,
un derrotado bajel
corriendo viene borrasca.
Rosarda
Y siempre habéis de ser vos
quien más a mano se halla
a darme respuesta?
Libio
Soy
quien sirve con mayor gana
de servir; y así, señora,
atenta mi vigilancia,
se halla más a mano siempre,
y hoy quizá con mayor causa;
pues os absuelvo la duda
de quien dice en voces altas.
Dentro
Favor Dioses, piedad, Cielos.
Cloris
Y ya a más corta distancia
se deja ver, que sin norte,
sin timón, vela, nijarcia,
a discreción del destino,
desbocado monstruo para
desenfrenado en el choque
de esas rudas peñas pardas.
Nise
Ya cascado el pino cruje.
Laura
Ya en fragmentos se desata,
el mísero buque.
Libio
Ya
vuelta la quilla a la gabia,
el que fue bajel, es tumba.
Cloris
Y ya a embates, y resacas
los cadaveres que el Mar
no sufre, arroja a la playa.
Unos
dentro
Piedad, Dioses.
Rosarda
Qué desdicha!
Otros
dentro
Favor Cielos.
Cloris
Qué desgracia!
Libio
Qué asombro!
Nise
Qué horror?
Cloris
Qué pena
Todos
Qué espanto:
Sale Ismenia, como del Mar, cayendo a los pies de Rosarda.
Ismenia
El Cielo me valga:
(ay de mí!) que al primer paso
de mi libertad me asalta
infelice una hermosura,
como quien está al mirarla,
diciendo.
Cae desmayada.
Voces
dentro
Rosarda viva.
Rosarda
Mas qué es esto?
Sale Pasquin de villano.
Pasquin
Es, muesa ama,
que os ha alcanzado el indulto:
dadme albricias de que os traiga
mandamiento de soltura:
pues todas esas campañas,
de gentes, y de carrozas
llenas, vuestro nombre aclaman
festivamente, diciendo.
Ismenia
Ay de mí!
Voces
dentro
Viva Rosarda.
Rosarda
Oh fortuna, alimentado
monstruo, en tan breve distancia,
de dichas, y de desdichas;
y pues tan presto se pasa
de la pena a la alegría,
porque acudamos a entrambas,
voy, y en tanto que a gozar
los aplausos que me llaman,
llamad vosotras las gentes
de esas rústicas cabañas,
que a los que puedan, socorran.
Vanse las Damas.
Y vos a esa desdichada
mujer tratad, pues no a muerto,
jardinero, de albergarla,
que me holgaré de que viva,
siquiera porque a mis plantas
infeliz puerto ha tomado;
y si su vida restaura
vuestro amparo, desmintiendo
no sé qué azar de mirarla
tan pavorosa, veréis
las albricias que os aguardan.
Libio
Qué mayores, que saber
que en eso os sirvo? palabra
doy de cuidar de su vida.
Rosarda
Yo la acepto, y aunque vaya
a la Corte, en ella espero
las nuevas.
Vase.
Voces
dentro
Viva Rosarda.
Libio
Llega, ayúdame, Pasquin.
Pasquin
No sé si podré, que es carga
pesadísima la más
ligera mujer.
Libio
Levanta,
infeliz beldad, del suelo,
y entre mis brazos descansa.
Ismenia
Ay de mí! dónde, piadoso
Cielo, estoy?
Libio
Donde hay quien parta
contigo su vida, al ruego
de quien la tuya le encarga;
mas Cielos, qué es lo que miro?
Pasquin
Con justa razón te espantas,
vive el gran Baco, que es ella.
Ismenia
Quién eres, di, tú, que amparas
vida tan perdida, que
aún no es piedad el hallarla?
mas qué es lo que miro, Dioses?
Libio
Si es ilusión que retrata
mi imaginación.
Ismenia
Si es
sombra que fingen mis ansias?
Pasquin
Cuál se han quedado los dos,
y aún tres, si entro yo en la danza!
Libio
Delirio de mis sentidos.
Ismenia
De mis ideas fantasma.
Libio
Frénesí de mis locuras
Ismenia
Letargo de mis desgracias.
Libio
Dime si eres tú, o me mientes,
Ismenia
Dime si eres tú, o me engañas.
Libio
Pero no, no me lo digas,
que tú eres, pues que me matas.
Ismenia
Mas no me lo digas, no,
que tú eres, pues que me agravias,
Libio
Qué es esto, fiera enemiga?
Ismenia
Qué ha de ser traidor? pensabas
que no había de saber
tus traiciones, tus mudanzas,
tus engaños, tus cautelas.
qué tardo en decir infamias?
en Chipre, en Chipre (ay de mí!)
a vista de cuyas altas
cumbres tormenta he corrido,
te vengo a hallar? es la fama
aquesta de tus victorias?
el laurel de tus hazañas?
En un monte, en vez de arnés,
en villano traje andas?
pero qué me admira? qué
me suspende? qué me espanta
que villana el alma, el cuerpo
se vista el disfraz del alma?
Y pues aborto del Mar,
aún no quiso mi tirana
suerte, que todo ese golfo
pudiese apagar la llama
de esto Volcán, que en mi pecho
hiela más de lo que abrasa,
a voces diré quien eres,
y que amante de Rosarda,
esa encantada beldad,
que su padre en montes guarda,
atrevidamente rompes
términos, que.
Libio
Ismenia, calla.
Ismenia
Qué es callar? guardas del soto,
de la marina atalayas,
moradores de las selvas,
pastores de esas montañas,
Cielo, Sol, Estrellas, Luna,
verdes hojas, fuentes claras,
cumbres, mares, montes, riscos,
aves, fieras, flores, plantas.
Pasquin
Soltose la tarabilla.
Ismenia
Sabed que.
Libio
El acento ataja.
Ismenia
Traidor Libio.
Libio
Ten la voz.
Ismenia
De Gnido.
Libio
Suspende el habla.
Ismenia
Fuerza es, porque ella quiere,
mas no porque tú lo mandas:
pues, u del pasado susto
la congoja, o la tirana
ira del presente asombro,
tanto me hiela, o me pasma,
que del corazón al labio
se me pierden las palabras.
Sabed, digo; mas ay triste!
que ciega la luz, turbada
la vista, afligido el pecho,
torpe el labio, hierta el alma,
todo yace, todo espira,
todo sobra, todo falta.
Cae desmaya la.
Libio
Ismenia? Ismenia?
Pasquin
Si Dios
merced nos hace en que calla,
para qué la llamas?
Libio
Quién
se vio en ansias tan extrañas?
Una vida que aborrezco
guardar la que adoro manda,
aún sin saber que la adoro;
pues hasta ahora mi esperanza
ocasión de hablar no tuvo,
que no volviese la espalda.
Aquella, Pasquin, se ausenta,
donde no es posible que haya
otro disfraz que la siga,
dejándome a estotra en guarda
Si la albergo, es abrigar
al áspid en mis entranas:
si la dejo, es ser dos veces
ingrato a fineza tanta:
que he de hacer?
Pasquin
Qué sutil medio
se me ofrece!
Libio
Qué es?
Pasquin
Echarla
al Mar, y porque no vuelva,
una pesa a la garganta:
aquí hay piedra, aquí cordel,
vaya al Mar.
Libio
Basta, vil, basta,
que yo puedo cometer
un error, mas no una infamia:
llevémosla entre los dos.
Pasquin
Pues qué es lo que de ella tratas
hacer?
Libio
El tiempo lo diga,
como ahora el camino parta,
con el ensado de verla,
la obligación de ampararla.
Llévanla entre los dos, y salen Anteo y Golilla.
Anteo
Qué me dices?
Golilla
Tú, señor,
puedes salir a mirarlo.
Anteo
Vuelve otra vez a contallo,
porque lo entienda mejor.
Golilla
Apenas el breve espacio
que hay a la Torre, que guarda
la hermosura de Rosarda,
midió el Rey, cuando a Palacio
volvió con tal brevedad,
que muchos, cuando volvía,
presumieron que partía;
y esta no es la novedad,
sino que mandó que al punto
carrozas se previnieran,
que por ella al monte fueran;
con que todo el Pueblo junto
sale al camino, por ver
la encarecida hermosura,
que tantos años la dura
prisión tuvo en su poder.
Anteo
Cómo esas nuevas me das
sin pedirme albricias?
Golilla
Quiero
decir lo demás primero,
para ganar las demás,
que ahora en esta mudanza
lo mejor.
Anteo
Qué es?
Golilla
Que el traella,
es para lograr con ella
todo el Reino la esperanza
de que su padre, señor,
a Príncipe la conceda,
de quien prometerse pueda
legítimo sucesor.
Anteo
Otra vez, y otras mil veces
vuelvo, Golilla, a decir,
que eres necio en no pedir
albricias.
Golilla
Las que me ofreces
aún quiero que sean mayores,
oye lo demás.
Anteo
Di.
Golilla
Pues
para este efecto, entre tres
Príncipes, que superiores
en su piélago contiene
hoy el Negro Ponto, está
la suerte, porque el Rey, ya
que haya de darla, previene
que ellos merezcan por sí,
y que haga la elección ella,
porque él no quiere en su estrella
tener parte; y siendo así,
que uno ha de ser elegido,
por no hacer a dos agravio,
a Libio, a Celio, y a Flabio,
de Acaya, Rodas, y Gnido,
veloces despachó tres
Urcas, que en crueles alas,
si no les da el temor alas,
de pluma calzan los pies:
con que vendrán ya, y con que
famosas fiestas tendremos,
pues claro es que en los extremos
de la competida fe,
con que el amor Cortesano
permite los galanteos,
habrá fiestas, y torneos,
justas, y
Anteo
Calla, villano,
si no es que morir codicias
por las nuevas que me das.
Golilla
A quién se han vuelto jamás
mójicones las albricias?
estas eran las que aquí
prevenidas me tenías,
que tantas veces decías,
que las esperase?
Anteo
Sí,
que si truecan tus errores
mi gusto en pesar, porqué
yo también no trocaré
tus albricias en rigores?
Golilla
Pues cuando; o como troqué
yo en pesar tu gusto?
Anteo
Cuando
estando yo imaginando
nacer tu alegría de que
se dijese, que era yo
el nombrado para ser
quien llegase a merecer
su mano, no solo no
me dices que lo soy, pero
que otros lo son.
Golilla
No lo ignoro,
pero ese recado al toro:
y pues soy Golilla, quiero
ir a llevársele.
Anteo
Cuando
echado, y desposeído
de Famagusta, he venido
amparo, y favor buscando
en Seleuco, por creer
que como deudo, me diera
Armada, con que pudiera,
de él auxiliado, volver
a castigar a un tirano,
no solo fabor me da
contra él, pero aún está
tan contra mí, que la mano
que no me ofrece, le ofrece,
siendo uno de los tres
Libio de Gnido, que es
por quien mi vida padece,
sobre tanto infausto enojo
(ay de mí!) el robo de aquella
tan ingrata, como bella,
que fue el más noble despojo
en mi trágica fortuna,
vive Júpiter. Gol. Si fuera
posible, señor, que oyera
un amo verdad alguna
de su criado, quizá
dijera, por qué no has sido
ni llamado, ni excogido.
Anteo
Pues no lo digas, que ya
sé que me querrás decir,
que mi condición altiva,
soberbia, áspera, y esquiva
es la que me hace vivir
de todos aborrecido;
y decirlo, y darte muerte,
que será todo uno, advierte.
Dentro chirimias.
Golilla
Por eso, y porque este ruido
da a entender que llega ya
Rosarda a Palacio, es bien
que no hable palabra.
Anteo
Quién
de mi desdicha creerá
los desaires, con que fiera
se declara contra mí?
mas mi sentimiento aquí
se explique de otra manera.
Golilla
Qué ha de ser?
Anteo
Disimulando,
pues entre los tres, sirviendo
también yo a Rosarda, entiendo
lograr su favor, fiando
de mis méritos su agrado;
y quizá en este amoroso
duelo hará el Amor dichoso,
a quien Marte desdichado.
Golilla
En otra razón mayor
lo funda.
Anteo
En qué?
Golilla
En qué mujer
a quien la dan a escoger,
siempre escoge lo peor.
Anteo
Viven los Cielos.
Dentro instrumentos.
Golilla
Aguarda,
no esa aclamación festiva
mi muerte malogre.
Dentro
Viva
Seleuco.
Otros
Viva Rosarda.
Tocan chirimias, y salen por una parte los hombres con Seleuco, y por otra todas las Damas con Rosarda.
Seleuco
Ya en tu Corte, en tu Palacio
estás, Rosarda; ya deudos,
vasallos, y amigos, veis
cumplidos vuestros deseos:
llegad a besar su mano.
Anteo
Ninguno llegue primero,
pues nadie puede conmigo
competir merecimientos.
Rosarda
Aparte.
Qué arrogante, y desabrido
estilo!
Seleuco
Aparte.
Espera; que Anteo
es tu primo, y nadie puede
preferirle; mas qué presto
dio a entender su pretensión
mi justo aborrecimiento!
Anteo
A vuestras plantas, señora,
solo en mis desdichas siento,
que arrojado de mi patria,
pobre, humilde, y extranjero,
llegue a besar vuestra mano;
pero quizá ha sido acierto
de mi fortuna, porque
para entrar a los pies vuestros,
comparado con un alma,
es poco interés un cuerpo.
Rosarda
El Cielo os guarde: qué hombre
Cloris, tan vano, y soberbio!
Aparte.
horror me ha dado el mirarle.
Seleuco
Llegad todos.
Uno
Dónde puestos
a estos pies, una, y mil veces
volved a decir el verso.
Todos
Seleuco, y Rosarda vivan.
Tocan chirimias.
Seleuco
Ya que en este jardín bello,
que es de tu cuarto, y el mío
partido adorno, te dejo,
descansa en él, y pues sabes,
que puede el entendimiento
predominar en los Astros,
salve mi temor tu ingenio.
Vase el Rey, y los criados.
Golilla
Ah señor? mira que todos
se van ya.
Anteo
Ay de mí!
Golilla
Qué es esto?
Anteo
No sé, por razón de estado
pensé amar, y al verla, pienso
que anda por vengarse en mí
la verdad del fingimiento.
Vanse los dos.
Laura
Qué te parece, señora,
de este trafago, este estruendo;
esta máquina, este ruido?
Rosarda
De cuanto hasta aquí vi, infiero
que debe de ser, sin duda,
el mayor, el más supremo,
y el más noble patrimonio
de los Reyes el afecto;
felice, y más que felice,
el que amado de su Pueblo,
día que en público sale,
ve a sus vasallos contentos,
Cloris
De esa regla general
en tanto festivo obsequio
solo fue excepción tu primo.
Nise
Qué áspero, qué descontento
llegó a besarte los pies!
Rosarda
No me acuerdes de su ceño
la extrañeza, que si así
son los Príncipes, no creo,
que haya de elegir mi amor,
sino mi aborrecimiento.
Nise
No, señora, mayormente,
si es, como se dice. Celio
de Rodas tan galán joven,
pues es sin duda, que el serlo
un hombre, es la primer carta
de favor. Clor. No digas eso,
que si a la joya del alma
es no más que caja el cuerpo,
no hay gala en lo personal,
que iguale al entendimiento;
pues solo sirve de concha
a la perla que está dentro:
Y si es que es Flabio de Acaya,
como dicen, tan discreto,
quien duda que será suyo
de este certamen el premio?
Laura
Doy que en la primera acción
logre la gala su efecto,
que en la segunda le logre
la discreción, qué tendremos,
si al galán, y al entendido
ve desairado el esfuerzo?
Libio de Gnido al valor
fía su merecimiento;
y para mí, el que es valiente,
es todo lo demás, puesto
que el ánimo es don del alma,
y la agilidad del cuerpo,
Nise
Galán de la Dama dicen,
no valiente, ni discreto.
Cloris
Cualquiera es galán que sirve,
y no cualquiera es atento.
Laura
Atento, y galán lo es todo
el que está airoso en el riesgo.
Cloris
Aténgome al entendido.
Laura
Y yo al valiente me atengo.
Rosarda
Baste la cuestión, que no
hemos de dar, que sea necio
el galán, ni el estudioso
cobarde, ni horrible, y fiero
el valeroso, que uno
es, que iguales los sujetos,
sobresalga el uno más,
que el otro en algún afecto;
y otro es, que haya de quedar,
porque se ilustre un extremo,
para los demás inhábil,
y así: mas mirad que es eso.
Hacen dentro salva, y sale Anteo.
Anteo
Yo, señora, lo diré,
(corazón, disimulemos,
y mi sentimiento empiece
a hablar sin mi sentimiento)
la salva es, que como amor
nauega en ondas de fuego,
y las plumas de sus alas
hacen favorable al viento;
abreviando al tiempo plazos
que hubo menester el tiempo,
de Acaya, y Rodas, dos Naves
vienen entrando en el Puerto:
Flabio, y Celio son, señora,
y yo a decíroslo vengo,
agradecido a ser dos,
que a ser uno, mi silencio
no quedara para daros
la noticia.
Rosarda
Eso no entiendo
por ser dos?
Anteo
Sí.
Rosarda
Cómo?
Anteo
Cómo
llegando dos, será cierto
que cuando uno sea dichoso,
señora, en el juicio vuestro,
sea otro desdichado;
con que tendrá algún deseo,
si al uno para la envidia,
al otro pare el consuelo:
y así, partido.
Rosarda
No más,
y para que en ningún tiempo,
ni el consuelo, ni la envidia
os aventure el respeto,
tened entendido, que
una cosa es, que el precepto
de mi padre de licencia
a públicos galanteos;
y otra, que os la toméis vos,
y así, baste por aora esto.
Anteo
Yo, señora.
Rosarda
Bien está.
Anteo
Advertid, Rosarda, os ruego,
que vuestro ceño podrá
quitarme la dicha; pero
no vuestro ceño el lugar
que a otros concedido veo,
que también es una cosa
la estimación del sujeto,
y otra el capricho del gusto,
y aunque sabré en este empeño
sufrir desdenes, no sé
si sabré sufrir desprecios.
Vase.
Rosarda
Galante cortesanía!
Cloris
Qué vano, y qué desatento!
Hacen salva, y sale Libio, vestido de gala, y Pasquin, y se quedan al paño.
Libio
Ya que esta salva; Pasquin,
que hacen a Flabio, y a Celio,
con su alborozo las puertas
franquea en Palacio, entremos.
Pasquin
A eso te resuelves?
Libio
Pues
si aviso en el monte tengo
de a quien mis disfraces fío,
de ser al amante duelo
uno yo de los llamados,
qué es a lo que me resuelvo?
pues hallarme aquí, se salva
con decir, que de secreto
quise entrar.
Pasquin
Sí, pero al verte,
no han de conocerte?
Libio
Y eso
en qué me puede estar mal?
cuando son malos terceros
anticipados servicios?
pues ya sabrá, por lo menos,
Rosarda, que sé asistirla,
a costa de mayor riesgo.
Pasquin
Y que se ha de hacer de Ismenia?
Libio
Pues en el albergue nuestro,
de aquel accidente aún no
convalecida la dejo,
segura está por ahora,
vuelve tu allá, y con desvelo.
Pasquin
Qué?
Libio
No la pierdas de vista.
Pasquin
Mas quisiera, vive el Cielo,
ser guarda de una leona,
que suya.
Libio
Yo iré allá luego;
donde, o por fuerza, o por grado
habrá de volverse.
Pasquin
Eso
será como en el capricho.
se la ponga:
Libio
No seas necio,
ve, pues, en tanto que yo
entre el acompañamiento
de los dos, que por dos partes
entran ya en Palacio, espero
a la mira de su aplauso,
para declararme a tiempo.
Vase Pasquin, y suena otra vez la salva.
Laura
Tu padre en su cuarto aguarda
a recibirlos.
Nise
Y ellos
vienen ya entrando en Palacio.
Rosarda
Pues de aquí nos retiremos
nosotras.
Cloris
Ya no podrás,
que cómo es aqueste puesto
de entrambos cuartos jardín,
ya es fuerza que te vean.
Rosarda
Cielos,
quien no tendrá a impropiedad
este caso?
Laura
Quién sea cuerdo,
que a las Infantas de Chipre.
es lícito el galanteo,
donde no están estilados
los decoros de otros Reinos.
Salen por dos puertas Flabio, y Celio, con acompañamiento, y Lelio, y Silvio, criados.
Lelio
Aquí está Rosarda.
Celio
No
me mintió el arpón de fuego,
que amor flechó en su retrato.
Silvio
Rosarda es esta.
Flabio
Yo creo,
no mintió la fama, a cuyas
voces despertó mi incendio.
Celio
Absorto quedo al mirarla.
Flabio
Temeroso al verla quedo.
Celio
Qué perfección!
Flabio
Qué hermosura!
Celio
Muerto soy.
Flabio
Cobarde llego.
Celio
A vuestras plantas felice.
Flabio
Infelice a los pies vuestros.
Celio
Proseguid primero vos,
Flabio
En nada he de ser primero.
Celio
Pues por serlo yo en serviros,
lo seré en obedeceros:
a vuestras plantas felice,
pues no es posible no serlo
quien ya llegó a vuestras plantas
postrado, humilde, y sujeto,
señora, en sagrado culto,
como a Deidad de este Templo,
la víctima de una vida
con vida, y alma os ofrezco;
y aunque suele peligrar
la esperanza en lo grosero,
en mi es honroso peligro,
porque es verdad que la tengo,
que errores de la fortuna
me la prestaron, diciendo
que ella favorece más
a quien lo merece menos.
Laura
Este es Celio.
Nise
Bien su gala
lo muestra.
Cloris
Mejor su ingenio,
pues con esperanza dice
que viene.
Laura
Ya dijo en esa
el dispárate de novio.
Flabio
Yo infelice a los pies vuestro
pues es fuerza que infelice
sea quien mereció veros
para perderos no más,
aunque Deidad os contemplo
no os ofrezco alma, ni vida,
porque vida, y alma pienso
que al verse sin esperanza,
fueron a buscarla al viento:
y aunque pudiera enviar
tras ella a mi pensamiento,
en fe de error en la dicha,
no lo haré, porque no creo,
que pueda en vuestra elección
darse error, que no sea acierto
bien la réplica podrá
argüirme, que a qué vengo,
si vengo sin esperanza?
mas responderele a eso,
que a daros que desechar,
que no es alivio pequeño
del que está en obligación
de elegir lo más perfecto,
que la sirva el desahogo
tan a mano los desechos,
que le descanse la duda
el poco merecimiento.
Nise
Este dicen, Laura, que es
el entendido.
Laura
Y lo creo,
porque la desconfianza
es madre de los discretos.
Celio
Esperanza que se trae
en fe de merecer menos,
esperanza es desválida,
no estimada.
Flabio
No lo niego,
pero aún desválida hace
mi fe al desvanecimiento.
Celio
Tenerla para perderla,
no es tenerla.
Flabio
Según eso,
atajo halla quien la da
por perdida desde luego.
Rosarda
Aunque en vuestra cortesana
lid yo quiera poner medio,
no sabré, que es muy extraño,
muy huésped, muy extranjero
idioma ese de mi oído,
pues ni le alcanzo, ni entiendo:
mi padre espera en su cuarto,
y así, mientras no hay tercero,
que os decida la cuestión,
suspended.
Libio
Si os sirve en eso
un extranjero, señora,
él mediara el argumento:
y no os admire, que osado
me introduzga, porque siendo,
como soy, Libio de Gnido,
que por no poner a riesgo
lucimientos de mi entrada,
entrar quise de secreto,
terciar podré, pues llamado,
ya que no escogido, vengo.
Rosarda
Cloris? Laura?
Laura
Sí señora,
él es, si a decir vas eso.
Rosarda
Pues no os deis por entendidas
jamás de su atrevimiento.
Libio
Y supuesto que he de ser
el medio entre dos extremos,
feliz, e infeliz, señora,
la tierra que pisáis beso,
con esperanza, y sin ella:
feliz, pues merecí veros,
conformándome con uno:
infeliz, si al otro atiendo;
pues trae de veros la dicha,
la desdicha de perderos;
con que a ser, y a no ser viene
de ambos mi esperanza, puesto
que el no tener esperanza,
es la esperanza que tengo.
Rosarda
Que no entiendo esos idiomas
otra vez a decir vuelvo,
y que mi padre en su cuarto
esperas mientras a él llego.
Celio
Dadme licencia de que
os descifren su comento.
Rosarda
Quién?
Celio
Los motes de un sarao.
Flabio
Y a mi músicas, y versos
de una Academia.
Libio
Y a mí
las empresas de un torneo.
Laura
Qué presto dejar se lleva
cada uno de su genio!
Rosarda
Aunque versos, cifras, motes
me hablen, no sé si entenderlos
sabré, mientras que no traigan
por su intérprete al silencio.
Y así, tened entendido,
si os diere audiencia el respeto,
que este su lengua ha de ser,
y aún este ha de hablar tan quedo,
que sin ruido de palabras,
se explique con el afecto,
tanto, que si al viento fía
desmandado algún acento,
el viento aún no ha de saber
si se le ha llevado el viento,
la queja ha de andar tan muda,
tan callado el sentimiento,
la continencia tan sorda,
la envidia tan de secreto,
tan de brújula el cuidado,
el suspiro tan deshecho,
tan de rebozo el dolor:
y al fin, tan sin duelo el duelo,
que aunque uno sepa de otro,
no ha de saber de sí mismo:
con esto entenderé yo
lo que he de entender; y puesto
que está mi padre empeñado,
id con Dios.
Vase con las Damas.
Los tres
Guardeos el Cielo.
Celio
Esperanza.
Flabio
Temor.
Libio
Pena.
Celio
Amor.
Flabio
Fortuna.
Libio
Deseo.
Celio
Si es que es de Febo la gala.
Flabio
Si es de Mercurio el ingenio.
Libio
Y si es el valor de Marte:
di a Marte.
Flabio
A Mercurio.
Celio
A Febo.
Los tres
Pues son afectos de Amor,
que vuelvan por sus afectos.
Jornada Segunda
Dentro voces, y sale Ismenia.
Uno
dentro
Echa la lancha a la orilla,
porque antes que amanezca,
podamos volver al Mar.
Ismenia
Pues ya me dejáis en Tierra,
id en paz. Esta vez, Cielos,
no a las doradas arenas
de Chipre tormenta es
la que me arroja violenta;
elección sí, más hay triste!
que en sus fortunas deshechas,
aún con la tranquilidad
corre el infeliz tormenta.
Viome, pues, convalecida
de aquel accidente apenas,
Libio, cuando usando, ya
del ruego, ya de la fuerza,
me persuadió a que vencida
de uno, y otro, a Gnido vuelva,
yo viendo que en su poder
había de estar expuesta
a ceños de aborrecida,
y a desaires de sujeta,
sin que pudiera mi saña,
sin que mi rencor pudiera
usar, estando a su vista,
de industrias, y de cautelas,
que descompongan su amor,
en favor de mis ofensas,
que es la intención que me trajo
desesperada, y resuelta,
me dejé vencer, fiada
en que una joya de aquellas,
que conmigo reservé
del Mar, la costa me hiciera
al soborno de su Arráez,
de quien confía mi ausencia.
No mal me salió el intento,
pues que guiñando la vela,
del interes obligado,
me echó con el Alba en esta
Playa, delicioso Parque
de aquesta fábrica excelsa
del Palacio de Rosarda;
pues me dijo Pasquin, que era
quien, de mi compadecida,
mi vida a Libio encomienda:
dando mi agradecimiento
la ocasión, tengo de verla,
que si acaso introducida
una vez quedo con ella,
yo haré; mas (ay infelice!)
Libio es este, entre estas peñas
me escondo, en tanto que pasa
que no es justo que me vea,
donde, o la fuerza, o el ruego
otra vez al Mar me vuelvan.
Escóndese, y salen Libio, y Pasquin.
Libio
Con la Aurora, Pasquin, sé
que baja a aquesta ribera
Rosarda; y así, en su orilla
me ha de hallar para que vea,
ya que yo no sé lucir
en saraos, ni Academias,
y para la justa el Rey
no ha querido dar licencia,
que nadie más desvelado
girasol de su belleza,
para el uso de adorarla,
logra la ocasión de verla.
Pasquin
Siempre vi, que habías de ser
en aquesta competencia
tú el desairado.
Libio
Por qué?
Pasquin
Porque el valor que en las guerras;
no es alhaja en los estrados:
aquí galas, y libreas,
versos, músicas, conceptos,
mores, cifras, joyas, telas,
retruécanos, tiquimiquís,
almivares, y jaleas,
pasan; no montas, ni abances,
tararas, ni botaselas,
reductos, fosos, ni minas.
Libio
Por eso quiero que advierta,
que sabe amanecer Marte
al umbral de Venus bella.
Pasquin
Y podrás decirla tú
lo que otro a una Damisela,
que haciéndole en sus desdenes
el cargo de sus finezas,
la dijo: eso, y más merece
quien madrugó un día por ella
a las diez de la mañana.
Libio
Luego vi ser frialdad necia.
Pasquin
Calentémosla paseando;
y pues los que galantean
en concurso de acreedores,
no dan plática, ni audiencia,
que no sea en el terrero;
dime, si sabe que seas
tú el jardinero?
Libio
Quién duda,
que al verme la vez primera,
me conociese? porque eso
de que dos papeles pueda
hacer uno, aún es, Pasquin;
objeción en las Comedias:
mas por tan desentendida
se ha dado, prudente y cuerda,
de la fineza, por no
agradecer la fineza,
que nunca, para que yo,
en fe de rendido, pueda
alegarla por servicio,
dio lugar.
Pasquin
De esa manera,
nunca te habrá preguntado
por aquella buena pieza,
que su refugio dejo
en nuestro Hospital.
Libio
Ya fuera
darse eso por entendida.
Pasquin
Supongo.
Libio
Qué?
Pasquin
Que suceda,
o porque tú te declares,
o porque ocasión se ofreza,
que por ella te pregunte,
que la has de decir?
Libio
Qué muerta
quedó al mortal parasismo,
en que la dejó ella misma.
Pasquin
Es disculpa doctoral,
que no tiene residencia.
Ismenia
Y no dirás mal, que solo
eso habrá, en que tú no mientas.
Pasquin
Y para todo, señor,
fue dicha que ella quisiera
volverse a Gnido.
Libio
Qué había
de hacer, cuando a verse llega
tan desengañada, pues
no hay mujer, Pasquin, tan necia,
que aborrecida porfíe?
Pensó sin duda, que al verla,
había de volver mi encanto
al conjuro de sus quejas:
más hallándome empeñado
en tan alta competencia,
fue fuerza darse ha partido.
Pasquin
En mi vida lo creyera
de su condición.
Libio
Por qué?
Pasquin
Por qué preguntas? ay fiera,
ay áspid, y basilisco,
que, comparado con ella,
fiera no sea de paz?
áspid cásero no sea?
y basilisco de falda?
Ismenia
Qué esto mi furor consienta!
Libio
Deja locuras, porque
ya del Alcázar la puerta
abren, y sale Rosarda,
bien como la Primavera,
que acompañada de flores,
jura a la Rosa por Reina.
Sale Rosarda con sus Damas.
Rosarda
Ya que gustáis de que el Mar
esta aurora nos divierta,
gozando su orilla a solas,
sin la penosa asistencia
de necios amantes, dad
al aire la voz, y sea
vuestro Coro al de las aves
armoniosa competencia.
Laura
Qué tono, señora, quieres
que te cantemos?
Rosarda
Cualquiera,
como no sea el que dijo
en necia ruda cadencia,
que hermosura para dos,
no es dicha para uno.
Nise
Nueva
hay otra, que consta de ecos,
en preguntas, y respuestas.
Rosarda
Pues vaya esa, por si acaso
hay algo que me divierta.
Cantan
Quién, Amor, sabrá decir,
Rosarda
Oye, Flora, aguarda, espera,
quién es quién al paso está?
Libio
Quién no sabe si agradezca
la duda, o sienta la duda;
sentirla, al ver que no veas
quien a todas luces es
viva estatua de tus puertas;
o agradecerla, si acaso
te ofendes de que yo sea;
pues viviré el breve instante
que tarde en ver que te ofendas
y así, en tanto que la duda
esté aquel rato suspensa,
fuerza será estarlo yo
en si la estime, o la sienta.
Rosarda
Pues para que no os debáis
ni aún la lisonja pequeña
de estimarla, o de sentirla,
pase la duda a evidencia;
Aparte.
aunque, habiendo de ser otro,
que sea Libio no me pesa,
es fuerza disimular.
Ismenia
Esto me importa que atienda
Rosarda
Qué atrevimiento es, que cuando
yo con mis Damas pretenda
a solas en esta Playa
desahogar de mis tristezas
la causa, vos solo oseis?
Libio
Como no es la vez primera
(ánimo, temor, y sirva
ados luces la respuesta)
que os vi, siendo Alba del Sol,
ser Diana de otras selvas,
ser de otros jardines Flora,
ser Venus de otras riberas,
creí que fuera a la osadía
ejemplar la consecuencia.
Rosarda
Pues os engañáis, que antes
decirla sobre tenerla,
dobla la culpa, mas ya
que mi presunción no pueda
durar más desentendida,
sírvame de algo la ofensa:
que se hizo una infelice
beldad, que a su azar atenta,
o a mi piedad, fie de vos?
Ismenia
Si él la dice que soy muerta,
no podré yo parecer,
sin maliciosa sospecha
de que hay segunda intención:
o quien estorbar pudiera
su mentira.
Rosarda
Pues no habláis?
Libio
No sé como.
Pasquin
Bien empieza
a fingir el sentimiento.
Rosarda
Qué puede haber que os suspenda?
Libio
Que está, señora, la Dama.
Rosarda
Dónde?
Sale Ismenia.
Ismenia
A vuestras plantas puesta.
Libio
Qué es esto, Pasquin?
Pasquin
La más
bien ensebada apariencia,
que vi, pues sin rechinar
vino, ni ver como venga.
Ismenia
Que viendo cuanto le turba
vuestro enojo, pues no acierta
con las palabras, es bien
dar yo por él la respuesta.
A vuestras plantas, señora,
está una vida, que expuesta
a trances de la fortuna,
tanto en vuestra fe se enmienda,
que os trae, como a su Deidad,
la tabla de la tormenta.
Libio
Qué esto suceda, Pasquin?
Pasquin
Pues qué quieres que suceda;
si mirándote empeñado
en tan alta competencia,
fue fuerza darte a partido?
Libio
Ahora de burlas te acuerdas?
Ismenia
Y no desagradecida
tardó, señora, la ofrenda,
porque viendo que no os dabais
por obligada a la deuda
de las finezas de Libio,
tuve cerrada la puerta
para parecer, y tanto,
que aún estando ahora en esta
estancia con él, al veros,
me dijo, que entre esas peñas
me escondiese, pero oyendo
la plática tan dispuesta
en mi favor, me atreví
a salir, donde os ofrezca
ociosamente una vida,
que ya fue dadiva vuestra.
Rosarda
Alza del suelo, que tanto
estimo saber, que tengan
los hados apelación,
que sus influjos desmientan,
que te he de dar en albricias
de ver te de ellos exenta,
el desenojo de Libio.
Libio
Tus pies beso: qué sea fuerza
esforzar yo contra mí
su traición!
Pasquin
Si tú la hubieras
echado al Mar, cuando yo
te lo dije.
Rosarda
No agradezca
vuestra voz el desenojo
a mi piedad, sino a esa
vida que por mi amparasteis.
Libio
A vos primero, y a ella
después, debo agradecido.
De rodillas.
Rosarda
Qué hacéis? levantad.
Libio
Ah fiera!
Ismenia
Ah tirano!
Libio
Ah falsa!
Ismenia
Ah aleve!
Pasquin
Qué amorosos se requiebran!
no hay cosa como la paz
entre amantes.
Ismenia
Aunque sean
tan generosas albricias
las que por mi Libio tenga,
si me atrevo a pedir otras,
quejaos de vuestra grandeza,
pues su liberalidad
la costa hace a mi vergüenza;
noble soy, mi anciano padre,
con quien pasaba de Grecia
a Alejandría de Egipto,
muerto yace a la violencia
del Mar, con que yo he quedado
sin padre, patria, ni hacienda.
Pasquin
Con qué valor miente, y llora
una mujer!
Ismenia
Extranjera,
sola, y peregrina, adonde
podré albergarme, que sea
digno sagrado a una vida,
que ya algún cuidado os cuesta?
esclavas tendréis, señora,
y pues viene a hacer entre ellas
poco número una más,
no huérfana.
Rosarda
Cesa; cesa,
que es de mi piedad agravio
el llanto con que me ruegas;
pues no he de desamparar
vida que estuvo a mi cuenta
Ismenia
Otra vez beso tu mano.
Rosarda
Cómo te llamas?
Ismenia
Astrea.
Pasquin
Vive Dios
Libio
Calla.
Pasquin
No es peor
el dejar que una embustera
con serlo se salga?
Libio
No.
Rosarda
Ya que ella conmigo queda,
retiraos vos.
Libio
No sé
si os sirvo en que os obedezca.
Rosarda
Cómo?
Libio
Como tal vez vi
ser delito la obediencia.
Rosarda
Cuando la falsedad manda,
bien puede ser que lo sea.
Libio
Aunque mande la verdad,
no siempre la porfía es necia.
Rosarda
Ni siempre la indignación
suele mantenerse cuerda.
Libio
Para eso es bien que un error
el perdón de albricias tenga.
Rosarda
Yo perdono el cometido,
pero no el que se cometa:
id con Dios.
Libio
A tanto ceño
traidora es la resistencia:
válgame el Cielo:
Rosarda
Qué es esto?
Libio
Es no atinar con la senda
que de vos, señora, aparta;
y es confesar con vergüenza,
que tiembla de una mujer
hombre de quien hombres tiemblan?
Ven, Pasquin.
Pasquin
Cómo, señor,
con Rosarda te la dejas?
Libio
Qué he de hacer?
Pasquin
Si mi consejo.
Libio
Calla, y tomando la vuelta,
escondido entre estas ramas,
conmigo, Pasquin, te queda;
que ya que hablarla me quite,
no me ha de quitar el verla.
Escóndense los dos.
Rosarda
Que tiemble de una mujer
hombre de quién hombres tiemblan?
mucho temor más qué digo?
yo ha de haber cosa que tema?
Pues hemos que dado solas,
el tono empezado vuelva.
Voz 1
Canta.
Quién, Amor, sabrá decir
de triunfos de tu poder,
cual deja más que sentir,
o la lisonja del ver,
o el halago del oír?
Voz 2
Pues qué hay que dudar?
Voz 3
Pues qué hay qué argüir?
Voz 4
Si para postrar.
Voz 5
Si para vencer.
Voz 2 y 3
De Amor el más noble
peligro es el ver.
Voz 4 y 5
El más noble riesgo es de
Amor el oír.
Todas
Pues qué hay que dudar?
pues qué hay que argüir?
si para postrar,
si para vencer.
Hombres
dentro
De Amor el más noble
peligro es el ver;
el más noble riesgo es de Amor
el oír.
Rosarda
Oíd, reparáis, que aunque el eco
Siempre responder en medias
razones suele, hoy parece
que las vuelve más enteras,
que otras veces?
Cloris
Sí señora.
Rosarda
Proseguid, y estad atentas.
Voz 1
Cuando Amor de los sentidos
intenta arrastrar despojos,
tal vez entra por los ojos,
y tal vez por los oídos;
y aunque unos, y otros rendidos
ve a su tirano poder,
ninguno llegó a saber
a cual deba preferir.
Voz 3
Pues qué hay que dudar?
Voz 4
Pues qué ay que argüir?
Voz 5
Si para postrar.
Voz 6
Si para vencer.
Voz 2 y 3
De Amor.
Dentro
El más noble peligro es el ver,
el más noble riesgo es de Amor
el oír.
Rosarda
Ya este no es eco, ve, Cloris.
por esa puerta, y por esa
tú Laura, sepamos qué
Oráculos dan respuesta;
y porque menos sentidas
vayan, no cese la letra.
Cantan, y a un mismo tiempo representan, y sale por una parte Celio, y por otra Flabio.
Todas
Quién, Amor, sabrá decir?
Cloris
Quién habló aquí?
Celio
Quién de mí
mandado, esforzar intenta
la voz, que dice, que en ver
Amor su poder ostenta.
Laura
Quién aquí responde?
Flabio
Quién;
persuadido de mí, asienta,
que en el oír el Amor
cobra sus mayores fuerzas.
Celio
Y así, a mi mandato.
Flabio
Y así, a mi obediencia.
Celio
Llego a publicar.
Flabio
Llego a repetir.
Celio y Música
Que para postrar.
Flabio y Música
Que para vencer.
Celio y Música
De Amor el más noble
peligro es el ver.
Flabio y Música
El más noble riesgo es
de Amor el oír.
Rosarda
Bien quisierades que yo
de las contrarias propuestas
la razón os preguntara;
por lucir la competencia;
pues no ha de ser.
Celio
Sin que vos
la preguntéis, la mía es esta.
Flabio
Yo bien callara, señora;
mas si él habla, hablar es fuerza.
Libio
Triste del que ha de escucharlos,
sin que hablar, ni callar pueda.
Rosarda
Porque no piensen que fue
curiosidad de saberla,
cantad, vean que al oírlos,
no atiendo.
Celio
Mas dicha es esa.
Flabio
Sí, pues la música hará
la cuestión menos molesta.
Suenan los instrumentos.
Celio
Por más que recató avara
tu beldad inculta esfera,
hubo atención que te viera,
y acción que te retratara;
esta, pues, rara
sombra de tu rosicler
vi en mi poder;
y pues al verla rendí
el alma, y la vida, quien duda
que en mí.
El y Música
De Amor el más noble
peligro es el ver?
Flabio
Yo tu retrato no vi,
pero a la fama escuché
tu perfección, con que fue
tabla el viento para mí;
y siendo así
que el oír me hizo rendir,
al percibir
tan alto asunto en mi idea,
quien hay que en mi estrago, ni
dude, ni crea,
Él y Música
Que el más noble riesgo
es de Amor el oír?
Celio
Quién ve una beldad divina,
a sus mismos ojos cree,
y realidad en quien ve,
es sombra en quien imagina:
luego inclina
con más superior poder
ser, que es ser,
que no ser, que es fantasía;
y así, en los Imperios, y su
Monarquía.
Él y Música
De Amor el más noble
peligro es el ver.
Flabio
Quién sus mismos ojos cree,
poco debe a sus enojos,
que las Deidades, sin ojos
se han de idolatrar por fe:
luego fue
mas digno afecto el fingir,
para sentir,
que el ver, para no adorar;
y así, si el oír es ver sin mirar.
Él y Música
Él más noble riesgo
es de Amor el oír.
Celio
Los ojos del cuerpo son
el más superior sentido.
Flabio
Sí, mas dio el alma al oído
las llaves del corazón.
Celio
En mi pasión
testigo sea el morir.
Flabio
En mí el sentir
solo para padecer.
Sale Libio de donde estaba escondido.
Libio
Y en mí, pues siempre ha de ser
quien os llegue a decidir;
saber que el peligro más noble
no es ver,
ni el riesgo tampoco más noble
es oír.
Yo, ni tu retrato vi,
ni de la fama escuché
tu perfección: solo fue
alto asunto para mí
saber de ti,
que como presa vivías,
entre impías
montañas, de horrores llenas,
con que tus desdichas, tus ansias, tus penas,
oyéndolas tuyas, las tuve por mías.
Ni el pincel de tu beldad,
ni la voz tuya me trujo:
lo imposible de un influjo,
que oprimió tu libertad,
mi voluntad
movió, por ponerte en ella;
luego al bella
imposible, es infalible
que quien a tu estrella adora imposible,
es solo a quien más la debe mi estrella.
Flabio
Quién imposible la ignora?
Celio
Quién imposible la niega?
Libio
Quién.
Rosarda
No más, y sea en los tres
esta la cuestión postrera,
que no es para cada paso
aféctar la competencia.
Celio
Competencia que no pasa
de lid del ingenio a tema
de la voluntad, no hay,
señora, porque te ofenda,
pues ni desluce decoros,
ni desaliña decencias:
y para que atiendas cuanto
es digna la atención nuestra,
delante de ti palabra
doy a cualquiera que sea
el feliz, si hay alguien que
no, como debe, lo asienta,
que me ha de hallar a su lado,
con armas, vida, y hacienda,
en favor de su ventura.
Flabio
Y yo hago ante ti la misma
pleitesía.
Cloris
Generoso
competir!
Laura
Galas, y letras
aman quedito.
Nise
Qué dices?
Laura
Que aunque fue buena novela
la competencia en los nobles,
a mí no me agradó el verla,
yo más quisiera en los celos
cuchilladas, y pendencias,
que hidalguías, que de tibias
merecen, sin que merezcan.
Rosarda
Vos no entráis en la alianza?
Libio
No señora, que aunque sea
preciso, que desdichado
a mi fortuna obedezca,
no lo es, que haya del dichoso
de ser amigo por fuerza.
Quien adora lo que adoro,
quien lo que deseo desea,
quien sirve lo que yo sirvo;
y lo que yo espero espera,
goce su dicha sin mí,
que yo quiero, gane, o pierda,
o consiga, o no consiga,
o merezca, o no merezca,
que el que sirviere a mi Dama,
por su enemigo me tenga.
Laura
Bien haya tu alma, y tu vida.
Flabio
En las vulgares empresas,
que facilita el antojo,
sueña eso bien.
Celio
Y disuena
en los sagrados empleos.
Libio
Siempre es bien, quie siente, sienta.
Los dos
Todos sienten.
Libio
Mas no todos
saben sentir.
Flabio
Quién lo piensa.
Celio
Quién lo imagina.
Rosarda
Qué es esto?
Flabio
Señora?
Celio
Señora?
Rosarda
Ea,
bien está.
Libio
Aparte.
Mortal respira
mi aliento.
Rosarda
Cada uno advierta,
que licencia permitida,
no es concedida licencia:
venid vos conmigo, Celio.
Celio
Sirviendo iré a vuestra Alteza.
Rosarda
Acompañadme vos, Flabio.
Flabio
Es dicha para mi inmensa.
Rosarda
Quedaos vos.
Libio
Ninguno hace
mas que yo en que os obedezca.
Vanse, y queda la última Ismenia.
Ismenia
Y ninguno debe más,
que quien al viso de queja,
el cuidado no le elige,
y el descuido le desprecia.
Ya por lo menos, tirano,
no me quitarás que vea
tus desaires.
Libio
Ni tampoco
tú a mí me quitarás, fiera,
el que veas que la adore,
si vieres que me aborrezca.
Ismenia
Pues más ha de ser, que yo,
ya en su casa, haré que crea,
si no bastan tus traiciones,
mis engaños, demanera,
que no te quede esperanza.
Libio
Por eso, ya que te quedas
atràs à todas, haré
que tú a su vista no vuelvas.
Ismenia
Cómo?
Libio
Ocultándote ahora
en esta inculta maleza,
y llevándote después
donde nunca más parezcas.
Pasquin
Sí señor, aquel consejo
de marras, cordel, y pesa.
Ismenia
Primero me harás pedazos.
Libio
Ayúdame, Pasquin.
Ismenia
Llega,
verás si es verdad que soy
áspid, basilisco, y fiera.
Pasquin
Aparte.
Ella lo oyó, el mismo diablo
que llegue.
Libio
Carga con ella,
mientras la cierro la boca.
Ismenia
Aunque tu intento no sea
matarme, lo diré a voces:
no hay quien mi vida defienda?
Anteo, y Golilla dentro.
Anteo
Voz es de mujer, ya que
perdí una ocasión, no pierda
otra, sígueme Golilla.
Golilla
Parecen aquestas selvas
de Caballeros andantes.
Salen los dos.
Anteo
Quién hay que a mujer se atreva?
Libio
Quién lo sabrá mantener,
cuando haya quien lo defienda.
Ismenia
Caballero: mas qué veo!
Anteo
Qué es lo que miro!
Ismenia
Anteo?
Anteo
Ismenia,
tú aquí, y tú?
Ismenia
Nada te asombre,
sino si a ampararme llegas,
olvida quejas, y solo
de ser quien eres te acuerda.
Libio, de quien en la ruina
de tu patria prisionera
fui, soberbio.
Anteo
No prosigas,
que hay cosas que por sí mismas
se dicen, cuando se callán,
y renovadas las quejas
de los pasados rencores,
hace que mi fama vuelva
por su honor, y por tu vida.
Libio
Cómo?
Anteo
De aquesta manera:
ponte, Golilla, a mi lado.
Sacan las espadas, y riñen.
Golilla
Que solo cuando hay pendencia
dé el amo el lado al criado!
Pasquin
Enmienda hay a eso.
Golilla
Qué enmienda!
Pasquin
Hacer como que reñimos,
y no reñir.
Golilla
Norabuena.
Ismenia
Favor, Cielos, que mi vida
de un riesgo en otro tropieza.
Rosarda
dentro
A las espadas, y voces
volved, y sabed qué sea,
Sale Flabio.
Flabio
A tu lado, Libio, estoy,
que aunque mi amistad no quieras,
tu duelo me toca, en fe
de que en el seguro vengas,
que todos venimos.
Sale Celio, y pónese también al lado de Libio.
Celio
Yo
también, por la razón misma,
estoy a tu lado.
Libio
Si ambos
cumplís la obligación vuestra,
cumpla yo la mía.
Los dos
Qué es?
Libio
Que estimándoos la fineza,
a quien diera muerte solo,
acompañado defienda.
teneos los dos.
Pónese Libio al lado de Anteo.
Celio
Cuando Anteo,
contra la confianza nuestra,
contigo rompe la fe,
a todos toca la ofensa.
Anteo
Habrá más de sustentar
a todos, y mantenerla?
Sale Rosarda, y las Damas por un lado, y por otra Seleuco, y gente.
Las Damas
Dónde vuelves?
Rosarda
Apartad.
Libio
Perdido estoy.
Ismenia
Yo estoy muerta.
Rosarda
Qué atrevimiento?
Seleuco
Qué es esto?
espadas en la presencia
de Rosarda?
Rosarda
No señor,
que también al ruido de ellas
volviryo.
Seleuco
Celio, qué ha sido?
Celio
No lo sé.
Seleuco
Flabio?
Flabio
Aunque quiera
decirlo, tampoco yo.
Seleuco
Libio?
Libio
El labio titubea.
Seleuco
Anteo?
Anteo
Falta la voz.
Seleuco
Qué hay que a todos enmudezca?
Rosarda
Yo, señor, pues el valor
nunca ha aprendido a dar quejas,
sino que siempre que hable
la espada; calle la lengua,
habré de decirlo; Anteo
tu fe, y tu palabra quiebra
en el seguro que hiciste
a los tres, pues ciego intenta
estorbar osadamente
tu licencia, y mi licencia.
y así, con Libio, en rencor
de las heredadas guerras
de Famagusta, y de Gnido;
que Flabio, y Libio, por esa
campaña a mi vista estaban,
es el primero en quien.
Seleuco
Cesa,
que aí es donde llegar pudo
su aborrecida soberbia:
pues, desvanecido, loco,
a quien no sufrió su tierra,
llamando extranjero dueño,
que a tus iras la defienda,
quieres que sufra la mía?
con esperanza tan ciega,
como atreverte a mirar
a quien.
Anteo
Oye, aguarda, espera,
que esto no toca en tus fueros,
ni en mis vanidades: esta
Dama.
Libio
Ay de mí!
Anteo
En Famagusta,
ilustre, y noble, es Ismenia.
Pasquin
Desatose la maraña
en medio de la Comedia.
Anteo
A quien yo amé aborrecido,
y a quien hizo prisionera
Libio en la invasión.
Rosarda
Qué escucho
Anteo
Que tantas ansias me cuesta,
mal Caballero, no solo
rota la fe que profesan
los nobles con los rendidos,
su fama, y su honor afrenta,
pero matarla intentaba;
mira si pude en defensa
de una Dama, y Dama, a quien,
aunque favores no deba,
desdenes debo, excusar
el empeño, y.
Rosarda
Ten la lengua,
no de finezas te valgas,
que nunca pueden ser ciertas.
esa Dama arrojó el Mar
a la Playa, en mi presencia,
derrotada de un naufragio:
pues conociendo a quien ella
debió allí la vida, es Libio,
es posible que ahora sea
quién la dé aquí muerte?
Ismenia
Cómo,
Aparte.
(ya que mi opinión se arriesga,
arriésguese su esperanza)
porque nunca se supiera,
que en demanda de mi honor,
a Chipre le seguí muerta
quiso fingirme contigo;
y como yo de las peñas,
donde oculta me tenía,
salí a buscar tu clemencia;
de miedo de que intentaba
volverme a Gnido por fuerza;
viéndome de ti amparada,
para que de mí no sepas
sus engaños, sus traiciones,
sus mudanzas, sus cautelas,
al quedarme última a todas,
matarme intentó, y lo hiciera,
a no llegar Anteo.
Libio
Quién
vio desdicha como esta?
Pasquin
A esto llaman los fulleros
caerse la casa a cuestas.
Rosarda
Vos qué decís a esto?
Libio
Yo si, cuando.
Laura
Aún a hablar no acierta.
Pasquin
Qué haces, señor, cobra aliento
y discúlpate, aunque mientas.
Seleuco
Tú de este no digno acaso,
y otros muchos que acontezcan
tienes la culpa.
Rosarda
Yo?
Seleuco
Sí,
pues todo cuanto entretengas
la elección, es fuerza que
nuevos accidentes crezcan.
y así, resuéluete a que
importa que te resuelvas,
y esto ha de ser tan aprisa,
que des luego la respuesta.
Rosarda
Qué fácil fuera (ay de mí!)
si ya difícil no fuera!
Seleuco
Qué dices?
Rosarda
Que cuando son
tan generosas las prendas,
equivocada la duda,
tiene la elección suspensa:
da me de plazo, señor,
solo hasta que a Venus bella
consulte en su Templo, como
a la auxiliar Deidad nuestra,
porque su inspiración dicte
mi discurso.
Seleuco
Norabuena,
hoy has de vencer la cumbre,
donde su Templo se asienta.
Rosarda
Pues porque de mi ninguno,
sino de sí, forme queja,
al que entre tanto que yo
el sacrificio la ofrezca,
y en la breve ausencia mía
tenga en mi servicio hecha
mayor fineza, será
a quien mi mano le ofrezca:
Aparte.
esto es dar tiempo a que viva
una esperanza tan muerta.
Flabio
Aunque no fío de mí,
fío de mi amor, que sepa
lo mejor aconsejarme.
Vase.
Celio
Yo; aunque obligarla no entienda,
fío de mi fe mi dicha.
Vase.
Libio
Yo del rigor de mi estrella
solo fío mis desgracias.
Pasquin
Sí, a mi parecer, deseas
obligarla, tenla.
Libio
Qué?
Pasquin
Echada en el Mar a Ismenia.
Vanse
Seleuco
Vos desposeido huésped.
Rosarda
Vos desgraciada belleza.
Seleuco
Porque vuestras osadías.
Rosarda
Porque las fortunas vuestras.
Seleuco
No con locas vanidades.
Rosarda
No con prefanas novelas.
Seleuco
Aventuren los seguros.
Rosarda
Ultrajen mis asistencias.
Seleuco
De mi Corte desterrado.
Rosarda
Desterrada de mi tierra.
Seleuco
Salid, y a ella no volváis.
Rosarda
Id, y no quedéis en ella.
Seleuco
Que no es bien.
Rosarda
Que no es decente.
Seleuco
Que una altiva ambición ciega.
Rosarda
Que una liviana hermosura.
Seleuco
A mirar al Sol se atreva.
Rosarda
Se atreva a mirarme a mí.
Seleuco
Y vuestra locura advierta,
que queda de este precepto
fiadora vuestra cabeza.
Vase.
Rosarda
Y advierta vuestro desdoro,
que podrá ser, si aquí queda,
que precipitada al Mar,
lo que en vos me dio le vuelva,
y una tormenta me lleve
lo que trajo otra tormenta.
Vase
Anteo
Qué esto suceda a mi fama?
Ismenia
Que esto a mi altivez suceda:
Anteo
Qué ira!
Ismenia
Qué rabia!
Anteo
Qué furia!
Ismenia
Qué horror!
Anteo
Qué asombro!
Ismenia
Anteo?
Anteo
Ismenia?
Ismenia
Has oído mis agravios?
Anteo
Has oído mis afrentas?
Ismenia
No sé si diga que sí,
hasta ver como las vengas.
Anteo
Cómo he de vengarlas, siendo
hidra de tantas cabezas
mi desdicha, que no es
posible acabar con ellas?
si Rosarda me aborrece,
si Seleuco me desprecia,
si Libio a ti, y a mi agravia,
si Flabio, y Celió desdeñan
mi igualdad, como es posible,
que de cinco agravios pueda
un ánimo hallar venganza?
Ismenia
Qué fuera que yo te diera
arbitrio, con que, de un golpe,
de todos juntos la tengas?
Anteo
De todos de un golpe?
Ismenia
Sí,
si no es que tú no te atrevas.
Anteo
Eso dudas de mi saña?
Ismenia
Si es fiera acción?
Anteo
Que lo sea.
Ismenia
Si es temeraría?
Anteo
Qué importa?
Ismenia
Si es horrorosa, y sangrienta?
Anteo
Beberá de ella mi rabia.
Ismenia
Y si a ser acaso llega
casi sacrílega?
Anteo
Todo
cabe en mí, dila, qué esperas?
Ismenia
Pues lo que hemos de hacer, pero
no es para aquí esta materia,
sígueme.
Anteo
Contigo voy,
si bien, dudando que sea
posible, que una venganza
cinco agravios comprenda.
Ismenia
Pues no, no dudes el como,
cuando terrible lo adviertas.
Vanse, y salen Libio, y Pasquin.
Pasquin
Sobre un lance tan extraño,
seguir vereda tan ruda,
me da a entender, que sin duda
vienes a hacerte Ermitaño;
quien de un risco a otro, señor,
ser arroyuelo te enseña,
saltando de peña en peña,
corriendo de flor en flor?
cuando tus competidores,
al lampión de sus ternezas,
son mauleros de finezas,
con rebusca de primores;
tú a los montes te retiras,
y por veredas que ignoras,
lloras como que no lloras,
y cómo que si suspiras?
Libio
No sé, Pasquin, solo sé,
(ay infeliz!) que aún aquí,
si huir pudiera de mí,
de mi huyera.
Pasquin
Pues por qué?
Ve aquí que sabe Rosarda
que una Dama te ha querido,
y tras de ti se ha venido:
esto por qué te acobarda?
pues rendera de desvelos
a Doña envidia verás,
siempre hacer que pese más
la balanza de los celos:
vuelve a su vista, y preven
fineza a tu afecto igual,
que nunca una quiso mal,
porque otra quiso bien.
Libio
Si yo supiera, Pasquin,
qué fineza hacer pudiera,
feliz mi fortuna fuera;
mas no lo sé; y así, a fin
de darme a mi dura estrella,
por vencido, me salí,
sin saber donde (ay de mí!)
a esta selva.
Pasquin
Pues en ella
como fruto tu cuidado
podrá coger?
Libio
Porque no?
Pasquin
Porque ninguno sembró
finezas en despoblado,
si ya tus hados molestos
en el sitio que te ves
una no te ofrecen.
Libio
Qué es?
Pasquin
Ahorcarte de un árbol de estos,
y cuando al verte; señor,
tus quejas se satisfagan,
diles a los otros, que hagan
otra fineza mayor.
Libio
Qué siempre tu humor dispuesto
contra mi suerte esté esquiva!
Dentro la Música.
Música
La gala de Venus viva,
viva la gala.
Libio
Qué es esto?
Pasquin
Bien claro se deja ver,
según su acento previene,
que al Templo de Venus viene
con tan festivo placer,
la rústica vecindad
de este monte, en cuya altiva
cerviz suntuoso estriva
el Templo de su Deidad:
y como este el paso sea,
la tropa acercarse ve.
Libio
Pues retírate, porque
nadie quiero que me vea,
mientras a mi mal no iguala
la fineza que reciba.
Música
La gala de Venus viva,
viva la gala.
Pasquin
No adelante pases, tente.
Libio
Por qué?
Pasquin
Porque por aquí,
si hay inconveniente allí,
también hay inconveniente:
una tropa de bandidos
el monte corren, señor.
Libio
Con ese ruido el temor
los trae, por no ser sentidos,
buscando de la montaña
lo inculto.
Pasquin
Entre aquesos ramos
será bien nos escondamos,
por si importa a la maraña,
que ellos tampoco, señor,
nos vean aquí.
Libio
Dices bien.
Escóndense los dos, y salen en traje de bandidos, con mascarillas Anteo, Ismenia, Golilla, y otros.
Ismenia
Armas, y gente preven,
pues ya el festivo rumor
sueña; y no es ocasión mala
para nuestra saña esquiva.
Dentro Música.
Música
La gala de Venus viva,
viva la gala.
Anteo
De bandido disfrazado,
de mis criados seguido,
y de armas prevenido,
sin saber a qué, he llegado
al monte, que paso es
por donde Rosarda viene
al Templo, lo que previene
tu discurso sepa, pues
ya es hora de que advertido
esté de lo que he de hacer.
Ismenia
Yo te lo diré, al tener
aquel ribazo escondido,
donde encubierto estarás
mas, que aquí.
Anteo
Pues no es razón,
que sepa ya tu intención?
Ismenia
Tú puedes pretender más,
que vengarte de Rosarda,
Seleuco; y los tres que yo
te he ofrecido vengar?
Anteo
No.
Ismenia
Pues qué es lo que te acobarda?
Anteo
Qué es consejo de mujer,
y mal de él llevarme dejo.
Golilla
Puede hacer más su consejo,
que echarlo todo a perder?
pues qué novedad será?
pues de mujer, cosa es clara
que en eso el más cuerdo para.
Ismenia
Pues alto allí han hecho ya,
sígueme, donde embozado
esperes, y no hagáis ruido
vosotros.
Vanse.
Libio
Nada he entendido
de todo lo que han hablado.
Pasquin
Pues qué te importa, señor,
su plática?
Libio
Nada a mí.
Pasquin
Ya las carrozas allí
han parado en el verdor,
que aromas el valle exhala,
y Rosarda pisa altiva.
Salen villanos cantando, Rosarda, y las Damas.
Música
La gala de Venus viva,
viva la gala,
y segunda Venus de Chipre la hermosa Rosarda,
que en saliendo a la tarde a los montes,
les hace creer, que no es, sino Alba.
La gala de Venus viva, viva la gala.
Rosarda
Ya que a la falda del monte
hemos llegado, y lo excelso
de su cumbre no se deja
hollar de coches, tomemos
aquí los caballos.
Cloris
Ya
lozanamente soberbió
uno; que al verse adornado
de Reales paramentos,
parece que ha conocido
la Majestad de su dueño,
te está esperando.
Rosarda
Pues id
tomando todas los vuestros.
Nise
Palafrenero, el más manso
para mí.
Laura
Palafrenero,
para mí uno de corbetas,
carácoles, y escarceos.
Rosarda
Deidad de Venus, no admita
de mí, ni el voto, ni el ruego,
que no me lleva a tus aras
mas, que darle tiempo al tiempo
para ver si con él tienen
enmienda mis sentimientos,
Vase con las Damas.
Villanos
Nosotros, aunque del monte
penetre lo más espeso,
vamos cantando, y bailando;
hasta dejarla en el Templo.
Cantan
Viva la gala, et cetera.
Vase.
Libio
Qué divinamente airosa
de la rienda toma el tiento,
del estribo la noticia,
y del fuste el igual medio!
Pasquin
Sostiruta de montado
puede ser en el despejo:
pero qué hacemos aquí?
Libio
Harto en mirarla no hacemos.
Sale Flabio a una puerta.
Flabio
Aunque hay orden de que nadie
hoy siga a Rosarda, tengo
de una en otra espesa mata
escondido, y encubierto,
no perder su vista, y pues
llegar al Templo no puedo,
desde aquí, Venus divina,
en siempre rendido afecto,
porque felizmente logre
de mi fortuna el empleo,
para que tiren tu carro,
dos blancos cisnes te ofrezco.
Sale Celio a una puerta.
Celio
Amor, ya que recatado
solo permite el deseo,
que pueda seguir la vista
del Sol que idolatro ciego:
aunque a tus aras no llegue,
recibe en rendido obsequio
el sacrificio de un alma,
que si a tus piedades debo
de mi fineza el dictamen,
verás que, a tu culto atento,
te doy de marfil, y oro
un arco, y carcaj tan bellos,
que al uso de sus arpones,
haga apacible el incendio.
Salen por un montecillo Anteo, Ismenia, y gente.
Anteo
Ya la retorcida senda
del monte viene venciendo
la tropa de los caballos;
y pues tan cerca los vemos,
no es ya tiempo que me digas
qué es tu intención?
Ismenia
Sí, ya es tiempo.
Anteo
Qué he de hacer?
Ismenia
La caravina
preven.
Anteo
Dispuesta la tengo,
mas sepa contra quien.
Ismenia
Contra
Rosarda.
Anteo
Qué dices?
Ismenia
Que esto
solo te puede vengar
de todos; pues con un mismo
golpe de ella, y de su padre,
de Libio, de Flabio, y Celio,
quedas a un tiempo vengado,
en ella de sus desprecios,
en él de sus sinrazones,
y en todos tres de tus celos;
y pues que ya llega a tiro,
qué hay que esperar?
Anteo
No me atrevo
a un rigor, que nunca pudo
caber en mi pensamiento,
que a entender.
Ismenia
Ahora cobarde
tiemblas?
Anteo
De valiente tiemblo,
que matar a una mujer,
no es valor.
Ismenia
Pues yo le tengo,
valor es, muera quien mata,
y mueran con ella a un tiempo
las esperanzas de todos.
Dispara Ismenia hacia dentro, y vase.
Anteo
Bárbara mujer, que has hecho;
Rosarda
dentro
Ay infelice de mí!
Libio
Qué oigo!
Flabio
Qué miro!
Celio
Qué veo!
Libio
De Rosarda dejó el tiro
herido el rostro, y sangriento:
Flabio
Desatentado el caballo,
a despeñarla va, Cielos,
acudo a salvar su vida.
Vase.
Celio
Como igual traición no vengo,
muriendo en venganza noble
de tan grande atrevimiento?
Vase.
Libio
Herida Rosarda? cómo?
yo pasmado? yo suspenso?
a socorrerla, a vengarla
no voy? y. Válgame el Cielo:
Cae desmayado.
Pasquin
Dejose caer: quién vio
tan trocados los sujetos?
mi amo, que valiente era,
para no meterse en riesgos,
haciendo la mortecina,
hace el papel del discreto:
el discreto el de galán,
pues va a la Dama siguiendo:
y el galán el de valiente,
pues entra a matar muriendo;
desuerte, que en un instante
el señor vendado, y ciego,
como no tiene que hacer,
se anda trabucando afectos.
Flabio
dentro
Desbocado bruto, en mí
tu choque sufro violento.
Celio
dentro
Traidora emboscada, todos
a las iras de mi acero
habéis de morir.
Todos
Traición.
Salen Laura, y Cloris.
Laura
Qué prodigio!
Cloris
Qué portento? Sale Selenco.
Seleuco
Pues que siguiendo a Rosarda
vine, decidme qué es esto?
Laura
Ese enmaranado risco,
traidor Volcá de humo, y fuego,
contra su vida flechó
horriblera yo violento,
a cuyo trueno, el caballo
la despeñara soberbio,
si Flabio, saliendo al paso
desesperado, y resuelto,
desjarretados, los brazos,
no la socorriera.
Cloris
A tiempo
que Celio está en la emboscada,
valiente a morir dispuesto
en su venganza.
Pasquin
Y mi amo,
para quitarse de cuentos,
echando por el atajo,
yace desmayado, y muerto.
Seleuco
Id todos a socorrer
en tan noble acción a Celio,
retira tú ese cadaver,
que yo, al propio amor atento,
iré a acudir a Rosarda,
por si hay en su mal remedio,
al mirar cuanto infalible
en los fatales decretos
cumple su amenaza el hado,
cumple su palabra el Cielo.
Tercera Jornada
Dentro el mismo ruido de espadas, y voces en dos partes.
Celio
dentro
Poco importa, que yo muera
como no me quede vivo
traidor ninguno.
Anteo
dentro
Yo muero
a manos de mi delito.
Rosarda
dentro
Ay de mí!
Flabio
dentro
Pues ya estás libre,
cobra el aliento perdido.
Ismenia
dentro
Gente acude, quién pudiere,
la vida escape en los riscos.
Golilla
dentro
Yo echaré por esos cerros
ya que no por esos trigos.
Sale Seleuco por una puerta, como tropezando.
Seleuco
Nunca a mis cansados años
acusé el peso prolijo,
sino es hoy; y pues no puedo
de este intrincado camino
vencer el ceno, y llegar
adonde a Rosarda he oído.
Libio
dentro
Yo, desenfrenado bruto
pararé tu curso altivo,
yo moriré en tu venganza,
Rosarda infelice.
Sale por otra puerta Pasquin, como asombrado.
Pasquin
A lindo
tiempo recuerdas con eso.
Sale Libio.
Libio
Mas qué hago? más qué digo?
donde está quien me enajena
de potencias, y sentidos?
señor, tú aquí? cómo? yo?
Rosarda, sí, cuando.
Seleuco
Ay Libio,
que tu vuelves de un desmayo,
y yo entro en un delirio;
viendo; sin que mover pueda
mi anciano caduco brío
la planta, allí armas, y allí
lamentos decir, y gritos.
Sale Flabio con Rosarda en los brazos ensangrentado el rostro.
Rosarda
Ay de mí!
Flabio
Cobra el aliento,
otra, y mil veces repito,
pues libre de entrambos riesgos,
tomas puerto en mejor sitio.
Rosarda
Ya, de tu esfuerzo amparada,
con menos temor respiro.
Sale Celio con Ismenia ensangrentado el rostro.
Ismenia
Dónde me llevas tirano?
Celio
Habiéndote conocido
por mujer, donde otra sea
quien vengue en ti el homicidio.
Seleuco
Celio? Flavio?
Flabio
Venturoso,
albricias a tus pies pido
de la vida de Rosarda;
el caballo fue el herido
entre testa, y cuello, y como
barbear el dolor le hizo,
pudo salpicarla el rostro,
en bruta púrpura tinto,
creció entonces la congoja,
por crecer ahora el alivio.
Celio
Yo a tus pies, tan sin aliento,
tan postrado, y tan rendido
de la derramada sangre,
que hace aprecio el desperdicio,
en esta fiera, la causa
de tantas desdichas rindo.
Ismenia
Pudo mi fortuna, Cielos,
ponerme en mayor conflicto?
Libio
Traidora, tú mas qué hago?
justamente me reprimo,
que no he de obrar yo lo infame
donde otros obran lo fino.
Flabio
Del segundo riesgo yo,
que la libré, no te digo,
porque no lo escuche ella,
que fuera en mi sangre indi gno
el beneficio hacer, para
blasonar el beneficio.
Celio
Anteó muerto a mis manos
queda, vengado el delito
de tan bárbara traición;
y porque el aliento mío
fallece, dame licencia
de retirarme, advertido
de que si Flabio amparó
a Rosarda, en su servicio
di yo la vida; y no sé
que mérito sea más digno,
quien da otra vida, o quién hace
de la suya sacrificio.
Vase.
Flabio
Eso lo ha de graduar
la estimación de su juicio:
y para que no parezca,
que como acreedor la asisto,
también yo, con tu licencia,
de tu vista me retiro,
que a mí me basta por premio,
que viva, pues como he dicho,
servicio alegado, fuera
interés, y no servicio.
Vase.
Libio
Que esto hayan hecho los dos,
mientras en nada la sirvo!
Seleuco
Perdonadme, Flabio, y Celio,
si a entrambos ahora no sigo,
para hacer vuestro primero
laurel de los brazos míos,
que me detiene en Rosarda
la rémora del cariño.
Pasquin
Qué dices de esto, señor?
Libio
Qué he de decir, cuando miro
en la una lo que temo,
y en la otra lo que envidio;
Seleuco
Felice, Rosarda, el día,
que cumplido el hado esquivo,
lo que prometió sangriento,
vino a ejecutar benigno.
Rosarda
Yo le agradezco, señor,
al fatal influjo mío
la admitida apelación
de mi vida: mas qué digo?
que siendo cómplice Ismenia
en la ley de mi hado impío,
y no Libio quien me venga,
ni me socorre, es preciso
pensar, que un signo me absuelve
a petición de otro signo,
por dejar en él flechado
el arco, para otro tiro.
Seleuco
Tú, injusta, traidora, aleve,
a quien han introducido
alas de bastardo amor,
(perdóneme esta vez Libio,
si tu acusación le toca
en el más infiel delito,
que vio el Sol) de mi presencia
te quita, que precipito
tanto mi cólera, al verte,
que temo que de mi altivo
valor me olvide, mas de esto
otro ha de ser el designio:
Ah Soldados?
Pasquin
No hay Soldados.
Seleuco
Pues toda la gente ha huido,
hasta llegar a la Corte,
de vos esa mujer fío.
Pasquin
Y quién ha de fiarla a ella
de que se estará conmigo?
Seleuco
De ella cuenta habéis de darme,
porque en público suplicio
muera.
Ismenia
Ay infeliz:
Libio
Que venga
yo a ser cómplice, y testigo
entre una fiera, y un Ángela
sin que a la una obligue fino,
ni a la otra socorra noble;
pues si a ampararla me obligo,
traidor soy de amor, y honor.
Ismenia
Señor, sí.
Seleuco
Aquesto es preciso,
que tan públicas traiciones
piden públicos castigos:
y advertid vos, que si de ella
cuenta no me dais, el mismo
que a ella os aguarda.
Pasquin
Señor,
por Baco, Abogado mío,
que me vino más a mano,
que otro Dios, porque me vino
que me des a guardar antes
todas las fieras del siglo,
que a esta Dama.
Seleuco
Lo que mando,
haced.
Pasquin
Pues constituido
en la suma Dignidad
de córchete advenedizo
me hallo, vuesa merced
se avenga, y venga conmigo,
Ismenia
Aunque no pudo llegar
a más mi infeliz destino,
por lo menos me consuela,
ya que muera, ver que Libio,
por mí, y las finezas de otros,
quede a sus ojos mal visto.
Vanse Ismenia, y Pasquin.
Seleuco
Ya que el fracaso, Rosarda,
tanto la gente ha esparcido,
amedrentada, que nadie
nos asiste, si no Libio,
a quien como ajeno ya
en tu pretensión le miro,
pues primer móvil de todos,
nada en favor tuyo hizo:
por no hablarle, será fuerza
llamar la gente yo mismo,
para que a Palacio vuelvas,
de tanto mortal conflicto
el susto a reparar, que otro
día harás el sacrificio.
Vase.
Libio
Sola ha quedado (ay de mí!)
con qué vergüenza la miro!
Rosarda
Con qué confusión le veo!
Libio
Ni hablar, ni callar elijo.
Rosarda
Estabades, Libio, vos
antes de ahora en este sitio?
Libio
Sí señora.
Rosarda
Cuando Flabio,
del noble afecto movido
de generosa piedad,
reparó mi precipicio?
Cuando Celio quiso, en prueba
de su alto valor invicto,
morir en venganza mía,
vueltos claveles los lirios,
qué hicisteis vos por mí?
Libio
Nada.
Rosarda
El desengaño os estimo,
pero como Ismenia era.
Libio
Dadme licencia, os suplico,
para anticipar descargos
a cargos en mí no dignos;
que hay escrúpulos de honor
tan raros, para no dichos,
que escandalizan aún más
imaginados, que vistos.
Yo entre otras prisioneras
vi a Ismenia, si mi albedrío
libre tropezó primero,
que oyese el primer aviso
de vuestra esclavitud, no
fue culpa; y si lo fue, afirmo,
que antes que fuese memoria,
la hicisteis vos ser olvido:
dejemos aquí disfraces,
montes, jardines, retiros;
dejemos de una mujer
iras, rencores, delirios;
y vamos a que hoy, al veros
de sangre el rostro teñido,
(quién, si no yo, equivocara
lo bruto con lo divino?)
por acudir.
Dentro Ismenia, y luego sale luchando con Pasquin.
Ismenia
Pues villano.
Rosarda
Ved qué es aquello?
Ismenia
Atrevido;
la mano a mí?
Pasquin
O soy corchete,
o no.
Libio
Pues cómo aquí?
Rosarda
Oídos,
que ya que yo sé la causa,
a mí me toca el reñirlo.
Ismenia
Aparte.
En manos di de Rosarda.
Pasquin
Ya, en la presencia de Libio,
llegó mi fin.
Rosarda
Cómo, loco,
tratarla así has pretendido?
Pasquin
Cómo fue mi ama un tiempo;
aún me duran los cariños
de criado.
Rosarda
Pues aquel
alto eminente edificio
es el gran Templo de Venus,
y ese para él el camino,
salva en él tu vida, ingrata,
que darte no solicito
más castigo, que tu vida:
y si dos veces ha sido,
es porque sea dos veces
más penoso, y más prolijo,
que darle vida a un ingrato,
es castigarle en sí mismo,
y no quiero más venganza,
que el que tú vivas contigo:
vete, pues.
Ismenia
Si a tus pies.
Rosarda
No
prosigas.
Ismenia
Yo.
Rosarda
Vete, digo.
Ismenia
No me arrojo.
Rosarda
Vete, aleve.
Seleuco
dentro
La voz de Rosarda he oído.
Rosarda
Mi padre vuelve, qué esperas?
Ismenia
Ya me voy, y no replico,
que no sé por qué agradezco
una vida que no estimo.
Vase.
Rosarda
Esta vez, Libio, no encargo
su reparo.
Libio
Ni yo admiro
vuestro valor, por no hacerme
sospechoso agradecido.
Pasquin
Y qué ha de ser de mi ahora?
Rosarda
No temas, que yo te fío.
Sale Seleuco, Golilla, y gente.
Seleuco
Vete, aleve, en destemplada
voz, te oí decir.
Pasquin
Buen alivio,
por si me fía, o no, quisiera
escapar.
Seleuco
Cuando no miro
mas, que a Libio solamente,
en todo aqueste distrito,
qué te obliga a que a él le digas,
vete, aleve?
Rosarda
Aparte.
Si le digo.
la verdad, han de alcanzarla.
Libio
Qué le dirá?
Rosarda
Ingenio mío,
dame favor: yo, señor,
a Libio tal no le he dicho.
Seleuco
Pues a quién?
Rosarda
A este Soldado,
que al verte a ti, se ha escondido
temeroso de que sepas,
que aquella mujer se ha ido
de la guarda que fiaste
de él; a decírmelo vino,
pidiendo, que en su perdón
intercediese contigo;
yo justamente enojada
de que se hubiese podido
escapar una tirana,
y piadosa a un tiempo mismo,
porque en él no se ejecute
el castigo merecido,
ni él se venga a mi sagrado,
vete, aleve, dije.
Pasquin
Han visto
qué bien me fía? si es
también dispensado estilo,
que las Infantas de allende
puedan mentir su poquito?
Seleuco
Pues cómo, traidor, cumpliste
tan mal mi orden?
Pasquin
Aparte.
Si resisto,
desmiento a la dicha Infanta;
que es un duelo nunca visto,
ni representado.
Seleuco
Cómo
se huyó, vil?
Pasquin
Tomó, y que hizo,
como yo ahora, fue echando
un pásito a otro pasito,
y a diós.
Quiere irse.
Seleuco
Prended ese loco.
Golilla
Yo, pues me he introducido
entre la gente, seré
de aquesta causa ministro:
date a prisión.
Pasquin
Tú me prendes,
habiendo en un desafío
reñido conmigo en paz?
Golilla
Esto es fuerza.
Pasquin
Gracia ha sido
Golilla
Vamos presto.
Pasquin
Cómo preso,
mi amo, mi señor, mi Libio,
dejas ir a tu criado?
Seleuco
Esperad, de quien ha dicho
ser criado?
Libio
Mío, señor.
Seleuco
Solo faltaba este indicio,
tras vos vino la ocasión
de tanto traidor delito;
vos, ni a la venganza fuisteis,
ni tampoco al precipicio;
y vos, al fin, vuestra Dama
salvasteis, buenos servicios:
soltad aquese criado.
Libio
Tú, pues que la gente vino,
ven, tomarás la carroza:
infame, por ti.
Rosarda
Aunque finjo,
por no darte pena, aliento,
confieso que ya me rindo
del pasado sobresalto
al susto; y así, te pido
que porque no se adelante
con el Sol, polvo, y camino,
que en la primera Alquería
de aquestos Pueblos vecinos
pueda repararme, fuera
que habiendo, señor, venido
a sacrificar a Venus,
ir para volver, prolijo
me parece; y es mejor
llevar hecho el sacrificio.
Seleuco
Ven, y dispondrase como
tu determinares.
Vase.
Rosarda
Libio?
Libio
Qué me mandáis?
Rosarda
No sé a qué
discurso pendiente el hilo
dejo, y por no adivinar
qué habrá sido, o no habrá sido,
oírle quisiera.
Vase.
Libio
Si haréis,
pues como tabla a dos visos,
muestra a una parte lo fiero,
muestra a otra parte lo lindo:
así mental mi fortuna,
al temple de mis suspiros,
pintó en vuestro padre ultrajes,
que a vuestra luz son alivios:
ven acá, infame, por qué
dijiste ser criado mío?
Pasquin
Había de dejarme ahorcar?
Libio
Qué importara?
Pasquin
Muchísimo.
Libio
En fin, me motejan, Cielos,
de cobarde, y poco fino?
Pasquin
No te desmayaras tú,
que en mi vida no te digo
otra cosa, sino solo
que el desmayarse es de Ninfos,
y que no quieras creerme?
Libio
Pues ven acá, tú me has visto
desmayar otra vez?
Pasquin
No.
Libio
Pues cuando, di, fue el decirlo?
Pasquin
Cuando me pareció bien
tenerlo para ahora dicho.
Libio
Mal hayas tú ay qué me abraso!
Pasquin
A Junio pasa lo mismo,
que al punto que se desmaya,
le entra abrasando el Estío.
Libio
Déjame, que tus locuras
no son para cuando miro
mi crédito en opiniones,
viendo a Seleuco ofendido,
a Flabio vanaglorioso,
a Celio desvanecido,
a Ismenia libre, y ingrata,
a Anteo muerto a ajeno brío,
y a Rosarda finalmente,
cuando yo en nada la sirvo,
sorzada a que la merezca
quien mayor fineza hizo.
Pasquin
Lupus in fábula.
Libio
Cómo?
Pasquin
Como acabar de decirlo,
y llegar los dos, es uno.
Libio
Pues vente, Pasquin, conmigo,
que me cansa ver que sean
competidores, y amigos.
Pasquin
Pleitear, y comer juntos
un antiguo adagio dijo.
Libio
Pues es tenuta la Dama,
para hacer noble el litigio?
Yo bien sé que la perdí,
pero perdida la estimo
tanto, que aún este pequeño
desdén suyo, en fe de digno,
no quiero ver, y pues solo
a no verla ajena aspiro,
preven Bajel, mientras yo;
Pasquin, de ella me despido.
Vanse, y salen Rosarda, y Laura.
Laura
Que no has querido, señora,
después de tanto peligro,
descansar siquiera un rato?
Rosarda
No, Laura, que no imagino,
que pueda haber para mí
descanso.
Laura
Cuando lo esquivo
del hado dejó en amago
el golpe, y desvanecido
ves de tu influjo el agüero,
triste estás?
Rosarda
Tanto, que vivo
sin saber que vivo, Laura.
Laura
Oh quién te hubiera servido
de suerte, que preguntar
osara de qué ha nacido
tan nueva melancolía.
Rosarda
Si yo pudiera decirlo,
sola a ti te lo dijera.
Laura
La confianza te estimo
dicha, mira ejecutada,
qué fuera; pero allí Libio
viene.
Rosarda
Pienso que a cumplirte
el deseo que has tenido.
Laura
Cómo?
Rosarda
Cómo temo, que él
diga lo que yo no digo.
Laura
No lo he entendido, y tras eso,
presumo que lo he entendido.
Rosarda
Discreta eres, Flabio fue
quien me libró del peligro,
Celio quien me vengó de él,
y Libio quien nada hizo
en mi favor.
Laura
No te cueste,
señora, estudio el decirlo,
no lo digas.
Rosarda
Pues si llega
a hablarme (mucho te fío)
has de hacer por mí una cosa.
Laura
Ya sabes como te sirvo.
Rosarda
Retírate, y a la mira
está de cuanto decimos;
y si ves en mí el menor
amago, el menor resquicio,
menor átomo de afecto,
que te parezca no mío,
como que tu acaso cantas
varias letras a tu arbitrio,
adviérteme, porque yo
me cobre con tus avisos.
Laura
Fía de mí.
Vase, y sale Libio.
Libio
Aunque debiera,
de mi vergüenza impedido,
de mi temor embargado,
con mi fortuna mal quisto,
excusar volver a veros,
son para mí tan divinos
vuestros preceptos, que no
me resuelvo a no cumplirlos:
mandasteisme, no sé qué
discurso, que dejó el hilo
pendiente, volviese a atar:
y así.
Rosarda
Ya yo había perdido
esa memoria.
Libio
Yo no,
y aunque pude haber venido
solo a esto, vengo a que tengo
una merced que pediros.
Rosarda
No me acuerdo en que quedamos.
Libio
Yo sí.
Rosarda
Por si es relativo
lo uno de otro, proseguid
hasta la merced.
Libio
Pues digo,
señora (ay de mí!) que al veros
en sangre el rostro teñido,
quien, si no yo, equivocara
lo bruto con lo divino?
aquí quedé.
Rosarda
Ahora me acuerdo.
Libio
Y ahora es cuando yo me olvido.
Rosarda
Cómo?
Libio
Como al acordarme,
no me acuerdo de mí mismo:
Al veros, señora pues,
de bruto matiz el limpio
candor manchado, teniendo
lo casual por preciso,
por acudir a vengaros,
y por llegar a serviros,
piedad, y valor neutrales,
partieron tan dividido
el corazón entre sí,
que en dos pedazos distintos,
por acudir a dos partes,
faltó a dos, tan indeciso,
que aún aquí parece ahora
que dice, que allá me dijo:
Si imaginas que está muerta,
traición es estar tu vivo:
flacamente valeroso,
si no hubiera antes mi brío
dado de si cuenta, bueno
se hallara ahora el valor mío.
Flacamente valeroso,
otra vez, señora, digo,
sin movimiento las alas,
sin calor el fuego activo,
sin elección el dictamen,
sin facultad el arbitrio,
enojado Rey del alma,
dar pudo en tierra conmigo;
y aunque pudiera argüir
si un corazón oprimido
de gran pena, hace más cuando
menos hace; pues indicio
de que sobran sentimientos,
es ver que faltan sentidos,
no lo he de hacer, porque esto
de no palpables martirios,
si no lo juzgan los Dioses,
no lo alcanza humano juicio,
que entre interior, y exterior,
glosadas cóleras, vimos
tal vez padecer lo ardiente
las flojedades de tibio:
y así, pues a vuestros ojos,
y a cuantos guardar me han visto,
mientras lidian los osados,
el cuartel de los remisos,
es fuerza estar al desaire
de pretender sin servicios,
de no hallarme con quien sea;
ni aún en lo infeliz conmigo
igual, que aún en lo infeliz,
si sé que sabe sentirlo,
tendré celos; qué será
de lo feliz? os suplico
me deis licencia, señora,
para no verlo, ni oírlo.
Ya fletado un bajel dejo,
en que dando vuelta a Gnido,
mis aplausos, mis victorias
sepultadas en olvido
para siempre quedarán,
al ver que habiendo venido
a la más alta conquista,
me hace levantar el sitio,
desmayados los alientos
de los Ejércitos míos,
el Real socorro que hicieron
aliados enemigos:
cualquiera sin mereceros
os merece; y pues tan fijo
el rumbo de la fortuna
el móvil dio a vuestro arbitrio,
plegue al Cielo, que elijáis,
iba a decir el más digno,
ambos lo son, el que más
os ame, constante, y fino
dure en finezas de amante
las edades de marido.
Con esto, señora, adiós,
que la licencia que os pido,
no he menester aguardarla,
pues sé que la tengo.
Rosarda
Oídos,
esperad no os vais, tened.
Canta Laura.
Laura
Solo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento.
Rosarda
Ya estoy, Laura, en el aviso,
y sé que el silencio importa:
qué miráis?
Libio
A quién he oído.
Rosarda
Dama es que a sus solas canta.
Libio
Pues proseguid.
Rosarda
Ya prosigo:
si en vuestro favor os veis
con la razón que aquí dais,
por qué sin decirla os vais?
Libio
Porque no la despreciéis.
Rosarda
Tan en poco la tenéis?
Libio
A ella no, sino a mi suerte.
Rosarda
Quizá os valdrá, si la advierte.
Libio
Quién?
Rosarda
Alguien que llegue a oílla.
Canta Laura.
Laura
Despeñada suentecilla,
detén el curso, y advierte.
Rosarda
Pero digo mal, que no
habrá quien escuchar quiera
razón de quien tarde espera
cobrar tiempo que perdíó.
Libio
Por eso me ausento yo,
porque no espero cobrarle.
Rosarda
Y qué se pierde en buscarle?
Libio
Recelo.
Rosarda
Pierde el recelo.
Canta Laura.
Laura
Despeñado un arroyuelo
baja desde el monte al valle.
Rosarda
Mas no le perdáis, que fuera
necia en vos la confianza,
que vos tener esperanza
mal podréis.
Libio
De esa manera,
a la pretensión primera
vuelvo; a Dios quedad.
Rosarda
No sé
si hacéis bien.
Libio
Por qué?
Rosarda
Porque
si hay razón.
Libio
Es tal.
Rosarda
No es mala.
Canta Laura.
Laura
Guarda, corderos, Zagala,
Zagala, no guardes fe.
Libio
Y baldrame esa razón?
Rosarda
Poco, o nada, porque fuera
no justo que la tuviera
tan desnuda pretensión
de finezas.
Libio
Luego son
mis ansias el mejor medio.
Rosarda
Y no se puede dar medio
entre un placer, y un pesar?
Canta Laura.
Laura
Era el remedio olvidar,
y olvidóseme el remedio.
Libio
Medio puede haber sin vos?
Rosarda
No prosigáis, que no puede,
si en mi consiste.
Libio
Pues quede
sin medio el fin en los dos.
Rosarda
Cómo?
Libio
Quedándoos con Dios.
Rosarda
Y en fin os vais?
Libio
Qué he de hacer?
Rosarda
No hay valor para perder?
Libio
Para perder valor?
Rosarda
Sí.
Canta Laura.
Laura
Aprended, flores de mí.
Rosarda
Para qué lo he de aprender?
déjame, voz lisonjera.
Sale Laura de donde cantaba.
Laura
A pensar que te enojara.
Rosarda
Nunca yo te lo mandara.
Libio
Nunca yo tu acento oyera.
Salen Nise, y Cloris.
Nise
Celió tu licencia espera.
Cloris
Flabio que le des lugar
te suplica.
Rosarda
Qué pesar!
Nise
Qué les mandas responder?
Rosarda
Lleguen
Libio
Y yo qué he de hacer?
Rosarda
Esperar sin esperar.
Salen Celio, y Flabio.
Celio
Libio aquí? que aún no se dé
por vencido!
Flabio
Qué aún no deje
Libio al aire su esperanza!
Libio
Qué espere (ay Dios) sin que espere?
que enigma es esta?
Flabio
Cobarde,
señora, al pensar que pienses
que vengo como acreedor,
o por cobrar lo que debes,
llego a tus pies, pero viendo
que es otro el fin que me mueve,
verás cuanto esta atención
aquel escrúpulo absuelve,
En esta Alquería has quedado,
y solo a satisfacerse
vino mi temor de que
no del pasado accidente
pequeña reliquia sea
la causa, porque no suele
el Sol, sin algún ecliipse,
antes que a su centro llegue,
como cansado, tomar
parda nube por albergue,
Rosarda
Guardeos el Cielo, que es bien
que cuidado, Flabio, os cueste
mi vida, que el que una alhaja
da generoso, no puede
dejar de tener cuidado
de que lucida aproveche;
que es dar para no lucir,
dar como si no se diese:
mejor me siento después
que aquí me reparé.
Celio
Ese
es interés tan de todos,
que todos, señora, deben
en sus albricias, besar
vuestra mano.
Rosarda
Mayormente
vos, que me debéis a mí
(razón es que lo confiese)
el mismo cuidado, Celio,
que yo a Flabio.
Celio
De qué suerte?
Rosarda
Cuidado él de mi vida,
por haberla dado, tiene,
de vuestra muerte cuidado
tengo yo; pues igualmente,
cuando él mi vida restaura,
arriesgo yo vuestra muerte:
y así, de miraros, Celio,
convalecido, mil veces,
el parabién que él me da;
os doy yo, con que a ser viene
el que doy, y el que recibo,
parabién de parabienes.
Libio
Y querrán que yo sea amigo
de quien de mi Dama llegue
a oír, ni aún en cortesía,
favores, y no desdenes:
vive Dios, más calle, y sufra
quien tan poza dicha tiene,
que esperar sin esperar
es solo lo que merece.
Flabio
Aunque es verdad que la deuda
de Celio es grande, no puede
correr paridad, señora,
con la mía, para hacerme
el desdén de que sea igual
el parabién.
Celio
Que lo niegue
no es posible, que no hay
paridad en quien excede.
Flabio
Sí, mas quién excede?
Celio
Yo.
Flabio
Cómo?
Celio
Así.
Cloris
Tu padre viene.
Rosarda
Cuanto me huelgo, por qué
pendiente la cuestión quede!
que no hay cosa más cansada,
que andar discreteando siempre.
Sale Seleuco, Pasquin, Golilla, y acompañamiento.
Seleuco
Cuidadoso estoy, Rosarda,
de saber como te sientes.
Rosarda
Mejor, señor.
Seleuco
Flabio? Celio?
dadme ina, y muchas veces
los brazos, que a ser los míos
los de aquel árbol, que verde,
a pesar del rayo, vive
para coronar las sienes,
fuera, adorno de las vuestras,
triunfantes eternamente.
Libio
Qué no solo no me hable,
Pasquin, mas aún por no verme
se divierta cuidadoso
con Flabio, y Celio!
Pasquin
Qué quieres?
en llegando a desmayar
uno, no hay quien de él se acuerde.
Flabio
Por la parte que me toca
de tus honras; y mercedes,
me he de animar a pedirte
una merced.
Seleuco
Qué pretendes!
Flabio
Rosarda ofreció, señor,
que el que en su servicio hiciese
mayor fineza, sería
quien mayor premio tuviese,
Y pues ya el caso llegó
de ver la fineza, llegue
el de que su blanca mano
a quien más la sirve premie.
Celio
Ese el empeño de todos
es, señor; y pues presentes
estamos los tres que al duelo
llamados fuimos, no debe
dilatar la dicha a quien,
no digo que la merece,
pero a quien, sin merecerla,
alguna esperanza tiene,
fundada en que su fineza
es la mayor.
Libio
Solamente
yo pudiera desear
la dilación, por tenerme
por menos feliz que todos;
mas podrá ser, como alegue
también mis razones.
Qué?
Libio
Que sin esperar espere.
Cloris
Qué razones podrá Libio
alegar?
Laura
Una muy fuerte.
Nise
Cuál es?
Laura
Que con el desmayo,
Mayo se volvió Diciembre.
Seleuco
Vuestra pretensión es justo
Rosarda admita, y acete,
bien que con admiración
de ver que también intente
Libio en competencia entrar
con los dos.
Celio
Pues él qué puede
alegar en favor suyo?
Flabio
Pues él qué esperanza tiene?
Rosarda
Fuerza es que con todos haga
yo la deshecha; si al verme
en tal trance, no hay afecto
en vos que me libre, y vengue,
qué pretendéis?
Libio
En perder
lo perdido, qué se pierde?
y pues ya están sospechosos
en esta parte los Jueces,
pues han declarado el voto,
recusándolos, apele
a los Dioses, que ellos saben,
que ama más el que más siente:
y así, a la Deidad de Venus,
auxiliar nuestra, es bien lleve
la causa, su Templo sea
Tribunal que me sentencie,
dando sus Sacerdotisas
respuesta; si ya no fuese
que ella responda en su estatua
con la blanda voz que suele.
Rosarda
Yo acepto la apelación,
agradecida, que al verme
suspensa entre tres afectos,
lleguen iguales a verse.
Descúbrese el Templo de Venos, canta la Música, y habiéndose entrado por la una puerta, salen por la otra todos con ramos en las manos, y guirnaldas, y detrás Libio, Celio, Flabio, Rosarda, Seleuco, y por otro lado Ismenia.
Rosarda
Alta Deidad soberana,
que en verde, y cerúleo albergue,
para ser madre del fuego;
naciste hija de la nieve.
Coro 1
Los tres afectos de Amor,
que; por suyos, pertenecen
a tu soberano culto;
en voto a tu Templo vienen,
piadosamente rendidos
a tus aras.
Coro 2
Qué pretenden?
Seleuco
Ya de sus Sacerdotisas
el Coro responde alegre.
Rosarda
Saber cuál es de los tres
el que más amante vence
a los dos, porque inspirada,
de ellos la elección no yerre
quien de ti su afecto fía.
Coro 2
Pues qué afectos son?
Rosarda
Atiende.
Coro 1
Al juicio de Venus van
los tres Afectos de Amor,
Piedad, Desmayo, y Valor.
Flabio
A mí la piedad me toca.
Celio
A mí el valor me compete.
Libio
A mí el desmayo me alcanza.
Pasquin
Testigo yo, que por verte
desmayado, vengo solo.
Ismenia
Muy buena esperanza tienes,
vengada saldré de aquí.
Flabio
Yo, siendo el más excelente
afecto el de la piedad,
vengo a que Rosarda premie
la mayor fineza en mí.
Coro 2
De qué suerte?
Flabio
De esta suerte:
Al imaginar la herida,
viéndola en sangre bañada,
ya del caballo arrojada
al margen, de la caída
acudió a salvar su vida
mi piedad, pues si yo fui
quien la dio la vida allí,
contra mi piedad no fuera
impiedad, si ella a otro diera
la vida que yo la di?
Celio
Salvar la vida que quiero
bien, quise en acción activa,
ya es interés de que viva
aquella por quien yo muero;
a mí, que tan solo espero,
viva, o muera, que una impía
traición pague su osadía,
es bien lo más se atribuya,
pues tú le diste la suya,
y yo la ofrecí la mía.
Libio
Piedad que la da la vida,
valor que la da venganza,
parece que a mi esperanza
la dejan destituida;
pues no, que al juzgar la herida,
fallecer con el dolor
fue la fineza mayor,
que a vista de igual crueldad,
ni es valor tener piedad,
ni es piedad tener valor.
Flabio
Si hubiera muerto, tuviera
alguien derecho a su mano?
no, pues la esperanza, es llano,
de ambos con ella muriera:
Luego si uno, y otro espera
por mi lograr su favor,
ya soy primero acreedor;
pues fuera obligar aquí
vida que me debe a mí,
estelionato de amor.
Celio
No de nuestro duelo empieza
la cuestión por quien la dio
mayor dádiva, fino
quién hizo mayor fineza?
yo, ofendida su belleza,
a socorrerla no fui,
sino a vengarla; y así,
que a ti se te deba, infiero,
la mayor dádiva, pero
la mayor fineza a mí.
Libio
Ni la dádiva mayor
fue; ni la mayor fineza,
el socorrer su belleza,
ni el desagraviar su honor:
desmayar todo el valor
de quien Mundos atropella,
al bella herida; y al bella
ofendida, es obligarla
mas, que dejar de vengarla,
y dejar de socorrella:
pues quien no obró nada, obró
cuanto hubo que obrar el día
que murió, porque moría,
y vivió, porque vivío.
Flabio
Piedad fue librarla yo.
Celio
Valor vengarla yo fue.
Libio
En mi desmayo se ve,
pues sentí lo que sentía.
Flabio
Su vida en efecto es mía.
Celio
Mío su honor.
Libio
Y mía su fe.
Los tres
Con que ya queda probado
Flabio
Que fui yo el más generoso.
Celio
Que fui yo el más valeroso.
Libio
Y yo el más enamorado.
Flabio
De amor nació mi cuidado.
Celio
De amor también mi furor
Libio
Y mi desmayo de amor.
Los tres
Pues diga el Coro en efecto
cual fue amante más afecto,
más noble, y más superior?
Música
Piedad, Desmayo, y Valor.
Rosarda
Yo, pues que yo he de juzgarlo,
lo preguntaré eminente
Deidad de Venus, pues dulce
hablar en tu estatua sueles,
a cuenta del sacrificio,
que humilde a tus pies ofrece
rendida fe de una vida,
que tres acreedores tiene,
una respuesta te deba,
y debate, pues entiendes
lo oculto del alma, que
lo que espero me aconsejes:
deudora es mi voluntad
a un noble afecto.
Música 1
Piedad,
Rosarda
Y aunque en mí se flechó el rayo,
resuelto en otro.
Música 2
Desmayo.
Siendo tercero acreedor
de quien me vengó.
Música 3
El valor.
Rosarda
Pues cómo podrá el favor
de uno ser premio de tres?
si iguales contra mí ves.
Música y Ella
Piedad, desmayo, y valor.
Rosarda
Si el dar vida, es compasiva
acción, si vengarla es fiera,
quien muere porque yo muera,
y vive porque yo viva,
es bien que el laurel reciba;
y pues en ti es la mayor
piedad, el más superior
valor es sentir; con que
en un desmayo se ve;
que juntar supo el dolor.
Música
Piedad, desmayo, y valor.
Todos
Viva Libio. Libio viva.
Seleuco
Pues a él Venus le ofrece
el premio que yo en Rosarda
es preciso que le entregue.
Libio
Cobarde a tocar su mano
llego?
Rosarda
Pues qué es lo que temes?
Celio
Perdí mis felicidades.
Flabio
Malogré mis intereses.
Ismenia
Yo maté mis esperanzas.
Pasquin
Yo, antes que vuesarcedes
pregunten en qué paró
todo esto, es bien que lo cuente;
Libio, y Rosarda casados,
Dios los perdone, se queden;
Celio, y Flabio, que se vayan
a otra Isla a buscar mujeres;
Ismenia, Monja de Venus,
en este Templo profese,
y yo, que pida perdón,
diciendo a esos pies mil veces.
Todos
Que nos perdonéis las faltas,
de quien más humilde siempre,
cuando hierra en lo que escribe,
acierta en lo que obedece.
FIN
- Rechtsinhaber*in
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
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- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Los tres afectos de amor, piedad, desmayo y valor. Los tres afectos de amor, piedad, desmayo y valor. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc1c.0