Primero soy yo
Comedia Famosa

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

  • DON GUTIERRE
  • DON ÁLVARO
  • DON VICENTE
  • LISARDO, viejo
  • GONZALO, gracioso
  • FADRIQUE, bandolero
  • LAURA, dama
  • HIPÓLITA, dama
  • JUANA, criada
  • INÉS, criada
  • BANDOLEROS
  • GENTE

Jornada Primera

Salen, por una parte, don Gutierre, Fadrique y bandoleros; y por otra, Gonzalo.
Gutierre
¿Quedan ya en la quinta?
Gonzalo
Aún no,
y ya en vano los aguardas.
Gutierre
Pues ¿quién era quien venía
en la carroza?
Gonzalo
Su hermana.
Gutierre
¿Luego, ya su hermana está
con ellos?
Gonzalo
Una criada
con quien, antes de servirte,
tuve no sé qué barajas
de paso me dijo ahora,
llegándome a una ventana
a mirar quién había entrado,
que doña Hipólita, a causa
de una grave enfermedad,
dejó el convento en que estaba
seglar desde niña, y vino
a convalecer a casa
de sus hermanos, y como
es preciso, a fuer de dama,
ser su mal melancolía,
solicitando aliviarla
salió esta tarde a la quinta.
Gutierre
Según eso, mi esperanza
hasta otra ocasión es fuerza
suspenderla y dilatarla.
Gonzalo
Antes pienso que a las manos
se ha venido.
Gutierre
¿Cómo?
Gonzalo
Aguarda.
Pues di: ¿qué venganza puedes
tomar de los que te agravian,
mayor que en su honor? Y puesto
que aquí estás con gente y armas,
y que tienes a la quinta,
por donde sabes, entrada,
a tiempo que tienen ellos
donde no sabes, a Laura,
¿qué esperas? Su hermana está
sola en ella, y...
Gutierre
Calla, calla,
villano, ¡que vive el cielo!,
que te mate, si me hablas
en tan infame acción como
fuera atreverme a las aras
del honor de mi enemigo;
porque, si bien se repara,
tener mi enemigo honor
es tener honor mi fama.
Y así, Fadrique, podrás
con tu gente a la campaña
volverte; que yo, en habiendo
otra ocasión más hidalga,
te avisaré.
Fadrique
Aunque yo siempre
–deudor de aquella pasada
ocasión en que me diste
vida y honor, cuando Italia
nos vio en más nobles empresas
manejar más nobles armas–
vengo a tu orden, cumpliendo
con tan puntosa ignorancia
con la necia ley del duelo,
que dice que al que se valga
de mí nada le pregunte,
con todo eso, dispensada
su severidad, pues quien
la alega no la quebranta,
te he de pedir que me des
licencia para que salga
de una duda.
Gutierre
Sí doy.
Fadrique
Pues
aunque no ignoro que andas
desterrado de Valencia,
por reconocer ventajas
al bando de tus contrarios,
siendo una desierta casa
de monte sagrado tuyo,
ignoro qué es lo que trazas
llamándome a aqueste bosque
con todos mis camaradas.
Y así te pido me digas,
por que, entendida la causa,
mejor acuda a su efecto,
a qué vengo.
Gutierre
Si me hallas
a la vista desta quinta,
bien como serpiente cauta;
si ves que envío a saber
a quién la carroza traiga,
y que no siendo ellos, digo
que te vuelvas, ¿cómo extrañas
que, si fueran ellos, fuera
tu venida a que acabara
de una vez con todos, puesto
que, siendo su plaza de armas
esa casa de placer,
donde, para que no hagan
escándalo en la ciudad
sus juntas, por partes varias
deudos y amigos concurren
mil tardes y donde tratan
de sólo acabar conmigo?
¿Qué duda hay de que te traiga
a acabar con ellos yo?
Y para que no te haga
dificultad la osadía
de embestir dentro en su casa
a tantos, tan prevenidos
como se sabe que andan,
sabrás... Pero para esto
retirar tu gente manda.
Fadrique
Idos todos, y esperad
de aquese monte en la falda.
Vanse los bandoleros.
Gutierre
Sabrás que esa quinta tuvo
para conductos del agua
una mina que, ya ciega,
el tiempo en sus ruinas guarda.
Esta, pues, reconocida
de mí, haciendo confianza
de un ingeniero, dispuse
que de noche trabajara
en aclararla, siguiendo
las veredas de la zanja
siempre cubierta la tez
del légamo y de la lama.
Hízolo así, y vino a dar
la luz de un resquicio clara
vista a la deshecha obra
de una fuente que, tapada
de verdes hiedras, desmiente
la sospecha de que haya
quiebra en ella; de manera
que teniendo yo hecha entrada
por donde sobre seguro
los asalte, cosa es clara,
guardándome tú las puertas,
que nadie con vida salga.
Sola una dificultad
resta ahora, y es que hagas
concepto, viéndome hacer
diligencias tan extrañas,
de que es la nueva ocasión
que a tanto empeño me arrastra
segundo trance de honor.
Pues no, Fadrique, te engañas,
si lo piensas; de amor es,
no de honor; mas ¿qué le falta,
si es de amor, para que sea
de honor? Que en duelos del alma
el que me agravia en el gusto
casi en el honor me agravia;
mayormente cuando son
mis celos de tan villana
calidad como pensar
que me han robado una dama,
sin saber, viva ni muerta,
della desde que una infausta
noche... Pero aquesto es ir
tocando noticias varias:
y pues, perdida la tarde,
unas a otras se enlazan
las memorias, por tu vida
que des licencia que salgan
a desahogarse, no solo
desde donde tú no alcanzas,
mas aun desde donde sabes;
porque quieren ver mis ansias,
ya que afligen padecidas,
si referidas descansan.
Bien te acordarás de aquel
suceso que de mi patria
me desterró en mis primeros
años; que no es menos larga
mi vida que mi desdicha,
pues desdicha y vida, hermanas,
del vientre de mi fortuna,
nacieron de un parto entrambas.
Bien te acordarás que fue
de mi destierro la causa,
seguir mi ofendido honor...
Permíteme aquí hacer pausa,
que, aunque a decirlo voy todo,
para esto el valor me falta;
que no hay valor que repita,
aun vengado, una desgracia
tan causal como fue
antes de ceñir espada
tratarme como muchacho,
porque arrojando la pala
en la pelota, no quise
pasar por no sé qué falta.
En fin, en busca, ¡ay de mí!,
de don Jerónimo de Ansa,
primero enemigo mío,
ya lo sabes, pasé a Italia,
donde en una compañía,
siendo los dos camaradas,
me debiste la fineza
que yo olvido y que tú guardas.
No hallando aquí a mi enemigo,
tras él pasando a Alemania,
llegué al Albis a ocasión
que la majestad cesárea
de Carlos, de cuyo sol
es primera luz el Alba,
tenía su ejército contra
el de Sajonia en campaña.
En tercio de don Fadrique
de Toledo senté plaza.
Tocome en la marcha un día
la hilera de la vanguardia;
y haciendo alto a no sé qué
rotas fuertes barbacanas
de la artillería, que iba
en el cuerpo de batalla,
bordoneando la pica,
a ella me arrimé, con gana
de que me hallase indefenso
alguna de muchas balas
que ya de las baterías
del enemigo alcanzaban
nuestros escuadrones, cuando
siento que a un costado avanzan
tropas de caballería
que iban cubriendo la marcha.
Volví el rostro, más al ruido
de las bridas y corazas
que en desordenado son
unas crujen y otras tascan
que al de la curiosidad
de ver qué escolta nos guarda,
cuando veo que el primero
batallón le gobernaba,
capitán de él, mi enemigo,
y sin reparar en nada
–pero ¿cuándo en viles riesgos
nobles cóleras reparan?–,
saliéndome de la hilera,
contra él la pica calada,
le dije, por que llevase
sabido quién le quitaba
la vida, que este consuelo
aun no perdoné a mi rabia:
«Muere, traidor». Él entonces,
batiendo al bridón la ijada,
caló el can a la pistola;
no dio lumbre al dispararla;
conque, de caballo y pica
unidas las dos contrarias
violencias, al primer bote,
falseando el arnés, la falda
de la greba, entre el arzón
y el borrén salió a la espalda
sangriento el hierro, cayendo
por encima de las ancas.
Pedazos me hicieran todos,
claro está, si no llegara
en esta ocasión el Duque,
que distribuyendo andaba
las órdenes para que
el ejército esguazara
el Albis; bien que impedían
el esguazo siete barcas,
que al continuado tesón
de las repetidas cargas
eran sobre la corriente
siete volcanes del agua
que, a pesar del nuevo centro,
fuego escupen, humo exhalan.
Apenas oyó el suceso
cuando, conclusa la causa,
mandó que a un árbol me ahorquen;
que no tienen más demandas
en la provincia de Marte
los procesos de campaña.
Mas desasido de todos,
pude arrojarme a sus plantas,
no pidiéndole la vida,
sino solo que otorgara,
diciendo quién era, que
un cuchillo mi garganta
dividiese; porque fuera
infelice circunstancia
morir perdiendo la honra
quien moría por cobrarla.
Púsole en estimación
la desesperación vana
de morir noble, y queriendo
saber de paso la causa,
se la dije tan aprisa
que sin costa de palabras,
la cara le enseñé, solo
descolorida la cara,
como quien dice: «Ya della,
el postizo color falta».
Las cejas arqueó, y tomando
por achaque de su clara
piedad qué linaje había
de darme de muerte, manda
a una escuadra que me vuelva
preso a los cuerpos de guardia.
No sé yo qué orden llevó
secreta; pero la escuadra
sé que no tuvo conmigo
el cuidado que se encarga
en semejantes prisiones:
pues divertida, con maña,
me dio escape, y cuando todos
pensaron que le lograra
puesto en fuga, volví al frente
de banderas, donde en altas
voces dije: «Ea, españoles,
hoy es día que la fama
nos elija por asunto
de la vitoria más alta.
Siete barcas el esguazo
del Albis nos embarazan,
en cuyo pasaje estriba
fijar nuestro gran monarca
en sus sienes la corona.
Pues ¿qué espera, pues qué aguarda
vuestro no imitado heroico
valor?». Y echándome al agua,
tras mí otros seis españoles
se echaron con las espadas
en las bocas, y abordando
uno a cada una, tanta
fue la confusión, que puestos
en desorden los que estaban
de guarnición, presumiendo
–gracias a las siempre vagas
nieblas del Albis– que había
quien nos guardase la espalda,
unos sobre otros cayeron
al río. ¡Gloriosa hazaña!
Las mismas, pues, que antes fueron
contra nosotros murallas,
puentes ya en nuestro favor,
facilitaron la entrada
del opuesto margen. Dejo
los trances de la batalla,
pues basta saber que dio
la honra al César, la alabanza,
la prisión al de Sajonia
y la vitoria al de Alba;
que vencidos los rebeldes
y la ocasión acabada,
dos veces airoso y noble
pude dar vuelta a mi patria.
En ella, pues, don Vicente
y don Álvaro de Ansá,
hermanos del muerto, al verme
resucitaron la saña,
buscando siempre ocasiones
en que pudiesen lograrla.
Yo, prudentemente atento,
procuré siempre apartarlas,
no concurriendo con ellos
en calle mayor ni en plaza.
En este medio –aquí entra
aquella cita pasada
de amor; que siendo mi vida
novela, ya le hace falta;
que novela sin amor
es como cuerpo sin alma–
puse los ojos en una,
bien que pobre, ilustre dama,
tan discreta como hermosa;
pero no, como se canta,
puedo proseguir diciendo:
«tan amante como amada»;
pues, a mis penas esquiva,
a mis finezas ingrata,
aún no le permitió al ruego
el aire de la esperanza.
Pero como la porfía
aceros y piedras gasta,
sin quedar menos divina,
pude verla más humana,
dándome licencia que
algunas noches la hablara,
por la nota de la calle,
a una pequeña ventana
que de su cuarto a un jardín
cae desde una pieza baja.
Destas, pues, acaso una,
en el festejo empeñada
de unas amigas, me dijo
que a otro día le enviara
el coche para ir al Grao.
Hícelo así, y en su playa,
conociendo que era mío,
al estribo llegó a hablarla
don Álvaro, en ocasión
que yo a lo largo pasaba,
y pareciéndome que era
grande desaire en mi cara,
por el lado del estribo
llegué, diciéndole: «Anda,
cochero». «No andes», le dijo
él; pero, entre su amenaza
y mi mandato, partió;
conque, quitada la valla
que hacía el coche, su lugar
ocuparon las espadas.
No a poner paz, como suelen,
llegó la gente que estaba
en el muelle, sino antes
a encender la lid, a causa
de que al vernos se ponían
de su banda u de mi banda.
Tanta fue la confusión,
y la bulla, en fin, fue tanta,
ya de muertos, ya de heridos,
que obligó que del real salga
el virrey a desparcirlas;
y aun pienso que no bastara,
a no ayudarle la noche,
entre cuyas sombras pardas
yo, acordado de que es
en todo trance la dama
la primera obligación
–por si acaso la alcanzaba,
siendo conocida, parte
del escándalo–, a su casa
fui primero que a la mía.
Apenas, pues, la criada
la puerta entreabrió a mi seña,
cuando yo...
Ruido dentro.
Hipólita
dentro
¡El cielo me valga!
Juana
dentro
¡Jesús mil veces!
Gutierre
¿Qué estruendo
hurta a mi voz las palabras?
Fadrique
Aquel corredor se viene
todo abajo con dos damas.
Gutierre
¿Quién podrá no socorrerlas,
siendo noble?
Gonzalo
Quien repara
que, pendiente el paredón,
segunda ruina amenaza.
Gutierre
Por eso es más el empeño,
antes que sobre ellas caiga.
Fadrique
Yo te seguiré.
Vanse los dos.
Gonzalo
Yo no;
que, aunque es mi querida Juana
–de dos la una, como apuesta–,
es mi ligereza tanta,
que quiero dar a los dos
dos caídas de ventaja.
Sale don Gutierre con Hipólita en brazos, y Fadrique con Juana.
Hipólita
¡Ay de mí, infeliz!
Desmáyase.
Gutierre
Señora,
alentad; que ya apartada
del riesgo, podéis segura
pedir vuestro aliento al aura.
Juana
¡Ay de mí también!
Fadrique
También
podéis vos cobrar el habla;
que ya en salvo estáis.
Gutierre
Fadrique,
llega; ayúdame a llevarla
a su coche.
Fadrique
A Juana
Esperad vos,
que es fuerza ir donde me llaman.
Juana
Ve aquí por lo que no puede
caer una doncella honrada
el día que cae su señora.
Gonzalo
Sí puede, mi caída Juana;
que estoy yo aquí.
Juana
¡A muy buen tiempo,
después de ausencia tan larga,
que aun a quién sirves no sé!
Gonzalo
Pues ¿qué mejor, si reparas
en que me debes la vida?
Juana
Pues ¿eres tú el que me amparas?
Gonzalo
No; pero soy el criado
del amo del camarada
que te ha librado.
Juana
Gonzalo,
trae de aquese arroyo agua.
Gonzalo
¿En qué? Si no es que el sombrero
búcaro de fieltro haga...
Juana
Toma aquesa bolsa turca,
Gonzalo, donde la traigas.
Gonzalo
Familiar, no veas que dejo
por la turca la cristiana.
Vase.
Juana
(¡Que con una pierna coja
y con una mano manca,
destrozada una cadera,
me dejen todos! ¡Mal haya
yo, si cayere en mi vida
otra vez que caiga mi ama!).
Hipólita
¡Jesús mil veces!
Gutierre
Albricias;
que ya el aliento restaura.
Sale Gonzalo con el agua.
Gonzalo
Aquí está el agua.
Juana
Ya no es
menester.
Gonzalo
¿Cómo no? Juana,
para ti fui yo por ella:
toma.
Juana
Eso darás tú, el agua.
Gonzalo
Es lo que ha menester más
quien, por estar asomada
dio tan gran traspiés.
Hipólita
Si deja
el susto algún uso al alma,
aprovecharle será
razón, puesta a vuestras plantas.
Gutierre
¿Qué hacéis, señora? Mirad
que es daros por no obligada
querer que os vuelva a la tierra
quien de la tierra os levanta.
Hipólita
Ninguna demonstración,
por más estremos que haga,
sobra a mi agradecimiento.
Gutierre
¿Como os sentís?
Hipólita
Aliviada
del susto, no del dolor,
mas siempre muy obligada.
Y por que empiece a mostrarlo,
doña Hipólita de Ansá
soy: ved ahora si puedo,
siendo noble, ser ingrata
a la deuda de mi vida.
Gutierre
Mucho agradezco que haya
sido tanta mi fortuna
que en tan gran sujeto caiga.
Hipólita
Decid vos quién sois y en qué
puedo libraros la paga
de aqueste agradecimiento.
Gutierre
Dos cosas vuestra voz manda:
que diga quién soy y pida;
una que obedezca, basta.
Hipólita
Será decirme quién sois,
y no pedir.
Gutierre
Os engaña
el ir hacia lo mejor;
porque, la suerte trocada,
sin decir quién soy, os pido
que, la carroza cobrada
lo más presto que podáis,
deis la vuelta a vuestra casa.
Tomad el coche, y adiós.
Ve tú por él.
Álvaro
dentro
Para.
Vicente
dentro
Para.
Hipólita
Estos mis hermanos son
que yo esta tarde esperaba.
Gutierre
Pues adiós.
Hipólita
Ya que de mí
no queréis llevar las gracias,
esperad; las llevaréis
dellos.
Gutierre
Fuera acción muy baja
querer agradecimiento
de nadie, que dicha tanta
como serviros, yo a mí
que me la agradezca basta.
Vamos, Fadrique; que aunque
no era la ocasión muy mala,
los dos a los dos, no quiero,
dando otro susto a esta dama,
desquitarme tan aprisa.
Fadrique
Digno sagrado los valga.
Vanse él, don Gutierre y Gonzalo.
Salen don Álvaro y don Vicente.
Hipólita
¿Qué, hombre, cielos, tan atento
es el que...?
Álvaro
Hipólita...
Vicente
Hermana...
Álvaro
¿Qué fue esto?
Vicente
¿Qué ha habido?
Hipólita
Una
bien venturosa desgracia.
Saliendo a ese mirador
a fin de esparcir mis ansias,
conmigo cayó...
Juana
Y conmigo,
¿no?
Hipólita
...de suerte que, llevada
de él, fue el golpe menor; pero,
a no haber quien me sacara
lo pendiente de la ruina
que tras sí el balcón arranca,
me hubiera muerto.
Vicente
¿Quién fue
para agradecerle tanta
fineza?
Hipólita
Un hombre, que apenas
me libró, cuando la espalda
volvió.
Álvaro
Puesto que el seguirle
no es ahora de importancia,
por hacer las prevenciones
a tu salud necesarias...
Hola, llega esa carroza,
ponte en ella, y vete a casa;
que tras ti vamos los dos.
Juana
¿No hay quien dé una mano a Juana?
Hipólita
Ven, Juana.
Juana
¿Qué es eso?
Hipólita
No
sé; pero pienso que...
Juana
Habla.
Hipólita
Que sé a quién debo la vida,
y que no sé a quién pagarla.
Vanse las dos.
Álvaro
Solo esta desdicha, cielos,
al número le faltaba
de tantas como mi vida
a un tiempo padece para
acabar con mi paciencia.
Vicente
Aunque confieso que hay hartas,
la principal, por lo menos,
treguas da al dolor.
Álvaro
¿Cuál llamas
la principal?
Vicente
No acabar
con don Gutierre, en venganza
de nuestro difunto hermano;
pues tenerle ausente basta
para entretener siquiera
nuestro rencor.
Álvaro
Calla, calla;
y puesto que hay otra que,
si no la excede, la iguala,
no seas tú el que me consueles,
pues eres tú el que me matas.
Vicente
¿Yo?
Álvaro
Sí.
Vicente
¿Cómo?
Álvaro
Si sabías
que en la Seo vi una dama
tan hermosa, que no fue
primero verla que amarla;
si sabías que siguiendo
su hermosura soberana,
supe quién era y que era
en nombre y vitoria Laura;
y si sabes que la hallé
tan dulcemente tirana
que aun no la debí mirarme,
tanto, que si la apuraran,
pienso que mi nombre ignora;
si siendo, en fin, la que estaba
aquella tarde en el Grao,
y la que, llegando a hablarla,
sin reparar cúyo fuese
el coche ni el que pasaba,
dio ocasión a que saliera
a luz la no tibia llama
de nuestras vivas cenizas;
y tú, buscando en su casa
a don Gutierre esa noche,
los dos escándalos causas
de su fuga y de mis celos,
pues pretendiendo librarla
del padre, carga con ella,
para que della no haya
sabido, muerta ni viva,
¿qué te admira, qué te espanta
que de ti me queje? Pues
importa poco que salga
desterrado de Valencia
por temor de nuestras armas,
si dondequiera que está,
está con tan gran ventaja
que me tiene en su destierro
presa la mitad del alma.
Vicente
Oye, espera.
Álvaro
¿Para qué?
Vicente
Para que te satisfaga.
En una conversación
al anochecer estaba
el día que a ti en el Grao
te sucedió la trabada
lid que, ya sabida, fuera
impertinencia el contarla.
En busca de don Gutierre
salí; y viéndome con gana
de encontrarle, alguno dellos
me dijo: «Yo sé dónde ama
y acude todas las noches».
Yo, viendo que a asegurarla
iría aquélla más que otras,
con su noticia y mi rabia
fui a la calle, donde apenas
me asomé, cuando a la escasa
luz de la luna le vi,
a tiempo que una criada
la puerta abría a su seña.
¿Qué te admira, qué te espanta,
que por ti o por mí cerrase
con él, y que...?
Disparan dentro.
Gente
dentro
Ataja, ataja.
Álvaro
¿Qué es aquello?
Vicente
A lo que veo,
toda la justicia anda
corriendo unos bandoleros
que dese monte a la falda
estaban.
Álvaro
Vamos de aquí;
que, aunque tenga tolerancia
la justicia con nosotros,
desde que sabe que falta
don Gutierre de Valencia,
con todo eso, es bien la cara
guardarla; porque no es noble
ni digno de honor y fama
quien salvo no la venera
y delincuente la aguarda.
Vicente
Vamos; que por el camino
proseguiré lo que falta.
Gente
dentro
¡Al monte, al valle, a la selva!
Fadrique
dentro
¡Fadrines, a la montaña!
Vanse.
Salen Hipólita y Inés.
Inés
¡Que no quieras descansar
un punto!
Hipólita
Yo bien quisiera,
¡ay, infeliz!, si pudiera;
pero es tan grande el pesar
que apoderado del pecho
se alimenta de la vida
que, mal hallada vestida
y mal hallada en el lecho,
en ninguna parte estoy
mejor ni peor, ni sé
dónde mi descanso esté,
pues dondequiera que voy
va conmigo mi tormento.
Inés
Mejor Juana lo trazó.
Hipólita
¿Cómo?
Inés
Como aun no llegó,
cuando se acostó al momento.
Pero una dama, señora,
de un anciano acompañada,
en esa cuadra tapada
ha que espera más de un hora,
por si puede hablarte.
Hipólita
Llegue.
Salen Lisardo y Laura pobremente vestida.
Lisardo
Dadme, señora a besar
vuestra mano.
Laura
(¡Qué pesar!).
Hipólita
Levantad.
Lisardo
Aunque no niegue
que mi pretensión ahora
no llega a buena ocasión,
temo que la dilación
la estorbe; y así, señora,
perdonad...
Laura
(¡Pena cruel!).
Lisardo
...si ya tiempo no esperó.
Hipólita
¿Qué queréis?
Lisardo
Mejor que yo
os lo dirá este papel.
Hipólita
Lee
«Prima y señora mía: Habiendo de vivir en tu casa,
donde es preciso aumentar la familia
que no habías menester en este convento,
a nadie podrás recibir con más satisfacción
en tu servicio que a Laura, hija de Lisardo,
a quien la fortuna ha puesto en obligación de servir;
y porque sé que mi ruego es la mejor autoridad
para su conveniencia, te lo suplico, fiada en que,
siendo él el pretendiente, has de ser tú la agradecida.
Dios te guarde».
Por cierto, cuando no fuera
mi prima quien lo mandara,
por vuestras canas deseara
que la pretensión tuviera
alguna dificultad,
porque hubiera qué vencer;
mas con todo, es menester,
dándoos yo mi voluntad,
que don Álvaro mi hermano
dé su licencia. Y así
podéis esperarle ahí.
Lisardo
Llega a besarla la mano,
Laura.
Laura
Dadme –(¡qué rigor!)–
la mano a besar. (¡Qué pena!).
Hipólita
A Inés.
Levante, amiga. (¡Qué buena
cara!).
Inés
Así, así.
Hipólita
Mal mi amor
duda que todos tendrán
a bien que en casa se quede;
y así, desde luego puede.
Vos esperad, mientras van
mis justas obligaciones
a responder a mi prima
cuánto este cuidado estima.
Vanse Hipólita e Inés.
Laura
Llora
¡Ay, fortuna, en qué me pones!
Lisardo
No llores; que esto ha de ser.
Laura
No lloro, ni fuera justo,
porque me oponga a tu gusto,
sino sólo por temer
que tan grande novedad
como intentas, contra mí
resulta. ¿Quién quieres, di,
que haya en toda la ciudad
que, oyendo que de tu casa
me arrojas y que a la ajena
me traes, dude que tu pena,
bastarda hija de mi escasa
fortuna, no sea nacida
de mi culpa?
Lisardo
Bien está.
Laura
Pues ¿o la tengo, o no?
Lisardo
Ya
basta, Laura, ...
Laura
¡Ay de mi vida!
Lisardo
...que yo ni dudo ni creo
mi inocencia ni tu culpa;
mas creo, y dudo, que disculpa
mi desdicha a mi deseo.
Yo no puedo resistir
con fuerza, orgullo o valor
la osadía y el furor
de alguien que he visto asistir
a mis puertas noche y día,
siempre viva estatua dellas.
Laura
¿Quién?
Lisardo
Don Gutierre Centellas;
y aunque creo que su porfía
contigo no habrá tenido,
claro está, ningún lugar,
¿cómo es posible dudar
que allí le busque ofendido
de los Ansás el valor
y que resulte en mi casa
de lo que allá a ellos les pasa
la nota y el deshonor?
Sale Inés con un papel.
Inés
Dásele.
Llevad vos esta respuesta.
Lisardo
No llores más, por mi vida.
Vase.
Inés
Y vos seáis bien venida,
hermosa beldad, a esta
casa, donde hemos las dos
de ser amigas.
Laura
En mí...
Hipólita
dentro
Inés.
Inés
Mi ama llama. Aquí
os estad. Adiós.
Laura
Adiós.
Vase Inés.
¿Quién creerá –(hable yo conmigo,
pues que no tengo con quién)–,
¡ay, Gutierre!, que me den
la casa de tu enemigo,
que me defienda de ti?
¡Qué poco de ti importó
que me defienda, si no
me defiende a mí de mí!
Sale don Álvaro.
Álvaro
Por presto que procuré
seguir a Hipólita, hubo
ocasión que me detuvo
en que a mi hermano dejé,
por adelantarme yo,
que como al alma la quiero;
y ya por saber me muero
si ha convalecido o no
con los remedios
Laura
Repara en don Álvaro y tápase.
(¡Qué vi!
Sin duda, me ha conocido
por mi padre, y me ha seguido
este hombre).
Álvaro
(¡Tapada aquí!).
Señora, ...
Laura
Repara en don Álvaro.
(¡Cielos! ¿Qué haré?).
Álvaro
...decidme lo que mandáis,
y ved que en vano os tapáis
aquí de mí.
Laura
(Cierto fue
que me conoció).
Álvaro
Y pues vengo
a esta ocasión, ...
Laura
(¡Ay de mí!).
Álvaro
...hablad: ¿Qué queréis?
Laura
(Yo aquí
otro remedio no tengo.
Hablarle claro deseo,
antes que vean, ¡muerta estoy!,
que viene tras mí). Yo soy,
pues ya lo sabéis.
Descúbrese.
Álvaro
¡Qué veo!
Perdido y hallado dueño,
y hallado antes que perdido,
si a buscarme habéis venido
para que de aquel empeño
que en el Grao ocasión fui
y en vuestra casa causé
os asegure, y en fe
de quien soy venís de mí
a valeros, bien hacéis;
que alma, vida, hacienda, honor,
todo es muy poco en favor
vuestro, y así, bien podéis
decirme qué me mandáis;
que en albricias de que no
don Gutierre os tenga, yo
haré cuanto me pidáis
con tan rendida atención,
que de costa os tenga al vella,
decilla, y eso porque ella
no vea la imaginación.
Decid, pues: ¿qué me queréis?
¿Qué mandáis? Hablad, pedid.
Laura
Sola una cosa.
Álvaro
Decid.
Laura
Que os vais, y que me dejéis,
pues que mi fortuna escasa
así me tiene. Idos, pues,
antes que os vean.
Álvaro
(¡Bueno es
despedirme de mi casa!).
Si os habéis arrepentido
de haber venido a buscarme
o es solo a desengañarme,
reconozco vuestro olvido;
excusada diligencia
ha sido.
Laura
¿A buscaros yo?
Álvaro
A esta casa, ¿por qué no
lo he de pensar?
Laura
La licencia
que en seguirme habéis tomado,
¡queréis así disculpar!
Álvaro
Como vos la de pensar
que aquí no me habéis buscado.
Laura
Mucho he extrañado el oíros.
Álvaro
Bien como yo el escucharos.
Laura
Que yo no vengo a buscaros.
Álvaro
Ni yo tampoco a seguiros.
Laura
Pues, si eso a los dos nos pasa,
idos, aunque a otra busquéis,
o yo me iré.
Álvaro
¿Adónde habéis
de iros por ahí?
Laura
En mi casa,
¿por dónde voy preguntáis?
Álvaro
¡Vuestra casa!
Laura
Esta lo es.
Álvaro
Huélgome saberlo.
Laura
Pues
sabedlo, y no lo sepáis
para volver: idos presto.
Álvaro
No sólo no me he de ir,
pero ni vos, sin decir...
Laura
Soltad.
Álvaro
¿Cómo?
Laura
Ved...
Sale Hipólita.
Hipólita
¿Qué es esto?
Laura
Yo..., cuando... (¿Qué he de decir,
viendo que al primer instante
tras mí se viene un amante?).
Álvaro
(Algo me importa fingir).
¿Cómo no estás recogida?
Hipólita
Por no melancolizarme
más, no he querido acostarme;
que importa poco mi vida.
Pero a los dos, ¿qué ha obligado
tan presto a alguna querella?
Álvaro
(¿Cómo no ha extrañado el vella?).
Laura
(¿Cómo el verle no ha extrañado?).
Hipólita
¿Qué ha sido esto?
Álvaro
Que tapada
aquí esta dama encontré;
qué mandaba pregunté,
y viéndola recatada,
porque eché al manto la mano,
se enojó.
Hipólita
No hiciste bien
en guardarte de él.
Laura
Pues ¿quién
es?
Hipólita
Don Álvaro, mi hermano.
Laura
(¿Esto más? ¡Hado cruel!).
El no haberle conocido
bastante disculpa ha sido
para procurar huir de él,
queriéndome descubrir;
pero, ya que sé quién es,
habré de echarme a sus pies.
Álvaro
Levantad. (¿Qué llego a oír?).
¿Qué es esto, hermana?
Hipólita
El cuidado
de mi prima hizo que escriba
que esta doncella reciba,
de que ya a su padre he dado
respuesta, en fe que tendré
tu licencia.
Álvaro
Bien has hecho;
que aquestas cosas sospecho
que a ti te tocan, porque
tú eres la que has de vivir
con tus criadas; que no
tengo de mandarlas yo.
Y aunque vengáis a servir
a mi hermana, creed, señora,
que en la estimación debida
serviréis siendo servida.
Laura
¿Quién de igual valor lo ignora?
Sale Inés.
Inés
Señor, el virrey te envía
a llamar con un soldado.
Álvaro
¡A mí! Pero ¿qué cuidado
hoy turbará mi alegría?
Vase.
Hipólita
Ya con gusto de mi hermano,
para que en casa te quedes,
bien quitarte el manto puedes.
Laura
Antes presumo que en vano
será el quitarle.
Hipólita
¿Por qué?
Laura
Porque con mi padre he de ir,
cuando venga, a despedir
otra casa que dejé
en habla, por si cruel
la poca fortuna mía
la dicha no conseguía
de servirte a ti.
Hipólita
Que él
vaya, ¿no bastará?
Laura
No,
señora; y aun, pues tarda,
sin él iré.
Hipólita
Aguarda, aguarda;
que siendo tan tarde ya,
de mi casa y sola no
es justo salir.
Laura
Sí es;
que yo volveré después.
Hipólita
Mientras él no venga, yo
sola no he de dejarte ir.
Laura
Pues con manto esperaré.
Hipólita
¿Cúbreste a llorar?
Laura
No sé.
Hipólita
¿Tanto sientes el servir?
Laura
¡Pluguiera al cielo, señora,
que de esclava te sirviera
toda mi vida, y no fuera
un solo instante el que ahora
impide que aun de criada
te sirva!
Hipólita
¿Por qué?
Laura
El porqué
ignoro.
Hipólita
¿Qué ves...
Laura
No sé.
Hipólita
...en mi casa?
Laura
No veo nada.
Hipólita
Pues ¿qué causa...
Laura
¡Loco estremo!
Hipólita
...para irte hay?
Laura
La que reprimo.
Hipólita
Declárala.
Laura
No me animo.
Hipólita
Pues di, ¿por qué?
Laura
Porque temo...
Hipólita
Mucho me das que pensar.
Laura
Y aun tengo más que sentir.
Hipólita
Acábalo de decir.
Laura
Pues empiézalo a escuchar.
Hija nací...
Hipólita
Ya lo sé.
Laura
...de ese anciano, ...
Hipólita
Ya lo veo.
Laura
...noble en sangre, ...
Hipólita
No lo dudo.
Laura
...pobre en dicha.
Hipólita
Harto lo siento.
Laura
No faltó quien me mirase...
¡Advierte qué aprisa empiezo
a darte pesar!
Hipólita
¡A mí
pesar! ¿Cómo o cuándo? ¿Tengo
yo quien, querido, me dé
contigo pesar?
Laura
No es eso,
sino antes aborrecido
de ti, es fuerza que con ceño
mires mi amor.
Hipólita
Aun no sé
tampoco a quién aborrezco.
Laura
De don Gutierre Centellas,
¿no sabes?...
Hipólita
¡Ah, sí! Esos duelos
allá, para mis hermanos.
Al caso.
Laura
¡Cuánto me huelgo
verte desapasionada!
Hipólita
Yo también me holgara el verlo.
Laura
Este, pues, habiendo en mí
puesto los ojos... No quiero
con los lugares comunes
de amor malograr el tiempo;
pues papel, noche y ventana
son personajes primeros
de cualquier farsa de amor.
Vivía, al parecer, contento,
al paso que yo vivía
triste, porque, con afectos
contrarios, nuestras pasiones
con el trato iban creciendo,
no porque yo mal hallada
estuviese en el empleo,
sino porque mis caudales
atrasaban mis deseos.
En este estado, tu hermano,
don Álvaro... Aquí recelo
que te ofendas con más causa
que antes.
Hipólita
¿Por qué?
Laura
Porque pienso
que suele tener más fuerza
a contrario el argumento.
Hipólita
¿Cómo?
Laura
Como si temí
antes ofender tu pecho,
queriendo al que aborrecías,
ahora, al contrario, temo
que te ofendas de saber
que al que quieres aborrezco.
Hipólita
Poco o nada se me dio
de esotro; mas de esto, menos;
que aborrecidos o amados
los hermanos, ¿qué tenemos?
Ni eso te embarace: al caso.
Laura
Salí una tarde al paseo;
llegó don Álvaro a hablarme,
y don Gutierre a este tiempo;
sobre «anda, cochero» o «no andes»
–¡mira qué breve lo cuento!–
llegaron a las espadas;
conque la gente acudiendo
a lo principal, el coche
pudo ir a casa corriendo,
sin que me siguiese a mí
más que el ruido del empeño.
Estando, pues, claro está,
pendiente de aquel suceso,
colgada el alma de un hilo,
esperando por momentos
si hacía la seña en la calle...
¿Quién, ¡ay de mí!, creerá, ¡cielos!,
que el hacerla y el rozarse
el pesar con el contento
todo fue uno? Pues apenas
la criada acudió luego
a la seña, cuando, en vez
de que entrase el que yo espero
a acabar mi sobresalto,
entró a proseguir su riesgo.
Cinco o seis hombres, desnudas
las espadas, contra él veo,
y él defendido de todos.
Tomar la puerta resuelvo
de una cuadra en que yo estaba
y arrojándome entre ellos,
dejándole a mis espaldas,
me adelanté a detenerlos.
Mató la luz la criada:
crece a oscuras el incendio;
mi padre da voces, baja
la poca gente que tengo,
en cuyo intermedio yo
a Gutierre a buscar vuelvo.
«¿Eres tú, señor?», le digo.
«Sí», me responde muy quedo.
«Pues sígueme», proseguí,
y él dijo en el tono mesmo:
«Sí haré; que yendo conmigo
tú, no es nada lo que temo».
Conque, en fin, como ladrona
de casa, a la puerta llego
de la otra parte, abro y salgo,
y en casa de un hombre me entro,
que ya con luces al ruido
había su puerta abierto.
«No digáis que estoy aquí»,
dije; y cuando hallarme pienso
con mi amante, veo a mi padre;
que al bajar de su aposento
con él me equivoqué, al ver
que a las espaldas le tengo;
conque me fue fuerza hacer
ya del ladrón fiel, diciendo
que para desengañarle
de la culpa que no tengo,
a él fue al que busqué, y a él
al que quise seguir; pero
si lo creyó o no, dirá
de aquesta causa el efecto;
pues como mi padre ya
tenía de él algún recelo,
no queriendo que volviese
más a casa, a la de un deudo
me llevó, donde encerrada
me ha tenido, hasta que... Pero
al referir, ¡ay de mí!,
tantos, tan varios sucesos,
al golpe de sus desdichas,
al tropel de sus tormentos,
parece que el corazón
se me ha estrechado en el pecho.
¡Jesús mil veces!
Cae desmayada.
Hipólita
¡Traed luces!
¡Juana, Inés!
Sale don Vicente, Juana y Inés con luces.
Vicente
¿Qué ha sido esto?
Hipólita
Que estando hablando conmigo,
rendida ha dado en el suelo
esta mujer, desmayada.
Juana
¿Acá se viene con eso?
Pues ¿no sabemos acá
desmayarnos, si queremos?
Sale don Álvaro.
Álvaro
Hipólita, ¿qué das voces?
Mas, ¡ay, infeliz! ¡Qué veo!
Vicente
Una desdicha.
Hipólita
Inés, Juana,
llevadla las dos adentro.
Llévanla entre las dos.
Vicente
Ve tú, hermana, y por tu vida,
que acudas a su remedio.
Álvaro
Ve, hermana; que importa más
que piensas.
Hipólita
Fácil sospecho
que fuera servir dos amos,
mandando los dos lo mesmo.
Vase.
Vicente
En mi vida, Álvaro, vi
más soberano sujeto
que el desta mujer.
Álvaro
(Fortuna,
solo me faltaba esto
tras lo que el virrey quería).
¿Eslo mucho?
Vicente
Un mismo cielo.
Álvaro
Pues bien presto te lo digo.
Esta es Laura. Adiós.
Vicente
A tiempo
ha llegado el desengaño.
¡Llevó mi esperanza el viento!

Jornada Segunda

Salen Laura y Hipólita.
Hipólita
Laura, otra vez y otras mil
vuelvo a decirte que creas
que tus bien sentidas ansias,
tus mal merecidas penas,
de suerte han enternecido
mi pecho, que por mí mesma
me hallo obligada a ampararte,
porque de quien soy es deuda.
Para no quedar conmigo
mil cosas me representas;
mas de todas, una sola
es la que a mí me hace fuerza;
porque aquello de que ames
a quien yo, Laura, aborrezca,
¿para qué lo has de sentir
tú, como yo no lo sienta?
Las instancias de mi hermano,
aunque hablen desde más cerca,
más respeto han de tenerte
a mi lado que en mi ausencia.
Que te halle en la casa suya
tu amante, cuando parezca,
bastante disculpa es
de tu padre la obediencia.
Solo digo que de suerte
al hechizo de la queja
me ha enamorado tu ingenio,
me ha movido tu belleza,
que has de tener en mí quien
de mi hermano te defienda,
de tu padre te asegure
y con tu amante te vuelva.
Laura
Dicen, señora, que hay
delitos tales, que atentas
las leyes se los dejaron
sin pronunciarles sentencia,
por no prevenir que habría
quien los cometiese. Esta
razón, desde los delitos
a las piedades opuesta,
parece que en ti la hay,
y tal que muda la lengua,
no hallando ley al pensarla,
no estudió el agradecerla,
cuando ya se pierda todo,
como solo no se pierda
la dicha de que me halle
cualquier trance a tus pies puesta.
Hipólita
¡Si supieras cuánto gusto
me haces!
Laura
Pues ¿hay en qué pueda
servirte?
Hipólita
No sé, ¡ay de mí!
Pero lo que la experiencia
muchas veces dijo ¡cuánto
el ejemplar escarmienta!
Tenerte a mis ojos, Laura,
me importa para que tenga
un acuerdo en tu hermosura
y un aviso en tu tristeza
de cuánto un afecto arrastra,
cuánto una pasión arriesga.
Laura
¡Ay, señora!, no la haya;
que una vez llegando a haberla,
no hay aviso que no calle,
ni acuerdo que no enmudezca.
Nadie, hasta hoy, por ejemplares
amó ni olvidó.
Hipólita
Pues sea,
si no vale esta razón,
otra la que favorezca
el gusto de que conmigo
te quedes.
Laura
¿Y es?
Hipólita
Que el que enferma
de un dolor, se alivia hablando
con quien el dolor padezca.
Laura
¿Tan al principio te hallas
que a dos luces te cautelas
para que no venga una
y otra para cuando venga?
Hipólita
Si no temiera que a alguien
facilidad le parezca
descubrirte el primer día
mi pecho, yo te dijera
una duda en que me hallo;
mas bien puede salvar esta
objeción el ser también
el primero que a tenerla
llegó, y siendo así que son
tu conocimiento y ella
de una edad, pues juntos nacen,
¿qué mucho que juntos crezcan?
Yo, Laura, debo la vida
a un hombre que en la deshecha
ruina de un balcón me halló,
cuyas generosas prendas,
sin temer el amenaza
de lo que pendiente resta,
me sacaron, impidiendo
que, en segundo estrago envuelta,
me dejase mi desdicha
sepultada antes que muerta.
Tan galán conmigo anduvo,
que sin decirme quién era,
por que sólo él a sí solo
su misma acción se agradezca,
se ausentó en volviendo en mí,
dejándome como en prendas
de mi obligación su brío,
su gala, su gentileza,
tan impreso en la memoria,
que, sin apartarse della,
a todas horas me asiste
con una especie tan nueva
de agrado que no es agrado
y de pena que no es pena.
¿Qué afecto será este, Laura?
¿De agradecida, de atenta,
de inclinada, o de curiosa?
Laura
No sé; que Amor, como vuela
con alas, no hay en el aire
quien le averigüe la senda.
Y en fin, ¿no sabes quién es?
Hipólita
Como desde tan pequeña
con mi prima en un convento
me crié, a nadie en Valencia
conozco, Laura; y, en fin,
como yo quién es supiera
y en algo desempeñara
de mi obligación la deuda,
me parece que...
Sale Juana.
Juana
Señora...
Hipólita
¿Qué hay, Juana?
Laura
Dame licencia
para irme allá dentro.
Hipólita
Bien
digo yo que eres discreta.
Vete; que, aunque después haya
de decir lo que me quiera,
no es bien que de mi confianza
tan presto malicia tenga.
Vase Laura.
Hipólita
Si esto esperabas, ya estoy
sola. ¿Qué traes?
Juana
Unas nuevas...
Ello bien pueden ser malas,
mas por Dios que no son buenas.
Ya te dije antes de ahora,
viéndote tal vez suspensa
en la deuda de tu vida,
que en otra casa antes desta
habíamos servido juntos
yo y aquella buena pieza
que hoy al caballero sirve
que te libró, y ser pudiera
que tú por aquí supieses
de él.
Hipólita
Curiosidad fue necia.
Juana
Pues estando yo ahora acaso
en esa ventana puesta
–que de achaques de ventana
pocas mozas escarmientan–,
le vi pasar: destosime,
miró, hícele una seña,
entendiola, aunque no es mudo,
y queda, en fin, a la puerta.
Mira si quieres que algo
le diga.
Hipólita
¿Y eso me cuentas
con misterio? Di que suba;
que saber yo a quién le deba
la vida, ¿para qué es
hacerlo delito?
Juana
Entra;
que mi señora te llama.
Sale Gonzalo.
Gonzalo
Humilde beso la tierra
que pisas, si es que la pisas
con alhaja tan pequeña.
Hipólita
Estimo que hayas venido
a verme.
Gonzalo
Esa diligencia
se debe a mayor cuidado.
Hipólita
Pues ¿cúya es?
Gonzalo
De quien desea
saber si cierta salud
que halló su refugio enferma,
dejándola en la pasión,
paró en la convalecencia.
Hipólita
Sepa yo quién es, por que
mida mejor la respuesta
al sujeto.
Gonzalo
Ya una vez
la costa del temor hecha,
por Dios, que ha de salir todo,
aunque no tengo licencia
Es don...
Sale don Álvaro.
Álvaro
Hipólita...
Hipólita
¿Qué
traes, que algún disgusto muestra
tu semblante?
Álvaro
Aún es mayor
que él significa y tú piensas.
Gonzalo
(Si me ha conocido, y es
conmigo, requiem eternam).
Álvaro
Manda que al punto descuelguen
esta casa; y cuanto en ella
hay se líe y se componga
de suerte, hermana, que pueda
llevarse todo a la quinta,
porque aquesta noche mesma
tengo de dormir allá,
pues no toca en la vivienda
la ruina del mirador.
Hipólita
¿Qué causa hay que a eso te mueva?
Álvaro
Cosas son de don Gutierre...
Gonzalo
(Malo).
Álvaro
...las que no me dejan
en mi casa.
Gonzalo
(Peor).
Álvaro
Y antes
que me declare más, sepa
¿qué busca este hidalgo aquí?
Gonzalo
(Peor que peor).
Hipólita
De esa reja
le conocí y le llamé,
a mi obligación atenta,
por criado del que dije
que me sacó medio muerta;
y como en él será paga
lo que en su amo sería ofensa,
para darle esta sortija
le llamé.
Álvaro
Muy bien la empleas.
Y pues es justo que todos
reconozcamos la deuda,
¿quién es, hidalgo, vuestro amo?
Gonzalo
(El demonio me dijera
ahora quién es). Señor,
don Íñigo de Ribera,
caballero castellano,
que allá por ciertas pendencias
de los celos de una dama
viene a vivir en Valencia,
desterrado de Castilla.
Álvaro
Yo le buscaré, y que tenga
en mí, diréis, quien le sirva
en cuanto aquí se le ofrezca.
Gonzalo
Conoceréis al mejor
caballero.
Álvaro
Id norabuena.
Gonzalo
Conoceréis...
Álvaro
Yo iré a verle.
Vase Gonzalo.
Hipólita
Juana, pregunta allá fuera,
ya que sabemos quién es,
dónde vive.
Juana
Voy ligera:
(Que quizás me dará el premio
pues la sortija se lleva).
Vase.
Sale Laura.
Laura
(Oyendo su voz, no quiero
que a don Álvaro parezca
que fue cuidado el faltar
a su hermana en su presencia).
Hipólita
¿No sabré yo qué ocasión
a una novedad te mueva
tan grande?
Álvaro
Llamome ayer,
hermana, el virrey; y apenas
me empezó a decir tenía,
apretado, orden del César
para ajustar estos bandos
o quitarnos las cabezas,
cuando el despacho llegó:
conque, dejando suspensa
la plática, mandó que hoy
con mi hermano a verle vuelva.
Fuimos los dos y, en efecto,
a mi pesar, dejo hechas
con don Gutierre no sé
si diga paces o treguas.
Pero sean lo que fueren,
a todos el virrey fuerza
con homenaje a que cesen
las enemistades nuestras.
Y habiendo de vivir él
desde hoy seguro en Valencia,
no quiero verle, ni ver
que Laura de oírlo se huelga:
y así della ausencia haga,
mientras no hago de él ausencia.
Vase.
Hipólita
¿Qué dices, Laura, de cuánto
nuestras fortunas se enmiendan?
Laura
La mía sí, pues ya veo
que Gutierre a vivir vuelva
quieto a su casa.
Hipólita
Y la mía,
pues he sabido quién sea
el caballero a quien debo
la vida.
Laura
¿De qué manera
lo has sabido?
Hipólita
Ese criado
conoció Juana: esto era
lo que me quería.
Laura
¿Y quién es?
Hipólita
Don Íñigo de Ribera,
caballero castellano;
y aunque no sé si me pesa
de que celos de una dama
de su patria le destierran,
con todo eso, le agradezco
que me le envíe a tan buena
ocasión, que de su parte
me dé la vida.
Sale Juana.
Juana
En la mesma
calle de la Mar, señora, ...
Hipólita
Prosigue; no te detengas,
ni te recates de Laura.
Juana
...vive en una casa nueva
que hace esquina, como vamos
a salir a la Olivera.
Hipólita
Ven conmigo; que has de hacer,
Juana, por mí una fineza.
Juana
¿Qué es?
Hipólita
Ponte el manto, entretanto
que yo escribo cuatro letras.
Juana
Llevarelas en volandas;
que también saber quisiera
quién fue el socorredor que
so el corredor me remedia.
Laura
¿A eso te resuelves?
Hipólita
Laura,
nada tu ejemplar me advierta;
que esto nunca ha de ser más
que una cortesana seña
de mi reconocimiento.
Laura
¡Plegue al cielo!
Vanse.
Salen Gutierre y Gonzalo.
Gutierre
¿Qué me cuentas?
Gonzalo
Lo que me pasó; y, por Dios,
que es, señor, como una perla
la Hipólita, y me parece...
Gutierre
No prosigas, cesa, cesa;
que ya sé, Gonzalo, que es
bizarra, entendida y bella,
y que me está agradecida;
pero ¿qué importa que sea
bella, entendida y bizarra,
si esta villana potencia
de la memoria no quiere
que alivio ninguno tenga?
Pues absoluta, sin que
de mis arbitrios dependa,
lo que ha de acordar olvida,
lo que ha de olvidar acuerda.
Mejor es dejarlo todo.
Llama, Gonzalo, a esa puerta:
entremos a descansar,
si es que descansa el que piensa.
Gonzalo
Sólo en que vivías aquí
dije verdad en aquella
pasada turbación.
Gutierre
¿Cómo?
Gonzalo
Como salió a la escalera
Juana a preguntar adónde
vivías; y como ella
no importó que lo supiese,
le di desta casa señas
donde veniste a apearte.
Gutierre
Llama, pues, necio. ¿Qué esperas?
¿No llamas?
Gonzalo
Ya llamo, ...y ya
nos han abierto la puerta,
sin ver quién la abre.
Gutierre
¿Quién duda
que será la criada?
Gonzalo
Espera,
no entres.
Gutierre
¿Por qué?
Gonzalo
Porque un hombre
rebozado, detrás della
está con una pistola
en las manos.
Gutierre
Tras mí entra;
que en mi casa he de saber
quién desta suerte me espera.
Va a entrar, y sale Fadrique.
Fadrique
Tened, Gutierre, la espada;
que yo soy.
Gutierre
¡Desta manera,
Fadrique, en mi casa! Pues
¿qué acción, qué venida es esta?
Fadrique
Después que ayer me contasteis
las raras fortunas vuestras,
y que sin efecto hubimos
de dividirnos; apenas
tomasteis vuestro caballo,
y yo, Gutierre, la senda
para el montecillo donde
mi tropa estaba encubierta,
cuando el justicia, que ya
sitiada tenía la selva
con armada gente, dio
con nosotros: de manera
que nos fue fuerza poner
en fugitiva defensa.
Fui a vuestra torre a buscaros,
díjome el casero della
que en esta casa posabais;
y viniendo en busca vuestra,
me conoció la criada,
abriome y se salió fuera.
Gutierre
Muy bien venido seáis;
y aunque del lance me pesa,
en la parte de serviros
es justo que la agradezca.
Mi casa... Pero, esperad.
Llaman dentro.
¿Quién es quien llama?
Gonzalo
Cubierta
una mujer hasta aquí
se ha entrado. ¿Qué busca, reina?
Sale Juana tapada.
Juana
A don Gutierre.
Ya yo he visto lo que busco.
A Fadrique.
Leed vos, y dadme respuesta...
Y vos, oíd.
Gonzalo
Y para mí,
¿no hay algo que oiga y que vea?
Juana
No: que vea, que oiga y que calle.
Gonzalo
(¿Qué tramoya será ésta?).
Gutierre
Lee
«Habiendo librado el galardón de vuestra fineza en las noticias
de mi salud, os hago saber que estoy buena. Dios os guarde.».
Doña Hipólita de Ansá
¡Breve y sucinto papel!
Y en venir firmado muestra
que no trae más intención
que urbana correspondencia.
Volveré en el mismo estilo
breve y cortés la respuesta.
Fadrique
Si no me decís quién sois,
haréis que no os agradezca
tanto favor.
Juana
¿Conoceisme?
Descúbrese
Fadrique
Muy bien; que vos sois aquella
que yo saqué de la ruina.
Juana
Y muy servidora vuestra.
Gutierre
Gonzalo, dime –(por que
firmado mi papel vuelva,
ya que, viniéndolo el suyo,
grosería no parezca
hacerme más misterioso
yo)–, ¿cómo a Hipólita bella
dijiste que me llamaba?
Gonzalo
¿Luego, es suyo?
Gutierre
¿Qué te altera?
Gonzalo
Pensar si es aquélla Juana.
Gutierre
Que lo sea o no lo sea,
¿cómo dijiste que yo
me llamaba?
Gonzalo
Don...
Gutierre
¿Qué piensas?
Gonzalo
Por Dios, que se me ha olvidado.
Gutierre
¡Pues será una acción muy buena
no firmar ahora, y después,
si hubiere ocasión de verla,
no saber cómo me llamo
para poder responderla!
Gonzalo
Don...
Gutierre
Acuérdate.
Gonzalo
No puedo;
que esta villana potencia
lo que ha de acordar olvida,
lo que ha de olvidar acuerda.
Pero ¿no trae sobrescrito?
Gutierre
Sí: «A quien Dios guarde.»
Gonzalo
A la vuelta
mira si hay membrete.
Gutierre
No.
Gonzalo
Pues esta entendida necia,
¿cómo firma a quien no pone
sobrescrito en la cubierta
ni aun el membrete en la esquina?
Gutierre
No me apures la paciencia,
sino di cómo me llamo.
Gonzalo
Pon otro nombre cualquiera,
que pues ella no le pone,
quizá se ha olvidado ella
como yo: cualquiera basta.
Gutierre
¡Vive Dios, que si no fuera!...
Ahora bien: habré de hacer
misterio de lo que es fuerza.
Vase.
Gonzalo
(Aquí entro yo ahora. ¿Cómo
sabré si es Juanilla aquélla?
Así). Juana, que te matan.
Juana
¿Quién a mí?...
Gonzalo
Cogite, perra.
Fadrique
Estando hablando conmigo,
es muy grande desvergüenza
asustarla.
Gonzalo
No me asuste
ella a mí en la frase mesma
de estar con usted hablando.
Sale Gutierre.
Gutierre
Este lleva a tu ama, y lleva
para ti esta niñería.
Dala un bolsillo.
Juana
Escusada diligencia
conmigo; mas por no ser
ni descortés ni grosera...
Gutierre
Y añade a lo que yo escribo
a tu señora que advierta
que, si el dar uno una alhaja
es privarse de tenerla,
bien sin ser grosero puedo
yo persuadirme a que sea
verdad que la di la vida,
pues que me quedé sin ella.
Juana
¡Lástima es que ella no oiga
lo bien que lo representas!
Gutierre
¡Pluguiera al cielo!
Juana
Si yo
a decirte me atreviera
que mis amos a la quinta
se van esta noche mesma,
y que Hipólita, mi ama,
con las criadas se queda,
yo te lo dijera; pero
no me atrevo.
Gutierre
Aguarda, espera.
¿Por qué se van a la quinta?
Juana
(¡Oh, bolsillo, lo que aprietas!).
Por haber hecho las paces
con don Gutierre Centellas
el virrey, un hombre a quien
aborrecen de manera
que por no verle se van.
Gutierre
¿Tu ama también?
Juana
La primera
fuera ella que le matara
dondequiera que le viera;
y aun yo, según los pesares
que este mal hombre nos cuesta.
Gutierre
(¿Quién creerá que pueda más
el saber que me aborrezca
que el presumir que me estime?
Pero quédese ahora esta
hoja doblada). También
diría yo, si me atreviera,
Juana, que...
Juana
Ahora bien: ve allá;
que podría ser...
Gutierre
¿La seña?
Juana
Sólo un golpe.
Gutierre
Adiós.
Gonzalo
Sepamos
de los bolsillos que pescan
las Juanas que hablan, ¿qué parte
de avería se les pega
a los Gonzalos que callan?
Juana
Toda aquella parte entera
que toca a las Juanas de
las sortijas que se llevan
los Gonzalos. Tú esta noche
A Fadrique.
no dejes de ir...
Fadrique
Norabuena.
Vase.
Juana
...con tu amo.
Vase.
Gutierre
¿Hiciste, dime,
memoria?
Gonzalo
¡Qué linda flema!
Quien no tiene entendimiento,
¿quieres que memoria tenga?
Vase.
Gutierre
¿Quién he de decir que soy,
si llego esta noche a verla?
Sale Fadrique.
Fadrique
Un hombre, si estáis en casa
preguntando ahora queda
a Gonzalo.
Gutierre
¿Qué hombre es?
Fadrique
Criado parece en las señas.
Gutierre
De algún amigo será.
Sale Gonzalo.
Gonzalo
¡Hemos hecho buena hacienda!
Gutierre
¿Qué hay, Gonzalo?
Gonzalo
Llegó un hombre;
parado estando a la puerta,
preguntome: «Vuestro amo
¿está en casa?». Y como era
tan general la pregunta,
general di la respuesta.
«Sí», dije. Y él prosiguió:
«Mi amo viene a verle». «Venga»,
respondí. Y cátate aquí
a don Álvaro, que llega;
que en fe de que en casa estás
y avisado, hasta aquí se entra.
Gutierre
Decidle vos, porque no
es justo que a mí me vea,
que no estoy en casa.
Fadrique
Yo
lo haré.
Gonzalo
Escóndete apriesa.
Escóndese don Gutierre. Sale don Álvaro.
Álvaro
Pasando por esta calle,
y conociendo a la puerta
ese criado, y por él
ser vuestra posada esta,
no quise dejar de veros,
agradecido a la deuda
de la vida de mi hermana;
y así entro a reconocerla.
Don Álvaro de Ansá soy.
Fadrique
Vengáis muy enhorabuena.
Gutierre
Al paño.
(¡Quién a Fadrique que lleve
su engaño decir pudiera!).
Fadrique
(Mejor es, pues él se engaña,
que ser yo Gutierre entienda).
Y yo las manos os beso
por la merced; que es más muestra
de vuestro valor que no
mérito de una fineza
tan corta.
Gutierre
Al paño.
(En mi pensamiento
estuvo).
Fadrique
Unas sillas llega,
Gonzalo.
Gonzalo
(¿No fuera bueno
decir que no quiero?).
Fadrique
Ea,
¿qué aguardas?
Álvaro
No hay para qué.
Perdonad; que estoy de priesa,
y ésta, señor, no es visita,
sino, como dije, seña
de mi reconocimiento;
y en otra ocasión que pueda
yo volveré más de espacio.
Mas tened sabido en esta
que sé que por un disgusto
habéis venido a Valencia
desterrado de Castilla,
y que en cuanto se os ofrezca
tenéis quien os sirva en mí
con alma, vida y hacienda,
de que os doy mano y palabra.
Fadrique
Siempre yo a las plantas vuestras
estaré, reconocido
desta honra.
Álvaro
¿Qué hacéis?
Fadrique
Licencia
me habéis de dar...
Álvaro
No, no habéis
de pasar de aquí. (La priesa
es, con que he hecho esta visita,
por lograr la diligencia
con que pienso hoy escondido
–pues sola Hipólita queda
con sus criadas en casa–
ver si hay ocasión en ella
de poder hablar a Laura
sin que mi hermana lo entienda;
pues segura... Pero esto
dirá el efecto).
Vase y sale don Gutierre.
Gutierre
Si fuera
posible daros el alma
en los brazos, os la diera,
agradecido a lo bien
que ha andado vuestra advertencia.
Digo que me adivinasteis
el concepto que en la idea
estaba haciendo.
Gonzalo
A mí, no,
y en otra ocasión como esta
que haga el papel de mi amo
buscará quien le obedezca.
Gutierre
Vete de aquí... Y vos, conmigo
Vase Gonzalo.
venid, pues que ya la negra
noche baja.
Fadrique
¿Dónde vamos?
Gutierre
A ver a Hipólita bella.
Venid conmigo, Fadrique.
Fadrique
Ya os sigo, y podré con esta
ocasión hablar a Juana,
que cuidadosa me espera.
Vanse.
Salen Laura, con luces, Hipólita y Juana.
Hipólita
Pon esas luces ahí,
y dime tú, Juana, ahora
si le hallaste.
Juana
Sí, señora.
Hipólita
¿Y traes la respuesta?
Juana
Sí.
Dale un papel.
Hipólita
Lee.
«Que gocéis la salud que yo deseo es para mí
el mayor galardón de la que vos llamáis fineza y yo ventura.
No dejéis de continuar estas noticias a costa de menos señas,
pues, aunque el papel no venga firmado,
su discreción dirá que es vuestro;
y no irlo el mío, es por dejar a la turbación
la más conocida seña de su dueño».
Laura
Bien cortesano te ha dado
a entender que más quisiera
que el papel sin firma fuera
como a luz de otro cuidado
más que el de la urbanidad.
Hipólita
Por eso le firmé yo,
porque sospechoso no
presumiese la verdad
del afecto que confieso
donde no lo escucha él,
ni en mi voz ni en mi papel.
Juana
¡Ay, señora! Que por eso
¿deja él de pensar que tiene
el modillo de la acción
más que primera intención?
Hipólita
¿Y de qué a inferirse viene?
Juana
De lo que me dijo a mí.
Hipólita
¿Qué te dijo?
Juana
Que vivía
muy vano de que te había
dado vida, siendo así
que el dejar él de tenella
era principio asentado
de que te la hubiese dado,
pues que se quedó sin ella.
Y aun dijo no sé qué más,
de que esta noche sabía
que estabas sola, y vendría
a ver si ocasión le das
de hablarte por una reja.
Hipólita
¿Eso había de hacer?
Juana
Pues ¡qué!
¿Fuera mucho, una vez que
sola el cuidado te deja
de tus hermanos?
Hipólita
¿Y fuera
bueno que la vecindad?...
Juana
Aquesa dificultad
se salva...
Hipólita
¿De qué manera?
Juana
No hablando en reja o balcón.
Hipólita
¿Y no fuera peor en casa?
Juana
En visita que no pasa
de buena conversación
y que otra ocasión no puede
en dos mil años tener,
qué te queda que temer?
Y por que seguro quede
en todo tiempo tu honor,
échame la culpa a mí,
que sin tu gusto le abrí;
y para honestar mejor
tu justo agradecimiento,
mientras yo aseguro allá
la casa, Laura estará
sin apartarse un momento
de ti. Con este testigo,
¿a qué se puede atrever?
Hipólita
¿Qué dices, Laura?
Laura
Oír y ver
me toca; sólo te digo
que es presto.
Juana
Es verdad; ¿más cuándo
otra ocasión ha de haber?
Sola estás. ¿Qué hay que temer?
Laura
Mucho, Juana.
Hipólita
Estoy dudando.
A Laura.
Miedo tus miedos me dan.
A Juana.
Y tú el ánimo me ofreces.
Juana
Alma de auto pareces
entre el Ángel y Satán.
Ruido dentro.
Ruido en la reja se oyó.
¿Voyle a abrir, o no?
Hipólita
No sé.
Juana
Ya has dicho que sí.
Hipólita
Yo, ¿en qué?
Juana
En que no has dicho que no.
Vase.
Hipólita
Juana, oye. Hoy a morir vengo.
Ve tras ella a detenella,
Laura.
Agárrala.
Laura
¿Cómo he de ir tras ella
si me tienes?
Hipólita
¿Yo te tengo?
Laura
¿No lo ves?
Hipólita
Amor tirano
hizo que, en igual porfía,
mi voz obre como mía
y como ajena mi mano.
Laura
Ya la puerta abrió.
Hipólita
Yo estoy
mortal. No, no estoy en mí.
Quédate tú, Laura, aquí,
mientras yo a cobrarme voy.
Haz primero la deshecha
tú y, culpando a esa criada,
muéstrate muy enojada
con él; conque la sospecha
será menor contra mí,
saliendo a tus voces yo,
como que allá las oí.
Laura
No
vendré a hacer nada por ti
en enojarme, porque
lo estoy de verdad.
Hipólita
Criadas,
¡cuántas amas disfamadas
tenéis!
Vase.
Salen Juana y Gutierre.
Juana
Aquí la dejé.
Entra, y para disculparme,
dila que hallaste entreabierta,
llegando acaso, la puerta;
que yo voy a asegurarme
de los demás. (Esto es
que entrar en casa quisiera
al que en la calle le espera).
Vase.
Gutierre
(Cobarde muevo los pies).
Laura
(Turbada, apenas respiro).
Gutierre
Señora, si mi deseo...
Laura
¿Quién aquí?... Pero ¡qué veo!
Gutierre
Puede ser... Pero ¡qué miro!
Laura
(Mas ¿qué mis penas admiro?).
Gutierre
(Mas ¿qué extraño mis recelos?).
Laura
(¿Gutierre no es este, cielos?).
Gutierre
(¡Cielos! Esta, ¿Laura no es?).
Laura
(¿Qué ves, vida?).
Gutierre
(Alma, ¿qué ves?).
Laura
(¡Oh, ira!).
Gutierre
(¡Oh, pena!).
Laura
(¡Oh, rabia!).
Gutierre
(¡Oh, celos!).
Laura
Aleve, ¿tú desta suerte?
Gutierre
Tirana, ¿tú en esta parte?
Laura
¿Aquí, en fin, hube de hallarte?
Gutierre
¿Aquí, en fin, hube de verte?
Laura
(¡Hado injusto!).
Gutierre
(¡Dolor fuerte!).
Laura
(¡Cruel rigor!).
Gutierre
(¡Pena inhumana!).
Laura
¿Cómo, infiel, ...
Gutierre
¿Cómo, tirana, ...
Laura
(¡Qué ansia!).
Gutierre
(¡Qué horror!).
Laura
(¡Qué castigo!).
Gutierre
...tú en casa de mi enemigo?
Laura
...tú en el cuarto de su hermana?
Gutierre
Mas ¿qué acuso, ...
Laura
¿Qué condeno, ...
Gutierre
...si eres mujer...
Laura
...si eres hombre...
Gutierre
...que con traje...
Laura
...que con nombre...
Gutierre
...de ti extraño, ...
Laura
...de ti ajeno, ...
Gutierre
...llena de falsedad, ...
Laura
...lleno
de traición, ...
Gutierre
...culpes...
Laura
...condenes...
Gutierre
...tú ser...
Laura
...la fe que no tienes...
Gutierre
...solo al ver...
Laura
...al oír no más...
Gutierre
...que en poder de Álvaro estás?
Laura
...que a ver a Hipólita vienes?
Gutierre
¿Tú en su casa disfrazada?
Laura
¿Tú en su casa con fingido
nombre?
Gutierre
¡Ah, fiera!
Laura
¡Ah, fementido,
tú sólo, tú! Que yo en nada
cómplice soy, pues forzada
aquí estoy.
Gutierre
¿Forzada?
Laura
Sí,
que a mi padre obedecí,
sirviendo a Hipólita bella,
porque el darla vida a ella
fuese el darme muerte a mí.
Gutierre
Luego ¿don Álvaro no
te trajo?
Laura
¿A qué fin había
de traerme? ¿Conocía
a don Álvaro antes yo?
Gutierre
¿Y en el Grao?...
Laura
Acaso llegó,
quizá a ocasionar dispuesto
su antiguo rencor y, puesto
que él nunca me tuvo amor,
hoy has de ver mi rigor,
falso, vil...
Sale Hipólita.
Hipólita
Laura, ¿qué es esto?
Gutierre
(¡Muerto estoy!).
Laura
(Finja hasta que
pueda hablar más declarada).
Saliendo aquí descuidada,
este caballero hallé
que no conozco y, porque
veo que a romper se atreve
la fe que a tu casa debe,
tanto el mirarle he sentido,
que de traidor, de atrevido,
de injusto, cruel y aleve
le traté, por verle aquí.
Hipólita
Grande fue su atrevimiento;
y aunque como tal le siento,
no ha de castigarse así.
Laura
¿No me lo mandaste?
Hipólita
Sí;
pero que finjas me espanto
tan bien la queja y el llanto.
No desa suerte le arrojes;
que bien quiero que te enojes,
mas no que te enojes tanto.
(Vea que siento y que amo).
Señor don Íñigo, el modo...
Gutierre
(Ya no se ha perdido todo,
pues ya sé cómo me llamo).
Hipólita
...de entrar aquí no le infamo
ni disculpo; que, ofendida
hoy, y ayer agradecida,
igual afecto me llama,
de parte uno de mi fama,
de parte otro de mi vida;
y así, entre los dos dudosa,
perdonad si veis que deja
la obligación a la queja,
por más noble más airosa.
¿Qué osadía es?...
Gutierre
No furiosa
también me despidáis vos
hasta que oigáis cómo –(¡ay, Dios!)–
pude entrar aquí a esta hora.
Baste que aquesa señora
se ha enojado por las dos.
De Castilla desterrado
–(ni sé qué siento o qué digo)–,
avisan que mi enemigo
me busca aquí disfrazado.
Yendo con este cuidado,
ya lobreguecido el día,
vi que un hombre me seguía
y otros dos o tres con él,
y en vuestro umbral, ...
Laura
(¡Ah, cruel!).
Gutierre
...que aún ser vuestro no sabía,
me reparé; de manera,
que de él amparado, hallé
la puerta abierta, y por que
vengarse no consiguiera,
entré, sin saber dónde era;
que no soy tan atrevido...
Hipólita
¿Ves si disculpa ha tenido?
Laura
¿Hate parecido a ti
disculpa?
Hipólita
Sí.
Laura
Pues a mí...
Hipólita
¿Qué?
Laura
...no me lo ha parecido.
Yo no puedo ser traidora
a lo que mi amor te debe;
tú no puedes ser infiel
al seguro que me ofreces.
Y cuando estas dos razones
no basten, otra hay más fuerte,
que es que no puedo, por más
que me reprima y me esfuerce,
conseguir que de mi pecho
la mina no se reviente
y abrase lo que abrasare.
¿Quién, señora, te parece
que es aqueste caballero?
Hipólita
Pues ¿qué duda aqueso tiene?
Don Íñigo de Ribera.
Laura
Pues no es, sino don Gutierre
Centellas, que a ti te engaña,
al tiempo que a mí me ofende.
Riñe tú ahora por ti
la parte que te compete,
que ya yo reñí la mía.
Hipólita
Pues ¿cómo, ¡ay de mí!, te atreves,
traidor, con fingido nombre
a hacer?...
Sale Inés.
Inés
Señora...
Hipólita
¿Qué quieres?
Inés
En el cuarto de tu hermano
don Álvaro sentí gente;
llegué, y vi que por la parte
de adentro la llave tuercen.
Hipólita
Él es, sin duda, ¡ay de mí!,
que como la maestra tiene,
vendrá por algo, que acaso
dejó olvidado.
Laura
¿No puede
salir?
Inés
¿Cómo, si su cuarto
cae al corredor?
¡Qué fuerte
empeño!
Hipólita
¡Qué temor!
Laura
¡Qué ansia!
Hipólita
¿Oyes, Laura?
Laura
¿Qué me quieres?
Hipólita
Que mires lo que has de hacer,
pues tú la que ama eres.
Laura
Míralo tú, pues que tú
eres la que a buscar viene.
Hipólita
A ti te ama.
Laura
A ti te busca.
Hipólita
Como en mi cuarto me cierre,
tú verás lo que has de hacer.
Laura
¿Que así al peligro me dejes?...
Hipólita
Laura, primero soy yo.
Sálvese la que pudiere.
Éntrase Hipólita, cerrando la puerta.
Inés
Que llega ya.
Gutierre
¿Qué he de hacer?
Inés
Ya ¿no se sabe? Esconderse,
lugar común deste paso.
Gutierre
¿Adónde?
Inés
En ese retrete.
Gutierre
¡Oh, si tuviera ventana
por donde echarme!
Escóndese.
Inés
Sí tiene,
pero con su reja y todo.
El demonio que aquí espere.
Vase.
Laura
Ni para irme ni quedarme
valor hay. No sé qué hacerme.
Sale don Álvaro.
Álvaro
(Ya recogida la casa,
salgo a ver si ver pudiese
qué hace Laura. Aquí está, sola.
Amor la ocasión previene
como pensé). Laura mía...
Laura
Señor, ¿tú?...
Álvaro
¿Qué estrañas verme,
cuando ladrón de mi casa
soy por ti...
Laura
(¡Cielos, valedme!).
Álvaro
...a fin solo de lograr
esta ocasión que me ofreces?
Laura
¿Yo te la ofrezco?
Gutierre
Al paño.
¡Ah, traidora!
Álvaro
Claro está, pues me concedes
el que pueda sin mi hermana
hablarte esta noche y verte,
a cuyo efecto escondido
me quedé.
Laura
La voz suspende;
que es fuerza que al cuarto vaya,
no me eche menos.
Álvaro
Detente;
que yo acecharé qué hace.
Vase.
Gutierre
Saliendo.
Mira, traidora, si puedes
negar que tú esta ocasión
le has dado.
Laura
Calla, que vuelve.
Álvaro
A mi hermana por la llave
vi que hacia la puerta viene,
y por si sale, no quiero
que me vea.
Laura
Ni es bien: vete.
Álvaro
Sí haré. Adiós. Mas mejor es
que, pues ha de recogerse
tan presto, hasta que lo esté,
aquí retirado espere:
que tengo mucho que hablarte.
Laura
¿Dónde vas?
Álvaro
A ese retrete.
Laura
No has de entrar en él. Aguarda.
Álvaro
Tanto la puerta defiendes,
que obligas que vea por qué.
Gutierre
Mata la luz.
Por esto.
Álvaro
Traidor, ¿quién eres?
Laura
¡Ay, infelice de mí!
Álvaro
¡Cielos! ¿Que con él no encuentre?
Laura
(¿A quién, sino a mí, en el mundo
esto sucedió dos veces?).
Salen Juana y Fadrique.
Juana
¿Dónde vas?
Fadrique
Oyendo el ruido
adonde está don Gutierre,
¿puedo yo dejar de hallarme
a su lado? El cuarto es éste.
Sí, porque aquí hay una puerta.
Laura
(¡Triste lance!).
Juana
(¡Empeño fuerte!).
Gutierre
(La puerta hallé. No es huir
aquesto cobardemente,
sino salvar de mi honor
el preciso inconveniente).
Vase.
Álvaro
(Allí oigo ruido. Mal hice
–pero ¿qué habrá que yo acierte?–
en no tomar lo primero
la puerta: el error enmiende
yendo tras él; y por que
huyendo ella, nadie piense
que se la lleva a mis ojos,
la puerta del cuarto cierre,
pues no hay por donde salir).
Vase.
Hipólita
dentro
¿Qué ruido en mi cuarto es ese?
Laura
(¡Ah, traidora! ¿La deshecha
haces ahora? ¿Qué he de hacerme?
Pero pues que tras él va,
quiera Amor que no le encuentre.
A ver qué hará la fortuna
de mí).
Vase.
Fadrique
Sin luz y sin gente
ni ruido ha quedado todo.
¡Bueno me han dejado en este
cuarto cerrado y a obscuras!
Mas nada me desconsuele.
Cumpla yo mi obligación,
y venga lo que viniere.

Jornada Tercera

Salen don Álvaro y don Vicente.
Vicente
Viendo que ya amanecía
y que a la quinta no vienes,
con cuidado de saber,
Álvaro, qué te detiene,
vengo a buscarte, y no en vano.
¿Qué ha sucedido?
Álvaro
¡Ay, Vicente!
¡Ay, hermano! Que hay más mal
del que mi semblante puede
significarte. Sabrás...
Mas el cuarto me parece
de mi hermana que han abierto.
Veamos quién es.
Salen Hipólita, Laura y Juana.
Hipólita
Pues que gente
se oye ya en esta antesala,
salgo a ver lo que sucede.
Laura
Y yo a quién dejó el empeño
de sus efectos pendiente.
Hipólita
Álvaro –deme el temor
ánimo para que aliente–,
apenas anoche, ¡ay, triste!,
quise, para recogerme,
recoger la casa, cuando
al salir aquí, suspende
mi paso tu voz, diciendo,
si bien me acuerdo: «¿Quién eres,
traidor?», y en el mismo instante,
muerta la luz, te resuelves
a cerrar el cuarto y irte:
cuyo alboroto me tiene
en vela toda la noche,
sin saber lo que te mueve
a quedarte en casa, a hacer
ruido, a cerrar y volverte,
para que al amanecer
al primer paso te encuentre.
¿Qué quiere ser esto?
Álvaro
Es
que no sabes a quién tienes
a tu lado y en tu casa.
Hipólita
Pues, ¿qué ha habido?
Álvaro
(Dude y tiemble
al decirlo; que no sé
cómo un noble decir puede,
por más razón que le asista,
desdoros de las mujeres).
Sale Lisardo, al paño.
Lisardo
(Dos días ha que dejé a Laura.
Mucha ausencia me parece;
y así con el día mi amor
me trae a verla. Allí hay gente.
Sus amos son: no estorbemos.
Aquí retirado espere
ocasión).
Hipólita
Pues ¿qué hay?
Vicente
Prosigue.
Álvaro
Yo lo diré, aunque me pese.
A la quinta fui ayer tarde;
estando en ella, acordeme
de que dejaba olvidados
en mi cuarto unos papeles
de una dama, que importaba
que nadie la letra viese.
Por ellos vine y, entrando
a hurto, como si no fuese
mi casa, con maestra llave,
sentí aquí hablar; acerqueme,
y vi que aquesa enemiga,
esa traidora, esa aleve
de Laura, o porque oyó pasos
o porque esperaba verte
recogida a ti, ocultaba
un hombre en ese retrete.
Lisardo
(¡Qué oigo!).
Hipólita
¡Hay tan gran desvergüenza!
¿En mi casa se consiente
tal atrevimiento?
Laura
¡Tú
también contra mí!
Hipólita
¿Qué quieres,
Laura? Primero soy yo.
Álvaro
Al ir a reconocerle
salió, matando la luz,
que fue al decir yo: «¿Quién eres,
traidor?». Y viendo que había
–porque yo, por ofenderle,
no traté más que buscarle–
tomado –anduve imprudente–
la puerta, tras él salí:
y porque ella no pudiese
escapar, cerré. En efecto,
no le alcancé: conque al verme
desesperado en la calle,
por si por dicha volviese
a saber lo que pasaba,
me he entrado en ella; de suerte
que esto para, como dije,
en que veas a quién tienes
en tu casa y a tu lado.
Lisardo
(¡Que a ocasión de oír esto llegue!).
Hipólita
Por cierto, Laura...
Laura
Señora...
Hipólita
No sé yo de quién lo aprendes.
Álvaro
Para tu recato es bueno.
Hipólita
¡Hombre aquí! ¡Jesús mis veces!
Perdona, Laura, por Dios.
Vicente
¿Quién creyera que tuviese
tanto atrevimiento Laura?
Hipólita
Con oírlo, aun no parece
que es posible.
Álvaro
¿Cómo no?
Mira arrojado el bufete
en que tropezó al salir;
porque al ir a acometerle,
él de esta misma manera
salió...
Llega a la puerta, haciendo la acción, y al abrir ve a Fadrique.
Sale Fadrique.
Álvaro
Mas, ¡cielos!, valedme.
Vicente
¿Qué es eso?
Fadrique
(Ya aquí no hay más
que a todo trance venderme
bien vendido).
Retírase y cierra.
Álvaro
¡Vive Dios
que aún aquí se está! Engañeme
en pensar que se había ido.
Vicente
Mejor con eso sucede,
pues no se irá sin castigo
su atrevimiento.
Hipólita
(¡Que fuese
tal mi desdicha, que el riesgo
a su principio se vuelve!).
Laura
(¡Triste de mí! ¿Qué han de hacer,
cuando sepan que es Gutierre?).
Juana
(Fadrique fue el que se fue;
que allí él no había de meterse).
Vicente
¿Qué esperas? Caiga la puerta
en tierra?
Hipólita
Álvaro, Vicente,
no el duelo de una criada
tanto a los dos os empeñe.
Laura
(¿Qué he de hacer? ¡Ay, infelice!).
Álvaro
¡Que a tantos golpes rebelde
resista una puerta!
Laura
Ved
que yo...
Hipólita
Calla y agradece,
ingrata, que no te doy
el castigo que mereces.
Adelántase Lisardo.
Lisardo
Yo se lo daré por ti,
señora, ya que traerme
pudo a tiempo mi desdicha
que su desacierto oyese.
Laura
(Solo aquesto me faltaba.
¡Mi padre, cielos!).
Hipólita
(¡Que hubiese
de venir su padre ahora!).
Lisardo
Hija ingrata, hoy en tu muerte
me vengaré yo, primero
que en la de un traidor se venguen
esos caballeros cuyo
sagrado respeto ofendes.
Álvaro
Un empeño llama a otro.
Todos
Teneos, señor.
Lisardo
¿Qué es tenerme?
Dejad que los tres partamos
lo que a los tres pertenece
del honor de vuestra casa.
Acabad los dos con ese
traidor; que yo con aquesta
hija vil...
Laura
Señor, detente;
y tú, don Álvaro, y tú
también: quizá, ¡ay, Dios!, en breves
razones, si me escucháis,
podrá ser que algo se enmiende
tan no imaginado error
como mi opinión padece.
Hipólita
(Sin duda, al ver a su padre,
decir la verdad pretende).
Mira, Laura, lo que dices.
Laura
Nada ahora me aconsejes;
que también yo soy primera.
Hipólita
No la oigáis; que es evidente
que no dirá la verdad,
por disculparse.
Laura
No pienses
tal de mí. Tú ¿no me mandas
que a mí la culpa me eche?
Hipólita
Sí.
Laura
Pues yo me la echaré...
(Mas de modo que te pese).
Oíd, pues y dadme luego,
no digo una, mas mil muertes,
si no basta mi disculpa
a moveros.
Todos
¿De qué suerte?
Laura
El hombre que yo, es verdad,
escondí en ese retrete
es mi esposo: conque ya
mi atrevimiento, aunque deje
cabal la queja al decoro,
en mucha parte la vence;
y para lo que le falta
–(no diré que es don Gutierre
hasta ver si les reduzgo
a perdonarle sin verle)–
de suplir, añada esta
razón a otra que la esfuerce:
que es el que a Hipólita dio
la vida. Mirad con este
requisito en favor suyo,
si, como dije, merece
que a quien dio a Hipólita vida
deis en vuestra casa muerte.
Álvaro
(¡Cielos! ¿Qué me toca hacer
en una ocasión tan fuerte?
Mas ¿qué duda mi valor,
cuando el no ser don Gutierre,
pues es el que dio la vida
a mi hermana, me convence
para comprar con los celos
de quien sé que me aborrece
el honor de quien sé que amo?
Vicente
Si yo gobernar hubiese,
don Álvaro, aqueste lance...
Laura no te ama: ¿qué pierdes
en hacer noble el dolor?
Mejor será que se ausente,
y llévese de camino
todas tus penas.
Lisardo
(¡Si fuese
tal mi dicha, que piadosos
su honor y mi honor remedien!).
Hipólita
(Más ha sabido que yo,
Laura, pues mañosamente
echándose a sí la culpa,
me obliga a un tiempo y me ofende.
Si me pongo de su parte,
la caso con don Gutierre;
si no, la vida le quito,
que le debo; y finalmente,
dirá que vino por mí).
Laura
¿A qué, señor, te resuelves?
Álvaro
Como él sea el que dio vida
a mi hermana, por que pienses
tú también que yo sé hacer
granjería los desdenes,
le perdono, y te perdono
el no lustroso accidente
de mi casa y de su lado.
Di que abra.
Laura
Pues a ver vienes
mi desengaño y tu vida,
sal, señor: seguro tienes
el paso.
Llega a la puerta de Fadrique.
Fadrique
Aunque aquesta vez
me engañe, he de abrir.
Laura
(¡Oh, llegue
mi dicha a que no se muden,
al mirar que es don Gutierre!).
Sale Fadrique.
Fadrique
Señor don Álvaro, errores
de amor...
Laura
(¡Cielos! ¿Qué hombre es este?).
Hipólita
(¡No es Gutierre! ¿Cómo aquí
otro? Mas sea lo que fuere
–que después lo sabré–, albricias,
alma).
Lisardo
(¡Ay de mí! Presto vuelve
–¡qué veo!– a ser pesar la dicha,
si es este el que a Laura quiere).
Juana
(¡Fadrique es! ¡Triste de mí!).
Vicente
¿En qué ahora te detienes?
Errores de amor... Prosigue.
Fadrique
...ser tan disculpados suelen,
que hay adagio que los culpa
y adagio que los absuelve.
Forastero soy: no supe
que ésta vuestra casa fuese.
Una criada...
Álvaro
No más,
señor don Íñigo: cese
vuestra voz; que ya sabemos
que aquí una criada os tiene, ...
Juana
(¡Don Íñigo le ha llamado!).
Hipólita
(Él por el criado entiende
ser don Íñigo, al oír
que es quien mi vida defiende).
Lisardo
(¡Don Íñigo! ¿Si mi poca
vista el engaño padece?).
Álvaro
...y puesto que esta criada
es tan noble que merece
vuestra fe y palabra, dadla
la mano, para que quede
todo esto en paz.
Fadrique
¡Yo la mano!
Álvaro
Vos la mano; que no tiene
otra enmienda de mi casa
el decoro, aun cuando fuese
una esclava de mi hermana:
demás, que la que os ofrece
mi valor es hija noble
deste anciano.
Fadrique
Repara en Lisardo.
Sea quien fuere, ...
(Mas, ¡ay!, que dudo al mirarle...).
Lisardo
(Suspenso he quedado al verle).
Fadrique
...pues no me puede obligar
nunca el liviano accidente
de un acaso a que con ella
case...
Hipólita
En mi casa sí puede,
y yo cuando no se hallaran
hoy mis hermanos presentes,
por mi respeto lo hiciera.
Álvaro
Si esto pides, ¿qué hay que esperes?
Laura
Mucho; que el que yo pensé
que estuviera aquí no es este.
Álvaro
¿Cómo es posible? Pues cuando
quedase uno y otro huyese,
tú misma das por razón,
con que mis piedades mueves,
que es quien dio a Hipólita vida,
y quien la dio vida es ese.
Laura
No es él tampoco.
Hipólita
Sí es tal.
Álvaro
Pues eso, ¿qué duda tiene,
si es don Íñigo Ribera,
y ayer fui yo a hablarle y verle?
Lisardo
Pues, aunque le veas y hables,
algún engaño padeces;
que el que don Íñigo llamas
es Fadrique, un delincuente
que conozco desde el día
que, para darle la muerte,
a mi sobrino buscó
en mi casa; y he de hacerle
pedazos, antes que a Laura
yo por esposa le entregue.
Álvaro
Mirad que estáis engañado.
Lisardo
No estoy, señor.
Fadrique
(¿Qué he de hacerme
por ambas partes cogido?).
Álvaro
Pues antes que el vuestro empiece,
dejad que mi duelo acabe.
Fadrique
(Mas ya sé en qué resolverme).
Álvaro
Señor o Íñigo o Fadrique
–(¡que con la dama a otro ruegue!)–,
ésta es la que habéis de dar
la mano.
Fadrique
Otro error es ése;
que no conozco esa dama.
Por Juana.
Esta es la que a mí me quiere.
Hipólita
Aún peor está que estaba.
Juana
No está, señora; que miente.
Ni yo le he visto en mi vida.
Vicente
Dudas a dudas suceden.
Álvaro
Pues si con cualquier palabra,
si con cualquier acción crecen
empeños y confusiones,
¿cuánto es mejor, sea quien fuere,
o don Íñigo o Fadrique,
y venga por quien viniere,
Juana o Laura, de una vez
que acabemos con su muerte
con todo?
Fadrique
No será fácil.
Todos
¿De qué suerte?
Fadrique
Desta suerte:
Ninguno mueva las plantas,
si es que su vida pretende.
Amenázalos con una pistola y vase.
Hipólita
Por el balcón se ha arrojado.
Los Dos
Tras él me echaré.
Hipólita
Detente,
Álvaro, Vicente. Antes
que yo esta puerta os franquee,
me habéis de dar muerte a mí.
Álvaro
¿Qué importa que el paso cierres,
dando lugar a que él
ya de la calle se aleje,
si yo sé dónde buscarle?
Toma en tanto el coche y vete
con Juana y Laura a la quinta,
sin permitir que se ausente;
que hay mucho que averiguar
en que fuese uno el que huyese
y otro el que quedase aquí.
Vicente
Yo es fuerza que no le deje.
Vanse los dos.
Lisardo
Yo, por escusar su empeño,
iré a tratar de prenderle.
Tened vos con vos a Laura,
que yo la haré que no os cueste
otro pesar en su vida.
Vase.
Quiere irse Laura.
Hipólita
¿Adónde vas?
Laura
A ponerme
el manto.
Hipólita
Eso no. Tu padre
te dejó aquí.
Laura
Pues ¿qué quieres?
Hipólita
No más de que te halle aquí.
Laura
Ya te entiendo; y si pretendes
tenerme siempre a tu vista,
también a mi vista siempre
estarás.
Hipólita
Pues es igual
el partido, irte no intentes:
que no te has de ver primero
tú que yo con don Gutierre.
Juana, ven conmigo en tanto
que la carroza previenen:
direte una diligencia
que por mí has de hacer.
Laura
(Crueles
desdichas, ¿qué haré?).
Hipólita
Conmigo
ven. No aquí sin mí te quedes.
Laura
¡Ay, honor, lo que me cuestas!
Hipólita
¡Ay, amor, lo que me debes!
Vanse y salen don Gutierre y Gonzalo.
Gutierre
Como le dejé en la calle
y al salir no le encontré,
ni sé dónde está ni sé
adónde pueda buscalle.
Gonzalo
¿Cómo no me dices, pues,
qué hubo? ¿Sintiéronte, di,
en cas de Hipólita?
Gutierre
Sí;
y lo peor dello no es
sino que hoy perdí, entre fieras
ansias y desdichas raras,
a Laura.
Gonzalo
No la jugaras,
señor, y no la perdieras.
Pero ¿qué tiene que ver
con Laura, Hipólita bella?
Gutierre
Pues ¿no está Laura con ella,
como criada, en poder
de don Álvaro?
Gonzalo
¡Qué dices!
Gutierre
Que solo mi hado pudiera
hacer que se compusiera
de tantos, tan infelices
casos como en mí ha dispuesto
novela tal, que en sí encierre
varios cabos.
Sale Fadrique.
Fadrique
¡Don Gutierre!
Gutierre
Seáis bien venido. ¿Qué es esto?
¿Qué traéis?
Fadrique
Muerto me hallo.
Gutierre
¿Hay alguna novedad?
Fadrique
Mientras la digo, mandad
que me ensillen un caballo:
que a toda prisa conviene
a los dos que no esté aquí.
Gutierre
A Gonzalo
Que se le aderecen, di.
¿Qué ha habido?
Gonzalo
(Con mosca viene).
Direlo y vendré volando
para saber lo que fue.
Vase.
Fadrique
En la calle me quedé
donde me dejasteis, cuando
Juana, que la puerta había
dejado abierta, volvió
a buscarme, y me metió
dentro de casa.
Gutierre
Sí haría.
Fadrique
Ruido a la puerta, sentí
que estabais; y como yo
no sabía la casa, no
supe en lo que me metí.
De modo –¡qué error tan grave!–
que encerrado hasta esta hora
me vi.
Sale Gonzalo.
Gonzalo
Nadie que enamora
en lo que se mete sabe.
Fadrique
Llegó el día; peor aún, no
pude con él escapar.
Gutierre
¿Quién pudiera imaginar
que Juana os tenía allí?
Gonzalo
Yo.
Fadrique
Sentido, pues, y alterados
los hermanos, por remedio
toman que me case.
Gonzalo
Es medio
de todos los encerrados.
Fadrique
Y aun no con Juana, sino
con no sé qué Laura, en quien
cayó la sospecha.
Gonzalo
Y bien...
Gutierre
¡Qué decís!
Fadrique
Pues no paró
aquí, que esta Laura es
prima del que di la muerte,
y parte el padre; de suerte
que hallándose allí, después
que la duda ventilaron,
con mil lances importunos,
llamándome Íñigo unos
y otros Fadrique, tomaron
último acuerdo de que,
Íñigo o Fadrique, muera
o me case.
Gonzalo
Todo era
uno.
Fadrique
Viendo esto, me eché
por un balcón.
Gonzalo
¡Atención!,
que es remedio singular
a quien quisieren casar
echarse por un balcón.
Fadrique
Conque es fuerza que a los dos
esté bien faltar de aquí,
por que el que es engaño en mí
no sea desengaño en vos.
Gutierre
Pues aun más que imagináis
importa; que aquesa Laura
que a Juana el riesgo restaura
es por la que me miráis
arder en pasión tan ciega.
Y para mayor castigo,
en casa de mi enemigo
la vine a hallar.
Gonzalo
Y él que llega.
Gutierre
¿Qué dices?
Gonzalo
Que viene aquí
don Álvaro.
Fadrique
No me vea,
por que otro empeño no sea,
ya que el faltar yo de aquí
lo enmienda todo.
Vase.
Gutierre
¿Qué haré?
Que es fuerza que dé conmigo,
porque, si a Fadrique sigo,
después que aquí gente ve,
sabrá que se han escondido.
Gonzalo
Al paño Álvaro y Vicente.
¿Qué importa hablarle?
Álvaro
Vicente,
en ese portal de enfrente
me espera.
Vicente
En él prevenido
a todo lance aguardando
estoy.
Vase.
Álvaro
¿Y vuestro amo?
Gonzalo
No
ha venido hasta ahora.
Gutierre
Yo
también le estoy esperando.
Álvaro
Guárdeos el cielo.
Gutierre
Y a vos
dé vida.
Álvaro
(¡Qué ansia!).
Gutierre
(¡Tirana
pena!).
Gonzalo
(¡Qué de mala gana
se han saludado los dos!).
Gutierre
(¡Que fuerza esto haya de ser!).
Álvaro
(Mal disimular pretendo).
Gonzalo
(¿No es bueno que se están viendo,
y que no se puedan ver?).
Gutierre
Fue en la campaña mi amigo
don Íñigo; no sabía
que aquí estuviese, y venía
a verle.
Álvaro
Lo mismo digo,
que obligado yo también
le busco, porque a mi hermana,
cayendo de una ventana,
la socorrió, y así es bien
que en su nombre agradecido
le visite.
Gutierre
Claro está.
Álvaro
¿Sabréis a qué hora vendrá?
Gonzalo
Pienso que a una holgura ha ido,
y hasta la noche no creo
que venga.
Gutierre
A mí me decía
lo mismo, y yo ya quería
irme. (Con esto deseo
ver si se va).
Álvaro
Pues dejalle
quiero un papel.
Gutierre
(Despedido
ya, en vano estar aquí ha sido;
mas, dando vuelta a la calle,
volveré, por si los dos
se llegan acaso a ver
y también para saber
del papel). Adiós.
Álvaro
Adiós.
Gutierre
No cierres tú.
Vase.
Álvaro
(Cierto está
que de mí recelo tenga
este hombre, y que no venga
a su casa. Así será
bien escribirle un papel
por que sepa que le espero;
pues, bandido o caballero,
mi obligación cumplo en él).
Pónese a escribir.
Gonzalo
(Por si acaso se ha quedado
con malicia de buscar
a Fadrique, he de cerrar
aquella puerta).
Vase.
Sale Juana con manto y un papel.
Juana
(No he hallado
a quién preguntar por él;
mas, si abierto está, no entiendo
que es necesario. Escribiendo
le veo). Aqueste papel
tomad, don Íñigo, y sea
la respuesta... Mas ¡qué veo!
Álvaro
Juana, ¡tú aquí!
Juana
(Cierta creo
que es mi muerte).
Álvaro
(El papel lea,
y nuevo mal en él tema,
pues que se facilitó
tanto, que aun no me costó
que le rasgase la nema.
¡Cielos! Letra es de mi hermana.
¡Bien temí nuevo pesar!).
Juana
(¡Oh, quién pudiera escapar!).
Álvaro
¿Dónde vas? Detente, Juana.
(Turbado le empiezo a leer;
pero no ha de ser aquí,
no venga gente, y así,
pues nadie la pudo ver,
mejor es pasar con ella
en aquel portal de enfrente,
adonde está don Vicente).
Juana
Es la mía dura estrella.
Álvaro
Calla, y ven.
Juana
Mira que eres
soltero...
Álvaro
Aquí no hay más medio.
Juana
...y perderás tu remedio
si ven que andas con mujeres
por la calle. Yo me iré.
Álvaro
Conmigo, Juana, has de ir.
Vanse y sale Gonzalo.
Gonzalo
¿Si ha acabado de escribir?
Pero sin dejar se fue
papel ni recado alguno.
¿Qué puede haber sucedido
para que así se haya ido?
En la calle no hay ninguno.
Vase.
Salen a la otra parte Álvaro, Vicente y Juana.
Álvaro
Aquesto el papel contiene,
y Hipólita es quien le llama.
Vicente
Pues a nuestro honor y fama
lo que ahora más conviene
es que Juana dé el papel,
pues que le llama sabemos,
y a qué hora, y le esperemos
a vengarnos della y de él.
Álvaro
Dices bien. Juana, la vida
te importa que el papel des,
sin decir que le abrí, pues
no va la nema rompida;
y pues falta él, y el criado
parado a la puerta está,
dale a él; que él se le dará.
Juana
Yo iré, si en eso os agrado.
Vicente
Mira que desde aquí estamos
mirando si se le das.
Juana
(¿Pudiera el diablo hacer más?).
Álvaro
Y mira que te esperamos,
sin que pretendas huir;
porque, si escaparte quieres,
adondequiera que fueres
los dos te hemos de seguir;
y así, en dándole, aquí vuelve.
Vanse y sale Gutierre.
Gutierre
(¿Si habrá entendido que está
allí Fadrique, o habrá
escrito? En fin, se resuelve
mi cuidado a saber que...
Mas Gonzalo está a la puerta).
Juana
(Yo voy ni viva ni muerta).
Gutierre
Gonzalo, ¿qué hay?
Gonzalo
Que se fue
don Álvaro, sin decir
nada.
Gutierre
¿El papel que dejó?...
Gonzalo
Tampoco le he visto yo.
Gutierre
¿Quién pudiera discurrir,
¡cielos!, en qué puede ser
querer escribir, y no
escribir, y irse?
Álvaro y Vicente al paño.
Vicente
¿Llegó,
Juana?
Álvaro
¡Aún hay más que temer!
Que don Gutierre ha llegado.
Juana
(Don Íñigo está con él.
Mejor es dar el papel
al amo que no al criado,
pues ya están juntos los dos,
y este es el fin a que van
los que mirándome están).
Leed ese papel, y adiós.
Dale un papel a don Gutierre.
Gutierre
Juana, oye.
Juana
No me sigáis;
que importa si me seguís
más de lo que presumís.
Gonzalo
Ingrata...
Juana
No me tengáis.
Gutierre
Déjala ir.
Lee don Gutierre.
Vicente
(¡Viven los cielos,
que por que todo se yerre
dio el papel a don Gutierre!).
Juana
A don Álvaro y don Vicente
Ya hasta aquí vuestros desvelos
servidos están.
Álvaro
¡Qué has hecho!
¿A quién el papel has dado,
mujer?
Juana
Si con el criado
ya el amo estaba, sospecho
que hice bien en darle a él.
Álvaro
¿A qué amo se le das,
si es Gutierre?
Juana
Ciego estás;
que don Íñigo es aquel.
Vicente
¿Qué don Íñigo?
Juana
Al que yo,
señor, el papel traía,
que es el mismo que aquel día
la vida a Hipólita dio.
Álvaro
¿Qué dices?
Juana
Que aquel, señor,
don Íñigo es de Ribera,
no el de anoche.
Álvaro
¿Quién creyera
que ahora faltara este error
sobre tantos?
Vicente
Mira bien
lo que dices.
Juana
Bien mirado
lo tengo; que aquel criado
es de don Íñigo, a quien
di el papel.
Álvaro
¿Qué fuera, cielos,
yendo aclarando el error,
que en el amor y el honor
me dé don Gutierre celos?
Vicente
Aqueso no es para aquí.
A Juana los dos llevemos
y en la gruta la encerremos
del jardín, para que así
a nadie avise; que al ver
quién va del papel llamado,
saldremos deste cuidado.
Álvaro
Dices bien.
Vanse los tres.
Gutierre
Vuelvo a leer
otra y mil veces, y aún no
pienso que de otra y mil veces,
según las dudas me ofreces,
podré descifrarte.
Gonzalo
Yo,
mientras tú en esa locura
das, pues salir no se atreve,
es bien que al otro amo lleve
mandamiento de soltura.
Vase.
Gutierre
Lee.
«De las confusiones que anoche dejasteis,
aún más en mi pecho que en mi casa,
me importa el advertiros las resultas.
No me atrevo a fiarlas del papel.
La noche tiene sombras;
rejas, los jardines de la quinta;
yo estoy afligida, y vos sois caballero.
Dios os guarde».
Esta, vez sin firma viene
el papel, mas bien sin firma,
breve su estilo, confirma
el sutil dueño que tiene.
A sus jardines me llama
después de saber quién soy
y después –¡confuso estoy!–
de saber también que me ama
Laura. Pero ¿qué mi estrella
admira el nuevo favor,
pues el mérito mayor
desta es la elección de aquella?
Vase.
Sale Hipólita, y Laura detrás della.
Hipólita
Juana no vuelve; sin duda
que su temor la ausentó.
Mas con todo, por si dio
el papel, es bien que acuda,
ya que la noche cerrando
baja, al jardín, por si viene
don Gutierre; pues previene
mi ventura que, llegando
a él mis hermanos, apenas
pues la puerta falsa abrieron,
cuando los dos se volvieron
a la ciudad, y pues llenas
las nubes ya de horror vio
el sol, que a oscuras las deja,
vea de una en otra reja
si... Mas ¿quién está aquí?
Laura
Yo.
Hipólita
Laura, ¡tras mí!
Laura
Si es tu gusto
que no te deje, ¿por qué
te he de dejar?
Hipólita
¡Bien a fe!
Laura
Bien o mal, servirte es justo.
Hipólita
¡Qué buena conformidad!
Laura
Tú lo dispusiste así.
Juana
dentro
¡Ay, desdichada de mí!
Hipólita
¿Quién en esta soledad
llora?
Laura
De la voz el dueño
dijera que Juana era.
Juana
¿Quién pensara que yo hiciera
pasos de «La vida es sueño»?
Hipólita
¡Juana!
Juana
¿Quién de la otra vida
viene a visitarme?
Hipólita
No
temas; quien te habla soy yo.
¿Adónde estás escondida?
Juana
Oye, que es honra y provecho,
y será en esta ocasión
la primera relación
que desde adentro se ha hecho.
De don Íñigo en la casa
con don Álvaro encontré.
Cogiome el papel; conque,
leído, a tanta furia pasa,
que me mandó que le diera;
y por que no te avisara
me encerró en aquesta rara
oscuridad; de manera
que, sabiendo que le esperas,
están para darle muerte.
Laura
¿Quién vio más infeliz suerte?
¿Quién vio desdichas más fieras?
Hipólita
¿Mi hermano el papel leyó,
y sabe –¡hoy sin duda muero!–
que le llamo y que le espero?
Laura
(Dichosa fuera, si yo
darle el aviso pudiera.
Mas ¿qué tengo que temer?
Saliendo al paso he de hacer
que viva él, aunque yo muera).
Vase.
Gutierre
dentro
Aquí me esperad los dos.
Juana
¡Ay, desdichada de mí,
que anda una culebra aquí!
Señora, por solo Dios
abras la puerta siquiera.
Gutierre
Calla, no des voces, que
yo, Juana, te la abriré.
Juana
¿Cómo?
Gutierre
De aquesta manera.
Sal conmigo ahora, y no
temas.
Juana
No es, si verdad digo,
fácil de acabar conmigo.
Hipólita
¡Hombre aquí! ¿Quién eres?
Salen por la gruta Gutierre, Fadrique, Juana y Gonzalo.
Gutierre
Yo,
yo, señora, que buscando
modos de hallarte, he dispuesto
que donde te di la vida
la tierra me aborte muerto.
Llamado de tu papel,
en esa gruta encubierto
detrás de esa hiedra he estado,
–el cómo no importa– oyendo
hasta asegurarme dellas,
en la fe de mi silencio,
de esa criada las voces;
de cuyos tristes lamentos
el riesgo supe en que vives;
y así me atreví resuelto
a que veas que acompaño
la soledad de tu riesgo.
Mira qué quieres hacer;
que yo sólo te prevengo
que puedes salir segura
por la parte que yo vengo;
para que el mundo conozca
que, adelantando el proverbio,
si antes que todo soy yo,
antes soy yo que yo mesmo.
Hipólita
Don Gutierre, los acasos
tan no esperados han hecho
disculpados, si no nobles,
tal vez los atrevimientos.
Que esté a peligro mi vida,
tú lo ves. Mas ¿cómo puedo,
siendo quien soy, atreverme
a ir donde...?
Gutierre
Medio hay.
Hipólita
¿Qué medio?
Gutierre
Que no seas tú quien te vayas,
y yo te lleve, cumpliendo,
tú forzada y yo atrevido,
tú tu honor y yo mi afecto.
Fadrique y Gonzalo vayan
a la mira.
Hipólita
Si me dejo
yo llevar, mal la violencia
me disculpa.
Los Dos
Vamos presto.
Vanse Fadrique y Gonzalo.
Álvaro
dentro
Pues ya vimos que al llegar
un hombre la puerta abrieron.
Muera.
Lisardo
dentro
¡Ay, infeliz de mí!
Laura
dentro
¿No hay quien me socorra, cielos?
Gutierre
La voz de Laura es aquella.
Llevadla, mientras yo vuelvo.
Hipólita
¿Ya te olvidas de mi vida?
Gutierre
No; mas de aquélla me acuerdo,
cuando de espadas y voces
allí se escucha el estruendo.
Juana
Hacia aquí una mujer viene.
Gutierre
Ya aquí no tiene remedio,
sino los tres retirados
esperar a todo riesgo
para ver lo que nos toca.
Sale Laura.
Laura
¡Ay de mí!
Hipólita
Laura, ¿qué es esto?
Laura
Oí que a Gutierre esperaban
para darle muerte; y viendo
que peligraba el que adoro
a manos del que aborrezco,
al campo desesperada
salir quise con intento
de que le aguardase al paso
la noticia deste riesgo.
Apenas la puerta abro,
cuando con mi padre encuentro,
contra quien tus dos hermanos...
Mas ¿para qué me detengo
en decirlo cuando él,
de sus rigores huyendo,
hacia aquí viene?
Sale Lisardo, retirándose de Álvaro y Vicente.
Lisardo
¿Por qué
me matáis? ¿En qué os ofendo?
Álvaro
¡Vos a estas horas, Lisardo,
en esta quinta! ¿Qué es esto?
Lisardo
Por no dejaros en casa
el escándalo más tiempo,
fui por Laura, después que,
buscando aquel bandolero
con la justicia, no pude
hallarle; y que habíais oyendo
venido a la quinta, a ella
en busca de Laura vengo,
por que no os dé otro pesar
en su vida.
Álvaro
Perdí, ¡cielos!,
la ocasión de mi venganza,
equivocando el encuentro
del que esperé, con Lisardo.
Vicente
Pues ya que la una perdemos,
no se pierdan todas. Muera
una aleve.
Hipólita
Deteneos;
que quizá, si me escucháis,
veréis que culpa no tengo.
(Valor, primero soy yo
que todo: aquí de mi imperio).
Viendo anoche de mi casa
tan profanado el respeto
y que, de una confusión
en otra, iban sucediendo
engaños a engaños, dudas
a dudas, riesgos a riesgos,
quise averiguarlo todo;
y supe que el primer dueño
de todo era don Gutierre,
a quien yo la vida debo,
aunque el temor del criado
dijo otro nombre supuesto.
Laura
(Ella va a decirlo todo).
Hipólita
Y por salvar los empeños,
que de saberlo los dos,
eran precisos, resuelvo
a que acabase la industria
con todo, antes que el acero;
y así, le escribí un papel,
que Juana llevó, diciendo
que, pues estaba afligida
yo, y él era caballero,
viniese a verme esta noche:
de manera, que viniendo
antes que espirase el día,
pudo estar aquí encubierto,
donde casado con Laura,
a ella en mi casa remedio,
a su padre satisfago,
a los dos os desempeño,
y a él le pago finalmente
con la vida que le debo,
y a mí me dejo segura:
para que se vea con esto
que antes soy yo que yo misma,
pues a mí misma me venzo.
Vicente
¿Quién, si no tu industria, pudo...
Álvaro
¿Quién pudo, si no tu ingenio...
Lisardo
¿Quién, si no tu gran piedad...
Laura
¿Quién, si no tu entendimiento...
Gutierre
¿Y quién, si no tu valor...
Vicente
...dar a mi rabia sosiego?
Álvaro
...satisfacción a mis iras?
Lisardo
...a mis desdichas consuelo?
Laura
...a mis fortunas descanso?
Gutierre
...y a mi servicio este premio?
Y pues que desengañado
de tu amor y de mis celos
antes me dejó tu voz,
la mano, Laura, te ofrezco,
en cuyas albricias sólo
en dote, señor, te ruego
des a Fadrique el perdón.
Lisardo
Yo le doy.
Salen Fadrique y Gonzalo.
Fadrique
Yo a tus pies puesto,
los beso humilde.
Juana
Y yo aquí,
desengrutada, parezco
a dar la mano a Gonzalo.
Gonzalo
A don Íñigo con eso;
que yo no quiero más mano
que la que me tomo, puesto
a vuestros pies, con pediros
el perdón de nuestros yerros.
FIN

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Zitationsvorschlag für diese Edition
TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Primero soy yo. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbds.0