Personajes

  • EL FUROR
  • GÉNERO HUMANO
  • LA TIERRA
  • LA GRACIA
  • ISAAC
  • NOÉ
  • ABEL
  • DANIEL
  • JOSEPH
  • EMANUEL
  • GABRIEL
  • UN NIÑO
  • INOCENCIA
  • CINCO CAUTIVOS
  • MÚSICOS
  • GENTE
Suena un clarín en el primer carro, que será una galera, y dando vuelta al tablado se verá en supopa el Furor, y a uno y otro costado, puestos alremo, algunos cautivos, y entre ellos el Género Humano, Viejo.
FUROR
Si el real profeta, en mística armonía,
la música alternando a la poesía,
en sus sacras canciones
a las aguas llamó tribulaciones;
si en sus inquietos golfos la divina
águila, que a los rayos se examina
del mejor sol, mi espíritu disfama,
pues su baldón bestia del mar me llama;
si el viador peregrino
de Jericó, asaltado en el camino,
pluma halló que atribuya
a robo mío la tragedia suya,
¿qué mucho que, notado en tres lugares,
tribulación de montes y de mares,
hoy sea mi horror en ambos horizontes,
escándalo de mares y de montes?
Y pues un texto y otro hacerme trata
de la tierra ladrón, del mar pirata,
sienta el mortal en mi sañuda guerra
peligros de la mar y de la tierra,
ya que en tierra y en mar cautivo se halla
de mi furor; y así, ¡boga, canalla,
boga!, amainada el ala de la vela,
dejándole fíada
al remo la avïada
de este pez que, pensando nadar, vuela,
de esta ave que, pensando volar, nada,
para que no encallada
en la tostada arena de la orilla,
goce el buque el descanso de la quilla,
y yo el triunfo de esta última batalla
que os venció. ¡A tierra, pues, boga, canalla!
GÉNERO HUMANO
Si es de la humana vida
símbolo el mar, ¿quién duda, combatida
de embates, ser el que sus ondas yerra,
símbolo de la muerte el tomar tierra?
Y así, Furor, ¡no tan de extremo a extremo
–ya que el vivir es un prolijo remo–
quieras que pase a su último conflito
voluntario!
FUROR
Forzado solicito
que pases, que a este fin os traigo herrados
en galera, que es vaso de forzados.
TODOS
¡Cielos, piedad en tanto desconsuelo!
FUROR
Cerrado está, no hay que clamar al cielo,
y, pues de sí os destierra,
y es tierra vuestro centro, ¡a tierra!
TODOS
¡A tierra!
GÉNERO HUMANO
¡A tierra!, ya que el rato que vivimos
no podemos ser más de lo que fuimos.
FUROR
Salid, pues, arrastrando las cadenas,
que forjó vuestro yerro a vuestras penas,
y para ver a lo que habéis venido
aplicad a mis voces el oído.
Bajan con cadenas a los pies.
¡Ah, del ámbito del orbe!
¡Ah, de la terrestre esfera,
primera y postrera patria
del hombre, pues sale de ella
lodo animado hasta que
no animado lodo vuelva!
Sale la Tierra.
TIERRA
Esas son mis señas, mal
puedo negarme a mis señas,
cuna y sepulcro del hombre;
¿qué me quieres?
FUROR
Que me atiendas.
Ya sabes que, comunero
del Impireo, mi soberbia,
por no adorar la inferior
humana naturaleza,
toda la celeste curia
puso en arma, al solio opuesta
del Altísimo. Ya sabes
–así que te lo refiera
por lugar común omito–
que fue el triunfo de esta guerra
para Dios poca victoria,
para mí mucha tragedia.
Arrojado de mi patria
a nunca volver a ella,
bajé a tus abismos, donde
mi ira, mi rabia, mi pena
pasó de soberbia a envidia,
con admiración tan nueva
como que el soplo, que no hay
polvo que no desvanezca,
el polvo del hombre anime.
¿A quién no pasma y eleva
soplo que a polvo deshace,
ser soplo que al polvo alienta?
¿Y más a exaltarle en tanta
dignidad, como que sea
tan poco menos que el ángel?
¿Que le juren la obediencia
en pieles, plumas y escamas
el pez, el ave y la fiera
y en plantas, flores y frutos
el valle, el monte y la selva?
Soberbia y envidia dije;
mira ahora y considera:
si envidia y soberbia a solas
cada una por sí atormenta,
soberbia y envidia unidas
¿qué arrojo habrá que no emprendan?
Dígalo de mis astucias
la sediciosa cautela
con que me atreví a escalar
los verdes muros de aquella
deleitosa estancia suya,
derramando entre la oreja
de la mujer y la voz
de la serpiente tan fiera,
tan venenosa cicuta
–mas también esta materia
es lugar común–, y así,
dejando asentado en ella
el oprobio de ladrón,
pues le robé con la excelsa
joya de la Gracia todo
el resto de sus riquezas,
paso a que, desposeído
también de su patria, trueca
felicidades a angustias
y delicias a miserias
con tan parecida culpa
a la mía, o tan la mesma,
como aspirar a ser Dios;
mas ¡ay!, que la diferencia
está en que, inflexible yo
y él flexible, yo no pueda
arrepentirme, y él sí,
que mi alta naturaleza
nunca lo que aprende olvida,
cuando la suya le acuerda,
que tiene albedrío, con que
convencido se arrepienta;
de suerte que en culpa iguales
y desiguales en penas,
él de la enmienda es capaz
y yo incapaz de la enmienda,
mayormente al ver que cuando
yo desespero, él espera
persuadido –¡ay, de mí! – a que
de Dios la suma clemencia
le ha de volver a su gracia,
olvidado de su ofensa.
Y aunque –si para mí pudo
haber consuelo– me queda
el de pensar que no puede
dar –por más que su error sienta–
el hombre a infinita culpa
infinita recompensa.
Con todo eso, no sé qué
real palabra, fiel promesa
ha puesto en confianza a algunos
patriarcas y profetas
de que vendrá su remedio
y a mí en temor de que venga,
sin poder rastrear ni cuándo
ni cómo, que, aunque mi esencia
es de ciencias plenitud
–que así el querub se interpreta–,
en aquella infausta lid,
perdidas gracia y belleza
como dotes naturales,
acá me truje mis ciencias.
En llegando a pensar que hay
humano que pagar pueda,
sin infinito valor,
lo infinito de la deuda,
no sé tampoco qué velos,
qué obscuridades, qué nieblas
mi docto espíritu ofuscan,
mi perspicaz vista ciegan,
que, aun para la conjetura,
hallo cerrada la puerta.
Y así, para cautelarme
–dado caso que suceda
haber misterio que yo
ni le alcance, ni le entienda–
me he de valer de una industria,
que en representable idea
de sombras, visos y lejos
–usando de la licencia
que dan retóricos tropos
a prácticas experiencias–
en frase de alegoría
uno diga y otro entienda,
no sin dos autoridades;
la Sacra Página llena
de parábolas es una,
y otra la docta sentencia,
que, blandido el arco, que,
enarbolada la flecha,
no hiere tan a su salvo
al que embrazado le encuentra
del escudo, como al que
perezoso y sin defensa;
con que para complacer
lo místico de ambas letras,
soy cosario en golfos, ya
que fui bandido en las selvas,
revalidado el principio
de ser mar la vida, llena
de bajíos y de escollos,
de sirtes y de sirenas,
viendo que el Género Humano,
engolfado, una vez fuera
de su patria, iba corriendo
en sus piélagos deshecha
fortuna –aquí, Tierra, es donde
te he menester más atenta–
en metáfora de horrible
monstruo, de sañuda fiera,
náutico horror de las ondas,
labré esa mental galera,
que en imaginado corso
le siguiese a remo y vela.
Bien presumió en una nave
que le previno su idea,
que ha de ser su salvamento
escapar de mis violencias
con toda su gran familia;
pero en vano, pues apenas
a abordarle llegué, cuando
a la arribada primera,
troncado el árbol mayor,
quedó en calma; de manera
que, haciendo este árbol a otro
equívoca competencia,
no por ser calma dejó
de ser calma la tormenta.
Bien, desbocado caballo,
mi bajel, que al freno atenta,
los alacranes de espuma
al choque echarle quisiera
a pique, dando al través
con todos; mas, ¡ay, qué necia
presunción!, cuando por más
que el desbocarse pretenda
a pararle a raya, está
en manos de Dios la rienda;
con que, no siendo posible
que a fondo conmigo fuera,
me di al partido de que
cautivo conmigo venga,
no solo con todo el resto
de sentidos y potencias,
mas con el resto de toda
su infelice descendencia,
con ley tan universal
que nadie nacerá en esta
esclavitud que no nazca
mi esclavo, por más que sean,
desde el villano buriel
hasta la púrpura regia,
reyes, sacerdotes, jueces,
patrïarcas y profetas
cuantos nazcan –¡oh, no haya
criatura a su fuero esempta!–.
A este fin, Tierra, pues eres
tú la cárcel donde presa
la Naturaleza Humana,
huéspeda de tus esferas,
de tus ámbitos viadora,
vive hasta que se disuelva,
te la entrego para que
en depósito la tengas
tan a poca costa tuya,
–porque corra con más señas
la esclavitud a dos luces–
como que no les ofrezcas
a su sustento más frutos
que el que sus ansias adquieran,
a mi mando en mis labranzas
y a su sueldo en las ajenas.
Veamos si de día al trabajo
y de noche a las funestas
sombras de tus calabozos,
siempre al grillo, a la cadena,
siempre míseros y siempre
esclavos por más que sientan,
que lloren y que suspiren,
giman, sufran y padezcan,
siendo yo su dueño y tú
su cárcel, que acción les queda
para lograr la esperanza
de que su rescate venga.
TIERRA
Tan ofendida del hombre,
con ser su madre, me encuentras
–no porque me ofenda, pero
porque a mi Criador ofenda–
que en mí no ha de hallar descanso;
pero esto con advertencia
de que será por su culpa,
pero no por tu obediencia.
Y así, si vieres, Furor,
que herida, pálida y yerta
en mi prisión los recibo,
a que afligido no vea
él, ni toda su familia,
que en sombras me representas
flor sin espinas, ni fruto
sin zozobras, siendo fuerza
–si a costa de sudor no
me labra, cultiva y siembra–
que pan de dolores coma
y agua de lágrimas beba;
si vieres su desnudez,
del tiempo a las inclemencias,
que al resistero se abrasa,
y que al sereno se yela;
si vieres que, rebelada,
la bruta naturaleza,
al quererla echar la mano,
la res huye, el ave vuela
y la fiera se resiste,
afilando en su defensa
el león bruñidas garras
y el tigre aceradas presas,
y si vieres, finalmente,
que sobre el haz de la tierra
ayer y hoy debajo son
sus moradas mis cabernas,
no lo atribuyas a que
es porque tú me lo ordenas,
sino porque son reato
de su culpa, y porque veas
que son las órdenes mías
y tú no te desvanezcas,
presumiendo que son tuyas,
Adán, a llorar miserias,
Abel, a guardar ganados,
Isaac, a cargar con leña,
Noé, al pago de las viñas,
Daniel, al pasto de fieras,
Joseph, a guardar el trigo,
y todos a las diversas,
propensiones de la vida,
y cuando la noche venga
a los senos que en mi centro
–para que nada se pierda
en frase de esclavitud–
han de ser mazmorras vuestras.
GÉNERO HUMANO
¡Qué dolor!
ABEL
¡Qué ansia!
ISAAC
¡Qué angustia!
NOÉ
Qué aflicción!
DANIEL
¡Qué horror!
JOSEPH
¡Qué pena!
FUROR
¿Pensarás, Tierra, porque
mis órdenes no obedezcas
y quieras hacer las tuyas,
que desairado me dejas?
Pues no, que ni tuyas son
ni mías, puesto que a cuenta
corren tu arbitrio y el mío
de más alta Providencia.
Y, así, no me desconfía
que tuyas o mías sean,
que para el concepto de hoy
a la imaginada scena
en que confundiendo a tiempos
rastrear mi discurso intenta,
o cómo, o cuándo, o por dónde
vendrá el rescate, le queda
bastante campo en que yo
cautelado me prevenga,
y así, pues siempre quedáis
esclavos míos y ella
prisión vuestra, padeced
mis iras y sus violencias.
TIERRA
Fuerza padecerlas es,
mas con una diferencia:
que en ti las obra el furor
y en mí la justicia.
FUROR
Piensa
que en mí el furor es justicia.
TIERRA
La violencia en mí clemencia.
FUROR
Bueno es querer que el castigo
sea lástima.
TIERRA
¿Quien niega
que el recto juez, si es piadoso,
llore al firmar la sentencia?
FUROR
Yo, todo el Género Humano,
reducido a esa pequeña
familia suya, te entrego;
tú de ella darás la cuenta.
TIERRA
Del número la daré
no de si es mala o si es buena,
que eso ha de hacerlo la vida.
FUROR
Pues, afligirla a que sea
desesperación, porque
caduca y perecedera
de tu cárcel temporal
pase a mi cárcel eterna
Vase.
TIERRA
Afligirla, sí haré, pero
en orden a que merezca
altos auxilios, con que
a cobrar su patria vuelva.
Y así, pues que ya tenéis
repartidas las tareas,
cada uno a su labor,
y todos, cuando anochezca
al lóbrego seno donde
negada la luz en densas
sombras, aun no divisadas
las paredes, en sus huesas
habéis de pasar la noche
hasta que el sol amanezca.
Vase.
GÉNERO HUMANO
¡Ay, míseros hijos míos,
y qué caro el serlo os cuesta!
ABEL
No, padre, nos desconsuelen
tus tristes lágrimas tiernas,
pues aún nos queda esperanza
de que Dios se compadezca
de nosostros.
GÉNERO HUMANO
¡Ay, Abel,
si tu nombre se interpreta
llanto, ¿cómo contra ti
que no llore me aconsejas?
ISAAC
Si Abel es llanto, Isaac risa,
conmigo el dolor consuela,
que el servir con alegría
a Dios también le deleita.
GÉNERO HUMANO
Es verdad, mas para mí
no hay descanso.
NOÉ
Sí, hay, si llegas
a advertir que Noé descanso
significa, y aquí, en muestra
de que hay descanso en las ruinas,
diluvio y arca te acuerda.
JOSEPH
Yo nada digo, porque
temo aumentar tu tristeza.
GÉNERO HUMANO
Bien temes, Joseph, que es
tu nombre aumento, y es cierta
cosa que a vehemente daño
el consolarle le aumenta.
DANIEL
¡Oh, justos juicios de Dios!
GÉNERO HUMANO
Tú solo, Daniel, aciertas
con el alivio que puedo
tener en tantas miserias,
pero ¡qué mucho! si quiere
decir en la frase hebrea
Daniel «juicio de Dios», que
tu nombre a un tiempo y tu lengua
me acuerden que es justo juicio
de Dios, que esclavo me vea
de infiel apóstata dueño,
tan sin ley que, cuando quiera
dar alguna a sus secuaces,
no será ley, sino seta,
trocando el nombre de arcángel
sincopado, sin tres letras,
en Argel o Árgel, que no
del acento la cadencia
destruye el sentido y, pues
juicio es de Dios mi sentencia,
cúmplase su voluntad,
y, porque no la pereza
este rato nos acuse,
obedeced a la Tierra,
y, como ella dijo, vaya
cada cual a su tarea.
ABEL
Ya que al ganado me aplica,
¡oh, si encontrase mi estrella,
cordero entre sus rebaños,
que inmolado a Dios ofrezca!
ISAAC
¡Oh, si en la leña, que yo
preciso es que traiga a cuestas,
trujese leño, que fuese
digna ara de su hoguera!
NOÉ
¡Oh, si yo entre los racimos
–pues las viñas me encomienda–
uno hallase que ese leño
su viga de lagar fuera!
JOSEPH
¡Oh, si yo –pues a mí el trigo
toca– viese en su cosecha
espiga, que a ese racimo
perficionase la ofrenda!
DANIEL
¡Oh, si ya que destinado
voy yo al pasto de las fieras
–no ellas de mí alimentadas,
y yo alimentado entre ellas–
gozase –viendo trocada
en dulzura la fiereza–
miel en boca del león!
GÉNERO HUMANO
¡Cielos! ¿Qué lejanas señas
en cordero, leño, espiga,
racimo y panal son éstas?
Pero, ¿quién se ha de atrever,
ni a ignorarlas, ni a saberlas?
Id, pues, y haced del afán
mérito, que no es pequeña
oración la del trabajo
a la obligación atenta.
Y para que la ejerzáis
cada uno por la senda
que le lleva su destino
vaya –en fe de cuanto sea
música de Dios el llanto–
diciendo en voces diversas:
Representa el Género Humano, y repiten todoscantando, y sale la Gracia, como oyendo a lo lejos.
GÉNERO HUMANO
Cautivo el Género Humano.
TODOS
Cautivo el Género Humano.
GÉNERO HUMANO
…en el centro de la tierra…
TODOS
…en el centro de la tierra…
GÉNERO HUMANO
…desde lo profundo clama…
TODOS
…desde lo profundo clama…
GÉNERO HUMANO
…bañado en lágrimas tiernas…
TODOS
…bañado en lágrimas tiernas…
GÉNERO HUMANO
…diciendo sus quejas…
TODOS
…diciendo sus quejas…
GÉNERO HUMANO
…¡Misericordia, Señor!
¡Clemencia, Señor, clemencia!
TODOS
…¡Misericordia, Señor!
¡Clemencia, Señor, clemencia!
GRACIA
Cautivo el Género Humano…
GÉNERO HUMANO
…abra el cielo los oídos…
TODOS
…abra el cielo los oídos…
GÉNERO HUMANO
…que cerró mi inobediencia…
TODOS
…que cerró mi inobediencia…
GRACIA
Abra el cielo los oídos…
…que cerró mi inobediencia…
GÉNERO HUMANO
…ya que para enternecerlos…
TODOS
…ya que para enternecerlos…
GÉNERO HUMANO
…una vez y otra lamenta…
TODOS
…una vez y otra lamenta…
GRACIA
…ya que para enternecerlos…
…una vez y otra lamenta…
GÉNERO HUMANO
…diciendo sus quejas…
GRACIA Y TODOS
…diciendo sus quejas:
¡Misericordia, Señor!
!Clemencia, Señor, clemencia!
Vanse y quédase Gracia sola.
GRACIA
Clemencia y misericordia
repite, no en vano espera
borréis sus iniquidades,
pues para pagar sus deudas
os va pidiendo caudales
sobre tan preciosas prendas
como clemencia, Señor,
y misericordia vuestra.
Vuestra Gracia soy, que es ser
don de vuestra omnipotencia,
pues Vos se la dais al hombre
sin que el hombre la merezca.
Y así, como Gracia, aunque él
en su ceguedad me pierda
de vista, yo enamorada
le ando rondando las puertas,
mas tan cerradas están
que no es posible por ellas
entrar la Gracia, si Vos
no se las mostráis abiertas.
¿Cuándo, pues, el día será
que la infalible promesa
a las fatigas del día
lime grillos y cadenas,
y a la prisión de la noche
rompa, iluminando nieblas,
los cerrojos, para que
abra sus senos la Tierra
y produzca al Salvador?
¿Cuándo en blanca, pura y tersa
piel el rocío del alba
cuajará sobre la yerba
ya humedecida o ya enjuta
sus aljófares en perlas?
¿Cuándo lloverán las nubes
al justo? ¿Cuándo la bella
aurora ahuyentará sombras
para que el sol amanezca?
¿Cuándo, en fin, Señor, el Ángel
que ha de dominar la Tierra
vendrá en su socorro?
Sale Gabriel.
GABRIEL
¿Cuándo
quieres, ¡oh, Gracia!, que venga?,
sino cuando tú en su busca,
llorosa, él triste en tu ausencia,
él por ti, sin ti, suspira,
y tú sin él, por él, ruegas,
diciendo sus quejas:
Dentro Música.
¡Misericordia, Señor!
¡Clemencia, Señor, clemencia!
GABRIEL
A ese lamento movida
la suma piedad inmensa
me envía, para que vaya
yo publicando las nuevas,
de que ya de su rescate
el orden dado está.
GRACIA
Sepa,
¡oh, Gabriel!, cuyo alto nombre
quiere decir fortaleza
de Dios, que no conocerte
la Gracia aquí objeción fuera,
pues, siempre en gracia y en gloria,
aunque a la Tierra desciendas,
estás por contemplación
gozando de su presencia.
Sepa, otra vez te suplico,
ya que mi llanto consuelas:
qué orden es y quién la ha dado.
GABRIEL
¿Quién ha de ser, Gracia bella,
sino la merced de Dios
quien tan piadosa obra pueda
establecer y fundar
antes y después eterna?
Si la merced de Dios fue
la que antes que el hombre fuera
quiso que fuese; si es
la que después a materia
de no formado embrïón
le da forma de nüeva
alma que le vivifique,
a que nazca, viva y crezca;
si es, en fin, a merced suya
cada suspiro que alienta,
cada rayo que le alumbra,
cada aire que le recrea,
cada lana que le abriga,
cada terreno que güella,
cada paso que da y cada
bocado que le alimenta,
¿a quién puede quedar duda
que la merced de Dios sea?,
pues, tiene en sí los remedios
para todas sus dolencias,
teniendo en su Caridad
de las virtudes la reina,
en orden a su rescate
la que más se compadezca,
que si en la piedra de Pedro
Cristo ha de fundar su Iglesia
a su imitación será
de esta obra otro Pedro piedra;
y así, porque en la esperanza
el fervor no descaezca
en noticia de uno, voy
a depositar la nueva
que en los cómputos del tiempo,
tiene ajustada la cuenta
del determinado día
que en la merced de Dios venga
la redención de cautivos.
GRACIA
¿Y quién es a quien le llevas
tan venturosa noticia?
GABRIEL
Si cuantos incluye en ella
es alto juicio de Dios,
iluminando la letra
alegóricos sentidos,
¿quién puede hacer competencia
a Daniel, en cuyo nombre
se significa?
Pasa el carro donde estará Daniel, como dormido, que será un peñasco.
GRACIA
¡Oye, espera!,
soberano paraninfo,
pero no, no te detengas,
que cuanto de mí te apartas,
tanto es lo que a mí te acercas;
pues para que yo te siga,
me vas abriendo la senda.
(En busca de Daniel va,
donde, confusa la Tierra,
toda es una Babilonia,
a tiempo que él libre fuera
del lago de los leones,
antes que el sol se obscurezca,
por aprovechar el día
lo que al crepúsculo resta,
mientras no va a la prisión,
del Tigris en las riberas
en oración está. ¡Cielos!,
bien se ve que cuando reza
el hombre es cuando le dais
auxilios con que merezca,
y, pues no puedo acercarme
por ahora, pueda suspensa
oír a lo lejos qué arcanas
maravillas le revela,
que el dilatarme, el lograrlas
no es impedirme el saberlas;
al lado del corazón
tocándole, le despierta
del éxtasis en que estaba;
a su inspiración atienda).
GABRIEL
¡Daniel! ¡Daniel!
DANIEL
¿Quién me nombra?
Mas no, no me lo refieras,
Gabriel, que ya te conozco
desde el principio de aquella
visión en que te vi; ¿a qué
fin tan veloz ahora vuelas,
ilustrando el vespertino
sacrificio en que me encuentras,
pidiendo a Dios la honra suya
en la cautividad nuestra?
GABRIEL
Daniel, varón de deseos,
por los dos en que te empleas,
amor de Dios, a quien pides,
del próximo por quien ruegas,
desde el exordio primero
de tus preces, tan aceptas
fueron a Dios que alcanzaron
que yo en su nombre descienda
a que te advierta y te enseñe;
y así, que a mi voz atiendas
conviene, para que logres
lo que te enseñe y advierta:
setenta hebdómadas sobre
tu pueblo, Daniel, se abrevian
y sobre tu Ciudad Santa
para que se borre de ella
la iniquidad, y sus muros
a reedificarse vuelvan
de sus abominaciones
destruyendo la ira fiera
y dando fin al pecado,
porque la suma, la eterna
justicia a su difinido
tiempo quiere a las setenta
hebdómadas, abreviadas
a setenta y dos, que sea
reedificada otra vez
Jerusalén, y que en ella,
cumplidas las Escrituras,
las visiones satisfechas
y declaradas las sombras,
el Género Humano vea
que a redimirle el Ungido
Santo de los santos venga,
cuyo imperio, restaurando
la opresa esclavitud vuestra,
por los siglos de los siglos,
durará edades eternas.
Desaparece.
DANIEL
¡Oye, aguarda, no tan presto,
Gabriel, te desaparezcas!
Mira que sin ti y conmigo
en más éxtasis me dejas
del que yo me estaba; pero
mal dije, que fortaleza
eres de Dios, con que al tiempo
que me suspendes me alientas,
para que participando
vaya tan dichosas nuevas
por todos los calabozos,
que en obscura noche esperan
el felice advenimiento
de la luz, que sus tinieblas
ha de iluminar. ¡Albricias,
mortal, que de Dios la inmensa
merced ya en tu redención
cómputos al tiempo abrevia!
Cierra el carro.
GRACIA
Gana las albricias tú,
Daniel, con la noche, mientras
yo las gano con el día.
¡Cielo, sol, luna y estrellas,
troncos, frutos, fuentes, flores,
ríos, montes, mares, selvas,
albricias, que la merced
de Dios, de piedades llena,
va abriendo paso a la Gracia,
para que, cuando las puertas
halla del mundo cerradas,
halle las del cielo abiertas!
Y así, ya que interesada
soy yo lo mismo que ella,
pues, hacer gracia o merced
todo es una cosa mesma,
informada de los ritos,
observancias, obediencias,
institutos y misiones
que la Trinidad decreta
y la Merced constituye,
en orden a que se ejerza
la redención de cautivos,
seré, siguiendo sus huellas,
yo la que ahora en la voz
y después con la esperiencia
diga con Daniel…
LOS DOS
¡Albricias,
mortal, que de Dios la inmensa
merced en tu esclavitud,
cómputos al tiempo abrevia!
Vase Gracia, y salen Daniel, el Género Humano, y los demás, cada uno por su puerta.
GÉNERO HUMANO
¿Qué ignorados acentos…
ABEL
…qué no escuchadas voces…
ISAAC
…qué cláusulas veloces…
JOSEPH
…qué festivos concentos…
NOÉ
…qué músicos alientos…
TODOS
…quieren trocar angustias a delicias?,
pidiendo a esclavos míseros:
DANIEL
¡Albricias,
albricias, Género Humano,
y a toda tu descendencia,
que la divina clemencia
el decreto soberano,
que allá en su mente tenía,
revelaros me previene
que nuestra esclavitud tiene
ya determinado el día!
Gabriel, nuncio celestial,
que por alto ministerio
cuanto al sagrado misterio
toca de la universal
redención se le encomienda,
me anuncia que la desgracia
nuestra, a vista de la Gracia,
fiadora de nuestra enmienda,
tiene dispuestos los medios,
que a merced de Dios dará
sol en quien prevista está
la aurora de los remedios.
TODOS
¿Qué dices?
DANIEL
Setenta y dos
hebdómadas lo dirán
en que abreviadas están
merced y gracia de Dios.
TODOS
¿De tan venturosa nueva
qué albricias podemos dar?
GÉNERO HUMANO
Las de gemir y llorar
como esclavos hijos de Eva,
aquel instante que fue
origen de mi pecado,
y, pues el sol transmontado
ya en el ocaso se ve,
mientras al seno llegamos
que en el centro de la tierra
larga noche nos encierra,
dándole las gracias vamos,
en dignas albricias, pues
no hay para Dios mejor don
que elevar el corazón.
TODOS
Muy justo y muy digno es.
DANIEL
Isaac, pues es alegría,
y Abel, pues Abel es llanto,
componer podrán el canto.
ABEL Y ISAAC
Sólo sabrá la voz mía…
ABEL
…si el llanto…
ISAAC
…si la harmonía…
LOS DOS
…se han de unir en gozo tanto.
TODOS
Todos cantando y representando.
Decir: Santo, Santo, Santo.
TODOS
Decir: Santo, Santo, Santo.
GÉNERO HUMANO
¡Qué mas dulce melodía!
Canta Abel.
ABEL
Imiten nuestras canciones
ángeles y serafines,
arcángeles, querubines,
tronos y dominaciones.
GÉNERO HUMANO
Y digan nuestras oraciones
para aliviar el quebranto:
TODOS Y MÚSICA
Santo, Santo, Santo.
Canta Isaac.
ISAAC
Y para que más se arguya
cuanto tu poder encierra,
llenos estén cielo y tierra,
Señor, de la gloria tuya.
GÉNERO HUMANO
La sombra de la luz huya,
diciendo al correr el manto:
TODOS Y MÚSICA
Santo, Santo, Santo.
ABEL
¡Hosanna!, diga el clamor.
TODOS
¡Hosanna!
ISAAC
Y pues su favor…
TODOS
¡Hosanna!
ABEL
…celestial nuncio previene.
TODOS
¡Hosanna!
ISAAC
¡Bendito sea el que viene
en el nombre del Señor!
TODOS
¡Bendito sea el que viene
en el Nombre del Señor!
¡Hosanna!
Sale el Furor, y asústanse todos, y maltratándolos los encierra en una cueva, que tendrá una reja.
FUROR
¿De mi furor
tan olvidados estáis,
villanos, que celebráis
con cánticos otro honor?
¿Hosanna? ¿Qué aclamación
es de pública alegría?
¿Cantáis cuando hoy es el día
afán, la noche prisión?
¿Cómo a ella no os reducís?
¡Entrad, villanos, entrad
en su opaca obscuridad
donde enterrados vivís!
GÉNERO HUMANO
Sí haremos, pues padecemos
el furor de nuestro hado.
TODOS
Mas no porque en este estado
cautivos tuyos nos vemos
dejaremos de clamar.
FUROR
¿A quién en tormento tanto?
TODOS
Al que es Santo, Santo, Santo.
FUROR
Mucho tenéis que esperar.
GÉNERO HUMANO
Mucho, sí, para el deseo,
no, para decir en tanto…
FUROR
¿Qué hay que decir sobre Santo?
TODOS
¡Hosanna in excelsis deo!
Éntranse en la cárcel.
FUROR
¿Hosanna in excelsis deo?
¿Qué nuevo espíritu inflama
esta rara prefación,
que hiriendo en mi corazón
desde los profundos clama,
como dándome a entender
sacramentales reflejos?
¡Oh, nunca en visos y lejos
hubiera querido ver
con qué inútil confïanza
esta vil cautividad,
en Fe de la Caridad,
se mantiene en la Esperanza!,
pues, por más que se prevenga,
siempre teme mi ilusión
que venga la redención
–sin saber por donde venga
para cautelarme– pues,
la plenitud de querube,
no sé qué velo, qué nube,
qué sombra, o qué niebla es
la que se pone delante
entre mí y el cautiverio,
que no es a tanto misterio
toda mi ciencia bastante.
¡Tierra!
Sale la Tierra.
TIERRA
¿Qué quieres?
FUROR
Si aquí
estos viles te entregué
de mí herrados, para qué
no hallasen descanso en ti,
¿cómo, habiendo anochecido,
no los tienes ya encerrados?
¿Y cómo tan consolados
hoy a tu centro han venido?
TIERRA
Aunque –como antes te dije–
no me obligan tus preceptos,
por mí misma en sus efectos
¿a cada cual no le aflige
la tarea que le dí?
Si en ella tienen placer,
tú eres quien lo ha de saber,
que eso no me toca a mí.
FUROR
Pues, Tierra, aunque no te toca,
ayúdame a discurrir:
¿qué es lo que querrá decir
ese canto que hoy invoca
más festivo a Dios?
TIERRA
No sé,
más quien duda que le pida
ver la palabra cumplida
que de Abrahán dio a la fe,
de quien el nombre tomó
ese seno.
FUROR
Cuando sea
así, ¿qué saca mi idea
de eso?
TIERRA
Tampoco a eso no
me toca a mí responder.
Y, pues en la fantasía
de mística alegoría
quisiste ciego antever
siglos de futura edad,
deja la imaginación
y en la representación
prosigue, que su verdad
volverá por sí.
FUROR
Ya, ¿qué
puedes decirme?
Dentro atabalillos y dice la Gracia cantando.
GRACIA
Atención
al misterioso pregón.
TODOS Y MÚSICA
Atención
al misterioso pregón.
FUROR
¿Qué oíste?
TIERRA
Tampoco sé.
FUROR
Yo sí, que nueva desgracia
temo al oír.
ÉL Y GRACIA
Atención.
MÚSICA
Atención
al misterioso pregón.
FUROR
Pues es quien dice la Gracia.
Sale la Gracia cantando en estilo recitativo o tonada corrida, punto por letra, y como va cantandova el Furor haciendo estremos de sentimiento, y la Tierra de alegría.
GRACIA
Venga a noticia de cuantos
son, han sido y serán dentro
del visible y no visible
ámbito del universo,
que el divino consistorio
de aquel tribunal supremo
de Uno y Tres que solo es Uno,
sin fin, ni principio, eterno,
al llanto compadecido
de aquellos que le creyeron
y por la Gracia hijos suyos
esperan su advenimiento,
orden a la misma Gracia
ha dado para el decreto
de que a merced suya tenga
redención su cautiverio,
a cuyo efecto, porque
más eficaz sea el efecto,
es la misma Trinidad
la que da y sigue el ejemplo.
Pues, feliz mata, en fecundo
nuevo plantel de los cielos,
de azul y rojo matiz
produjo una flor, que al pecho
píctima es del corazón
en sus hojas escribiendo
orden especial de Dios,
dada y dedicada a el mesmo;
con que de sus estatutos
informada a intimar vengo
este público pregón
para que llantos y ruegos
con sus limosnas acudan,
y principalmente aquellos
que de las mandas forzosas
tienen a cargo el acuerdo,
conservando en sus registros
testimonios verdaderos
de ley natural y escrita,
de uno y otro Testamento.
Item, a los que poseen
bienes con cláusula impuestos
se avisa, porque no sean
bienes y males a un tiempo.
Item, los que hallen alhajas
perdidas, que son deseos
de enmienda no ejecutados,
las vengan restituyendo
aplicadas a tan pía
obra, en fe de que a sus dueños
aprovechen en su erario
a la enmienda, sino al premio;
y porque nadie ignorancia
pueda alegar del día cierto
que sale la redención
de los claustros de su templo,
a veinte y cinco de marzo
su embarcación será, y luego
de diciembre a veinte y cinco
tomará en la tierra puerto.
ELLA Y MÚSICA
Y así, atención, atención
al misterioso pregón.
GRACIA
Que va intimando los modos
que al mundo han de restaurar.
TODOS
Y mándase publicar
porque venga a noticia de todos.
Vase la Gracia con atabalillos.
FUROR
¿Qué nueva rabia, qué nueva
ira, qué nuevo tormento
es el que en mí ha introducido
tan raro pregón?
TIERRA
¿Qué nuevo
gozo, qué nueva alegría
es la que en el alma siento
al oír pregón tan raro?
FUROR
¿Qué dices? Cuando yo quedo
con un volcán en los labios
con un Vesuvio en el pecho,
un Etna en el corazón,
y en el alma un Mongibelo,
¿tú con alegre semblante
te quedas?
TIERRA
Sí, porque espero
que ha de enriquecer la Tierra
con los tesoros del cielo
el precio que ha de dejar
por cada cautivo de esos
el que venga a redimirlos.
FUROR
No es posible haber tal precio;
que contra mi posesión
lo intente es lo que yo siento,
no el pensar que lo consiga.
TIERRA
Pues yo al contrario me alegro
que solo con que lo intente,
segura esperanza tengo
de que lo ha de conseguir.
FUROR
Eso está ahora muy lejos
para argüido.
TIERRA
No está,
que alegóricos conceptos
tiempo, ni lugar no admiten
este lo es, y así podemos
–como antes dije– abreviar
las hebdómadas, pues vemos
que Daniel las abrevió
en los cómputos del tiempo.
FUROR
Dices bien, y porque veas
tu desengaño más presto
–dado que venga, que yo,
aunque lo dudo, lo temo–
tú misma, Tierra, tú misma,
me has de dar los instrumentos
con que mi rencor…
En la nave Emanuel, Gabriel, la Inocencia, y otros.
EMANUEL Y TODOS
¡Amaina,
Furor, de contrarios vientos
la cólera de tus iras!
FUROR
¿Si fue acaso, o fue misterio
el que habló sin mí y conmigo?
¿Oíste en mal distintos ecos
otra voz contraria en todo
a la pasada, supuesto
que una era tranquilidad
y otra tormenta?
TIERRA
No lejos
una nave se descubre,
que viene arribando al puerto,
y en ella debió de ser
faena lo que en ti recelo,
si ya no es que de tu idea
empieza a correr el velo.
FUROR
¡Vuelve a oír!
TODOS
¡Amaina, amaina!
INOCENCIA
¡Socorro, que perecemos!,
Emanuel, que, como es
en el rigor del invierno,
el aire que corre, todo,
a vista de tierra, es cierzo.
GABRIEL
Que ¿cómo Inocencia hablaste
sin considerar primero
que tiene en vientos y mares
el que te conduce imperio?
Da vuelta la nave.
EMANUEL
¡Oh, tibia Fe!, no desmayes,
que, aunque en destemplados ceños
contra esta nave se aúnen
todos los cuatro elementos,
zozobrada y combatida
podrá ser que la vean, pero
no sumergida, que lleva
contra huracanes soberbios
la estrella del mar por norte,
y así, ¡a tierra!, sin recelo
de que su abrigo me impidan,
ni el aire, ni el mar, ni el fuego.
TODOS
¡A tierra, a tierra!
Da vuelta la nave, y bajan por dentro.
TIERRA
No fía
mal de mí, que, aunque padezco
en esta estación las sañas
de escarchas, nieves y hielos,
a recibirla saldré
y a saber quién es el dueño
que la rige, ya que a mí
buscándome viene.
Vase.
FUROR
¡Cielos!
¿Qué nave puede ser ésta,
que a oposición considero
de mi galera, entregada
al mar de la vida, lleno
de escollos y de bajíos?
Si al primer discurso vuelvo,
pues, para que me persuada
a que mis rumbos siguiendo
viene basta ver que, cuando
más contrastada la veo,
la veo que más serena
toma tierra, confundiendo
la tormenta en armonía,
pues, dice al salir del puerto:
Música en la nave.
MÚSICA
¡Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo!
FUROR
¿En el suelo al hombre paz?
¿Gloria a Dios en las alturas?
¿Y de angélicas criaturas
con misterioso solaz
poblando el aire, que en bellas
tropas dulcemente graves,
le suspenden como aves
y le alumbran como estrellas,
haciendo luz y armonía,
sonora una, otra brillante,
que la noche se levante
con los imperios del día?
¿Qué será? Porque pensar
que el que en las entrañas viene
de esa nave excepción tiene,
que tierra puede tomar
sin ser mi esclavo es error,
cuando en mi dominio están
todos los hijos de Adán
sujetos a mi furor?
¿Quién –ya que la vista mía
no alcanza esta raridad,
pues, en ciega obscuridad
todo es noche, nada es día–
de dónde viene y quién es
dirá?
Sale la Tierra.
TIERRA
Yo, que le recibo,
sin que sea tu cautivo,
huésped de mi esfera.
FUROR
Pues
¿cómo, sin pagar tributo,
le admites a mi pesar?
TIERRA
Como para contratar
contigo salvoconduto
trae.
FUROR
¿De quién?
TIERRA
Si merced fue
de Dios quien le decretó,
la Trinidad quien le dio
el cumplimiento, la fe
Gabriel, la Gracia el pregón,
¿qué dudas tú que yo a un hombre
estranjero, en patria y nombre,
admita? Y más a ocasión
que me viene a enriquecer
con los dones que ha de dar
en rescate, pues quedar
es preciso en mi poder,
y, así, vuelvo a que le des
plática.
FUROR
Para que vea
que no hay tesoro que sea
de tan precioso interés,
puesto que ya con el día
al trabajo han de salir,
las puertas tengo de abrir
de esta oscura tumba fría,
porque al ver la multitud
que pretende rescatar
desconfíe, y a dejar
la vuelva en mi esclavitud.
TIERRA
Quizá no, que no alcanzamos
los tesoros que traerá
quien redentor viene.
FUROR
Ya
fuerza es quién le envía sepamos
y quién es.
Sale la Gracia.
GRACIA
Yo eso diré.
FUROR
¿Tú la merced dirás?
GRACIA
No,
diré que, aunque ella fundó
la obra, la Trinidad fue,
alternando la piedad,
la que hoy ejerce el favor.
FUROR
Pues, ¿quién es el redentor?
GRACIA
Uno de la Trinidad.
FUROR
¡Calla, calla, no prosigas!
Mas ¿qué me da que temer
lo que ni es, ni puede ser?
Pues, no porque tú me digas
que es de la Trinidad, yo
lo creeré, que Trinidad
predice divinidad.
GRACIA
Pues, ¿quién te dice que no?
FUROR
La Tierra, que a un hombre ve,
y a ese admite, y es en vano
creerle Divino y Humano.
GRACIA
Eso ha de decir la fe.
FUROR
Lo Humano y Divino en Uno
no dirá, y, para apurar
si lo es o no, le he de dar
la plática, que a ninguno
hasta hoy he dado y, porque
llegue de mis iras cierto
en este inculto desierto,
quién es averiguaré;
tú que a él se salga le di,
en tanto que yo estas puertas
abro, y, pues ya están abiertas…
Abre las puertas.
…¡salid, villanos, de aquí
a trabajar, que ya es hora!
Véaos afanar el día
quien sepultados la fría
noche os vio.
Salen de la cárcel el Género Humano y los demás.
GÉNERO HUMANO
Con tal aurora,
como hoy el sol amanece,
dulce el trabajo será.
FUROR
¿En qué, hoy, la dulzura está?
NOÉ
No sabemos, mas parece
que nos trae algún consuelo,
pues dicen sus luces puras:
TODOS Y MÚSICA
¡Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo!
GRACIA
Eso sí, clamad vosotros,
que el que veis es Emanuel,
nombre que se incluye en él:
el Señor es con nosotros,
y, pues al trabajo vais,
porque más se compadezca,
dones vuestra fe le ofrezca
de los frutos que labráis.
GÉNERO HUMANO
¿Quién eres que nos alientas?
GRACIA
Si ahora no me conocéis,
presto espero que sabréis
quién soy; idos, pues, y atentas
vuestras ansias den al cielo
gracias de vuestras venturas.
TODOS
Siempre dirá nuestro celo:
ELLOS Y MÚSICA
¡Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo!
Vanse cantando por una parte, y sale Emanuel porotra.
FUROR
Advenedizo estranjero,
que de mí no conocido
a tomar tierra has venido,
quién eres es lo primero
que intento saber de ti.
EMANUEL
Pues de mí no sabrás hoy
más de que soy el que soy.
FUROR
¡Qué oigo! ¿El que eres, eres?
EMANUEL
Sí.
FUROR
(¡Rara respuesta! Apuremos
más.) Si eres el que eres, no
habrá menester que yo
ni la Tierra te alberguemos,
ni a los que contigo están,
puesto que, para sus medras,
siendo el que eres, estas piedras
podrás convertir en pan.
EMANUEL
No de solo pan el hombre
vive.
FUROR
Pues ésta dejemos,
y a otra pregunta pasemos:
¿a qué vienes?
EMANUEL
No te asombre
que diga que a rescatar
esa inmensa muchedumbre
que veo en tu servidumbre.
FUROR
¿Qué precio me puedes dar
que lo valga, y más a mí
que puedo darte en despojos
cuanto alumbra el sol? Los ojos
vuelve, y verás desde aquí
si en distantes horizontes
abro en golfos y campañas,
de los mares las entrañas
y los senos de los montes
las arcas de mi tesoro;
pues verás, al poseerlas,
en sús nácares las perlas
en sus escorias el oro,
plata, piedras y metales
en su bruto centro impuro
y rey de todos el duro
diamante en sus pedernales;
todo esto te puedo dar,
si, no hablando en redención,
me dieres adoración.
EMANUEL
Solo a Dios se ha de adorar.
FUROR
Si estas dos propuestas no
admites, desesperado
del rescate –a quién ni he dado,
ni he de dar plática yo–
puedes volverte, si ya
no es que con la pesadumbre
te arrojas desde esa cumbre,
que si en la tercera está
Dios, tanto como en las dos,
contigo enviara al momento
quien te sustente en el viento.
EMANUEL
No se ha de tentar a Dios.
FUROR
Pues, ya que a ningún partido
te das, al punto volvamos
del asunto en que hoy estamos;
di ahora a lo qué has venido.
EMANUEL
A que contra tu tirano
dominio trate y contrate
del universal rescate
de todo el Género Humano.
FUROR
Eso es lo que quiso ver
futura mi fantasía,
y pues ya le llegó el día,
¿qué poder traes?
EMANUEL
Mi poder.
FUROR
¿Y bastará el poder tuyo
para el esclavo menor
de ésos?
EMANUEL
Menor, ni mayor
hay en mí, que a nadie excluyo,
y es mi piedad de manera
liberal que te daré
por el más pobre lo que
por el más rico te diera,
sin gradüar excepción.
Y si para él el caudal
supongo faltara, es tal
la orden de mi religión,
que porque de ti, crüel,
se salve el más inferior,
dispone que el redentor
quede a padecer por él.
FUROR
Pues, si tan piadosos modos
no han de exceptuar a ninguno,
hagamos el precio de uno,
y por él correrán todos.
EMANUEL
Llámale.
FUROR
¿Adán?
Sale el Género Humano.
GÉNERO HUMANO
¡Ay, de mí!
¿Qué me querrá este tirano?
EMANUEL
Llega, llega, que no en vano
eres menester.
Sale la Gracia.
GRACIA
Aquí,
Gracia, solo el asistir
te toca hasta merecer.
Sale la Tierra.
TIERRA
Tierra, a ti te toca el ver.
Sale Gabriel.
GABRIEL
Cielo, a ti te toca oír.
Sale la Inocencia.
INOCENCIA
A ti te toca, Inocencia,
de los tres el ejemplar,
que es oír, ver y callar.
FUROR
Ya está Adán en tu presencia.
EMANUEL
¿En qué le aprecias?
FUROR
Infiel
fue, infinito su delito,
y así ha de ser infinito
precio el que has de dar por él.
EMANUEL
Sí, daré.
FUROR
¿Infinito precio
puede dar un hombre?
EMANUEL
Sí.
FUROR
Negado el principio, di:
si de uno solo en aprecio
infinito precio das,
¿cómo es posible ser pueda
infinito el que te queda
para todos los demás?
¿Qué precio has de darme?
EMANUEL
¡Necio!,
esta es objeción tan clara
que la absolverá cualquiera,
pues, infinito no fuera
si infinito se gastara.
Y así, por arcanos modos,
puede lo infinito darse
infinito a uno, y quedarse
infinito para todos.
FUROR
Eso es decir que anda aquí
algo de divinidad.
EMANUEL
Tú lo dices.
INOCENCIA
La verdad
primera que dél oí.
FUROR
Yo lo digo, pero no
porque lo digo lo creo,
y, esto aparte, ya deseo
ver tan grande precio yo
en mi poder.
EMANUEL
Sí verás,
en dándomele tú a mí.
FUROR
¿Yo he de darte el precio?
EMANUEL
Sí.
FUROR
¡No me faltaba ahora más
sobre la duda en que vivo
–de si eres quien temo o no–
que poner el precio yo
y llevarte tú el cautivo!
EMANUEL
Pues mira cómo ha de ser:
que tú el precio me has de dar
y a él con él he de sacar
y a todos de tu poder.
FUROR
¡Hombre, que solo has venido
a ser contra mi alto genio,
emblema, que yo no alcanzo,
enigma, que yo no entiendo!,
tus raras proposiciones
tan rabiosa ira en mi pecho
han introducido que
Babilonia de mí mesmo,
confusión de confusiones
soy, revistiéndose dentro
dél cuantas sañas en otros
yo he revestido, y supuesto
que contra las fundaciones
de rescate en que no hay medio,
en mi espíritu se alistan
para salirle al encuentro
dogmas de apóstata, errores
de idólatra, devaneos
de paganos, terquedades
de ateístas, y en efecto
sobre odios de sectario,
que son de los que hoy me precio,
y cóleras de gentil,
rencores de pueblo hebreo,
¿qué hay que esperar, sino que ambos
sin canje o rescate presos
quedéis, él por ti penando
y tú por él padeciendo?
EMANUEL
Quizá es ese el infinito
precio que has de darme.
GÉNERO HUMANO
¡Cielos!,
¿qué ha de ser de mí, que al mundo
en tanto conflito he puesto?
GABRIEL
¡Anima!, pues siendo yo
la fortaleza, te aliento.
GRACIA
¡Confía!, pues soy la Gracia,
y ves que hacia ti me acerco.
INOCENCIA
¿Mas que sobre la Inocencia
viene a parar todo esto?
FUROR
Tierra, acuérdate de que
en su venida suspenso
quedé, cuando iba a decirte
que en castigo del contento
que mostraste habías de darme
tú misma los instrumentos
que aseguren mis temores,
y, pues ya ha llegado el tiempo,
trata de irme ministrando
lo que te fuere pidiendo.
GRACIA
Acuérdate también, Tierra,
de que prometiste al cielo
no tenerle nada oculto,
y, así, a mi piadoso ruego,
cuando a él dés rigores, dame
a mí piedades.
TIERRA
Mal puedo
negarle a él ni darte a ti
lo que quisiera mi afecto:
bienes comunes mis bienes
son, de ninguno soy dueño,
el hombre planta, la nube
riega, Dios da el incremento;
ciencia fui del bien y el mal
en un fruto, y, así, dejo
al uso del mal o el bien
los demás, no diga el tiempo
que ni al pecado los rindo,
ni a la Gracia los defiendo.
Vase.
FUROR
¿Qué importa que no me des
lo que yo tomarme puedo?
¿No soy el león que, bruto
monarca de tus desiertos,
buscando a quien devorar,
todos tus ámbitos cerco?
Pues ¿cómo podrás negarme
de mis tributos el feudo,
mayormente cuando no
tengo de pedirte de ellos
los fértiles, sino antes
los más áridos, más yertos,
más escabrosos, sin flor,
ni fruto? Aqueste primero
peñasco lo diga, pues
dél arrancaré a despecho
de las prendidas raíces
en su empedernido centro,
zarzas, abrojos y espinas,
como de estos campos, luego
en inútiles abortos,
sin siembra, cultura o riego,
cambrones, juncos y espartos,
y aun de las minas del hierro
forjados clavos, que labra
la fragua de mis incendios.
Éstos son todos los dones,
todos los caudales éstos,
que a fuer de león te puede,
por crüeles y sangrientos,
en venganza de tu arrojo,
dar mi rencoroso incendio.
¡Veamos, pues, si habrá quien diga
ahora que con mis mesmos
precios se rescató Adán!
GRACIA
Sí, habrá.
FUROR
¿Quién?
Sale Abel con un cordero.
ABEL
Este cordero,
que en los rebaños del valle
de lágrimas que apaciento
salió sin mancha, vestido
de cándido vellón terso,
diga la rendida fe
con que, obligado al pretexto
de tu piadosa venida,
humilde a tus pies ofrezco.
GRACIA
¡Mira si habrá quién lo diga!
FUROR
Pues, ¿qué dice un corto obsequio
que cuando quiera elevarse
halla en el frase misterio
entre lechugas amargas
y ácimo pan? ¿Será cierto
que amargo y que desabrido
convierta el sabor en tedio?
GRACIA
Quizá uno y otro es dulzura.
FUROR
¿Quién puede conseguir eso?
Salen Daniel con un panal, y Joseph con unas espigas.
DANIEL
Yo, que sobre los leones,
tuve preservado imperio.
JOSEPH
Yo, que del trigo las mieses,
Señor, a mi cargo tengo.
DANIEL
Dando los que fueron míos
consecuencia al que fue ajeno.
JOSEPH
Porque del ácimo pan
toleres lo áspero y seco.
DANIEL
De la miel, que artificiosa
abeja en él labró, a efecto
de endulzar tus amarguras,
este panal te presento.
JOSEPH
De las espigas, que en campos
de Belén, limosna fueron
de Ruth, en fe de que sean
pan de ángeles a su tiempo,
estas espigas te traigo.
FUROR
¿Qué dulzura habrá si mezclo
de ambos sabores el vino
mirrado con los venenos
de la hiel y del vinagre?
Sale Noé con una vid.
NOÉ
La de este fértil sarmiento
que yo planté en esperanza
de que produzca el ameno
racimo que de Caleb
y Aaron venga a ser primero
fruto de la Prometida
Tierra.
FUROR
¿Y qué hará todo eso
para que incrüento sea
antídoto a lo crüento
de mis dones?
GRACIA
No hará que
por sí satisfagan, pero
hará que la Tierra vaya
por la Gracia disponiendo
que aquestos sean auxilios
de esotros merecimientos.
FUROR
¿Qué merecimientos? ¿Qué
auxilios? Si antes de serlo
reventaré yo la mina
que a costa del sufrimiento
cuanto estuvo hasta aquí ahumando,
estará desde aquí ardiendo.
¿Cómo, infames, cómo, viles
esclavos, atrevimiento
tenéis, sin llamaros yo,
de venir donde estoy? Esos
dones, que la Tierra os da,
volved a la Tierra, y luego…
Arroja los dones, y vuelven a la prisión.
…¡a la mazmorra, villanos!,
que todavía soy vuestro
Arráez dueño, que aún no está
de Adán ajustado el precio.
¡Id todos! ¿Qué esperáis?, pues
que de mi furor huyendo
no vais al obscuro limbo,
en cuyo albergue funesto,
a nunca más ver la luz
habéis de morir viviendo.
TODOS
Vivir muriendo dirás,
pues, ya en Emanuel sabemos
que Dios está con nosotros.
Vanse los cautivos.
FUROR
Poco os durará el consuelo,
si yo, cerrando estas puertas,
de sus candados de acero
y sus cerrojos de bronce,
conmigo las llaves llevo;
y para acabar con todo
de una vez, este madero,
que lo vegetable aún no
conserva, pues esqueleto
del monte, sin rama, ni hoja
yace a la segur del cierzo,
le dará muerte.
Sale Isaac con otro tronco, y recibiendo el golpe enél, forma una cruz.
ISAAC
¡Detén
del tronco el golpe violento!,
o, al repararle del haz
de leña que al hombro llevo,
el que elegí para culto
será ruina.
FUROR
Nada temo
tu favor.
EMANUEL
Ni yo tu injuria,
pues voluntario me ofrezco
a recibir ambos troncos
sobre mí, para que uniendo
sus dos mitades, vea el orbe,
que aquí oprobios y aquí obsequios,
los unos los medios son
de ser otros los remedios.
FUROR
¡Cómo, si, pero, qué miro!
¡Qué jeroglífico, cielos,
es –¡qué pena! – el que –¡qué angustia!–
de los dos cruzados leños
forma el aire, a cuya vista
desalumbrado fallezco!
Cae al lado derecho de Emanuel.
GÉNERO HUMANO
¡Qué listado arco de paz
es el que en el aire veo,
que a ti te postra su asombro
y a mí su agradecimiento!
Cae a la mano siniestra.
GRACIA
Eso diré yo de parte
de la Tierra, recogiendo
con veneración sus dones.
Recogen los dos los dones del suelo.
GABRIEL
Y yo de parte del cielo,
elevando a adoración
esotros, haré lo mesmo.
GRACIA
El jeroglífico.
GABRIEL
El arco.
EMANUEL
Yo lo diré, mas primero,
Inocencia, a mis espaldas
ayuda a tener el peso
de este árbol.
INOCENCIA
Bien temí
que había de pagar los yerros
de la culpa la Inocencia.
Pónele la cruz a las espaldas.
GRACIA
¡Absorta estoy!
GABRIEL
¡Yo, suspenso!
EMANUEL
A mi diestro lado tú
en Impireo trono excelso
resplandeciente te viste;
perdístele por soberbio.
Tú también de terrenal
alcázar te viste dueño;
perdístele por ingrato,
con que a mi lado siniestro,
Adán, veniste cautivo.
Nunca de tu atrevimiento
tú me pediste perdón;
tú con arrepentimiento
lloraste y perdón pediste.
Ofendiome tu protervo
error; moviome tu llanto,
y así, cuando te condeno
a ti a exteriores tinieblas,
a ti a rescatarte vengo,
y, aunque llegando a la cruz,
quedó consumado el precio
del cautiverio de Adán,
pagando en su cautiverio
lo infinito a lo infinito,
como hombre satisfaciendo
al hombre en todo rigor
de justicia; con todo eso,
para que no quede nada
que investigar al concepto,
ya que el arco de la paz
fue la cruz, al universo
el jeroglífico sea
ver que yo las manos trueco,
y, puestos en cruz los brazos,
por el cautivo padezco,
y a fuer de buen redentor,
el fiel al infiel prefiero,
pasando tú al diestro lado
y pasando tú al siniestro.
Truecan los lugares el Furor y Adán, y queda Emanuel estendiendo los brazos arrimado a la cruz.
GÉNERO HUMANO
¡Qué no merecida dicha!
FUROR
¡Qué no explicable tormento!
GRACIA
¡Qué misterioso prodigio!
GABRIEL
¡Qué prodigioso misterio!
INOCENCIA
Armas de la Trinidad
me parece que estoy viendo.
Sale la Tierra.
TIERRA
¿En qué –¡cielo! – habrán parado
los dones? ¿Qué…?, mas, ¡qué veo!:
falleciendo el redentor,
a un tronco arrimado, en medio
de un réprobo, un elegido;
la Gracia al lado derecho,
con cuantos dones de Gracia
concedió a la Tierra el cielo;
virgen espíritu al otro,
con cuantos dones tuvieron
favorecidas criaturas,
que nunca visto portento
el monte de la visión
hoy incluye.
EMANUEL
El de haber puesto
la redención de cautivos
libre de su cautiverio
al Género Humano.
FUROR
Aunque
en este lugar me veo,
al Género Humano libre
no he de confiar por eso.
GÉNERO HUMANO
Yo sí; acuérdate, Señor,
de mí, y llévame a tu reino.
FUROR
Adán fue el que puse en venta;
llévate, pues, a Adán, pero
¿cómo has de llevarte toda
su descendencia, si tengo
las llaves del calabozo
en mi poder yo?
EMANUEL
Rompiendo
los cerrojos y candados.
FUROR
¿Tú? ¿Cómo?
EMANUEL
Solo diciendo:
¡abrid las puertas, abismos!
Dentro.
¿A quién?
EMANUEL
Al Príncipe vuestro.
FUROR
¡Otro prodigio, otro asombro!
GRACIA
¿Ves que a la voz de su imperio
las rejas se han quebrantado,
los candados se han deshecho
y los cerrojos rompido?
TIERRA
Sí, mas no me admira el verlos
y que hierros se enternezcan
cuando se perdonan yerros.
Dentro.
NOÉ
Sin duda, pues que se alumbran
las sombras en que nos vemos,
que Trinidad y Merced
nuestro rescate han compuesto.
Dentro.
DANIEL
Publique vuestro alborozo
su venida.
Dentro.
TODOS
Sea aplaudiendo.
Dentro Música.
Al que es Redentor
y Príncipe nuestro,
rey de las virtudes,
de las lides dueño.
EMANUEL
Entra tú, Gracia, conmigo,
pues ya las puertas he abierto
que antes rondaste cerradas.
Dame tú, Gabriel, aliento,
pues eres mi fortaleza.
Tú, Inocencia, cobra esfuerzo
para llevarme esa cruz,
que para fortaleceros
y descender a ese abismo
antes diré de entrar dentro:
en tus manos, Padre mío,
el espíritu encomiendo.
Vase, y suena Terremoto.
GÉNERO HUMANO
Gracias, ¡oh Gracia!, te doy
de que a conocerte vuelvo.
GRACIA
Yo a ti, de que a un tiempo digan
por ti abismo, tierra y cielo.
LOS DOS Y MÚSICA
Las gracias le demos
al que es redentor
y príncipe nuestro.
Vanse. Terremoto.
FUROR
¡Qué asombro!
TIERRA
¡Qué confusión!
LOS DOS
Mezcla música y estruendo.
Música y terremoto.
MÚSICA
Rey de las virtudes,
de las lides dueño,
démosle las gracias,
pues le conocemos.
FUROR
En el profundo alegría
y en ti horror, Tierra, ¿qué es esto?
TIERRA
¿A quién lo preguntas, cuando
soy la que más me estremezco
a tanto asombro de rayos,
de relámpagos y truenos?
FUROR
¿Quién ha perturbado el orden
de la luz, puesto que vemos
iluminada la noche
de ese pavoroso seno
y obscurecida del día
toda la región del viento,
dando el fuego actividad
para que, avivado el fuego,
en embrïones de nubes
arroje abortos de incendios?
¿Contra quién el mar en montes
de espuma, torres de hielo,
pensando apagarlo, escala
los muros del firmamento?
TIERRA
No sé, mas según su eclipse
la luna turbia, sangriento
el sol, turbadas las tropas
de estrellas y de luceros,
o padece su hacedor
o el mundo espira.
FUROR
No menos
que ese alterado motín
de todos los elementos
me asombra y me atemoriza
ver que, rasgado su velo,
si se cae, o no se cae
está titubeando el templo.
TIERRA
Aun bien, que entre tantas ruinas
a mí me queda un consuelo.
FUROR
¿Consuelo?
TIERRA
Sí.
FUROR
¿Qué es?
TIERRA
Pensar
todavía mi deseo
al ver cuán glorioso sale
de esa obscuridad, trayendo
tras sí la gran multitud
que estaba encerrada dentro,
en fe de su libertad,
con las insignias al pecho
de Trinidad y Merced
de Dios en los dos trofeos,
unos de la Cruz y otros
de los Católicos Reinos,
que ha de enriquecer la Tierra
con los tesoros del cielo,
que ha de dejar en rescate.
FUROR
Pues, ¿cómo puede ser eso?
¿Son más que unos pobres dones?
TIERRA
Eso ha de decir el tiempo,
pues ahora basta que diga
su triunfo en confusos ecos.
TODOS Y MÚSICA
¡Por siglos de siglos viva
redentor, que con tan nueva
piedad a su reino lleva
la cautividad cautiva!
¡Viva, viva!
Van saliendo Emanuel, vestido de resurrección, ytodos los cautivos con las insignias de Trinidad yMerced, con sus mantos de cautivos.
GRACIA
Cautivo el Género Humano
estaba de infiel Furor…
GABRIEL
…y cautivo del amor…
ISAAC
…con dueño más soberano…
ABEL
…triunfante va, donde ufano…
JOSEPH
…por siglos de siglos viva.
GRACIA
A merced de compasiva
Gracia, que de amor es prueba…
TODOS
…consigo a su reino lleva
la cautividad cautiva.
FUROR
Contra todo aquese triunfo,
aun con esperanzas quedo
de que vuelva a mi prisión
el Género Humano preso,
que si de original culpa
por ahora sale absuelto,
él es tal que la actual
le traerá a mi cautiverio.
EMANUEL
Cuando la humana flaqueza
exponga a alguno a ese riesgo,
aun para él habrá rescate
en esos caudales mesmos.
FUROR
¿Qué caudales? ¿Aquí hay más
que baldones y improperios?
¿Allí hay más que pobres dones
de un panal y de un cordero,
de un leño, espiga y racimo?
EMANUEL
Pues, ¿no son bastantes esos
para segundo perdón
al que se aproveche dellos?
FUROR
¿Cómo?
Aparece un Niño en un carro.
NIÑO
Eso dirá la fe
en ese alto sacramento,
en quien, cordero inmolado,
pan de ángeles, sarmiento
opimo, panal sabroso
y ensangrentado madero
se cifra, porque está en él
realmente en alma y cuerpo
el que hoy redentor se queda
redentor, para el que habiendo
por la puerta del bautismo
entrado, pasare luego
por la de la penitencia,
volverá a vivir de nuevo
a la vida de la Gracia
por ser de la Gracia aumento.
FUROR
¿Cómo, yo, si, cuando…? ¡No
puedo hablar!
EMANUEL
¡Qué! ¿Haces estremos?
FUROR
¡Qué mucho que estremos haga
yo, si haces tú sacramentos,
a cuyo pasmo es forzoso
vaya para siempre huyendo!
Vase.
EMANUEL
Ya que a vista de mi Padre
con tanta victoria vuelvo,
lo que dije a los abismos
decid todos a los cielos:
¡abrid las puertas, abrid!
MÚSICA
¿A quién?
EMANUEL
Al principe vuestro.
MÚSICA
¿Quién nuestro príncipe es?
TODOS Y MÚSICA
El que es de las lides dueño
y señor de las virtudes,
que hoy victorioso a su reino
vuelve a vista de su Padre,
coronado de trofeos.
GÉNERO HUMANO
Nuestros yerros perdonando
y todos con él diciendo:
TODOS Y MÚSICA
¡Por siglos de siglos viva
redentor, que con tan nueva
piedad a su reino lleva
la cautividad cautiva!
¡Viva, viva!
FIN
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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

Zitationsvorschlag für dieses Objekt
TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La redención de cautivos. La redención de cautivos. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbv2.0