Personajes

  • EL REY BALTASAR
  • PENSAMIENTO
  • IDOLATRÍA, dama
  • MUERTE
  • VANIDAD, dama
  • UNA ESTATUA A CABALLO
  • DANIEL, viejo
  • MÚSICOS
Sale el Pensamiento vestido de loco, de muchascolores, y Daniel tras él deteniéndole.
DANIEL
Espera.
PENSAMIENTO
¿Qué he de esperar?
DANIEL
Advierte.
PENSAMIENTO
¿Qué he de advertir?
DANIEL
Oye, pues.
PENSAMIENTO
No quiero oír.
DANIEL
Mira.
PENSAMIENTO
No quiero mirar.
DANIEL
¿Quién respondió de ese modo
nunca a quien le preguntó?
PENSAMIENTO
Yo, que solo tengo yo
desvergüenza para todo.
DANIEL
¿Quién eres?
PENSAMIENTO
Cuando eso ignores,
vengo a ser yo el ofendido.
¿No te lo dice el vestido
ajironado a colores
que, como el camaleón,
no se conoce cuál es
la principal causa? Pues
oye mi difinición:
yo, de solos atributos
que mi ser inmortal pide,
soy una luz que divide
a los hombres de los brutos.
Soy el primero crisol
en que toca la fortuna,
más mudable que la luna
y más ligero que el sol.
No tengo fijo lugar
donde morir y nacer,
y ando siempre sin saber
dónde tengo de parar.
La adversa suerte, o la altiva,
siempre a su lado me ve.
No hay hombre en quien yo no esté,
ni mujer en quien no viva.
Soy en el rey el desvelo
de su reino y de su estado;
soy en el que es su privado
la vigilancia y el celo;
soy en el reo la justicia,
la culpa, en el delincuente,
virtud, en el pretendiente,
y en el próvido, malicia;
en la dama, la hermosura,
en el galán, el favor,
en el soldado, el valor
en el tahúr, la ventura,
en el avaro, riqueza,
en el mísero, agonía,
en el alegre, alegría,
en el triste soy tristeza;
en fin, inquieto y violento,
por dondequiera que voy
soy todo y nada, pues soy
el humano Pensamiento.
Mira si bien me describe
variedad tan singular,
pues quien vive sin pensar
no puede decir que vive.
Esto es si en común me fundo,
mas hoy en particular
soy el del rey Baltasar,
que no cabe en todo el mundo.
Andar de loco vestido
no es porque a solas lo soy,
sino que en público estoy
a la prudencia rendido,
pues ningún loco se hallara
que más incurable fuera
si ejecutara y dijera
un hombre cuanto pensara.
Y, así, lo parecen pocos,
siéndolo cuantos encuentro,
porque, vistos hacia dentro,
todos somos locos,
los unos y los otros.
Y, en fin, siendo loco yo,
no me he querido parar
a hablarte a ti, por mirar
que no es compatible, no,
que estemos juntos los dos,
que será una lid crüel,
porque si tú eres Daniel
—que es decir «juicio de Dios»—,
mal ajustarse procura
hoy nuestra conversación
si somos, en conclusión,
tú jüicio, y yo, locura.
DANIEL
Bien podemos hoy un poco
hablar los dos con acuerdo,
tú, subiéndote a ser cuerdo,
sin bajarme yo a ser loco,
que, aunque es tanta la distancia
de acciones locas y cuerdas,
tomando el punto a dos cuerdas,
hacen una consonancia.
PENSAMIENTO
Responderte [he] a todo intento,
y es consecuencia perfecta
que lo que alcanza un profeta
se lo diga un Pensamiento.
DANIEL
Dime, ¿de qué es el placer
que ahora vuelas celebrando?
PENSAMIENTO
De la boda estoy pensando
que hoy Babilonia ha de ver
el aplauso superior.
DANIEL
Pues, ¿quién, di, se ha de casar?
PENSAMIENTO
Nuestro gran rey Baltasar,
de Nabucodonosor
hijo en todo descendiente.
DANIEL
¿Quién es la novia feliz?
PENSAMIENTO
La gallarda emperatriz
de los reinos del oriente,
cuna donde nace el día.
DANIEL
¿Ella es idólatra?
PENSAMIENTO
¡Pues!,
y tan idólatra es
que es la misma Idolatría.
DANIEL
¿Él no estaba ya casado
con la humana Vanidad
de su imperio y majestad?
PENSAMIENTO
Su ley licencia le ha dado
de dos mujeres, y aún mil,
y, aunque vanidad tenía,
Vanidad y Idolatría
le hacen soberbio y gentil,
«Juicio de Dios», o Daniel,
que todo es uno, que así
lo dice el Texto.
DANIEL
¡Ay de mí!
PENSAMIENTO
¿Habíais de casar con él,
que tanto lo sentís vos?
(Mal en decírselo hice.)
DANIEL
¡Ay de ti, reino infelice!
¡Ay de ti, pueblo de Dios!
PENSAMIENTO
Si va a decir la verdad,
vos estáis ahora pensando
que él celebra bodas cuando
lloráis en cautividad
vosotros, y es el dolor
de que esta boda no sea
con la sinagoga hebrea,
por quedar libres y por…
Suenan chirimías.
Pero la música suena.
(¡Presto a otra cosa pasé!)
Mientras Babilonia ve
qué recibimiento ordena
a su reina, que los dos
nos retiremos nos dice.
DANIEL
¡Ay de ti, reino infelice!
¡Ay de ti, pueblo de Dios!
Tocan chirimías, y salen Baltasar y la Vanidad, y por otra parte la Idolatría, bizarra, y acompañamiento.
BALTASAR
Corónese tu frente
de los hermosos rayos del oriente,
si ya la pompa suya
no es poca luz para diadema tuya.
Gentil Idolatría,
reina en mi imperio y en el alma mía,
en hora feliz vengas
a la gran Babilonia, donde tengas
en mi augusta grandeza
dosel debido a tu imperial belleza,
rindiéndose a tus plantas
cuantas estatuas, cüantas
imágenes y bultos
dan holocaustos, sacrifican cultos
a tu aliento bizarro,
en oro, en plata, en bronce, en piedra, en barro.
IDOLATRÍA
Baltasar generoso,
gran rey de Babilonia poderoso,
cuyo sagrado nombre,
porque al olvido, porque al tiempo asombre,
el hebreo sentido
le traduce «Tesoro que escondido
está». La Idolatría,
emperatriz de la mansión del día
y reina del oriente,
donde joven el sol resplandeciente
más admirado estuvo,
de quien la admiración principio tuvo,
hoy a tu imperio viene
por el derecho que a tus aras tiene,
pues, desde que en abismos sepultado
del gran diluvio el mundo salió a nado,
fue este imperio el primero
que introdujo, político y severo,
dando y quitando leyes,
la humana idolatría de los reyes,
y la divina luego
de los dioses en lámparas de fuego.
Nembrot hable, adorado,
y Moloc, en hogueras colocado,
pues los dos merecieron este estremo:
Nembrot por rey, Moloc por dios supremo,
de donde se siguieron
tantos ídolos cuantos hoy se unieron
a estas bodas propicios,
pues las ven en confusos sacrificios
treinta mil dioses bárbaros que adoro
en barro, en piedra, en bronce, en plata, en oro.
PENSAMIENTO
¡Aquesta sí que es vida!
Haya treinta mil dioses a quien pida
un hombre, en fin, lo que se le ofreciere,
porque este otorgue lo que aquel no diere,
y no tú que, importuno,
tienes harto con uno,
que de oíllo me espanto.
¿Un Dios solo puede acudir a tanto
como tiene que hacer?
DANIEL
Cuando lo sea,
en más su mano universal se emplea.
BALTASAR
Habla a la hermosa Vanidad, que ha sido
mi esposa, y, pues las dos habéis nacido
de un concepto, a las dos unir procura
mi ambición: ¡qué belleza! ¡qué hermosura!
Mirando a las dos, y él en medio.
IDOLATRÍA
Dame, soberbia Vanidad, los brazos.
VANIDAD
Eternos han de ser tan dulces lazos.
IDOLATRÍA
Envidia la beldad tuya me diera
si lo divino qué envidiar tuviera.
VANIDAD
Celos tu luz me diera, por los cielos,
pero la Vanidad no tiene celos.
BALTASAR
Aparte.
(Un día me amanece en otro día,
y entre la Vanidad y Idolatría
la más hermosa el alma temerosa
duda, porque cualquiera es más hermosa
cuando con el aplauso lisonjero
rey me apellido y dios me considero.)
IDOLATRÍA
¿De qué te has suspendido?
VANIDAD
¿De qué te has divertido?
BALTASAR
Tu gran beldad, ¡oh Idolatría!, me admira;
tu voz, ¡oh Vanidad!, me inspira,
y así, porque divierta mi tristeza,
A las dos.
movido de tu aliento, y tu belleza,
hoy a las dos pretendo
desvanecer y enamorar, haciendo
la Idolatría alarde de mis glorias
cuando la Vanidad de mis vitorias.
De aquel soberbio Nabuco
a cuyo valor y a cuya
majestad obedecieron
hado, poder y fortuna,
de aquel rayo de Caldea
que, desde la esfera suya
flechado, Jerusalén
llora su abrasada injuria,
de aquel que a cautividad
redujo la sangre justa
de Israel, transmigración
que hoy en Babilonia dura,
de aquel que robó del Templo
vasos y riquezas sumas,
despojo sagrado ya
de mi majestad augusta,
de aquel, en fin, que a los campos
pació la esmeralda bruta,
medio hombre, medio fiera,
monstruo de vello y de pluma,
hijo soy, deidades bellas,
y porque le sostituya,
como en el reino, en la fama,
como en la fama, en la furia,
los altos dioses que adoro
de tal condición me ilustran
que no dudo que en mi pecho
o se repita o se infunda
su espíritu, y que, heredada
el alma, también se infunda
en mi cuerpo, si es que dos
pudieron vivir con una.
No el ser, pues, rey soberano
de cuanto el Tigris circunda,
de cuanto el Éufrates baña
y de cuanto el sol alumbra
por tantas provincias que
a solo verlas madruga,
porque no se cumpla el día
sin que la tarea se cumpla,
la sed de tanta ambición
o satisface o apura,
y solo me desvanece
—sea valor o sea locura—
tener sobre aquestos montes
jurisdicción absoluta,
porque estos son de Senar
aquella campaña ruda
que entre la tierra y el cielo
vio tan estupenda lucha
cuando los hombres osados,
con valor y sin cordura,
armaron contra los dioses
fábricas que al sol se encumbran.
Y para que sepas tú,
Vanidad, de cuánto triunfas,
y cuánto tú, Idolatría,
vienes a mandar, escucha:
estaba el mundo gozando
en tranquila edad segura
la pompa de su armonía,
la paz de su compostura,
considerando entre sí
que de una masa confusa
que ha llamado la poesía
«caos», y «nada» la Escritura,
salió a ver la faz serena
de esa azul campaña pura
del cielo, desenvolviendo
con lid rigurosa y dura
de las luces y las sombras
la unidad con que se aúnan,
de la tierra y de las aguas
el nudo con que se anudan,
dividiendo y apartando
las cosas, que cada una
son un mucho de por sí
y eran nada todas juntas.
Consideraba que halló
la tierra, que antes inculta
e informe estuvo, cubierta
de flores que la dibujan,
el vago viento, poblado
de las aves que le cruzan,
el agua hermosa, habitada
de los peces que la surcan,
y el fuego con esas dos
antorchas, el sol y luna,
lámparas del día y la noche,
ya solar y ya nocturna,
que se halló, en fin, con el hombre,
que es de las bellas criaturas
que Dios, por mayor milagro,
hizo a semejanza suya.
Con esta hermosura vano,
no hay ley a que le reduzga,
tan antiguo es en el mundo
el ser vana la hermosura.
Vano y hermoso, en efeto,
eterna mansión se juzga,
sin parecerle que haya
por castigo de sus culpas
guardado un universal
Diluvio que le destruya.
Y, con esta confianza,
en solos vicios se ocupan
los hombres, mal poseídos
de la soberbia y la gula,
de la avaricia y la ira,
de la pereza y lujuria.
Enojados, pues, los dioses,
a quien nada hay que se encubra,
trataron de deshacer
el mundo, como a su hechura,
no a diluvios, pues de rayos
se vio la cólera suya
fiada a incendios, si de agua,
porque la majestad suma
tal vez con nieve fulmina
y tal vez con fuego inunda.
Cubriose el cielo de nubes
densas, opacas y turbias,
que, como estaba enojado,
por no revocar la justa
sentencia, no quiso ver
de su venganza sañuda
su mismo rigor y, así,
entre tinieblas se oculta,
entre nubes se enmaraña,
porque aun Dios, con ser Dios, busca
para mostrar su rigor
ocasión, si no disculpa.
El principio fue un rocío
de los que a la aurora enjuga
con cendales de oro el sol;
luego, una apacible lluvia
de las que a la tierra dan
el riego con que se pula;
luego fueron lanzas de agua
que nubes y montes juntan,
teniendo el cuento en los montes
cuando en las nubes las puntas;
luego fueron desatados
arroyos: creció la furia;
luego fueron ríos; luego,
mares de mares. ¡Oh, suma
Sabiduría, tú sabes
los castigos que procuras!
Bebiendo sin sed el orbe,
hecho balsas y lagunas,
padeció tormento de agua.
Por bocas y por roturas,
los bostezos de la tierra,
que por entre abiertas grutas
suspiran, cerrado ya
en prisión ciega y obscura
tuvieron al aire, y él,
que por dónde salir busca,
brama encerrado, y al fiero
latido que dentro pulsa
las montañas se estremecen
y los peñascos caducan.
Aquese freno de arena
que para a raya la furia
de ese marino caballo
siempre argentado de espuma,
le soltó todas las riendas,
y él, desbocado, procura,
corriendo alentado siempre,
no parar cobarde nunca.
Las fieras, desalojadas
de sus estancias incultas,
ya en las regiones del aire
no es mucho que se presuman
aves; las aves, nadando,
no es mucho que se introduzgan
a ser peces; y los peces,
viviendo las espeluncas,
no es mucho que piensen ser
fieras, porque se confundan
las especies, de manera
que en la deshecha fortuna
entre dos aguas —que así
se dice que está el que duda—,
el pez, el bruto y el ave,
discurran sin que discurran
dónde tiene su mansión
la piel, la escama y la pluma.
Ya al último parasismo,
el mundo se desahúcia
y en fragmentos desatados
se parte y se descoyunta;
y, como aquel que se ahoga
a brazo partido lucha
con las ondas, y ellas hacen
que aquí salga y allí se hunda,
así el mundo, agonizando,
entre sus ansias se ayuda.
Aquí un edificio postra,
allí descubre una punta,
hasta que, rendido ya
entre lástimas y angustias,
de cuarenta codos de agua
no hay parte que no se cubra,
siendo a su inmenso cadáver
todo el mar pequeña tumba.
Cuarenta auroras ha mal
hecho el sol, porque se enlutan
las nubes y luz, a exequias
de esta máquina difunta.
Solo aquella primer nave,
a todo embate segura,
elevada sobre el agua,
a todas partes fluctúa,
tan vecina a las estrellas
y a los luceros tan junta
que fue alguno su farol
y su linterna fue alguna;
en esta, pues, las reliquias
del mundo salvó la industria
de Noé, depositando
todas sus especies juntas
hasta que el mar reducido
a la obediencia que jura
se vio otra vez, y otra vez
la tierra pálida y mustia,
desmelenada la greña,
llena de grietas y arrugas,
la faz de la luz apenas
tocada, pero no enjuta,
asomó entre ovas y lamas
la disforme catadura,
y en retórico silencio
agradecida saluda
del arco de paz la seña
pajiza, leonada y rubia.
Segundo Adán de los hombres,
con generación segunda
el mundo volvió a poblar
de animales y criaturas.
Nembrot, hijo de Canaán,
que las maldiciones suyas
heredó —estirpe, en efecto,
aborrecida y injusta—,
las provincias de Caldea
con sus familias ocupa,
y sus hijos, cada uno
de tan disforme estatura
que era un monte organizado
de miembros y de medulas.
Estos, pues, viendo que un arca
al mundo salvó, procuran
con fábrica más heroica,
con máquina más segura,
hacer contra los enojos
del cielo una fuerza cuya
majestad en los diluvios
los guarde y los restituya.
Ya para la excelsa torre
montes sobre montes juntan
y la cerviz de la tierra,
de tan pesada coyunda
oprimida, la hacen que
tanta pesadumbre sufra,
bien que con el peso gima,
bien que con la carga cruja.
Crece la máquina, y crece
la admiración que la ayuda
a ser dos veces mayor,
pues no hay gentes que no acudan
a su edificio, hasta ver
que la inmensa torre suba
a ser támbico pilar,
a ser dórica coluna,
embarazo de los vientos
y lisonja de la luna.
Ya con la empinada frente
la esfera abolla cerúlea,
y, con el cuerpo en el aire,
tanto estorba como abulta.
Pero en medio de esta pompa,
de este aplauso, esta ventura,
la cortó el cielo los pasos,
porque el mirar le disgusta
escalar de sus esferas
la sagrada arquitectura;
y porque no por asalto
ganarle el hombre presuma,
quiere que en los que la labran
tal variedad se introduzga
de lenguas que nadie entienda
aun lo mismo que articula.
Suenan en todos a un tiempo
destempladas y confusas
voces que el sentido humano
hasta entonces no oyó nunca:
ni este sabe lo que dice,
ni aquel sabe lo que escucha,
porque desta suerte el orden
o se pierda o se confunda.
Setenta y dos lenguas fueron
las que los hombres pronuncian
en un instante, que tantas
quiere el cielo que se infundan.
En setenta y dos idiomas
repetido se divulga
el eco y, desesperados
los hombres ya, sin que arguyan
la causa, huyen de sí mismos,
si hay alguien que de sí huya.
Cesa el asalto por que
no quede memoria alguna
de tan glorioso edificio,
de fábrica tan augusta.
Preñada nube a este tiempo,
para que más le confunda,
hace, herida, que su vientre
humo exhale y fuego escupa,
siendo de su atrevimiento
ella misma sepultura,
haciendo de sus rüinas
pira, monumento y urna.
Yo, pues, viendo que mi pecho
la fama a Nembrot le hurta,
creo que quedar entonces
tantas cenizas caducas
fue porque yo la acabase,
pues en mí a un tiempo se juntan
Vanidad y Idolatría,
con que a tantos rayos luzga.
Pues si tú me das aliento
con que hasta el impíreo suba,
si tú me aplacas los dioses,
si tú, Vanidad, me ayudas,
si tú, Idolatría, me amparas,
¿quién duda, decid, quién duda
que, atrevido, y no postrado,
tan grande promesa cumpla?
Y así, quiero que las dos
reinéis en mi pecho juntas,
idólatra a tu belleza
y vano con tu hermosura,
sacrificando a tus dioses,
mereciendo tus fortunas,
adorando tus altares,
logrando tus aventuras.
En láminas de oro y plata
que caracteres esculpan
vivirá mi nombre eterno
a las edades futuras.
IDOLATRÍA
A tus pies verás que estoy
siempre firme y siempre amante.
VANIDAD
Siempre, Baltasar, constante
luz de tus discursos soy.
IDOLATRÍA
Y si a los dioses te igualas,
yo por dios te he de adorar.
VANIDAD
Yo, porque puedas volar,
daré a tu ambición mis alas.
IDOLATRÍA
Sobre la deidad más suma
coronaré tu arrebol.
VANIDAD
Yo, para subir al sol,
te haré una escala de pluma.
IDOLATRÍA
Estatuas te labraré
que repitan tu persona.
VANIDAD
Yo al laurel de tu corona
más hojas añadiré.
BALTASAR
Dadme las manos las dos.
¿Quién de tan dulces abrazos
podrá las redes y lazos
romper?
DANIEL
La mano de Dios.
BALTASAR
¿Quién tan atrevido aquí
a mis voces respondió?
PENSAMIENTO
Yo no he sido.
BALTASAR
Pues, ¿quién?
DANIEL
Yo.
BALTASAR
Pues, hebreo, ¿cómo ansí
os atrevéis, vos que fuisteis
en Jerusalén cautivo,
vos, que humilde y fugitivo
en Babilonia vivisteis?
¿Vos, mísero y pobre, vos
así me turbáis, así?
¿Quién ya libraros de mí
podrá?
Va a sacar la daga.
DANIEL
La mano de Dios.
BALTASAR
Tanto puede una voz, tanto
que de oílla me retiro:
de mi paciencia me admiro,
de mi cólera me espanto.
Enigma somos los dos.
Cuando tu muerte pretende
mi furor, ¿quién te defiende,
Daniel?
DANIEL
La mano de Dios.
PENSAMIENTO
¡Lo que en la mano porfía!
VANIDAD
Déjale, que su humildad
desluce mi vanidad.
IDOLATRÍA
Y su fe, mi idolatría.
BALTASAR
Vida tiene por las dos,
y que viva me conviene
porque vea que no tiene
fuerza la mano de Dios.
Vanse.
PENSAMIENTO
De buena os habéis librado,
y yo estimo la lición,
pues en cualquiera ocasión
en que me vea apretado
sé cómo me he de librar,
pues sin qué ni para qué,
«la mano de Dios» diré
y a todos haré temblar.
Y pues de mano los dos
solamente nos ganamos,
mano a mano nos partamos:
id a la mano de Dios.
Vase.
DANIEL
¿Quién sufrirá tus inmensas
injurias, autor del día?
Vanidad y Idolatría
solicitan tus ofensas.
¿Quién podrá, quién —de mi fe
es esta justa esperanza—
tomar por vos la venganza
de este agravio?
Sale la Muerte con espada y daga, de galán, conun manto lleno de muertes.
MUERTE
Yo podré.
DANIEL
Fuerte aprehensión, ¿qué me quieres,
que entre fantasmas y sombras
me atemorizas y asombras?
Nunca te he visto: ¿quién eres?
MUERTE
Yo, divino profeta Danïel,
de todo lo nacido soy el fin;
del pecado y la envidia hijo crüel,
abortado por áspid de un jardín,
la puerta para el mundo me dio Abel,
mas quien me abrió la puerta fue Caín,
donde mi horror, introducido ya,
ministro es de las iras de Jehová.
Del pecado y la envidia, pues, nací,
porque dos furias en mi pecho estén:
por la envidia caduca muerte di
a cuantos de la vida la luz ven;
por el pecado muerte eterna fui
del alma, pues que muere ella también:
si de la vida es muerte el espirar,
la muerte así del alma es el pecar.
Si «juicio», pues, «de Dios» tu nombre fue,
y del juicio de Dios rayo fatal
soy yo, que a mi furor postrar se ve
vegetable, sensible y racional,
¿por qué te asombras tú de mí?, ¿por qué
la porción se estremece en ti mortal?
Cóbrate, pues, y hagamos hoy los dos
de Dios tú el juicio, y yo el poder de Dios.
Aunque no es mucho que te asombres, no,
aun cuando fueras Dios, de verme a mí,
pues cuando él de la flor de Jericó
clavel naciera en campos de alhelí,
al mismo Dios le estremeciera yo
la parte humana y, al rendirse a mí,
turbaran las estrellas su arrebol,
su faz la luna y su semblante el sol,
titubeara esa fábrica infeliz
y temblara esa forma inferïor,
la tierra desmayara su cerviz,
luchando piedra a piedra y flor a flor,
a media tarde, joven e infeliz,
expirara del día el resplandor,
y la noche su lóbrego capuz
vistiera por la muerte de la luz.
Mas hoy solo me toca obedecer;
a ti, sabiduría prevenir;
manda, pues, que no tiene que temer
matar el que no tiene que morir:
mío es el brazo, tuyo es el poder;
mío el obrar, si tuyo es el decir.
Harta de vidas sed tan singular
que no apagó la cólera del mar.
El más soberbio alcázar, que ambición,
si no lisonja de los vientos, es,
el muro más feliz, que oposición,
si no defensa de las bombas, es,
fáciles triunfos de mis manos son,
despojos son humildes de mis pies.
Si el alcázar y muro he dicho ya,
¿qué será la cabaña? ¿Qué será
la hermosura, el ingenio y el poder?
A mi voz no se pueden resistir:
de cuantos empezaron a nacer
obligación me hicieron de morir.
Todas están aquí: ¿cuál ha de ser
la que hoy, juicio de Dios, mandas cumplir?
Que el concepto empezado más veloz
no acabará de articular la voz
entre aquella vital respiración
que desde el corazón al labio hay
para el movimïento y el acción
al artificio que un suspiro tray.
Cadáver de sí mismo, el corazón
verás, rotos los ejes, como cay,
sepulcro ya la silla en que era rey,
justo decreto de precisa ley.
Yo abrasaré los campos de Nembrot,
yo alteraré las gentes de Babel,
yo infundiré los sueños de Behemot,
yo verteré las plagas de Israel,
yo teñiré las viñas de Nabot
y humillaré la frente a Jezabel,
yo mancharé las mesas de Absalón
con la caliente purpura de Amón,
yo postraré la majestad de Acab,
arrastrado en su carro de rubí,
yo con las torpes hijas de Moab
profanaré las tiendas de Zambrí,
yo tiraré los chuzos de Joab;
y, si mayor aplauso fías de mí,
yo inundaré los campos de Senar
con la sangre infeliz de Baltasar.
DANIEL
Severo y justo ministro
de las cóleras de Dios,
cuya vara de justicia
es una guadaña atroz,
ya que el tribunal divino
representamos los dos,
no quiero, no, que el decreto
del libro que es en rigor
de acuerdo —aunque ya en los hombres
es libro de olvido hoy—
ejecutes sin que antes
le hagas con piadosa voz
los justos requerimientos
que pide la ejecución.
Baltasar quiere decir
«tesoro escondido», y yo
sé que en los hombres las almas
tesoro escondido son.
Ganarle quiero y, así,
solo licencia te doy
para que a Baltasar hagas
una notificación:
recuérdale que es mortal,
que la cólera mayor
antes empuña la espada
que la desnuda; así, yo
que la empuñes te permito,
mas que la desnudes no.
Vase.
MUERTE
¡Ay de mí! ¡Qué grave yugo
sobre mi cerviz cayó!
Sobre mis manos, ¡qué yelo!
Sobre mis pies, ¡qué prisión!
De tus preceptos atado,
¡oh inmenso juicio de Dios!,
la Muerte está sin aliento,
la cólera sin razón.
Para acordarle no más
que es mortal, de mi rigor
sola una vislumbre basta,
de mi mal sola una voz.
¡Pensamiento!
Sale el Pensamiento
PENSAMIENTO
¿Quién me llama?
MUERTE
Yo soy quien te llamo.
PENSAMIENTO
Y yo
soy quien quisiera en mi vida
no ser llamado de vos.
MUERTE
Pues ¿qué es lo que tienes?
PENSAMIENTO
Miedo.
MUERTE
¿Qué es miedo?
PENSAMIENTO
Miedo y temor.
MUERTE
¿Qué es temor?
PENSAMIENTO
Temor y espanto.
MUERTE
¿Qué es espanto?
PENSAMIENTO
Espanto, horror.
MUERTE
Nada de eso sé lo que es,
que jamás lo tuve yo.
PENSAMIENTO
Pues ¿lo que no tenéis dais?
MUERTE
Por no tenerle le doy.
¿Adónde está Baltasar?
PENSAMIENTO
En un jardín con las dos
deidades que adora.
MUERTE
Ponme
con él, llévame veloz
a su presencia.
PENSAMIENTO
Sí haré,
porque no tengo valor
para negarlo.
MUERTE
¡Qué bien
justo precepto de Dios
a hacerle de mí memoria
en su pensamiento voy!
Salen Baltasar, Idolatría y Vanidad.
IDOLATRÍA
Señor, ¿qué grave tristeza…
VANIDAD
¿Qué grave pena, señor…
IDOLATRÍA
… tu discurso desvanece?
VANIDAD
… turba tu imaginación?
BALTASAR
No sé qué pena es la mía…
Salen la Muerte y el Pensamiento.
PENSAMIENTO
Llega, que allí está.
BALTASAR
… que estoy
pensando en las amenazas
de aquella mano de Dios.
¿Cuál ha de ser el castigo
que me ha prometido?
MUERTE
Yo.
Vase retirando, y la Muerte tras él.
BALTASAR
¿Qué es esto que miro, cielos?
Sombra, o fantasma o visión
que voz y cuerpo me finges
sin que tengas cuerpo y voz,
¿cómo has entrado hasta aquí?
MUERTE
Como, si es la luz el sol,
yo soy la sombra, y si él
la vida del mundo, yo
del mundo la muerte: así
entro yo como él entró,
porque de luces a sombras
esté igual la posesión.
IDOLATRÍA
¿Quién es este, que el mirarle
le retira de las dos?
BALTASAR
¿Cómo a cada paso tuyo
vuelve atrás mi presunción?
MUERTE
Porque das tú atrás los pasos
que yo hacia adelante doy.
PENSAMIENTO
La culpa tuve en traerle,
que soy un traidor traedor.
BALTASAR
¿Qué me quieres, y quién eres,
luz o sombra mía?
MUERTE
Yo soy
un acreedor tuyo: quiero
pedirte como acreedor.
BALTASAR
¿Qué te debo, qué te debo?
MUERTE
Aquí está la obligación
en un libro de memorias.
Saca un libro de memorias.
BALTASAR
Este es engaño, es traición,
porque esta memoria es mía,
a mí, a mí se me perdió.
MUERTE
Es verdad, mas las memorias
que tú pierdes hallo yo:
lee.
BALTASAR
«Yo, el gran Baltasar,
de Nabucodonosor
hijo, confieso que el día
que el vientre me concibió
de mi madre fue en pecado,
y recibí (¡helado estoy!)
una vida, que a la muerte
he de pagar (¡qué rigor!)
cada y cuando que la pida,
cuya escritura pasó
ante Moisés, los testigos
siendo Adán, David y Job.»
Yo lo confieso, es verdad,
mas no me ejecutes, no:
dame más plazo a la vida.
MUERTE
Liberal contigo soy
porque aún no está declarada
hoy la justicia de Dios,
y para que se te acuerde
ser, Baltasar, mi deudor,
de la gran Sabiduría
este memorial te doy.
Dale un papel y vase, y Baltasar le abre y le lee.
BALTASAR
«Así habla en un Proverbio
del Espíritu la voz:
“Polvo fuiste y polvo eres
y polvo has de ser”.» ¿Yo, yo
polvo fui, siendo inmortal?
Siendo eterno, ¿polvo soy?
¿Polvo he de ser, siendo inmenso?
¡Es engaño, es ilusión!
PENSAMIENTO
Yo, como loco, en efeto,
vueltas y más vueltas doy.
Anda alrededor de Baltasar.
BALTASAR
¿No es deidad la Idolatría?
Anda alrededor de las dos como dice.
PENSAMIENTO
Acá me vengo con vos.
BALTASAR
¿La Vanidad no es deidad?
PENSAMIENTO
Agora con vos estoy.
BALTASAR
¡Cuál anda mi Pensamiento
vacilando entre las dos!
IDOLATRÍA
¿Qué contendrá aquel papel
que tanto le divirtió
de nosotras?
VANIDAD
Desta suerte
lo veremos.
Quítale la Vanidad el memorial.
PENSAMIENTO
¡Noble acción!
La memoria de la Muerte
la Vanidad le quitó.
BALTASAR
¿Qué es lo que pasa por mí?
VANIDAD
Hojas inútiles son:
el viento juegue con ellas.
Rompe el papel y arrójale.
BALTASAR
¿Aquí estábades las dos?
IDOLATRÍA
¿Qué ha sido esto?
BALTASAR
No lo sé:
una sombra, una ilusión,
que ocupó mi fantasía,
que mi discurso ocupó,
pero ya se fue la sombra,
desvaneciendo su horror.
¿Qué mucho que temerosa
la noche huyese, si vio
que en vuestros ojos divinos
madrugaba el claro sol?
Y no a los míos parece
que solamente salió
esa luz que me ilumina,
que me alumbra ese esplendor,
sino a todo el jardín, pues
obscuro el rubio arrebol
del sol estaba hasta veros
y, viéndoos, amaneció
segunda vez, porque como
dos soles y auroras sois,
él no se atrevió a salir
sin licencia de las dos.
VANIDAD
Si soles somos y auroras,
por su antigua adoración
el sol es la Idolatría,
yo, la aurora, que inferior
soy a los rayos; y así,
a ella debe el resplandor
el valle que goza, pues
cuando entre sombras durmió,
no la despertó la aurora,
que otro sol la despertó.
IDOLATRÍA
Concedo que aurora seas,
y concédote que soy
yo el sol, por rendirme a ti,
porque al hermoso candor
de la aurora el sol le debe
todo el primero arrebol;
y así, siendo la primera
su luz que la iluminó,
la luz de la aurora ha sido
más bella que la del sol,
pues salió primero al valle,
y antes que él amaneció.
PENSAMIENTO
La hermosura y el ingenio
se compiten en las dos,
y pues convida el jardín
con la dulce emulación
de las flores y las fuentes,
sobre el lecho que tejió
para sí la primavera
os sentad: lisonjas son
los pájaros y las ramas,
haciendo blando rumor
el aire que travesea
entre las hojas veloz,
donde aromas de cristal
y pastillas de ámbar son
las fuentecillas risueñas
y el prado lleno de olor.
Siéntanse y Baltasaren medio y Idolatría le quita el sombrero y con el penacho le hace aire.
IDOLATRÍA
Yo con el bello penacho
de las plumas que tejió
la Vanidad, escogidas
de la rueda del pavón,
te haré aire.
PENSAMIENTO
Pues ¿conmigo
no fuera mucho mejor,
que soy sutil abanillo
del Pensamiento? Aunque no,
que más parezco en la cara
abanillo del Japón.
VANIDAD
Yo, con músicos cantando,
pararé el aire a mi voz.
BALTASAR
La música del aurora
no me sonara mejor
cuando, sacudiendo al día
entre uno y otro arrebol,
le daban la bienvenida,
perla a perla y flor a flor.
Canta la Vanidad.
VANIDAD
Ya Baltasar es deidad,
pues le rinde en este día
estatuas la Idolatría
y templos la Vanidad.
Sale la Muerte.
MUERTE
Aquí apacible voz suena,
donde, con trágico estilo,
llora un mortal cocodrilo,
canta una dulce sirena.
¿Tan poco pudo la pena
de mi memoria que ha sido
de la Vanidad olvido?
Pues ya mi sombra le asombra,
a ver si puede mi sombra
lo que mi voz no ha podido.
Con el opio y el beleño
de los montes de la luna
entorpezca su fortuna
mi imagen pálida: el sueño
sea de su vida dueño,
en que se acuerde de mí,
un letargo, un frenesí,
una imagen, un veneno,
un horror de horrores lleno.
Quédase dormido Baltasar.
VANIDAD
Parece que duerme.
IDOLATRÍA
Sí.
VANIDAD
Pues entre sueños espero,
porque al despertar se halle
ufano, representalle
un aplauso lisonjero.
Vase.
IDOLATRÍA
Yo significarle quiero
dónde el vuelo ha de llegar
de mi deidad singular.
Vase.
PENSAMIENTO
Mi afán aquí descansó,
pues solo descanso yo,
cuando duerme Baltasar.
Échase a dormir.
MUERTE
Descanso del sueño hace
el hombre, ¡ay, Dios! sin que advierta
que cuando duerme y despierta
cada día muere y nace,
que vivo cadáver yace
cada día, pues, rendida
la vida a un breve homicida,
que es su descanso, no advierte
una lición que la Muerte
le va estudiando a la vida.
Veneno es dulce que, lleno
de lisonjas, desvanece,
aprisiona y entorpece,
¿y hay quién beba este veneno?
Olvido es de luz ajeno
que aprisionado ha tenido
en sí uno y otro sentido,
pues ni oyen, tocan ni ven,
informes todos, ¿y hay quién
no se acuerde de este olvido?
Frenesí es, pues así
varias especies atray
que goza inciertas, ¿y hay
quién ame este frenesí?
Letargo es a quien le di
de mi imperio todo el cargo
que, con repetido embargo
del obrar y el discurrir,
enseña al hombre a morir,
¿y hay quién busque este letargo?
Sombra es que sin luz asombra,
que es su obscura fantasía
triste oposición del día,
¿y hay quién descanse a esta sombra?
Imagen, al fin, se nombra
de la Muerte, sin que ultrajen,
sin que ofendan, sin que atajen
los hombres su adoración,
pues es sola una ilusión,
¿y hay quién adore esta imagen?
Pues ya Baltasar durmió,
ya que el veneno ha bebido
y ha olvidado aquel olvido,
ya que el frenesí pasó,
ya que el letargo sintió,
ya de horror y asombro lleno
vio la imagen, pues su seno
penetre horror, y se nombra
ilusión, letargo y sombra,
frenesí, olvido y veneno.
Y, pues Baltasar durmió,
duerma a nunca despertar
sueño eterno Baltasar
de cuerpo y alma.
Saca la espada y quiere matarle, y sale Daniel, y detiénele el brazo a la Muerte.
DANIEL
Eso no.
MUERTE
¿Quién tiene mi brazo?
DANIEL
Yo,
porque el plazo no ha llegado:
número determinado
tiene el pecar y el vivir,
y el número ha de cumplir
ese aliento, ese pecado.
MUERTE
¿Llegarán —¡hado crüel!—,
cumpliránse —¡pena fiera!—,
para que algún justo muera,
tus semanas, Daniel,
y no un pecador? ¡Oh fiel
juez de la ejecución mía!,
¿qué esperas? Que si este día
logra una temeridad,
oye allí la Vanidad,
mira allí la Idolatría.
Ábrese una apariencia a un lado y parece una Estatua de color de bronce a caballo, y la Idolatría teniéndola del freno; y al otro lado sobre unatorre aparece la Vanidad
con muchas plumas y instrumento en la mano.
IDOLATRÍA
Baltasar de Babilonia,
que en las violencias del sueño,
sepulcro tú de ti mismo,
mueres vivo y vives muerto.
VANIDAD
Baltasar de Babilonia,
que en el verde monumento
de la primavera eres
un racional esqueleto.
Entre sueños.
BALTASAR
¿Quién me llama? ¿Quién me llama?
Mas, si a mis fantasmas creo,
ya, Vanidad, ya te miro,
ya, Idolatría, te veo.
IDOLATRÍA
Yo, la sacra Idolatría,
deidad que del sol desciendo,
a consagrarte esta estatua
del supremo alcázar vengo,
porque tenga adoración
hoy tu imagen en el suelo.
VANIDAD
Yo, la humana Vanidad,
que en los abismos me engendro,
y, naciendo entre los hombres,
tengo por esfera el cielo,
para colocar la estatua,
este imaginado templo
te dedico, que de pluma
he fabricado en el viento.
BALTASAR
¡Qué triunfos tan soberanos!
¡Qué aplausos tan lisonjeros!
Ofréceme, Idolatría,
altares, aras, inciensos,
y adórense mis estatuas
por simulacros excelsos.
Tú, Vanidad, sube, sube
a coronarte al imperio:
ilústrese una volando,
ilústrese otra cayendo.
Baja la Estatua y sube la Torre
, cantando lasdos a versos.
IDOLATRÍA
Bajad, estatua, bajad,
a ser adorada id.
VANIDAD
A ser eterno subid,
templo de la Vanidad.
IDOLATRÍA
Corred, bajad.
VANIDAD
Subid, volad.
LAS DOS
Pues hoy de los vientos fía…
IDOLATRÍA
… estatuas la Idolatría
VANIDAD
… y templos la Vanidad.
MUERTE
Suéltame, Daniel, la mano,
verás que osado y soberbio
acabo, como Sansón,
con el ídolo y el templo.
DANIEL
Ya yo te la soltaré,
veloz cometa de fuego,
en siendo tiempo: rigor.
Pero hasta que sea este tiempo,
aquesa estatua de bronce
le dé otro mortal acuerdo,
que, trompeta de metal
tocada por mi precepto,
será trompeta de juicio.
MUERTE
A los dos está bien eso,
que, en tocando la trompeta,
a su voz el universo
todo espirará y, así,
¡oh tú, peñasco de acero!,
que espíritu aborrecido
vive por alma en tu pecho,
deidad mentida de bronce,
desengáñate a ti mesmo.
Vanse.
ESTATUA
¡Baltasar!
BALTASAR
¿Qué es lo que quieres,
ilusión o fingimiento?
¿Qué me matas? ¿Qué me afliges?
ESTATUA
Oye, y velen a mi aliento
hoy los sentidos del alma
mientras duermen los del cuerpo,
que contra la Idolatría
áspid de metal me vuelvo,
porque, como el áspid, yo
muera a mi mismo veneno
y, en tanto que el labio duro
del bronce articula acentos,
enmudezcan esas voces,
que son lisonjas del viento.
Yo soy la estatua que vio
Nabuco hecha de diversos
metales con pies de barro,
a quien una piedra luego
deshizo, piedra caída
del Monte del Testamento.
No la adoración divina
tiranices a los cielos,
que yo, por verme adorar
de tres jóvenes hebreos,
el horno de Babilonia
encendí, donde su esfuerzo
al fuego se acrisoló,
y no se deshizo al fuego:
Sidrach, Misach y Abdenago
son vivos testigos de esto.
Los dioses que adoras son
de humanas materias hechos:
bronce adoras en Moloc,
oro en Astarot, madero
en Baal, barro en Dagón,
piedra en Baalín, y hierro
en Moab; y, hablando en mí
el juicio de Dios inmenso,
a mis voces de metal
os rendid las dos, rompiendo
las plumas y las estatuas.
Sube la Estatua , y baja la Torre.
VANIDAD
¡Que me abraso!
IDOLATRÍA
¡Que me yelo!
VANIDAD
Ya a los rayos de otro sol
he desvanecido el vuelo.
IDOLATRÍA
Y yo a la luz de otra fe
mis sombras desaparezco.
Cúbrese. A las dos.
BALTASAR
¡Oye, espera, escucha, aguarda,
no, no me niegues tan presto,
tal vanidad, tal ventura!
Despierta.
PENSAMIENTO
¿De qué das voces? ¿Qué es esto?
BALTASAR
¡Ay, Pensamiento! No sé,
pues cuando deidad me miento,
pues cuando señor me aclamo
y de mi engaño recuerdo,
solas tus locuras hallo,
solas tus locuras veo.
PENSAMIENTO
Pues ¿qué es lo que te ha pasado?
BALTASAR
Yo vi en el pálido sueño
donde estaba descansando
todo el aplauso que tengo:
subía mi Vanidad
a dar con su frente al cielo,
bajaba mi Idolatría
desde su dorado imperio.
Aquella un templo me daba,
esta una estatua, y al tiempo
que esta y aquella tenía
hecha la estatua y el templo,
una voz de bronce, una
trompeta que agora tiemblo
de aquella abrasó las plumas,
de esta deshizo el intento,
quedando el templo y la estatua
por despojos de los vientos.
¡Ay de mí! La Vanidad
es la breve flor de almendro;
la Idolatría, la rosa
del sol: aquella al primero
suspiro se rinde fácil
a las cóleras del cierzo;
esta a la ausencia del día
desmaya los rizos crespos,
breve sol y breve rosa
de las injurias del tiempo.
Sale la Idolatría.
IDOLATRÍA
No ha de vencer mis glorias
una voz, ni un engaño mis vitorias;
triunfe la pompa mía
en esta noche de la luz del día.
Baltasar, soberano
príncipe, rey divino más que humano,
mientras que suspendido
diste al sueño la paz de tu sentido
treguas del pensamiento,
mi amor, a tus aplausos siempre atento,
velaba en tus grandezas,
que no saben dormirse las finezas.
Una opulenta cena,
de las delicias y regalos llena
que la gula ha ignorado
te tiene prevenida mi cuidado,
adonde los sentidos
todos hallan sus platos prevenidos.
En los aparadores
la plata y oro brillan resplandores,
y con ricos despojos
hartan la hidropesía de los ojos.
Perfumes lisonjeros
son aromas de flores en braseros
de verdes esmeraldas
que Arabia la Feliz cría en sus faldas,
para ti solo plato,
que el hambre satisface del olfato.
La música acordada,
ni bien cerca de ti ni retirada,
en numeroso acento suspendido,
brindan la sed con que nació el oído.
Los cándidos manteles,
bordados de azucenas y claveles
a dibujos tan bellos
que hace nuevo valor la nieve en ellos,
son al tacto süave
curiosidad que lisonjearlos sabe.
Néctares y ambrosías,
frías bebidas —basta decir «frías»—,
destiladas de rosas y azahares,
te servirán a tiempo entre manjares,
porque con salva y aparato justo
alternen con las copas hoy el gusto.
Y porque aquestas sean
en las que más tus triunfos hoy se vean,
los vasos que al gran rey de Israel sagrados
trujo Nabucodonosor robados
de aquella gran Jerusalén el día
que al oriente estendió su monarquía,
manda, señor, traellos,
y a los dioses brindarás con ellos,
profanando el tesoro
de su templo los ídolos que adoro.
Postres serán mis brazos,
fingiendo redes e inventando lazos,
cifrando tus grandezas,
tus pompas, tus trofeos, tus riquezas,
este maná de amor donde hacen plato
olfato, ojos y oídos, gusto y tacto.
BALTASAR
En viéndote, me olvido
de cuantos pensamientos he tenido,
y, despierto a tu luz hermosa, creo,
más que lo que imagino, lo que veo.
Sola tu luz podía
divertir la fatal melancolía
que mi pecho ocupaba.
PENSAMIENTO
¡Eso sí, vive el cielo, que esperaba,
según estás de necio,
que de tal cena habías de hacer desprecio!
Haya fiesta, haya holgura,
deja el llanto esta noche. Mi locura
a borrachez se pasa,
pero todo se cae dentro de casa.
BALTASAR
Los vasos que sirvieron en el templo,
eterna maravilla sin ejemplo,
a sacerdotes de Israel, esclavo,
sírvanme a mí también.
PENSAMIENTO
Tu gusto alabo.
BALTASAR
Vayan por ellos.
Sale la Vanidad.
VANIDAD
Escusado ha sido,
que ya la Vanidad los ha traído.
IDOLATRÍA
Sacad las mesas presto
a aqueste cenador.
PENSAMIENTO
¡A mí! ¿Qué es esto?
VANIDAD
Pues ¿quién habla contigo?
PENSAMIENTO
Quien dice «cenador», ¿no habla conmigo?
Pues si yo he de cenar, señora, es cierto
que soy el cenador, y ahora advierto
que por mí se haría
aquella copla antigua que decía:
«Para mí se hicieron cenas,
para mí, que las tengo por buenas,
para mí, para mí,
que para cenar nací».
Sacan la mesa con vasos de plata y van sirviendoplatos de comida a su tiempo.
BALTASAR
Sentaos las dos, y luego por los lados
sentaos todos mis deudos y criados,
que cena donde están por tales modos
vasos del Templo, es cena para todos,
y las gracias que demos celebrando
hoy a los dioses ha de ser cantando.
MÚSICA
Esta mesa es este día
altar de la Idolatría,
de la Vanidad altar,
pues adornan sin ejemplo
todos los vasos del templo
la cena de Baltasar.
Sale la Muerte disfrazada. Mientras esto se dice están comiendo todos.
MUERTE
A la gran cena del rey
disfrazado agora vengo,
pues en esta cena estoy
escondido y encubierto:
entre los criados suyos
que podré encubrirme creo.
Descuidado a Baltasar
de mis memorias le veo,
cercado de sus mujeres
y los grandes de su reino.
Los vasos que Salomón
consagró al Dios verdadero,
y donde sus sacerdotes
los sacrificios hicieron,
sus aparadores cubren.
MUERTE
¡Oh juicio de Dios eterno!,
suelta ya tu mano y suelta
la mía, porque ya el peso
de sus pecados cumplió
con tan grande sacrilegio.
BALTASAR
Dadme de beber.
PENSAMIENTO
A la Muerte.
¡Hola, hao,
camarada!, ¿no oís aquello?
Toma el Pensamiento de los platos y come.
Llevad de beber al rey
mientras que yo estoy comiendo.
MUERTE
(Por criado me han tenido:
servirle la copa quiero,
pues no podrá conocerme
quien está olvidado y ciego.
Este vaso del altar
la vida contiene, es cierto,
cuando a la vida le sirve
de bebida y de alimento;
mas la muerte encierra, como
la vida, que es argumento
de la muerte y de la vida,
y está su licor compuesto
de néctar y de cicuta,
de trïaca y de veneno.)
Aquí está ya la bebida.
Dale la bebida.
BALTASAR
Yo de tu mano la aceto.
¡Qué hermoso vaso!
MUERTE
Aparte.
(¡Ay de ti,
que no sabes lo que hay dentro!)
IDOLATRÍA
El rey bebe, levantaos
todos.
BALTASAR
Glorias de mi imperio
en este vaso del Dios
de Israel brindo a los nuestros.
¡Moloc, dios de los asirios,
viva!
Bebe despacio.
PENSAMIENTO
La razón haremos.
Solo hoy me parecen pocos
treinta mil dioses, y pienso
hacer la razón a todos.
IDOLATRÍA
Cantad mientras va bebiendo.
MÚSICA
Esta mesa es este día
altar de la Idolatría,
de la Vanidad altar,
pues le sirven sin ejemplo
el cáliz vaso del templo
en que bebe Baltasar.
Suena ruido como trueno grande.
BALTASAR
¿Qué estraño ruido, qué asombro
alborota con estruendo,
tocando al arma las nubes
la campaña de los vientos?
IDOLATRÍA
Como bebiste, será
salva que te hacen los cielos
con su horrible artillería.
VANIDAD
De sombra y de horror cubierto
nos esconden las estrellas.
MUERTE
¡Cuánto las sombras deseo,
como padre de las sombras!
BALTASAR
Caliginosos y espesos
cometas el aire vano
cruzan, pájaros de fuego;
bramidos da de dolor
preñada nube y, gimiendo,
parece que está de parto
y es verdad, pues de su seno
rompido ya un rayo abrasa,
embrión que tuvo dentro;
y, siendo su fruto el rayo,
ha sido el bramido un trueno.
Da un gran trueno, y con un cohete de pasa cuerda sale una mano, que vendrá a dar donde habrá un papel escrito con unas letras
¿No veis (¡ay de mí!) no veis
que rasgando, que rompiendo
el aire trémulo, sobre
mi cabeza está pendiendo
de un hilo? En la pared toca
y, si más su forma advierto,
una mano es, una mano,
que la nube al monstruo horrendo
le va pariendo a pedazos.
¿Quién vio, quién, rayo compuesto
de arterias? No sé, no sé
lo que escribe con el dedo,
porque, en habiendo dejado
tres breves rasgos impresos,
otra vez sube la mano
a juntarse con el cuerpo.
Perdido tengo el color,
erizado está el cabello,
el corazón palpitando
y desmayado el aliento.
Los caracteres escritos
ni los alcanzo ni entiendo,
porque hoy es Babel de letras
lo que de lenguas un tiempo.
VANIDAD
Un monte de fuego soy.
IDOLATRÍA
Y yo una estatua de yelo.
PENSAMIENTO
Yo no soy monte ni estatua,
mas tengo muy lindo miedo.
BALTASAR
Idolatría, tú sabes
de los dioses los secretos:
¿qué dicen aquellas letras?
IDOLATRÍA
Ninguna de ellas acierto,
ni aún el carácter conozco.
BALTASAR
Tú, Vanidad, cuyo ingenio,
ciencias comprehendió profundas
en magos y en agoreros,
¿qué lees, di? ¿Qué lees?
VANIDAD
Ninguna
se da a partido a mi ingenio:
todas, todas las ignoro.
BALTASAR
¿Qué alcanzas tú, Pensamiento?
PENSAMIENTO
¡A buen sabio lo preguntas!
Yo soy loco: nada entiendo.
IDOLATRÍA
Daniel, un hebreo que ha sido
quien interpretó los sueños
del árbol y de la estatua
lo dirá.
Sale Daniel.
DANIEL
Pues oíd atentos:
«Mané» dice que ya Dios
ha numerado tu reino;
«Tecel», y que en él cumpliste
el número, y que en el peso
no cabe una culpa más;
«Farés», que será tu reino
asolado y poseído
de los persas y los medos.
Así la mano de Dios
tu sentencia con el dedo
escribió, y esta justicia
la remita por derecho
al brazo seglar, que Dios
la hace de ti, porque has hecho
profanidad a los vasos
con baldón y con desprecio,
porque ningún mortal use
mal de los vasos del templo,
que son a la Ley de Gracia
reservado sacramento
cuando se borre la Escrita
de las láminas del tiempo.
Y si profanar los vasos
es delito tan inmenso,
oíd, mortales, oíd,
que hay vida y hay muerte en ellos,
pues quien comulga en pecado
profana el vaso del templo.
BALTASAR
¿Muerte hay en ellos?
MUERTE
Sí, cuando
yo los sirvo, que soberbio
hijo del pecado soy,
a cuyo mortal veneno
que bebiste has de morir.
BALTASAR
Yo te creo, yo te creo,
a pesar de mis sentidos,
que, torpes y descompuestos,
por el oído y la vista,
a tu espanto y a tu estruendo
me está penetrando el alma,
me está traspasando el pecho.
¡Ampárame, Idolatría,
de este rigor!
IDOLATRÍA
Yo no puedo,
porque, a la voz temerosa
de aquel futuro misterio
que has profanado en los vasos,
hoy en rasgos y bosquejos,
todo el valor he perdido,
postrado todo el aliento.
BALTASAR
¡Socórreme, Vanidad!
VANIDAD
Ya soy humildad del cielo.
BALTASAR
¡Pensamiento!
PENSAMIENTO
Tu mayor
contrario es tu Pensamiento,
pues no quisiste creerle
tantos mortales acuerdos.
BALTASAR
¡Daniel!
DANIEL
Soy juicio de Dios:
está ya dado el decreto,
está el número cumplido,
Baltasar.
PENSAMIENTO
Nulla est redemptio.
BALTASAR
¡Todos, todos me dejáis
en el peligro postrero!
¿Quién ampararme podrá
de este horror, de este portento?
MUERTE
Nadie, que no estás seguro
en el abismo, en el centro
de la tierra.
BALTASAR
¡Ay, que me abraso!
Saca la espada, dale una estocada, y luego se abraza con él, como que luchan.
MUERTE
¡Muere, ingrato!
BALTASAR
¡Ay, que me muero!
¿El veneno no bastaba
que bebí?
MUERTE
No, que el veneno
la muerte ha sido del alma,
y esta es la muerte del cuerpo.
BALTASAR
Con las ansias de la muerte,
triste, confuso y deshecho
a brazo partido lucho,
el cuerpo y alma muriendo.
¡Oíd, mortales, oíd
el riguroso proverbio
del «Mané, Tecel, Farés»,
del juicio de Dios supremo!:
al que los vasos profana
divinos, postra severo,
y el que comulga en pecado,
profana el vaso del Templo.
Éntranse los dos luchando.
IDOLATRÍA
De los sueños de mi olvido
como dormida despierto
y, pues a la Idolatría
Dios no excepta, según veo,
en la sábana bordada
de tantos brutos diversos,
como Cristo mandará
que mate y que coma Pedro,
¿quién viera la clara luz
de la Ley de Gracia, cielos,
que ahora es la Ley Escrita?
Sale la Muerte como al principio.
MÚSICA
Bien puedes verla en bosquejo
en la piel de Gedeón,
en el maná del desierto,
en el panal de la boca
del león, en el cordero
legal, en el pan sagrado
de proposición.
DANIEL
Y si esto
no lo descubre, descubra
en profecía este tiempo
esta mesa transformada
en pan y en vino, estupendo
milagro de Dios, en quien
cifró el mayor sacramento.
Descúbrese con música una mesa con pie de altar y en medio un cáliz y una hostia, y dos velas a los lados.
IDOLATRÍA
Yo, que fui la Idolatría
que di adoración a necios
ídolos falsos, borrando
hoy en nombre de mí y de ellos,
seré latría, adorando
este inmenso sacramento.
Y, pues su fiesta celebra
Madrid, al humilde ingenio
de don Pedro Calderón
suplid los muchos defectos
y perdonad nuestras faltas
y las suyas, advirtiendo
que nunca alcanzan las obras
donde llegan los deseos.
FIN
CC0 1.0
Licence

Rechtsinhaber*in
Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La cena del rey Baltasar. La cena del rey Baltasar. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbrj.0