Personajes
- DON JUAN
- DON PEDRO
- DON DIEGO
- DON LUIS, VIEJO
- FELICIANO
- LUQUETE
- DOÑA BEATRIZ
- INÉS
- DOÑA LEONOR
- ISABEL
- UN ESCUDERO
Jornada I
Salen doña Beatriz leyendo un papel, Inés y un escudero.
DOÑA BEATRIZ
Lee.
“Amiga mía, ya sabes
cuánto es hoy célebre día
en Madrid, porque los reyes,
que eternas edades vivan,
salen en público a Atocha
a ver su imagen divina
en hacimiento de gracias
de sus vitorias invictas.
A mí me han dado un balcón,
donde verlo; no querría
tener holgura sin ti,
y así mi amistad te avisa
desto para que si quieres,
con coche y balcón te sirva.
Dios te guarde. Tu mayor
servidora. Doña Elvira”.
¿Pérez?
ESCUDERO
¿Señora?
DOÑA BEATRIZ
Direisle
a doña Elvira, mi amiga,
que a la merced que me hace
estoy muy agradecida,
más que no me atreveré
a lograrla y recebirla
sin que primero a mi hermano
licencia para ir le pida,
que se lo diré en viniendo,
y avisaré a la hora misma
con Inés; que me perdone
el que agora no le escriba.
ESCUDERO
Yo lo diré de esa suerte.
Vase.
INÉS
Mucho, señora, me admira
ver que tanto de un hermano
a la obediencia te rindas,
que a tentaciones de coche
y de balcón te resistas.
DOÑA BEATRIZ
No es todo, Inés, obediencia
solo a mi hermano debida,
puesto que él jamás, Inés,
entra o sale en mis visitas.
Tú sabes que tengo causa,
en quien postrada y rendida,
es la atención más forzosa,
es la obediencia más digna.
INÉS
¿Que lo dices por don Juan?
DOÑA BEATRIZ
¿Por quién quieres que lo diga,
si él solamente es el dueño
de mi alma y de mi vida?
INÉS
¿No pudiera ser por otro
de tantos como te miran?
DOÑA BEATRIZ
No, que mujer como yo,
aunque haya mil que la sirvan,
no hay más de uno que la agrade.
INÉS
Yo pensé que la porfía
de don Diego...
DOÑA BEATRIZ
Calla, Inés,
ni aun su nombre no me digas,
porque aun su nombre me ofende.
INÉS
Si esto te cansa y fastidia,
hablemos solo en don Juan:
ahora estaba en esa esquina,
hecho humano girasol
del sol de tus celosías,
al tiempo que por la calle
don Diego a caballo iba,
tan galán que...
DOÑA BEATRIZ
Tente, espera;
y para que no prosigas
la pintura del caballo,
que es circunstancia precisa
de todas las relaciones,
a don Juan, Inés, avisa,
con una seña, que suba
a hablarme, porque querría
avisarle de que voy
esta tarde a esta visita.
INÉS
¿Si viene tu hermano?
DOÑA BEATRIZ
¿Luego
ha de venir tan aprisa?
Llámale.
INÉS
Ya es excusado
que yo por señas le diga
que suba, porque sin señas
está, señora, acá arriba.
Sale don Juan.
DON JUAN
Aunque sea atrevimiento
entrarme, Beatriz, de día,
de aquesta suerte en tu casa,
perdona tan atrevida
acción, porque celos nunca
mejor los respetos miran.
DOÑA BEATRIZ
De haber entrado, don Juan,
aquí no es bien que me pidas
perdón, pues que te llamase
había dicho a Inés yo misma.
De venir pidiendo celos,
sí, de suerte que tus iras
el modo han errado, pues
conociendo que tenías
hoy un perdón que pedirme,
equivocadas te obligan,
que lo que has de decir calles
y lo que has de callar digas.
DON JUAN
No son tan necias mis penas
que equivocadas elijan
la menos forzosa causa;
celos dije que venía
a pedir, y otras mil veces
es fuerza que lo repita,
sin que de pedirte celos
jamás el perdón te pida.
DOÑA BEATRIZ
¿Pues qué causa he dado yo?
DON JUAN
Estando agora a esa esquina
parado (porque al fin soy
de tu calle estatua viva)
por ella pasó don Diego
mirando tus celosías
tan atento que ellas solas
fueron centro de su vista.
Al llegar a tus umbrales
llamó el caballo en que iba,
al principio con tropeles
y después con armonías;
y sacando de las piedras
fuego, a su dueño decía:
“No temas, no te acobardes,
pues ves que una piedra herida
de un eslabón con centellas
responde, a servir te anima,
que ningún pecho es materia
ni tan dura ni tan fría”.
¡Mal hayan las atenciones
de tu honor!, que yo le haría
dejar la calle, si no
las advirtiera. ¡Oh qué indigna
ley del duelo es en las damas
que el que aventura no estima!,
siendo así que estima menos
el que con celosas iras
reportado no aventura
hacienda, honor, alma y vida.
DOÑA BEATRIZ
Don Juan, noble dueño mío,
cuando los celos se indician
de causa, bien dices; pero
sin ella no, pues serían
extremos sin ocasión
locuras y no caricias.
Yo no la he dado a don Diego,
para que mi calle asista
para que mis rejas mire,
para que mis pasos siga;
luego tú no la tendrás
para las quejas que animas,
para los celos que formas,
para los riesgos que avisas.
Cuando él la calle pasó
y estaba a la celosía.
¿Abrí acaso la ventana
al estruendo con que pisa?
Por dicha, ¿hasle visto hablar
con alguna criada mía?
¿Has topado algún criado
suyo con quien él me escriba?
¿Pues qué culpa tendré yo
desto, si en la más altiva
dama es peligro y no culpa
el ser de algunos bien vista?
DON JUAN
Ay Beatriz, que aunque es verdad
todo cuanto significas,
aun no basta para que
al que ama no le aflija
que otro mire lo que ama
no más de porque lo mira,
si bien agradezco ya
aquel susto a mis desdichas
por ver las satisfaciones
con que mis penas alivias.
Quédate con Dios, que habiendo,
Beatriz, merecido oírlas,
no será bien malograrlas,
estando aquí.
DOÑA BEATRIZ
Aunque peligra
mi vida, no has de irte agora,
sin que primero te diga,
que esta tarde...
INÉS
Mi señor
ya por la escalera arriba
sube.
DOÑA BEATRIZ
¡Ay de mí!!
DON JUAN
¿Qué he de hacer?
DOÑA BEATRIZ
A esa cuadra te retira,
que entrando en su cuarto puedes
salirte.
Escóndese. Sale don Pedro.
DON PEDRO
(Las penas mías
disimulen cuánto siento
ver que de noche y de día
don Diego en aquesta calle
tan continuamente asista.
¿Si sabe que yo a su hermana
adoro? ¿Si solicita,
buscándome a mí, vengarse?
Pero no, pues se retira
siempre que me ve... No sé
destos extremos qué diga,
sino que soy desdichado,
puesto que en una hora misma,
con su ausencia y su asistencia
mis desgracias solicita.)
INÉS
Hablando consigo a solas,
toda la color perdida,
viene.
DOÑA BEATRIZ
(¡Ay infeliz de mí
si sabe algo o lo imagina!)
DON JUAN
(Cielos, la suerte está echada.)
DON PEDRO
¿Beatriz, hermana, qué hacías?
DOÑA BEATRIZ
(Apuremos de una vez
todo el pecho a la malicia.)
De ti con Inés hablaba.
DON PEDRO
¿De mí? ¿Pues qué la decías?
DOÑA BEATRIZ
Cuánto es grande la tristeza,
la pena y melancolía
con que estos días te veo.
Siempre con ceño me miras
y con sequedad me hablas,
volviéndote tan aprisa,
que no parece que vienes,
don Pedro, a tu casa misma;
sino que de cumplimiento
vienes a alguna visita.
¿Qué trays, qué tienes, qué es esto?
DON PEDRO
No sé, hermana, cómo diga
cuánto mi pecho y mi amor
aquesas quejas te estiman
y que los celos de hermana
tan como dama me pidas;
mas esta inquietud en que
has reparado, nacida
de causa es que no te importa
saberla ni a mí decirla,
aunque porque no presumas,
que no es, Beatriz, para dicha,
quiero mudar parecer.
Yo adoro la más divina
perfección, que en un sujeto
ha desmentido a la envidia,
y como, en fin, en amor
el que favores consiga
un amante comúnmente
no es mérito sino dicha,
dichoso yo, he merecido
ver a mis ansias rendida
la más hermosa belleza,
la discreción más altiva
que en los imperios de amor
vio de laureles ceñida
el triunfo de sus arpones,
y el aplauso de sus iras.
Con tanta fortuna, pues,
entré, Beatriz, a servirla,
que en competencia del más
galán que esta corte habita,
el más discreto, el más noble
caballero, mi porfía
fue la que pudo obligarla,
y porque mejor lo digas,
aunque tú no le conozcas,
por si oyeres algun día
su nombre, el competidor
es, Beatriz, don Juan de Silva.
DOÑA BEATRIZ
(¡Ah traidor!) No le conozco.
DON JUAN
(¡Quién vio suerte más esquiva!)
DON PEDRO
Por vanidad le he nombrado
porque mirando excedida
a sus méritos mi suerte,
es lograrla el repetirla.
De la dama el nombre es justo
que callarle me permitas,
pues basta saber que tiene
ilustre sangre y antigua.
Para casarse con ella
la festeja y solicita
y ella a mí me favorece,
de que tan desvanecida
mi presunción está que
no cabe en mí la alegría...
si bien hoy mejor dijera
la tristeza, pues cuando iba
tan viento en popa mi suerte
del mar de amor las tranquilas
ondas sulcando, en un punto
brama el golfo, el viento espira,
amenazando al piloto
montañas de nieve rizas.
Desta tormenta la causa
que ya en lejos se divisa,
la ausencia es, porque a su padre
el rey con un cargo envía,
a que es forzoso que vaya
con su casa y su familia.
Esta es la ocasión por quien
tan extraño me imaginas;
no es otra (¡al cielo pluguiera!),
y así hermana, no te aflijas
de verme triste, pues sabes
ya la causa que me obliga
a estarlo. Y quédate a Dios,
sin que el irme tan aprisa
te parezca sequedad,
que son pensiones precisas
de los vasallos de amor
tributar a su divina
deidad inquietudes, ansias,
divertimientos, envidias,
anhelos, suspiros, quejas,
lágrimas, melancolías,
sentimientos, penas, llantos,
porque en la gran monarquía
de sus tiranos imperios
no hay ventura sin desdicha.
Vase.
DOÑA BEATRIZ
Muchísimo me ha pesado,
mi señor don Juan de Silva,
que aquí os hallase esta pena.
Mas decidme, por mi vida:
cuándo entrastis tan celoso
dentro de mi casa misma,
¿era de mí u de mi hermano?
Porque grande error sería,
que sea él quien dé los celos
y sea yo a quien se le pidan.
DON JUAN
Aunque con tal falsedad
de mis pesares te rías,
y aunque pudiera, Beatriz,
en venganza de esa risa
no darte satisfaciones,
óyelas, por ser debidas,
ya que no a tu sentimiento
a tu decoro. Yo había
antes, Beatriz, que te viese,
(poco importa que lo diga)
querido... no te ofendí,
pues que no te conocía...
a esa divina hermosura
a quien...
DOÑA BEATRIZ
Tente, no prosigas,
que no quiero saber más,
porque no ha de ser la mía
hermosura pecadora
siendo la suya divina.
Cierra esas puertas, Inés,
y ve luego a doña Elvira,
que venga por mí en su coche,
que ya no tengo a quien pida
licencia para salir
de casa, que a la visita
que me convidó me lleve,
o que andemos todo el día
desde palacio hasta Atocha,
calle abajo y calle arriba,
puesto que el señor don Juan
me da con sus groserías
ya libertad de conciencia.
DON JUAN
Advierte...
DOÑA BEATRIZ
Nada me diga
vuestra voz, que habéis andado
muy necio. ¿En mi cara misma,
“quise”, y “divina hermosura”?
Mas no me espanta ni admira,
que el más entendido suele
decir mayor bobería.
DON JUAN
Encarecer yo belleza,
que de la tuya excedida,
al verte quedó, es lisonja,
no ofensa, porque sería
vitoria sin enemigo
competencia sin envidia.
DOÑA BEATRIZ
En declarados desaires,
no hay, don Juan, sofisterías.
Para casaros con ella
servís esa peregrina
beldad: mi hermano os compite,
si no el mérito, la dicha;
yo no soy mujer que es justo
que por venganza se sirva...
Idos con Dios, que no habéis
de sanear a costa mía
unos celos.
DON JUAN
Beatriz bella...
DOÑA BEATRIZ
Nada he de escucharos.
DON JUAN
Mira
que es engaño...
DOÑA BEATRIZ
Ya lo veo.
DON JUAN
...que presumas...
DOÑA BEATRIZ
¡Qué porfía
tan necia!
DON JUAN
...que por venganza...
DOÑA BEATRIZ
Es en vano cuanto diga
vuestra voz.
DON JUAN
...te adoro.
DOÑA BEATRIZ
Nada
aquesa disculpa alivia.
DON JUAN
¡Pues muera de desdichado
quien con verdades no obliga!
DOÑA BEATRIZ
¡Y de desdichada muera
quien se cree de mentiras!
Vanse. Salen Luquete y Isabel.
LUQUETE
Gracias al cielo, Isabel,
que puedo contigo hablar
un rato en mi amor cruel.
ISABEL
Menos gracias puede dar,
que yo no he de hablar con él.
LUQUETE
¿Enojada?
ISABEL
Y mucho.
LUQUETE
Pues
¿qué causa es la que yo he dado
para tanto ceño?
ISABEL
¿Es
muy poco el haber estado
hasta agora con Inés?
LUQUETE
¿Con qué Inés?
ISABEL
Con la crïada
de esa mi señora, a quien
don Diego sirve.
LUQUETE
Engañada
estás.
ISABEL
Yo lo sé muy bien
todo.
LUQUETE
Pues no sabes nada,
que aunque es verdad que don Diego
mi señor y tu señor,
rendido, abrasado y ciego,
tiene a Beatriz tanto amor,
yo a Inés a hablarla no llego,
sino tal vez que enviado
de mi amo a su casa voy,
criado tan bien criado
que su recado la doy,
y no la doy su recado.
Si miento en lo que te digo,
muera de sed.
ISABEL
Si testigo
eres tú mismo de que
me has contado que Inés fue
piadosa un tiempo contigo,
¿cómo quieres que yo, agora
que a su ama tu amo enamora,
crea que ha de ser cruel?
LUQUETE
Porque a ti sola, Isabel,
mi alma estima y mi fe adora;
solamente a ti te quiero;
de Inesilla no se trate,
que aunque fue mi amor primero
fue amor de medio mogate
y este es de mogate entero.
Fuera de que ¿puede haber
satisfación como ver
que tratando de irse hoy
mi amo a Sevilla me voy
con él solo por tener
ocasión de verte a ti,
ya que tan dichoso fui
que en la casa que vivimos
a dos hermanos servimos?
ISABEL
¿Y esa es satisfación?
LUQUETE
Sí,
pues ¿qué mayor que olvidar
a Madrid por tu belleza?
ISABEL
Ya te creo, que el dejar
a Madrid es gran fineza,
porque es bonito lugar...
Pero mi ama viene allí
con su padre hablando; vete,
porque no nos vean aquí
hablando a los dos, Luquete.
LUQUETE
¿Quedamos amigos?
ISABEL
Sí.
Vase Luquete y salen don Luis y Leonor.
LEONOR
¿Y cuándo piensas, señor,
qué iremos?
DON LUIS
Yo bien quisiera
que fuera luego, Leonor,
por tener la primavera
en Sevilla. Mi temor
es que me han de detener
algunos días aquí
los despachos.
LEONOR
Yo saber
quisiera, señor, de ti
cómo piensas disponer
la jornada, qué criados
son los que hemos de llevar
y dónde recién llegados
nos hemos de aposentar.
DON LUIS
No tengas tú esos cuidados,
que los criados que irán,
son los que ahora en casa están;
que allá si menester hemos
criados los recibiremos,
conque la costa ahorrarán
del camino. La posada
ya desde aquí la prevengo,
pues casa tiene buscada
un grande amigo que tengo
en Sevilla; conque nada
falta, sino que me den
los despachos y partir;
y así que a esto acuda es bien.
Quédate a Dios, que he de ir
ahora a buscar a quien
los tiene a su cargo.
LEONOR
¿Día
de tan común alegría
cuyo lucimiento pasa
por las puertas de tu casa,
vas a eso?
DON LUIS
Si Leonor mía,
que es primera obligación.
Tú y tu hermano esta atención
me debéis, pues claro fuera
que si yo hijos no tuviera
no tuviera yo ambición.
Vase.
LEONOR
Isabel, cuando rendida
a tantas penas estoy,
mil veces digo afligida,
“Sin duda que inmortal soy,
pues que no pierdo la vida”.
ISABEL
¿Qué pena tienes, señora,
que sentir de nuevo agora?
LEONOR
Bien has preguntado, pues
de nuevo el sentir no es
quien antiguos males llora;
pero ya que a mi tormento
la causa preguntas nueva,
todas decirlas intento
por ver si dellas se lleva
alguna porción el viento.
Yo, Isabel, ya tú lo sabes,
mas que esto repita deja,
que al fin las penas más graves
a los visos de la queja
suelen parecer suaves,
yo, pues, que un tiempo viví
libre de amor, yo que fui
al imperio de su fe
país tan rebelde que
ningún tributo le di,
hoy a su poder rendida,
tantos su deidad airada
de mí cobra, que ofendida,
por no perdonarme nada
me ha perdonado la vida.
Bien pensarás, Isabel,
que es de mi pena cruel
don Pedro la causa viendo
que de su amor no me ofendo
y gusto de hablar con él.
Pues no, que don Juan ha sido
de Silva el que ha merecido
deberme tantos enojos,
teniendo en labios y ojos
al corazón desmentido.
El tiempo que me sirvió
don Juan, constante encubrí
mi afecto, pero aunque yo
con la voz le despedí,
con el alma, Isabel, no.
Él, pues, de mí despreciado,
de mi desdén ofendido,
huyó, y necio mi cuidado,
no supo que había querido
hasta que se vio olvidado.
Supe después que servía
a otra dama y mis desvelos
crecieron desde aquel día,
porque al soplo de los celos
arde la nieve más fría.
Sentí, padecí, lloré
desdichas, miedos, temores,
y con recatada fe
suspiré, gemí y callé
penas, ansias y rigores.
En este tiempo (¡ay de mí!)
don Pedro me festejó,
y yo, por vengar así
lo que don Juan me agravió,
sus finezas admití
creyendo que si sabía
don Juan que otro me adoraba
con los celos volvería,
porque en efecto juzgaba
su voluntad por la mía.
No me salió industria tal
tan bien como imaginé,
antes me salió tan mal
que un mismo veneno fue
para los dos desigual,
pues su efeto obró cruel
siempre en mí y en él jamás,
y así cuanto yo, Isabel,
más con celos quise, más
olvidó con celos él,
de suerte que ya empeñada
en favorecer a quien
nunca quise, y olvidada
de quien siempre quise bien
pierdo la suerte trocada.
Cuanto más don Juan me olvida
favorezco de celosa
más a don Pedro, y mi vida,
estando de uno quejosa
está de otro agradecida,
porque don Pedro engañado
del afecto que en mí ve,
me sirve con tal cuidado,
con tan cortesana fe,
tan fino y enamorado,
que aquí noble, allí rendida
vivo, y dos veces vencida,
no sé en tormento tan fiero
ni cómo atraiga al que quiero
ni al que me quiere despida,
y en fin, cuando discurriendo
entre dos afectos, cuando
entre dos dudas temiendo
estoy a don Juan amando
y a don Pedro agradeciendo,
mi padre se va y yo muero,
pues al que quiero no espero
ver, ni ser vista de quien
me quiere a mí: mira bien
si es mi mal harto severo,
harto fuertes mis desvelos,
harto grande mi dolor,
harto tristes mis recelos,
pues dejo todo mi amor
y llevo todos mis celos.
ISABEL
No sé qué te responder.
Sale don Diego.
DON DIEGO
¿Leonor?
LEONOR
¿Qué trays, que turbado
me llegas, don Diego, a ver?
DON DIEGO
No te aflijas; mi cuidado,
más que pesar es placer.
Ya te he dicho algunas veces,
Leonor mía, hermosa hermana,
—que para aquestos requiebros
licencia se tiene el alma—,
ya te he dicho como adoro
una deidad soberana
en quien belleza y ingenio,
si no se exceden, se igualan
tan conformes...
LEONOR
No prosigas
de nuevo sus alabanzas,
porque aunque no me dan celos
me da envidia el escucharlas.
Ya sé que es muy entendida,
muy hermosa, muy bizarra,
rica y noble, y en efeto,
que no perdonando gracia
alguna, sobre otras muchas,
extremadamente canta,
tanto que en Madrid sirena
de Manzanares la llaman.
Vamos al caso.
DON DIEGO
Ese, pues,
bello imposible, que a tantas
finezas incontrastable
desahució mis esperanzas,
de una amiga persuadida,
por no decir engañada,
convidada a esos balcones,
hoy viene, Leonor, a casa.
LEONOR
¿A casa? ¿Pues cómo, siendo
mujer, dime, a quien alabas
de igual recato?
DON DIEGO
No hay cosa
que no la intente quien ama.
Es, pues, el caso, que tiene
una amiga, a quien las trazas
de mi amor han granjeado
para que mis partes haga
con ella. A esta dije anoche
que para hoy la convidara
a un balcón, adonde viese
el lucimiento y la gala
con que hoy sus majestades
por aquesta calle pasan.
Escribió un papel y aunque
no respondió entonces nada,
la envió a decir después
que la merced acetaba,
de modo que ella con otras
amigas (¡ventura rara!)
viene donde pueda hoy
despacio verla y hablarla.
Bien pudiera yo, supuesto
que de aqueste cuarto aparta
el mío esa puerta y que él
por otra parte se manda,
traerlas, Leonor, a mi cuarto
sin haberte dicho nada,
pero quiero que por mí
hoy una fineza hagas,
que yo te la pagaré
con la joya o con la gala
que más de tu gusto fuere.
Esto es que tus criadas
la sirvan una merienda
que he prevenido y tú añadas
a ella el aliño que siempre
a los hombres mozos falta.
LEONOR
Solo quisiera, don Diego,
ya que de mi amor te amparas,
que el ir fuera permitido
a servirla y festejarla
yo misma, pero aunque sea
ilustre y noble esa dama,
no habiéndonos visitado
nunca, no será acertada
acción que por entendida
me dé yo de que está en casa.
Mas descuida de cuanto es
festejo suyo; a esa esclava
di, Isabel, que saque al punto
plata y ropa reservada,
y tú de mis escritorios
las bujerías y alhajas
de más buen gusto, abanillos
de Nápoles, guantes de ámbar,
pastillas de olor y boca,
tocados, cintas y bandas,
que es muy justo regalar
a mi señora cuñada,
y quiero añadir yo esto
a lo que don Diego manda.
DON DIEGO
No te agradezco, Leonor,
con extremos tu bizarra
galantería...
Sale Luquete.
LUQUETE
Señor,
ya el coche a la puerta aguarda
con un catorce de sotas.
DON DIEGO
Luquete, a enseñarlas baja
la puerta del cuarto, en tanto
que yo por aquesta sala
salgo a él; no se hallen solas.
Hermana, a Dios. ¡Oh mal haya
la ausencia que nos espera
cuando nace mi esperanza!
Vase, cerrando una puerta.
LEONOR
¿Viste, Isabel, en tu vida
tanto gusto, alegría tanta?
ISABEL
Al principio de un amor,
no hay ninguno que no haga
estos extremos, señora.
Déjale que entrando vaya
en los favores, verás
con la pereza que anda:
¡Oh fuego de Dios en todos!
LEONOR
¿Creerás que me ha dado gana
de verla?
ISABEL
Sí, que a ninguna
mujer curiosidad falta
de ver a otra.
LEONOR
Por la llave
he de ver si es tan bizarra
y hermosa como mi hermano
la encarece.
ISABEL
¿Qué ves?
LEONOR
Nada,
porque están tapadas todas.
Mas mira, Isabel, quien anda
allí.
ISABEL
Don Pedro es, señora.
LEONOR
¡Ay de mí!, Que he dado causa,
por solo tomar con él
de mis desaires venganza,
para estos atrevimientos.
Sale don Pedro.
DON PEDRO
Viendo, Leonor soberana,
lejos a tu padre, y viendo
que día de fiesta tanta,
acudiendo a sus festejos,
no estará don Diego en casa,
me he atrevido a entrar a verte.
LEONOR
Pues ha sido temeraria
acción, señor, y mirad
cuánto el discurso os engaña,
pues está en casa mi hermano,
porque ha traído a su dama
de su cuarto a los balcones
y no ha salido de casa.
Idos con Dios antes que
me suceda una desgracia.
DON PEDRO
Perdonad, Leonor, y sea
disculpa de mi ignorancia
la obediencia con que os sirvo.
ISABEL
La puerta abre.
LEONOR
¡Pena extraña!
DON PEDRO
Pues si yo me voy agora,
es fuerza verme; esta cuadra
me esconda.
LEONOR
¡Válgame el cielo!
¡Qué empeñado lance!
Escóndese don Pedro y sale don Diego.
DON DIEGO
Hermana,
mucho me huelgo de que
ocasión tan presto haya
en que te empiece a pagar
finezas que por ti aguarda
recibir el bien que adoro.
Ella, pues, aunque enojada
al principio se mostró
de haber venido a mi casa,
ya, a ruego de las amigas
con quien viene, más humana,
aunque a harto disgusto suyo,
por divertir lo que aguardan,
se quieren entretener
cantando; aquella guitarra,
con que divertirte a ti
suelen, Leonor, tus criadas,
me da.
LEONOR
¿Dónde está?
ISABEL
En aqueste
tocador.
DON DIEGO
Iré a sacarla.
ISABEL
¿Para echarme por ahí
cuanto está compuesto?
LEONOR
Aguarda,
que ella te la sacará.
Saca Isabel la guitarra.
ISABEL
Vesla aquí.
DON DIEGO
Disimulada
tú hacia la puerta te llega;
yo haré descuido la maña,
y abierta la dejaré.
Oirás, Leonor, qué bien canta.
Vase.
DON PEDRO
¿Podré salir?
LEONOR
No, don Pedro,
que se ha puesto cara a cara
mi hermano, y como la puerta
abierta dejó, que salgas
sin verte (¡ay Dios!) no es posible.
DON PEDRO
¿Pues qué haré?
ISABEL
Escóndete y calla.
Dentro doña Beatriz cantando.
DOÑA BEATRIZ
“Pena ausencias no te den,
jilguero que al viento igualas,
que si yo tuviera tus alas
yo fuera volando donde está mi bien.”
ISABEL
Linda voz.
LEONOR
No sé si es buena,
porque confusa y turbada
en mis penas (¡ay de mí!)
no he atendido a lo que canta.
DON PEDRO
Cielos, ¿qué es esto que escucho?
¿Esta voz no es de mi hermana?
Sí, porque para dudarlo
aun no tiene aliento el alma.
DOÑA BEATRIZ
Dentro.
“De ausencia la pena suma
no aflija a quien es veloz,
que yo, antes que de la voz,
me valiera de la pluma;
volar, no gemir, presuma
quien puede seguir su bien:
vuela, vuela, no te den
temor, ¡oh jilguero!, ni flechas ni balas,
que si yo tuviera tus alas
yo fuera volando donde está mi bien.”
DON PEDRO
¡Ay de mí, infeliz! ¿qué es esto
que por mí en un punto pasa?
¿Don Diego que tantas veces
me dio, aunque con otra causa,
cuidado en mi calle, tiene
en su aposento a mi hermana?
¿Mi hermana (¡ay de mí otra vez!)
tan alegre y tan hallada
en el cuarto de Diego,
que por divertirle canta?
¿Yo en el de Leonor (¡ay cielos!)
oyéndolo? (¡pena extraña!)
¿Mas qué aguarda mi valor,
mi sufrimiento qué aguarda?
¡Vive Dios, que he de entrar donde
están y tomar venganza
de los dos aunque aventure
a Leonor!
DON DIEGO
Perdona, hermana,
que como ya pasa el rey,
se ponen a las ventanas,
y porque han sentido gente
cerrar la puerta me mandan.
DON PEDRO
Romperela yo.
LEONOR
Don Pedro,
¿qué es esto?
DON PEDRO
Leonor, aparta.
LEONOR
¿Qué intentas hacer?
DON PEDRO
No sé.
(¡Quién vio duda más extraña!
Llamar yo ahora es causar
escándalo sin venganza;
dejar de llamar, bajeza;
cualquiera ruido es infamia;
allí aventuro mi honor,
aquí aventuro mi dama:
¿qué será lo mejor, cielos?)
LEONOR
En la acción que te embaraza,
en la pasión que te sobra
y en la color que te falta,
echo de ver que te importa
mucho esa dama que canta,
y si son celos, don Pedro,
no ha de pagarlo mi fama.
Vete, vete de aquí luego,
porque será acción tirana
ser yo a la que das la muerte
si es ella la que te agravia.
DON PEDRO
(Solo que me pidan celos
de mis desdichas, me falta;
pero pues Leonor no sabe
quién es, la más acertada
acción aquí es (¡ay de mí!)
que no lo digan mis ansias.
Mejor es disimular,
que en empeños de honra tanta
lo que no vengan las obras
no han de decir las palabras.
Un camino se me ofrece
con que quede asegurada
mi opinión, con más cordura,
y menos aventurada.)
Leonor, quédate con Dios,
que no he de decir palabra
hasta que el tiempo te diga
cuánto me debe tu fama
(¡En aquesta ocasión, cielos,
dadme remedio o venganza!)
Vase.
LEONOR
¿Qué es esto, Isabel?
ISABEL
Pues, ¿yo
qué sé? Mas como él se vaya,
mas que sea lo que fuere.
LEONOR
¡Quién vio acciones tan contrarias!
Cierra esas puertas. ¡Fortuna,
duélete de mis desgracias!
Vanse. Salen don Juan y Inés con luces.
DON JUAN
¿Dónde tu señora fue?
INÉS
Con doña Elvira salió
en un coche; pero yo
adónde fueron no sé.
DON JUAN
Todo eso, Inés, es mentira,
pues yo he andado con cuidado
buscándola y no he hallado
el coche de doña Elvira,
de que infiero claramente
que pues en todo el espacio
que hay desde Atocha a palacio
no han estado, tu voz miente.
INÉS
Ellas iban a un balcón
y así el coche no estaría
en la calle todo el día.
DON JUAN
Creer quiero esa razón
pero ¿cúyo el balcón era
donde fueron?
INÉS
¿Qué sé yo?
Doña Elvira la llevó,
sin que a mí me lo dijera.
DON JUAN
Todo cuanto estás diciendo
es concierto de las dos.
No ha salido, ¡vive Dios!,
de casa y estás fingiendo
conmigo, porque pretende
Beatriz, dándome recelos,
vengarse de aquellos celos
de hoy, sin ver que no la ofende
mi amor por haber amado
antes de haberla querido
a otra dama, cuyo olvido
de cenizas sepultado
muere en mi pecho.
INÉS
Bien creo
que el ir sería porqué
lo sintió; pero ella fue.
DON JUAN
Si yo la casa no veo,
no te he de creer, Inés.
INÉS
¿Pues hay más de entrar y vella?
DON JUAN
(Bien creo que no esté en ella
Beatriz, pero aquesto es
ocasión que he de tomar
para que me halle escondido
cuando venga, que atrevido
me tengo de aventurar
por satisfacer sus celos
y por quejarme después
de sus venganzas). Inés,
yo he de ver, ¡viven los cielos!,
si está en su cuarto Beatriz.
INÉS
Pues entra y verás que no
te trato mentira yo.
DON JUAN
(Haz mi osadía feliz,
amor.)
INÉS
Mas mira, señor,
que al punto has de salir,
que es hora ya de venir...
DON JUAN
Si haré. (Hasta que su rigor
satisfaga, no saldré.)
Vase.
INÉS
¿Quién vio locura más rara?
¡Que no crea...
DENTRO
Para, para.
INÉS
Este es el coche, ¿qué haré?,
que si le halla aquí (¡ay de mí!)
sin duda me ha de matar,
porque yo le dejé entrar.
Mas callaré que yo fui
cómplice en esto, y después
al verle ella, diré yo
que no sé por dónde entró.
Sale doña Beatriz.
DOÑA BEATRIZ
Quítame este manto, Inés.
INÉS
¿Qué traes, señora, que vienes
disgustada, al parecer?
DOÑA BEATRIZ
¿Qué tengo, Inés, de traer?
Muchos males, pocos bienes,
pues doña Elvira conmigo
tan traidoramente ha andado
que a la casa me ha llevado
de don Diego, mi enemigo,
donde por disimular
el gran sentimiento que
debiera tener canté
lo que era mejor llorar,
que peor fuera hacer extremos
con que dar a entander diera
cuán grande su traición era.
Pero de otra cosa hablemos,
¿mi hermano a casa ha venido?
INÉS
No, señora.
DON JUAN
(Ya llegó
Beatriz.)
DOÑA BEATRIZ
Pues calla que yo
fuera de casa he salido,
que si el mentir es forzoso
al decirle dónde fui,
mentir diciendo que aquí
he estado es menos dañoso;
y entra a acostarme, que no
podré fingirlo más bien,
que hallándome... ¿pero quién
está en esta cuadra?
DON JUAN
Yo.
DOÑA BEATRIZ
Inés, ¿qué es esto?
INÉS
Señora,
yo no sé nada.
DON JUAN
No des
culpa a nadie; solo es
la culpa de quien te adora.
Yo he entrado aquí por tener
ocasión para decirte...
INÉS
¡Tu hermano!
DOÑA BEATRIZ
Vuelve a encubrirte.
Sale don Pedro.
DON PEDRO
(Cielos, aquesto ha de ser,
pues es el medio mejor
apelar a la cordura
que al despecho, que es la cura
más eficaz del honor.)
¿Beatriz?
DOÑA BEATRIZ
¿Señor?
DON PEDRO
¿Quién aquí
está?
DOÑA BEATRIZ
¿A Inés sola no ves?
DON PEDRO
Pues salte allá fuera, Inés.
DOÑA BEATRIZ
¿La puerta me cierras?
DON PEDRO
Sí,
porque quiero hablar contigo
claramente, y es error
que en las sumarias de honor
se examine otro testigo.
DON JUAN
(Ya este lance no consiente
apelación; él me vio,
¿qué aguardo?)
DOÑA BEATRIZ
¿Qué intentas?
DON PEDRO
Yo
te lo diré brevemente:
¿dónde esta tarde has estado?
DOÑA BEATRIZ
Yo no he salido, señor,
de casa.
DON PEDRO
Con eso añades
otro indicio a tu traición.
Tan desdichada en mentir
como en cantar eres. No
tienes a tu voz, Beatriz,
qué agradecer. Grande error
es que hasta agora no sepas
que es piedra que aunque salió
de mi mano disparada,
discurriendo a su eleción
paró donde quiso el aire
y no donde quise yo,
y así una voz no la oye
aquel para quien se dio
solamente, porque es viento
que se derrama veloz
sin que se pueda volver
al labio, que en conclusión
este una vez dicha es
la desdicha de la voz.
Ya me he declarado, ya
verás en qué empeño estoy,
habiendo dicho que sé
que has estado, Beatriz, hoy
en el cuarto de don Diego
de Lara.
DOÑA BEATRIZ
(¡Válgame dios!)
DON JUAN
(¿En el cuarto de don Diego
Beatriz? ¿Hay pena mayor?)
DON PEDRO
Él te adora.
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué desdicha!)
DON PEDRO
Yo lo sé...
DON JUAN
(¡Qué confusión!)
DON PEDRO
...de su asistencia...
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué agravio!)
DON PEDRO
...en mi calle.
DON JUAN
(¡Qué rigor!)
DON PEDRO
Tú le admites...
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué violencia!)
DON PEDRO
...pues a su casa...
DON JUAN
(¡Qué acción!)
DON PEDRO
...te vas a estar...
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué fortuna!)
DON PEDRO
...tan hallada...
DON JUAN
(¡Qué dolor!)
DON PEDRO
...que cantes...
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué sentimiento!)
DON PEDRO
...por hacerle...
DON JUAN
(¡Qué pasión!)
DON PEDRO
...de tu hermosura y tus gracias
amorosa ostentación.
DOÑA BEATRIZ
¡Que quien esto oyó no muera!
DON JUAN
(¡Qué viva quien esto oyó!)
DON PEDRO
Pero aunque aquí, ingrata hermana
solo un remedio me dio
mi obligación y mi sangre,
yo quiero partirle en dos.
Mira cuán dichosa eres,
pues cuando más te buscó
la fuerza de mi desdicha
se hace la fuerza elección.
Dos caminos dije, pues,
que quiero darte: estos son
o que te cases con él,
o que te dé muerte yo,
y aún más que esto, más, tirana,
tienes que agradecer hoy
a tu estrella, pues yo mismo
la ofensa hago intercesión,
rogándote con tu vida,
y no porque sea Leonor
a quien yo adoro, porqué
en llegando mi pasión
a acordarse de la honra
se ha olvidado del amor.
Lo que yo quiero de ti,
es solo que me des hoy
el modo con que yo puedo
conseguir esto mejor.
Hágalo la convenencia,
y no la resolución:
habla, di en qué estado están
mis desdichas. Pero no,
turbada estás y no quiero
que te haga la turbación
decir lo que no dijeras
sin ella; tu hermano soy,
tus aumentos solicito;
no me dan admiración
fortunas de amor, y así
cóbrate y piensa mejor
lo que me has de responder;
que yo doy a tu pasión
tiempo... Mas mira, Beatriz,
que es muy poco el que te doy.
Vase.
DOÑA BEATRIZ
¡Hay mujer más desdichada!
DON JUAN
No lo has sido mucho, no,
pues te ruegan con lo mismo
que deseas.
[Sale]
DOÑA BEATRIZ
¡Plega a dios...!
DON JUAN
No prosigas, que no tengo
de creerte nada yo,
porque cada razón más
es más otra sin razón.
Don Diego, Beatriz, te adora,
tú le favoreces. ¡Oh,
quién muriera al pronunciarlo!
Tu hermano con la atención
que debe a su honor pretende
casarte; ¿pues qué temor
te aflige? ¿Para qué lloras?
¿Para qué esas ansias son,
si estáis ya (¡ay de mí infelice!)
tan convenidos los dos
que ya de su casa has ido
a tomar la posesión?
DOÑA BEATRIZ
Don Juan, mi señor, mi bien.
DON JUAN
Beatriz, mi mal, mi pasión,
¿que me quieres?
DOÑA BEATRIZ
Que me escuches.
DON JUAN
¿Para qué?
DOÑA BEATRIZ
Para que (¡ay Dios!)
donde mi culpa has oído
oigas mi satisfación,
que es mi hermano quien la pide
y eres tú a quien se la doy.
DON JUAN
No la tienes.
DOÑA BEATRIZ
Sí la tengo,
DON JUAN
Querrás decirme tu error,
que en venganza de los celos
que de mí tuviste hoy
fuiste en casa de don Diego.
DOÑA BEATRIZ
No querré, porque no son
venganzas mal parecidas
de mujeres como yo.
Que fui engañada diré,
donde el engaño traidor
de una amiga...
DON JUAN
¡Bueno es eso!
Dime, así te guarde Dios:
si donde vas engañada
cantas con tan dulce voz,
¿dónde lloras?
DOÑA BEATRIZ
Eso fue
a mucha importunación
de otras amigas, don Juan,
que allí fueron con las dos,
y arte también por no hacer
con extremos de dolor
capaces a las demás
que había segunda intención.
DON JUAN
¿Ves todas esas disculpas?
Pues necias disculpas son.
DOÑA BEATRIZ
¿Pues qué he de hacer?
DON JUAN
Que en volviendo
tu hermano, con la ocasión
que él mismo ha facilitado,
decirle todo tu amor,
casaraste con Don Diego,
casarase él con Leonor
y...
DOÑA BEATRIZ
No pases adelante,
que ya conozco que son
tus celos, no por dudar
las disculpas que te doy,
sino por estar mi hermano
en parte donde me oyó.
DON JUAN
Solo a mi pena faltaba
agora este torcedor;
pero poco te valdrá
haberle hallado, pues yo,
por no escuchar eso agora,
y después (¡fiero dolor!)
la respuesta que has de dar,
aunque aquí encerrado estoy,
por ir huyendo de todo
me echaré por un balcón.
DOÑA BEATRIZ
¡Tente!
DON JUAN
¡Suelta!
DOÑA BEATRIZ
Ya la puerta
mi hermano abre, expuesta estoy
a morir antes que dé
la respuesta que él pidió.
Caballero eres, don Juan,
mujer infelice soy:
pues que tu obligación sabes
cumple con tu obligación.
DON JUAN
Si haré, que es guardar tu vida
ahora, y después morir yo.
[Escóndese]. Sale don Pedro.
DON PEDRO
Poco plazo da una pena:
¿Beatriz, qué te aconsejó
tu discurso?
DOÑA BEATRIZ
Que me dés
una y mil muertes, señor,
antes que le dé la mano
a don Diego, porque yo
en mi vida le he querido,
que el ir a su casa hoy
fue sin saber dónde iba.
DON PEDRO
Aun esa es culpa mayor,
pues te confiesa tan vil
mujer que a entrar se atrevió
donde no supo que entraba,
y así, osado mi valor,
sabrá quitarte la vida.
Saca la daga. Sale don Juan matando las luces.
DON JUAN
Sabré guardársela yo.
DON PEDRO
No podrás, que es muy valiente
el acero del honor.
DON JUAN
Toma la puerta, Beatriz.
DOÑA BEATRIZ
Sin saber dónde, me voy.
¡Cielos, doleos de mí!
Vase.
DON PEDRO
Hombre, sombra o ilusión,
¿dónde estás?
DON JUAN
Hacia esta parte.
Don Diego y Luquete.
LUQUETE
Tente, no entremos, señor,
en cuchilladas del imbo.
DON DIEGO
Estando en la calle yo
de Beatriz y oyendo dentro
de su casa tal rumor,
mal haré en no entrar.
DON PEDRO
Traed luces.
INÉS
Aquí están.
LUQUETE
¡Qué confusión
tan notable!
DON DIEGO
¿Qué es aquesto,
señor don Pedro?
DON PEDRO
Traidor
caballero, habiendo estado
mi hermana en tu casa hoy,
y tú en mi casa escondido,
¿preguntas qué es? Pero yo
te lo diré con la espada,
que es la lengua del honor.
LUQUETE
Siempre he visto que el que pone
paces, lleva lo peor.
DON DIEGO
Responderé con la mía,
no porque tengas razón
en todo lo que me dices,
sino porque mi valor
a nadie volvió la cara.
DON JUAN
(Válgame mi industria hoy.)
Habiendo yo entrado al ruido,
y hallándome entre los dos,
embarazar vuestro duelo
es toda mi obligación.
LUQUETE
¿Aqueste fue el que entró al ruido?
Pensé que había sido yo.
DON PEDRO
Duelos de honor no embarazan
los que caballeros son.
DON DIEGO
Yo he sido el que agora he entrado.
DON PEDRO
Cobarde satisfación.
DON DIEGO
En mí nada puede serlo.
DON PEDRO
Don Juan, pues ilustre sois,
valedme a mí, que ofendido
de ese caballero estoy,
pues son él y su criado...
LUQUETE
Él es solo; yo no soy.
DON JUAN
Si haré, por vengar con esta
disculpa mis celos hoy.
DON DIEGO
Aunque los dos me embistáis
me defenderé a los dos.
DON PEDRO
No podrás, que yo bastara
solamente.
DON DIEGO
Muerto soy.
DON JUAN
Vengué mis celos y di
la vida a Beatriz, amor.
DON PEDRO
Don Juan, pues tan noblemente
vuestro esfuerzo me amparó,
seguidme, que habéis de ser
en todo restauración
de mi honra; y pues no puedo
dejaros agora yo
por mí empeñado, corramos
una fortuna los dos
en alcance de una ingrata.
DON JUAN
De no dejaros, os doy
palabra, porque sin mí,
no podáis hallarla vos.
DON PEDRO
De casa ha faltado, vamos
en su alcance.
DON JUAN
Vamos.
DON PEDRO
No
huirá, pues lleva consigo
la desdicha de la voz.
Jornada II
Salen Otavio, viejo, y Celio, criado.
OTAVIO
¿Está todo prevenido?
CELIO
Todo está como lo ordenas.
OTAVIO
Bien es menester, pues hoy
don Luis a Sevilla llega,
según la carta me dice
de la pasada estafeta.
CELIO
¿Pues que te escribió?
OTAVIO
Ella misma
lo dirá mejor, que es esta.
Esto me escribe, de suerte
que hoy en todo el día es fuerza
que esté aquí don Luis, a quien
confieso tantas finezas
de amistad que no es posible
excusarme de que vea
hoy en mi agradecimiento
iguales correspondencias.
Escribiome a los principios
su venida, y que tuviera
alquilada y alhajada
una casa por su cuenta.
Yo, viendo que es esta mía
tan capaz, pues hay en ella
cuarto aparte donde puede
toda su familia entera
aposentarse, no quise
buscar otra, de manera
que aquí ha de estar, y por no
perdonar hoy diligencia
ninguna, a esperarle quiero
salir agora a la puerta
de Carmona, que no dudo
que de un instante a otro venga.
Mira si está puesto el coche.
CELIO
Yo voy a mirarlo.
OTAVIO
¡Oh, quiera
el cielo que en algo acierte
a cumplir hoy con las deudas
que le debe mi amistad!,
pues es la más verdadera
que he profesado después
que murió don Juan de Leiva,
con quien tan grande en la corte
la tuve el tiempo que en ella
estuve y fui güésped suyo.
CELIO
Ya el coche puesto te espera,
pero hay un inconveniente.
OTAVIO
¿Qué es?
CELIO
Una mujer tapada,
sin que decir quién es quiera,
por ti pregunta y te pide
de entrar a hablarte licencia.
OTAVIO
¿Mujer a mí? Dila que entre,
¿quién puede ser?
Sale doña Beatriz tapada y sin galas.
DOÑA BEATRIZ
Quien desea
a solas, señor Otavio,
hablaros.
OTAVIO
Salte allá afuera,
Celio, o vete, por si aquí
me detengo, hacia la puerta
de Carmona. Enseñarasles
la casa, si acaso llegan
en este tiempo. Ya estáis
sola.
DOÑA BEATRIZ
Cerrad esta puerta.
OTAVIO
Ya lo está, hablad.
DOÑA BEATRIZ
[Se descubre.]
¿CONOCEISME?
OTAVIO
No sé qué respuesta sea
digna respuesta, señora,
en confusión como esta,
porque si digo que no,
hago traición, hago ofensa
al noble conocimiento
que debo a la sangre vuestra;
y si digo que sí, hago
agravio a vuestra nobleza,
viéndoos en esta ciudad
y ese traje; de manera
que el desconoceros es
ingratitud y bajeza,
y el conoceros es culpa;
y así, turbada y suspensa
mi voz entre el no y el sí,
dudando está la respuesta.
DOÑA BEATRIZ
Pues si de cualquiera suerte
yo tengo de ser por fuerza
del sí o el no, la quejosa,
y me dais a elegir, sea
el sí el que digáis, que yo
en fortuna tan adversa,
para que me conozcáis,
os doy, Otavio, licencia.
OTAVIO
Pues dadme a besar, señora,
la mano y ahora merezca
saber qué es esto.
DOÑA BEATRIZ
¡Oh si aquí
hablara el dolor sin lengua!
Yo, Otavio, muerto mi padre,
con quien amistad estrecha
tanto tiempo profesastis,
(Dios en el cielo le tenga)
quedé en poder de mi hermano
don Pedro... Esto bien pudiera
excusarme de decirlo,
pues lo sabéis; pero es fuerza,
por ir a lo que se ignora
pasar por lo que se sepa.
Mi hermano, mozo en efeto,
rico y galán, todo era
bizarrías, todo amores,
todo galas, todo fiestas,
haciéndome su descuido
testigo de todas ellas,
sin darme más alimentos
que escándalos por herencia...
Mas (¡ay de mí!) todo esto
es andar buscando necias
disculpas; mejor será,
sin valerme, Otavio, dellas,
decir de una vez mi error,
pues en las cosas mal hechas
ni es el ejemplo disculpa
ni el delito es consecuencia.
Un caballero de ilustre
sangre, de bizarras prendas,
puso los ojos en mí,
y yo a su mérito atenta,
con la palabra de ser
mi esposo, que no pudiera
mi honor con menos fianza
obligarse a tanta deuda,
le favorecí; a este tiempo
otro caballero, que era
su competidor, dispuso
una traición en mi ofensa.
Tenía yo una amiga, a quien
la amorosa diligencia
granjeó deste nuevo amante,
y convidada a una fiesta
me llevó a su misma casa
(¡quién excusarse pudiera
de decirlo! No es posible...).
Cantar me hicieron en ella
a ruego de otras amigas;
si hice mal, caro me cuesta.
Oyó mi hermano mi voz,
y aunque deciros pudiera
cómo estaba donde pudo
oírla, he de callarlo, que esta
atención me ha de deber
hoy una dama en su ausencia,
que el ser desdichada yo,
no es bien que otra lo padezca.
Vino a casa y vino a tiempo
que estaba escondido en ella
mi esposo; quiso al principio
valerse de la prudencia;
no bastó, sacó la daga
para mí, y en mi defensa
salió mi celoso amante,
dejando las luces muertas
porque con la obscuridad
mejor escapar pudiera
yo la vida y...
DENTRO
Para, para.
CELIO
Dentro.
¿Señor?
DOÑA BEATRIZ
Golpes a esa puerta
dan.
OTAVIO
Un güésped que hoy espero,
según ese ruido muestra,
debe ya de haber llegado;
que salga, señora, es fuerza,
a recebirle, dejando
vuestra relación suspensa:
perdonadme y esperad,
que presto daré la vuelta.
CELIO
[DENTRO.]
Mira, que el señor don luis,
ya con sus hijos se apea.
DOÑA BEATRIZ
Acudid, señor Otavio,
a esa tan precisa deuda,
que yo esperaré.
OTAVIO
Este cuarto
que es el mío, oculta os tenga,
mientras salgo a recebirlos.
DOÑA BEATRIZ
¡Que mis ansias no consientan
aun tiempo para decirlas,
porque es medio de vencerlas!
Vase.
OTAVIO
¿Quién vio tan raro suceso?
CELIO
¿Señor?
OTAVIO
¡Ya voy!, ¿qué voceas?
CELIO
Que están ya aquí; pero dime,
¿y la mujer que encubierta
contigo quedó?
OTAVIO
Después
lo sabrás, porque ya entran
don Luis, don Diego y Leonor.
Una y mil veces merezca
besar, señor, vuestra mano,
pues tal mi dicha a ser llega
que os llego a ver en mi casa;
pero mal dije, en la vuestra.
Salen don Luis, don Diego, Leonor y Isabel de camino.
DON LUIS
Señor Otavio, los brazos
muda retórica sean
que con el alma os respondan,
la voz supliendo a la lengua.
OTAVIO
Vos, señora, perdonad
la cortedad de la esfera
que os admite, siendo vos
todo el sol de la belleza.
DOÑA LEONOR
Bésoos las manos, por tanta
cortesana lisonjera
merced como hacéis, señor,
a esta servidora vuestra.
ISABEL
No sabré encarecer cuanto,
señor don Diego, me pesa
que no traigáis la salud
que mi afición os desea,
si bien se pueden mezclar
pésames y norabuenas
en esta ocasión, porqué
tuvimos muy malas nuevas
al principio.
DON DIEGO
Dios os guarde,
que de cualquiera manera,
a vuestro servicio vengo
(donde más ansias padezca.)
DOÑA LEONOR
Cansados vendréis, no es justo
que mas aquí en pie os detenga;
venid, que aquel es el cuarto
que aderezado os espera.
ISABEL
Vamos, Leonor, porque es bien
que descanses y que venzas
las fatigas del camino.
DOÑA LEONOR
(¡Quién las del alma pudiera
reparar, pues ellas solas
son las que me atormentan!)
DON DIEGO
(Yo ningún descanso espero,
pues son tan finas mis penas
que se han venido tras mí).
DOÑA LEONOR
(¡Ay don juan, lo que me cuestas!)
DON DIEGO
(¡Ay Beatriz, lo que me debes!)
Vanse.
CELIO
¿Oye vuesaced, mi reina?
ISABEL
Sí, por la gracia de Dios.
CELIO
Pues muy bienvenida sea
a esta su casa.
ISABEL
¿Y qué más?
CELIO
Donde por suyo me tenga.
ISABEL
Después hablaremos de eso,
porque ahora acudir es fuerza
a mi ama.
CELIO
Solamente
saber de paso quisiera
qué alhaja es vuced en casa.
ISABEL
Soy una alhaja diversa,
porque en al cocina soy
fregona, en la sala dueña,
camarera en el retrete,
en el estrado doncella,
y en lo demás secretaria.
CELIO
De modo que por la cuenta
es la pendanga de casa
de todos manjares hecha.
ISABEL
Y tanto que sirvo a oros
cuando el dinero me entregan,
a copas cuando me dan
algún almuerzo o merienda,
y a espadas y bastos cuando
mido al que habla sin vergüenza
la espalda de abajo a arriba
o el rostro de oreja a oreja.
CELIO
No lo dije yo por tanto,
y envainada esa braveza,
de bien venido el abrazo
¿a qué honrado se le niega?
ISABEL
Llevada por cortesía
soy más que unas natas tierna.
Lo que uced, por andaluz...
Sale Luquete.
LUQUETE
¿Donde pondré esta maleta,
Isabel? Mas ya sé dónde.
CELIO
¿Dónde?
LUQUETE
Sobre su cabeza.
CELIO
¿Maletazo?
ISABEL
Caballeros,
mi honor la furia detenga,
que antes que todo es la dama.
CELIO
Que viene mi amo agradezca.
Sale Otavio.
OTAVIO
¿Sois vos Isabel?
ISABEL
Yo soy.
OTAVIO
Pues vuestra ama os espera.
ISABEL
A ver qué me manda iré.
Vase.
LUQUETE
Id, pícara, y ¡para esta!
OTAVIO
Vete, Celio.
Hasta volver
a oíros, de dudas llena
el alma tuve, y así
dejando en su cuarto apenas
los güéspedes, vuelvo a veros.
[Vase Celio]
Sale doña Beatriz.
DOÑA BEATRIZ
Yo quedé, si bien se acuerda
mi memoria confundida,
señor, entre tantas penas,
en que en matando las luces
mi esposo, tomé la puerta.
A la calle salí, donde
sin discurso y sin prudencia,
con la noche y con el miedo
andaba dos veces ciega.
Vi una luz en una casa,
enfrente de la mía abierta,
el dueño era un hombre pobre
que movido de mis quejas
salió a la calle a mirar
lo que sucedía en ella,
y al cabo de poco rato
volvió con esta respuesta:
“Toda esa casa de enfrente
está de justicia llena,
porque en ella ha sucedido
una muerte”. Considera
cómo yo me quedaría
escuchando tales nuevas,
siendo preciso que el muerto
mi hermano o mi esposo fuera,
a quien yo había dejado
riñendo en mi casa mesma,
y prosiguió: “Lo que yo
saber he podido es
que el dueño, señora, de ella
es el que esta muerte ha dado
a otro en valiente defensa
de su honor, a quien en una
silla ahora a su casa llevan;
huyó el matador, y están
embargándole la hacienda”.
Yo, pues, oyendo que estaba
muerto mi esposo y que era
el homicida mi hermano,
triste, confusa y suspensa
quedé, sin dar por entonces
ni aun al aliento licencia,
hasta que volví (¡ay de mí!)
diciendo desta manera:
“Yo estoy fuera de mi casa,
sin poder volver a ella,
porque en sabiendo mi hermano
de mí, darme muerte es fuerza.
Don Juan, que era a quien tocaba
morir hoy en mi defensa,
ya lo ha hecho, adelantando
la más costosa fineza.
Acudir a que me ampare
su competidor, bajeza
será, y aun después de muerto
no le he de hacer tal ofensa.
Valerme de deudos míos
es irme a morir yo mesma,
pues todos interesados
están en su propia afrenta.
Encerrarme en un convento
es estar al riesgo expuesta
de mi vida y su vergüenza;
luego a mi suerte no queda
otro recurso, en tal caso,
que el irme donde no sepa
nadie en el mundo de mí”.
Si lo erré, disculpa tenga
en que siempre en sus consejos
son las desdichas muy necias.
Con esta resolución,
obligando con ternezas
al dueño de aquella casa
hice que otro día vendiera
no sé qué joyuelas mías,
que acaso las saqué puestas,
y siendo adorno hasta entonces
desde allí fueron hacienda.
Compré este humilde vestido
y dile orden de que fuera
a buscarme en que salir
de Madrid aquella mesma
noche, sin decirle dónde,
que el que huir no más intenta
no hace elección de caminos,
sino el primero que encuentra.
Halló un coche que a Sevilla
venía y diciendo que era
para una mujer casada
que iba al pleito de una herencia,
se concertó; partí en él,
llego a Sevilla y en ella
en una posada he estado
casi un mes, sin que me atreva
a salir de la posada,
hasta que mi dicha ordena
veros pasar por la calle;
dije a un mozo que supiera
vuestra casa, donde vengo
a echarme a las plantas vuestras,
que si no es de vos, señor
Otavio, no me atreviera
a fiar de otro ninguno.
Si la amistad se os acuerda
que con mi padre tuvistis,
mis desdichas os merezcan
amparo y favor. No quiero
que hagáis por mí otra fineza
mayor que solo buscarme
una casa, donde pueda
pasar la vida sirviendo,
disfrazada y encubierta,
y sobre todo os suplico,
que la mayor merced sea
tener secreto mi nombre
y que nadie quién soy sepa,
que no tiene otro consuelo,
perseguida la nobleza,
que es el vivir ignorada,
pues lo que más la atormenta
en las deshechas fortunas
es pasarlas con vergüenza.
OTAVIO
Tanto, señora, he sentido
oír las desdichas vuestras
como ver que yo no basto
a enmendarlas y vencerlas,
pero lo que yo os ofrezco,
es, que vida, alma y hacienda
siempre esté a vuestro servicio;
a cuyo efeto, desde esta
hora estaréis en mi casa,
Beatriz, segura, y secreta,
si bien no servida como
merecéis.
DOÑA BEATRIZ
Aunque agradezca
esa merced, para mí
hoy, señor, no es conveniencia
el estar donde no esté
sin rastro, indicio, ni seña
de quién fui; y fuera desto
vos sois solo, no hay en ella
mujer cuya compañía
honeste más mi asistencia,
y así...
OTAVIO
No me digas más;
que aunque lo llore y lo sienta,
yo he pensado donde estéis.
Aqueste huésped que hoy llega
a mi casa, no tray toda
la familia que convenga
a su puesto y calidad,
y así que reciba es fuerza
más criados. Tray consigo
sin estado una hija bella,
y en su compañía estaréis
muy bien y de mí más cerca,
con que estaréis en mi casa
y con buen título en ella.
DOÑA BEATRIZ
Haced vos lo que quisiereis,
que esa será la más cuerda
resolución.
OTAVIO
Pues en tanto
que voy a tratarlo, en esa
cuadra esperad, que muy presto
volveré con la respuesta.
Vase.
DOÑA BEATRIZ
Ya no soy quien soy, fortuna,
sino una humilde y sujeta
mujer. Adiós, vanidad,
estimación y soberbia,
que ya expirasteis en mí,
pues, muerto don Juan, no queda
a mi vida más acción
que el alma con que lo sienta.
Vase. Salen don Juan y don Pedro.
DON JUAN
Ya, don Pedro, sabéis que desde aquella
noche infeliz, que me llevó mi estrella
por vuestra calle y que escuchando el ruido
de las espadas, me arrojé atrevido
a entrar hasta allá dentro,
donde riñendo con don Diego encuentro
vuestro valor, y que osado
me puse a vuestro lado,
de vuestro honor movido (mejor, cielos,
decir pudiera, de mis mismos celos).
Ya sabéis que teniendo allí por cierto
que los dos le dejábamos ya muerto,
juntos de allí salimos,
buscando a vuestra hermana, a quien no vimos,
ni rastro o seña della:
(¡ay Beatriz, tan ingrata como bella!)
y ya sabéis en fin, que retraídos
por la herida, estuvimos escondidos
en un convento, donde
mi valor, que hoy a todo corresponde,
palabra os dio (¡ay de mí!) de no dejaros,
hasta satisfaceros y vengaros,
y ya sabéis...
DON PEDRO
Tened, que es excusado,
pues eso entre los dos todo ha pasado,
repetirlo de nuevo;
ya sé, don Juan, el amistad que os debo,
pues habiendo los dos de unos amores
sido competidores,
en viéndome empeñado
en un trance de honor, puesto a mi lado,
os olvidasteis de la competencia,
de honor y gusto haciendo diferencia;
(¡ay Leonor, cuán en vano
te adoro, ya enemigo de tu hermano!)
tratasteis, como noble, de ampararme
entonces y después de no dejarme,
fuera de que aunque vos, es cosa clara,
me dejarais a mí, yo no os dejara,
porque habiendo vos sido
quien por mí se empeñó tan atrevido,
mal en extremo hiciera
si de vos me apartara, que no fuera
justo que en ocasión tan importuna
no corriéramos hoy una fortuna,
y así pues, retraídos
los dos en un delito introducidos,
palabra el uno al otro habemos dado
de no dejar uno del otro el lado,
yo por parte del riesgo que os alcanza
y vos porque ya os toca mi venganza.
¿Para qué es bueno el repetirlo ahora?
DON JUAN
Para saber mi pecho lo que ignora:
¿a qué habemos venido
a Sevilla los dos?, que no he querido
preguntarlo, hasta verme
en ella, por no hacerme
sospechoso en la duda.
DON PEDRO
Pues yo es razón que a deshacerla acuda:
convaleció don Diego,
que esto supimos luego
donde ocultos habíamos estado,
y su padre al oficio que le han dado
aquí a Sevilla vino,
adonde determino
acabar de vengarme
si tanta dicha el cielo quiere darme.
Mi hermana no parece...
al pronunciarlo hasta la voz fallece
tanto que si no fuera
a vos que lo sabéis, no lo dijera.
¿Quién duda que habrá sido
don Diego quien oculta la ha tenido?,
porque saliendo ella
huyendo de mi casa (¡dura estrella!)
¿dónde ampararse había,
sino en el dueño de la ofensa mía?,
que aunque él quedó por muerto,
y no pudo ampararla entonces, cierto
será que ella después se haya valido
dél o como su amante, o su marido.
Y así con la sospecha que ahora tengo
a Sevilla a los dos buscando vengo
para darles la muerte,
pues que la ley del duelo nos advierte
que el que hizo cuanto pudo (¡ah, ley severa!)
en la ocasión primera,
su agravio por entonces satisfizo
si hace después lo que primero no hizo.
DON JUAN
Vos me habéis satisfecho,
pero ya es otro el riesgo que sospecho.
DON PEDRO
¿Cuál es?
DON JUAN
Si conocidos
aquí somos los dos, somos perdidos;
el padre trae oficio poderoso,
y en llegando a saberllo es muy forzoso...
DON PEDRO
No digáis más, que todo prevenido,
don Juan, desde la corte lo he traído,
que a Sevilla es muy cierto
que no viniera a andarme descubierto,
pues fuera solo publicar mi agravi,
sin vengarlo.
DON JUAN
¿Y qué habéis de hacer?
DON PEDRO
Otavio,
un hombre de negocios poderoso
en Sevilla, aunque viejo, muy brioso,
fue de mi padre amigo;
a este de todo le he de hacer testigo
y poniendo en sus manos
mi honor, le he de obligar en tan tiranos
lances a que me ampare, que no dudo
lo haga si a él en tanto empeño acudo.
Tendranos en su casa
escondidos, sabiendo cuanto pasa
con espías de día,
y en cerrando la noche obscura y fría,
don Juan, con las noticias que tomemos,
los dos de embozo a la ciudad saldremos
a conseguir, u de una u de otra suerte,
o bien mi desagravio o bien su muerte.
DON JUAN
A todo con vos vengo.
DON PEDRO
Pues oíd ahora el modo que prevengo
para hablarle. Yo soy muy conocido
aquí, que muchas veces he venido
a negocios; no es bien ir a buscalle,
porque no me conozcan por la calle,
y así yo en la posada
he de quedarme; vos, puesto que nada
aventuráis ahora,
pues toda la ciudad quién sois ignora,
os habéis de ir a hablalle.
Su casa es en la calle
de las Armas; direisle que le espero
en la posada, donde hablarle quiero,
que con recato venga,
que no dudo que en él amparo tenga.
DON JUAN
Yo voy a obedeceros.
DON PEDRO
Yo espero aquí: ¡ay don Juan, cuánto a deberos
llegó la suerte mía!:
sola esa dicha me quedó aquel día.
Vase.
DON JUAN
¿A quién habrá sucedido
esto que pasa por mí?
Yo, que en el retrete fui
de Beatriz el escondido,
yo, que fui el que atrevido
su vida defendió, ¡cielos!,
yo, que atento a mis recelos
fui el que fingió entrar,
y yo, que fui el que a don Juan
hirió en venganza de sus celos,
soy agora, ¡ay infelice,
cuánto mi desdicha crece!,
a quien don Pedro agradece
el agravio que le hice.
Como no me satisfice
de que él tomase venganza
de su hermana en tal mudanza
a su lado le seguí
y lo que fue industria en mí
en él se ha hecho confianza
tanto que cómplice ya
en sus intentos le sigo,
que así con él y conmigo
segura Beatriz está,
pues si él buscándola va
y yo con él, cuando a vella
llegue él, segura sea ella
en mí, pues van a buscalla
dos: uno es para matalla
y otro para defendella,
porque aunque es verdad que tengo
tal queja de Beatriz, no
seré noble amante yo
si en sus desdichas me vengo.
Darla la vida prevengo,
que después, de su belleza
me quejaré, que es bajeza
dejarla en tantos recelos,
y fineza sobre celos
es la más noble fineza...
Mas ¡ay de mí!, que esta acción
a lo imposible porfía,
porque celos y hidalguía
implican contradicción.
¡Quién creerá que ya no son
los míos! ¡Que a casa fuese
de don Diego, que estuviese
tan hallada en ella!... Pues
lo que yo más siento es
que de mí también huyese.
¡Ay Beatriz!, pues con tan raras
finezas te defendí
¿no me buscaras a mí
y en mi casa te ampararas?
¿Cob mis amigos no hablaras
para que supiera yo
de ti? ¿Quién afeto vio
más noble, pues desta suerte
vengo a embarazar la muerte
de quien la muerte me dio?
Mas ¿qué importa discurrir
de un pesar a otro pesar
si solo tengo de hallar
muchas penas que sentir?
A buscar, pues, quiero ir
a este Otavio, y puesto, cielos,
que yo en tantos desconsuelos
antes fui noble que amante,
Beatriz, nada te espante
que antes soy yo que mis celos.
Vase. Salen Otavio y Leonor.
OTAVIO
Como os he dicho es, señora,
virtuosa y bien nacida,
y que no pensó en su vida
verse en lo que se ve agora.
Murió su padre y quedó
güérfana y pobre, y aunque
hasta hoy un convento fue
donde siempre se crió,
poca salud ha tenido,
culpa de haberle dejado,
que médicos la han mandado
curarse fuera. Esta ha sido
la causa porque hoy está
desacomodada, fuera
de que de aquesta manera
piensa que mejor podrá
granjear con que poder
tomar, señora, el estado
de monja que ha deseado,
que aquesto de no tener
para el dote lo estorbó,
que aunque es cosa verdadera
que ella con menos pudiera
tomarle que otra, pues no
hay mejor voz en España,
que la suya, a cuyo intento
sin dote hay más de un convento
que la ruega; pero extraña
tanto es su necesidad,
que aun eso poco le falta
y así en la ilustre, en la alta
virtud de vuestra piedad
su amparo espera y yo os ruego
que si habéis de recebir...
LEONOR
No tenéis más que decir,
señor Otavio. Haced luego
que venga a casa; que aunque
necesidad no tuviera
della, yo la recibiera,
pues sus buenas partes sé
y pues vos me lo pedís.
OTAVIO
Dios os guarde, y pues licencia
tengo de vuestra clemencia,
hablaré al señor don Luis.
LEONOR
No hay para qué, que criadas
yo las he de recebir,
que soy la que he de vivir
con ellas, y así excusadas
esas prevenciones son,
pues querer yo bastará.
OTAVIO
Al punto a besar vendrá
vuestra mano.
Vase.
LEONOR
Corazón,
ya que solo habéis quedado
conmigo, hablemos yo y vos,
que ha mil siglos que los dos
hemos sufrido y callado:
a dos pasiones rendida
a un tiempo me vi y postrada,
de don Juan enamorada
y a don Pedro agradecida.
Este ya desempeñó
la poca voluntad mía,
que por tema le tenía,
pues fue el que a mi hermano hirió.
Mas (¡ay de mí!) aquel a quien
siempre yo adoré leal
y disimulando mal
encubrí el quererle bien,
no se ha olvidado, pues hoy,
de tanta ausencia a despecho
vive dentro de mi pecho.
¡Ay, don, Juan y cuánto estoy
arrepentida de haber
tratádote con rigor!
¿Quién pensara que el honor
demérito podía ser?
¿Quién una dama será
con quien de mí despicado
don Juan vive enamorado?
¿Quién será aquella?
Salen Isabel y Beatriz.
ISABEL
Aquí está.
LEONOR
¿Quién?
ISABEL
La persona por quien
Otavio te ha suplicado.
DOÑA BEATRIZ
Y quien toma por sagrado
de su fortuna al desdén
hoy el centro soberano
de vuestros pies, donde espera
que sea merced primera
besar vuestra blanca mano.
LEONOR
Álcese, amiga, del suelo.
Bonita cara, Isabel.
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué mal me ha sonado el él
y aun el amiga!) Consuelo
a mi suerte no he debido
en mi vida, hasta llegar
a dicha tan singular
como haberos conocido
por dueño y señora mía.
LEONOR
Dios la guarde. (¡Qué entonada
criada.)
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué ama tan mirlada!)
LEONOR
¿Cómo se llama?
DOÑA BEATRIZ
Lucía.
LEONOR
Bien puede quitarse el manto.
DOÑA BEATRIZ
(¡Que en esto me llegue a ver!)
LEONOR
¿Y qué labor sabe hacer?
DOÑA BEATRIZ
De eso servir puedo en cuanto,
señora, queráis mandar,
pues sé todo lo que es
la labor blanca, y después
en cañamazo labrar,
bordar de broca y pasado,
valonas y enaguas sé
aderezar; luego haré
varias flores al tocado,
redes, encajes y puntas
sé, señora, hacer también.
LEONOR
Mucho es que en tal cara estén
todas esas gracias juntas,
y aun otra más que ha callado.
DOÑA BEATRIZ
Ninguna presumo yo
que en mí haya.
LEONOR
¿Como no?,
si aquí Otavio la ha alabado
de que no hay voz en España
mejor que la suya.
DOÑA BEATRIZ
Otavio
a mí me ha hecho un agravio,
y a vos, señora, os engaña,
que sin destreza o primor
que pueda ser maravilla,
solo canto a la almohadilla
mientras hago mi labor,
y esto aun lo pienso olvidar.
LEONOR
¿Por qué, si el cielo la dio
esta gracia?
DOÑA BEATRIZ
Porque yo
soy desgraciada en cantar.
LEONOR
¿Desgraciada en cantar?
DOÑA BEATRIZ
Sí,
porque es tanta mi desgracia,
que lo que es para otras gracia
es desgracia para mí.
LEONOR
¿De qué suerte?
DOÑA BEATRIZ
Mi pesar
se suele aumentar cantando;
por esto lo digo.
LEONOR
Cuando
treguas la permita dar
su tristeza, estimaré
oírla algún tono, a fe mía.
Isabel, dile a Lucía
lo que ha de hacer, para que
sepa en qué se ha de ocupar.
Vase.
ISABEL
Yo se lo diré después,
que atenta a tanto interés
primero la quiero dar
los brazos de amistad fiel,
siendo fiador en las dos
este nudo.
DOÑA BEATRIZ
Guarde Dios
a la señora Isabel.
ISABEL
Y la señora Lucía
sea bienvenida a casa.
DOÑA BEATRIZ
(¿Qué es esto que por mí pasa,
deshecha fortuna mía?
Pero ya no es tiempo desto,
que hasta estilo he de mudar,
si no en sentir, en hablar.)
Señora Isabel, supuesto
que vengo a ser desde hoy
su compañera y su amiga,
será justo que me diga
de la casa donde estoy
las costumbres, porque en nada
ande ignorante mi error.
¿Es la señora Leonor
muy mal acondicionada?
¿Es devota de la paz
o es cofadra de la riña?
ISABEL
De todo tiene la viña,
uvas, pámpanos y agraz:
es mujer que habiendo ya
dos años que estoy con ella,
aun no acabo de entendella
la condición; ahora da
en que reine la tristeza.
DOÑA BEATRIZ
¿Y no se sabe de qué?
ISABEL
Yo para mí, bien lo sé.
DOÑA BEATRIZ
¿Es achaque de belleza
con su poquito de celos?
ISABEL
Y aun su muchito.
DOÑA BEATRIZ
¿Y de quién?
ISABEL
De un hombre a quien quiso bien,
y por su honor con desvelos
le despreció, y él muy presto
se fue a buscar otro amor.
DOÑA BEATRIZ
No era muy bobo el señor.
ISABEL
Ausentámonos con esto,
y ella y su hermano han llegado
aquí con pena cruel,
ella hipocóndrica y él
malherido y bien curado.
DOÑA BEATRIZ
¿Cómo?
ISABEL
Como allá le hirieron
en casa de una señora,
de que aun no está sano agora.
DOÑA BEATRIZ
Poco agasajo le hicieron
en casa de aquesa dama.
¿Y él qué persona es?
ISABEL
Un hombre
muy galán y gentilhombre.
DOÑA BEATRIZ
¿Cómo su merced se llama?
ISABEL
Don Diego.
DOÑA BEATRIZ
Un Don Diego fue
mi mal. ¿Y dónde está?
ISABEL
Yo
sé que de casa salió,
mas dónde salió no sé.
DOÑA BEATRIZ
Señor mayor, ¿qué hombre es?
ISABEL
Es un viejo impertinente
muy ministro y muy prudente,
de aquellos que en todo un mes
lo que riñen hablan.
DOÑA BEATRIZ
Bien.
¿Y qué más familia tray?
ISABEL
Crïadas de cocina hay,
y otros criados también;
y entre ellos un picarón...
mas no quiero hablar en él;
tú le verás.
Sale Leonor.
LEONOR
¿Isabel?
ISABEL
¿Señora?
LEONOR
Mi turbación
diga lo que no podrá
decirte la lengua mía.
ISABEL
¿Qué ha sucedido?
LEONOR
Lucía
éntrese allá dentro.
DOÑA BEATRIZ
Ya
obedezco. (¡Que por mí
esto pase! ¡Oh si vivieras,
don Juan, y en esto me vieras!)
Vase.
ISABEL
Ya estás sola.
LEONOR
Escucha.
ISABEL
Di.
LEONOR
Estando agora, Isabel,
vacilando y discurriendo,
no te digo en qué... tú sabes
mis menores pensamientos,
me puse a la celosía
que cay sobre ese primero
patio de casa, jugando
con los claveles de un tiesto,
cuando vi entrar por la puerta
de la calle un caballero
vestido de color; diome
el corazón en el pecho
golpes aun antes de verle
la cara, como diciendo,
“Mírale bien, que es don Juan”...
¡Oh en amorosos afectos,
cuanto antes que los ojos
ve el corazón desde adentro!
Asegureme una vez,
y otras mil de si era cierto,
que como era dicha mía
la dudé estándola viendo.
Entró en casa y en el cuarto
de Otavio llamó. Yo vengo
solo a decirte (¡ay de mí!)
que mi amor en un momento
ha hecho mil discursos, todos
en favor de mis deseos;
y en fin, sea lo que fuere
su venida, yo no tengo
valor para más recato,
honor para más silencio,
y pues mi hermano y mi padre
ahora hacia la audiencia fueron,
por aquesa celosía
le llama, Isabel, al tiempo
que salga.
ISABEL
Con un criado
de Otavio hablando le veo.
LEONOR
Sí, que como él no está en casa
no habrá querido entrar dentro.
ISABEL
Ya se va.
LEONOR
Llámale aprisa.
ISABEL
¡Ah señor don Juan!
DON JUAN
No creo,
que es a mí, porque en Sevilla
quien me conozca no tengo.
ISABEL
A vos es, subid por esa
escalera.
Sale don Juan.
DON JUAN
Ya obedezco.
¿Quién es quien me llama?
LEONOR
Yo,
señor don Juan, que deseo
saber a qué es la venida
a Sevilla, que aunque tengo
de vos muchas quejas, no
me acuerdo dellas, en viéndoos
en mi casa, porque fuera
ruindad en un noble pecho
que se vengara en su casa.
DON JUAN
(¡Quién vio tan raro suceso!
Mas ¿cómo podré saber
los designos de don Diego,
si trujo a Beatriz o no,
Aparte.
mejor que espías teniendo
en su casa? Sean amigos
fortuna una vez y ingenio.)
Por dos cosas desconozco
este favor que hoy merezco
de vos: porque es favor una,
y otra porque a escuchar llego
que tenéis quejas de mí,
siendo yo quien a desprecios
alimentado he vivido
tantos años, y ahora vengo
a Sevilla a vuestra casa,
hermosa Leonor, por veros,
que no sin causa buscaron
hoy a Otavio mis intentos.
LEONOR
(¡Albricias, alma, ya sabe
decir verdad el contento!)
Pues ¿cómo licencia os dio
aquel divino sujeto
que enamorabais?, que ya
de todo noticia tengo.
Don Juan
No me la dio porque yo
no se la pedí, que habiendo
sido por solo venganza
ese cortés galanteo,
faltando vos faltó todo;
¡así, Leonor, de otros celos
pudierais vos disculparos!
LEONOR
Si son unos que yo pienso,
es muy fácil, que yo nunca
le di lugar a don Pedro,
y más desde que a mi hermano
hirió. ¿Vos no sabéis esto?
DON JUAN
Algo oí, mas nunca yo
lo que no me toca inquiero.
ISABEL
¡Ay desdichada de mí!
LEONOR
Pues ¿qué hay Isabel?
DON JUAN
¿Qué es eso?
ISABEL
Que debe de ser comedia
sin duda esta de don Pedro
Calderón, que hermano o padre
siempre vienen a mal tiempo,
y ahora vienen ambos juntos.
LEONOR
Éntrate en ese aposento.
ISABEL
¿Si le ve la criada nueva?
LEONOR
Todo eso importa menos
que verle ellos; elijamos,
pues nos da a escoger el riesgo,
fuera de que ella no está
hacia aquí... el recibimiento
es este, y pues hay en él
esa cuadra, nada temo,
que en entrando ellos al cuarto,
podrá irse.
ISABEL
Escóndete presto.
DON JUAN
¿Quién en el mundo se vio,
sin pensar, en tanto empeño?
Escóndese y salen don Luis, don Diego y Luquete.
DON LUIS
¿Leonor, qué hacías?
LEONOR
Aquí
estaba, señor, diciendo
a Isabel cuánto me agrada
esta ciudad.
DON LUIS
Yo me güelgo
de que te parezca bien.
LEONOR
Y tanto que te prometo
que desde que en ella estoy
he tenido algún contento.
DON DIEGO
(Aqueso no diré yo,
que ni le tengo ni espero,
pues de Beatriz no he sabido
desde aquel triste suceso
en que yo pagué el agravio
que estaba don Juan haciendo.)
DON LUIS
¡Hola!, sacad unas luces,
¿no veis que va anocheciendo?
Sale doña Beatriz con luces.
DOÑA BEATRIZ
Ya están las luces aquí.
DON DIEGO
(¡Válgame el cielo, qué veo!)
DOÑA BEATRIZ
(¡Válgame el cielo, qué miro!)
DON DIEGO
(¿Beatriz no es esta?)
DOÑA BEATRIZ
(¡Don Diego!)
DON DIEGO
(Disimulemos, fortuna.)
DOÑA BEATRIZ
(Corazón, disimulemos.)
DON LUIS
Leonor, ¿qué nueva criada
es la que en casa tenemos?
LEONOR
Una que Otavio ha traído
pidiendo con muchos ruegos
que la reciba, señor,
y sabiendo yo que en esto
te hacía gusto, la ha traído
a casa.
DON LUIS
Muy bien has hecho,
que por Otavio y por ella,
es ya dos veces acierto.
DOÑA BEATRIZ
Como le tenga en serviros
mayor ventura no espero.
LUQUETE
¡Qué magnífica crïada!
ISABEL
Pues no la mire.
LUQUETE
Sí quiero,
que me debes un abrazo
y he de cobrarle, si puedo.
DON DIEGO
¿Luquete?
LUQUETE
¿Señor?
DON DIEGO
(¿Estoy
yo por dicha absorto o ciego,
o esta es Beatriz?)
LUQUETE
(Pocas veces
la vi el rostro descubierto,
pero paréceme que
se parece como un huevo
a un estribo de jineta.)
DON DIEGO
(Necio estás.)
LUQUETE
(Tú estás más necio
pues quieres que sea Beatriz
la que en Sevilla sirviendo
está por orden de Otavio.)
DON DIEGO
(No hablemos agora en esto
porque mi padre y mi hermana
no entren en algún recelo,
que después sabremos cómo
puede ser; y así ahora quiero
hacer mejor la deshecha,
disimulando y fingiendo.)
Isabel, toma una luz,
y llévala a mi aposento.
ISABEL
Venga a servir a su amo.
LUQUETE
¡A buen banquete por cierto
me convida!
DON DIEGO
(¿Quién se vio
en tanta confusión, cielos?)
Vase Isabel con una luz, Luquete y don Diego.
DON LUIS
Tú también, Leonor, al mío
ven, porque contarte quiero
la demostración que toda
Sevilla conmigo ha hecho.
Traiga, señora, esa luz.
[Se va yendo y asoma luego al paño]
DOÑA BEATRIZ
Ya allá hay luces.
LEONOR
(Pues me veo
en tal peligro, si acaso
don Juan se queda aquí dentro,
mejor es, aunque aventure
una parte a mi respeto,
fiarme desta criada,
ya que de Isabel no puedo.)
Lucía...
DOÑA BEATRIZ
¿Señora mía?
LEONOR
La confïanza que tengo
de tus buenas partes, me hace
fiar de ti el día primero
que te conozco.
DOÑA BEATRIZ
¿Qué mandas?
(¡Muerta estoy!)
LEONOR
Un caballero
que de Madrid ha venido
favores míos siguiendo,
en aquesa cuadra está
encerrado; yo te ruego,
que pues ya a mi hermano miro
retirado en su aposento,
y yo con mi padre voy,
en tanto que le entretengo,
le saques de aquí.
DOÑA BEATRIZ
Sí haré.
DON LUIS
¿No vienes, Leonor?
LEONOR
Diciendo,
señor, estaba a Lucía,
que gustaré por extremo
de oírla cantar una letra,
porque gran noticia tengo
de su buena voz.
DON LUIS
A todos
nos dará oírla contento.
LEONOR
Haz lo que te digo.
DON LUIS
¿Qué es?
LEONOR
Que busque algún instrumento.
DON LUIS
Sí, haced lo que Leonor dice.
DOÑA BEATRIZ
Una y mil veces lo ofrezco.
¿Cielos, que pasa por mí?
A la casa de don Diego
me ha traído mi fortuna;
el golfo tomé por puerto.
Ya no es posible que en ella
esté un instante; mas esto
más espacio ha menester
para discurrir en ello
y ver el modo. Acudamos
a sacar de aqueste empeño
ahora a Leonor, que por ser
trance de amor se lo debo,
cuando no porque de mí
ella se ha fiado. Luego
se lo diré a Otavio todo.
Escondido caballero,
seguidme, que yo os pondré
en la calle.
[Vanse Leonor y don Luis.]
[Sale don Juan.]
DON JUAN
Sí haré.
DOÑA BEATRIZ
¡Cielos!,
¿qué es lo que mirando estoy?
DON JUAN
¡Cielos!, ¿Qué es lo que estoy viendo?
DOÑA BEATRIZ
¡Don Juan!
DON JUAN
¡Beatriz!
DOÑA BEATRIZ
Al mirarte
ha fallecido mi aliento,
porque si muerto te juzgo
es fuerza que me des miedo,
y si vivo te imagino
es fuerza que me des celos,
y no sé cuál es peor,
que estés vivo o que estés muerto,
pues de cualquier manera
o te he perdido o te pierdo.
DON JUAN
Vivo y muerto me has juzgado,
¡ay, ingrata!, y siendo opuestos
tanto como vida y muerte
han cabido en mi sujeto,
pues estoy vivo, ¡cruel!,
para ver tus fingimientos,
y muerto de haberlos visto,
conque todo ha sido cierto,
pues muero aquesto que vivo
y vivo aquesto que muero.
En fin, ¡para haberte hallado
hoy en casa de don Diego
te di la vida! ¡Mal hayan
mis finezas! ¡Nunca, oh cielos,
hubiera andado tan noble
mi celoso sentimiento!
Villanamente vengado
de ti, te hubiera en el riesgo
dejado, a que te matara
tu hermano, pues fuera menos
mal verte muerta que ajena.
¡Oh, mal hayan mis respetos!
DOÑA BEATRIZ
Son tantas cosas, don Juan,
las que en un instante mesmo
mi imaginación perturban,
confunden mi entendimiento,
que no sé a cuál (¡ay de mí!)
atender deba primero,
y por acudir a todas,
a ninguna acudo; pero
dije mal, que donde hay
tan mal pagados afectos,
tan mal sentidas fortunas,
como yo por ti padezco,
haré mal en que no sean
ellas las que en tanto empeño
arrastren a las demás
admiraciones que tengo.
¿En fin, para haberte visto
venir a Leonor siguiendo,
y para hallarte en su casa
escondido y encubierto,
he llorado yo tu muerte?
¡Oh, mal hayan sentimientos
tan bien nacidos! Mas no,
vive tú, que yo agradezco
en albricias de tu vida,
este dolor a mis celos.
DON JUAN
Pluguiera al cielo, ¡ah, tirana!,
estuviéramos a tiempo
de que yo pudiera darte
satisfación de todo eso;
mas ¿para qué he de gastar
este instante que aun no tengo
en darte satisfaciones,
que no han de ser provecho?
En casa estás de tu amante,
no discurramos en esto.
Sácame de aquí; el dolor
no me haga hacer extremos
que a Leonor, a ti y a mí,
nos estén mal.
DOÑA BEATRIZ
Aunque veo
el peligro con que estamos,
no has de irte sin que primero
veas que en todo encontrados
están los estilos nuestros;
pues por no satisfacerme
huyes tú y yo te detengo
por satisfacerte a ti.
DON JUAN
¿Podrás?
DOÑA BEATRIZ
Sí.
DON JUAN
Pluguiera al cielo.
DOÑA BEATRIZ
La noche...
DON JUAN
¿Qué?
DOÑA BEATRIZ
...que quedaste.
DON JUAN
Di.
DOÑA BEATRIZ
...con mi hermano riñendo.
DON JUAN
Saliste a la calle...
DOÑA BEATRIZ
...donde
oí...
DON JUAN
¿Qué?
DOÑA BEATRIZ
..que él te había muerto,
y así...
DON JUAN
¿Veniste a buscar
(buena disculpa) a don Diego?,
conque aun la satisfación
es otra culpa, pues veo
que te dejó aqueste gusto,
de mi muerte el sentimiento.
Fuera de que aun es mentira
cuanto dices; pues yo quiero
que al principio te dijesen
que yo era el herido: luego
¿no era fuerza que llegase
el desengaño, y más viendo
que era don Diego el herido?
DOÑA BEATRIZ
¿Cómo el herido don Diego?
Eso aún no sé yo hasta agora.
DON JUAN
Si quieres que yo crea eso
y que hallándote en su casa
ignoras todo el suceso,
es querer que me dé muerte.
DOÑA BEATRIZ
Escucha y sabrás.
DON JUAN
No quiero
saber nada. Vamos, vamos
de aquí.
DOÑA BEATRIZ
¡Ay, don Juan, ya te entiendo!
Todo aqueso es barajar
mi razón, por irte huyendo
antes que empiece a quejarme
yo.
DON JUAN
¿Puede, di, no ser cierto,
que te he hallado en esta casa?
DOÑA BEATRIZ
Tampoco puede ser menos
de haberte yo hallado a ti
en ella.
DON JUAN
Yo, en fin, te encuentro
en poder de mi enemigo.
DOÑA BEATRIZ
Y yo en el cuarto encubierto
de mi enemiga te topo.
DON JUAN
Tú veniste con don Diego.
DOÑA BEATRIZ
Eso es mentira. Tú sí
veniste a Leonor siguiendo.
DON JUAN
Harasme que pierda el juicio.
DOÑA BEATRIZ
Harasme que pierda el seso.
DON JUAN
¿Cómo...
DOÑA BEATRIZ
Yo...
DON JUAN
...puedes...
DOÑA BEATRIZ
...aquí...
DON JUAN
...estar?
DOÑA BEATRIZ
...viniendo...
Sale Leonor.
LEONOR
¿Qué es esto?
Pues cuando me importa tanto
hacer lo que te encomiendo,
¿te paras a hablar, Lucía?
DON JUAN
(¡Lucía la llama! ¡Cielos!,
¿qué es lo que aquí estoy mirando?)
LEONOR
Don Juan, a mi padre dejo
divertido en sus papeles;
mi hermano de su aposento
sale; vete antes que pueda
verte. Otra vez nos veremos
más despacio, en que podrá
agradecerte mi pecho
haber venido por mí
a Sevilla; vete presto.
DON JUAN
Si haré, que me importa mucho
el salirme de aquí huyendo:
(¡Oh cuántas cosas llevamos
que discurrir, pensamiento!)
Vase.
LEONOR
Cierra, Lucía, esa puerta.
Sale don Diego y Luquete.
DON DIEGO
A ver si está sola vuelvo
Beatriz, por saber.
LUQUETE
Leonor
con ella está.
DON DIEGO
Pues no quiero
despertar yo la malicia,
sino esperar mejor tiempo;
¿Tú aquí, Leonor? Pues ¿qué haces?
LEONOR
Lucía me estaba diciendo,
(concede con cuanto diga,
que me va la vida en ello)
viéndome triste, que quiere
divertir mis sentimientos
en ese jardín cantando
y a él iba. Ven, que oírte quiero.
DOÑA BEATRIZ
(Mandarme ahora cantar
solo falta a mi tormento,
mas disimular me importa
por esta noche a lo menos,
que mañana buscaré
en Otavio otro remedio.)
Vanse.
DON DIEGO
Ver tengo si lo que oigo
conviene con lo que veo:
cantar es la seña más
de ser ella; si hoy no pierdo
el entendimiento, es
no tener entendimiento.
Vase.
LUQUETE
Pues no le perderás hoy,
si solo consiste en eso.
Sale Otavio.
OTAVIO
¿Qué hace el señor don Luis?
LUQUETE
En su cuarto está escribiendo.
OTAVIO
Pues no le quiero estorbar;
direisle, Luquete, luego
que entrar no quise en el mío,
sin verle; pero atendiendo
a su ocupación, me voy,
que mañana nos veremos.
LUQUETE
Yo se lo diré. (¡Que quiera
mi amo persuadirse necio
a que es Beatriz, por quitarme
a mí la acción y el derecho
de vengar aquel abrazo!)
Vase.
OTAVIO
Aqueste es mi cuarto. Celio.
Sale Celio.
CELIO
¿Señor?
OTAVIO
¿Ha venido alguien
a buscarme?
CELIO
Un caballero
preguntó por ti esta tarde.
OTAVIO
¿Quién era?
CELIO
Era forastero;
no le conocí.
Sale don Juan.
DON JUAN
(Fortuna,
en hablarle me resuelvo
a este caballero, antes
que se vea con don Pedro.
Esté informado de todo,
para que él ponga remedio.)
¿Sois vos el señor Otavio?
OTAVIO
¿Qué mandáis?
DON JUAN
Buscándoos vengo,
y ya con segundo fin,
señor, que os busqué primero,
porque importa descubriros
aquí un extraño secreto.
OTAVIO
Decid.
DON JUAN
Yo venía de parte...
Sale don Pedro.
DON PEDRO
Yo lo diré ya, pues viendo
que tardabais y era noche,
a dos cuidados atento
vine buscándoos a vos,
y hablar a Otavio.
DON JUAN
No habiendo
venido hasta agora a casa,
le esperé.
OTAVIO
Señor don Pedro,
dadme mil veces los brazos.
DON JUAN
(¡En qué confusión me veo!)
OTAVIO
(Sin duda a beatriz buscando
viene.)
DON PEDRO
Menores extremos
desempeñar no pudieran
la confianza que tengo
de vos, en fe de la cual,
hoy a buscaros me atrevo,
para haceros de mi vida,
de mi alma y mi honor dueño.
OTAVIO
(Él sabe de ella sin duda,
pues viene en su seguimiento;
pues en todo trance a ella
tengo de amparar primero.)
DON PEDRO
Quedemos solos los tres,
que descubriros mi pecho
importa.
OTAVIO
Dejadnos solos.
Sentaos.
DON PEDRO
Yo Otavio, me veo
en la más triste fortuna
a que haber llegado puedo,
pues me veo (¡ah, quién pudiera
decirlo con el silencio!)
sin honor, y en vuestro amparo
que le he de cobrar espero,
consistiendo en vuestra casa
de mi fortuna el remedio.
OTAVIO
¿En qué puedo yo serviros?
(¡Cielos, él sabe que tengo
hoy en mi casa a su hermana!)
DON JUAN
(¡Quién se vio en tan raro empeño!
mi obligación de una parte
y de otra mis sentimientos.)
DON PEDRO
Yo, Otavio, a Sevilla hoy
a satisfacerme vengo
de un agravio, de quien fue
causa (¡falte aquí mi aliento!)
una hermana, que faltó
de mi casa.
OTAVIO
(¡Extraño empeño!)
¿Pues dónde está?
DON PEDRO
No lo sé.
OTAVIO
(Eso sí, del mal el menos.)
Pues ¿qué pretendéis?
DON PEDRO
Hallarla.
OTAVIO
¿De qué suerte?
DON PEDRO
Estadme atento.
Dentro doña Beatriz, cantando.
DOÑA BEATRIZ
Yo quiero bien,
mas no he de decir a quién.
DON PEDRO
Ya lo sé, que esta es su voz.
OTAVIO
(Perdiose todo el secreto.)
DON JUAN
(Llegó el lance en que es forzoso
descubrir yo mis intentos.)
OTAVIO
¿Qué decís?
DON PEDRO
Que esta es su voz,
y vos la tenéis ahí dentro.
OTAVIO
Entrad, ved todo mi cuarto,
veréis que os engaña el viento.
Esto canta Beatriz mientras representan.
DOÑA BEATRIZ
Es tan sagrado el respeto
de la hermosura que adoro,
que se ofende mi decoro
aun dentro de mi secreto:
morir y callar prometo,
y si el callar y el morir
por señas han de decir
que quiero bien
no podrán decir a quién.
DON PEDRO
¿Pues dónde puede tan cerca
estar?
OTAVIO
No sé, todos esos
güertos de la vecindad
confinan por aquí y de ellos
en alguno podrá ser
que esté, mas yo no la tengo.
(¡Oh quién pudiera dar solo
un breve espacio a su riesgo!)
DON PEDRO
Pues en cualquiera que sea
me he de arrojar.
DON JUAN
Deteneos,
que no es fácil y es hacer
público el agravio vuestro.
OTAVIO
Vuestro amigo os aconseja
lo mejor.
DON PEDRO
Soltad.
DON JUAN
Teneos.
DON PEDRO
¿A esto venistis conmigo?
DON JUAN
Sí, que a que no os perdáis vengo;
solo a que os venguéis. (Esto es
dar para escaparla tiempo.)
DON PEDRO
Pues yo me quiero perder,
porque no he de estar oyendo
que esté una ingrata cantando
estándome yo muriendo.
OTAVIO
No le dejéis.
DON JUAN
(¡Ay, Beatriz,
en qué peligro te ha puesto
la desdicha de tu voz!)
[Vanse.]
OTAVIO
Cierra aquesas puertas, Celio.
No la vea él esta noche,
que mañana habrá remedio.
Jornada III
Salen Otavio y don Juan y don Pedro.
DON PEDRO
En fin, ¿tengo de escuchar
yo sus voces, sin que intente
desesperado arrojarme
adonde quiera que fueren,
y con mi sangre y su vida
los dulces ecos alegres,
cisne de honor, convertirlos
en exequias de su muerte?
Sea, pues que lo queréis
los dos, que favorecerme
debierais, no reportarme
en una ocasión tan fuerte:
vos porque venís conmigo,
vos porque vine a valerme
de vos, y entrambos porqué
soy infeliz finalmente.
OTAVIO
Los dos lo hacemos por ver
cuánto es grande inconveniente
querer arriesgarlo todo,
sin que nada se remedie.
En uno de esos jardines
que confinan con aqueste
cuarto se escuchó la voz,
¿no fuera acción imprudente
dejaros solo hacer ruido
sin efeto? Considere
vuestro honor que del honor
son tan severas las leyes
que mandan que el ofendido
sin ningún riesgo se vengue.
DON JUAN
Yo vengo con vos, don Pedro,
y en todo trance valiente
me tendréis a vuestro lado;
mas disponedlo de suerte,
que sea uno el empeñaros
y el desempeñaros. Entre
a parte con el valor
la cordura, que mil veces
hemos visto que sin ella
el más osado se pierde.
OTAVIO
Yo os ayudaré el primero
a todo cuanto quisiereis,
pues cuando de vuestro padre
tan grande amigo no hubiese
sido, el valeros de mí
hará que con vos me empeñe,
mas sea en buena ocasión.
DON JUAN
Pensemos lo que conviene
con más atención, y luego
que se discurra y se piense
el modo, en su ejecución
vida, honor y alma se arriesguen.
OTAVIO
Aunque es verdad, que no estoy
yo informado (¡oh, si supiese
disimular lo que sé!)
de todo lo que os sucede,
bien se deja conocer
por señas tan evidentes
que a vuestra hermana venís
buscando, y pues en aqueste
primero lance ya hallastis
un indicio tan vehemente
como oír su voz, antes que
el ardimiento os despeñe
pensad el modo que habrá
de hallarla más conveniente,
porque no vence con fama
quien con cordura no vence.
DON JUAN
Don Pedro, el señor Otavio
como brioso y prudente
lo mejor os aconseja,
que en trances de honor crueles
no se se atreve con valor
quien sin consejo se atreve.
DON PEDRO
Digo que tenéis razón
los dos, mas ¿qué noble puede
ofendido discurrir
cuerda ni entendidamente?
Y supuesto que hoy entrambos
sois mis amigos, a quienes
toca tanto mi desdicha
dame vuestros pareceres,
que yo quiero reducirme
a lo que los dos quisiereis.
OTAVIO
Yo hablaré el primero, pues
por más viejo me compete.
A vuestra hermana buscáis;
ya por lo menos se tiene
noticia que está aquí cerca;
pues yo cautelosamente
procuraré saber dónde,
quién la trujo, con quién viene,
y en qué casa está, y en tanto
que desto a informarme llegue,
vos quedaos escondido
en este cuarto, que puede
el ser visto embarazar
nuestros designios, de suerte
que en volviendo yo informado,
veréis el más conveniente
modo, y habiendo elegido
el que a vos os pareciere,
entonces muramos todos.
(Así mi valor pretende
poner en salvo a Beatriz.)
DON JUAN
El más cuerdo arbitrio es ese.
(Así mi ofendido amor
es bien que dar tiempo intente
pasara que a Beatriz avise.)
DON PEDRO
Yo quiero que no se queje
de mí mi honor que no hice
cuanto pude por tenerle;
y así me quiero dejar
regir de los dos en este
caso; yerre con disculpa,
ya que con desdicha yerre.
Y para que en todo tiempo,
señor Otavio, no os quede
en lo que vais a saber
el escrúpulo más leve,
quiero informaros de todo
lo que ignoráis brevemente,
para que bien informado
la diligencia se acierte.
Con quien puede haber venido
esa ingrata hermana aleve
a esta ciudad,¡ay de mí!
¡cuánto pronunciarlo sienten
mis labios!, es con don Diego
de Lara, un hombre que viene
aquí con don Luis de Lara
su padre, a un cargo; porque este
fue a quien yo y don Juan dejamos
por muerto y a quien valientes
siguiendo los dos venimos;
y así saber os conviene
si él vive por aquí cerca,
que siendo así, es evidente
que fue en su casa el cantar.
OTAVIO
(¡Quién vio confusión tan fuerte!
¿Las heridas de don Diego
fueron por ella y la tiene
en su casa, siendo yo
quien a ella la llevé? ¿Pueden
juntarse en solo un discurso
tantas dudas diferentes?
El uno de mí se fía
y a esto a mi casa se viene;
al otro le traigo yo
por las finezas que debe
a su padre mi amistad;
la dama, ¡penas crueles!,
se ampara de mi piedad,
y todos tres finalmente
están dentro de mi casa.
¿Qué he de hacer? Ya se me ofrece
un medio: hablaré a los dos,
y a no bastar, nada teme
mi valor; pondrela en salvo,
que es lo primero, pues tienen
en los hombres nobles tales,
privilegios las mujeres,
que han de ser las preferidas,
y venga lo que viniere
después). De todo advertido
voy. Con vos don Juan se quede,
que pues cómplice con vos
fue, si acaso sucediese
verle, nuestra diligencia
podrá embarazar el verle,
y mirad lo que os suplico,
que no habéis de salir deste
cuarto.
DON PEDRO
Esa palabra os doy.
OTAVIO
(En ninguna parte puede
más seguro estar que aquí.)
Yo la aceto. (No receles,
si procedes bien o mal,
pensamiento: bien procedes,
que amparar a la mujer
es lo más preciso siempre).
Vase.
DON JUAN
(¿Cómo agora, al oír Otavio
que don Diego, ¡ay de mí!, fuese
de don Pedro el enemigo
siendo don Diego su huésped,
y estando con él Beatriz,
tener a don Pedro quiere
en su casa y a informarse
en donde ella está se ofrece?
No sé qué intento es el suyo,
pero ¿quién a mí me mete
en pensar dudas ajenas,
estando las mías presentes?
Beatriz está en gran peligro,
y aunque a mí Beatriz me ofende,
soy noble; avisarla agora
es lo que más me compete.
¿Cómo podré de don Pedro
apartarme un solo breve
instante? Pues para hablarla
ocasión Leonor me ofrece.)
DON PEDRO
(¡Oh quién aquí se quedara
solo, por ver si pudiese
descubrir desde aquí algo.)
DON JUAN
(Ya una industria se me ofrece.)
DON PEDRO
¿Qué estáis pensando, don Juan?,
que yo pienso que no tiene
que pensar nadie en el mundo
sino yo, pues me suceden
tales cosas, que unos de otros
nacen los inconvenientes.
DON JUAN
Con vergüenza lo que yo
pensaba os diré, porque este
lance es tal que estoy corrido
que en él de nada me acuerde,
pero en fin, yo imaginaba...
DON PEDRO
¿Qué?
DON JUAN
...que tengo unos papeles
que son de mucha importancia
en la maleta y el güésped
donde llegamos ayer,
viendo que ninguno vuelve
podrá abrirla sospechando...
DON PEDRO
Decís bien, y me parece
preciso que vos, que sois
menos conocido en este
lugar vais a asegurarle,
porque en sospecha no entre.
DON JUAN
Yo fuera, si no temiera...
DON PEDRO
¿Qué os embaraza y suspende?
DON JUAN
Dejaros solo.
DON PEDRO
¿Qué importa
que solo, don Juan, me quede?
Id, pues, que en casa segura
quedo.
DON JUAN
(¡Si bien lo supieses!)
Pues con esa confianza
voy; volveré brevemente.
DON PEDRO
Vacilando me hallaréis
en mis desdichas crueles.
Vase.
DON JUAN
Beatriz, a avisarte voy
de los peligros que tienes.
Vase. Salen Luquete y don Diego.
LUQUETE
¿Apenas ha amanecido
y ya, señor, te levantas?
DON DIEGO
Sí, que en confusiones tantas
mal descansar he podido.
LUQUETE
¿En fin, en que es Beatriz, das,
esta crïada?
DON DIEGO
Ella es,
o yo...
LUQUETE
Di.
DON DIEGO
...estoy loco.
LUQUETE
Pues
persuádete a que lo estás,
que es más fácil de creer,
aunque sea parecida,
que es Beatriz la que afligida,
pobre y humilde mujer
en Sevilla está sirviendo,
y cuando esto no bastara
en que la trujo repara
Otavio a casa, diciendo
(Isabel me lo ha contado)
que a sus padres conoció.
DON DIEGO
¿Ves todo eso? Pues o yo
el juicio tengo trocado
o es ella.
LUQUETE
Vuelvo a decir
que trocado le tendrás,
que es más fácil.
DON DIEGO
Necio estás:
¿pueden las señas mentir
de su voz y rostro?
LUQUETE
Yo,
aunque nunca a Beatriz vi
descubierta, sé que aquí
no se me escapara, no,
porque tengo en conocer
gracia tan particular,
tan rara y tan singular
que... mas no me has de creer...
DON DIEGO
Dilo.
LUQUETE
Curiosos, oíd,
porque es rara maravilla:
yo he conocido en Sevilla
una mosca de Madrid.
DON DIEGO
¡Mentirosa necedad!
LUQUETE
No es sino tan verdadera
que si jurarlo pudiera
lo jurara con verdad.
DON DIEGO
Calla.
LUQUETE
Escucha cómo fue.
De mi alforja a un rinconcillo
hoy me topé un panecillo
que desde Madrid saqué.
Partile por ver si hallaba
en su dureza sabor,
y dentro del pan, señor,
una mosca muerta estaba,
con lo cual, al descubrilla
vi al punto que había venido
de Madrid, y así he podido
conocerla hoy en Sevilla.
DON DIEGO
¡Qué locura tan cansada!
LUQUETE
Más lo es tener tú por cierta
que es esta tu mosca muerta
no trayéndola empanada.
DON DIEGO
Yo la he de hablar y saber
qué causa aquí la ha traído,
ya que tiempo no he tenido
antes de ahora, porque ayer
la vi en casa, y de mi hermana
un punto no se apartó
y así por hablarla yo
me vestí tan de mañana.
LUQUETE
Ella viene.
DON DIEGO
Pues de aquí
te retira, porque quiero
solo hablarla.
Vase Luquete y sale doña Beatriz.
DOÑA BEATRIZ
Tarde espero
que haya dicha para mí;
hablar a Otavio quisiera
en su cuarto, para que
sepa que esta casa fue
de mi mal causa primera,
para que me ausente della;
pues con don Diego no puedo
estar yo, sin tener miedo
al influjo de mi estrella...
Mas ¡ay de mí!, que si viene
buscando a Leonor don Juan
faltar yo de donde están
mis celos no me conviene,
y más si se persuade
a que porque aquí me dio
falté al punto de aquí yo.
Una pena a otra se añade.
¿Qué he de hacer?
DON DIEGO
Gracias al cielo,
que puedo, hermosa Beatriz,
aqueste instante feliz
hablarte, sin el recelo
que de mi hermana he tenido:
dame mil veces los brazos,
que bien tan dichosos lazos
mi vida te ha merecido
tan a riesgo suyo, pues
por ti la tuve perdida,
siendo más feliz mi vida
muerta entonces que después
restaurada, que aunque yo
quejarme de ti pudiera,
pues don Juan de Silva era
quien con tu hermano riñó,
cuando yo entré, no ha quedado
para la duda razón,
mirando tu estimación
en tan infelice estado.
¿Qué es esto? ¿Cómo has venido
aquí? Las lágrimas deja,
pues que ya toda mi queja
en lástima has convertido.
DOÑA BEATRIZ
Saben los cielos, señor
don Diego, cuánto quisiera
que también se convirtiera
hoy mi venganza en dolor
antes de llegar a oíros
y antes de llegar a hablaros;
mas ya que es preciso daros
noticia de mí y pediros
que me amparéis, mis enojos
faciliten mis agravios;
sean llanto de los labios
las razones de los ojos,
que está mi remedio en vos,
y así, escuchad...
DON DIEGO
Proseguid.
DOÑA BEATRIZ
Yo...
Sale Otavio.
OTAVIO
Beatriz, don Diego, oíd,
que pues buscando a los dos
vengo, porque importa hablar,
a cada uno de por sí,
mejor será, pues aquí
juntos hoy os puedo hallar,
juntos hablaros, que no
se aventurará el secreto
de uno en otro, a cuyo efeto
mi obligación os buscó:
a vos porque así pretendo
decir el riesgo en que os veis,
y a vos, porque le excuséis.
DON DIEGO
Ya os escucho.
DOÑA BEATRIZ
Ya os atiendo.
OTAVIO
Vos, don Diego, no ignoráis,
pues que su amante habéis sido,
quién es Beatriz y sabréis
el cómo a Sevilla vino.
Vos, Beatriz, no me podéis
negar, pues me lo habéis dicho,
que el que vuestro hermano hirió
vuestro esposo hubiera sido;
pues siendo así que he llegado
yo a saber de estos avisos,
que es don Diego esposo vuestro,
pues fue don Diego el herido
en vuestra casa, a quien vos
por muerto tuvistis, digo
que ya no es tiempo de que
deis más larga a los designios
de vuestro amor, porque anda
de un noble pecho ofendido,
de vos muy cercano el riesgo
y en vuestro alcance el peligro.
En Sevilla está don Pedro,
vuestro hermano y enemigo,
y de donde vos estáis
ya tiene muchos indicios,
que cuanto anoche cantastis
oyó, que en efeto ha sido
la desdicha de la voz
oírla el que no se quiso
que la oyese; ved agora
si habiendo hasta aquí venido
buscándoos, juntos os halla,
cuánto el empeño es preciso.
Y así pues los dos estáis
tan amantes y tan finos,
que a vos por ella os hirieron
y ella a vos os halla vivo
habiéndoos muerto llorado,
de que yo soy buen testigo,
el mejor fin que podéis
dar a este noble delito
de amor es que vuestro hermano
casados os halle, arbitrio
para el desempeño airoso,
para el desagravio digno.
Vuestro padre yo me ofrezco
a que lo abrace benigno,
pues querrá un hermano daros
quitándoos un enemigo,
y si no, mirad qué modo
ha de haber, y preveníos,
que a mí no me toca más
que avisaros y deciros
el riesgo. No preguntéis
quién es el que me lo dijo,
que no lo sé, porque yo
en dos mitades partido
hoy, con dos obligaciones
cumplir así solicito,
con la una en lo que callo
y con la otra en lo que digo.
¿Pues cómo, cuando pensé
hallaros agradecidos
a vuestra fortuna, dando
feliz fin a los prodigios
de tan peligroso amor,
el uno y otro indecisos,
dais lágrimas a la tierra
vos, vos al aire suspiros?
¿No fuistis, decid, don Diego,
vos quien más a Beatriz quiso?
DON DIEGO
Tanto, que fui en su hermosura
de amor idólatra indio.
OTAVIO
¿Vos, Beatriz, no me dijistis
que a quien don Pedro había herido,
vuestro esposo era?
DOÑA BEATRIZ
Sí.
OTAVIO
¿No os hirió a vos?
DON DIEGO
Y al divino
cielo pluguiera, que nunca
hubiera convalecido.
OTAVIO
¿No es quien vos dijistis?
DOÑA BEATRIZ
No,
que tuve error al decirlo.
OTAVIO
¿No estabais vos en su casa
aquella noche escondido?
DON DIEGO
No, que solo al ruido entré.
OTAVIO
¿Pues cómo vos me habéis dicho,
que el que llorabais...
DOÑA BEATRIZ
No supe
quién hubiese entrado al ruido.
OTAVIO
¿Luego era el competidor
don Diego y no el elegido?
LOS DOS
Sí.
OTAVIO
Pues peor está, que estaba,
si cuando el fin imagino
facilitado, se vuelve
a quedar en su principio.
Y así acortemos discursos,
que hay mucho que hacer. Yo miro
Beatriz, muy cercano el riesgo.
No tengo de permitiros
padecer en mi poder;
y así conmigo veníos
donde yo os guarde.
DON DIEGO
Eso no,
que una cosa en su peligro
es el ser yo caballero,
y otra el no ser su marido.
Yo soy a quien hoy don Pedro
busca como a su enemigo;
Beatriz en mi casa está:
ved cuánto es para mí indigno
que otro me excuse el efeto
de lo que yo causa he sido,
y así yo debo ampararla,
ya que por fortuna vino
a mi casa. No se diga
de mí que solo he tenido
el brío para quererla,
no para guardarla el brío.
OTAVIO
Ella se amparó de mí
y la he de llevar conmigo.
DOÑA BEATRIZ
Mirad, que...
OTAVIO
Yo...
DON DIEGO
Yo...
Sale don Luis y Luquete.
DON LUIS
¿Qué es esto?
DON DIEGO
(Disimular es preciso,
no entienda nada mi padre.)
OTAVIO
(Fingid vos, pues que yo finjo.)
Nada, alabome don Diego
aqueste aderezo mío,
y estábasele ofreciendo;
rehusolo, a lo que yo porfío;
y así que vos se le deis
de parte mía os suplico.
DON LUIS
(Pues disimulan, no quiero
darme yo por entendido.)
Desempeñamos tan mal
mercedes y beneficios
vuestros que no extraño que
tomarle no haya querido.
(De Otavio quiero saber
qué ha sido aquesto.) Veníos
conmigo, Otavio, que tengo
un negocio que deciros.
Tú vete de aquí.
DON DIEGO
Sí haré.
LUQUETE
Señor, pues ¿qué es lo que ha habido?
¿Es Lucía o es Beatriz?
DON DIEGO
Lucía. Estaba sin juicio.
LUQUETE
¿Quién lo duda? Albricias, alma,
que desta vez me enlucío.
DON DIEGO
(Que es ella negar me importa
hasta el fin que solicito.
[A ella]
Beatriz, en mi casa estás;
no temas ningún peligro.
Sírvate yo de algo, ya
que de todo no te sirvo.)
Vase.
DON LUIS
Venid.
OTAVIO
(Por no darle más
sospechas, sus pasos sigo.
[A ella]
Está advertida, Beatriz,
de que vuelvo al punto mismo
y en tanto, que deste cuarto
no salgas, Beatriz, te aviso.)
Vase.
DOÑA BEATRIZ
(¿Habrá más ansias, más penas
que padecer? ¡Qué bien dijo
el que dijo que los males
eran cobardes, pues miro
que nunca he visto uno solo,
y cobran mayores bríos
cuando al que embisten le ven
más postrado y más rendido.)
LUQUETE
(Ánimo, amor, esto es hecho;
sombrero y zapatos limpios!)
DOÑA BEATRIZ
(¡Mi hermano en Sevilla, cielos!
y ya con claros indicios
de la parte donde estoy
por haber mi voz oído.)
LUQUETE
(Linda cosa fuera amor
si no tuviera principio.)
DOÑA BEATRIZ
(¡Mal haya mi voz, amén!,
pues mi mayor enemigo
la desdicha de mi voz
en cualquiera parte ha sido.)
LUQUETE
(¿Pero qué temo? quizá
será mujer de capricho.)
DOÑA BEATRIZ
(Faltar desta casa agora
no puedo, habiéndome dicho
Otavio que aquí le espere;
estarme en ella, ¡divinos
cielos!, es estar haciendo
más continuado el delito.)
LUQUETE
(Yo llego a lo sevillano,
que será el mejor estilo.)
DOÑA BEATRIZ
(¡Y estas confusiones son
sin tocar, ¡rigor esquivo!,
en los celos de don Juan,
que no importaran los míos;
¡cuál estoy yo, pues mis celos
son los que menos estimo!)
LUQUETE
Sora madre de mi vida,
ya voaced habrá sabido
que el enamorarse un hombre
no cada siempre es delito.
Sale Isabel [al paño.]
ISABEL
(Celos, vamos poco a poco,
que hay en el campo enemigos.)
DOÑA BEATRIZ
(Esto solo le faltaba
a mi discurso afligido,
que un pícaro se me atreva.)
LUQUETE
Yo lo estoy desde que he visto
esa cara y ese talle.
DOÑA BEATRIZ
(Fortuna, ¡a qué me has traído!)
ISABEL
(Demos otro paso más.)
LUQUETE
Yo quiero, pues...
DOÑA BEATRIZ
Dale un bofetón.
Pues yo envido.
ISABEL
Lleve ese y venga por este,
sor Luquete.
LUQUETE
¡Vive Cristo!
ISABEL
Ahora no me negarás,
picaño, lo que yo he visto;
¿peor que mi abrazo no es esto?
LUQUETE
¡Y cómo!, también lo digo;
pues tú ofendes abrazando
y yo escupiendo colmillos.
ISABEL
¡Qué grande gusto me has hecho,
ay amiga, en despedirlo!
LUQUETE
¡Y a mí qué grande disgusto!
DOÑA BEATRIZ
En nada, Isabel, te sirvo,
que yo así despido siempre
a pícaros atrevidos.
LUQUETE
Y para siempre jamás
yo me doy por despedido.
Sale Leonor.
LEONOR
Lucía, Isabel, ¿con quién
hablabais aquí?
LUQUETE
Conmigo
hablando estaban de manos.
LEONOR
Luquete, allá fuera idos.
LUQUETE
Que me lo hubieras mandado
te lo hubiera agradecido,
un hora antes.
ISABEL
Para esta,
infame.
LUQUETE
Aqueso es muy lindo,
¿Ahora la juras? ¿No llevo
ya adelantado el castigo?
Vase.
LEONOR
Amigas, pues que las dos
sois de mis males testigos,
sed de mis penas las dos
también lisonjero alivio.
ISABEL
Ya sabes con el amor,
y lealtad que te servimos.
DOÑA BEATRIZ
(¡Mas que viene a resultar
todo aquesto en daño mío!)
LEONOR
Ya sabéis como don Juan
de mí enamorado vino
a Sevilla; ya os conté
anoche cómo me dijo
que a darme satisfaciones
solamente había venido
de unos celos que me dio
en Madrid, pues aunque fino
a una dama festejaba,
era mañoso artificio
en cortesana venganza
de mis desdenes esquivos.
Pues yo, hasta volver a oír
tal desengaño, no vivo;
si tú quisieras, Lucía,
¡con qué vergüenza lo digo!,
hacer por mí una fineza,
verás cómo te lo estimo.
DOÑA BEATRIZ
¿Qué es, señora, lo que mandas?
LEONOR
Yo, como mi padre vino,
y no pude con espacio
hablarle, ¡rigor impío!,
no pregunté su posada
adonde yo le dé avisos
de las horas a que puede
hablarme, y así te pido,
que pues eres de Sevilla
y sabrás —que esto es preciso—,
mejor que Isabel las calles,
la posada en que ha vivido
busques, Lucía, y le lleves
al instante un papel mío.
¿No lo harás?
DOÑA BEATRIZ
Sí, mi señora,
¿pues no, si en eso te sirvo?
LEONOR
Dios te guarde; ponte el manto,
mientras yo el papel escribo.
Isabel, ven a sacarme
la escribanía.
Vanse las dos.
DOÑA BEATRIZ
¿Ha podido
llegar a más mi fortuna
que a darme tan buen oficio?
Pero puesto que a don Juan
hablar así facilito,
de espacio buscarle quiero,
y darle de todo aviso,
aunque Otavio que de casa
hoy no saliese me dijo.
Iré por el manto.
Sale don Juan.
DON JUAN
Espera,
Beatriz, que un hora escondido
en ese portal de enfrente
he estado... mal dije...¡un siglo!,
esperando a que don Luis
se fuese, que con su amigo
Otavio se ha estado hablando,
y por eso no he podido
entrar antes.
DOÑA BEATRIZ
La señora
Leonor, por quien has venido
a Sevilla, a darla solo
satisfación de que ha sido
cualquiera otro amor venganza
de sus desdenes esquivos,
te agradezca la asistencia;
espera mientras la digo
que no te escriba un papel,
que ya por él has venido.
DON JUAN
Beatriz, los lances están
en estado tan prolijo,
que piden medios, no quejas;
y pues yo celos no pido
de que en casa de don Diego
te estés, habiéndome visto
en Sevilla, no gastemos
tiempo en estos desatinos,
y calla tus celos tú,
pues que yo no hablo en los míos.
Tu hermano en Sevilla está,
a darte muerte ha venido
o a casarte con don Diego;
para mí todo es lo mismo;
pero habiendo sido yo
quien más, Beatriz, te ha querido,
quien más, Beatriz, te ha adorado
—bien pensaba no decirlo,
mas como ha tanto que saben
estas voces el camino
que hay del corazón al labio,
solo el uso las ha dicho—,
no será justo que sepa
yo que te busca el peligro
y no te avise dél. Mira
lo que has de hacer; prevenido
para todo me hallarás
cuanto sea tu servicio,
bien por la parte de noble,
no por la parte de fino,
que en habiéndote dejado
segura el despecho mío,
palabra te da de que
me ausente huyendo el martirio
de verte en ajenos brazos,
y así lo que te suplico,
es que asegures tu vida
hallándote, ¡trance esquivo!,
desposada con don Diego
tu hermano, que otro camino
tu seguridad no tiene.
Si a esto inconveniente ha sido
de don Diego algunos celos,
y en tu estimación previno
poner duda —esto lo infiero
pues que sirviendo te miro
con otro nombre en su casa—,
dímelo, que yo, yo mismo
tomaré de tu opinión
la causa, y en desafío
la muerte le sabré dar
porque se case contigo;
que quiero más tu opinión,
¡ay Beatriz!, que el gusto mío;
que no quiso como noble
quien como celoso quiso.
DOÑA BEATRIZ
Don Juan, aquesa fineza
yo la agradezco y la estimo,
mas para valerme della
no es tiempo. Yo no he tenido
con don Diego más empeño
que traerme mi destino
sin saber cómo a su casa.
Si desto quieres testigos,
lo es Otavio; y sin Otavio,
séalo lo que te digo.
Sácame de aquesta casa,
llévame, don Juan, contigo,
que aunque hoy Otavio y don Diego
se han en mi amparo ofrecido,
quiero que veas que solo
el que tú me das estimo,
y hálleme mi hermano luego
casada, pero contigo.
DON JUAN
Beatriz, ya te he dicho cuánto
mas tu opinión solicito
que mi gusto. Yo no puedo
casarme (¡muero al decirlo!)
con quien (¡tiemblo al pronunciarlo!)
en poder (¡grave martirio!)
de otro amante (¡triste suerte!)
he hallado (¡rigor esquivo!)
y así...
DOÑA BEATRIZ
No me digas más,
que ya sé que no ha nacido
ese escrúpulo, don Juan,
de tu honor, que habiendo oído
mi resolución debieras
no dudar, pues si se ha visto
huir de un marido a un amante,
alterando yo el estilo
no había de querer agora
huir de un amante a un marido.
Leonor es de esa tibieza
causa; por ella has venido,
y... pero no digo nada;
harto en lo que callo digo.
DON JUAN
Harás que me dé la muerte
despechado el dolor mío
si no quieres...
DOÑA BEATRIZ
¿Qué?
DON JUAN
...que tenga
causa...
DOÑA BEATRIZ
¿En qué?
DON JUAN
...en haber sentido
hallarte en cas de don Diego.
DOÑA BEATRIZ
Bien que lo sientas estimo,
mas no que lo sientas tanto,
como que hagas desperdicio...
DON JUAN
¿De qué?
DOÑA BEATRIZ
...de aquesta ocasión
que te doy.
DON JUAN
Si habiendo dicho
que hasta estar desengañado
no me he de casar contigo
quieres que te lleve, vamos.
DOÑA BEATRIZ
Tanto de mi verdad fío,
que con esa condición
he de acetar el partido:
espera, pondreme un manto.
Vase.
DON JUAN
Amor, ya me determino
a todo, ya nada temo
llevando a Beatriz conmigo,
y...
Sale Leonor.
LEONOR
Ya está el papel aquí,
Lucía... ¡Pero qué miro!
Don Juan, mi señor, en vano,
si estás presente, te escribo,
pues la lengua del papel
para la ausencia se hizo
y así le rompo al mirarte,
siendo ya los brazos míos
mejores cifras de amor.
DON JUAN
(Muerto soy si aquí no finjo,
porque el enojarla ahora
será estorbar mis designios.)
Leonor, señora, mi bien,
cuánto aquese agrado estimo
mejor lo dirá la muda
retórica de un rendido
haciendo de tales lazos
cadenas al albedrío.
Sale Beatriz con manto.
DOÑA BEATRIZ
Vamos, don Juan... ¡Mas qué veo!
LEONOR
Lucía, no necesito
ya de que vayas, supuesto
que primero don Juan vino
que fueses tú; y así el manto
te quita.
DOÑA BEATRIZ
Ya me le quito,
pues no tengo que ir adonde
iba, en habiéndole visto.
LEONOR
¿En fin, don Juan, que la dama
a quien amabas rendido
en Madrid era por tema?
¿Qué dudas? ¿Qué temes? Dilo
una y mil veces, que yo
tantas estimaré oírlo.
DOÑA BEATRIZ
Sí dirá.
DON JUAN
Verdad es que
por quien hasta aquí he venido
es por quien estoy mirando,
pues ni tengo ni he tendido
dicha sino solo ver
una hermosura que miro.
(No tienes de qué enojarte,
Beatriz, que por ti lo digo.)
DOÑA BEATRIZ
(Favor, que es común de dos
ni le quiero ni le estimo.)
LEONOR
¡Oh cuánto, don Juan, me agrada
esas finezas oíros!
Todas mi amor las merece.
Sale Isabel.
ISABEL
¿Señora?
LEONOR
¿Qué ha sucedido?
ISABEL
¿Qué ha de suceder? ¿No es
el venir alguien preciso?
Otavio y don Diego a un tiempo
por dos puertas han venido
a casa y en este cuarto
entran.
DOÑA BEATRIZ
¿Quién jamás ha visto
más penas?
LEONOR
Don Juan, ya sabes
desde anoche ese retiro;
éntrate en él, y las dos
en esta sala conmigo,
que estando haciendo labor
mejor la deshecha finjo.
Tú no salgas hasta que
una seña te dé aviso:
aquesta será la voz
de Lucía; habiendo oído
que canta un tono sal luego,
que es señal que se habrán ido.
DOÑA BEATRIZ
¿Yo cantar agora, cielos?
LEONOR
Esto, Lucía, es preciso
para que don Juan se vaya.
DOÑA BEATRIZ
Solo el ser para su alivio
pudiera hacerme cantar
cuando era el llorar más digno.
ISABEL
Que entran ya.
DON JUAN
(¿Quién se vio a un tiempo
a tantas penas rendido?)
ISABEL
(¡Ay ingrato!)
DON JUAN
(¿Pude yo
excusarlo?)
DOÑA BEATRIZ
(¿Quién te hizo
fuerza?)
DON JUAN
(La ocasión.)
DOÑA BEATRIZ
(¡Qué buena
disculpa! Yo me retiro.)
DON JUAN
(Yo me quedo. ¡oh, no me halle
hoy la desdicha escondido!)
Escóndese. Vanse todos. Salen Otavio y don Diego.
OTAVIO
(Vuelvo a buscar a beatriz
porque antes que vuelva a hablar
a don Pedro, asegurar
quiero su vida infeliz.)
DON DIEGO
(En aquesto me resuelvo,
que estando en mi casa, no
la he de amparar sino yo,
y así aquí a buscarla vuelvo.)
OTAVIO
(Don Diego viene allí, y creo
que viene a hablarla en mi agravio.)
DON DIEGO
(Sin duda que vuelve Otavio
a embarazar mi deseo.)
OTAVIO
Señor don Diego, con vos
yo no he de tener pendencia,
pues ha de ser convenencia
cuanto tratemos los dos.
Siendo así, no embaracéis
la acción, pues me toca a mí,
que truje a Beatriz aquí,
sacarla de aquí.
DON DIEGO
¿No veis
que habiéndola hallado yo
en mi casa, aunque haya sido
siempre amante aborrecido
de su rara beldad, no
será bien visto que sea
de otro amparada?, y más siendo
yo, como estáis vos diciendo,
a quien su hermano desea
dar la muerte, ¿cómo puedo
excusar el lance, pues
lo que convenencia es
podrán decir que fue miedo?
OTAVIO
Ella a Sevilla se vino,
porque el herido juzgó
que era su esposo y creyó
que era muerto, y pues previno
en mí hallar favor y amparo,
es cierto que he de guardarla;
yo la truje aquí y llevarla
me toca.
DON DIEGO
Yo, aunque su raro
rigor siempre examiné
y un favor no merecí,
habiéndola hallado aquí,
sin apurar cómo fue
la he de librar, que a ninguno
le toca más, ni aun a vos.
OTAVIO
Eso es por guardarla dos
no favorecerla uno;
y así pues es un efeto
el que los dos procuramos,
hoy los dos nos avengamos
a sacarla deste aprieto.
DON DIEGO
Como tenga parte yo
norabuena.
OTAVIO
Pues mi intento
es el llevarla a un convento,
porque en otra parte no
me parece que segura
puede estar.
DON DIEGO
Pues los dos vamos
a prevenirle, y volvamos
a asegurar su hermosura
y a reparar cualquier daño
juntos entrambos después.
OTAVIO
Vamos los dos.
[Vanse. Don Juan al paño.]
DON JUAN
Cielos ¿es
verdad este desengaño?
¿Cómo, o por dónde ha venido?
Pero su ventura fue;
no ha sido novedad que
me sepa hallar escondido.
Descúbrense en una ventana las tres haciendo labor.
ISABEL
Los dos sin pasar, señora
de la sala se volvieron.
DOÑA LEONOR
¿Fuéronse ya?
ISABEL
Ya se fueron.
DOÑA LEONOR
Pues Lucía, canta agora,
para que don Juan se vaya,
que a trueco de asegurarle
no quiero volver a hablarle.
DOÑA BEATRIZ
Pues quiere el cielo que haya
para don Juan convenencia
en mi voz, quiero cantar
a pesar de mi pesar.
El llanto le dé licencia
hoy a mi acento veloz,
que si a él servirle procura,
ya será una vez ventura
la desdicha de mi voz.
Canta.
DON JUAN
Ya canta Beatriz. Ya puedo
salir sin recelar daño,
aunque con tal desengaño
a todo he perdido el miedo.
Sale don Pedro.
DON PEDRO
(Donde Otavio me dejó,
esperando, ¡ay de mí!, estaba
la respuesta que a mi juicio
ha todo un siglo que tarda,
cuando la voz de Beatriz
escuché, y siguiendo el alma
su acento salí del cuarto;
pasando de sala en sala
a esotro de enfrente, ¡cielos!,
averigüé dónde canta.)
DON JUAN
Saldré, pues ya me asegura
la voz.
DON PEDRO
Entraré a buscarla.
DON JUAN
¡Don Pedro!
DON PEDRO
¡Don Juan!
DON JUAN
Teneos,
¿dónde vais?
DON PEDRO
Ya es excusada
persuasión, que habiendo visto
que Otavio y que tú me engañas
—Otavio, pues a esa fiera
tiene dentro de su casa,
y tú pues de adentro sales
y ambos a dos me lo callan—
sin esperar más razones,
tengo de entrar a matarla.
DON JUAN
Mirad a qué os empeñáis,
porque tengo de guardarla.
DON PEDRO
¿Vos de mí?
DON JUAN
Yo.
DOÑA LEONOR
¿Qué es aquello?
Sal, Lucía, a ver quién anda
allí.
Sale Beatriz.
DOÑA BEATRIZ
¿Qué es esto, don Juan?
DON PEDRO
¿Qué ha de ser, aleve hermana,
sino yo, que a darte muerte
vengo?
DOÑA BEATRIZ
¡Los cielos me valgan!
DON JUAN
No temas, que en tu defensa
perderé honor, vida y alma.
DON PEDRO
¿A eso conmigo veniste?
DON JUAN
Sí, que esto solo fue causa.
DON PEDRO
Eres amigo traidor.
DON JUAN
Soy leal amante, que basta.
Riñen.
DOÑA LEONOR
(¿Qué es esto? ¡Ay de mí, infelice!
Don Pedro, a quien yo engañaba,
celoso sin duda viene
buscándome y como halla
a don Juan aquí, de celos
los dos por mi amor se matan.)
Caballeros...
DON PEDRO
¿Leonor, tú
en este cuarto? (Ya pasan
a mayores mis desdichas.)
Pues en la casa se ampara
de don Diego mi enemiga
matarela.
DON JUAN
He de librarla.
DOÑA LEONOR
Don Pedro, si es que buscando
vienes a la que te engaña,
no a costa de tanto honor
quieras hoy tomar venganza.
DON PEDRO
Buscando vengo, Leonor,
a quien me ofende y me agravia
y tengo de darla muerte.
DON JUAN
Ya he dicho que yo ampararla.
DOÑA LEONOR
(Por mí lo dicen los dos.)
Salen don Luis y Luquete.
DON LUIS
¿Qué ruido es este en mi casa?
LUQUETE
¿Qué sé yo?
DOÑA LEONOR
(¡Mi padre, cielos!
Aquí el ingenio me valga.)
¿Qué ha de ser? Que aquestos dos
caballeros hoy con tanta
osadía se han entrado
buscando aquesa criada,
que sin mirar el respeto
que deben...
DOÑA BEATRIZ
(¡Desdicha extraña!)
DOÑA LEONOR
...a mi decoro y el tuyo
en mi presencia se matan.
(Lucía, conviene en esto,
pues tú no aventuras nada
y me das la vida a mí.)
DON JUAN
(Ya Leonor desengañada
de todo está, pues a voces
toda la verdad declara.)
LUQUETE
Isabel, ¿qué ha sido esto?
ISABEL
Yo, Luquete, no sé nada.
DON LUIS
Deteneos, caballeros,
que estoy yo en medio. ¿No basta
ser aquesta casa mía,
y de mi hija esa criada,
para tener más respeto?
DOÑA LEONOR
(Él lo creyó. ¡Albricias, alma!
Lucía, por solo Dios,
que finjas que eres la causa.)
DOÑA BEATRIZ
(Bueno es pedirme que finja
lo mismo que por mí pasa.)
DON LUIS
¿Lucía, estas ocasiones
dais vos?
DOÑA BEATRIZ
Soy muy desdichada.
En tu casa estoy, mi vida
defiende de una desgracia,
porque quien me busca, intenta
darme la muerte.
DOÑA LEONOR
(Bien hayas
tú, pues que finges por mí
el ser aquí la culpada.)
DON PEDRO
Señor don Luis, no os espante
este despecho, esta rabia;
que esa mujer que hoy aquí
he hallado, yo he de llevarla
conmigo.
DON JUAN
No ha de llevar,
si primero no me mata.
DOÑA LEONOR
(Bien disimulan los dos.)
DON LUIS
¿Aun viéndome aquí, no basta
para reportaros? ¿Cómo...
DON PEDRO
No me obliguéis a que haga
decir el despecho.
DON LUIS
¿Qué?
DON PEDRO
Que esa mujer es mi hermana.
Mirad cómo, declarado,
puedo dejar de llevarla.
DON JUAN
Eso me hará a mí decir
que es mi esposa, cosa es clara,
y así mirad cómo puedo
dejar también de ampararla.
DON PEDRO
¿Vuestra esposa?
DON JUAN
Sí.
DOÑA LEONOR
(¡Qué bien
los dos de librarme tratan
del empeño, con fingirla
uno esposa y otro hermana!)
Salen Otavio y don Diego.
DON LUIS
Pues siendo eso así...
DON DIEGO
Señor,
¿tú con la mano en la espada?
OTAVIO
¿Qué es esto?
DON LUIS
Apenas lo sé,
cosas son de esa criada
que a mi casa me trujistis.
DON DIEGO
(¿Este no es don Pedro?) ¿Tanta
es, don Pedro, la osadía
de tu briosa arrogancia,
que así en mi casa te entras?
DON LUIS
Hijo, espera, tente, aguarda,
no tomes de esa manera
cosas de poca importancia.
Por una crïada ha sido.
DON DIEGO
No ha sido, que esa crïada
es doña Beatriz, por quien
me hirió don Pedro en su casa.
LUQUETE
Aún le dura esta locura.
DOÑA LEONOR
(Esto solo me faltaba.)
DON LUIS
¿Cómo? ¿Que este es tu enemigo?
OTAVIO
(¿Quien vio dudas más extrañas?
En medio de dos amigos,
no sé a cuál de los dos valga.)
DON JUAN
Don Pedro, tu hermano soy,
y ya a tu lado me hallas.
DON DIEGO
Y aqueste es don Juan de Silva,
que con él riñendo estaba
cuando yo entré.
DON JUAN
Es la verdad,
que Beatriz es de mi alma
dueño y venimos los dos
hoy a Sevilla a buscarla,
él para darla la muerte
y yo para asegurarla.
DON DIEGO
¿Luego casado con ella
estáis?
DON JUAN
Sí, que si faltaba
un desengaño a mi honor,
ya le hallé.
DOÑA LEONOR
(¡Qué es lo que pasa
por mí!)
ISABEL
(¡Qué bien disimulan
por tu honor y por tu fama!)
DON PEDRO
Señor don Diego, yo os di
una herida. Si vengarla
queréis, ya que restaurado
veo el honor de mi hermana,
ha de ser con un rendido,
porque yo estoy a las plantas
del señor don Luis, que quiero
que estas amistades haga
otra convenencia.
DON LUIS
¿Cuál?
DON PEDRO
Leonor divina, a quien ama
mi vida.
DON LUIS
De un enemigo
hacer un amigo es tanta
granjería, que os aceto
esa merced.
LEONOR
(Esperanza,
pues ya no tenéis remedio,
disimulad vuestras ansias.)
LUQUETE
De todos, ninguno queda
más airoso en esta danza
que tú.
DON DIEGO
¿Pues por qué?
LUQUETE
Porqué
te hieren y no te casas.
DOÑA BEATRIZ
La desdicha de la voz
aquí, senado, se acaba,
y yo rendida os suplico,
que perdonéis nuestras faltas.
- Holder of rights
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
- Citation Suggestion for this Object
- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La desdicha de la voz. La desdicha de la voz. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbk7.0