Personajes
- DON LUIS, galán
- DOÑA ANA, dama
- DON JUAN DE LARA, galán
- DOÑA MARÍA, dama
- DON DIEGO DE SILVA, galán
- DON BERNARDO, viejo
- GUZMÁN, criado
- INÉS, criada
- ESPINEL, criado
- JUANA, criada
Jornada I
En traje de noche salen don Luis y Guzmán.
GUZMÁN
Al amor, tiempo y fortuna
todo es posible, señor;
no hay cosa que a su rigor
se defienda.
DON LUIS
Si no es una;
una sola es imposible.
GUZMÁN
¿Y cuál juzgas?
DON LUIS
La mujer,
cuando da en aborrecer,
que es su condición terrible,
si ya con fuerza suprema
el gusto y la bizarría
hace del rigor porfía
y hace del agravio tema.
GUZMÁN
A la opinión respondiera,
defendiendo las que son
de aquesa regla excepción,
si ya tan tarde no fuera.
Éntrate a acostar, que el alba,
en los brazos de la aurora,
aljófar y perlas llora,
y los pájaros con salva
despiertan al sol.
DON LUIS
¡Qué poco
descansará mi dolor!
GUZMÁN
Siempre duerme poco amor.
DON LUIS
Por lo que tiene de loco.
GUZMÁN
Entremos en casa presto,
que yo, como no he querido,
estoy al sueño rendido.
DON LUIS
Vamos, pues.
Cuchilladas dentro.
Pero ¿qué es esto?
GUZMÁN
El ruido adelante pasa.
DON LUIS
¿Es dentro de casa?
GUZMÁN
Sí.
DON LUIS
¿Cuchilladas –¡ay de mí!–
a estas horas y en mi casa?
Quién son tengo de mirar.
GUZMÁN
Ya ellos nos dicen que son
hombres de honra y de opinión.
DON LUIS
¿Por qué?
GUZMÁN
Riñen sin hablar.
DON LUIS
Entra conmigo.
GUZMÁN
Sí haré,
mas ya a la calle han salido.
Salen riñendo don Juan y otro. Embózanse don Luis y Guzmán.
DON LUIS
(Cubierto y desconocido,
mejor la ocasión sabré
Aparte.
de mi agravio y mi deshonra).
Por caballeros, si acaso
A ellos.
un hombre que sale al paso
con obligaciones de honra
algunas treguas previene
a vuestro acero...
Cae el uno dentro del vestuario.
UNO
Dentro.
¡Ay de mí!
¡Muerto soy!
DON JUAN
Y a mí de aquí
ausentarme me conviene.
DON LUIS
Caballero, a mí también
me conviene el deteneros,
hablaros y conoceros,
que en esta calle no es bien
que nos dejéis empeñados
a un notable desconcierto
en poder de un hombre muerto.
DON JUAN
Caballeros embozados,
si el advertir, si el mirar
a un hombre ya tan restado
en vuestro necio cuidado
no ha merecido lugar,
dádmele por mí, pues no
os va nada en conocerme,
o el lugar habré de hacerme
con aquesta espada yo,
que, aunque sois dos, ¡vive Dios
que aquí no me dais cuidado!,
que un hombre de bien restado
una vez vale por dos.
DON LUIS
Si restado en un teatro
sangriento el hombre de bien
importa por dos, también
los dos valdremos por cuatro:
también estamos los dos
restados; también tenemos
los dos valor y os habemos
de conocer, ¡vive Dios!
DON JUAN
Justicia debéis de ser,
que tanto esfuerzo habéis puesto
en conocerme; y, supuesto
que ello, hidalgos, no ha de ser
y que yo lo he de estorbar
como pueda, ya que aquí
no habéis de pensar de mí
que lo haré por escusar
la pendencia, sino solo
por guardarme y encubrirme,
disponeos a seguirme,
que desde este al otro polo
mi aliento llegar desea,
si así me puedo encubrir,
que quien me ha visto reñir
poco importa que me vea
correr, pues haciendo alarde
de valiente y recatado
verá que huye de alentado
quien no huyera de cobarde.
Vase.
DON LUIS
Síguele, Guzmán.
GUZMÁN
Apenas
el viento podrá.
DON LUIS
¿Qué haremos
en tan dudosos estremos
de desdichas y de penas?
GUZMÁN
Señor, si el riesgo miramos
que en esta calle tenemos,
muerto un hombre, mal hacemos
en estar en ella. Vamos
a casa, pues lo que aquí
puede detenernos es
saber quién es, y después
ello se sabrá, que así
encubrirse no es posible,
y al fin seguros sabremos
lo que ahora no podemos
sin la evidencia infalible
de encontrarnos aquí –y más
si amanece– alguien que oyó
que de tu casa salió
la pendencia.
DON LUIS
Tú me das,
Guzmán, el mejor consejo,
si mi pena y rabia fiera
para admitirle estuviera.
GUZMÁN
Al tiempo tus dudas dejo.
DON LUIS
No me determino en esto,
porque en grande riesgo estoy
si me quedo y si me voy.
¡Ay, hermana, en qué me has puesto!
Sale Espinel.
ESPINEL
(Ya la calle sosegada
de la pendencia se ve;
agora salir podré
sin recelarme de nada).
GUZMÁN
(Otro hombre solo ha salido
de casa).
DON LUIS
(¡Ay, rigor cruel!).
GUZMÁN
(¿Qué hemos de hacer?).
DON LUIS
(Saber dél
lo que habemos pretendido).
¿Quién va?
ESPINEL
Si este acero ya
ocupado el paso tiene,
pregunte quién se detiene
y no pregunte quién va,
pues no va un hombre que aquí
no tiene por dónde pueda
y, más que se va, se queda.
DON LUIS
Diga quién es.
ESPINEL
Eso sí.
Agora que ha preguntado
en forma, responderé
quién fui, quién soy y seré.
DON LUIS
Decid presto.
ESPINEL
Soy crïado
de un honrado caballero
andaluz y granadino
que a la corte a un pleito vino
con más amor que dinero.
Este aquí gastando pasa
la vida, y fue de su llama
causa, señor, una dama
que vive en aquesta casa.
Hoy que en ella hemos entrado
a acechar por una reja
de ese patio, que no deja
mayor lugar el cuidado
de un caballero que es
su hermano, un hombre se entró
tras nosotros, que obligó,
o atrevido u descortés,
a decir que qué esperaba.
Él, o galán o celoso
de la dama, muy brioso
le respondió que allí estaba
porque en el mundo no habría
quien del puesto le quitase,
estorbase o no estorbase.
Entonces la bizarría
de mi amo respondió
con el acero; riñeron
y hasta la calle salieron;
lo demás no lo vi yo,
porque entre el confuso ruido,
entre el rigor impaciente,
yo, como no soy valiente,
me quedé en casa escondido,
porque fuera cobardía
reñir con quien solo estaba
dos, y donde yo me hallaba
hubiese superchería.
Esta es la trágica historia
y, pues habréis entendido
quién yo soy, seré y he sido,
aquí paz y después gloria.
DON LUIS
(¡Válgame el cielo! ¿Qué haré?
Mi duda en tus manos dejo,
Guzmán).
GUZMÁN
(Señor, mi consejo
es ahora el que antes fue:
retirémonos del daño
que aquí tan preciso ves;
te satisfarás después
si, como te desengaño,
te pudiera consolar,
pues si este hombre más supiera,
más dijera.
ESPINEL
Sí dijera;
mirad si hay qué preguntar,
que yo no me atrevo a ir
sin licencia de los dos.
DON LUIS
(¡Estoy por matar, por Dios,
a este hombre!).
GUZMÁN
(Eso es decir
quién eres, y mejor es
no darte por entendido,
sino cuerdo y atrevido
salir a todo después).
DON LUIS
El nombre al punto declara
de tu amo.
ESPINEL
Eso al instante,
que soy doncel de Clarante.
Llámase don Juan de Lara.
DON LUIS
No le conozco.
ESPINEL
Es favor
del cielo. Al mismo pluguiera
que yo no le conociera.
Pero ¿no me dais, señor,
licencia?
DON LUIS
De mala gana.
ESPINEL
Yo tan obediente soy
que de muy buena me voy.
Vase.
DON LUIS
¡Ay, honra mía! ¡Ay, hermana!
Mas tu acuerdo he de tomar:
a la fortuna dejemos
este suceso y entremos
en casa a disimular
las penas y los enojos
haciendo a nuestros agravios
estrecha cárcel los labios,
última línea los ojos.
Yo fingiré mis desvelos,
porque es un despertador
de las horas del amor
el hombre que pide celos;
y así, en callar y fingir
más el valor se acrisola,
que celos de la honra sola
una vez se han de pedir.
Vanse. Salen doña Ana y Inés.
INÉS
¡Qué hermosa te has levantado!
Esta vez sola, señora,
no hiciera falta la aurora,
cuando en su cristal nevado
dormida hubiera quedado,
pues tu luz correr pudiera
la cortina lisonjera
al sol, siendo sumiller
de uno y otro rosicler,
deidad de una y otra esfera.
El toque de la hermosura
dicen que es en una dama
verla salir de la cama.
Oh qué vana y qué segura
tu beldad llegar procura
de la esperiencia al crisol.
Bien el concepto español
dijera, viéndote ahora,...
ANA
¿Qué?
INÉS
Que en tus ojos, señora,
madrugaba el claro sol;
si llegara a verte asi.
Quien te amó sin que te viera
con más ocasión perdiera
alma y libertad por ti.
Oh, lo que dijera aquí
quien a tu rigor se ofrece,
quien a tus desdenes padece,
don Luis...
ANA
La lengua detén,
que eres la primera en quien
la alabanza desmerece.
Tu discurso, dando igual,
Inés, el gusto y enfado,
fue caballo desbocado;
corrió bien y paró mal.
INÉS
No te precies de leal
tanto, porque no ofendió
a quien tu amor mereció
mi voz. ¿Qué señora se enfada,
señora, de ser amada?
ANA
Yo sola, Inés, porque yo
temo en pensarlo que ha sido
ofendido aquí el honor.
INÉS
Las ceremonias de amor
ese escrúpulo han tenido
en el pecho del marido,
pero en el galán no es justo,
que uno es honor y otro es gusto,
y no advertir es error
lo que hay del gusto al honor.
ANA
¡Qué argumento tan injusto!
Ofender, Inés, no es bien
lo que ha de quererse, y piensa
que quien al gusto hace ofensa
se le hará al honor también,
que, si en el alma se ven
gusto y honor, quien provoca
su ofensa, atrevida y loca,
al alma ofende, y no es justo
porque el agravio del gusto
también al alma le toca.
Yo –bien lo sabes– ya oí
a don Diego, ya le amé;
elección y fuerza fue:
fuerza, porque me rendí;
y elección, porque me vi
con sus prendas estimadas
gustosa; y, así, me enfadas,
y es tiranía pensar
que hayan las amas de amar
al gusto de sus criadas.
Salen doña María y Juana.
MARÍA
¡Qué descuidada estarías
de tener, bella doña Ana,
visita tan de mañana!
Dete Dios muy buenos días.
ANA
Si tú los rayos envías
del día al amanecer,
es fuerza que hayan de ser
muy buenos. ¡Dame los brazos!
MARÍA
Serán nudos, serán lazos
a quien no pueda romper
la muerte.
ANA
Ven al estrado.
MARÍA
No; bien estamos aquí.
Siéntate, porque de ti
Toman sillas.
vengo a fiar un cuidado
tan grande que me ha dejado
con vida, porque no fuera
gran cuidado el que pudiera
darme a mí la muerte, pues
la pena que mata es
la pena más lisonjera.
ANA
Que es el rostro oí decir
en el gusto o la pasión
un papel del corazón
donde se suele escribir
la pena y, si yo argüir
puedo de ti alguna cosa,
sin duda es pena dichosa
la que tu pecho recibe,
pues en tu rostro se escribe
con jazmín, clavel y rosa.
MARÍA
¡Ay, amiga, muerta vengo!,
y solamente de ti
me atrevo a fiar aquí
un gran disgusto que tengo.
ANA
Ya para oír me prevengo;
prosigue.
MARÍA
Conmigo lucha
la vergüenza, porque es mucha,
y muchas las ansias mías.
ANA
Bien sabes de quién te fías.
Di; no temas.
MARÍA
Pues escucha:
yo, bellísima doña Ana, [romance é]
que ya negarte no es bien
secretos que tantas veces
a mí misma me negué,
yo –no sé por dónde empiece,
pero ¿qué importa?, si sé
por dónde acabe, ¡ay de mí–,
yo vi, yo quise, yo amé:
ya no tengo qué dudar
ni tú tienes qué saber,
pues en que yo amé se cifran,
por decirlas de una vez,
cuantas desdichas pudiera
repetir y encarecer.
No fue la mayor de todas,
con ser tan grande, el querer,
sino las que se siguieron
a la primera, porqué
nunca viene solo un mal,
y así en el mundo se ve
que del mal que viene solo
se debe dar parabién.
El favor que mereció
de mí un caballero fue
dar licencia a ojos y oídos
para oír y para ver
lo turbado de la voz,
lo advertido de un papel.
Mirábale, pues, de día;
de noche le hablaba, pues,
por una reja a las horas
que mi hermano, amante fiel
de tu hermosura, rondaba
tu calle, que ya lo sé
todo, pues hasta esto debo
agradecerte también.
Anoche, estando conmigo,
sentimos, doña Ana, que
a la reja se acercaba
con lento y turbado pie
un hombre; causó a los dos
grande novedad, por ser
dentro de casa la reja
donde hablábamos, si bien
a mí me dio al corazón
que era un caballero a quien
–y fue la verdad– había
muchos años mi desdén
desengañado. Don Juan,
en viéndole, se fue a él.
Pocas razones se hablaron,
que yo apenas escuché,
cuando al acero los dos
de la causa hicieron juez,
mira, tú, valido este;
mira, tú, celoso aquel,
cómo los dos reñirían;
y bien se deja entender,
que con celos y favores
dicen que se riñe bien.
Salieron, pues, a la calle,
donde –¡ay, amiga, no sé
cómo prosiga!– cayó
muerto el uno; echa de ver,
pues que yo quedé con vida,
que el aborrecido fue,
si bien es fuerza que sienta
el caso por mí y por él,
que, al fin, le costó el quererme
la vida, y no fuera ley
humana que hasta las aras
le acompañase cruel.
Vino mi hermano a este tiempo;
lo que vio yo no lo sé;
lo que ha sospechado, sí,
pues, aunque se quiso hacer
desentendido, me dio
con acciones a entender
su sentimiento, que agravios
no se disimulan bien.
Con esto, apenas el día
empezaba a amanecer,
cuando vine a darte parte
de mi desdicha y también
a fiar de ti mi alma,
mi honor, mi vida y mi ser.
Lo que tú has de hacer por mí,
lo que de ti quiero, es
que con secreto me guardes
estos papeles que ven
tus ojos y este retrato,
que no es bien que en mi poder
estén prendas que descubran
los estremos de mi fe
cuando, celoso, mi hermano
dellos pudiera saber
su agravio, porque hablan mucho
una pluma y un pincel.
Secretario de mi amor
tu pecho, amiga, ha de ser;
archivo, tu corazón:
guárdame secreto en él
y no leas, por tu vida,
aunque en tu poder estén,
los papeles que te doy,
porque, aunque discreto es
su dueño, a una necedad
la da estimación tal vez
la ocasión en que se dice,
y no es discreto un papel
sino en manos de su dueño,
que quien desde afuera ve,
como ignorante de amor,
nada le parece bien.
ANA
Bien pudiera, amiga hermosa,
tu pena en la condición
más dura hacer impresión
por tuya y por amorosa;
mira lo que hará en un pecho
que te quiere, y finalmente
que ya por tan propria siente
tu desdicha, satisfecho
de que perderá por fiel
la vida y alma por ti.
Mira qué quieres de mí;
mira lo que quieres dél,
porque guardarte un retrato,
dos papeles y un secreto
son acciones, te prometo,
a que el pecho más ingrato
no se pudiera negar,
cuanto más, amiga, el mío,
que sin razón ni albedrío
tan obediente ha de estar
a tu gusto, y pues que sabes
que esta es sencilla verdad,
no fío la voluntad
a juramentos más graves;
y dime, para que yo
sin temer ni dudar nada,
de todo quede informada,
qué escándalo se causó
en la calle y qué se dice
del muerto y qué hicieron dél.
MARÍA
Aquel asombro cruel,
aquel estrago infelice,
en una silla llevaron
a su casa, y solo sé
que la voz entonces fue
de que acaso le mataron
en la calle, sin que alguno
dijese cómo ni quién,
que no se sabe.
ANA
Está bien,
y, ya el fracaso importuno
sucedido, dicha ha sido
no darte la culpa a ti
y haberse callado así
que de tu casa ha salido
la pendencia.
MARÍA
En este estado
está mi pena hasta hoy
y, porque es tarde, me voy,
que no me deja el cuidado
que he traído sosegar.
ANA
Pésame de que haya sido
cuidado el que te ha traído,
y con tanta causa, a honrar
mi casa; solo te pido,
en noble satisfación
de la amistad y afición
con que siempre te he servido,
me avises de cuanto pase,
que ya ves cómo me dejas.
MARÍA
Mis lágrimas y mis quejas
quiso amor que mitigase
a tus umbrales, y así
a consolarme vendré
de todo a ellos.
ANA
Ya sé
que me dejas prenda aquí
que te traerá alguna vez,
porque, estando el dueño ausente,
podrá el retrato...
MARÍA
Detente,
porque hago al cielo juez
que, aunque le estimo y le quiero
y pudiera traerme, ya
tu amor, doña Ana, será
el que me traiga primero.
Vanse.
ANA
¿Inés?
INÉS
¿Señora?
ANA
¿Has oído
todo lo que pasa?
INÉS
Sí,
y dudar eso de mí
pregunta escusada ha sido
por dos razones.
ANA
¿Y son?
INÉS
La una, porque sirviendo
era forzoso que, viendo
a mi ama en conversación,
yo me llegara a escuchar
lo que hablaba, que esta es
ley nuestra, porque después
tuviese qué murmurar.
ANA
Hablando quedo decía
una dama que llamaba
su criada –y no mentía–,
que lo que más quedo hablaba
era lo que más sentía.
INÉS
Es la segunda razón
para haberlo yo sabido
haber con Juana tenido
aparte conversación,
y nosotras no tenemos
otra cosa de que hablar,
sino solo de contar
todo aquello que sabemos
de nuestras amas, y así,
por dos partes lo supiera,
pues Juana me lo dijera
cuando no lo oyera aquí.
ANA
Pues ya que todo lo sabes,
¿no miraremos, Inés,
quién aquel adonis es
que causa estremos tan graves
en condición tan altiva?
INÉS
El retrato lo dirá.
ANA
Ten los papeles allá.
Dale unos papeles y ve el retrato.
INÉS
Descubre esa imagen viva
a quien pincel y color
dan alma para que aquí
sepa hablar. Mas ¡ay de mí!
ANA
¿Qué ha sido eso?
INÉS
¡Mi señor!
ANA
Ten, guarda el retrato luego.
INÉS
Cóbrate, que te has turbado.
ANA
No estoy en mí; ten cuidado.
INÉS
Entre bobos anda el juego.
Mas leyendo un papel viene;
no trae recelo de nada.
Sale don Bernardo leyendo un papel y Espinel, crïado.
ANA
Parece que no le agrada
lo que la letra contiene.
DON BERNARDO
Lee.
En estraña confusión
me ha dejado este papel.
¿Qué querrá decirme en él
don Juan?, que la prevención
y la brevedad declara
gran secreto y gran cuidado).
Decidme vos, ¿sois crïado
del señor don Juan de Lara?
Pero no me respondáis
hasta que solos estemos,
porque temo los estremos
que él escribe y vos mostráis.
Ana, ¿tú estabas aquí?
ANA
Que acabases de leer
esperé para saber
de tu salud y de ti.
DON BERNARDO
Yo estoy bueno; vete ahora,
porque me importa quedar
solo, que tengo que hablar
con este hidalgo.
INÉS
(¡Ay, señora!
¿Qué haré del retrato?).
ANA
(Inés,
esperar adentro un rato
a mi padre, que el retrato
ya le veremos después).
Vanse.
DON BERNARDO
Decidme agora, soldado,
¿sois crïado de don Juan?
ESPINEL
Mis desdichas lo dirán.
DON BERNARDO
¿Qué es esto que le ha pasado,
que con tantas prevenciones
me escribe?
ESPINEL
Yo no lo sé,
porque a esas horas me hallé
rezando mis devociones:
anoche le sucedió
allá no sé qué desmán.
DON BERNARDO
Mocedades de don Juan
serían.
ESPINEL
Más pienso yo
que vejeces.
DON BERNARDO
¿Fue de amor
la causa?
ESPINEL
Si te confieso
la verdad, amor fue.
DON BERNARDO
Y eso
¿no es mocedad?
ESPINEL
No, señor,
sino vejez.
DON BERNARDO
¿Qué pasó?
ESPINEL
No lo sé, pero yo infiero
que dio muerte a un caballero.
DON BERNARDO
¿Qué decís?
ESPINEL
Lo que él contó.
DON BERNARDO
¿Muerte a un caballero?
ESPINEL
SÍ.
DON BERNARDO
¿Y esta no fue mocedad?
ESPINEL
Herejía es en verdad
creer eso.
DON BERNARDO
¿Cómo así?
ESPINEL
A Caín traigo por juez,
la fe en la Escritura advierte
que no es mocedad dar muerte,
sino la mayor vejez.
DON BERNARDO
Qué gracias, señor, tan frías;
dejadlas ya, porque son,
para quien habla en razón,
necias las bufonerías;
y decidme, ¿dónde queda
don Juan?
ESPINEL
En San Sebastián
espera un coche don Juan
de un amigo, donde pueda
venir acá, que no quiso,
porque no os canséis, por Dios,
que fuésedes allá vos;
y, así, criado de aviso
vine yo.
DON BERNARDO
Pues vamos presto,
que no quiero que de allí
salga y suceda por mí
un disgusto.
ESPINEL
Ya es en esto
la diligencia escusada,
que don Juan del coche sale.
Sale don Juan.
DON JUAN
Bésoos la mano, señor
don Bernardo.
DON BERNARDO
Dios os guarde,
señor don Juan.
DON JUAN
Novedad
os habrá hecho muy grande
el papel y la visita.
DON BERNARDO
Estilo estraño y lenguaje,
pero dispuesto a serviros
con mi hacienda, con mi sangre,
con mi honor y con mi vida.
DON JUAN
Tomad silla y escuchadme.
Ya sabéis el amistad
Siéntanse.
que profesáis con mi padre,
señor don Bernardo, y ya
sabéis que es fuerza ampararme
por él, por vos y por mí
en cualquier desdicha o trance
que me suceda: por él,
por las grandes amistades
que los dos tenéis cursadas
en las escuelas de Marte,
donde a ser buenos amigos
aprenden los que las saben;
por mí, porque hoy en la corte
no tengo en mi amparo a nadie;
por vos, porque sois quien sois,
y es fuerza que pechos tales
amparen y favorezcan
a quien humilde se vale
de su favor; y, asentado
que habéis, señor, de ayudarme
por él, por vos y por mí,
voy con el caso adelante.
Anoche, por no cansaros
con ocasiones bien grandes,
a las puertas de una dama
principal, ilustre y grave,
a un caballero, señor,
di la muerte en una calle.
Deste suceso no sé
si se ignora o si se sabe
el agresor; y, así, estoy
en este caso cobarde,
porque hay crïados que fueron
de mi amor participantes.
Si me estoy en mi posada,
es muy posible buscarme,
hallarme en ella y prenderme;
si pretendo que me guarde
iglesia o embajador,
es darme luego por parte
y culparme yo a mí mismo;
y, así, quisiera a una parte,
ni público ni secreto,
unos días retirarme.
Con esto estaré a la mira,
seguro que no me hallen
si me buscan y, si no
me buscan, aventurarse
puede poco en esconderme,
que, aunque pudiera indiciarme
la fuga, no es en la corte
esto posible ni fácil
a un forastero echar menos.
No tengo de quién fiarme
sino de vos; ved ahora
dónde podré estar y amparen
vuestros años a un rendido
huésped que de vos se vale;
amigo, criado y esclavo
que llega a vuestros umbrales,
que en vuestras manos se pone
y que a vuestras plantas yace.
DON BERNARDO
Vos discurristeis tan bien
a riesgos y hostilidades
que a mi discurso, don Juan,
poco o nada le dejasteis
que hacer por vos. Bien decís,
pues, estando en una parte
retirado, podré yo
secretamente informarme
de todo lo que se dice
o se imagina o se sabe,
y, conforme esto, veremos
lo que convenga; y, pues tales
discursos no me dejaron
lugar a mí de mostrarme
en esta parte advertido,
liberal en esta parte,
quiero hacer algo por vos;
y, así, en tanto que ahora pase
la furia, ha de ser mi casa,
don Juan, la que os tenga y guarde.
No tenéis que disculparos,
que fuera necio desaire
venir a mí por consejo
y volveros sin tomarle.
DON JUAN
Dadme mil veces los brazos.
DON BERNARDO
Solo ahora falta, escuchadme,
que los crïados que os vieron
ahora entrar se desengañen
de que os volvisteis; y, así,
es el desvelo importante.
Despedid ese cochero;
demos la vuelta a otra calle;
y entraremos sin que os vean.
DON JUAN
Para todo es bien que halle
favor el que en vos le busca.
Vase.
DON BERNARDO
Ya os sigo; salid adelante.
¿Ana?
ANA
¿Señor?
Sale.
DON BERNARDO
Ese cuarto
bajo, que a esta cuadra sale,
se aderece, que tenemos
huésped. A Dios.
ANA
Él te guarde.
Sale Inés.
INÉS
¿Se fue señor?
ANA
Ya se fue.
INÉS
Puesto que solas estamos,
este retrato veamos
de aquel adonis, porqué
muero de verle.
ANA
¿Y en eso
qué te va?
INÉS
Graciosa estás:
saber una cosa más
que contar después.
ANA
Confieso
que es curiosidad que a mí
me ha movido. Muestra, pues,
ese retrato.
INÉS
Este es.
Ruido.
ANA
Mas mira quién anda allí.
INÉS
¡Ay, señora!
ANA
¿Qué?
INÉS
Don Diego,
que, como a tu padre vio
salir fuera, en casa entró.
ANA
Agora a más penas llego,
pues, de verme a mí con él,
gran disgusto me prometo,
o he de romper el secreto.
Lance será más cruel
si le ve que si le viera
mi padre.
INÉS
Aun bien que sabemos
la escapatoria.
ANA
¿Qué haremos?
INÉS
Lo mismo que antes.
ANA
Espera,
que ahora yo le esconderé.
Mas ¡ay!
INÉS
¿Qué fue?
ANA
Cayó al suelo.
Cáesele.
Si le alzo, daré recelo.
INÉS
Pondrele yo encima el pie.
ANA
Pues no te apartes de ahí.
INÉS
El pisarle no dilato.
ANA
¡Válgate Dios por retrato!
Sale don Diego.
DON DIEGO
Luego que a tu padre vi,
Ana hermosa, me atreví
a entrar a verte, y no ha sido
poco, pues me ha sucedido
una desdicha tan fuerte,
que a mi primo han dado muerte;
ya verás si lo he sentido.
Pero, ¿cómo me recibes
tan cruel? ¿Qué novedad
divierte tu voluntad?
O ¿por qué enojada vives?
Que en tu rostro hermoso escribes
penas y enojos. Turbada
estás, al color negada
de tus mejillas. ¿Qué ha sido?
¿Qué tienes? ¿Qué ha sucedido?
ANA
Engáñaste, porque nada
me suspende ni divierte.
¿Qué novedad es en mí
turbarme de verte aquí
con el riesgo que se advierte
si mi padre...?
DON DIEGO
De otra suerte,
doña Ana, me recibías
otras veces, y tenías
el mismo riesgo que agora.
¡Oh, cómo el alma no ignora...
ANA
Prosigue.
DON DIEGO
...desdichas mías!
ANA
¿Qué ves tú de que lo arguyas?
DON DIEGO
La lengua aquí pronunció
desdichas mías por no
decir...
ANA
¿Qué?
DON DIEGO
Mudanzas tuyas.
Y, para que al fin concluyas
de una vez en darme muerte,
quédate con Dios y advierte
que en sentimiento tan justo,
para no verte con gusto,
tengo por mejor no verte.
ANA
¿Así, don Diego, te vas?
¡Espera!
DON DIEGO
O me tengo de ir,
doña Ana, o me has de decir
de qué tan turbada estás,
que en tu semblante me das
muestras de gran sentimiento.
INÉS
Yo te lo diré; oye atento.
ANA
(¿Qué has decirle, si aquí
no hay nada?)
INÉS
(Fía de mí,
que hablarle verdad intento).
Está triste mi señora,
y es muy justa su querella.
DON DIEGO
Calla, Inés, el labio sella.
Ya que mi vida no ignora
que has tenido causa agora
de estar triste, di, ¿qué es?
Retírate tú allá, Inés,
y dirasme luego a mí
esa ocasión, porque así,
si no conforman después
los dos dichos, sabré yo
que me tratas con engaño.
(Para ver un desengaño,
esta industria me enseñó
la justicia).
ANA
Pues llegó
a ese examen tu cuidado,
retírate aquí a este lado
y direte lo que ha sido.
¿Oyes, Inés?
INÉS
Ya he entendido.
Lleva a don Diego hacia delante y hace señas a Inés.
DON DIEGO
¿Qué la dices?
ANA
¿Yo la he hablado?
Porque no pienses de mí
eso, antes digo que, cuando
contigo esté aparte hablando,
no se quite ella de allí;
clavada has de estar ahí,
Inés.
Pónese Inés sobre el retrato.
DON DIEGO
Pues dime en secreto
quién ocasionó este efeto
de tu tristeza.
ANA
Aquí ha sido
un enfado que he tenido
con mi padre, y te prometo
que, porque son niñerías
caseras, he resistido
el que tú lo hayas sabido,
porque fueran boberías
contarte a ti demasías
del que a ser viejo llegó;
si se gastó o no gastó
cosa que, si en casa pasa,
es buena dentro de casa,
mas, para contada, no.
Aparta [don Diego] a doña Ana y llama a Inés.
DON DIEGO
Ya tú has dicho. ¿Inés?
INÉS
No puedo
dar paso adelante yo:
mi señora me mandó
que me estuviese a pie quedo;
tengo a sus preceptos miedo;
de aquí no me he de quitar.
Como tudesco he de estar
resistiendo yelo y fuego.
Lléguese el señor don Diego
si tiene qué preguntar.
ANA
Vete.
INÉS
¿Quieres tú?
ANA
¿Pues no?
Y, si sospecha tuviste
[A don Diego.]
dónde Inés estaba –¡ay, triste!–,
me quedaré agora yo.
Háblala allá.
DON DIEGO
¿Quién causó
la tristeza de doña Ana?
INÉS
(¿Qué le diré?). Esta mañana...
Vuelve doña Ana al puesto de Inés; quiere coger el retrato y velo don Diego.
ANA
(¡Oh, si yo coger pudiera
el papel sin que me viera!).
DON DIEGO
¡Aguarda, que no fue vana
mi sospecha! ¿Qué papel
es este que está en el suelo?
INÉS
¿Papel?
DON DIEGO
Sí.
ANA
¡Válgame el cielo!
¡Qué sospecha tan crüel!
DON DIEGO
Pero, si saberla dél
puedo, ¿por qué a dudar llego?
INÉS
(¡Dimos con todo en el fuego!).
ANA
(¡Temor, el alma me robas!).
INÉS
(Paréceme que entre bobas
anduvo esta vez el juego).
DON DIEGO
Retrato es, y dice así
el papel en que está envuelto:
«Enviándole a su dama
con un retrato. Soneto.
Cuando sutil pincel me repetía,
yo en vos, hermoso dueño, imaginaba
y tanto en vos mi amor me transformaba
que en vos el alma más que en mí vivía.
Y así, cuando volver quiso a la mía,
ya en dos mitades dividida estaba,
y ella entre dos semblantes ignoraba
a cuál de aquellos dos asistiría.
Así el retrato, a quien el alma muestro
–partiéndole mi amante desvarío–
por parecerle mío, va a ser vuestro
y, por ser vuestro, ya parece mío,
porque el pincel le iluminó tan diestro
que retrató también el albedrío».
El castellano epigrama
es docto, elegante y cuerdo,
y de conceptos y voces
florido, elegante y crespo.
Abrió con llave de plata,
para cerrar el concepto
con llave de oro; advertido,
guardó rigor y precepto
en retrato y en papel;
iguales se compitieron
pincel y pluma; retrata
el pincel gala en el cuerpo,
brío y perfección; la pluma
pinta en el alma el ingenio.
Tomad soneto y retrato,
y goceisle, ruego al cielo,
en vida del nuevo amante,
por muchos años y buenos;
y adiós, que las quejas fueran
buenas sobre amor y celos,
pero sobre agravios no,
y estos son agravios ciertos.
ANA
¿Ha dicho vuesa merced?
Pues escuche agora atento;
diré yo.
DON DIEGO
¿Qué has de decir?
ANA
Mis disculpas, con que puedo
satisfacerte.
DON DIEGO
Podrás
poco o mal, y así no quiero
escuchar satisfaciones
que me maten.
ANA
Yo me acuerdo
de que otra vez me dijiste,
don Diego, en un caso destos:
«dame una satisfación,
que, aunque sepa yo de cierto
que es mentira, la creeré,
engañándome a mí mesmo,
porque te disculpes tú».
DON DIEGO
Es verdad, yo lo confieso,
mas ¿sabes tú lo que va
desde sospechos de celos
a evidencias?
ANA
¿Cuáles son?
DON DIEGO
Turbarte tú, lo primero;
engañarme, lo segundo;
hallar el retrato puesto
a tus pies, que, aunque pintado,
te reconoció por dueño.
ANA
Turbarme yo no fue culpa.
DON DIEGO
Pues ¿qué pudo ser?
ANA
Respeto,
que debes agradecerme;
ponerle a mis pies, trofeo
de tu amor, pues, porque entrabas,
hice dél tanto desprecio.
DON DIEGO
A todo has de hallar razones.
Yo me rindo y desde luego,
si quieres satisfacerme,
me daré por satisfecho,
a trueco de que me dejes
ir.
ANA
Pues oye y vete luego.
DON DIEGO
¿Qué querrás decirme? ¿Que este
retrato es de un caballero
que vino a ver a tu padre?
¿Que se le cayó en el suelo?
¿Querrás decirme que ha sido
un tratado casamiento
y que tu padre le trajo
quizá porque es forastero?
¿Querrás decirme que fue
de una amiga que, por miedo
de su padre o su marido,
te le trajo a ti en secreto?
¿Cuál destas cosas eliges
por disculpa? Dila presto,
que, porque me dejes ir,
la que tú escogieres creo.
¿Quieres más?
ANA
No quiero más,
que ya solamente quiero
que te vayas.
DON DIEGO
¿Que me vaya?
ANA
Que te vayas, pues fue cierto
que, si te detuve, fue
por decirte de secreto
la verdad. Ya tú la sabes;
una es de las que has propuesto,
y, así, ni tú qué saber
ni yo qué decirte tengo.
DON DIEGO
Ya que yo he dado las armas,
doña Ana, contra mí mesmo,
sola una cosa te pido,
y es...
ANA
No temas; dila presto.
DON DIEGO
Que, pues tienes tres disculpas
en que escoger y yo creo
que es lo mismo una que otra,
que elijas el casamiento,
que es de los tres menor mal.
ANA
Pues ¿no fuera más mal, siendo
el galán que le perdió?
DON DIEGO
No, porque es claro argumento
que una mujer principal
nunca dijo «galán tengo»
y «tengo marido» sí,
con que son mayores celos
de marido cuanto va
de ser dudoso a ser cierto,
pues aquesto es sospechoso
y esotro fuera saberlo.
ANA
Pues ni celos de marido
ni de galán son ni fueron,
que una amiga me le dio.
DON DIEGO
Tomaste el mejor consejo.
ANA
Sí, que es decir la verdad.
DON DIEGO
Pues dime cuál es, supuesto
que ya lo sé.
ANA
Es imposible.
DON DIEGO
¿Por qué?
ANA
Impórtame el secreto.
DON DIEGO
¿Importa más que mi vida?
ANA
Baste decir que no puedo
decirlo.
DON DIEGO
No es grande amor
amor que guarda silencio.
ANA
Importan honras y vidas
los secretos.
DON DIEGO
Yo lo creo,
mas honras y vidas saben
aventurarse queriendo.
ANA
Las proprias sí.
DON DIEGO
¿Y es ajena
la mía?
ANA
No, mas por eso
te desengañé.
DON DIEGO
No hicieras
si yo no diera el remedio,
u dime quién es la amiga
o no lo creeré.
ANA
No puedo.
DON DIEGO
Mujer eres, poco importa
que descubras un secreto.
No aspires, doña Ana, a ser
el prodigio destos tiempos.
ANA
Quien fue prodigio de amor,
sabrá serlo del silencio.
DON DIEGO
No quiere la que a su amante
no descubre todo el pecho.
ANA
No es noble quien le descubre
cuando va una vida en ello.
DON DIEGO
En fin, ¿no lo has de decir?
ANA
No.
DON DIEGO
Pues en nada te creo.
ANA
(¡Válgate Dios por retrato!
¡En qué confusión me has puesto!).
Jornada II
Salen don Bernardo y doña Ana.
DON BERNARDO
No lo he podido escusar,
y hospedarle me conviene.
ANA
Un hombre que en casa tiene
una hija por casar
bien escusarse pudiera
a huésped que es tan galán.
DON BERNARDO
Tengo al padre de don Juan
obligaciones y fuera
el hombre de más vil trato
del mundo si lo negara
yo y en su ausencia faltara,
a honras y deudas ingrato.
Acuérdome que le debo
la vida: un traidor cruel
me mata si no es por él;
mira si en vano me muevo.
A servirle fuera desto
cómo puedo yo escusallo
cuando a un caballero hallo
en una desdicha puesto
en mis manos y desdicha
tan noble como una muerte
muy honrada –si me advierte
hoy la fortuna la dicha
de haberme dado ocasión
en que le pueda servir
porque aquello de decir
que toca a reputación
es engaño cuando en ti
sé bien lo que tengo yo
eres quien eres y no
durara el mundo si así
no nos valiéramos unos
de otros y la confianza
grandes victorias alcanza
dime si sabes de algunos
hombres que puedan vivir
sin fiarse de otros no
del que a jugar le llamó
del que le sacó a reñir
del que le pidió prestado
del que le llevó consigo
no hubiera seguro amigo
no hubiera leal crïado
el mercader no fiara
el hidalgo no lo fuera
el señor no se sirviera
el rey mismo no reinara
pues quien le dio el cetro fue
la confianza que alcanza
que es en fin la confianza
la que tiene el mundo en pie.
Sale don Juan.
DON JUAN
De mi aposento salí
con ánimo de llegar
a vuestros pies a pagar
la merced que recibí
con razones solamente,
que con obras no podré;
y, en mirándoos, me turbé,
confieso que dignamente,
porque, al dar satisfación
de dicha y merced tan alta,
falta voz a la voz, falta
a la razón la razón;
y, ya que gracias no puedo
dar, daré quejas de vos,
señores, pues de los dos
con causa ofendido quedo,
pues, al temor que me indicia,
huyo persona y hacienda,
que la justicia me prenda,
y entrambos, sin ser justicia,
me prendéis, y no es, sospecho,
sino verdad lo que veis,
pues hoy los dos me ponéis
en obligación que el pecho
satisfacer no pudiera
si con la vida pagara
y esta a pagar no llegara
con mil vidas que tuviera.
DON BERNARDO
Señor don Juan, cumplimientos
de ociosas urbanidades
ofenden las amistades
sencillas sin fingimientos.
Esta es vuestra casa; en ella
os servirán; no la hagáis
prisión, pues tan libre estáis
que tenéis las llaves della.
ANA
No, señor, no digas tal;
deja que en esta ocasión
haga la casa prisión,
pues le va en ella tan mal.
Muy bien se lo ha parecido;
razón debe de tener,
pues que prisión viene a ser
donde está tan mal servido.
DON JUAN
Que es prisión yo lo confieso
otra vez y con razón,
donde vive el corazón
y el entendimiento preso.
DON BERNARDO
Bien es que yo entre los dos
ponga paz.
DON JUAN
Y yo la pido,
que me confieso rendido.
¿Espinel?
Sale Espinel.
ESPINEL
Gracias a Dios,
señor, que he llegado a verte
con vida.
DON JUAN
¿Qué ha sucedido?
ESPINEL
Todo el caso se ha sabido.
DON JUAN
¿De qué suerte?
ESPINEL
Desta suerte:
para coger los caminos
y saber lo que pasó,
de aquella calle prendió
la justicia a los vecinos.
No faltó quien con verdad
diese el punto al desengaño
–¡oh, bien haya un ermitaño
que vive sin vecindad!–
y aquesta noche pasada
la justicia nos rondó
la posada; al fin entró
en ella de mano armada.
Preguntó por tu aposento
y, diciéndole que habías
faltado dél muchos días,
le mandó abrir al momento,
y, viendo que era un estrago,
la ropa desenvolvieron
muy corridos, porque dieron,
como dicen, golpe en vago.
DON BERNARDO
Esperadme, que yo iré
a informarme con buen modo
en la provincia de todo,
que yo sé que lo sabré.
Tú no te salgas de aquí,
Espinel, que fuera error.
Preso como tu señor
has de estar, porque, si allí
hoy te hubieran conocido,
buen descuido habíamos hecho,
confiando de tu pecho
lo que callar se ha querido.
Esta es la hora que ya
te hubieran dado tormento
ESPINEL
¿Tormento a mí? ¡Lindo cuento!
DON BERNARDO
¿Pues no?
ESPINEL
El tormento se da
a hombrecillos de nonada,
porque a mí, aunque me cogieran,
sé bien que no me le dieran.
DON BERNARDO
¿Por qué?
ESPINEL
Es cosa averiguada;
no tienes que preguntarme.
DON BERNARDO
¿Eres hidalgo?
ESPINEL
Sí soy,
mas sin esa causa hoy
sé yo otra para librarme
mejor.
DON BERNARDO
¿Cuál es?
ESPINEL
Yo la sé,
y baste decir que a mí
no me le dieran.
DON BERNARDO
¿Ah, sí?
¿Eso sabes?
ESPINEL
Sí.
DON BERNARDO
¿Por qué?
ESPINEL
Pues tanto aprietas, lo digo:
confesara yo al momento
y no me dieran tormento.
DON BERNARDO
Buen crïado y buen amigo.
ESPINEL
No hay amigo ni crïado,
que, en llegándome a doler,
¡vive Dios que han de saber
papa y rey cuanto ha pasado!
DON JUAN
No hagáis caso desto vos,
que, si en la ocasión se viera,
diferentemente hiciera.
ESPINEL
No hiciera tal, ¡vive Dios!
DON BERNARDO
Ahora bien, quedad aquí
en tanto que mi cuidado
vuelve de todo informado.
Vase.
ANA
Mucho me pesa que así
esta posada os reciba
y halléis lo primero en ella
tal pesar.
DON JUAN
Doña Ana bella,
antes fue bien que aquí viva
tan vecino del consuelo,
pues en esta casa he hallado
a mis desdichas sagrado.
ANA
Guárdeos Dios.
Vase.
DON JUAN
Guárdeos el cielo.
ESPINEL
Pues ¿así la dejas ir?
DON JUAN
¿Qué he de hacer?
ESPINEL
¿Qué? Detenella,
enamorarla y con ella
engañar y divertir
el retiro y la prisión.
Desconsolado viviera
en ella yo si no hubiera
mujeril conversación.
Donde hay mujer no hay pesar.
DON JUAN
Sí, pero ¿no echas de ver
que esta mujer no es mujer?
ESPINEL
Yo no, si a considerar
me pongo tu talle y cara.
Vuelve, y echarás de ver
que es mujer, y muy mujer.
DON JUAN
Espinel, mira y repara
en que es mujer en quien vive
de un grande amigo el honor,
que me ofrece su favor,
que en su casa me recibe,
que sus espaldas me fía,
que su hacienda no me niega,
que sus secretos me entrega,
que su opinión me confía.
Conocerás luego aquí
que esta mujer no es mujer,
pues nunca lo ha de ser,
a lo menos, para mí.
ESPINEL
Aun bien que en leyes de honor
no llegan a los crïados
titulillos tan honrados,
y podrán tener amor
en la casa del sofí,
del persa y del Preste Juan.
DON JUAN
No podrán.
ESPINEL
¿No?
DON JUAN
No podrán,
y, por Dios que, si de ti
que miras en casa sé
una esclava, que te mate.
ESPINEL
Fuera grande disparate,
pero no la miraré,
si es eso cuanto procuras,
pues puedo, sin ofenderte,
enamorar.
DON JUAN
¿De qué suerte?
Dilo.
ESPINEL
Enamorando a obscuras;
mochuelo seré de amor.
DON JUAN
Mi amistad sirva de ejemplo,
que esta casa ha de ser templo
de las aras del honor.
ESPINEL
Si ese decoro tuviera
Gonzalo Bustos de Lara
en su prisión, cuánto errara,
pues Arlaja no le oyera;
no oyéndole, no se hallara;
si mejor se considera,
preñada la mora arriera;
no estándolo, no llegara
a parir y, no pariendo
la enamorada morilla,
no naciera Mudarrilla
y su ilustre sangre entiendo
que por vengar se quedara
no vengándose también.
No hubiera en el mundo quien
a Ruy Velázquez matara;
no matándole, viviera
con vida y alma traidora
aquel bellaco; así agora
mira tú qué bueno fuera.
Atrévete tú también,
galantea en lance igual,
que tal vez un grande mal
viene por un grande bien.
DON JUAN
Hoy de la opinión te sales
de todos; no digas tal,
porque un mal fiero y fatal
es nuncio de muchos males;
el que un mal ha examinado
es bien que otro mal aguarde
porque el daño es tan cobarde
que anda siempre acompañado
y así, no llego a sentir
tan rendido a mi destino
el mal, Espinel, que vino.
ESPINEL
Pues ¿cuál?
DON JUAN
El que ha de venir.
Vanse. Sale don Diego.
DON DIEGO
Amante que ha de volver
con más sentimiento y quejas
a pedir satisfaciones,
¿para qué se va sin ellas?
¿Para qué quien ha de verse
humilde tiene soberbia?
Quien ha de buscar, ¿se esconde?
Quien ha de rogar, ¿desprecia?
Y, al fin, al fin, ¿para qué
quien ha de volver se ausenta?
¿Para qué en estos umbrales
juré con lágrimas tiernas
de no volver a pisarlos
si, apenas lo dije, apenas
lo pronuncié, cuando al punto
el juramento quisiera
quebrantar? Y es la verdad,
pues, al tiempo que la lengua
dice que no ha de volver
a esta calle y a estas rejas,
sin saber quién me ha traído,
me vuelvo a mirar en ellas.
tengo yo dos albedríos
que uno permite otro veda
si pues que yo mismo dije
que no he de volver a verla
y vuelvo a verla yo mismo
sin saber por donde vuelva
oh mal hayan los puntillos
mal hayan las enterezas
pluguiera al cielo doña ana
que en aquel enojo hubiera
creído disculpas tuyas
pues si al fin he de creerlas
no hubiera llorado el tiempo
que se ha perdido en tu ausencia
¿Con qué ocasión entraré
a hablarla porque no vea
en mí tanto rendimiento?
¿Diré que vengo a dar quejas
de que?... Pero no, que amante
que llega a quejarse muestra
sentimientos. Pues ¿diré
no más de que vengo a verla?
Sí, que en hombres como yo
y en mujeres de sus prendas
la correspondencia es bien
que viva, aunque el gusto muera,
pero es achaque a lo antiguo,
que nadie hay ya que no sepa
las amistades que tienen
en pie las correspondencias.
Mas ella viene; yo quiero
hablarla aquí sin que entienda
–ocasión me da el retrato–
que siento tanto su ausencia.
Corazón, esto se llama
sacar fuerzas de flaqueza.
Retírase a un lado y sale doña Ana y Inés.
INÉS
Digo que don Diego entró
en casa.
ANA
Albricias te diera
si no fuera poco precio
el alma de tales nuevas.
¡Qué gusto me has hecho, Inés!
INÉS
Si tú misma lo confiesas,
¿por qué, di, no le llamaste?,
puesto que él quejoso era,
y con razón.
ANA
Necia estás,
Inés, que la gracia es esa,
que, teniendo él la razón,
yo tiranice la queja,
y él sin queja y con razón,
sin que le llame, se venga.
DON DIEGO
Novedad os habrá hecho
Llega.
la visita, mas es fuerza
venir agora a cansaros,
que, a no serlo, no viniera
y, así, os ruego que me oigáis.
ANA
¡Hola! ¿Inés?
INÉS
¿Señora?
ANA
Llega
silla a aqueste caballero,
que visitas como estas
de tan grande cumplimiento
y que al fin se hacen por deuda
(pagar me tiene la entrada)
Aparte.
no se reciben sin ellas.
Sentaos y decid agora
qué mandáis, que, si no yerran
ideas, de haberos visto
alguna vez se me acuerda.
DON DIEGO
Sí habéis visto, y no me espanto
que no conozcáis las señas,
porque me visteis dichoso
y ya los favores truecan
las desdichas.
ANA
De eso mismo
he visto yo una comedia;
pero, en efecto, señor,
¿qué buena venida es esta?
DON DIEGO
Un recado que os traía
de un caballero quisiera
que me oigáis.
ANA
Pues ya os escucho.
Proseguid.
DON DIEGO
Estadme atenta.
ANA
Decid.
DON DIEGO
Don Diego de Silva...
ANA
Tened un poco la lengua.
¿Quién es ese caballero?
DON DIEGO
No os puedo yo dar respuesta,
que no sé quién es. Si vos
me preguntarais quién era,
yo lo dijera.
ANA
Está bien,
don Diego, ya se me acuerda.
¿Y qué dice el tal don Diego?
DON DIEGO
Dice, señora, que besa
vuestras manos... (¡Vive Dios
que estoy mudo!).
Aparte.
ANA
(Yo estoy muerta,
Aparte.
pero beberá el veneno
de quien visita por fuerza).
DON DIEGO
... y que viendo que el amor
con alas de fuego vuela
tan veloz que deja atrás
al tiempo, y esto se prueba
por muchos años de afecto,
de amor y correspondencia,
aun este instante de tiempo
quiere el cielo que se pierda,
olvidado de su agravio,
dejando aparte las quejas
(miente la voz si lo dice;
miente el alma si lo piensa)
Aparte.
este retrato os envía,
este soneto os entrega,
lámina y papel que amor
obró con tal sutileza
que excedió el ingenio y arte,
porque no es razón que tenga
prendas él de vuestro gusto
en depósitos de ausencia.
Y dice más, que os lo envía
para testimonio y prueba
de que ya no sentirá
que vuestras manos le tengan,
que el tiempo que dilató
remitir la tal presea
fue porque entonces temía
que le diera alguna pena
saber que en vuestro poder
estuviese, mas hoy llega
a tan grande desengaño
viendo la mudanza vuestra
que él os le da y yo le traigo,
porque mujer que así deja
acreditada su culpa
en manos de la sospecha,
que no da satisfaciones
a justificadas quejas,
que estima el honor en poco,
que no teme sus ofensas,
que hace de su presumpción
determinada evidencia,
y que no busca, culpada,
a quien con rigor se ausenta,
ni quiere bien ni ha querido,
y, así, la olvida y la deja,
porque mujer sin amor,
¿qué se pierde en que se pierda?
Levántase don Diego.
ANA
Eso mismo, sin quitar
y sin poner una letra,
le dijo en cierto romance
Bras a su querida Menga.
Mas, don Diego, ya que es tiempo
que hablemos todos de veras,
volved a tomar la silla
y, cuando por mí no sea
a quien el recado trae,
toca llevar la respuesta.
Yo soy quien soy; vos tenéis
de mí muy bastantes muestras,
pues sabéis un favor mío
cuántos desvelos os cuesta.
Pésame que en tanto tiempo
de amor y correspondencia,
como vos decís, no hayáis
conocido por las señas
mi condición tan altiva
que en sus presunciones llega
a competir rayo a rayo
con el sol y las estrellas,
a quien en número y luces
han vencido mis finezas.
Y ya que tan al principio
está la voluntad nuestra,
en esta parte no más
volveré a informaros della.
Yo os dije que ese retrato
me dio una amiga y que es fuerza
callar el nombre; no hice
en esto más diligencias
para que vos lo creyeseis
porque la verdad se prueba
sin más testigos de abono
que con ser la verdad mesma.
Dadme que hubiera mentido
en la disculpa primera,
que yo os hubiera buscado
y con estremos hubiera
acreditado el engaño,
que, como mentira fuera,
la misma desconfianza
no me dejara tan quieta
hasta que la hubieseis vos
creído, y es verdad tan cierta
que tenemos las mujeres
tanto gusto de que crean
nuestras mentiras los hombres
que solamente por esta
ocasión hubiera hecho
yo mayores diligencias.
La verdad es la que os dije;
si vos no queréis creerla,
parte es también de verdad
el haber dudado della,
porque, si fuera mentira,
con más ventura naciera.
Mas, como no las usamos,
no me espanto que os parezca
imposible en mí el decirlas,
como en vos el conocerlas.
DON DIEGO
Decidme quién es la amiga
y os creeré.
ANA
Sí lo dijera
si os importara el saberlo,
mas quien viere aquí que es fuerza
que me olvide quien no siente
que yo este retrato tenga,
¿para qué ha de saber nada?
DON DIEGO
Por esa razón, por esa
merezco más la disculpa.
ANA
No entiendo cómo ser pueda.
DON DIEGO
Amante que dice agravios,
celoso que dice quejas,
olvidado que baldona,
aborrecido que afrenta,
desesperado que injuria
y triste que desespera,
ese siente, ese se abrasa,
ese estima, ese desea,
ese obliga, ese pretende,
ese se rinde, ese ruega,
porque a la lengua los celos
les dieron esta licencia.
ANA
Cobardes deben de ser,
pues se valen de la lengua,
mas dama que satisface
y, ofendida, no se queja,
agraviada, no se enoja,
baldonada, no se venga,
despreciada, no aborrece,
aborrecida, no deja;
esa perdona, esa admite,
esa disimula o cela,
esa adora y esa estima,
esa quiere y esa precia,
que es vil mujer la que a un hombre
descubiertamente ruega,
porque tiene la mujer
tan altiva preeminencia
que han de buscarla quejosos,
y entonces con más finezas,
y aun plegue a Dios que nos hallen
de la suerte que nos dejan.
DON DIEGO
Y, si volviera a buscaros
al instante la fineza
de un amante, ¿de qué suerte
os hallara?
ANA
Con mil quejas
de que de mí se creyesen
tan declaradas bajezas.
DON DIEGO
Quien quiere, teme.
ANA
Es verdad,
y es bien que quien quiere tema
perder el bien, pero no
mudanzas tan manifiestas.
DON DIEGO
¿Pudiera desenojaros
cuando rendido volviera?
ANA
No volverá quien me dijo...
DON DIEGO
¡No lo digas! ¡Cierra, cierra
los labios! Mas ¿si volviese?
ANA
No sé entonces lo que hiciera.
DON DIEGO
¿Diérasle una blanca mano
para que jurase en ella
con homenaje de amor
de no hacerte más ofensa?
ANA
Para que jurase sí.
DON DIEGO
¿Qué mano le dieras?
ANA
Esta.
DON DIEGO
¡Qué dicha!
Toma la mano.
INÉS
Gracias a Dios
que llegamos a la venta.
DON DIEGO
¿Y el retrato?
ANA
Tenle tú
hasta que al dueño le vuelva.
DON DIEGO
Eso no, porque llevarle
fuera durar la sospecha
en mí. Quédate con él,
y adiós, que temo que venga
tu padre.
ANA
Guárdete el cielo,
como mi vida desea.
DON DIEGO
¿Podré fïarlo a sus ruegos?
ANA
Sí, que entonces fuera eterna.
DON DIEGO
Y aun será para adorarte
poco tiempo, aunque lo sea.
Adiós. ¡Oh, qué dulces paces!
Vase.
ANA
Adiós. ¡Oh, qué dulces guerras!
INÉS
Gracias a Dios que ya estamos
en paz y, gracias a Dios,
llegó el tiempo en que las dos
ese retrato veamos.
Descubre este encanto, esta
sombra. Sepamos quién fue
quien, sin qué ni para qué,
tantos disgustos nos cuesta.
ANA
Bien dices. ¡Ay, Dios!
INÉS
¿Qué ves
Mirando el retrato.
ANA
¿Cómo decirlo dilato?
Inés, dime, ¿este retrato
de nuestro huésped no es?
INÉS
Sí, señora, y el estar
por una muerte escondido
conviene con haber sido
el que en aqueste lugar
nos contó doña María.
ANA
Si esto acaso se escuchara
en una farsa, ¿faltara
quien dijese que no había
sido posible causar
tantas cosas un sujeto?,
que estoy rendida, prometo,
a un pesar y otro pesar.
Inés, ¿qué tengo de hacer,
viéndome en esta ocasión
en tan grande confusión,
sin elegir, sin saber
qué camino es el que siga
que seguro puerto halle?
Pues es forzoso que calle
lo que es forzoso que diga.
Si callo a don Diego yo
que está en mi casa escondido
un hombre que retraído
vive en ella, ¿cómo no
se ha de ofender con razón,
cuando lo llegue a saber,
de que yo pude tener
alma, vida y corazón
para guardar un secreto
cuando en pecho enamorado
no hay secreto reservado?
Si con diferente efeto
se lo digo, ¿quién podrá
satisfacerle de mí,
sabiendo que un hombre aquí
a todas horas está,
y más si adelante pasa
el temor y llega a ver
el retrato en mi poder
y el caballero en mi casa?
Callar aquí no es amar,
y este yerro vendrá a ser
el primero que mujer
haya hecho por callar.
Hablar aquí –¡triste quedo!–
es advertirle, y no es justo,
porque es de mi padre gusto
que yo remediar no puedo.
Despertar estos desvelos
es hacer de noche y día
una continua porfía
de agravios, penas y celos.
Hablar y callar temí
y hablar y callar deseo;
conmigo misma peleo;
defiéndame Dios de mí.
INÉS
Pues, señora, el desengaño
viva donde hay voluntad:
la verdad siempre es verdad
y el engaño, siempre engaño.
ANA
Que la verdad es verdad
confieso, pero también
con la verdad yerra quien
castiga la voluntad.
INÉS
Calla, que viene el señor
huésped de espadilla allí.
ANA
¿Por qué le llamas así?
INÉS
Porque es huésped matador.
Salen don Juan y Espinel.
DON JUAN
Un cuidado os vengo a dar.
ANA
No será el primer cuidado
que vos, don Juan, me habéis dado.
DON JUAN
Pesárame de llegar
a ser tan necio que fuese
causa yo, porque no es justo
dar cuidado ni disgusto
en esta casa.
ANA
No os pese
de eso a vos, porque no ha habido
causa para haberos dado
este cuidado cuidado,
aunque para mí lo ha sido.
Y ¿qué mandáis, en efeto?
DON JUAN
Solo os quisiera pedir,
porque me importa salir
aquesta noche en secreto
a ver una hermosa dama
–perdonad, que la licencia
ha dado en vuestra presencia
la disculpa de quien ama–,
que vos se la deis a Inés
de abrir la puerta.
ANA
¿Tan grave
cuidado es ese? La llave
da al señor don Juan después
para que pueda salir,
que yo sé en fineza tal
–no de buen original
como se suele decir,
empero de buen retrato–
que haréis en verla muy bien
porque sé que os quiere bien
y haréis mal en ser ingrato.
Y, al fin, ¿hoy queréis salir?
DON JUAN
Al punto que espire el día.
ANA
¿Solo vos o en compañía?
DON JUAN
Espinel conmigo ha de ir,
porque, delante de mí,
si acaso acierto a encontrar
la ronda, pueda escapar.
ESPINEL
¿Mientras me prenden a mí?
Muy buena piedad, por Dios.
DON JUAN
Y también quiero llevalle
porque se quede en la calle
mientras hablamos los dos.
ESPINEL
¿Yo en la calle? ¿Quién te ha dicho
que soy valiente? Detente,
que tenerme por valiente
es un galante capricho.
DON JUAN
¿Qué valentía es estar
para avisar si alguien viene?
ESPINEL
Pues, vamos, que ya previene
una industria singular
mi ingenio; no solo quiero
avisarte diligente,
mas de un escuadrón de gente
guardar aquel barrio entero.
Un alma no ha de pasar
por la calle, no señor,
ni otras diez en rededor,
que yo las quiero guardar
con mi capa y con mi espada
no más. Venza a la fortuna
la industria, y hoy para una
que yo tengo fabricada
convido a vuestras mercedes.
Hombre no me pasará,
porque yo haré... Pero allá,
dijo Agrajes, lo veredes.
Ruido dentro.
DON JUAN
La puerta abrieron, por Dios.
ANA
Es verdad, y pasos siento.
DON JUAN
Espinel, a este aposento
nos retiremos los dos.
Vanse.
INÉS
Doña María es.
ANA
Leal
vendrá este instante, este rato
a solo ver un retrato
donde está el original.
INÉS
¿Y piensas decir que aquí
está don Juan?
ANA
¿Para qué?
En decírselo no sé
si acierto; en callarlo, sí,
porque, si su gusto es
que ella sepa dónde está,
puesto que ha de verla allá,
podrá decirlo después.
INÉS
¿Y le has de callar también
de su retrato el suceso?
ANA
¿Para qué ha de saber eso?
INÉS
Pareciome a mí que quien
te fió su amor aquí
saber el tuyo podía.
ANA
Siempre fue doctrina mía
que nadie tenga de mí
qué callar, conque así yo,
que a saber secretos vengo
de todas, qué callar tengo,
mas ellas de mí, eso no.
Salen doña María y Juana.
MARÍA
Las visitas de amigas [sextetos lira]
dan más gusto y contento
sin mayor cumplimiento.
ANA
Más en eso me obligas,
porque las amistades
han de ser sin urbanas vanidades.
¿Cómo estás?
MARÍA
Estoy buena,
y siempre a tu servicio.
ANA
Tu hermosura da indicio
de que acabó la pena.
¿Cómo va? ¿Qué hay de nuevo?
MARÍA
Apenas a contártelo me atrevo.
Dos amantes tenía
a un tiempo juntamente
y, uno muerto, otro ausente,
los dos perdí en un día.
ANA
En nosotras es cierto
que el ausente contamos por el muerto.
MARÍA
No porque de mi olvido
se queje el del retrato,
mas porque tan ingrato
conmigo ha procedido
que a mí también se esconde
sin avisarme cuándo, cómo u dónde.
ANA
Él quizá lo desea;
alentarte procura;
podrá ser, por ventura,
que aquí te escuche y vea
el mismo del retrato.
MARÍA
Sin él me iré, por no mirarle ingrato.
ANA
¿Que nada dél supiste?
MARÍA
No, amiga, ni aun noticia del crïado
que aquí se había quedado,
con quien la ausencia triste
a ratos divertía,
ya tampoco sé dél.
ANA
¡Qué tiranía!
MARÍA
Busquele, pero en vano.
Esto hay en esta parte
de que pueda avisarte.
ANA
Y, dime, de tu hermano
¿cómo están los recelos?
MARÍA
Muy malos.
ANA
¿Cómo así?
MARÍA
Mátame a celos.
Si supiera que había
llegado aquí, no hubiera
quien en casa cupiera.
ANA
Pues ¿él de mi podía
tener sospecha alguna?
MARÍA
Como a eso me ha traído mi fortuna.
De ti no sospechara
cosa que indigna fuera,
pero de mí tuviera
queja evidente y clara
sabiendo que he salido
a la calle Mayor y aquí he venido.
ANA
Pues no estás muy segura
aquí de que te vea y tendrá queja.
INÉS
Aunque es cosa muy vieja
decir, cuando la voz ocasión toma,
esto del ruin de Roma
y el lobo en la conseja,
tu hermano en casa ha entrado.
MARÍA
Escóndame este cuarto.
ANA
Está cerrado;
no entres en él.
MARÍA
Abierto está.
ANA
¡Detente!
MARÍA
Pues ¿sálesme al encuentro?
ANA
Sí, porque es entrar dentro
mayor inconveniente
que verte aquí tu hermano.
MARÍA
¿Mayor inconveniente?
ANA
Sí, y es llano.
MARÍA
Poco de mí confías.
ANA
Es mucho lo que guardo.
MARÍA
Ya en esconderme tardo.
ANA
Pues en corto venías,
cúbrete con el manto,
que no ha de conocerte.
MARÍA
¡Ay, cielo santo!
Tápanse doña María y Juana, retíranse y sale don Luis.
ANA
Señor don Luis, ¿qué es esto?
DON LUIS
Es la ocasión en que un rigor me ha puesto.
No dudo yo, señora
doña Ana, que tengáis esta locura
a atrevimiento agora,
pero mi amor examinar procura
si a la osadía sigue la ventura.
Si me he atrevido a veros
sin temer enojaros y que airada
me habléis, fue por saber que en ofenderos
poco aventuro o nada,
pues que siempre conmigo os vi enojada.
ANA
Señor don Luis, ya vuestro estilo pasa
de galán a grosero. ¿Con qué intento
entráis en esta casa
donde aun veloz el viento
recela introducir un pensamiento?
¿Qué dirá esta señora
amiga que ha venido a visitarme
viéndoos entrar tan atrevido ahora
en mi casa?
DON LUIS
Que quise aventurarme
a morir; ya esa dama recatada
sabrá lo que es amor.
MARÍA
(¡Estoy turbada!).
Sale don Diego.
DON DIEGO
Seguí a don Luis celoso de miralle
estar en esta calle,
y a tanto el temor pasa
que después le vi entrar dentro de casa;
y, así, desesperado,
sin reparar en nada, aquí he llegado.
INÉS
¡Don Diego!
ANA
(¡Ay, triste!).
MARÍA
(La ventura mía
le trajo).
DON DIEGO
Aunque no ha sido cortesía
introducirse cuando
dos en conversación están hablando,
esta vez fuera necio si no fuera
descortés.
ANA
(¡Muerta estoy!).
DON DIEGO
Y de manera
mi poco ingenio precio
que he de ser descortés por no ser necio.
Vaya, pues, adelante
la plática; mi vista no la espante.
DON LUIS
Señor don Diego, que lleguéis agora
(¡de cólera estoy loco!)
a la conversación importa poco,
pues lo público della no se ignora.
Mas que lleguéis pensando
que hacéis disgusto en el llegar...
ANA
(¡Temblando
estoy!).
DON LUIS
...importa mucho,
y así...
MARÍA
(¡Cielos! ¿Qué escucho?).
DON LUIS
...a quien imaginare
que a mí me hace pesar cuando llegare
a ver el sol en solo un pensamiento,
un átomo, un intento,
una imaginación, sabré...
DON DIEGO
Salgamos
de aquí, porque no estamos
bien entre damas, para responderos.
DON LUIS
Calle la lengua y hablen los aceros.
ANA
¡Ah, don Diego! ¡Ah, señor!
DON LUIS
Veníos conmigo.
Vase.
DON DIEGO
Guiad vos donde ya os sigo.
ANA
No seguirás. ¡Detente!
DON DIEGO
Suelta, o harás que alguna acción intente
contra tanto respeto.
¡Suelta, doña Ana!
ANA
Ya ningún efeto
que ha de ofenderme espero,
como tú no le sigas.
MARÍA
Si es que acaso te obligas
Llega.
de ruegos de mujer, por caballero,
por noble y por amante,
detenga tu furor el ver delante
una mujer.
DON DIEGO
Solicitáis en vano
tenerme todas ya.
MARÍA
Ved que es mi hermano.
INÉS
(Pues nada le detiene,
Aparte.
esto le detendrá). Mi señor viene.
ANA
Ya no puedes salir sin riesgo mío.
DON DIEGO
Pues en este aposento me desvío
hasta que salir pueda
y la ocasión el cielo me conceda
de vengar mis agravios y mis celos.
ANA
(Aun mayor confusión es esta, cielos).
No entres aquí; detente, espera, aguarda.
DON DIEGO
Todo te aflige, todo te acobarda:
temores te concedo
si me voy, si me escondo y si me quedo.
Si me voy, te parece
que a la muerte mi cólera me ofrece;
si me estoy, que me encuentra
tu padre, que ya entra;
si me escondo, también. ¿Qué ha de ser esto
cuando en tres confusiones estoy puesto?
INÉS
Bien puedes sosegarte,
que yo, por detenerte y reportarte
y porque no salieses, he fingido
que mi señor venía, pero ha sido
engaño.
ANA
Bien has hecho,
Inés, que el alma le volviste al pecho.
Ya para ir tras don Luis, señor, es tarde.
Sosiega.
DON DIEGO
Con indicios de cobarde,
¿cómo un hombre pudiera
sosegar, si otra causa no tuviera
que aquí le detuviese?
Yo he de saber, aunque al honor le pese,
qué inconveniente había
de entrar a este aposento quien temía
que tu padre le hallase.
ANA
(¡Que a tal estremo mi desdicha pase!).
DON DIEGO
Porque el pecho turbado,
torpe la lengua, el corazón helado,
el labio temeroso,
suspensa el alma, el ánimo dudoso,
no sé si es mayor daño
seguir mi muerte o ver el desengaño
desta sospecha vil. Valedme, cielos,
porque mi agravio aflige más mis celos
Y aquí hallan los labios
distinción entre celos y entre agravios
igualmente me llaman
y en vivo fuego el corazón inflaman
allí examino injurias
y aquí celosas furias
allí ajenos rigores
y aquí propios temores
allí constantes daños
y aquí contra horrores viles desengaños
y, así, de dudas lleno,
Tántalo de veneno,
teniendo, a mi despecho,
al cuello un lazo y un puñal al pecho,
ignoro en mal tan fuerte,
habiendo de morir, cuál es mi muerte.
ANA
Don Diego, si me estimas,
si a obligarme te animas,
cree de mí que te adoro,
que siento tu dolor, tu pena lloro,
que agradarte pretendo,
que no puedo agraviarte ni te ofendo,
y no quieras saber por qué he tenido
reservado ese cuarto, pues no ha sido
ofensa tuya.
DON DIEGO
Dasme más recelo
con tantas prevenciones. ¡Vive el cielo,
que he de saber quién el retrete esconde!
MARÍA
(A mi gusto su enojo corresponde,
porque saber deseo
qué encanto es el que aquí)...
ANA
(Mi muerte veo).
Mi bien, señor don Diego,
mira...
DON DIEGO
¡Todo soy rabia y todo fuego!
ANA
...que me pierdo y te pierdes de ese modo.
DON DIEGO
Donde me pierdo yo, piérdase todo,
que he de entrar a apurar en dudas tales
mis penas, mis desdichas y mis males
publicando mi voz en tanto dolo
que con bien vengas, mal, si vienes solo.
Jornada III
Sale don Juan embozado y don Diego, las espadas desnudas, y tras ellos doña María tapada y doña Ana y las criadas.
DON DIEGO
No es encubráis, caballero, [romance ó]
que es en vano, vive Dios,
porque a riesgo de mi vida
tengo de saber quién sois.
DON JUAN
En vano lo solicita,
osado, vuestro valor,
porque de mi vida al riesgo
tengo de callarlo yo.
MARÍA
Llega presto.
ANA
Caballeros,
tened las armas, por Dios;
mirad que está de por medio,
poniendo paces, mi honor.
¿Así atropelláis mi fama?
¿Así, mi reputación?
¿Así a una ilustre mujer
queréis destruir los dos?
¿Por lo que puede acabar
mansamente la razón
sin perder nadie, queréis
que todo lo pierda yo?
Don Diego, escucha, si pueden
las alas del corazón
enviar desalentadas
algún socorro a la voz;
y vos, ilustre don Juan,
generoso huésped, vos
no tengáis a liviandad
dar esta satisfación
a quien no es mi marido,
y, pues noble y cuerdo sois,
ya habréis visto que esto es,
no sé si lo diga, amor,
amor tan sin esperanza
que es verdad que no llegó
a tener de los deseos
celos siquiera el honor.
Mas, cuando se ve culpada
una mujer como yo,
siendo un átomo de ofensa,
sombra de una presumpción,
todo lo ha de aventurar,
que para aquesto nació
la que es principal mujer
con honra y obligación
para tener qué perder
cuando llegue la ocasión.
Defendiendo yo esta puerta
y estando encerrado vos
dentro del cuarto, mirad,
mirad si tendrá razón
de tener de mí don Diego,
no recelo ni temor,
sino evidencia y certeza
de que he afrentado a quien soy.
Volved por mí, pues vos fuisteis
la causa; esta obligación
tiene a cualquiera mujer
el hombre más inferior;
cuanto más el caballero,
que parece que nació
–es verdad, no lo parece–
para defensa y favor,
para amparo, para guarda,
para columna y blasón
del honor de una mujer,
y esto le importa a mi honor.
DON JUAN
(¿En dudas tan imposibles
Aparte.
quién en el mundo se vio
cercado de tantos males,
viendo en mí, cuando llegó
el primero, los que habían
de seguirle, porque son
eslabones unos de otros?
¡Qué duda! ¡Qué confusión!
Si me descubro, es el riesgo
de mi ausencia o mi prisión
evidente; si porfío
en encubrirme, es error,
pues la opinión desta dama
padece sin ocasión,
pues, si lo callo, él, de amante,
desesperado y feroz,
ha de querer conocerme
y es el peligro mayor).
ANA
Señor don Juan, ¿qué dudáis?
Hablad, que, si vos quién sois
no decís, pues yo lo sé,
habré de decirlo yo.
DON JUAN
De dos daños ya rendido
aquí, siendo este el menor,
me descubro.
Descúbrese.
DON DIEGO
(¡Ay, Dios! ¡Qué veo!).
MARÍA
(¡Qué miro, válgame Dios!).
DON DIEGO
(Donde busco desengaños,
desdichas hallando voy).
MARÍA
(¿Aquel no es don Juan?).
JUANA
(Señora,
¿puede eso dudarse?).
MARÍA
(No.
¿Encubierto en esta casa
don Juan? ¿Y me lo negó
doña Ana, viendo el retrato?).
DON DIEGO
(¿Qué es esto que viendo estoy?
Este el dueño es del retrato
que vi. ¿Qué agravio mayor?
¿Él escondido en su casa;
el retrato en ella, y yo
dispuesto a esperar disculpas?
¿Puede haberlas? ¡Plegue a Dios!).
DON JUAN
Caballero, antes que os hable,
importa una prevención.
DON DIEGO
Decid.
DON JUAN
Si vos me pidieseis
aquesta satisfación,
no os la diera, que no saben
caballeros como yo
dar satisfación a quien
tiene con tanto valor
la espada en la mano, y es
bien el prevenir que vos
no me la pedís, por eso
Envainan.
–guardad la espada– os la doy.
Yo soy desta casa huésped;
en ella escondido estoy
por una desgracia, huyendo
a la fortuna el rigor
porque el deudo o la amistad
de don Bernardo llegó
yo a fiar mi vida dél
y él de mi ausencia su honor.
No le ofendiera por esto
mi amistad, no, vive Dios,
si me quitase la vida
con mis proprias manos yo.
Esto es verdad, y pensad
sí, don Diego, que hombre soy
que la trata, y si tuviera
sola una imaginación
ocupada en su belleza
–cuando discurra mi amor,
en esta parte atrevido,
fuera de mi obligación–
lo dijera, porque tengo
por hombre de poco honor,
de abatidos pensamientos,
de baja reputación,
a quien disimula dama
que sola una vez miró
un deseo, ¿qué es deseo?,
una pasión, ¿qué es pasión?,
un cuidado, ¿qué es cuidado?,
una sombra, una aprehensión,
un átomo, un pensamiento
de otro gusto y de otro amor,
cuanto más un desengaño
como el que os he dado a vos.
JUANA
(¿Qué te parece, señora,
la disculpa?).
MARÍA
(¡Qué sé yo!
De todo tiene. Volvamos
a callar y a oír las dos).
DON DIEGO
Señor don Juan, yo no dudo
una verdad, pues en vos,
en vuestro estilo y persona
se descubre bien quién sois;
pero un hombre enamorado
de todo tiene temor,
todo le asombra y espanta,
y celos dicen que son
antojos de aumento, que hacen
cualquiera cosa mayor.
No os pese de que los tenga
en esta parte de vos,
pues bien puede una persona
dar celos al mismo amor.
En cuanto a mí, yo confieso
que ya satisfecho estoy;
en cuanto a mi amor, no puedo,
que es más descortés que yo;
y, así, el amor es quien pide
otra disculpa mayor.
Decidme, vuestro retrato
¿qué delito cometió,
que se vino a retirar
a aquesta casa con vos?
DON JUAN
¿Qué retrato?
DON DIEGO
Uno que tiene
doña Ana vuestro.
DON JUAN
Eso no,
porque yo no se le he dado.
ANA
Una amiga me le dio,
que yo no digo quién es
porque de mí se fió,
pues, si ella quiere decirlo,
puede tan bien como yo.
DON DIEGO
Para que me satisfaga,
don Juan, muchas cosas son
y, mientras yo no os conozca,
fuera necedad y error
fiarme de vos. Decidme
abiertamente quién sois
y os creeré, y vos me tendréis
para mandarme desde hoy,
que hallaréis en mí un amigo
de alguna satisfación.
DON JUAN
Hombre enamorado tiene
disculpa en cualquiera acción,
y, así, lo que os digo ahora
tampoco os lo digo a vos,
sino a vuestro amor, teniendo
lástima de su pasión.
Mi nombre es don Juan de Lara,
caballero andaluz soy;
di la muerte a un caballero
porque ocasiones me dio.
Llamábase don Fadrique
de Silva.
DON DIEGO
¡Válgame Dios!
DON JUAN
Pues ¿qué os suspende? ¿Qué os turba
y niega al rostro el color?
DON DIEGO
Ninguna cosa. (Ya tengo,
cielos, otra confusión.
Don Fadrique era mi primo
y mi amigo; el matador
está en mi mano, fiado
su secreto a mi valor.
Aparte.
No hay aquí ya más remedio,
alma, vida y corazón,
que callar, porque si aquí
por entendido me doy,
me toca satisfacerme
y, no sabiéndolo, no).
Señor don Juan, satisfecho
de vuestra verdad estoy
por ser hijo de ese aliento,
por ser rayo de ese sol,
y, así, de vos no me quejo
porque de quien debo yo
quejarme, me quejaré
a su tiempo. Guárdeos Dios.
DON JUAN
Tampoco eso me está bien,
porque, puesto en daros yo
satisfación, por lo proprio
que aquí le toca al honor
de doña Ana, vos no habéis
de dejar la obligación
que tenéis, pues corre ya
por mi cuenta, y la razón
es esta; escuchadme agora:
o me habéis creído o no;
si me habéis creído, haréis
mal en durar al dolor,
pues cesó la pesadumbre
donde la causa cesó;
si es que no me habéis creído,
clara mi ofensa se vio,
pues tenéis por sospechosa
mi verdad.
DON DIEGO
Es gran rigor
querer tasar de mi pecho
los sentimientos, señor.
Si no os hubiera creído,
de aquí no me fuera yo
ni os dejara; no queráis
saber más desta ocasión
para saber que os creí
sino que os dejo y me voy.
DON JUAN
Y cuando en tanta sospecha
tuviereis algún rencor
y escrúpulo en vuestro pecho,
aquí me hallaréis, y yo
os daré donde queráis
cualquiera satisfación.
DON DIEGO
Si la hubiere menester,
la pedirá mi valor,
que la que yo he de tomar
en algún tiempo de vos
en otra parte ha de ser.
DON JUAN
A todo dispuesto estoy,
y aquí me hallaréis, repito.
DON DIEGO
Pues aquí os buscaré. Adiós.
Vase.
ANA
Tenle, Inés, porque de casa
no ha de salir sin que yo
le desenoje. ¡Ah, don Diego!
¡Mi bien, esposo, señor!
Vanse las dos y sale Espinel.
ESPINEL
¿En qué ha parado este caso?,
que yo, porque no me viesen
y por mí te conociesen,
me retiré paso a paso,
con lindo compás de pies,
adonde he estado escondido.
DON JUAN
Eres tú muy prevenido
en tales casos.
ESPINEL
Di, pues.
¿Qué hubo?
DON JUAN
Dudas y cuestiones
retóricas y molestas,
mil demandas y respuestas,
quejas y satisfaciones,
y, en efecto, se acabó
mejor que yo había pensado.
Llega doña María y descúbrese.
MARÍA
No, don Juan, muy acabado,
porque agora falto yo,
que aquí dudé el descubrirme
hasta agora por no echar
a perder en tal lugar,
más ofendida o más firme,
la satisfación que vos
disteis a aquel necio amante,
pues, estando yo delante
y padeciendo los dos
una fortuna de celos,
si a mí ofendida me viera,
él no se satisficiera
tampoco de sus recelos;
y, así, estuve retirada,
porque es peligrosa mengua
que haya mujeres con lengua
donde hay hombres con espada.
ESPINEL
(¡Válgame Dios! ¿Es tramoya?).
DON JUAN
Hermosa doña María,
luciente blasón del día...
MARÍA
¡Tente, tente!
ESPINEL
(Aquí fue Troya).
DON JUAN
Pues ¿por qué desdén tan fiero?
¿Ha de cobrar la hermosura
pensiones de mi ventura?
MARÍA
Ingrato, mal caballero,
descortés, villano, ¿es bien
que, después de aventurar
mi opinión, os venga a hallar
donde mis ojos os ven?
¿Es bien, cuando tanta pena
mi vida y mi suerte pasa,
vos me perdáis en mi casa
y yo os halle en el ajena?
¿Es bien, desagradecido,
que en un peligro tan cierto
ande mi honor descubierto
y vos estéis escondido?
Pues, para saber adónde
estabais, fue menester
que otro viniese a romper
esta prisión que os esconde.
Pero yo tuve la culpa,
pues vuestro retrato di
a la que me ofende así.
DON JUAN
Mi ignorancia me disculpa.
¿Supe yo que érades vos
su amiga? No y, por pensar
que era imposible llegar
a vernos aquí los dos,
no lo dije.
MARÍA
Y, ya sabido
que era tu amiga, ¿por qué
ella me calló...
DON JUAN
No sé.
MARÍA
...que aquí estabais escondido?
Estadlo, pues.
DON JUAN
No ha de ser
quedando con tal cuidado.
Sale doña Ana.
ANA
Fuese don Diego enojado;
no le pude detener...
Mas ¿qué es esto?
DON JUAN
Es un rigor
de dos luceros crueles.
Troquemos los dos papeles
en esta farsa de amor
y di tú cómo pedía
que me mandases abrir
hoy la puerta para ir
a ver a doña María.
MARÍA
No, don Juan, no he menester
satisfación tan liviana
yo, porque antes a doña Ana
la tengo que agradecer,
que no culpar, pues su trato
conmigo es tan liberal
que me da un original
en réditos de un retrato.
Y es alcaidesa muy bella
la que os tiene por confianza
en prisión y sin fianza
no os dejará salir della.
Y, pues la puerta guardó
porque no entrase también,
no querrá que salgáis quien
no quiso que entrase yo.
ANA
Escucha agora a los dos
satisfación.
MARÍA
No ha de ser.
Si la hubiere menester,
yo vendré por ella. Adiós.
Vanse doña María y Juana.
ESPINEL
Buenos habemos quedado,
mi doña Ana y mi don Juan,
sin la dama y el galán.
ANA
¡Perdí un dueño que he adorado!
DON JUAN
¡Perdí una amada beldad!
¡Aquí murió mi esperanza!
ESPINEL
Dios la perdone.
ANA
¡Aquí alcanza
sepulcro mi voluntad!
ESPINEL
Un remedio prodigioso
dar quiero a vuestros cuidados.
DON JUAN
¿Cuál es?
ESPINEL
De dos desdichados
se suele hacer un dichoso.
Doña Ana perdió por ti
a su amante; tú por ella
a tu dama hermosa y bella.
Entrambos jugáis aquí
la pretina y, pues engaños
os ponen en tal rigor,
quien hizo burros de amor,
que pague al otro los daños.
DON JUAN
Necio remedio será.
ANA
Yo, a lo menos, no podré
aplicarle.
ESPINEL
¿No? ¿Por qué?
ANA
Porque no sale de acá.
Vase.
DON JUAN
Ven conmigo, que hemos de ir
a desenojarla.
ESPINEL
Vamos.
Vanse. Salen doña María y Juana.
MARÍA
Toma allá ese manto, Juana.
JUANA
Triste vienes.
MARÍA
Vengo muerta.
JUANA
No tienes razón, pues viste
satisfaciones tan ciertas.
MARÍA
No admite satisfaciones
quien está tan loca y ciega.
DON JUAN
Pues tu hermano viene aquí.
Riñe con él ahora.
MARÍA
Necia
estás. ¿A qué mujer quieres
que le falte una pendencia
cuando la haya menester?
Sale don Luis.
DON LUIS
Hermana, escúchame atenta,
porque vengo a darte parte
de mis desdichas y penas.
Yendo en casa de doña Ana...
MARÍA
(¡Ay, Juana, mas que nos cuenta
lo mismo que habemos visto!).
Aparte.
DON LUIS
...a visitarla y a verla,
entró tras mí un caballero
que puede ser que en las señas
conozcas; en fin, se llama
don Diego de Silva.
MARÍA
Espera,
que no lo he entendido bien.
¿Quién estaba allí con ella?
JUANA
(Bien disimula).
DON LUIS
No sé;
una señora encubierta.
MARÍA
¿Conocístela?
DON LUIS
No tuve
ni cuidado ni advertencia,
pero no es esto del caso.
MARÍA
Pues yo juzgué que pudieras.
En fin, ¿qué pasó?
DON LUIS
Él entró
con la capa descompuesta,
perdido el color, la voz
turbada, torpe la lengua;
no sé lo que dijo.
MARÍA
¡Ay, Dios!
¿Reñiste con él?
DON LUIS
Afuera
le dije que le esperaba
y estuve un rato a la puerta
esperando.
MARÍA
¿Y él salió?,
que de imaginarlo tiembla
el corazón.
DON LUIS
No salió.
MARÍA
¡Ay, Jesús, que estaba muerta!
Buenas nuevas te dé Dios.
DON LUIS
La verdad, hermana, es esta.
MARÍA
Y, en fin, ¿qué quieres ahora?
DON LUIS
¿Qué quieres que un hombre quiera
celoso? Trazas y engaños
que Amor, cauteloso, intenta:
fingir que estás disgustada
y que de mí tienes quejas,
y vete en cas de doña Ana,
que, siendo huéspeda en ella,
podrás saber de su amor
el estado. Esta fineza
has de hacer, hermana mía,
no habrá cosa que agradezca
como que a su casa vayas,
y con arte y con cautela
el estado deste amante
y deste celoso sepas.
MARÍA
(Por la mano me ha ganado
mi hermano).
Aparte.
DON JUAN
¿Qué estás suspensa?
MARÍA
Estoy pensando qué quieres
que en una mujer parezca
de mi honor y obligaciones
dejar su casa por quejas
de su hermano.
DON LUIS
¿Aconsejara
cosa yo que indigna fuera
a tu honor? Con una amiga
de su calidad y prendas
debiera hacerlo hoy el gusto
cuando el disgusto no fuera.
MARÍA
El gusto pudiera hacerlo
por su misma conveniencia,
pero el disgusto...
DON LUIS
No vayas,
si eso te da tanta pena.
¿Cuándo has de hacer una cosa
que te pida?
MARÍA
Espera, espera;
no te disgustes tan presto.
Yo iré.
DON LUIS
Porque no te deba
nada, no quiero que vayas.
MARÍA
Pues yo quiero, aunque no quieras.
¿Cuándo ha de ser la partida?
DON LUIS
Luego.
MARÍA
¿Luego?
DON LUIS
Pues ¿qué esperas?
MARÍA
¿No ves que es de noche ya?
DON LUIS
Así tendrán por más cierta,
siendo a deshora la ida,
la causa que allá te lleva.
MARÍA
(¡Oh, cuánto, hermano, me agradas
cuando mi gusto me ruegas!).
Vanse. Salen don Juan y Espinel.
DON JUAN
Quédate aquí, mientras yo
hago en la calle la seña
por no entrar dentro de casa.
ESPINEL
Bien puedes, seguro entras,
porque no me ha de parar
en la calle ni en la puerta
hombre humano ni viviente
aunque un ejército venga.
DON JUAN
¿De cuándo acá tan valiente?
ESPINEL
Cuando esto verdad no sea,
quéjate de mí.
DON JUAN
¿Qué armas
traes para tan grande empresa?
ESPINEL
Una daga y una espada.
¿Ves tú más?
DON JUAN
Aquí me espera,
que, con esa confianza,
he de entrar. Esta es la reja
del patio, donde otras veces
hablamos.
Vase.
ESPINEL
Sea norabuena.
Ya estamos, señor don miedo,
en la estacada y palestra,
de donde hemos de salir
con la buena diligencia.
Juego de manos parece
y será la vez primera
que el miedo juegue de manos,
pues siempre las tuvo quedas.
Salga de la guarnición
de la daga, en que está puesta,
luego una cuerda encendida,
que, en la guarnición revuelta
de la espada, nadie duda
que aquí a lo obscuro parezca
un mosquete, que, cargado,
tiene calada la cuerda.
La vaina venga también
para que la horquilla sea
deste mosquete mental
y, puesto desta manera,
a lo tudesco plantado,
daré a todas partes vuelta.
¡Mosqueteros de la paz,
árbitros de la comedia,
todos somos de la carda
y a todos pido clemencia!
Sale don Diego.
DON DIEGO
Salgo a buscar a don Luis
a su casa, porque entienda
que hoy no dejé de seguirle
por temor de sus bravezas,
sino por otras desdichas
que siguieron la primera,
y bien se conoce, pues,
si se mira con más fuerza,
no le viniera a buscar
solo a su casa, y quisiera
hallarle presto por dar
desocupado la vuelta
a ver qué quiere doña Ana,
que por un papel desea
con grande encarecimiento
que vaya esta noche a verla
diciéndome que esta noche
me tendrá la puerta abierta.
ESPINEL
Vuesa merced, caballero,
en cortesía se vuelva
y pase por otra calle,
que hay inconveniente en esta
y emboscada que le hará
que luego al punto se vuelva,
o la boca de un mosquete
lo dirá de otra manera
asestando con dos balas
que son de su boca lengua
elegante.
DON DIEGO
Caballero,
mucha prevención es esa
para que un hombre os responda
que acaso a esta parte llega
con su capa y con su espada
y, si me importara en ella
entrar, ¡vive Dios entrara
por aquesa causa mesma!
Y, si queréis ver si tengo
ánimo y valor, depuesta
la ventaja, con la espada
defended la entrada della.
ESPINEL
Para haber de deponer
la ventaja, no viniera
cargado desde mi casa
con un mosquete que pesa
cien arrobas. Vuesarced,
pues habla tan bien, se vuelva,
ya que no aventura nada.
DON DIEGO
Yo lo haré, como se entienda
que me voy por no importarme
pasar por aquí, y aquesta
acción tan aventajada
no la tengáis a flaqueza.
ESPINEL
No tendré sino a gordura.
DON DIEGO
(¿Con mosquetes a la puerta
de don Luis la misma noche
que ha tenido una pendencia?
Miedo gasta, mas de día
le buscaré, porque vea
cómo se ha de recatar
de los hombres de mis prendas).
Vase.
ESPINEL
Lumbre ha dado la invención
sin poder dar lumbre; buena
es la industria.
Sale don Luis.
DON LUIS
(Ya mi hermana
con doña Ana en casa queda.
Yo vengo agora a mudarme
por volver a dar la vuelta
a la calle, a ver si encuentro
a aquel caballero en ella
que hoy no salió de cobarde).
ESPINEL
Hidalgo, sea quien sea,
por otra calle habrá paso,
que está muy cerrada esta.
DON LUIS
¿Quién lo dice?
ESPINEL
A la pregunta,
si quiere llevar respuesta,
la de un mosquete lo dice.
DON LUIS
Tened, no caléis la cuerda,
que para un hombre no más
ya es mucha ventaja esa.
ESPINEL
Si un hombre no más estorba,
un hombre no más se vuelva,
que un hombre no más lo pide.
DON LUIS
Es demasiada llaneza
querer que un hombre no entre
en su casa.
ESPINEL
Quizá es esa
la causa que aquí me tiene.
DON LUIS
Obedeceros es fuerza,
mas ya sé quién os envía.
ESPINEL
Sabed muy enhorabuena.
DON LUIS
Que quien no tuvo valor
hoy para salir afuera
y se quedó entre mujeres
no es mucho que temor tenga
tan grande que con mosquetes
me venga a rondar las puertas,
pero yo le buscaré
de día y haré que sepa
lo que ha de hacer. ¡Que esto, cielos,
en la corte se consienta!
Vase.
ESPINEL
Viendo un mosquete a la vista,
el más alentado tiembla.
Sale don Juan.
DON JUAN
(¡Que no haya doña María
querido escuchar siquiera
disculpas! Con Juana estuve
hablando por esas rejas
y dice que no está en casa
su ama. En fin, ella se niega.
Don Luis sin duda me ha visto
en su casa, y así intenta
darme muerte. Pues ¡restado
muera yo y matando muera!).
ESPINEL
¿Quién viene?
DON JUAN
¿Quién va? ¿Es don Luis?
ESPINEL
¿Señor?
DON JUAN
Espinel, ¿qué intentas?
ESPINEL
Guardarte la calle.
DON JUAN
Necio,
¿qué es esto?
ESPINEL
Un mosquete en pena,
pues fantástico no más
tiene sola la apariencia.
DON JUAN
Pues ¿con escándalo tal
me destruyes? ¡Loco, bestia,
vil, cobarde! ¡Vive Dios,
que tengo mucha paciencia
si por tan necia locura
no te rompo la cabeza!
No me sigas, que no quiero
verte en mi vida.
Vase.
ESPINEL
No sea.
Vuelvan todas mis alhajas
a su forma y su materia.
Iré tras él y, aunque tarde,
a casa daré la vuelta.
Vase. Salen doña Ana y doña María.
ANA
¡Quién dijera que podía
rodearse de manera
el suceso que viniera
yo a agradecerte en un día
pesares tuyos, María!
Y aqueste te he agradecido
por haber la causa sido
de haberte visto otra vez
donde al amor hago juez
que en nada te he deservido,
porque callarte que estaba
don Juan escondido aquí
fue por ver que a mí de mí
él su secreto fiaba
y, como don Juan callaba
que tú el retrato me diste
porque tú me lo dijiste,
así te callé también
lo que él me dijo.
MARÍA
Está bien,
mas piensa que no consiste
el sentimiento en razón,
pues un celoso sin ella
por todo, amiga, atropella.
ANA
No quieras otra ocasión
de mayor satisfación
de que don Juan ha salido
de casa; a buscarte ha ido
quejoso, ofendido y loco,
y no me tengo en tan poco
que lo hubiera consentido
si una palabra siquiera
de amor le hubiera escuchado
ni él, si lo hubiera pensado,
tan libremente se viera
que a buscar otra se fuera.
MARÍA
Más satisfación no espero.
ANA
Sí, que al dominio primero
no volviera, aunque huyó esquivo,
de cautivo fugitivo
voluntario prisionero.
Salen don Diego y Inés.
INÉS
Aquí mi señora está.
Entra, no tengas temor.
Don Bernardo, mi señor,
está recogido ya,
la noche tiempo te da
y ella el lugar te procura;
tiempo y lugar asegura.
DON DIEGO
Y ¿qué me vendrá a importar
el tener tiempo y lugar
si me falta la ventura?
Vase Inés.
ANA
Ya estamos, señor don Diego,
solos, que doña María
es mitad del alma mía.
Escuchadme atengo, y luego,
ya que a tanto estremo llego,
me responderéis, y así
saldremos los dos de aquí
o satisfechos o no.
¿En qué os he ofendido yo?
¿Qué queja tenéis de mí?
No os habéis asegurado
de una vana presumpción
viendo la satisfación
que a vuestros celos he dado?
DON DIEGO
Doña Ana, yo no he quedado,
yo lo confieso, celoso,
mas de vuestro amor quejoso
sí, con bastante ocasión...
ANA
Poned la queja en razón.
DON DIEGO
Escuchad: un cauteloso
pecho ha tenido un secreto
tan recatado de mí
que jamás capaz me vi
de su causa ni su efeto,
y amor que guardó secreto
ni fue amor ni serlo pudo,
y así, esas finezas dudo
cuando a ver, doña Ana, llego
que Amor, que en todos fue ciego,
en ti solo ha sido mudo.
ANA
Don Diego, mayor fineza
fue callar una mujer
lo que te pudo ofender
causándote más tristeza,
y así, el callar fue firmeza
de mi amor por escusar
tu tristeza y tu pesar;
saca, pues, deste conceto
que quien te calló el secreto
es quien más te supo amar.
DON DIEGO
No es, que la que me calló
el secreto, afirmo y digo
que ha sido doble conmigo,
aunque el pesar me escusó,
pues quien el pesar me dio,
de toda traición desnudo,
yo no ignoro ni lo dudo
que a la amistad satisfizo,
pues en no callarlo hizo
de su parte cuanto pudo.
ANA
Más fácil es el hablar
que el callar en la mujer,
y, pues yo llegué a escoger,
donde hay razón de dudar,
lo difícil, que es callar,
de mi parte hice, no dudo,
más; pues si, el pecho desnudo,
hizo entonces el que habló
lo que pudo, el que calló
hizo más de lo que pudo.
Sale Inés alborotada.
INÉS
¡Ay, señora! Muerta vengo.
ANA
Inés, ¿qué dices? ¿Qué tienes?
INÉS
Vino de fuera don Juan
agora y me dijo: «Advierte
que Espinel se queda fuera
porque lejos de mí viene.
Baja a abrirle de aquí a un rato».
Yo bajé.
ANA
Y bien, ¿qué sucede?
INÉS
Estaba embozado un hombre
en la calle –¡mal hubiesen
las comedias que enseñaron
engaños tan aparentes!–;
díjele si era Espinel;
dijo que sí, entró y halleme
que no era Espinel.
DON DIEGO
Y ¿adónde
está el hombre?
INÉS
Escucha, advierte,
que hay más desdichas. Di voces,
y el mayor daño es aqueste:
que despertó mi señor
y, al escuchar que anda gente,
se levantó de la cama
y, a la luz escasa y breve
que entraba a este cuarto vi...
Mas ¿qué he decir, si él viene?
ANA
Don Diego, procura, ¡ay Dios!,
retirarte y esconderte
porque, hallándonos mi padre
sosegadas desta suerte
hablando a las dos, verá
que éramos nosotras. Vete.
DON DIEGO
Mal sé la casa, mas ya
miré en el cuarto de enfrente
una luz y allí podré
retirarme y esconderme.
¡Solo me resta saber,
cielos, qué embozado es este!
Retírase don Diego y sale don Bernardo con espada desnuda.
DON BERNARDO
¿Quién estaba agora aquí?
ANA
Doña María, que viene
a estar conmigo.
DON BERNARDO
Ya sé
cuanto en eso decir puedes,
mas no era doña María
la que estaba solamente,
que un hombre salió de aquí.
ANA
Señor, ¿qué dices? Advierte
que nosotras dos no más.
DON BERNARDO
Dadme aquesa luz.
ANA
Detente.
DON BERNARDO
Que desta suerte he de ver
mi desengaño o mi muerte.
Toma una de dos luces que habrá y vase.
ANA
¡Ay, triste de mí!
MARÍA
¿Qué haremos?
ANA
¡Qué de males me suceden!
Pero, viniendo el primero,
¿cuándo menos que estos vienen?
Éntranse y sale don Luis.
DON LUIS
Las voces de la criada
toda la casa revuelven.
Mal hice en aventurarme,
mas ya estoy dentro; no puede
escusarse: aquí me escondo
y venga lo que viniere.
Vase y salen don Diego y don Juan.
DON DIEGO
Señor don Juan, pues que sois
un caballero que tiene
obligaciones y sabe
las que en tal caso se deben
a un hombre que en vuestras manos
pone su vida, valedme
en esta ocasión, que yo
os doy palabra que puede
mi amistad favoreceros
con otra no menos fuerte.
Con doña Ana estaba hablando
cuando su padre nos siente;
quise esconderme y hallé
abierta esta puerta; entreme
donde estáis: mi dicha ha sido
si esa piedad me concede
algún lugar donde esté
escondido.
DON JUAN
Detrás de ese
pabellón podéis estar,
y presto, que siento gente,
que en ocasiones de amor,
cuando escusarse no pueden
los lances, sé yo muy bien
el amparo que se debe
a un amante y a una dama.
Escóndese don Diego y sale don Bernardo.
Señor, pues ¿vos desta suerte?
¿Dónde vais?
DON BERNARDO
Buscando un hombre
que, corriendo velozmente,
desde mi cuarto se vino
huyendo y se ha entrado en este.
DON JUAN
Aquí ningún hombre ha entrado;
solo estoy, no me parece
que sentí ruido.
DON BERNARDO
Yo sí,
que seguí sus pasos leves
y a la vislumbre vi el bulto.
DON JUAN
Pues yo os afirmo que en este
cuarto estoy solo.
DON BERNARDO
Me dais
ocasión en que sospeche,
don Juan, que erais vos.
DON JUAN
Señor...
DON BERNARDO
Porque veros de esa suerte,
a tales horas vestido,
negando lo que no puede
dejar de ser, pues yo mismo
le vi entrar, claro me ofrece
que erais vos.
DON JUAN
Yo vengo agora
de fuera y, por evidente
seña, no vino Espinel
conmigo, para que llegue
a haber testigos de todo,
y con esto solamente
respondo a las dos preguntas
de estar vestido y de verme
entrar y, cuando yo fuera,
decidme, ¿qué inconveniente
fuera decir que era yo?
DON BERNARDO
El daño, don Juan, es ese,
en negarlo y, pues negáis
lo mismo que claramente
ven mis ojos, mayor daño
hay aquí del que parece:
yo os vi salir de mi cuarto.
DON JUAN
Pues muera yo infamemente
a manos del más amigo
si yo fui quien os parece.
DON BERNARDO
Pues otro fue y está aquí,
y sois de cualquiera suerte,
ya encubridor y ya reo,
a mi honor ingrato huésped.
DON JUAN
Reportaos, porque yo,
en todo cuanto se debe
a vuestro honor y respeto,
sé cuerda y honradamente
cumplir mis obligaciones.
DON BERNARDO
Pues perdonadme que entre
a ver aqueste aposento,
que mi agravio no consiente
menores satisfaciones.
DON JUAN
(¡Hay más desdichada suerte!
¿Quién en tal lance se ha visto?
Aparte.
Si le defiendo que llegue,
me hago cómplice en su agravio;
si le permito que entre,
falto al amparo y palabra
que di de favorecerle).
DON BERNARDO
¿Qué pensáis? ¿Son casos estos
para admitir pareceres?
¡Vive Dios que le he de ver!
DON JUAN
Detente, señor, detente.
No has de verlo, vive Dios,
que a ti también te conviene.
DON BERNARDO
¿Vos me defendéis la entrada
en mi casa?
Sale doña Ana y doña María.
ANA
(Si suceden
Aparte.
dos daños, es el menor
el que ha de elegirse siempre.
Una industria con mi padre
este peligro remedie).
Señor, si quieres saber
quién estaba en mi retrete,
don Juan era.
DON JUAN
¿Yo?
ANA
Don Juan,
no es tiempo de que lo niegues.
Él es de doña María
amante, y por eso viene
ella a mi casa cual ves,
por poder hablarle y verle.
Por ella le sucedió
la desgracia que le tiene
retraído. ¿No es verdad?
MARÍA
Eso ¿quién negarlo puede
si yo misma confieso?
Sale don Luis.
DON LUIS
(¡Ya disimular no puede
más mi sufrimiento, cielos!).
Nadie se admire de verme,
que yo diré cómo estoy
escondido desta suerte.
Yo he venido, don Bernardo,
por mi hermana, que presente
está y, faltando de casa,
no supe dónde estuviese,
y, por saber si aquí estaba,
rondé la calle mil veces.
Estando en ella, bajó
una criada, y llegueme
diciéndola que era un hombre
que esperaba, y, así, entreme
hasta aquí, donde ya he visto
mis desdichas claramente,
pues he visto a un hombre aquí
por quien mi opinión padece
causando en mi misma casa
mil escándalos y muertes.
Y, aunque agora esté en la vuestra,
tengo de satisfacerme.
Empuña la espada y detiénele don Bernardo.
DON BERNARDO
Tened la espada, don Luis,
que, si vuestro agravio es ese,
os estará a vos muy bien
la satisfación que tiene,
si le da a doña María
mano de esposo.
MARÍA
Tú mismo
me rogaste que viniese,
que no quería venir
y, para satisfacerte,
le doy la mano de esposa.
DON LUIS
Ya el callar es conveniente
y, pues por vos, don Bernardo,
quiero que mi agravio cese,
cese también la ocasión
que tan confusos nos tiene.
Dadme, pues sabéis de mí
quién soy y que la merece
mi sangre, a doña Ana.
DON BERNARDO
Yo
gano en eso.
Sale don Diego.
DON DIEGO
Pues quien pierde
se descubra, que ya aquí
no es mayor daño la muerte
que todos me podéis dar
que casarse.
DON LUIS
Si viniese
con vos aquel gentilhombre
cargado con el mosquete,
pudiera ser vuestro amor
que con eso se saliese.
DON DIEGO
Eso es achacarme a mí
los temores que tú tienes.
Van a acometerse y embarázalo don Bernardo.
DON BERNARDO
Dentro de mi misma casa
–¿qué encanto, cielos, es este?–
una pendencia y un hombre
de cada razón procede.
Sale Espinel.
ESPINEL
Si quieres que yo te saque
de todo, oye atentamente.
El mosquetero fui yo
que burló a vuestras mercedes.
Don Juan y doña María
ha mil años que se quieren;
ya están casados. Adiós.
Don Diego y don Luis pretenden
a tu hija; elija ella
el que mejor le parece.
ANA
Esto conviene a mi honor
y, así, don Diego merece
mi mano.
DON DIEGO
Dichoso soy
y, por pagar lo que debe
hoy a don Juan mi amistad,
yo le perdono la muerte
de don Fadrique, pues soy
la parte a quien le compete.
ESPINEL
Ahora entro yo con Inés,
porque vean desta suerte
que no viene solo un mal,
pues tantos juntos nos vienen
el día que nos casamos.
Perdonen vuesas mercedes.
- Holder of rights
- Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach
- Citation Suggestion for this Object
- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Bien vengas mal, si vienes solo. Bien vengas mal, si vienes solo. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc1x.0