También hay duelo en las damas
Famosa Comedia
Personas que hablan en ella
- Don Juan
- Isabel
- Simón
- Don Félix
- Inés
- Leonor
- Don Pedro
- Violante
- Don Alonso
- Don Fernando
- Tristán
- Celio
- Alguaciles
- Criados
- Gente
Jornada Primera
Salen Violante, dama, con un papel en la mano, y Isabel, criada, con dos bujías.
Violante
Llega, Isabel, esa luz.
Isabel
¿Otra vez a leerle vuelves?
Violante
Y no te parezcan muchas
otra vez y otras mil veces;
que un papel discreto es
amigo tan elocuente,
que siempre está deleitando,
por más que esté hablando siempre.
Isabel
Si un papel mudara estilos,
creyéralo fácilmente;
pero ¿cómo puede ser
ni discreto ni prudente
quien siempre una misma cosa
diciendo está?
Violante
Necia eres.
Pues ¿no sabes que el idioma
de amor tan corto es, tan breve,
que a cuatro voces no más
se reduce? Porque tiene
cosas de música amor.
Isabel
Nuevo es eso. ¿De qué suerte?
Violante
¿Deja un templado instrumento,
como armonioso suene,
de sonar armonioso,
porque no le diferencien
cada vez las fantasías?
¿Deja el ruiseñor alegre,
porque no mude de letra,
de ser dulce? El aura leve,
porque el compás de las hojas
las cláusulas no la trueque,
¿deja de ser apacible?
El cristal, cuya corriente
hizo trastes de esmeralda
aquella guija, aquel césped,
¿deja de correr sonoro,
porque continuado lleve
un mismo acento? No: luego
bien en metáfora puede
ser de música un papel,
suave, dulce, cuerdo y breve,
diciendo siempre una cosa,
si con ella agrada siempre,
a ejemplo del instrumento,
la ave, el céfiro y la fuente.
Isabel
Pues convénceme con él,
ya que sin él me convences.
Violante
«Mi bien…»
lee
Isabel
¡Ternísima cosa!
Violante
No con falsedad empieces
ya a mormurarme; que aunque
no te agrade, no has de hacerme
desconfiar; que bien sé
que el más entendido suele
ser frialdad de quien le oye
sin la acción de quien le siente.
[Vuelve a leer.]
«Su término a que llegar
todas las pasiones tienen;
y así su término tuvo
la paciencia de un ausente.
Y pues sin verte no hay vida,
aunque tras la vida arriesgue
el enojo de mi padre,
mañana partiré a verte.
Porque no sepan de mí
tantos como lo pretenden,
a la casa de don Pedro
de Mendoza iré a ser huésped.
Simoncillo a prevenir
va a los dos; mas cuando él llegue,
quizá habré llegado yo,
con la ventaja que adquiere
el que vuela del que corre.
Está advertida, si oyeres
la seña. El cielo te guarde
más que a mí.»
Isabel
Aunque me motejes
de necia de primer clase,
dime: ¿hacia qué parte tiene
lo discreto este papel,
si es su estilo tan corriente
que pudiera haberle escrito
a Mari-Hernández Juan Pérez?
Cuando esperé yo que había
de haber muchísimo fénix,
con descréditos brillantes,
falsedades refulgentes,
se sale con «Allá voy»,
sin más ni más.
Violante
Imprudente,
el que quiere lo que dice,
es quien dice lo que quiere
sin más retóricas frases;
porque en amor solamente
es quien siente como escribe,
quien escribe como siente.
Si sabes que la ocasión
de vivir su padre enfrente,
hallándole a todas horas
tan fino y tan asistente,
hizo en mí verdad aquella
canción que repetir suelen:
«Junto a mi casa vivía
porque más cerca muriese»;
si sabes que aunque al principio
sintió mis iras crueles,
el amistad de su hermana
—a quien estimo de suerte,
que es mitad del alma mía—
supo hacer mañosamente
que declarara en favores
lo que afectaba en desdenes;
si sabes que el no casarnos
es porque su padre quiere
casarle con Laura, a quien
él festejó antes de verme;
si sabes que en este estado
fue fuerza ausentarse Félix,
porque en la casa del juego
dio a un caballero la muerte;
que su padre retraído
en un convento le tiene
fuera de aquí, por temor
de muchos nobles parientes
del muerto, y por la justicia;
y si sabes finalmente
que a pesar de tantos riesgos,
peligros e inconvenientes,
viene por verme no más,
¿qué más discreto le quieres?
Venga la fineza, y venga
en el traje que quisiere;
que mejor o peor vestida,
no es esencia, es accidente,
y importa poco el estilo,
o yérrele o no le yerre,
que nada yerra un amante,
como la fineza acierte.
¿Qué dijiste a Simoncillo?
Isabel
Ahí fuera está.
Violante
Dile que entre;
que temprano es para que
mi padre aquí pueda verle,
puesto que de aquestas noches
la prolijidad divierte
en conversación de amigos.
Sale Simón.
Simón
Ya yo acusaba impaciente
la mora de la licencia,
y bien mora, pues hacerme
desbautizar pretendía,
dilatándome que bese
o el átomo del jazmín,
o el azucena de nieve.
Violante
Simón, seas bien venido.
Simón
Fuerza es serlo el que merece
llegar a besar tu mano.
Violante
Del suelo alza. ¿Cómo vienes?
Simón
Muy cansado; que he venido
caballero en un arenque
ensillado y enfrenado,
tan flaco pecador débil,
que en cualquiera tentación
caía muy fácilmente.
Violante
Y ¿cómo tu señor queda?
Simón
Finísimo impertinente,
pues de puro enamorado
ni anda, ni come, ni bebe,
como el caballo de Wamba.
Tan fijo tu nombre tiene
en su memoria, que un día,
como de caza viniese
con unas perdices, dijo:
«Haz, Simón, para que cene,
que me asen esas Violantes».
Otra vez, entrando a verle
el padre prior, «Arrastra»,
me dijo muy impaciente,
«necio, una Violante, en que
su paternidad se siente».
Violante
Aunque son locuras tuyas
las que por suyas me vendes,
no me ha pesado de oírlas.
Toma esa sortija y vete,
antes que venga mi padre;
y dirásle —cuando llegue
a la casa de ese amigo
adonde viene a ser huésped—
que ya yo quedo advertida,
y a cualquier hora que fuere,
haga la seña en la calle.
Simón
Vivas un millón de meses,
todos mayos, sin que tenga
que ver con ellos diciembre.
Violante
Alumbra y cierra, Isabel.
Isabel
(¡Ay, Simón, lo que me debes
en esta ausencia!)
Simón
(¿Es a mí
o a la sortija?)
Isabel
(¿Eso entiendes
de mi fineza?)
Simón
(Es achaque
de todas las Isabeles
suspirar por alhajados.)
Isabel
(Engáñaste; que si atiendes
a que yo quiero pedirte
que a mí a guardar me la dejes,
no es por codicia, sino
porque a Inés no se la lleves,
la criada de Leonor,
tu ama, que sé que la quieres
más que a mí.)
Simón
(Pues porque veas
cuánto tus celos te mienten,
no te he de dar la sortija;
que quiero satisfacerte
con el desaire de que
la vea, y no se la entregue;
que por lo demás, ya iba
yo a dártela.)
Isabel
(¡Ah, insolente,
qué buena disculpa hallaste!)
Simón
(Buena no, mas suficiente;
la que basta por agora.)
Vanse los dos.
Violante
¡Oh, amor, qué poco me debes!
Dígolo, porque viniendo
a tanto riesgo don Félix,
me he holgado de su venida,
siendo ansí que antes ponerme
debiera en desconfianza
el peligro a que se atreve,
que no en agradecimiento;
mas ¿quién en el mundo tiene
hacia el cariño el afecto,
cuando hacia el temor le tuerce?
Venga Félix, y…
Dentro ruido de espadas, y dicen dentro las voces que se siguen.
Don Fernando
Traidor,
yo sabré darte la muerte.
Leonor
¡Ay infelice de mí!
Violante
¿Qué escucho?
Don Pedro
¡Cielos, valedme!
Violante
Cuchilladas en la calle
hay. ¿Si mi desdicha fuese
que hubiese llegado donde
le matasen o prendiesen?
Voces
¡Fuera! ¡Ténganse! ¿Qué es esto?
dentro
Don Juan
He de entrar.
sale [Isabel]
Isabel
¡Jesús mil veces!
Violante
¿Qué es eso, Isabel?
Isabel
Que apenas
salió, cuando, antes que cierre
la puerta, escuché en la calle
voces y espadas, y al verme
con luz, matándola un hombre,
en nuestro portal se mete
con otro bulto en los brazos,
que no distingo, de suerte
que, atropellándome… pero
él, señora, hasta aquí viene.
Sale don Juan con Leonor desmayada en brazos, la espada desnuda.
Don Juan
Violante, prima, señora,
los precisos accidentes
no dan lugar al respeto.
Perdóname, si a atreverme
llego a tu casa, cuando ella
sola ser sagrado puede
desta difunta hermosura;
que el ver que tan cerca encuentre
abierta tu puerta, es
la disculpa que me ofrece
más a mano mi desdicha
para que llegue a valerme
de ella y de ti. Por ti misma,
y lo que a tu sangre debes,
mira por mi honor y vida,
y haz que esta beldad se albergue
y repare aquí esta noche,
que yo es preciso volverme
a socorrer un amigo
que dejo empeñado.
Pónela sobre unas almohadas.
Violante
Tente,
don Juan, oye…
Don Juan
No es posible;
mas como con vida quede,
yo te volveré a buscar.
Vase.
Violante
¡Tenle, Isabel!
Isabel
¿Qué es tenerle?
Violante
Pues baja a cerrar la puerta.
Isabel
Temblando iré, aunque parece
que ya no hay nadie en la calle.
Vase.
Violante
Infeliz beldad, ¿quién eres?
Mas ¡ay infeliz!, que yo
lo soy también, cuando a verte
llego así. ¡Leonor amiga,
tú en mi casa, y desta suerte!
¡Tú sin aliento y sin vida!
Isabel
Ya por lo menos no tienes
que temer que otro entrará,
que ya cerré.
sale
Violante
Aunque consueles
un susto, no podrás otro
más penoso y más vehemente.
Isabel
¿Cómo?
Violante
Leonor es la dama
a quien mi primo previene
mi casa para sagrado
de sus desdichas.
Isabel
¿Qué puede
haber sucedido?
Violante
Ésa
es pregunta que no tiene
límite. Puede haber sido
cuanto hay que ser. Por si siente,
procura abrirla la mano.
Isabel
Una llave en ella tiene.
Violante
Cogeríala con ella
en la mano el accidente,
y es natural apretar
cualquier cosa que se encuentre.
¡Leonor, amiga, señora!
Isabel
Si ahora su hermano viniese,
¡buena hacienda habíamos hecho!
Violante
¡Ah, Leonor!
Leonor
¡Cielos, valedme!
Isabel
¡Albricias, que ya respira!
Leonor
¡Tente, señor! ¡Padre, tente,
no me mates! Pero ¡cielos!
¿Dónde estoy?
Violante
Cóbrate, y vuelve
en ti, Leonor, que estás donde
más que tú tus penas sienten.
Leonor
¡Violante mía! Pues ¿quién
fue conmigo tan clemente
que en un instante me trujo
de los brazos de la muerte
a los brazos de la vida?
Violante
Pues ¿tú no sabes quién fuese?
Leonor
No, que soy tan desdichada,
que llegando, ¡ay de mí!, a verme
sin sentido y entre dos
afectos, que uno me ofende
y otro me obliga, no sé
a cuál de los dos le debe
esta fineza mi vida.
Violante
Ni yo sabré responderte,
que más turbada que tú
estoy, y ansí, hasta que llegues
a informarme tú primero
qué es lo que a ti te sucede,
fuera empezar por el fin
la relación.
Leonor
Pues atiende:
un amigo de mi hermano
(déjame, dolor, que aliente),
con la ocasión de buscarle,
la tuvo, ¡ay de mí!, de verme;
en cuyo primero instante,
según él dice, de suerte
rendido quedó a mi vista,
que sin que repare o piense
amor en la obligación
de la amistad que le debe,
ciego amante y necio amante,
más que me obliga me ofende;
porque no sé qué rencor,
qué saña en mi pecho enciende
la vanidad de mi duelo
—si es que hay duelo en las mujeres,
que gustan ver los galanes
airosos y honrados siempre—,
que al verle o traidor amigo,
o mal seguro o aleve,
antes que darle mi mano,
me diera, ¡ay de mí!, la muerte.
Él, valido de la usada
disculpa, que inconvenientes
no ve amor, pues antes de ellos
monstruo alimentado crece,
porfía… Pero ya desto
hemos hablado otras veces
en este mismo sentido,
bien que no tan claramente;
y así, iré a otra cosa, pues
no hay para qué detenerme
en decirte que es don Pedro
de Mendoza el que pretende
que hoy le aborrezca más que
le aborrecí, pues aleve,
loco, atrevido, tirano,
ciego, arrojado, imprudente,
me ha puesto en obligación
de que…
Don Alonso
dentro
¡Hola!
Violante
Mi padre es éste.
Don Alonso
¡Baja, Isabel, una luz!
Isabel
¿Qué haré?
Violante
Bajar brevemente;
que ¿qué importa que a Leonor
halle aquí?
[Vase Isabel.]
Leonor
Si te parece,
mejor es que no me vea,
porque a decir no me fuerce
la ocasión que aquí me trujo.
Violante
Pues retírate, antes que entre,
a mi cuarto, donde nunca
él entrar ni salir suele.
Vase Leonor. Sale don Alonso y Isabel.
Don Alonso
Violante.
Violante
¿Era hora, señor,
para que a casa vinieses?
Don Alonso
¿Quién las noches de un invierno
no las gasta y las divierte
en buena conversación?
Violante
Ansí es; mas ¿quién no lo siente,
siendo a costa de la ausencia
de quien más te estima y quiere?
Don Alonso
Pídeme celos, bien haces,
que yo me huelgo de verte
fina conmigo; que, al fin,
hoy hija y esposa eres.
No ha habido rifa esta noche
que pueda mi amor traerte,
sino solos estos guantes:
toma.
Violante
Aquesto más parece
que es tratarme como a dama;
pues para que no me queje,
me acallas con interés.
Don Alonso
Isabel.
Isabel
¿Señor?
Don Alonso
Que lleves,
será bien, luz a mi cuarto,
y antes de cenar me acueste.
Entra tú después allá,
y haz que esas puertas se cierren.
Va[n]se.
Violante
¡Válgame Dios, qué de cosas
en un instante suceden!
¿Quién creerá que cuando espero
con tanto gusto a don Félix,
le espero con un pesar
tan grande, como tenerle
huida a su hermana en mi casa?
No sé lo que debo hacerme.
Si se lo digo a mi padre,
es forzoso que le pese
de ver delitos de amor,
y más siendo el delincuente
su sobrino; si lo callo,
es querer yo sola hacerme
dueño del duelo de entrambos.
Sale Leonor.
Leonor
¿Fuese?
Violante
Ya se fue; bien puedes
proseguir.
Leonor
¿En qué quedamos?
Violante
En que a don Pedro aborreces,
y él, temerario, te ha puesto
en el riesgo que padeces.
Leonor
Y es verdad; pues en el medio
de amarme él y aborrecerle
yo, y en el medio también
de vivir mi hermano ausente,
tu primo don Juan de Italia
vino a Madrid. También tienes
noticia de que me vio
y me amó; pero de suerte,
que no concurriendo en él
el pasado inconveniente
de conocer a mi hermano,
para en amarme ofenderle,
o concurriendo, ¡ay de mí!,
en él otros accidentes,
que amor se sabe, sin dar
razón a quien los padece,
de por qué merece uno
con lo que otro desmerece,
corrió con mejor fortuna
en mi amor; pues para verme
le di licencia —no sé
cómo, ¡ay infeliz!, lo cuente—
para que en el aposento
de un escudero —que tiene
una puerta condenada
que sale a un corto retrete
de mi cuarto— entrase, siendo
ésta —que no acaso viene
por instrumental testigo
de mi desdichada suerte
en mi mano— la tercera;
de cuya acción imprudente,
don Pedro —que ya tú sabes
cuán poco un celoso duerme—
sabidor, entró a ocasión
que también mi padre…
Llaman dentro a la reja.
Violante
Tente;
no prosigas, hasta que
sepa yo qué ruido es éste.
Leonor
¡Ay infelice de mí!
Que, como la seña acuerde
que hacer mi hermano solía
a tu reja, ésta parece.
Violante
Lo peor es que es ella y él.
Leonor
Y ¿qué has de hacer?
Violante
Que pues viene
hoy tan desimaginado
de tus sucesos a verme,
no he de ponerle en sospecha
quizá con no responderle.
Leonor
Y ¿hasle de decir que aquí
estoy?
Violante
De ninguna suerte,
hasta que lo que has de hacer
con más espacio se piense;
que también tengo yo duelo
para que a mirar no llegue
—y más en trances de honor—
desairado a quien me quiere.
Leonor
Mira que me va la vida
en que aquí no llegue a verme,
que aun hay más de lo que sabes.
Violante
Palabra te doy mil veces
de ampararte y de guardarte,
aunque mil vidas me cueste.
Vuelve a retirarte, pues.
Leonor
¿Dónde iré yo que no encuentre,
entre mi padre y mi hermano,
con la sombra de mi muerte?
Vase.
Violante
¡Isabel!
Sale Isabel.
Isabel
¿Señora?
Violante
¿Qué hace
mi padre?
Isabel
Pienso que duerme;
porque apenas se acostó,
cuando al sueño me parece
que quedó rendido.
Violante
Pues
abre la puerta a don Félix,
y vuelve a estarte con él,
y avisa cuando despierte.
¿Quién en el mundo se vio
en empeño como éste?
Vase [Isabel]. Sale don Félix.
Don Félix
Violante mía, los brazos
me da.
Violante
Y en ellos, don Félix,
un alma que agradecida
te recibe.
Don Félix
Bien merece
esa fineza un amor
que, a pesar de inconvenientes,
la ausencia tuya, Violante,
más que a sus contrarios teme.
¿Cómo estás?
Violante
Como quien vive
sin ti. Di tú, ¿cómo vienes?
Don Félix
Como quien muere sin ti,
que en algo debo excederte;
y así, está puesto en razón
que cuando más me encareces
tú que estás como quien vive,
esté yo como quien muere.
Violante
En decir, bien podrá ser
que la ventaja me lleves,
no en sentir.
Don Félix
¡Hermosa estás!
Permíteme que me pese
de mirarte tan hermosa.
Violante
Cuando yo estarlo pudiese,
¿por qué había de pesarte,
si de esa perfección eres
dueño?
Don Félix
Porque es el aliño
mala gala de un ausente.
Violante
El aliño no afectado
es condición solamente,
no cuidado. Esté desnuda
la verdad de la que quiere,
que ésa es la gala del alma.
Don Félix
Eso aún no es satisfacerme;
que aun a la verdad, hay quien
vestirla de azul intente.
Violante
Mal color para verdad.
Don Félix
Antes bueno, si se atiende
a que es color de los celos,
que son los que nunca mienten.
Violante
Yo he visto mentir algunos.
Don Félix
Yo también, mas pocas veces.
Violante
Déjame pensar a mí
que son muchas, por si tiene
parte en aquesta fineza…
Don Félix
¿Quién?
Violante
…Laura.
Don Félix
No me la mientes.
Violante
Como fue primer amor…
Don Félix
Primero y último es éste;
y si ha de temer alguno,
deja que yo sea.
Violante
Pues ¿tienes
tú qué temer?
Don Félix
De ti no;
de mí sí; que no es prudente
quien no merece una dicha,
si a todas horas no teme
que como alhaja de vidro
entre las manos se quiebre.
Violante
¿Y quien la merece?
Don Félix
No.
Mas ¿quién es quien la merece?
Violante
Tú, que la gozas seguro.
Don Félix
¿De qué suerte?
Violante
Desta suerte:
si el amor se perdiera, en mí se hallara,
porque a mí, como a centro, se viniera
de otros pechos en quien tratar se viera
con fe menos constante, menos rara;
y si después de verse en mí, intentara
explayar su poder a nueva esfera,
de mi trato liciones aprendiera,
con que aun después el mismo amor amara.
Desde allí tan seguros sus favores
vivieran de sospechas y recelos,
de traiciones, agravios y temores,
que ociosos los influjos de los cielos,
descuidando en que ya todo era amores,
no dejaran que nada fuera celos.
Don Félix
Pues si amor se perdiera, no se hallara
en mí, porque yo quiero de manera
que desde luego soy punto y esfera
en quien su ser, como en su centro, para;
y así, con más constante fe, más rara,
a perderse, en mí hallarse no pudiera,
pues para suponer que él se perdiera,
era forzoso que de mí faltara.
Y cuando sus halagos y favores,
enseñados de mí, dieran desvelos
a los demás, amaran con temores,
maestro de sobresaltos y recelos;
que aprende mal una lición de amores
quien no teme el azote de unos celos.
Llaman dentro.
Y es verdad, pues al concepto,
que han respondido parece,
los golpes de esa ventana.
Violante
Será ilusión, que no puede
nadie llamar (¡ay de mí!)
a estas horas…
Don Félix
¡Pena fuerte!
Violante
…a la reja de mi cuarto.
Don Félix
¡Pluguiera a Dios que lo fuese!
Pero ¿cómo lo ha de ser,
si a llamar otra vez vuelven?
Vuelven a llamar.
Violante
Será alguien que acaso pasa,
y en ir dando se entretiene
golpes a las rejas.
Dentro don Juan.
Don Juan
¡Prima,
Violante!
Don Félix
¿Es acaso éste?
Porque es muy bellaco acaso
tu nombre y el de pariente.
Don Juan
¡Prima, Violante!
Violante
Repara
que nada que temer tienes
de mí.
Don Félix
Claro está, que tú
la que han nombrado no eres.
Violante
¿Dónde vas?
Don Félix
A no estorbar.
Responde, que no es decente
no responder.
Violante
No has de irte.
Don Félix
Cuando la puerta me cierres,
me echaré por el balcón
de aquella cuadra de enfrente,
que ya sé que está sin reja.
Violante
Tampoco es bien que aquí entres.
Don Félix
Pues ¿qué? ¿Dos puertas me cierras,
cuando una ventana debes
abrir?
Violante
¿Yo abrir la ventana?
Don Félix
Claro está, que no parece
bien en ninguna ocasión
ser las damas descorteses.
Y pues salir no me dejas,
ni entrar donde yo quisiere,
reponde, que, ¡vive Dios!,
que aunque a tu padre despierte,
dé voces; por eso, escoge
lo que mejor te estuviere:
que salga por esa puerta,
por ese balcón me eche,
o que oiga lo que te dice.
Violante
(¿Qué he de hacer? ¡Cielos, valedme!
Si sale, a don Juan es fuerza
que en la calle, ¡ay de mí!, encuentre;
si entra, que encuentre a su hermana;
si hablo, que algo a entender llegue
contra su honor; y si a todo
me resisto, que despierte
a mi padre. Y así, menos
importa que yo atropelle
a don Juan lo que me diga,
que lo demás.)
Don Félix
¿Qué resuelves?
Violante
Abrir la reja, y que veas
que aquí no hay inconveniente.
Abre la reja, y está parado don Juan.
¿Qué desacierto, don Juan,
de llamar a esta hora es éste
a mi reja, y que de mí
mal la vecindad sospeche?
Don Juan
Como al salir esta noche
de tu casa,…
Violante
¡Vete, vete,
no me digas nada!
Don Félix
Calla.
Don Juan
…fue tan forzoso que quedes
con cuidado;…
Violante
No prosigas.
Don Félix
Déjale hablar.
Don Juan
…recogerme
no he querido, sin que sepas…
Violante
No he de oír.
Don Félix
No le atropelles.
Don Juan
…que ya en la calle no había
peligro, ruido ni gente;
y con esto asegurada
de que nada me sucede,
mírame bien por mi vida,
pues en tu poder la tienes;
y adiós, hasta que mañana,
prima mía, vuelva a verte.
Vase.
Don Félix
¿Quién oyó igual desengaño?
Violante
(¿Quién se vio en trance tan fuerte?)
Don Félix
¡Fiero agravio!
Violante
(¡Dura pena!)
Don Félix
¡Triste amor!
Violante
(¡Infeliz suerte!)
Don Félix
«Como al salir esta noche
de tu casa,…»
Violante
(¿Qué he de hacerme?
Que el decirle la ocasión…)
Don Félix
«…fue tan forzoso que quedes
con cuidado;…»
Violante
(…no es posible;…)
Don Félix
«…no he querido recogerme…»
Violante
(…y callársela, es hacer
que contra mí la sospeche;…)
Don Félix
«…sin que sepas que en la calle
no había ya riesgo ni gente».
Violante
(…callárselo es agraviarle,
y decírselo es perderle.)
Don Félix
«Mírame bien por mi vida,
pues en tu poder la tienes».
Violante
(¿Quién en el mundo se vio
en una ocasión tan fuerte?)
Don Félix
«Y adiós, hasta que mañana,
prima mía, vuelva a verte».
Agora bien, aquí no hay
que discurrir, ni que espere.
Quédate, Violante, adiós.
Violante
No te has de ir.
Don Félix
Pues ¿qué me quieres?
Violante
Que lleves sabido…
Don Félix
¿Hay más
que saber?
Violante
…que no te ofende
mi amor.
Don Félix
Claro está, porque
venir a satisfacert
a estas horas este primo,
sin saber qué primo es éste,
de que al salir de tu casa
nada es lo que le sucede,
y rematar en decir
tan tierna y rendidamente,
«mírame bien por mi vida,
pues en tu poder la tienes»,
no es nada. Tienes razón:
dices bien, que eres quien eres.
Miente la noche, la reja
miente también; finalmente,
mienten mis mismos oídos,
y mis mismos ojos mienten.
Tú sola dices verdad.
Violante
Ni lo digas ni lo niegues;
que todos mienten, y yo
digo verdad.
Don Félix
Calla, aleve;
calla, fiera; calla, ingrata.
Y si disculparte quieres,
¿qué verdad es la que dices?
Violante
Ninguna; que aunque lo intente
por ti, por ti he de callarla,
y déjame, no me aprietes,
que me está mal enojarte,
y peor satisfacerte.
Culpada sin culpa estoy.
Don Félix
¡Muy buen retruécano es ése!
¡A buen tiempo discreciones!
Y puesto que ya no tienes
que temer el que le alcance,
si por eso me detienes,
quédate, Violante, adiós.
Violante
¡Mi bien, mi señor, mi Félix!
Don Félix
¡Mi ira, mi pena, mi agravio!
¿Qué me quieres, qué me quieres?
Violante
Que creas que no te ofendo.
Don Félix
¡Suelta!
Violante
¡Escucha…!
Don Félix
¡Aparta!
Violante
Tente.
Sale Isabel.
Isabel
¿Estáis locos? ¿No miráis
que es forzoso que despierte
a esas voces mi señor?
Don Félix
Pues dila tú que me deje.
Isabel
Déjale ir.
Violante
Sí haré, que yo,
atenta, fina y prudente,
le desengañaré.
Don Félix
¿Cuándo?
Violante
Cuando pueda.
Don Félix
Si hoy no puedes,
¿cuándo podrás?
Violante
Algún día.
Don Félix
Tarde o nunca podrás verle.
Violante
¿Por qué?
Don Félix
Porque tarde o nunca
volverás, ingrata, a verme.
Quédate adiós. (¡Oh, qué mal
se pronuncia un para siempre!)
Quédate, digo, Violante;
y pues uno te encarece
que le mires por su vida,
mírame a mí por mi muerte.
Vase.
Violante
¡Oh, mal haya quien obliga
que haya duelo en las mujeres,
para que a una amiga amparen
con lo que a un amante ofenden!
Vanse. Salen don Pedro, Simón y Tristán.
Don Pedro
¿Adónde fue tu señor,
que tan tarde no ha venido?
Simón
¿Quién duda que entretenido
le habrá tenido su amor?
Don Pedro
Pues mal hace, que ya el día
se ha declarado; no sea
que alguien en Madrid le vea,
siendo así que la porfía
de parte y justicia están
siempre en cuidado de hallarle,
y no dejan de buscarle,
por más que pasando van
unos tras otros los días.
Simón
Seis meses ha ya que estamos
retraídos y faltamos
de la corte.
Don Pedro
Tú podías
irle, Simón, a buscar;
que puede ser no venir
porque no puede salir
de donde entró. Y si es que a estar
llega en peligro, es razón
—como de ello aviso haya—
que yo a la calle me vaya,
que hasta entonces no hay acción
en que yo deba inquirir,
sin lance particular,
lo que él quiere recatar.
Simón
A mi pesar habré de ir.
Tristán
¿Pesar? ¿Por qué?
Simón
Porque no
quisiera que, al verme,…
Tristán
Di.
Simón
…o me cascaran a mí,
o me prendieran, y yo
viniera a pagarlo todo.
Tristán
¿A ti? ¿Por qué? Pues ¿tú fuiste
de la pendencia, si huiste
de ella, y todos de ese modo
lo cuentan?
Simón
Cuentan muy bien,
pero por haber huido,
¿dejo yo de haber tenido
parte en la muerte también?
Tristán
¿Cómo?
Simón
Si con dos reñía
mi amo, ¿púdome obligar
el duelo a más que apartar
al uno que me cabía?
Tristán
No.
Simón
Pues si el uno importuno,
en corriendo yo, corrió
tras mí, ¿quién niega que yo,
apartando al dicho uno,
de aquella muerte cruel
el cómplice a longe fui,
pues el que corrió tras mí
dejó de tirarle a él?
Vase.
Tristán
¿Cómo es posible, señor,
que tan triste a casa vienes,
cuando por tu huésped tienes
al hermano de Leonor,
siendo así que es cosa llana
—según penetrando voy—
que desta amistad de hoy
pase al deudo de mañana,
si no es que como cuñado
le miras ya…?
Don Pedro
Si supieras
cuáles son mis penas, vieras
—en lo presto que han trocado
el gusto que tuve ayer
en su hospedaje, al pesar
que hoy tengo— el poco lugar
que hay del pesar al placer.
Tristán
Pues ¿qué hay? ¿Yo no te dejé
en la calle de Leonor
quieto y seguro, señor?
Don Pedro
Seguro y quieto quedé,
pero ¿qué seguridad,
qué quietud hay en amor
que ira no sea y rigor
de un instante a otro?
Tristán
Es verdad,
pero dime lo que ha sido.
Don Pedro
Con temor te lo diré.
Tristán
¿Tú con temor?
Sí.
Tristán
¿De qué?
Don Pedro
De que no he de ser creído;
porque es tan sin ejemplar
el lance, que has de saber
que es fácil de suceder,
y no fácil de contar.
En la calle de Leonor
al anochecer estaba,
por ver si ocasión hallaba
de obligar el disfavor
con que siempre me ha tratado
—que un amante aborrecido,
tal vez aun del mismo olvido
siente mirarse olvidado—,
cuando vi que aquel don Juan,
que presumo que es pariente
de la otra dama de enfrente,
muy airoso y muy galán
pasó la calle. Ya sabes
que ha no sé qué tantos días
que aumenta las ansias mías,
porque entre penas tan graves
no falte la de los celos.
Éste, pues, más recatado
que antes, volvió, y a un criado
habló a su umbral. Mis recelos,
para advertirlo mejor,
tras un coche me pusieron,
desde cuya sombra vieron
que el criado de Leonor
en el portal le metía.
Fui tras él, ¡pena cruel!,
y llegué cuando con él
por la escalera subía;
y como cerrase ya
la noche, pude al pie de ella
ver, sin verme, ¡dura estrella!,
que a un aposento que está
en el primer paso, abría
la puerta el hombre, y que, entrando
los dos, la cerraba. ¿Cuándo
igualó a la pena mía
otra ninguna? No sé
lo que sentí o no sentí,
porque sólo sé de mí
que tropezando llegué
a la puerta, con intento
de llamar, y de sacalle
del aposento a la calle;
mas mudé de pensamiento
al advertir que podía
ser interés del criado
el que allí le hubiera dado
ocasión, en que sería
fácil que viera a Leonor,
sin que Leonor lo supiera.
Pero aun desta lisonjera,
breve disculpa el dolor
me dejó apenas gozar,
pues advirtiendo que había
luz dentro, porque se vía
por una quiebra brillar
de la puerta, apliqué a ella
la vista —¡luego faltara
por donde un triste acechara
su mal!— y vi a Leonor bella,
que abriendo, ¡ay de mí!, otra puerta,
de que ella misma torcía
la llave, a hablarle salía,
dejándosela entreabierta.
Aquí, pues, el sentimiento
tanto me privó de mí,
que a pocos golpes rompí
la puerta del aposento.
Recibióme con la espada
él en la segunda puerta,
muerta la luz, y más muerta
Leonor, porque desmayada
cayó en tierra. Pensarás
que en la riña mi tristeza
acaba; pues ahora empieza
deste suceso lo más.
Apenas con saña fiera
entrambos nos embestimos,
cuando de su padre oímos
las voces en la escalera.
Yo, que con uno reñía,
viendo que otro no menor
enemigo, él y su honor,
a las espaldas tenía,
quise hacer vista a los dos,
ladeándome; mas no fue
necesario esto, porque
el de dentro, en viendo, ¡ay Dios!,
que era el padre, ¡pena rara!,
la primer puerta cerró,
con que a don Fernando yo
le pude volver la cara,
sólo procurando hacer,
antes que me conociera,
lugar, y salirme fuera.
No sé si esto pudo ser;
que luz y gente llegando,
aunque más lo pretendí,
no sé si bien me encubrí.
En fin, temiendo y dudando,
la calle tomé, de suerte
que desmayada a Leonor
dejé, ofendido un honor,
y a un traidor sin darle muerte.
¡Mira con este suceso
qué gusto puedo tener
en que Félix venga a ser
mi huésped! Pues si confieso
la verdad, la más impía
fortuna que por mí pasa
es que he ofendido la casa
de quien se entra por la mía.
Tristán
Que es grande empeño, no niego;
pero si don Félix viene
de secreto, porque tiene
que guardarse, a pensar llego
que nada desto sabrá.
Lo que hemos de hacer, señor,
es ponerle gran temor,
pues con aquesto se irá
presto; y en ese intermedio
el tiempo dará ocasión
con que a tanta confusión
se pueda buscar remedio.
Don Pedro
¿Qué remedio ni hay, ni ha habido,
ni ha de haber a un desdichado?
Sale don Félix y Simón.
Don Félix
Don Pedro, seáis bien hallado.
Don Pedro
Vos, don Félix, bien venido.
Con cuidado me tenéis:
pues, ¡tan tarde!
Don Félix
¡A Dios pluguiera
que ni aun agora viniera,
sino muerto!
Don Pedro
¿Qué traéis?
Don Félix
Traigo la pena mayor
que me pudo suceder.
Don Pedro
¿Quién la causa?
Don Félix
Una mujer
aleve, un fiero traidor.
Don Pedro
(¡Ay de mí! ¿Si algo ha entendido,
y esto lo dice por mí?)
¿Un traidor, y mujer?
Don Félix
Sí.
Don Pedro
Pues ¿qué es lo que habéis sabido?
Don Félix
No sé. Dejadme, por Dios,
que es mi pena tan cruel,
que aunque sois amigo fiel,
no la he de fiar de vos.
¡Simón!
Simón
¿Señor?
Don Félix
Al momento
puedes volver a ensillar,
que no tengo de parar
en Madrid.
Simón
Con ese intento
vendrás a ser el primero
que a Madrid haya venido
y no se haya detenido
más que pensó.
Don Félix
Majadero,
no me repliques.
Don Pedro
Pues ¿no
sabré yo lo que os obliga?
Don Félix
No sé, don Pedro, qué os diga;
que aun apenas lo sé yo.
Basta para esta venganza
que en mí he de tomar, saber
que quien va a decir mujer,
empieza a decir mudanza;
bien que de sus accidentes
no me he de quejar jamás,
que no había de ser yo el más
dichoso de los ausentes.
Muerto o ausente, aún no está
visto cuál a cuál prefiere;
que honras hacen al que muere,
y agravios al que se va.
Don Pedro
(Alentemos, corazón;
que ya esto a otra parte mira.)
Sin nombrar, puede la ira
desahogar tanta pasión
por señas…
Don Félix
Pues ¿tan pequeñas
son las que llegáis a ver,
que entre mudanza y mujer
habéis menester más señas?
¿No basta, cuando a una bella
fiera hay astro que me incline,
saber que por vella vine,
y me vuelvo por no vella?
Don Pedro
Si de agravios y de celos
los extremos padecéis,
bien en volveros haréis,
porque no han hecho los cielos
contra los celos y agravios
cura de más experiencia
que el remedio de la ausencia.
Fuera de que, si mis labios
no os dijeron hasta aquí
el gran peligro en que estáis,
es porque no presumáis
que nace sólo de mí.
La justicia os ha buscado,
y busca con diligencia;
a todo es buena la ausencia;
de un cuidado otro cuidado
os asegure. Ea, Simón,
ve a ensillar, que aunque yo haya
de sentir el que se vaya,
detenerle no es razón.
Simón
¡Buen achaque te has hallado,
si en la prisa se repara
que tú también me das para
despedir al convidado!
Don Pedro
¿Eso has de pensar de mí?
Don Félix
Es un loco. Ve volando,
y haz, Simón, lo que te mando.
Simón
Ya voy… Mas no voy.
Don Félix
Pues di,
¿qué es lo que te hace volver
huyendo?
Simón
Que a mi señor
he visto en el corredor.
Don Félix
¿Mi padre?
Simón
Sí.
Don Félix
Pues saber
no pudo que estoy aquí,
si tú no se lo dijeras,
es bien que a mis manos mueras.
Simón
Tente, señor,…
Don Pedro
(¡Ay de mí!
¿Qué puede haberle traído?)
Simón
…que, ¡vive Dios, que no he hablado
palabra!
Don Félix
Don Pedro, dado
que mi padre haya sabido
que estoy en Madrid, no quiero
que me vea. Vos podéis
decir que nada sabéis
de mí, a cuya causa espero
en esta cuadra escondido
estar, hasta que se vaya.
Vase, y sale don Fernando, viejo.
Don Pedro
(¿Habrá en el mundo quien haya
igual empeño tenido?)
Don Fernando
Señor don Pedro.
Don Pedro
¡Señor!
Pues, ¿vos en aquesta casa?
(¡Qué mal finge un delincuente!)
Don Fernando
No os admire que me traiga
(¡Mal disimula un quejoso!)
a ella un cuidado.
Don Félix
[al paño]
(¡Qué ansia!)
Don Pedro
Si teníais que mandarme,
¿un criado no bastaba
que viniese, para que
yo a vuestra obediencia vaya?
Don Fernando
No es negocio el que yo traigo
con vos, que a criado se encarga;
y así, podéis disponer
que ése allá fuera se salga.
Don Pedro
Llega unas sillas, Tristán,
y espera allá fuera.
Don Félix
(¡Raras
prevenciones!)
Tristán
(Fuerza es
que aquí grande empeño haya;
yo avisaré a quien le impida,
aunque me acusen de baja
la acción; que en mí no hay más duelo
que estorbar una desgracia.)
Vase.
Don Pedro
¿Qué hacéis?
Don Fernando
Cerrar esta puerta.
Don Félix
(¿Quién vio duda tan extraña?)
Don Pedro
(¿Quién vio lance tan terrible?)
(¿Quién vio tan cuerda venganza?)
Señor don Pedro, materias
del honor, en quien más trata
mantenerlas como noble,
son materias tan sagradas,
que ni se dicen ni sienten
sin la costa de que haga
o novedad el oírlas,
o vergüenza el pronunciarlas.
Pero cuando este respeto
que se les pierde al tocarlas,
es por hombre de mis prendas,
de mi sangre y de mis canas,
de mi valor y mi honor,
parece que asegurada
llevan no sé qué licencia,
que, o concedida o negada,
hace tratable el camino
que hay del honor a la infamia.
Don Félix
(Ya esto es muy de otra materia:
escuchemos en qué para.)
Don Pedro
(En grande peligro estoy.)
Don Fernando
Yo no me espanto de nada.
Mozo he sido, viejo soy;
todo cabe en la edad larga.
Escuelas son de la vida
los años, en cuya sabia
academia la experiencia
lee, en su cátedra sentada,
aquella lición de que
se ha de ir hacia la desgracia;
antes, a que no suceda;
sucedida, a remediarla.
Hijo tengo, mozo es:
mucho por vivir le falta.
Quizá menester habrá
vuestra prudencia mañana,
como hoy vos la mía; y ansí,
quiero en vos depositarla,
para que le sirva a él.
Con cuya prudente salva,
dos quejas tengo de vos,
y aunque parece que basta
cualquiera a declarar que
resuciten en mi fama
aquellos pasados bríos
que entre aquesta nieve helada,
o bien impedidos yacen,
o mal dormidos descansan,
antes de apelar a ellos,
quiero apelar a la anciana
edad mía, y que haga el juicio
lo que había de hacer la espada,
porque no hay venganza como
no haber menester venganza.
Don Félix
(¿Adónde irá a parar esto?)
Don Pedro
Señor, yo… si… cuando…
Don Fernando
Nada,
hasta oírme, me digáis.
Don Félix
(Escuchemos lo que falta.)
Don Fernando
La primer queja es que siendo
vos quien sois, de cuya clara
sangre Mendoza las orlas
de tantos timbres se esmaltan,
fiéis tan poco de mí
o de vos, que con tan bajas
acciones penséis que puede
merecer vuestra esperanza
más con Leonor que conmigo.
Don Félix
(¡Leonor dijo! Ya esto pasa
a más superior empeño.)
Don Fernando
La segunda es que se valga
de la amistad de don Félix
vuestra pretensión, fundada
en que ella en mi casa sea
quien os guarde las espaldas.
Ya lo dije, ya no puedo
volver atrás la palabra.
Don Félix
(Ni yo pasar adelante.)
Don Pedro
(Sin vida estoy y sin alma.)
Don Fernando
Demás de estar informado
de criados y criadas
de que vuestro galanteo
mi casa y mi calle agravia,
el lance en que os hallé anoche
sabéis; y aunque allí la saña
se vengara, si pudiera,
muy otra es mi confianza;
que enseña mucho una noche
a quien en pensar la gasta.
Yo no quiero que don Félix,
que vendrá a Madrid mañana
—porque ya en mi poder tengo
instrumento en que se aparta
la parte—, llegue a entender
lo que en sus ausencias pasa,
porque no sé si tendrá,
si acaso a saberlo alcanza,
la espera que yo; y así,
salgamos a repararla.
Y puesto que contra vos
todos los informes paran,
Leonor será vuestra esposa,
con todas cuantas ventajas
pueda dar de sí mi hacienda,
con sólo que vuelva a casa,
antes que el haber faltado
de ella entre las cuchilladas
de anoche, alguien…
Sale don Félix.
Don Félix
¿Cómo es eso?
Don Fernando
¡Qué miro!
Don Félix
¿Quién es quien falta
de casa, señor?
Don Pedro
(Ya aquí
sólo asegurar la espalda
me queda que hacer.)
Don Félix
¿Leonor?
Pues ¿qué esperas? Pues ¿qué aguardas,
si contra don Pedro está
la presunción? No le valga
el fuero de la amistad
al que a la amistad agravia.
¡Traidor amigo!
Don Fernando
¡Deténte!
Don Félix
Suelta.
Don Fernando
No saques la espada,
que esto ha de quedarse aquí,
antes que a la calle salga
nuestra desdicha.
Don Félix
Eso es
lo que ha tocado a tus canas.
Estotro toca a mi brío.
¡Falso amigo!
Don Fernando
Tente.
Don Félix
Aparta.
¿Tú me tienes?
Don Fernando
Yo te tengo,
porque la prudencia haga
lo que ha de hacer el valor.
Señor don Pedro, mi casa,
mis brazos, mi hija, mi hacienda,
mi honor, mi vida, mi alma,
todo es vuestro, nada es mío,
como con vos Leonor vaya
a ser el dueño de todo.
Don Pedro
(¿Quién vio, en confusiones tantas,
que me rueguen con la dicha
cuando no puedo lograrla?)
Don Félix
¿Cómo, dándote a partido,
no se ha arrojado a tus plantas?
Don Fernando
Un convencido no tiene
tan a mano las palabras.
Espérate.
Don Pedro
(¿Cómo puedo
yo empeñarme en dar palabra
que no he de cumplir, ni cómo
puedo ofrecerme a llevarla,
si aun que faltase no sé?
Y ¿cómo, cuando la hallara,
puedo con quien me aborrezca
casarme, cuando a otro ama?
Ofrecerlo será miedo,
decírselo será infamia,
porque es cosa muy cruel
para dicha cara a cara.
Y aunque me maten, no tengo
yo de infamar a una dama,
por más que ella me aborrezca.
¿Qué haré? ¡Los cielos me valgan!)
Don Félix
Mucho lo piensa, señor.
Déjame llegar.
Don Fernando
Aguarda.
A quien ruega con la dicha,
¿tanto en responderle tardas?
Don Pedro
Sí, que hay que responder mucho,
y no he de responder nada.
Mi muerte es el mejor medio.
Don Félix
Ya el sufrimiento no basta.
Saca la espada.
Don Fernando
Mira en qué te empeñas, que
es mi acero quien le ampara.
Don Félix
Porque no me acusen nunca
que tu respeto me falta,
quitándote a ti el sombrero,
sabré quitarle a él el alma.
Don Fernando
Félix, tente.
Don Félix
Quita.
Don Fernando
Mira
que destruyes a tu hermana.
Don Félix
No me destruyera ella
primero a mí.
Simón
Cuchilladas
dentro de la casa hay.
dentro
Tristán
¡En tierra la puerta caiga,
que dentro está quien le dio
muerte a don Diego de Lara!
Uno
¡Entrad todos!
Don Fernando
(¡Qué pesar!)
Don Pedro
(¡Qué sentimiento!)
Don Félix
(¡Qué rabia!)
Salen todos.
Todos
¡Favor al rey!
Uno
A prisión
os dad.
Don Félix
Poco me acobarda
ver tantas armas ni gente.
Don Fernando
(¡Oh, si hallase mi amor traza
para asegurarle, en tanto
que estotros medios se tratan!)
Simón
Uno que me ha de caber
tras mí a la calle se salga.
Todos
A prisión os dad.
Don Félix
Primero
pedazos a cuchilladas
me habéis de hacer.
Don Pedro
Y a mí y todo.
Don Fernando
Félix, no con nueva causa
quieras volver al principio
la que tienes ya acabada;
tu perdón tengo, no importa
que te prendan.
Don Félix
No me espanta
la prisión, sino el pensar
que con ella se dilata
la venganza de un traidor.
Don Fernando
Pues ¿qué has de hacer?
Don Félix
Procurarla,
poniéndome en salvo agora.
Todos
¿Cómo?
Don Félix
Por esta ventana.
Vase.
Don Fernando
¡No te arrojes! ¡Tente, Félix!
¡Tente, hijo!
Don Félix
[dentro]
¡El cielo me valga!
Don Pedro
(Y a mí aquesta confusión,
que esto no es volver la espalda
al riesgo, sino al decoro
de no culpar a una dama,
obligándome a decir
por qué no puedo acetarla.)
Vase.
Todos
¡Sigámosle por aquí!
[Vanse.]
Simón
¿Quién vio confusiones tantas?
Don Fernando
Entre tu vida y mi honor,
no sé, ¡ay de mí!, tras quién vaya,
cuando don Félix se arroja,
y de aquí don Pedro falta.
Más hay que temer, desdicha,
de lo que temí. ¡Oh, ingrata,
quien te quiere te desprecia!
¡Paciencia, cielo, o venganza!
Jornada Segunda
Voces dentro. Salen, por una puerta, don Juan, y por otra, don Félix con la espada desnuda.
Un Alguacil
dentro
¡Por aquí, por aquí va!
¡Seguidle todos!
Don Juan
¿Qué estruendo,
qué ruido es éste en la calle,
y aun en casa?
Don Félix
Caballero,
si las honradas desdichas
deben obligar…
Don Juan
¡Que veo!
Don Félix
…a cualquier noble… ¡Qué miro!
Don Juan
¡Don Félix!
Don Félix
¡Don Juan!
Don Juan
¿Qué es esto?
La primer vez que en Madrid,
por mi ventura, os encuentro,
¿viene a ser por mi desdicha?
¿Qué traéis?
Don Félix
Hablar no puedo;
que más que el susto, el cansancio
me va quitando el aliento.
La justicia es de quien huyo,
claro está, porque mi pecho
nunca pudo de cobarde,
y siempre podrá de atento.
Don Juan
Cobraos; que cuando aquí os siga,
no habéis llegado a mal puerto,
pues a vuestro lado estoy.
Don Félix
De vuestro valor lo creo,
de vuestra sangre, de nuestra
amistad antigua; pero
si me pudiese escapar
antes la maña que el riesgo,
será mejor; que justicia
me pone tan digno miedo
que al decir «Teneos al rey»,
de pies y de manos tiemblo.
Don Juan
La cuartana de los nobles
llaman a aquese respeto;
y puesto que nadie os sigue,
esperadme aquí, que quiero
ver la calle y tomar voz
de los que os buscan; que puesto
que nadie os vio entrar, será
muy posible iros siguiendo
por otra parte perdidos.
(Ya presumo, a lo que entiendo,
que este acaso ha de impedirme
—si agora viniese Celio,
a quien en cas de mi tío
de guarda he dejado puesto—
la obligación de acudir
a Leonor, y ver qué medio
puede tener el extraño
lance de ayer.)
Vase.
Don Félix
¿Habrá, cielos,
hombre a quien en una noche
asalten tantos sucesos,
todos infelices, todos
trágicos, todos adversos?
¡Ay, fortuna, vamos
a ver si es que es menos
difícil decirlos
que fue el padecerlos!
En la casa de Violante…
Amor, no me acuerdes esto,
que hay más superior pesar
en el alma, y es desprecio
del honor, querer que tengan
el primer lugar los celos.
Mas ¡ay de mí!, muy bien haces
en dar el lugar primero
al menos noble enemigo;
porque si mis sentimientos
por el más noble empezaran,
me había de faltar el tiempo.
¡Buena compañía
la de mis tormentos,
pues para segundos
me traen a los celos!
¡Leonor fuera de su casa!
¡Mi padre, prudente y cuerdo,
rogando con ella a quien,
en vez de agradecimiento,
responde con omisiones!
Poco a poco, pensamiento,
que vas descubriendo en mal
distintos visos y lejos
muchas luces; y aun con ser
tantas, que han de ser recelo
más las sombras que las luces,
si miro, si oigo, si advierto
que amante a quien ruega
su mismo deseo,
y calla, o está
muy loco o muy cuerdo.
Y por lo que digo, ¡ay triste!,
de amante rogado, buenos
deben de ser dos pesares
que dejan para tercero
acreedor de mis desdichas,
en el graduado pleito
de amor, honor y amistad,
la ira, la rabia, el veneno
de hallar traidor a un amigo,
que en lo íntimo del pecho
abrigué, para que fuera
la víbora que me ha muerto.
¡Qué infame debía
de ser el primero
que al amor ingrato
le doró los hierros!
Y pues de mis tres fortunas,
al tocar los tres extremos,
uno por otro me dejan
con vida, como diciendo:
«Si otro no le mata, viva
por mí», afectando violentos,
mañosamente piadosos,
ser dañosamente fieros.
La vida que ellos me dan
sabré volver contra ellos,
vengándome de Violante.
¡Otra vez, dolor, has vuelto
a darla el primer lugar!
Mas como eres vil afecto,
nacido en bajos pañales,
no sabes de cumplimiento,
y así, siempre tomas
el lugar primero;
que es muy de los ruines,
si hacen caso de ellos.
Vengándome de Violante,
digo otra vez, con desprecios,
con olvidos, con mudanzas
—¡oh, cúmplalo, pues lo ofrezco!—;
vengándome de Leonor
para ejemplar escarmiento,
con iras y con rencores;
pues aunque la esconda el centro,
sabré buscarla y matarla;
y vengándome, en efeto,
antes y después, teñido
en sangre este limpio acero
de un traidor amigo, pues
aunque él quiera, yo no quiero
ya que sea Leonor suya.
Mejor hará los conciertos,
que el báculo de mi padre,
mi espada. Mas ¿cómo, ¡ay, cielos!,
ofrezco olvidar,
y matar ofrezco,
si yo el olvidado
soy, antes que él muerto?
Sale don Juan, maltratando a Simón.
Don Juan
¡Pícaro, desvergonzado!
¿Vos tenéis atrevimiento
de entrar aquí?
Simón
Si importaba
no entrar, no estuviera abierto.
Don Juan
¡Vive el cielo, que a mis manos
habéis de morir!
Don Félix
¿Qué es eso?
Don Juan
Saliendo a mirar la calle,
vi a ese hombrecillo inquiriendo
todos los portales de ella,
y en éste, al volver, le encuentro;
de manera que echadizo
viene a ver, a lo que infiero,
dónde estáis. Y por si acaso
os vio, le he entrado acá dentro,
para que volver no pueda
con respuesta.
Don Félix
Deteneos,
que ése es un criado mío,
cuya lealtad le habrá puesto
en cuidado de buscarme.
Simón
¡Buen socorro, y a buen tiempo,
después de descalabrado!
Don Juan
Pésame de no saberlo
antes.
Simón
Más me pesa a mí.
Don Juan
Que me perdonéis os ruego.
Simón
Eso dijo uno, después
que había cortado, por yerro,
a otro la cara.
Don Juan
Don Félix,
bien podréis cobrar aliento,
que siendo vuestro criado
aquese hidalgo, es muy cierto
que todos los que os seguían
por esotra calle han vuelto,
desesperados de hallaros.
Don Félix
Dicha fue entrar, consiguiendo
que no me viesen.
Don Juan
Y dicha
veros yo; que desde el tiempo
que en Salamanca estudiantes,
amigos tan verdaderos
fuimos, que con sola una alma
animaban ambos cuerpos,
y que la escuela dejamos
por dos caminos diversos,
vos de cortesano, y yo
de soldado, no nos hemos
visto más; y aunque en Madrid
fue mi principal deseo
buscaros, nadie me ha dicho
de vos.
Don Félix
No os espantéis de eso;
que como siendo estudiante,
gozaba en mis años tiernos
un patronato que tiene
gravamen o privilegio
de nombre y armas, firmaba
allá Félix de Toledo;
y habiéndole renunciado
por el traje que ahora tengo,
volví al nombre de mi casa;
y así, muchos de aquel tiempo
me han equivocado, hijo
de mis padres.
Don Juan
Y el no haberos
visto en las conversaciones
ni en los públicos paseos
de calle Mayor y Prado,
¿qué ha sido?
Don Félix
Un triste suceso,
de quien aun hoy es resulta
venir la justicia huyendo,
ha seis meses que me tiene
ausente de Madrid.
Don Juan
Ésos
son los que ha que yo a Madrid
vine, poco más o menos,
con algunas esperanzas
llamado de mis aumentos.
Don Félix
Con vuestra licencia. Dime,
Simón,…
Simón
Dime tú primero,
¿qué te hizo don Pedro para reñir con él?
Don Félix
Deja eso
—que aunque has de saberlo, no
soy yo del que has de saberlo,
si ya no es que sin mi voz
te lo diga mi silencio—
y dime, ¡ay Dios!, dónde queda
mi padre.
Simón
Él quiso, resuelto,
tras ti echarse; yo le tuve.
Don Félix
Y ¿volvió a hablar con don Pedro?
Simón
No, que don Pedro de allí
faltó al instante, y el viejo
llorando tras la justicia
ir quiso; mas con el peso
de años y penas, no pudo.
Don Félix
¡Calla, calla, que me has muerto!
Simón
¡No me hubieras muerto tú
más a mí!
Don Juan
¿Qué ha sido eso?
Don Félix
No es nada.
Simón
No es sino mucho.
Don Félix
Acá son mis sentimientos.
Simón
Acá son mis mojicones
duplicados.
Don Juan
Y en efeto,
¿qué es lo que pensáis hacer?
Que yo a todo estoy resuelto.
Don Félix
No sé qué os diga, porque
me importa estar encubierto
por una parte, y por otra
me importa ir a donde dejo
pendiente el alma. (Es verdad,
que allá en mi padre la tengo.)
Y así, entre quedarme o irme,
no sé a lo que me resuelvo.
Don Juan
En cuanto a quedaros, yo,
Félix, mi casa os ofrezco;
pero no es nada segura
si os importa estar secreto,
porque es casa de posadas,
cuyo tráfago es inmenso,
y es fuerza salir y entrar
criadas en este aposento;
que aunque pudiera vivir
en casa de algunos deudos,
esto de mozo y soldado
no se ajusta a los preceptos
de concertadas familias;
y así, aquí por mejor tengo
vivir en mi libertad.
En cuanto a iros, lo que puedo
hacer es acompañaros.
(¡Qué a mi pesar se lo ofrezco!
Mas ¿cómo puedo excusarlo?)
Ahora escoged vos.
Don Félix
Habiendo
riesgo en quedarme, don Juan,
mejor es esotro riesgo:
ir adonde más me importa
acudir. Mirad, os ruego,
la calle; que como salga
seguro una vez de aquéllos
que me siguieron, no es fácil
encontrar con otros luego
que me conozcan.
Don Juan
La calle
segura está.
Don Félix
Pues doblemos
la vuelta por esta esquina.
Vanse. Salen don Pedro y Tristán.
Tristán
¿Eso intentas?
Don Pedro
Eso intento.
¿Qué importa perder la vida,
si dama y amigo pierdo?
Y así, a buscar a don Juan
agora a su casa vengo,
con resolución de que,
pues es el dichoso dueño
de una ingrata, se declare,
u de no querer hacerlo,
se venga al campo conmigo;
que no tiene lo mal hecho
más disculpa que la enmienda
del valor; y así, pretendo
ver si en parte satisfago
a quien en el todo ofendo,
dando esta satisfación
de que yo a Leonor no tengo.
Tristán
Él viene allí con don Félix.
Don Pedro
¡Con don Félix! Pues dejemos
espera al lance; quizá
más bien informado, ha puesto
la mira en el mayor blanco,
y hasta llegar a saberlo,
uno y otro no nos vean.
Vanse. Salen don Juan, don Félix y Simón.
Don Juan
(¿Cómo hicieran mis deseos
que para ver a Leonor,
sin que me estorbe el respeto
del enojo de mi tío,
me desocupara presto?)
Don Félix
(¿Cómo hicieran mis pesares
que me dejara? Que siendo
fuerza buscar a mi padre,
y hallarle en casa es más cierto,
que lo sepa, no quisiera,
porque buscándome luego,
no entendiera mis desdichas.)
Simón
(¿Qué será lo que suspensos
van discurriendo los dos,
que parecen suegro y yerno,
que de una, dos y tres quejas
jugando están mal contentos,
cada uno para sí?)
Sale Celio.
Celio
(Que haya ya salido temo
mi amo de casa. Mas él
viene aquí.) Señor…
Don Juan
¿Qué hay, Celio?
Celio
(Que de allí no me he quitado,
y hasta aqueste instante mesmo
no salió el viejo de casa.
Ya puedes ir.)
Don Juan
(A mal tiempo
vienes; que no me es posible.)
Don Félix
¿Qué os obliga a hacer extremos?
Don Juan
Es que tenía a un criado
de posta a una calle puesto,
a ver si un hombre salía
de su casa, porque tengo
de hablar en ella a una dama
a ocasión que él no esté dentro;
y por ir con vos, es fuerza
la pierda o dilate, siendo
así que me va la vida,
por el más raro suceso
de amor que jamás oiréis;
porque habéis de saber… Pero
eso es para más despacio.
Id donde vais, y sea presto,
porque en dejándoos a vos,
pueda volver.
Don Félix
Yo me huelgo
de tener esa ocasión
para pediros, más cuerdo
que sin ella lo pidiera,
que me dejéis solo, puesto
que también me importa ir solo.
Don Juan
Ya sé que ése es cumplimiento.
Don Félix
No es, por Dios, sino verdad,
y que andaba discurriendo
cómo decíroslo yo.
Y ansí, id con Dios.
Don Juan
¿Cómo puedo
dejaros yo en…?
Don Félix
Vos a mí
no me dejáis; que yo os dejo
a vos, pues yo os lo suplico.
Don Juan
Mirad que estoy en empeño,
que acetaré la licencia,
si me aseguráis que es cierto
que os importa.
Don Félix
Pues me importa
más que pensáis.
Don Juan
Pues con eso,
y con que sabéis mi casa,
y que soy amigo vuestro,
quedad con Dios.
Don Félix
Él os guarde.
Don Juan
(¡Ay, Leonor, cuánto deseo
saber lo que tú y Violante
esta noche habéis dispuesto,
para acudir a tu amparo
antes que a mi sentimiento!)
Vanse don Juan y Celio.
Simón
Dime, señor, por tu vida,
¿quién es este caballero?
Don Félix
Es un grande amigo mío.
Simón
Y se le luce por cierto,
que da lindos mojicones
a tus criados.
Don Félix
Pues eso,
sin conocerte, ¿qué importa?
Simón
Importa el quejarme. Pero
¿para qué te apartas de él,
si vais un camino mesmo?
Don Félix
¿Cómo?
Simón
En nuestra calle han entrado.
Don Félix
A que salgan de ella quiero
esperar, porque no sepa
que es mi casa donde vengo.
Simón
Pues si has de esperar que salga,
de espacio estás, que sospecho
que es en ella la visita.
Don Félix
Dime, pues, si no estoy ciego,
¿no entró en casa de Violante?
Simón
Pienso que sí, a lo que pienso.
Don Félix
Mientes, infame; de largo
pasó.
Simón
Claro está que miento.
De largo pasó.
Don Félix
¿Hacia dónde
fue donde echó?
Simón
Hacia allá dentro.
Don Félix
¡Ay infelice de mí!
¡Decir que tenía puesto
un criado que avisara
cuándo (¡ahógueme mi aliento!)
saliera un hombre (¡qué pena!)
para hablar (¡qué sentimiento!)
a una dama (¡qué dolor!)
en un extraño suceso
de amor (¡qué rabia!); en la casa
de Violante entrar, y esto
sobre lo que yo vi anoche…!
Pues ¿qué aguardo? Pues ¿qué espero,
que no voy? Mas ¿dónde he de ir?
¡Ay de mí!
Sale don Fernando.
Don Fernando
¡Oh, cuánto me huelgo,
Félix, de haberte encontrado!
Don Félix
Yo también, pero ya vengo…
Don Fernando
Tente, que no has de ir sin mí,
dondequiera…
Don Félix
(¡Hay tal encuentro!)
Don Fernando
…que vayas, porque no es
quedar dudando y temiendo
cuidado para dos veces;
y puesto que, conociendo
que me habías de buscar,
ya que no quedabas preso,
en casa estuve esperando,
y de ella a salir me vuelvo
por no estar entre mis ruinas,
y es nuestro fin uno mesmo,
no le hablemos en la calle;
ven a casa.
Don Félix
Ya yo vuelvo.
Don Fernando
Ya he dicho que tú sin mí
no has de ir.
Don Félix
Yo vendré presto.
Don Fernando
Entra en casa, por mi vida,
porque hay mucho que pensemos
del arrojo de Leonor
y el recato de don Pedro:
mira que tu honor te llama
a cuidar de su remedio.
Don Félix
Si mi honor me llama, vamos.
(Adiós, agravios y celos,
a nunca más ver; que pues
os he dejado, no pienso
volver jamás a buscaros;
y para que en ningún tiempo
me acusen de cobardía,
que me hacen fuerza protesto
las instancias de mi honor,
y las lágrimas de un viejo.)
Vanse los dos.
Simón
Ve aquí dos cuartos a quien,
sea ciego o no sea ciego,
me diere la relación
de lo que quiere ser esto.
Ahora bien, solo he quedado;
discursos, soliloquiemos,
que nadie a un pícaro quita
hablar con su pensamiento.
¿Qué será venir mi amo
y querer volverse luego,
llegar su padre a buscarle,
y cerrados por de dentro,
en cuchilladas pagar
el hospedaje a don Pedro?
¿Qué será que la justicia
llegase a tan lindo tiempo,
y que se hallase un amigo,
que, por igualar el peso
de las alforjas, nos diese
a mí cachetes y a él celos?
¿Qué será que el viejo ande
tan solícito y suspenso
tras él? Y ¿qué será…?
Sale Inés tapada.
Inés
¡Ce!
Simón
No prosiga ucé, la ruego,
la suerte; que es mi azar esa
letra.
Inés
¿Por qué?
Simón
Porque temo
que la ce pronuncie, y salga
luego la de por encuentro.
Inés
Concepto del baratillo,
raído, remendado y viejo.
Mas si le pongo la mano,
yo le pondré como nuevo.
Simón
¿A mí, o al concepto?
Inés
A entrambos.
Simón
Pues yo, mujer, ¿qué te he hecho?
Inés
¿Qué más que ver a Isabel
antes que a mí?
Simón
¡Vive el cielo,
que es Inesilla! Pues ¿cómo
(aquí entro yo), oh áspid fiero,
cocodrilo o basilisco,
o otro cualquier epiteto
de sabandija del caso,
fuera de casa te encuentro,
descarriada?
Inés
¿No debes
tú de saber, según eso,
lo que hay en ella?
Simón
No sé
más de que agora a ella vengo.
Inés
Pues sabrás…
Simón
¿Qué?
Inés
…que Leonor
no está en casa.
Simón
Malo es eso.
Inés
Mas no lo digas a nadie,
porque se fue de secreto,
y aun digo más, que se fue…
Simón
¿Cómo?
Inés
…como un caballero
se la llevó.
Simón
Iden per iden.
Inés
¿Qué es iden per iden, necio?
Simón
Quiero decir que irse ella,
o llevársela, es lo mesmo.
Mas dime, ¿cómo fue?
Inés
Escucha.
Hablan los dos, y sale Isabel al balcón.
Isabel
(De posta al balcón me han puesto,
por si viene mi señor,
mientras están discurriendo
Leonor, Violante y don Juan
lo que han de hacer. Mas ¿qué veo?
Simoncillo a una tapada
hablando está. ¿Cómo, ¡cielos!,
se puede sufrir que quien
no da diamantes, dé celos?)
Simón
¡Extraño caso!
Inés
Yo apenas
vi, Simón, el río revuelto,
cuando no quise esperar
a la cólera del viejo.
Isabel
(¡Sortija, y otra! Eso no.
De ira y cólera reviento.)
Inés
Y el venir ahora en la calle
es a una cosa que tengo
de fiar de ti, ya que
te me ha deparado el cielo.
Simón
¿Qué es?
Inés
Como huyendo salí,
no saqué más que mi miedo.
Isabel
(Otra sin diamante, vaya;
mas con diamante es desprecio.)
Inés
Que aun este manto es prestado,
y así vine con intento,
si el viejo no estaba en casa,
de ver si podía entrar dentro
a sacar mi hatillo.
Simón
Pues
¿qué quieres que haga?
Inés
Oye atento:…
Isabel
(Si me la hubiera dejado,
aun fuera el agravio menos.)
Inés
…mi arca está en su cuarto; que
Leonor en él, por más fresco,
en ausencia de su hermano,
ha vivido.
Simón
Ya te entiendo.
¿Querrás que yo te abra el arca
y te saque lo que hay dentro?
Inés
Sí.
Simón
¿No es mejor, pues los amos
están de ese cuarto lejos,
hablando a puerta cerrada,
que entres tú? Que yo no quiero
que después te falte algo.
Inés
¡Ah, picarón, ya te entiendo!
Pero vamos, pues en fin
soy quien soy, y nada temo;
que conmigo va mi honor.
Simón
(Aunque más a Isabel quiero
que a Inés, no es malo inesearme,
mientras no me isabeleo.)
Vanse.
Isabel
¿Qué es aquello de «mi honor
va conmigo»? ¿Esto consiento?
¿Diamante, y otra a mis ojos?
Violante
dentro
¡Isabel!
Isabel
Llamó a buen tiempo
mi ama, que de aquí me echara,
a no estar tan hondo el suelo;
mas yo tomaré venganza
de ambos, tan a sangre y fuego,
que digan todos al verla:
«¡parece que somos griegos!»
Quítase de la ventana, y salen por abajo don Juan, Violante y Leonor.
Violante
dentro
¡Isabel!
Isabel
[dentro]
¡Ya voy, señora!
[Sale Isabel.]
Leonor
¿A qué la llamas, si viendo
está si viene tu padre?
Violante
A que abra; que no quiero,
estando aquí con don Juan,
oírle más atrevimientos.
Don Juan
¿Qué atrevimiento es decir
que a todo trance resuelto,
pondré mil veces la vida
por asegurar el riesgo
de Leonor, y que ella elija
—pues no puede durar esto
de tenerla tú escondida,
sin que lleguen a saberlo
tu padre y la vecindad—
más a su gusto el convento
que quisiere? Porque en cuanto
a que casarme es el medio
más digno, y el que yo más
deseo, estimo, busco y precio,
no ha de ser —Leonor, perdona—
sin asegurar primero
qué ocasión tuvo otro amante
para tanto atrevimiento
como romper una puerta
dentro de su casa. Y esto
tú me lo has de agradecer,
si me quieres. ¿Fuera bueno
para deudo y para esposo,
quien fuera menos atento?
Violante
¿Tan poco duelo, don Juan,
tengo yo, que hablara en ello,
a no constarme ver que es
su amor su aborrecimiento?
Don Juan
Si a ti te consta, a mí no.
Leonor
¿Y tengo tan poco duelo
yo, que si diera licencia
a otro para aquel despecho,
te la hubiera dado a ti,
don Juan, para este desprecio?
Don Juan
No es desprecio la atención.
Bien sabe amor que en mi pecho
idolatrada, Leonor,
vives, con tan grande extremo
que comprara la disculpa
a no menos grande precio
que la vida; y para que
no mal mirada tratemos
materia tan peligrosa
sin el decoro y respeto
que debo a quien más adoro,
y que guardo a quien más debo;
Leonor, mi vida y mi alma
tuya es, de todo eres dueño;
sólo mi temor es mío.
Satisfáganse mis celos,
y entonces podré ser tuyo;
porque en lazo tan estrecho,
no es bien entrar tropezando,
para no salir cayendo.
Vase.
Leonor
Oye, aguarda, escucha, espera…
Isabel
Más veloz parte que el viento.
Violante
¿Cerraste la puerta?
Sí.
Y agora pedirte quiero,
señora, que una merced
me hagas.
Violante
Di, yo te la ofrezco.
Isabel
Una ama que antes serví
me debe algunos dineros.
Quisiera ir allá, porque
sé que ahora los tiene, y pierdo
ocasión para cobrarlos.
Violante
Ve, pues, como vengas presto.
Isabel
Al punto vendré. (Por vida
de cuantos hay, que los tengo
de poner… Ello dirá.
Sólo ahora una cosa temo,
y es que mi ama me conozca,
si de aquí me ve. Mas eso,
con disfrazarme, tendrá
facilísimo remedio.)
Vase.
Leonor
¡Ay infelice de mí!
¡Qué cierto, amiga, qué cierto
es que finezas y agravios
son áspides encubiertos
que engañan con la hermosura
y matan con el veneno!
Violante
No te digo que no llores,
porque quitarte no puedo
armas que contra el dolor
nos dio, en último remedio,
nuestro ser; sólo te digo
que a pesar del sentimiento
ensanches el corazón,
porque tenemos un cielo
tan piadoso, que no envía
el daño sin el remedio.
¿Tú de la infeliz fortuna
—sea acaso o sea misterio—
derrotada, no tomaste
en estos umbrales puerto?
¿Tú de mí no te has valido,
y dueño de tu suceso,
de tu fama y de tu vida
no soy?
Leonor
Sí.
Violante
Pues cobra aliento,
que yo sacaré tu honor
de los turbados reflejos
que le empeñaron la luz
a tu verdad, tan exento,
que la altivez de don Juan
vuelva a ti con rendimientos,
y la queja de tu padre
en más apretado aumento.
Leonor
Déjame besar tu mano.
Violante
No tienes que agradecerlo,
que aunque te lo ofrezco a ti,
no eres tú a quien yo lo ofrezco.
Leonor
Pues dime, ¿a quién?
Violante
A tu hermano;
y aun él no es, según lo advierto,
sino a mí misma no más
por mí misma, porque siendo
Félix mi amante, no fuera
posible que mis afectos
le miraran con cariño,
si le miraran temiendo
que había defecto en su fama,
sin cuidar yo del defecto;
aunque con lo que le obligo,
él presuma que le ofendo.
¿A quien yo estimo, ha de haber
quien desestime, creyendo
que padece su opinión?
¿A quien yo he dicho que quiero,
ha de haber quien le mormure?
¿A quien miro como dueño,
ha de ver como ofendido
la ojeriza o sobreceño
de la malicia? Eso no.
Leonor
Y añade, Violante, a eso,
en sabiendo el mismo agravio,
que aun es más deslucimiento.
Violante
¿Cómo?
Leonor
Como con mi padre
le he visto entrar descubierto
en casa.
Violante
¡En casa está Félix!
Leonor
Sí.
Violante
¿Qué dices?
Leonor
Lo que es cierto.
Violante
¿Tú le viste?
Leonor
Yo le vi
desde aquesa reja, a tiempo
que tú de espaldas hablabas
con tu primo.
Violante
Pues ¿qué espero
—si sobre el lance de anoche
tan cerca agora le tengo—
que a cumplirle la palabra
no voy, de que sus recelos
tengo de satisfacer
con todos cuantos extremos
pueda la fe de mi amor?
Haber dado a Isabel, siento,
licencia; pero con otra
criada iré.
Leonor
¡Ay de mí!, que temo,
si a verle vas, que peligre
entre el cariño el secreto,
que nunca fueron amigos
amor, mujer y silencio.
Violante
No lo temas, porque cuando
no fuera porque lo ofrezco,
porque él no se vengue, no
lo dijera.
Leonor
Pues ¿no es eso
contra el concepto pasado?
Violante
No, sino el mismo concepto;
pues ni el ser yo tan tu amiga,
ni el ser tu hermano mi dueño,
ni el haberte por mi puerta
entrado a valer del riesgo,
me pone en la obligación
que mi desvanecimiento,
al presumir que por mí
ha de quedar satisfecho
tu honor, don Félix seguro,
don Juan casado, contento
tu padre, cuando por mí,
en los archivos del tiempo,
también hay duelo en las damas
quede al mundo por proverbio.
Vanse, y salen Inés y Simón.
Simón
Pues ya en el cuarto te ves,
cinco palabras, sin que abras
tu boca, oye.
Inés
¿Qué palabras?
Simón
Un poco te quiero, Inés.
Inés
¿Qué es eso que considero
en tu mano, tan brillante?
Simón
No es nada, sino un diamante.
Inés
¡Ay, Simón, lo que te quiero!
Simón
Eso, Inés, no me hace a mí
novedad, que ha muchos días
que sé lo que tú querías.
Inés
Desde el punto que te vi…
Simón
(Con sortija…)
Inés
…te adoré,
sino que me dio temor,
que a Isabel tienes amor.
Sale Isabel.
Isabel
(¡A buena ocasión llegué!)
Simón
¿Yo a Isabel? Hate engañado
tu vil sospecha cruel,
que si yo quiero a Isabel,
no ha sido de enamorado,
sino por ver la fineza
con que la gran mentecata…
Isabel
(¡Hónrete Dios!)
Simón
…cuida y trata
de mi regalo y limpieza.
¡Si la vieras cada día
acudir a la persona
con camisa o con valona,
o con otra niñería
bocólica, que por yerro
fingir suele el servil trato
que se lo ha comido el gato,
y es que se lo comió el perro,
sin que por eso jamás
me viese alegre la cara…!
Isabel
(¡Quién, ladrón, te la cortara!)
Inés
Pues ¿por qué?
Simón
Porque sabrás,
si la verdad te confieso,
que sobre ser una loca,
la güele muy mal la boca.
Isabel
¡Cuando pido será eso
mucho más que cuando doy;
que uno y otro es gran mentira!
Simón
¡Que se ha soltado La Ira
del auto del Corpus hoy!
Isabel
¡Picaño, infame, atrevido,
tú y Inés sabréis aquí
cómo se ha de hablar de mí!
Inés
Ve aquí que lo hemos sabido.
¿Qué hay para eso?
Isabel
Que los dos
muráis.
Inés
¡Para mí cuchillo!
Isabel
¡Chinela a mí!
Dentro don Félix.
Don Félix
¡Simoncillo!
Simón
Peor es esto, ¡vive Dios!
Mi amo entra acá.
Inés
Si me ve,
cierto es que me ha de matar.
Isabel
Y a mí me ha de preguntar
lo de anoche lo que fue,
y yo no lo he de decir.
Simón
Pues si ocultaros queréis,
en esta cuadra podéis.
Isabel
Suspendamos el reñir
para mejor ocasión,
y hasta que de aquí salgamos,
desta banda nos hagamos.
Inés
Dices bien.
Simón
Presto.
[Escóndense, y] sale don Félix.
Don Félix
Simón,
salte allá fuera, y no digas
a nadie que estoy aquí.
Simón
¿Solo te has de quedar?
Don Félix
Sí.
(¡Ay, honor, a lo que obligas!)
Solo me quiero quedar,
mientras mi padre escribiendo
está, que a solas pretendo
que me mate mi pesar.
Simón
Pues, solo aquí, ¿qué has de hacer?
Don Félix
Llorar, Simón, y sentir,
sin que lo pueda decir
a nadie.
Simón
No puede ser.
Don Félix
¿Por qué?
Simón
Porque mi lealtad
solo no puede dejarte,
aunque quiera, en esta parte.
Don Félix
Dices bien, que soledad
de un triste, ya es compañía.
¿No te vas?
Simón
Sabe primero
que aquí no estás bien.
Don Félix
No quiero
oírte.
Simón
¿Por qué?
Don Félix
¡Qué porfía
tan necia!
Simón
Corre de aquí
muy mal aire.
Don Félix
¿Quién se entró
en aqueste cuarto?
Sale Violante tapada.
Violante
Yo.
Don Félix
¿Vos en esta casa?
Violante
Sí.
Simón
(¡Buena hacienda habemos hecho,
si llega a ver encerrada
cada cual a su criada!)
Don Félix
(La voz se ha helado en el pecho.)
Si a ver venís a mi hermana,
que a otra cosa no vendréis,
la visita errado habéis,
porque desde esta mañana
no está en casa; que sabiendo
que una deuda (¡fuerte estrella!)
mala está, a estarse con ella
fue unos días.
Violante
Ya os entiendo.
Don Félix
¿Qué hay que entender aquí? (¡Ay Dios!)
Violante
Que con eso habéis querido
daros por desentendido
de que es la visita a vos.
Don Félix
Yerro es ése.
Violante
¿Cómo así?
Don Félix
No sé; pero mal haréis,
si la visita debéis
a otro, en pagármela a mí.
(Mas volved atrás, extremos;
no despeñándonos vamos.)
Inés
al paño
(En grande peligro estamos.)
Isabel
al paño
(Lo que hemos de hacer pensemos.)
Violante
La visita que miráis,
no a vos vengo a hacerla yo
porque os la deba, sino
porque vos me la debáis.
Y esotra que presumís,
bien podéis imaginar
que jamás la he de pagar.
Don Félix
Si es que a decirme venís
que mis ojos me han mentido
y mis oídos burlado,
ya yo estoy desengañado;
y así solamente os pido
me hagáis merced de quitarme
la ocasión de hablar en esto,
que estoy a callar dispuesto;
y aunque sé que ha de matarme
tener cerrados los labios,
dad licencia a mis pasiones
que huyan las satisfaciones,
pues huyeron los agravios.
Violante
Esperad; que cuando yo
la visita a haceros vengo,
sin conseguirla no tengo
de dejaros.
Don Félix
Cuando no
hay queja de parte mía,
haber en la cuestión nuestra
satisfación de la vuestra,
ociosa cosa sería.
Violante
Sea ociosa o no sea ociosa,
sabed que no ofende quien
busca.
Don Félix
Yo lo creo; está bien.
Pero vamos a otra cosa.
Violante
¿Qué es?
Don Félix
(Qué decirla no sé.)
Isabel
(¿Atreveráste a esto?)
Inés
(Sí,
que yo, por salir de aquí,
cualquier cosa intentaré.)
Don Félix
Yo tengo un pesar, Violante,
tan grande que no me deja
aliento para la queja;
y así agora no os espante
de que me falte también
para la satisfación.
Perdonad a mi pasión
que a lo que me está tan bien
no dé oídos. Algún día,
que mis desdichas sabréis,
quizá me agradeceréis
no deciros la voz mía
que para qué me buscáis,
después que yo anoche oí
lo que oí, y vi lo que vi
hoy. Pues vi que a don Juan dais
licencia de que esperara
a que vuestro padre hubiera
salido, para que fuera
donde en el lance os hablara
de su amor;… y no prosigo,
porque errando estilo y modo,
vendré quizá a decir todo
lo que digo que no digo.
Violante
Pues ya que vos, sin decir,
decís lo que no queréis,
escuchadme, porque habéis
de oír ahora sin oír.
Félix, mis obligaciones
me ponen en ocasión…
Salen las 2 criadas, tapadas, y se van.
Isabel
¡Decidme luego que son
mentiras vuestras traiciones!
Don Félix
¡Mujer! ¿Quién eres?
Violante
Tras ella
no habéis de ir,…
Don Félix
¡Soltad!
Violante
…que aquí
no es justo dejarme a mí,
y satisfacerla a ella.
Simón
(¡Extraña resolución!)
Don Félix
No quiero más de saber
quién es aquella mujer.
Violante
¡Qué necia satisfación!
Con ella escondida, ¿no
sabéis quién es?
Don Félix
No.
Violante
En verdad
que es poca curiosidad.
Don Félix
Violante mía, si yo
sé quién es…
Violante
Cerrad el labio,
que no quiero…
Simón
(¡Lindo aliño!)
Violante
…que el oíros un cariño
tenga de costa un agravio.
¡Agora, «Violante mía»!
Don Félix
Decís bien; que ni aun agora
debiera un alma que llora
tan infeliz, tan impía
suerte, haberlo pronunciado.
(¡Arrebatóme, ay honor,
el dolor deste dolor!)
Violante
Pues si de eso os ha pesado,
fácil enmienda ha tenido.
Haced vos cuenta de que
no lo dijisteis; yo haré
cuenta de que no lo he oído;
y con aquesto los dos
volvámonos a quedar
bien: vos con vuestro pesar,
y yo con mi agravio. Adiós.
Don Félix
Espera, Violante, y deja
que acuda a tu desengaño,
que no quiero que un engaño
me eche a perder una queja.
¡Simón!
Simón
(Agora entro yo.)
Don Félix
¿Quién es aquella mujer?
Simón
¿Posible es que a conocer
quién es no llegaste?
Don Félix
No.
Simón
Pues Laura, señor, sabiendo
que a Madrid habías venido,
con aquel amor rendido
que siempre te está queriendo,
vino a verte.
Don Félix
¿A verme a mí?
Simón
¡No, sino a mí!
Don Félix
Pues ¿por qué
se escondió?
Simón
Fue a tiempo que
mi amo andaba por aquí,
y para que no la viera,
en esa cuadra esperando
estaba.
Don Félix
Pues ¿cómo, cuando
yo llegué, no salió fuera,
ni tú a mí me lo dijiste?
Simón
Ya yo te lo iba a decir,
y no lo quisiste oír.
¿Acuérdaste lo que hiciste,
sobre no dejarme hablar?
Entró en aquesta ocasión
Violante, ecétera.
Violante
¿Son
éstas…
Don Félix
¡Máteme el pesar!
Violante
…todas las satisfaciones
que tenéis que darme?
Don Félix
Sí,
pues venirme a ver a mí,
movida de sus pasiones,
no es tener la culpa yo.
Violante
Sí es; pero es tener la culpa
de querer que esa disculpa
me satisfaga.
Don Félix
Pues ¿no
es bastante no saber
yo que ella estuviera aquí?
Violante
Sí por cierto, y siendo ansí
que yo no puedo tener
queja —pues en sus acciones
decir con resolución:
«Decidme luego que son
mentiras vuestras traiciones»,
no da a entender haya sido,
en razón de mi pasión,
alguna satisfación
de que mi amor es olvido,
o es desprecio, o es desdén,
o es agravio, o lo que vos
le habréis dicho— adiós, adiós.
Don Félix
Espera, Violante, ten;
mira que es muy imperioso
poder el que ha pretendido…
Violante
¿Qué?
Don Félix
…que ruegue un ofendido,
y desenoje un celoso.
Yo no he dado…
Violante
Está muy bien.
Don Félix
…causas que tu agravio apoyen.
Violante
Mis oídos, que lo oyen,
y mis ojos, que lo ven,
mienten; vos sólo decís
verdad.
Don Félix
¡Al cielo pluguiera
que aun aquésa no lo fuera!
Violante
Soltad.
Don Félix
Mirad que venís
a satisfacer, y no
es bien volveros sin que
consigáis el fin a que
venís.
Violante
Desaire es que yo
perdonaré agradecida;
que es cosa muy rigurosa
que desenoje quejosa,
ni satisfaga ofendida.
Don Félix
Pues sabed que si porfiáis…
Violante
Decid.
Don Félix
…que os dejaré ir.
Idos, que no he de sufrir
que vos de un agravio hagáis
tanto duelo, y que de dos
no haya yo de hacer ninguno.
Violante
Es más declarado el uno.
Quedad con Dios.
Don Félix
Id con Dios.
Violante
Mirad que a satisfaceros
no he de volver.
Don Félix
No volváis,
supuesto que me dejáis
con mis agravios primeros.
Violante
Yo he visto una dama aquí.
Don Félix
Allá vi un amante yo.
Violante
Ése a mí no me buscó.
Don Félix
Ni a esotra yo; y si es así,
¿a quién buscó ése?
Violante
No sé,
que es sagrado a que no toco.
¿Quién trujo a estotra?
Don Félix
Tampoco
lo sé yo.
Violante
Ved que me iré
sin saberlo.
Don Félix
Mirad vos
que sin sabello también
me quedaré yo.
Violante
Está bien.
Quedad con Dios.
Vase.
Don Félix
Id con Dios.
¿Fuese?
Simón
No… Sí.
Don Félix
¡Oh, injusta estrella!
Pide licencia al dolor
que paso, y perdona, honor;
porque tengo de ir tras ella.
Vase.
Simón
La cizaña que derrama
Isabel no es nueva, pues
la primera moza no es
que da celos a su ama.
[Vase.] Sale Isabel.
Isabel
¡Grande ventura ha sido,
si mi ama talle o voz no ha conocido,
a casa haber llegado,
y antes que venga, haberme desnudado
del disfraz que llevaba!
Digo que fue —no es alabarme— brava
resolución la mía;
porque allí me estuviera todo el día,
a riesgo que me vieran
ella y don Félix, con que no tuvieran
disculpa mis desvelos.
¿Quién dio celos jamás, yendo por celos,
sino yo?
[Sale Leonor.]
Leonor
¡Oh Isabel, seas bien venida!
Isabel
(De todo me he de hacer desentendida.)
¿Adónde está, bella Leonor, mi ama?
Leonor
Fuera de casa fue; su honor la llama,
porque yo estoy muy cierta
que Laura… Mas ¿no llaman a la puerta?
Isabel
Sí.
[Sale Violante con manto.]
Violante
(¡Mi honor y fama
este falso, este aleve, este homicida
pone en tal riesgo! ¡Acábese mi vida!)
¡Ay, Leonor! ¡Ay, amiga, que estoy muerta!
Leonor
¿Qué traes, Violante?
Violante
Ponte en esa puerta
[A Isabel.]
para advertir de Félix en la casa.
Oye, que he de contarte lo que pasa.
Yendo a satisfacerle de un cuidado
que un yerro le causó tan mal fundado,
como las dos sabéis (¡Fiero tormento!
¡No sé cómo he tenido sufrimiento!),
de una cuadra salió con su criada
Laura, quien, muy desenfadada…
¡Traidor aleve! ¿Mis obligaciones
pagas así? ¡Ya he visto tus traiciones!
Leonor
Y tú, ¿qué hiciste?
Violante
Sólo tenerle a él, porque el (¡ay triste!)
desaire no me hiciera
de irse tras ella.
Isabel
¿Hay desvergüenza igual?
Si allí estuviera,
no sé lo que me hiciera.
Mas, señora, ¿no es él?
Don Félix viene.
Violante
Ve, Isabel, tú a abrir; tú, a retirarte.
Isabel
Pues toma, aquese manto es bien llevarte,
porque mi señor no le vea,
y que mi ama ha salido fuera crea.
Leonor
¿Cuándo saldré de aquesta prisión, cielos?
Que hasta hoy no vi la cara de los celos.
Vase. Sale don Félix.
Don Félix
¿Está en casa tu señor?
Isabel
No.
Don Félix
Pues que entre, Isabel, deja,
a hablar a Violante.
Isabel
¿Agora
te vienes con esa flema,
después de haberla enviado
de agravios y celos muerta?
Don Félix
Déjame tú.
Violante
¿Con quién, di,
hablando estás a la puerta,
Isabel? ¿Quién llamó?
Don Félix
Yo.
Violante
¡Don Félix! Pues ¿tan apriesa
pagáis las visitas? Pero
bien hacéis, y no me pesa
de ver que en algo tengáis
conmigo correspondencia.
Don Félix
Siempre, Violante, la tuve
yo con vos, y siempre buena.
(Déjame, honor, un instante,
pues ya te pedí licencia.)
A darme satisfaciones
fuiste; sólo entendí de ellas
que las tienes, no las guardes;
si las guardas, no las pierdas.
Duélete de mí, Violante,
y de lástima siquiera
dime algo, aunque sea mentira;
que cualquier cosa que sea,
antes que tú me la digas,
doy palabra de creerla.
Violante
Aunque de mis quejas, Félix,
yo no viva satisfecha,
y tenga muchas razones
para pensar que son ciertas,
quiero seguir tus motivos,
y para dejar exenta
mi razón, vencer la tuya.
Don Juan, aquél que a la reja
llamó anoche, y a mi casa
vino hoy, mi primo es. Si aun ésta
no es satisfación, don Félix
—que en la corte es cosa cierta
haber tramposos amores
que se mantienen de deudas—,
a lo que viene, es…
Leonor
(¡Ay triste,
[al paño]
si mis sucesos le cuenta!)
Violante
…a que mi padre…
Isabel
¡Señora!
Mi señor a casa llega.
Don Félix
Sin duda era dicha mía
la que decirme deseas,
pues viene quien la embarace.
Isabel
Ya sube por la escalera.
Don Félix
Pues en aqueste aposento
me entraré.
Leonor
(Si entra, soy muerta.)
Don Félix
¿Cómo es esto? ¡Vive Dios,
que por de dentro la puerta
han cerrado!
Violante
(¡Ay de mí, cielos!)
Don Félix
He de abrirla.
Violante
Considera
que viene, Félix, mi padre.
Don Félix
Mas que todo el mundo venga;
que ya, perdido lo más,
no importa que esto se pierda.
Violante
No has de entrar.
Don Félix
Tengo de entrar,
si dos mil vidas me cuesta.
Violante
Si pierdo dos mil, no has
de entrar.
Sale don Alonso.
Don Alonso
¿Qué voces son éstas,
«he de entrar», y «no has de entrar»?
Don Félix
(Perdido estoy.)
Violante
(Yo estoy muerta.)
Don Alonso
¿Qué es esto? Pues ¿vos, don Félix,
en mi casa, con tan ciega
resolución? ¿Tú, Violante,
tan loca y tan desatenta?
¿Qué es esto?, digo otra vez.
Violante
(¿Quién vio confusión como ésta?
Si digo lo que es, descubro
que Leonor está encubierta,
y la descubro a su hermano;
si lo callo, es cosa cierta
que mi padre, ¡ay de mí, triste!,
algo de mi amor entienda;
si finjo algo, que es don Juan,
pensar don Félix, es fuerza;
pues ¿cómo satisfaré,
dejándola libre a ella,
a don Félix y a mi padre?)
Don Alonso
¿Ninguno me da respuesta?
Violante
Yo te lo diré, señor.
Don Félix
(¿Qué es lo que decirle intenta?)
Violante
Tapada aquí con el manto
(¡Oh, quiera amor que me entienda
Leonor, y que se le ponga,
pues en la mano le lleva!)
una dama entró, señor,
diciéndome «Yo soy muerta»,
a ampararse de mí; y yo,
claro está, a su riesgo atenta,
la cerré en ese aposento,
cuando don Félix tras ella
entró, diciendo que había
de matarla. Yo, resuelta
a estorbar una desdicha
dentro de mi casa mesma,
y más con la obligación
de quien se ha amparado de ella,
le pedí que se tuviese;
él, con la cólera ciega,
«He de entrar» dijo; «No habéis
de entrar», respondí soberbia,
que es lo mismo que tú oíste;
y para que aquesto veas
que es ansí, salid, señora.
Isabel
(Si ella a estas horas no hubiera
puéstose el manto, ¡por Dios,
que había hecho linda hacienda!)
Leonor con manto.
Violante
[A D. Alonso.]
Tenle tú, mientras que sale.
(Vete, amiga, y da la vuelta.)
Leonor
(Muerta voy; pero alentemos
la disculpa.) Para ésta.
Vase.
Don Alonso
Por cierto, señor don Félix,
haberos visto me pesa
tan ciego. Pues ¿qué ocasión
a un caballero destempla,
a querer poner las manos
en mujer? ¿Vos tal bajeza?
Don Félix
Señor, la cólera…
Don Alonso
No,
no os disculpéis; no tras ella
vais. No le dejes salir
tú, Violante, hasta que vuelva
yo; que hasta quedar segura,
no es bien de vista la pierda,
ya que la valió el sagrado
de mi casa.
Vase.
Violante
Considera
en qué se fundan tus celos.
Don Félix
Todos son desta manera;
pues ¿quién es esta mujer,
para recatarme el vella?
Violante
Pues ¡qué!, ¿no la has conocido?
Laura es, que estaba a mi puerta
esperándome, don Félix,
para pedirme muy tierna,
con lágrimas, que te olvide;
porque la tienes a ella
obligaciones a que
no es posible que tú vuelvas
el rostro.
Don Félix
¿Yo obligaciones?
Violante
Así me lo dijo ella.
Don Félix
¡Vive Dios, que he de buscarla,
y hacer…!
Violante
Si alguna fineza
he de deberte, palabra
me da…
Don Félix
¿De qué?
Violante
…de no verla.
Don Félix
Mucho me pides, Violante,
pero por mucho que sea,
lo haré, no tanto por ti,
como…
Violante
Di.
Don Félix
…porque otra pena
no me acuse que entre celos
y amor me he olvidado de ella.
Violante
¿Qué pena?
Don Félix
No he de decirla.
Violante
Ni yo quiero ya saberla.
Y vete, porque mi padre
no te halle aquí cuando vuelva.
Don Félix
Yo me iré; pero, Violante,
¿en qué mis desdichas quedan?
Violante
En mí, que quiero, y no ofendo.
Don Félix
En mí, que quiero, aunque ofendas.
Violante
¡Ay, amor, lo que me debes!
Don Félix
¡Ay, amor, lo que me cuestas!
Jornada Tercera
Salen Leonor con manto y Violante sin él.
Leonor
Esto ha de ser.
Violante
No ha de ser.
Leonor
¿Cómo quieres tú que, expuesta
cada instante a nuevo riesgo,
jugada la vida tenga?
Don Juan, de honrado u de tibio,
no se resuelve a que sea
nuestro casamiento quien
ponga a mi desdicha enmienda.
Mi hermano, celoso de él,
según yo he visto y tú cuentas,
anda en sus alcances; y esto
contra ti o contra mí es fuerza
que resulte; que no siempre
ha de haber una cautela
como la de aqueste manto,
que a él y a don Alonso pueda
asegurar. Fuera desto,
tú padeces la sospecha
de mi amor, y no es razón
que por mí disgusto tengas,
que un día u otro ha de obligarte
a que, por salvar tu ofensa,
hayas de decir la mía;
y así, en irme estoy resuelta,
donde de un vivo cadáver
sepultura sea una celda.
Acabe todo conmigo,
o yo con todo. Licencia
me da; que a aquesto no más
he dado, amiga, la vuelta,
ya que me hallaba en la calle
de aqueste manto cubierta.
Sólo te pido que digas
a don Juan que si desea
hallarme, cuando le informe
el cielo de mi inocencia,
me busque, ya él sabe dónde,
pues sabe dónde a unas deudas
suelo visitar. Los brazos
me da, y adiós.
Violante
Oye, espera;
que pues no me has entendido,
Leonor, lo que en mil diversas
ocasiones dije, aquí
será el repetirlo fuerza.
Yo te he dado la palabra
de ampararte, y si perdiera
mil veces por ti la vida,
mil veces estoy dispuesta,
Leonor, a perderla, que esto
no es porque me lo agradezcas
—también lo he dicho—, pues es,
si de mi duelo te acuerdas,
por el honor de tu hermano,
porque a mí sola me deba,
ya que me debe el cariño,
que su opinión no se pierda.
¡Vive Dios, que de mi casa,
ya que se entró por sus puertas
de mí a valerse su honor,
no ha de salir, sin que sea
con todas cuantas mejoras
fuere posible que tenga!
Leonor
Pues ¿qué medios para eso
tenemos?
Violante
Escucha atenta.
Don Juan aquí no nos oye;
no el ser deudo mío va fuera
de camino; tú no tienes
a su acusación respuesta
—pues no es fácil que don Pedro
intente satisfacerla—
más que rogar y llorar.
Pues llora, Leonor, y ruega;
que una mujer principal
que una vez a verse llega
ya declarada, no hay cosa
que no le esté bien hacerla.
Antes que se empeñe, mire
lo que hace; empeñada, atienda
a que es nuestra voluntad
una prisión tan estrecha
que tenemos homenaje
jurado de no romperla.
Valgámonos de las armas
que nos dio naturaleza:
lágrimas y sentimientos,
suspiros, ansias y quejas,
en tanto que otro camino
descubre el cielo en que puedas
satisfacer a don Juan;
y cuando no valgan estas
primeras instancias blandas,
nos valdremos de la fuerza;
que yo, por Félix, no habrá
cosa a que no me resuelva,
aunque sea a que le mate.
Leonor
Detén, Violante, la lengua;
que ese intrincado camino
que hay del llanto a la violencia,
amor mal o tarde o nunca
le supo pisar la senda.
Mas ¿qué me aconsejas que haga?
Violante
Mi padre ha salido fuera;
y así, escríbele a don Juan
que a verte esta noche venga;
y llórale tu desdicha,
laméntale tu inocencia,
y déjale a tu verdad
que ella misma por sí vuelva;
que si lágrimas mentidas
suelen tener mucha fuerza,
lágrimas sobre verdades,
¿qué pecho habrá que no venzan?
Leonor
Temo que, aunque yo le escriba,
don Juan a verme no venga,
según la resolución
con que de las dos se ausenta.
Violante
Pues ten esa razón más.
Leonor
Agora otro temor resta:
¿qué hemos de hacer de mi hermano,
si ve que sale o que entra?
Violante
Yo aseguraré a tu hermano.
Leonor
¿Cómo?
Violante
De aquesta manera:
él está de mí celoso,
y yo empeñada en que tengan
sus celos satisfaciones.
Éstas hoy no puede haberlas
en más que mirarme fina
todo el tiempo que no pueda
declararme más; y añado
a esto que también es fuerza
estarlo yo, pues que vi
a Laura en su casa mesma.
Pues con estas dos razones,
y otra que el alma reserva
para sí —por no decir
que Félix, a tanta pena
postrado, aun en sus despechos
tiene no sé qué vergüenza,
que yo entiendo, aunque él la calla—,
¿quién culpará que me atreva
—con lástima sobre celos,
o sobre amor conveniencia—,
no estando mi padre en casa,
a pasar, cuando anochezca,
a la suya? Con que tú
bien asegurada quedas
de que él acá no vendrá,
como yo allá le detenga.
Leonor
Y a tu padre ¿qué diremos,
si cuando viene estás fuera?
Violante
Que estoy en una visita,
con que no es objeción ésa.
Leonor
Pues yo escribiré un papel,
encareciendo cuán llena
de pesares podrá ser
hallarme a sus manos muerta.
Vase.
Violante
¡Isabel!
Sale Isabel.
Isabel
¿Qué es lo que mandas?
Violante
Ponte el manto y aquí espera,
que has de llevar a don Juan
luego un papel. (¿Quién creyera
que una ofensa facilite
para curar otra ofensa?)
Vase.
Isabel
(Eso tiene para mí
mil y tantas conveniencias;
ponerme el manto es la una,
que no hay moza que no tenga
pacto implícito de manto;
la dos, para salir fuera;
la tres, sin ama; y la cuatro,
a llevar papel, que es fuerza
que tenga porte; la cinco,
cuando más porte no tenga,
hacer una buena obra;
y tener lugar, la sexta,
para ver a Simoncillo
a la ida o a la vuelta,
y echar verbos desta boca,
para que el infame vea
si me huele o no me huele;
la siete… pero ya cierra
Leonor el papel. Aquí
queda esto; haya buena cuenta,
que ya poquititas faltan
hasta las mil y quinientas.)
Sale Leonor.
Leonor
Toma, Isabel, y a don Juan
volando este papel lleva,
y ven presto, por tu vida.
Vase.
Isabel
Tú verás mi diligencia.
Santiguo el papel, y salgo
con pie derecho. Con estas
dos prevenciones, jamás
me sucedió cosa buena.
Sepamos, ya que en la calle
estoy de paticas puesta,
¿dónde debe una criada
acudir con más presteza?
¿Adónde su ama la envía,
u adónde su amor la lleva?
Mas ¡qué frialdad de pregunta!
Déla calor la respuesta,
yendo a ver a Simoncillo.
En el umbral de su puerta
está; yo quiero pasar
disimulando.
Sale Simoncillo.
Simón
(¡Que ni alcance yo ni entienda
los secretos de mis amos!)
¡Ce, mi reina! ¡Ce, mi reina!
Isabel
¿Es a mí?
Simón
No, sino a usted.
Isabel
Y bien, ¿qué manda?
Simón
Que sepa
que tiene en mí un escudero,
y que si me da licencia,
habrá hipocrás y castañas.
Isabel
¡Sin verme!
Simón
La gracia es ésa;
porque como usted sea otra,
el no haberla visto es verla.
Isabel
No me siga, porque soy
amiga de amigas.
Simón
Tenga,
que me ha tocado en el alma.
¿A quién conoce por prenda
de la persona?
Isabel
A Isabel.
Simón
¡Isabel! ¡Buena pobreta
si no tuviera una falta!
Isabel
¿Cómo qué cosa?
Simón
Que es tuerta.
Isabel
Yo la he visto con dos ojos.
Simón
Es de vidro el uno.
Isabel
¡Tenga!
Que aun por eso usté engastada
trae en oro esa centella
de vidro. ¿Fue desperdicio
de alguno que se le quiebra
a esa mi señora doña
Licenciada Vidriera?
Simón
Mujer, ¿qué dices? Que éste
es diamante.
Isabel
¡Buena es ésa!
¿Diamante ucé?
Simón
Yo diamante,
tan duro como una piedra.
Isabel
A ver.
Simón
¿A ver y no más?
Vesle aquí.
Isabel
Porque no sea
a ver no más, a más ver.
Simón
Mujer, tente.
Isabel
¡Infame, suelta!
Que ya que soy tuerta, tengo
de hacer que andes tú a derechas.
Simón
(¡Vive Dios, que es Isabel!)
Calla, boba; calla, necia,
que a no haberte conocido…
Isabel
Ésa es disculpa muy vieja,
y no quiero más venganza
de todas tus desvergüenzas
que dejarte.
Simón
No es dejarme
dejarme desta manera,
sino llevarme tras ti
arrastrando.
Inés
(Ver quisiera
sale
si sacó Simón mi arca.
Mas ¿qué miro?)
Isabel
(¿No es aquélla
Inés? Sí. Para escaparme,
me viene bien la deshecha.)
Ya le he dicho que me deje,
y en su vida no me vea,
que es Inés amiga mía.
No quiero cuentos con ella.
Simón
¿Qué tiene que ver aquí
con mi sortija la puerca
de Inés?
Inés
Hable bien, si sabe.
Simón
(¡Cayóse la casa a cuestas!)
Isabel
Amiga mía, a buen tiempo
has venido, donde sepas
que yo no te quiero dar
disgusto; y porque lo veas,
haz que no venga tras mí.
[Vase.]
Simón
¡Isabel!
Inés
No has de ir tras ella.
Simón
Mira que me lleva el alma.
Inés
¡Hay tan grande desvergüenza!
¡En mi cara!
Simón
Ésa es la mía.
Ten la mano, que se lleva
ella el diamante, y parece
que le traes tú, según pegas.
Inés
Téngase; no porque quiero
yo a nadie que otra desprecia,
sino para que me dé
de mis alhajas la cuenta.
Simón
En dándola de las mías.
Mas ¡ay, que mis amos llegan!
Inés
¡Quieran los cielos que no
me conozcan!
[Vase.]
Simón
¡Buena hacienda
he hecho! Por esto no puede
quien de galante se precia,
tener dos damas no más,
porque a una vez que se encuentran,
queda un hombre celibato.
Sale don Fernando y don Félix.
(Ya me vio mi amo, y es fuerza
no seguirlas. ¡Quiera el cielo
que lo que tratan entienda,
para que con lo demás
también el juicio no pierda!)
Don Fernando
¿De dónde vienes?
Don Félix
No sé.
Don Fernando
Dime, Félix, por consuelo
de mis canas —así el cielo
más ventura a entrambos dé—,
si vienes de haber buscado
a don Pedro.
Don Félix
Sí, señor;
mas como amigo traidor,
se ha escondido y se ha ocultado
de suerte que, desde ayer,
que de la justicia huyendo
le dejé, aunque más pretendo
hallarle, no puede ser
de efecto mi diligencia,
porque no parece.
Don Fernando
¡Ay, triste!
¡Qué mal en buscarle hiciste!
Don Félix
¿Por qué?
Don Fernando
Porque de su ausencia
resulta otra pena mía.
Don Félix
¿Qué es?
Don Fernando
Retírate de aquí.
Simón
Pues ¿yo puedo estorbar?
Don Fernando
Sí.
Allí, Simón, te desvía.
Simón
(¿De cuándo acá han estorbado
en los bienes ni en los males
los lacayos principales?
¿De cuándo acá se ha guardado
de ellos secreto?)
Don Félix
No digas
más, que esa sospecha ya
tan dentro del alma está,
que no hay para qué prosigas;
porque el haber otro allí
con quien don Pedro riñera,
y bajar por la escalera
solo, bien muestra, ¡ay de mí!,
que otro fue quien la ocultó;
porque don Pedro, ni hiciera
desdén de Leonor, ni huyera
el rostro al lance, si no
le obligaran a callar
sus mismas obligaciones.
Don Fernando
Y aun con eso mis pasiones
de un pesar a otro pesar
pasan. ¡Qué infeliz sería
mi desdicha, si no fuera
hombre que sacar pudiera
la cara, el que, ay Leonor mía,
el que…!
Don Félix
Calla, que no puedo
permitir que tan sagradas
materias hagan, tratadas,
que las perdamos el miedo.
Ni aun nosotros las habemos
de hablar, por solos que estamos.
Don Fernando
Pues si basta que sintamos,
sintamos, hijo, y callemos.
Vase.
Don Félix
Simón.
Simón
¿Puedo ya llegar?
Don Félix
Agora sí. ¿Por qué no?
Simón
Agora no quiero yo.
Don Félix
¡Qué loco!
Simón
¡Bueno es estar
sufriéndote todo el año
una y otra bobería,
y apartarme sólo el día
que puedo oír el desengaño
de lo que tanto deseo!
Don Félix
¿Qué es?
Simón
Saber en lo que andáis
tú y tu padre. ¿Qué tratáis,
que a todas horas os veo
en secretillos?
Don Félix
¡Pluguiera
al cielo que lo que son
supieras menos, Simón!
Que dicha de todos fuera…
Simón
¿Qué?
Don Félix
…que sirviera el criado…
Simón
¿Cómo?
Don Félix
…sordo, mudo y ciego.
Simón
Sólo faltaba ser luego
el amo el endemoniado.
Mas no faltaba, que ya
nos hizo el cielo justicia.
Don Félix
No adelantes la malicia,
que bien declarada está,
sino, sin meterte en más
de sólo lo que te mando,
te vuelve a casa volando,
y allá espera.
Simón
¿Dónde vas?
Don Félix
A querer que lo supieras,
fueras conmigo.
Simón
Es razón
de notable conclusión.
Vase.
Don Félix
Quien en sus locas quimeras
pudiera hacer que su amor
dentro del pecho viviera
sin que el honor lo supiera,
pudiera hacer que su honor,
sin que el amor lo alcanzara,
dentro del pecho también
viviera; porque no es bien,
si el estado se repara
en que me tienen los dos,
que los dos huéspedes sean
de una alma, donde se vean
tan ofendidos, ¡ay Dios!,
que mal hallados e inquietos,
me esté quitando la vida
la siempre mal avenida
familia de sus afectos.
Lo que el honor quiere, impide
amor; lo que amor desea,
impide honor, porque sea
mal que a ninguno se mide,
el mal de mi frenesí;
pues cuando entre ambos me veo,
conmigo mismo peleo:
defiéndame Dios de mí.
Con faltar don Pedro, crece
fiero un dolor a más fiero;
mi padre llora, yo muero,
y mi hermana no parece.
Violante, cuando culpada
me satisface, es de un modo
que me lo asegura todo,
u no me asegura nada.
Si no voy tras mi cuidado
sus disculpas a saber,
es —como antes dije— ser
infame de puro honrado.
Si quiero ir tras él, tampoco
me deja éste; antes me aflige
más; con que es —como antes dije—
ser de puro cuerdo, loco.
De suerte que siendo ansí
que huyo ambos, y ambos deseo,
conmigo mismo peleo:
defiéndame Dios de mí.
Pero sea lo que fuere,
a Violante no he de ver
hasta, ¡ay, Dios!, satisfacer
mi honor; que si acaso infiere
algo de lo sucedido,
no quiero en ningún estado
que me vea enamorado,
la que me viere ofendido.
De un grande señor se nota
que pruebas a un hijo hacía,
y quiso matarle un día,
porque le halló en la pelota.
Yo así, con causa argüido
seré, teniendo mi amor
de las costumbres de honor
el hábito detenido.
Mas ¡ay de mí!, mal podrás,
¡oh amor!, ser a esta acción fiel.
Salen don Pedro y Tristán.
Don Pedro
Allí está: dale el papel.
Tristán
¿Dónde te hallaré?
Don Pedro
Detrás
de esa esquina a esperar voy,
y aunque él inquirirlo quiera,
tú de ninguna manera
le digas adónde estoy.
(Empecemos, fiero engaño,
mientras mi muerta esperanza
no toma mejor venganza
a sembrar el desengaño;
que no es justo padecer,
el rato que no me vengo,
la culpa que yo no tengo.)
Vase.
Don Félix
(Esto en efeto ha de ser;
esto ha de ser, si me cuesta
mil vidas. Déjame, amor.)
Tristán
De don Pedro mi señor
es éste, cuya respuesta
podrás a casa enviar,
que él por ella enviará allí.
Don Félix
¿Don Pedro me escribe?
Tristán
Sí.
Don Félix
Pues ¿mejor no es esperar
la respuesta vos?
Tristán
Sí haré.
Mas no importará, pues no
soy quien la ha de llevar yo
adonde él está.
Don Félix
¿Por qué?
Tristán
Porque está fuera de aquí,
sin saber yo dónde está;
que un hombre que viene y va,
aun no lo fía de mí.
Don Félix
Con todo aqueso, esperad,
sea verdad o no lo sea,
a que yo su papel lea.
(¿Qué será esta novedad?
Lee
«Dícenme que me buscáis,
Félix. No en eso os canséis,
que no quiero que me halléis
mientras no os desengañáis
de que no huyo de cobarde,
sino de atento. En sabiendo
que no soy yo el que os ofendo,
yo os buscaré. Dios os guarde.»
«En sabiendo
que no soy yo el que os ofendo,
yo os buscaré. Dios os guarde.»
Mucho se va declarando
con esta satisfación
la pasada presunción.
Lo que debo hacer, dudando
estoy. Si a este criado obligo
a que diga dónde está,
y él calla, fuerza será
darle muerte; no consigo
nada, sino que de mí
digan, muerto el criado, que
por lo menos empecé
mi venganza; y siendo así
que don Pedro se ha ocultado
para disculparse, fuera
ruindad mía que yo hiciera
prenda de él en un criado.)
Decid al que os dio el papel
que diga que le leí.
Tristán
Quedad con Dios.
[Vase.]
Don Félix
¡Ay de mí!
¿Dónde, sospecha cruel,
van a parar tus villanos,
tus mal nacidos desvelos?
¿Quién será este hombre, cielos?
Sale don Juan.
Don Juan
Don Félix, bésoos las manos.
Don Félix
Dios os guarde.
Don Juan
Con cuidado
vuestro lance me ha tenido.
Don Félix
Y a mí el vuestro.
Don Juan
Inadvertido
fui en no haberos preguntado
vuestra casa, donde fuera
a buscaros.
Don Félix
Guárdeos Dios.
A la puerta don Pedro y Tristán.
Don Pedro
Tras él he de ir.
Tristán
Ya los dos
juntos están.
Don Pedro
Pues espera
que se aparten, porque quiero,
haciendo a mi valor juez,
declararme de una vez
con aqueste caballero;
y bien, matando o muriendo,
ir la verdad descifrando;
que no es bien que esté él gozando
lo que yo estoy padeciendo.
Y ya que la parte fui
de la fuga de Leonor,
lo he de ser en que su honor
se restaure, porque así
a don Félix satisfaga.
Tristán
Él lo debe de estar ya,
pues con él hablando va
tan amigo.
Don Pedro
Lo que haga,
no sé; porque si eso fuera,
y de medios se tratara,
la boda se declarara,
y Leonor a casa hubiera
vuelto; y ya que el primer día
me obligó esto a no buscarle,…
Mas, pues se tarda, he de hablarle.
Tristán
De aquí, señor, te desvía;
no llegue Félix a verte.
Don Pedro
No hará, que aqueste portal
me esconderá. Tú, a su umbral,
en sus acciones advierte,
para avisarme.
Tristán
Mal yo
podré verlas, cuando ya
cerrando la noche va.
Don Pedro
Las personas, ¿por qué no
podrás ver? Y cuando quede
solo, avisa.
Vanse.
Don Juan
En fin, paró
el riesgo en que hasta ahora no
os buscaron más.
Don Félix
Ni puede
darme ya cuidado, puesto
que mi padre ha conseguido
el perdón.
Don Juan
Ventura ha sido
que el lance se haya dispuesto
tan bien; ese fin el mío,
¡pluguiera al cielo tuviera!
Don Félix
Pues ¿qué ha habido? (¡Oh, quién pudiera
amarrar el albedrío
a la razón! Pero ¿quién
no hablar en su amor previene,
si él a las manos se viene?)
Don Juan
Que a mí no me va tan bien
en mi amor.
Don Félix
¿Cómo?
Don Juan
Escuchad,
y el más nuevo empeño oiréis
que oísteis nunca, y no culpéis
de fácil mi voluntad,
que aunque un secreto abandona,
en buenas manos le dejo;
porque después del consejo,
me importa vuestra persona.
Yo vine a Madrid, don Félix,
y visitando en la casa
de un deudo,…
Don Félix
(Con buenas señas
empieza.)
Don Juan
…vi en ella…
Don Félix
(¡Extraña
confusión!)
Don Juan
…una hermosura;
no os encarezco cuán rara,
cuán discreta y cuán airosa,…
Don Félix
(Tampoco éstas son muy malas.)
Don Juan
…que no es tiempo de pinturas;
pues cuando la noche baja,
y yo espero a que me llamen,
no es bien gastar en palabras
lo más precioso, y así,
sólo digo vi una dama;
que todo lo demás sobra,
adonde esto sólo basta.
Don Félix
(Corazón, bebe el veneno,
y hasta el fin, sufre, oye y calla.)
Don Juan
Empecé su galanteo
con buena fortuna y mala:
buena, pues fui no mal visto;
mala, pues a poca instancia
supe que otro la escribía,
cuyos celos hoy son causa
de no casarme con ella;
pues a querer, cosa es clara,
que lo estimara su padre,…
Don Félix
(No va refiriendo nada
que en Violante no convenga.)
Don Juan
…y no porque me acobarda
el festejo; que ya sé
que son nublados que pasan
levemente por el sol,
las finezas cortesanas
de públicos galanteos,
que ni deslucen ni ajan
esplendores, que antes más
brillan entre nubes pardas,
bien como cada día es
la noche crisol del alba,
sino porque a éste, ¡ay de mí!,
quiere el cielo que se añadan
cercanías de las nubes,
con no sé qué circunstancia
que he de consultar con vos;
porque ya que voy a hablarla,
llamado por un papel,
informado, Félix, vaya
de qué debo responderla,
dando al casamiento larga,
hasta un desengaño, a cuyo
fin oíd todo lo que pasa,
para que sobre mejor
informe el consejo caiga.
Y mirad que en vuestras manos
pongo mi honor, vida y alma.
Don Félix
Decid vos; que yo pensando
estoy qué me toca que haga.
Don Juan
Empecé su galanteo
con buena fortuna y mala,
y paseando los comunes
lugares, papel, criada,
reja y noche, girasol
de puertas y de ventanas,
a poca costa de penas,
a poco gasto de ansias,
merecí que de favores
coronase mi esperanza,
dándome, a riesgo del padre,
en su mismo cuarto entrada
una noche…
Don Félix
(¡Ay infelice!)
Don Juan
…para mí alegre y infausta,
pues apenas…
Sale Isabel.
Isabel
¡Ce! ¿Es don Juan?
Don Juan
Yo soy.
Isabel
Pues entra. ¿Qué aguardas?
Don Félix
Eso no, porque primero…
Don Juan
Yo os contaré lo que falta
después. No os vais, y mirad
que fío de vos la espalda.
Vanse Isabel y don Juan.
Don Félix
(¡Vive Dios, que con la puerta
los dos me han dado en la cara;
y sin quebrarme los ojos,
pedazos me han hecho el alma!)
[Sale don Pedro.]
Tristán
Don Juan fue el que entró,
[A don Pedro.]
y don Félix quedó.
Don Pedro
Pues atiende, y calla.
Don Félix
(¿Qué he de hacer? Pero no es tiempo
de consulta. Al suelo caiga,
y piérdase de una vez,
perdida Violante, hermana,
padre, honor, hacienda y vida;
todo es poco…)
Dentro don Alonso.
Don Alonso
¡Para, para!
Don Félix
(Pero ¿qué escucho? La voz
de su padre parar manda
un coche, que hasta su puerta
no llega, por una zanja
que hay en la calle. ¡Ay de mí!,
que su respeto acobarda
mi resolución, en cuyo
tiempo es bien reparo haga
que me está haciendo el agravio
quien me hizo la confianza.
Impedirle yo la puerta
a un hombre en su misma casa
no es posible. ¿Qué he de hacer,
cielos?)
Salen don Alonso y otro.
Don Alonso
¡Notable desgracia!
Milagro ha sido no hacernos
pedazos, y que, quebrada
la carroza, habernos pueda
vuelto a Madrid.
Don Alonso
Ya en mi casa
quedo yo. Id a repararos
vos a la vuestra.
No es nada
el golpe.
Don Alonso
Con todo eso…
Pues perdonad que a que os abran
no espere.
Don Alonso
Id con Dios.
El cielo
os guarde.
Vase.
Don Alonso
Presto cerrada
tiene Violante la puerta.
Don Félix
(Ya llega.)
Don Alonso
¡Cuánto me agrada
su recato y su virtud!
Isabel, una luz saca.
Isabel
[dentro]
¡Ay desdichada de mí,
que es mi señor el que llama!
Don Félix
(Por querer hacerlo todo,
no me resuelvo a hacer nada.)
Don Alonso
¿No abres?
Isabel
[dentro]
Sí, señor.
Sale con luz Isabel.
Don Alonso
¿Adónde,
Isabel, está tu ama,
que habiendo en mí novedad,
a recibirme no baja?
Isabel
Arriba está. (No me atrevo
a decir que no está en casa,
aunque Leonor y don Juan
pudieran suplir su falta.)
Don Alonso
¿Arriba, y llamando yo,
no sale, y tú tan turbada?
Alumbra.
Isabel
Ya alumbro.
Don Alonso
Ve,
ve delante. (¡Suerte airada,
nunca pisé mis umbrales
con tan perezosas plantas!)
[Vanse don Alonso e Isabel.]
Don Félix
(¿Quién se habrá visto en el mundo
en acciones tan contrarias?
¡Mi dama a riesgo por otro,
y yo empeñado en que haya
de amparar a quien me ofende,
si acaso el padre le halla
dentro! Y ya debe de estar
sucedida la desgracia,
pues ruido de espadas oigo.)
Don Alonso
[dentro]
¡Traidor, aunque la luz matas,
a escuras sabré quitarte
la vida a ti y a esa ingrata!
Salen don Juan y Leonor.
Don Juan
Abrí la puerta, y pues pude,
cubriéndome con la capa,
matar a Isabel la luz,
y salirme sin que me hayan
conocido, a Dios te queda.
Leonor
Espera, don Juan, aguarda;
que quedo en peligro, pues
no estando Violante en casa,
es fuerza verme.
Don Juan
Bien dices;
y pues él a escuras anda,
vente conmigo, que no
es bien dejarte empeñada;
que uno es reparar mis miedos,
y otro reparar tus ansias.
Leonor
Guía, pues, ya que los cielos
—por dos veces destinada
a huir de mi casa y la ajena—
quieren que contigo vaya.
Don Félix
(Con mujer sale a la calle,
si la noche no me engaña.)
Al paño don Pedro y Tristán.
Don Pedro
¿Haslo visto todo?
Tristán
Sí.
Don Pedro
Espera a ver en qué para.
Don Juan
¿Don Félix?
Leonor
(¡Don Félix dijo!
Esto solo me faltaba.)
Don Félix
¿Qué es esto?
Don Juan
Una pena; pero
no es tiempo de hablar en nada,
sino de acudir a todo.
Ya sabéis que una posada
donde vivo, no es decente
para llevar a esta dama,
en ocasión que es preciso
ponerla en salvo y guardarla.
Y ansí vos, ya que mi dicha
en esta ocasión os halla
en mi favor, a la vuestra
me haced merced de llevarla
por esta noche, hasta que
busque dónde esté mañana.
Don Félix
Sí haré. Conmigo, señora,
venid.
Leonor
Mira, don Juan…
Don Juan
Nada
receles; segura vas,
que a quien mi amistad te encarga
es otro yo.
Leonor
(¡Ay infelice!
Muerta voy.)
Don Félix
(En fin, ingrata,
has venido a mi poder.)
Leonor
(Vida y aliento me falta.)
Don Juan
Guiad, Félix, antes que
nos sigan.
Don Alonso
¡Traidor, aguarda,
y quita el alma a quien quitas
la mejor prenda del alma!
dentro
Don Félix
Tras nosotros don Alonso
sale.
Don Juan
Con ella te alarga,
en tanto que yo me quedo
a hacer que tras ti no vaya.
Don Félix
¿Cómo puedo yo a quien queda
a reñir, volver la cara?
Don Juan
La primer obligación
en todo trance es la dama.
Ponla tú en salvo, que es
lo más; que, ella asegurada,
lo demás importa poco.
Don Félix
Pues en esa confianza
de que hago lo más, conmigo
venid, señora. (Ven, falsa,
que primero que te veas
en poder de quien te ama
—tomando, pues él no sabe
que es allí enfrente mi casa,
la vuelta, porque me pierda
de vista—, de mi venganza
habré consultado el modo.)
Leonor
(Sin vida voy y sin alma.)
Va[n]se. Salen don Alonso y dos criados.
Don Alonso
¡Libio, Fabio, no criados
ya, sino hijos, mis ansias
os muevan!
Contigo iremos.
Muera quien tu honor agravia.
Don Juan
(¡Quién creyera que de suerte
este lance se empeñara
con hallarse en su visita
Violante fuera de casa,
que sea contra mi sangre
forzoso sacar la espada!)
Deténganse, caballeros:
que de aquí ninguno pasa
sin el riesgo de su vida.
Don Alonso
La tuya será venganza
de mi valor.
Don Pedro
(Tres le embisten.
Ya es forzoso que yo salga,
que aunque es mi enemigo, está
solo.) A vuestro lado se halla
quien os ayude.
Don Alonso
¡Ah, traidores!
Celio
Aquí son las cuchilladas.
sale
¡Señor! ¿Tú eres?
Don Juan
Caballero,
a mí haber dado me basta
tiempo para que no sigan
a un amigo y a una dama;
y así, os suplico conmigo
os retiréis, que empeñada
no es bien que vuestra persona
quede, porque a mí me valga.
Don Pedro
Yo no tengo aquí facción
más que mirar la ventaja
con que tres os embistieron;
y así, pues la gente carga,
retiraos.
Don Juan
Si conmigo
venís vos.
Don Pedro
De buena gana,
que eso es lo que yo deseo.
Ven, Tristán.
Don Juan
Celio, ¿qué aguardas?
Vanse.
Don Alonso
¡Ah, traidores, que no puedo
seguiros, y así la espalda
volvéis!
Gente llega.
Don Alonso
Pues
porque no entiendan la causa,
ya que no es posible, ¡cielos!,
ni seguirla ni alcanzarla,
iré a saber, ¡ay de mí!,
de alguna de sus criadas,
quién es quien mi honor ofende.
Vanse, y salen don Juan y don Pedro[, y Celio].
Don Juan
No sabré daros las gracias
del socorro, si no es
echándome a vuestras plantas,
y que me digáis quién sois,
para que siempre obligada
mi atención os reconozca.
Don Pedro
Don Juan, rendimientos bastan;
que quien allí os dio la vida,
quizá fue para quitarla
en otra parte; y así,
no hay que agradecerme nada,
sino sólo la hidalguía
de que a mi enemigo valga.
Don Pedro soy de Mendoza,
con vos tengo dos palabras
que ajustar; y porque está
ya esta calle alborotada,
no será bien que sea en ella.
Escoged vos la campaña,
y guiad donde quisiereis.
Don Juan
Señor don Pedro, la causa
que tenéis conmigo sé,
y la de llamarme basta
para que yo os siga; pero
no ignorará quien alcanza
lo que son obligaciones
que en buen duelo es asentada
cosa, que mientras pendiente
está un empeño, no falta
a otro quien término pide
con que del primero salga.
Dádmele por esta noche,
que yo os buscaré mañana.
Y porque no presumáis
que es con poca circunstancia,
Leonor —pues entre nosotros
importa poco nombrarla—
de la casa de Violante
—donde, al faltar de su casa,
se albergó—, por otro empeño
ha sido fuerza sacarla
esta noche. Yo no puedo
dejar de seguirla, a causa
de que asegure su vida
un amigo, a quien la encarga
mi amistad.
Don Pedro
Luego ¿Leonor
era, ¡ay infeliz!, la dama
que salió?
Don Juan
Sí.
Don Pedro
¿Y el amigo
don Félix, con quien estabais
hablando primero?
Don Juan
Sí.
Don Pedro
¿Qué has hecho, hombre?, ¡que es su hermana!
Don Juan
¿Hermana Leonor de Félix?
Don Pedro
Sí.
Don Juan
Matóme mi ignorancia.
Don Pedro
Y ahora discurro, que estando
él tan cerca de su casa,
llevarla por otra parte,
sin duda que es a matarla.
Don Juan
Dadme licencia, por Dios,
para que tras ella vaya.
Don Pedro
¿Qué es licencia? De seguiros
os doy la mano y palabra,
y ayudaros, hasta que
Leonor de ese riesgo salga,
amparándoos esta noche,
para mataros mañana.
Don Juan
Sois quien sois. Tú, Celio, aquí
que venga Violante aguarda.
Cuéntala mi error, porque
si es que mi valor no basta
a cobrarla y defenderla,
ella ingeniosa dé traza
de enmendarle. Hoy veré, Amor,
si eres dios, y tienes alas.
Don Pedro
Yo, si amparar al que ofende
es la más noble venganza.
Vanse. Salen Violante y Simón con luz.
Violante
Supuesto que no ha venido,
y es tan tarde, le dirás
cómo he estado aquí.
Simón
¿No más?
Violante
No, que a quien tan divertido
debe Laura de tener,
que la noche en verla gasta,
esto que le digas basta.
Simón
¿Que haya ido, no puede ser,
a tu casa?
Violante
Si allá hubiera
ido, ¿no era fuerza, di,
decirle que estoy aquí
Isabel?
Simón
Y ¿no pudiera
ser que ese ruido que ha habido
le haya detenido?
Violante
No,
porque ya el ruido cesó,
y él a casa no ha venido.
Abre esa puerta, y porque
ninguno salir me vea,
esa luz mata. No sea
conocerme alguien.
Simón
Sí haré.
Sígueme agora.
Violante
Tras ti
voy.
Ruido dentro.
Simón
Gente hay en la escalera.
Violante
Hasta ver quién es, espera.
Don Félix
dentro
¿Cómo una luz no hay aquí?
¡Hola, Simón!
Simón
Ya a traella
voy. Con gente viene.
Violante
Pues
hasta que veamos quién es,
me oculto aquí.
Don Félix
Ve por ella.
Simón
Viendo que tú no venías,
la maté.
Violante
(Callar conviene,
hasta saber con quién viene.)
Don Félix
Entra, ingrata.
Salen Félix y Leonor.
Leonor
(¡Ay, ansias mías!)
Violante
(Ingrata dijo.)
Don Félix
Entra, aleve,
que no en vano…
Violante
(¿Qué es aquesto?
Con mujer habla.)
Don Félix
…he rodeado
diversas calles, primero
de haberte traído a casa,
porque puedan mis tormentos
no convencer tus traiciones
—que convencidas las tengo—,
sino pensar de qué suerte
debe disponer mi pecho
la venganza de un agravio
semejante, pues primero…
No puedo hablar. Ah, Simón,
¿no traes la luz?
Simón
dentro
Ya la llevo.
Violante
(Mujer es: celos la pide.)
Leonor
(Aquí no hay ya más remedio
que morir… Pero sí hay:
éste ¿no es el aposento
en el cuarto de mi hermano,
de quien una llave tengo,
que no acaso el hierro suyo
se compuso de mis yerros?
Sí. Pues ¿qué aguardo? Fortuna,
a cuenta de tantos riesgos,
dame solamente amparo.
La puerta hallé.)
Don Félix
Pues primero,
digo otra vez, que ese amante,
ingrata,…
Violante
(¡No es malo esto!
Con la otra piensa que habla.)
Don Félix
…logre el favor de que es dueño,
sabré ocultarte a sus ojos,
o a sus manos quedar muerto,
si es que deja algo que hacer
a mi muerte tu desprecio.
Violante
(No le he de responder nada.
Convénzale mi silencio;
que él, en trayendo la luz,
verá la razón que tengo.)
Leonor
(Ya hallé la puerta, y ya abrí.
Salga una vez, por lo menos
de aquí, y vayan donde fueren
a parar mis sentimientos.)
Vase.
Don Félix
¿No respondes? Haces bien,
porque a la razón que tengo,
la disculpa es no negar.
[Sale Simón con la luz.]
Simón
Aquí hay luz.
Violante
Pues ¿cómo es esto?
¿Tan poca novedad hacen
a mis ojos tus desprecios,
que cuando vienes con otra
y me hallas a mí aquí dentro,
como si hablaras con ella,
conmigo hablas?
Don Félix
Sólo eso
de que me hicieras creer
que es otra con quien yo vengo
le faltaba a mi locura
para confirmarse en serlo.
Violante
¡Calla, falso! ¡Calla, ingrato!
¡Calla, aleve! ¡Calla, fiero!
Don Félix
¡Bueno es que me riñas tú
las razones que yo tengo!
Violante
¿Qué razones, cuando aquí
ha dos horas que te espero,
a verte venir con otra?
Don Félix
Pues ¿dónde está? ¿Qué se ha hecho?
Violante
¿Qué sé yo? ¿Soy yo su guarda?
Simón
(Caín no dijera más que eso.)
Don Félix
¡Ah, ingrata! ¡Qué mal pensada
disculpa, sin fundamento!
¡Quererme negar que eres
la que aquí truje yo mesmo!
Violante
¡Harásme perder el juicio!
Don Félix
¡Y tú a mí el entendimiento!
Violante
Simón, ¿qué tanto ha que aquí
estoy?
Simón
Una hora a lo menos.
Don Félix
¡Calla, infame, no de parte
te pongas de sus enredos!
¡Ah, domésticos tiranos,
criados y damas!
Simón
El cielo
me falte…
Don Félix
¡Vete de aquí,
que si a ella sufrirla puedo,
a ti no te sufriré!
Violante
¡Que quieras quitarme el seso!
Simón
…que la verdad…
Don Félix
Nada digas.
Simón
…es…
Don Félix
Salte allá.
Simón
¡Ay, que me ha muerto!
Vase.
Violante
Si Laura, a quien tú trairías,
viendo en ti tantos despechos,
mientras sacaban la luz,
por esa puerta se ha vuelto,
síguela; vuelve a traerla,
que yo me iré. Mas no quiero
que desluzgan tus traiciones
mi verdad.
Don Félix
Por Dios te ruego
me quites la vida, y no,
Violante, el entendimiento.
Porque —ven acá, tirana—
¿puedes negarme que es cierto
que don Juan entró en tu casa?
¿Que vino tu padre luego,
porque no sé qué accidente
de su jornada le ha vuelto,
y que…?
Violante
¡Mi padre! ¡Ay de mí,
Félix! ¿Si de casa menos
me habrá echado?
Don Félix
¡Hazte de nuevas,
cuando con don Juan, huyendo
de él, saliste, y yo te traigo
aquí!
Violante
Ya es muy otro esto.
Félix mío, si mi padre…
Don Félix
¡Qué buen «mío», y a buen tiempo!
Violante
…ha venido…
Don Félix
¡Calla, ingrata!
¡Calla, aleve, que no quiero
oírte que me eche a perder
tantas quejas un afecto!
Y pues no puedes negarme
lo que estoy tocando y viendo,
no me llores, que esta vez
—perdónenme tus extremos—
ha de quedar desairado
el llanto.
Violante
Por Dios te ruego
me quites, Félix, la vida,
pero no el entendimiento;
y mira que no soy yo
la que piensas.
Don Félix
¡Eso es bueno!
Pues ¿quién quieres que en tu casa
sea?
Violante
No sé.
Don Félix
¡Mejor es eso!
Déjame, por Dios, Violante.
Violante
(¡Oh, mal haya tanto duelo
de por no hablar en tu honor,
ver el mío padeciendo!)
Don Juan
dentro
¡He de entrar!
Simón
[dentro]
Espera un poco.
Sale Simón.
Don Félix
¿Qué es eso?
Simón
Aquel caballero
que da mojicones viene
buscándote.
Don Félix
Yo me huelgo,
ingrata, que me haya hallado
don Juan, que aunque fue mi intento
esconderte de él, ya es otro.
Pues aunque darte no tengo,
si antes no me da, la muerte,
o no se la doy primero;
con todo, para que veas
si tus razones convenzo,
dile que entre.
Violante
No le digas
tal, ni es bien.
Don Félix
¡Mira qué presto
quieres ya salirte fuera,
viendo el examen postrero
de tus traiciones!
Violante
No es
porque el desengaño temo,
sino porque aquí mi primo
no me halle.
Don Félix
No importa eso,
que en llegando a ser amante,
pierde uno la acción de deudo.
Dile que entre. Ahora verás
si mientes tú o si yo miento.
Violante
Aunque me pese por mí,
entre; que por ti me huelgo,
[Vase Simón.]
a precio de que tú veas,
ya que culpada me veo
con mi padre, y con mi primo,
que no soy yo quien te ofendo,
sin que te lo diga yo.
Sale don Juan [y Simón], y quédase don Pedro a la puerta.
Don Pedro
Entrad vos, que aquí me quedo
—ya que amigos y enemigos
un mismo amor nos ha hecho—
para acudiros en cuanto
importe a Leonor.
Don Juan
El cielo
quiera que no haya tomado
la resolución que temo.
Don Félix, ¿dónde una dama
que os entregué está?
Simón
(Esto es hecho.)
Don Félix
¿De qué azorado venís?
Veisla aquí.
Don Juan
(¿Qué es lo que veo?
Violante, volviendo a casa,
prevenida ya de Celio
de todo lo sucedido
con mi tío, habrá dispuesto
que de Leonor y de mí
pase a reparar el riesgo
con algún engaño; pues
a no ser así, es muy cierto
que ella no estuviera aquí.)
Don Félix
Pues ¿de qué os quedáis suspenso?
¿No es ésta la dama?
Don Juan
Pues
¿quién duda que ella es el dueño
de mi alma y de mi vida?
(Seguir el engaño quiero,
pues venga como viniere,
así mi temor reservo.)
Sino que al ver la fineza,
Félix, que a vos y a ella debo,
no sé por cuál empezar
dando el agradecimiento;
pero vos perdonaréis.
Violante mía, no tengo
razones con que decirte
cuánto a tu amor agradezco
la fineza de salir
de tu casa por mí, a tiempo
que puedas darme la vida.
Don Félix
¡Mira si soy yo el que miento!
Violante
(¿Cómo me habla así don Juan?
¿Qué es esto, ¡cielos!, qué es esto?
¡Verme aquí, y decirme amores!)
Don Juan
No me dirás, por lo menos,
Aparte [a ella.]
que no finjo bien tu engaño.
Dime, Leonor ¿qué se ha hecho?
Violante
Pues ¿qué sé yo de Leonor?
[Aparte a él.]
(¿Quién se vio en igual aprieto?
Si convengo con don Juan,
que presume que yo he hecho
este engaño, pierdo a Félix;
si con don Juan no convengo,
pierdo con él mi opinión.)
Don Juan
(Avisar quiero a don Pedro
cómo esto está reparado,
que mañana nos veremos,
porque no se esté a la puerta.)
Félix, decidle a ese bello
prodigio, dueño de un alma
que la adora, que los miedos
puede perder, pues los fío
de vos, en tanto que vuelvo.
Vase.
Don Félix
¿A qué más puede llegar
la infamia de mi tormento?
Violante
¿Ves todo aquesto, don Félix?
Don Félix
Sí, Violante, bien lo veo.
Violante
Pues con todo esto, aun no soy
yo la culpada.
Don Félix
El aliento
ten; que verte convencida
y soberbia, son extremos…
Violante
¿Qué?
Don Félix
…que más que con la voz,
me dicen con el silencio.
¡Oh, plegue a amor sea y no sea
lo que dudo y lo que pienso!
Háblame claro, Violante,
que nada escucharte puedo
peor, que no escucharte.
Violante
Mira
que lo diré.
Don Félix
Di.
Violante
No quiero,
que peor que a mí el decirlo,
aún te estará a ti el saberlo.
Don Félix
Mucho dices.
Violante
Pues más callo.
Don Félix
Mucho callas.
Violante
Pues más siento.
Don Félix
¿Qué te obliga?
Violante
Una atención.
Don Félix
¿Qué te embaraza?
Violante
Un respeto.
Don Félix
¿Qué sabes?
Violante
Yo no sé nada.
Don Félix
Declárate.
Violante
No me atrevo.
Don Félix
Explícate.
Violante
No me animo.
Don Félix
Háblame claro.
Violante
No puedo.
Don Félix
¿Por qué?
Violante
El secreto juré.
Don Félix
¿Mujer no implica, y secreto…?
Violante
No, que soy yo quien le guarda.
Don Félix
No te entiendo.
Violante
Yo me entiendo.
Don Félix
¡Oh, mal haya tanto engaño!
Violante
¡Oh, mal haya tanto duelo!
Sale don Juan.
Don Juan
(Hasta dejarme en mi casa,
dejarme no quiere, atento
a su obligación; y así,
de ella importa salir presto.)
Don Félix, agradecido
a vuestra amistad, confieso
(Bien es sacarla de aquí.)
la merced que me habéis hecho;
pero con vuestra licencia,
ya dónde llevarla tengo;
y así, adiós quedad. Violante,
ven conmigo.
Don Félix
Deteneos,
que hay muchas cosas, don Juan,…
Don Juan
¿Qué?
Don Félix
…que averiguar primero.
Don Juan
¿Qué hay que averiguar en que
la que os entregué me llevo?
Don Félix
Que no diga el mundo que
pudo nunca un caballero
entregar su dama a otro,
sin que matando o muriendo
muestre que no hay amistad
sobre declarados celos.
Y así, ved cómo ha de ser:
que Violante, ¡vive el cielo!,
no ha de salir de mi casa
sin que antes me dejéis muerto.
Don Juan
Cuando no fuera la dama
que a vuestra amistad entrego,
por ser quien es, no podía
dejar, osado y resuelto,
de llevarla yo.
Violante
La espada
tened.
Los Dos
Quita.
Leonor
dentro
¡Favor, cielos!
Don Félix
Yo conozco aquella voz.
Don Juan
Y yo también.
Sale Leonor.
Los Dos
¿Qué es aquesto?
Leonor
Volver a echarme a tus plantas,
don Félix, porque más quiero
que me des la muerte tú
que no la vida don Pedro,
a quien,…
Don Félix
¿No es ésta Leonor?
Leonor
…saliendo deste aposento
por el cuarto de mi padre,
en aqueste umbral encuentro.
Don Juan
¡Leonor es! ¡Cielos!, ¿qué miro?
Leonor
¡Don Juan es! ¡Cielos!, ¿qué veo?
Don Félix
¡Muere, alevosa!
Leonor
Don Juan,
mi vida ampara, supuesto
que de ti quiero admitirla,
de don Pedro no.
Don Juan
Teneos,
porque no habéis de ofenderla,
sin que antes me dejéis muerto.
Don Félix
Hombre, ¿qué quieres de mí,
que a mi amor y honor opuesto,
desde mi dama a mi hermana
pasas los atrevimientos?
Don Juan
Que sepas que entrambas son
empeño mío; y pretendo
que ni a una ames, ni a otra ofendas.
Don Félix
Mucho te arriesga tu esfuerzo.
Leonor
Ten tú a don Félix, Violante;
yo tendré a don Juan.
Violante
No quiero;
porque si hay duelo en los hombres,
esta vez probar intento
que hay también duelo en las damas.
Félix, ya estás satisfecho
de que no soy yo la que
te entregó don Juan; y siendo
así que también lo estás
—porque lo ha dicho el suceso,
y no yo— que don Juan quiere
a Leonor, osado y ciego
—Leonor, la amistad perdone;
don Juan, perdone lo deudo,
que antes que todo es mi amante—;
véngate de él, advirtiendo
que has de quedar a mis ojos
u desagraviado u muerto.
Sale don Pedro.
Don Pedro
¿Qué aguardo, si espadas oigo?
Don Juan, pues contigo vengo,
a tu lado estoy. Leonor
salga libre.
Don Félix
¿Qué oigo y veo?
¿Tú eres quien le das tu amparo?
Don Pedro
Sí, Félix, porque pretendo
que sepas que no soy yo
el que tu amistad ofendo,
pues al lado de don Juan,
en su favor, me ves puesto;
que siendo yo amigo tuyo
tanto que me empeñó el serlo
(no perdamos la opinión,
ya que la dama perdemos),
a que en el ausencia tuya,
mirando por tu respeto,
alborotase tu casa,
dar satisfación deseo
de que yo a Leonor no amé,
pues a quien la ama defiendo,
en orden a que ella salga
asegurada del riesgo
en que la puso mi error,
más de amigo que de cuerdo.
Don Juan
(¡Qué dichosos desengaños,
ver a Leonor de él huyendo,
y puesto él al lado mío!)
Don Félix
De satisfación no es tiempo;
pues por ti o por quien defiendes,
todo es uno.
Don Fernando
¿Qué es aquesto?
sale
Mas no me lo digas, pues
viendo a Leonor y a don Pedro,
bien se deja ver. ¡Traidor!
Pues ¿cómo a mi casa has vuelto
a repetir el agravio?
Don Félix
¡Mueran los dos!
Isabel
dentro
¡Piedad, cielos!
Don Alonso
Hoy morirás a mis manos.
Isabel
Aquí entraré, pues abierto
está. ¡Socorred, señores,
mi vida!
Salen todos.
Todos
Pues ¿qué es aquesto?
Don Alonso
(Fuerza será que lo diga.)
Que yo, a esa aleve siguiendo,
pretendo vengar en ella
los agravios que padezco,
porque diga de Violante…
Mas ¿no es aquélla que veo?
¡Muere, ingrata!
Don Fernando
¡Muere, injusta!
Don Félix
Deteneos,…
Don Juan
Deteneos,…
Don Félix
…porque yo a Violante amparo.
Don Juan
…porque yo a Leonor defiendo.
Simón
Y yo defiendo a Isabel,
pero detrás de ella puesto.
Don Alonso
A mis ojos…
Don Fernando
A mi vista…
Los Dos
…nadie ha de atreverse a eso,
que no sea su marido.
Don Félix
Si en eso estriba el remedio,
yo de Violante lo soy.
Don Juan
Y yo de Leonor. (Pues puedo
sin el escrúpulo ya
de los celos de don Pedro.)
Don Fernando
Don Alonso, aquí no hay más
que escoger; pues no hay más medio
que obedecer los acasos.
Don Alonso
Yo con don Félix le aprecio,…
Don Fernando
Y yo también con don Juan,…
Don Alonso
…pues basta ser hijo vuestro.
Don Fernando
…pues basta ser sangre vuestra.
Don Félix
¡Ufano estoy!
Don Juan
¡Yo contento!
Violante
¡Yo dichosa!
Leonor
¡Yo felice!
Don Juan
Agora os diré, don Pedro,
ya que está Leonor segura:…
Don Pedro
Lo que os ha dicho el suceso
quise deciros. Si vos,
porque os llamé…
Don Juan
…yo me huelgo
de remediar esa queja,
en pago de aquel esfuerzo.
Don Pedro
(Aunque en materia de amor
el más desairado quedo,
en fin quedo disculpado.)
Simón
Con cuyo raro suceso,
sacando la moraleja,
quede al mundo por ejemplo
que hubo una vez en el mundo
mujer, amor y secreto,
porque hubo duelo en las damas.
Perdonad sus muchos yerros.
FIN
- Rechtsinhaber*in
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
- Zitationsvorschlag für dieses Objekt
- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. También hay duelo en las damas. También hay duelo en las damas. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbv0.0