Personajes

  • EL PRÍNCIPE
  • LA NATURALEZA HUMANA
  • EL HOMBRE
  • EL PLACER
  • EL PESAR
  • LA VIDA
  • EL AMOR PROPIO
  • LA MUERTE
  • LA CULPA
  • EL APETITO
  • EL POBRE
  • LA JUSTICIA
Dentro, cajas y trompetas, y salen del primer carro marchando algunos soldados, y detrás el Príncipe, con corona de laurel y bastón de general; del cuarto carro de enfrente, la Naturaleza, de dama, y el Hombre, de galán; el Amor Propio y la Vida, sus hijos, también de galanes, y el Placer y el Pesar, de villanos, y los músicos, bailando todos y cantando
MÚSICA
«En hora dichosa vuelva,
coronado de trofeos,
a la corte de su Padre,
glorioso el Príncipe nuestro.
Vuelva en hora dichosa,
vuelva diciendo
que el que vive triunfando
triunfa muriendo».
PRÍNCIPE
Deudos, vasallos y amigos,
pues en la unión de mi gremio,
sin exceptación, cualquiera
amigo es, vasallo y deudo
—amigo, pues doy la vida
por él; vasallo, pues tengo
su dominio, y deudo, pues
de ser su hermano me precio—.
Ya sabéis (pero no importa
para decirlo el saberlo,
y más a ocasión que a todos
os he menester atentos).
Ya sabéis cómo a la corte
del Emperador supremo,
increado Padre mío
y criador Monarca vuestro,
llegó la voz repetida
en los míseros lamentos
de tantos como esperaban
mi futuro advenimiento,
significando piadosa
el infeliz cautiverio
en que los tenía tirano
poder, en fe del derecho
de aquella primera deuda,
de aquel tributo primero
en que Adán obligó a toda
la esfera del universo.
Mi Padre, pues, conmovido
a la piedad de su ruego,
bien como yo de mi Padre
siempre a la obediencia atento,
dispusimos que viniese
en persona (previniendo
que el Espíritu de ambos
facilitase los medios)
a la conquista famosa
del tiranizado reino,
que colonia del impíreo,
patrimonio es del imperio.
Publicose la jornada,
y como para el concepto
de marcial alegoría
(a Job en ella siguiendo,
pues ser la vida batalla
asienta en sus sentimientos)
fuese menester valerme
de militares aprestos,
fue Gabriel, que se interpreta
fortaleza, el que primero
vino a batirme la estrada,
la tierra reconociendo,
para ver si de salir
a la campaña era tiempo.
Y habiendo tomado voz
de que su florido centro
en la juventud de marzo
estaba de gracia lleno,
tanto que azucena y rosa,
lirio, ciprés, palma y cedro,
para concebir el blando
rocío, andaban componiendo
su hermosura en los cristales
de no manchados espejos.
Sin esperar más noticias,
salí de mi patria, siendo
la nave del mercader
que lleva el pan desde lejos,
mi primera embarcación,
en cuyo fecundo seno,
la estrella del mar por norte,
del austro el favor por viento,
Nazaret de Galilea
me dio en virgen tierra, puerto.
No como dijo Isaías
vine aquesta vez trayendo
militares aparatos,
porque intentando primero
ver si podía de paz
conseguir el vencimiento,
dejé para otra venida
el profetizado estruendo
de las nubes y los rayos,
los relámpagos y truenos.
Y así, antes que mi contrario
penetrase mis intentos,
entre dos pobres bagajes,
dando su forraje el heno,
fue la ruina de una estala
mi primer alojamiento.
Aquí, pues, a la inclemencia
de escarchas, nieves y hielos,
reconocí la campaña
disfrazado y encubierto;
pero no tanto que aquí
no me hallasen los afectos
de tres reyes que auxiliares
tres socorros me ofrecieron
bien como a rey, hombre y Dios
de oro, de mirra y de incienso.
Esta exterior novedad
de verme asistido de ellos,
gracias a su buena estrella,
despertó el primer recelo
en mi contrario, de suerte
que asombradamente ciego,
quién era conjeturando
(que mal pudiera sabiendo,
el día que yo tenía
corrido a su vista el velo),
intentó cortarme el paso.
Yo, alistando lo más presto
que pude gente, me puse
en defensa; en cuyo encuentro,
como me tenía tomadas
las eminencias del puesto,
de la tierna infantería
me degolló el primer tercio.
Viendo, pues, de la vanguardia
todo el escuadrón deshecho
y que, a fuer de guerra, estaba
a sus embates expuesto,
la retirada en Egipto
tomé, dejándole dueño
de la campaña, hasta que
recobrado con el tiempo,
segunda vez disfrazado,
volví a ver desde un desierto
la disposición que había
para proseguir el duelo
en la venganza de tantos
perdidos infantes tiernos.
Supo donde estaba, y supo
que era tan árido y seco
el terreno que ocupaba,
que no había en el terreno
para un día, cuanto más
para cuarenta, sustento.
Y persuadiéndose en vano,
que no era posible menos,
de que me diese por hambre,
bien como león sangriento
que busca a quién devorar,
dando al monte uno y mil cercos,
el trance de la batalla
trató reducir a asedio.
Plática pidió de paz,
tan altivo y tan soberbio,
que a parlamentar conmigo
llegó en los pactos y medios,
con que, sitiador, pensaba
conseguir el vencimiento.
Tres me propuso y tres veces,
rechazado de mi esfuerzo,
sus tres capitulaciones
deshice con tres alientos.
Tan corrido quedó que
de ira y de cólera lleno,
municiones de villano
previno, piedras cogiendo
contra mí, pero ¿qué piedra
no reconociera feudo
a la que cayó arrojada
del Monte del Testamento?
Con ese rencor, pasando
de uno en otro atrevimiento,
sus designios a cautelas
y a traiciones sus pretextos,
dispuso, después que en varios
trances llegamos a vernos,
(el esguazo del Jordán
lo diga; dígalo luego
de la piscina el estaño,
la campaña del Carmelo,
la colina del Tabor
y el puente del Cedrón; pero
¿para qué lo han de decir,
si aun cuando lo callen ellos,
lo sabrán decir los mudos
y lo podrán ver los ciegos?)
Dispuso, digo otra vez
si a la metáfora vuelvo,
ganarme una doble espía,
sobornada al corto precio
de algunas monedas. Éste,
pues, traidor amigo, habiendo
complacido a sus calumnias,
en el nocturno silencio
de una noche que ocupaba
el verde cuartel de un huerto,
nombre, seña y contraseña
dio, con que, avanzadas dentro
del recinto del jardín,
armadas huestes de acero,
les fue no dificultoso
hacerme su prisionero,
por ser a ocasión que estaban
mis centinelas durmiendo.
Apenas en su poder
me vio el escuadrón hebreo,
que fue el que hizo la sorpresa
cuando, asombrado del miedo
que aun preso les daba, quiso
de mí asegurarse, haciendo
que de la gentilidad
me guardase el regimiento.
Tampoco ella de mí quiso
encargarse, quizá viendo
que a ponerme en libertad
marchaban los elementos.
Y fue la verdad, pues cuando
en sus malos tratamientos
(¡ay del rendido que da
en manos de infame dueño!),
todo era azotes y palos,
todo injurias y desprecios,
llegó trance en que se oyó
tocar a marchar el viento
al destemplado compás
de las cajas y los truenos.
El tren de la artillería
empezó a jugar el fuego
en culebrinas, que eran
forjados rayos, a tiempo
que, fortificado el mar,
montes sobre montes puestos,
murallas hacía, y la tierra,
quitando todos los gremios,
aun los cadáveres hizo
salir de sus monumentos.
Retirose a media tarde,
temeroso a tanto estruendo,
el sol, eclipsó la luna
su faz, los astros más bellos
se obscurecieron, de suerte
que, encontrados ambos velos,
se desplegó el de la noche
y se desgarró el del templo.
A tanto escándalo, a tanto
asombro, a tanto portento,
asustado el enemigo,
conmigo embistió más fiero,
como quien dice rabioso:
«¡No han de lograr sus efectos
los socorros que le envían
aire, agua, tierra y fuego,
sol, luna, planeta, signos,
por más que sigan su ejemplo
las tropas de las estrellas
y el retén de los luceros!»
Y dando a la Muerte orden
(como a cabo más resuelto
que cerca de su persona
tiene asentado su sueldo)
me embista por un costado,
cara a cara y cuerpo a cuerpo,
me vi con ella tan débil,
que tropezando y cayendo
me retiré hasta que puse
las espaldas en un leño,
que de toda la campaña
era el más árido y yerto,
tanto, que fue arrimar un
esqueleto a otro esqueleto.
Cinco mortales heridas,
aquí en manos, pies y pecho,
me dieron, mas no a tan poca
costa suya que en el mesmo
conflicto, Muerte y contrario
no viese a mis plantas puestos;
de suerte que solo yo,
activo y pasivo, siendo
el muerto y el homicida,
maté la muerte muriendo.
Muerto dos días el mundo
me lloró, pero al tercero,
glorioso a segunda Vida
salir me vio entre los muertos.
Y cantando la victoria
que hasta allí estuvo en secreto,
no solo los calabozos
rompí donde, prisioneros,
tenía el intruso rey
mis nobles vasallos, pero
de la antigua esclavitud
redimí el infame fuero,
a la primera alegría
de su salud reduciendo
todos los hijos de Adán,
con cuyo heroico trofeo,
gloriosamente triunfante,
a ojos de mi Padre vuelvo.
Y como en ausencia mía
es justo que en el gobierno
de esta fábrica inferior
que ya conquistada dejo
haya de quedar quien tenga,
prudente, advertido y cuerdo,
de su política el cargo,
de su milicia el esfuerzo,
al género humano, al hombre
nombro por virrey y dueño,
que en nombre mío gobierne
el restituïdo reino,
que en mi sangre redimido
queda en su libertad puesto.
A quien, para que emplearlos
pueda, granjeando con ellos,
por gajes señalo en cinco
sentidos, cinco talentos.
Y así, que le obedezcáis
a todos mando, advirtiendo,
Al Hombre
ya que de esclavo a señor
pasas, que a mi ley atento
pues süavemente toda
se reduce a dos preceptos,
en justicia y paz mantengas
la plebe de tus afectos,
sin que del rico el poder
del pobre impida el lamento,
pues la hambre y la desnudez,
pobreza y miseria, quiero
sean primeros acreedores
de mis haberes. Y puesto
que contra las invasiones
de contrarios siempre opuestos,
en la plaza de la Iglesia
fortificado te dejo
en la fe de sus catorce
baluartes, previniendo
que de óleo, de pan y vino
tengas siempre bastimento.
Vive en paz y queda en paz
segunda vez advirtiendo
que cuando más descuidado
estés, en el trono excelso
de la majestad vendré,
no como hoy, manso cordero,
sino como león entonces,
quizá enojado y severo,
a tomarte residencia
de todo lo que te entrego.
Con cuyo aviso, la salva
prosiga otra vez, diciendo
allí en bélicos aplausos
y aquí en sonoros acentos,
«que en hora dichosa vuelva,
coronado de trofeos,
a la corte de su Padre
glorioso el Príncipe nuestro».
Bailando y cantando todos, dicen con la Música
MÚSICA
«Vuelva en hora dichosa,
vuelva diciendo
que quien vive triunfando,
triunfa muriendo».
HOMBRE
Una y mil veces, señor,
humilde a tus plantas puesto,
temerosamente osado,
el cargo del orbe acepto;
Hace la ceremonia en manos del Príncipe
y hago homenaje en tus manos
de que en tu nombre le tengo,
para darte cuenta de él
siempre que en tu voz, el eco
a residencia me llame.
PRÍNCIPE
¿Qué fïanza me das de eso?
NATURALEZA
Yo, la gran Naturaleza,
con quien casado le veo,
y tan casado que somos
los dos un alma y un cuerpo,
Señalando a entrambos, hacen reverencia
siendo propio Amor y Vida
legítimos hijos nuestros
pues nacieron de los dos
propio Amor y Vida a un tiempo,
interesada en su honor,
serlo en su obligación quiero,
que no es fineza gozar
los favores sin los riesgos.
Y así, obligaré mi dote,
pues me dio por dote el cielo,
a la entrada de la vida
por puertas del sacramento,
en primer dote, la gracia,
la hermosura y el ingenio,
la ciencia y el albedrío,
joyas de no poco precio;
y más si añado memoria,
voluntad y entendimiento,
segundas prendas del alma.
PRÍNCIPE
Homenaje y fianza acepto.
VIDA
Yo, que soy de ambos la Vida,
de mi parte lo agradezco.
Hace reverencia
AMOR
Y el Amor propio que nace
de los dos hace lo mesmo.
Hace reverencia
PLACER
Hecho un bobo me he quedado
con no sé qué pensamiento
que al calletre me ha venido.
PRÍNCIPE
Al Hombre
A advertirte otra vez vuelvo
que mires que hay residencia.
HOMBRE
Otra y mil veces la acepto.
UNO
Pues con eso, en nombre tuyo,
todos le obedeceremos.
TODOS
¡El género humano viva!
HOMBRE
Decid el Príncipe vuestro,
vasallos.
NATURALEZA
Todo lo diga
la aclamación, traduciendo
salmos en sus alabanzas.
TODOS
¿Cómo?
NATURALEZA
Con David diciendo:
«¡Cuán admirable en la tierra...
TODOS Y MÚSICA
... ¡cuán admirable en la tierra...
NATURALEZA
... tu nombre es, Señor, Dios nuestro!...
TODOS Y MÚSICA
... tu nombre es, Señor, Dios nuestro!...
NATURALEZA
Y pues tu magnificencia...
TODOS Y MÚSICA
... y pues tu magnificencia...
NATURALEZA
... se eleva sobre los cielos...
TODOS Y MÚSICA
... se eleva sobre los cielos...
TODOS
... en hora dichosa vuelva,
coronado de trofeos,
a la corte de su Padre
glorioso el Príncipe nuestro.
Vuelva en hora dichosa,
vuelva diciendo
que quien vive triunfando
triunfa muriendo».
Con esta repetición se entran cantando y bailando delante del Príncipe, tocando al mismo tiempo las cajas y las trompetas, quedando solos el Placer y el Pesar
PESAR
Placer, ¿qué es eso? ¿Pues hoy
es día de estar suspenso?
¿Cómo tú solo no cantas
ni bailas? Pues aun yo, siendo
el Pesar, a pesar mío
canto y bailo conociendo
que es fuerza vivir con todos.
PLACER
A ti te está muy bien eso,
que al fin vives con los más.
Yo, que vivo con los menos,
¿qué mucho, siendo el Placer
me retire, y más teniendo
para estar suspenso causa?
PESAR
¿Qué causa?
PLACER
No hallar mi ingenio,
al ver que ya restaurado
deja el rey al mundo entero
y al hombre por virrey suyo,
con todos sus sacramentos,
de qué ha de ser este auto,
puesto que empezar le veo
por donde acaban los otros.
PESAR
¿Eso te entristece, necio?
PLACER
Pues ¿qué me ha de entristecer
sino ver un argumento
vuelto lo de abajo arriba?
¿No estaba en estilo puesto
que empiece el hombre pecando,
que acabe Dios redimiendo,
y en llegando el Pan y el Vino
subirse con él al cielo,
al son de las chirimías?
Pues ¿cómo hoy no pasa eso?
¿Es mozárabe este auto?
PESAR
Deja locuras, y puesto
que Placer y Pesar somos,
y que es el oficio nuestro
el tener a los humanos
ya tristes o ya contentos,
tras ellos ven.
PLACER
Ve tú, que eres,
aunque pesado, ligero
para alcanzarlos; que yo,
aun cuando me busquen ellos,
haré harto en dejarme hallar.
PESAR
Quédate para grosero,
pues que de rogar te haces.
PLACER
Y tú para majadero,
pues vas donde no te llaman.
PESAR
Por aquí saldré al encuentro.
Divídense
PLACER
Por aquí sabrá de mí
quien tenga por qué saberlo.
Al irse cada uno por su puerta, sale la Culpa, con alusión de demonio, y se encuentra con el Placer, y la Muerte con el Pesar y, deteniéndolos aparte, se turban ambos, sin verse los dos hasta después
MUERTE
¿Adónde vais? Esperaos.
CULPA
¿Adónde vais? Deteneos.
PESAR
¿Quién eres tú, que al Pesar
paras, a tu voz sujeto?
PLACER
¿Quién eres tú, que al Placer
tienes a tu acción atento?
MUERTE
En los humanos pesares
soy quien tiene tanto imperio,
que con sola mi memoria
al más alegre entristezco.
CULPA
De los humanos placeres
soy con mis obras tan dueño,
que aun al daño, con ser daño,
tal vez placer represento.
PESAR
¿Con vuestra memoria?
MUERTE
Es claro.
PLACER
¿Con vuestras obras?
CULPA
Es cierto.
PESAR
Según eso, ¿sois la Muerte?
PLACER
¿La Culpa sois, según eso?
PESAR
Si es Pesar vuestra memoria...
PLACER
Si es Placer el daño vuestro...
MUERTE
Ni lo niego ni lo dudo.
CULPA
Ni lo dudo ni lo niego.
PESAR
Pues ¿en qué puedo serviros?
PLACER
Pues ¿en qué obligaros puedo?
MUERTE
En decirme con qué causa...
CULPA
En decirme con qué intento...
MUERTE
... esa música...
CULPA
... esa salva...
MUERTE
... dice al aire...
CULPA
... dice al viento...
MÚSICA Y ELLOS
«Vuelva en hora dichosa,
vuelva diciendo
que el que vive triunfando
triunfa muriendo.»
PESAR
El Príncipe soberano...
PLACER
El hijo del Rey supremo...
PESAR
... hoy de la Culpa triunfando...
PLACER
... hoy a la Muerte venciendo...
PESAR
... se vuelve lleno de aplausos...
PLACER
... se vuelve de triunfos lleno...
PESAR
... por virrey suyo dejando...
PLACER
... en su libertad poniendo...
PESAR
... al género humano...
PLACER
... al Hombre...
PESAR
... casado...
PLACER
... alegre y contento...
PESAR
... con la gran Naturaleza...
PLACER
... de quien de un parto nacieron...
PESAR
... la Vida...
PLACER
... y el propio Amor.
MUERTE
¡Calla, loco!
CULPA
¡Calla, necio!
Al arrojarlos de sí, truecan lugares, tropezando el uno con el otro; de suerte que cuando la Muerte y la Culpa vuelven a hablar con ellos, se hallan la Muerte con el Placer y la Culpa con el Pesar
PESAR
¡Ay, que me ha muerto, señores!
PLACER
¡Ay, señores, que me ha muerto!
MUERTE
Después...
Aparte
(¡Ay de mí! ¿Qué escucho?)
CULPA
Después...
Aparte
(¡Ay de mí! ¿Qué veo?)
MUERTE
Que yo le dejé expirando...
CULPA
Que yo le vi padeciendo...
MUERTE
¿Triunfante vuelve a su corte?
CULPA
¿Glorioso vuelve a su reino?
MUERTE
Al Placer
Pues ¿cómo, dime, villano...?
CULPA
Al Pesar
Pues ¿cómo, di, infame...?
MUERTE
Pero,
¿quién eres?
CULPA
Mas, ¿con quién hablo?
PESAR
¡Pues yo qué sé!
PLACER
Por aquesto,
sin duda, aquello se dijo
de «otro demonio tenemos».
CULPA
¿Quién eres? Digo otra vez.
MUERTE
Otra vez a dudar vuelvo
quién eres.
PESAR
¿No me conoces,
siendo el Pesar?
CULPA
¿Cómo puedo?
Que si al Pesar conociera
la Culpa, dejara el serlo.
PLACER
Siendo el Placer, ¿quien soy dudas?
MUERTE
No te espantes, Placer, de eso,
que en la Muerte no hay placer
si no hay arrepentimiento.
CULPA
¿No estaba el Placer conmigo?
PESAR
Como lo era, fuese presto.
MUERTE
¿Conmigo el Pesar no estaba?
PLACER
¿Tú sola le echaste menos?
CULPA
Quita, déjame buscarle
supuesto que no le tengo.
MUERTE
Quita, déjame seguirle,
supuesto que le padezco.
CULPA
¿Dónde, Placer?
MUERTE
Pesar, ¿dónde?
Vense ahora la Muerte, la Culpa, el Pesar y el Placer
CULPA
Mas ¿qué miro?
MUERTE
Mas ¿qué veo?
PESAR
Si ellas de verse se admiran,
¿qué haremos los dos?
PLACER
Lo mesmo.
CULPA
¡Muerte!
MUERTE
¡Culpa!
CULPA
¿Aún estás viva?
MUERTE
Sí, que aunque matando muero,
allí fui muerte del alma,
pero aquí lo soy del cuerpo;
mas ¿cómo tú, Culpa, vives?
CULPA
Como aunque allí perdí el serlo,
Con la esperanza de que
volveré a vivir de nuevo
en pecando el hombre, vivo.
MUERTE
¿Y sabes...?
CULPA
Sí, ya te entiendo;
cómo aquel divino humano,
que entrambas dejamos muerto,
restituïdo a la vida,
vuelve triunfante a su reino,
vas a decir.
MUERTE
Es verdad;
mas aun no se cifra en eso
mi dolor, pues añadiera,
si no me ahogara mi aliento,
que deja en su libertad
al género humano dueño
del orbe y...
CULPA
También lo sé,
que al barro, al lodo, al cieno
tanto eleva, que le hace
substituto suyo. ¡Cielos!,
¿al hombre tantos favores,
al ángel tantos desprecios,
que por el hombre padece
y no por el ángel? ¿Fueron
los ángeles más culpados
en su delito primero
que en su primero delito
los hombres? No, pues tuvieron
ansias de ser como Dios
entrambos; pues ¿cómo a ellos
salva y a nosotros no?
En llegando a este misterio
de cuánto le debe más
el hombre que el ángel, quedo
tan sin mí, que el corazón,
quebrándoseme en el pecho,
Etna soy, rayos respiro,
volcán soy, llamas aliento.
PESAR
¿Qué le ha dado a este demonio?
PLACER
Pesar, no hagas caso de eso,
que es un mal que suele darle
cada año por este tiempo,
sin atender que es no haberse
Dios compadecido de ellos,
no ser capaz de perdón
quien no es de arrepentimiento.
CULPA
Pesar y Placer, pues sois
del hombre usados afectos,
decidme quién es el hombre
para que con tanto extremo
de amor se acuerde Dios de él,
ni el hijo del hombre luego,
quién es para visitarle
su Príncipe. ¿Haberle hecho,
en su primera creación,
no bastaba, poco menos
que al ángel, sino también
coronarle sus afectos
de gloria y honor, pasando
su piedad a tanto exceso,
que sobre todas las obras
de su mano, o rey o dueño
o mayordomo o señor,
le constituya, poniendo
a sus pies cuantas criaturas
cifra todo el universo,
desde los brutos del campo
a los pájaros del viento
y los peces de la mar?
Suena dentro un arpa
LOS DOS
David te responda a eso,
sonándote en los oídos
de su lira el instrumento.
VOZ
Dentro
«¡Cuán admirable en la tierra
tu nombre es, Señor, Dios nuestro!»
MUERTE
Escucha, que allá del salmo
vuelven a entonar los versos.
CULPA
¿Por qué en alabanzas suyas
convertís mis sentimientos?
VOZ
Dentro
«Porque su magnificencia
se eleva sobre los cielos».
CULPA
Callad, callad, que David
que me responda no quiero.
PLACER
Pues ¿quién te ha de responder?
CULPA
Job, pues dicen sus lamentos
desvaneciendo esta pompa,
ese fausto desluciendo:
Dentro la Música y el Pobre, cantando
POBRE
«Hombre de mujer nacido
para vivir breve tiempo,
lleno de tantas miserias,
de tantos trabajos lleno,
que apenas como flor naces
cuando vas cual sombra huyendo,
sin que permanecer puedas
nunca en un estado mesmo,
¿qué concepto haces de ti,
de inmunda masa compuesto,
tanto, que dejarte limpio
solo pudo el que te ha hecho?»
MUERTE
Ya de Job, si eso deseabas,
las ansias te respondieron
en la miseria que va
de puerta en puerta pidiendo,
significada en un pobre
mendigo, caduco y viejo.
CULPA
Si allí ver tan rico al hombre
que mi mayor sentimiento,
ver, de consuelo me sirva,
ese vil desnudo afecto
suyo aquí tan abatido;
y pues en sus dos extremos
otra parábola hay más
del pobre y del rico opuestos.
Ven conmigo, que las dos
del trono en que Dios le ha puesto
hemos de arrojar al hombre.
MUERTE
¿Con qué?
CULPA
Con el hombre mesmo.
Su miseria le ha de hacer
la guerra, en tanto (¡ea, ingenio!)
que disfrazadas las dos
sin que llegue a conocernos,
le andemos a todas horas
en los alcances. Ven presto,
no vean por dónde vamos.
MUERTE
Pues ¿no se lo dirán estos?
CULPA
Ciega tú al Placer los ojos.
MUERTE
¿Cuándo yo no se los ciego?
CULPA
Yo los cegaré al Pesar.
MUERTE
¿Cuándo tú no sirves de eso?
La Muerte pone una venda en los ojos al Placer, y la Culpa pone otra al Pesar, y andan los dos a ciegas
CULPA
Ya no dirán de nosotras,
pues andan los dos a tiento.
PESAR
¿Por dónde vas, Placer?
PLACER
Nunca
lo supe, pero ahora menos.
PESAR
Ni yo tampoco.
PLACER
Esto es...
MUERTE
... mortales, hacer acuerdo...
CULPA
... de que el Placer ni el Pesar...
MUERTE
... no tienen seguro dueño.
CULPA
Pues que del rico y del pobre...
MUERTE
... música y gemido oyendo...
LAS DOS
... no saben dónde a dar van
la tristeza ni el contento.
Vanse
HOMBRE
Dentro
¡Prosigan vuestros aplausos!
POBRE
Dentro
¡Prosigan mis sentimientos!
MÚSICA
Dentro
«¡Cuán admirable en la tierra
tu nombre es, Señor, Dios nuestro!
POBRE
Dentro
¡Hombre de mujer nacido
para vivir breve tiempo!»
Sale por medio la Naturaleza, atendiendo a la música del uno y a los gemidos del otro
NATURALEZA
«¡Cuán admirable en la tierra
tu nombre es, Señor Dios nuestro!
Y ¡hombre de mujer nacido
para vivir breve tiempo!»
¿Quién bastará a conformar
dos sentidos tan opuestos?
PLACER
Pesar, ¿por adónde vas?
PESAR
No sé, pues la Culpa ciego
me dejó, y aunque sin tino,
harto es que con nadie encuentro.
NATURALEZA
De aquella dulce armonía
que con mi esposo gozaba,
donde con la vida estaba
y el propio Amor, me desvía
no sé qué acento veloz,
que ha mezclado, compasivo,
de sus voces lo festivo
con lo triste de otra voz.
La Naturaleza humana,
común a los hombres soy;
y aunque más casada estoy
adonde estoy más ufana
con más pompa y más grandeza,
con todo, acudir es bien
al Pobre, porque también
es de mi naturaleza;
y así, entre las dos partida,
los dos me tienen en calma
Al Pobre
porque éste me lleva el alma
Al Placer
y aquél me tiene la vida
¿De cuál, pues, debo cuidar?
Dan con ella el Pesar y el Placer y los descubre
LOS DOS
¿Quién va?
NATURALEZA
Eso he yo de saber.
¿Quién eres?
PLACER
Soy el Placer.
NATURALEZA
¿Tú quién eres?
PESAR
El Pesar.
NATURALEZA
¿Conmigo el Pesar tropieza
cuando yo al Placer encuentro?
Qué mucho, si es de ambos centro
la humana Naturaleza,
que ambos conmigo hayan dado?
Mas decidme, ya que sé
quién sois, al instante, qué
llanto y música he escuchado.
¿Cómo ciegos os veo andar?
LOS DOS
Como, aunque el orbe corremos,
no ni otro no sabemos
dónde vamos a parar;
y así, a uno y a otro disculpa
el dar contigo sin verte.
NATURALEZA
¿Quién cegó al Placer?
PLACER
La Muerte.
NATURALEZA
¿Quién cegó al Pesar?
CULPA
La Culpa.
NATURALEZA
¿Dónde Muerte y Culpa están?
PLACER
Eso tú lo has de saber,
porque Pesar ni Placer
no saben por dónde van;
que a saberlo, para dar
cuenta al llegarlo a entender,
o fuera el Pesar placer,
o fuera el Placer pesar.
NATURALEZA
Enigma es que no he entendido;
mas ¿quien me mete en sabella,
si no he de sacar más de ella
que el cargo de haberla oído?
Y así, suspendida al ver
cantar a un tiempo y llorar,
sea mi pesar Pesar,
sea mi placer Placer;
pues de penas y consuelos
quiere Dios que haga experiencia.
Salen el Hombre, el Amor y la Vida y los Músicos cantando
MÚSICA
«Porque su magnificencia
se eleva sobre los cielos».
HOMBRE
Mudad letra y tono ya,
que el Príncipe se ha ausentado;
hartas gracias le hemos dado
para un cargo que nos da
sujeto a la contingencia
de condicional mudanza,
sobre haber dado fïanza
y haber de dar residencia.
AMOR
Pues ¿qué quieres que cantemos?
HOMBRE
Lisonjas a la belleza
de la gran Naturaleza,
que es a quien todos debemos
este honor.
PESAR
Aparte, al Placer
Ya se resuelve
a pensar que honra y laurel
a ella se debe.
PLACER
Aparte, al Pesar
¡Ay de aquél
a quien Dios la espalda vuelve!
Si eso ha de agradarte más,
vayan canciones de Amor.
Tocan los instrumentos
AMOR
A mí me estará mejor.
HOMBRE
Aparte, a la Naturaleza.
Oíd, ¿con quién, mi dueño, estás?
NATURALEZA
Con el Pesar y el Placer.
HOMBRE
¿El Placer y el Pesar?
NATURALEZA
Sí.
HOMBRE
Pues ¿qué hace el Pesar aquí?
NATURALEZA
¿Qué puede el Pesar hacer,
sino darme a entender que
no hay en el mundo grandeza
que sujeta a la tristeza
o a la lástima no esté?
HOMBRE
Cuando es tanta mi fortuna
que puesto a tus plantas tiene
cuanto el cóncavo contiene
del alcázar de la luna
desde que mudan semblante
los dos ceños de su frente,
una vez hacia el Poniente
y otra vez hacia el Levante.
¿Hay pesar que tu hermosura
entristezca? Pues, villano,
¿no echas de ver que es en vano,
y más cuando Amor procura
que sea todo pasatiempo,
en fe de que soy y he sido...
POBRE
Dentro
«... hombre de mujer nacido
para vivir breve tiempo?»
NATURALEZA
Esta voz es la que aquí
a introducirle llegó.
HOMBRE
Pues por eso sabré yo
de ti arrojarle y de mí
tratándole como ajeno,
pues que me tienen mis dichas...
Va el Hombre a echar el Pesar; suspéndele la voz del Pobre
POBRE
«... lleno de tantas desdichas,
de tantas miserias lleno».
HOMBRE
Mas, ¡ay!, que al quererle echar,
la voz me para.
NATURALEZA
¿Ahora ves
cuán dificultoso es
arrojar de sí un Pesar?
HOMBRE
Amor, échale de aquí.
AMOR
No basto a moverle yo.
Tira de él y no se mueve
HOMBRE
Pues arrójale tú.
Hace lo mismo la Vida
VIDA
No
puede la Vida.
HOMBRE
De ti,
Placer, me quiero valer.
Tú le puedes apartar.
PLACER
Es cierto, pues al Pesar
solo le aparta el Placer.
Vete de aquí, pues aquí
no tienes que hacer.
PESAR
Sí haré,
mas dónde ir a dar no sé,
del Placer echado.
Va el Pesar arrojando al Placer, y él, como tropezando, viene a dar en los brazos del Pobre, que saldrá a este tiempo vestido de mendigo, con un plato, y en él, un papel
POBRE
En mí,
que centro del pesar soy,
pues siempre vino a parar
en los pobres el pesar.
HOMBRE
¿Fue tuya la voz que hoy
escuché?
POBRE
Sí.
HOMBRE
¿Y qué diciendo
vas, que turbas mis solaces?
POBRE
«Que apenas como flor naces,
cuando vas cual sombra huyendo;
y que en este regio abismo
sujeto a mudanzas quedas,
sin que permanecer puedas
nunca en un estado mismo».
HOMBRE
Con esos avisos, di,
¿qué pretendes?
POBRE
Que a tus pies
Arrodíllase
una limosna me des.
HOMBRE
¿Para eso entras hasta aquí?
¿No había puerta en que llamar?
POBRE
Sí, mas pensé que la puerta
estaba para mí abierta,
viendo acá dentro al Pesar.
HOMBRE
Uno y otro os engañáis,
porque si abierta la veis,
no ha sido para que entréis,
sino para que salgáis.
Y así los dos, sin que os vea
más mi esposa ni mi Amor
ni mi Vida, os id.
Échale a empellones
POBRE
Señor,
advertid...
HOMBRE
Dios os provea.
POBRE
Que Dios en aqueste estado
os puso, y que en él os dijo
que los pobres...
HOMBRE
¡Qué prolijo!
POBRE
... amparáseis.
HOMBRE
¡Qué pesado!
NATURALEZA
Tu enojo no le desprecie.
HOMBRE
¿De él se duele tu belleza?
NATURALEZA
Sí, que soy Naturaleza
y es animal de mi especie;
muévate el verle desnudo.
HOMBRE
Será ser, si yo lo impido,
a Dios desagradecido.
NATURALEZA
¿Cómo?
HOMBRE
La razón no dudo.
Si Dios quisiera que no
fuera pobre, Dios le hiciera
rico como a mí, y le diera
el puesto que a mí me dio.
Luego, si es su voluntad
que como pobre padezca,
todo cuanto yo le ofrezca
para su necesidad,
contra la distributiva
justicia será. Y así,
no espere el pobre de mí
más que el Pesar con que viva,
echando de mí a los dos
y quedándome el Placer;
que no he de querer yo hacer
lo que no quiso hacer Dios.
POBRE
Dios quiso que pobre fuera
y que fueras rico, pero
si su piedad considero,
fue porque quiso que hubiera
en los dos mérito cuando,
sus bienes distribuyendo,
yo mereciera pidiendo
y tú merecieras dando.
Y puesto que no eres más
que un cajero de sus bienes
y no tienes los que tienes
tanto como los que das,
socórreme.
HOMBRE
¡Qué importuno!
Nada vuestro afán espere.
POBRE
Ven, Pesar, pues que no quiere
ganar a ciento por uno.
HOMBRE
Volved acá. ¿Cómo es eso
de que no quiero ganar
ciento por uno?
POBRE
¿Dudar
puede nadie el grande exceso
con que el pobre al rico espera
pagar? Pues vendrá algún día
quizá, en que la pena mía
a ciento por uno os diera.
HOMBRE
¿De eso habrá fiador? Que yo
le di y le he de recibir.
POBRE
Mateo, para pedir,
esta facultad me dio.
Enséñale el papel
HOMBRE
Si es el del cambio, ya creo
su abono.
POBRE
Lee y lo verás.
Dásele
HOMBRE
Lee
«Ciento por uno tendrás
si das limosna. -Mateo.»
Ahora bien, siendo esto así,
a logro prestarte quiero
estas monedas.
Échale unas limosnas en el plato
POBRE
Yo espero
pagártelas.
PESAR
Aparte
(¡Ay de ti,
que ambicioso en esta parte
prestas, habiendo entendido
la letra, mas no el sentido!)
POBRE
Pesar, bien puedes quedarte,
que ya conmigo no has de ir.
Vase
PESAR
Pues desde el rico al mendigo
nadie me quiere consigo,
yo buscaré a quién servir.
Vase
NATURALEZA
No te sabré encarecer
cuánto el haber socorrido
al Pobre te he agradecido.
HOMBRE
Pues no hay que me agradecer,
que por el interés yo
las diez monedas le di.
Y ya que el Placer aquí,
ido el Pesar, se quedó,
disponga él algún festejo
en que tú goces mejor,
esposo, vida y amor.
PLACER
Si yo he de dar mi consejo,
ninguno, a mi parecer,
para una dama es más cierto,
que darla crédito abierto
en casa de un mercader
donde gaste, vista y coma;
que si con otros se mide,
el mejor cariño es pide,
y el mejor requiebro, toma.
Y aquí hay uno en cuya tienda
cuanto quieras hallarás,
pues por más que compres, más
a él le quedará que venda.
HOMBRE
¿Cómo se llama?
PLACER
Apetito,
con quien tiene, a lo que creo,
hecha campaña el deseo.
HOMBRE
Ir a verle solicito.
Al Placer
¿Qué esperas, pues? Allá guía.
A la Naturaleza
Ven tú donde mi fineza
de aquel Pesar la tristeza
te ferie por la alegría
de este Placer; que por no
verte triste, es bien pretenda
franquearte toda la tienda
del Apetito.
PLACER
Aparte
(Bien yo
sé cuánto esto alude a Adán
con Eva, pues por no vella
triste, complace con ella.)
NATURALEZA
Aunque de esposo a galán
quieras volverte constante,
dándome a entender, rendido,
que el entrar a ser marido
no es salir de ser amante.
Con todo eso, la fineza
no he de aceptar; que no es
justo que haga tu interés
las paces con mi tristeza.
Al Amor y a la Vida
HOMBRE
Los dos por mí la rogad.
y a los dos también daré
hoy dos alhajas.
A la Naturaleza
LOS DOS
¿Por qué
no estimas su voluntad?
NATURALEZA
No es ser desagradecida,
ser atenta.
AMOR
Dices bien;
pero, con todo eso, ven,
por mi amor.
VIDA
Ven, por mi vida.
NATURALEZA
No he de ir.
AMOR
Mira que es empleo
de cuanto yo solicito
desfrutar al Apetito.
VIDA
Y yo apurar al Deseo.
Cogen el Amor y la Vida a la Naturaleza de la mano, y cuando dice que no ha de ir, se va tras ellos
NATURALEZA
No he de ir; mas ¿de quién movida,
sin mí me lleva mi error?
¡Oh afectos de propio Amor!
¡Oh intereses de la Vida!
¡Qué fácilmente se va
tras vuestra persuasión vana
la Naturaleza humana!
El Hombre, la Naturaleza, el Amor Propio, la Vida, andan por el tablado tras el Placer, que va como sin tino, buscando la casa del Apetito; y salen la Muerte y la Culpa, de damas, con velos en los rostros
HOMBRE
¿Adónde es la casa?
PLACER
Ya
cerca estamos, por aquí
ha de ser. No digo bien,
por estotra parte ven.
Tampoco. El tino perdí.
Placer no debe de ser
ir allá, pues yo me olvido.
NATURALEZA
No es sino que siempre ha sido
olvidadizo el Placer.
MUERTE
Saliendo, aparte a Culpa
(Sin arbitrio y sin sentido
van siguiendo al Placer.)
CULPA
Aparte
(No
es nuevo, ¿quién le siguió
que no anduviese perdido?)
MUERTE
Aparte
(A buena ocasión llegamos,
pues tan sin tino los vemos.)
CULPA
Aparte
(Tápate porque logremos,
ya que este disfraz tomamos,
de él las cautelas más ciertas.)
MUERTE
Aparte
(Si haré, que en la humana suerte,
más daño hacen Culpa y Muerte
cubiertas que descubiertas.)
Échanse los velos y pasan por delante de ellos
PLACER
Pues por aquí es su distrito.
¡Ah, señoras!
HOMBRE
¿A quién llamas?
PLACER
¿No es fuerza saber las damas
dónde vive el Apetito?
HOMBRE
A ellas
¿Dónde vive no diréis
u dónde su tienda está?
CULPA
Los dos vamos hacia allá;
si nos seguís, la sabréis.
AMOR
A la Vida
¿Vio, dime, hasta hoy tu albedrío
igual aire de tapada?
Señala a la Culpa
VIDA
El de quien va acompañada.
AMOR
¡Qué buen aire!
VIDA
¡Qué buen brío!
Señala a la Muerte
MUERTE
Siguiéndonos vienen.
A la Culpa
CULPA
Pues
¿quién de las dos se desvía
siendo el Placer quien los guía?
MUERTE
Aquesta la casa es.
Señala al carro de la tienda
HOMBRE
¿Cómo cerrada la vemos?
PLACER
Debe, al ver gente como ésta,
de ser su día de fiesta.
LA CULPA
Las dos te le llamaremos.
LAS DOS
Cantado
«¡Ah del humano Apetito,
mercader a quien fió
sus Indias el mar, sus aromas el viento,
sus venas la tierra y sus minas el sol!»
Dentro, aparte
APETITO
Responded, mirad quién es
quien llega a mis puertas hoy.
Dentro
MÚSICA
«¿Quién es? ¿Quién da voces?
OTROS
¿Quién viene? ¿Quién llama?
LOS DOS
«El Hombre, su esposa, su Vida y su Amor».
Ábrese el carro de la tienda y se ve el Apetito
APETITO
¡Abrid, abrid al instante!
Pues que para él me entregó...
ÉL Y MÚSICA
«¡... sus Indias el mar, sus aromas el viento
sus venas la tierra y sus minas el sol!»
HOMBRE
¡Oh Apetito!
APETITO
¿Tú, Señor,
aquí?
HOMBRE
A tus puertas me tienes,
que de tus más ricos bienes
me traen Vida y propio Amor
a hacer a mi esposa empleo.
APETITO
Pues llega, que aquí hallarás,
dentro de mi tienda, aun más
que dentro de tu deseo.
¿Qué diamante, que al cincel
resistió, porque le cueste
a los desperdicios de éste
los pulimentos de aquél,
pasando de bruto a bello,
no está en doradas prisiones,
a coronar en airones
los rizos de su cabello?
¿Qué lágrima del aurora,
que el nácar llegó a beberla,
y hallándose después perla,
se ríe de lo que llora,
taladrada a su despecho
al ver cuán burlada está,
de su garganta no huirá,
hecha arroyos por el pecho?
¿Qué oro, qué plata, a experiencia
de afanarlos cada día,
o del torno la porfía
o del yunque la violencia,
hilados para su ufano
traje, no verá jugar
los dibujos del telar
con las tramas del gusano?
¿Qué goma (que hasta hoy no supe
cúya es), de fragancia llena,
da a pensar que la ballena
entre esas peñas la escupe,
sin que haga falta el verano,
con jazmín, rosa y clavel,
no será en curada piel,
blando aroma de su mano?
¿Qué panal, que antes fue flor,
qué vidrio, que antes fue hierba,
no hallará que se conserva
aquí uno en otro, mejor
que cuando entrambos con queja
de robarles su sosiego,
al uno liquidó el fuego
y al otro libó la abeja?
¿Qué cláusulas diferentes,
templadamente süaves,
oyó el álamo a las aves,
escuchó el pino a las fuentes,
que aprendidos sus acentos
no mejoren su destino,
siendo el álamo y el pino
trastes de sus instrumentos?
De suerte que no hay sentido
que aquí no logre su objeto,
pues hallarás con efecto
músicas para el oído,
blandas telas para el tacto,
para el gusto hibleos panales,
para la vista cristales
y aromas para el olfato.
NATURALEZA
¿Qué caudal satisfacer
hay, que en traje de moneda
a cinco sentidos pueda?
HOMBRE
Si a Gregorio he de creer,
ellos los talentos son
que me dieron que emplear,
y los tengo de gastar
todos en esta ocasión
en servicio tuyo.
NATURALEZA
Aunque
no gustosa aquí venía,
ya lo está la ambición mía
con lo que oye y lo que ve;
y con razón, porque ¿quién
gozar esto mereció
con más títulos que yo?
Van subiendo al carro el Placer, el Hombre y la Naturaleza
HOMBRE
Bien dices, con los dos ven,
y pues nada te limito,
triunfa y gasta. Y tú, hasta que
ella satisfecha esté,
no abras la tienda, Apetito;
que yo a pagar me acomodo
cuanto eligiere.
APETITO
No haré,
seguro...
HOMBRE
¿De qué?
APETITO
De que
tú lo habrás de pagar todo.
Ciérrase el carro de la tienda, quedando dentro el Hombre, la Naturaleza, el Apetito y el Placer
VIDA
Amor, ¿tras los dos no vas?
AMOR
Pues divertidos los veo,
esta dama hablar deseo.
VIDA
En mi pensamiento estás,
que yo a estotra...
CULPA
A la Muerte
Hacia ti, advierte,
la Vida se acerca ya.
Vanse acercando la Vida y el Amor hacia las dos
MUERTE
A la Culpa
¿Cuándo la Vida no va
acercándose a la Muerte?
Del Amor propio el ardor
también se viene acercando
hacia ti.
CULPA
A la Muerte
A la Culpa, ¿cuándo
no se acerca el propio Amor?
Hablan Amor y Culpa, Vida y Muerte, divididos dos a dos y sin quitarse ellas los mantos de los rostros
VIDA
Dama a quien no conocí
ni deseo conocer,
porque no pretendo hacer
grosera mi acción, pues fui
tan dichosa que el hallaros
fue a puertas de un mercader.
Dadme licencia de ser
atrevido en suplicaros
que algunas ferias toméis
en mi nombre.
MUERTE
Bien se vio,
no conocerme, pues no
fuérais...
VIDA
¿En qué os suspendéis?
MUERTE
... si me viérais, tan galante.
Como con falsedad
VIDA
¿Con falsedad respondéis?
MUERTE
Algún día lo veréis.
VIDA
Pues libráis para adelante
el verlo, ahora agradecida,
hacedme favor...
MUERTE
¿De qué?
VIDA
De aceptar algo.
MUERTE
Sí haré.
VIDA
¿Qué queréis pues?
MUERTE
De una vida,
que hoy hijo se considera
de familias, me bastó
un manto de humo.
VIDA
¿Pues no
fuera de gloria siquiera?
MUERTE
Éste es el que yo presumo
que bastaréis a pagalle.
VIDA
De gloria puedo alcanzalle.
MUERTE
A mí me basta de humo.
AMOR
Vuelvo a deciros que en qué
puedo serviros.
CULPA
De Amor
propio aceptar fuera error
más que un hábito.
AMOR
¿Por qué?
CULPA
Porque sois menor hermano
de la Vida, claro está,
sin más caudal que el que os da
de alimentos; y así, es llano
que esta atención me disculpa.
AMOR
No pedir más es rigor.
CULPA
Aparte
(No es, pues basta que el Amor
haga hábito a la Culpa.)
VIDA
Ahora bien; voyle a traer,
y de humo, si así espero
serviros.
Vase
AMOR
Ir por él quiero,
ya que hábito ha de ser.
Vase
MUERTE
¡Culpa!
CULPA
¿Qué hay?
MUERTE
Que en humo aquí
las dádivas he librado
de la Vida.
CULPA
Yo he sacado
un hábito para mí.
Y pues a tiempo nos vemos
agora para lograr
nuestras iras, pues gastar
mal los talentos le vemos
al Hombre, tan sin disculpa,
que en Vida y Amor no advierte
dar el uno humo a la Muerte,
y el otro hábito a la Culpa.
¿Qué esperas? De sus alientos
corta el hilo, en ocasión
que del Apetito son
ya todos cinco talentos.
MUERTE
Yo, si en mi mano estuviera
mi libertad, le matara;
pero que no es mía repara
mi acción hasta que Dios quiera
darme licencia; y así
no solo embestirle puedo,
pero este sagrado miedo
me habrá de apartar de ti
por no ver tu desconsuelo.
Vase
CULPA
Pues me falta tu malicia,
pediré al cielo justicia,
que también me oye a mí el cielo:
Hablando con el carro, que será un globo celeste
¡Oh tú, sagrada esfera,
espejo de la hermosa primavera,
que en las sombras y lejos
de cambiantes reflejos
tanto mejoras sus facciones bellas,
que cuando va a ver flores mira estrellas!
¡Azul, verdad que miente! ¡Cristalina
mentira, que verdad dice aparente!
¡Pabellón transparente
del ámbito inferior, en quien termina
líneas la vista! ¡Oh tú, boreal cortina
que al Príncipe contienes,
y no teniendo un haz, dos haces tienes,
siendo a un viso dosel de luces tantas,
y a otro viso escabelo de sus plantas!
¡Adüana del día,
contra los contrabandos de la fría
noche, lámina bella,
en quien esculpe la dorada huella,
ya del carro del sol, ya de la luna,
caracteres que lee nuestra fortuna,
siendo sus desiguales
rasgos padrón de bienes y de males!
¡Oh, tú, mil veces tribunal augusto,
terrible al pecador, afable al justo;
rasga, rasga tus velos,
que sin ver glorias yo, puedo ver cielos;
pues aunque soy la Culpa,
la fe de tu justicia me disculpa
para que intenten penetrar veloces
los roncos ecos de mis tristes voces,
no bien articulados de mi furia,
el solio real de tu celeste curia,
que no es la primer vez que ha entrado en ella,
fiscal mi voz en forma de querella!
Y pues siendo quien soy, eres quien eres,
que me oiga di a tu Príncipe.
Las chirimías y se abre el globo, y se ve en él al Príncipe en un carro triunfal que tirarán un ángel, una águila, un león y un buey, con la mayor majestad que pueda dar de sí el adorno de rayos
PRÍNCIPE
¿Qué quieres?
CULPA
Luego te lo dirá la pena mía
que haya convalecido
del pavor que en mi pecho ha introducido
verte en el carro que Ezequiel te vía
hollando por la etérea monarquía,
sobre tronos de nubes,
tantas aladas tropas de querubes.
Mas ¿para qué plazo ninguno pido,
si siempre hablo troncado mi gemido?
Después que victorioso
de aquella lid saliste
y tu virrey, Señor, al hombre hiciste
del restaurado reino venturoso,
no tan solo pïadoso
socorre al Pobre, pero los talentos
que a él no da sino a logro (hecho delito
lo que fuera virtud), da al Apetito,
por complacer los leves sentimientos
de esa mortal belleza,
de esa caduca, vil Naturaleza,
que, hipócrita fingida,
dejándose llevar de Amor y Vida
que den la Vida y el Amor disculpa
humo a la Muerte y hábito a la Culpa.
Y aunque tu eterna ciencia no lo ignora,
a instancia de mi voz mírale agora;
verás el desperdicio,
avaro a la virtud, pródigo al vicio,
con que dicen veloces
un tiempo sus empleos y sus voces,
«que en la casa del Apetito...
MÚSICA
... en la casa del Apetito...
CULPA
... cada deleite cuesta un sentido,
MÚSICA
... cada deleite cuesta un sentido».
Ábrese el carro, que estará enfrente del globo, y se ve dentro una tienda con sus anaqueles llenos de mercaderías Y en el mostrador, el Apetito escribiendo, la Naturaleza, con cajas de joyas y telas descogidas, que irá doblando y desdoblando; el Placer, el Hombre, a un lado, y los músicos detrás
HOMBRE
Cueste, que bien se emplean,
pues si otros, cuando encarecer desean
dicen que aman rendidos
con sus cinco sentidos,
yo, para deslucillos y excedellos,
podré decir mejor que amo sin ellos.
Placer, tú lo recibe;
Al Apetito
y tú, para que yo lo pague, escribe.
NATURALEZA
Yo lo iré repasando.
PLACER
Yo lo iré recogiendo.
APETITO
Y yo sentando,
y para que al oírlo no le pese,
el ruido de la música no cese.
MÚSICA
«En la casa del Apetito,
cada deleite cuesta un sentido».
Ponen en el mostrador cajas de joyas y lo demás que dicen los versos
NATURALEZA
En perlas y diamantes,
rubíes y esmeraldas, los cambiantes
blancos del sol, verdes tal vez, tal rojos.
APETITO
El tenerlos aquí cuesta los ojos;
y así pongo en la lista
por ellos el sentido de la vista.
Escribe
PLACER
Y aún por eso se dijo...
MÚSICA
«Cada deleite cuesta un sentido».
NATURALEZA
En tabíes y telas los matices
pon, en que se esmeraron más felices
los telares que urdió la primavera;
y en cambrayes y holandas, lisonjera
la blancura que el céfiro se bebe,
creyendo ser los ampos de la nieve.
APETITO
Ya está del tacto aquí el talento puesto.
NATURALEZA
En dulces y perfumes pondrás esto,
lo que le corresponde al precio justo.
APETITO
Los dos talentos del olfato y gusto.
Escribe
NATURALEZA
Pues pon agora el músico sonido,
que me agradó también.
APETITO
Pongo el oído.
NATURALEZA
Esto es lo que halagó mis sentimientos.
HOMBRE
¿Qué monta todo en fin?
Hace que suma la cuenta
APETITO
Cinco talentos,
mostrando que en poder del Apetito...
MÚSICA
«... cada deleite cuesta un sentido».
HOMBRE
Firmaré la partida
con lo más que el Amor llevó y la Vida.
Firma
NATURALEZA
Desvanecida voy de tu fineza.
HOMBRE
Más lo estoy yo mirando tu belleza.
¡Cuánto mejor se emplean los sentidos
aquí, que no del Pobre en los gemidos!
PLACER
Claro está.
HOMBRE
Ya firmé.
APETITO
Pon por testigo
al Placer.
PLACER
Que lo soy digo. Pues digo
que en la casa del Apetito...
MÚSICA
... que en la casa del Apetito...
PLACER
... cada deleite cuesta un sentido.
Ciérrase el carro con la música y con todos los que están en él
CULPA
¿Qué espera tu paciencia,
viendo tan disipado
el caudal que le has dado
para no le llamar a residencia?
Justicia, pues, te pido.
Sale la Muerte
MUERTE
Y yo, licencia,
que pues la Culpa ya le hizo los cargos,
es justo hacer la Muerte los embargos.
PRÍNCIPE
¿Justicia pides? Soy quien soy, no puedo
negarla, y la licencia te concedo
para que tú los cargos le publiques,
A la Culpa
la residencia tú le notifiques,
A la Muerte
sin que excedáis los dos de la licencia,
mientras yo voy a pronunciar sentencia.
Y pues la alegoría
bosquejo es hoy del más tremendo día,
den al hombre desmayos
los truenos, los relámpagos y rayos,
y teman su delito
cuantos en casa están del Apetito
gastando los talentos,
que hay quien les fiscalice los alientos.
Ciérrase el carro del Príncipe
CULPA
Pues en sus cargos ya licencia adquiero,
el olvido de Dios será el primero,
y los testigos que citar presumo,
serán...
La Vida y el Amor, con unos papeles, con manto y hábito Al llegar a las dos y verlas descubiertas se estremecen, a cuyo tiempo se hace en todos los cuatro carros ruidos de terremoto, y van saliendo, como asombrados, el Hombre, la Naturaleza, el Pobre, el Placer, el Pesar y el Apetito
AMOR
Aquí está el hábito.
VIDA
Aquí el humo.
AMOR
Mas ¿qué miro? ¡Qué horror!
VIDA
¡Qué ansia!
LOS DOS
¡Qué hielo!
CULPA Y MUERTE
Ya que me ves, oye el pregón del cielo.
AMOR
Jurara ¡pena fuerte!
que vi mi Culpa.
Terremoto
VIDA
Yo, que vi mi Muerte.
LAS DOS
Aún mejor lo dijera la experiencia,
a no tener cuartada la licencia.
Terremoto
VIDA
Por no verte, agradezco
este mortal eclipse que padezco.
Terremoto siempre
AMOR
Yo, la pálida niebla
que envuelve el orbe en lóbrega tiniebla.
HOMBRE
¿Qué horrible sombra fría
a media tarde se alza con el día?
Sale
NATURALEZA
¿Qué extraño terremoto
los estatutos de la luz ha roto?
Sale
Arrecia la tempestad
POBRE
¿Qué mortal parasismo
a las bóvedas llama del abismo?
Sale
PLACER
¿Qué no esperada guerra
amotina los senos de la tierra?
Sale
PESAR
¿Qué huracán con tan suma
fuerza, funda en el mar montes de espuma?
Sale
APETITO
¿Qué no visto portento
incendio es de los átomos del viento?
Sale
MUERTE
¡Aún a mí me confunde
creer que toda esta máquina se hunde!
CULPA
¡Aún a mí me estremece
creer que toda esa fábrica fallece!
AMOR
¡Qué pasmo!
VIDA
¡Qué terror!
HOMBRE
¡Qué ira!
NATURALEZA
¡Qué espanto!
POBRE
¡Qué ansia!
PLACER
¡Qué pena!
PESAR
¡Qué dolor!
APETITO
¡Qué llanto!
TODOS
¿Qué será esta violencia?
PRÍNCIPE
Dentro
¡Es el pregón que llama a residencia!
Y para que mejor lo sepáis, ¡huya
la sombra, y el día al día restituya!
Con estos medios versos y el terremoto, que estará siempre repetido, se confunden encontrándose unos con otros, de suerte que al salir el Príncipe se hallan abrazados el Amor y el Placer, el Pobre y el Pesar, el Apetito y la Naturaleza, el Hombre y la Culpa, la Muerte y la Vida, suspendiéndose todos en su acción
HOMBRE
¡Señor!, tú, pues...
PRÍNCIPE
No prosigas,
que aunque mi justicia suma
dio orden de hacerte los cargos,
antes que mi piedad justa
pronunciase la sentencia,
ver mi corte tan confusa
me basta para saber
cuán mal de mi poder usas.
Y claro está, pues al tiempo
que tú en mi nombre los juzgas,
al primer aviso mío
que pavoroso los turba,
hallo que tu propio amor
a ciegas al placer busca,
cuando el mendigo que yo
te encargué, al pesar se ajusta.
Pero ¡qué mucho que ambos
a sus afectos acudan,
si acudiendo a sus afectos
tú y la aleve esposa tuya,
a ella la hallo, cuando el pasmo
de mi venida os asusta,
en brazos de su Apetito,
y a ti en brazos de tu Culpa!
Sólo la Muerte y la Vida
no se erraron en la obscura
confusión; pero ¡qué mucho
que entrambas cayesen juntas,
si no está en su voluntad
ni huir ni aceptar la lucha!
que como se buscan siempre,
no saben errarse nunca.
Vuelve la vista a mirar,
para que más te confundas,
este desorden, que en todos
hizo el tuyo se introduzca.
Vuelve la vista.
Como ciego, y así en lo demás
HOMBRE
¿Qué vista,
si la he enajenado?
PRÍNCIPE
Escucha.
¿Qué he de escuchar, si el oído
corrió la misma fortuna?
Con turbación, sin cobrarse nunca
PRÍNCIPE
Muévete a mi voz.
HOMBRE
No puedo.
PRÍNCIPE
Habla.
HOMBRE
Está la lengua muda.
PRÍNCIPE
Siente siquiera.
HOMBRE
El sentido
del sentir en mí aún no dura.
Quédase inmóvil
¡Todos, todos me han faltado!
PRÍNCIPE
¡Oh Apetito, cuánto frustras
mi imagen, pues va a ti viva,
y me la vuelves difunta!
APETITO
Yo vendo; mire quien compra
los precios a que se ajusta.
Desabrázanse todos
POBRE
Mirando al Hombre
¿Quién vio igual letargo? Nada
en su descargo articula.
NATURALEZA
Id
¡Ay de mí, que hecho una estatua
imperfectamente bruta
boca tiene y no respira,
lengua tiene y no pronuncia,
plantas tiene y no se mueve,
tiene oídos y no escucha,
tiene manos y no toca,
tiene labios y no gusta,
tiene ojos y no ve,
tiene olfato y no le usa,
siendo del ídolo Bel
la diabólica escultura,
y yo, ¡ay de mí!, contra quien
todo este pasmo resulta.
PRÍNCIPE
Al Hombre
¿No me das disculpa?
HOMBRE
No,
no la tengo.
PRÍNCIPE
Piensa alguna,
que como disculpa sea,
la aceptaré.
Con turbación, y sin cobrarse nunca
HOMBRE
Solo una
se me ofrece.
NATURALEZA
Aparte
(Si él la tiene,
cierta será mi ventura.)
PRÍNCIPE
Dila, pues.
HOMBRE
Que de mi error
la mujer tuvo la culpa.
PRÍNCIPE
A la Naturaleza
En fin, tú eres la primera.
¿Y la segunda disculpa?
NATURALEZA
¿Qué hará si no le valió
la primera, la segunda?
HOMBRE
Por no verla triste, ¡ay cielos!
empeñé en lisonja suya
el caudal de los talentos.
Su cantidad es tan suma,
que yo no basto a pagarla;
y así, o espérame o busca
tú cómo cobrar de mí;
que yo, apelando a la fuga,
pediré a los montes abran
las entrañas de sus grutas,
para ocultarme en su centro,
Quiere huir y no puede
bien que en vano lo presuma,
pues aunque me vista de alas
y desde estos montes huya
de esotra parte del mar
por los páramos de espuma,
en los abismos me esconda
y aun a los cielos me suba,
en cielos, montes y abismos,
aires, piélagos y grutas,
allá alcanzará tu mano.
PRÍNCIPE
¿Posible es no te disculpas,
ni en tu descargo te acuerdas
de alguna partida?
HOMBRE
Una
tengo no más.
PRÍNCIPE
¿Y qué es?
HOMBRE
Que
la mujer tuvo la culpa.
Presente Justicia, ve
tras él.
Vase
JUSTICIA
En lóbrega, obscura
prisión le tendré hasta ver
mandamiento de soltura.
HOMBRE
Otra disculpa, Señor,
tiene. Yo en su nombre supla
la falta de su memoria.
PRÍNCIPE
Di.
POBRE
Que a mi desdicha suma
socorrió con diez monedas.
CULPA
No fue limosna, fue usura.
PRÍNCIPE
Dice bien, limosna a logro
más que me ofende, me injuria.
A la Naturaleza
Y puesto que su respuesta
a él no absuelve y a ti acusa,
en tanto que de su alcance
las cantidades se ajustan,
la Culpa lo fiscaliza
y la Muerte lo ejecuta,
aunque por deudas no puede
presa estar mujer ninguna
podéis hacer en su dote
excursión de bienes. Cumpla
la deuda hasta donde alcance,
pues se obligó en la Escritura,
donde la Escritura dijo
que eran dos en carne una.
La gracia, Culpa, la embarga.
De ella, pues, la destituya
tu primera ejecución.
Tú, Muerte, embarga hermosura,
ciencia, voluntad, memoria
y entendimiento, y, en suma,
de todos los naturales
dotes suyos, la desnuda.
Sea de sí misma sombra
yerta, pálida y caduca,
y hasta sus hijos se vendan
y esclavos, giman y sufran,
andando de puerta en puerta
sin que hallen piedad alguna
que satisfaga su hambre
ni que su desnudez cubra.
¡Quitádmelos de delante!
LAS DOS
Vamos de aquí.
Asen de ella la Culpa y Muerte, y ella forcejeando con ellos sigue al Príncipe, que habrá vuelto la espalda
NATURALEZA
¡Aguarda, escucha!
¡Señor, Señor, no la espalda
vuelvas, pues es fuerza cumplas
tu palabra!
Vuelve el Príncipe el rostro a lo largo
PRÍNCIPE
¿Qué palabra?
NATURALEZA
Tú dijiste, voz es tuya,
que en cualquier hora que gima
el pecador, en tu justa
piedad hallará tu oído;
y en otro lugar pronuncias
que del pecador la muerte
no quiere tu bondad suma,
sino antes que se convierta
y viva. Si esto divulgan
una y dos veces tus labios,
¿en qué ocasión más segura
puedo yo valerme de ellos?
Y más, si atiendes, si apuras,
que la disculpa que no
supo dar la torpe, ruda
voz de mi esposo, quizá
daré yo.
PRÍNCIPE
Pues ¿hay disculpa?
NATURALEZA
Sí, Señor, disculpa hay.
PRÍNCIPE
¿Cuál es?
Arrodíllase la Naturaleza a los pies del Príncipe
NATURALEZA
Confesar la culpa,
y arrastrando por la tierra
yerto el pecho, la voz muda,
torpe el labio, balbuciente
la lengua, pálida y mustia
la tez del rostro, embargado
el aliento y mal enjutas
las mejillas, porque al ver
que ya el corazón no pulsa,
cuanto las lágrimas mojan,
los suspiros se lo enjugan,
suplicarte consideres
que si mi esposo me acusa,
tu piedad me absuelve, pues
contra la acusación suya,
si él hace la culpa mía,
yo con más prudente industria
hago mía tu piedad,
en cuya distancia, en cuya
diferencia es fuerza exceda
siempre lo más al que arguya
«que entre piedad y culpa,
la culpa es mía y la piedad es tuya».
Levántase
La Naturaleza humana
soy en común, a quien juran
por virreina tus vasallos.
Si cuando mi ser ilustras,
en particular, me hallas
más casada con la augusta
majestad que con la humilde
pobreza, pon en disculpa
de este error, el acordarte
de aquella primera cuna
en que nací. Barro fue,
quebradiza masa inmunda,
hija del lodo y el aire.
Vuelve el Príncipe las espaldas
Pues ¿qué mucho, siendo hechura
de tan liviana materia,
que livianamente acuda
a mi natural y llame
achacosa mi fortuna,
de parte del limo, polvo,
de parte del soplo, pluma,
a puertas del Apetito,
del aplauso y la ventura,
y no a las de la miseria?
Y más, viviendo tan juntas,
que errara el Placer la casa,
a no guiarle la astucia
de ese disfrazado áspid
Señala a la Culpa
que siempre en flores se oculta.
Bien que hoy no ha de valerla,
si es que noto en la verdura
de este de lágrimas valle,
nueva flor tan limpia y pura
que no deja que a su sombra
mortal veneno se encubra;
y con ponerme yo a Ella,
es fuerza que esté segura,
pues solamente a mostrar,
alba del alba, madruga,
«que entre piedad y culpa,
la culpa es mía y la piedad es tuya».
Y cuando de mis errores
satisfacerte presumas,
¿contra quién los rayos vibras?,
¿contra quién la espada empuñas?
¿Contra una hoja que arrebata
cualquier céfiro? ¿Contra una
arista que cualquier aura
adonde quiere la muda,
tu poder obstentas? ¡No,
no, señor! Vuelva la aguda
cuchilla a la vaina, y ya
que mis yerros te disgustan,
castígame como padre,
no como juez me destruyas;
y si, amenazado el golpe,
es fuerza que le sacudas
pues que me hiciste de barro,
mira cómo le ejecutas,
porque en mi culpa se vea,
porque en tu piedad se induzca,
«que entre piedad y culpa,
la culpa es mía y la piedad es tuya».
Va el Príncipe volviendo la espalda y ella tras él postrada, y Muerte y Culpa tras ellos
De mis naturales dotes,
obligada es la escritura
a las deudas de mi esposo,
mandas que me destituyan,
¡que vendan mis hijos mandas!
Uno ni otro no rehúsan
mis ya rendidos afectos;
que aunque la carne repugna,
el espíritu está pronto,
conociendo que no es mucha
antelación que me quite
hoy sentencia que es tan justa,
aquello que ha de quitarme
mañana la sepultura.
Pero, Señor, si entre aquesta
resignación, que absoluta
hago de mi voluntad
en tus manos, tiene alguna
instancia la apelación,
permíteme que se cumpla,
suplicándote que en sola
una parte, o borre o supla
tu enojo de aquel decreto
la cláusula en que pronuncias
que de tu gracia (aquí el pecho
tiembla, aquí el aliento duda,
el corazón se estremece,
el cabello se espeluza,
y trepidando los dientes,
les hace el temblor que crujan),
que de tu gracia también
me priven. Y no presumas
que el propio interés me mueve
por esperar, si la anulas,
gozar tu gloria; que, como
la gracia me restituyas
y en odio tuyo no sea
padecer cuantas futuras
edades tu eternidad
por siglos de siglos dura,
todo el horror del infierno
ni me acobarda ni asusta,
porque no temo, no temo
tanto el padecer sus furias,
como el ver que el padecerlas
ha de ser en ira tuya.
¿Tú aborrecerme, Señor,
y yo aborrecerte? ¡Oh, nunca
la humana Naturaleza
llegue a tanta desventura!
Va volviendo el rostro el Príncipe hacia ella, y al irse acercando, se van retirando Muerte y Culpa
Y pues sola esta esperanza
los dos extremos aúna
de mi culpa y tu piedad,
para que quede segura,
oigan tus criaturas todas,
vean todas sus criaturas
«que entre piedad y culpa,
la culpa es mía y la piedad es tuya».
Enternécese el Príncipe
Parece que lloras, sí
¡Albricias, alma, que nunca
castiga con rigor, juez
que con lágrimas escucha!
Ea, hijos, ahora es tiempo;
echaos a las plantas suyas,
que dos veces que lloró,
al resucitar fue una
a Lázaro; y otra, cuando
a Jerusalén anuncia
su destruición y, pues llora,
o es porque siente sin duda
la mía o es porque quiere
resucitarme difunta
Arrójalos a los pies del Príncipe
Ea, propio Amor y Vida,
pues vuestra madre os repudia,
cuando Vida y propio Amor
en manos de Dios renuncia,
la vida de vuestro padre
le pedid. ¿Cómo tú dudas
postrarte, Apetito? Pues
el día que mi ternura
postra Vida y propio Amor,
¿qué Apetito no se frustra?
Arroja al Apetito a sus pies Al Pobre
Tú de mi angustia te duele,
pues sabes lo que es angustia.
A ti no te pido nada,
A Muerte y Culpa, que se retiran
ni a ti, hasta que descubra
que al mismo paso que él
se acerca, los vuestros huyan.
Vosotros, afectos míos,
llegad, llegad en mi ayuda,
Al Pesar y al Placer los postra de la misma suerte, y han de estar todos de forma que hagan una cruz, y la cabeza de ella ha de ser el Príncipe; la Muerte y la Culpa no entran en esta planta
y nadie extrañe que a un tiempo
Pesar y Placer me acudan,
pues como dijo Augustino
en las Confesiones suyas,
es tan justo mi pesar
que de ver que me consuma
tengo placer; de manera
que haciendo que se confundan
ambos extremos, me pesa,
y del pesar me resulta
el alegrarme; con que
si de por sí cada una
de sus pasiones me aflige,
me alivian entrambas juntas.
Y pues ya todos postrados
os miráis, todos a una
voz la libertad pedid,
o la espera del que en dura
prisión la Justicia ha puesto.
Vean cielos, sol y luna,
hombres, aves, fieras, peces,
montes, mares, riscos, grutas,
«que entre piedad y culpa,
la culpa es mía y la piedad es tuya».
TODOS
¡Piedad, Señor!
MÚSICA
¡Piedad!
TODOS
«Pues cosa es justa...
MÚSICA
... pues cosa es justa...
TODOS
... que habiendo culpa y piedad...
TODOS Y MÚSICA
... vean cielos, sol y luna,
hombres, aves, peces, fieras,
montes, mares, riscos, grutas,
que entre piedad y culpa,
la culpa es nuestra y la piedad es tuya».
MUERTE
Suspenso el rey ha quedado,
A la Culpa
y antes que su bondad suma
le dé espera o libertad,
verás acabar mi furia
con él.
Detiene la Culpa a la Muerte
CULPA
¿Dónde vas? Espera,
aguarda.
MUERTE
¿Tú lo repugnas?
CULPA
Sí.
MUERTE
Pues ¿antes no decías
que ejecutara mi dura
saña en él?
CULPA
Estaba entonces
la Naturaleza suya
en delicias, ahora en llantos;
con que dos veces me injurias,
entonces, porque te tardas,
y ahora, porque te apresuras.
NATURALEZA
Volved, volved a las voces,
que quizá lo que le excusa
para no responder, es
querer que otra vez y muchas
suenen del llanto las quejas,
porque en las orejas suyas
no hay música como el llanto,
y así digan todas juntas...
TODOS
¡Piedad, Señor!
MÚSICA
¡Piedad!
TODOS
«Pues cosa es justa...
MÚSICA
... pues cosa es justa...
TODOS
... que entre piedad y culpa...
MÚSICA
... que entre piedad y culpa...
TODOS Y MÚSICA
... la culpa es nuestra y la piedad es tuya».
Levántalos a todos
PRÍNCIPE
Alza del suelo, ¡oh humana
Naturaleza!, y enjuga
el llanto, cierta de que
la apelación que procuras
está aceptada, que fuera
consecuencia mal segura
que durara más mi enojo
de lo que tu llanto dura.
Por ti le he de dar espera
para ver cómo procura
ingeniarse desde aquí
a satisfacer la suma
cantidad de sus alcances.
Y así, no prosigas, Culpa,
la instancia contra él, pues ya
tu facultad es ninguna
el día que borra el llanto
los cargos. ¿Cómo rehúsas
lágrimas, mortal, si ves
que aun antes que lidien, triunfan?
Tú, Muerte, la ejecución
suspende ahora.
MUERTE
¡Que esto sufran
mis rencores!
CULPA
¡Que esto, penas,
a escuchar lleguen mis furias!
MUERTE
Pues ¿cómo...?
PRÍNCIPE
Nada me digas.
CULPA
Pues ¿cuándo...?
PRÍNCIPE
Nada me arguyas.
Al Pobre
Ve tú con mi moratoria
a la prisión. De las duras
cadenas quita los lazos
y absuelve las ataduras,
con advertencia de que
la espera de que Dios usa
es para que satisfaga,
pero no para que incurra
Yéndose
en nuevos daños, notando
que el plazo que le promulga,
si no le aprovecha, no
le goza, sino le usurpa.
NATURALEZA
Si antes de necesitada,
de agradecida ahora, suban
tus alabanzas al cielo.
AMOR
¡Angélicas en él, puras
sustancias de tu piedad
te den gracias!
VIDA
Sí, que mudas
nuestras voces sólo pueden
decir al aire confusas...
TODOS Y MÚSICA
«que entre piedad y culpa,
la culpa es nuestra y la piedad es tuya».
Vanse el Príncipe, la Naturaleza, el Amor Propio, la Vida, el Apetito y el Pesar
POBRE
Vente conmigo, Placer,
a mostrar cuánto me gusta
ser yo quien le dé esta nueva.
PLACER
¡Miren qué heladas y mustias
que se han quedado las dos!
¿Qué se hizo, damas nocturnas,
aquello de: «Volcán soy,
humo exhale y fuego escupa?»
¿Qué es del hábito y el manto?
Vanse los dos
CULPA
¡Que esto mi cólera sufra!
MUERTE
No desesperes, que el hombre
es tan ingrata criatura,
que de hoy absuelto, mañana
volverá a ti.
CULPA
¿Y si tú anudas,
en tanto, su aliento?
MUERTE
A mí
solo me toca sañuda
la muerte, no que la Muerte
le coja en gracia o en culpa.
Vase
CULPA
A mí sí, y haré que en él
nuevo espíritu se infunda,
que sus sentidos posea
y sus potencias desluzca.
Vase Salen el Pobre, el Placer y la Justicia, de dama, con vara dorada
POBRE
¡Ah de la cárcel!
Saliendo de un carro, que tendrá una reja como de cár-cel en la puerta
JUSTICIA
¿Quién llama
a esta lóbrega espelunca?
POBRE
Quien a ti hoy ministro suyo
de parte del rey te anuncia,
según presente Justicia,
sus órdenes distribuyas
y en su libertad al Hombre
pongas.
JUSTICIA
Ser tú quien pronuncias
el decreto, basta. Vuelve
a ver del sol la luz pura,
Al Hombre, que va saliendo de la cárcel, con cadenas, que le quita la Justicia
que yo te pongo a estas puertas,
porque en esta coyuntura
veas entre luz y sombra
quién te aflige y quién te ayuda.
Vase
HOMBRE
¿Quién tan piadoso conmigo
anda, que me restituya
al día?
POBRE
¿Quién puede ser,
sino quien todo lo alumbra?
El rey te concede espera,
con que con el tiempo acudas
a pagar lo que pudieres
de aquella deuda.
HOMBRE
Aunque es mucha
la piedad, la conveniencia
más me parece que es suya
que no mía. ¿Para que
le pague espera?
POBRE
Es, sin duda,
que aunque la culpa te absuelve,
no el reato de la culpa,
que éste ha de satisfacerse.
HOMBRE
Y aun por aqueso, sin duda,
eres tú con quien envía
la moratoria, pues juzga
que cobrando yo de quien
me debe a mí, iré la suma
satisfaciendo que yo
le debo a él. Y así, procura
pagarme lo que me debes
con lo que me reditúa,
ciento por uno, porqué
con esta cantidad tuya
empiece a ir pagando yo.
POBRE
No tan literal traduzcas
la letra, pasa al sentido
místico de la Escritura.
HOMBRE
No ahora en místicos me metas,
que eso es bueno al que lo estudia.
POBRE
Mira que el ciento por uno
que yo he de dar, no se funda
en real moneda.
HOMBRE
¿No fue
real la que digo?
POBRE
Es, sin duda.
HOMBRE
Pues real sobre real me paga.
PLACER
Aparte
(Volvióse el hombre a la usura.
¡Oh frágil Naturaleza,
qué poco tu fervor dura!)
HOMBRE
¿Dónde está el ciento por uno
que has de volverme?
POBRE
¡Oye, escucha!
HOMBRE
¿Qué he de escuchar? ¿Qué he de oír?
De mí cobran sin ninguna
piedad, pues ¿por qué no tengo
de cobrar yo? ¿Es por ventura
de peor crédito mi deuda?
POBRE
Mira...
HOMBRE
O págame o mi furia
dándome a entender que es plata
la blanca nieve que inunda
tu pecho, la arrancará
de él, añadiendo en menudas
hebras, átomos, que al viento...
Al embestirle, se pone en medio el Placer
POBRE
¡Ay de mí!
PLACER
Al Hombre
No así consumas
a quien de tu libertad
trae el decreto.
HOMBRE
Fue industria
de quien para que le pague,
quiere que cobre.
PLACER
Es locura.
POBRE
Tu voz tal no diga.
HOMBRE
Pues
sin decirlo, si eso acusas,
quedaréis en la prisión
que yo tuve.
Arrástrale hacia la prisión
POBRE
¡Suerte injusta!
HOMBRE
Y hasta que pagues...
POBRE
¡Qué pena!
HOMBRE
... pues que yo pago.
POBRE
¡Qué injuria!
PLACER
Espera, pues que te esperan.
HOMBRE
No tú, villano, me arguyas;
pague quien debe.
Maltrata a los dos
NATURALEZA
¿Qué es esto?
¿Así tratas al que busca
tu perdón?
HOMBRE
Quítate tú,
aleve, esposa perjura,
causa de todos mis males.
Apártala
NATURALEZA
Mal me pagas las angustias
con que di espera a tus penas.
AMOR
Mira...
HOMBRE
¿Tú también la ayudas?
VIDA
Advierte...
HOMBRE
No advierto nada.
POBRE
¿Ninguno me vale?
HOMBRE
No huyas
de mi cólera.
Alcánzale y quiere maltratarle. Sale el Príncipe
PRÍNCIPE
¿Qué es esto?
POBRE
Nada, señor.
(No descubra
Aparte
mi ultraje su ingratitud.)
PRÍNCIPE
Aunque su error disimulas,
no basta. ¿Qué es esto, digo?
HOMBRE
¿Qué ha de ser? ¿No es cosa justa
que pues tú cobras de mí
lo que yo te debo, acuda
yo a cobrar de quien me debe?
PRÍNCIPE
No.
HOMBRE
¿Por qué razón?
PRÍNCIPE
Por muchas.
Tú me debes infinito
precio a mí, y a ti te debe
el mendigo precio leve.
Yo, aunque cobrar solicito,
tiempo a la deuda permito.
Tú no, luego que me ofendas
es fuerza cuando pretendas
mis acciones imitar,
pues aprendes a cobrar
sin que a perdonar aprendas.
¿Estaba más lejos, di,
la deuda en que tú vivías,
que no la espera que habías
ya recibido de mí?
Luego si juntos te di
ejemplar para cobrar
y ejemplar para esperar,
eligió mal tu albedrío,
puesto que el ejemplo mío
no te sirvió de ejemplar.
¿No he enseñado a tus errores
el que digas cada día:
«Perdona la deuda mía,
bien como yo a mis deudores»?
Pues ¿cómo es posible ignores
que tú mismo has pronunciado
la sentencia a tu pecado?
pues en tu acción se incluyó
que el que no perdona no
merece ser perdonado.
Y porque mejor se vea
en los ejemplares dos,
lo que va del hombre a Dios
último decreto sea
que Dios al pobre provea,
pues quien le aparta infelice,
que «Dios le provea», dice,
y el que dice le «perdone
como Él perdona», se expone
a ver que se contradice.
El que no perdona, él
a sí se juzga; y así,
Al Hombre
lo que pensaba por ti
suplir mi piedad de aquel
gran tesoro, ¡oh siervo fiel!
Al Pobre
habré de suplir por vos,
porque se vea en los dos,
tú debiendo y yo esperando
Al Hombre
tú afligiendo y yo pagando,
lo que va del hombre a Dios
¡Culpa!
Sale la Culpa
CULPA
¿Qué es lo que me mandas?
PRÍNCIPE
¡Muerte!
Sale la Muerte
MUERTE
¿Qué es lo que me ordenas?
PRÍNCIPE
Que pues el que no perdona
no es capaz de perdón, vuelva,
atado de pies y manos,
a poseer la tinieblas
exteriores, donde nunca
los rayos de la luz entran.
Tú, Placer, al Pobre, al triste,
que perdona a quien le apremia,
y disimulando agravios
hace mérito la ofensa,
lleva a más feliz mansión,
donde en segura paz tenga
el premio de sus fatigas,
porque los mortales vean,
perdonando al que perdona,
despreciando al que desprecia,
que si hay justicia, hay piedad,
y si hay castigo, hay clemencia.
PLACER
Ven, Pobre feliz.
POBRE
¡Quién, cielos,
darte las gracias supiera!
Vase
MUERTE Y CULPA
Ven, ingrato.
HOMBRE
¡Quién no hubiese
sabido lo que es riqueza!
Llévanle
VIDA
¡Ay de mí, infeliz!
NATURALEZA
Mi Vida
en brazos del Pesar muerta,
ha fallecido.
Cae la Vida desmayada en brazos del Pesar, y el Amor, en los del Apetito
AMOR
¡Ay de mí!
NATURALEZA
Y el Amor propio tras ella,
en brazos del Apetito;
con que helada, absorta y yerta,
la Naturaleza humana
ya ni respira ni alienta.
Cae en los brazos del Príncipe
PRÍNCIPE
Sí alienta y respira puesto,
humana Naturaleza,
que si hoy en particular
esposa te representas
del ingrato, más casada
con el fausto y la grandeza
que con la necesidad,
la desdicha y la miseria,
no en común, pues en común
eres capaz de la enmienda,
y mudando afectos, puedes
conseguir de mi clemencia
que a mejor amor y Vida
hoy tu Vida y Amor vuelvan.
NATURALEZA
Si es que el llanto puede hacer...
Llora
... nuevo Amor y Vida nueva.
Yo le sacrifico.
PRÍNCIPE
Y yo
le acepto.
VIDA
¿Qué luz es ésta
que me ilumina?
Vuelve en sí
AMOR
¿Qué rayo
el que me ilustra?
CULPA
Si queda
ya su esposo en la prisión
y ella obligada a la deuda,
¿cómo es posible que Vida
y propio Amor convalezcan
del error de eterna culpa
al gozo de paz eterna,
y siendo tan infinito
el alcance de la cuenta,
el que ella le satisfaga?
PRÍNCIPE
Satisfaciendo por ella
el infinito caudal
del tesoro de la Iglesia.
MUERTE
¿Qué tesoro puede haber
a infinita recompensa?
PRÍNCIPE
El de mi cuerpo y mi sangre
sacramentado en la tersa
blanca hostia de aquel pan
y cáliz. Y porque veas,
lo que va del hombre a Dios
vuelve los ojos a esa
prisión donde está el Placer
que tuvo el rico en aquesta
vida, hecho eterno pesar,
y el Pesar que tuvo en ella
el Pobre, eterno placer;
pues sentándose a mi mesa,
su hambre y su sed satisface,
cuando en obscuras tinieblas
tomara el rico que sola
una gota de agua fuera
refrigerio de su sed;
diciendo, cielos y tierra,
al repetir de mis voces
la pronunciada sentencia:
«De estos ejemplares dos...
Música y representado
MÚSICA
... de estos ejemplares dos...
PRÍNCIPE
... mirad la distancia, pues...
MÚSICA
... mirad la distancia, pues...
PRÍNCIPE
... lo que va de uno a otro es...
MÚSICA
... lo que va de uno a otro es...
PRÍNCIPE
lo que va del hombre a Dios
MÚSICA
lo que va del hombre a Dios
En lo bajo del carro de la cárcel se ve al Hombre, en prisiones, y al Pobre, sentado en lo alto a una mesa, en trono real, con el Santísimo Sacramento en ella
HOMBRE
¡Ay de quien ya no es posible
merezca ni desmerezca!
POBRE
¡Feliz cuanto padecí,
pues que ya es gloria la pena!
AMOR
A tanto misterio, el propio
Amor, desnudo, confiesa
de sus afectos su culpa.
CULPA
Y su Culpa al verle, tiembla.
VIDA
La Vida, a tanto prodigio,
enmendada le venera.
MUERTE
Y la Muerte convencida
de otra eterna vida, tiembla.
PESAR
El Pesar vuelto Placer,
de tanto asombro se alegra.
PLACER
Y el Placer, vuelto Pesar,
no haberle amado le pesa.
APETITO
El Apetito se postra,
enmendado en sus ofensas.
NATURALEZA
Con que queda engrandecida
toda la Naturaleza.
PRÍNCIPE
Con que siendo aqueste auto
que al que perdona se premia,
bien podemos esperar
perdón de las faltas nuestras,
todos a una voz diciendo
en dulces tonos y letras...
TODOS Y MÚSICA
«... de estos ejemplares dos
mirad la distancia, pues
lo que va de uno a otro es
lo que va del hombre a Dios».
Tocan chirimías y se da fin al auto
CC0 1.0
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Rechtsinhaber*in
Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

Zitationsvorschlag für dieses Objekt
TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Lo que va del hombre a Dios. Lo que va del hombre a Dios. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbch.0