Ni amor se libra de amor
Famosa Comedia

Personas que hablan en ella

  • Anteo
  • Lidoro
  • Arsidas
  • Friso
  • Fabio
  • Libio
  • Atamas
  • Cupido
  • Siquis
  • Astrea
  • Selenisa
  • Flora
  • Soldados
  • Dos salvajes
  • Músicos
  • Voces

Jornada Primera

Sale un coro de música, y detrás Selenisa, suelto el cabello y coronada de flores, y con la copla que se canta y representa, dando vuelta al tablado, yéndose a tiempo que por una parte salen Lidoro y Libio, y por otra Arsidas y Fabio.
Selenisa
Venid, hermosuras felices, venid…
Coro 1
Venid, hermosuras felices, venid…
Selenisa
…a hacer sacrificios hoy…
Coro 1
…a hacer sacrificios hoy…
Selenisa
…a la diosa de la hermosura,…
Coro 1
…a la diosa de la hermosura,…
Selenisa
…que es hija de nieve, y madre de ardor.
Coro 1
…que es hija de nieve, y madre de ardor.
Selenisa
Venid, venid, con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Coro 1
Venid, venid, con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Arsidas
Si ésta es Selenisa, Fabio,
¡dichoso mil veces yo!
Lidoro
Yo mil veces infelice,
si la que mirando estoy,
Libio amigo, no es Astrea.
Fabio
¿Tanto el verla te agradó?
Arsidas
¿A quién pudiera dejar
de agradar su perfección?
Libio
¿Tan bella te ha parecido?
Arsidas
No vi hermosura mayor.
Todas
Venid, venid, con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Vanse; sale el segundo coro, y detrás Astrea, dando vuelta al tablado.
Astrea
Llegad, hermosuras felices, llegad…
Coro 2
Llegad, hermosuras felices, llegad…
Astrea
…a ofrecer adoración…
Coro 2
…a ofrecer adoración…
Astrea
…al hermoso prodigio que flecha…
Coro 2
…al hermoso prodigio que flecha…
Astrea
…arpones a un tiempo de agrado y rigor.
Coro 2
…arpones a un tiempo de agrado y rigor.
Astrea
Llegad, llegad con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Coro 2
Llegad, llegad con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Lidoro
Ya no importa que no sea
Astrea la que pasó
primero, si ésta lo es.
Libio
¡Qué apacible condición!
Arsidas
¡Ay, Fabio, si fuera ésta
Selenisa, y la otra no!
Fabio
¿Qué importará, si en viniendo
otra cualquiera, señor,
lo mismo dirás?, que siempre
la postrera es la mejor.
Todas
Llegad, llegad, con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Vanse, y sale el tercer coro, y detrás Siquis.
Siquis
Corred, hermosuras felices, corred…
Coro 3
Corred, hermosuras felices, corred…
Siquis
…a rendir el corazón…
Coro 3
…a rendir el corazón…
Siquis
…a la deidad que vibra en sus ojos…
Coro 3
…a la deidad que vibra en sus ojos…
Siquis
…los arcos de diosa y las flechas de un dios.
Coro 3
…los arcos de diosa y las flechas de un dios.
Siquis
Corred, corred con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Coro 3
Corred, corred con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Lidoro
¡Oh Júpiter! ¿Qué asombro es el que miro?
Arsidas
¿Qué portento, ¡oh Apolo!, es el que admiro?
Lidoro
No hizo naturaleza
la rara perfección desta belleza.
Arsidas
Por ostentar el cielo su luz pura,
la fábrica dictó desta hermosura.
Lidoro
¡Oh, quiera el hado que ésta fuese Astrea!
Arsidas
¡Oh, quiera Amor que Selenisa sea!
Todas
Corred, corred, con planta veloz
al templo divino de Venus y Amor.
Vanse.
Libio
¿De qué te has suspendido?
Lidoro
Al prodigio que vi perdí el sentido.
Fabio
¿De qué te has elevado?
Arsidas
Al asombro que vi quedé admirado.
Libio
Pues ¿no era la primera
muy hermosa?
Lidoro
Confieso que lo era;
mas fue flor que, aunque hermosa,
se marchitó a la vista de la rosa.
Fabio
¿Muy bella no dijiste
que la primera era que aquí viste?
Arsidas
Sí; pero rosa fue que, aunque fragrante,
se oscureció a la vista del diamante.
Libio
La segunda, ¿no fue divina y bella?
Lidoro
Fue un diamante a la vista de una estrella.
Fabio
La otra después, ¿no te agradó?
Arsidas
Sí; pero
fue una estrella a la vista de una lucero.
Libio
¿No estimaras entonces su fortuna?
Lidoro
Ya fue lucero a vista de la luna.
Fabio
¿No murieras entonces en su abismo?
Arsidas
Ya fue la luna a vista del sol mismo.
Lidoro
Porque ésta, más hermosa,…
Arsidas
Porque ésta, más brillante,…
Lidoro
…entre comunes flores fue la rosa,…
Arsidas
…entre comunes rosas fue el diamante,…
Lidoro
…fue estrella,…
Arsidas
…fue lucero,…
Lidoro
…fue la luna,…
Arsidas
…fue el sol,…
Los Dos
…fue el cielo entero.
Arsidas
¡Oh, quiera amor que Selenisa sea!
Lidoro
¡Oh, quiera el hado que ésta fuese Astrea!
Libio
Desta gente que vemos,
saber los nombres de las tres podemos.
Fabio
De aquéstos que miramos,
saber podremos lo que deseamos.
Lidoro
Dices bien; llegar quiero.
Arsidas
La licencia que tiene un forastero
disculpe… Mas ¿qué veo?
Lidoro
¿Si es acaso ilusión de mi deseo?
¡Arsidas generoso!
Abrázanse.
Arsidas
¡Lidoro invicto! ¿Yo tan venturoso
que en la isla de Egnido
toparos tan acaso he merecido?
Lidoro
A gran ventura tengo
que en ella os halléis vos, cuando a ella vengo;
que aunque haya deseado
estar desconocido y disfrazado,
necio con novedad, Arsidas, fuera,
si con vos el recato se entendiera.
Arsidas
Y yo lo mismo digo,
que sois, Lidoro, mi mayor amigo;
tanto, que al escucharos hoy y al veros,
hasta en aqueso estimo pareceros,
que también he venido
de secreto a la isla.
Libio
Dicha ha sido,
Fabio amigo, el hallarte
en aquesta ocasión.
Fabio
¿Tú en esta parte?
Dame, Libio, los brazos.
Libio
Serán de mi amistad eternos lazos.
Fabio
Por lo menos seremos hoy testigos
de una gran novedad.
Libio
¿Qué es?
Fabio
Ser amigos,
siéndolo nuestros amos,
sin revolver familias.
Arsidas
Pues que estamos
en una misma duda,
hoy a sacar el uno al otro acuda.
Lidoro
Decís bien, y yo quiero
ser el que de ella a vos libre primero.
Después que a daros socorro
partí a Chipre, vuestro reino,
en las guerras que tuvisteis
con Pandión, aquel soberbio
monstruo, que de la fortuna
pretendía entonces serlo,
de vuestras sienes quitando,
y manos, laurel y cetro;
después que su armada visteis
de mí derrotada, a tiempo
que su ejército, de vos
desbaratado y deshecho,
tomó la vuelta de Acaya,
por tierra y por mar huyendo;
y después, en fin, que yo,
dejándoos triunfante y quieto,
dejé descansar a Marte,
colgando el arnés sangriento
por último adorno suyo,
en primer servicio vuestro,
traté de tomar estado;
y entrando conmigo mesmo
en consejo —si es que el proprio
ser puede el mejor consejo—,
pedí a Atamas, rey de Egnido,
que me diese en casamiento
la una de sus tres hijas,
por haber oído que el cielo
a todas tres las dotó
de beldad, gracia y ingenio;
tanto, que Paris confuso
no determinara el premio
de aquella manzana de oro,
viendo entre las tres suspenso
cuanto litigan iguales
de su justicia el derecho,
mejor —o miente la fama—
que Juno, Palas y Venus.
Atamas, pues, respondió,
agradecido a mi intento,
que de la beldad de Astrea
me haría dichoso dueño,
ni la mayor ni menor
de sus hijas, porque atento
a que la heredera suya
no hubiese de ir a otro imperio
a vivir, no me ofrecía
la mayor, que a lo que pienso,
es Selenisa; y yo, pues,
ni dudando ni creyendo,
como antes dije, a la fama
altos encarecimientos,
lo que oyeron los oídos,
acrisolar quise cuerdo
al examen de los ojos;
porque no importa, en efeto,
que a todos parezca hermosa
una mujer en extremo,
si al que ha de vivir con ella
no consigue el parecerlo.
No siempre el agrado está
vinculado a lo perfecto;
agrado hay voluntarioso
que se contenta con menos,
porque tiene ciertos casos
reservados el afecto
para sí, que nadie puede
ni alcanzarlos ni entenderlos.
Tal vez vemos desdichada
una hermosura, y tal vemos
dichosa la medianía
de un parecer, porque es cierto
que aunque amor todo es cuestión,
es cuestión sin argumento,
y así nadie le concluye
a razones; que por eso
—aunque la frase es vulgar,
decirlo aquesta vez tengo—
aquello que atray se llama
un no sé qué, concediendo
que el no saberlo disculpa
la culpa del no saberlo.
En fin, amor del oído
pocas veces hizo aprecio,
porque cuando escucho yo
unas señas, voy haciendo
de las voces que percibe
ausente mi entendimiento,
un concepto acá en la idea;
y si no sale el concepto
como le formo, se halla
burlado mi pensamiento,
lo que no pasa a los ojos,
porque no perciben ellos
el objeto imaginado,
sino realmente el objeto.
Y así, por no dejar nunca
escrupuloso el deseo,
si Astrea no fuese como
la imaginase, sabiendo
que hoy en Egnido se hacen
los sacrificios…
Arsidas
Teneos;
que quiero yo proseguir,
pues a lo que considero,
ya que hasta aquí parecido
ha sido el discurso nuestro,
es preciso que también
haya desde aquí de serlo.
Y así, por partir, Lidoro,
de la relación el tiempo,
pues lo que me habéis contado
había de ser lo mesmo
que yo os contara, asentando
que no es en el mundo nuevo
el que concurran tal vez
dos en un mismo concepto,
proseguiré, porque en uno
se sepan ambos intentos;
si bien será menester
prevenir que los sucesos
sólo tienen diferencia
en que la que yo pretendo
es Selenisa, porque
no es para mí impedimento
ser heredera de Egnido
y no haber de ir a mi reino;
que habiendo quedado yo
de los pasados encuentros
tan pobre, me es conveniencia
dejar hoy por el ajeno
estado el propio; y así
—aquí quedasteis—, sabiendo
que hoy en Egnido se hacen
los sacrificios de Venus,
y que todas las doncellas,
desde la que ilustra el pecho
real sangre a la más humilde,
al aire suelto el cabello
y coronadas de flores,
con músicos instrumentos
y sus dones cada una,
concurren a aqueste templo
a pedir para su estado
a la diosa sus proverbios;
con deseo yo de ver
a Selenisa primero
que con ella me despose,
quise venir encubierto
a la isla; y por ser paso
de poder verla este puesto
que entre el templo está y palacio,
en él he estado suspenso
de ver en las tres deidades
tres bellísimos portentos
que parece que a porfía
la naturaleza ha hecho.
Dudoso, pues, de ignorar
entre las tres cuáles fueron,
a preguntaros sus nombres
diciendo llegué…
Dentro ruido de voces.
Todos
dentro
¡No hay Venus!
¡Siquis es de la hermosura
la diosa!
Lidoro
¿Qué será aquello?
Libio
¿Qué os espanta? Habrán venido
otros a ver de secreto
sus esposas, y querrán
proseguir también el cuento.
Unos
¡Viva Siquis!
Otros
¡Siquis viva!
Unos
¡Sus estatuas derribemos!
Otros
¡Profanemos sus altares!
Todos
¡Viva Siquis! ¡Muera Venus!
Arsidas
¿Qué novedad será ésta?
Lidoro
Todo es confusión y estruendo.
Todos
¡Venus muera! ¡Siquis viva!
Atamas
¡Vasallos, amigos, deudos…!
Todos
Es en vano. ¡Viva Siquis!
Salen Anteo y Friso.
Anteo
¡Raro caso!
Friso
Y aun espeso.
Anteo
¿Que siempre, Friso, has de estar
loco? Cuando salgo huyendo
por no ser cómplice, ¡ay triste!,
en tan sacrílego intento,
¿de burlas hablas?
Friso
¿Qué quieres,
si nací así?
Arsidas
Caballero,
si el serlo los dos, y el ser
de más a más forasteros,
en cualquiera ilustre sangre
halla noble acogimiento,
decidnos qué novedad
es ésta.
Anteo
Escuchad atentos;
que a precio de desahogar
mis penas y sentimientos,
os buscara agradecido
a que quisierais saberlos.
Friso
(¡Qué miro! ¿Arsidas no es éste,
y aquél Lidoro, encubiertos
en Egnido y disfrazados?
Mas ¿quién me mete a mí en esto?)
Anteo
Los moradores de Egnido,
isla consagrada a Venus,
por heredada costumbre
y ceremonia tenemos
hacerla todos los años
fiestas en aquese templo,
en cuyas aras su imagen
tiene religioso asiento.
Las jóvenes hermosuras
que estado esperan, con celo
devoto, como, al fin, madre
de Amor, la ofrecen inmensos
dones, para que felices
las haga en sus casamientos;
que aun las deidades se obligan
de la dádiva y el ruego.
A este, pues, culto la diosa,
en fe de agradecimiento,
responde tal vez de algunas
los hados malos o buenos.
Entre las varias beldades
que hoy a sus aras vinieron,
fueron las tres hermosuras,
hijas de Atamas, rey nuestro.
Selenisa la primera
fue que al templo entró.
Arsidas
(Yo muero,
pues no es Selenisa aquélla
que robó mi pensamiento.)
Lidoro
(Albricias, alma; que aún tienen
esperanza mis deseos.)
Anteo
Astrea fue la segunda.
Lidoro
(Ya no la tienen.)
Anteo
Siguiendo
a las dos Siquis llegó…
Aquí es forzoso el haceros
un paréntesis; si fuere
largo, perdonad os ruego,
que en llegando a hablar de Siquis,
no es posible humano acento
ceñirse en las alabanzas
de tan divino sujeto;
y más yo, que declarado
amante suyo y su deudo,
si no la merezco agrados,
rigores no la merezco.
Lidoro
(¡Oh, qué anticipado al gusto
anda siempre el sentimiento!)
Arsidas
(¿A quién llegaron jamás
antes que el amor los celos?)
Anteo
Es Siquis la más hermosa
dama que vio el sol, corriendo,
campeón de sombras y luces,
el azul campo del cielo;
desde un oriente a otro oriente,
desde uno a otro ocaso, es cierto
que no vio igual hermosura.
Sea consecuencia desto
alumbrar con mayor día
la estación deste hemisferio,
como academia en que va
estudiando y aprendiendo
los preceptos de la luz,
y aún ignora los preceptos,
pues donde los cursa más
es donde los sabe menos.
Todo el año es primavera
esta isla, produciendo,
a las órdenes de Siquis,
flores el tiempo sin tiempo.
Cuando sale de palacio,
están los públicos puestos,
con alborozo de verla,
todos de gente cubiertos.
¡Cuántos, o ya penetrando
los montes, o ya rompiendo
los mares, peregrinaron
por sólo mirarla, siendo
el primero voto humano
de hermosura sin ejemplo!
Opinión hay que Cupido,
sin verla, se ausentó huyendo
de Egnido, como quien dice:
«No hago falta yo en imperio
donde Siquis queda por
virreina de mis incendios.»
Tal es, en fin, su belleza,
que varias personas, viendo
en el altar a la diosa
y a la Siquis en el suelo,
dudaron entre alma y mármol
el culto y el rendimiento.
Quizá ocasionó esta envidia
el lastimoso suceso
que sabréis, si no me falta
para decirle el aliento.
La tercera, pues, entró
al templo Siquis, y luego
la aclamó todo el concurso
segunda deidad del templo.
Llegó al altar de la diosa,
en sacrificio ofreciendo
dos tórtolas, que se iban
enamorando a requiebros,
cuando —aquí la lengua torpe
duda— la estatua —suspenso
teme el labio— sobre el ara
—aun de imaginarlo tiemblo—
se movió, y en alta voz
dijo este infausto proverbio:
«Infelice tu hermosura,
Siquis, será, pues tu dueño
un monstruo ha de ser»; a cuyo
fatal, pavoroso acento,
respuesta común de todos
fue por un rato el silencio.
Siquis le rompió con voces
lastimosas, que los cielos
penetraron a gemidos
y rasgaron a lamentos.
El rey y sus dos hermanas,
en mil lágrimas deshechos,
el vaticinio —si es
que es vaticinio el agüero—
rogaban que derogase
la sacra deidad; y viendo
que era género de envidia,
concitado todo el pueblo
contra la diosa, empezó
con osado atrevimiento
en favor de Siquis bella
a hacer tan grandes extremos
que, en fieras comunidades
el vario concurso envuelto,
las estatuas de la diosa
del altar derribó al suelo.
Empezólo a defender
Atamas prudente; pero
¿quién a un vulgo desbocado,
determinado y resuelto
a raya podrá parar?
U díganlo esos estruendos
que yo no me atrevo a oír,
temeroso que el supremo
Júpiter confirme el hado,
a vista del sacrilegio;
y así, huyendo de ellos voy…
aunque, si mejor lo advierto,
el amenaza de Siquis
ni la dudo ni la temo;
pues si un monstruo ha de gozarla,
monstruo es mi amor; con que a un tiempo
se podrán cumplir iguales
sus hados y mis deseos,
por más que en confusas voces
quede ese vulgo diciendo:…
Vase.
Voces
¡No hay ya Venus! ¡Siquis viva!
Atamas
¡Vasallos, amigos, deudos…!
Todos
En en vano: ¡viva Siquis!
Lidoro
¡Qué prodigio!
Arsidas
¡Qué portento!
Friso
(Ellos son; no hay que dudar,
memoria, de que son ellos.
Con tal secreto en el buche,
mucho haré si no reviento.)
Unos
Pues ya es Siquis nuestra diosa,
su hermosura celebremos.
Otros
A ella sola se dediquen
himnos, canciones y versos.
Salen todos en tropa, cantando.
Músicos
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Siquis
Suspended vanos aplausos,
y advertid que de los cielos
no se vencen los enojos
con la indinación, y que esto
es injuria que podrá
irritarlos, no moverlos.
Atamas
Si de Siquis el influjo
a tal pena la ha dispuesto,
para que Venus divina
revoque el rigor severo,
aplaquémosla con llantos,
obliguémosla con ruegos,
no con baldones que puedan
doblarla los sentimientos.
Unos
Diosa que ha tenido envidia
no es diosa.
Otros
Diosa que ha puesto
el aplauso en la venganza
no es diosa.
Todos
A Siquis queremos.
Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Siquis
No habéis de pasar de aquí.
Atamas
¿Mi respeto a deteneros
no es bastante?
Todos
No se ofende
de lisonjas el respeto.
Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Astrea
(Muriendo de envidia voy
de ver el común afecto
que Siquis ha merecido,
Selenisa.)
Selenisa
(Si confieso
la verdad, también, Astrea,
llevo el propio sentimiento.)
Todos
Hasta dejarla en palacio,
vamos cantando y tañendo.
Siquis
Sed testigos, cielos, que
esta vanidad no aceto.
Atamas
Y sed testigos que yo
de que repitan me ofendo:…
Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Vanse.
Arsidas
Retirémonos, Lidoro,
porque es fácil conocernos
entre tanta gente alguno.
Lidoro
Decís bien. (Yo voy muriendo
de batallar, Siquis bella,
con tu hado y con mi afecto.)
Arsidas
(¡Ay, divina Siquis! ¡Quién
pudiera echarte del pecho!)
Libio
¿Qué llevas?
Lidoro
¿Qué he de llevar?
Fabio
¿Qué sientes?
Arsidas
No sé qué siento.
Los Dos
Pero ¿qué más que haber visto
beldad por quien dice el eco…?
Ellos Y Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Vanse, y sale Cupido con arco y flechas.
Cupido
«¿Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura?»
Miente el sacrílego acento,
que, discurriendo veloz,
del delito de su voz
cómplice hace a mi tormento.
¿Qué humano merecimiento
puede haber de quien se arguya…?
Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,…
Cupido
Aunque el mundo discurría
y a esta isla no llegaba,
porque con mi madre estaba
segura mi monarquía,
me tray a ella la armonía
que dar a entender procura…
Música
…Siquis es la diosa
de la hermosura.
Cupido
Moradores del Egnido,
donde, sin segundo ejemplo,
su deidad os debió templo
que asombro del mundo ha sido,
¿cómo os habéis atrevido
a hacerla ofensa tan suma?
¿Vanidad hay que presuma
competir —¡qué error tan ciego!—
a la que es madre del fuego,
con ser hija de la espuma?
Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Cupido
¿Su templo —¡desdicha airada!—
sin culto ya —¡qué pesares!—,
sin víctimas sus altares
y su estatua derribada?
¿Su deidad tan profanada,
y yo con vida y sentido?
Hoy, madre, en ruinas de Egnido
mayor aplauso te espera,
pues hoy será su venera
triunfal carro de Cupido.
Mas ¡ay!, que no mi esperanza
así facilito sabio;
quien fue dueño de su agravio
lo será de mi venganza:
Siquis, pues es la que alcanza
tanto aplauso, tanto honor,
examine de mi ardor
la violencia, pues se entiende
que ofende a Amor quien ofende
a la madre del Amor.
En su seguimiento iré,
y de un arpón y otro arpón
aljaba su corazón
a merced del arco haré;
de uno a otro pasaré
con sangrienta furia brava,
por si así mi injuria acaba,
para que dude después,
al recogerlos, cuál es
su corazón o mi aljaba.
Si cuando de paz venía,
tanta guerra hice a la tierra,
¿qué haré viniendo de guerra?
Tema el sol, túrbese el día,
la noche anticipe fría
sus sombras, todo sea horror,
pues ya aún ofensa es mayor,
que, a pesar de mi poder,
no tiemble el mundo de ver
que está de venganza Amor.
Prosiguiendo a vista
de mis injurias…
Él Y Música
Pues que Venus envidia
la beldad suya,
Siquis es la diosa
de la hermosura.
Vase. Sale Selenisa, Astrea, Flora y Atamas.
Atamas
Astrea, no me consueles
en desdicha tan precisa;
no procures, Selenisa,
en fortunas tan crueles,
mi sentimiento aliviar.
Astrea
Advierte…
Atamas
¿Qué he de advertir?
Selenisa
Oye…
Atamas
¿Qué tengo de oír?
Las Dos
Mira…
Atamas
¿Qué puedo mirar?
Astrea
Que tal vez, aunque los cielos
amenazan con rigor,
saben templarse, señor,
en la ejecución.
Atamas
Consuelos
inútiles para mí
intentó vuestra porfía.
¡Ay, hermosa Siquis mía!
Selenisa
No se remedian así
de los hados los efetos.
Si Venus amenazó
a Siquis, Júpiter no;
y puesto que los decretos
de otros dioses revocar
él puede, pídele a él
temple el rigor del cruel
amenazado pesar.
Atamas
Dices bien; y, dando indicios
de mi dolor y mi fe,
hoy a Júpiter haré
en su templo sacrificios,
a ver si de mi infelice
suerte se llega a doler.
Astrea
Bien harás; acude a ver
lo que Júpiter te dice.
Atamas
¿Adónde Siquis está?
Flora
Desde que en palacio entró,
en su cuarto se encerró,
diciendo a voces que ya
ni aun el sol no la ha de ver,
porque solicita allí
encerrada ver si así
puede el influjo vencer
que la amenaza.
Atamas
Si ha sido
envidia de su hermosura
por quien Venus la procura
tanto rigor, ha elegido
buen medio en que no la vea
nadie en el mundo. Quizá,
muerta en vida, cesará
la envidia en Venus. Tú, Astrea,
y tú, Selenisa, ¡ay Dios!,
de nadie la dejéis ver.
Sus guardas habéis de ser;
mirad por ella las dos,
en tanto que mi dolor
va a Júpiter soberano,
aunque temo hallarle en vano
contra la madre de Amor.
Vase.
Flora
¡Buena comisión ha sido
la que os ha dado!
Astrea
Él desea
que nadie de Siquis vea
la hermosura, persuadido
a que solamente es ella
de su desdicha ocasión.
Selenisa
Pues no es tanto perfección
como influjo de su estrella.
Astrea
Claro es.
Flora
Sí, pues en vosotras
la misma envidia no vi.
(¿Qué damas no hablan así
en ausencia de las otras?)
Astrea
Otra la plática sea,
y quédese para hermosa.
¿Estás, dime, muy gustosa
de tomar estado?
Selenisa
Astrea,
gustosa ni disgustada
de Arsidas estoy, porque
como no le vi, no sé
si me agrada o no me agrada.
Flora
¿No es rigor que una mujer,
porque principal nació,
case con quien nunca vio?
Astrea
Yo bien me holgara de ver
a Lidoro antes que el sí diese.
Selenisa
Yo a Arsidas; mas ya
no podrá ser.
Sale Friso.
Friso
(¿Si estará
Flora acaso por aquí?)
Astrea
¿Cómo, sin mirar primero
el decoro que agraviáis,
hasta aquí, Friso, os entráis?
Friso
Como soy un majadero.
Selenisa
¿Qué es eso?
Astrea
Que ese criado
de Anteo se entró hasta aquí.
Flora
(Disimularé que a mí
busca.) Es un desvergonzado
atrevido, y cada día…
Friso
(Flora me acusa. ¿No fuera
bueno que a voces dijera
que a ella a buscarla venía?)
Selenisa
¿Qué queréis? Decid.
Friso
(¡Qué aprieto!
Pero de un camino haré
dos mandados, y diré
la disculpa y el secreto.)
En entrar aquí, por Dios,
que culpa ninguna ha habido,
sino un caso en que habéis sido
interesadas las dos.
Si os enojé, antes de oílle
me iré.
Selenisa
Manda detenelle.
Flora
No os vais.
Friso
(Ya desean sabelle
tanto como yo decille.)
Flora
(Él a buscarme venía,
y como a las dos ha hallado,
algún enredo ha pensado.)
Astrea
Decid.
Friso
Oíd la historia mía.
Antes que a servir a Anteo,
mi señor y vuestro primo,
desde Chipre, que es mi patria,
viniese al reino de Egnido,
soldado fui en Chipre, cuando
a Arsidas, su rey invicto,
Pandión, un bárbaro isleño,
cosario del Ponto, quiso
tiranizarle el laurel,
en cuyo socorro vino
de Arsidas Lidoro ilustre,
rey de Aterón invicto;
habiendo dicho que allí
me hallé, no dudo que he dicho
que allí conocí a los dos,
pues serían conocidos
bastantemente dos reyes
en sus ejércitos mismos,
donde aun los menos amados
son por lo menos bien vistos.
Bien pudiera detenerme
en contar los hechos míos,
pues viene a ocasión decir
que desta espada a los filos
la vitoria se debió;
mas no quiero inadvertido
que ponga en duda el hacerlos
la liviandad del decirlos.
Vamos, pues, al caso: hoy,
entre la gente que ha habido
forastera, disfrazados
a los dos juntos he visto.
Y habiendo sabido yo,
porque todos lo han sabido,
que las dos para los dos
tenéis cierto desafío
aplazado, cuidadoso
vengo a daros el aviso
de que ya están en campaña
los contrarios; pues si sigo
la metáfora, lo propio
es contrarios que maridos.
No puedo yo de los dos
revelaros los motivos;
pero bien a poca luz
se deja entender que ha sido
fineza u desconfianza.
Lo que aseguro y afirmo
es que no pude engañarme
en las señas, que testigo
ratificado, no sólo
entre el confuso bullicio
los vi, pero entrando agora
a este hermoso paraíso
volví a verlos, brujuleando,
recatados y advertidos,
las ventanas del terrero,
y aun a los umbrales mismos
los dejé destos jardines,
con deseo —o yo adivino
mal en esto de deseos—
de entrar en ellos. Si os sirvo
en haberos avisado,
solamente en premio os pido
el perdón de tal arrojo,
que no viviré si miro
dos ángeles enojados,
y más ángeles tan lindos.
Flora
(¿Dónde este embustero halló
la mentira que ha fingido?)
Astrea
No sólo de la osadía
que de verte aquí sentimos
te has desempeñado, pero
te estimamos el aviso.
Flora
(El embuste le creyeron,
pero es achaque del siglo.)
Selenisa
Parece, hermana, que el cielo
a lo que hablábamos quiso,
trayéndonos a los dos,
responder agradecido.
Astrea
Si ellos han venido a vernos,
no creyendo a sus oídos
la opinión de nuestra fama,
hagamos las dos lo mismo.
Selenisa
¿Cómo, Friso, podría ser
que las dos en este sitio
veamos a los dos, sabiendo
cuál Arsidas haya sido
y cuál Lidoro?
Flora
(Aquí es donde
le cogen.)
Friso
Vaya de arbitrio.
Entre las rosas y flores
deste verde laberinto
las dos os esconded; yo,
haciéndome encontradizo
con ellos, sin darme nunca
de quién son por entendido,
a este jardín los traeré,
diciendo que por mi oficio
puedo enseñársele, puesto
que en el caso no hay peligro,
pues quien pudiera ofenderse
es cómplice del delito.
Flora
(¿Cómo este loco se atreve
a hacer verdad lo que ha dicho?)
Astrea
Bien lo dispones.
Friso
Aún más
he de hacer.
Selenisa
¿Qué es?
Friso
Que advertido,
porque los veáis mejor,
traeré por aquí conmigo
a cada uno de por sí,
misterio haciendo exquisito
que no vengan los dos juntos.
Y porque ellos discursivos
no entren en malicia al ver
que a ellos solos los elijo
entre tantos forasteros,
con otros haré lo mismo
antes u después.
Astrea
Bien dices.
Selenisa
Todo a tu ingenio lo fío.
Friso
Pues a esconderos.
Selenisa
Yo, Astrea,
a esta parte me retiro.
Astrea
Vete tú, Flora. Yo a estotra.
Escóndense las dos.
Flora
¿De quién, dime, has aprendido,
Friso, a mentir tan sin miedo?
Friso
De ti; que como en ti vivo,
miento por concomitancia.
Mas vete, que divertidos
en el jardín se han entrado.
Flora
¿Quién, puesto que todo ha sido
mentira?
Friso
Y verdad en parte.
Flora
¿En qué?
Friso
En mentir a dos visos,
y luego lo sabrás todo.
Vase Flora, y salen Lidoro y Arsidas.
Lidoro
No perdamos por remisos
la ocasión que puede haber,
por algún verde resquicio,
para ver yo a Astrea y vos
a Selenisa. (Aunque finjo
que es Astrea mi deseo,
miento, que a Siquis me rindo.)
Arsidas
Entremos en el jardín,
que pues abierto le vimos,
no será culpa. (¡Ay, divina
Siquis! Por ti en nada miro.)
Friso
¿Qué atrevimiento es, señores,
entrar tan inadvertidos
a este jardín, sin mirar
que aquí ninguno ha tenido
tal licencia?
Lidoro
Como abierta
la puerta está, presumimos
no ser lugar reservado.
Friso
Perruna disculpa ha sido.
Este jardín no se cierra,
porque él se guarda a sí mismo,
que es donde suelen estar
las princesas; y así, idos.
Arsidas
Si el ser forastero es
disculpa, admitidla, os pido.
Lidoro
Pídoos que nos disculpéis.
Friso
(¡Vive Dios, que me han temido!
Ello en palacio no hay cosa
como ser entremetido,
y tóquele o no le toque,
el hacerse uno ministro
es gran papel; que en efeto,
quien hace ruido, hace ruido.)
Lidoro
Ver el jardín solamente
fue, hidalgo, nuestro designio;
mas ya sin verle nos vamos.
Friso
Por cierto que vuestro estilo
merece que os sirva; pero
no tengo orden. Idos, idos.
Mas algo ha de aventurarse
por quien tanto ha merecido.
El jardín quiero enseñaros;
pero importa preveniros
que cada uno de por sí
en él ha de entrar conmigo,
porque, en fin, no se repara
tanto en uno solo.
Arsidas
Amigo,
que nos haréis gran favor.
Friso
Venid vos; y habiendo visto
de paso fuentes y cuadros,
os saldréis por un postigo,
y volveré por vos luego.
Lidoro
Yo espero.
Arsidas
(¡Cielos divinos,
haced que yo a Siquis vea,
que es la ventura a que aspiro!)
Astrea
(¡Oh, cuánto sintiera, cielos,
que fuese el hombre que miro
Lidoro!)
Selenisa
(¡Cuánto estimara
que Arsidas no hubiera sido!)
Friso
¿Qué os parecen estos cuadros?
Arsidas
Abreviados paraísos
donde la naturaleza
se valió del artificio.
Friso
Pues hay por aquí adelante
mil primores escondidos,
que sé que estimaréis
verlos: llegad.
Astrea
(¿Si este loco quiso
ponerme en esta ocasión
por descubrirme, movido
de interés?)
Friso
Mas no lleguéis,
porque ir de paso es preciso.
(¡Cuál la tuve!) Mientras voy
por el camarada, idos
por aquí.
Arsidas
(Infelice soy,
Siquis, pues que no consigo
arder un punto a los rayos
de tus dos soles divinos.)
Friso
(Paseados como rocines,
dan de sanidad indicios
los novios. Voy por el otro,
pues soy albéitar de lindos.)
Vanse. Sale Cupido de galán.
Cupido
(Viendo que se me ha ocultado
Siquis con tanto retiro,
y que, aunque dios, yo no entro
donde no hallo algún resquicio,
en forma humana, depuesta
la aljaba y el arco mío,
aquí vengo, por no ser
en las señas conocido,
trayendo sola esta flecha
por puñal, áspid bruñido
de acero, en quien de las otras
todas las violencias cifro,
por si puedo ensangrentarla
en su pecho, siempre esquivo,
sin fiársela del aire
por no aventurar el tiro.)
Sale Friso.
Friso
Ya el camarada salió
del jardín; venid conmigo.
Cupido
Agradeceros sabré
el favor.
Friso
Pues no os lo digo
a vos. (¡Han visto qué hallado
se entraba el señor lampiño!)
Cupido
Mereceros presumí
lo que otros han merecido.
Friso
No digo que no entraréis,
pero luego. (Él ha venido
bien para hacer la deshecha
de los otros.)
Lidoro
(¡Sed benignos,
cielos! Esta vez merezca
ver a Siquis.)
Friso
¿No es florido
todo este vergel?
Lidoro
No vi
jamás tan hermoso sitio.
Friso
Pues aún no veis lo que hay.
Astrea
(De aquéste diré lo mismo
que del otro. ¡Oh, nunca sea
aquéste Lidoro!)
Selenisa
(Impíos
serán mis hados, si éste
es Arsidas.)
Friso
Descubriros
quiero una estatua divina
de terso mármol, tan limpio
que parece que está viva.
Selenisa
(¿Si aquéste intenta atrevido
descubrirme?)
Friso
Mas no puedo
detenerme; ya os han visto.
Idos, pues.
Lidoro
(Soy desdichado.
Nada que intento consigo.)
Vase.
Selenisa
(Pero esperanzas me quedan
de que Arsidas no haya sido
ninguno déstos, supuesto
que Friso, que traería dijo
a otros antes y después,
por deslumbrar el indicio.)
Astrea
(De pena muriera, ¡cielos!,
si Friso no hubiera dicho
que entre otros los traería.)
Friso
(¿Estos príncipes invictos
no dirán «Cansado estáis,
arrimaos a ese bolsillo»?
Veamos si éste, que en efeto
parece mancebo rico,
rocín-heredado, da.)
Galán joven, ya a serviros
vuelvo.
Cupido
Veré, si gustáis,
el jardín. (¿Cuándo ha pedido
en el más guardado muro
licencia de entrar Cupido?)
Selenisa
(¡Júpiter, qué es lo que veo!)
Astrea
(¡Apolo, qué es lo que miro!)
Selenisa
(¡No vi joven más gallardo
jamás!)
Astrea
(¡En mi vida he visto
tan bello ni airoso joven!)
Selenisa
(¡Qué aire!)
Astrea
(¡Qué talle!)
Selenisa
(¡Qué brío!)
Astrea
(¡Quiera Amor que Arsidas sea!)
Selenisa
(¡Quiera Venus que haya sido
Lidoro!)
Friso
¿Veis dónde estáis?,
pues hay un grande artificio,
que es burlador; pero no
puedo agora descubrirlo.
Selenisa
(No quiero ver más que a éste.)
Astrea
(No ver otro determino.)
Salen las dos.
Friso
Idos presto, porque Astrea
y Selenisa han salido
al jardín; mientras yo llego,
haciéndoos espaldas, idos.
Cupido
Sí haré. (Esto es haberme dado
ocasión de que escondido
me quede en aquestas ramas,
hasta lograr mis designios.)
Vase.
Astrea
Ya basta, Friso, el examen.
Selenisa
¿Quién son estos tres que vimos?
Friso
El primero Arsidas fue.
Selenisa
(Espiró de mi albedrío
la esperanza que tenía.)
Astrea
(¡Albricias, alma, que aún vivo!)
Friso
El segundo fue Lidoro.
Astrea
(Poco me dura el alivio.)
Las Dos
¿Quién fue el otro?
Friso
¿Qué sé yo?
Otro que a este tiempo vino.
Astrea
¡Calla, Friso, que me has muerto!
Selenisa
¡Calla, que me has muerto, Friso!
Friso
Más me habéis muerto vosotras.
¿De qué sirve lo zafiro
de una mano, si no sirve
de dar quedo?
Selenisa
Astrea, lucido
y galán Lidoro es.
Astrea
No es de menos aire y brío
Arsidas.
Selenisa
(¡Qué ansia!)
Astrea
(¡Qué pena!)
Salen Atamas y Anteo.
Atamas
¡Oh, tonante dios de Olimpo!
Apaga el sañudo fuego,
suspende el incendio activo,
no el rayo vibres; que ya
te obedezco, ya te sirvo.
Anteo
¿Qué voces, señor, son éstas?
Astrea
¿Tú, absorto?
Selenisa
¿Tú, suspendido?
Todos
¿Qué es esto, señor?
Atamas
No sé.
Pero sí sé, pues que miro
no sólo contra mi pecho,
pero contra todo Egnido
el tridente de tres llamas
en purpúreo fuego tinto,
cuando a Júpiter airado
también con Siquis he visto.
En desagravio de Venus
me manda… (El aliento frío
se me ha embargado en el pecho;
hielo soy, y fuego espiro.)
Me manda… Pero la voz,
del corazón al suspiro,
con andarle cada día,
se le ha olvidado el camino.
(Y pues me es fuerza el callarlo
para doblarme el sentirlo,
achaquemos al asombro
la culpa del vaticinio.)
No hagáis caso (¡ay infelice!)
deste pasmo, este delirio,
que como el pasado asombro
me arrebató los sentidos,
aún no cobrado (¡ay de mí,
y cuán a mi costa finjo!),
con el primer susto hablaba,
sin atender cuán benigno
ya Júpiter le mejora
(¡qué mal el dolor resisto!),
pues me manda (¡qué tormento!)
que hoy a Siquis (¡qué martirio!)
lleve al gran monte de Oeta,
donde el caduco edificio
de un desierto templo suyo
es corona de sus riscos,
que ella en él le sacrifique
(¡y aun sea ella el sacrificio!);
con que de Venus airada
templará el rigor esquivo.
Anteo
Pues si al gran Júpiter miras
con eso, señor, benigno,
¿qué temes?
Atamas
No sé qué temo.
Ve tú a aprestar un navío
en que ha de ir.
Anteo
(¡Ay, Siquis bella!
No dudo —otra vez lo digo—,
si un monstruo ha de ser tu dueño,
que es monstruo de amor el mío.)
Vase.
Atamas
¿Dónde está Siquis?
Sale.
Flora
Agora,
a pesar de sus gemidos,
rendida —no sé si al sueño
o a algún mortal parasismo—
se ha quedado entre estas flores,
donde triste había salido
a lamentar sus pesares.
Descúbrese Siquis durmiendo.
Atamas
Pues si yacen sus sentidos
en la lisonja ocupados
del blando sueño, sin ruido
nos retiremos. Dejemos
que goce el prestado alivio…
(que harto que llorar la queda.)
Selenisa
(¡Ay, joven no otra vez visto!
Mal mi dolor se reprime.
¿Qué veneno fue, qué hechizo,
el que diste al corazón?)
Vase.
Astrea
(¡Ay, joven no conocido!
¿Qué género de prisiones
has echado a mi albedrío?)
[Vase.]
Friso
¿Flora?
Flora
No es tiempo de hablarnos.
Después nos veremos, Friso.
Vanse.
Atamas
¡Ay, infelice hermosura!
Goza este breve, este pío
rato, que con tus desdichas
firman paces tus sentidos;
pues apenas despertado
habrás, cuando… Mas, divinos
dioses, si es fuerza ocultarlo,
¿cómo me atrevo a decirlo?
Vase y sale Cupido.
Cupido
Que en desagravio de Venus
a Júpiter sacrificio
haga Siquis, ha ordenado
del hado el rigor impío;
que no ha de sanar de Venus
la ofensa aun Júpiter mismo,
sino yo, pues su venganza
me toca, como a su hijo.
Y puesto que allí dormida
la equivocación advierte
de si está viva la muerte,
o si está muerta la vida,
estas flores, que escondida
mi persona en sus primores
vieron, produzgan horrores;
que no será nuevo hoy,
supuesto que áspid soy,
verme salir de las flores.
Quedo pise mi temor;
mas es error, que si advierto
cuánto ignora el más despierto
las sendas que pisa Amor,
será dos veces error
pensar que Siquis lo advierta
dormida. Pero no es cierta
mi razón mal advertida,
pues aunque duerme su vida,
su hermosura está despierta.
¡Qué hermosa es! Mas mi rabiosa
ira, ¿en qué suspensa está?
¿En qué ha de estarlo, si ha ya
reparado en que es hermosa?
Pero ¿qué importa? Furiosa
saña, la flecha prevén.
Mas no, la mano detén,
que es doble, es infame trato
tratar mal a nadie el rato
que está pareciendo bien.
Pero mal digo, mal digo;
que si su beldad causó
mi ira, confesarlo yo
es, dándola otro testigo,
añadir otro enemigo.
Muera, pues, aunque concluya
mi vida a un tiempo y la suya.
Mas ¿qué divino poder
me ha helado el brazo? Mujer,
¿qué dios vela en guarda tuya?
Pero contra mí no hubiera
dios que en tu favor velara;
más nueva causa es, más rara,
la que mi ardor considera;
pues de la misma manera
que de la víbora el seno,
si está de veneno lleno,
le arroja por descansar,
y donde le vuelve a hallar,
muere a su mismo veneno;
así yo, habiendo tenido
por veneno de mi ardor
la hermosura, pues Amor
con ella ha muerto y herido,
hoy, que arrojarla he querido
de mí, por vencer mi dura
pena, a mí aun no me asegura,
pues muero de rabia lleno
al encontrar el veneno
que yo puse en su hermosura.
Y pues de mí mismo aquí
he de morir, ciego dios,
muramos, Siquis, los dos.
Saca la flecha, y cáesele.
Siquis
Despierta Siquis.
¡Monstruo, deténte!
Cupido
¡Ay de mí!
Siquis
¿Quién eres?
Cupido
Quien quiso aquí
matar, y murió en despojos
de la lid de tus enojos;
pues si ciega habías triunfado,
¿qué harás, habiéndote entrado
el socorro de los ojos?
Siquis
Toda soy prodigios hoy;
pues cuando el monstruo soñé,
a ti en su lugar hallé.
Cupido
Quizá yo, Siquis, lo soy.
Siquis
Sí serás, que viendo estoy
un traidor que en acción tal
asustado, este puñal
me ha dejado de temor.
Cupido
Verdad es que soy traidor;
mas ya ando por ser leal.
Siquis
Llamaré a quien mi poder,
matándote, satisfaga.
Cupido
A nadie pidas que haga
lo que tú puedes hacer.
Siquis
¿Con qué?
Cupido
Con dejarte ver.
Siquis
¡Hola!
Cupido
¡Quién tu voz pudiera
suspender como a ti fuera
fácil suspender la mía!
Siquis
¿Cómo suspender podía
yo tu voz?
Cupido
Desta manera:
puesta aquesta mano, es llano,
en mi boca, que callara,
y aun con temor respirara
por no beberme la mano.
Siquis
¡Suelta, atrevido, villano!,
y ella y este acero fuerte,
en quien mi ofensa se advierte,
los instrumentos serán
que venganza me darán.
Cupido
¿De qué suerte?
Siquis
Toma el puñal, y hiérele a él.
Desta suerte.
Cupido
El golpe, Siquis, detén…
¡Ay de mí! ¡Mi vida acaba!
¿Mi veneno no bastaba,
sino mi flecha también?
Muerte mis ansias me den.
Siquis
Ya, al verte tan lastimado,
de mi furor me ha pesado;
que el castigo prevenido,
aunque irrita merecido,
enternece ejecutado.
Por no verte, huyendo iré
efetos de mi rigor.
Cupido
Eso es tenerle mayor.
Tente, aguarda.
Siquis
No podré.
Cupido
¿Por qué, tirana?
Siquis
Porque
de piedad y ira se mira
en mí un compuesto.
Cupido
No admira
ver esa contrariedad;
mas usa de la piedad,
ya que usaste de la ira:
no huyas.
Siquis
¿No es harta volverte
con aquesa poca vida
que te permite la herida?
Cupido
Eso aun no he de agradecerte,
que menos siento mi muerte
que de tu ausencia el rigor.
Siquis
¡Cielos!, ¿dónde habrá valor
para tantos desconsuelos?
Cupido
Sed testigos de que hoy, cielos,
ni Amor se libra de amor.

Jornada Segunda

Dentro voces de tormenta.
Dentro
¡Amaina, amaina, y de mar
en través la nave puesta,
tantos embates resista!
Uno
¡A la mesana!
Otro
¡A la entena!
Otro
¡A la escota!
Otro
¡Al chafaldete!
Todos
¡Clemencia, cielos, clemencia!
Siquis
¡Ay infelice de mí!
Atamas
Pues nada el peligro enmienda
el desahuciado naufragio,
libre el gobernalle deja
del timón; norte y aguja
el tino del rumbo pierdan,
y, dejándonos correr
sin árbol, jarcia ni vela,
u muramos u vivamos
a merced de la tormenta.
Unos
¡Piedad, dioses!
Otros
¡Favor, cielos!
Anteo
Parece que a nuestras quejas
compadecidos, lejanos
verdes celajes descuellan
allí una cumbre.
Uno
Isla es.
Atamas
Procura arribar a ella.
Uno
Ya la quilla, de sus bajos
tocada, siente la arena.
Anteo
Pues antes que en ella encalle,
al mar el esquife echa,
y, con la vida de Siquis
y el rey, salgan los que puedan,
hasta que por los demás
otra vez al bajel vuelva.
Todos
¡A tierra, a tierra el esquife!
Friso
¡Flora!
Flora
¡Friso!
Los Dos
¡A tierra!
Todos
¡A tierra!
Atamas
¡A costa, a costa, a la orilla!
Salen Flora y Friso, y luego Atamas y Anteo, trayendo desmayada a Siquis, y gente, de marineros.
Flora
¡Que estas gracias el mar tenga,
y digan que es muy salado!
Friso
Baco mío, no consientas
que quien tan cofrade tuyo
vivió en vino, en agua muera.
Atamas
¡Gracias al cielo, que ya
Siquis está en salvo puesta!
Anteo
No muy en salvo, pues que
ni bien viva ni bien muerta,
yace postrada a un desmayo.
¡Ay, malograda belleza!
Atamas
Sobre la perturbación
del mareo, la violencia
del terror de la borrasca
rindió al desmayo las fuerzas.
Anteo
En la enmarañada alfombra
deste risco la recuesta,
en tanto que yo a mirar
voy, desde aquella eminencia,
si algún poblado descubro.
Vase.
Atamas
Id todos, y por diversas
partes conoced la isla.
Vase la gente.
Friso
Flora, como que tú intentas
verla también, ¿no me oirás
dos mil palabras siquiera,
cuatro u cinco más o menos?
Flora
Cobardía fuera necia
llamar para la campaña
una mujer de mis prendas,
y rehusar el desafío.
Guíe uced por esa senda,
aunque parezca este lance
—con la debida decencia—
de La dama capitán,
que a todo vengo resuelta.
Friso
¡Oh, qué honra de mujer! Todas
deste pundonor apuestan.
Vanse.
Siquis
¡Ay infelice de mí!
Atamas
¡Albricias, alma, que alienta!
Mas ¿qué albricias has de darme,
si nada el vivir remedia
contra hados que imperiosos,
aun más que inclinan, fuerzan?
Siquis
Divina, enojada Venus,
si fue de un vulgo la ofensa,
y no mía, ¿por qué en mí
tiranamente te vengas?
Mas ¿qué miro? ¿Adónde, cielos,
estoy?
Atamas
Adonde te veas
asegurada del mar,
en tanto que su soberbia
la saña aplaque.
Siquis
Es en vano
que yo esa esperanza tenga;
que como es cuna de Venus,
y de Venus la severa
ojeriza, no la aguardo.
Sale [Anteo]
Anteo
Y haces bien, si consideras
que aun más en tierra que en mar
estás corriendo tormenta.
El bajío en que hemos dado
es una isla desierta
y inhabitada, pues sólo
se escuchan, señor, en ella
bramidos de horribles brutos,
lamentos de aves funestas,
sin que en su desnudo escollo
ni planta de humana huella
se encuentre, ni se descubran
poblaciones que no sean
cavadas grutas, que, a sombras
de incultos troncos, albergan
el innumerable vulgo
de pájaros y de fieras,
que vistos atemorizan
y escuchados amedrentan.
Y así, pues menos airado
el mar sus furores templa,
haciendo vientos y espumas,
ya que no son paces, treguas,
al mar volvamos, supuesto
que ceñudo el cielo ordena
que, huyendo de un riesgo en otro,
mayor el segundo sea,
que te otorgue por piedad
el que al primero te vuelvas.
¿Qué aguardas, pues?
Atamas
¡Ay de mí!
Llegó a su fin mi ansia; que ésta
es la isla en que me manda
Júpiter… (Pero suspenda
la voz; no otra vez a ver
blandida la llama vuelva.)
Anteo
¿Qué es esto, señor? Pues cuando
en fortuna tan adversa,
¿hay suspiro que te impida,
hay llanto que te suspenda?
¿De cuándo acá…?
Siquis
No prosigas;
que yo a despecho, yo a fuerza
del susto que me desmaya,
del mal que me desalienta,
de la pasión que me aflige
y el dolor que me atormenta,
he de proseguir: ¿de cuándo
acá, señor, la suprema
majestad de tu constancia,
tu valor y tu prudencia
se da a tan bajo partido
que remitidas apelan
al tribunal de los ojos
las instancias de la lengua?
Para los fracasos es
el alto espíritu; a prueba
de desdichas se acrisola
el ánimo; pues hubiera
apenas esfuerzo, si
no se examinara a penas.
Y puesto que ha muchos días
que a tus pasiones atenta,
galanteando mis miedos
y rondando mis sospechas
vivo, bien como a la luz
la mariposa, que apuestas
anda haciendo con sus alas
si se quema u no se quema;
gozando de la indecisa
ocasión de tu terneza,
a pesar de los peligros
que por tierra y mar nos cercan,
desahogaré el corazón,
si es que el dolor que le estrecha
dentro del pecho, le da
para que aliente licencia.
Aquel infelice día
que vengativa la bella
deidad de Venus a mí
me amenazó tan severa,
a Júpiter ofreciste
obligar, porque tuviera
a cargo suyo mi amparo.
No sé si a decir me atreva
(¡Ay, memoria! ¿Para qué
el galán joven me acuerdas?)
que ya te lo agradeció
alguna vez que sujeta
a una traición me vi, pues
desbaratada y deshecha
volvió, de mí castigada
quizá con sus armas mesmas.
Pero esto ahora no es del caso;
y así, antes que fallezca
este último aliento mío,
doy al discurso la vuelta.
Mandóte Júpiter, pues,
que yo en el monte de Oeta
sus aras sacrificase,
para que con eso fuera
medianero entre mí y Venus,
a cuyo pasaje opuesta
esa nave, por estar
de Egnido por mar más cerca,
Anteo, mi primo y poca
familia, señor, ordenas
que te acompañe, dejando
a Selenisa y Astrea
el gobierno de tu estado,
mientras durase tu ausencia.
Por todo el camino vas
entre calladas tristezas,
tanto sintiendo y llorando,
como si por dicha fuera,
o por desdicha, posible
dar tan mañosa cautela
que finja el dolor; que como
son cristalinas vidrieras
del alma los ojos, cuanto
parece que ocultan, muestran.
Mil veces quieres hablarme,
y las palabras suspensas
ninguna razón acaban,
por más razones que empiezan.
La pronunciación sospecho
que se te ha perdido, y de ella
sólo han quedado las ruinas
del suspiro, como en prendas.
¿Qué es esto, señor? Si hay
alguna desdicha nueva
que Venus me solicite
y Júpiter me prevenga,
valor tengo para todo…
Mas no, no tengo, si es fuerza
que voz, vida, alma y aliento
fallecidos me desmientan,
cuando ya el susto del mar,
ya el asombro de la tierra,
ya el terror de la borrasca,
ya el pasmo de la influencia,
hecho todo un ciego abismo
de sentidos y potencias,
balbuciente el labio duda,
torpe la voz titubea,
turbado el aliento pasma,
aterido el pecho tiembla,
mudo fallece el suspiro,
la vista delira ciega,
y el corazón a pedazos
parece que se me quiebra,
según el tropel de tantas
ilusiones y quimeras,
fantasías y pavores,
ansias, desdichas y penas,
en crítico parasismo
ni ve, ni escucha, ni alienta.
¡Ay de mí infeliz!
Cae Siquis desmayada.
Anteo
¡Divina
Siquis…!
Atamas
Tente, aguarda, espera;
ni la llames ni procures
que cobrada oiga ni atienda.
Anteo
¿Por qué?
Atamas
Porque si es que hay
piedad para mí, es ésa,
de que la digan sin mí
sus hados sus inclemencias;
y así, antes que vuelva… ¡ay triste!
Anteo
¿Qué?
Atamas
Apriesa el esquife vuelva,
y a embarcarnos.
Anteo
¿A embarcarnos?
Atamas
Sí.
Anteo
¿Qué dices?
Atamas
Lo que es fuerza.
Anteo
Dejando así a Siquis, ¿quieres
hacer de Siquis ausencia?
Atamas
Sí.
Anteo
Pues…
Atamas
No preguntes más,
que no he de dar más respuesta.
Anteo
¿Cómo, si…?
Atamas
No, no me apures,
porque no tengo licencia
para decirlo.
Anteo
Ni yo
para ignorarlo paciencia.
¡Siquis!
Atamas
No a decir me obligues
que esto los dioses ordenan,
pues delincuentes de Amor
todos, en Siquis se vengan,
cuando su vida restaura,
en este páramo expuesta
al vaticinio de Venus,
o la mía, que ésa fuera
la de menos, la de cuantos
Egnido en su centro alberga.
Anteo
Pues perdónenme los dioses;
que si en ocasión como ésta
obediencia ha de haber,
¿cuándo ha de haber inobediencia?
¡Siquis, prima!
Atamas
No la llames.
Anteo
Morir tengo en su defensa.
Atamas
¡Ay, Anteo!, que lo propio
hiciera yo, si pudiera.
Anteo
¿Tengo yo más que perder
que la vida?
Atamas
Considera
que sí.
Anteo
¿Qué?
Atamas
El honor, haciendo
a mis leyes resistencia.
Anteo
Mi rey eres y mi tío;
mas ¿tengo, cuando lo seas,
más que la vida y honor
que perder?
Atamas
Sí, si a ver llegas
que tienes alma, y los dioses
hasta en el alma se vengan,
que es la última desdicha.
Anteo
Pues todas mi amor desprecia,
y si se ha de perder Siquis,
vida, honor y alma se pierdan.
¡Siquis, prima!
Atamas
No la nombres.
Anteo
No hay respeto que me venza.
Atamas
Habrá poder.
Anteo
¿Cuál?
Atamas
El mío.
¡Soldados!
Salen [los soldados].
Soldados
¿Qué es lo que ordenas?
Atamas
Préndenle.
Prended a Anteo.
Anteo
La vida
es vasalla, ella obedezca;
el amor no es vasallo, no,
no, Siquis divina, bella,
¡traición, traición!
Atamas
Una banda
le echad al rostro que pueda
taparle la boca.
Anteo
¡Siquis!
Atamas
Llevalde desa manera
a la nave. Y sed testigos,
montes, riscos, aves, fieras,
de que obediente al sagrado
decreto, dejo en desierta
isla a Siquis, de mi vida
la más adorada prenda.
¿Cómo sin verla me voy?
Mas ¿cómo me iré con verla?
¿No hubiera quien me llevara
a mí a la nave por fuerza?
Vase.
Anteo
¡Siquis bella! ¡Siquis mía!
[Llevan los soldados a Anteo.]
Siquis
Ya a mi nombre mal despierta
del delirio, del letargo,
del frenesí, de la idea
que me embargó los sentidos,
es bien que al discurso vuelva.
Valor tengo para todo
—aquí quedé—, y cuando nuevas
desdichas… Mas ¿con quién hablo?
Sola estoy; todos se ausentan.
Sin duda que la piedad,
a mis fatigas atenta,
de mi padre y de mi primo,
discurriendo la aspereza
del monte, van a buscar
donde algún abrigo tenga.
Dentro
¡Vira al mar!
Siquis
Pero ¿qué escucho?
¿Qué marítimas faenas
de la nave, mal gastadas,
hasta aquí del centro llegan?
Unos
¡Buen viaje!
Otros
¡Buen pasaje!
Siquis
Nueva confusión es ésta.
La nave de las amarras
las áncoras desaferra,
y desplegando el velamen
que entre gúmenas y cuerdas
las ráfagas amainaron
de la pasada tormenta,
al mar se hace. ¡Padre! ¡Anteo!
¡Traición en la nave intenta
amotinada la chusma,
pues en la tierra nos deja,
y sin nosotros, gozando
del blando viento que en ella
tranquilamente por proa
inspira, se hace a la vela!
¡Acudid, acudid! Ved
que sin más pieza de leva
que el náutico idioma, huye,
diciendo cuando se aleja:…
Unos
¡Buen viaje!
Otros
¡Buen pasaje!
Siquis
¡Padre! ¡Señor!
Atamas
Siquis bella,
no acuses mi amor; acusa
al influjo de tu estrella.
Siquis
Ya es otra mi confusión,
que desde la popa señas
y voces da al aire. Padre,
señor, ¿cómo así te ausentas?
Atamas
Como hay superior deidad
que lo mande y lo consienta.
Adiós, Siquis infelice.
Siquis
¡Primo! ¡Anteo!
Anteo
Siquis bella,
yo no puedo socorrerte,
que atado y preso me llevan.
Todos
¡Buen viaje! ¡Buen pasaje!
Siquis
¿Quién, ¡cielos!, se vio en tan nueva,
tan no esperada, no vista
ni imaginada tragedia,
como que desamparada
de un padre, ¡ay de mí!, me vea,
y un amante, en tan remota
isla, bárbara y desierta,
dejándome a ser, ¡ay triste!,
entre no habitadas peñas,
fiero estrago de sus brutos,
vil destrozo de sus fieras,
sin que se muevan a más
que a responder a mis penas?
Atamas
¡Adiós, infausta hermosura!
Anteo
¡Adiós, infeliz belleza,
hasta que pueda volver
a morir donde tú mueras!
Todos
¡Buen viaje! ¡Buen pasaje!
Los Dos
¡Adiós, adorada prenda!
Siquis
Ya de sus gastadas voces
ni aun la compañía me queda,
que el eco, ladrón del aire,
me la está llevando a medias.
Pues ¿qué esperan mis desdichas?
Pues ¿qué mis hados esperan?,
que ya que con voces no
se reparan, no se vengan,
puesto que son las quejas
manjar de que las tristes se alimentan.
¡Plegue a Dios, nave enemiga,
que en aquesas altas peñas,
marino caballo, choques
tan desbocado que en ellas,
vencido el freno al timón
y a la brújula la rienda,
en desatados fragmentos
tan cadáver te resuelvas,
que hecho panteón el mar
con hondas bóvedas, seas
tumba de cuantos te habitan,
al cielo la quilla vuelta,
con tan borradas huellas
que ni aun cenizas tu sepulcro tenga!
Mas ¡ay de mí!, que me quejo
contra mí misma, que llevas
mi vida en la de mi padre.
¡Plegue a Dios que feliz seas,
y tanto, que norte fiel
te conduzga hasta que veas
el puerto con tal fortuna
que la nave de Argos venzas,
no sólo en verte triunfar
del mar, pero en verte puesta
entre uno y otro coluro,
dibujada en sus esferas
con imágenes de signos
y caracteres de estrellas,
en cuyo diáfano espacio,
en cuya mansión etérea,
libre ya de tormentas,
la náutica su fijo cuarto tenga!
Pero ¿qué digo, qué digo?
Miente alevosa mi lengua.
Entre Caribdis y Escila
tan zozobrada padezcas
que desees por bonanzas
las sirtes y las sirenas;
y cuando de ellas escapes,
mal descuidada pavesa
en tu pañol se encienda,
siendo Volcán del mar, del aire Etna.
Pero no; tan vitoriosa,
tan tranquila, tan serena
del puerto el abrigo goces
que en él, cascada y deshecha,
a vista suya, porque
más el sentimiento sea,
des al través; y pues yo,
tal vez de rencores llena,
tal de piedades, no sé
qué afecto es el que en mí reina,
porque no sepa del daño
ni de la mejora sepa,
ya que es fuerza que mis ansias
mejoras y daños crezcan,
triste, turbada y ciega,
muda, absorta, confusa, helada y muerta,
desesperada, tras ti
me arrojaré donde…
Flora
dentro
¡Espera!
Siquis
Pero ¿qué oráculo, ¡cielos!,
me obliga a que me suspenda?
Friso
dentro
¡Corre, si quieres llegar
a tiempo, por si se queda
el esquife a recogernos,
ya que la nave se ausenta!
Siquis
Humanas voces son. Dioses,
haced que se mí se duelan.
Salen los dos.
Flora
¿Cómo quieres que yo corra
por tan inculta maleza?
Friso
Agora veo que el ser
liviana no es ser ligera.
Siquis
Moradores destos montes,
si hay hados que os compadezcan,
decidme… Pero ¿qué veo?
¡Friso! ¡Flora!
Friso
En hora buena
te hallemos, que imaginé
que nos dejaban en tierra
olvidados a mí y Flora.
Siquis
¡Pluguiera al cielo tuviera
yo el consuelo del olvido,
y no el mal de la evidencia!
Flora
¿Cómo evidencia, señora?
Siquis
Como aquella, ¡ay de mí!, aquella
águila del mar que nada,
delfín del aire que vuela,
cuando las alas que bate
y las escamas que encrespa
páramos de espuma entorchan
y golfos de álamos peinan,
marino paladión es
que en sus entrañas engendra
tantas máquinas de engaños,
de traiciones y cautelas,
que no se les da ejemplar;
pues dejar su dama expuesta
a las iras de la suerte
y del hado a las violencias
ingratos amantes, ya
se ha visto en otras bellezas;
mas un padre y un amante,
y que ambos la aborrezcan,
no sólo la historia, pero
la fábula aun no lo acuerda.
¡Ay infeliz de aquélla
que a estrenar ejemplares nació expuesta!
Flora
¡Buena hacienda habemos hecho!
Friso
No es sino muy mala hacienda;
pero yo lo enmendaré.
¡Ah, señores que nos dejan
en la isla a mí y a Flora!
¡Vuélvanse por mí siquiera!
En viniendo por mí, entrambas
os iréis.
Siquis
Locuras deja,
que compañía que es necia,
más que al triste le alivia, le atormenta.
¡Ay, Flora! ¡Ay, Friso!, que cuando
miraba la nave cerca,
con pensar que me escuchaban,
consuelo hallaba mi queja;
pero ya que escasamente
se divisa, pues apenas
breve átomo se termina,
crece el dolor. ¿Quién creyera
que el bulto de las desdichas,
al paso que mengüe, crezca?
¿Qué alhaja será ésta,
que ella es más cuando es menos quien la lleva?
Y más cuando, ¡ay de mí!, cuando
la trémula noche negra
de sus tupidas arrugas
desdobla el manto, cubierta
de asombro, de horror y miedo;
y sólo sirven mis quejas
y lágrimas de aumentar
golfo al buque, aire a la vela,
sin darme más respuesta
que me dieron las luces, las tinieblas.
¿Qué hemos de hacer?
Friso
Pues ¿a quién
se lo preguntas?
Flora
¿No echas
de ver que los dos tenemos
la misma duda?
Siquis
No hubiera
consuelo para mí, Flora,
mayor de que tú estuvieras
aquí, corriendo conmigo mis fortunas.
Flora
Lisonjera
te quisiera responder,
mas ¿qué te va a ti en que mienta?
Que corras fortunas tú,
y tengas hados, no es nueva
cosa; que hados y fortunas
se hicieron para princesas;
mas ¿quién vio que hados y fortunas tengan
sobre fregonas y lacayos fuerza?
Siquis
Ya que las voces no sirven
de rémora a su violencia,
sirvan de decir que estamos
aquí a las incultas fieras
destos montes, para que
de sus garras y sus presas
seamos de una vez despojos.
Friso
Cuidado se tendrán ellas;
no hay para que tú las llames.
Siquis
¡Brutos destas altas peñas,
fieras destos pardos riscos,
monstruos destas verdes selvas…!
Coro 1
dentro
¿Quién nos busca?
Coro 2
dentro
¿Quién nos llama?
Friso
Éste ¿es responso u respuesta?
Flora
De todo tiene, pues junta
horrores y voces tiernas.
Siquis
La ojeriza de los hados,
el ceño de las estrellas,
la saña de la fortuna
y el odio de sus violencias.
Siquis infelice es
la que despechada os ruega
que una vez con novedad
sea piadosa la fiereza.
Coro 1
¡Hola, ahu, ah del monte!
Coro 2
¡Ah del monte!
Coro 1
¡Hola, ahu, ah de la selva!
Coro 2
¡Ah de la selva!
Coro 1
¡Albricias, albricias!
Coro 2
¿De qué alegres nuevas?
Coro 1
De que viene Siquis
a ser deidad nuestra.
Coro 2
Sea bien venida.
Los Dos Coros
Bien venida sea.
Siquis
¿Qué voces son éstas, Flora?
Flora
No sé; que tan lisonjeras,
desdicen de nuestro asombro.
Friso
¿Qué lisonja hallas en ellas,
si cantan como que rabian?
Siquis
Callad, por si otra vez suenan.
Coro 1
¡Albricias, albricias!
Coro 2
¿De qué alegres nuevas?
Coro 1
De que viene Siquis
a ser deidad nuestra.
Los Dos Coros
Sea bien venida,
bien venida sea.
Siquis
¿Cúyas serán estas voces?
[Por una gruta que habrá en el teatro, sale una ninfa con un velo en el rostro y una hacha encendida en la mano, y canta.]
Ninfa
De quien en tanta tragedia,
compadecido de ti,
vencer tus hados intenta,
como antes que desemboce
de las pálidas tinieblas
que temerosas se ofrecen
su estrella Venus, te atrevas
—porque le importa el secreto,
y ella dónde estás no sepa—
a seguirme, penetrando
las entrañas desta cueva,
donde, guardada a sus iras,
tan grande dicha te espera,
como esas voces publican,
diciendo, al verte en su esfera,
albricias, albricias.
Los Dos Coros
¿De qué alegres nuevas?
Ninfa
De que viene Siquis
a ser deidad nuestra.
Los Dos Coros
Sea bien venida,
bien venida sea.
Siquis
Sombra, ilusión o fantasma,
que al humo y luz de esa tea
aun más deslumbras que alumbras,
seguirte tengo, o bien seas
favorable o bien contraria,
que nada mi vida arriesga;
pues si favorable alivias
o si contraria atormentas,
en nada va a perder quien
vivir o morir desea
tan a un tiempo que no sabe
en cuál de los dos acierta.
Entra tú conmigo, Flora.
Flora
Yo no he de dejarte.
Vanse.
Uno
Entra
tú también, Friso.
Friso
Eso no;
que aunque yo grutesco sea,
no me entiendo bien con grutas.
Uno
¿Adónde vas?
Otro
Tente.
Los Dos
Espera,
que tú también has de entrar.
Friso
Mis señoras doñas bestias,
¿qué les va a ustedes en que
entre yo?
Uno
Que nunca puedas
decir adónde está Siquis,
que nadie ha de saber de ella.
Friso
¿Habrá más de no decirlo?
Uno
No has de irte; al centro llega
de esa caverna.
Friso
Como hagan
de la ce, te, norabuena.
Otro
¿Qué quieres decir?
Friso
Que truequen…
Uno
Di.
Friso
…la caverna en taberna;
pues «cum amicis non repa-
ratur in una littera»,
dice el adagio.
Los Dos
Carguemos
con él.
Friso
Protesto la fuerza.
[Llévanle. Múdase el teatro en el de un palacio, salen los músicos, que se dividen en dos coros, y detrás, la ninfa con la hacha, Siquis y Flora.]
Los Dos Coros
Pues que viene ya Siquis
a ser deidad nuestra,
sea bien venida,
bien venida sea.
Coro 1
El sol destos montes,
la alba destas sierras,
deidad destos valles,
ninfa destas selvas…,
Los Dos Coros
…sea bien venida,
bien venida sea.
Coro 2
La más bella rosa
de la primavera,
que amanece a ser
deste alcázar reina…,
Los Dos Coros
…sea bien venida,
bien venida sea.
Coro 1
La estrella de Venus
desluce su estrella,
pues ya está segura
de que no la vea…,
Los Dos Coros
…sea bien venida,
bien venida sea.
Coro 1
Albricias, albricias.
Coro 2
¿De qué alegres nuevas?
Coro 1
De que viene Siquis
a ser deidad nuestra.
Los Dos Coros
Sea bien venida,
bien venida sea.
Siquis
De las dudas con que lucho,
¿quién librará mi deseo?
¡Cielos! ¿Qué es esto que veo?
¡Dioses! ¿Qué es esto que escucho?
Flora
De asombro tan singular,
¿quién los efectos no ignora?
[Sacan a Friso.]
Friso
Acá estamos todos, Flora.
Los Dos
A oír, a ver y callar.
Suéltanle y vanse.
Siquis
Cuando imaginé que el centro
de la tierra me escondía
a nunca más ver el día,
¿hallo tantas luces dentro?
¡Qué alcázar tan eminente!
¡Que suntuoso palacio!
¡Qué verde, florido espacio!
¡Qué hermosa, lucida gente!
¿Cúya será la grandeza,
Flora, que admiras y ves?
Los Dos Coros
Toda, bella Siquis, es
de tu divina belleza.
Siquis
¿Para quién se fundó aquí
aquesta fábrica, en quien
tantas riquezas se ven?
Los Dos Coros
Para que te albergue a ti.
Siquis
Pues decidme, ¿de qué modo
se supo que yo este día
a estas montañas vendría?
Los Dos Coros
Su dueño lo sabe todo.
Siquis
¿Quién en el mundo se vio
en igual confusión? Pues
sepa quién el dueño
es deste real alcázar.
Sale Cupido matando la luz.
Cupido
Yo,
que para hablarte encubierto,
el fuego mato que ves,
por señas de que éste es
el primer fuego que he muerto.
Friso
Buenas noches.
Flora
No tan bueno
el dicho agasajo fue
como yo le imaginé.
Siquis
Eco tan de asombro lleno,
que habiéndome respondido
a lo que te he preguntado,
en más dudas me has dejado
de las que yo había traído;
pues ves que mi pena es mucha,
saca de tantos enojos
mis oídos y mis ojos.
Cupido
Sí haré, Siquis bella, escucha:
yo…
Siquis
Antes que empieces, di
que luz traigan.
Cupido
No lo intente
tu voz, que eso solamente
no puedo yo hacer por ti.
Siquis
Luego ¿a escuras me has de hablar?
Cupido
Sí; que nunca me has de ver.
Siquis
¡Qué fiero debes de ser!
Cupido
¿No hay más causa que pensar?
Siquis
Sí; pero entre penas duras,
¿quién no piensa lo peor?
Cupido
Oye, que contra ese horror…
Friso
(Veamos cómo se ama a escuras.)
Flora
(Más fácil, Friso, será,
que a escuras no lo veamos.)
Friso
A buscar por dónde huir vamos.
Flora
¿Quién sin luz nos guiará?
Vanse.
Cupido
Para que entrambos sentidos
quejosos de mí no estén,
lo que los ojos no ven
te han de suplir los oídos.
Y pues vencer el pavor
del no ver con oír pretendo,
lo que yo fuere diciendo
cierren cláusulas de amor.
(Que es bien, ya que tan rendidos
ha de arrastrar mis despojos,
que pues no puedo los ojos,
la enamore los oídos.)
Canta
Hermosísima Siquis,
cuya planta produce
a contactos de nieve
flores blancas y azules;
antes que de mis ansias
la novedad escuches,
será bien que las tuyas
consueles y asegures.
Y así, la primer cosa
que es justo que pronuncie,
sea que estás adonde
no hay hado que te injurie,
porque estás en sagrado…
Los Dos Coros
…tan noble y tan ilustre
que en él no será mucho
que de los hados triunfes.
Cupido
canta
No ha sido acaso haber
con varias inquietudes
alterado esos mares
a vista destas cumbres;
no acaso, que tu padre
preceptos ejecute,
que le obliguen a que
sin ti las ondas sulque,
y no acaso, en efeto,
ha sido que te busquen
esas voces que a estos
palacios te conducen,
quizá porque ha pedido…
Los Dos Coros
…tu vida quien presume
que Júpiter le tema,
cuando a su esfera sube.
Cupido
A puerto llegas donde
tendrás, sin que te asustes,
muchos que te obedezcan,
nada que te disguste;
canta
que este enterrado alcázar,
de cuyos balaústres,
a descollarse, fueran
hoy eminentes cumbres,
a efecto solamente
de ocultarte a ti, sufre
de esos soberbios montes
la inmensa pesadumbre;
en él, pues, serás dueño…
Los Dos Coros
…de cuanto el mar incluye,
de cuanto el sol engendra
y la tierra produce.
Cupido
canta
Pues por más que el diamante,
vuelto al centro, no ofusque,
verás para tu adorno
que uno en otro se pule.
Del rubí y la esmeralda
maridajes comunes
entre reflejos rojos
darán verdes vislumbres.
Las lágrimas del alba,
cuando a llorar madrugue,
las haré que se cuajen
primero que se enjuguen,
para que a tus oídos…
Los Dos Coros
…dependientes se escuchen
mis penas, y tu cielo
tenga de quien se burle.
Cupido
canta
Cuanto oro y cuanta plata
avaro monte cubre,
sacaré de sus minas
a que en crisol se apuren,
hasta hacerse tratables,
tanto, que cuando gustes
que borden tus adornos
entretejidas luces,
ingenioso gusano
de las sedas que urde
te dará los matices,
ya haciendo que se aúnen
hebras de seda y oro,…
Los Dos Coros
…logrando en ti su lustre
tareas de los tornos,
fatigas de los yunques.
Cupido
canta
Tendrás a todas horas
que tu belleza adulen
músicas acordadas,
con tonos de amor dulces.
Registrará tu mesa
cuanto hay que el mar circunde,
cuanto hay que el monte corra,
cuanto hay que el aire cruce.
Servida y festejada
de damas que no cuiden
de más que de tus galas,
tus joyas y perfumes,
sin que desta grandeza…
Los Dos Coros
…otro premio procure
sino tan sólo, Siquis,
que quién soy no preguntes.
Cupido
Y no por ser tan fiero
como tú me presumes,
sino porque es forzoso
que mi ser disimule;
tanto, que a esos criados
aquí contigo truje,
canta
porque quedando fuera,
dónde estás no divulguen,
puesto que será fuerza
que al paso que te busquen
rendidas mis finezas,
mayor deidad injurien.
Y así, el día que veas…
Los Dos Coros
… mi rostro a cualquier lumbre,
piensa que todo esto
en polvo se reduce.
Siquis
Ignorado prodigio,
que en voz y acción incluyes
enigmas imposibles
de que a razón se ajusten,
si mi bien solicitas,
¿cómo tu rostro encubres?
Porque hacerle y guardarse,
traición, no halago, arguye.
Cupido
Como me es fuerza, Siquis.
Siquis
Pues si a eso te reduces,
no estimo tus promesas,
pues la menor no cumples.
Mándame abrir las puertas de tu palacio,
y busque mi fortuna los riesgos
vistos a todas luces.
Cupido
Bien pudiera forzarte
mi gusto, al ver que huyes,
pero mis vanidades
tan baja acción no sufren;
que es baldón de lo noble,
bajeza de lo ilustre,
pensar que con violencias
los méritos se suplen.
Oblíguete mi ruego,
mi llanto te asegure,
muévate mi fineza.
Siquis
En vano lo presumes,
porque yo…
Anteo
dentro
¡Siquis bella!
Cupido
¿Qué humana voz discurre
tan no habitado escollo?
Anteo
¿Dónde tu luz encubres?
Anteo es quien te llama,
que, echado al mar, se huye
de la prisión y, a nado,
a socorrerte acude.
Siquis
Éste es mi primo Anteo:
la ley de amante cumple.
¡Anteo!
Cupido
No le nombres.
Siquis
¡Primo!
Cupido
No le pronuncies.
(¡Cielos! ¿Qué fuego es éste
que en mi pecho se infunde,
nacido de que haya
otro que a Siquis busque?
Mas si amor no hay sin celos,
¿qué mucho que me asusten?,
pues nunca fui Amor hasta
agora que los tuve.)
Anteo
¡Siquis divina!
Siquis
¡Anteo!
Cupido
Su nombre no articules,
que harás que tu respeto
de una vez aventure;
pues no sé si podré
mirar a nuevas luces
celoso los despechos
que enamorado pude.
Siquis
Primero que atrevido…
Cupido
Será defensa inútil.
Siquis
¡Cielos, dadme socorro!
Cupido
En vano a ellos acudes.
Siquis
¡Dioses!
Cupido
No habrá ninguno
que contra mí te ayude.
Siquis
Si por vengarte, Venus,
a este horror me reduces,
infame es tu venganza.
Cupido
Mira qué mal arguyes,
pues aun Venus tampoco
no quiero que te escuche.
Siquis
¿Ni a una deidad ni a un hombre
permites que pronuncie?
Cupido
No.
Siquis
Pues llamaré a entrambos,
si es darte pesadumbre.
Cupido
Para que no te oigan,
verás que se confunden
tus voces entre otras.
Haced que no la escuchen.
Siquis
Venus bella,…
Los Dos Coros
Venus bella,…
Siquis
…no procures…
Los Dos Coros
…no procures…
Siquis
…que este asombro…
Los Dos Coros
…que este asombro…
Siquis
…de mí triunfe;…
Los Dos Coros
…de mí triunfe;…
Siquis
…vida tengo…
Los Dos Coros
…vida tengo…
Siquis
…que asegure…
Los Dos Coros
…que asegure…
Siquis
…tu venganza…
Los Dos Coros
…tu venganza…
Siquis
…más ilustre.
Los Dos Coros
…más ilustre.
Anteo
¿Dónde, Siquis, se esconden
tus eclipsadas luces?
Siquis
¡Primo Anteo!
Los Dos Coros
¡Primo Anteo!
Siquis
¿Tal se sufre?
Los Dos Coros
¿Tal se sufre?
Siquis
O no hay dioses,…
Los Dos Coros
O no hay dioses,…
Siquis
…u de mí huyen.
Los Dos Coros
…u de mí huyen.
Cupido
¿Ves perdidas tus voces
entre las muchedumbres?
Siquis
¿Qué importa, si yo, huyendo
de ti, es bien que procure
hallar en otro abismo
centro que me sepulte?
Vase.
Cupido
Proseguid con las voces
mientras que yo la busque;
aunque mal podrá, huyendo,…
Los Dos Coros
…aunque mal podrá, huyendo,…
Cupido
…que su riesgo se excuse;…
Los Dos Coros
…que su riesgo se excuse;…
Cupido
…que no huye de Amor quien
de Amor a ciegas huye.
Los Dos Coros
…que no huye de Amor quien
de Amor a ciegas huye.

Jornada Tercera

Dentro, a lo lejos, la música, y salen Flora, Friso, y dice a lo lejos la música:
Música
Cuatro eses ha de tener
amor para ser perfeto:
sabio, solo, solícito y secreto.
Friso
Pues nuestros noturnos amos,
que en metáfora de farsa,
ella es la dama duende
y él es el galán fantasma,
divertidos en la siempre
florida, apacible estancia
de aquestos jardines, Flora,
lo más de las noches pasan,
y ésta lo están en oír
esas músicas que cantan,
¿no me dirás, puesto que
tú más cerca de ellos andas,
qué has entendido de aqueste
dueño búho, de quien nada
yo me atrevo a discurrir?
Porque desde la menguada
hora que de esos salvajes,
que a la puerta están de guarda,
entrando por una gruta,
me hallé dentro de una sala,
todo soy asombros, miedos,
ilusiones y fantasmas.
Flora
Pues ¿de qué nacen aquesos
temores, cuando te hallas
tan regalado y servido?
Friso
Deso mismo: ¿por qué causa
con tanta puntualidad
me sirven y me regalan
a mí? ¿Quién soy yo en el mundo
para que cosa no haya
imaginada, que luego
no la tenga?
Flora
Pues ¿no basta
venir con Siquis?
Friso
No dudo
que el refrancillo que habla
con los canes de Beltrán
hable con los de Beltrana;
y así, no es mi duda, Flora,
que las finezas se hagan,
sino el modo.
Flora
Ése es secreto
que mi discurso no alcanza.
Friso
¿Quién será aqueste menguado
que tan rendido la ama,
y, sin que diga quién es,
viene de secreto a hablarla
todas las noches, y aun de ésas,
las lóbregamente pardas,
solo sale a los jardines?
Flora
No sé lo que piense.
Friso
¡Vaya!
Flora
Es que es algún gran señor,
según lo mucho que gasta
de ámbares, joyas y telas.
Friso
Mi opinión es muy contraria:
algún blanco viejo es verde,
que son los que dan y callan,
y entran a escuras.
Flora
Yo, Friso,
sólo sé que enamorada
de él está Siquis, y tanto
sus perfecciones ensalza
que está persuadida a que es
algún dios que a verla baja
de sus esferas, bien como
por Indimión Diana,
por Dafne Apolo, por Leda
Júpiter, por…
Friso
Calla, calla;
y no creas que si fuera
deidad de tanta importancia,
no quisiera parecerlo
a los ojos de su dama;
porque ¿para cuándo son
valor, lustre, honor y fama
sino para cuando ellas
lo huellan, pisan y arrastran?
Y yo antes presumiré
que por defectos se guarda;
y para esto hay dos razones,
y bien concluyentes ambas.
Flora
¿Cuáles son?
Friso
No permitir
que le vean cara a cara,
y dar, que es indicio mero
de que encubre alguna falta.
Flora
Luego ¿no dan los galanes?
Friso
No, que no hace un hombre infamia
mayor…
Flora
¿Qué?
Friso
…que regalar.
Flora
¿Por qué?
Friso
La evidencia es clara.
Quien no da a su dama, Flora,
en cuantas partes se halla,
que la afean sus amigas
lo deslucida que anda,
la pone en obligación
de decir que enamorada
pasa por todo, y que a ella
vivir con gusto la basta;
pero quien la da, la pone
en obligación que vana
de sus alhajas se precie,
diciendo a todas muy falsa:
«Yo enamorada no estoy
de ulano; estoy obligada.»
Con que el tal ulano trueca
su desprecio a las alhajas.
Suenan dentro instrumentos.
Flora
Yo respondiera con que es
fácil enviar noramala
al uno y no al otro, si esos
instrumentos no avisaran
de que a esta parte se acercan.
Friso
Pues quede la hoja doblada,
con que hay secreto tan nuevo
que criados no le alcanzan.
Sale la música, y Cupido y Siquis.
Música
Cuatro eses ha de tener
amor para ser perfeto:
sabio, solo, solícito y secreto.
Cupido
En ninguno más que en mí
las cuatro eses concurrieron
que perfeto a amor hicieron;
sabio, pues te eligió a ti;
solo, pues sola tú en mí
vives; solícito, pues
te busqué donde después
tan secreto te he adorado
que aun del sol me he recatado.
Luego si en mi afecto ves
lograrse uno y otro efeto,
por mí se debe entender:…
Música
…cuatro eses ha de tener
amor para ser perfeto:
sabio, solo, solícito y secreto.
Siquis
De eses y hierros orló
la esclavitud sus paveses,
y es bien, si tú das las eses,
que añada los hierros yo.
Sabio no es mi amor, pues no
persuade; solo no es,
pues desea más; y pues
lo que desea no ruega,
solícito a ser no llega,
ni secreto cuando ves
que a voces se queja, a efeto
de no poder merecer.
Música
Cuatro eses ha de tener
amor para ser perfeto:
sabio, solo, solícito y secreto.
Cupido
No cantéis más. Siquis mía,
¿tú de mí desconfiada?
¿En qué, para persuadirme,
la fe de tu amor no es sabia;
sola, pues que más deseas;
solícita, pues se cansa;
ni secreta, pues de mí
se queja a voces?
Siquis
¿Qué extrañas
este sentimiento mío,
si sabes de qué se causa?
Yo confieso que infelice
hallaron puerto mis ansias
en tus palacios, adonde
nada contigo me falta;
pero entre tantas finezas,
dichas y venturas tantas,
aquesto de no saber
de mi padre y mis hermanas,
ni cómo la ausencia mía
ha recibido mi patria,
de tu amor y tus finezas
me ha puesto en desconfianza,
pues habiéndote pedido
mil veces…
Cupido
Espera, aguarda,
que ya que aquese deseo
a ser sentimiento pasa,
le he de enmendar en la parte
que pueden mis ciencias altas,
ya que no en el todo. Hoy
te daré noticias claras,
no sólo en voces que oigas,
mas si el valor no te falta,
en imágenes que veas, como…
Siquis
¿Qué?
Cupido
…me des palabra…
Siquis
Di.
Cupido
…que a mí no me has de ver
a la trémula, a la escasa
luz que, para que lo veas
tú, las mismas sombras traigan.
Siquis
¿Cómo con luz no he de verte?
Cupido
Poniéndome a tus espaldas,
con ley de que no hayas, Siquis,
de volver a mí la cara.
Siquis
Yo lo ofrezco. Pero ¡cielos!
Cupido
¿Qué oyes?
Siquis
Mil músicas varias.
Qué me dicen estas voces
no sé, puesto que acordadas
suenan.
Cupido
Pues agora atiende
cuánto de fiesta y de gala
tu corte está, en regocijo
de que esta noche se casan
con Arsidas y Lidoro
Astrea y Selenisa.
Suenan instrumentos.
Siquis
¡Rara
admiración!
Cupido
A sus bodas
oye los himnos que cantan.
Con hachas, salen máscaras danzando, y Astrea, Selenisa, Arsidas y Lidoro, y detrás Atamas.
Música
A las bodas felices de cuatro
amantes afectos,
con dobladas antorchas de tea,
ven, Himeneo,
ven, Himeneo;
y tejiendo de mirtos y rosas
guirnaldas de Venus,
a coronar sus sienes altivas,
ven, Himeneo,
ven, Himeneo.
Atamas
Sólo consolar pudiera
de Siquis bella la falta,
ya que murió, como os dije,
a un accidente postrada
en la embarcación de Oeta;
con cuya fatal desgracia
su primo Anteo no quiso
volver sin ella a la patria,
pasándose a militar
en las guerras de
Trinacria; sólo pudiera,
otra vez digo, consolar su
falta
la dicha de aquesta unión,
que gocéis edades largas.
Lidoro
Aunque hoy la dicha es de todos,
la mía a todos se adelanta.
(Ya, ¿qué puedo hacer, perdidas
en Siquis mis esperanzas?)
Astrea
Mucho en presumir que es tuya
mi felicidad se agravia.
(Ya es, ¡ay, ignorado joven!,
tiempo que del pecho salgas.)
Arsidas
En las venturas de amor,
dice más el que más calla.
(¡Ay, perdida Siquis bella!)
Selenisa
A mí esa razón me valga
para mi disculpa. (¡Ay triste,
que en vano se esfuerza el alma!)
Atamas
Proseguid con las canciones,
bailes, músicas y danzas;
que hoy todo ha de ser festejos,
hasta partirse mañana
a sus reinos cada una,
y yo acompañando a entrambas,
supuesto que Selenisa,
que es la que hereda mi casa,
mientras yo viva, se ausenta.
Arsidas
Mi asistencia es de importancia
en Chipre, por los sucesos
de aquellas guerras pasadas;
y así, es fuerza no quedar,
como debiera, a tus plantas.
Lidoro
Si yo, que en llevar a Astrea
no ofendo al cariño en nada,
puedo pedir un favor,
señor,…
Atamas
Di, ¿qué es?
Lidoro
Que no salgas
tú de tu corte.
Atamas
Perdona;
que hasta los puertos de Acaya,
entre Citerón y Chipre,
tengo de ir a acompañarlas,
que son muchas tres ausencias
para que esfuerzos no haya
que las dilaten un poco.
Y porque el llanto no haga
desaires al alborozo,
otra vez la canción vaya.
(¡Ay, perdida Siquis mía!
Todo esto sin ti no es nada.)
Música
A las bodas felices de cuatro
amantes afectos,
con dobladas antorchas de tea,
ven, Himeneo,
ven, Himeneo;
y tejiendo de mirtos y rosas
guirnaldas de Venus,
a coronar sus sienes altivas,
ven, Himeneo,
ven, Himeneo.
Siquis
La terneza de mi padre
mis afectos arrebata.
¡Padre! ¡Señor!
Cupido
No te escucha,
que todo eso es sombra vaga.
Siquis
Pues haz tú…
Cupido
Apagad las luces.
[Apagan las luces, y desaparecen todos.]
Siquis
¿Cómo tanto esplendor falta
en tan breve instante?
Cupido
Como
ibas a volver la cara,
y porque tú no la pierdas,
quiero yo perder tu gracia.
Siquis
De ese repetido enigma no
es bien apurar la causa,
que ya me doy por vencida,
que no merezco alcanzarla.
Sólo te diré, ¡ay de mí!,
que diera, porque me hablaran
mis hermanas, y me vieran,
mi bien, tan bien empleada
alma y vida.
Cupido
¿Cómo?
Siquis
Como
dicha no comunicada
no es dicha. Del sol las luces
¿fueran hermosas y claras,
si a sus solas se lucieran?
De las estrellas la varia
república ¿fuera hermosa
si a sus solas se alumbrara?
Si las flores para sí
respirasen su fragrancia,
¿qué estimación merecieran?
Si el cristal, cuya asonancia
tal vez instrumento a quien
trastes de oro y lazos de ámbar
son las guijas, y tal vez
la cenefa de esmeralda,
blando búcaro de yerba,
ufano no lisonjeara
o ya el labio o ya el oído,
¿qué fueran sus consonancias?
El oro que está en la mina,
¿a quién adorna? La plata,
¿a quién aprovecha? ¿A quién
el diamante? Luego es clara
cosa que en tanto es la dicha
dicha, en cuanto se reparta.
Perdona esta vanidad,
y cree, mi bien, que de tantas
finezas como te debo,
verme, fuera la más alta,
mis hermanas tan gustosa,
tan rica, alegre y ufana.
Pero quien no te merece
aun menores confianzas…
Cupido
No llores, que no es razón
que con acciones contrarias
una alba venga riyendo
de ver llorar otra alba.
Tu padre, hermanas y deudos,
pues todos juntos se embarcan,
derrotaré a aquestos montes,
con licencia de que hagas
alarde de tus grandezas.
Siquis
Mil veces beso tus plantas.
Cupido
Alza del suelo, y los brazos
me da, porque ya…
Siquis
…la blanca
aurora con arreboles
los celajes desmaraña;
yo lo diré, no lo digas.
Vete, pues.
Cupido
¿Tú te adelantas
a despedirme?
Siquis
Sí; que
siendo yo la enamorada,
en ti fuera descariño
lo que en mí desconfianza.
Vase.
Cupido
¡Qué felice es el amante
que correspondido ama,
pues el mismo Amor no tiene
para sí dicha más alta!
¡Oh mal hayan cuantas flechas
de plomo gasté! ¡Oh mal haya
cuantas del aborrecer
ejecutaron las sañas!
Albricias podéis pedir,
aves, flores, fuentes, plantas,
montes y selvas, a cuantos
por vuestros umbrales pasan;
que ya al Amor habéis visto
enamorado, y que trata
de que todo sea favores,
todo dichas,…
Sale Anteo
Anteo
¿Todo ansias
ha de ser para mí, dioses?
Cupido
¿Qué escucho?
Anteo
¡El cielo me valga!
Cupido
¿Quién será el que despeñado
desde aquellas cumbres baja?
Anteo
Quien, porque el vivir le sobra,
tierra que pisar le falta.
Dígalo el que discurriendo
la cima de esa montaña,
por si de ella descubría
algún puerto a mi esperanza,
u desvanecida u ciega
la mal afirmada planta,
hasta llegar a las tuyas,
más que me arroja, me arrastra.
Ya, pues, bello joven, que eres
el primero que en humana
forma vi en aqueste monte,
desde el día que en sus pardas
peñas habité, abortado
de ese mar en estas playas;
si eres la deidad que en ellas
tiene un prodigioso alcázar
que tal vez mirar se deja,
y tal se esconde y se guarda,
sordo al golpe y a la voz
del peregrino que llama
a sus umbrales, piadoso
te mueva el verme a tus plantas;
no porque infelice vivo
sustentado de las ramas
más silvestres; no porque
es un peñasco mi cama;
no porque esta bruta piel
visto, de la ropa a falta,
de que me desnudó el tiempo
a embates de vientos y aguas,
tus lástimas solicito;
porque hablo, sí, en confianza
de que te lastimen más
fortunas de amor lloradas
que desdichas padecidas;
que uno es cuerpo y otro es alma.
Buscando una dama vine
a estas rústicas campañas,
echado al mar, cuyo fuego
aun no apagó nieve tanta.
Voces di, que repetidas
de los ecos, me tornaban
mi misma razón, quizá
por no quedarse con nada
de un desdichado; en efeto,
sin ver a nadie la cara
hasta agora, ha muchos días
que habito brutas estancias.
Y no porque te repita
fortunas de amor contrarias,
en obligación ponerte
solicitan mis desgracias
de que me albergues, ni que
repares, vistas ni valgas;
sólo con que me des nuevas
de una beldad soberana
que en este escollo quedó
porque nació desdichada,
por pagado me daré
de tu piedad noble y alta.
Dime si la has visto, u dime
si enamorado te hallas,
que con eso sabré yo
que sí; que en su soberana
hermosura es consecuencia
de haberla visto el amarla.
Cupido
(¡Qué es esto, cielos! ¿Qué escucho?
¿Qué ira, qué fuego, qué rabia
es ésta, que al corazón
a un tiempo hiela y abrasa?
¡Mal hayan cuantos arpones
de oro he gastado! ¡Mal hayan
cuantos a amar obligaron,
pues éste contra mí alcanza
tanto poder!)
Anteo
¿Ni aun respuesta
no te merezco?
Cupido
(¿Qué aguarda
mi corazón? Muera Anteo
con el veneno que mata,
y viva en parte el blasón
de mi madre, ya que ingrata
mi vanidad fue a ofenderla,
cuando pensó que a vengarla.)
Derrotado peregrino,
por lo que mi voz dilata
el no responderos, es
por no aumentar vuestras ansias.
Pero ya que es igual daño
el ignorar las desgracias
que el saberlas, y hay quien quiera
saberlas más que ignorarlas,
sabed que esa dama tiene
dueño ya; porque el dejarla
aquí a efecto fue de que
se cumpliese la amenaza
del vaticinio de Venus;
y así, un monstruo es quien la guarda.
Desesperad vuestro amor,
desahuciad vuestra esperanza,
y no esperéis, en efeto,
ni verla jamás ni hablarla;
porque, fuera de que es
imposible, el que la ama
sabrá vengarse de vos
en ser, honor, vida y alma.
Vase.
Anteo
¿Qué más vengado, si todo,
faltando Siquis, me falta?
El ser, pues que ya no soy;
el honor, pues ya mi fama
aquí espiró a los baldones
del oprobrio y de la infamia;
la vida, pues que no es vida
vida que es tan desdichada;
y el alma, pues que sin Siquis,
no la tengo.
Todos
dentro
¡Amaina, amaina!
Anteo
Pero ¿qué lejanos ecos
demás de la vista, llaman
la atención, para que vea
cómo en tormentosa calma
peligra un bajel, meciendo
de una banda en otra banda
ambos costados? ¡Oh mar!,
¿con qué tu cólera aplacas,
si la calma y la tormenta
vienen a ser ruinas ambas?
Balanceando a cada embate
se va a pique, a cuya causa
la gente abandona el buque,
saliendo a tierra en la lancha.
¡Dichoso yo, que veré
tratables gentes humanas
que me admitan, ya que el cielo
piadoso conmigo anda
en que una borrasca lleve
a quien trujo otra borrasca!
Tocan instrumentos.
Mas ¿qué instrumentos son éstos
que del encantado alcázar,
en bellas lucidas tropas,
salen con sonora salva?
Música
En hora dichosa venga
a estas incultas montañas
el gran Atamas de Egnido,
donde sus dichas le aguardan.
Anteo
Aquí hay más misterio. ¡Cielos!
Encúbranme aquestas ramas,
hasta ver si he de valerme
de quien llora u de quien canta.
Salen [Atamas, Lidoro, Arsidas, Selenisa, Astrea y gente].
Atamas
¿Siempre infaustos para mí
han de ser, oh soberanas
deidades, estos escollos?
Astrea
En vano déste te espantas,
pues no, como el que decías,
es horrorosa su estancia.
Lidoro
Ni despoblada tampoco,
que allí un templo se levanta.
Selenisa
Y allí una música suena.
Astrea
Lleguemos adonde cantan.
Siquis
dentro
Prosigan vuestras canciones
hasta llegar a la playa,
pues dio mi esposo licencia
de que a recibirlos salga.
Friso
dentro
Salgamos con todos, Flora,
pues lo permiten las guardas.
[Salen del palacio las damas que puedan, las músicas, Friso y Flora, y Siquis.]
Música
En hora dichosa venga
a estas incultas montañas
el gran Atamas de Egnido,
donde sus dichas le aguardan.
Atamas
¿Dichas mías? Oh voces
que misteriosas más que no veloces
embarazáis los vientos,
¿quién a vuestros acentos
mi nombre dijo, ni que yo podía
ser el que a vuestros piélagos venía?
Música Primera
La deidad destos montes,…
2
…el sol de todos estos horizontes,…
1
…destas selvas la aurora,…
2
…destos campos bellísimos la Flora,…
1
…la Venus desta esfera,…
2
…la bella rosa desta primavera;…
Las Dos
…y, en fin, en sus espacios,
la que es reina feliz destos palacios.
Atamas
¿Y quién, en fin, dueño es de glorias tantas?
Siquis
La que por la mayor tiene tus plantas.
Atamas
¡Cielos! ¿Qué es lo que veo?
¿Si es acaso ilusión de mi deseo?
Astrea
No; que a ser ilusión o fantasía,
no fuera igual en todos.
Atamas
Siquis mía,
¿de cuándo acá mi suerte ha merecido
verme a tan grande bien restituido,
como verte en mis brazos?
Selenisa
Sin voz la admiración abre sus lazos.
Siquis
Hermosa Selenisa,
divina Astrea, bien sin ella avisa
de mi gusto mi llanto,
que la voz no supiera decir tanto.
Vengáis felicemente
a esta isla, de quien reina eminente
me aplaude mi decoro,
y donde me conozcan hoy Lidoro
y Arsidas por su esclava, no su hermana.
Lidoro
Los dos a tu deidad, oh soberana
Siquis, reconocemos
por dueño singular.
Arsidas
(¡Locos extremos,
pues ya no hay esperanza,
la voz creced de la desconfianza!)
Lidoro
(¡Quién, cielos, dueño fuera
de su albedrío, y olvidar pudiera!)
Friso
A mí me dad agora
los pies.
Flora
Y a mí también.
Selenisa
¡Oh Friso!
Astrea
¡Oh Flora!
Atamas
¿Los dos aquí?
Friso
Dejados por olvido,
de Siquis la fortuna hemos corrido.
Atamas
Suspensos, hasta oír de tus portentos
la ocasión, nos tendrás.
Siquis
Estadme atentos.
Sabréis que si en estrella tan avara
una deidad me ofende, otra me ampara.
En este escollo… Pero no prosiga;
mejor que yo mi majestad lo diga,
con acentos veloces
la salva repetida de las voces.
Entrad en el palacio
que docto fabricó en su ameno espacio
el que dio, para ser esposo mío,
medio a todo, sino es al albedrío.
Entrad, pues, y en haberes más que humanos,
no sólo la codicia de las manos
llenaréis, mas veréis tantos despojos
que aun hartéis la codicia de los ojos.
Atamas
¡Qué admiración tan nueva!
Lidoro
(Segunda vez tras sí mi afecto lleva.)
Arsidas
(¡Nunca a verla volvieran mis desvelos!)
Selenisa
(De envidia muero.)
Astrea
(Yo de envidia y celos.)
Selenisa
¿Viste jamás, Astrea,
a Siquis tan hermosa?
Astrea
No. ¡Que sea
tan feliz que haya hallado
dueño a su gusto en este despoblado!
Siquis
¿Qué decís?
Selenisa
Cuán hermosa
estás.
Astrea
Y cuán lucida.
Siquis
Soy dichosa,
y son gusto y ventura
el afeite mayor de la hermosura.
Música
En hora dichosa venga
a estas incultas montañas
el gran Atamas de Egnido,
donde sus dichas le aguardan.
[Éntranse todos en el palacio, sale Anteo de donde estaba escondido, y detiene a Friso.]
Anteo
(De absorto, de confuso y suspendido
en tanta novedad, no me he atrevido
a descubrir, ni hiciera
bien sin mejor informe.) Friso, espera.
Friso
Si usted, señor salvaje,
presume que me huyo, mi viaje
a casa es; no llevarme solicite,
que no me he de ir en día de convite.
Anteo
¿Que no me has conocido?
Friso
No me apriete,
que no me he de ir en día de banquete.
Anteo
¿Que no ves, ¡ay de mí!, que soy Anteo?
Friso
Ahora, señor, lo veo, y también veo
que en haberte tenido
por salvaje, muy poco te he ofendido,
pues no es mucho, salvaje haberte hallado,
habiéndote dejado enamorado.
Anteo
¿Qué deidad, dime, es ésta,
que en tanta majestad a Siquis puesta
tiene?
Friso
Yo no lo sé.
Anteo
Pues ¿no le viste?
Friso
Ni ella tampoco.
Anteo
¿Ni ella? ¿Cómo? (¡Ay triste!)
Friso
Como es lóbrego amante
que aborrece la luz.
Anteo
No, no adelante
pases, porque no quiero que tu informe
con otro se conforme,
de que un monstruo la adora.
Friso
Esa porfía tengo yo con Flora.
Anteo
Y pues ya la amenaza
de Venus se cumplió, ¿qué me embaraza
para librarla, en tanto
riesgo, de aqueste lisonjero encanto?
Conmigo ven, que hoy han de ver los cielos
la más noble hidalguía de los celos;
pues cuando estar pudiera
vengado en que un horror su dueño fuera,
de él tengo de libralla.
Friso
Y eso, ¿cómo ha de ser?
Anteo
Sígueme y calla;
que a Siquis, aunque muera,
he de librar de esclavitud tan fiera.
[Vanse. Vuélvese a descubrir el palacio, cuya mutación se ocultó cuando se despidió de Siquis Cupido, y salen todos en la forma que entraron.]
Música
En hora dichosa goce
en este eminente alcázar
Siquis bella la visita
de su padre y sus hermanas.
Selenisa
(Cada grandeza que veo
es en mí una nueva rabia.)
Astrea
(En mí es una antigua envidia.)
Lidoro
(En mí una muerta esperanza.)
Arsidas
(En mí un difunto deseo.)
Atamas
¿Quién se vio en delicias tantas?
Música
En hora dichosa vea,
contenta, alegre y ufana…
Anteo
dentro
¿Qué ha de ver, si esas venturas
son para todos desgracias?
Siquis
¿Cúya es esta voz?
Atamas
De quien
aun más que con ella espanta,
espanta con el aspecto.
[Sale Anteo.]
Selenisa
¡Qué pena!
Lidoro
¡Qué asombro!
Astrea
¡Qué ansia!
Arsidas
¡Qué prodigio!
Flora
¡Qué portento!
Siquis
Bruto horror destas montañas,
¿qué es lo que aquí solicitas?
Anteo
Que sepas quién es quien te ama.
Siquis
¿Quién es?
Anteo
Yo…
Siquis
¡Válgame el cielo!
Anteo
…y no el que del sol se guarda.
Atamas generoso,
Lidoro invicto y Arsidas famoso,
divina Selenisa,
Astrea celestial; quien os avisa
del daño que padece el devaneo
de la engañada Siquis es Anteo,
que con penas extrañas,
montañés girasol destas montañas
largo tiempo he vivido,
donde atentas mis ansias han sabido
que el que a Siquis adora
un monstruo es que estos palacios mora,
en ellos encantado,
porque de Venus se cumpliese el hado.
Y pues llegáis hoy a ocasión tan buena,
su vida rescatad, librad su pena,
y en aquese eminente
bajel, volved con ella al mar.
Siquis
Deténte,
Anteo, no prosigas,
ni tan indignas presunciones digas,
dándote a esos recelos
licencia, la licencia de los celos.
Dueño tengo y esposo,
que es deidad superior, dios generoso.
Anteo
Pues si algún dios ha sido,
dinos qué dios.
Siquis
Aún no le he conocido.
Anteo
¿Hasle visto?
Siquis
Tampoco, que una rara
deidad no deja verse cara a cara.
Anteo
¿Qué mayor consecuencia
que tu ignorancia para mi evidencia?
Atamas, rey y tío:
de Siquis violentado el albedrío,
de esposo que aparentes visos hace,
en dorada prisión cautivo yace.
Ya de Venus cumplido
el vaticinio está; volved a Egnido,
que más no puedo hacer en mis desvelos
que amar su bien a costa de mis celos.
Vase.
Siquis
¡Deténte, aguarda, espera!
¿Cómo todos calláis desta manera?
Atamas
No sé, Siquis, qué te diga,
mas mucha fuerza me hace,
sobre el presagio de Venus,
no saber quién es tu amante.
Vase.
Lidoro
Yo tampoco, Siquis, sé
qué diga; pero ocultarse
cuando uno obliga, ¿qué deja
que hacer para cuando agravie?
Vase.
Arsidas
Tus dichas y tus desdichas
de una misma causa nacen.
Nada sé; pero deidad
y horror, no es unirse fácil.
Vase.
Siquis
¡Ay, Selenisa! ¡Ay, Astrea!
Pues solas en esta parte,
hermanas siendo y amigas,
quedáis, decid… Pero en balde
consejo ni alivio espero
de quien, con extremos tales,
cuando goza mis placeres,
responde con sus pesares.
¿Qué es esto? ¿Las dos lloráis
al verme y al escucharme?
¿Qué sabes tú, Selenisa,
de mí? Astrea, ¿tú qué sabes?
Astrea
Siquis, si tú estás contenta,
¿de qué servirá estorbarte
el gusto?
Siquis
No es para mí
esa respuesta bastante.
Selenisa
Pues no quieras saber otra,
porque no es justo quitarte
de entre las manos la dicha.
Tú lo crees, y eso baste.
Siquis
No habéis de dejarme así.
Astrea
Pues, Siquis, esto es amarte.
Un fiero encantado monstruo
es o tu esposo o tu amante,
porque contenta no estés
con aquestas vanidades.
Siquis
¿Cómo puede ser, si son
todas sus señas amables?
Selenisa
Procura verle la cara,
Siquis, y desengañarte;
que es gran pereza de amor
amar sin ver a quien ames.
Astrea
Ten una luz encendida,
y sin temer disgustarle,
en mirándole dormido,
reconoce su semblante.
Selenisa
Lleva contigo un puñal,
y en viéndole horrible, dale
muerte, y quedarás señora
de todo, sin el ultraje
de que un monstruo te posea.
Astrea
Y el saberlo no dilates,…
Selenisa
…puesto que hoy en tus palacios…
Las Dos
…tienes tantos que te guarden.
Siquis
Mal me atreveré a ofenderle.
Selenisa
No receles.
Astrea
No repares.
Selenisa
Nada pienses.
Astrea
Nada dudes.
Selenisa
No temas,…
Astrea
…no te acobardes,…
Las Dos
…pues tener otra ocasión
de tener gente no es fácil.
Vanse.
Siquis
Todos lo dicen. Sin duda
mis desdichas son verdades;
y cuando para saberlas
mayores causas no halle
que dármelo por precepto,
siendo mujer, es bastante.
Pues resuélvase mi aliento
osado, altivo y constante,
o bien del todo a perderse,
o bien del todo a ganarse.
¡Flora! ¡Friso!
Salen Flora y Friso.
Flora
¿Qué me mandas?
Friso
¿Qué me quieres?
Siquis
Hoy fiarme
de los dos he menester
en el más estrecho trance.
Tú tenme, Friso, un puñal
escondido hacia esa parte
de los jardines, adonde
la puerta a mi cuarto cae.
Tú una luz ten escondida
que no pueda divisarse
hasta que yo la descubra;
y esto no lo sepa nadie,
ni aquí hagáis ruido, hasta que
yo con una seña os llame.
Vase.
Flora
Friso, ¿qué es esto?
Friso
No sé;
mas lo que pienso es que sabe
ya Siquis que es un dragón
nuestro amo.
Flora
¡Qué dislate!
Friso
No mucho; siempre yo dije
que alguna falta notable
tenía quien tanto daba.
Flora
¡Necedad de necedades!;
que ninguna falta tiene
quien da.
Friso
Apuremos el lance,
pues es desdoblar la hoja
que doblamos endenantes.
¿Él aquí a Siquis no trujo,
y porque no le mirase
mató la luz? Luego es monstruo.
Flora
Él ¿no la llenó al instante
de galas y joyas? Luego
es un Adonis, un ángel.
Friso
Él todas las noches ¿no
aguarda que no haya nadie
que le vea? Luego es fiero.
Flora
Él todos los días ¿no hace
el gasto? Luego es hermoso.
Friso
Él, desde que el alba sale,
¿no se va y no vuelve? Luego
es horrible y formidable.
Flora
Él ¿no se ausenta y no vuelve,
y, sin que aflija ni canse,
se contenta con sus horas?
Luego apacible es y amable.
O mil mujeres lo digan:
¿a cuál escogieran antes?
¿A un Narciso que asistiese,
o a un dragón que regalase?
Friso
Recúsolas; que no puede
ser testigo quien es parte.
Y esto a un lado, ¿has de traer
la luz?
Flora
¿Puedo yo excusarme?
Friso
Yo tampoco, pero ¡plegue
a Dios…!
Flora
Advierte que es tarde,
que ya oscurece, y es hora
que venga señor.
Friso
Pues dame
los brazos, Flora, por si
el monstruo se declarase
dándote con algo a ti,
y a mí sin algo.
Flora
¿Qué haces?
Friso
Llorar ternísimamente.
Flora
Déjalo, así Dios te guarde,
porque no hay como sufrir
el ver llorar a un bergante.
Vanse y sale Cupido.
Cupido
Nunca Apolo ha discurrido
por esferas celestiales,
luciente bajel de oro,
el azul mar de diamante,
más perezoso que hoy,
dándome a entender que sabe
cuánto en dilatar el día
pesar a mis dichas hace,
la noche que estará Siquis
más alegre y agradable
por la fineza que he hecho
en que haya visto a su padre,
sus hermanas y sus gentes.
¡Qué airoso llega un amante
a los ojos de su dama,
día que un servicio le hace!
Éste es su cuarto; a entrar dentro
no me atrevo, sin que antes
la oscuridad reconozca.
Solo está, y ella es quien sale.
Siquis
sale
¿Quién va?
Cupido
Yo soy.
Siquis
¿Es mi amor?
Cupido
No sé qué respuesta darte,
pues no sólo tu amor hoy
que soy diré, mas de modo
te amo que pienso que todo
el Amor de todos soy.
Fuerza al argumento doy
con aqueste silogismo,
pues del amor el abismo
en mi pecho se cifró:
pues ¿qué es lo que me faltó
para ser el Amor mismo?
Siquis
Con grande extremo sintiera
que verdad fuera, mi bien,
ser tú el mismo Amor; que quien
siempre en su mano tuviera
arco y flecha, no se hiriera.
Cupido
Bien pudiera ser que sí.
Siquis
¿Cómo?
Cupido
Como tal vez vi,
tirando a un blanco una flecha,
tocar en piedra, y deshecha
volvérseme contra mí.
Siquis
¿No entras al cuarto?
Cupido
Supuesto
que andando hoy en él más gente,
puede ser inconveniente
haber luz, en este puesto,
en quien el abril ha puesto
el primor de sus primores,
nos sentemos.
Siquis
¿Qué mejores
lechos tejió ingenio fiel
que el pabellón de un laurel,
el catre de muchas flores?
Cupido
¿Has regalado, bien mío,
mucho a tus huéspedes?
Siquis
Sí;
que teniéndote yo a ti,
bien satisfacer confío
el más avaro albedrío.
Cupido
¿Qué te han dicho tus hermanas?
Siquis
Cuánto de mi dicha ufanas
están (¡al cielo plugiera!),
y aun envidiosas dijera,
si en prendas tan soberanas
cupiera estar envidiosas,
y hoy más, con tan nuevo estado.
Cupido
Y ¿que joyas las has dado?
Siquis
Las más ricas, más hermosas,
más lucidas, más curiosas
que tengo de tus haberes,
para mostrarlas quién eres.
Mas ¿qué tienes? ¿De qué estás
inquieto?
Cupido
Hoy el sueño más
me aflige que nunca.
Siquis
¿Quieres
que mande, señor, cantar,
y divertiráste así?
Cupido
Como sea lejos, sí;
que no quiero embarazar
el poder contigo hablar.
Siquis
Siempre acordado rumor
que velas en mi favor,
canta algún tono a este sueño.
Música
dentro
Quedito, pasito,
que duerme mi dueño;
quedito, pasito,
que duerme mi amor.
Si cantáis dulces querellas,
o matizados primores,
que siendo del cielo flores,
también sois del campo estrellas,
no me despertéis con ellas
al alma que adoro;
quedito el rumor,
la vida que estimo,
pasito el clamor;
y ya que le dais
este alivio pequeño,
quedito, pasito,
que duerme mi dueño;
quedito, pasito,
que duerme mi amor.
Siquis
(Ya que a la voz conocí
que el sueño le rindió, agora
es ocasión.) ¡Friso, Flora!
¿Traéis la luz y puñal?
Los Dos
salen
Sí.
Siquis
Dadme uno y otro, y aquí
asistid los dos atentos
(¡cielos, infundidme alientos!);
y si acaso monstruo fuere,
y al matarle no tuviere
yo valor, vuestros acentos
voces den, pues nos miramos
tan acompañados hoy.
Friso
Temblando de miedo estoy.
Flora
¿Oyes? De un color estamos.
Siquis
Cobarde espíritu, vamos;
postrado ánimo, alentemos;
el desengaño toquemos
de una vez; o viva o muera.
Verle y no verle quisiera,
que siempre he de ser extremos;
verle, por llegar a ver
si engañada pude amar;
no verle, por no llegar
a matar y aborrecer
a quien ya llegué a querer;
y, en dos afectos neutral,
dudo el bien, recelo el mal,
y en lo que el examen tarda,
más esta luz me acobarda
que me anima este puñal.
Cada paso que el deseo
da, se retira otro paso
el temor; tiemblo y me abraso…
¿Qué mucho si dudo y creo?
Mas ¡cielos!, ¿qué es lo que veo?
¿Quién vio más bella pintura?
¿Quién más perfecta escultura?
El que dijo que éste es
un monstruo, bien dijo; pues
es un monstruo de hermosura.
¡Qué joven tan generoso,
en quien, desde el pie al cabello,
está brioso lo bello,
está valiente lo hermoso!
¿Otra vez, cielo piadoso,
esta hermosura no vi,
queriendo matarme? Sí.
¿Quién eres, joven, que
estás seguro al matarte más
que cuando matabas?, di.
Cuando quisiste matarme,
turbado te vi primero;
y cuando matarte quiero,
tú te vengas con turbarme.
Dormida fuiste a buscarme,
dormido hallarte pretendo;
¿qué extremos son que no entiendo,
los que hay en los dos, pues cuando
dormí, estabas tú soñando,
y yo, cuando estás durmiendo?
Flora, llega.
Flora
¿Yo llegar?
Siquis
Llega, Friso.
Friso
¿Llegar yo?
Siquis
No temáis, no dudéis, no,
que lo que os quiero mostrar
el monstruo es más singular
que vio la naturaleza.
Flora
Aun de aqueso es mi tristeza.
Friso
Y aun de esotro mi temor.
Siquis
Llegad, que es monstruo de amor
con soberana belleza.
¡Mirad, mirad, pues, de quien
defectos oísteis los dos!
Flora
Destos monstruitos Dios
siempre me depare, amén.
Friso
Y aun a mí, Flora, también.
Siquis
¿Quién al ver no queda ciego
la perfección que a ver llego?
Suspensa le estoy mirando.
Cupido
¡Cielos, que me abraso! ¿Cuándo
con fuego se ha muerto el fuego?
Siquis
De la cera derretida
que le hirió en la mano, creo,
perdida porción.
[Despierta y levántase Cupido.]
Cupido
¿Qué veo?
¿Qué intentas, bella homicida,
armada contra mi vida
con puñal y luz,…
Siquis
(¡Mortal
estoy!)
Cupido
…cuando, en acción tal,
ofendido mi alto ser,
me ha dado más que temer
esa luz que ese puñal?
En fin me has visto, aunque yo
te pedí que no me vieras.
Siquis
Si tan para visto eras,
dueño mío, ¿qué importó?
Cupido
Más, Siquis, que piensas.
Siquis
No
me atormentes con enojos,
que si en rendidos despojos
triunfaste de mí dormido,
¿qué será habiendo venido
el socorro de los ojos?
Cupido
Esas razones a ti,
cuando el valor me faltó,
yo te dije; allí yo
mi acero en tu mano vi.
Lo mismo sucede aquí;
mas no, que aunque tú me heriste
con él, y lo que tú hiciste
hacer yo agora pudiera,
no fuera justo que fuera
tan cruel como tú fuiste.
Algo distinguir conviene
en los dos el proceder;
que en efeto eres mujer,
que otros privilegios tiene.
La venganza que previene
tanto secreto ofendido,
que sepas lo que has perdido
será, Siquis, y otra no:
mira si es harto, que yo
soy el dios de amor, Cupido.
A Venus quise vengar,
mi madre, dándote muerte;
vi tu hermosura, y de suerte
la idolatré singular
que morí, yendo a matar;
con que a Júpiter pedí
que se doliese de mí,
y entre mí y mi madre, él
mandó, en su oráculo fiel,
que te trujesen aquí
para que pudiese yo
—¡tanto me debiste, tanto!—
tenerte en aqueste encanto,
donde Venus lo ignoró.
Ya con esa luz lo vio,
porque el prestado favor
término en su resplandor
quiso Júpiter que hallase;
con que no es posible pase
adelante nuestro amor.
Y puesto que tú has querido
cubrir, por antojo leve,
hoy tanto fuego de nieve,
tanta memoria de olvido,
para siempre me despido
de todo aqueste horizonte;
y así, a olvidarme dispónte,
mirando en cuán breve espacio
se desvanece el palacio
y vuelve el monte a ser monte.
Vase. Terremoto dentro.
Siquis
¡Mi bien, mi señor, mi esposo,
aguarda, espera, deténte,
porque en tu presencia pierda
la vida la que te pierde!
[Vase.]
Van saliendo [Flora, Friso, Atamas, Selenisa, Arsidas, Astrea, Lidoro y Anteo].
Flora
¡Qué confusión tan notable!
Friso
¡Qué terremoto tan fuerte!
Atamas
Sin duda que el cielo todo
se desploma de sus ejes.
Selenisa
Que sobre nosotros caen
esas montañas parece,…
Arsidas
…o que quieren abortar
Etnas sus preñados vientres.
Astrea
Las nubes de pardas sombras
visten sus orbes celestes,…
Lidoro
…a cuyo pavor los mares
las montañas estremecen.
Anteo
¿Adónde se han ido tantos
torreones y chapiteles?
Todos
¿Cómo ha faltado sin ruina
tanta fábrica eminente?
Siquis
sale
¿Qué os admira, qué os espanta,
qué os asombra, qué os suspende
tanto prodigio, si es
desdicha que me sucede
a mí, que soy en quien todas
su mayor crédito tienen?
La culpa tuvistis todos,
pues contra mi esposo aleves
os conjurastis a que era
un monstruo; y aunque no miente
la sospecha en que era monstruo,
en la malicia le ofende,
pues el bello dios de amor,
monstruo de todas las gentes,
fue el que adoré. Verle quise,
y le he perdido por verle.
Todos tuvisteis la culpa,
vuelvo a repetir mil veces,
y supuesto que yo en todos
no es posible que me vengue,
en mí sola podré hacerlo;
y así…
Atamas
Mira…
Astrea Y Selenisa
Aguarda…
Anteo
Advierte…
Siquis
Pues me distis muerte todos,
dejadme dar todos muerte;
que habiendo perdido tanto,
no en riquezas ni en deleites,
sino en mi esposo y mi amante,
a quien quise tiernamente,
¿para qué quiero vivir?
El mismo acero…
Sale Cupido.
Cupido
Deténte,
Siquis.
Siquis
Sí haré; que tú solo
darme a mí la vida puedes.
Selenisa
Astrea, ¿no es éste el joven
del jardín?
Astrea
Y el que merece
hasta agora mi memoria.
Selenisa
Hasta en esto dicha tiene.
Cupido
Tus lástimas han podido
obligar no solamente
a mí, que te adoro, pero
a Venus, que las atiende;
y al verte dar muerte, y que
yo había de llorar tu muerte,
convencida de mi llanto,
en mi casamiento viene;
con que, diosa de Amor, Siquis
vivirá adorada siempre.
Tú, Atamas generoso,
ya que a Amor por hijo tienes,
me da los brazos. Astrea
y Selenisa, aunque puede
quejarse de ellas mi pecho,
vivirán felicemente
con Arsidas y Lidoro;
y a Anteo le haré que llegue
a merecer real esposa,
porque de ti no se acuerde.
Friso, Flora...
Friso
No queremos
que a uno con otro nos premies,…
Flora
…sino que, pues el Amor
hoy enamorado eres,
perdones yerros de quien
está a vuestra plantas siempre.
FIN
CC0 1.0
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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Ni Amor se libra de amor. Ni Amor se libra de amor. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc2z.0