- 1623
[Salen] el Príncipe Filipo, Fadrique su hermano, Carlos y Leonelo.
FILIPO
Retírese la gente
a la florida margen de esa fuente,
y pasemos la siesta
en el eterno abril de esta floresta.
FADRIQUE
Aquí –que de esmeraldas
ofrecen estas sombras
colgaduras al monte, al valle alfombras,
siendo en tantos colores
gigante de zafir, pira de flores,
pues, bello Adlante, hasta los cielos sube
a convertirse ufano
si no en pardo dosel, en verde nube–
templemos los ardores del verano
en tanto que amenaza
el sol con saña ardiente.
FILIPO
Noble ejercicio es éste de la caza.
CARLOS
Hace robusto a un príncipe y valiente
y el caballo brïoso
le impone de una suerte
ágil, galán y airoso,
firme en la silla, en los estribos fuerte;
las fuerzas cría y el temor destierra.
FILIPO
Es, en efeto, imagen de la guerra,
¿Qué es ver de un fuerte espín el erizado
cuello, cuando derechas
de las púas que vibra forma flechas,
siendo, en batalla esquiva,
de su misma defensa aljaba viva;
y cuando más cercado
en el monte se mira
de los hambrientos perros acosado,
la presteza con que a uno y otro tira,
reparo haciendo del subtil colmillo
cuyo marfil de Adonis fue cuchillo?
Y cuando más cobarde se retira,
que es de ver un lebrel que, fatigado,
más veloz se provoca,
rendido y no cansado,
haciéndose mordaza de la boca,
pues la lengua se muerde
cuando las presas en el bruto pierde,
y al fin que, perseguido,
repararse pretende,
aunque seguro mal, bien defendido,
mirar cómo, antes muerto que vencido,
con ánimo y sin fuerzas se defiende
matizando las flores
con la sangre y espuma de colores,
pues por boca y heridas de una suerte
derrama copos y corales vierte.
FADRIQUE
¿A quién no le divierte
su lucha imaginada?
¿A quién no da alegría?
Pero a mí más me agrada
en el aire veloz la cetrería.
¿Qué iguala al ver la garza que altanera
al cielo se levanta,
siendo en conquista tanta
término fijo de una y otra esfera;
que entre el fuego y el viento
corre sin alterar el movimiento,
cuando del aire en la región suprema
bate las alas que en el fuego quema,
y cuando, más soberbia, se remonta
haciendo de su pluma al aire esmalte?
¿Qué es ver un generoso gerifalte,
nuevamente a la luz restituido,
conducirse atrevido
a la garza y hacer en su porfía
noble campaña la estación vacía,
cuando en admiración grandeza suma,
abrasada la pluma,
los dos con vuelo ciego
rayos de pluma son, aves de fuego,
hasta que al suelo bajan
abatiendo a la tierra el vuelo altivo
dos rayos, uno muerto y otro vivo?
¿Y qué es ver, de los vientos superiores
abatida la esfera,
viendo en ella volar la primavera,
pues aves que la pueblan de colores
flores de pluma son, aves de flores,
llenándole confuso
de alcotanes baharíes
de sacres, gerifaltes y neblíes?
Mas, ¿qué venís hablando,
todo hoy los tres a solas murmurando?
LEONELO
Ya es tiempo.
FILIPO
¿Es tiempo, Conde?
CARLOS
Sí, ¿qué esperas?
FADRIQUE
¿Para qué es tiempo ya?
FILIPO
Para que mueras.
FADRIQUE
Hermano, Carlos, Leonelo,
¿qué tirana furia es ésta?
Pues, ¿para mí las espadas?
¿Qué injusta cólera os ciega?
¿Qué envidioso me persigue,
para que de esta manera
toméis venganzas, no siendo
vuestro agravio mi inocencia?
¿En qué os ofende mi vida?
¿Qué injusto traidor os fuerza?
FILIPO
Pues has de morir, escucha,
para que la causa sepas.
Hijos del duque Fabricio,
que los estados gobierna
de Milán, somos, y es bien
que nuestra distancia adviertas.
Un mismo padre nos dio
un ser mismo, aunque en diversas
madres, con tanta distancia
como va de mala a buena.
No es mucho que, siendo hermanos,
yo noble y tú infame seas,
pues no es mucho que una causa
tan varios efetos tenga:
si a los rayos del sol ponen
blando barro y dura cera,
verás ése endurecerse,
verás ablandarse ésta:
¿qué mucho, pues, que en los dos
imprima una causa mesma
en barro humilde tu infamia
y en la cera mi nobleza?
Hijo natural del duque
eres, que en una francesa
dama te tuvo mi padre
sin ser casado con ella.
Muy noble dicen que fue,
mas ¿qué importa que lo sea
si facilidad infame
disculpa mal la nobleza?
Antes la descubre más,
que la mancha más afea
que en un paño muy humilde
en una muy rica tela.
Después de tenerte a ti,
casó con Julia, marquesa
de Ferrara, madre mía,
noble por él y por ella.
Murió, en fin, y nuestro padre
quiere que a la Corte vengas,
mudando el rústico ser
que te dio una pobre aldea.
Juntos nos hemos crïado
y con la misma grandeza,
llamándote yo mi hermano
como si en todo lo fueras.
El vulgo, siempre inconstante,
que novedades desea,
ha dado en quererte tanto
que es en tu alabanza lenguas;
y no por grandezas tuyas,
como porque alguna estrella
te ayuda, porque algo bueno
en tu nacimiento tengas.
Si haces mal a algún caballo
te aplaude de tal manera
que el hacer mal lo haces bien.
Si sales a la carrera,
tú sólo eres a sus ojos
airoso y galán en ella,
y en máscaras disfrazadas
siempre es la mejor tu empresa.
En las justas y torneos
tu divisa es la más bella;
en los festines, tus galas;
en la Corte, tus libreas.
Admitido de las damas,
y aun sé que alguna deseas,
sabiendo que tengo puestos
los ojos en su belleza.
Esa sortija, en que yo
estoy esculpido, muestra
mis celos y mis agravios:
yo la di a Jacinta bella;
y a tanto extremo has llegado
que la fama novelera
«el gallardo milanés»
te llama por excelencia.
De aqueste aplauso ha nacido
en mí envidia, en ti soberbia.
Un soberbio, un envidioso,
¿adónde quieres que quepan?
Estrecho es Milán, y el mundo
es estrecho, y ansí es fuerza
que el uno de los dos falte
y éste quiero que tú seas.
Nuestro padre está cansado,
y esperar su muerte engendra
en mí un temor que han de hacerte
el Duque de Milán.
FADRIQUE
¡Cesa!
Cesa de hablar en mi agravio,
y permítele a mi lengua
nobles disculpas, si acaso
la misma voz no se niega.
Hermanos somos, y yo
concedo la diferencia;
pero el caballo castizo
hechura es de quien le engendra.
No disculpo yo a mi madre;
que una liviana flaqueza
tan aborrecible es
que aun un hijo la condena,
pero si, como tú dices,
fue muy noble, mal conciertan
nobleza y facilidad;
no es posible que esto sea,
que si es la unión de dos almas
matrimonio en la conciencia,
solos saben él y el cielo
si fue casado con ella.
Mas viniendo a averiguar
tu mal nacida sospecha
que, engendrada de un temor,
es cobardía por fuerza,
¿qué ambiciones viste en mí
de adquirir infame hacienda?
¿Qué príncipes conjurados
tengo para mi defensa?
¿Con quién traté de tu agravio,
o qué razones soberbias
has oído en tu desprecio?
¿Qué armas previne en tu ofensa?
Todos mis delitos son
ser bienquisto; ¿quién creyera
que porque me quieren todos
un hermano me aborrezca?
Pero hoy el mundo, y tú mismo,
mis desdichas considera,
pues de los merecimientos
hago agravios, formo ofensas.
Como hermano te he querido,
y si hoy el duque muriera,
hoy jurara yo el primero
en tus manos la obediencia.
Esto he dicho por dejar
tu presunción satisfecha
y por volver por mi honor,
mi lealtad y mi inocencia,
mas no para que presumas
que es el temor quien me fuerza
a darte satisfaciones,
porque no es razón que tema
traidores tan declarados.
Antes de agora pudiera,
pues de cualquiera fïara
mil vidas, si mil tuviera.
¿Para aquesto fue la caza?
¡Venturoso aquel que llega
a conocer su enemigo!
Mas la natural defensa
me obliga a que de los tres,
como puedo, me defienda.
Tres sois, y para traidores
sois muy pocos.
CARLOS
¡Muera!
FILIPO
Espera.
¿Qué mayor testigo quieres
de tu arrogancia y soberbia,
pues solo y en este monte
de tres defenderte piensas?
Pero porque mi intención
declaradamente veas
que no es matarte mas sólo
asegurar mi sospecha,
la vida que no te quito
te doy; no quiero que mueras,
sino que dentro de un día
dejes de Milán la tierra.
Pasa a otros reinos, adonde
tan grande ventura tengas
que vengas a ser señor
por tus armas o tus letras;
que mi palabra te doy
de darte ayuda en las guerras,
darte crédito en las paces,
y para todas mi hacienda.
Déjame en Milán seguro.
FADRIQUE
Mejor, Filipo, dijeras,
«Parte siguro», que yo
lo iré, pues que tú lo quedas.
Mas ¿quién ha visto que pida
seguridad tan incierta
el traidor al que es leal,
la malicia a la inocencia?
Yo me iré, no porque pienses
que ejecuto tu obediencia,
sino por hüir de ti,
y ¡plegue al cielo que pueda!,
que de un traidor poderoso
mal podré tener defensa
desde los brazos del sol
hasta el centro de la tierra.
Mas sólo el que es bien nacido
quiero que en los dos se sepa:
yo, que no busco venganzas;
tú, que traiciones engendras.
El que por sí mismo es noble
sólo este nombre merezca;
que no excede la heredada
a la adquirida nobleza.
Un día me das de plazo;
no le quiero, porque adviertas
que no he de vivir un día
volviendo atrás la cabeza;
pues que viviendo a tu lado
era ya, Filipo, fuerza
vivir mirando tus manos,
morir guardando tu lengua.
Desde aquí me tengo de ir,
no cargado de riquezas,
que las del propio valor
son más estimadas prendas,
y tanto, que este vestido
no he de llevar, porque veas
que aun un vestido no llevo
adquirido de tu tierra.
Sólo aquesta espada elijo
por mi amparo y mi defensa;
mas, no yendo tú tras mí,
aun voy seguro sin ella;
(Adiós, Jacinta.)
Aparte.
Vase.
CARLOS
No sé
si en dejarle vivo aciertas.
LEONELO
A un poderoso señor
dale muerte y no le ofendas.
CARLOS
Como un loco va arrojando
los vestidos por la selva.
LEONELO
Ansí dirá tu traición.
FILIPO
¡Ay Carlos, bien me aconsejas!
¡Bien me aconsejas, Leonelo!
Seguidme los dos, y muera.
Vanse y sale Fadrique sin el vestido, con la espada desnuda.
FADRIQUE
Porque pasando adelante
atrás mi valor no vuelva,
no busco mejor camino
que el de esta partida peña
por cuya cavada gruta
el Po despeñado entra.
Salen con las espadas desnudas.
FILIPO
¡Matalde!
FADRIQUE
¿Ya te arrepientes?
¿Este instante aun no me dejas
de vida para quejarme?
Ah, traidor.
FILIPO
Tu muerte es cierta.
FADRIQUE
Aun me cerró la fortuna
camino por donde pueda
huir, si al río no me arrojo;
no es desesperación ésta,
cuando tan cierto peligro
dejo por la contingencia
(y aunque el cuerpo al agua arrojo,
Jacinta, el alma te queda.)
Dadme corriente sepulcro,
aguas, en las ondas vuestras:
no viva en la tierra yo
y en vuestras espumas muera.
Aparte.
CARLOS
¡Qué gran valor ha mostrado!
FILIPO
Gran resolución es ésta.
LEONELO
Ya desde aquellos peñascos
a las aguas se despeña.
CARLOS
Morirá del golpe.
FILIPO
Ya
de su desdicha me pesa.
¡Ay, Fadrique, yo te he muerto!
¿Qué habemos de hacer?
CARLOS
Que sea
nuestra mentira verdad
y la necesidad, fuerza:
decir al duque que, yendo
con una veloz carrera
en un caballo, cayó
desde aquestas mismas peñas
y que el Po le dio sepulcro.
FILIPO
La verdad, Carlos, es ésa,
pues corriendo su fortuna
hoy mi envidia le despeña.
Vanse, y sale Marcial, criado de Fadrique, como que lo ha visto.
MARCIAL
¡Oh, mancebo generoso,
a cuya noble grandeza
aun es limitado acento
la fama, haciéndose lenguas!
¡Quién a costa de su vida
darte en sus brazos pudiera
favor contra la fortuna
y contra las aguas fuerza!
Perdona si, cuando vi
a tu pecho las opuestas
espadas que dio la envidia,
no me atreví a tu defensa.
Sabe el cielo si mi pecho
escudo a su golpe fuera,
mas a golpes de Fortuna
no hiciera yo resistencia.
Desesperado a las aguas
te arrojaste, y yo siguiera
tus pasos, mas no son pasos
los que vas dando por ellas.
Este caudaloso río
divide diversas tierras:
estas son del de Milán,
del Duque de Mantua aquellas.
¡Oh, si los cielos piadosos
darte paso permitieran,
para que de esotra parte
vida a lo menos tuvieras!
¡Oh, si de los pescadores
que en breves vasos navegan
este piélago, ayudado
milagrosamente fueras!
¿Qué he de hacer? ¡Direle al duque
esta traición! Pero cesa,
lengua, porque del hablar
resultan mayores penas.
(Vase, y salen Celia y Flora, vestidas de caza.)
CELIA
¿No te divierte este prado,
que, matizado de flores,
en variedad de colores
es un hermoso dechado[Z23r]
del cielo, porque sus bellas
plantas forman deleitosas
un laberinto de rosas,
como en el cielo de estrellas?
¿No te alegran estas fuentes,
dulces por lo lisonjeras,
süaves por lo parleras
e ingratas por sus corrientes?
¿No te da gusto este monte,
a quien el sol de sus lumbres
corona las altas cumbres,
términos de este horizonte,
pues al descubrir su coche,
y al venir la noche fría,
es atalaya del día
y sepulcro de la noche?
Aquesta boca, por donde
dividiéndose a pedazos
el Po dilata sus brazos
y en esas peñas se esconde,
di, ¿no te causa alegría?
FLORA
Antes pensar en su gusto
aumenta más mi disgusto.
CELIA
¡Extraña melancolía!
Desde la Corte veniste
a esta selva, donde estás
para divertirte, y más
parece que a estar más triste.
Poco, señora, te debo,
pues tanto de mí has guardado
este secreto cuidado;
y a preguntar no me atrevo
de qué procede el rigor
que te aflige; y si no fuera
atrevimiento, dijera,
Flora, que tienes amor;
que un continuo suspirar,
un abrasado sentir,
un siempre mudo decir
con un parlero callar,
efetos son de quien ama.
Sin duda que quieres bien;
dime, por tu vida, a quién.
FLORA
Escúchame, pues la fama,
Celia, que ocupa veloz
los ecos más escondidos,
tal vez tocó a mis oídos
con acentos de su voz,
porque por diversos modos,
o enfadosa o lisonjera,
es la fama pregonera
espíritu que habla en todos.
A mis oídos llegó
el nombre de un caballero;
que decirte que le quiero
fuera hacerme ofensa yo,
pero, aunque te lo dijera,
nada, Celia, aventurara,
pues lo que a mí me agraviara
a mí me lo agradeciera.
Al fin, su opinión es tal,
que si no le quiero bien,
Celia, porque no sé a quién,
sé que no le quiero mal.
Esto basta que te diga,
y aun esto no pensé decir.
CELIA
Sí; pero a tanto sentir,
¿qué causa, Flora, te obliga?
FLORA
¡Qué mal mi disgusto ves!
CELIA
Saber lo demás espero.
FLORA
Sabrás que este caballero
don Fadrique Esforcia es,
que del Duque de Milán
es hijo; y de dos que tiene,
al otro el estado viene;
y aquí mis penas están.
Darme estado ha pretendido
mi padre, y de aquestos dos
el que yo aborrezco, ¡ay Dios!,
me ofrece para marido,
para cuyo triste efeto
o para que muera yo,
Otón a Milán partió
con tal recato y secreto.
Dicen que es Filipo un hombre
crüel, soberbio y tirano
y que es, al revés, su hermano
de apacible fama y nombre.
Mira si causa he tenido,
Celia, para congojarme,
pues quiero a otro sin casarme
y aborrezco a mi marido.
Dentro Fadrique.
FADRIQUE
¡Ay de mi!
FLORA
¡Infelice suerte!
Allí un hombre agonizando,
con el agua peleando
está bebiendo su muerte;
y cuando a hablar se provoca,
apenas el labio mueve
cuando por viento agua bebe,
que es mordaza de su boca.
CELIA
Ya de una ola arrojado
en la arena ha parecido,
de la espuma producido,
en las ondas engendrado.
FLORA
Y ya nadando en el suelo
parece que vuelve en sí.
CELIA
¡Qué gran lástima!
Sale mojado.
FADRIQUE
¡Ay de mí!
FLORA
¡Qué pena!
FADRIQUE
¡Válgame el cielo!
FLORA
Mil parabienes me doy
de su vida, porque hacía
mayor mi melancolía
su desdicha.
FADRIQUE
¿Dónde estoy?
¿Qué tierra es ésta que veo?,
o ¿qué cielo es el que miro?,
que, pues ángeles admiro,
con justa causa lo creo.
¿A quién he de agradecer
la piedad de haberme dado
la vida? ¿Quién me ha sacado
aquí?
FLORA
Quien desea saber
quién eres, y qué importuna
suerte infeliz te ha traído
al teatro donde has sido
tragedia de la fortuna
o parto del Po.
FADRIQUE
Diré
mi infeliz suceso cuando
sepa a quién estoy hablando;
porque mientras no lo sé,
a decirlo no me atrevo,
señora, porque no es bien
que hable sin saber a quién
y el decoro que le debo.
FLORA
Duquesa de Mantua soy.
No te levantes; responde.
(Prueba a levantarse.)
FADRIQUE
Bien dices, que no hay adonde
mientras a tus pies estoy;
mas déjamelos besar.
FLORA
No has de levantarte: di
tu nombre sentado.
FADRIQUE
(Aquí
quién soy me importa callar.)
Aparte.
Salen el Duque y Otavio.
OTAVIO
Flora quedaba con él.
DUQUE
Gran ventura fue que a nado
saliese.
FLORA
Pues has llegado,
oirás su suerte crüel.
FADRIQUE
Milán, señora, es mi patria,
aunque en ella, humilde y pobre,
mis bienes son mi fortuna
y el Desdichado mi nombre;
y tanto este nombre ha sido
a mis sucesos conforme
que, aunque pretendo callarle,
mi estado le dice a voces.
Humildes padres me dieron
limpio origen, si no noble,
en cuyo amparo viví
en tanto que de arreboles
renovándose en su fuego,
fénix de sus resplandores,
doce veces coronó
el sol a los signos doce.
Sin padre entonces quedé,
heredando sólo entonces
un barco, pobre aun de remos,
de dichas y de favores.
Con éste mi padre andaba
entre otros pescadores
que, labradores del agua,
la labran cuando la rompen,
pues en mal formados sulcos
que dejan, si en ella corren,
sembrando engañosas redes
escamado el fruto cogen.
Con él heredé el oficio:
¡mil veces infame el hombre
que a sí mismo se sujeta,
esclavo de lo que come!
Avecindado en el agua
viví sus ondas veloces,
de un leño conducidor,
alma de un robusto roble.
Hoy que, más sereno, el día
prometió gustos mayores,
fié al agua mis deseos,
al viento mis presunciones;
mas quien del viento se fía
con locas satisfacciones,
su misma facilidad,
no la de sus cursos, llore.
Al tiempo, pues, que este río
segunda vez se recoge,
dejando llena la arena
de conchas y caracoles,
un ignorado raudal
me arrebató en sus disformes
corrientes, sin que los remos
resistieran sus rigores.
Dejéme llevar del curso,
trocando el esfuerzo en voces,
mas voces del Desdichado
aun el viento no las oye.
Arrojé al agua el vestido,
y de mis humildes dones
sólo reservé esta espada,
propia inclinación del hombre.
A discreción de las aguas
llegué a unos peñascos, donde
en breves pedazos vi
dividido el barco pobre.
Oh rigurosa Fortuna,
¡qué trofeos te propones!,
¡qué vitorias te prometes!,
¡te adjudicas qué blasones!
En un rendido te vengas:
infame es tu acción, no noble.
Mas, ¡ay!, que humildes rüinas
ensayos son de tus golpes.
Luchando con la corriente
quedé vivo barco entonces,
haciendo remos los brazos
y los ojos dos faroles.
Montes de agua eran las olas,
siendo ya mis miembros torpes
apenas falda de uno,
cuando cumbre de otro monte.
¡Cuántas veces, ya rendido,
di a la muerte mis acciones,
y el deseo de vivir
me otorgó fuerzas mayores!
Nadando, pues, en veneno
–que bien merece este nombre
quien dio, bebida, la muerte–,
llegué a aquesta orilla, donde
halle en tu piedad asilo,
en tu nobleza favores,
amparo en tus nobles manos
y vida en tus plantas nobles.
FLORA
¿A quién no le ha enternecido
tu relación lastimosa?
¡Oh, Fortuna rigurosa,
que con un pobre lo has sido!
¿Un barquillo no perdonas?
Mas, golpes ejecutados
en tan humildes estados
amagos son de coronas.
FADRIQUE
Antes pienso que asigura
su misma inconstancia ansí,
pues quebrando el golpe en mí
la corona está segura.
FLORA
¿Piensas otra vez volver
a vivir la espuma fiera?
FADRIQUE
No, señora, hasta que adquiera
más fuerzas y más poder.
Madre del hombre es la tierra,
y huir el peligro conviene,
pues el que madre no tiene
en no asegurarse yerra,
porque, en fin, está violento
y sujeto a una traición.
FLORA
Pues, ¿quién los traidores son
en el río?
FADRIQUE
El agua y viento.
FLORA
¿Traidores son?
FADRIQUE
¿Qué mayores
que los míos, pues se pagan
de hacer mal, y cuando halagan
son sus entrañas peores?
El día más claro es
el de mayor tempestad,
que llaman con amistad
para vengarse después.
DUQUE
O tu término o tu estado
de suerte me ha enternecido
que con piedad me ha movido
y con valor me ha obligado.
Aquí entre el Rin y el Po tengo,
murados de agua y jazmines,
unos hermosos jardines
donde a divertirme vengo,
y si, en tanto que destierra
tu pecho el temor que fragua,
cansado de labrar agua
quisieres labrar la tierra,
porque más seguro estés,
en este ameno lugar
te puedes ahora quedar.
FADRIQUE
Dame, gran señor, tus pies;
que aquí esperaré que amanse
a sombra de tu favor
de la fortuna el rigor.
DUQUE
Llevalde donde descanse.
(Vanse todos, y quedan Flora y Celia.)
CELIA
¿En qué estás imaginando?
¿De qué estás tan divertida?
Ese sentimiento olvida.
FLORA
¿No sabes qué estoy pensando,
Celia? Que no es este hombre,
como él dice, pescador,
sino hombre de más honor,
de más calidad y nombre.
En Fadrique hablando estaba
Amor, que en mi pecho ha sido
antes muerto que nacido,
cuando la desdicha brava
puerto en esta orilla halló;
y este hombre, Desdichado,
el retrato imaginado
de mi memoria quitó,
y a su presencia mudado,
mil veces me parecía
que era el mismo que tenía
en la idea dibujado,
y consultando el rigor
que en tan grande extremo ves,
éste es Fadrique, o es
a quien yo he tenido amor.
CELIA
¿Eso dices? Pues es bien
que acredites tal sospecha.
FLORA
Sí, Celia, pues ya estoy hecha
a amar sin saber a quién.
CELIA
Tu grande melancolía
casi en locura ha parado.
FLORA
¿Tú, Celia, no has reparado
su lenguaje y cortesía?
¿Tú no advertiste que, cuando
helado y muerto salió,
lo primero preguntó
quién era al que estaba hablando?,
y esto viendo el modo en todo
que al lenguaje le conviene,
pues el rústico no tiene
diferencias; que de un modo
habla siempre.
CELIA
A tu argumento
está, Flora, respondido:
un bruto es agradecido
y del agradecimiento
fue esa pregunta engendrada.
FLORA
Sí, pero en tan gran tormenta
no hacer de otra cosa cuenta
sino de sólo la espada
no es humilde inclinación,
sino de pecho brïoso,
más noble y más generoso.
CELIA
¡Oh, qué bárbara opinión!,
pues la inclinación no fue
de la sangre procedida;
que es negada o concedida
de la estrella. ¿No se ve
al más honroso ejercicio
tal vez un pobre inclinado,
como el más noble y honrado
tal vez entregado al vicio?
¿Qué mucho que se inclinase
a la espada, que es acción
propia del hombre?
FLORA
Razón
tienes en aquesto: pase;
mas, ¿la sortija del dedo
con un extremado engaste?
CELIA
¡Qué despacio le miraste!
Pero disculparlo puedo
con decir que la compró
por cosa menos pesada;
que quien siempre el agua nada
tales prendas procuró.
FLORA
¿Y tan dulces las razones?
¿Las penas tan declaradas?
¿Las palabras tan cortadas?
¿Tan corteses las acciones?
¿Aquel callando decir?
¿Aquel con valor llorar?
¿Tan a tiempo el suspirar,
disimulando el sentir?
Quejarse de la fortuna
ningún hombre humilde sabe,
porque en su pecho no cabe
sino una queja importuna,
llorada rústicamente.
CELIA
Con el viento el mar se altera,
con causa brama una fiera,
que todo su pena siente:
el agua una piedra ablanda.
FLORA
¿No sabes lo que sospecho?
CELIA
¿Qué?
FLORA
Para rústico pecho
muy delgada era la holanda.
Vanse, y sale el Duque de Milán Fabricio, Otón y acompañamiento.
FABRICIO
Dirasle, Otón, al duque cuánto estimo
esta elección que de Filipo ha hecho,
y que en el alma su memoria imprimo,
y, porque quede en todo satisfecho,
que con la ejecución del casamiento
he de decir lo oculto de mi pecho.
No muestro en las palabras el contento;
y Filipo en extremos le mostrara,
si de la caza el fin siempre sangriento
para acciones tan propias le dejara.
En ella ocioso se divierte ahora,
inadvertido de merced tan rara,
con Fadrique, su hermano, porque ignora
la ventura de bien tan soberano.
Mas en su nombre a la divina Flora,
¡oh noble Otón! le besaréis la mano.
OTÓN
Y ahora en el mío de besar la tuya
pues en esta ocasión tanto honor gano,
esta unión quiera el cielo se concluya.
Salen Filipo, Carlos, Leonelo.
FILIPO
¿Y mi señor el duque?
FABRICIO
Cuando advierto
tu turbación, no sé qué es lo que arguya
que ha sucedido; que del daño cierto
e incierto de la causa estoy dudoso.
Habla, prosigue, pues.
FILIPO
Fadrique es muerto,
por quitar de tu duda el fin penoso.
FABRICIO
¡Ay, Filipo! ¿Tu lengua no callara?
¡Dejárasme dudar el riguroso
suceso que temí!, pues que no hallara
más tirano rigor imaginado
ni dolor que más pena me causara.
¿Cómo murió, Filipo, el desdichado?
FILIPO
Un caballo corría que, violento,
era en la tierra un hipogrifo alado
y un águila sin plumas en el viento.
A aqueste, pues, Fadrique presumía
fatigar, apurándole el aliento,
y tan firme la espalda le oprimía
que, discurriendo por la verde estancia,
medio caballo y hombre parecía.
La presunción, la bárbara arrogancia
a la alta cumbre le subió, de donde
midió de su eminencia la distancia.
El Po en sus ondas fúnebres le esconde,
que aun el cuerpo no goza de la tierra;
y aquí el silencio a mi dolor responde.
FABRICIO
¡Qué bien te dan el nombre de la guerra;
oh, cuánto, caza, a su rigor convienes!
Mas porque veas lo que el mundo encierra
cuando a darme esas tristes nuevas vienes,
su pena he de pagarte con contento
y tus pésames hoy con parabienes.
El de Mantua me ofrece en casamiento
para ti su divina Flora. ¡Ingrato
respondes a su noble ofrecimiento!
A aquesto vino Otón con tal recato
que sin verte hoy a Mantua se volvía.
Es Flora de beldad vivo retrato,
donde verás sin sol lucir el día,
donde vive cifrada la hermosura;
con ella Amor a Apolo desafía.
Al duque le dirás la desventura
de Fadrique, que al alma me ha llegado,
y que el amor satisfacer procura
cuanto estoy a sus honras obligado.
OTÓN
Direle tu desdicha y tu deseo,
y tanto su tragedia me ha pesado
que no menos dolor en mi alma creo.
FABRICIO
¡Ay hijo, con razón el desdichado,
de tu mismo valor fuiste trofeo!
Vanse el Duque [Fabricio] y Otón.
CARLOS
Paréceme que has sentido
las nuevas del casamiento.
FILIPO
De Fadrique el fin violento
causa de mi pena ha sido.
LEONELO
Bien fingiste la caída
y el llanto a tu falsa fe.
FILIPO
La caída sí lo fue,
mas la pena no es fingida.
CARLOS
Si tu envidia pretendió
su muerte, ¿que estás ansí?
FILIPO
Su destierro pretendí,
Carlos, que su muerte no.
Nunca pensé yo que hiciera
tan grande temeridad,
sino que su voluntad
al temor obedeciera
y de Milán se ausentara.
Siempre fue nuestro concierto
tenerle ausente, y no muerto,
porque después se acabara
mi temor, y libremente
conmigo a Milán viniera,
donde alma y vida le diera.
CARLOS
Presto un traidor se arrepiente.
Mas volviendo a lo tratado,
señor, de este casamiento,
¿qué sientes de Flora?
FILIPO
Siento,
Carlos, un nuevo cuidado;
pero hiélame también
el llegar a imaginar
que me tengo de casar
sin ver primero con quién.
Fuerte cosa es que sin vella
a ser su esposo me obligo,
y sin consultar conmigo
si podré vivir con ella.
Mi resolución ignoro,…
y más cuando en mi deseo
turbados los ojos veo
de Jacinta, a quien adoro.
Salen Jacinta con un pañuelo en los ojos, y Marcial.
CARLOS
¿Quién duda que por la muerte
de Fadrique será el llanto?
¿Tanto amor le tuvo?
FILIPO
Y tanto
veneno mi pecho vierte,
vuelto en fuego, por los ojos,
como lágrimas los suyos.
CARLOS
Bien han mostrado los tuyos
que son celosos enojos.
Háblala.
FILIPO
No será bien
que pague en extremo tal
culpas de quien quiere mal,
llanto de quien quiso bien.
Vanse los tres.
JACINTA
Vuelve, Marcial, a decirme
las nuevas de pena llenas,
porque ya sólo con penas
has de poder divertirme.
¿Fadrique se despeñó?
MARCIAL
Cuéntase de muchos modos,
y aunque ansí lo vieron todos,
diferente lo vi yo.
JACINTA
Pues, ¿cómo, con tristes llantos,
cuando la nueva me diste
de este modo lo dijiste?
MARCIAL
Por no desmentir a tantos.
Un hombre, señora, había,
con tal opinión y nombre
de que no era para hombre
mas para mujer sería;
y bien claro lo mostró,
pues un día su mujer,
como suele suceder,
un hijo muerto parió,
y no haciendo de esto espantos
dijo, como agora puedo:
«Sin duda murió de miedo
de haber desmentido a tantos».
JACINTA
¿Pues Fadrique no cayó?
MARCIAL
No me aprietes tanto ahora,
si tú no quieres, señora,
que muera de miedo yo.
JACINTA
¿Cómo su desdicha fue?
Fíate, Marcial, de mí.
¿Corrió?
MARCIAL
No.
JACINTA
¿No cayó?
MARCIAL
Sí.
JACINTA
¿Y murió al fin?
MARCIAL
No lo sé.
JACINTA
Su infelice muerte dudas,
y cuando mi pensamiento
de tan creído tormento
a la contingencia mudas,
¿callas tanto? Si no ha muerto,
¿por qué me quieres negar
este gusto de dudar?
Haz mi cierto llanto incierto,
que el secreto te prometo.
MARCIAL
Es guardar, en caso tal,
joya en caja de cristal
fïarle a mujer secreto;
pero, ¿sabes lo que creo?
Que en mujer me he transformado,
porque una vez me han rogado
lo mismo que yo deseo;
pues si quisieras tener
venganza de mi tardanza,
fuera la mayor venganza
el no quererlo saber.
Sabrás, pues, que las razones
de este suceso no oí,
porque solamente vi
desde lejos las acciones.
Yo, que siempre me anticipo,
fui donde desenvainadas
tenían las tres espadas
Carlos, Leonelo y Filipo,
y Fadrique; un poco anduve
sólo, porque se quedaban
todos, y viendo que estaban
suspensos, también lo estuve.
Mucho hablaron, y después
Fadrique se desnudó
y a las ondas se arrojó.
Aquesta la verdad es.
Sus vestidos por el río
luego los tres arrojaron;
y aquesta voz publicaron
del caballo; yo confío
que el cielo dará favor
a su inocencia en tan graves
desdichas. ¿Tú acaso sabes
si él era buen nadador?,
que yo no le vi nadar
en mi vida; que con eso
pudo, aunque extraño suceso,
de esotra parte llegar;
o por ventura ayudado
de algún pescador sería.
JACINTA
Que tan grande tiranía
haya un Príncipe engendrado,
¿quién podrá, Marcial, sufrillo?
Mi llanto y mi pena crece.
MARCIAL
Calla, que ya me parece
que revientas por decillo.
JACINTA
Pues yo, Fadrique, he de ir
a saber de ti y buscarte;
pasaré de esotra parte.
Yo tengo de descubrir
si vivo o si muerto estás,
ya que en mi suerte se ha hallado
el primero bien dudado.
¿Tú no me acompañarás
para que pase adelante
mi intento?
MARCIAL
En cualquier rigor
yo buscaré a mi señor.
JACINTA
Y yo buscaré a mi amante.
MARCIAL
Pero tú…
JACINTA
Nada diré.
MARCIAL
Ni yo pienso decir nada
si estás ya determinada.
JACINTA
¿Cómo más oculta iré
a este amoroso suceso?
MARCIAL
¿Vestiraste de hombre?
JACINTA
No,
no me aplico al traje yo
y es muy de comedias eso.
MARCIAL
Pues ponte de labradora;
que encubre mucho su traje,
mudando sólo el lenguaje.
JACINTA
Aquesta noche a deshora
saldré. ¡Ay, cielos, lo que intenta
con amor una mujer!
MARCIAL
Pues si pretendes saber
mi temor, estame atenta.
Un tuerto a comp[r]ar venía
pan a la plaza, y topó
un cojo, que preguntó
a cómo aquel pan valía.
Había hambre entonces cara,
y encareciendo su afán
le respondió: «Cada pan
cuesta un ojo de la cara».
Díjole el cojo, importuno:
«¿Cómo vais tan afanado,
tuerto, si no habéis comprado
sino solamente uno?»
El tuerto dijo: «No sé,
pero, cojo mentecato,
no comp[r]aréis más barato
pues no vais con mejor pie.»
Uno y otro se amohinó,
y andando los dos al morro,
al pacífico socorro
un corcovado llegó,
y habiéndose apaciguado
aquella pendencia brava,
se halló que cargado estaba
solamente el corcovado.
Aplico: Filipo es
cojo, que anda sin sosiego,
y tú el tuerto, y aun el ciego,
pues tu peligro no ves,
y yo soy en estas fiestas
medianero entre los dos;
¡ay Jacinta, plegue a Dios
no saque el ajuar a cuestas!
JACINTA
Pues que yo tu amparo escojo,
seguro vas a mi lado.
MARCIAL
¡Si no me hace corcovado
algún tuerto o algún cojo!
Vanse y sale Fadrique solo en hábito de villano, con un azadón.
FADRIQUE
Siempre inconstante Fortuna,
para el curso a un desdichado,
pues a tan humilde estado
no se vio llegar ninguna;
si tu mudanza importuna
para humillarme ha de ser,
no tengo ya qué temer;
que si tu tirana guerra
me ha abatido hasta la tierra,
¿adónde podré caer?
Antes te quiero pedir
que te vuelvas a mudar,
pues si no hay dónde bajar
por fuerza será a subir,
pero si llego a advertir
la pena que el alma alcanza
tu mudanza es mi esperanza,
y tal mal mis ojos ven
que para hacerme a mí bien
aun faltará tu mudanza.
Regid, humildes deseos,
en el campo, no un bastón,
sino un rústico azadón,
que aquestos son mis empleos;
las flores son mis trofeos,
su número mis rigores,
mis desdichas sus colores;
y así el azadón desvele
que es bastón que regir suele
un ejército de flores.
Sale Flora, sola.
FLORA
Al azadón arrimado
se ha quedado divertido,
y el movimiento y sentido
tiene a la memoria atado.
Quiero hablarle. ¡Ah, Desdichado!
¿Qué pensamiento penoso
te tiene en el campo ocioso?
FADRIQUE
Al nombre no respondí,
que si en tu boca le oí,
serlo en ella es ser Dichoso.
Gozando venturas tantas
mal ese nombre me toca,
que no lo es quien la boca
pone donde tú las plantas.
Si de oírme no te espantas,
oye lo que eres ahora:
anunciando el sol, Aurora;
Venus en la caza eres;
en aquesos campos, Ceres
y en estos jardines, Flora.
Aquesta tierra no tiene
ya qué cultivar en ella,
si a verter su copia bella
Flora entre sus rosas viene;
el viento el curso detiene;
las fuentes, el blando acento,
las aves, el movimiento;
y el sol tiempla sus rigores,
que por diosa de las flores
todo está a tu voz atento.
FLORA
¿Vate en la tierra mejor
que en el agua?
FADRIQUE
No lo sé,
puesto que en la tierra hallé
otra tormenta mayor.
FLORA
¿Tormenta?
FADRIQUE
Y con tal rigor
que en mis lágrimas me anego,
aunque abrasado navego,
pues en olas de agua allí
me vi abrasado, y aquí
lo estoy en ondas de fuego.
Allí me dieron desmayos
agua y viento contra mí,
y entre tierra y fuego aquí
me anego bebiendo rayos.
Son de la fortuna ensayos
o pruebas del sufrimiento.
Sin duda vivo violento,
pues en cualquiera ocasión
siempre mis contrarios son
agua y tierra, fuego y viento.
FLORA
Tus razones he escuchado
y presumo que este traje
buscó prestado el lenguaje
o él el vestido prestado.
¿Dónde un pescador ha hallado
esos modos de decir,
de hablar y de discurrir
que en tu entendimiento veo?
FADRIQUE
Pudo darlos el deseo
con que te pienso servir.
FLORA
A creer lo que sospecho
el alma se determina,
que aquese sayal es mina
del oro que está en el pecho.
FADRIQUE
¡Quién dejara satisfecho,
bella Flora, ese temor,
con tener tanto valor
como en tu sospecha está!
Pero ¿quién, Flora, creerá
a un humilde pescador?
FLORA
Yo te creeré.
FADRIQUE
Si tú das
crédito a la humildad mía,
algún secreto algún día
del jardinero sabrás;
que más no te diré más.
FLORA
Tus razones considero,
y por entenderlas quiero
venir mil veces a oírte
FADRIQUE
Y yo seré por servirte
desde hoy tu jardinero.
FLORA
¿Qué sembrarás?
FADRIQUE
Una flor.
FLORA
¿Cómo se llama?
FADRIQUE
Esperanza.
FLORA
¿Crece mucho?
FADRIQUE
¡Quién la alcanza!
FLORA
¿Y qué fruto lleva?
FADRIQUE
Amor.
FLORA
¿Quién la alentará?
FADRIQUE
Un favor.
FLORA
¿Y la aumenta?
FADRIQUE
En él estriba.
FLORA
¿Él la alienta?
FADRIQUE
Él la cultiva.
FLORA
¿Quién la merece?
FADRIQUE
No sé.
FLORA
¿Y quién la alcanza?
FADRIQUE
La fe.
FLORA
¿Qué flor es?
FADRIQUE
La siempreviva.
¿No es buena?
FLORA
Tiene belleza.
FADRIQUE
¿Y alégrate?
FLORA
Sólo oílla.
FADRIQUE
¿Y otra no?
FLORA
La maravilla.
FADRIQUE
¿Y qué flor es?
FLORA
La firmeza.
FADRIQUE
¿Quién la tiene?
FLORA
Quien empieza.
FADRIQUE
¿Cómo?
FLORA
Sirviendo con veras.
FADRIQUE
Yo las tendré.
FLORA
Pues, ¿qué esperas?
FADRIQUE
Fe fiel.
FLORA
Yo, firmeza altiva.
FADRIQUE
(¡Ay, si fueras siempreviva!)
Aparte.
FLORA
(¡Ay, si maravilla fueras!)
Aparte.
Salen Flora y Celia.
CELIA
En notable extremo das.
¿En qué su nobleza ves?
FLORA
En que es cierto que lo es,
y yo no sé lo demás.
CELIA
Un hombre no conocido
que muerto el agua arrojó
en estas arenas, ¿dio
tal hechizo a tu sentido?
¿Qué trofeo te asigura
su calidad y nobleza?
¡Plegue a Dios que tu tristeza
no haya parado en locura!
Deja el loco pensamiento
y advierte que ya ha venido
Otón, y que te ha traído
nuevas de tu casamiento.
Deja ciegas ilusiones
de Fadrique, a quien no viste,
y de un hombre a quien oíste
dos no rústicas razones,
pues de Fadrique ya estás
con justa causa olvidada,
y luego, desengañada,
del pescador lo estarás.
FLORA
¡Celia, Celia! Nunca ha sido
tan fácil mi voluntad
que dé con facilidad
aquí crédito, allí oído.
Las alabanzas oí
de ese Fadrique, y mi fe
por relación incliné
a quien en mi vida vi.
Imaginé que era un hombre
discreto, galán, valiente,
cortés, afable, prudente,
generoso y gentilhombre,
y como le imaginé,
desta manera le vi
en el pescador, y así
a su humildad me incliné;
y si en mi concepto a él
o a Fadrique hice favor,
a éste como a pescador
y como príncipe a aquél,
si el casarme yo sentía
era porque, en pena brava,
a Fadrique me inclinaba
y a Filipo aborrecía;
y si mi confuso amor
a mi concepto conviene,
el Desdichado le tiene,
pues no le falta el valor.
CELIA
¡Aquesa es tu locura!
Sale[n] el Duque de Mantua, Otón y Otavio.
DUQUE
En fin, ¿responde
el de Milán que estima mi deseo?
OTÓN
Noblemente a tu gusto corresponde,
agradecido a tan igual empleo.
DUQUE
Flora mía, ¿aquí estás?
FLORA
Señor, ¿adónde
puedo mejor, cuando a tus pies me veo?
DUQUE
Parece que te trujo el pensamiento
llamada de tu gusto y mi contento.
Ya estás casada, Flora, y es…
FLORA
Detenga
tu lengua agora el pensamiento injusto,
que para que yo eterno gusto tenga
basta saber que ha sido con tu gusto.
DUQUE
¡Grande obediencia! Al punto se prevenga
común aplauso a mi grandeza justo.
OTÓN
Con no menor el de Milán viniera,
si una tragedia no le detuviera.
Fue la mayor que el sol resplandeciente
vio, presidiendo en trono luminoso
desde la cuna que le da el Oriente
hasta el Ocaso que es sepulcro undoso.
DUQUE
¿Y qué fue?
OTÓN
Que murió infelicemente
Fadrique, hijo del duque, que animoso
de un caballo veloz domaba el brío,
y desde el monte le despeña al río.
Hecho pedazos en el agua encierra
su cuerpo desdichado, que procura
tiranizar los huesos a la tierra,
dándole en ondas fría sepultura.
DUQUE
El gusto más cabal más pena encierra;
sigue el pesar a la mayor ventura.
Vente conmigo, Otón, para que escriba
el pésame, que es bien que yo reciba.
Vanse los tres, y quedan Celia y Flora.
FLORA
Celia, ¿es verdad lo que he oído?
¿Es verdad lo que he escuchado?
¿Qué es lo que por mí ha pasado?
¿Qué es lo que me ha sucedido?
Estas nuevas me ha traído
Otón de mi daño incierto.
Dos penas en él advierto
cuando sus nuevas recibo,
pues tray mi tormento vivo
y mi pensamiento muerto;
y el uno y otro es tan fuerte
que no sé, a los dos rendida,
entre la muerte y la vida
cuál es la vida o la muerte:
si en la de Fadrique advierte
mi amoroso pensamiento,
morir en su muerte intento
o llorando otro rigor,
porque no es muerte menor
un forzado casamiento.
CELIA
Si das en tan grande extremo,
la imaginación o el llanto
pueden en tu pecho tanto
que tu vida o juicio temo.
FLORA
Celia, en un fuego me quemo,
y en lo que pensando estoy
yo misma la llama doy,
porque más mi daño advierta.
CELIA
A llamar quien te divierta
con música o juegos voy.
Vase Celia y sale Fadrique.
FLORA
Sólo mi tormento olvida,
noble Desdichado, el verte,
pues de Fadrique la muerte
hoy resucita en tu vida.
Quiero fingirme dormida,
por notar con atención
las palabras o la acción
que tiene en tantos enojos,
pues que fingidos mis ojos
linces vigilantes son.
Aparte.
FADRIQUE
¡Ay, Fadrique desdichado!
¿A qué término has venido
de un pobre sayal vestido,
de un rico sol abrasado?
¿Qué atrevimiento te ha dado
tan altivo pensamiento?
Pues aunque merecimiento
tienes, ¿quién creerá tu honor?
Pero prueba del valor
fue siempre el atrevimiento:
yo me quiero declarar,
diciendo a Flora quién soy
y por qué causas estoy
en tan humilde lugar;
mas, ¿quién a mí me ha de dar
crédito? Pero, ¿qué veo?
O la finge mi deseo,
o Flora es, por quien dormida
es ya imagen de la vida
quien de la muerte es trofeo.
¿Quién podrá igualarte ahora,
cuadro, en hermosos colores,
si sobre tus bellas flores
dormida tienes a Flora?
Aves que duerme el aurora,
aumentad vuestro placer,
que si siempre suele ser
haciendo al día la salva,
cantad, que, pues duerme el alba,
forzoso es amanecer.
Un escultor que labró
una diosa en extremado
mármol, quedó enamorado
de lo que perficionó;
a Júpiter le pidió
alma para la escultura
y él se la dio –¡gran ventura!–;
y lo mismo imaginara
si a este instante despertara
con alma tanta hermosura.
¡Ay, Flora!, si tú supieras
quién soy, aunque te espantaras,
ni mi llanto despreciaras
ni de mi amor te ofendieras.
Fingir pretendo las veras:
aquí me quiero ensayar
cómo tengo de llegar
y, haciendo cuenta que estoy
con Flora, decir quién soy,
pues no me puede escuchar.
Flora, en viéndote rendí
mi vida… Mal he empezado,
que claro está que abrasado
estoy después que te vi.
Por fuerza… Mal voy ansí,
pues, aunque fuerza no fuera,
por voluntad te quisiera;
porque, a tener libertad,
hiciera la voluntad
lo que la fuerza no hiciera.
No te espantes si te doy
admiración, que en tal traje
hable con este lenguaje;
que, aunque en este estado estoy,
don Fadrique Esforcia soy,
que de un monte despeñado
llegué a tus plantas ahogado,
y no sé si río pasé,
puesto que en ellas me hallé,
más que mojado, abrasado.
Tu incredulidad sospecho;
que, como llegué desnudo…;
pero que fuese no dudo
porque tú vieras del pecho
el fuego en que está deshecho.
Desnudo, Flora, llegué,
y la causa de esto fue[M23v]
porque, huyendo de un rigor,
en las manos de un traidor
todo el vestido dejé.
¡Bien haya el traidor hermano
que tanto mal me causó,
para que gozase yo
un favor tan soberano!
Hoy más que he perdido gano,
que en la desdicha que vi
sólo a Jacinta perdí;
pero ya me causa enojos,
después que en tus bellos ojos
dos claros jacintos vi.
Mi tragedia te he contado,
mi historia te he dicho aquí,
y en haberla dicho así
parece que he descansado,
pues con esto me he excusado
de que tú lo hayas sabido;
con esto el deseo he rompido,
y ya no te lo diré.
FLORA
Ya no tienes para qué:
todo, Fadrique, lo he oído,
y no me he maravillado,
que nada se adelantó
tu honor para lo que yo
te tenía imaginado.
FADRIQUE
¿Qué es, Flora, lo que has soñado?
FLORA
Que eres Fadrique,…
FADRIQUE
¿Ese es
tu sueño?
FLORA
…que aquí te ves
por un traidor perseguido,…
FADRIQUE
¡Notable tu sueño ha sido!
FLORA
…y que en ese traje estés;
pero el traje, ¿qué importaba
si el alma se descubría
y diamante parecía
que engastado en plomo estaba?
Quien ausente te adoraba
presente ha venido a verte;
quien creyó tu infeliz suerte
mira su dicha crecida;
y al fin, te mira con vida
quien ha llorado tu muerte.
Ya, Fadrique, lo he sabido
todo; todo lo he escuchado;
los oídos han velado
si los ojos han dormido:
falso el disimulo ha sido.
FADRIQUE
Señora, lo que yo hablaba
de Fadrique era, y estaba
divertido en su castigo.
FLORA
No disimules conmigo.
FADRIQUE
(¿Quién vio confusión más brava?
Si aquí quién soy la concedo,
que se sabrá luego es llano
en Milán, y de mi hermano
vivir siguro no puedo.
Acobárdame este miedo,
pero a Flora no quisiera
que el negarme yo ofendiera.
Esto me detiene luego,…
mas nada concedo o niego
con irme.)
Aparte.
FLORA
Fadrique, espera.
FADRIQUE
No soy Fadrique (¡Ay de mí!).
Aparte.
FLORA
Pues, pescador.
FADRIQUE
¿Soylo yo?
FLORA
¿No eres pescador?
FADRIQUE
Sí y no.
FLORA
¿Y eres Fadrique?
FADRIQUE
No y sí.
FLORA
Pues, Desdichado, ¡oye!
FADRIQUE
Así
el mejor nombre has hallado,
pues huyo lo que he deseado.
Vase.
FLORA
Advierte a tanto rigor,
Desdichado pescador
o Fadrique desdichado,…
Sale Celia.
CELIA
¿De qué tantas voces das?
FLORA
Tú llegas, Celia, a ocasión
que de mi imaginación
hoy el efeto verás.
¿Cuántas veces te decía
que el fingido pescador
más calidad, más honor
y más nobleza tenía?
Pues, Celia, para que estés
de mi verdad satisfecha
y acredites mi sospecha:
don Fadrique Esforcia es.
Estás ya desengañada
de las voces que me cuesta
el que tú lo creas.
CELIA
(Esta
ya es locura declarada.
Como siempre imaginó
que era noble, y supo cierto
que ya Fadrique era muerto,
los dos hombres confundió
e hizo uno de los dos,
creyéndole a su cuidado
que es Fadrique el Desdichado.
¡Loca está! Válgate Dios,
¿quién ha de negarlo?, ¿quién
ha de ponerse en razón
con tal imaginación?)
Aparte.
FLORA
¿Qué te parece?
CELIA
Muy bien,
y si yo te lo negaba
era porque te temía,
no porque no conocía
el valor que oculto estaba.
FLORA
Como ves que ya es verdad
y que negarlo no puedes,
por fuerza me lo concedes.
CELIA
Pues su mucha calidad,
¿cómo pudiera negarte?
Mil veces el alma vio
que éste era Fadrique.
FLORA
Y yo
mil veces quiero abrazarte.
Al duque quiero decir
quién es, porque claro está
que encubierto se dirá
que por mí pudo venir.
CELIA
Dices bien, y se asegura
con decirlo tu temor.
FLORA
¿Quién vio ventura mayor?
Vase.
CELIA
¿Y quién vio mayor locura?
¿Hay lástima semejante?
¿En esta loca porfía
paró tu melancolía?
¿A quién habrá que no espante
y no le enternezca verte
con tanta hermosura loca?
¿Y a qué llanto no provoca
el mirarte de esa suerte?
Al duque quiero avisar
de lo que le ha sucedido,
para que le halle advertido
cuando le llegare a hablar.
Mas, ¿qué gente es ésta?
Salen Filipo, Carlos y Leonelo.
CARLOS
¿Ahora
qué es lo que piensas hacer,
solo y disfrazado?
FILIPO
Ver,
sin que me conozca, a Flora;
saber si podré vivir
con ella; que a la mujer
la ha de confirmar el ver,
pero elegirla el oír.
LEONELO
Dicen que es Flora muy bella.
FILIPO
No es, Leonelo, la hermosura
lo que más gusto asigura,
sino la fuerza de estrella.
¿Qué importa que hermosa sea,
si vemos feas queridas
y hermosas aborrecidas?
CARLOS
Es más dichosa la fea.
LEONELO
No lo será la que viene
allí.
CARLOS
¡Qué rara belleza!
FILIPO
Como la grande tristeza
de Flora aquí se entretiene,
aunque a su gusto no importe,
a este efeto se han mudado
estas selvas en poblado,
esta pobre aldea en corte.
CARLOS
(Háblala.)
FILIPO
La libertad
del campo y de forastero
dan licencia a un caballero
para que a vuestra beldad
se atreva.
CELIA
¿Qué pretendéis?
FILIPO
A hablar al duque venía
desde la corte, y querría,
si de esto no os ofendéis,
preguntaros dónde está.
CELIA
En esa apacible casa
de la siesta el rigor pasa
y si queréis ir allá,
yo os guiaré.
FILIPO
Si el arrebol
de vuestros ojos me guía,
siendo rayos la luz mía,
iré al palacio del sol.
No os canséis, que yo sabré
ir solo; que no se ignora
el camino.
CARLOS
(Si esta es Flora,
¿qué te parece?)
FILIPO
(No sé.)
CARLOS
(¿No es hermosa?)
FILIPO
(Hermosa es.)
CARLOS
(¿Qué te ofende de ella?)
FILIPO
(Nada.)
CARLOS
(¿Pues qué tiene?)
FILIPO
(No me agrada.)
CARLOS
(¿Por qué?)
FILIPO
(Sabráslo después.)
CELIA
(Este galán forastero
hace en mí un efeto hablando
que se va en el alma entrando.
Aquí entretenerle quiero
por gozar un día despacio
del campo la libertad,
sin la gran puntualidad
de la Corte y el palacio.)
Aparte.
FILIPO
¿La hermosa Flora no está
con él?
CELIA
Pues, ¿buscáisla a ella?
FILIPO
Dicen que es Flora muy bella,
y deseo verla.
CELIA
(Ya
para entretenerle aquí
hallé ocasión.) No ignoréis
que yo sé que conocéis
a Flora.
Aparte.
FILIPO
Nunca la vi.
CELIA
Yo sé que ya la habéis visto.
FILIPO
¿Antes de ahora?
CELIA
Y después
de haber venido.
FILIPO
(¡Ella es!
¡Qué mal mi dolor resisto!)
Si sois sol que el campo dora,
viendo en vos la primavera
excusado agravio fuera
preguntaros si sois Flora.
CELIA
Pues, ¿soy tan hermosa yo
como vos la encarecéis?
FILIPO
No, por cierto, y la excedéis.
¿Sois Flora?(¡Decid que no!)
Aparte.
CELIA
Fuera hacerme ofensa a mí
confesarlo, habiendo oído
lo que habéis encarecido.
FILIPO
¿No lo sois? (¡Decid que sí!)
Quien hace la ofensa soy,
señora, en haber quedado
corto en lo que he imaginado.
(Carlos.)
Aparte.
CARLOS
(Señor.)
FILIPO
(Muerto estoy.)
CELIA
En obligación quedara,
si fuera Flora, a serviros.
FILIPO
Y yo me quedara a oíros
si tanto no me importara
la brevedad. Guárdeos Dios,
que no puedo esperar más.
CARLOS
(¡Qué extraño con ella estás!)
CELIA
Y guárdeos el cielo a vos.
Por donde pensé entablar
se acabó la ficción mía.
¿Qué respeto o cortesía
le han suspendido el hablar?
¡Ay, gallardo forastero!,
¿qué es lo que el alma procura?…
Mas de Flora la locura
al duque avisarle quiero.)
Aparte.
Vase.
CARLOS
Ya se ha ido Flora.
FILIPO
Y yo
a Milán me he de volver.
CARLOS
Ella nos lo dio a entender,
pero no se declaró;
no te vayas, pues, sin vella.
LEONELO
Si te conocen…
FILIPO
Ya estoy
resuelto a decir quién soy,
y aun a casarme con ella,
ya que Jacinta a mi amor
tan mal ha correspondido,
poniendo a un tiempo en olvido
mis deseos y su honor.
¡Plubiera al cielo supiera
dónde se ha ido, Leonelo!
LEONELO
¿Buscarasla?
FILIPO
Sabe el cielo
que vida y alma la diera;
que con celosa pasión
siempre, Leonelo, verás
que el amor viene a ser más.
CARLOS
Y menos la estimación.
FILIPO
Hablemos agora aquí
de lo que habemos de hacer.
LEONELO
Yo no sé cómo ha de ser.
CARLOS
Lo que me parece a mí
es, pues encubrirte esperas,
y esto será lo mejor,
que tú como embajador
de parte tuya vinieras.
FILIPO
Dices bien; ansí estaré
más seguro y disfrazado.
Con esto disimulado
mejor del duque sabré
si es Flora.
CARLOS
Pues ansí sea.
FILIPO
¿Quién vio sucesos mayores?
LEONELO
¿Quién son estos?
(Salen Marcial y Jacinta en hábito de villanos.)
CARLOS
Labradores
de aquesta pequeña aldea.
LEONELO
Déjalos, y empiece agora
el engaño.
FILIPO
¿Hay más rigor?
¡Quién de Jacinta el amor
pudiera pasar a Flora!
(Vanse.)
MARCIAL
No hay hombre que diga de él.
Sin duda el Po le sepulta
en sus ondas.
JACINTA
Él le oculta,
cuanto avariento crüel.
¿Qué es lo que habemos de hacer?
MARCIAL
¿No sabes qué estoy pensando?
JACINTA
¿Qué?
MARCIAL
Que le vamos buscando
como un hombre a su mujer.
Un hombre pobre tenía
una mujer que, si hablaba,
contra todo porfiaba
y todo al revés lo hacía.
Ahogóse sin tener
remedio, y los que se hallaron
presentes le aconsejaron
que buscase a su mujer.
Él el trabajo tomó,
que hallarla fuera el trabajo:
yendo el cuerpo río abajo
río arriba la buscó;
y si alguno condenaba
–por inocencia, que es llano–
la malicia del villano,
esta respuesta le daba:
«No os dé aquesto pesadumbre,
que si es muerta como viva
habrá nadado hacia arriba,
por ir contra la costumbre.»
Ansí pienso que buscamos
a Fadrique, pues los dos,
cual ves debajo de Dios,
contra la corriente vamos;
que en tal tiempo no se ha hallado
–puedo jurar con verdad–
con amor y con lealtad
una dama y un criado.
Y tú misma considera,
si su nombre preguntamos,
el escándalo que damos;
y no menos risa fuera
que vestidos de esta suerte
preguntáramos por él.
JACINTA
¿Hay confusión más crüel?
En alguna traza advierte.
MARCIAL
Cuando la justicia quiere
saber quién es algún hombre,
le prende con otro nombre;
él entonces se prefiere
a decir su nombre mismo;
y esto podemos hacer
agora, para tener
luz en tan obscuro abismo.
Preguntemos por un hombre
pobre, humilde y desdichado,
que convenga a nuestro estado;
y Antón o Gil sea su nombre;
y responderá cualquiera:
“Hombre de esas señas no,
porque uno que aquí aportó
de estas y estas señas era”.
Veremos si vienen bien.
JACINTA
Tú lo dices; esto hagamos,
pues ansí con razón vamos
y más seguros también.
MARCIAL
(Gente viene, disimula.)
JACINTA
¡Bestia! ¿Aquello habías de her?
MARCIAL
¡Lleve el diabro la mujer!
JACINTA
O lleve el diabro la mula.
MARCIAL
¿Yo so mula? Con empacho
ya mi tonteda adevino,
pues en tan largo camino
no te he dicho si soy macho.
(Salen el Duque y Otón y Otavio.)
OTÓN
Gran desdicha fue.
DUQUE
De suerte
me ha enternecido Fadrique
que no sé con qué publique
lo que he sentido su muerte.
OTÓN
Tú tienes justa razón.
DUQUE
Que no sé si lo sintiera
más cuando Filipo fuera.
MARCIAL
(Llega, que es buena ocasión.)
JACINTA
(Pues que yo sabré mejor,
déjame a mí pescudar.
¿Por quién he de preguntar?)
MARCIAL
(Di que un pobre pescador.)
JACINTA
¿Sabrá decir su mercé,
señor, si acaso ha llegado
a esta orilla un desdichado,
que otro nombre no le sé?
Mire, él era pescador
y se ha perdido en el río.
DUQUE
¿Qué era vuestro?
JACINTA
Hermano mío.
MARCIAL
Y era mi amo, señor.
Yo también le voy buscando
con ella, porque cabales
me debía veinte un reales
OTAVIO
¿Y por eso vais llorando?
MARCIAL
Pues si no tengo remedios
para haberlos de cobrar,
y me tengo de quedar
yo sin cuarenta y dos medios…
OTAVIO
¿De eso lloráis?
MARCIAL
¿Hay quien lleve
con paciencia tan gran tiro?
Pues, si sus cuartillos miro
ochenta y cuatro me debe.
JACINTA
¡Calla, bestia!
MARCIAL
¿No son hartos
los trabajos que yo os cuento?
Pues si lo miráis, son ciento
y sesenta y ocho cuartos,
y como vos los tenéis,
no sentís mis llantos bravos.
JACINTA
¡Calla!
MARCIAL
Eran sus ochavos
trescientos y treinta y seis.
Si estos no los perdéis vos,
por eso no lo sentís,
pues, ¡si son maravedís
seiscientos se[t]enta y dos!
Mis manos no son tan francas
que me hayan dado más rentas.
JACINTA
¡Calla ya!
MARCIAL
¡Mil y trescientas
y cuarenta y cuatro blancas!
JACINTA
¡Deja, acaba esos cuidados!
MARCIAL
Pues si contáis mis tormentos,
montan dos mil seiscientos
y ochenta y ocho cornados,
y en dos años no los gano.
JACINTA
¿Sabrá Su Merced decir
si acaso acertó a venir
por esta tierra mi hermano?
OTAVIO
Señor, yo pienso, sin duda,
que a quien busca esta mujer
debe aquel hombre de ser…
JACINTA
(El cielo mi intento ayuda.)
Aparte.
OTAVIO
…que salio a este campo ahogado;
y lo confirma mejor
el trato de pescador
y el nombre de Desdichado.
DUQUE
Dices bien. Aquí llegó,
labradora, perseguido,
sin aliento y sin vestido,
un hombre a quien arrojó
ese río airado y fiero,
vengando en él su porfía;
y el que pescador vivía
aquí vive jardinero,
reparado del agravio
en que ese monstruo se emplea;
y me holgaré de que sea
el que tú buscas. Otavio,
con ella le buscarás.
Idos, pues, con él los dos.
JACINTA
Guárdete mil años Dios.
MARCIAL
Y dos mil, señor, San Blas.
(Jacinta.)
JACINTA
(¿Qué?)
MARCIAL
(¿Has advertido,
por si acaso fuere él,
que la fortuna crüel
en pescador le ha fingido,
y sirve de jardinero,
porque todo lo concedas
y a su lado vivir puedas?)
JACINTA
(Ya todo lo considero.)
OTAVIO
¿No venís?
JACINTA
(¿Hay confusiones
ni laberinto mayor?
¡Ovidio se ha vuelto Amor
con tantas transformaciones!)
Vanse y sale Celia.
CELIA
Ya que llego a hablarte, escucha:
oirás la mayor desdicha
que jamás ha sido dicha.
DUQUE
Ya conmigo un temor lucha
que a sentimiento provoca.
Habla.
CELIA
Señor…
DUQUE
Dilo, pues;
no me hagas dudar; ¿qué es?
CELIA
Flora, señor, está loca.
DUQUE
¿Qué dices?
CELIA
Lo que has oído.
DUQUE
¿Quién su locura causó?
CELIA
En este punto perdió
de todo punto el sentido,
porque vieras su belleza
rendida a un notable exceso,
después de muchos.
DUQUE
¿Que en eso
ha parado su tristeza?
CELIA
Ella estaba enamorada
de Fadrique, esto es verdad,
o tuvo la voluntad
a su opinión inclinada.
Como después se trató
casar con Filipo, fue
la causa mayor por qué
tan gran tristeza la dió.
Y cuando aquel pescador
sacaron a esta ribera,
dio en decir entonces que era
hombre de fama y valor.[M31r]
Hoy que supo que era muerto
Fadrique, y que al otro vio,
con mil voces afirmó
que era aquel Fadrique cierto,
haciendo, ¡oh caso importuno!,
una, por más confusiones,
las dos imaginaciones,
haciendo de los dos uno.
Ha dado en decir que es él
Fadrique, como lo hiciera
de otro cualquiera que viera.
DUQUE
¿Hay desdicha más crüel?
En este punto llegó
aquí una humilde mujer,
que hermana debe de ser,
y señas y nombre dio;
y, por otra parte, Otón
a Fadrique muerto viera
si el río no le escondiera.
OTÓN
¡Notable imaginación!
Sale Flora.
FLORA
Mucho me pesa de hallarte,
señor, con [C]elia a tu lado,
pues las nuevas te habrá dado
que yo sola quise darte.
Ya te habrá dicho que vienes
a un bien de que estás ajeno,
pues vivo en tu tierra y bueno
a Fadrique Esforcia tienes.
Dame albricias de esta dicha,
que por el don que te ofrece
bien el alma las merece.
OTÓN
(¡Qué lástima!)
DUQUE
(¡Qué desdicha!)
FLORA
En traje está que le encubre,
mas como entre nubes vi
los rayos de sol, ansí
por el vestido descubre
él del alma el resplandor;
que es Fadrique (¿quién lo ignora?)
el que es jardinero a[g]ora
y antes era pescador.
Dame de tanta ventura
albricias y habla a Fadrique,
porque estos hechos publique.
OTÓN
(¡Qué lástima!)
DUQUE
(¡Qué locura!
¿Qué habemos de hacer?)
CELIA
(No sé;
porque antes de ahora la dije
que no lo era, y contradije
su pensamiento; tal fue
la cólera que conmigo
tomó, que ya por mejor
tuve seguirla el humor.)
DUQUE
(Y ese mismo intento sigo.
Al pescador buscarás,
que a esto su salud me obliga,
y que disimule y siga
su pensamiento dirás.
Dirasle que diga que es
Fadrique.)
CELIA
(Yo lo haré ansí.)
Vase Celia.
OTÓN
(Mil veces sanar oí
con esta industria que ves,
porque un loco se enfurece
negándole su locura.)
DUQUE
(¡Qué pena!)
OTÓN
(¡Que desventura!)
FLORA
¿Cómo, señor? ¿No merece
respuesta la nueva mía?
DUQUE
Que oculto Fadrique estaba,
aunque lo disimulaba,
yo, Flora, bien lo sabía,
pero no quise decir
su nombre, porque no fuera
bien que yo le descubriera
queriéndose él encubrir.
FLORA
Pues no fue mucho que yo,
de sólo que imaginara
que era noble, adivinara
que era Fadrique.
DUQUE
¿Pues no?
FLORA
Él que yo dormía pensaba,
y la verdad muy desnuda
me dijo entonces.
DUQUE
(Sin duda,
Otón, que ella lo soñaba.)
FLORA
Él quiso un engaño hacerme,
pero, aunque lo parecía,
bien sé yo que no dormía.
OTÓN
(El que está loco no duerme,
pero al fin, como mortal,
se suspende. Esto sería
cuando pensó que dormía.)
DUQUE
(¿Quién vio desventura igual?
¡Ella está loca! Ya creo
mi desdicha.)
FLORA
De este río
salió ahogado, muerto y frío,
que parece que le veo;
que como se despeñó…
DUQUE
(Mas, ¡cómo pasa tan presto
de uno al otro! ¿Qué es esto?
¿Quién mayor locura vio?
Apenas del uno hablaba
y, contándonos su historia,
se le vino a la memoria
que el otro se despeñaba,
y juntar los dos procura.
¿Hay más pena? ¿Hay más rigor?
OTÓN
¡Qué lástima!
DUQUE
¡Qué dolor!
OTÓN
¡Qué tristeza!
DUQUE
¡Qué locura!
Sale Fadrique.
FADRIQUE
(¡Qué confuso pensamiento
me da uno y otro camino!,
que si el uno determino,
el otro seguir intento.
Ya Flora me ha conocido,
y si aquí me ha descubierto
al Duque de Mantua, es cierto
que mi secreto ha ofendido;
y así, en confusión tan grave,
le tengo al duque engañado,
pues lo que le he callado
de ajena boca lo sabe;
pues si mi nombre le digo,
si ella no le ha dicho ya,
descubierto claro está
que a desterrarme me obligo,
Flora, donde no te vea;
porque no puedo vivir
cerca a quien he de huir
y [quien] mi muerte desea.
Pero, al fin, el menor daño
es huir y padecer
su ausencia, que no ofender
al duque con tal engaño.
En esto me determino,
y… ¡el duque es este! Yo quiero
llegar y decir quién soy,
puesto que es del mal el menos.)
Señor, si no maravillan
por extraños los sucesos
–y muchos casi imposibles
han llegado a verdaderos–,
si el mayor puede obligarte,
escúchame un rato atento.
Aparte.
OTÓN
(De Celia viene advertido.)
DUQUE
(Y lo finge por extremo.)
FADRIQUE
Sabrás, pues, que esta corteza
un corazón tiene dentro
que decir sin arrogancia
el más generoso puedo.
FLORA
Ya dice a voces quién es.
Aun lo escucho y no lo creo,
pues con esto mi ventura
ni la dudo ni la temo.)
Aparte.
FADRIQUE
Invidias de la fortuna
a este estado me trujeron,
porque en este traje sea
de su variedad ejemplo.
Este rústico buriel
que agora me cubre el pecho
más al pecho me ajustara
si fuera bruñido acero.
Aqueste azadón que rijo
bastón fuera en algún tiempo
que en número, no de flores,
de hombres pusiera gobierno.
OTÓN
(¡Oh, qué bien se disimula!)
DUQUE
(Con saber quién es, confieso
que me engaña.)
OTÓN
(Es la verdad.)
FLORA
De aquí mi ventura espero.)
Aparte.
FADRIQUE
Sabrás, pues, que soy…
DUQUE
Fadrique,
espérate, que no quiero
que pienses que yo he dudado
el valor que en ti contemplo.
FADRIQUE
¡Ya el duque sabía mi nombre!
¿Qué mucho, si considero
que no hay en mujer valor
para guardar un secreto?
Si yo quisiera callarle,
¿cómo pudiera? ¡Qué presto
se supo!
Aparte.
FLORA
Pues él lo afirma,
aquí verás que no miento.
DUQUE
Dame, Fadrique, tus brazos,
que a mayor ventura tengo
haberte en mi tierra hallado
que si me ofreciera el Reino
de Nápoles su corona.
¡Qué gran dicha!
FADRIQUE
Sabe el cielo
con la vergüenza, señor,
que a besar tus plantas llego,
pues en ellas…
DUQUE
¿Eso haces?
Fadrique, álzate del suelo,
si no es que quieres también
mirarme a las tuyas puesto.
FADRIQUE
Si de esta suerte, señor,
has de tratarme, no quiero
ser más de lo que antes era,
pues de ser Fadrique pierdo
lo que en servirte gano.
Crïado soy.
DUQUE
Aunque de eso
te valgas, Fadrique, basta
el agravio que me has hecho
de haber callado tu nombre,
estando aquí tanto tiempo
sin hacerme otro mayor.
FADRIQUE
Bien temí su sentimiento.)
Señor, yo callé quién era…
Aparte.
DUQUE
Yo te lo perdono.
FADRIQUE
…temiendo
el crédito, porque apenas
de pescador lo merezco.
DUQUE
Yo lo perdono, Fadrique.
FADRIQUE
(¿Quién vio más feliz suceso?
¡Ya el duque sabe quién soy
y no esta ofendido de esto!)
OTÓN
(No sé cómo no te ríes
de verle.)
DUQUE
(Ya lo estoy viendo,
y no sé, entre tanto llanto,
cómo la risa detengo.)
Bésale a Flora la mano.
FADRIQUE
Mil veces la tierra beso
que para tus pies labré,
o que me labraron ellos
para mis manos, pues sólo
de pisarla, agradeciendo
el contacto de tus plantas,
brotaba verdes renuevos,
excusándome el cuidado
que más a tus pies les debo
que al azadón, que es su noble,
aunque rústico instrumento.
FLORA
Fadrique, como del sol
se conocen los reflejos
cuando el cristal de una fuente
baña los rubios cabellos,
y aunque entre silvestres hojas
no pierde el valor por eso,
y de una manera alumbra
los edificios soberbios
que a coronarse de nubes
suben estrechando el viento,
como las casas pajizas
donde él entra por los techos…
DUQUE
(Mira que en juicio la habla.)
OTÓN
(Sosegarase con esto,
viendo que la aprueban todos
tan notable pensamiento.)
FLORA
…ansí por los ojos tú
descubres el sol del pecho,
porque, hechos fuentes, los vi
de tu resplandor espejos.
No te desprecies del traje,
que aunque fuera limpio acero
el sol que le ve no diera
mayor resplandor por eso.
FADRIQUE
¡Oh, qué bien sabes honrar,
a quien te sirve poniendo
en nuevas obligaciones!
No haré del traje desprecio,
que al fin te serví con él.
OTÓN
(¿Qué dices?)
DUQUE
(Que está fingiendo,
y no sabré, Otón, cuál es
lo fingido o verdadero.)
OTÓN
(¿Dónde otro hombre se hallará
que así lo fingiera?)
DUQUE
(Entiendo
que, a no estar tan advertido,
fuera fácil el creerlo.)
FLORA
Bien haya el veloz caballo
que te arrojó, pues no siendo
causa de tu muerte, ha sido
de nuestros gustos efeto,
cuando arrojándote el río
a aquesta orilla…
DUQUE
(¡Qué presto
vuelve a desvariar, Otón!)
FADRIQUE
Lo del caballo no entiendo.
FLORA
¿No te despeñó un caballo?
DUQUE
(Él no está advertido de esto;
y ella, en viendo que lo niega,
vuelve a enfurecerse luego.)
FADRIQUE
¿Caballo?
FLORA
Sí, cuando a caza
saliste.
FADRIQUE
O yo no me acuerdo,
o no me arrojó caballo
en mi vida.
DUQUE
(¡Bueno es esto!
Agora ha echado a perder
todo cuanto tenía hecho.
Hazle señas de que diga
que sí.)
OTÓN
(Ya las hago, y menos
me entiende.)
DUQUE
¿Pues un caballo
no te despeñó?
FADRIQUE
Es enredo.
DUQUE
(Hazle señas.)
OTÓN
(No aprovecha.)
FLORA
Pues, ¿cómo fue tu suceso?
FADRIQUE
Si quieres saberlo, escucha;
y tú, señor, está atento.
OTÓN
(Sin duda quiere enmendarlo.)
DUQUE
(Y si no lo hace, ¿qué haremos?)
FADRIQUE
Yo soy don Fadrique Esforcia,
del duque el hijo primero,
como todos saben.
DUQUE
Ya
cómo tú lo eres sabemos.
FADRIQUE
Verdad es que salí a caza
y hallé en un monte desierto,
con máscaras de leales,
tres traidores encubiertos.
No quiero decir quién son,
mas basta decir que fueron
aun en la traición piadosos,
pues que la vida me dieron,
con que de Milán saliera.
Yo, entonces, cobarde huyendo
su traición más que mi muerte,
el noble partido acepto
y desnudo al río me arrojo
y hasta aquesta orilla llego,
donde hallé en tu estado vida
y en tus piedades consuelo.
Callé mi nombre, por verme
pobre, desnudo y enfermo,
aunque en el Desdichado
te dije el más verdadero.
Esta es la verdad, y no
que me despeñé corriendo
caballo; que no llegara
tan desnudo, pues es cierto
que desnudo no corriera.
DUQUE
(Él lo enmendó por extremo.)
OTÓN
(Advertir él que llegase
desnudo es un pensamiento
extremado.)
DUQUE
(El pescador
tiene lindo entendimiento.)
OTÓN
(Respóndele.)
DUQUE
(No sé cómo,
que de su fingir sospecho,
y con razón, que es verdad
todo lo que está diciendo.)
FLORA
¿Qué enemigos tienes?
FADRIQUE
Nobles
y poderosos.
FLORA
¿Qué fueron
las causas de perseguirte?
FADRIQUE
Solos mis merecimientos.
FLORA
¿Por merecimientos pierdes?
FADRIQUE
Sí, Flora: por ellos pierdo.
FLORA
Pues, ¿qué pretendes ganar?
FADRIQUE
Sólo lo que no merezco.
OTÓN
(¿No la ves qué entretenida
con él en razón se ha puesto?)
DUQUE
(¡Y con las veras que él
la va a todo respondiendo!)
Salen Otavio, Jacinta y Marcial.
OTAVIO
¿Es aquél el que buscáis?
JACINTA
Es él, Tirso.
MARCIAL
Y yo lo apruebo.
JACINTA
¡Pardiez, que le hemos hallado!
Guarde a su merced el cielo.
¡Ay, Fadrique de mi vida!
¿Es posible que te veo?)
[Vase Otavio.]
Aparte.
MARCIAL
(Calla agora.)
JACINTA
(No podré,
que da voces el contento.)
MARCIAL
(Disimula aquí, Jacinta,
hasta que solo lo hallemos,
porque delante de tantos
no se alborote de vernos.)
JACINTA
(Si está en pescador fingido
y sirve de jardinero,
como nos lo muestra el traje
y nosotros lo sabemos,
cuánto mejor es llegar,
pues llegamos concediendo
lo mismo que él ha fingido,
y haciendo verdad su enredo,
antes, en esta ocasión
le servimos de terceros
a su engaño.)
MARCIAL
(Dices bien.)
JACINTA
(Pues disimula, y lleguemos.)
¡Hermano mío!
MARCIAL
¡Amo mío!
¿Es posible que te habemos
hallado?
JACINTA
Más ha de un año
que en tu busca, hermano, vengo.
FADRIQUE
¿No es Marcial este que miro?
¿No es Jacinta esta que veo,
cielos?)
Aparte.
JACINTA
Pues, ¿de qué has quedado
tan embobado y suspenso?
DUQUE
(En aqueste punto, Otón,
acabó todo el enredo;
que aquesta es su hermana, y ya
está todo descubierto.)
FLORA
¿Qué loca mujer es esta
que ansí le trata, sabiendo
ya todos quién es Fadrique?
DUQUE
(Ya Flora a su tema ha vuelto.)
FADRIQUE
Si aquí descubro a Jacinta
y digo quién es, hoy pierdo
a Flora, porque no es bien
empezar a darla celos;
si a Jacinta desconozco,
su mucha lealtad ofendo,
porque, al fin, me ha hallado vivo,
aunque me ha buscado muerto.
¿Qué he de hacer?)
Aparte.
JACINTA
No tenga empacho,
deme un abrazo.
FLORA
¿Qué es esto?
DUQUE
(¿Cómo saldremos de aquí?)
OTÓN
(Todo confuso lo veo.)
FLORA
¿Qué mujer es esta?
FADRIQUE
Espera
y sabraslo.
FLORA
Dilo presto.
OTÓN
(Sin duda quiere enmendarlo.)
DUQUE
(Y si no lo hace, ¿que haremos?)
FADRIQUE
Entre obligación y amor
estoy dudando y temiendo,
mas venza la obligación,
porque es de cobardes pechos
rendirse al amor y hacer
de obligaciones desprecios.)
Esta, señora, es Jacinta,
una dama que, sabiendo
mi desdicha, me ha buscado;
que tanto a su amor le debo.
Este es un crïado mío:
aunque le juzgas grosero,
el más bueno, el más leal.
Marcial es su nombre mesmo.
Esto es la verdad.
Aparte.
DUQUE
(¡Qué bien
lo ha enmendado!)
OTÓN
(¡Por extremo!)
DUQUE
(¡Qué presto halló la mentira
a propósito!)
OTÓN
(¡Qué presto!
¡Él es lindo socarrón!).
Sale Celia.
CELIA
En todo el campo no puedo
hallar a este pescador
para decirle el concierto,
pero… ¡hablando con el duque
está, y con Flora! Yo creo
que otro se lo habrá avisado.)
Aparte.
FLORA
De rabia y de celos muero.)
Aparte.
Sale Otavio.
OTAVIO
Carlos, Conde de la Flor,
a efectuar los conciertos
que hay entre Mantua y Milán
del tratado casamiento,
en este punto llegó
a estas selvas; que, sabiendo
que aquí estabas, ha venido
con poco acompañamiento.
DUQUE
Salgamos a recibirlo.
Vamos, Flora.
FADRIQUE
Si yo puedo
pedirte, señor, tras tantas,
aquesta merced, te ruego
que ansí me dejes vivir,
disfrazado y encubierto,
mientras mi avara fortuna
va mejorando los tiempos.
Defensa al Conde traidor
en este traje prevengo:
Este Conde es el mayor
enemigo que yo tengo.
Esta por mayor merced
te suplico.
DUQUE
Y yo la aceto.
Tray ese traje.
FADRIQUE
¡Mil años
vivas!
DUQUE
(Otón, ¿qué dices de esto?
Por no hacer que yo le trate
en público con respeto
hace su enemigo al Conde.)
OTÓN
(Él tiene subtil ingenio.)
FADRIQUE
Como hasta aquí has de tratarme,
señor, como jardinero.
DUQUE
Eso en público sí haré,
y como amigo en secreto.
CELIA
¡Qué bien finge el picarón!)
Aparte.
FLORA
Es justo agradecimiento,
Fadrique, el que le debéis
a esa dama.
DUQUE
(¡Que tan ciego
tenga su discurso Flora,
tan falto el entendimiento,
que todo lo haya creído!)
Aparte.
FADRIQUE
Aunque pienso agradecerlo,
una cosa es la que digo
y otra cosa es la que siento.
FLORA
Pagalda tan gran fineza,
pues en tal traje se ha puesto
por vos.
FADRIQUE
Yo lo pagaré,
que uno pago y otro debo.
FLORA
Agradecédselo mucho.
FADRIQUE
Mucho, Flora, lo agradezco.
JACINTA
(Marcial.)
MARCIAL
(¿Qué quieres?)
JACINTA
(No sé.)
FLORA
(Muero de envidia y de celos.)
DUQUE
¿Cómo te sientes?
FLORA
Mejor,
porque un desengaño veo
que pudo darme la vida
o la muerte.
OTÓN
(Dice esto
porque ya a Fadrique ha visto.)
DUQUE
¿Dónde vas?
FADRIQUE
Voyte sirviendo.
DUQUE
Quédese tu Alteza.
FADRIQUE
Yo
soy, señor, tu jardinero,
y si ansí me tratas, faltas
a la merced que me has hecho
de tratarme como a tal.
DUQUE
Ni la palabra te quiebro,
ni falto a lo prometido,
porque aquí todos sabemos
quién eres, porque presentes
estuvieron al concierto.
FADRIQUE
Beso mil veces tus pies.
DUQUE
Guárdate, Fadrique, el cielo;
que bien tu estado has fingido,
y tanto, que agora pienso
que eres, pescador, Fadrique.
FADRIQUE
El tiempo es mejor maestro,
y como enseñó a mandar
enseñó a servir el tiempo.
DUQUE
¿No has de pasar de aquí?
FADRIQUE
Porque no me vean me quedo.
DUQUE
Y porque finges tan bien,
de verte fingir me huelgo.
FADRIQUE
Pues si con esto te agrado,
volveré a fingir de nuevo.
DUQUE
Pues mira que has de fingir.
FADRIQUE
A mí me está bien hacerlo.
CELIA
(¿Qué es, señora, lo que llevas?)
FLORA
(No sé, Celia, lo que llevo.
El alma te respondiera
si preguntaras qué dejo.)
OTÓN
(¡Qué sosegada va Flora!
Costoso ha sido el remedio,
porque de curar un loco
enloquecen muchos cuerdos.)
Vanse todos y quedan Jacinta, Marcial y Fadrique.
FADRIQUE
Dame, Jacinta, tus brazos
mil veces.
JACINTA
Cuando con ellos
pudiera hacerte pedazos
los diera, pues cuando vengo,
atropellando a mi honor,
obligación y respeto,
enamorado te hallo,
y tan rendido te veo
que delante de mis ojos
de mí te han pedido celos.
¿Qué? ¿No pudiste sufrir
callar quién eras? ¿Tan presto
lo dijiste por mostrar
con eso el merecimiento?
Por villana me han tenido;
villana he de ser, haciendo
de suerte que no te crean,
pues tan fácilmente puedo.
FADRIQUE
Jacinta…
JACINTA
No soy Jacinta,
Cintia soy.
Vase Jacinta.
FADRIQUE
Marcial, ¿qué es esto?
MARCIAL
Jacinta dice muy bien,
porque ha sido muy mal hecho
hallarte de esta manera
enamorado, viniendo
ella a buscarte.
FADRIQUE
Marcial,
escúchame…
MARCIAL
No te entiendo.
No soy Marcial, sino Tirso,
y si disfrazarme quiero,
el padre Fray Tirso soy,
pues a predicarte vengo.
Había en un día dos bodas
en un comarcano pueblo,
y un perro las supo, que era
de todas bodas el perro.
Vio que en su lugar tardaba
la comida, y presumiendo
que podía en la otra hallarse
y volver después a tiempo,
fue donde habían comido,
y con más hambre volviendo
a la de su pueblo, halló
que ya habían hecho lo mesmo.
Dos bodas tienes delante;
escoge lo que es más cierto:
no pierdas por codicioso
lo que por goloso el perro.
Vase.
FADRIQUE
¡Escucha, Jacinta o Cintia!
¡Tirso o Marcial, está atento!
¡Que si muerto me buscáis,
ya me habéis hallado muerto!
Salen el príncipe Filipo, Carlos y Leonelo; el Duque, Otón, Otavio, Celia y Flora.
FILIPO
El Duque de Milán, agradecido
al deseo, Gonzaga, que has mostrado
de ver con los conciertos convenido
el de Milán a tu dichoso estado,
hubiera antes de ahora respondido
si no hubiera su gusto dilatado
de Fadrique la muerte rigurosa.
DUQUE
Tragedia ha sido a todos lastimosa.
FILIPO
Esta me dio de quien sabrás más cierto
lo que en este concierto se procura.
Dale una carta.
CARLOS
(¿Qué te parece Flora?)
FILIPO
(Estoy incierto
si es Flora la que el duque me asegura,
que si en lo que la otra dijo advierto,
es Flora la de menos hermosura.)
DUQUE
Yo lo veré despacio. Hablad agora,
mientras que voy a responder, con Flora.
Vanse el Duque, Otón y Otavio.
FILIPO
Si mi humilde deseo ha merecido
–por el honor que de serviros gano,
gloriosamente a aquesos pies rendido–
admirar fuego y nieve en una mano,
bella Flora, la vuestra humilde os pido;
y si digno de bien tan soberano
me miro a vuestros pies, desde este suelo
pienso tocar el sol de vuestro cielo,
aunque quede en mi bárbara osadía
deshecho al fuego y a la nieve helado.
FLORA
(Este casamentero, Celia mía,
las reverendas tray de desposado.
Escusarme de hablar con él querría,
y un excelente disimulo he hallado.)
FILIPO
Pues, ¿no me respondéis?
FLORA
Hablad con Flora.
FILIPO
¿Quién es Flora?
FLORA
La infante mi señora.
CELIA
¿Señora?)
Aparte.
FLORA
No replique Vuestra Alteza,
que es bien que logre el alto pensamiento
de gozar de Milán honra y grandeza.
CELIA
Nunca tan grande fue mi atrevimiento.)
Aparte.
FLORA
¿Su fama, su hermosura, su nobleza
no conocéis?
CELIA
Vengó mi fingimiento.)
Aparte.
FILIPO
Confuso estoy entre una y otra Flora;
mas es la noche una, otra la aurora.)
(Carlos,…)
Aparte.
CARLOS
(¿Señor?)
FILIPO
(…Leonelo, ¿qué os parece
cómo el Duque de Mantua se ha vengado?
La que no es Flora por mujer me ofrece,
ofendido de verme disfrazado.)
CARLOS
(Un engaño otro engaño se merece.)
LEONELO
(Discreto el duque por extremo ha andado.)
FILIPO
(Quién era vio. Disimuló el estilo,
y engañado engañome por el filo.)
FLORA
Hable tu Alteza.
CELIA
(¿Qué es lo que pretendes?
Ya sabes cómo siempre te he servido;
en dar crédito, Flora, a ti te ofendes,
a un pensamiento sin traición fingido.)
FLORA
(Engaña, Celia.)
CELIA
(Yo…)
FLORA
(¡Qué mal me entiendes!)
CARLOS
(Si el duque no se da por entendido,
no lo estés tú tampoco de su engaño:
calla hasta uno y otro desengaño,
y prosigue.)
FILIPO
(Eso hago.) Flora bella,
¿de qué sirve encubrir los rayos rojos,
si de fuego de amor una centella
átomo es de vuestros dulces ojos?
La más pura, más limpia y clara estrella
sus luces os ofrece por despojos,
¿por qué a otra luz la vuestra se reduce?
Que en presencia del sol ninguna luce.
Flora, ¿no respondéis?
FLORA
Responded, Flora.
CELIA
(¿Por qué ofenderme tu valor procura?)
FLORA
¿No os ha dicho que es ella? ¿Quién ignora
su gracia, su donaire, su hermosura?
FILIPO
Vuestra divina luz el alma adora;
¿por qué queréis que quede en noche obscura
quien vuestro claro día está mirando?
Sale Otón.
OTÓN
Su excelencia, señor, queda esperando.
Mas… ¿qué es esto? Filipo es el que veo;
o confusa mi ciega fantasía
de la naturaleza varia creo
que sacó dos estampas en un día.)
Aparte.
FILIPO
(Rendido voy a manos de un deseo:
si es Flora la fingida, será mía.)
CARLOS
(Con más industria no disimularas,
señor, si con la misma Flora hablaras.)
Vanse [Filipo, Carlos y Leonelo].
OTÓN
Él es. Direlo al duque, y que ha venido
como su embajador disimulado.)
Aparte.
Vase.
FLORA
Celia, ¡que no me hayas entendido!
CELIA
Bien un pequeño yerro has castigado;
mas si en pensarlo sólo te he ofendido…
FLORA
Luego, ¿ya lo tuviste imaginado?
CELIA
Por engaño.
FLORA
¿Por qué no lo decías
agora?
CELIA
Porque tú…
FLORA
¿Qué desconfías?
CELIA
…no te ofendieras más.
FLORA
Si me entendiste,
lo que yo te mandaba, Celia, hicieras.
CELIA
¿Vengáraste con esto? ¡Ay de mí triste!
FLORA
Pues es fácil fingir, ¿no lo fingieras?
CELIA
¿Yo? ¿Delante de ti?
FLORA
Aquí consiste
mi gusto mayor, Celia. ¿No pudieras
dármele? Y porque entiendas mi alma agora:
yo quiero que tú digas que eres Flora.
CELIA
Aun eso, bien, mas, ¿qué consigues de eso?
FLORA
Excusarme de hablar [a] embajadores
–que me ofende el mirarlos te confieso–,
y escuchar por terceros los amores.
Confieso que perdido tengo el seso
entre tantas desdichas y rigores.
Hazte tú Flora mientras lloro, ¡ay cielos!,
fuerza de un padre y de un amante celos.
Aquel mi libertad forzar pretende,
tratando el casamiento que me infama;
este mi pecho en fuego y rabia enciende,
viéndole hablar la labradora dama;
uno me fuerza, Celia, otro me ofende,
y entre el rigor, entre la ardiente llama,
helado el cuerpo, el alma ya en los labios,
sufro rigores y padezco agravios.
CELIA
Ya se vuelve a su locura.)
Aparte.
Sale Fadrique.
FADRIQUE
Si se permite a quien muere
decir, Flora, sus desdichas,
escúchame atentamente.
No importa que Celia esté
a mis razones presente,
que antes quiero hacer testigos
de mis males o mis bienes.
Oye razones de un loco,
que suele ser cuerdo a veces,
que el mal, si quita el sentido,
el sentimiento le vuelve.
Con lengua torpe y voz muda
hablarte el alma pretende,
y aunque siente cuanto dice
no te dirá cuanto siente.
Desnudo llegué a esta orilla
–no te espantes de que empiece
mi historia: breve seré,
si en penas puedo ser breve–;
hallé en tus manos piedad,
acogísteme clemente,
y aquí contento viví,
viví en tu servicio alegre.
Afrentado el corazón
estaba que le cubriese
un tosco sayal, y el pecho
quiso romper impaciente
por los ojos, y la lengua
reventó. Disculpa tiene,
que el fuego, Flora, no es mucho
si está encerrado reviente:
salió a la boca en palabras,
mas como son viento leve,
el viento al fuego mayor
en humo y cenizas vuelve;
salió a los ojos –¿quién vio
líquido el fuego?– en ardientes
lágrimas, lenguas de agua
que hablar con más alma suelen.
La sangre, que, aunque encubierta,
no es razón que se desprecie
–que es la nobleza un tesoro
que tiene su precio siempre–,
es otra alma, tan alma,
que glorias sólo apetece:
ni la finge el que le falta,
ni la encubre el que la tiene.
No pude encubrirla yo
forzado, sino prudente,
y díjete al fin quién era,
tú sabes si honestamente,
pues si el que despierto vive
muerto le juzgan si duerme,
muerta estabas, porque viva
no supiera yo atreverme.
¡Oh inconstancia, siempre instable!
¡Que aun dormidas las mujeres
no saben decir verdad,
pues hasta en el sueño mienten!
Desengañada, dijiste
quién era al duque, y prudente
me habló, sin que yo le viera
de mi silencio ofenderse.
Estando en esto, la nueva
–¡ay de mí!– llegó…
FLORA
Detente,
que yo diré quién llegó.
CELIA
¿Qué enredo mayor es éste?)
Aparte.
FADRIQUE
Déjame hablar.
FLORA
Hasta aquí
has dicho; deja que empiece
y diga yo quién llegó,
pues has dicho cuanto quieres.
Llegó una villana noble
que hablando rústicamente
por hermano te abrazó.
FADRIQUE
Escucha, espera…
FLORA
¿Que espere?
¿Qué tengo ya que esperar?
FADRIQUE
La sentencia de mi muerte.
Ese embajador fingido
que a tratar tu boda viene
es Filipo, ese es mi hermano,
y si examinarlo quieres
mírale en esta sortija
esculpido, que previene
al cielo para mi bien
unas señas tan patentes.
Aquí verás del buril
lo más primo y excelente,
porque el más subtil pincel
sin matices le desmiente.
Mírale, Celia, que él es.
CELIA
Engañada estuve siempre.
Ahora creo que es Filipo,
y aun que tú Fadrique eres.
FADRIQUE
Esta a Jacinta le dio
el príncipe.
FLORA
¿Qué? ¿No tienes
vergüenza para nombrarla
en mi presencia?
FADRIQUE
Si quiere
decir la lengua verdades,
no te espantes que las cuente,
porque solos desengaños
son los que el alma pretende.
FLORA
¿No vino a buscarte?
FADRIQUE
Sí.
¿Díjela yo que viniese?
Pues, ¿por qué te ha de ofender
una mujer que me quiere?
¿Quiérola yo? ¿Qué razones
la dije que te ofendiesen?
¡Plubiera a Dios la quisiera!
Que tanto, Flora, me debes;
pues, cuando como te quiero
a Jacinta la quisiese,
¿por tus desprecios dejara
sus amorosos placeres?
Bien conoces mi razón;
mas como a Filipo adviertes
con mi desprecio, el venir
disfrazado le agradeces;
págale tan gran fineza.
FLORA
¡Qué mal disculparte entiendes,
echándome a mí la culpa
que solo, Fadrique, tienes!
Por ti ha venido Jacinta.
FADRIQUE
Y Filipo, ¿por quién viene?
FLORA
Págale el haberse puesto
por ti en tan humilde suerte.
FADRIQUE
Agradécele el venir
hecho embajador por verte.
Por ti ha venido.
FLORA
Es verdad.
¿Díjele yo que viniese?
Si un hombre me quiere a mí,
con poca razón te ofende.
¿Quíerole yo? ¿Qué favores
tiene míos? ¿Que dijese
que era Celia por no hablarle?
Que todo aquesto me debes.
Todas las mujeres piensas
que son unas, neciamente,
pues las que de veras aman
por las que lo dicen, pierden.
No he de ir a buscarte yo,
aunque por costumbre tienes
que tales mujeres te amen
que te busquen las mujeres.
Vase Flora.
FADRIQUE
¡Agúardate, Flora, espera!
¡Espera, Flora, detente!
¡Detenla, Celia!
CELIA
Ya es ida.
FADRIQUE
¡Dila que un instante espere!
CELIA
Direle al duque quién son
todos. Loca quise hacerte,
Flora; pero yo lo estuve
en reírme y no creerte.)
Aparte.
Vase Celia.
FADRIQUE
Cuando de mi atrevido pensamiento,
Jacinta, los rigores imagino,
menos me atrevo y más me determino;
que sobra amor y falta atrevimiento.
Desconocido a tu beldad intento
tirano pago a tu valor divino,
y animándole, apenas imagino
verdugo de mi infamia el sentimiento.
Olvido ingrato, agradecido adoro,
aborrezco cobarde, amo atrevido,
llamo y [me] huyo, quiero y no deseo,
canto mis penas y mis glorias lloro:
¿qué mucho viva o muera arrepentido,
si he de perder la vida o el deseo?
Salen el Duque y Otavio.
DUQUE
No se efectuó el concierto,
que dice el conde que tiene
para avisar a Milán
forzosos inconvenientes.
FADRIQUE
Dame tus pies.
DUQUE
¿Aquí estás?
FADRIQUE
Y deseoso de verte
para darte de las bodas
mil dichosos parabienes.
DUQUE
Guárdate Dios. ¿Cómo va
del fingimiento?
FADRIQUE
No puede
irme mal en tu servicio.
DUQUE
¿Y ya de Flora qué sientes?
FADRIQUE
Que Flora merece mucho,
pero Filipo merece
la merced que tú le haces,
que es generoso y prudente.
DUQUE
No te pregunto qué es:
ni quiero que me aconsejes.
FADRIQUE
Señor, hablar de Filipo
es honrarme a mí; que excede
a mi deseo que él
a darte contento acierte,
y plegue al Cielo, señor,
que te pague las mercedes
que he recibido en tu casa.
DUQUE
Pues, ¿cómo hablas de esa suerte?
FADRIQUE
Bien me acuerdo yo que tú
me dijiste que fingiese;
pero como sólo Otavio,
que siempre estuvo presente,
nos oye, a hablar ansí
pude, señor, atreverme.
No nos oye otro.
DUQUE
¡Villano,
bárbaro, loco imprudente!
¿A mí quieres engañarme?
FADRIQUE
¿Quién engañarte pretende?
DUQUE
¡Si te dije que fingieras!
FADRIQUE
Yo te pedí que me hicieses
esa merced de tratarme
como a jardinero siempre:
eso es lo que he fingido;
mas como nadie nos viese,
aquí hablé como Fadrique.
DUQUE
(Otavio, otro loco es éste.)
Pues, ¿quién eres?
FADRIQUE
¿Tú no sabes
quién soy? Señor, ¡cuántas veces
oí mi nombre en tu boca,
sólo para engrandecerme!
¡Qué bien cumples tu palabra!
¡Bien a encubrirme te ofreces!
¡Y qué bien, por no tratarme
mal, desconocerme quieres!
Pero aquí solos estamos;
dime lo que te parece
de Filipo; que mi hermano
es muy galán.
DUQUE
(¡Cuánto puede,
Otavio, lo que en su abono
la imaginación aprende!
Sin duda que se ha creído
que era Fadrique.)
OTAVIO
(De verse
tan estimado nació
un pensamiento tan fuerte.)
FADRIQUE
Pues, señor, ¿no me dirás
qué causa pudo moverte[M46v]
a hablarme de aquella suerte?
DUQUE
(Ya no puedo sufrir más.)
Hombre de ese río venido,
y de él al campo arrojado,
de sus ondas engendrado
y de sus fieras nacido:
¿qué hechizo, encanto o veneno
a aquesta selva trujiste,
que después que a ella veniste
todo está de engaños lleno?
Miserable y abatido
con uno y otro temor,
tan fingido pescador
cuanto Fadrique fingido:
¿quiere matarme tu encanto?
FADRIQUE
Si no entendiera que estás
fingiendo, ni hablaras más,
ni hubiera sufrido tanto,
pues, porque se certifique
el mundo de mi valor,
sufro como pescador
lo que oí como Fadrique.
Si jardinero me vías
y de serlo me sacaste,
¿por qué tanto me estimaste
si ya no me conocías?
Trátame como criado
–que aqueso pretendo yo–
en público, pero no
cuando estás tan retirado.
Fadrique aquí soy, y allí
seré humilde labrador.[Z37r]
OTAVIO
(Él se lo creyó, señor.)
DUQUE
(Él está fuera de sí,
y aun yo y todo.)
OTAVIO
(Como vio
que todos se lo decían,
porque todos lo fingían
que era Fadrique creyó.)
Salen Jacinta y Marcial.
JACINTA
(¿Ayudarasme a mentir?)
MARCIAL
(A todo te ayudaré.)
JACINTA
(Pues ansí me vengaré.)
MARCIAL
(Por ti tengo de morir.)
JACINTA
Antón, vámonos, acaba;
¡a la aldea!
MARCIAL
Señor, vamos
de esta tierra. ¿Qué esperamos?
FADRIQUE
Esto sólo me faltaba.)
Aparte.
DUQUE
(¡A qué buen tiempo ha llegado
su hermana!, que puede ser
que, acordándole su ser,
vuelva de lo que ha soñado.)
JACINTA
Mira que quedó el pollino
solo en casa, sin tener
qué comer ni qué beber.
MARCIAL
¡Ni mi prójimo el cochino!
FADRIQUE
Jacinta.
JACINTA
¡Qué bueno es eso!
¿Jacinta, yo? Cintia soy.
FADRIQUE
Confieso que loco estoy.)
Aparte.
JACINTA
Él tiene perdido el seso.
FADRIQUE
Marcial.
MARCIAL
¿Yo, Marcial? ¿Hay tal?
De otra cara me imagina,
porque un hombre tan gallina,
¿cómo puede ser Marcial?
JACINTA
Aquesas locuras deja.
¿Tú, señor? ¿De cuándo acá?
Vámonos a casa ya.
DUQUE
(Bien, Otavio, le aconseja.)
FADRIQUE
A cólera me provoco.
¡Vive Dios, que estoy sufriendo
y callando, porque entiendo
que han de decir que estoy loco!)
Aparte.
JACINTA
Señor, déjele ir a casa,
que imaginando aventuras
en máquinas y locuras
lo más de su vida pasa.
Historias había leído
de muchas caballerías,
y con locas fantasías
todas se las ha creído.
No le crea si le dice
que es un hombre de opinión,
porque su nombre es Antón.
DUQUE
¡Qué bien que le contradice!)
Aparte.
FADRIQUE
Jacinta, si piensas hoy
quitarme fingida el seso,
que estoy loco te confieso;
déjame, pues ya lo estoy.
¿Qué es lo que tu voz procura
hablando de aquesta suerte?
¿Buscas, Jacinta, mi muerte?
JACINTA
¿Jacinta, yo? ¡Qué locura!
FADRIQUE
(Marcial, ¿tú eres contra mí?
¿Esto en tus lealtades tengo?)
MARCIAL
(Señor, con quien vengo, vengo.)
FADRIQUE
(¿No soy yo Fadrique?)
MARCIAL
(Sí.)
FADRIQUE
(Dilo a voces: ¿quién soy yo?,
ya que a abonarme te ofreces.)
¿Quién soy?
MARCIAL
Antón me pareces.
FADRIQUE
¿Y no soy Fadrique?
MARCIAL
No.
FADRIQUE
(Jacinta, si de mi llanto,
que tanto al amor agrada
estás acaso obligada,
merezca yo favor tanto
que le digas quién soy yo
al duque.)
JACINTA
(Fadrique eres.)
FADRIQUE
(Pues ya confesarlo quieres:)
¿No soy yo Fadrique?
JACINTA
No.
FADRIQUE
¡Viven los cielos, villanos,
que, porque se satisfaga
mi furor, a los dos haga
pedazos con estas manos!
OTAVIO
(Más se enfurece de ver
que le niegan su locura.)
DUQUE
(Quiero hablarle con blandura
y probar si puede ser
reducirle.)
FADRIQUE
¿Hay confusión
mayor que la que en mí lucha?
DUQUE
Oye.
FADRIQUE
¿Qué quieres?
DUQUE
Escucha,
¡cuánto mejor será, Antón,
que te vuelvas a tu tierra,
donde mejor estarás!
FADRIQUE
Ya no puedo sufrir más,
que un volcán el pecho encierra.
DUQUE
Deja esos discursos llenos
de tan confuso vaivén.
JACINTA
Y dice, señor, muy bien.
MARCIAL
Haz lo que te ruegan buenos.
FADRIQUE
¡Basta! Yo no soy Fadrique,
pues se juntan en mi mal
Jacinta, el duque y Marcial.
¡Porque el rigor multiplique
quieren que deje de ser
lo que soy! Mi mal pretenden,
y, pues engañarme entienden,
¡por Dios, que no lo han de hacer!
Vase.
DUQUE
Casi va desesperado.
No le dejéis: ¡id tras él,
no vaya solo!
JACINTA
(¡Ah, crüel,
bien los celos me has pagado!)
Aparte.
Va[n]se Jacinta y Marcial.
DUQUE
¡Por Dios, que me ha enternecido
su furioso pensamiento!
OTAVIO
¡Que tuviese el fingimiento
con tanto afecto creído!
DUQUE
Esta locura no es más
que creer una aprensión
que está en la imaginación.
OTAVIO
Y ya de Flora, ¿qué harás?
DUQUE
Flora, como no le vea
ni le hablen de él, sosegada
está siempre y descansada;
pero, ¡que una mujer crea
que esta villana que aquí
en este punto llegó
fuese una señora!
OTAVIO
Yo,
en la ocasión que lo oí,
fácilmente lo creyera.
DUQUE
En el alma me ha pesado
haberle desengañado:
mejor concederle fuera
su locura, pero ansí
tan gran cólera me dio
como hablando me llegó
en negocios, que no vi
la hora de despedille.
Sale Celia.
CELIA
Pues ya estás hecho a sentir,
lo que te quiero decir,
señor, no te maraville:
lo que el alma aseguró
viene a deshacer ahora.
Nunca fue la loca Flora,
porque siempre lo fui yo,
y porque se certifique
la verdad de un desengaño
sin locura y sin engaño:
el pescador es Fadrique.
Mira, señor, si tenía
razón Flora en porfiar;
¡y quisimos condenar
por locura su porfía!
DUQUE
(Otavio, ¿qué dices de esto?
¿Por quién esto habrá pasado?)
OTAVIO
(Flora su mal le ha pegado.)
DUQUE
(A creer estoy dispuesto
cuanto me dijeren ya,
o aquestas selvas umbrosas
tienen yerbas ponzoñosas.
Apenas de aquí se va
Fadrique o el pescador,
que uno y otro dicen que es,
y viene Celia después
con que es él. ¿Hay tal dolor?)
CELIA
Esa rústica villana,
que lo es al parecer,
es una noble mujer;
no, como ella dice, hermana
de Fadrique, sino dama
a quien Fadrique servía.
Él mismo se lo decía
a Flora, y que ella le [ama]
y por eso vino ansí.
DUQUE
(¿Quién mayor lástima vio?
¡Ella también lo creyó,
o todos burlan de mí!)
Pues tú, Celia, que antes eras
quien a Flora aconsejaba
y quien de eso se burlaba,
¿has creído tan de veras
su engaño? El intento muda:
no muestres facilidad.
CELIA
Esta es, señor, la verdad.
DUQUE
(Tengo, Otavio, por sin duda
que este hombre o pescador,
o Fadrique o jardinero,
es el mayor hechicero
y mayor enredador
que se ha visto.
Sale Flora.
FLORA
Siempre ha sido
Celia, señor, quien a ti
te tray las nuevas, y así
no dudo que habrá traído
estas que te vengo a dar:
que es aqueste embajador
Filipo mismo, señor.
CELIA
Pues, ¿quién lo puede dudar,
cuando Fadrique, su hermano,
lo asigura?
DUQUE
(¡Vive Dios,
FILIPO
que ya están locas las dos!)
OTAVIO
(Que es mal que se pega es llano.)
DUQUE
Bien fácil fuera creer
que es –y yo se lo confieso–
éste Filipo; que eso
es cosa que puede ser;
pero querer que yo crea
que es este hombre encubierto
Fadrique, que está ya muerto,
y que esta villana sea
dama, son cosas terribles;
y no me atrevo a creer
lo que no ha podido ser,
por no creer imposibles.
FLORA
Señor, ¿de qué estás prolijo?
CELIA
¡Que de creerme no acabes!
DUQUE
Tú, Celia, ¿de qué lo sabes?
CELIA
De que Fadrique lo dijo.
¿No basta que él lo dijese?
DUQUE
(¡Qué lástima, Otavio! ¡Ya
más loca que Flora está!
Mejor es que lo confiese.)
FLORA
¿De qué dudas?
Sale Otón.
OTÓN
Yo quisiera
hablarte a solas.
DUQUE
Otón,
no llegaras a ocasión
en que más gusto tuviera.
¿Qué es lo que me quieres?, di.
OTÓN
Espero que tú prosigas,
que es bien que primero digas
lo que me quieres a mí
y, en servirte satisfecho,
ya de mí no has de saber
lo que quiero, hasta tener
lo que me mandares hecho.
DUQUE
Ya tú sabes que, después
que llegó por maravilla
un pescador a esta orilla,
la selva confusa es:
hubo Fadrique fingido,
dama que se transformó,…
también Celia lo creyó
y aun él mismo lo ha creído,
porque aquí de tal manera
que era Fadrique afirmaba
que yo mil veces dudaba
–¡yo mismo!– si verdad era.
Han dado ahora en una cosa
fácil, mas para mentira
la fácil lo mismo admira
que la muy dificultosa;
esto te quiero advertir,
porque no he hallado medio
mejor para su remedio:
has agora de decir,
para seguirlas su humor,
que cuando tú a Milán fuiste
en él a Filipo viste,
y que es este embajador;
que esa es la tema en que han dado.
OTÓN
¿Y es mucha dificultad
que yo diga la verdad?
¡Este que está disfrazado
es Filipo! Yo le vi
en Milán; y por más señas:
cómo cayó entre las peñas
Fadrique al mismo lo oí.
No te engaño. Flora, ¿quién
te lo dijo?
FLORA
Pues su hermano;
que ha de conocerle es llano.
DUQUE
(Finge, que finges muy bien.)
OTÓN
(¿Cómo fingir? ¡Vive Dios,
que es el mismo y que en Milán
le vi, señor!)
DUQUE
(Buenos van
los engaños.)
OTAVIO
(Y las dos
se han sosegado.)
CELIA
Aun ahora
pienso que no lo creerás.
DUQUE
(¡Oh, qué bueno va! ¡Di más!
OTÓN
Quien les dijo a Celia y Flora
que era Filipo, decía
bien. Esto es desengañarte,
y cuando yo vine a hablarte
a decírtelo venía.
DUQUE
Flora, yo disimulaba
el enojo que me ha dado
con venir él disfrazado
y porque resuelto estaba,
hasta que él se descubriese,
no darme por entendido.
Que tú no lo estés te pido.
FLORA
Y es muy justo que te pese
del engaño.
DUQUE
(Dime, Otón,
¿qué es lo que decir querías?
OTÓN
(¿Aún todavía porfías
lo que en aquesta ocasión,
señor, tú mismo has mandado?)
DUQUE
(Ya tu palabra cumpliste,
pues lo que te mandé hiciste.)
OTÓN
(Esto es.)
DUQUE
(¡Ya estás cansado!)
OTÓN
(¿Quién vio enojo más crüel?)
DUQUE
(Mira, Otón, que hablas conmigo.)
OTÓN
(La verdad, señor, te digo.)
DUQUE
(¿Qué?)
OTÓN
(¡Que vive Dios, que es él!)
DUQUE
(¡Qué necia fidelidad!)
OTAVIO
(Señor, pues ansí lo afirma
y enojado lo confirma,
sin duda que es la verdad.)
DUQUE
(¿También tú, Otavio?)
OTAVIO
([Es] razón.)
DUQUE
(¡Calla! ¿Todos contra mí?
¡En toda mi vida vi
selva de más confusión!)
Vanse y salen Filipo, Carlos y Leonelo.
FILIPO
No en vano ofrece el viento
fragancia en variedad de flores bellas
adonde el pensamiento
loco se pierde divertido en ellas,
si Flora, con instinto,
el artífice es del laberinto.
El sol desde su esfera
mil rayos de amorosa luz invía,
y cuando reverbera
parece el campo un sol de argentería,
aunque teñido pierde
el rojo esmalte en la cenefa verde.
En hebras esparcidos
los dorados cabellos hermosea
en su verdor teñidos,
cuando fragante el vaso de Amaltea
le ofrece por guirnalda
baños de luz en copia de esmeralda:
¿qué mucho, si las flores
a Flora ven, de sus matices diosa,
Venus de sus amores
más casta y más divina y más hermosa,
Minerva más discreta,
Palas más fuerte, Juno más perfeta?
FLORA
Poco Flora te debe,
aunque tantos favores oye Flora,
pues a ofender se atreve
lo que su nombre ensalza, ¿quién lo ignora?
Y mal el nombre abona
quien presente no estima la persona.
Ya de mí habéis oído
quién es Flora y que yo Celia me llamo.
FILIPO
Culpa no, error ha sido;
que ni a Celia desprecio ni la infamo,
que la fama amorosa
me dijo: «Flora es la más hermosa».
CELIA
No dudo que sería
verdad lo que la fama ha publicado,
pero es gran grosería
haberlo en mi presencia confirmado;
y tales caballeros
con damas suelen ser menos groseros.
Aprended cortesía
para venir a hablar entre las damas.
Bueno, ¡por vida mía!,
por cortesano merecéis mil famas,
mas un hombre tan necio
por decir un favor dirá un desprecio;
¿úsase en vuestra tierra?
FLORA
Con justa causa Flora se ha enojado.
FILIPO
Quien engañado yerra
en el engaño la disculpa ha hallado
Dijéronme que Flora…
CELIA
¿Yo no dije quién era antes de ahora?
FILIPO
Entonces no creía
quién eras, y entendí que verdad era
lo que el duque decía.
CELIA
Quien engañado engaña, ¿por qué espera
sino mayor engaño?
FILIPO
Ya de quién soy he visto el desengaño.
(Ya yo estoy descubierto.
¿Qué haré, Carlos?)
CARLOS
(Señor, decir tu nombre
tengo por lo más cierto.)
FILIPO
(¿Quién hay que de mis penas no se asombre?
Si me descubro ahora,
el duque me ha de hacer casar con Flora,
y es Flora a quien, ajeno,
aun con el pensamiento me he inclinado
de confusiones lleno.
Antes a Celia le daré mi estado
que con Flora me case.)
[Salen] el Duque, Otón y Otavio.
DUQUE
(¡Que tal engaño entre los nobles pase!
Ya creo que es Filipo
y de su fingimiento estoy quejoso,
y a hacerle me anticipo
otro engaño no menos ingenioso;
vengareme con esto.)
OTÓN
(Ya sabes que a tu gusto estoy dispuesto.)
DUQUE
(Diré que esta villana
rústica, vil, de tan humilde estado,
del pescador hermana,
se me quejó de que la había robado,
y que es como la pinta:
muy noble, y con el nombre de Jacinta.)
OTÓN
(¿Y qué consigues de esto?)
DUQUE
(Si él vino con intento de engañarme,
el mío verás presto,
y saco, por lo menos, el vengarme.
OTÓN
(Ella es venganza extraña.)
DUQUE
(Que se engañe es muy justo quien engaña.)
FLORA
(Mira qué pensativo
con tus razones, Celia, le has dejado.)
FILIPO
Sin mí y conmigo vivo.)
Aparte.
DUQUE
(A ejecutarlo estoy determinado.)
¡Bella Flora, hija mía,
de mis ojos la luz y la alegría!
FILIPO
¡Mira cómo pretende
vengarse el duque, pues que Flora llama
a Celia! Mal entiende
engañarme; si a Celia sólo ama
el alma, que desea
ser suya, o ya sea Flora o Celia sea.
Aparte.
CELIA
(¿Qué hemos de hacer, señora,
pues como a Flora el duque a ti te habla?)
FLORA
(Responde como Flora;
yo callaré, que ansí mejor se entabla.)
CELIA
Deje a Flora, señor, vuestra excelencia,
y mire que está el Conde en su presencia.
DUQUE
(Otón.)
OTÓN
(Señor.)
DUQUE
(Sin duda
con él mal está Flora, y me responde
Celia.)
OTÓN
(¡Qué bien te ayuda!)
DUQUE
(Ahora empieza mi enojo con el Conde.)
FILIPO
Besarte los pies deja.
DUQUE
De vos, Embajador, tengo una queja.
FILIPO
(Agora se declara.)
CARLOS
(Pues quéjate tú antes.)
DUQUE
¿Quién hiciera,
o quién lo imaginara,
que en pecho noble tal traición cupiera,
tal maldad, tal engaño.
sin propio bien y con ajeno daño?
FILIPO
¿Y es hazaña más noble
el engañarme a mí? ¿Oh, quién lo hiciera?
¡Decir con trato doble
que Celia Flora y Flora Celia era!
DUQUE
¿Con engaños pretendes
disculparte, y con ellos te defiendes?
Pues no podrás.
FILIPO
¿Qué engaño
puede haber, si ella misma lo confiesa?
FLORA
(Ya llegó el desengaño.)
CELIA
(Aquí nuestra invención y enredo cesa.)
DUQUE
¿Yo pretendí engañarte?
¿Cómo? ¿Por qué? ¿Con quién? ¿Dónde? ¿En qué parte?
FILIPO
A Celia me ofreciste
cuando trataba Otón mi casamiento.
¿Por qué a Celia me diste?
DUQUE
¿Yo a Celia? ¿Hay más confuso pensamiento?
Esta es mi hija y es Flora.
FILIPO
¿De nuevo vuelves a engañarme ahora?
DUQUE
Habla, Flora: responde
cómo eres Flora y eres la hija mía.
FLORA
Pues, ¿ya no sabe el Conde
quién soy?
FILIPO
Sé que eres Celia.
DUQUE
(¡Y aún porfía!
¡Otón, ya hay más locura!)
FILIPO
Tu error con lo que mata me asegura.
Yo soy Filipo, cierto,
que como embajador del padre mío
vine a aqueste concierto.
DUQUE
Ya lo sé, y de tu nombre desconfío
una tan gran bajeza
que escurece tu fama y tu nobleza.
FILIPO
Si mi nombre sabías,
¿por qué con tal engaño me tratabas?
DUQUE
¿Aún en eso porfías?
Mas, ¿por qué tú a una dama la sacabas
de su casa? ¿Es ufana
acción traerla en traje de villana?
Ella se me ha quejado,
diciéndome que tú Filipo eras
y que la has engañado.
FILIPO
Cuando con eso disculparte quieras,
ha de ser sin provecho,
que yo estoy de mí mismo satisfecho.
DUQUE
Ella es hermosa dama,
principal, rica, noble y virtüosa,
y Jacinta se llama.
FILIPO
¿Jacinta? ¿Aquí? ¿Conmigo? ¿Quién vio cosa
más crüel, más tirana?
¿Jacinta aquí? ¿Y en traje de villana?
(¡Carlos! ¡Carlos, Leonelo!,
¿vistes si con nosotros ha venido
Jacinta a aqueste suelo?)
CARLOS
(Si oculta de nosotros la has traído,
¿para qué lo preguntas?)
FILIPO
(¿Quién en el mundo vio más penas juntas?
¿Yo a Jacinta, vestida
de villana, la tengo aquí conmigo?
No la vi ansí en mi vida;
el cielo, siempre juez, aquí es testigo.)
CARLOS
(¿Y el duque adivinaba
quién era, y que Jacinta se llamaba?)
DUQUE
¡Oh, qué bien he vengado
el engaño que hacerme pretendía!)
[Ap.
FLORA
(Linda ocasión he hallado,
Celia, para seguir la invención mía.)
CELIA
(Apriétale tú ahora,
ni como Celia bien, ni como Flora.)
FLORA
Pues, viniendo a casarte
con Flora, ¿otra mujer traes a sus ojos?
CELIA
¿En qué puedes fundarte,
trayendo a Flora, di, tantos enojos?
DUQUE
(De Flora el pensamiento
ofendido ha ayudado nuestro intento.)
FILIPO
Señor, aquesa dama
es verdad que es tan noble –caso extraño–
que Jacinta se llama;
que la quise es verdad, pero es engaño
decir que la he traído.
DUQUE
(¡Mirad a lo que ya se ha persuadido!)
Sale Jacinta.
JACINTA
Si siempre ha hallado piedad
quien en los nobles la busca,
yo vengo a decir verdades.
FILIPO
Esta es Jacinta sin duda.)
Jacinta mía, ¿qué tiempo,
qué miserable fortuna
tus cortesanos adornos
en rústicas ropas muda?
Aparte.
JACINTA
¡Filipo es este, ay de mí!
¿Qué haré? Mas ya me asigura
el engaño de Fadrique
que mejor me disimula.)
Aparte.
FILIPO
Si de tu rigor, Jacinta,
pretendes hallar disculpas
viniendo a buscarme así,
mi vida y alma son tuyas.
JACINTA
¿Qué Jacinta o qué nonada?
¡Arre allá!
FILIPO
¿Qué? A quien procura
tu vida, ¿ansí le desprecias?
DUQUE
(Él se lo creyó sin duda.)
OTÓN
(Aquí veras si es verdad,
señor, lo que te asiguran
Celia y Flora: esta es Jacinta.)
DUQUE
¿También das en sus locuras?
FILIPO
Jacinta, Jacinta eres.
No es tiempo de que te encubras,
y si tú al duque lo has dicho,
¿para qué lo disimulas?
Él por ti me ha dado quejas
de que, ingrato a tu hermosura,
te desprecio. Esta es mentira;
que tu rigor es la culpa.
Dile cómo no has venido
conmigo; que si me ayudas,
verán Celia, Flora, el duque
mi intención sencilla y pura.
CARLOS
Jacinta, ¿por qué te escondes?
LEONELO
Jacinta, ¿es bien que te encubras?
DUQUE
¡Todos lo confirman!
JACINTA
¿Todos?
Pues todos el nombre mudan:
yo soy Cintia. ¿Qué me quieren?
FILIPO
¿Qué es lo que ingrata procuras,
callando tu mismo nombre?
DUQUE
¿Quién vio selva más confusa?
FLORA
Dama, villana fingida,
¿por qué aquestas selvas turbas,
llenándolas con engaños
de confusiones y dudas?
Si piensas que con aqueso
tu facilidad disculpas
cuando por aquestos campos
liviana los hombres buscas,
engáñaste, que ya saben
quién eres.
JACINTA
Pues, dama mustia,
vivo bote en quien se ponen
por defuera las unturas,
¿por qué se mete conmigo
con esa cara de luna
en menguante si la lavan
y en creciente si la untan?
¡Miren el crespo copete
de trasplantada pelusa
que está allí como nacido!
La conciencia la disculpa,
pues al encubrir las calvas,
dizque es temer las censuras,
que ya a los calvinistas
concilios los descomulgan;
del Gran Turco dizque tienen
otras lo que les relumbra,
mas ella tiene del moro
Albayaldos la blancura.
No busco los hombres yo,
mas, ¿quién tendrá más disculpa:
quien los encubre en su casa
o quien dicen que los busca?
Vase.
FILIPO
¡Aguarda, Jacinta, aguarda!
¡Escucha, Jacinta, escucha!
Aunque te vistas de viento,
aunque te calces de pluma,
te seguiré, ingrata Dafne
que entre la verde espesura
de aquestas selvas te escondes
y entre sus matas te ocultas.
¡Síguela, Carlos! ¡Leonelo,
detenla! ¡Jacinta, no huyas!
¿Por qué, señor, me detienes?
¿Por qué mi intento perturbas?
Vanse.
DUQUE
Aguarda, Filipo, oye.
Yo quise hacerte esta burla
por la que tú me habías hecho
de callar tu nombre.
FILIPO
Excusa
el detenerme, que voy
ciego tras tanta hermosura.
¡Plegue al cielo que algún árbol
detenga la veloz fuga!
DUQUE
¡Que no es Jacinta!
FILIPO
Sí es,
o la natural pintura
en estampa duplicada
hizo dos formas en una.
¿Ella no te lo había dicho?
DUQUE
No había dicho.
FLORA
¿Qué procuras
con decir que no es Jacinta?
OTAVIO
Todos, señor, lo asiguran
CELIA
¿Por qué, señor, se lo niegas?
DUQUE
¿Otra?
OTÓN
Con eso le ayudas
a volver loco.
DUQUE
O lo están
todos o yo.
FILIPO
¡Escucha, escucha,
Jacinta! Árboles, poneos
delante; cortezas rudas,
cerralda el paso; servid
de estorbos, mirtos y juncias.
¿Cómo de áspides no sirvan
vuestras espinas agudas?
Resbilde de pomos, rosas,
llamalda con hermosuras.
Bella Dafne de estos campos,
con el amor disimulas
los defetos de un amante
si te llama y no te alumbra.
Si dices que yo te truje
robada, mal asiguras
con tu fuga tu verdad,
mi delito con tu injuria.
¡Aguarda, Jacinta! ¡Espera!
Que si las alas me ayudan
del fuego que está en el pecho,
rayo soy. ¡Jacinta, escucha!,
o con mis voces serán,
cuando al mismo cielo suban,
los vientos poblada esfera
y estas, las selvas confusas.
Vase.
DUQUE
¡Basta! Él se lo creyó:
pegósele la locura!
¿Qué hechizos, cielos, son estos?
CELIA
¿Quédate ya alguna duda
de que es Jacinta?
FLORA
¿Pues cuándo
el duque tuvo ninguna?
OTÓN
¿Quién no cree que esta es Jacinta?
OTAVIO
¿Quién niega verdad tan pura?
DUQUE
Tal estoy que yo no sé
salir de esta enigma obscura.
Ellos me lo harán creer,
según estoy ciego.
Sale Marcial.
MARCIAL
¡Acuda
vuexelencia, si no quiere
ver la mayor desventura!
Fadrique, con la porfía…
DUQUE
¿Qué Fadrique?
FLORA
¿Aqueso dudas?
CELIA
¿A Fadrique desconoces?
DUQUE
¡Aún me falta esta locura!
Villano, ¡viven los cielos!,
que si la verdad desnuda
no me dices de quién eres,
qué haces, qué quieres, qué buscas,
quién es Cin[t]ia y quién Antón,
que de este acero la punta
ha de ser llave del pecho
que estos engaños oculta.
MARCIAL
Cumpliose mi profecía.)
Yo la diré, si me escuchas,
tan desnuda que una Eva
no haya andado más desnuda,
más desnuda que un mentís
de quien nada disimula,
más desnuda que un «No quiero»
que un avariento pronuncia,
más desnuda que mujer
de tahúr, y más que una
dama de hijo de familias:
¡mira si es desnudez suma!
Aparte.
DUQUE
Dilo, acaba.
MARCIAL
Pues detenga
esa llave, que se excusa
para un arca cuando guardas
no tiene la cerradura.
Este, que aquí es jardinero,
es Fadrique: esto es sin duda,
porque huyendo de su hermano,
que matarle un día procura
desnudo se arrojó al agua,
y tan felizmente surca
que a aquesta orilla salió.
Jacinta es la que le busca
como Cintia; yo, Marcial,
aunque Tirso me presumas.
Esta es la verdad, señor,
tersa, limpia, clara y pura;
y pues en un cuero está,
claro está que está desnuda.
Lo que yo vengo a decirte
es, señor, que al punto acudas
a Fadrique, porque está
loco.
FLORA
¿Hay mayor desventura?
MARCIAL
Como Jacinta negó
quién era con tanta furia
y tú se lo confirmabas,
ha dado en esta locura
de decir que es pescador
y que todos de él se burlan
si le dicen que es Fadrique.
CELIA
¡Gran lástima!
FLORA
¡Suerte injusta!
DUQUE
Otón, ¿qué es lo que veo?
En este punto mi deshonra creo.
Fadrique está fingido
en mi casa, y de Flora conocido,
y ella en presencia mía
favores por instantes le decía.
Y la infame villana,
dama de aquel que la llamaba hermana,
me dice: «Aquesto pasa,
que los hombres encubre Flora en casa».
Impórtale a mi honra
vengar, casando a Flora, esta deshonra.
CELIA
¿Por qué te has enojado?
Porque Fadrique en nada te ha engañado:
luego su nombre dijo,
y el de Jacinta a voces.
DUQUE
Yo me aflijo
con causa, Celia fiera.
Cuando tú le dijiste que fingiera,
¿por qué no me decía
quién era? Esto me aflige.
CELIA
Yo que fingiera nunca se lo dije,
que cuando le buscaba
él ya contigo descubierto estaba.
DUQUE
(¡Mía fue la locura!)
OTÓN
(Remedia tu sospecha con cordura;
que al sabio más le agrada
el consejo, señor, que no la espada.)
DUQUE
(Casarele con Flora.)
OTÓN
(Véngate luego y disimula agora.)
Sale Fadrique.
FADRIQUE
Villano es bien me vea,
pues quieren todos que villano sea.
Mi venganza es razón que ansí publique.
Villano soy, no quiero ser Fadrique.)
Mas, ¿qué fortuna alcanza
a costa de su daño la venganza?
Aparte.
OTÓN
(Allí Fadrique está.)
DUQUE
(Yo quiero hablarle
disimulando enojos,
si, lenguas del dolor, no hablan los ojos.
Fadrique, que ya puedo
decir tu nombre sin temor y miedo,
deseoso de verte…
FADRIQUE
Pues, señor, ¿cómo me hablas de esa suerte?
¿A un rústico villano,
que la espuma produjo en humor cano,
a esta selva arrojado
y de marinas fieras engendrado,
hablas de esa manera?
Mi humildad, mi bajeza considera.
DUQUE
Ya no es tiempo, Fadrique, de encubrirte;
que yo tomo a mi cargo
ayudarte y servirte,
y de Filipo ese disgusto largo
le tengo de acabar con amistades.
FADRIQUE
A cosas imposibles persüades;
con tus honras me infamo.
¿Yo, Fadrique, señor? Antón me llamo.
FLORA
Pues, Fadrique, ¿qué es eso?
CELIA
Sin duda que Fadrique perdió el seso.)
Aparte.
FADRIQUE
Tirso.
MARCIAL
Deja, señor, esa porfía
¿A Marcial no conoces? ¿Por qué quieres
encubrirte, señor?
FADRIQUE
¿Tirso no eres?
¿En este punto ansí no te llamabas?
MARCIAL
Era por el peligro en que tú estabas.
Mas ya que el duque tu rigor remedia,
di el nombre: acabarase la comedia.
DUQUE
Esto le asiguraba
cuando yo las verdades ignoraba;
y pudo la aprensión de mi porfía
tanto que de sí mismo desconfía.
FLORA
¡Qué grande desventura!
CELIA
¡Qué lástima!
OTÓN
¡Qué pena!
DUQUE
¡Qué locura!
MARCIAL
¡Oh, si ya se casaran,
porque tantos enredos acabaran!
Dentro Jacinta y Filipo; y salen luego.
JACINTA
Diré al duque quién eres,
y que en su estado disfrazarte quieres.
FILIPO
Detén, Jacinta, la veloz carrera.
FADRIQUE
¡Cintia, detente! ¡Aguarda, espera, espera!
MARCIAL
A una tienen los dos por dos mujeres.
FLORA
¿Qué pretendes, Fadrique?
JACINTA
Antón, ¿qué quieres?
FILIPO
Celia, déjala ahora.
OTÓN
¿Adónde vas tan arrogante, Flora?
FLORA
¿Por qué el valor encubres
en palabras, si en obras le descubres?
CELIA
Fadrique, ¿por qué niegas
quién eres, cuando a tanta gloria llegas?
JACINTA
Fadrique, mis desvelos
invención son de amor [y] furia [y] celos.
Señor, la burla baste.
DUQUE
Fadrique, yo estoy ya desengañado.
FADRIQUE
Señor, en este instante he despertado.
La merced que me hacías
engendró unas confusas fantasías
de que Fadrique era;
mas si el pecho su origen considera,
yo conozco que soy Antón, un hombre
de bajo estado y con humilde nombre.
FILIPO
¡Ay, cielo soberano!
¿Qué veo? ¿No es Fadrique? ¡Hermano, hermano!
A tus plantas rendido
de mi tirano error perdón te pido.
Aquí tienes mi vida,
que, aunque ella eterna fuera
hoy en albricias de la tuya diera.
FADRIQUE
Pues, ¿para mí, Filipo, humildad tanta?
MARCIAL
¡Gracias a Dios!
FADRIQUE
Del suelo te levanta.
FILIPO
Perdón te pido a aquesas plantas puesto.
MARCIAL
¡Cásense ya, porque acabemos presto!
FADRIQUE
Dame, hermano, tus brazos.
FILIPO
Ya de eterna amistad han de ser lazos.
DUQUE
Fadrique, ¿puedo ya, sin que te asombre,
darte los brazos y decir tu nombre?
FADRIQUE
Y por pagar, señor, lo que te debo,
para pedir a Flora no me atrevo.
FILIPO
Y pues Fadrique tan dichoso ha sido,
a Celia por mujer, señor, te pido.
DUQUE
Yo las doy a los dos.
MARCIAL
¡Cásense presto!
FADRIQUE
Humillado a tus pies…
FILIPO
A tus pies puesto…
¿no es Celia?
FADRIQUE
Flora es.
MARCIAL
No están casados?
¿Aún no están los enredos acabados?
JACINTA
¿Aquesto ha merecido
el amor con que siempre te he seguido,
y para esperar esto
los peligros han sido en que me he puesto?
FADRIQUE
Si yo a Flora he pedido,
ha sido por mostrarme agradecido
con Flora y con mi hermano.
Doyle a Flora a Filipo, a ti la mano.
FILIPO
Aunque me venza ahora,
mía será Jacinta, tuya Flora.
DUQUE
¡Cuanto es mejor, casados,
dividir en los dos los dos estados!
Filipo de Milán es heredero,
y si a Jacinta adora,
case con ella, y con Fadrique Flora,
que es la que a Mantua hereda.
MARCIAL
…Porque casados acabar se pueda
la confusión que en esta selva ha habido
de cuyos yerros el perdón os pido.
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