Personajes
- La GRACIA
- El PECADO
- El HOMBRE
- El ALBEDRÍO
- La SOBERBIA
- La AVARICIA
- La LASCIVIA
- La IRA
- La GULA
- La ENVIDIA
- La PEREZA
- El OÍDO
- La IGLESIA
- MÚSICOS
Salen el PECADO y la GRACIA luchando
PECADO
Deja esta tierra.
GRACIA
Pues ¿qué
imperio tú, qué dominio
tienes para desterrarme
del que es patrimonio mío?
PECADO
¿Patrimonio tuyo, Gracia,
es, ni puede ser, ni ha sido
la Corte del Universo?
GRACIA
Sí, que aunque la del impíreo
fue primera patria mía,
al Hombre en la tierra asisto
para reducirle a ella,
pues el poder infinito
de Dios su fábrica hermosa
por mí y para mí la hizo,
entregándosela a él,
porque él como alcaide mío
en su gracia la posea,
siendo su primer motivo
servir a Dios y gozarle.
PECADO
Así algún psalmo lo dijo,
es verdad, pero ¿tan presto
pusiste, Gracia, en olvido,
que también dijo otro salmo
aquel nuestro desafío,
cuando vitorioso yo
quedé en su primer delito
de todo el orbe, pues todo,
avasallado y rendido,
obedece a mi poder
y a mi horror yace: testigo
sea algún infausto tronco
que, yerto esqueleto frío,
entre siempre verdes copas
es padrón vegetativo,
en cuya corteza el tiempo
tiene, a pesar de los siglos,
con caracteres de arrugas
en quebrado idioma escrito:
«Aquí del Género Humano,
yacen los villanos hijos
de Adán, infames pecheros
del Pecado»; cuyo rito
en tres edades tres leyes
le confesaron a gritos,
Job en sus conversaciones,
el real profeta en sus Himnos,
y en sus Epístolas Pablo,
diciendo que no ha nacido,
ni ha de nacer quien no nazca
de mis imperios cautivo,
señalado con mis yerros
y marcado con mis signos.
GRACIA
Aunque aquí la general
ley excepción ha tenido,
pues ya hubo humana criatura
cuyo siempre puro, limpio
esplendor nunca manchado
turbó aun el primero viso
esa sombra, y concebida
en gracia, al instante hizo
basa de su pie tu cuello,
porque viéndote oprimido
contra la tierra la boca
no pudieras atrevido
volver a morderle; no
valerme aquí solicito
de ese especial privilegio,
porque hoy no es asunto mío
lo particular; y así,
transcendiendo a más altivo
empeño has de ver que hoy
a lo general aspiro,
no solo contra esa culpa
que a Dios su imagen deshizo
borrándole aquel primero
candor y yugo sencillo
de la original justicia,
pero contra cuantos miro
su bando seguir, haciendo
al orbe, aleve caudillo
de miserias y desdichas,
de rigores y castigos,
cátedra de los pecados
y academia de los vicios,
y así, abrazando no solo
esa culpa, como he dicho,
mas todas las actuales,
desta manera prosigo.
¿Qué importa (aunque importa mucho
en esta frase lo digo,
porque ajustarnos a hablar
humano modo es preciso)
que vitorioso quedases
del Hombre, y el Hombre indigno
quedase de ver al Cielo,
porque siendo su delito
infinito, no podía
satisfacer por sí mismo,
si compadecido Dios
de su llanto y su conflito,
piadoso dispuso (¿qué
no hará Dios compadecido?)
satisfacer con la sangre
de su unigénito Hijo
la deuda, porque pagase
lo infinito a lo infinito?
Y porque a la letra el texto
está un argumento tibio,
siempre que en campal teatro
o lidiamos o argüimos,
del sentido literal
has de ver que hoy mis motivos
no sin facilidad hacen
alegórico sentido,
para cuya inteligencia,
no solo, fiera, te pido
la atención, sino el acuerdo
de asunto que ya se ha visto,
porque veas que no acaso,
sino de intento le elijo,
haciendo del acordarlo
gala para el repetirlo.
¿Qué importa, pues, digo (ya
se sabe cómo lo digo)
que el Hombre cerrase al cielo
las puertas y los oídos,
si ya de aquel año a quien
por la antonomasia dimos
el gran renombre de Santo,
en la metáfora vimos
concedido el jubileo
del gran pontífice Cristo,
cuando inocente cordero
fue del Padre sacrificio,
cuyo nombre de Inocencio
le dio el piadoso apellido,
porque hoy Cristo y Inocencio
nos representen lo mismo,
en cuya gran concesión,
franqueados los archivos
del tesoro de la Iglesia,
abiertas las Puertas vimos
del Perdón, con general
remisión de los delitos
más inormes y más feos,
más torpes y más indignos.
Acuérdate, pues, de ver
al Hombre, que peregrino
de la vida, acompañado
de diez preceptos divinos,
llegar pudo donde el año
de cincuenta le previno
en el psalmo de cincuenta
tan soberanos auxilios
que a pena y a culpa absuelto
restituyó al primitivo
estado de la inocencia
todo lo que había perdido,
entrando a la del Perdón
por la puerta del Baptismo
primero, y de sus desmanes
saliendo después invicto
por la de la Penitencia,
que es aquella que se hizo
de la tabla del naufragio
de quien allá Tomás dijo
que el que a ella atrito se abraza
se pone en salvo contrito;
que aunque es verdad que él no sabe
(segunda atención te pido)
más que con ciencia moral,
si estoy con él o él conmigo,
porque esto de estar en gracia
no es al Hombre concedido
saberlo, puesto que al Hombre
insensiblemente asisto,
con todo eso, es una cosa
saberlo él o yo decirlo,
ya que en esta nueva idea
es fuerza usar el estilo
de alegóricas licencias,
y así, asentado el principio
de que no hablo en exterior
sino en interior sentido,
para que mejor conozcas
los grados que ha merecido
de gracia en la venturosa
peregrinación que hizo,
en esta guirnalda que hoy
para su lauro he tejido,
según presente justicia
has de ver que los explico.
Tiene una guirnalda en la mano
Por el Amor de Dios, que
de aquellos diez peregrinos
que acompañó fue el primero,
está este morado lirio.
Por el Temor el segundo,
no habiéndosele perdido
a Dios, jurando su nombre,
aqueste alhelí pajizo
(¿cuándo morado color
símbolo de amor no ha sido,
y cuándo pálida tez
no fue de temor indicio?).
Por lo que al tercero toca,
el Culto de Dios Divino,
significando su celo
está aqueste azul jacinto.
Por el respeto a los padres
aqueste galán narciso,
que querer a quien da el ser
es quererse uno a sí mismo.
Este purpúreo clavel,
que está sin sangre teñido,
por premio está de las iras
que no ejecutó en el quinto.
Esta cándida azucena
ya verás por quién la aplico,
pues la castidad que ostenta
su intacto color ha dicho.
Espuela de caballero
es esta flor en quien miro
el baldón de ser el hurto
el villano de los vicios.
Por la verdad que trató
en la confesión que hizo,
está aquesta siempreviva
dando a entender cuánto ha sido
siempre viva la verdad.
Y estotras que no te explico,
aumentos son de la Gracia,
que en mi mano deposito
para coronarle, cuando
llegue con ellos a juicio,
y siendo así que ya el daño
de aquel duelo tuyo y mío,
en que te vio vitorioso
el árbol del Paraíso,
reparó feliz el Año
Santo de aquel concedido
plenísimo jubileo
de la gran muerte de Cristo,
cuya sagrada memoria
renovaron al principio
a siglo entero los años
y después a medio siglo,
¿de qué arrogante, de qué
soberbio y desvanecido
blasonas? Pues si volvemos
al pasado silogismo,
no podrás negar que el Hombre
volviese de su camino
con favores de la gracia
tan hacendado y tan rico
que absuelto a culpa y a pena
puso en perdonado olvido
el innumerable resto
de sus pasados delitos.
Luego si en el nuevo estado
hoy de mi gracia le miro
con los grados que le dan
aquestos favores míos,
¿cómo desterrarme quieres,
siendo el orbe en que le asisto
patrimonio de quien tengo
el absoluto dominio?
PECADO
Tan verdad es tu verdad,
Gracia, que con ser yo mismo
la misma mentira, no
la niego ni la replico,
pero por más que lo sea,
en cuanto a haber merecido
el Hombre favores tuyos,
no has de ver que a ella me rindo
en cuanto a que no podrá
perderlos, porque no ha habido
quien mientras está en vía pueda
confiar, que aun a Francisco,
rasgado el pecho, las manos
y los pies, truje afligido
con decirle: «No blasones,
que aún estás en carne»; indicio
de que no me desespera
el favor más exquisito
mientras deste mundo el Hombre
es viador, y más si miro
que desnudándose allí
el traje de peregrino,
viste cortesano traje,
a riesgo de que el olvido
de su peregrinación
prevarique los auxilios
con la confusión, el trato,
el tráfago y el bullicio
de la gran Corte del Mundo,
donde natural vecino
ha parado; y porque más
se explique el concepto mío,
y a nadie la duda quede
del cómo y por qué lo digo,
la Corte del Mundo dije,
cuyo emporio siempre invicto,
diócesis de Toletot
(que en el caldeo sentido
habitación significa
de muchos), y cuyo sitio
es en arábigo idioma
Maredit, por haber sido
madre de ciencias, es donde
ha parado, y bien explico
ser madre de ciencias, pues
saber del bien y el mal quiso;
en ella, pues, has de ver
que sus riesgos solicito,
a cuya causa le he puesto,
llamados de su albedrío,
la peligrosa familia
de siete espíritus míos,
peores que yo (que así allá
pienso que Mateo lo dijo).
Dentro instrumentos de música
Vuelve, pues, vuelve los ojos
a verle, Gracia, asistido
de mis parciales, que son
los familiares amigos
de la gran Corte, y volviendo
nuestra lid a su principio,
veamos si de los favores,
que en el depósito miro
de esa guirnalda explicados
en tantos cambiantes visos,
la pompa desluzgo, el lustre
rompo y el verdor marchito,
siendo de esas flores tú
la primavera, el estío
yo, tú el céfiro y yo el cierzo,
tú el botón y yo el espino,
tú la edad florida y yo
la efímera, tú el rocío
y yo la escarcha, y en fin,
porque acabe de decirlo,
tú el aurora de esas rosas
y yo el áspid escondido,
que he de introducir en ellas
el siempre mortal nocivo
tósigo de mis alientos,
veneno de sus sentidos.
Sale el HOMBRE, vistiéndole el ALBEDRÍO, y después cantando salen la SOBERBIA, con el sombrero de plumas; la AVARICIA, con un azafate y en él cadena y joyas; la LASCIVIA, con el espejo; la IRA, con la espada; la GULA, con un azafate de frutas; la ENVIDIA, con la capa en una fuente, y la PEREZA, viejo, con bastón o báculo
MÚSICA
Aunque la esclavina trueque
al cortesano vestido,
no por eso el Hombre deja
de ser siempre peregrino,
que es la vida un camino
que al nacer empezamos,
al vivir proseguimos,
y aun no tiene su fin cuando morimos.
HOMBRE
¿«Que es la vida un camino
que al nacer empezamos,
al vivir proseguimos
y aun no tiene su fin cuando morimos»?
ALBEDRÍO
¿Quién haría esta letra?
HOMBRE
Job,
mostrando que este prolijo
curso no es más que un viaje
que hace de un sitio a otro sitio,
pues pasando del primero
sepulcro, que es el nativo
seno, al segundo sepulcro
de la tierra, solo ha sido
güésped de su misma patria,
pues en ella advenedizo,
cuando a su fin llega es cuando
se reduce a su principio;
y así, ¿qué importa que mude
el traje, si siempre el mismo,
no muda naturaleza,
y confesar es preciso…
ÉL Y MÚSICA
Que es la vida un camino
que al nacer empezamos,
que al vivir proseguimos,
y aun no tiene su fin cuando morimos.
ALBEDRÍO
Aunque es verdad todo eso,
salir de un sepulcro vivo
o entrar a un sepulcro muerto
ya se ve cuánto es distinto.
HOMBRE
¿Por qué lo dices?
ALBEDRÍO
Porqué,
si Job, dos veces podrido
con su mujer y sus llagas,
aquesa sentencia dijo,
por eso los epicurios
dijeron también: «Amigos,
breve es la vida, y nosotros
la abreviamos con pudrirnos;
comamos, pues, y bebamos
alegres hoy y festivos,
que mañana moriremos»,
con que en un concepto mismo,
de lo que uno llora, otro
se ríe, y así te pido,
que no siempre a lo penoso
te entregues, que aunque haya sido
viaje la vida, no es
lo propio hacer un camino
por prados, calles y plazas,
que por campañas y riscos;
y puesto que en otro traje
más galán y más lucido
te ves hoy del que te viste
ayer, habiendo venido
a ser cortesano, trata
de vivir más esparcido
de lo que viviste, a cuya
causa en tu nombre recibo
esa lucida familia
que está atenta a tu servicio;
y porque veas que vienen
de mis deseos traídos,
vuelve a verlos y verás
a cada cual en su oficio.
HOMBRE
No sé, Albedrío, qué diga
de ti y de ellos; mas, movido
de tus persuasiones, quiero
que veas que los admito.
Dadme de vestir.
PECADO
No empieza
mal, pues que de su Albedrío
siguiendo empieza el dictamen.
GRACIA
Quizá ha visto los peligros;
será el mérito mayor
si trata de resistirlos.
Apártase la GRACIA al otro lado
PECADO
¿Por qué te apartas?
GRACIA
Porqué
habiendo el Hombre venido,
no pueden gracia y pecado,
que son afectos distintos,
hallarse juntos, y así
a otra parte me retiro
hasta ver a cuál nos toca
o el acercarnos o el irnos.
HOMBRE
Llega ese espejo, que quiero
ver cómo me está el vestido
de cortesano.
ALBEDRÍO
Lascivia,
llega presto.
LASCIVIA
[Aparte]
(El guarnecido
cristal de esta clara luna
en quien a ley de mi arbitrio
bello hermoso maridaje
hicieron ébano y vidro,
tu forma te represente
para que desvanecido
al verte imagen de Dios,
animada en un suspiro,
no desconfíes temiendo
que merezcas sus castigos,
pues no te hizo para enojo
quien para imagen te hizo.)
Cantado.
Mira en su cristalino
campo la perfección con que has nacido.
HOMBRE
Dulce apacible portento,
hermoso bello prodigio;
no lo digo por la imagen
que dentro del cristal finjo,
que al ver tu rara hermosura
ella es por quien lo digo,
pues a un tiempo en tus espejos,
los de tus ojos y el limpio
cristal, no sé en cuál de tres
más animado me miro,
pues solo es el de tu rostro
el que amo como a mí mismo.
¿Quién eres?
LASCIVIA
Soy el adorno
de las cortes, el aliño
de sus poblados, la gala,
el aseo, el artificio
de sus usos y sus trajes,
pues por mí inventó el cariño
de sus damas y galanes
lo airoso en ellos del brío,
bien como lo airoso en ellas
de sus tocados y rizos.
Cantado.
No hay sentido de que yo
no sea objeto, no sea hechizo:
con mi hermosura a los ojos,
con mi voz a los oídos,
con mis blanduras al tacto,
con mis aromas lascivos
al olfato, como al gusto
con mis manjares distintos,
siendo el encanto mío
arco de Venus, flecha de Cupido.
Representa.
Porque soy…
HOMBRE
Espera, aguarda,
que no has menester decirlo,
pues aunque tú no quisieras
te hubiera yo conocido
por lo que me has abrasado
más que por lo que me has dicho.
Desde aquel primero instante
que te vi, no sé qué activo
fuego dentro de mi pecho
es tan callado enemigo,
que sin ceniza y sin humo
lento abrasa y arde tibio;
mas ¡ay de mí, cuánto yerran
engañados mis sentidos!,
siendo un peregrino pobre,
en aspirar al divino
empleo de una hermosura
que tan desigual admiro.
Dadme de vestir, porqué
ir huyendo solicito
de ella, aunque mal podré de ella
si antes no huyo de mí mismo.
ALBEDRÍO
Llega, Soberbia, no humilde
quiera hacer virtud el vicio.
PECADO
Bien empiezan mis intentos.
GRACIA
Mal empiezan mis alivios.
SOBERBIA
Toma, que yo, porque no
abatas de tus altivos
méritos la estimación,
con estas plumas te sirvo.
Dale el sombrero con plumas
Alas son que la soberbia
de tu propio ser, nacido
a grandes cosas, te ofrece,
con que podrán atrevidos
tus deseos aspirar
no solo al bello prodigio
de humana hermosura, pero
cuando los rayos esquivos
te abrasaran desde el sol,
pudieras desvanecido
con estas plumas volar
a sus orbes cristalinos
donde aún de mejor imperio
o cortesano, o vecino
te hicieran tus altiveces.
HOMBRE
Tanto a tus voces me animo
con las alas que me has dado,
que a verla vuelvo rendido
a su hermosura y su voz.
¿Quién en un sujeto ha visto
que con armas de sirena
dé la muerte el basilisco?
PECADO
Acércome un paso más.
GRACIA
Yo un poco más me retiro.
HOMBRE
Cortesana vanidad
de la esfera que hoy habito,
soberbio vuelvo a tus ojos
tan neutralmente atrevido,
que cuando me desvanezco
doy a entender que me rindo.
LASCIVIA
Canta.
La fineza te estimo,
que solamente Amor vence vencido.
HOMBRE
Con ese favor me obligas
a que vuelvan al principio
mis desconfianzas.
LASCIVIA
¿Cómo?
HOMBRE
Como segunda vez miro
que no le puedo pagar
con los tesoros que envidio
para eso solo, y así
primero que sea desvío
el favor con desengaños
de pobre desvanecido,
dadme de vestir, que en vano
a empleo tan alto aspiro.
ALBEDRÍO
Llega, Avaricia, ahora es tiempo.
AVARICIA
Yo que a servirte he venido
de guardajoyas, que al fin
este en la corte es mi oficio,
con estas te adorno.
Pónele la cadena y joyas
HOMBRE
¿Quién
eres?
AVARICIA
Si no te lo han dicho
mis joyas…
HOMBRE
Prosigue.
AVARICIA
Soy
quien de los más escondidos
senos de la tierra supo
sacar el oro más fino,
la más acendrada plata
y los diamantes más ricos,
sin que bastara ponerse
del mar el páramo frío
en medio, para que yo
en él no abriese camino,
pues hijos del mar y el viento
son, rompiendo mis navíos
con la proa el aire claro,
con el buque el cristal rizo,
delfines de pino y brea
y águilas de cuerda y lino.
HOMBRE
¿Pues quién eres?
AVARICIA
La Avaricia.
HOMBRE
Aún más agora me admiro
que des para dar.
AVARICIA
Agora
sabes que no deja, impío,
de ser con otros avaro
quien es liberal consigo;
quien da a su apetito no
da, compra su apetito.
HOMBRE
Dices bien, y para dar
al gusto que solicito,
por ser liberal con él
avaro seré contigo:
toma, Lascivia, y ¡oh, quién
Dale las joyas
pudiera, aunque de sí mismo
lo quitara a su sustento,
de diamantes este sitio
para que tú le pisaras
irte empedrando el camino!
GULA
No habrás menester quitar,
si yo a tu familia asisto,
nada a tu sustento, que antes
en la abundancia peligro
que en la falta.
HOMBRE
Pues ¿quién eres?
GULA
La Gula, que ahora te sirvo
con estas frutas en tanto
que con más preciosos vinos
al sabor de otros manjares
en mejor mesa te brindo;
ofrécelos de mi parte
a esa beldad, que yo fío
que los acete, porqué
lascivia y gula nacimos
tan de un parto, que sin Ceres
y sin Baco no hay Cupido.
Toma el azafate y dásele a la LASCIVIA
HOMBRE
Toma, que aunque don sea pobre,
el afecto siempre es rico.
LASCIVIA
Canta.
Yo de ti le recibo
porque es el don idioma del cariño.
GRACIA
Yo me retiro otro paso.
PECADO
Yo otro paso me avecino.
LASCIVIA
Solo el que da es el que adora
y aun de los dioses se dijo,
con ser dioses, que estimaron
por la ofrenda el sacrificio.
Ya hubo amante que me dio,
no codiciosa lo digo
sino obligada…
HOMBRE
Detente.
LASCIVIA
¿Por qué?
HOMBRE
Porque no he de oírlo.
LASCIVIA
¿Tan presto celos?
HOMBRE
Tan presto
que te embarazo el decirlo
por no obligarme…
LASCIVIA
¿A qué?
HOMBRE
A que
aborrezca al que te quiso.
Dadme la capa, no vea
el fin de tan mal principio.
Llega la ENVIDIA con la capa
ENVIDIA
Esta es.
HOMBRE
¿Quién eres?
ENVIDIA
La Envidia.
HOMBRE
Tras los celos has venido.
ENVIDIA
Ellos vinieron tras mí,
que no soy yo quien los sigo;
los que me siguen son ellos.
HOMBRE
Ahora veo que han querido
con la capa de la envidia
disfrazarse, y no han podido,
Pónese la capa
pues nunca han sido más celos…
ENVIDIA
¿Qué?
HOMBRE
Que cuando envidia han sido.
LASCIVIA
Canta.
No huyas de mí ofendido,
que amor que ya pasó solo es olvido.
HOMBRE
No es, que no es noble el amante,
ni honrado ni bien nacido,
que aunque pasase, otro amor
no tenga por enemigo
al dueño dél, que descubre
de infamia no sé qué visos
de sufrir lo que será
quien no siente lo que ha sido,
y así he de ausentarme.
Pónese delante dél la PEREZA
PEREZA
Yo
me atravesaré al camino.
HOMBRE
¿Quién eres tú?
PEREZA
La Pereza;
el báculo en que me afirmo
y mi larga edad lo digan,
que como yo no me aflijo
ni afano, la edad me sobra.
HOMBRE
Yo te hubiera conocido
a haber notado que al verte
con plantas de plomo piso.
Pasa por la PEREZA y vuelve
Apenas mover el paso
puedo, pero ¡qué mal digo!,
que es tan poderoso en mí
este afecto introducido
de la envidia, que sin más
culpa que haberla querido
le diera muerte a quien… pero
irme es mejor. Dadme, os digo,
lo que a mi adorno ha faltado.
IRA
Ya yo la espada te ciño.
Dale la IRA la espada
HOMBRE
¿Tú quién eres?
IRA
La Ira soy.
HOMBRE
¡A qué buen tiempo has venido!,
que envidia y celos sin armas,
a la lengua remitidos,
solo eran envidia y celos
u de mujer u de niño.
LASCIVIA
Cantado.
Vuelve, vuelve, te pido
que no quiere quien no quiere ofendido.
ALBEDRÍO
Mira que llora, señor.
HOMBRE
¡Oh, engañoso cocodrilo,
cuyo veneno es el llanto!
ALBEDRÍO
¿No vienes?
HOMBRE
Sí, ya te sigo;
si llora, ¿no he de volver?
Trayle el ALBEDRÍO y en esta acción llega la GRACIA. Retírase la PEREZA
PEREZA
Pues yo del paso me quito.
HOMBRE
Pues ¿cómo agora, Pereza,
tan diligente te miro?
Mal cumples tu obligación.
PEREZA
Antes bien, que el paso mío,
huyendo del vicio es tardo,
y es veloz volviendo al vicio;
a nadie que va cayendo
la Pereza le ha tenido,
que hacia la cumbre hay pereza,
pero no hacia el precipicio.
LASCIVIA
En fin, ¿vuelves?
HOMBRE
¿Qué he de hacer,
si me arrastra mi Albedrío?
GRACIA
Mientes, porque él no te arrastra,
ni en él para eso hay dominio.
HOMBRE
¿Quién —¡ay de mí! ¡muerto estoy!—
eres tú?
GRACIA
Un bien infinito,
que insensiblemente pierdes,
si sigues ese vestiglo,
monstruo de siete gargantas,
que en siete cuellos distintos
escupe siete venenos
que conficionó el abismo.
Instancias son de la Gracia
estos callados avisos
que te doy, porque no puedas
alegar, inadvertido,
que seguistes tus afectos
por faltarte mis auxilios;
suficientes son saber
que no tiene tu Albedrío
fuerza contra ti ninguna,
si no se la das tú mismo.
HOMBRE
Al Albedrío.
Suelta, porque tú no tienes
poder tuyo, sino mío.
Los VICIOS de una parte y la GRACIA de otra
PECADO
Vuelva por sí cada uno
en su afecto.
GRACIA
No has de oírlos.
Cantando y representando
TODOS
A la corte has venido:
goza su aplauso y deja los retiros.
GRACIA
Mas, ¡ay de mí!, que no puedo
taparle yo los oídos,
que no mereciera el Hombre
ni el galardón ni el castigo
si libremente no obrara
voluntarioso su instinto,
y así es lo más que hacer debo
es decirle mis avisos:
a la corte has venido,
mas no por eso no eres peregrino.
SOBERBIA
¿De qué te sirven mis alas,
si abates su vuelo altivo?
GRACIA
De poder volar sin ellas
a la Corte del Impíreo.
AVARICIA
¿De qué mis ricos tesoros?
GRACIA
De hacer de ellos desperdicio.
LASCIVIA
¿De qué mis tiernos halagos?
GRACIA
De saber que son fingidos.
IRA
¿De qué el brío de mis iras?
GRACIA
De vencer con mejor brío.
GULA
¿De qué mis blandos manjares?
GRACIA
De advertir que son nocivos.
ENVIDIA
¿De qué mis ardientes celos?
GRACIA
De ser helados olvidos.
PEREZA
¿De qué los grillos que yo
calcé a tu pie fugitivo?
GRACIA
De bastar, para romperlos,
el conocer que son grillos.
Cantado y representado
TODOS
A la corte has venido:
goza su aplauso y deja los retiros.
GRACIA
A la corte has venido,
mas no por eso no eres peregrino.
HOMBRE
¡Quién pudiera en dos mitades
seguir entrambos caminos!
SOBERBIA
Mira que quedas sin mí,
a vivir siempre abatido.
AVARICIA
Sin mí, a padecer miserias.
LASCIVIA
Sin mí, a no gozar cariños.
IRA
Sin mí, a sufrir mil desprecios.
GULA
Sin mí, ayunos y silicios.
ENVIDIA
Sin mí, a no saber que otros
están dichosos y ricos.
PEREZA
Sin mí, a vivir afanado.
GRACIA
Y sin mí, a vivir perdido.
GRACIA y ellos a un tiempo juntos todos representando y cantando
TODOS
A la corte has venido…
GRACIA
A la corte has venido…
TODOS
Goza su aplauso, y deja los retiros.
GRACIA
Mas no por eso no eres peregrino.
TODOS
¿A qué te resuelves?
HOMBRE
Siendo
el resolverme preciso,
a seguir hoy cortesano
los rumbos de mi apetito:
Soberbia, Avaricia, Envidia,
Abrázalos
Pereza, Ira, Gula, amigos,
esta verdad a vosotros
me tray.
ALBEDRÍO
Pues vuelva el gemido
de Job canción de Epicuro
a decir en dulces himnos:
vivamos hoy alegres y festivos.
Cantan y bailan llevándosele de en medio
TODOS Y MÚSICA Y HOMBRE
Vivamos hoy alegres y festivos.
ALBEDRÍO
Mañana moriremos, y es delirio…
TODOS Y MÚSICA
Mañana moriremos, y es delirio…
ALBEDRÍO
… que tristes y afligidos
nos matemos porque hemos de morirnos.
TODOS Y MÚSICA
… que tristes y afligidos
nos matemos porque hemos de morirnos.
Detiénele la GRACIA
GRACIA
En fin, ¿vas tras ellos?
HOMBRE
Sí.
GRACIA
Advierte…
HOMBRE
Áspid me imagino
sordo a tu encanto.
GRACIA
Que pierdes…
HOMBRE
Déjame, que he de seguirlos.
Al desasirse de ella, la quita la guirnalda de la mano
GRACIA
Por desasirte de mí,
el laurel que te he tejido
me has quitado de la mano.
HOMBRE
Ni le precio ni le estimo.
Deshace la guirnalda arrojando sus flores
GRACIA
No le deshagas.
HOMBRE
Ya está
deshecho, y pues destruido
su verdor queda a mi mano,
que otra no hubiera podido
romperle, toma esas flores
de quien hago desperdicio
por ir siguiendo veloz
las güellas de mi destino
entre aquestos cortesanos
afectos, con quien repito.
ÉL, MÚSICA Y TODOS
Vivamos hoy alegres y festivos;
mañana moriremos, y es delirio
que tristes y afligidos
nos matemos porque hemos de morirnos.
Vanse cantando y bailando
PECADO
¿Qué se hizo, Gracia, la pompa
de aquel laurel? ¿Qué se hizo
su esplendor? Mira en qué instante
perdió cuanto había adquirido
en su peregrinación
el Hombre; un punto indiviso
bastó a borrarle, con solo
un deseo consentido,
méritos de tantos días;
lo propio fuera a ser siglos.
Mira, pues, cómo taló
el cierzo de mis suspiros
todo el verdor de tus auras,
y mira —si a aquel antiguo
discurso vuelvo—, nacer
de las flores que él deshizo,
los áspides que enroscados
dentro de mi pecho abrigo,
Levanta de entre las flores que el HOMBRE deshizo unas culebrillas de alambre y méteselas en el pecho
para que significando
ellos, también de sus vicios
los grados, yo le corone
de sus horrores esquivos
en vez de esas flores, cuando
llegue sin ellas a juicio.
Vase
GRACIA
¡Qué bien un proverbio nombra
a la dicha breve flor,
que nace con el albor
y fallece con la sombra!
¿A quién no asombra
ver que el Hombre trueque a horrores
los verdores,
y en menos tiempo de un hora,
equivocando la noche y la aurora,
los áspides lleve y se deje las flores?
Perdió el mérito que había
ganado, y perdió con él
los grados que en mi laurel
significados tenía.
¡Infausto día,
oh, corte, fue el que a tu Libia,
con fe tibia,
le tray su naturaleza
a ser cortesano entre Envidia y Pereza,
Codicia, Ira, Gula, Soberbia y Lascivia!
¡Oh, vosotras!, plantas bellas,
cuyos claros resplandores,
aún más que en mi mano flores
fueron en el cielo estrellas,
¿qué es de aquellas
pompas de luces cubiertas?
¿Cómo yertas
yacen caducas y frías?
Mas ¡ay!, que diréis que sois luces mías,
y que amortiguadas estáis, mas no muertas.
Diréis bien y pues se vio
poderse el áspid matar,
si acaso vuelve a encontrar
el veneno que vertió,
vuelva yo
a abrigaros en mi seno,
Levanta las flores y mételas en el pecho
donde, ajeno
el efeto, ser podría
que a mi calor reviváis, y algún día,
al áspid matéis con su mismo veneno.
¿El Pecado no ha fiado
que en vía el Hombre pueda errar?
¿Pues por qué no ha de fiar
la Gracia lo que el Pecado?
De mi estado
a otro fue, y aunque condeno,
de error lleno,
su acción, si a otra acción la igualo,
¿por qué él ha de hacer que el bueno sea malo
y yo no he de hacer que el malo sea bueno?
Y así, pues que puede ser
con la Culpa concurrir,
avisos para salir,
si no para merecer,
he de hacer
una fineza. ¡Ah, sentido
de fe! ¡Ah, Oído!
Sale el OÍDO, ciego con instrumento. Ha de ser músico el que le represente
OÍDO
¿Qué es, Gracia, lo que me quieres?
GRACIA
Que pues de la voz te alimentas y eres
un ciego tan pobre que de ella has vivido,
me llegues de ella a valer.
OÍDO
No será la vez primera,
que en sentido de fe quiera
la Gracia darse a entender.
¿Qué he de hacer?
GRACIA
Que me oiga la soberana
corte ufana
de la Iglesia, a quien le toca
mi pena.
OÍDO
Atención, atención, que en mí invoca
la curia seglar a la curia romana.
Cantado.
¡Oh, tú, militante ciudad, cuya planta
de siete montañas las cumbres pisó,
porque en domar otras siete cervices,
aun más te semejes ser corte de Dios!
MÚSICA
Dentro.
¿Quién llama a estas puertas?
OÍDO
La Gracia, que llena
de pena, de angustia, de llanto y dolor,
del Hombre ofendida y perdida del Hombre,
al centro se vuelve de donde salió.
IGLESIA
Dentro.
Abrid, abrid las Puertas del Perdón…
MÚSICA
Abrid, abrid las Puertas del Perdón…
IGLESIA
… que llama la Gracia y la Fe da la voz.
MÚSICA
… que llama la Gracia y la Fe da la voz.
Las chirimías. Ábrese un carro y vese en un trono, el más majestuoso que se pueda imitar, sentada la IGLESIA, significada en una dama con manto imperial y tiara en la cabeza, en una mano el báculo de tres cruces y en otra las llaves. El trono ha de tener gradas hasta el tablado por donde pueda subir la GRACIA
IGLESIA
¿Qué es, Gracia, lo que me quieres?
GRACIA
Que atenta me oigas.
IGLESIA
Pues yo,
¿cuándo a la voz de la fe,
Gracia mía, no lo estoy?
GRACIA
Pues ya que ganó el Oído,
¡oh, Emperatriz!, tu atención,
en sus consonancias tengo
de hablarte, porque mejor,
él cantando y yo llorando,
nos expliquemos los dos.
¡Oh, tú!, militante ciudad, cuya planta
de siete montañas las cumbres pisó
porque en domar otras siete cervices,
aun más te semejes ser corte de Dios,
por otra, que es monte también de edificios,
a quien apellida su gran población,
«fundada de muchos, de muchos vivida»,
en frase caldea, imperial Toletot,
mi voz te saluda, y si acaso esta seña
no basta, es por quien te saluda mi voz…
ELLAS Y MÚSICA
Por un alto monte que al Tajo
el pie que le baña con sombras pagó.
GRACIA
Su diócesis es la gran Maredit,
que Corte del Mundo en sentido mejor,
como lugar sobre fuego fundado,
por cuarto planeta su rey es el sol.
En esta, cercado de vicios mortales,
hoy vive el Hombre, cuya alma llamó
oveja perdida allá el Evangelio,
y viénele bien la parábola hoy,
pues con la piel que sin mancha tenía,
huyendo el rebaño, es grande el dolor
del pastor que la guarda al mirar,
que a riesgo infeliz de manchar el candor…
ELLA Y MÚSICA
Con la piel de blancos armiños
una cordera va sin pastor.
GRACIA
Y aunque es mayoral de muchos rebaños
de quien jornaleros tan méritos son
Basilio, Bernardo, Benito, Augustino,
Domingo, Francisco y Ignacio, en quien vio
con vario color hermoseando los valles,
ya el blanco, ya el negro, ya el pardo vellón,
obedientes al sacro cayado
guardar los rediles de su religión,
con todo, esta sola le da tanta pena,
que muchas no alivian su justa aflición…
ELLA Y MÚSICA
Aunque muchas ocupan el valle
con vellocino de vario color.
GRACIA
Y así, de su parte, ¡oh, Salén militante!,
y así de su parte, ¡oh, triunfante Sión!,
a significarte su angustia y su celo,
en alas del viento he venido veloz.
Y porque de una metáfora en otra,
no sirva una a otra de más confusión,
el Hombre entre Envidia, Avaricia y Pereza,
Soberbia, Ira y Gula, siguiendo el error
de su albedrío, miró a la Lascivia,
y el alma y la vida a su vista rindió,
que como es ella la incauta serpiente,
de todas aquestas la más superior…
ELLA Y MÚSICA
Entre todas aquestas se lleva
la vida y el alma de quien la miró.
GRACIA
Contra ese veneno el antídoto envía
del grande tesoro que en sangre dejó
el inocente Cordero a Inocencio,
de quien tú eres corte, yo güésped soy.
Y para que más se explique el concepto
de aqueste escondido tesoro de amor,
la Gracia la gracia te pide en que vuelva
de aquel Año Santo la gran concesión,
no solo cuartada a los muros de Roma,
mas tan explayada, que dé su favor
nuevas flores al monte eminente
que hoy tiene de nieves talado el verdor,
tan yerto su pecho, tan pálido yace
y tan sin matiz, que no sin temor
al mirar la blancura del pecho…
ELLA Y MÚSICA
Al oro amarillo hurtó su color.
IGLESIA
Sube, Gracia, sube a mis brazos,
y espera que el celo, el culto, el fervor,
de quien dispensa el tesoro, esta llave
al ruego responda de tu petición.
GRACIA
Pues vuelva, porque de ti acompañada
la voz de mi fe, resuene mejor
en su dulce música el eco
a repetirle, diciendo veloz:
TODOS
Abrid, abrid las Puertas del Perdón,
que llama la Gracia y la Fe da la voz.
Con esta repetición, juntándose voces y chirimías, se va el OÍDO cantando, la GRACIA sube, y abrazándose las dos se cierra la apariencia y sale el PECADO como oyendo lo que se canta
PECADO
¿«Abrid, abrid las Puertas del Perdón,
que llama la Gracia y la Fe da la voz»?
Como para mí no fue
nunca objección la distancia,
oigo desde aquí la instancia
que hacen la Gracia y la Fe
a la hermosa emperatriz
de la Iglesia, cuya planta,
—cuando una llora, otra canta—,
hollar piensa la cerviz
de mis siete cuellos; pero
por más que de mí triunfante
su gran Corte militante
siempre se corone, espero,
que hoy no valgan sus favores
al Hombre, pues obstinado,
mal perdido y bien hallado,
todo es delicias y amores.
Dentro instrumentos y bailes, y salen cantando y bailando los VICIOS, el HOMBRE y el ALBEDRÍO
Y pues oigo allí otro canto,
¿qué le importa a mi furor,
siendo el Hombre el pecador,
que le hagan el Año Santo?
MÚSICA
En aquesta grande Corte del Mundo,
solamente vive quien vive a gusto,
que el que a vivir nace mísero y triste,
aunque vive no puede decir que vive.
HOMBRE
Es verdad, y bien en mí
está el concepto entendido,
que hasta agora no he vivido.
LASCIVIA
¿Dejamos el baile?
HOMBRE
Sí,
que aunque a tu voz mis oídos
fueron del aire despojos,
se están muriendo los ojos
de envidia de los oídos,
pareciéndoles no es bien
cuando unos con otros luchan,
que se lleven los que escuchan
más triunfos que los que ven.
Y así, en esta hermosa esfera,
de Calle Mayor y Prado,
en cuyo sitio ha llamado
a cortes la primavera,
nos sentemos a mirar
los que pasan.
Siéntanse y llega a ellos el PECADO
LASCIVIA
Dices bien,
que aquí es adonde se ven
los ociosos del lugar.
ALBEDRÍO
Pues nuestro fin solo fue
la vida pasar holgando,
a cuantos fueren llegando
vaya la Lascivia dé.
PECADO
Buenas tardes.
TODOS
Bien venido.
HOMBRE
¿Quién a imitar nuestros modos
llega?
PECADO
Un amigo de todos.
HOMBRE
Vos seáis muy bien venido.
PECADO
Que me conozcáis deseo
por muy vuestro.
HOMBRE
Desde hoy
a vuestro servicio estoy.
PECADO
Y yo la fineza creo,
que siendo amigo de quien
la vida y el alma fío,
fuerza es ser amigo mío.
HOMBRE
Sentaos aquí.
PECADO
Yo estoy bien.
ALBEDRÍO
¡Brava carroza es aquella!
¿Quién, Envidia, en ella va?
ENVIDIA
Su cabello lo dirá:
Absalón es quien va en ella.
ALBEDRÍO
Mal pudiera conocello
yo en esas señas.
LASCIVIA
¿Por qué?
ALBEDRÍO
Porque ya cualquiera fue
Absalón de su cabello.
SOBERBIA
No fue, que aquel le vendía
para uno y otro tocado,
y este quizá le ha comprado.
IRA
Antigua genealogía
la de los rizos postizos
es.
ALBEDRÍO
Y aun con esa nobleza,
no puede probar limpieza.
HOMBRE
Di algo, Lascivia, a esos rizos.
LASCIVIA
Cantando.
De riquezas del pelo nadie fíe
porque más son muebles que no raíces.
HOMBRE
¿Quién va en aquel coche, que
tirarle arenques parece,
y el juego se le estremece
a cada paso?
PEREZA
No sé,
mas le pisa con tal tiento,
que presumo que ha arrendado
la sisa del empedrado.
AVARICIA
Este es un rico avariento
que no come, y por traer
coche a mulas y cochero
da la ración en dinero,
pero solamente a ver.
LASCIVIA
Canta.
Hambre y coche en un dueño tan miserable
no es tener hambre y coche, sino cochambre.
ALBEDRÍO
Lascivia, ¿quién son aquellas
dos damas que van allí?
LASCIVIA
Las hijas de Lot.
GULA
A mí
me toca volver por ellas,
pues en comer y beber
no se ahorran con su padre.
ALBEDRÍO
Y ambas tienen una madre
de tan nuevo proceder,
que con sus hijas no medra
y a ningún galán enfada.
GULA
¿Cómo?
ALBEDRÍO
Como es muy salada
y no habla más que una piedra.
LASCIVIA
Canta.
A mil madres pasara, Gula, lo mismo
si volvieran los ojos a sus incendios.
HOMBRE
Soberbia, ¿quién es aquel
que yendo a caballo, van
siguiendo tantos?
SOBERBIA
Amán.
HOMBRE
¿Quién imaginara dél,
viéndole ahora tan hinchado,
su trágico fin?
ALBEDRÍO
Quien viera
que él su muerte se escogiera
por morir más levantado.
LASCIVIA
Canta.
No hay soberbio sin medras pues siempre vimos
que al fin se hacen señores de horca y cuchillo.
HOMBRE
¿Es pendencia aquella?
TODOS
Sí.
HOMBRE
Ira, ¿no vas allá?
IRA
No,
que no soy menester yo.
ALBEDRÍO
¿Pues cómo riñen sin ti?
IRA
Como antes que saliera
de los dos ninguno al Prado,
ya habían ambos avisado
a quien en paz los pusiera,
de suerte que con prendellos,
el riesgo se facilita.
ALBEDRÍO
Y les riñe la visita
lo que no riñeron ellos.
LASCIVIA
Canta.
Como nunca entre amigos matan los duelos
para siempre en visitas de cumplimiento.
Las chirimías y atabalillos
HOMBRE
Aguarda, ¿qué nueva fiesta
hay en la corte, que aquí
se oye su música?
PECADO
A mí
me tocaba la respuesta,
pues nadie mejor que yo
lo sabe y lo siente, pero
que tú lo sepas no quiero.
Dentro instrumento músico
Mas ¡ay infeliz!, que no
habrá de ocultarlo modo,
puesto que forzoso ha sido,
que se lo diga el Oído,
que es por quien se sabe todo.
Las chirimías y sale el OÍDO con instrumento, y algunos pliegos impresos en la mano
HOMBRE
Segunda vez el rumor
se oye, y a lo que se ofrece,
público pregón parece
de algún devoto fervor.
ALBEDRÍO
Este ciego lo que hay
dirá, porque él es quien lleva
relación de cualquier nueva.
HOMBRE
Oigamos la que ahora tray.
OÍDO
Canta.
Llevad, mortales, llevad
la copia del jubileo,
nuevamente concedido
del pontífice Inocencio.
TODOS
Con linda cosa se viene.
HOMBRE
Buena novedad, por cierto,
para nosotros.
PECADO
¡Oh, cuánto
de verte reír me güelgo
destas cosas!
HOMBRE
No me río
porque hago de ellas desprecio,
sino porque para mí
no vienen hoy a buen tiempo:
ya pasó aquel en que el Hombre
peregrinó los desiertos
comiendo de su sudor
y de su llanto bebiendo;
y pues se halla cortesano
en sus delicias envuelto,
¿a qué fin viene a buscarle
hoy a su casa este acuerdo?
OÍDO
Canta.
A fin de que el Hombre vea,
el Año Santo volviendo,
que hoy es para él nueva Roma
la Corte del Universo.
HOMBRE
Nueva Roma, ¿de qué suerte?
LASCIVIA
¿Pues qué te va a ti en saberlo?
HOMBRE
No más que curiosidad
solamente.
LASCIVIA
Estate quedo,
no hagas caso de eso.
HOMBRE
No
le hago yo porque te ofendo,
sino por saber no más
cómo ha podido ser esto.
OÍDO
Canta.
De los más graves delitos,
de los pecados más feos,
quedando por esta gracia
a culpa y a pena absuelto.
HOMBRE
¿Absuelto a culpa y a pena?
Levántase
LASCIVIA
Pues bien, ¿qué importa?
HOMBRE
¡Oh, tú, ciego
Oído, que alimentado
vives de la voz del viento!
OÍDO
¿Quién es quien me llama?
HOMBRE
El Hombre.
LASCIVIA
¿A llamarle te has resuelto?
HOMBRE
¿Quién por un cuarto de hora,
que puede gastar en esto,
deja de ver novedad
tan grande? Dadme acá un pliego.
Toma el pliego y a un tiempo él lee y el OÍDO canta pasando el tablado
OÍDO Y HOMBRE
Llevad, mortales, llevad
la copia del Jubileo,
nuevamente concedido
del pontífice Inocencio.
SOBERBIA
¡Cuánto en que le lea me aflijo!
AVARICIA
¡Cuánto que le escuche siento!
OÍDO Y HOMBRE
A fin de que el Hombre vea
el año santo, sabiendo
que hoy es para él nueva Roma
la corte del universo.
IRA
¡Qué sentimiento!
ENVIDIA
¡Qué pena!
GULA
¡Qué dolor!
PEREZA
¡Y qué tormento!
OÍDO Y HOMBRE
De los mayores delitos,
de los pecados más feos,
quedando por esta gracia
a pena y a culpa absuelto.
Vase el OÍDO
LASCIVIA
¡Que esto sufra!
PECADO
Vuelve a él,
no desconfíes tan presto.
LASCIVIA
En fin, ¿lees a pesar mío
ese papel?
HOMBRE
No sospecho
que puede ser pesar tuyo.
LASCIVIA
¿Cómo no, si es un consejo
de olvidar mi amor? ¿Podrá
arrepentirse tu afecto
de que me ha querido?
HOMBRE
No.
LASCIVIA
Pues ¿para qué, según eso,
sobre negado principio,
prosigues el argumento?
HOMBRE
Dices bien, y porque veas,
que más que al alma te quiero,
toma el papel.
LASCIVIA
¿Yo el papel?
HOMBRE
¿Por qué no?
LASCIVIA
Porque no quiero
[Aparte]
(por no tocarle es) que pienses
que me da la Gracia celos,
que es quien te escribe.
HOMBRE
Albedrío,
dásele tú.
ALBEDRÍO
Sí haré, puesto
que el Albedrío es quien pone
en su mano tus afectos:
toma, y rómpele.
LASCIVIA
Sí haré,
que no será este el primero
buen propósito que rompa.
Rompe el papel
TODOS
A alentar y vivir vuelvo.
HOMBRE
¿Estás satisfecha?
LASCIVIA
Sí.
HOMBRE
Pues porque veas que atento
solo a tu amor vivo, guía
mis pasos, que dar no quiero
uno tan solo sin ti.
LASCIVIA
Pues por esta calle echemos:
venid todos.
TODOS
Yendo tú,
claro es que todos iremos.
Chirimías
PECADO
Ven por otra, que no puedes
por aquí romper, que en medio
un concertado concurso
de eclesiásticos y legos,
la calle ocupa en devota
rogativa.
ALBEDRÍO
¿Quién son estos?
HOMBRE
Ministros del Salvador
Mirando dentro
son, si las señas advierto,
de ser los primeros que
nos dan dotrina y ejemplo.
PECADO
Tente y déjalos pasar.
PEREZA
Ni aun pasar quisiera verlos.
Retírase la Pereza a un lado
HOMBRE
¿Por qué te quedas, Pereza,
atrás?
PEREZA
Porque yo no puedo
acercarme a ese concurso.
HOMBRE
¿Cómo?
PEREZA
Como conociendo
que por estatuto tiene
la diligencia y desvelo
de los apóstoles, que es
hacer a pesar del sueño,
hambre y cansancio, misiones,
enseñando a varios pueblos
su dotrina, la Pereza
pasmada se queda al verlos.
LASCIVIA
Echemos por otra parte.
PECADO
Dices bien, por aquí echemos.
IRA
También hay concurso aquí
que lo impida.
ALBEDRÍO
¿Quién son estos?
HOMBRE
Con alusión a Tobías
y a Abraham, que siempre fueron
de obras de misericordia
ministros, son, si lo advierto,
los del Refugio.
IRA
Pues yo
con la Pereza me quedo.
ENVIDIA
¿Por qué, Ira?
IRA
Porque todo
es piedad cuanto obrar veo
a estos, con desamparados,
con impedidos y enfermos,
y adonde hay piedad no hay ira.
Retírase con la PEREZA
HOMBRE
A cada Virtud que encuentro
me parece que se va
un Vicio desvaneciendo.
ALBEDRÍO
Sí, mas si se va, ¿por qué
no se va del todo?
HOMBRE
Necio,
porque no puede irse un Vicio
sin otros, y así suspensos
pueden estar y apartados
aquellos que yo no ejerzo,
pero no ausentes del todo
si del todo no los venzo,
porque o todos o ninguno
han de salir de mi pecho.
PECADO
Vamos por estotra calle.
HOMBRE
Vamos y de ver dejemos
estas cosas.
LASCIVIA
¿Pues de qué
te entristeces?
HOMBRE
No sé; pero
gran desdicha es ser yo malo,
adonde tantos son buenos.
Chirimías
ALBEDRÍO
En vano es querer buscar
calle donde no encontremos
otro embarazo; ¿quién son
los que allí pasan?
HOMBRE
Sospecho,
si en el desnudo y vestido
brazo las llagas advierto
del estandarte, que son…
ALBEDRÍO
¿Quién?
HOMBRE
Los menores terceros
de Francisco.
AVARICIA
Ira y Pereza,
a estar con los dos me vengo.
TODOS
¿Por qué, Avaricia?
AVARICIA
Porqué
armas de Francisco viendo,
no le queda a la Avaricia
acción ninguna, supuesto
que no hay avaricia en quien
hizo de todo desprecio.
HOMBRE
Apenas hay calle donde
no hay una piedad, ¿qué es esto?
¿Acaso es la corte hoy
cristiana Nínive, cielos,
que en pública penitencia
toda en un punto se ha puesto?
¡Cuánto al mirarlo me asombro,
y me asusto y me estremezco!
LASCIVIA
¿Es eso dejarme?
HOMBRE
No;
mas es tenerte con miedo,
que es gran desdicha ser malo
adonde todos son buenos;
y más si miro que allí
Chirimías
los que con mayor esfuerzo
se abrazaron a la Cruz,
poniéndose ellos al pecho
la que Cristo a las espaldas,
militares caballeros
públicamente devotos,
pasan también.
ENVIDIA
Según eso,
retirarase la Envidia
Retírase la ENVIDIA
que sobre nobles atentos
¿qué les queda que envidiar?
PECADO
Mucho que le muevan temo
juntos tantos ejemplares.
HOMBRE
Pasose de extremo a extremo
la piedad.
ALBEDRÍO
Di cómo.
HOMBRE
Como
va, Albedrío, al mismo tiempo
que aquí en tropa la nobleza,
allí en tropa el menosprecio,
míseros mendigos son,
devotamente compuestos.
GULA
Si los que padecen hambre
y sed, viven hoy contentos,
¿qué acción le queda a la Gula?
Retírase la GULA. Chirimías. Dentro
VOCES
¡Plaza, plaza!
TODOS
¿Qué es aquello?
HOMBRE
Dejadme, para que pueda
decirlo, cobrar aliento,
que hay actos que aun es preciso
dudarlos después de verlos.
Cristiana Nínive dije
que era la corte, y ya creo
ser verdad y no alusión,
realidad y no concepto,
pues si allí de la Escritura
consta que empezó el ejemplo
desde el rey hasta el mendigo,
aquí sucede lo mesmo,
pues a pie el mayor monarca
sigue sus pisadas. Cielos,
¿cuándo dio la majestad
los pasos que dio el desprecio?
Si prelado o patriarca
fue allí un nuncio de los cielos,
nuncio, patriarca y prelado
van aquí.
SOBERBIA
Ten el acento,
y pásmese a tanto asombro
la misma Soberbia, viendo
que no les quedan ya alas
a sus desvanecimientos,
cuando el águila y león
abaten cerviz y cuello.
Retírase la SOBERBIA
PECADO
Espera, Soberbia, aguarda,
que yo, con ser yo, no puedo
dejar también de seguir
tu retiro, cuando veo
tremolar el estandarte
allí de la fe, el compuesto
jeroglífico de Cruz,
oliva y espada. Infiernos,
yo tiemblo al verle, mas, ¿cuándo
yo de esas armas no tiemblo?
Retírase el DEMONIO
LASCIVIA
Sola contigo he quedado,
que todos mis compañeros,
retirados, si no huidos
están.
HOMBRE
No me espanto de eso,
que eres tú sola, Lascivia,
la raíz, las ramas ellos,
y así, a ellos puedo apartarlos,
y a ti arrancarte no puedo,
que pendes del corazón,
y cada vez que lo intento
sale contigo un pedazo.
LASCIVIA
Pues resuélvete, y sea presto,
que o quedar ellos conmigo
es fuerza, o ir yo con ellos.
HOMBRE
No sé, no sé qué te diga,
que estoy dudoso y suspenso;
mucho puede esa hermosura,
mas mucho puede este ejemplo.
Todo es beldad cuanto miro
en ti, todo cuanto veo
en los otros es horror.
Si ignorante a ti me acerco,
la sencillez me convence
de aquellos niños pequeños,
Chirimías
que desde la escuela saben
la ciencia que yo no aprendo,
aunque contra esta ignorancia
en otro devoto gremio
para que de mí la arroje,
venga por allí el destierro.
Aquel afanado vulgo
de los que al hombro trujeron
tejido de vil esparto
de su afán el instrumento,
para mi cuello parece
que le dedican, a tiempo
que el Caballero de Gracia
me dice que no la tengo.
Si los oficios de amante
usar contigo pretendo,
no hay oficio que no sea
su congregación mi opuesto.
Si mi familia en sentidos
y potencias te la entrego,
la Real Familia allí
me avisa que no lo acierto.
Cuatro estaciones, que son
las que todos van siguiendo,
me avisan, porque aunque quiera
echar la capa a mis yerros,
la de Martín, como es media,
no alcanza a cubrirlos; luego,
entre tantas religiones
a las Descalzas, no yendo
más adelante, me dice
Ginés que no represento
bien el papel de cristiano,
y Agustín desde su templo
me convence, con decirme
que tiene a Felipe dentro.
Hasta el sexo femenil
de infiel me arguye y protervo,
si desde la Madalena
a su conversión no atiendo,
viendo que allí Sebastián,
joven de flechas cubierto,
es hoy para las mujeres
el Cupido de los Cielos,
cuyos alados arpones
plumas dan con que su vuelo
pueda de la Trinidad
llegar al claustro supremo,
adonde la Merced suya
aguarda con los Remedios,
para que en la compañía
de los justos, el imperio
del nuevo templo, posean
de aquel Imperial Colegio.
De suerte que para mí,
todo es pasmo, todo es miedo,
todo susto, todo asombro,
y pues que no me resuelvo
a tenerte ni a dejarte,
y la duda no es desprecio,
yo, yo te responderé,
dame tiempo, dame tiempo,
siquiera para afear
a mis locos pensamientos,
ver que yo solo soy malo
adonde tantos son buenos.
Ven, Albedrío, conmigo.
ALBEDRÍO
¿Yo contigo?, bueno es eso,
quedando acá los amigos.
HOMBRE
Ya tu repugnancia siento,
pero no te ha de valer.
Tira dél y él de la LASCIVIA y ella de los demás, cada uno con sus versos encadenándose unos de otros
ALBEDRÍO
Que me hace fuerza protesto;
dame, Lascivia, la mano.
HOMBRE
¿De ella te ases?
ALBEDRÍO
Sí.
HOMBRE
Resuelto
llevaré tras mí a los dos.
LASCIVIA
Pues si a mí me llevas, cierto
es que has de llevar a todos;
Soberbia, ayúdame, viendo
que a tenerle yo no basto.
SOBERBIA
Ni yo; Avaricia, tu esfuerzo
me valga.
AVARICIA
Aun él no es bastante:
Ira.
IRA
Yo tampoco puedo.
Llega, Gula.
GULA
A mí también
me lleva: Envidia.
ENVIDIA
Ya ofrezco
mi mano, pero no basta:
Pereza.
PEREZA
Ya yo me acerco,
pero no basto: Pecado.
PECADO
A todos nos lleva, puesto
que no se aparta de uno.
Dan vuelta al tablado asidos unos de otros
HOMBRE
Así es, a todos os llevo,
que mientras estoy dudando,
aún estáis conmigo, siendo
deste engarce el Albedrío
el primer eslabón; pero
yo, yo venceré la duda,
por ver si con ella os venzo,
por más que un vicio a otro vicio
dé la mano.
TODOS
Es vano intento,
pues yendo uno vamos todos.
HOMBRE
Aunque en mi sombra tropiezo,
me levantaré.
Cay como haciendo fuerza y sale la GRACIA a levantarle
TODOS
No harás.
HOMBRE
¡Oh, válgame en tanto riesgo
la Gracia de Dios!
GRACIA
A nadie
que la llamó con afecto,
haciendo lo que en sí es,
Dios se la ha negado.
TODOS
¡Cielos,
el auxilio de la Gracia
nuestra cadena ha deshecho!
Desásense todos esparcidos por el tablado
HOMBRE
Eso es mostrar que con ella
podré, bien que a su despecho,
desasir el Albedrío,
y pues que libre le tengo,
Queda el ALBEDRÍO libre con él y vase desnudando de lo que dieron los VICIOS
toma, Soberbia, esas plumas,
que ya tus alas no quiero;
toma, Avaricia, tus joyas;
toma, Ira, tus aceros;
toma tú, Envidia, la capa
que fue el disfraz de mis celos;
toma, Gula, los ayunos
que desde este instante ofrezco;
y tú, Pereza, estos pasos
con que a la Gracia me acerco;
tú, Lascivia, toma (¡oh, cuánto
me cuesta arrancar tu afecto!),
toma tu afecto, y tu llanto
sea mi arrepentimiento,
porque, desnudo de todas
mis pasiones, vaya huyendo
de ver que yo soy el malo
adonde tantos son buenos.
Vase
TODOS
Oye, aguarda, escucha, espera.
HOMBRE
No he de oíros.
LASCIVIA
¡Qué veneno!
Vase
SOBERBIA
¡Qué pena!
Vase
AVARICIA
¡Qué ansia!
Vase
IRA
¡Qué agravio!
Vase
ENVIDIA
¡Qué horror!
Vase
GULA
¡Qué ira!
Vase
PEREZA
¡Qué tormento!
Vase
PECADO
Quedarás muy vana, Gracia,
del socorro que le has hecho;
pues no lo estés, porque aún viven
los áspides en mi pecho,
porque como su motivo
se mueve por el ejemplo
al amor de la virtud,
mirando solo al objeto
de que es buena para amada,
hasta agora no es perfecto
amor de Dios.
GRACIA
Es verdad,
la proposición no niego,
mas si él confiesa sus culpas,
la gracia del sacramento
podrá elevar ese amor,
de suerte que trascendiendo
del amor de la virtud,
al que es de la virtud dueño,
venga a ser perfecto amor.
PECADO
Para la vergüenza apelo,
de que no confesará
quizá algún grave defeto
por presumir que no tiene
absolución.
GRACIA
No hará, viendo
que hoy no hay caso reservado.
PECADO
¿Cómo?
GRACIA
Como hay privilegio
para todos.
PECADO
Eso fuera
decir que el romano imperio
vino a Madrid.
GRACIA
¿Pues no vino?
PECADO
¿Dónde, o cómo, o a qué efeto?
GRACIA
A qué efeto, cómo y dónde
te dirá…
PECADO
¿Quién?
GRACIA
Un ejemplo.
¿Cuando sano el Hombre está,
a Dios a su casa fiel
no va a ver?
PECADO
Sí.
GRACIA
¿Y Dios a él,
cuando está enfermo, no va
a ver también?
PECADO
Sí.
GRACIA
Pues ya
vencida la duda tuya,
es fuerza que te concluya
lo que en Roma y Madrid pasa,
pues viene Dios de su casa
por verle enfermo a la suya.
PECADO
Para enfermo, mucho plazo
son quince días de tiempo
que le da.
GRACIA
Misterio tienen.
PECADO
¿En qué le fundas?
GRACIA
En esto:
quince preceptos previno
al Hombre el Supremo Juez:
positivos cinco, y diez…
PECADO
Di.
GRACIA
De derecho divino;
enfermo en todos previno,
como médico discreto
a cada causa su efeto
dar, y así aplicar procura
como a cada mal su cura
su día a cada precepto.
PECADO
Pues siendo así, ¿cómo a tres
viene a reducirlos luego?
GRACIA
Razón hay.
PECADO
¿Razón hay?
GRACIA
Sí.
PECADO
¿En que la fundas?
GRACIA
En esto:
reducir los diez su esencia
a dos, no ignora ninguno,
bien como los cinco a uno.
PECADO
¿Cuál es ese?
GRACIA
La obediencia
del Papa; luego evidencia,
si quince preceptos ves
a tres reducidos, es,
gozando sus gracias pías,
que también los quince días
puedan reducirse a tres.
PECADO
Por más que quieras hacer
de los acasos misterios,
de tus deshojadas flores
abrigados en mi pecho
viven los áspides.
GRACIA
No hacen.
PECADO
¿Cómo no, si yo los siento
morderme en el corazón
con más rabioso veneno
que hasta aquí?
GRACIA
Por eso mismo.
PECADO
¿En qué lo fundas?
GRACIA
En esto:
¿porque las flores se ajaron
los áspides no nacieron?
PECADO
Sí.
GRACIA
Luego si ellas volvieron
a la pompa que ostentaron,
fuerza es que los que animaron
al ver sus matices yertos,
mueran al verlos cubiertos
otra vez de sus verdores,
y estando vivas mis flores
estar tus áspides muertos.
Saca del pecho otra guirnalda como la primera y él los áspides
PECADO
¿Muertos mis áspides?
GRACIA
Sí.
PECADO
¿Y vivas tus flores? Cielos,
¿cómo ambos mueren y viven?
GRACIA
Como al calor de mi pecho,
con el riego de aquel llanto
que está a las plantas vertiendo
de sacro ministro el Hombre,
restituyen al primero
lustre su verdor, su pompa
y su esplendor.
PECADO
Según eso,
aunque estos áspides mueran
los abrigaré en mi seno,
porque en volviendo a pecar
vuelvan a revivir ellos
como esas flores.
GRACIA
No harán.
PECADO
¿En qué lo fundas?
GRACIA
En esto:
el mérito que adquirió
el Hombre, bien al pecar
se le pudo amortiguar
pero morírsele no,
y así, siempre que volvió
a la Gracia, le recibe,
porque con ella revive,
lo que no pasa al pecado,
que este una vez perdonado,
muere siempre y nunca vive.
PECADO
¿Pues cómo, siendo Dios justo,
no iguala al castigo el premio?
GRACIA
Sí iguala, que aquí hay más causa.
PECADO
¿En qué lo fundas?
GRACIA
En esto:
Dios justo no ha de quitar
lo que una vez da, ni es juez
vario que lo que una vez
ha llegado a perdonar
ha de volverlo a juzgar:
y así, aunque el Hombre al pecado
vuelva, no vuelve en el grado
que a la gracia, porque ha sido,
lo uno favor suspendido,
lo otro yerro perdonado.
PECADO
Aun bien, que antes que reciba
el galardón, mis tormentos
ha de sentir.
GRACIA
Hoy no hará.
PECADO
¿En qué lo fundas?
GRACIA
En esto:
aunque al que perdonar veo
la culpa, reste después
purgar la pena, esa es
la gracia del jubileo,
pues su indulugencia creo,
que satisfaciendo plena
la deuda, de piedad llena,
absuelve, libra y disculpa
del gravamen de la culpa
y el reato de la pena.
PECADO
Calla, calla, que aunque yo
sé que es verdad todo eso,
siento el oírlo, y así
iré dél y de ti huyendo.
GRACIA
Eso no, porque has de ver
para tu mayor tormento
y mayor gloria de Dios,
no solo su triunfo, pero
todo el triunfo que a la Iglesia
ha dado este jubileo:
vuelve, pues, vuelve los ojos…
PECADO
¡Oh, quién los tuviera ciegos!
GRACIA
… a ese inumerable vulgo
de nobles y de plebeyos,
con que rinde Maredit
públicas gracias al Cielo,
concurriendo como arroyos
que solo del mar salieron
para volverse a la mar
todos aquellos afectos
que en cuadrillas divididos
antes, forman ahora un cuerpo.
De aquel templo de María,
Almudena, más que templo,
pues del trigo de Belén
guarda las espigas dentro,
sale en numeroso triunfo
y tan numeroso el pueblo,
que golfo ondeado de luces
todo el distrito ha cubierto
que lineó para recinto
el católico desvelo
del que otra vez vuelve a dar
sin ejemplar el ejemplo.
Jeroglífico es el sitio
de la duración del tiempo,
pues al formar una hermosa
sierpe enroscada de fuego,
determinar no pudiera
nadie, su cola mordiendo,
dónde empieza u dónde acaba,
aunque penetrara al verlo
a la luz de sus antorchas
las fábricas que hay en medio,
si ya no es que hiciera punto
en el lucido, en el bello
plaustro hermoso de María;
María dije, porque habiendo
dicho en metáfora que era
sierpe el círculo, era cierto
que María había de ser
la que pisara su cuello.
A cuyo tiempo, porqué
no en la realidad dejemos
la alegoría atrasada,
hacen fiesta tierra y cielo,
siendo los vencidos Vicios
que desterró el jubileo,
los que tremolan postrados
para mayor sentimiento
de sus opuestas Virtudes,
los estandartes al viento.
Vuélvese a abrir el primer carro, y vese como primero la IGLESIA en su trono, y a sus pies la IRA con el estandarte del Refugio, que es una imagen de la Concepción, y la AVARICIA con otro, y en él las cinco llagas con los brazos, que son las armas de los terceros de San Francisco
Y así, mira allí a la Iglesia,
en cuyas torres ha puesto
la Avaricia el de Francisco,
a quien prosigue el concepto
ser la Ira la que allí
ofrece el blasón supremo
de la piedad del Refugio
a la que es refugio nuestro.
Ábrese el segundo carro y en él un altar con una imagen imitada la de la Almudena, y a sus pies la LASCIVIA con un estandarte pintado un JHS, y la SOBERBIA con otro y las armas reales
Allí en la Casa del Pan,
que es almudén de los Cielos,
de María a la pureza
la Lascivia ofrece luego,
por la Castidad, que es quien
siempre apagó sus incendios,
el estandarte que antes
tremolaron los pequeños
niños, no tanto por ser
ellos desta virtud dueños,
cuanto porque de Jesús
el nombre contiene, siendo
de Jesús la Compañía
de su tierna edad gobierno,
a quien sigue la Soberbia,
por la humildad ofreciendo
de la Real Familia el noble
estandarte, en argumento
de que la humildad real tiene
su patrocinio en el templo
del almudén, y pues dije
almudén, siga el intento
del trigo en que Jesús nace
el verse allí en sacramento.
Ábrese el tercero carro y vese un altar con Hostia y Cáliz, y a sus pies el OÍDO con el estandarte de las armas de la Inquisición, cruz, espada y oliva, y la GULA pintado en otro un cetro pastoral coronado de un capelo
A quien el Oído ofrece,
por la propiedad de serlo,
bien que no es vicio vencido,
el estandarte supremo
de la Fe, como quien es
sentido de su misterio,
tras quien la Gula, por ver
que para ella no es sustento,
un bocado solo, aunque
sea el bocado un cordero,
le consagra el estandarte
de los mendigos hambrientos,
cuya empresa es dignamente
el cayado y el capelo
que los sustenta pagando,
bien que hacen para sí mesmos.
Ábrese el cuarto carro y vese en él el HOMBRE coronado con la corona de la GRACIA, y a sus pies su ALBEDRÍO, y a sus lados la PEREZA con el estandarte de las armas del Salvador, que son un crucifijo, y la ENVIDIA, pintadas en el suyo las tres cruces militares
Y por remate de todo
pues de todo esto es dueño
el Hombre en gracia, está el Hombre,
su Albedrío a sus pies puesto,
símbolo de la Pereza
que no impidió sus intentos,
y así ella le da las armas
de los ministros supremos
del Salvador, por quien viven
mis flores en sus cabellos,
pues ellos la penitencia
administran, cuyo efeto
le significa la Envidia
enarbolando en el viento
de las militares cruces
los estandartes excelsos;
y para que añadas más
sentimiento a sentimiento,
pena a pena, llanto a llanto,
rabia a rabia y fuego a fuego,
no solo con lo que ves
has de atormentarte, pero
con lo que escuches cantando
los triunfos del jubileo
del Año Santo en Madrid,
todos a una voz diciendo:
MÚSICA Y TODOS
Venid, mortales, venid,
al triunfo donde se ve
cómo celebra la Fe
el Año Santo en Madrid.
PECADO
¡Que esto sufran mis rencores!
¡Que sufran mis iras esto!
¿Cómo, cortadas cabezas
de la hidra de mi cuerpo,
servís a ese nuevo triunfo?
VICIOS
Como vencidos nos vemos
de las Virtudes que al Hombre
crecen los merecimientos,
con el favor de la Gracia
a pena y a culpa absuelto.
IGLESIA
Feliz mil veces el día,
Gracia hermosa, en que a ver llego
en mi aplauso tus aplausos
y en mi aumento tus aumentos.
HOMBRE
El felice solamente
soy yo, que a restituir vuelvo
el verdor a aquestas flores
de quien fue mi culpa el cierzo.
PECADO
Por no verte coronado
de ellas, el obtuso centro
me sepulte de mi abismo;
de tres contrarios huyendo
iré: la Iglesia, María
y aquel cándido, aquel bello
milagro de los milagros,
misterio de los misterios.
Vase
IGLESIA, HOMBRE Y GRACIA
Alcáncenle vuestras voces
porque aun no le valga eso,
a cuyo compás humilde
de parte de algún ingenio
a vista de otros perdones
yo pida el perdón diciendo:
TODOS Y MÚSICA
Venid, mortales, venid,
al triunfo donde se ve
cómo celebra la Fe
el Año Santo en Madrid.
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