Personajes
- EL FUEGO
- EL AIRE
- LA TIERRA
- EL AGUA
- LA LUZ
- EL ALBEDRÍO
- LA SOMBRA
- EL VERBO
- LA SABIDURÍA
- EL HOMBRE
- MÚSICOS
- ACOMPAÑAMIENTO
Sale la Sombra, encima de un peñasco, toda de negro, con manto de estrellas.
SOMBRA
Yo soy la negra sombra
del caos, cuya faz pálida asombra
confusamente al cielo.
Yo la obscura prisión, yo el triste velo,
que el nada informe encubre
y, con sus alas, su materia cubre.
Yo la horrible tiniebla
que al abismo circunda con su niebla
de la luz enemiga
(Moisés así en el Génesis lo diga).
Todo es horror, todo es asombro, cuanto
las ajadas arrugas de mi manto
esconden en el centro
de la tierra, que está bramando dentro
de sí misma con lides bien extrañas,
por desasirse así de sus entrañas.
¡Bien debajo de mí el rumor se escucha!
¡Oh, pásmense los cielos a esta lucha!
Salen los cuatro elementos, luchando.
TIERRA
¡Reina he de ser de los tres!
AIRE
¡El imperio ha de ser mío!
AGUA
¡Mía ha de ser la corona!
FUEGO
¡No será mientras yo vivo!
AGUA
Ese lazo, de los cuatro
nunca hasta aquí dividido,
no, no ha de romperse hoy;
reinar tengo.
TIERRA
En el principio,
Dios hizo el cielo y la tierra,
que soy yo. Luego, bien digo
que he de preferir, si a mí
Dios con el cielo me hizo.
AIRE
Tierra que árida y vacía
estás (que así ha de decirlo
Moisés), si yo soy el soplo
que, honestamente lascivo,
te ha de dar vida y aliento,
¿por qué compites conmigo?
FUEGO
Un globo y masa confusa,
de las sombras guarnecido
que hoy están sobre nosotros
(los poéticos estilos
le llamaron caos, y nada
los profetas), compusimos
los cuatro. Pues, ¿por qué yo,
aunque ahora no fulmino,
siendo el Fuego, no he de ser
de los cuatro el preferido?
AGUA
El Espíritu de Dios
hoy llevado de sí mismo
sobre las aguas fluctúa,
que son la faz del abismo.
Pues, si sobre el Agua hoy
el Espíritu divino
de Dios es llevado, al Agua
habéis los tres de rendiros.
SOMBRA
¡Qué confusamente atados,
pareciendo un cuerpo mismo,
están todos cuatro!
TIERRA
¡Suelta,
Agua, los cabellos míos!
AGUA
¡Suélteme el Aire los brazos
de mis mares y mis ríos!
Luchan.
AIRE
¡Di al Fuego que me desate
las presas de mis suspiros!
FUEGO
Cuando me deje la Tierra,
opaco cuerpo que crío,
resplandecer y abrasar.
TIERRA
Con el Agua y Fuego lidio.
AGUA
Yo con la Tierra y el Aire,
los dos brazos repartidos.
AIRE
Yo con el Agua y el Fuego.
FUEGO
Yo con la Tierra y conmigo.
Luchan y sale la Luz, cantando.
LUZ
(Canta)
Agua, Fuego, Tierra y Aire,
yo soy la Luz, que he nacido
de una voz de Dios que dice:
Erat Verbum in principio.
SOMBRA
Ya que ha nacido la Luz,
de su vista me retiro.
Luzca el día, huya la noche,
penetrando los abismos.
Vase.
LUZ
Aunque huyas, no podrás
de mí, pues siempre te sigo,
Luz de luz, diciendo cómo
erat Verbum in principio.
Vase.
TIERRA
Esta Luz y esta vislumbre
mis fuerzas ha suspendido.
Sale el Verbo.
VERBO
Agua, Fuego, Tierra y Aire,
que, ya amigos, ya enemigos,
lucháis, de esa confusión
que informes os ha tenido,
obedeciendo a mis voces,
apartaos y dividíos.
Y, porque en trabada paz
viva cada uno a su adbitrio,
el leve Fuego, subiendo
al más eminente sitio
del Aire, le dé la mano;
el Aire diáfano y limpio
viva entre el Fuego y el Agua,
en el lugar subcesivo;
el Agua entre Tierra y Aire
se divida sin ruïdo
de las aguas; y la Tierra
muestre sus cabellos rizos:
plantas de frutas y flores
la borden todo el vestido;
vivan los brutos su esfera,
los peces el centro frío,
el vago viento las aves,
el Fuego a los tres propicio
vivifique, porque así,
unidos y desunidos,
por una parte contrarios
y por otra parte amigos,
durará la oposición
por los siglos de los siglos.
FUEGO
Grande rey del universo,
cuyo imperio siempre invicto
siendo todo junto él nada,
es él mucho dividido,
esta cadena que has hecho,
cuya labor y artificio
de eslabones encontrados
nos conserva entretejidos,
treguas pone y no paces
entre nosotros, pues miro
que, amigamente conformes,
conformemente enemigos,
aún luchamos todavía
los cuatro por preferirnos
uno a otro, porque, siendo
este un Imperio, es preciso
que haya uno en él que prefiera
a los otros, pues no ha sido
posible que se conserve
en paz un poder diviso.
Y no teniendo heredero
tú, que nuestro rey has sido,
uno de los cuatro es fuerza
gobernarnos y regirnos.
Y así yo, que ya a los tres
más eminente presido,
más hermoso lisonjeo,
más luciente purifico,
yo, que si el límite rompo
de las líneas donde vivo,
podré a diluvios de fuego
a todos tres destruirlos,
tanto, que el día que quieras
poner al mundo en olvido
yo, solo yo, sabré hacer,
de tus cóleras ministro,
debo preferir.
AIRE
No debes,
cuando de mi estancia admiro
la rariedad, cuyo cuerpo
diáfano y cristalino
de las aves habitado
es el más hermoso sitio
del universo. Si ves
tan varios y tan distinctos
pájaros en una especie
volar, ramilletes vivos,
por esas vagas esferas,
trinados y repetidos
sus acentos, cuyo canto
son alabanzas, son himnos
que a su autor dan cada día,
siendo su acordado estilo
dos veces dulce lisonja
de la vista y del oído
¿por qué, por qué has de quitarme
el derecho?
AGUA
Porque es mío,
pues yo tengo de las aguas
dilatado y dividido
mi imperio tanto, que sobre
los siete cielos me miro,
templando al fuego por ser
firmamento cristalino;
yo, que el tridente gobierno
del mar, monstruo cuyo brío
si rompe cárcel de arena
las cadenas y los grillos
podrá a todos tres, podrá
desterraros y oprimiros;
yo, que estrecho el aire; yo,
que al Fuego mato de frío,
pasmo de temor la tierra
viéndome sobre sus riscos;
yo, que en la tranquila paz
repartir sabré a mi adbitrio
los cristales de las fuentes,
los raudales de los ríos;
yo, que sobre mis espaldas
repúblicas de navíos
sufriré haciendo que rompan
por ignorados caminos,
o ya monstruos de madera
o ya pájaros de lino
¿por qué, en fin, no he de reinar?
TIERRA
Porque en lo hermoso y lo rico
te excedo, que soy la Tierra
que aun con el cielo compito.
Ese azul velo aparente,
que de estrellas guarnecido
ves, es dosel de quien yo
émula en todo he nacido.
Sus estrellas son mis flores;
sus imágenes y signos,
mis brutos; su azul color
lo verde de mis vestidos:
que soy cielo de esmeraldas
si él es campo de zafiros.
Esos árboles que ves,
que en confusos laberintos
con orden en no guardarla,
con estudio en no admitirlos
hacen diversos países
que en tornasoles y visos
se ignora de sus pimpollos
si flores o aves han sido,
el Fuego los purifica,
siempre ardiente y siempre vivo;
el Aire los lisonjea,
pues a sus blandos suspiros
se cantonean las copas,
escollos vegetativos;
de espejo le sirve el Agua
adonde, bellos narcisos,
componen cada mañana
el tocado de sus riscos.
Pues, si a mí me asiste el Fuego,
si el Aire a mí me ha servido,
si a mí me hermosea el Agua,
yo soy quien ha merecido
de los tres la envestidura
que ya por justicia pido.
VERBO
Gran corte del universo,
leales vasallos míos,
que de la nada engendrados,
que de una masa nacidos,
el imperio pretendéis
del mundo, por haber visto
que la sucesión me falta:
sabed que yo tengo un hijo
a quien coronéis y a quien
todos habéis de rendiros.
Desistid de la contienda
que los cuatro habéis tenido,
que por poneros en paz
quiero un secreto deciros,
que hasta ahora de mi mente
para nadie no ha salido,
porque está en mí desde antes
que hubiera hecho ese edificio
del cielo, ese de la Tierra
palacio eminente y rico,
aquese del Aire espacio
y ese del Fuego distrito;
y así, para que oigáis este
inescrutable prodigio,
investigable secreto
y milagro peregrino,
oye, Aire, Fuego, Agua y Tierra,
aves, peces, brutos, riscos,
flores, sol, luna y estrellas,
conceptos del poder mío:
Yo, que sin necesidad
de la pompa y artificio
que la arquitectura obró,
sin modelos ni designios
en el cielo y en la tierra,
dentro estaba de mí mismo,
por obstentarme criador
y por mostrarme divino,
del ejemplar de mi idea
saqué, con solo decirlo,
esta fábrica gallarda
que ya conseguida miro;
hice en el cielo esos once
orbes, globos cristalinos,
que parte la luna a rasgos
y el sol ilumina a giros;
saqué la luz de las sombras,
luchando a brazo partido
los dos y, porque de el día
fuese ádbitro lo lucido,
hice esa lámpara bella,
ese farol siempre vivo,
esa antorcha nunca muerta
con rapto curso continuo;
y para que presidiese
de la noche a lo prolijo,
nocturno blandón, sujeto
a lucientes parasismos,
hice a la luna, que al sol
en mi tribunal y juicio
pidió alimentos de luz,
viviendo a sus desperdicios;
y para más hermosura
de esta fábrica que digo,
dibujaron sus esferas
rasgos de estrellas y signos.
Estando, pues, de esta suerte
cercado de los ministros,
que más hermosos, más puros,
crié para mi servicio,
propuse cómo en mi mente
una esposa había elegido
cuyo hijo había de ser
sucesor del reino mío.
Uno, pues, de los vasallos
el más hermoso, el más lindo,
de su ciencia y hermosura
soberbio y desvanecido,
opuesto a mis pensamientos,
dispuesto a su precipicio,
siendo formada criatura,
oponerse al Criador quiso.
Tocó al arma en mis estados
enarbolando atrevido
banderas de guerra, siendo
comunero del Impíreo;
en traidores y leales
parcial el reino y diviso
empezaron la batalla
las virtudes y los vicios.
Ya alentado el bronce suena,
ya responde el parche herido,
ya brama armado el acero,
y a la confusión y al ruido
se vio el cielo desplomado,
titubeando su edificio
de los ejes de los polos
de las ruedas de sus quicios.
Salí victorioso, dando
a los culpados castigo,
que siguieron al que injusto
puso la gracia a peligro;
y, viendo el primer cuidado
en esta parte perdido,
quise acudir a mis ciencias
y a mi saber infinito,
hasta ver si ya el segundo
sujeto hermoso que elijo
para mi heredero había
de ser desagradecido.
Y así, antes que lo hiciese,
me le consulté conmigo
y leyendo mi concepto,
que son los mejores libros
donde están todas las cosas
asentadas por registro,
hallé en él que, si criaba
al Hombre, desconocido
de este favor, sería ingrato
a mis muchos beneficios;
que, inobediente a mis leyes
y a mis preceptos divinos,
se vería el mundo por él
alterado y confundido,
teatro de las traiciones,
adulterios y homicidios;
y que, finalmente, yo
me había de ver rendido
a sus pies, siendo a sus manos
despedazado y herido.
Y así, escarmentando, entonces
(permítaseme el decirlo,
que bien se puede decir
que a Dios escarmienta el vicio,
y aun el texto lo dirá
cuando se halle en él escripto
que me pesa de haber hecho
al Hombre, docto y remiso)
hasta hoy, que es el sexto día,
que a todos formados miro,
que a todos miro criados,
a sacar no me he atrevido
al hombre de la prisión
donde oculto le he tenido,
que es el centro de la tierra.
En él, pues, está escondido,
tan informe, que no tiene
alma, cuerpo ni sentido,
porque yo no le he inspirado
luces del aliento mío.
Este, pues, que yo engendré
acá en mi mente, es mi hijo
y rey vuestro. Si queréis
a sus daños preveniros,
yo de la prisión obscura
os le sacaré, advertido
de que, porque obre por sí,
le daré libre albedrío.
Con esto a un tiempo dos cosas
en una parte consigo:
la una es daros al rey vuestro,
pues, habiendo ya tenido
acción al reino, no es bien
que diga que se la quito;
y otra, que, aunque de mi estudio
es el efecto preciso,
podrá el Hombre obrar por sí
y vencer con el adbitrio
al hado. Y así, sin que él
sepa de quién ha nacido
ni quién es, he de traerle
hoy desde aquel laberinto
de los campos damascenos
al hermoso Paraíso,
que es el humano palacio
adonde todos rendidos
le sirváis. Si procediere
piadoso, leal, benigno,
apacible, manso, justo,
sujeto, obediente y pío,
desmintiendo de los hados
tantos fatales avisos,
reinará. Pero, si osado
fuere, tirano, atrevido,
inobediente, crüel,
fiero, soberbio, lascivo,
le depondré del imperio,
desheredado y perdido,
con justicia, pues entonces,
cuando él haya cometido
la culpa, el pecado, el daño,
será justicia el castigo.
Y así, cuanto tiempo en gracia
durare, como a mi hijo
le obedeced; mas perdido,
repudiadlo y perseguidlo,
porque yo, habiéndole dado
alma, vida y albedrío,
justificaré el rigor
si él lo pierde por sí mismo:
porque el Hombre, el patrimonio
de los cielos donde habito,
después que al morir padezca
el último parasismo,
o por sí le habrá ganado,
o por sí le habrá perdido.
TIERRA Y AGUA
Ese príncipe queremos.
FUEGO Y AIRE
Ese príncipe pedimos.
TIERRA
Y yo, en fee del rendimiento
que le ofrezco, de este limo,
de este barro, de esta tierra
con este polvo te sirvo.
Vase.
AGUA
Y yo te doy la saliva,
que es el húmedo humor mío.
Vase.
AIRE
Yo, para que en él alientes,
este soplo que respiro.
Vase.
FUEGO
Yo la actividad le doy
del fuego con que le asisto.
Vase.
VERBO
Yo, de los cuatro compuesto,
a traerle me anticipo
donde todos le asistáis,
atentos a su servicio.
¡Eterna Sabiduría
que mi pecho ardiente inflama
con manso fuego!
Sale la Sabiduría.
SABIDURÍA
¿Quién llama?
VERBO
Ya llegó el felice día
que la grande mano mía
saque al Hombre, mi heredero,
del cauptiverio primero
donde la tierra le tuvo
y donde encerrado estuvo
hasta este día postrero;
y pues que tú le has formado
en mi mente, pues tú has sido
sola la luz que ha tenido,
dentro de mí imaginado
de este sepulcro en que ha estado
Ábrese un peñasco y está el Hombre echado.
antes de nacer, después
que vida y alma le des,
ley, albedrío y aviso,
le traslada al Paraíso
adonde sepa quién es.
Vase.
SABIDURÍA
Hombre, imagen de tu auctor,
de esa tierra informe y dura
rompe la prisión obscura
a la voz de tu criador
HOMBRE
¿Qué luces, qué replandor
es lo primero que vi?
¿Qué fuego el que vive en mí?
¿Qué tierra es la que ahora miro?
¿Qué aliento es el que respiro?
¿Quién soy? ¿Quién seré? ¿Quién fui?
SABIDURÍA
Fuiste polvo, polvo eres,
y polvo después serás:
ni eres más, ni fuiste más,
ni serás más.
HOMBRE
¿Qué me quieres
tú, que a decirme prefieres
tal baldón y tal desvío
a mi arrogancia, a mi brío?
SABIDURÍA
A voces diciendo estoy
que la Sabiduría soy
y es este el proverbio mío.
HOMBRE
¿Polvo yo? Si cuanto vio
la naturaleza mía
en este primero día
que a mirar la luz salió,
yo soy superior…, mas no,
inferior soy…; es verdad,
superior es mi deidad,
inferior es mi poder,
pues, teniendo yo más ser,
tengo menos libertad.
La estrella luciente y bella,
cuyo prestado arrebol
mendiga rayos al sol
de tanto incendio centella,
en fin, en fin es estrella,
el tiempo que le duró
la vislumbre que le hurtó,
siendo pavesa encendida,
¿y, teniendo yo más vida,
tengo menos luces yo?
La flor, que blancas y rojas
listas la adornan y, en fin,
es una ave de jazmín,
es un pájaro de hojas,
del sol sufre las congojas
un día y no muere, no,
hasta la edad que le dio
luz a su pompa y su brío,
¿y con mejor albedrío
no tengo edad cierta yo?
El ave, que, con las galas
que la dan belleza summa,
es viviente flor de pluma,
es ramillete con alas,
en sus cristalinas salas
luego, en naciendo, corrió,
al sol el vuelo atrevió,
dejándose el nido en calma,
¿y, teniendo yo más alma,
tengo menos vuelo yo?
El bruto, que manchas bellas
adornan la hermosa piel,
gracias al docto pincel
que puso su estudio en ellas,
signo parece de estrellas
que esta esfera guarneció,
y luego, como nació,
monstruo fue en su laberinto,
¿y, teniendo más instinto,
tengo menos fuerza yo?
El pez, que en el seno frío
nace y no respira en él,
siendo argentado bajel,
siendo escamado navío,
alas tiene, cuyo brío
o vuela lo que nadó,
o nada lo que voló
siendo estrecho un elemento,
¿y, teniendo más aliento,
tengo menos campo yo?
La fuente que, liberal,
entre guijas se dilata,
siendo cítara de plata,
siendo órgano de cristal,
del mar adquirió el caudal
que al mar le restituyó,
después que el seno rompió
de la tierra en veloz curso,
¿y, teniendo más discurso,
tengo menos caudal yo?
Hombre, cuyo heroico ser
polvo fue desvanecido,
no vivas de haber vivido
tan ufano al parecer,
que no es nada tu poder,
que más seguridad cabe
que en tu pecho heroico y grave
hoy en una fuente bella,
en una flor, una estrella,
un pez, un bruto y una ave.
En llegando mi sentido
a aquesta imaginación,
míseras mis voces son,
lastimoso es mi gemido,
porque a un letargo rendido,
a un desmayo, a un frenesí,
vivo sin saber aquí
aqueste instante pequeño
si esta es vida o si este es sueño.
¡Ay, miserable de mí!
Cae dormido como estaba.
SABIDURÍA
Absorto y mudo ha quedado
en este éxtasis que ha sido
de la admiración nacido,
de sus dudas engendrado.
De este campo trasladado
al palacio terrenal,
será bruto racional
en quien misterios se ven.
Yo haré que sepas del bien:
no hagas por saber del mal.
Vase la Sabiduría y el peñasco se cierra, y sale la Sombra, vestida de gala, huyendo de la Luz.
SOMBRA
¿Para qué me sigues más?
¿Qué me quieres, Luz hermosa?
¿Adónde quieres que huya?
¿Dónde quieres que me esconda?
LUZ
Aunque vengas disfrazada
de las galas que te adornan,
no puedes vivir delante
de mí.
SOMBRA
Los rayos reporta,
que ya hasta el dosel del rey
entré; ya de mi persona
son monumento estos sauces
y son sepulcro estas rocas,
y puedo vivir contigo.
LUZ
¿De qué forma?
SOMBRA
De esta forma:
del himno de Zacarías,
a quien citará con docta
pluma (cúya es dirá un tiempo),
de tu luz, hablando, hermosa,
que iluminará las nieblas;
y de esta suerte se glosa:
que vendrá a darles la gracia
como luz más misteriosa
a los que están en la culpa.
Luego somos, desde ahora,
culpa y gracia, pues que somos
tú la Luz y yo la Sombra;
luego puedo estar contigo
por la oposición.
LUZ
Tú propia
te contradices, porqué
si hoy en gracia del rey notas
al príncipe su heredero,
que ya de una masa tosca
le traslada a su palacio,
¿cómo intentas, cómo osas
entrar en él, si es la casa
que él de su mano le adorna
donde con la gracia viva?
SOMBRA
Él no está, Luz, hasta ahora
en su gracia confirmado,
luego puedo entrar ahora
a ver si tu Luz le alumbra
o si le ciega mi Sombra;
y entre la culpa y la gracia,
entrambas competidoras,
asistámosle las dos
y veamos cuál le enamora.
Sale el Albedrío.
ALBEDRÍO
¡Qué grande cosa es ser libre
uno que todo lo goza
en fee de su libertad,
todo cuanto se le antoja!
De quien no tiene vergüenza
suele decir una copla
que toda la villa es suya:
¡pardiez! yo tengo muy poca
y aun no es mía la mitad
que a fee que, a serlo, mi cholla
te informara hoy en la villa
más de cuatrocientas cosas.
En fin, sin que me hayan dicho
ni aún una palabra sola
tantos archeros, que suelen
ser en las confusas olas
de los mares del palacio
los cosarios barbarrojas,
en el palacio me entré
hoy a ver las ceremonias
con que al príncipe heredero
admite la corte toda.
SOMBRA
Albedrío, ¿dónde vas?
ALBEDRÍO
Por entre lirios y rosas
a ver al príncipe vengo,
que me han dicho que le importa
que esté yo con él, que soy
muy apacible persona
para su divertimiento.
SOMBRA
Claro está, pues ella sola
podrá divertirle a él.
LUZ
¡Y ay de él, si de ti se informa!
ALBEDRÍO
¿Por qué estás tan mal conmigo,
doña Gracia escrupulosa?
¡Oh, bien haya doña Culpa,
que, al fin, de nada se enoja!
¡Vive diez, que hemos de ser
muy amigos desde ahora!
SOMBRA
Claro está, como tú quieras
mi amistad.
Chirimías.
ALBEDRÍO
Ya la sonora
música dice que, absorto,
de las obscuras mazmorras
de la tierra, se traslada
a la majestad heroica
el príncipe, dando en ciegos
éxtasis a la memoria
admiración, bien así
como el que, dormido, toca
lo que sueña y que, despierto,
aun si fue soñado ignora.
LUZ
Yo, para atender mejor
sus acciones, de la copa
de este árbol amparada
quiero estar. ¡Verde lisonja
del aire, ocúltame, haciendo
hoy pabellón de tus hojas!
Arrímase a un árbol.
SOMBRA
Yo, para ocultarme en este,
no he menester que su hermosa
belleza sombra me haga,
pues yo me traigo la sombra.
Arrímase a otro árbol. Salen el Agua con un espejo, el Fuego con la espada, el Aire con el sombrero de plumas y la Tierra con un azafate de flores y frutos, y los músicos cantando y el Hombre detrás, muy ricamente vestido.
MÚSICA
¡Aire, Agua, Fuego y Tierra,
servid al príncipe vuestro!
TIERRA
Flores, camino le abrid.
MÚSICA
¡Venid, venid!
AGUA
Fuentes, sus espejos sed.
MÚSICA
¡Corred, corred!
AIRE
Vientos, los soplos templad.
MÚSICA
¡Volad, volad!
FUEGO
Rayos, su pompa asistid.
MÚSICA
¡Lucid, lucid!
TIERRA
Y, en fin, jurándole rey
de este divino jardín…
PRIMERA
¡Venid!
SEGUNDA
¡Corred!
TERCERA
¡Volad!
CUARTA
¡Lucid!
HOMBRE
Campos, ¿qué es esto que miro?
Cielos, ¿qué es esto que veo?
Con mucha duda lo creo,
con poca atención lo admiro.
¿Yo de galas adornado?
¿Yo de música aplaudido,
de una vida guarnecido
y yo de una alma informado?
¿Yo en fábrica sumptüosa?
¿Yo en cama luciente y bella,
donde la mejor estrella
aún no se atreve a ser rosa?
¿En este instante no era
polvo informe, masa dura?
¿No era mi prisión obscura
del triste centro la esfera
de una sima donde vi
apenas la luz hermosa?
¿Pues quién a tan sumptüosa
majestad me trae a mí?
¿Quién soy yo, que he merecido
este aplauso? ¿Yo quién soy,
que cuidado al cielo doy?
Mas si para esto he nacido
por lo que mi ser prefiere,
¿quien me mete en discurrir?
Dejarme quiero servir
y venga lo que viniere.
ALBEDRÍO
Suspenso el príncipe está,
mas ¿a quién le sucediera
esto que no lo estuviera?
A ejercer empiezo ya.
Conózcame vuestra alteza
por un muy grande hablador.
HOMBRE
¿Quién sois?
ALBEDRÍO
Un loco, señor,
que os da la naturaleza
para divertiros.
HOMBRE
¿Cómo
os llamáis?
ALBEDRÍO
El nombre mío
es…
HOMBRE
Decid.
ALBEDRÍO
Libre Albedrío.
Y pues a mi cargo tomo
divertiros y alegraros
en estos lances primeros,
mil fiestas tengo de haceros,
mil gustos tengo de daros,
que vos sin mí no podéis
vivir en el mundo.
HOMBRE
¿No?
Luego, ¿no soy dueño yo
de mi acción?
ALBEDRÍO
Vos lo seréis
siempre, que el acompañaros
yo no es forzaros, porqué
solo inclinaros podré,
pero no podré forzaros.
Yo inclino, obrad vos; así
seremos uno los dos,
o yéndome yo con vos,
o viniendo vos tras mí,
que de vuestra voluntad
no hay albedrío, ni hay quien
usar pueda.
HOMBRE
Está muy bien.
Aquese espejo me dad.
AGUA
En este helado cristal,
en esta líquida plata
el Agua, señor, retrata
tu persona al natural.
Mira en ese espejo fiel
la soberana belleza
de tu gran naturaleza.
HOMBRE
Ya la estoy mirando en él.
FUEGO
Yo, señor, ceñirte quiero
esta espada, que es desmayo
del mundo, templado rayo
cuya piedra es el acero;
y es bien, cuando a verte llego,
que, como da vidrio el agua,
te dé los rayos que fragua
en sus volcanes el fuego.
Cíñesela.
AIRE
Estas plumas, que al pavón
dieron ojos y hermosura,
bien su beldad asegura
que dones del viento son:
ricos, hermosos y bellos,
dicen pompa y majestad.
Dale el sombrero.
ALBEDRÍO
Toma, que la vanidad
aire te hace con ellos.
TIERRA
Yo de los frutos y flores
que engendró, al nacer el día,
la fértil campaña mía
te he escogido los mejores.
Los de más gusto y sazón,
los de majestad más pura,
los de mayor hermosura
estos dos árboles son:
la ciencia y la vida en ellos
puso en depósito Dios.
HOMBRE
¡Qué fértiles son los dos!
¡Qué ufanos están! ¡Qué bellos!
De este la fruta escogida
toco.
LUZ
Será tu desgracia.
ALBEDRÍO
¡Par Dios, que está nuestra Gracia
en el árbol de la vida!
HOMBRE
Si de este ameno jardín
me franqueas los placeres,
porque de su fruta eres
el hermoso querubín,
en este no hay resistencia:
ampararéme en su Sombra.
SOMBRA
Llega, que gusta la Sombra
que tú goces su excelencia.
ALBEDRÍO
¡Par Dios, que está nuestra Culpa
en el árbol de la ciencia!
HOMBRE
Muy contrarias sois las dos,
pues cuanto me obliga una
con el agrado, la otra
me rinde con la hermosura.
Bella es la Luz de la gracia,
dulce el horror de la Culpa.
Bien entre frutas y flores
estabais las dos ocultas,
pues salieron, al romper
el sol las nubes confusas
de la noche, entre estas ramas,
vuestras dos beldades juntas,
compitiendo con las selvas
cuando las flores madrugan.
SOMBRA
Vuestra alteza, señor, venga
a esta majestad augusta
con bien, pues hoy a su vista
el Agua en arroyos cruza;
el Fuego en templados rayos
piélagos de flores surca;
la Tierra en golfos de luces
para sus plantas dibuja
alfombras; y, porque más
el Aire agradar presuma,
los pájaros en el viento
forman abriles de pluma.
LUZ
Todo te obedece y más
que todo mi amor procura
obligarte, a cuyo efecto
te aviso que hay quien te escucha,
pues que no es lo que parece
y a su ingenio y a su industria
se engañan los ojos, pues
siendo el que en la noche obscura,
de su belleza engañados,
por aurora la saludan.
ALBEDRÍO
De la Luz y de la Sombra
los disfraces no se dudan.
Ya estáis conocidas, ya
la imaginación aguda
la Culpa y la Gracia mira.
Hermosa es la Gracia summa,
pero la Culpa, señor,
es más hermosa, si juzgas
que es la condición bellaca,
luego si a amarla te ajustas,
aunque Culpa en tus sentidos,
verás que por su blandura,
en viendo sus bellos ojos
quedan vanos de su culpa.
HOMBRE
Loco estás, pues no es razón
que, ufano, el agrado acuda
a competir la belleza,
que esa es perfección segunda.
Y así, inclinado a la gracia
este instante en ti, pues sumas
juntas flores, fieras, aves,
montes, ríos, mares, grutas,
sol, luna, estrellas y signos,
todos a la gracia adulan,
pues ser la gracia más bella
aun los cielos no lo dudan.
¿Quién soy yo, que he merecido
este aplauso, esta ventura?
Sale la Sabiduría.
SABIDURÍA
Yo soy la Sabiduría
y he de decírtelo: escucha.
HOMBRE
¿Cómo el que en una prisión
me amenaza, horrible y dura,
trata aquí de disculparme?
Dudas suceden a dudas.
SABIDURÍA
Tú eres, príncipe y señor,
bella y hermosa criatura
que el rey por mayor milagro
hizo a semejanza suya,
del rey, cuyo gran poder,
cuya majestad y cuya
ciencia, del cielo y la tierra
la capacidad ocupa.
Hijo eres suyo, heredero
de cuanto el Agua circunda,
baña el Aire, dora el Fuego,
cuanto la Tierra dibuja,
cuanto la Sombra confunde
y cuanto la Luz alumbra.
En el centro de la tierra,
que fue tu prisión obscura,
te tuvo hasta el sexto día,
temeroso el rey, sin duda,
de que de tu ingratitud
hoy las amenazas cumpla
el hado, que pronostica
vicios y acciones insulsas.
Mas fiando a mi obediencia
que a sus leyes te reduzgas,
desmintiendo de los hados
las amenazas futuras,
hoy a palacio te trae,
donde todas las criaturas
te obedezcan como a hijo
suyo y…
HOMBRE
¡Tente, aguarda, escucha!
Yo soy príncipe heredero
del rey, cuya ciencia suma
apuesta jurisdicciones
con el sol y con la luna,
desde que el uno se duerme
entre las ondas cerúleas
y el otro hasta que entre visos
de oro y de nácar madruga.
Yo soy dueño de la pompa
de esta gran arquitectura,
que fue un informe palacio,
que fue una masa confusa,
de quien ya se dividieron
las cosas, que cada una
es un mundo de por sí
y eran nada todas juntas.
Pues, ¿cómo tú, que sabías
mi naturaleza augusta,
viéndome en una prisión
en las entrañas incultas
de esta tierra, me dijiste
que era mi forma caduca
polvo y polvo había de ser?
Tú el primero de mis furias
serás despojo, primero
Saca la espada.
de mi horror serás sin duda
el objecto.
SABIDURÍA
¿A mí te atreves,
siendo yo la ciencia summa?
HOMBRE
Sí, pues con la ciencia puedo
competir.
SABIDURÍA
Tu primer culpa
sea atreverte a la ciencia
del rey.
HOMBRE
Sí haré, pues me ayudas.
AGUA
¡Huyamos de su rigor!
TIERRA
¡Sí, pues la espada desnuda!
FUEGO
¡Oh, cómo el hado a los daños
no ha sabido mentir nunca!
SABIDURÍA
De aqueste tronco me amparen
las toscas cortezas suyas.
Pónese junto al árbol.
HOMBRE
Aunque sea tu sagrado
el árbol de quien te ayudas
y, Argos de las hojas, hoy
guardar la ciencia presuma,
te buscaré.
Sale el Verbo.
VERBO
¿Qué es aquesto?
HOMBRE
Es una venganza justa.
ALBEDRÍO
Mira que es el rey.
HOMBRE
¿Qué importa?
VERBO
Príncipe, ¿vos con tal furia?
Pésame de haberos dado
treguas a la embestidura,
si ha de ser para que el cielo
tantas amenazas cumpla.
HOMBRE
Si soy tu hijo, si soy
la más hermosa criatura
después del ángel, ¿por qué
soy de materia segunda?
Si soy heredero tuyo,
¿qué lisonjas me aseguras?
¿Dasme más de lo que es mío?
VERBO
¿Quién soy y quién eres dudas?
Pues esta pompa que ajena
gozas y esta gloria augusta
podré quitarte, dejando
desheredada y confusa
tu persona.
HOMBRE
No podrás,
pues de la majestad tuya
soy legítimo heredero,
cuando príncipe me juran
Agua, Fuego, Tierra y Aire.
VERBO
Mucho mi paciencia apuras
sin conocer que la vida
que hoy te asiste, que hoy te ilustra,
es un sueño solamente,
porque si una imagen dura
es el sueño de la muerte,
si mal de la vida usas,
verás que tu vida es sueño,
cuando a volver te reduzcas
a la tierra de quien naces.
HOMBRE
No me arguyas, no me arguyas.
Ya sé quién soy y ya sé
que es esta majestad tuya
legítima herencia mía.
Y así, empezando mi furia
a vengarme del primero
que estas grandezas me oculta,
me he de atrever a tu ciencia.
No deternerme presumas,
porque este rayo de acero,
porque esta espada desnuda
podrá ser que rigurosa
vuelva contra ti la punta.
Quiere irse la Gracia.
VERBO
Detente, Gracia.
LUZ
No puedo,
que él me obliga a que le huya.
HOMBRE
No huirás, que yo entre mis brazos
te detendré.
Abrázase con la Culpa.
ALBEDRÍO
¡Suerte dura!
por irle huyendo la Gracia
se ha abrazado con la Culpa.
HOMBRE
Yo… (pero, ¿qué me embaraza?)
soy yo… (pero, ¿qué me turba?)
hijo… (pero, ¿qué me altera?)
tuyo… (pero, ¿qué me ofusca?)
La voz torpe, el pecho helado,
perdida la vista, muda
la lengua, atadas las manos,
quedo en brazos de la Culpa.
El cielo se me obscurece,
el sol me ciega y no alumbra;
algún áspid, encubierto
entre la flor o la fruta
de este árbol, me ha mordido
y es verdad que su sañuda
ira es ahora contra mí
la ponzoña más aguda,
el veneno más crüel
y la más fiera cicuta.
Ni hablo, ni oigo, ni discurro,
porque perdí a un tiempo juntas
la voz y la vida, siendo,
entre imágenes confusas,
un cadáver que entre sueños
tiene la vida difunta,
pues no hay vida con que sienta,
ni hay alma con que discurra.
Torpe y sin sentido ya,
sin ser, sin acción ninguna
dejo embargada la Gracia
en los brazos de la Culpa.
Cae como dormido.
VERBO
¡Ay de ti! ¡Qué mal supiste
usar de mi piedad suma!
Y así, ya desposeído
con justicia de la augusta
majestad, vuelve a vivir
en torpe prisión obscura,
antes que el cielo en tu vida
tantas amenazas cumpla.
Vase.
SABIDURÍA
Ahora verás si eres
polvo, cuando a él te reduzcas,
conociendo, a tu pesar,
que de una materia, de una
forma, tuviste al nacer
el monumento y la cuna.
Vase.
AIRE
Este loco, este Albedrío
que es el que a pecar le ayuda,
¿no ha de ir preso?
FUEGO
Sí, ¡prendedle!
ALBEDRÍO
¿Y quién es el que procura
prenderme?
Corren tras él.
AIRE
Yo.
ALBEDRÍO
No podrás.
FUEGO
Aunque a los cielos te subas,
te alcanzaré.
ALBEDRÍO
Ni aun el cielo
sin su potencia absoluta
podrá prenderme.
AIRE
No puedo
cogerle, aunque de mis plumas
me valgo.
FUEGO
Ni yo, aunque a rayos
le sigo.
TIERRA
En senos, ni en grutas
puedo encerrarle.
AGUA
Ni yo
en los piélagos de espuma.
ALBEDRÍO
Si soy el libre Albedrío,
¿el querer no es gran locura
que esté preso? Pues no fuera
libre entonces mi fortuna,
que ser libre y estar preso
en un sujeto repugna.
FUEGO
¿Cómo, si el príncipe, preso,
vive ya en cárcel obscura,
puede estar sin albedrío?
ALBEDRÍO
Esa es una fácil duda;
pero no estará sin mí
preso, y ha de ser con una
advertencia y es que yo
me iré a la cárcel profunda
a estarme con él; mas no
porque jamás se presuma
que estoy preso, porque puedo
sin dificultad alguna
salir cuando yo quisiere.
¿Quién de mi libertad duda?
FUEGO
Entra en ella, que después,
aunque tú salir presumas,
no podrás ya.
ALBEDRÍO
No ha de ser
por fuerza eso, porque nunca
se ha de decir que me fuerzan
ni la Gracia, ni la Culpa.
Vanse; y aparece el Hombre, como primero, y la Sabiduría a su lado.
SABIDURÍA
Aquí le pienso dejar,
pues hoy su naturaleza
vuelve al término que empieza:
como río que del mar
nace y vuelve al mar, después
que el mundo movió, y así
salió de aquí y volvió aquí
el Hombre; el Eclesiastés
lo diga.
HOMBRE
Rey fui y, aunque
la tierra fuese mi madre,
competir puedo a mi padre,
pues ya mis venturas sé.
Ya sé que príncipe soy
y sé que dueño nací
del mundo…
Despierta.
Mas, ¡ay de mí!
¿Qué es aquesto? ¿Dónde estoy?
¿Esta no es de mi fortuna
la primera prisión fiera?
¿aquesta no es la primera
bóveda que fue mi cuna?
¿Pues quién, quién me ha reducido
a su rigor otra vez,
a mi llanto y desnudez?
¿Qué es lo que me ha sucedido?
SABIDURÍA
(A mí me toca el llegar
a desengañarle ahora.)
¿Es ya de despertar hora?
HOMBRE
Sí, hora es ya de despertar.
SABIDURÍA
Desde que te dije aquí
que del polvo habías nacido,
¿en un éxtasis dormido
hasta ahora has estado?
HOMBRE
Sí,
pues sueño mi dicha fue;
y bien el ser sueño advierte
ser imagen de la muerte
el sueño que yo toqué,
porque si del sueño ha sido
la muerte vivo traslado,
y la muerte, del pecado,
es verdad que yo he dormido.
Aquí el pecado fue sueño
de mis sentidos y así
en el pecado dormí,
que el pecado es más risueño.
SABIDURÍA
¡Ay de ti! que no supiste
aprovecharte del bien
y aunque ha sido verdad, bien
que fue soñado creíste;
porque el bien que se ha perdido,
porque el mal que se ha pasado,
ese nos deja soñado
que nos deja sucedido.
Príncipe eres, es verdad,
de ese reino, mas, crüel,
no te conservaste en él.
Llora, llora tu maldad
y aunque fuera sueño, bien
fuera hacer estos empeños,
príncipe, porque aun en sueños
no se pierde el hacer bien.
Vase.
HOMBRE
Es verdad. Pues reprimamos
esta fiera condición,
esta rabia, esta pasión,
por si ya otra vez soñamos.
Tratemos a todos bien,
ya grandes y ya pequeños.
Despertemos, que aun en sueños
no se pierde el hacer bien.
¡Elementos!
Salen los cuatro.
LOS CUATRO
Aquí estamos.
¿Qué nos mandas? ¿Qué nos quieres?
HOMBRE
Que me oigáis.
AGUA
Pues, tú, ¿quién eres
para mandar que te oigamos?
HOMBRE
¿Vuestro príncipe no soy
y de mi padre heredero?
Que obedezcáis en mí, espero,
la fee que jurasteis hoy.
FUEGO
Aunque jurado te habemos
con acciones lisonjeras,
no eres hoy el que ayer eras
y así no te conocemos.
ALBEDRÍO
Sois unos desconocidos,
mas de esta disculpa gocen:
que a muchos no se conocen
porque andan muy mal vestidos.
HOMBRE
Agua, ¿pues hoy tus cristales
de espejo no me sirvieron?
AGUA
Vidrios que lisonjas fueron
aun no dejaron señales
de haberlo sido, y de mí
ya no esperes sino enojos.
Agua pídela a tus ojos
para beber desde aquí,
que mi ancho seno profundo
más agua no te ha de dar
que la que ha de sepultar
el gran cadáver del mundo.
Vase.
HOMBRE
Fuego, ese rayo me da,
templado de duro acero,
que con él conquistar quiero
al mundo.
FUEGO
Este acero es ya
nube que rompe sus senos,
vapor que engendra desmayos,
y solo te ha de dar rayos
con relámpagos y truenos.
Vase, disparando una pistola.
HOMBRE
¡Oh, qué horror! Aire, si a ti
te duelen desdichas sumas,
viste mi aliento de plumas
para ir huyendo de aquí;
de este espanto me redime.
AIRE
Ya el aliento que me inflama
solo es un viento que brama,
solo es un cierzo que gime,
y así, entre tantos pesares,
solo verás a sus señas
caer sobre ti las peñas,
echar sobre ti los mares.
Vase.
HOMBRE
Madre Tierra, tus entrañas
abre y escóndeme dentro.
TIERRA
Es un abismo su centro
de desdichas más estrañas,
y solo han de ser despojos
que acompañen tus ruinas,
de las flores las espinas,
de las plantas los abrojos.
Vase.
ALBEDRÍO
¡Buenos habemos quedado!
HOMBRE
¿Qué es esto que por mí pasa?
Cielos que veis mis desdichas,
montes que miráis mis ansias,
doleos de mí, mirando
que todo, en un día, falta.
Yo del centro de la tierra,
que fue mi primera patria,
desposeído me veo
en el más supremo alcázar,
donde la naturaleza,
llena de adornos y galas,
para enamorar al sol,
cortó de vestir al alba.
¿No fueron flores y hierbas
las alfombras de mis plantas,
en la belleza conformes,
aunque en la color contrarias?
¿No fueron espejo mío
las fuentes, a cuya plata
para guarnición el sol
hizo marcos de esmeraldas?
¿No respiraron los vientos
aromas que en su fragrancia
desmintieron, naturales,
el artificio del ámbar?
¿No me dio luces el sol
y me hizo la sombra espaldas?
Pues, ¿quién de tanta grandeza,
tanta dicha, gloria tanta
me ha despojado? Que ya
el sol, sañudo, me abrasa,
el cierzo, airado, me hiela
y el agua, fría, me mata;
la tierra me rinde espinas,
el fuego rayos exhala;
nubes el sol. ¿No le ves
que ya el día desampara
y en parasismos de luz
solamente es lo que aguarda
el mar para sepultarle
que espire, si un paso anda,
y entre verdinegras olas,
que han de servir de mortaja,
está temiendo la tierra
que se caiga o no se caiga?
¡Qué hermoso día me huye!
¡Qué negra noche me aguarda!
Y es verdad que ya la sombra
sale arrastrando la falda.
Ya el cierzo furioso gime,
cruje el euro, el noto brama
y a los desaires del viento
troncos y peñas se arrancan.
Los bostezos de la tierra
el mar que crece los tapa
y, como a sus corazones
la respiración les falta,
están meciéndose a un tiempo
de terror sus cumbres altas,
caducan sus verdes cimas,
titubean sus montañas.
Las fieras contra mi pecho
afilan dientes y garras.
¿Tanto enajena una culpa,
que, desheredado, salga
de palacio y mis vasallos
todos contra mí se arman?
¡Oh, si fuera aqueste el sueño
de mi vida, qué desgracia
ser las penas verdaderas
y las venturas soñadas!
¡Oh, quién no hubiera dormido
en pecado! ¡Oh, si llegara
la hora de despertar,
como en la gloria pasada,
de los brazos de la Culpa
en los brazos de la Gracia!
LUZ
Dentro.
Nunca es tarde que yo siempre
respondo cuando me llaman.
SOMBRA
Dentro.
Siempre es tarde cuando tengo
yo la posesión tomada.
Salen la Luz, con el hacha muerta, y la Sombra, encendida.
ALBEDRÍO
Las dos vienen.
HOMBRE
Y las dos
traen, con acciones contrarias,
dos hachas: la de la Culpa
tiene encendida la llama
y la Luz, con ser la luz,
muerta y sin esplendor la hacha.
Bien se significa, bien,
pues la Sombra luz derrama
y la Luz infunde sombra,
que la lumbre de la Gracia,
donde hay Culpa, es lumbre muerta.
SOMBRA
Luz de luz, ¿qué es lo que aguardas
en esta prisión?
LUZ
Entrar,
pues el príncipe me llama.
SOMBRA
No podrás, porque yo tengo
todas las puertas cerradas.
ALBEDRÍO
¿Quieres que a decir que llegas
delante de esotra vaya?
HOMBRE
Sí.
ALBEDRÍO
Pues yo saldré.
SOMBRA
¿Quién va?
ALBEDRÍO
Yo soy.
SOMBRA
¿Dónde vas? Aguarda.
ALBEDRÍO
¿Adónde voy? ¡Eso es bueno!
¿A mí la puerta me guardas?
No soy yo el preso, bien puedo
salir de esta ciega estancia.
SOMBRA
No puedes sin mi licencia.
ALBEDRÍO
Sí puedo y es cosa clara.
SOMBRA
¡Deslumbrarante mis rayos!
Luchan.
ALBEDRÍO
Apagaré yo su llama.
LUZ
Pues, luchando, el Albedrío
la luz de la Sombra mata,
sígueme.
Mátale el hacha a la Sombra luchando y luego seenciende el hacha de la Luz.
ALBEDRÍO
De la prisión
el Albedrío te saca.
HOMBRE
La Luz tiene ya la luz,
cuando a la Sombra le falta.
Vase.
ALBEDRÍO
Sí, que, en muriendo la Culpa,
empieza a vivir la Gracia.
SOMBRA
Ciega he quedado sin luz.
¡Aire, Fuego, Tierra y Agua!
LOS CUATRO
¿Qué nos quieres?
SOMBRA
Que sigáis
al príncipe, porque falta
de la prisión.
AIRE
¿Quién le abrió
la puerta?
SOMBRA
La Luz de Gracia.
FUEGO
Sí haría, porque ella nunca
tuvo las puertas cerradas.
Tocan cajas.
TIERRA
Ya puesto en su libertad
al rey hacer guerra trata
con la gente que le sigue
y su príncipe le aclama.
AGUA
¿Quién son?
TIERRA
Sus cinco sentidos,
tres potencias, vida y alma.
AIRE
Conquistar quiere por fuerza
el reino.
AGUA
¿Con qué se arma?
FUEGO
Con sollozos, con gemidos,
con suspiros y con ansias.
TIERRA
Pues vencerále con ellas.
SOMBRA
Sí hará, que ya la campaña
con su sangre se salpica,
aunque sin volver la espalda
a la muerte, retirado
a un monte, en su cumbre alta
se ha subido el rey.
Descúbrese una cruz y a los lados el Verbo y el Hombre.
TIERRA
Al ruido
todos los cielos se pasman.
AIRE
Eclipse padece el orbe.
FUEGO
El templo su velo rasga.
VERBO
Hombre, ¿qué quieres de mí?
Ya ha cumplido su amenaza
el cielo, pues he llegado
a verme puesto a tus plantas,
herido y sangriento.
HOMBRE
Yo
he conquistado por armas
el imperio que era mío,
ayudado de la Gracia,
y ya que estoy victorioso,
del suelo, señor, levanta,
dándome este reino a mí,
pues de mi culpa pasada
un sueño ha sido la enmienda.
VERBO
Noble y generosa patria
del universo, este es
vuestro príncipe; soñada
fue su dicha, pero, ya
que el cumplimiento la alcanza,
es verdadera.
TODOS
Pues todos
nos rendimos a sus plantas.
ALBEDRÍO
Y don Pedro Calderón,
corte ilustre, villa sacra,
os pide que le supláis
de aqueste auto las faltas,
dando, con vuestra licencia,
fin de esta verdad tan clara
a este sueño de la vida
y grave verdad soñada.
Tocan chirimías y suben el Verbo en la cruz y el Hombre de rodillas. Ciérrase la apariencia y se dafin al auto.
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- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La vida es sueño, primera versión. La vida es sueño, primera versión. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc05.0